MEJORES RELATOS DE CARRETERAS DEL 2023 / MARATON DE HORROR / L.C.E.

Un recopilacion de los relatos mas aterradores de carreteras del año 2023
Un recopilacion de los relatos mas aterradores de carreteras del año 2023
A continuación tenemos otra historia que viene en relación a las reuniones familiares. Como ya dije antes, muchas personas vuelven a sus pueblos natales ignorando por completo ciertas leyendas o ciertos dichos que se tienen en estas localidades lejanas. A veces algunas carreteras no son nada transitadas, y no es porque las personas del pueblo sean supersticiosas, sino porque genuinamente han ocurrido algunas cosas que no tienen explicación. Tal como les pasó a este trÃo de jóvenes que simplemente estaban en una de esas noches que buscaban diversión, buscaban fiesta. Estos tres eran primos para su mala suerte y entre todas las copas que traÃan encima, tomaron un camino el cual no debÃan de tomar, sobre todo a horas altas de la noche. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Claudia Zárate. Mi historia se remonta a algunas dos décadas atrás, cuando era un adolescente y llegaban las épocas de vacaciones mi familia, tanto mi padre como mi madre vienen de rancho, por lo que ir a visitar a los familiares del rancho. Era una de las experiencias más disfrutables que tenÃamos. También a nosotros nos encantaba el rancho, montar a caballo, ver las parcelas, ver los animales y, sobre todo, las fiestas que se hacÃan. Ahà habÃa muchos bailes, jaripeos y diferentes cosas. Recuerdo que una vez estábamos en un baile o. No recuerdo si eran los quince años de una persona. El caso es que solamente fuimos mi hermano y yo y un primo mÃo, un primo que era precisamente del rancho. Ãl sabÃa las calles, las carreteras en general, se sabÃa todo al dedillo. No habÃa mejor persona que nos guiara en toda la familia. Fuimos a la fiesta, nos la pasamos muy bien, pero, a final de cuentas, mi primo tuvo un problema ahà con algunas personas y, para no hacer más extensa la historia, decidimos regresar al pueblo. Ya era tarde, ya era muy tarde. Mi hermano es mayor que yo y en ese entonces el tema tenÃa diecisiete años y yo quince. Mi primo igual tenÃa diecisiete años. Mi hermano fue terco en conducir él, pero por suerte y al paso del tiempo, sobre todo por la carretera en la que Ãbamos, logré convencerlo en que condujera yo. Ellos dos habÃan puesto hasta las chanclas de borrachos y para llegar al pueblo tenÃamos que pasar por una carretera o más bien no era carretera. Era lo que quedaba de una carretera, una carretera en muy mal aspecto. TenÃa baches, tenÃa hoyos estaba deslavada de una cierta parte. Se acababa esta carretera y después comenzaba un camino de chapapote, es decir, piedra negra, grava y también arena. A final de cuentas, mi hermano no querÃa dañar el auto ira un force waggin, ni dañar las llantas ni la suspensión. Asà que terminé conduciendo yo. No podÃamos ir a una velocidad muy rápida. Ahà vamos a tardar algo para llegar al pueblo. Y no era que el camino fuese largo, sino es que no podÃamos ir rápido. Lo más rápido eran quince kilómetros, veinte kilómetros por hora, porque, como repito, la carretera estaba en muy mal estado para perjudicar aún más, nuestra situación estaba lloviendo, asà que el campo de visibilidad todavÃa era menor lloviendo. Y de noche tanto mi hermano como mi primo habÃan tomado demasiado y ustedes saben lo que le pasa a las personas que toman demasiado van al baño muy se GUIs, por lo que cada cierto tiempo tenÃa que detenerme e importándoles poco que se mojaran. Bajaban del auto, iban hasta un árbol o donde pudieran cubrirse y hacÃan del baño. Después se subÃan y yo continuaba conduciendo. Nos habÃamos detenido tres veces en esa ocasión hasta que llegamos a un tramo. Ellos nuevamente tenÃan ganas de ir al baño porque aún asà llevaban algunas latas y continuaban tomando en el auto. Decidieron que querÃan detenerse en una parada, una parada que era de esas del rancho que están hechas de piedra, ladrillo y concreto, era una parada que estaba algo deteriorada, pero a final de cuentas, les daban lo que podrÃa ser un techo para hacer sus necesidades. Yo me detuve. Ellos dos se bajaron, fueron hasta la parada y otra vez nuevamente empezaron a hacer sus necesidades. Yo me quedé en el auto. Empecé a pasar canciones en la radio y con los faros que iluminaban el camino, me fui percatando de algo que estaba saliendo entre el monte. Al principio solamente era una figura, pero conforme se iba acercando, pude ver que se trataba de una señora, una señora con muy extraña apariencia. Era pequeña como de uno cuarenta o uno cuarenta y cinco máximo. Esta señora caminaba encorvada, muy encorvada. Se le podÃa ver una Joroba en la espalda. TenÃa también una enorme barriga como que no era proporcional con todas sus medidas, porque también sus brazos, sus brazos eran largos. Los mantenÃa de una extraña forma, como que curviados, pero si los estiraba, serÃa fácil creer que tan solo los brazos me dirÃa lo que ella mide en su estatura, no podÃa verle el rostro. Más que nada por la lluvia y también porque su pelo cubrÃa parte de este mismo. Se movÃa lento y con ayuda de un bastón o mejor dicho, era una vara de árbol. Se movÃa con ayuda de este un paso otro paso, pero se iba acercando hacia nosotros. Empecé a tener miedo. No habÃa explicación alguna para que una señora de esas condiciones y sobre todo con esa apariencia tan aterradura, yo no podÃa hablarle a mi hermano y a mi primo porque estaban ciertamente algo lejos. No me escucharÃan con todo el ruido de la lluvia. Lo que podÃa hacer en ese momento era hacer sonar el claxson una y otra vez. Lo hice sonar una y otra vez y otra y otra y otra. Al principio no lograba llamar su atención, porque ellos pensaron que los estaba molestando, que solamente los estaba apresurando. Fue hasta que toque el claxson sin cesar y de manera muy alarmada, que llame su atención. Ellos voltearon, me vieron y yo con el dedo se lo señalaba hacia adelante que vienen hacia adelante. Ellos vieron lo mismo que yo vieron aquella mujer acercándose yo estaba pensando en como actuaban ellos actuarÃa yo Si a ellos no les importaban, significa que la mujer no era ningún peligro, pero tal como yo lo presentÃa, a ellos también les dio miedo. Rápidamente se subieron al auto y dijeron que condujera lo más rápido que pudiera, pero que saliera de ahÃ, que nos tenÃamos que ir de ahÃ. Pero ya yo arranque el motor. Traté de sacarle la vuelta a aquella mujer que parecete entonces ya estaba demasiado cerca, pero cuando por fin logramos superarla, el auto se detuvo. Sentimos un tirón como si algo nos estuviera reteniendo. Yo aceleraba y aceleraba, pero el carro estaba atascado y debido a la carretera en la que venÃamos, no era difÃcil de cre leer esto. Traté de arrancarlo una y otra vez una y otra vez, pero de nada servÃa el carro simplemente no se movÃa. Decidà detenerme ya no arrancar más. Y pese a que mi primo y mi hermano, que venÃan en la parte de atrás, se fijaban para todos lados buscando a aquella mujer no la podÃan ver. Ellos simplemente decÃan que habÃa desaparecido, que, a lo mejor se habÃa internado otra vez en el monte, que, a lo mejor era una mujer que estaba mal de su cabeza o algo por el estilo. Pero ahora tenÃamos otro problema y era que el auto no lo podÃamos dejar ahÃ, o al menos era lo que pensábamos en ese momento, porque mi hermano empezó a ver que rostros cabezas de varias personas se estaban asomando entre el monte, como si estas personas estuvieran acercando poco a poco a donde estábamos nosotros. Intenté arrancar el carro otras veces, pero nada no podÃa. Mi primo no de una idea y fue la idea más sensata en ese momento hay que salir del carro y correr. Simplemente correr. TenÃamos el pueblo a nuestra derecha si corriamos entre el monte. Era peligroso, pero llegarÃamos en cuestión de minutos. Esa carretera daba muchas vueltas y muchas curvas por lo que rodeaba al pueblo casi en su totalidad. Al ver aquellas personas que se iban acercando y cada vez más y cada vez más y cada vez más nos bajamos de dinero y nos fuimos de ahà dejando el bocho casi con las puertas abiertas, corrimos entre el monte. Mi hermano me iba sujetando del brazo y me iba guiando para ese momento ya se le habÃa bajado todo lo borracho que iba. Llegamos al pueblo, le dijimos a nuestros familiares qué era lo que habÃa pasado. No tardaba mucho para amanecer. Asà que en punto de las siete. Fuimos en compañÃa de otros tÃos a recoger el auto. Cuando llegamos hasta donde estaba el auto, vimos que no tenÃa señales de vandalismo, no lo habÃan saqueado ni siquiera alguien se habÃa metido dentro. Revisamos todo y lo único que vimos o más bien un tÃo nuestro lo vio y nos dijo sobre esto nos preguntó qué era lo que habÃa pasado realmente, porque el carro no se