MAS DE UNA HORA DE RELATOS DE VELADORES / RELATOS VIVIDOS EN EL TURNO DE LA NOCHE / L.C.E.

Una mega recopilacion de relatos vividos por los veladores en el turno de noche de la temporada 4
Hola buenas noches. Mi nombre es Narciso Colón y les quiero compartir una experiencia que me sucedió mientras trabajaba de velador. Mi experiencia comienza asÃ. Yo trabajaba para una empresa de seguridad privada. Como sabrán, a estas empresas se les contrata en diferentes lugares, ya sea comercios, plazas, comerciales, incluso casas como mansiones, personas muy influyentes. Yo estaba trabajando en esa empresa cerca de ya unos tres a cuatro años y durante ese tiempo habÃa prestado mis servicios de vigilancia durante el turno nocturno a una funeraria. Iba ahÃ. Llegaba a las siete de la tarde y mi turro terminaba a las siete de la mañana. A pesar de que prestaba mi servicio en la funeraria, mi lugar de trabajo no era dentro de esta. Yo tenÃa que vigilar todo afuera de la funeraria y controlar los accesos tanto de las personas que entraban como también de las personas que salÃan. Estuve trabajando un largo tiempo en ese lugar y hasta ese momento no me habÃa pasado nada nada paranormal como lo que me pasó aquella noche. Hubo un dÃa en que se me avisó que requerÃan que ahora vigilara dentro de la funeraria. Esto solamente era cosa de una noche, o esporádicamente algunas noches. Resulta que el velador, el velador que era fijo de la funeraria, el que habÃa contratado la funeraria, iba a estar ausente unos ciertos dÃas. Por ende, antes de presentarme a la noche siguiente para desempeñar mi turno, me vi con este velador y hablamos unas ciertas cosas que tenÃa que tener en cuenta a la hora de vigilar la funeraria. Una de estas era que simplemente me limitara a vigilar la parte de enfrente, o sea, el ob donde entraban los cuartos de administración, el primer piso o grandes rasgos a excepción de algunos almacenes, pero que no subiera al segundo piso. Estaba prohibido pasar ahÃ. Me dijo que todas las noches habÃa un grupo de personas que se quedaban por ende que si escuchaba pisadas voces que venÃan de arriba, pues que eran ellos que no me sorprendiera para nada. Yo le pregunté pero tienes alguna tarjeta de acceso algún cuaderno donde voyas anotando los nombres de quienes se quedan en las noches y quienes se van en las mañanas. Ãl me dijo que no y que no le prestara atención a esos detalles, simplemente que me quedara y vigilara esas partes de la funeraria que no me subiera al segundo piso. A mà se me hace extraño esto porque yo afuera si tenÃa un cuaderno, una bitácora, el cual marcaba los accesos del personal y, según a mi experiencia, según a lo que yo habÃa notado, dÃa con dÃa, noche con noche, personas dentro de la funeraria jamás se quedaban. Estró algo extraño y nuevo para mÃ, pero bueno, si él era el velador a lo mejor, habÃa personas que se quedaban y salÃan hasta después de las diez de la mañana, cuando ya no me encontraba ahà cabÃa la posibilidad. Si él me dice que sucede esto, entonces lo tomaré en cuenta. En fin, llegué aquella noche, me presenté a las siete de la tarde y me desempeñé como siempre le abrÃa las puertas, controlaba el acceso de las personas que se iban de la funeraria. Cuando de pronto esta quedó vacÃa, recuerdo que eran los mismos nombres que se iban, las mismas personas que iban y venÃan todos los dÃas. Eran las mismas personas que yo veÃa fuera. Llegó a tal momento, a una cierta hora por ahà de las diez de la noche en que yo sabÃa que ya no habÃa nadie. Pensé que tal vez en aquella ocasión no se habÃan quedado personas. Estaba silencio por completo la funeraria, no habÃa ninguna voz, ningunos pasos, absolutamente nada. Se quedó totalmente callado al edificio, un edificio de dos ons. Yo procedà a seguir con mi turno, calenté mi comida, vi algo en el celular, vigilé las partes que este velador me dijo que vigilara y después fui y me senté nuevamente en el escritorio, en el obvio algo que nunca me habÃa pasado me pasó aquella noche y es que, inevitablemente y sin querer me quedé dormido, tal vez era porque tenÃa el clima prendido, estaba sentado, estaba todo callado y pues al tener todas esas facilidades, inevitablemente me cayó sueño. Lo que me despertó en aquella ocasión no fue ni siquiera ni una llamada. Fueron los pasos, las voces, el llanto de alguien que estaba llorando. Obviamente, me desperté. Pensé que esto serÃa alguna clase de pesadilla, alguna clase de terror nocturno, pero para nada, todos esos ruidos provenÃan desde adentro de la funeraria, más concretamente de la parte de arriba. Escuchaba múltiples pisadas, pero no de una ni dos personas, sino de varias. Yo asegurarÃa que serÃan como unas siete nueve personas las que estuvieran arriba de mÃ, o sea, en el techo en el segundo piso, caminaban de un lado hacia otro. Escuchaba voces y no alcanzaba a divisar qué era lo que decÃan, pero las escuchaba sobre todo también llanto. Alguien estaba llorando. A veces escuchaba el llanto de un hombre y otras veces el llanto de una mujer y a veces también el llanto de ambos. Uniéndose esto se me hacÃa muy extraño, muy muchas veces tuve la tentación de subir, pero decidà acatarme a las instrucciones que me habÃan dejado y creo que eso fue lo mejor que pude hacer en aquella ocasión. Estos ruidos extraños duraron toda la noche y por eso de las cinco de la mañana cesaron por completo. Ya no escuché nada tan súbitamente como habÃan comenzado, se habÃan aplacado. Ahora habÃa silencio, un silencio sepulcral como si nada de lo que hubiera escuchado hubiera pasado en aquella mañana. Yo recuerdo que el primero en llegar era el gerente. Llegaba por eso de las seis y media seis cuarenta de la mañana, antes que todos los empleados lo saludé. Le di los buenos dÃas. Me preguntó que cómo habÃa estado el turno, ya qué sabÃa sobre el movimiento que se habÃa hecho. Y yo le pregunté simplemente, o sea, como curiosidad que si no llevaba un registro, que si no le incomodaba o que me pudiera decir cuáles eran las personas que trabajaban en el torno nocturno, ya que para tener en cuenta por si acaso sucedÃa algo, tan solo que me diera los nombres, que me diera al menos sus rostros, que me diera la posibilidad de verlos, de ver sus rostros, sobre todo para seguridad dentro del mismo edificio. En ese momento, cuando yo le estaba explicando todo esto, se me quedó mirando, pero muy extrañado. Ãl me dijo pero muchacho. A veces sà trabajaban durante las noches, pero son muy contadas las veces. En lo que va del año, creo que solamente ha trabajado de noche algunas tres o cuatro veces y son las mismas personas que ves en el dÃa. Yo no tengo turno de noche. Yo le dije sÃ, en esta ocasión trabajaron de noche. Yo lo escuché. Estaban aquà arriba. Me puso de nuevo la cara de extrañado y me dijo de nueva cuenta. Hoy no trabajo nadie y como te digo, trabajamos de noche algunas muy contadas veces cuando el trabajo es mucho