Jan. 11, 2024

MEJORES RELATOS DE CARRETERAS DEL 2023 / MARATON DE HORROR / L.C.E.

MEJORES RELATOS DE CARRETERAS DEL 2023 / MARATON DE HORROR / L.C.E.

Un recopilacion de los relatos mas aterradores de carreteras del año 2023

Spotify podcast player badge
RSS Feed podcast player badge
Spotify podcast player iconRSS Feed podcast player icon

Un recopilacion de los relatos mas aterradores de carreteras del año 2023

A continuación tenemos otra historia que viene en relación a las reuniones familiares. Como ya dije antes, muchas personas vuelven a sus pueblos natales ignorando por completo ciertas leyendas o ciertos dichos que se tienen en estas localidades lejanas. A veces algunas carreteras no son nada transitadas, y no es porque las personas del pueblo sean supersticiosas, sino porque genuinamente han ocurrido algunas cosas que no tienen explicación. Tal como les pasó a este trío de jóvenes que simplemente estaban en una de esas noches que buscaban diversión, buscaban fiesta. Estos tres eran primos para su mala suerte y entre todas las copas que traían encima, tomaron un camino el cual no debían de tomar, sobre todo a horas altas de la noche. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Claudia Zárate. Mi historia se remonta a algunas dos décadas atrás, cuando era un adolescente y llegaban las épocas de vacaciones mi familia, tanto mi padre como mi madre vienen de rancho, por lo que ir a visitar a los familiares del rancho. Era una de las experiencias más disfrutables que teníamos. También a nosotros nos encantaba el rancho, montar a caballo, ver las parcelas, ver los animales y, sobre todo, las fiestas que se hacían. Ahí había muchos bailes, jaripeos y diferentes cosas. Recuerdo que una vez estábamos en un baile o. No recuerdo si eran los quince años de una persona. El caso es que solamente fuimos mi hermano y yo y un primo mío, un primo que era precisamente del rancho. Él sabía las calles, las carreteras en general, se sabía todo al dedillo. No había mejor persona que nos guiara en toda la familia. Fuimos a la fiesta, nos la pasamos muy bien, pero, a final de cuentas, mi primo tuvo un problema ahí con algunas personas y, para no hacer más extensa la historia, decidimos regresar al pueblo. Ya era tarde, ya era muy tarde. Mi hermano es mayor que yo y en ese entonces el tema tenía diecisiete años y yo quince. Mi primo igual tenía diecisiete años. Mi hermano fue terco en conducir él, pero por suerte y al paso del tiempo, sobre todo por la carretera en la que íbamos, logré convencerlo en que condujera yo. Ellos dos habían puesto hasta las chanclas de borrachos y para llegar al pueblo teníamos que pasar por una carretera o más bien no era carretera. Era lo que quedaba de una carretera, una carretera en muy mal aspecto. Tenía baches, tenía hoyos estaba deslavada de una cierta parte. Se acababa esta carretera y después comenzaba un camino de chapapote, es decir, piedra negra, grava y también arena. A final de cuentas, mi hermano no quería dañar el auto ira un force waggin, ni dañar las llantas ni la suspensión. Así que terminé conduciendo yo. No podíamos ir a una velocidad muy rápida. Ahí vamos a tardar algo para llegar al pueblo. Y no era que el camino fuese largo, sino es que no podíamos ir rápido. Lo más rápido eran quince kilómetros, veinte kilómetros por hora, porque, como repito, la carretera estaba en muy mal estado para perjudicar aún más, nuestra situación estaba lloviendo, así que el campo de visibilidad todavía era menor lloviendo. Y de noche tanto mi hermano como mi primo habían tomado demasiado y ustedes saben lo que le pasa a las personas que toman demasiado van al baño muy se GUIs, por lo que cada cierto tiempo tenía que detenerme e importándoles poco que se mojaran. Bajaban del auto, iban hasta un árbol o donde pudieran cubrirse y hacían del baño. Después se subían y yo continuaba conduciendo. Nos habíamos detenido tres veces en esa ocasión hasta que llegamos a un tramo. Ellos nuevamente tenían ganas de ir al baño porque aún así llevaban algunas latas y continuaban tomando en el auto. Decidieron que querían detenerse en una parada, una parada que era de esas del rancho que están hechas de piedra, ladrillo y concreto, era una parada que estaba algo deteriorada, pero a final de cuentas, les daban lo que podría ser un techo para hacer sus necesidades. Yo me detuve. Ellos dos se bajaron, fueron hasta la parada y otra vez nuevamente empezaron a hacer sus necesidades. Yo me quedé en el auto. Empecé a pasar canciones en la radio y con los faros que iluminaban el camino, me fui percatando de algo que estaba saliendo entre el monte. Al principio solamente era una figura, pero conforme se iba acercando, pude ver que se trataba de una señora, una señora con muy extraña apariencia. Era pequeña como de uno cuarenta o uno cuarenta y cinco máximo. Esta señora caminaba encorvada, muy encorvada. Se le podía ver una Joroba en la espalda. Tenía también una enorme barriga como que no era proporcional con todas sus medidas, porque también sus brazos, sus brazos eran largos. Los mantenía de una extraña forma, como que curviados, pero si los estiraba, sería fácil creer que tan solo los brazos me diría lo que ella mide en su estatura, no podía verle el rostro. Más que nada por la lluvia y también porque su pelo cubría parte de este mismo. Se movía lento y con ayuda de un bastón o mejor dicho, era una vara de árbol. Se movía con ayuda de este un paso otro paso, pero se iba acercando hacia nosotros. Empecé a tener miedo. No había explicación alguna para que una señora de esas condiciones y sobre todo con esa apariencia tan aterradura, yo no podía hablarle a mi hermano y a mi primo porque estaban ciertamente algo lejos. No me escucharían con todo el ruido de la lluvia. Lo que podía hacer en ese momento era hacer sonar el claxson una y otra vez. Lo hice sonar una y otra vez y otra y otra y otra. Al principio no lograba llamar su atención, porque ellos pensaron que los estaba molestando, que solamente los estaba apresurando. Fue hasta que toque el claxson sin cesar y de manera muy alarmada, que llame su atención. Ellos voltearon, me vieron y yo con el dedo se lo señalaba hacia adelante que vienen hacia adelante. Ellos vieron lo mismo que yo vieron aquella mujer acercándose yo estaba pensando en como actuaban ellos actuaría yo Si a ellos no les importaban, significa que la mujer no era ningún peligro, pero tal como yo lo presentía, a ellos también les dio miedo. Rápidamente se subieron al auto y dijeron que condujera lo más rápido que pudiera, pero que saliera de ahí, que nos teníamos que ir de ahí. Pero ya yo arranque el motor. Traté de sacarle la vuelta a aquella mujer que parecete entonces ya estaba demasiado cerca, pero cuando por fin logramos superarla, el auto se detuvo. Sentimos un tirón como si algo nos estuviera reteniendo. Yo aceleraba y aceleraba, pero el carro estaba atascado y debido a la carretera en la que veníamos, no era difícil de cre leer esto. Traté de arrancarlo una y otra vez una y otra vez, pero de nada servía el carro simplemente no se movía. Decidí detenerme ya no arrancar más. Y pese a que mi primo y mi hermano, que venían en la parte de atrás, se fijaban para todos lados buscando a aquella mujer no la podían ver. Ellos simplemente decían que había desaparecido, que, a lo mejor se había internado otra vez en el monte, que, a lo mejor era una mujer que estaba mal de su cabeza o algo por el estilo. Pero ahora teníamos otro problema y era que el auto no lo podíamos dejar ahí, o al menos era lo que pensábamos en ese momento, porque mi hermano empezó a ver que rostros cabezas de varias personas se estaban asomando entre el monte, como si estas personas estuvieran acercando poco a poco a donde estábamos nosotros. Intenté arrancar el carro otras veces, pero nada no podía. Mi primo no de una idea y fue la idea más sensata en ese momento hay que salir del carro y correr. Simplemente correr. Teníamos el pueblo a nuestra derecha si corriamos entre el monte. Era peligroso, pero llegaríamos en cuestión de minutos. Esa carretera daba muchas vueltas y muchas curvas por lo que rodeaba al pueblo casi en su totalidad. Al ver aquellas personas que se iban acercando y cada vez más y cada vez más y cada vez más nos bajamos de dinero y nos fuimos de ahí dejando el bocho casi con las puertas abiertas, corrimos entre el monte. Mi hermano me iba sujetando del brazo y me iba guiando para ese momento ya se le había bajado todo lo borracho que iba. Llegamos al pueblo, le dijimos a nuestros familiares qué era lo que había pasado. No tardaba mucho para amanecer. Así que en punto de las siete. Fuimos en compañía de otros tíos a recoger el auto. Cuando llegamos hasta donde estaba el auto, vimos que no tenía señales de vandalismo, no lo habían saqueado ni siquiera alguien se había