encontraba atascado. Un tio mio no se subió a este, lo arrancó y este dio para adelante. O sea, que realmente el carro se encontraba nivelado bien, no se encontraba en ningún agujero ni nada por el estilo. Lo que encontramos es que en la defensa y en la parte de atrás del bocho se encontraban unas enormes manos agarradas, las marcas de unas manos pero muy grandes. Se podÃa ver que habÃan sostenido al auto con mucha fuerza, ya que la lámina habÃa sufrido daño. TenÃa marcas esa noche algo estaba impidiendo que nos fuéramos, pero nos estaba reteniendo como que agachado, porque no lo podÃamos ver. A mÃ, a mi hermano y a mi primo no nos queda dudas de que habÃa sido aquella mujer pequeña que seguramente no se trataba precisamente de una mujer común. Después de esta experiencia, más nunca volvimos a pasar por aquella carretera. Esta primera experiencia viene de parte de Paula Paula Valderrama. Ella era un estudiante cuando le pasó esto y se encontraba estudiando en una universidad de los Estados Unidos. Ella es una motociclista. Le gusta recorrer grandes distancias. Ella sola y su motocicleta lo hacÃa constantemente más que nada para liberar un poco del estrés que tal vez los estudiantes puedan tener a un lado claro a algunos otros problemas, otros temas que ella en lo personal pasaba por ese momento. Lo que no sabÃa Paula aquella noche que salió con su motocicleta es que por esta misma carretera, la cual le encantaba conducir de noche algo la observaba a dÃa con dÃa y esperaba pacientemente el momento justo para bajarla de su moto y estar a su merced por completo. Su historia es la siguiente hola. Mi nombre es Paula, y le mando un saludo a toda la comunidad de la cripta desde Madrid, España. El siguiente relato que les quiero contar me sucedió cuando estaba en mis años de Universidad Verán. Yo no estudié aquà en España, estudié en América, en Estados Unidos. Allá en Estados Unidos, por lo regular, las universidades están rodeadas, por lo que podrÃamos decir pequeñas localidades y también algunos parques. Estos parques, o más bien decir bosques, pequeños bosques se usan mucho, tanto por la Comunidad como también por los universitarios. Dentro de este bosque que es donde les quiero contar que me pasó esta experiencia. Hay pequeños caminos y zonas donde uno puede acampar un poco. Hay caminos que algunas personas las usan para ir a bicicleta, otros caminos que sirven para ir a correr, etc. Etc. Muchas actividades que se pueden hacer ahÃ, pero la que a mà más me gustaba eran las carreteras que habÃan por todo este bosque, si bien no eran carreteras muy grandes. La verdad es que me gustaban porque si escogÃas bien la ruta, podrÃas estar dando vueltas por el bosque sin ningún problema. Y lo que beneficiaba mucho es que por estas carreteras casi no pasaban coches a excepción de vacaciones. A mà me encantaba recorrer estas carreteras del bosque porque me encanta andar en moto. Soy una viker, como popularmente se dice, me gusta recorrer kilómetros y kilómetros y si no hay nada en la carretera, si no hay tráfico, como como era en esta ocasión, la verdad es que me gustaba mucho. Me servÃa para pensar en ciertos problemas y también para despejar mi mente. En aquellos años, mi padre aquà en España, estaba pasando por una enfermedad, una enfermedad que casi le cuesta la vida. Obviamente, yo le estraer en Estados Unidos no tenÃa mucho que hacer. Simplemente estaba el pendiente del teléfono y con ciertas novedades en cuestión a su salud. En uno de estos momentos, mi padre habÃa estado hospitalizado durante mucho tiempo y parecÃa que esto no iba a mejorar, sino que es más a empeorar. Asà que hice lo que en otras ocasiones hacÃa bastante. Tome mi chaqueta, tomé mis llaves, me puse mi casco y mis protecciones y salà en mi moto. TenÃa el tanque lleno y era fin de semana, por lo que iba a recorrer esta carretera como lo hacÃa otras veces. QuerÃa despejarme de todo eso, querÃa olvidar este problema que tenÃa al menos durante treinta minutos para este momento en concreto, habÃa tenido un problema con mi moto y es que a veces no encendà la luz que servÃa para iluminarme el camino este inconveniente. Me habÃa retardado mucho en salir en moto, al menos cerca de la Comunidad donde estábamos. Pero claro, este parque era otra historia. ConocÃa muy bien la carretera, sabÃa más o menos a qué distancia tenÃa que estar como para que el auto me viera y no ocurriera algún accidente. Esto aparte, como les digo ahÃ, casi no pasaban autos, asà que decidà irme total. Al menos al principio, la motocicleta alusaba de lo más normal, pero a medio camino la luz se apagó. Esto no me importó. La verdad es que iba pensando todavÃa los problemas que tenÃa con mi padre y no me importaba que la luz habÃa pagado. Simplemente querÃa disfrutar el camino, pero poco me duró el gusto, ya que yo iba con mi casco y en eso de pronto veo algo que está en medio de la carretera. Al principio, lo que yo supuse era que se trataba de una mancha que traÃa mi casco, porque la carretera por la que iba estaba muy bien iluminada y no se le podÃa ver color a aquel bulto era completamente oscuro y su forma no era como algo reconocible. Pensé simplemente que era una mancha, aunque a los pocos metros de estar de ésta se movió, pero se movió de una manera muy rápida. En ese momento capté que era una persona. Yo traté de librarla, de no golpearla, pero esto no resultó. Golpeé de mi lado izquierdo de la motocicleta, Me empecé a mover, perdà el equilibrio y al final de toda la situación, terminé por caerme me arrastré por toda la carretera y mi motocicleta sufrió daños, daños más importantes que de los que tenÃan me levanté del asfalto con mucho dolor. El casco y las protecciones me habÃan ayudado a aquel choque no resultara en una fatalidad, ya que la verdad es que si no hubiera usado el casco, creo que hasta ahà hubiera llegado. Me levanté y cojeando me acerqué hasta la motocicleta, la levanté, le puse el pie y la dejé parada a la mitad del camino. Lo que pensé en ese momento es que me habÃa llevado una persona. Obviamente, me entró un miedo y rezaba por dentro a que esa persona siguiera viva. Regresé caminando o trotando más bien como podÃa, con el dolor que tenÃa en mi pierna hasta aquel lugar donde habÃa chucado. Empecé a gritar como loca. Empecé a preguntar que si estaban bien, que dónde estaba. Le gritaba aquella persona. Yo supuse que, al no ver un cuerpo en ni el asfaltó a lo mejor de lo rápido que iba, habÃa empujado su cuerpo y habÃa salido volando de la carretera de seguramente se encontraba tirado ahà por el bosque. Empecé a buscar por el bosque por las orillas de un lado de la carretera del otro, pero no encontré nada. Simplemente no habÃa nada con lo que habÃa chocado habÃa desaparecido. Luego pensé que tal vez se trataba de algún animal, un animal silvestre. Igual tuve remordimiento, pero no encontré ningún cuerpo, tampoco ningún rastro de sangre, al menos a simple vista, por lo que no le vi mayor asunto a quedarme ahÃ, por lo que después de algunos diez minutos no le hallé una razón más para quedarme allÃ. Caminé como pude de nuevo hasta la motocicleta la levanté y la quise echar a andar, pero fue en vano. No sirvió para nada. La motocicleta lo arrancaba y también a decir verdad, la llanta habÃa quedado algo chueca, por lo que aunque le echara a andar, no iba a poder conducirla el choque habÃa sido más violento de lo que creÃa. En fin, no me quedo de otra que empezara a empujarla y empezar a caminar por esta carretera y ahà me tenÃan aproximadamente a las once de la noche, en una carretera por la que casi no pasan carros o no iban a pasar en toda la noche, cojeando herida, sangrando de un brazo, porque eso se me habÃa raspado fuertemente un brazo empujando una motocicleta destrozada. En fin, esa noche no pintaba para nada. Bien. Recuerdo que caminé por alguna media hora y todavÃa caminando más iba a tardar aproximadamente una hora en llegar a un comercio el cual conocÃa en donde me podÃan ayudar. Pero cuando oÃba por la carretera, empecé a notar algo. Creo que muchos hemos sentido cuando alguien más te observa, cuando ese alguien tiene la mirada muy pesada que tú la captas que sientes la mirada clavada de alguien. En ese momento, yo sentà esto, pero no de una sola persona, sino de varias. SentÃa, como me observaban, de diferentes lugares, de diferentes ángulos, y que estas miradas provenÃan del bosque a un lado de la carretera. Yo empecé a voltear varias veces e incluso me empecé a decir a mà misma que estaba loca, que estaba imaginando cosas. Pero en ese momento, mi cerebro, mis sensaciones no se equivocaban empecé a ver un bulto, un bulto oscuro que se movÃa entre los árboles. Cuando presté mayor atención a esto, empecé a divisar que no solamente era uno, eran varios, eran siete ocho y mientras más ponÃa