pero trabajamos en nuestra área, o sea, en el área de vestimenta de los fallecidos, preparar a los cadáveres. Pero eso, si bien se lleva a cabo en el segundo piso, se lleva a cabo hasta el otro extremo del edificio, no se lleva a cabo aquà arriba. Yo tenÃa en cuenta esto. SabÃa que preparaban a los difuntos en unos ciertos cuartos que tenÃan especiales, pero a decir verdad, en ese momento yo no sabÃa qué tipo de cuarto o qué habitación se situaba arriba de donde yo estaba, de donde provenÃan las pisadas, de donde provenÃan las voces. Antes de que se fuera yo le pregunté oiga y qué es lo que está arriba de aquÃ, qué hay en el segundo piso aquà arriba de mÃ. Ãl me dijo que esa habitación se compartÃa con la morgue de la localidad. La morgue no estaba muy lejos la amor que simplemente se situaba a unos cuantos metros enfrente de la funeraria. Esta morgue, que era también del hospital, que estaba cerca, se situaba simplemente a unos cuantos metros enfrente de la funeraria, Y esta misma morgue A veces le pedÃa apoyo a la funeraria para pasar unos ciertos cuerpos y a pilarlos allà hasta que un miembro de la familia saliera a reconocerlo. O por otros temas. El caso es que habÃa cerca de unos veinte cuerpos sin vida, apilados, cada uno en su mesa, que estaban reposando en una habitación grande, y esa habitación era la misma que se encontraba arriba de mà en ese momento. También se tiene que decir que en esa habitación solamente se guardaban los cuerpos en esa habitación no se trabajaba tan sólo iban ahÃ, sacaban el cuerpo y se lo llevaban. No entraban ni siquiera un máximo de dos personas a la vez. En aquel cuarto a la noche siguiente, cuando pude ver el velador de nueva cuenta, le dije todo lo que me habÃa pasado y le dije también sobre la plática que habÃa tenido con el gerente. Ãl simplemente se sonrió y me dijo es que si te decÃa la verdad tenÃa de dos opciones o me decÃas loco o me decÃas que estaba demente por creer en fantasmas o a lo mejor no hubieras querido venir. Pero sÃ, no hay un turno de noche. Los que caminan arriba durante toda la madrugada son los cadáveres. Una aterradura experiencia que me sucedió y que ahora les quiero compartir. Fue cuando me encontraba irónicamente en mi primer trabajo, acababa de llegar a Chihuahua y necesitaba encontrar un trabajo temporal en lo que uno de mis familiares conseguÃa me r a trabajar con él en su empresa. Era cuestión de algunos dos meses o por lo menos un mes y medio. Yo soy originario de la zona sur de México y me habÃa mudado recientemente por una mejor oportunidad laboral, pero hasta que esa oportunidad se abriera, trata de buscar un empleo, al menos para apoyar económicamente a la casa de mi tÃa, que era la que me habÃa cogido. Después de un tiempo de estar buscando, me encontré con que estaban contratando en una empresa de seguridad para cuidar un par de casas residenciales que se rentaban. Fui de inmediato al dÃa siguiente de ver el anuncio ese mismo dÃa me dieron el uniforme y por la noche me presentarÃa a trabajar con ellos. Se notaba que le surgÃa llenar el hueco de quien trabajarÃa por la noche en esas dos casas. Al llegar me encontré con el cuidador del dÃa y para hacerle sincero, las casas eran enormes más grandes de lo que habÃa pensado antes de marcharse. Este cuidador me dijo que me tenÃa que decir las encomiendas de la noche. Para ser sincero. No pensé que fueran muchas, ya que al ser velador sólo cuidarÃa las entradas, pero digamos que algunas de estas reglas me resultaban bastante extrañas para decirlo abiertamente no tenÃan sentido, al menos para mà no lo tenÃan en ese momento. Una de estas reglas era de que, a pesar de las encomiendas que me habÃan dado en la oficina sobre recorrer ambas casas. Por dentro. El vigilante me dijo que esto no aplicaba del todo. HabÃa solamente dos habitaciones a las cuales yo no podÃa entrar. Estaban totalmente prohibidas recorrerlas. Se trataban de las habitaciones principales de ambas casas. Estas habitaciones igualmente eran enormes y estas se conectaban a un balcón que se encontraba en la parte derecha hacia la parte trasera del fraccionamiento. Al dar el primer rondÃn, me percaté de que la barda que daba muy poca distancia del balcón, para alguien atlético, la verdad es que era muy fácil llegar. Además, me di cuenta también de que en esta habitación se encontraba una luz encendida, o al menos lo que yo creà en ese momento era una lámpara pequeña, ya que daba algo de luz a través de la puerta, continuamos con el recorrido, sin que nada normal sucediera. Al llegar a la caseta y mientras él se preparaba para retirarse la curiosidad, la verdad es que no me dejaba en paz. Le pregunté el porqué de esta regla, por qué las habitaciones principales estaban prohibidas. Ãl me contestó con alguna excusa que yo no le creà como que adentro habÃa joyas y pertenencias de los dueños. Esto no resultaba congruente si ambas casas estaban rentando. A final de cuentas, me terminó diciendo la verdad, aunque antes de esto me preguntó si yo era creyente, si tenÃa alguna religión, si creÃa en Dios y, lo más importante, si creÃa en fantasmas o espÃritus. Yo creo que, como todo mexicano o más bien la mayorÃa le dije que era católico, pero que tampoco era que creyera mucho en fantasmas que, por lo regular creÃa que eso simplemente eran cuentos para asustar a los niños. Ãl me miró y me dijo que era todo lo contrario, que a veces esos cuentos resultaban ser tan verdaderos como uno mismo me dijo que esas casas en realidad no estaban en renta, al menos no aún debido a una tragedia que habÃa sucedido años atrás. Pase y resulta que estas casas habÃan sido hechas para un par de hermanas, unas gemelas de un matrimonio pudiente. Al recibir estas casas, las gemelas tendrÃan una edad aproximada a los treinta años. Eran muy unidas, pero a su vida llegó la desgracia al conocer a un hombre, el cual jugó con los sentimientos de ambas. Las dos gemelas amaron profundamente. Este hombre y fue este mismo amor el que las distanció. Al saber que las dos estaban con él mismo, dejaron de hablarse un largo tiempo. Se dice que incluso se negaban a salir de sus casas, perdieron su empleo y todas ganas de salir a vivir su vida. Fue en este momento en que los familiares contrataron a esta empresa de seguridad para tener vigiladas a sus hijas. Y es por esto que esta historia se conoce, ya que después de unos meses, las chicas se quitaron la vida el mismo dÃa como si lo tuvieran planeado en la habitación principal a la misma hora, la misma la que ahora estaba prohibida acceder. Al terminar de contar la historia, él se fue y aunque me dejó con algo de miedo, se me pasó al transcurrir la noche, siempre que pasaba por esa habitación observaba algo de luz que provenÃa de abajo. Al dÃa siguiente, este mismo guardia me dijo que se trataba de una veladora que se colocaba en ambas habitaciones para recordar a las gemelas. Todo apuntaba que la historia