metido dentro. Revisamos todo y lo único que vimos o más bien un tío nuestro lo vio y nos dijo sobre esto nos preguntó qué era lo que había pasado realmente, porque el carro no se encontraba atascado. Un tio mio no se subió a este, lo arrancó y este dio para adelante. O sea, que realmente el carro se encontraba nivelado bien, no se encontraba en ningún agujero ni nada por el estilo. Lo que encontramos es que en la defensa y en la parte de atrás del bocho se encontraban unas enormes manos agarradas, las marcas de unas manos pero muy grandes. Se podía ver que habían sostenido al auto con mucha fuerza, ya que la lámina había sufrido daño. Tenía marcas esa noche algo estaba impidiendo que nos fuéramos, pero nos estaba reteniendo como que agachado, porque no lo podíamos ver. A mí, a mi hermano y a mi primo no nos queda dudas de que había sido aquella mujer pequeña que seguramente no se trataba precisamente de una mujer común. Después de esta experiencia, más nunca volvimos a pasar por aquella carretera. Esta primera experiencia viene de parte de Paula Paula Valderrama. Ella era un estudiante cuando le pasó esto y se encontraba estudiando en una universidad de los Estados Unidos. Ella es una motociclista. Le gusta recorrer grandes distancias. Ella sola y su motocicleta lo hacía constantemente más que nada para liberar un poco del estrés que tal vez los estudiantes puedan tener a un lado claro a algunos otros problemas, otros temas que ella en lo personal pasaba por ese momento. Lo que no sabía Paula aquella noche que salió con su motocicleta es que por esta misma carretera, la cual le encantaba conducir de noche algo la observaba a día con día y esperaba pacientemente el momento justo para bajarla de su moto y estar a su merced por completo. Su historia es la siguiente hola. Mi nombre es Paula, y le mando un saludo a toda la comunidad de la cripta desde Madrid, España. El siguiente relato que les quiero contar me sucedió cuando estaba en mis años de Universidad Verán. Yo no estudié aquí en España, estudié en América, en Estados Unidos. Allá en Estados Unidos, por lo regular, las universidades están rodeadas, por lo que podríamos decir pequeñas localidades y también algunos parques. Estos parques, o más bien decir bosques, pequeños bosques se usan mucho, tanto por la Comunidad como también por los universitarios. Dentro de este bosque que es donde les quiero contar que me pasó esta experiencia. Hay pequeños caminos y zonas donde uno puede acampar un poco. Hay caminos que algunas personas las usan para ir a bicicleta, otros caminos que sirven para ir a correr, etc. Etc. Muchas actividades que se pueden hacer ahí, pero la que a mí más me gustaba eran las carreteras que habían por todo este bosque, si bien no eran carreteras muy grandes. La verdad es que me gustaban porque si escogías bien la ruta, podrías estar dando vueltas por el bosque sin ningún problema. Y lo que beneficiaba mucho es que por estas carreteras casi no pasaban coches a excepción de vacaciones. A mí me encantaba recorrer estas carreteras del bosque porque me encanta andar en moto. Soy una viker, como popularmente se dice, me gusta recorrer kilómetros y kilómetros y si no hay nada en la carretera, si no hay tráfico, como como era en esta ocasión, la verdad es que me gustaba mucho. Me servía para pensar en ciertos problemas y también para despejar mi mente. En aquellos años, mi padre aquí en España, estaba pasando por una enfermedad, una enfermedad que casi le cuesta la vida. Obviamente, yo le estraer en Estados Unidos no tenía mucho que hacer. Simplemente estaba el pendiente del teléfono y con ciertas novedades en cuestión a su salud. En uno de estos momentos, mi padre había estado hospitalizado durante mucho tiempo y parecía que esto no iba a mejorar, sino que es más a empeorar. Así que hice lo que en otras ocasiones hacía bastante. Tome mi chaqueta, tomé mis llaves, me puse mi casco y mis protecciones y salí en mi moto. Tenía el tanque lleno y era fin de semana, por lo que iba a recorrer esta carretera como lo hacía otras veces. Quería despejarme de todo eso, quería olvidar este problema que tenía al menos durante treinta minutos para este momento en concreto, había tenido un problema con mi moto y es que a veces no encendí la luz que servía para iluminarme el camino este inconveniente. Me había retardado mucho en salir en moto, al menos cerca de la Comunidad donde estábamos. Pero claro, este parque era otra historia. Conocía muy bien la carretera, sabía más o menos a qué distancia tenía que estar como para que el auto me viera y no ocurriera algún accidente. Esto aparte, como les digo ahí, casi no pasaban autos, así que decidí irme total. Al menos al principio, la motocicleta alusaba de lo más normal, pero a medio camino la luz se apagó. Esto no me importó. La verdad es que iba pensando todavía los problemas que tenía con mi padre y no me importaba que la luz había pagado. Simplemente quería disfrutar el camino, pero poco me duró el gusto, ya que yo iba con mi casco y en eso de pronto veo algo que está en medio de la carretera. Al principio, lo que yo supuse era que se trataba de una mancha que traía mi casco, porque la carretera por la que iba estaba muy bien iluminada y no se le podía ver color a aquel bulto era completamente oscuro y su forma no era como algo reconocible. Pensé simplemente que era una mancha, aunque a los pocos metros de estar de ésta se movió, pero se movió de una manera muy rápida. En ese momento capté que era una persona. Yo traté de librarla, de no golpearla, pero esto no resultó. Golpeé de mi lado izquierdo de la motocicleta, Me empecé a mover, perdí el equilibrio y al final de toda la situación, terminé por caerme me arrastré por toda la carretera y mi motocicleta sufrió daños, daños más importantes que de los que tenían me levanté del asfalto con mucho dolor. El casco y las protecciones me habían ayudado a aquel choque no resultara en una fatalidad, ya que la verdad es que si no hubiera usado el casco, creo que hasta ahí hubiera llegado. Me levanté y cojeando me acerqué hasta la motocicleta, la levanté, le puse el pie y la dejé parada a la mitad del camino. Lo que pensé en ese momento es que me había llevado una persona. Obviamente, me entró un miedo y rezaba por dentro a que esa persona siguiera viva. Regresé caminando o trotando más bien como podía, con el dolor que tenía en mi pierna hasta aquel lugar donde había chucado. Empecé a gritar como loca. Empecé a preguntar que si estaban bien, que dónde estaba. Le gritaba aquella persona. Yo supuse que, al no ver un cuerpo en ni el asfaltó a lo mejor de lo rápido que iba, había empujado su cuerpo y había salido volando de la carretera de seguramente se encontraba tirado ahí por el bosque. Empecé a buscar por el bosque por las orillas de un lado de la carretera del otro, pero no encontré nada. Simplemente no había nada con lo que había chocado había desaparecido. Luego pensé que tal vez se trataba de algún animal, un animal silvestre. Igual tuve remordimiento, pero no encontré ningún cuerpo, tampoco ningún rastro de sangre, al menos a simple vista, por lo que no le vi mayor asunto a quedarme ahí, por lo que después de algunos diez minutos no le hallé una razón más para quedarme allí. Caminé como pude de nuevo hasta la motocicleta la levanté y la quise echar a andar, pero fue en vano. No sirvió para nada. La motocicleta lo arrancaba y también a decir verdad, la llanta había quedado algo chueca, por lo que aunque le echara a andar, no iba a poder conducirla el choque había sido más violento de lo que creía. En fin, no me quedo de otra que empezara a empujarla y empezar a caminar por esta carretera y ahí me tenían aproximadamente a las once de la noche, en una carretera por la que casi no pasan carros o no iban a pasar en toda la noche, cojeando herida, sangrando de un brazo, porque eso se me había raspado fuertemente un brazo empujando una motocicleta destrozada. En fin, esa noche no pintaba para nada. Bien. Recuerdo que caminé por alguna media hora y todavía caminando más iba a tardar aproximadamente una hora en llegar a un comercio el cual conocía en donde me podían ayudar. Pero cuando oíba por la carretera, empecé a notar algo. Creo que muchos hemos sentido cuando alguien más te observa, cuando ese alguien tiene la mirada muy pesada que tú la captas que sientes la mirada clavada de alguien. En ese momento, yo sentí esto, pero no de una sola persona, sino de varias. Sentía, como me observaban, de diferentes lugares, de diferentes ángulos, y que estas miradas provenían del bosque a un lado de la carretera. Yo empecé a voltear varias veces e incluso me empecé a decir a mí misma que estaba loca, que estaba imaginando cosas. Pero en ese momento, mi cerebro, mis sensaciones no se equivocaban empecé a ver un bulto, un bulto oscuro que se movía