atención, descubrÃa más se veÃan como si fueran personas. Pero si captabas muy bien y les prestabas atención a sus movimientos y conforme se iban acercando, te dabas cuenta poco a poco que no eran personas, porque yo, al verlos supuse que lo eran, por lo que me detuve y empecé a decirles que me habÃa caÃdo, que habÃa tenido un accidente, que se me podÃan ayudar. Yo en ese momento pensé que eran guardabosques, aunque fueran muchos en un solo sitio. Me detuve y los empecé a mirar. Y fue ahà que empecé a notar que esos movimientos eran muy raros, muy extraños. Sus movimientos eran muy fluidos. Era como si se moviera un muñeco de trapo o un muñeco que no tuviera huesos. Era como si, en lugar de piernas y brazos, tuvieran tentáculos. Al menos para mÃ, eso era lo que me proyectaban. Empecé a tener miedo, obviamente por esto, y me pasé del otro lado de la carretera. Empecé a caminar y empecé a caminar lo más rápido que podÃa. No podÃa ni siquiera trotar. Llevaba muy lastimada mi pierna y a la par de estar empujando la motocicleta no podÃa. Aquellos extraños bultos ya se encontraban casi saliendo del bosque. En mi desesperación quise arrancar la motocicleta, aunque sabÃa que no le iba a poder andar, pero querÃa aunque fuera luz iluminarlos para ver qué era lo que eran, para saber si mejor dejaba tirada a la moto y me echaba a correr o hacÃa lo que fuera por tratar de encenderla. En ese momento la suerte que ya para variar se tenÃa que poner un poco de mi lado, encendió la moto, encendió las luces y como pude volteé la moto y al momento de voltear e iluminarlos, estas cosas se hacÃan para atrás. Era como si la luz le escalara. Eran como si le tuvieran miedo a la luz. Fueron retrocediendo y se resguardaron de nuevo en el bosque. Yo en ese momento, al menos capté algo, empecé a mirar a mi alrededor y en ese trayecto, precisamente donde habÃa chocado, precisamente donde venÃa caminando, era un trayecto donde las luces en la carretera fallaban, estaban apagadas. Me faltaba poco para llegar a aquel punto donde de nuevo estaba muy bien iluminado. En ese momento habÃa pasado una tormenta y habÃa dejado sin luz eléctrica algunas partes. Esta era una parte de esas. En ese momento logré ver la luz al final del túnel irónicamente hablando veÃa a la luz comenzando de los postes a unos cuantos metros. En ese momento pude ver la salvación que tenÃa. Comencé a caminar y a caminar y a caminar con la luz de mi moto encendida y al momento que llegué a esta zona me sentà profundamente aliviada, ya que esa sensación de sentirme observada habÃa terminado si habÃa ido por completo algo que no tenÃa sentido, pero yo asà lo sentÃa. Continué caminando esta vez por la hora que quedaba. Llegué hasta un establecimiento donde logré conseguir ayuda. Me llevaron de nuevo a la Universidad y esto acabó ahÃ. Esta experiencia. Cuando se las cuento a mi familia y amigos cercanos porque no es algo que yo ande diciendo a todo mundo, resulta bastante fantasiosa. Algunos me han dicho y si es verdad, completamente aterradora. Al investigar más, me he dado cuenta que hay varios vÃdeos en YouTube de personas que han visto lo mismo y no solamente testimonios como el mÃo, sino que también hay videos. Los invito a toda la Comunidad de la cripta que investiguen sobre esto. No sé qué es lo que tienen los bosques pegados a lo que viene, siendo las carreteras y las localidades. Es como si algo dentro de ellos nos observara de más. Está decir que cada vez que entro a lo que viene siendo un bosque que también aquà en España, me siento nerviosa, con cierta incertidumbre y por si se lo preguntan, jamás volvà a recorrer esa carretera durante todo lo que me quedaba de años ahà en la Universidad, ni de dÃa ni de noche. Espero que les haya gustado mi experiencia. Saludos a todos. Nos hará pensar un poco en si creemos tal vez en maldiciones o tal vez que hay ciertos espÃritus que se nos pegan, por decirlo de alguna manera muy burda. Tal vez hay espÃritus que se pegan a nosotros y que nos están acompañando quizás durante toda nuestra vida. Hay muchas personas que les piden a sus familiares difuntos, que los protejan desde el cielo. Hay otras personas que les piden a su santo, a su entidad a la que le son devotos, que los cuiden igualmente, sobre todo en trabajos tan riesgosos como lo pueden ser camioneros obreros. Sin embargo, la siguiente historia es algo peculiar, porque la persona que nos la cuenta él jamás pide ser protegido. Tal parece ser que esta entidad simplemente lo persigue por mero gusto y es algo que ha traÃdo años con él, tanto asà que ya prácticamente forma parte de su vida. Su historia es la siguiente hola. Buenas noches mi nombre. Quiero que se mantenga anónimo más que nada, porque sigo desempeñándome como trailerroe y hay algunas personas que siguen el canal. Lo que les quiero contar no es exactamente una experiencia, sino algo que me ha venido pasando desde hace muchos años, algo que ya forma parte de mi rutina y que cada vez que aparece o cada vez que se manifiesta. Ya no me causa terror ni miedo. Simplemente pienso que es algo que tenÃa que pasar. Empezaré por el principio hace ya unos años atrás. Por eso, del dos mil trece, dos mil catorce empecé a sentirme acompañado en mis viajes de trabajo. Yo soy camionero y lo he sido durante un buen tiempo de mi vida. Es más, creo que me moriré siéndolo. El caso es que cuando vas en carreteras, cuando toda tu vida, todo tu trabajo, se están en estas ves varios accidentes, ves, varias cosas extrañas que no puedes explicar las mayorÃa de las veces, Como les dije, yo me sentà acompañado cada vez que salÃa, pero a esto no le prestaba atención. Pensé que simplemente mi mente se estaba encargando de ayudarme con todo el camino solitario que me deparaba. He conducido por toda la República Mexicana y no hubo ni una sola vez después de cierto tiempo que me sentirá solo mientras conducÃa eso. Esto se salió de control cuando de pronto llegué a una de estas fábricas aquÃ, en Veracruz. Este almacén era muy conocido por mis amigos, por mis camioneros, más que nada por el disgusto que esta compañÃa nos hacÃa pasar. Y es que siempre cuando llegábamos nos dejaban esperando cerca de algunas cuatro o cinco horas como mÃnimo para entrar a esta. Eso hay que sumarle una cola de camiones que siempre tenÃa cada vez que llegaba. Siempre habÃa unos cuatro o cinco tráilers con cargamento adelante de mà ya hacÃa para llegar a descargar o cargar mercancÃa. El caso es que cuando uno llega tiene que formarse. Tiene que bajar de su camión, llevar todos los papeles, llevar su licencia, sus documentos y dárselos al vigilante. Después, el vigilante se los pasa al encargado y hay que esperar unos minutos y después te dan tu pase. Luego tienes que volver al camión y ahora sà a esperar tu turno. Bueno. Mientras yo regresaba y recuerdo perfectamente que eran horas de la madrugada, iba con algo de sueño, iba cansado todo el viaje y ahora tenÃa que esperar por lo que iba a aprovechar para dormirme un poco. Cuando llego a mi camión, abro la puerta y al momento de subirme veo que está sentada en el asiento del copiloto. Una mujer no le pude ver el rostro. Su cabello lacio caÃa por ambos lados, lo cual casi por completo cubrÃa su rostro por la poca luz que entraba yo al momento de subir y sentarme me sobresalté de inmediato y un escalofrÃo recorrió todo mi cuerpo. Esta mujer iba vestida de blanco, con unos trapos, unos harapos. No sabré decirle si era un vestido, una pijama o una camisa. El caso fue que lo primero que pensé es que me habÃa subido al camión incorrecto. Pensé que me habÃa subido a un camión de uno de mis compañeros que llevaba compañÃa y, por lo tanto, bajé del camión de inmediato. Pedà disculpas. Me bajé del camión y di apenas unos cinco pasos. Cuando enseguida, reconocà la caja, reconocà las llantas y en un todo, reconocà mi camión. Ese era mi camión. No me habÃa equivocado en ese momento fui de inmediato abrà la puerta. Nuevamente iba con la idea de preguntarle a esta mujer qué era lo que hacÃa dentro de mi camión, porque se habÃa subido. Pero al momento de abrir la puerta y entrar vi que no habÃa nadie, encendà la luz de adentro, encendà la luz de mi celular. Empecé a buscar por todos los sitios del camión en el camarote, abajo de los asientos, abajo de la cama. Las ventanas del camarote estaban cerradas. Igualmente, la puerta del pasajero del copiloto se encontraba cerrada. La única puerta que se encontraba abierta y por la única por la que pudo salir era la puerta del piloto. Y por esa misma yo venÃa y en ningún momento habÃa escuchado o habÃa visto a una persona que hubiera bajado del camión simplemente aquella mujer habÃa desaparecido dentro del mismo campo marote. La aparición de esta extraña mujer en mi vida empezó desde ese momento. Cada vez que salÃa e iba