era cierta, pero esto no me iba a echar a perder mi trabajo. Seguà yendo y durante el primer mes me lo llevé de lo más normal hasta que llegó una noche en el que puse mi mirada en el lugar equivocado. QuerÃa fumar un cigarrillo, por lo que me detuve un poco en el patio de una de las casas para hacerlo. Después fui acercándome hacia la barda para recargarme en lo que revisaba mi celular, y fue en ese momento en que alcé mi mirada y movà mi cuello para tronármelo un poco. Estaba tratando de evadir el cansancio que tenÃa y fue en este punto en que la vi vi la sombra de una persona estando en el balcón, la cual se metió rápidamente a la habitación. De inmediato me sobresalté y fui corriendo hasta la parte de arriba de la casa. Lo primero que supuse fue que alguien se habÃa metido a la casa, algún ladrón o algo peor. Iba en camino con mi retráctil y radios preparadas. Cuando subà y abrà la puerta que se encontraba con llave, me encontré con que la habitación estaba vacÃa. No encontraba por ningún lado a la persona que yo habÃa visto meterse minutos antes. Busqué en el armario debajo de la cama, en el baño, pero después de no encontrar nada, mi atención pasó al centro de la habitación. En ella podÃa ver una especie de altar. PodrÃa decirse habÃa prendas de mujer veladoras de diferentes tamaños, no solamente una. Como me hacÃan creer, los vestidos se encontraban en el piso, estaban perfectamente doblados, HabÃan acumulado mucho polvo una clara señal de que habÃa estado en el mismo sitio durante mucho tiempo, habÃa dejado la puerta abierta y en ese momento, debido al viento frÃo que habÃa fuera, ya que recuerdo perfectamente que estábamos en el mes de diciembre, debido al viento frÃo que entró por la puerta, la veladura se apagó. Contaba con mi lámpara en ese momento, pero no la tenÃa encendida, ya que tenÃa la luz de las veladoras. Al pasar esto, al apagarse la luz, fue el momento exacto en el que observé como entre la oscuridad se materializaba el cuerpo de una mujer recostada sobre la cama, Yo me quedé lado y totalmente paralizado. No podÃa creer lo que estaban viendo mis ojos. Esta mujer se levantó y se sentó sobre la cama. Dándome la espalda, yo seguà parado, sin que mis huesos pudieran responder, ni siquiera podÃa gritar. Sentà a mi boca sellada. Esta mujer se levantó y fue directo al baño que quedaba enfrente. Solo cuando no la pude ver. Fue cuando logré recobrar mi movilidad el control sobre mi cuerpo. Salà de la habitación inmediatamente y, por erra alguna razón, la cerré con llave. Me sentÃa más seguro si se encontraba aislada como al principio, pero cometà un grave error. Al momento de estar bajando las escaleras, empecé a escuchar golpes. Todos estos provenÃan por dentro de la puerta de la habitación, seguidos de un grito aterrador. Era el grito de una mujer desesperada y adolorida, como si algo la estuviera atacando. Era un grito de dolor. Yo no tuve ni siquiera el valor de volver. Apresuré el paso hasta llegar de nuevo a la caseta y me quedé dentro de esta hasta que la noche terminó. Por más que querÃa, no podÃa dejar de escuchar aquellos gritos que provenÃan de la casa. Era un martirio. Continuaron atormentándome hasta que el sol por fin salió. Al llegar mi relevo salà de inmediato. TenÃa muchas cosas que contarle. Este hombre abrió los ojos como platos cuando le dije que habÃa entrado en la habitación principal. Lo primero que me dijo fue dime por favor, que no apagaste la veladora en su cara. Se mostró el horror cuando le dije que sÃ, que la habÃa pagado, pero que habÃa sido por accidente no importaba el motivo. Ãl me dijo que por ninguna circunstancia aquella vela se tenÃa que pagar. Ambos fuimos a encenderla de nuevo y, a pesar de ser de dÃa, Ãbamos uno pegado del otro. ParecÃamos niños asustados. Cuando llegamos, mi compañero empezó a encender las velas mientras rezaba el credo. Yo miré toda la habitación de nuevo. Estaba muy nervioso y gracias a esto me percaté de algo más. Los vestidos que habÃa visto doblados en el centro de la habitación ahora estaban sobre la cama distendidos como como como o si alguien se los hubiera puesto. Volvimos a la caseta y de nueva cuenta, mi compañero me dijo que por ninguna razón ya se asà bellas sombras alguna luz o algo en el balcón, por la razón que fuese jamás debÃa de volver a entrar. Ãl me explicó que por esto mismo, ambas casas no se podÃan rentar, pues se decÃa que los espÃritus de ambas hermanas aún no las abandonaban. Las casas habÃan rentado varias veces, pero las personas salÃan corriendo al dÃa siguiente o esa misma noche, a pesar de que las habÃan bendecido varias veces, Las apariciones no dejaron de suceder. Las gemelas jamás se fueron. Aún seguÃan penando. Trabajé en ese lugar otras dos semanas, aunque ahora sà siguiendo estas reglas. Por suerte, para mà me hablaron del otro trabajo el cual estaba esperando. Me sentÃa tan aliviado de haber dejado aquellas casas hasta el dÃa de hoy. Creo que todavÃa no se rentan. Es triste saber que algunas almas no encuentran la luz debido al dolor que todavÃa sienten aún después de haber fallecido. Mi nombre es Eugenio Quejano y mi experiencia comienza dos años hacia atrás, en el mes de octubre del año dos mil diecinueve. En aquel tiempo era guardia de seguridad. Es más, todavÃa hasta hoy sigo siendo guardias solamente que en una empresa diferente de la otra empresa. Me salà porque durante un año y medio que estuve con ellos solamente me habÃan traÃdo de cubre turnos. Creo que las personas que hayan experimentado esto saben que es un turno muy pesado, pues algunas veces se te pide que hagas guardia de dÃa, asà como también guardia de noche por obvias razones. A veces no descansas bien y andas con cansancio tanto de dÃa como de noche. En fin, cuando estaba de cobre turnos, me tocaba dos dÃas a la semana cuidar una tienda departamental. Era una tienda medianamente grande, por lo que ocupaban a dos guardias durante la noche y cuatro guardias durante el dÃa. Durante el dÃa no habÃa ningún problema. Yo era uno de los guardias que estaba en la entrada, pero durante la noche se me pedÃa a mà que me encargara de los monitores las cámaras de seguridad. Estuve ahà antes de que me pasara esta experiencia un buen tiempo. Creo que algunos cuatro meses para ser exactos, y durante este tiempo notaba algo, algo que se me hizo extraño al principio, pero que al pasar de los dÃas, se me hizo totalmente habitual, y era que tenÃamos cuatro monitores. Cada uno de estos monitores se dividÃa de entre dos hasta cuatro pantallas que eran las pantallas de las cámaras de seguridad que habÃa, pero el último monitor, es decir, el último de los cuatro, el que se encontraba en la esquina. Ese siempre se mantenÃa apagado. Jamás estaba encendido. Yo no le di importancia porque al pasar de los dÃas vi que nos encendÃa, asà que simplemente pensé que estaba averiado, simplemente que era un monitor tal vez de repuesto, pero