entre los árboles. Cuando presté mayor atención a esto, empecé a divisar que no solamente era uno, eran varios, eran siete ocho y mientras más ponía atención, descubría más se veían como si fueran personas. Pero si captabas muy bien y les prestabas atención a sus movimientos y conforme se iban acercando, te dabas cuenta poco a poco que no eran personas, porque yo, al verlos supuse que lo eran, por lo que me detuve y empecé a decirles que me había caído, que había tenido un accidente, que se me podían ayudar. Yo en ese momento pensé que eran guardabosques, aunque fueran muchos en un solo sitio. Me detuve y los empecé a mirar. Y fue ahí que empecé a notar que esos movimientos eran muy raros, muy extraños. Sus movimientos eran muy fluidos. Era como si se moviera un muñeco de trapo o un muñeco que no tuviera huesos. Era como si, en lugar de piernas y brazos, tuvieran tentáculos. Al menos para mí, eso era lo que me proyectaban. Empecé a tener miedo, obviamente por esto, y me pasé del otro lado de la carretera. Empecé a caminar y empecé a caminar lo más rápido que podía. No podía ni siquiera trotar. Llevaba muy lastimada mi pierna y a la par de estar empujando la motocicleta no podía. Aquellos extraños bultos ya se encontraban casi saliendo del bosque. En mi desesperación quise arrancar la motocicleta, aunque sabía que no le iba a poder andar, pero quería aunque fuera luz iluminarlos para ver qué era lo que eran, para saber si mejor dejaba tirada a la moto y me echaba a correr o hacía lo que fuera por tratar de encenderla. En ese momento la suerte que ya para variar se tenía que poner un poco de mi lado, encendió la moto, encendió las luces y como pude volteé la moto y al momento de voltear e iluminarlos, estas cosas se hacían para atrás. Era como si la luz le escalara. Eran como si le tuvieran miedo a la luz. Fueron retrocediendo y se resguardaron de nuevo en el bosque. Yo en ese momento, al menos capté algo, empecé a mirar a mi alrededor y en ese trayecto, precisamente donde había chocado, precisamente donde venía caminando, era un trayecto donde las luces en la carretera fallaban, estaban apagadas. Me faltaba poco para llegar a aquel punto donde de nuevo estaba muy bien iluminado. En ese momento había pasado una tormenta y había dejado sin luz eléctrica algunas partes. Esta era una parte de esas. En ese momento logré ver la luz al final del túnel irónicamente hablando veía a la luz comenzando de los postes a unos cuantos metros. En ese momento pude ver la salvación que tenía. Comencé a caminar y a caminar y a caminar con la luz de mi moto encendida y al momento que llegué a esta zona me sentí profundamente aliviada, ya que esa sensación de sentirme observada había terminado si había ido por completo algo que no tenía sentido, pero yo así lo sentía. Continué caminando esta vez por la hora que quedaba. Llegué hasta un establecimiento donde logré conseguir ayuda. Me llevaron de nuevo a la Universidad y esto acabó ahí. Esta experiencia. Cuando se las cuento a mi familia y amigos cercanos porque no es algo que yo ande diciendo a todo mundo, resulta bastante fantasiosa. Algunos me han dicho y si es verdad, completamente aterradora. Al investigar más, me he dado cuenta que hay varios vídeos en YouTube de personas que han visto lo mismo y no solamente testimonios como el mío, sino que también hay videos. Los invito a toda la Comunidad de la cripta que investiguen sobre esto. No sé qué es lo que tienen los bosques pegados a lo que viene, siendo las carreteras y las localidades. Es como si algo dentro de ellos nos observara de más. Está decir que cada vez que entro a lo que viene siendo un bosque que también aquí en España, me siento nerviosa, con cierta incertidumbre y por si se lo preguntan, jamás volví a recorrer esa carretera durante todo lo que me quedaba de años ahí en la Universidad, ni de día ni de noche. Espero que les haya gustado mi experiencia. Saludos a todos. Nos hará pensar un poco en si creemos tal vez en maldiciones o tal vez que hay ciertos espíritus que se nos pegan, por decirlo de alguna manera muy burda. Tal vez hay espíritus que se pegan a nosotros y que nos están acompañando quizás durante toda nuestra vida. Hay muchas personas que les piden a sus familiares difuntos, que los protejan desde el cielo. Hay otras personas que les piden a su santo, a su entidad a la que le son devotos, que los cuiden igualmente, sobre todo en trabajos tan riesgosos como lo pueden ser camioneros obreros. Sin embargo, la siguiente historia es algo peculiar, porque la persona que nos la cuenta él jamás pide ser protegido. Tal parece ser que esta entidad simplemente lo persigue por mero gusto y es algo que ha traído años con él, tanto así que ya prácticamente forma parte de su vida. Su historia es la siguiente hola. Buenas noches mi nombre. Quiero que se mantenga anónimo más que nada, porque sigo desempeñándome como trailerroe y hay algunas personas que siguen el canal. Lo que les quiero contar no es exactamente una experiencia, sino algo que me ha venido pasando desde hace muchos años, algo que ya forma parte de mi rutina y que cada vez que aparece o cada vez que se manifiesta. Ya no me causa terror ni miedo. Simplemente pienso que es algo que tenía que pasar. Empezaré por el principio hace ya unos años atrás. Por eso, del dos mil trece, dos mil catorce empecé a sentirme acompañado en mis viajes de trabajo. Yo soy camionero y lo he sido durante un buen tiempo de mi vida. Es más, creo que me moriré siéndolo. El caso es que cuando vas en carreteras, cuando toda tu vida, todo tu trabajo, se están en estas ves varios accidentes, ves, varias cosas extrañas que no puedes explicar las mayoría de las veces, Como les dije, yo me sentí acompañado cada vez que salía, pero a esto no le prestaba atención. Pensé que simplemente mi mente se estaba encargando de ayudarme con todo el camino solitario que me deparaba. He conducido por toda la República Mexicana y no hubo ni una sola vez después de cierto tiempo que me sentirá solo mientras conducía eso. Esto se salió de control cuando de pronto llegué a una de estas fábricas aquí, en Veracruz. Este almacén era muy conocido por mis amigos, por mis camioneros, más que nada por el disgusto que esta compañía nos hacía pasar. Y es que siempre cuando llegábamos nos dejaban esperando cerca de algunas cuatro o cinco horas como mínimo para entrar a esta. Eso hay que sumarle una cola de camiones que siempre tenía cada vez que llegaba. Siempre había unos cuatro o cinco tráilers con cargamento adelante de mí ya hacía para llegar a descargar o cargar mercancía. El caso es que cuando uno llega tiene que formarse. Tiene que bajar de su camión, llevar todos los papeles, llevar su licencia, sus documentos y dárselos al vigilante. Después, el vigilante se los pasa al encargado y hay que esperar unos minutos y después te dan tu pase. Luego tienes que volver al camión y ahora sí a esperar tu turno. Bueno. Mientras yo regresaba y recuerdo perfectamente que eran horas de la madrugada, iba con algo de sueño, iba cansado todo el viaje y ahora tenía que esperar por lo que iba a aprovechar para dormirme un poco. Cuando llego a mi camión, abro la puerta y al momento de subirme veo que está sentada en el asiento del copiloto. Una mujer no le pude ver el rostro. Su cabello lacio caía por ambos lados, lo cual casi por completo cubría su rostro por la poca luz que entraba yo al momento de subir y sentarme me sobresalté de inmediato y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Esta mujer iba vestida de blanco, con unos trapos, unos harapos. No sabré decirle si era un vestido, una pijama o una camisa. El caso fue que lo primero que pensé es que me había subido al camión incorrecto. Pensé que me había subido a un camión de uno de mis compañeros que llevaba compañía y, por lo tanto, bajé del camión de inmediato. Pedí disculpas. Me bajé del camión y di apenas unos cinco pasos. Cuando enseguida, reconocí la caja, reconocí las llantas y en un todo, reconocí mi camión. Ese era mi camión. No me había equivocado en ese momento fui de inmediato abrí la puerta. Nuevamente iba con la idea de preguntarle a esta mujer qué era lo que hacía dentro de mi camión, porque se había subido. Pero al momento de abrir la puerta y entrar vi que no había nadie, encendí la luz de adentro, encendí la luz de mi celular. Empecé a buscar por todos los sitios del camión en el camarote, abajo de los asientos, abajo de la cama. Las ventanas del camarote estaban cerradas. Igualmente, la puerta del pasajero del copiloto se encontraba cerrada. La única puerta que se encontraba abierta y por la única por la que pudo salir era la puerta del piloto. Y por esa misma yo venía y en ningún momento había escuchado o había visto a una persona que hubiera bajado del camión simplemente aquella mujer había desaparecido