conduciendo, veÃa como esta mujer de vez en cuando aparecÃa en un extremo de la carretera mirándome y otras veces caminando, obviamente siendo rebasada por mi tráiler de alguna manera. Cada vez que esto pasaba, iba disminuyendo la velocidad como si supiera algo por mi instinto, por mà mismo que tenÃa que bajar la velocidad, como si esa mujer me advirtiera de algo. Otra cosa extraña es que tanto familiares como también compañeros de mi empresa, camioneros, también me han visto que de vez en cuando, cuando llegó con mi camión y esto viene de parte de tanto camioneros como familiares, se los vuelvo a repetir, ya que no hay forma de que ellos se pusieran de acuerdo para decirme lo mismo, y es que ellos han visto que cuando llego, no llegó solo a veces ven a una mujer vestida de blanco con su pelo largo, cubriéndole la cara, llegaré en compañÃa de mÃ. Ella siempre va sentada en el asiento del copiloto a un lado de mà prácticamente y cuando yo bajo ella simplemente desaparece como en un parpadeo. Como les dije, esto ya va para una década que me está pasando y en todos esos años siempre la he visto. Incluso he llegado al punto en el que empiezo a platicar con ella. Le empiezo a decir, a platicar cosas y lentamente siento como si esa mujer, en concreto se manifestara sentada atrás de mà en el camarote y me escuchara todo lo que le tengo que decir. Múltiples veces le he preguntado si es acaso que me va protegiendo. Es acaso algún ángel o tal vez otra cosa. El caso es que algunas personas me dicen que esto es muy mala idea que yo no tengo que asumir ni platicar mucho menos con algo que me está persiguiendo o con algo que me está acompañando para todos lados. Ellos dicen que esto les da más fuerza. Yo lo único que sé es que si esa mujer me hubiese querido ser daño, ya habÃan pasado muchas veces muchas ocasiones en las que ella puedo haberlo hecho. Un dato interesante que quiero compartir con ustedes antes de terminar mi experiencia, por asà decirlo, y es que antes de que esta mujer se manifestara en mi vida habÃa tenido algunos accidentes lo normal, nada grave, bueno, Algunos sà bastante graves, pero eran una minorÃa, sobre todo en carreteras. Pero a partir de que esta mujer apareció, no he vuelto a tener ningún accidente por más minúsculo que este sea. Lo que sà he visto es que han ocurrido varios y muy cerca de mÃ, pero a mà y al camión jamás nos pasa nada como si algo nos estuviera protegiendo. Gracias por su tiempo y espero hayan disfrutado mi experiencia. Este siguiente relato cripta ManÃacos viene de parte de Mauricio López. Mauricio es un operador de autobús, uno de esos operadores que recorre toda la República Mexicana. Va de Estado en estado y una cierta ventaja para las personas que les gustan los temas paranormales es que si recorres grandes carreteras que si te dedicas a este trabajo o al trabajo de camionero, cualquier trabajo que sea foráneo, las leyendas los relatos jamás te van a faltar, pues allà abundan este tipo de experiencias, tanto tú mismo las vas a vivir como también te las van a contar. Y en esta ocasión, a nuestro amigo Mauricio le tocó vivir una, pero para su desgracia, no fue una experiencia. Digamos de lo más normal. Dentro de lo que cabe, él y su compañero, cuando iban en el transcurso, empezaron a burlarse de los difuntos, algo que les quedó más que claro. No tienen que volver a ser aquella historia terminó y básicamente, Mauricio no volvió a ver a las leyendas como simples cuentos. Su historia es la siguiente buenas noches comunidad de la cripta. Mi nombre es Mauricio y les quiero contar una experiencia que me sucedió cuando estaba trabajando. Verán yo trabajo de operador de autobús. En mi trabajo a lo largo de los años he recorrido numerosas carreteras a lo largo del paÃs y en el transcurso de estas me he encontrado con que hay muy muchas historias, muchos relatos e incluso leyendas sobre algunas extrañas carreteras de México. Como popularmente se conoce. Una de estas es la rumorosa o, como otras, el kilómetro treinta y uno. Lo que les quiero explicar con esto es que cuando uno es operador, le cuentan diferentes historias. Algunas parecen muy fantásticas para ser reales, y con todo esto se podrÃa decir que uno va algo susceptible a encontrarse con ciertas cosas o a lo mejor ver o suponer que vio algo paranormal por la carretera. Esto se los digo porque era lo único que habÃa escuchado hasta ese momento. Esto me pasó por ahà del año dos mil siete y hasta ese año, pese a que ya llevaba trabajando aproximadamente algunos tres o cuatro años, no me habÃa pasado nada por decir paranormal. He estado trabajando en diferentes empresas, si bien no en todas, si dirÃa que en las más importantes de México, y lo que les puedo decir es que en todas estas se cuentan leyendas. Recuerdo que cuando me pasó esta experiencia, yo no habÃa visto nada, por decir fantasmas o demonios o espÃritus. Lo máximo que habÃa visto hasta ese momento eran unas cuantas sombras en la carretera. Pero claro esto se lo podrÃa atribuir a que cuando vamos conduciendo a veces el chofer y el otro chofer que viene manejando, ya que, por lo regular siempre somos dos. Venimos contando historias de fantasmas y, a lo mejor, uno va con más susceptibilidad a creer que ves ciertas cosas, pero lo que les voy a contar la verdad es que no le encuentro explicación alguna. Todo comenzó en uno de estos viajes. Iba conduciendo e iba platicando con mi compañero, el otro chofer que venÃa acompañándome para este momento. Eran cerca de las cuatro de la mañana y yo recuerdo que ni siquiera habÃa cenado. VenÃa un poco cansado. En ese momento, mi compañero me dice que si quiere que nos cambiemos de lugar, él toma el volante y asà sirve que yo de paso, descanso un poco la vista y también duermo un poco, ya que se me veÃa que traÃa los ojos bastante irritados. Yo, por supuesto, le dije que sà lo más rápido posible. Pero claro, Ãbamos en una autopista y al menos por un transcurso, por un trayecto de algunos minutos, no podÃamos cambiarnos. No podÃa parar el autobús hasta encontrar un sitio el cual lo pudieron orillar e hiciéramos el cambio. Para este momento. Ãbamos pasando por una carretera en donde se dice se aparecÃa un niño. Estas eran historias de diferentes choferes. DecÃan que a veces se aparece un niño y también se decÃa que éste habÃa perdido la vida en aquella carretera. Yo le estaba contando esto a mi compañero y él digamos que es un tanto escéptico y también es joven, por lo que no le prestó mayor importancia a esto. Y es más, se empezó a burlar del relato del niño, empezó a mofarse de la historia y y a decir también que todo eso era puro cuento y que no era para nada. Verdad. Esto a la par también de andarse burlando del niño. Yo obviamente, no dije nada, no sé ustedes, pero me da una cierta desconfianza irme burlando de los fallecidos. No acostumbro a eso, aunque sea una leyenda y aunque sea falsa, la verdad no es muy propio de mà ir haciendo eso. Pasó el tiempo unos cuantos minutos y llegamos al punto en el cual pensamos que podÃamos orillar el autobús y hacer el cambio. Lo hicimos. Detuve el autobús, me paré saqué el loncho que traÃa y mi compañero se sentó y quiso acelerar el autobús, pero aquà comienza lo extraño y es que el autobús no daba marcha, es decir, cuando lo detuve, no lo pagué. El autobús con tinuaba encendido. Simplemente lo habÃa parqueado. Mi compañero trataba de meterle la velocidad, pero no daba y el autobús recuerdo que hizo un extraño movimiento, es decir, cuando mi compañero hizo la primera velocidad, el autobús sà despegó. Se movió, creo que algunos centÃmetros y después se detuvo. Era como si algo lo estuviera reteniendo. Yo lo que más figuro, porque sentà un tirón, era como si el autobús estuviera amarrado a algo que lo estuviera deteniendo. Mi compañero empezó a acelerar. Yo abrà la puerta del autobús y le dije que acelerara para ver cuál era el problema. De tanto que estaba acelerando hasta humo le estaban saliendo las llantas, es decir, prácticamente estaban derrapando y obviamente, le dije que parara que ya no le moviera más, me bajé del autobús y con lámpara en mano, empecé a checar Llanta por Llanta. Lo que supuse en ese momento y lo que también mi compañero supuso era que, a lo mejor, una de las llantas estaba atascada. Yo querÃa pensar en eso. Pero claro, esta teorÃa para mà resultaba sin sentido, porque yo habÃa estacionado el autobús. Yo habÃa sentido perfectamente que aún estábamos sobre el asfalto, sobre lo pavimentado. No habÃa sentido ningún hueco, ningún hoyo y a pesar de que regresé Llanta por Llanta, no encontré ninguna falla. El autobús prácticamente se encontraba todavÃa arriba del asfalto encendido al menos a simple vista, no se podÃa encontrar nada con lo que estuviera reteniéndose. Mi compañero también va a y me echa una mano. Empezamos