obviamente, al conocer ns la tienda, logré entender que ese monitor era de las cámaras que se encontraban en la jugueterÃa. En fin, le seguà sin prestar atención a esto hasta que un dÃa en octubre, como es costumbre, vienen algunas tormentas por este Estado fueron electricistas a la tienda departamental y se nos pidió por una hora. Simplemente, obviamente, esto a puerta cerrada cuando la tienda ya habÃa cerrado que desconectáramos todo para después de cuarenta minutos volver a conectar todo. Yo lo hice. Fui pieza por pieza, tanto en la tienda departamental como cuando llegué al área de monitoreo. Conecté todo lo que me tocaba y al llegar al instante en el que me tocó conectar todos los monitores, no pude diferenciar los cables y yo conecté todo. Conecté absolutamente a todos los monitores. Esto pues, para que no hubiera un margen de error, ya que no querÃa causar ningún problema para mi sorpresa. El otro monitor, el cuarto encendió y, tal y como lo habÃa sospechado, este monitor se dividÃa en dos y eran las dos cámaras que se encontraban en la jugueterÃa. Si bien se me hizo extraño, la verdad es que no tuvo mayor importancia al pasar unos minutos pasaron las horas, Yo me dispuse a comer y llegó la una de la mañana. En ese momento yo me encontraba haciendo guardia con Samuel, otro compañero. Ãl se encontraba entre la tienda y el estacionamiento y mientras me encontraba mirando los monitores, mirando también una pelÃcula en mi celular para espantar el sueño, me percaté de algo que se movÃa en las cámaras de seguridad de la jugueterÃa. Para mi sorpresa, el que se encontraba ahà parado era Samuel. Samuel, mi compañero, estaba ahà con su uniforme mirando fijamente la cámara. Era como si este intentara decirme algo, pero simplemente se quedaba observando. Ãl estuvo ahà por unos minutos. Yo traté de restar la importancia porque pensé que simplemente me querÃa asustar o algo parecido, aunque claro él conocÃa que estas cámaras no eran visibles para mÃ, asà que no tenÃan sentido que me estuviera observando a través de ellas. Me despegué solamente por unos dos minutos. Yo acababa de cenar, tomé mi basura, la tiré, acomodé algunas cosas y cuando de nuevo puse la mirada en la Cámara donde se encontraba Samuel. Este seguÃa ahà parado, pero su aspecto habÃa cambiado un poco. Ya no me estaba mirando con la cara seria que me veÃa antes. Ahora su cara formaba una mueca, una sonrisa. Me estaba sonriendo, pero de forma muy extraña, muy tenebrosa, e incluso me atrevo a decir que no era de una forma humana. Lo que supuse en ese momento era que Samuel se habÃa puesto una máscara. Ya saben, era temporada de octubre y habÃa muchas máscaras de la purga, máscara de monstruos desà de personas locas, y casi todas estas estaban a la venta precisamente en el área de jugueterÃa. Además, las cámaras que tenÃamos en ese momento no tenÃan tan buena resolución, asà que era difÃcil de ver con esa actitud de qué máscara se trataba. Pero antes de que yo pudiera ponerle un poco más de atención, Samuel se movió, caminó y se desapareció por uno de los extremos de la Cámara. Esto se me hizo extraño, pero esperé de la mejor forma que no pasara más por asà decirlo, ya que sentÃa miedo en ese momento o por lo menos una incomodidad. Pero para mi sorpresa o más bien para mi mala suerte, Samuel Laura se encontraba con la misma sonrisa. Mirándome fijamente a través de otra cámara. Esta vez se encontraba en el área de caballeros. Ahà estuvo mirándome aproximadamente unos dos minutos para de nuevo seguir caminando y perderse en el otro extremo de la Cámara. Lo vi de nueva cuenta. Pero ahora en el área de librerÃa a través de la Cámara que tenÃamos otra vez, caminó hasta ahà y con la misma sonrisa y con la misma mueca en su cara. Observó fijamente la Cámara estaba más que seguro que esa mirada era para mà y fue en este momento que entendà justamente lo que estaba sucediendo. Ãl nos estaba moviendo de manera aleatoria por toda la tienda departamental, observando las cámaras, sino que se estaba dirigiendo hacia un sitio, un sitio en concreto. Ese sitio era más que claro que era el cuarto de monitoreo, que era donde yo me encontraba y esto tomó más fuerza cuando lo vi acercándose por la última Cámara, que se encontraba en un pasillo de acceso al personal. En ese momento yo tomé mi silla, la giré y puse mi mirada y toda mi atención en la puerta. SabÃa que por ahà tenÃa que aparecer. Algo de lo que me siento muy afortunado en ese momento es que habÃa puesto el seguro de la puerta. SabÃa que no iba a poder entrar. Escuché cómo giraron la perilla intentando entrar, pero no era como si lo forcejeran para nada. Eso no sucedió simplemente como que la giraron para intentar entrar, pero al ver que estaba asegurada, desertaron por completo de eso acto seguido. Lo que escuché fueron golpes golpes ténues golpes como si de alguien que no quisiera hacer mucho ruido, pero a la vez quisieran captar la atención. Estos golpes eran más que obvios. El que estaba afuera querÃa que le abrieran la puerta. Yo desistà de esto y lo único que se me ocurrió en ese instante era llamar por radio. Obviamente, al llamar por radio, aunque estuviera en una puerta en medio, se iba a escuchar mi voz desde el otro lado, yo querÃa saber qué era lo que querÃa Samuel, porque venÃa con esa pinta. Es más si no llevábamos, pero tampoco muy pesado. QuerÃa saber cuáles eran sus intenciones. Si querÃa asustarme, no querÃa que se pasara de listo. Tampoco Samuel me contesta, pero no escuchó mi voz ni su voz, proveniendo desde atrás de la puerta y por el tono de mi voz que le pregunto, Samuel tienes algún problema el todo desconcertado. Me responde claro que no, porque pasa algo. Dime. Yo no escuché su voz y eso se me hizo extraño acto seguido, le pregunté súbitamente oye, Dime, dónde te encuentras, en qué área estás. Ãl me respondió. Yo estoy en el estacionamiento. QuerÃa un poco de aire porque ocurre algo en ese momento. Yo no sabÃa cómo responder, pero me sinceré totalmente con él. Yo le dije que alguien habÃa entrado y que se encontraba en el pasillo cercano a los baños. Ãl me dijo que no me moviera y que iba a ir inmediatamente y asÃ, junto los dos lo podÃamos encarar. Pero yo sabÃa que esto no iba a funcionar de alguna manera. Pero al saber que Samuel venÃa hacia acá de cierta manera me hizo sentir un poco más de seguridad. Pegué mi oreja hacia la puerta y tan pronto escuché las pisadas de Samuel. Acercándose abrà la puerta. Súbitamente nos encontramos en el pasillo, pero no habÃa rastro de nada. Volteamos hacia todos lados, pero nada Durante los siguientes minutos, algunos cuarenta cincuenta minutos, nos la pasamos buscando alrededor de toda la tienda departamental, pero no encontramos rastros. Todas las puertas estaban selladas, no habÃa pisadas. Los dos concluimos en que la persona que habÃa entrado asà como habÃa entrado n también n o habÃa ido. Yo no le quise mover más al