dentro del mismo campo marote. La aparición de esta extraña mujer en mi vida empezó desde ese momento. Cada vez que salía e iba conduciendo, veía como esta mujer de vez en cuando aparecía en un extremo de la carretera mirándome y otras veces caminando, obviamente siendo rebasada por mi tráiler de alguna manera. Cada vez que esto pasaba, iba disminuyendo la velocidad como si supiera algo por mi instinto, por mí mismo que tenía que bajar la velocidad, como si esa mujer me advirtiera de algo. Otra cosa extraña es que tanto familiares como también compañeros de mi empresa, camioneros, también me han visto que de vez en cuando, cuando llegó con mi camión y esto viene de parte de tanto camioneros como familiares, se los vuelvo a repetir, ya que no hay forma de que ellos se pusieran de acuerdo para decirme lo mismo, y es que ellos han visto que cuando llego, no llegó solo a veces ven a una mujer vestida de blanco con su pelo largo, cubriéndole la cara, llegaré en compañía de mí. Ella siempre va sentada en el asiento del copiloto a un lado de mí prácticamente y cuando yo bajo ella simplemente desaparece como en un parpadeo. Como les dije, esto ya va para una década que me está pasando y en todos esos años siempre la he visto. Incluso he llegado al punto en el que empiezo a platicar con ella. Le empiezo a decir, a platicar cosas y lentamente siento como si esa mujer, en concreto se manifestara sentada atrás de mí en el camarote y me escuchara todo lo que le tengo que decir. Múltiples veces le he preguntado si es acaso que me va protegiendo. Es acaso algún ángel o tal vez otra cosa. El caso es que algunas personas me dicen que esto es muy mala idea que yo no tengo que asumir ni platicar mucho menos con algo que me está persiguiendo o con algo que me está acompañando para todos lados. Ellos dicen que esto les da más fuerza. Yo lo único que sé es que si esa mujer me hubiese querido ser daño, ya habían pasado muchas veces muchas ocasiones en las que ella puedo haberlo hecho. Un dato interesante que quiero compartir con ustedes antes de terminar mi experiencia, por así decirlo, y es que antes de que esta mujer se manifestara en mi vida había tenido algunos accidentes lo normal, nada grave, bueno, Algunos sí bastante graves, pero eran una minoría, sobre todo en carreteras. Pero a partir de que esta mujer apareció, no he vuelto a tener ningún accidente por más minúsculo que este sea. Lo que sí he visto es que han ocurrido varios y muy cerca de mí, pero a mí y al camión jamás nos pasa nada como si algo nos estuviera protegiendo. Gracias por su tiempo y espero hayan disfrutado mi experiencia. Este siguiente relato cripta Maníacos viene de parte de Mauricio López. Mauricio es un operador de autobús, uno de esos operadores que recorre toda la República Mexicana. Va de Estado en estado y una cierta ventaja para las personas que les gustan los temas paranormales es que si recorres grandes carreteras que si te dedicas a este trabajo o al trabajo de camionero, cualquier trabajo que sea foráneo, las leyendas los relatos jamás te van a faltar, pues allí abundan este tipo de experiencias, tanto tú mismo las vas a vivir como también te las van a contar. Y en esta ocasión, a nuestro amigo Mauricio le tocó vivir una, pero para su desgracia, no fue una experiencia. Digamos de lo más normal. Dentro de lo que cabe, él y su compañero, cuando iban en el transcurso, empezaron a burlarse de los difuntos, algo que les quedó más que claro. No tienen que volver a ser aquella historia terminó y básicamente, Mauricio no volvió a ver a las leyendas como simples cuentos. Su historia es la siguiente buenas noches comunidad de la cripta. Mi nombre es Mauricio y les quiero contar una experiencia que me sucedió cuando estaba trabajando. Verán yo trabajo de operador de autobús. En mi trabajo a lo largo de los años he recorrido numerosas carreteras a lo largo del país y en el transcurso de estas me he encontrado con que hay muy muchas historias, muchos relatos e incluso leyendas sobre algunas extrañas carreteras de México. Como popularmente se conoce. Una de estas es la rumorosa o, como otras, el kilómetro treinta y uno. Lo que les quiero explicar con esto es que cuando uno es operador, le cuentan diferentes historias. Algunas parecen muy fantásticas para ser reales, y con todo esto se podría decir que uno va algo susceptible a encontrarse con ciertas cosas o a lo mejor ver o suponer que vio algo paranormal por la carretera. Esto se los digo porque era lo único que había escuchado hasta ese momento. Esto me pasó por ahí del año dos mil siete y hasta ese año, pese a que ya llevaba trabajando aproximadamente algunos tres o cuatro años, no me había pasado nada por decir paranormal. He estado trabajando en diferentes empresas, si bien no en todas, si diría que en las más importantes de México, y lo que les puedo decir es que en todas estas se cuentan leyendas. Recuerdo que cuando me pasó esta experiencia, yo no había visto nada, por decir fantasmas o demonios o espíritus. Lo máximo que había visto hasta ese momento eran unas cuantas sombras en la carretera. Pero claro esto se lo podría atribuir a que cuando vamos conduciendo a veces el chofer y el otro chofer que viene manejando, ya que, por lo regular siempre somos dos. Venimos contando historias de fantasmas y, a lo mejor, uno va con más susceptibilidad a creer que ves ciertas cosas, pero lo que les voy a contar la verdad es que no le encuentro explicación alguna. Todo comenzó en uno de estos viajes. Iba conduciendo e iba platicando con mi compañero, el otro chofer que venía acompañándome para este momento. Eran cerca de las cuatro de la mañana y yo recuerdo que ni siquiera había cenado. Venía un poco cansado. En ese momento, mi compañero me dice que si quiere que nos cambiemos de lugar, él toma el volante y así sirve que yo de paso, descanso un poco la vista y también duermo un poco, ya que se me veía que traía los ojos bastante irritados. Yo, por supuesto, le dije que sí lo más rápido posible. Pero claro, íbamos en una autopista y al menos por un transcurso, por un trayecto de algunos minutos, no podíamos cambiarnos. No podía parar el autobús hasta encontrar un sitio el cual lo pudieron orillar e hiciéramos el cambio. Para este momento. Íbamos pasando por una carretera en donde se dice se aparecía un niño. Estas eran historias de diferentes choferes. Decían que a veces se aparece un niño y también se decía que éste había perdido la vida en aquella carretera. Yo le estaba contando esto a mi compañero y él digamos que es un tanto escéptico y también es joven, por lo que no le prestó mayor importancia a esto. Y es más, se empezó a burlar del relato del niño, empezó a mofarse de la historia y y a decir también que todo eso era puro cuento y que no era para nada. Verdad. Esto a la par también de andarse burlando del niño. Yo obviamente, no dije nada, no sé ustedes, pero me da una cierta desconfianza irme burlando de los fallecidos. No acostumbro a eso, aunque sea una leyenda y aunque sea falsa, la verdad no es muy propio de mí ir haciendo eso. Pasó el tiempo unos cuantos minutos y llegamos al punto en el cual pensamos que podíamos orillar el autobús y hacer el cambio. Lo hicimos. Detuve el autobús, me paré saqué el loncho que traía y mi compañero se sentó y quiso acelerar el autobús, pero aquí comienza lo extraño y es que el autobús no daba marcha, es decir, cuando lo detuve, no lo pagué. El autobús con tinuaba encendido. Simplemente lo había parqueado. Mi compañero trataba de meterle la velocidad, pero no daba y el autobús recuerdo que hizo un extraño movimiento, es decir, cuando mi compañero hizo la primera velocidad, el autobús sí despegó. Se movió, creo que algunos centímetros y después se detuvo. Era como si algo lo estuviera reteniendo. Yo lo que más figuro, porque sentí un tirón, era como si el autobús estuviera amarrado a algo que lo estuviera deteniendo. Mi compañero empezó a acelerar. Yo abrí la puerta del autobús y le dije que acelerara para ver cuál era el problema. De tanto que estaba acelerando hasta humo le estaban saliendo las llantas, es decir, prácticamente estaban derrapando y obviamente, le dije que parara que ya no le moviera más, me bajé del autobús y con lámpara en mano, empecé a checar Llanta por Llanta. Lo que supuse en ese momento y lo que también mi compañero supuso era que, a lo mejor, una de las llantas estaba atascada. Yo quería pensar en eso. Pero claro, esta teoría para mí resultaba sin sentido, porque yo había estacionado el autobús. Yo había sentido perfectamente que aún estábamos sobre el asfalto, sobre lo pavimentado. No había sentido ningún hueco, ningún hoyo y a pesar de que regresé Llanta por Llanta, no encontré ninguna falla. El autobús prácticamente se encontraba todavía arriba del asfalto encendido al menos a simple vista, no