a checar por ambos lados, pero no hallábamos ninguna respuesta hasta que escuchamos como la puerta del autobús se cerraba. Corrimos hacia el frente y la puerta ahora se encontraba cerrada. No nos podÃamos echar la culpa ni uno ni al otro, ya que la puerta de sus autobuses se cierra mediante un gancho que se encuentra a un lado del volante y, por lo regular, ese gancho no está simple vista y es inmediato al momento que lo jalas, la puerta se cierra o se abre. No habÃa sido la culpa de ninguno de los dos, a no ser que alguien, uno de los pasajeros, hubiera cerrado la puerta A propósito. Esto tampoco encajaba, ya que ese gancho, no está simple vista. Es más, me atrevo a decir que las personas que no son operadas no tienen ni idea de dónde se encuentran, ya que no está simple vista. Con toda la pena del mundo y más regañadientes porque no nos quedaba de otra, empezamos a tocar la ventana, la ventana del primer pasajero. Los que venÃan aquà sentados. Era un matrimonio, un matrimonio ya de abuelitos. Eran señores que creo que abundaban en los setenta ochenta años y la que se levantó, al menos en primera instancia, fue la mujer. Ella nos vio y nosotros a base de señas, ya que estaba el motor del camión y las ventanas. La verdad es que no dejan entrar el sonido. Ella se paró y fue a la cabina, caminó y estaba ya entrando a esta Hay una cortina la cual se desplaza en medio y esto es más que nada para que la luz del exterior, de la vista, del autobús, de las ventanas no entre con los pasajeros, ya que a esta hora por regular cuando están viajando de noche, todos están dormidos. La señora apenas se asomó y se nos quedó viendo. La cara de esta mujer cambió abruptamente. Verán, aquella mujer nos vio con una cara de terror absoluto. Sus muecas estaban cambiando en sus ojos. Se veÃa como que nos tenÃa miedo. Se pasó ahà unos breves segundos mirándonos y de nuevo se metió, Es decir, no entró ni a la cabina, ni siquiera lo más cerca de esta. Obviamente, pues nosotros nos preguntamos qué habÃa sucedido. Pasaron entonces unos breves segundos y salió el abuelito. Este señor también aunaba incluso más edad pero al vernos su cara también cambió como si tuviera miedo, pero también a la vez nos estaba preguntando con Señas que qué era lo que querÃamos que hiciera. Ãl estaba captando que nos habÃamos quedado afuera. Asà que, con Señas le empezamos a decir dónde estaba la palanca y que la jalara para que nosotros pudiéramos entrar al autobús de vuelta. El señor da con la palanca la jala y volvemos a entrar adentro. Al entrar, obviamente le pedimos disculpas por haberlos molestado. A él y a su esposa le damos una tonta justificación de por qué nos habÃamos quedado afuera y la verdad muy ridÃcula, una justificación que era, a decir verdad, demasiado tonta. Ãl nos continuó mirando y nos dijo con una voz muy seria. Saben jóvenes, cuando ustedes se encontraban afuera, no estaban del todo solos. Nosotros nos le quedamos mirando y le preguntamos cómo que no estábamos solos. El abuelito nos dijo que en cuestión que cuando habÃa salido su mujer, ella iba con toda la intención de ayudarnos, pero detrás de nosotros. AhÃ, en la carretera, atrás de nosotros, de nuestras espaldas, se encontraba un niño, un niño totalmente pálido con los ojos blancos observándonos y que cuando su mujer salió, la mirada de este niño cambió y lo observó a ella. Obviamente, la mujer se aterrorizó. Al ver esto, se metió de nuevo y le dijo a su esposo, El señor dice que no creyó lo que le dijo su mujer, Asà que él salió para ver si nosotros necesitábamos algo. Y fue en ese momento cuando se tragó sus palabras, porque el niño continuaba detrás de nosotros, observándonos tan pronto cuando él salió. La mirada del niño cambió hacia él. Obviamente, él sentÃa miedo e incluso esanoche dijo que todavÃa tenÃa miedo, pero que lo más lógico era salir de aquella carretera lo más antes posible, por lo que se tragó ese miedo y prestó atención a lo que le decÃamos para abrir la puerta y arrancar el autobús. Nosotros estábamos sorprendidos de eso. Le preguntamos que dónde estaba el niño ahora. Ãl simplemente nos dijo que cuando se agachó y jaló la palanca, volteó de nuevo con nosotros y esta vez el niño ahora ya habÃa desaparecido como si nunca hubiera estado ahà antes de arrancar a aquel autobús y después de que el matrimonio se encontrara otra vez en sus asientos, mi compañero, que ahora le tocaba manejar el trayecto, se quedó en silencio, juntó sus manos como en forma para orar y después rezó. Simplemente rezó un padre, nuestro un ave marÃa y después dijo perdóname. Por lo que te he dicho, créeme que no me voy a volver a burlar de ti ni de ninguna otra alma, pero, por favor, déjanos ir. Sé que todavÃa no descansas en paz y que no es motivo para que yo me burle de ello. Por favor, déjanos ir, déjanos ir de esta carretera. Parece entonces yo estaba muerto de miedo, al igual que él. Empezó a meter la velocidad porque el camión en todo momento estuvo encendido y en esta ocasión, como si nada hubiera pasado, el autobús empezó a andar, como si prácticamente no hubiera ningún fallo. Salimos de aquella carretera esta vez sin contar ninguna experiencia paranormal, sin contar ningún relato. Pero esta ocasión, en esta experiencia, me quedo más que claro una cosa y es que jamás me voy a volver a burlar de un difunto. Esta historia nos la manda un camionero que dice que en toda su vida, destinando su vida a este trabajo, en ninguna ocasión por más que estuviera manejando de noche, por más que el clima o las rutas estuvieran de lo peor o incluso pasar por carreteras embrujadas o que se creen que son embrujadas. Ãl habÃa recorrido todo eso y, a pesar de esto, dice que nada lo habÃa preparado para esta experiencia y, después de haberla vivido, tomo sus precauciones para su siguiente transcurso. Adoptó ciertas reglas que seguÃa al pie de la letra cada vez que salÃa carretera. Este caminero nos cuenta con su historia que a veces, aunque estés manejando de lo más tranquilo, a veces hay cosas en la carretera, sobre todo esas carreteras lejanas, que te pueden seguir. Tú puedes sentir esta aura. Tú puedes incluso sentir como alguien te vigila desde dentro de tu vehÃculo. Y es por eso que se dicen entre camioneros y transportistas que hay que decir ciertas oraciones. O encomendarte al Santo de tu preferencia, independientemente de la religión, que tengas, para que por lo menos estos te protejan y que nada en la carretera se te suba como le pasó a este camionero, que sea lo que sea que se le haya subido en el camino, lo llevó consigo hasta la casa de su hermana. Mi nombre es Rodolfo Cobos. Esta experiencia que les quiero contar sucedió cuando yo me encontraba trabajando de trailero. Actualmente ya estoy pensionado, pero durante muchos años e incluso antes de ser camionero, yo ya transitaba por todas las carreteras del paÃs. Siempre me ha gustado el trabajo de transportista. Yo tenÃa la costumbre que cuando me encontraba cerca de la casa de mi hermana iba a visitarlos a mis sobrinos, a ella, a mi cuñado les avisaba. A ellos estaban más que felices. Cuando yo iba, mi sobrino, el más pequeño de todos, tenÃa la costumbre de que siempre cuando yo llegaba, él se subÃa al camión inmediatamente a esa edad. Esto es muy asombroso ver un vehÃculo tan grande y estacionado en su garaje. Ãl tendrÃa algunos nueve u ocho años. Se subÃa, simulaba que manejaba, iba al camarote, transculcaba todo prácticamente al pasar el tiempo, yo lo fui dejando solo. Cada vez que iba a la casa de mi hermana, le dejaba el camión abierto y él se podÃa subir y estar ahà incluso como una hora o dos horas, prácticamente hasta que lo bajábamos a la fuerza. Pero ocurrió una ocasión en el que le pasó algo o más bien vio, algo que hizo que se distanciera definitivamente de este camión y de cualquier otro, al menos por unos años. Ase resulta que yo tenÃa un viaje y durante ese viaje tenÃa una sensación muy extraña. Era una sensación rara que progresivamente. Mientras manejaba iba empeorando. Al principio, yo me sentà raro, me sentÃa incómodo y mediante que pasaban más minutos, estas sensaciones fueron escalando. Obviamente, como pensaran, yo traÃa la cabina y los asientos completamente oscuras. Era de noche. Solamente mi mirada iba fija hacia el camino, pero empecé a sentir una presencia, una presencia rara. Volteé varias veces al asiento del copiloto. SentÃa como si alguien viniera sentado a un lado de mà sentÃa esa mirada clavada, observándome fijamente. Incluso en dos ocasiones, en unas vueltas, yo me salà de la carretera o un par de llantas se salieron y eso que iba cargado, como que el camión no me obedecÃa. Recuerdo que incluso los frenos fallaron en una vuelta. Esto me tenÃa muy preocupado. Jamás me habÃa pasado esto. Yo siempre habÃa mantenido el control en todos esos