tema y decidà que lo mejor serÃa volver cada uno a su puesto. Al llegar al área de monitoreo algo dentro de mà me decÃa que ese monitor habÃa originado todo. Sé que suena algo extraño. Sé que suena algo que tal vez a alguna persona, no bien de sus facultades, pensarÃa, pero les pido que me crean. Al desconectar aquel monitor, la noche cambió súbitamente. SentÃa mucha paz, Me sentÃa seguro. Yo continué trabajando ahà por algunos cuatro meses más, hasta que me cambiaron de turno. No volvà a ver a aquella presencia. Estoy más que seguro que esa pre esencia no era Samuel, no era algo de este mundo. Por suerte, ya no la pude ver. Pero también tengo que decir que jamás volvà a encender aquel monitor. Saludos a toda la Comunidad desde Hidalgo. Esa fue mi historia. Espero les haya gustado. Esta historia le sucedió a mi abuelo. Ãl fue velador en un fraccionamiento que se encontraba cercano a su pueblo. Ãl solamente era uno de cinco veladores que eran los que trabajaban en ese fraccionamiento. Por las noches daban rondines. Cada uno en su sector los dividÃan en cinco. A mi abuelo le tocaba siempre. El último, curiosamente, era el sector donde más terrenos y casas abandonadas habÃa por esto mismo habÃa un Ãndice de delincuencia mayor, ya que los ladrones tenÃan lugares donde esconderse. Mi abuelo incluso habÃa atrapado a muchos de estos criminales en sus guardias. Todo empezó cuando por las tardes, como todos los jueves, pasaba casa por casa en su sector para recolectar el apoyo de los que vivÃan en el fraccionamiento. Ya estaba anocheciendo cuando llegó hasta la última casa. Según él creÃa la última habitada de la cuadra hasta que cuando hizo otro recorrido, notó algo que llamó su atención. En una de las casas. Al final de la cuadra se encontraba un niño. Lo observaba a través de la cerca de madera de una de las casas más deterioradas que habÃa visto. Mi abuelo se acercó a él y le preguntó que dónde estaba su mamá. El niño no le respondió. Simplemente le sonreÃa. Mi abuelo cuenta que este niño tenÃa una peculiar vestimenta, o más bien se trataba de un disfraz tenÃa puesto un overol de calabaza de Halloween. Este overol se encontraba muy sucio, incluso como chamuscado. Al querer acercarse y saludarlo, el niño se metió en la casa y casi enseguida, salió con algo en la mano. Después se le extendió su mano y le dio mi abuelo un dulce él creyó que tal vez se trataba de un niño que pertenecÃa a una familia en circunstancias de calle. A veces sucedÃa que algunas personas necesitadas se metÃan en esas casas abandonadas para sobrevivir al frÃo las lluvias y los vientos fuertes de diciembre, por lo que mi abuelo tomó el dulce. El niño se lo habÃa dado como pago. Claramente se veÃa que no tenÃan dinero. Después de esto, él comenzó a pasar por las noches enfrente de la casa, pero nunca vio nada encendido. Escuchaba unos pocos ruidos, por lo que asumió que seguÃan viviendo allÃ, ya que cada jueves que pasaba por el apoyo se encontraba al mismo niño viéndolo por la cerca de madera, y cada tarde de jueves, mi abuelo se acercaba a él y este niño le daba un dulce. Siempre lo veÃa con la misma vestimenta y a pesar de que mi abuelo le hablaba y trataba de ser lo más amigable con él, este niño jamás le dijo una palabra. Simplemente le sonreÃa y movÃa la cabeza. Al pasar las semanas, mi abuelo le fue agarrando cariño a este niño, pese a que sólo lo veÃan los dÃas jueves por la tarde. Una noche, mi abuelo, como de costumbre, se encontraba haciendo su rondÃn cuando de pronto vio que en esa misma casa unos jóvenes en notables signos de ebriedad, saltaban la pequeña cerca de madera y entraban a la fuerza por una ventana. Mi abuelo, al ver esto, obviamente, se puso en marcha. Sin pensarlo, entró a la casa y vio a estos jóvenes sentados bebiendo y consumiendo algunas cosas. Mi abuelo rápidamente los confrontó y preguntó acerca de la familia que ahà vivÃa, sobre todo por el niño, qué era lo que les habÃan hecho, pues no lo encontraba por ningún lado. Los chicos se vÃan, se encontraban nerviosos, también se vieron muy confundidos. Le aseguraron a mi abuelo que en esa casa no vivÃa nadie. Ellos estaban bastante seguros, pues esa casa era la que utilizaban ellos para reunirse por las noches y por las mañanas. Mi abuelo les pidió pruebas de esto y ellos se las dieron. HabÃa recipientes muebles, que ellos habÃan traÃdo, incluso habÃan barrido uno de los cuartos y contaban con una radio. Mi abuelo no les creÃa hasta que uno de ellos le enseñó una fotografÃa vieja sobre una familia o una familia que habÃa perecido debido a un incendio en esa misma casa. El dÃa treinta y uno de octubre, en la fotografÃa se podÃa apreciar al mismo niño que él habÃa visto, con la excepción de que esta fotografÃa habÃa sido tomada en mil novecientos noventa y siete. El año en que le pasó esto mi abuelo fue en el año dos mil nueve. Para este año a que el niño debÃa de ser mucho mayor, pero él lo reconocÃa, seguÃa haciendo él mismo Para rematar con esta historia y quedar más que claro que lo que mi abuelo vio, que lo que mi abuelo habÃa visto no se trataba de una persona viva. Estos jóvenes le enseñaron algunas fotografÃas que se habÃan tomado dentro de la casa, las cámaras de los celulares. En ese tiempo no eran de una muy buena calidad, pero en varias de ellas se podÃa ver atrás de los jóvenes al niño sentado riéndose se veÃa de una forma borrosa, como si fuera transparente, como si él los estuviera acompañando. Después de esta noche, mi abuelo jamás volvió a ver este niño y algo en que cayó en cuenta es que cada vez que este niño le daba un dulce, él lo guardaba en su bolsillo. Jamás recordó haberlo sacado siempre que los buscaba. Dos dÃas después, estos dulces no estaban. Ãl creÃa que se le caÃan o que el bolsillo traÃa algún agujero, pero está más que claro que esos dulces desaparecÃan dentro del bolsillo. La cerca de esta casa permanecÃa de ahora en adelante vacÃa todas las tardes. Era como si este niño hubiera descubierto que mi abuelo sabÃa su secreto y jamás volvió a mostrarse. Esta siguiente historia viene de parte de Pedro RodrÃguez. Pedro durante el año pasado, o más bien el dos mil veintiuno. A finales del dos mil veintiuno tuvo un trabajo como velador guarda de seguridad. Ãl dice que, si bien duró en ese trabajo algunos meses le pasaron muchas cosas, sobre todo en el turno de noche, que son interesantes, cuanto menos de contar. Una de esas experiencias viene de cuando lo mandaron a vigilar una plaza comercial. Esto fue cuando relativamente era nuevo en la empresa. Como sabrán, los que tienen experiencia en esos trabajos de seguridad, cuando van entrando, a veces no te dan un punto fijo, el cual cuidar, sobre todo si hay vacaciones o las empresas de seguridad no cuentan con los suficientes guardias para tener en cada sitio bueno. Pedro llegó en este momento por lo que lo tenÃan de cobredescansos, era decir, lo mandamos en un lugar luego a