se podía encontrar nada con lo que estuviera reteniéndose. Mi compañero también va a y me echa una mano. Empezamos a checar por ambos lados, pero no hallábamos ninguna respuesta hasta que escuchamos como la puerta del autobús se cerraba. Corrimos hacia el frente y la puerta ahora se encontraba cerrada. No nos podíamos echar la culpa ni uno ni al otro, ya que la puerta de sus autobuses se cierra mediante un gancho que se encuentra a un lado del volante y, por lo regular, ese gancho no está simple vista y es inmediato al momento que lo jalas, la puerta se cierra o se abre. No había sido la culpa de ninguno de los dos, a no ser que alguien, uno de los pasajeros, hubiera cerrado la puerta A propósito. Esto tampoco encajaba, ya que ese gancho, no está simple vista. Es más, me atrevo a decir que las personas que no son operadas no tienen ni idea de dónde se encuentran, ya que no está simple vista. Con toda la pena del mundo y más regañadientes porque no nos quedaba de otra, empezamos a tocar la ventana, la ventana del primer pasajero. Los que venían aquí sentados. Era un matrimonio, un matrimonio ya de abuelitos. Eran señores que creo que abundaban en los setenta ochenta años y la que se levantó, al menos en primera instancia, fue la mujer. Ella nos vio y nosotros a base de señas, ya que estaba el motor del camión y las ventanas. La verdad es que no dejan entrar el sonido. Ella se paró y fue a la cabina, caminó y estaba ya entrando a esta Hay una cortina la cual se desplaza en medio y esto es más que nada para que la luz del exterior, de la vista, del autobús, de las ventanas no entre con los pasajeros, ya que a esta hora por regular cuando están viajando de noche, todos están dormidos. La señora apenas se asomó y se nos quedó viendo. La cara de esta mujer cambió abruptamente. Verán, aquella mujer nos vio con una cara de terror absoluto. Sus muecas estaban cambiando en sus ojos. Se veía como que nos tenía miedo. Se pasó ahí unos breves segundos mirándonos y de nuevo se metió, Es decir, no entró ni a la cabina, ni siquiera lo más cerca de esta. Obviamente, pues nosotros nos preguntamos qué había sucedido. Pasaron entonces unos breves segundos y salió el abuelito. Este señor también aunaba incluso más edad pero al vernos su cara también cambió como si tuviera miedo, pero también a la vez nos estaba preguntando con Señas que qué era lo que queríamos que hiciera. Él estaba captando que nos habíamos quedado afuera. Así que, con Señas le empezamos a decir dónde estaba la palanca y que la jalara para que nosotros pudiéramos entrar al autobús de vuelta. El señor da con la palanca la jala y volvemos a entrar adentro. Al entrar, obviamente le pedimos disculpas por haberlos molestado. A él y a su esposa le damos una tonta justificación de por qué nos habíamos quedado afuera y la verdad muy ridícula, una justificación que era, a decir verdad, demasiado tonta. Él nos continuó mirando y nos dijo con una voz muy seria. Saben jóvenes, cuando ustedes se encontraban afuera, no estaban del todo solos. Nosotros nos le quedamos mirando y le preguntamos cómo que no estábamos solos. El abuelito nos dijo que en cuestión que cuando había salido su mujer, ella iba con toda la intención de ayudarnos, pero detrás de nosotros. Ahí, en la carretera, atrás de nosotros, de nuestras espaldas, se encontraba un niño, un niño totalmente pálido con los ojos blancos observándonos y que cuando su mujer salió, la mirada de este niño cambió y lo observó a ella. Obviamente, la mujer se aterrorizó. Al ver esto, se metió de nuevo y le dijo a su esposo, El señor dice que no creyó lo que le dijo su mujer, Así que él salió para ver si nosotros necesitábamos algo. Y fue en ese momento cuando se tragó sus palabras, porque el niño continuaba detrás de nosotros, observándonos tan pronto cuando él salió. La mirada del niño cambió hacia él. Obviamente, él sentía miedo e incluso esanoche dijo que todavía tenía miedo, pero que lo más lógico era salir de aquella carretera lo más antes posible, por lo que se tragó ese miedo y prestó atención a lo que le decíamos para abrir la puerta y arrancar el autobús. Nosotros estábamos sorprendidos de eso. Le preguntamos que dónde estaba el niño ahora. Él simplemente nos dijo que cuando se agachó y jaló la palanca, volteó de nuevo con nosotros y esta vez el niño ahora ya había desaparecido como si nunca hubiera estado ahí antes de arrancar a aquel autobús y después de que el matrimonio se encontrara otra vez en sus asientos, mi compañero, que ahora le tocaba manejar el trayecto, se quedó en silencio, juntó sus manos como en forma para orar y después rezó. Simplemente rezó un padre, nuestro un ave maría y después dijo perdóname. Por lo que te he dicho, créeme que no me voy a volver a burlar de ti ni de ninguna otra alma, pero, por favor, déjanos ir. Sé que todavía no descansas en paz y que no es motivo para que yo me burle de ello. Por favor, déjanos ir, déjanos ir de esta carretera. Parece entonces yo estaba muerto de miedo, al igual que él. Empezó a meter la velocidad porque el camión en todo momento estuvo encendido y en esta ocasión, como si nada hubiera pasado, el autobús empezó a andar, como si prácticamente no hubiera ningún fallo. Salimos de aquella carretera esta vez sin contar ninguna experiencia paranormal, sin contar ningún relato. Pero esta ocasión, en esta experiencia, me quedo más que claro una cosa y es que jamás me voy a volver a burlar de un difunto. Esta historia nos la manda un camionero que dice que en toda su vida, destinando su vida a este trabajo, en ninguna ocasión por más que estuviera manejando de noche, por más que el clima o las rutas estuvieran de lo peor o incluso pasar por carreteras embrujadas o que se creen que son embrujadas. Él había recorrido todo eso y, a pesar de esto, dice que nada lo había preparado para esta experiencia y, después de haberla vivido, tomo sus precauciones para su siguiente transcurso. Adoptó ciertas reglas que seguía al pie de la letra cada vez que salía carretera. Este caminero nos cuenta con su historia que a veces, aunque estés manejando de lo más tranquilo, a veces hay cosas en la carretera, sobre todo esas carreteras lejanas, que te pueden seguir. Tú puedes sentir esta aura. Tú puedes incluso sentir como alguien te vigila desde dentro de tu vehículo. Y es por eso que se dicen entre camioneros y transportistas que hay que decir ciertas oraciones. O encomendarte al Santo de tu preferencia, independientemente de la religión, que tengas, para que por lo menos estos te protejan y que nada en la carretera se te suba como le pasó a este camionero, que sea lo que sea que se le haya subido en el camino, lo llevó consigo hasta la casa de su hermana. Mi nombre es Rodolfo Cobos. Esta experiencia que les quiero contar sucedió cuando yo me encontraba trabajando de trailero. Actualmente ya estoy pensionado, pero durante muchos años e incluso antes de ser camionero, yo ya transitaba por todas las carreteras del país. Siempre me ha gustado el trabajo de transportista. Yo tenía la costumbre que cuando me encontraba cerca de la casa de mi hermana iba a visitarlos a mis sobrinos, a ella, a mi cuñado les avisaba. A ellos estaban más que felices. Cuando yo iba, mi sobrino, el más pequeño de todos, tenía la costumbre de que siempre cuando yo llegaba, él se subía al camión inmediatamente a esa edad. Esto es muy asombroso ver un vehículo tan grande y estacionado en su garaje. Él tendría algunos nueve u ocho años. Se subía, simulaba que manejaba, iba al camarote, transculcaba todo prácticamente al pasar el tiempo, yo lo fui dejando solo. Cada vez que iba a la casa de mi hermana, le dejaba el camión abierto y él se podía subir y estar ahí incluso como una hora o dos horas, prácticamente hasta que lo bajábamos a la fuerza. Pero ocurrió una ocasión en el que le pasó algo o más bien vio, algo que hizo que se distanciera definitivamente de este camión y de cualquier otro, al menos por unos años. Ase resulta que yo tenía un viaje y durante ese viaje tenía una sensación muy extraña. Era una sensación rara que progresivamente. Mientras manejaba iba empeorando. Al principio, yo me sentí raro, me sentía incómodo y mediante que pasaban más minutos, estas sensaciones fueron escalando. Obviamente, como pensaran, yo traía la cabina y los asientos completamente oscuras. Era de noche. Solamente mi mirada iba fija hacia el camino, pero empecé a sentir una presencia, una presencia rara. Volteé varias veces al asiento del copiloto. Sentía como si alguien viniera sentado a un lado de mí sentía esa mirada clavada, observándome fijamente. Incluso en dos ocasiones, en unas vueltas, yo me salí de la carretera o un par de llantas se salieron y eso que iba cargado, como que el camión no me obedecía. Recuerdo que incluso los frenos fallaron en una vuelta. Esto me tenía muy