transcursos. Esto que me pasaba era totalmente ajeno a mà a duras penas y francamente no sé cómo completé el viaje. Pero esa extraña sensación, esa mala vibra, no se me quitaba. Fui con mi hermana. Ella sabrá sobre barrer, sobre quitar auras pesadas y todo eso yo me sentÃa muy susceptible. En ese momento llegué a la casa de mi hermana. Estacione el camión como siempre. Lo que me sorprendió en primer instante es que mi sobrino no saliera corriendo, ya que era el primero que salÃa y les decÃa a todos que ya habÃa llegado e inmediatamente se subÃa al camión y ahà se quedaba él mientras yo me bajaba, pero mi sobrino no salió. Yo entré a la casa y en eso me doy cuenta de que mi sobrino tiene visitas, tiene más amiguitos. Me saluda y me pide permiso que si todos sus compañeritos pueden subir al camión, yo le digo que sÃ, que no hay problema alguno. Pero antes de eso, mi hermana lo manda a él y a todos sus amiguitos que recojan todos los juguetes que están en el patio trasero. Ahà habÃan estado jugando. TenÃan que recogerlos todos y solamente de esa manera podÃan después subir al camión. Ellos se fueron y yo me quedé hablando con mi hermana. Despué, después de explicarle todo lo que traÃa, ella me empezó a barrer con matas con diferentes lociones y después de pasar unos minutos, veo que por la ventana de la casa pasan las siluetas de los niños. Mi hermana tiene un pasillo que une al patio trasero con el graje de enfrente. Por ahà empecé a ver a los niños pasando corriendo todos y en cuestión de segundos, escuché como la puerta del tráiler se empezó a abrir ambas puertas. Lo que pensé, obviamente, es que los niños ya estaban jugando dentro del tráiler. Yo seguà platicando con mi hermana. Habrán pasado como cuatro o cinco minutos máximo. Cuando en eso entra un niño con una pelota, pide permiso a mi hermana para tomar agua, pero en eso, cuando me ve se sorprende bastante. Tira la pelota al suelo. Incluso el niño asombrado me ve y me dice señor cómo puedo llegar tan rápido aquÃ. Yo lo vi hace apenas unos segundos adentro del camión. Yo estoy totalmente confundido. Cómo que me viste. Le replico si yo he estado aquà todo el tiempo. Ãl me dice nuevamente no, señor usted estaba con nosotros ahà adentro del camión. Yo lo vi y también todos. Mi hermana aún más confundida. Le dice al niño cómo que lo viste. Y en ese momento los dos nos paramos y fuimos inmediatamente al camión. Yo pensé que tal vez alguien se habÃa metido y cuando voy abriendo la puerta veo a los demás niños. Ellos vienen bajando con unas caras tristes, pero al verme todos casi al mismo tiempo, sus ojos se les abren como plato y mi sobrino me dice tÃo, cómo que estabas adentro te acabamos de ver ahà arriba del camión. Yo confundido, no sé lo que está pasando. Yo voy y abro las puertas, pero no encuentro a nadie. Toda la cabina está sumergida en total obscuridad en Tinieblas. No hay nadie en ahÃ. Mi sobrino, muy espantado y el resto de los chiquillos también me dicen me aseguran y me juran que me habÃan visto sentado en el asiento del copiloto. Cuando yo y mi hermana los sentamos en la sala, les preguntamos con exactitud qué era lo que habÃan visto. Ellos no estaban mintiendo. Todos decÃan lo mismo. Nos dieron la explicación de que ellos habÃan abierto la puerta y estaban subiendo al camión. Cuando de pronto vieron que yo me encontraba sentado en el asiento del piloto tomando el volante con ambas manos. Mi sobrino se subió primero e intentó hacerme plática según él, pero dice que yo no le contestaba yo me mantenÃa callado sin decir ni una sola palabra, sin hacer ni un solo ruido. Dice mi sobrino que intentó encender las luces de adentro. Hay algunas luces que basta oprimirlas para que se enciendan, pero por alguna extraña razón, estas luces no servÃan por más de que las presionó y diferentes. Ninguna encendÃa. Ellos dicen que solamente pudieron ver mi silueta, pero no pudieron ver rasgos. Era de noche y dentro de la cabina estaba todo oscuro. Ellos asumÃan que era yo, ya que al menos el cuerpo o las proporciones se parecÃan a mÃ. Todos hubieron y dijeron que intentaron hacerme plática, pero yo jamás contesté nada. Yo solamente me les quedaba mirando sin pronunciar ni una sola palabra. En ese momento, los niños pensaron que yo estaba enojado, por lo que optaron mejor por bajarse del camión. De hecho, el chico de la pelota fue el primero que se bajó, ya que mi actitud, según en sus palabras, era muy aterradora. Solamente me les quedaba mirando sin decir nada. Fue en ese momento que entró a la casa y me vio todos ya se estaban bajando por esto mismo. Cuando ven de repente que voy saliendo de la casa. Esto bastó para que los niños se fueran a sus casas. Estaban muy espantados y mi sobrino ni se diga, tuvieron que pasar años para que él volviera a entrar a un camión, él solo, ya que no lo querÃa volver a hacer sin compañÃa de alguien. Por otra parte, yo y mi hermana llegamos a la conclusión de que aquello que habÃa en el camión era probablemente algo que se me habÃa subido en el transcurso del viaje. Seguramente algo un espÃritu, una alma en pena, me habÃa acompañado en todo el camino y era esto mismo que yo sentÃa mientras iba conduciendo. Era por esto mismo que me sentÃa muy incómodo. Sentà una mirada, sentà una presencia. Efectivamente, era porque eso me iba acompañando durante mucho tiempo. Yo no creà en las leyendas y las historias que se contaban entre los traileros, varios de ellos diciendo que que estas eran experiencias propias. Un consejo que me daban era que el asiento del copiloto mientras yo iba manejando, tenÃa que ocuparlo con algo, con lo que sea, pero que lo ocupara que no dejara aquel asiento libre, pues algo se podÃa sentar en él, cualquier cosa que me encontrara en la carretera y podÃa hacerme compañÃa o incluso peor, si este espÃritu es algo maligno, se dice que incluso pueden ocasionar accidentes intencionalmente. Desde aquel dÃa y hasta que me jubilé, traté de siempre mantener algo ahà y hacia lonche cajas, harapos, bolsas, cualquier cosa para evitar siempre este tipo de pasajeros, carreteras desoladas, carreteras fuera de tránsito o ciertas carreteras abandonadas por voluntad propia de los automovilistas o de las personas que pasaban por ahà diariamente. Hay muchos caminos que son conocidos como caminos embrujados por cierta reputación, no de uno ni de dos, sino de varias personas que han vivido en ese camino experiencias aterradoras, asà como también paranormales, tal como esta siguiente historia, en donde dos amigas salieron de vacaciones y tomaron uno de estos caminos, uno de estos caminos que se decÃan embrujados. Obviamente, creyeron que esto solamente eran cuentos de niños, porque, al final de las cosas, qué tan cierto puede ser que un camino en concreto se encuentre bajo el poderÃo de entes paranormales. Bueno, estas chicas quisieron tentar esa suerte y se encontraron con que ese camino, todas y cada una de esas historias y leyendas estaban muy bien fundamentadas. Buenas noches. Mi nombre es Valeria. Mi experiencia que les quiero contar pase resulta que sucedió en las festividades que estamos en puerta, la Navidad y el Año Nuevo. Cuando me sucedió esto, yo era un universitaria, acababa de llegar a México. Yo no soy originaria de México, soy de Venezuela. Llegué a este paÃs cuando tenÃa dieciocho años. Unos tÃos me acogieron, me dieron un departamento, me ayudaron a prosperar en mis estudios. Pero al tener toda mi familia en Venezuela, prácticamente estuve sola. Eso claro, hasta que conocà a Lorena. Lorena era una compañera mÃa de la facultad. Nos volvimos amigas casi inmediatamente y es más, hasta ahora todavÃa lo somos, pese a que no vivimos en la misma ciudad. Durante el primer año de universidad, yo pasé en Navidad y año nuevo sola prácticamente con unos vecinos, con con con un oso pequeños amigos que tenÃa. Pero claro, esas fechas son para pasar en familia, por lo que al siguiente año, Lorena me ofreció que sà querÃa pasar las festividades con su familia. Ella es originaria de Chihuahua. Nosotras dos estábamos en ese entonces, en el Estado de México, por lo que tenemos que viajar hasta Chihuahua. De cierta manera, yo ya le tenÃa mucha confianza Lorena y ya conocÃa aparte de la familia. Después de pedir los permisos y dar los avisos a mis familiares, justamente cuando comenzaron las vacaciones de diciembre, partimos hacia Chihuahua, decidimos ir en auto. Lorena iba a conducir claro no tomamos autobús, ya que el pueblo o el rancho de Lorena queda muy lejos de cualquier estación o cualquier ciudad a la cual el autobús pudiera arribar y, de cierta manera, se volverÃa más complicado tomar un transporte que nos llevara hasta ese rancho, por lo que Lorena me explicó que lo más rápido y sin tantas complicaciones. Era airen auto, cosa de la que, claro yo me sentÃa muy