otro, luego a otro consecutivamente en dÃas distintos. PodrÃa variar tanto de dÃa como de noche, y precisamente en su primer dÃa que le tocaba cuidar esa plaza comercial le pasó esta experiencia. Esta plaza comercial es muy grande. Es en Guadalajara. Pedro dice que tendrá tres pisos, pero pisos grandes de puras tiendas, jugueterÃas, ropa, tecnologÃa y obviamente, él no era el único que se quedaba cuidando esta plaza comercial durante la noche. Ãl dice que si bien hace cálculos, serÃan algunos cinco o seis guardias, uno o dos que se quedaban en el estacionamiento, uno en planta baja o a veces dos, otro en el segundo piso y otro en monitores y de vez en cuando uno en el área de recepción. Era donde llegaban las mercancÃas. En esta plaza. No era muy común tener un guardia en el tercer piso, pero habÃan puesto a Pedro a ella que tenÃa que completar su semana y él dice que no habÃa otro lugar donde mandarlo, asà que lo mandaban a la plaza. Obviamente, el único piso el cual no tenÃa guardia era el tercero, por lo que se le encomendó a Pedro estar ahà en el tercer piso. Pedro dice que aquella madrugada todo estuvo bien hasta partir de las dos de la mañana. Después de cenar se subió y prácticamente iba a estar solo ahà hasta las siete de la mañana, aunque no pasó mucho tiempo hasta que Pedro recibió una llamada por radio perteneciente a uno de sus compañeros que trabajaba en los monitores, es decir, en las cámaras de seguridad de la plaza comercial. En aquella ocasión le llamó por un canal privado al radio le dijo a Pedro lo siguiente. Estoy viendo que hay movimiento en la jugueterÃa, tal de tal nombre. Me voy a decirlos el nombre de la jugueterÃa. PodrÃas ir Pedro y preguntarle si tienen permiso. Cuando su compañero le dice veo que hay movimiento. Es una palabra, por asà decirlo clave en las plazas comerciales y en algunos otros lugares donde hay varios negocios, A veces algunos locales, algunas tiendas sacan permiso a la plaza y a la seguridad de la plaza para quedarse cierto tiempo después de la noche, a veces unas dos tres horas o incluso una noche completa se podrÃa dar el caso, aunque muy aislado. Esto ocurrÃa más comúnmente en los últimos dÃas del año, o sea, noviembre diciembre, que llegaba mucha mercancÃa, vendÃan mucha mercancÃa, por ende, por ende, tenÃan que quedarse hasta horas altas de la noche y de la madrugada para sacar el negocio adelante. Esto pasó en unos meses que no era normal. Entonces era extraño. Apartando el hecho de esto habÃa algo más que para estos vigilantes se les hacÃa muy raro. Su compañero le dijo a Pedro que veÃa movimiento en esa jugueterÃa, porque veÃa una persona, una persona que estaba caminando de un lado hacia el otro en el lob y de la jugueterÃa y dentro de la jugueterÃa se metÃa. Pero lo extraño es que esta persona se movÃa en completa oscuridad, es decir, no prendÃa las luces, no llevaba lámpara y ni siquiera hacÃa ruido. Pedro ya se encontraba en el tercer piso y no veÃa ni una luz en la jugueterÃa. Ok, y esto ya es extraño. Pedro va abre la reja, que la reja, por defecto, tiene un candado, que las llaves las tienen los guardias. Solamente puede entrar al obi, no puede entrar más allá a la jugueterÃa. Esa ya son otras llaves y son de la misma jugueterÃa. Obviamente, Pedro entra con la ayuda de solano para estar todo oscuro y no ve a nadie. Entra camina de un lado hacia otro, entra a los baños. No hay ninguna persona en ese momento. Llama a su compañero por radio y le dice oye ya estoy aquÃ. Estoy en la jugueterÃa, pero no hay nadie. Se fue hacia algún lugar. Dime no viste nada por las cámaras. Hay un momento de silencio. Su compañero tarda en contestar y, como algo crédulo, le pregunta a Pedro. Está seguro de que no viste a nadie. Mira bien, no hay nadie. Pedro mira hacia la cámara, que era de donde lo estaba viendo su compañero y le dice no vi a nadie, no hay nadie en aquà le hace una seña, no hay nadie. Camina de un lado al otro, se mete otra vez a los baños, pero no hay nadie y las rejas no están abiertas y las de la jugueterÃa. Su compañero de nuevo lo llama Mira Pedro. Quiero que vengas es que hay algo que quiero decirte. Pedro sale de la jugueterÃa baja la reja le pone el candado y va con su compañero. Los monitores también se encontraban en el tercer piso en cuestión de minutos se encuentran y una vez que se encuentran, su compañero le vuelve a preguntar está seguro de que no viste a nadie. Pedro le dice no. No vio a nadie, No hay nadie ahÃ. Le pide que lo acompañe a las cámaras de seguridad y le dice no. Quiero espantarte, pero creo que tienes que ver algo que yo vi regresa a la grabación y pone precisamente a Pedro. Cuando está entrando a la jugueterÃa, Pedro entra y mira las siluetas de una persona. Es decir, en la Cámara aparecÃa la silueta de una persona y podrÃamos decir que era solamente la silueta, porque esta persona, este hombre, se podÃa ver alcanzar la complexión del cuerpo era un hombre, se mantenÃa como en las sombras, al menos en un principio. Por ende, todo se veÃa oscuro. No podÃan ver la cara, no podÃan ver ni siquiera de qué color era su ropa. Nada, No habÃa nada que se pudiera percibir a esa distancia. Creo que muchos pensarán, obviamente, si se van con la lógica, que esto se trata tal vez de una mancha de la Cámara. A lo mejor puede ser un error, una mancha, una sombra, de algún juguete, de alguna ropa que está simulando las siluetas de una persona. Puede ser la ocasión. Muchas veces nos hemos confundido con siluetas de personas sentadas en una silla y luego, pasi, resulta que era ropa, pasi resulta que es un objeto inanimado. Pero para la mala suerte de estos dos vigilantes, esto no era asÃ, porque bastó unos pocos minutos y Pedro estando todavÃa en el LOBB, todavÃa con la cámara de vigilancia, enfocándolo, enfocando todo ese ovi se ve como Pedro camina por encima de esta sombra la traspasa, incluso como si este estuviera hecho de humo, como si fuera transparente, como si traspasara Aire Reforzaba la teorÃa de que tal vez era una mancha de la Cámara. Pero cuando Pedro le hacÃa señas a su compañero, esta sombra se movió, se movió por atrás de él y se metió nuevamente en la jugueterÃa. En fin, pasa de nuevo lo que tenÃa que pasar. Le llama a su compañero Pedro sale y los dos se quedan con la boca totalmente abierta. No hay una explicación para esto, pero Pedro le dijo esto a sus otros compañeros, a su jefe de turno y, por obvias razones, por las siguientes noches que se le pidió que tenÃa que ir a vigilar. Ahà estuvo en el segundo piso en compañÃa de otro. Los otros vigilantes dicen que si se escuchaban pisadas, se escuchan luego voces durante la noche. Es muy susceptible a eso, pero que jamás les habÃa tocado va a ir algo asÃ. Dicen que tal vez el detonante es que haya una persona en el tercer piso, porque mientras no haya nadie en el tercer piso a partir de las horas de la madrugada, tal parece que aquella cosa no se