preocupado. Jamás me había pasado esto. Yo siempre había mantenido el control en todos esos transcursos. Esto que me pasaba era totalmente ajeno a mí a duras penas y francamente no sé cómo completé el viaje. Pero esa extraña sensación, esa mala vibra, no se me quitaba. Fui con mi hermana. Ella sabrá sobre barrer, sobre quitar auras pesadas y todo eso yo me sentía muy susceptible. En ese momento llegué a la casa de mi hermana. Estacione el camión como siempre. Lo que me sorprendió en primer instante es que mi sobrino no saliera corriendo, ya que era el primero que salía y les decía a todos que ya había llegado e inmediatamente se subía al camión y ahí se quedaba él mientras yo me bajaba, pero mi sobrino no salió. Yo entré a la casa y en eso me doy cuenta de que mi sobrino tiene visitas, tiene más amiguitos. Me saluda y me pide permiso que si todos sus compañeritos pueden subir al camión, yo le digo que sí, que no hay problema alguno. Pero antes de eso, mi hermana lo manda a él y a todos sus amiguitos que recojan todos los juguetes que están en el patio trasero. Ahí habían estado jugando. Tenían que recogerlos todos y solamente de esa manera podían después subir al camión. Ellos se fueron y yo me quedé hablando con mi hermana. Despué, después de explicarle todo lo que traía, ella me empezó a barrer con matas con diferentes lociones y después de pasar unos minutos, veo que por la ventana de la casa pasan las siluetas de los niños. Mi hermana tiene un pasillo que une al patio trasero con el graje de enfrente. Por ahí empecé a ver a los niños pasando corriendo todos y en cuestión de segundos, escuché como la puerta del tráiler se empezó a abrir ambas puertas. Lo que pensé, obviamente, es que los niños ya estaban jugando dentro del tráiler. Yo seguí platicando con mi hermana. Habrán pasado como cuatro o cinco minutos máximo. Cuando en eso entra un niño con una pelota, pide permiso a mi hermana para tomar agua, pero en eso, cuando me ve se sorprende bastante. Tira la pelota al suelo. Incluso el niño asombrado me ve y me dice señor cómo puedo llegar tan rápido aquí. Yo lo vi hace apenas unos segundos adentro del camión. Yo estoy totalmente confundido. Cómo que me viste. Le replico si yo he estado aquí todo el tiempo. Él me dice nuevamente no, señor usted estaba con nosotros ahí adentro del camión. Yo lo vi y también todos. Mi hermana aún más confundida. Le dice al niño cómo que lo viste. Y en ese momento los dos nos paramos y fuimos inmediatamente al camión. Yo pensé que tal vez alguien se había metido y cuando voy abriendo la puerta veo a los demás niños. Ellos vienen bajando con unas caras tristes, pero al verme todos casi al mismo tiempo, sus ojos se les abren como plato y mi sobrino me dice tío, cómo que estabas adentro te acabamos de ver ahí arriba del camión. Yo confundido, no sé lo que está pasando. Yo voy y abro las puertas, pero no encuentro a nadie. Toda la cabina está sumergida en total obscuridad en Tinieblas. No hay nadie en ahí. Mi sobrino, muy espantado y el resto de los chiquillos también me dicen me aseguran y me juran que me habían visto sentado en el asiento del copiloto. Cuando yo y mi hermana los sentamos en la sala, les preguntamos con exactitud qué era lo que habían visto. Ellos no estaban mintiendo. Todos decían lo mismo. Nos dieron la explicación de que ellos habían abierto la puerta y estaban subiendo al camión. Cuando de pronto vieron que yo me encontraba sentado en el asiento del piloto tomando el volante con ambas manos. Mi sobrino se subió primero e intentó hacerme plática según él, pero dice que yo no le contestaba yo me mantenía callado sin decir ni una sola palabra, sin hacer ni un solo ruido. Dice mi sobrino que intentó encender las luces de adentro. Hay algunas luces que basta oprimirlas para que se enciendan, pero por alguna extraña razón, estas luces no servían por más de que las presionó y diferentes. Ninguna encendía. Ellos dicen que solamente pudieron ver mi silueta, pero no pudieron ver rasgos. Era de noche y dentro de la cabina estaba todo oscuro. Ellos asumían que era yo, ya que al menos el cuerpo o las proporciones se parecían a mí. Todos hubieron y dijeron que intentaron hacerme plática, pero yo jamás contesté nada. Yo solamente me les quedaba mirando sin pronunciar ni una sola palabra. En ese momento, los niños pensaron que yo estaba enojado, por lo que optaron mejor por bajarse del camión. De hecho, el chico de la pelota fue el primero que se bajó, ya que mi actitud, según en sus palabras, era muy aterradora. Solamente me les quedaba mirando sin decir nada. Fue en ese momento que entró a la casa y me vio todos ya se estaban bajando por esto mismo. Cuando ven de repente que voy saliendo de la casa. Esto bastó para que los niños se fueran a sus casas. Estaban muy espantados y mi sobrino ni se diga, tuvieron que pasar años para que él volviera a entrar a un camión, él solo, ya que no lo quería volver a hacer sin compañía de alguien. Por otra parte, yo y mi hermana llegamos a la conclusión de que aquello que había en el camión era probablemente algo que se me había subido en el transcurso del viaje. Seguramente algo un espíritu, una alma en pena, me había acompañado en todo el camino y era esto mismo que yo sentía mientras iba conduciendo. Era por esto mismo que me sentía muy incómodo. Sentí una mirada, sentí una presencia. Efectivamente, era porque eso me iba acompañando durante mucho tiempo. Yo no creí en las leyendas y las historias que se contaban entre los traileros, varios de ellos diciendo que que estas eran experiencias propias. Un consejo que me daban era que el asiento del copiloto mientras yo iba manejando, tenía que ocuparlo con algo, con lo que sea, pero que lo ocupara que no dejara aquel asiento libre, pues algo se podía sentar en él, cualquier cosa que me encontrara en la carretera y podía hacerme compañía o incluso peor, si este espíritu es algo maligno, se dice que incluso pueden ocasionar accidentes intencionalmente. Desde aquel día y hasta que me jubilé, traté de siempre mantener algo ahí y hacia lonche cajas, harapos, bolsas, cualquier cosa para evitar siempre este tipo de pasajeros, carreteras desoladas, carreteras fuera de tránsito o ciertas carreteras abandonadas por voluntad propia de los automovilistas o de las personas que pasaban por ahí diariamente. Hay muchos caminos que son conocidos como caminos embrujados por cierta reputación, no de uno ni de dos, sino de varias personas que han vivido en ese camino experiencias aterradoras, así como también paranormales, tal como esta siguiente historia, en donde dos amigas salieron de vacaciones y tomaron uno de estos caminos, uno de estos caminos que se decían embrujados. Obviamente, creyeron que esto solamente eran cuentos de niños, porque, al final de las cosas, qué tan cierto puede ser que un camino en concreto se encuentre bajo el poderío de entes paranormales. Bueno, estas chicas quisieron tentar esa suerte y se encontraron con que ese camino, todas y cada una de esas historias y leyendas estaban muy bien fundamentadas. Buenas noches. Mi nombre es Valeria. Mi experiencia que les quiero contar pase resulta que sucedió en las festividades que estamos en puerta, la Navidad y el Año Nuevo. Cuando me sucedió esto, yo era un universitaria, acababa de llegar a México. Yo no soy originaria de México, soy de Venezuela. Llegué a este país cuando tenía dieciocho años. Unos tíos me acogieron, me dieron un departamento, me ayudaron a prosperar en mis estudios. Pero al tener toda mi familia en Venezuela, prácticamente estuve sola. Eso claro, hasta que conocí a Lorena. Lorena era una compañera mía de la facultad. Nos volvimos amigas casi inmediatamente y es más, hasta ahora todavía lo somos, pese a que no vivimos en la misma ciudad. Durante el primer año de universidad, yo pasé en Navidad y año nuevo sola prácticamente con unos vecinos, con con con un oso pequeños amigos que tenía. Pero claro, esas fechas son para pasar en familia, por lo que al siguiente año, Lorena me ofreció que sí quería pasar las festividades con su familia. Ella es originaria de Chihuahua. Nosotras dos estábamos en ese entonces, en el Estado de México, por lo que tenemos que viajar hasta Chihuahua. De cierta manera, yo ya le tenía mucha confianza Lorena y ya conocía aparte de la familia. Después de pedir los permisos y dar los avisos a mis familiares, justamente cuando comenzaron las vacaciones de diciembre, partimos hacia Chihuahua, decidimos ir en auto. Lorena iba a conducir claro no tomamos autobús, ya que el pueblo o el rancho de Lorena queda muy lejos de cualquier estación o cualquier ciudad a la cual el autobús pudiera arribar y, de cierta manera, se volvería más complicado tomar un transporte que nos llevara hasta ese rancho, por lo que Lorena me explicó que lo más rápido y sin tantas complicaciones. Era