feliz, ya que no habÃa viajado en auto desde hace muchos años. Pude ver diversas localidades, diversas áreas, pero cuando estábamos a punto de llegar al rancho de Lorena, fue ahà donde sucedió todo. Lorena empezó a tomar algunos caminos que estaban en pésimo estado. La mayorÃa eran caminos de terracerÃa y era algo congruente que esos estuvieran en mal estado, ya que, por lo regular, los autos que pasaban por ahà eran puras, carretas, camionetas, cuatro por cuatro, burros, personas a caballo, lo que a mà me fascinaba a ver. Claro, pero llegó el punto en el que todo rastro de civilización quedó atrás. Simplemente atrás. Lorena empezó a tomar un camino el cual estaba en pésimo Estado y cuando les digo en pésimo Estado, me quedó corto. Según ella era el camino más rápido. De otro modo, llegarÃamos tarde, una hora al rancho y parece entonces ya nos habÃa caÃdo la noche justo antes de adentrarnos a ese camino. Lorena se detuvo, se volteó y me dijo creo que lo mejor serÃa ver si conseguimos alguna posada y continuar con el camino a la mañana siguiente. Yo, en ese momento miré el reloj y miré que eran las nueve y media, le dije Lorena, pero si todavÃa es temprano, según tus cuentas, podrÃamos llegar a las once. Por qué no quieres ir por ese camino. Lorena miró el camino y se quedó pensativa. Esto lo recuerdo muy bien, porque yo lo observé en todo momento. Después de un rato y de yo estar diciéndole que lo mejor era seguir, pues yo estaba emocionada, ya querÃa llegar al rancho. Lorena aceptó, comenzó con el camino y esta fue la peor decisión que pudimos haber tomado. Nos adentramos en el camino y, como les dije anteriormente, estaba en pésimas condiciones. Al parecer, estuvo painmentado, pero se veÃa claramente que no le habÃan dado mantenimiento. HabÃa hoyos habÃa zanjas, habÃa escombro, el auto en el que Ãbamos tuvo que reducir la velocidad considerablemente. Creo que Lorena irÃa como unos quince o veinte kilómetros máximo, ya que no querÃamos dañar la suspensión ni mucho menos las llantas quedarnos ponchadas en medio de la nada, porque, asà como les digo, la civilización quedó atrás no habÃamos visto a ni una sola persona, ni un solo animal, ni una sola camioneta o vivienda cerca como de una hora, era como si nos encontráramos prácticamente en un punto muerto. Lo menos que querÃamos era detenernos, pero Ãbamos avanzando lento lento, pero seguro, para hacer más a menos el viaje. Empezamos a poner música, a empezar a platicar sobre cosas de la facultad, sobre cosas diversas. No tenÃamos miedo en ese momento. No venÃamos pensando en nada por el estilo. Pero fue en ese punto que yo dejé de mirar hacia el frente, dejé de mirar aquel camino de terracerÃa con zanjas, con escombro y volvà a mirar hacia un lado, hacia el monte. Todo estaba oscuro. En el monte solamente se podÃan ver ver a lo lejos siluetas de árboles de maleza moviéndose de un lado hacia otro. Gracias a la luz de la luna más de cerca, obviamente también habÃa árboles y a pesar de que todo estaba oscuro, pude ver algo que se movÃa a la misma velocidad a la que Ãbamos. Primero vi un bulto moviéndose entre el monte. Después le presté más atención y en este mismo bulto empecé a ver dos luces, dos luces amarillas brillantes, muy pequeñas, pero que se movÃan de una extraña manera. Cuando puse más atención, prácticamente ignorando a Lorena y esta ya me estaba dando golpes en el hombro que me decÃa oye respóndeme, no me estás poniendo atención. Yo en ese momento estaba mirando fijamente aquella silueta y y con cada segundo que pasaba, pode ver bien lo que era era un hombre, pero un hombre con una postura muy extraña. Este hombre llevaba puesta una gabardina que le cubrÃa todo hasta abajo. No se le podÃa ver ningún rastro de piel. Estaba todo cubierto, llevaba puesto un sombrero, pero su forma, en la que yo no digo caminaba, sino que se desplazaba, era muy errática, muy extraña, porque no podÃa verle los pies y, como les digo, la gabardina le cubrÃa obviamente todo esto. Pero aún asÃ, aunque tuviera la gabardina, muchos de nosotros sabemos diferenciar el movimiento de los pies como se mueven abajo de una gabardina. Los podemos ver a simple vista. Bueno, ese hombre, no ese hombre parecÃa que levitaba, pareciera que se desplazaba de una extraña manera y, por si no fuera poco, este portaba con una joroba. Yo lo catalogo como una joroba, pero era más bien como que él estaba encorvado por voluntad propia observándonos fijamente. Era algo extraño, muy extraño. Y por si esto no fuera suficiente, otro dato sumamente extraño es que este hombre, como les dije anteriormente, mantenÃa la misma velocidad a la que iba el auto a ver diecinueve, veinte kilómetros por hora. No es una gran velocidad, estoy de acuerdo, pero una persona que sostenga esa velocidad sin necesidad de caminar rápido y entre el monte, eso ya es muy extraño. Obviamente, yo, al mirar esto y ver que aquellos dos puntos amarillos que brillaban, aquellos dos puntos que me llamaron mucho la atención, eran sus ojos, esos ojos ns resplandecientes amarillos de inmediato. Le dije a Lorena. Oye nos están siguiendo mira ese hombre. De ahÃ, Lorena se detuvo en seco y no sé si esto fue buena idea o mala idea. El punto es que este hombre también se detuvo. Lorena empezó a verlo y vio lo mismo que yo. Un extraño hombre con los ojos brillantes y amarillos en ese momento, cuando nosotras dos lo estábamos viendo, se alejó inmediatamente, se escondió entre la maleza, entre el monte. Esto fue suficiente para que yo y también Lorena nos pusiéramos histéricas. Estábamos más que seguras que ese hombre valga la redundancia. No era un hombre, una persona común y corriente. No se moverÃa asà de rápido, porque fue como una mancha. Solamente se desplazó rápido y desapareció de nuestra vista, como si este tuviera una velocidad anormalmente rápida, más que cualquier animal que yo haya conocido. Lorena empezó a acelerar, obviamente vÃctima del miedo, y yo no puedo decir que iba de lo más sensata, porque también estaba sumamente aterrada. Pero cometimos un error, el cual fue que no nos fijamos en el camino. Terminamos atascadas en una de las tantas zanjas que tenÃa este camino. No importa que tanto acelerábamos, no importa que tanto nos moviéramos. El auto no iba a salir en ese momento. Lorena dice que la única manera de salir de ahà era empujándolo. TenÃamos que buscar la manera de sacarlo. Obviamente, me dijo que yo me pusiera el volante y simplemente trata de en aderezarlo, mientras que ella empujaba obviamente, su fuerza no fue suficiente, por lo que yo me salà con ella. Pusimos el coche neutral y rezamos para que la fuerza de nosotras dos fuera suficiente para sacar al coche de aquella zanja. Pero justamente cuando ya lo estábamos sacando, Lorena me toma del hombro me jala y me dice que me meta el coche. De hecho, las dos nos metimos por la puerta del piloto, la que estaba abierta. Ella me empujó a mi primero y luego se metió ella. Yo, como pude, me pasé al asiento del copiloto, asà arrodillada e incluso cayéndome mi cabeza. Estaba donde deberÃan de estar mis piernas y como pude, me volteé y le dije qué tienes, pero qué te pasa ella simplemente aterrada. Me dijo que aquel hombre se estaba acercando hacia nosotras, pero por la parte de atrás. Es por eso que yo no lo habÃa visto, pero que ella habÃa volteado. Yo esperaba en serio, esperaba que ella se hubiera confundido. Ãbamos con miedo a las dos, asà que era muy probable que se lo hubiera imaginado, pero no Ese extraño hombre llegó hasta la ventana de mi auto del lado donde yo estaba. Lo pude ver frente a frente. Era un hombre calvo con la nariz algo deformada, no deformada como si lo hubieran golpeado o como si esta tuviera una extraña forma, sino que ésta estaba alargada. Era muy grande. Su tono de piel era muy extraño, pero lo que más miedo nos dio eran los ojos que tenÃa. Sus ojos eran amarillos por completo, brillando enfrente de nosotros. Lo único que hicimos fue tomar los celulares e irnos a la parte trasera. Ambas parecÃamos niñas. Nos ocultamos ahÃ, las ventanas detrás del coche tenÃan polarizado, asà que por lo menos nos dificultaban ver lo que habÃa afuera, ya que era de noche. Lorena le llamó a sus familiares y les pidió desesperadamente casi a gritos que vinieran por nosotros. Aquellos minutos que pasamos encerradas en el auto fueron los más largos que he tenido en toda mi vida, pues sentÃamos las dos que ese hombre nunca se fue. Ese hombre permanecÃa allà observándonos, escuchábamos no las pisadas de este, sino dónde ira que tocaba, tocaba la ventana, tocaba la cajuela, tocaba la puerta. Lo hacÃa como si lo disfrutara, como si disfrutara que nosotras nos estuviéramos muriendo del miedo? Lo hacÃa incluso con ritmo tocaba una vez con sus dedos y luego con otro y luego con otro, como si estuviera tocando un