materializa. Una historia de Pedro simplemente hasta el dÃa de hoy no le haya explicación. Mi nombre es Felipe Tabasco y el relato que les quiero contar me sucedió a mà en el dos mil catorce. Yo, en ese tiempo trabajaba en una empresa de seguridad seguridad privada. Mi empresa no era común, por asà decirlo, no era como las otras cientas de empresas de seguridad privada que trabajan en todo México. Mi empresa, en ese tiempo se autodenominaba para militar, o sea, que tenÃan ciertos rangos para los guardias dentro de la misma empresa. Cuando tú entrabas ahÃ, entrabas como un guardia de seguridad común y corriente claro que a medida que ibas prosperando, a medida que vas con tu antigüedad, con buenas recomendaciones en cada lugar que te ponÃan, esto te beneficiaba para ir escalando en los diferentes servicios. Yo tomé cursos de diferentes cosas, defensa personal, manejo de armas, y fue asà hasta que escalé hasta los guardias mejor pagados, aunque también son los que tienen las jornadas más duras, más extensas y de seguro por la experiencia que les voy a contar, las más aterraduras anécdotas que ustedes se pueden encontrar. Mi grupo de guardias con el que iba era un grupo armado. TenÃamos rifle de asalto, chaleco, antibalas, nuestro uniforme cascos en general. Se nos contrataba para transportar bienes, pero no se confunda. No éramos como que van al banco, que van a las tiendas, no a nosotros. Se nos mandaba protegerlos bien a veces en avión y muchas veces en trenes. Los trenes a los que Ãbamos eran trenes que transportaban ciertos minerales y también a veces dinero. Algunos minerales tales como el oro, petróleo y otro montón de cosas. Para no entrar en detalles, se podrÃa decir que eran cosas que, pues se podrÃan robar y eran de mucho interés. Mi empresa. Lo que hacÃa en este tipo de ocasiones era que nos llamaba y tenÃamos que estar listos. Estos viajes en el tren eran aproximadamente ocho a nueve horas. Pero no crean que Ãbamos de lo más cómodos. No crean que Ãbamos en nuestros propios vehÃculos. Para nada. La mayorÃa de nosotros ni siquiera Ãbamos dentro de las cabinas. No eran trenes donde iban vagones en los que te podÃa sentar claro que no eran trenes de cargamento. TenÃamos que situarnos en lugares estratégicos, dependiendo de nuestro número y el número de vagones. Por lo regular siempre nos tocaban en las esquinas y cuando nos posicionábamos en un lugar, nos ponÃamos un cinturón de seguridad, el cual se amarraba a uno de los ya sea uno de los extremos del tren o uno de los tubos, algo de fierro, algo que aguantar nuestro peso. Obviamente, este arnés, por asà decirlo, este cinturón tenÃa cierto margen para movernos, pero era muy corto, igual el tren a la velocidad que se mueve. Ustedes podrán decir que no va muy rápido, pero créanme que se siente el aire. Incluso tus piernas pueden jugar en contra de ti y te puedes caer. Arrancamos este viaje y casualmente a mà me habÃa tocado en el último bar junto con otro compañero. Estábamos los dos sentados a ambos extremos del vagón y lo único que podemos mirar era como las vÃas se iban alejando del tren. Ãbamos platicando, obviamente, para hacer que el rato pasara un poco más rápido, por asà decirlo. Otra cosa y es que era de noche por obvias razones, no tenÃamos sueño. Necesitábamos ir muy despiertos para que no ocurriera un accidente. Lo que les puedo decir es que esto me sucedió en el estado de Sonora. En estas vÃas hay una creencia. Y más allá de una creencia, es una verdad absoluta que todos los guardias, yo he incluido, creemos en esto y es que una cierta altura de estas vÃas hay una marca, una marca incluso más antigua del de lo que yo llevaba trabajando en esa empresa. Guardias anteriores a nosotros la habÃan puesto. Y es que esas vÃas, a esa altura habÃan tenido algunos accidentes, unos accidentes que la habÃan dejado, por asà decirlo, embrujada o maldita el tren sin querer. Obviamente, se habÃa cobrado las vidas de hombres y mujeres. Algunos dicen que estas vÃctimas del tren, ellas mismas se habÃan arrojado a las vÃas de este cuando el tren iba pasando. Otras personas dicen que, muy por el contrario, estas personas fueron atadas ahà en contra de su voluntad para tener un final desastroso. Yo no estoy seguro de cuál de estas dos teorÃas sea la original. Lo único que sé es que, en efecto, algo errante se mantiene caminando por aquellas vÃas y todo en cuando estas almas se van con nosotros. Recuerdo que estábamos pasando por estas vÃas a esta altura y mi compañero me hizo una seña de que nos tenÃamos que persionar. A mà me habÃan contado esta historia y, obviamente, pues no es como que la creyera, pero y no quiero tentar a la suerte, asà que me persinaba y rezaba un padre nuestro dicen que eso era lo mejor para que los espÃritus, las almas que aún están por ahà no se suban al tren. A mà particularmente, llevaba tres viajes hasta ese momento y no me habÃa tocado ver nada y obviamente no querÃa ver nada. Pero en cierto instante de la noche, mi compañera el cual iba hablando conmigo, guardó silencio. Estaba mirando hacia atrás de él en aquel vagón. Yo no podÃa ver nada, obviamente por por porque venÃa desde el otro extremo, pero él me habló, me hizo con una seña que fuera, pero que fuera de manera muy lenta, que no hiciera ruido. Yo, obviamente, obedeciéndolo, no sabÃa ni ni siquiera que era lo que iba a pasar. Recorrió el cinturón, lo enganché de algo más cercano a él y me fui recorriendo hasta donde estaba él. Una vez ahà él me dijo de manera muy silenciosa, mira aquello que está allá. Me señaló con su dedo también al mirarlo lo que pude ver y lo que sigo hasta ahora firmemente en que lo vi es que era una mujer, una mujer sentada en el vagón del tren. Estos vagones. Si bien puedes caminar por ahÃ, no es de lo más seguro. El espacio es muy reducido. Apenas si te puedes sentar. Esta mujer iba sentada ahÃ. Esta mujer tenÃa un cabello que le tapaba su rostro, que le llegaba más abajo de su estómago, un cabello totalmente lacio y vestÃa totalmente blanco. TraÃa un vestido desgarrado blanco. Era una mujer de terror, podrÃamos decirlo. Nosotros nos le quedamos mirando fijamente y lo que nos sorprendió es que esta mujer iba de lo más tranquila. ParecÃa ser que el viento que estaba pegando, la velocidad del tren, las vibraciones a ella, para ella eran inexistentes. Ambos sabÃamos que esa mujer no estaba viva, que no era una mujer normal, era un espÃritu y lo estábamos viendo como si se tratara de una persona de carne y hueso. Acto seguido. Esta mujer sirvió, se levantó y lu l vino y lo recalcó de la manera más normal, como si estuviera en una silla, como si estuviera en un sillón, dio un paso hacia adelante y se lanzó del tren. Una de las escenas que más me perturbó fue que esta mujer se lanzó y cuando creÃamos que Ãbamos a escuchar el estruendo, que Ãbamos a ver el cuerpo de aquella mujer rodando por el suelo por el monte. Esta mujer tan pronto