airen auto, cosa de la que, claro yo me sentía muy feliz, ya que no había viajado en auto desde hace muchos años. Pude ver diversas localidades, diversas áreas, pero cuando estábamos a punto de llegar al rancho de Lorena, fue ahí donde sucedió todo. Lorena empezó a tomar algunos caminos que estaban en pésimo estado. La mayoría eran caminos de terracería y era algo congruente que esos estuvieran en mal estado, ya que, por lo regular, los autos que pasaban por ahí eran puras, carretas, camionetas, cuatro por cuatro, burros, personas a caballo, lo que a mí me fascinaba a ver. Claro, pero llegó el punto en el que todo rastro de civilización quedó atrás. Simplemente atrás. Lorena empezó a tomar un camino el cual estaba en pésimo Estado y cuando les digo en pésimo Estado, me quedó corto. Según ella era el camino más rápido. De otro modo, llegaríamos tarde, una hora al rancho y parece entonces ya nos había caído la noche justo antes de adentrarnos a ese camino. Lorena se detuvo, se volteó y me dijo creo que lo mejor sería ver si conseguimos alguna posada y continuar con el camino a la mañana siguiente. Yo, en ese momento miré el reloj y miré que eran las nueve y media, le dije Lorena, pero si todavía es temprano, según tus cuentas, podríamos llegar a las once. Por qué no quieres ir por ese camino. Lorena miró el camino y se quedó pensativa. Esto lo recuerdo muy bien, porque yo lo observé en todo momento. Después de un rato y de yo estar diciéndole que lo mejor era seguir, pues yo estaba emocionada, ya quería llegar al rancho. Lorena aceptó, comenzó con el camino y esta fue la peor decisión que pudimos haber tomado. Nos adentramos en el camino y, como les dije anteriormente, estaba en pésimas condiciones. Al parecer, estuvo painmentado, pero se veía claramente que no le habían dado mantenimiento. Había hoyos había zanjas, había escombro, el auto en el que íbamos tuvo que reducir la velocidad considerablemente. Creo que Lorena iría como unos quince o veinte kilómetros máximo, ya que no queríamos dañar la suspensión ni mucho menos las llantas quedarnos ponchadas en medio de la nada, porque, así como les digo, la civilización quedó atrás no habíamos visto a ni una sola persona, ni un solo animal, ni una sola camioneta o vivienda cerca como de una hora, era como si nos encontráramos prácticamente en un punto muerto. Lo menos que queríamos era detenernos, pero íbamos avanzando lento lento, pero seguro, para hacer más a menos el viaje. Empezamos a poner música, a empezar a platicar sobre cosas de la facultad, sobre cosas diversas. No teníamos miedo en ese momento. No veníamos pensando en nada por el estilo. Pero fue en ese punto que yo dejé de mirar hacia el frente, dejé de mirar aquel camino de terracería con zanjas, con escombro y volví a mirar hacia un lado, hacia el monte. Todo estaba oscuro. En el monte solamente se podían ver ver a lo lejos siluetas de árboles de maleza moviéndose de un lado hacia otro. Gracias a la luz de la luna más de cerca, obviamente también había árboles y a pesar de que todo estaba oscuro, pude ver algo que se movía a la misma velocidad a la que íbamos. Primero vi un bulto moviéndose entre el monte. Después le presté más atención y en este mismo bulto empecé a ver dos luces, dos luces amarillas brillantes, muy pequeñas, pero que se movían de una extraña manera. Cuando puse más atención, prácticamente ignorando a Lorena y esta ya me estaba dando golpes en el hombro que me decía oye respóndeme, no me estás poniendo atención. Yo en ese momento estaba mirando fijamente aquella silueta y y con cada segundo que pasaba, pode ver bien lo que era era un hombre, pero un hombre con una postura muy extraña. Este hombre llevaba puesta una gabardina que le cubría todo hasta abajo. No se le podía ver ningún rastro de piel. Estaba todo cubierto, llevaba puesto un sombrero, pero su forma, en la que yo no digo caminaba, sino que se desplazaba, era muy errática, muy extraña, porque no podía verle los pies y, como les digo, la gabardina le cubría obviamente todo esto. Pero aún así, aunque tuviera la gabardina, muchos de nosotros sabemos diferenciar el movimiento de los pies como se mueven abajo de una gabardina. Los podemos ver a simple vista. Bueno, ese hombre, no ese hombre parecía que levitaba, pareciera que se desplazaba de una extraña manera y, por si no fuera poco, este portaba con una joroba. Yo lo catalogo como una joroba, pero era más bien como que él estaba encorvado por voluntad propia observándonos fijamente. Era algo extraño, muy extraño. Y por si esto no fuera suficiente, otro dato sumamente extraño es que este hombre, como les dije anteriormente, mantenía la misma velocidad a la que iba el auto a ver diecinueve, veinte kilómetros por hora. No es una gran velocidad, estoy de acuerdo, pero una persona que sostenga esa velocidad sin necesidad de caminar rápido y entre el monte, eso ya es muy extraño. Obviamente, yo, al mirar esto y ver que aquellos dos puntos amarillos que brillaban, aquellos dos puntos que me llamaron mucho la atención, eran sus ojos, esos ojos ns resplandecientes amarillos de inmediato. Le dije a Lorena. Oye nos están siguiendo mira ese hombre. De ahí, Lorena se detuvo en seco y no sé si esto fue buena idea o mala idea. El punto es que este hombre también se detuvo. Lorena empezó a verlo y vio lo mismo que yo. Un extraño hombre con los ojos brillantes y amarillos en ese momento, cuando nosotras dos lo estábamos viendo, se alejó inmediatamente, se escondió entre la maleza, entre el monte. Esto fue suficiente para que yo y también Lorena nos pusiéramos histéricas. Estábamos más que seguras que ese hombre valga la redundancia. No era un hombre, una persona común y corriente. No se movería así de rápido, porque fue como una mancha. Solamente se desplazó rápido y desapareció de nuestra vista, como si este tuviera una velocidad anormalmente rápida, más que cualquier animal que yo haya conocido. Lorena empezó a acelerar, obviamente víctima del miedo, y yo no puedo decir que iba de lo más sensata, porque también estaba sumamente aterrada. Pero cometimos un error, el cual fue que no nos fijamos en el camino. Terminamos atascadas en una de las tantas zanjas que tenía este camino. No importa que tanto acelerábamos, no importa que tanto nos moviéramos. El auto no iba a salir en ese momento. Lorena dice que la única manera de salir de ahí era empujándolo. Teníamos que buscar la manera de sacarlo. Obviamente, me dijo que yo me pusiera el volante y simplemente trata de en aderezarlo, mientras que ella empujaba obviamente, su fuerza no fue suficiente, por lo que yo me salí con ella. Pusimos el coche neutral y rezamos para que la fuerza de nosotras dos fuera suficiente para sacar al coche de aquella zanja. Pero justamente cuando ya lo estábamos sacando, Lorena me toma del hombro me jala y me dice que me meta el coche. De hecho, las dos nos metimos por la puerta del piloto, la que estaba abierta. Ella me empujó a mi primero y luego se metió ella. Yo, como pude, me pasé al asiento del copiloto, así arrodillada e incluso cayéndome mi cabeza. Estaba donde deberían de estar mis piernas y como pude, me volteé y le dije qué tienes, pero qué te pasa ella simplemente aterrada. Me dijo que aquel hombre se estaba acercando hacia nosotras, pero por la parte de atrás. Es por eso que yo no lo había visto, pero que ella había volteado. Yo esperaba en serio, esperaba que ella se hubiera confundido. Íbamos con miedo a las dos, así que era muy probable que se lo hubiera imaginado, pero no Ese extraño hombre llegó hasta la ventana de mi auto del lado donde yo estaba. Lo pude ver frente a frente. Era un hombre calvo con la nariz algo deformada, no deformada como si lo hubieran golpeado o como si esta tuviera una extraña forma, sino que ésta estaba alargada. Era muy grande. Su tono de piel era muy extraño, pero lo que más miedo nos dio eran los ojos que tenía. Sus ojos eran amarillos por completo, brillando enfrente de nosotros. Lo único que hicimos fue tomar los celulares e irnos a la parte trasera. Ambas parecíamos niñas. Nos ocultamos ahí, las ventanas detrás del coche tenían polarizado, así que por lo menos nos dificultaban ver lo que había afuera, ya que era de noche. Lorena le llamó a sus familiares y les pidió desesperadamente casi a gritos que vinieran por nosotros. Aquellos minutos que pasamos encerradas en el auto fueron los más largos que he tenido en toda mi vida, pues sentíamos las dos que ese hombre nunca se fue. Ese hombre permanecía allí observándonos, escuchábamos no las pisadas de este, sino dónde ira que tocaba, tocaba la ventana, tocaba la cajuela, tocaba la puerta. Lo hacía como si lo disfrutara, como si disfrutara que nosotras nos estuviéramos muriendo del miedo? Lo hacía incluso con ritmo tocaba una vez con sus dedos y luego con otro y luego con