piano. Tocaba partes del coche, partes que estaba más que seguro. Nosotros escucharÃamos y asà continuó hasta que llegaron mis familiares. Mis familiares llegaron a caballo, ya que era la forma más sutil de llegar o transportarse por ese camino. Cuando llegaron, como pudieron, sacaron el auto. Nosotras estábamos dramáticas en ese momento llorando. Ellos sacaron el auto y nos ayudaron a ir hasta el pueblo, pero nosotras no querÃamos estar adentro del auto. Estará dentro de ese auto. Solamente nos recordaba el infierno que estábamos pasando. Decidimos ir a caballo junto con ellos mientras que uno se llevaba el auto. Yo no sabÃa lo que habÃa pasado. Fue solamente hasta que llegué al rancho de Lorena y que pude platicar con sus familiares que me enteré de una cosa que Lorena habÃa pensado que era cuento de niños. Asi resulta que no habÃamos visto personas porque por ese camino nadie pasaba Al caer la noche, ese camino se deshabitaba por completo. TenÃan una leyenda, una leyenda que Lorena sabÃa las historias que se decÃan acerca de ese camino, pero las escuchó de muy niña. Ella me explica que jamás fue su intención que las dos viviéramos aquel episodio, pero que ella pensaba que todo eso eran cuentos que se los contaban a los niños para que tuvieran miedo, pues esos relatos de terror son simplemente historias que se encuentran en los ranchos. Jamás pensó que fueran reales. Y ya para cerrar con esta historia pase resulta que muchos pobladores de ese rancho y también la familia de Lorena sabÃan que ese camino se le aparecÃan demonios y se aparecÃa el mismo diablo. Espero que les haya gustado mi historia. Quisiera mandar saludos a la familia Lázaro Hernández y también, por supuesto, a toda la Comunidad de la cripta embrujada. Hay algunos camioneros que siguen ciertas reglas, Hay ciertos dichos y este relato que sigue este camero nos dice que, asà como nos debemos de encomendar a diferentes deidades para que bendigan de alguna forma nuestro camino y llegar con bien a nuestra casa o a nuestro destino. También tenemos que evitar a toda costa, cuando vamos manejando por estas carreteras, faltarle respeto, incluso aunque no hubiera sido nuestra intención a los espÃritus que penan por ella. Numerosos son los casos que se han visto que en las cruces donde pierden la vida personas, estas no se van de lugar, Estas ahà se quedan, por lo que se recomienda tener cuidado de perturbarlas. Hola Alex mi nombre es Refugio Cobos. Esta experiencia viene de parte de un amigo mÃo, al que solamente le llamaremos José. Es una historia personal de él. No he hablado con él, asà que no tengo su permiso para contar esta historia. Solamente no referiremos a él como José. Pero antes de contar su experiencia, yo te quisiera contar a TI y a toda tu comunidad que hay ciertos dichos por nosotros, los camioneros y por todas las personas que transitan a menudo por carreteras largas e incluso también por carreteras algo urbanizadas. Y aquà va uno que viene muy ligado a esta historia. Sucede que se dice y es más un consejo que nada, que si tú ves una cruz a un lado de la carretera, o sea que una persona hace meses o años perdió la vida, ahà tienes que persinarte o cuanto menos, ignorarlo, como yo hago y como también muchos otros compañeros lo hacen. Lo que se desaconseja por completo es burlarse de esta, no burlarse per se, sino soltar comentarios sarcásticos. Algunos camioneros van acompañados, por lo que es muy común decir Mira a que él no se fijó bien y mira cómo terminó. O comentarios. Por ese estilo no se recomienda jamás que los digas, porque algunas cruces, algunas almas por el modo en el que perdieron la vida. Algunos dicen que jamás se van de este mundo, que siguen penando caminando por ese tramo de la carretera y, obviamente, a este tipo de almas que traen dentro de ellos más dolor que nada, no les van a gustar tus comentarios y puede que te asusten. Obviamente, esto no lo hace cualquier trailero. Pero otra cosa que se desaconseja rotundamente es que tú te detengas ya se acerca o enfrente de este tipo de cruces. Aunque no hagas nada, puede que estas almas te hagan una visita, porque, a final de cuentas, tú estás en su lugar y, por ende, tal vez puedan subir al trailer una vez ya contándoles esto Ahora, si les voy a contar la experiencia de mi amigo, él se dirigÃa a ciudad Victoria, Tamaulipas. No iba cargado. Ãl estaba en su tiempo libre, al igual que yo, pero él, en ese tiempo estaba pretendiendo a una muchacha que vivÃa en aquella ciudad e iba a aprovechar estos dÃas para ir a verla por el camino. Ya una vez que él se encontraba cerca de ciudad Victoria, yo le marqué por videollamada. TenÃa que resolver con él algunos problemas que tenÃamos en el trabajo y también tenÃamos planificado un convivio a la par de otras cosas, éramos muy buenos amigos en aquella época, como carne y uña. Cuando él me contestó la videollamada por obvias razones, él orilló el camión, encendió una luz y empezó a conversar conmigo. Entre la plática estuvimos hablando de diferentes temas. Cuando en eso yo me percato que mientras me estoy comunicando con él, veo a una persona que se está asomando por detrás. Ãl está sentado en su asiento en el camarote veÃa una persona solamente la cara y el pelo de ésta era una muchacha, una muchacha con testa blanca, cabello castaño. Sus ojos eran inusualmente cristalinos. Si tendrÃa que ponerles algún color, yo dirÃa que eran color verde, pero muy transparente. Ella se estaba riendo solamente estaba sonriendo ante la Cámara. Se tiene que decir que, para este punto yo sabÃa que mi amigo tenÃa una novia en esa ciudad, pero yo no la conocÃa, por lo que al ver esta señorita atrás de él, pensé que se trataba de esta chica, por lo que no le presta atención y seguÃa hablando con él, mientras que esta mujer estaba al pendiente de toda la conversación que tenÃamos. Cuando finalmente arreglamos todos los asuntos, yo le dije en el teléfono oye y cómo te va en victoria. Por qué no me presentas a tu novia. Ya veo que anday contigo a poco ya la subiste al trailer. Después de decir esto, mi amigo se quedó mudo y me puso ojos de extrañeza. Me dijo como que ya llegue a victoria. TodavÃa no llego. Apenas voy para allá. Estoy todavÃa como a unos quince minutos. Entonces quién es la chica que traes ahà en el trailer. Es una amiga. Mi amigo estaba notablemente confundido. Ãl me dijo pero de qué estás hablando. Yo vengo solo no he llegado a victoria y no he subido a nadie para este punto. Yo ya no estaba viendo a la mujer detrás. En un punto de la conversación, recuerdo muy bien que ésta se habÃa retirado poco a poco hasta perderse en la oscuridad del camarote. Yo le repliqué si vi a una chica, estabas con una chica ahorita. Lo vi claramente está tras de ti, mi amigo empezó a encender todas las luces, absolutamente todo, e incluso con el teléfono mismo me empezó a mostrar todo el camarote y, en efecto, no habÃa nadie. Yo no podÃa creerlo. Yo le decÃa una y otra y otra vez que habÃa visto una mujer ahà con él. Si bien somos amigos, jamás nos hemos llevado tan pesado como para hacernos ese tipo de bromas, por lo que mi amigo en ese momento se fijó por la ventana del camión y passe resulta que me dice que se habÃa estacionado precisamente enfrente de una cruz en ese momento esa cora linterna. Yo vi claramente esto y dice que al apuntarla a la cruz, leyó un nombre de mujer. Ãl lo recuerda muy bien. El nombre Solamente recuerda que empezaba con eMe, no sabe si es Mariana Marta, pero que empezaba con m Obviamente, él no le puso mucha atención, ya que le empezó a dar un escalofrÃo, un miedo absoluto. Ãl me colgó. Me dijo, Ahorita, te marco, no me dio ni siquiera tiempo de despedirme. Ãl dice que una vez que terminó la llamada, arrancó el trailer y fue a toda velocidad hasta llegar a ciudad Victoria. Una vez ahà y estando en la casa de su novia, retomó la videollamada. En ese momento él me presentó a su novia y era más que claro que esa muchacha era todo lo opuesto a lo que yo habÃa visto. La chica era morena de pelo rizado. Nada que ver con la mujer que habÃa visto minutos antes. Después de hablar un poco bromear y al fin quedándonos solos, él me dijo que habÃa cometido el error, pero más allá de error, fue un descuido de detenerse enfrente de una cruz. En ese momento, ambos sabÃamos lo que habÃa pasado. TenÃamos muy en cuenta quel dicho, aquella leyenda que se decÃa, pues ambos en ese momento éramos traileros. Lo único que dijimos es que, ojalá, aquel espÃritu no se lo haya llevado. Ojalá, no lo estuviera acompañando, porque habÃa sabido casos que incluso tenÃan que derramar agua bendita dentro del camión del camarote para expulsar esa clase de espÃritus. Por suerte, esto no pasó. Mi amigo continuó con normalidad en su tráiler, pero eso sà mucho más precavido de dónde se estacionaba Tres