otro, como si estuviera tocando un piano. Tocaba partes del coche, partes que estaba más que seguro. Nosotros escucharíamos y así continuó hasta que llegaron mis familiares. Mis familiares llegaron a caballo, ya que era la forma más sutil de llegar o transportarse por ese camino. Cuando llegaron, como pudieron, sacaron el auto. Nosotras estábamos dramáticas en ese momento llorando. Ellos sacaron el auto y nos ayudaron a ir hasta el pueblo, pero nosotras no queríamos estar adentro del auto. Estará dentro de ese auto. Solamente nos recordaba el infierno que estábamos pasando. Decidimos ir a caballo junto con ellos mientras que uno se llevaba el auto. Yo no sabía lo que había pasado. Fue solamente hasta que llegué al rancho de Lorena y que pude platicar con sus familiares que me enteré de una cosa que Lorena había pensado que era cuento de niños. Asi resulta que no habíamos visto personas porque por ese camino nadie pasaba Al caer la noche, ese camino se deshabitaba por completo. Tenían una leyenda, una leyenda que Lorena sabía las historias que se decían acerca de ese camino, pero las escuchó de muy niña. Ella me explica que jamás fue su intención que las dos viviéramos aquel episodio, pero que ella pensaba que todo eso eran cuentos que se los contaban a los niños para que tuvieran miedo, pues esos relatos de terror son simplemente historias que se encuentran en los ranchos. Jamás pensó que fueran reales. Y ya para cerrar con esta historia pase resulta que muchos pobladores de ese rancho y también la familia de Lorena sabían que ese camino se le aparecían demonios y se aparecía el mismo diablo. Espero que les haya gustado mi historia. Quisiera mandar saludos a la familia Lázaro Hernández y también, por supuesto, a toda la Comunidad de la cripta embrujada. Hay algunos camioneros que siguen ciertas reglas, Hay ciertos dichos y este relato que sigue este camero nos dice que, así como nos debemos de encomendar a diferentes deidades para que bendigan de alguna forma nuestro camino y llegar con bien a nuestra casa o a nuestro destino. También tenemos que evitar a toda costa, cuando vamos manejando por estas carreteras, faltarle respeto, incluso aunque no hubiera sido nuestra intención a los espíritus que penan por ella. Numerosos son los casos que se han visto que en las cruces donde pierden la vida personas, estas no se van de lugar, Estas ahí se quedan, por lo que se recomienda tener cuidado de perturbarlas. Hola Alex mi nombre es Refugio Cobos. Esta experiencia viene de parte de un amigo mío, al que solamente le llamaremos José. Es una historia personal de él. No he hablado con él, así que no tengo su permiso para contar esta historia. Solamente no referiremos a él como José. Pero antes de contar su experiencia, yo te quisiera contar a TI y a toda tu comunidad que hay ciertos dichos por nosotros, los camioneros y por todas las personas que transitan a menudo por carreteras largas e incluso también por carreteras algo urbanizadas. Y aquí va uno que viene muy ligado a esta historia. Sucede que se dice y es más un consejo que nada, que si tú ves una cruz a un lado de la carretera, o sea que una persona hace meses o años perdió la vida, ahí tienes que persinarte o cuanto menos, ignorarlo, como yo hago y como también muchos otros compañeros lo hacen. Lo que se desaconseja por completo es burlarse de esta, no burlarse per se, sino soltar comentarios sarcásticos. Algunos camioneros van acompañados, por lo que es muy común decir Mira a que él no se fijó bien y mira cómo terminó. O comentarios. Por ese estilo no se recomienda jamás que los digas, porque algunas cruces, algunas almas por el modo en el que perdieron la vida. Algunos dicen que jamás se van de este mundo, que siguen penando caminando por ese tramo de la carretera y, obviamente, a este tipo de almas que traen dentro de ellos más dolor que nada, no les van a gustar tus comentarios y puede que te asusten. Obviamente, esto no lo hace cualquier trailero. Pero otra cosa que se desaconseja rotundamente es que tú te detengas ya se acerca o enfrente de este tipo de cruces. Aunque no hagas nada, puede que estas almas te hagan una visita, porque, a final de cuentas, tú estás en su lugar y, por ende, tal vez puedan subir al trailer una vez ya contándoles esto Ahora, si les voy a contar la experiencia de mi amigo, él se dirigía a ciudad Victoria, Tamaulipas. No iba cargado. Él estaba en su tiempo libre, al igual que yo, pero él, en ese tiempo estaba pretendiendo a una muchacha que vivía en aquella ciudad e iba a aprovechar estos días para ir a verla por el camino. Ya una vez que él se encontraba cerca de ciudad Victoria, yo le marqué por videollamada. Tenía que resolver con él algunos problemas que teníamos en el trabajo y también teníamos planificado un convivio a la par de otras cosas, éramos muy buenos amigos en aquella época, como carne y uña. Cuando él me contestó la videollamada por obvias razones, él orilló el camión, encendió una luz y empezó a conversar conmigo. Entre la plática estuvimos hablando de diferentes temas. Cuando en eso yo me percato que mientras me estoy comunicando con él, veo a una persona que se está asomando por detrás. Él está sentado en su asiento en el camarote veía una persona solamente la cara y el pelo de ésta era una muchacha, una muchacha con testa blanca, cabello castaño. Sus ojos eran inusualmente cristalinos. Si tendría que ponerles algún color, yo diría que eran color verde, pero muy transparente. Ella se estaba riendo solamente estaba sonriendo ante la Cámara. Se tiene que decir que, para este punto yo sabía que mi amigo tenía una novia en esa ciudad, pero yo no la conocía, por lo que al ver esta señorita atrás de él, pensé que se trataba de esta chica, por lo que no le presta atención y seguía hablando con él, mientras que esta mujer estaba al pendiente de toda la conversación que teníamos. Cuando finalmente arreglamos todos los asuntos, yo le dije en el teléfono oye y cómo te va en victoria. Por qué no me presentas a tu novia. Ya veo que anday contigo a poco ya la subiste al trailer. Después de decir esto, mi amigo se quedó mudo y me puso ojos de extrañeza. Me dijo como que ya llegue a victoria. Todavía no llego. Apenas voy para allá. Estoy todavía como a unos quince minutos. Entonces quién es la chica que traes ahí en el trailer. Es una amiga. Mi amigo estaba notablemente confundido. Él me dijo pero de qué estás hablando. Yo vengo solo no he llegado a victoria y no he subido a nadie para este punto. Yo ya no estaba viendo a la mujer detrás. En un punto de la conversación, recuerdo muy bien que ésta se había retirado poco a poco hasta perderse en la oscuridad del camarote. Yo le repliqué si vi a una chica, estabas con una chica ahorita. Lo vi claramente está tras de ti, mi amigo empezó a encender todas las luces, absolutamente todo, e incluso con el teléfono mismo me empezó a mostrar todo el camarote y, en efecto, no había nadie. Yo no podía creerlo. Yo le decía una y otra y otra vez que había visto una mujer ahí con él. Si bien somos amigos, jamás nos hemos llevado tan pesado como para hacernos ese tipo de bromas, por lo que mi amigo en ese momento se fijó por la ventana del camión y passe resulta que me dice que se había estacionado precisamente enfrente de una cruz en ese momento esa cora linterna. Yo vi claramente esto y dice que al apuntarla a la cruz, leyó un nombre de mujer. Él lo recuerda muy bien. El nombre Solamente recuerda que empezaba con eMe, no sabe si es Mariana Marta, pero que empezaba con m Obviamente, él no le puso mucha atención, ya que le empezó a dar un escalofrío, un miedo absoluto. Él me colgó. Me dijo, Ahorita, te marco, no me dio ni siquiera tiempo de despedirme. Él dice que una vez que terminó la llamada, arrancó el trailer y fue a toda velocidad hasta llegar a ciudad Victoria. Una vez ahí y estando en la casa de su novia, retomó la videollamada. En ese momento él me presentó a su novia y era más que claro que esa muchacha era todo lo opuesto a lo que yo había visto. La chica era morena de pelo rizado. Nada que ver con la mujer que había visto minutos antes. Después de hablar un poco bromear y al fin quedándonos solos, él me dijo que había cometido el error, pero más allá de error, fue un descuido de detenerse enfrente de una cruz. En ese momento, ambos sabíamos lo que había pasado. Teníamos muy en cuenta quel dicho, aquella leyenda que se decía, pues ambos en ese momento éramos traileros. Lo único que dijimos es que, ojalá, aquel espíritu no se lo haya llevado. Ojalá, no lo estuviera acompañando, porque había sabido casos que incluso tenían que derramar agua bendita dentro del camión del camarote para expulsar esa clase de espíritus. Por suerte, esto no pasó. Mi amigo continuó con normalidad en su tráiler, pero eso sí mucho más precavido de dónde se estacionaba Tres