se lanzó e iba a tocar el suelo desaparece, pero desaparece frente a nuestros ojos, Desaparece frente a nuestra mirada. Era como si ésta se disipara, como si fuera aire. Esto, obviamente, a los dos nos aterró, pero nos mantuvimos firmes. Yo me recorrà y volvà a mi lugar y no sabÃamos qué decir hasta que mi compañero rompió el silencio. Ãl me dijo lo siguiente. Esto no puede ser bueno. Va a pasar algo malo. Yo le pregunté, pero de qué estás hablando. Significa que va a pasar algo malo, va a pasar algún accidente. Ãl me asentó con la cabeza diciéndome que sà que por eso muchas veces de las que pasaban se persignaban rezaban para que estas almas no se fueran con ellos en el tren que cada vez que veÃan a una solamente augura que un accidente iba a suceder. Acabas de ver un fantasma y para rematar con esto, te dicen que su sola presencia significa que va a suceder algo malo. Yo iba muy nervioso y con mucho miedo pensaba que el tren le iba a suceder algo, pero, por suerte, no llegamos al destino y tan pronto llegamos, tan pronto nos reagrupamos. Me enteré de algo que habÃa sucedido más o menos a la misma hora de la que habÃamos visto a aquella mujer. Uno de mis compañeros se habÃa intentado, por asà decirlo, lanzar del tren. En este momento él estaba siendo atendido por la enfermerÃa, le estaban dando algunas pastillas, le estaban tomando la presión y cuando le preguntábamos que por qué se habÃa intentado lanzar del tren, Ãl simplemente nos decÃa que no lo sabÃa, que no tenÃa motivos para lanzarse, que él cree que fue un mareo, pero semanas después nos contestó que no, que no se sentÃa mareado, que simplemente cuando iba en el tren vio a una mujer que iba a un lado de este, la vio rápido, pero que tan sólo con mirarla le entró una tristeza, una tristeza muy grande. Era como si de un momento a otro tuviera depresión, pero una depresión muy fuerte, que él, por voluntad propia, decidió lanzarse del tren por unos segundos. La tristeza absoluta lo controló y lo que le salvó la vida en ese momento fue precisamente este cinturón que nos ponemos. Un compañero mÃo de inmediato llegó lo tomó del hombro y lo jaló de nuevo hacia el tren, Ãl obviamente dice que no tenÃa razones para acabar con su vida. Simplemente fue fueron algunos segundos los cuales él no se explica por qué decidió hacerlo. He investigado sobre lugares que tienen una cierta pesadez y no son pocos. Esto me llamó mucho la atención y quisiera compartir con ustedes porque tales como el bosque de Japón, como el puente donde los perros se lanzan voluntariamente para acabar con su vida, hay más. También hay lugares que se explica que tienen un aura, una cierta melancolÃa que al pasar por ellos, al adentrarse, te hacen hacer cosas que posiblemente lamentes por el resto de la eternidad. Hay ciertos lugares los cuales que se cree que si entras tú con algún sentimiento que si estás pasando por un momento difÃcil de tu vida. Es muy fácil acabar con ella en este tipo de lugares, en ese momento que haya en cuenta que estas vÃas, al menos a esta altura, es un lugar parecido a estos. Tal vez las personas que dicen que fallecieron ahà muy probablemente creo que ellas se lanzaron voluntariamente hacia las vÃas del tren. Estaban pasando por el lugar incorrecto en el momento incorrecto, justo cuando el tren estaba pasando. Esta tristeza les invadió y se lanzaron a este Pasé por estas vÃas muchas ocasiones, pero jamás volvà a ver ningún espÃritu. Claro que también tengo que decir que sà sentÃa la presencia de cosas, pero mi mirada, mi vista siempre la dirigÃa hacia el frente. No querÃa saber para nada qué era lo que estaba caminando o qué era lo que se subÃa al tren. No querÃa que la melancolÃa que la tristeza se apoderará de mà una noche e hiciera una locura. Gracias por escuchar mi historia. Esta siguiente historia viene de parte de Felipe Rón. Felipe se desempeña todavÃa actualmente como vigilante y esto le pasó hace ya unos años. Ãl no sabe muy bien si hace cinco o seis años aproximadamente. Por ahà Felipe se dedica a ser vigilante, pero en una zona muy curiosa. Ãl trabaja por la costa de México, de nuestro paÃs, en un Estado y, por ende, su empresa de vigilancia no lo envÃa a zonas comerciales. Ãl no es vigilante de tiendas de comercios, sino más bien como de almacenes de plantas, incluso en el puerto. Obviamente, estos trabajos son mejor pagados, pero sà tiene un punto malo. A veces él cuenta que los mandan a sitios inhóspitos, sitios donde a veces no hay electricidad, donde a veces no hay ni siquiera baños. Por eso también es bien pagado y, sobre todo, ahà te encargan el turno de noche. Como él dice, todo eso se vuelve un problema. Esto le pasó cuidando un almacén en el turno nocturno vivió dos experiencias paranormales que nos quiere contar y, curiosamente, esto no le pasó estando solo. Ese almacén era algo grande, era algo amplio. Por ende, tenÃa que tener tres guardias, doce en la entrada principal y uno en la entrada trasera. En este almacén, él dice que habÃa ocurrido un accidente, un accidente gris grande, pero solamente hubo tres vÃctimas, vÃctimas fatales en los que eran dos trabajadores, dos obreros y un vigilante. Debido a este accidente, la empresa cerró este almacén y si bien ya todo el ambiente estaba limpio, habÃa ocurrido hace muchos años, ya habÃan sanitizado y todo por órdenes de la empresa en ciertos sitios tenÃan que llevar mascarilla. En fin, este motivo era más que nada el por qué ese almacén todavÃa no se usaba con regularidad como antes, sino que estaban dejando que pasara un poco más de tiempo. A final de cuentas, solamente eran ellos tres y el dÃa que llegó él a trabajar ahà le dijeron ciertas reglas, ciertas reglas que tiene que seguir si no es que se quiere llevar un mal susto. Felipe creyó que esto era más que nada una novatada, tal vez un método para querer molestar al nuevo. Ãl era nuevo en ese momento y no le prestó, si bien la historia era verdadera, que habÃa ocurrido un accidente y de las vÃctimas le dijeron que el espÃritu del velador del guardia, que varios veladores guardias lo habÃan visto. Felipe escucha todo, pero no le toma importancia y, por lo menos los primeros dÃas él acató esta orden, pero simplemente porque le daba igual. Además, en ese horario él acostumbraba a dormirse un poco o a estar platicando. Pero claro llegó una de esas ocasiones en el que su cuerpo demandaba salir al baño. Los baños, para su suerte, se encontraban en medio del almacén, por lo que tenÃa que recorrer todo un largo camino hasta llegar a ellos. Por endel salió de la casilla e incluso en contra de las advertencias que le daba su compañero. Su compañero recuerda que le dijo no vayas mejoras aquà cerca. Pero Felipe no es de las personas que les gusta ser eso. Ãl estaba decidido a ir al baño. Caminó entre el monte. Tengo que recordarles que este almacén, si bien era propiedad de una empresa, de una compañÃa, no estaba atendido en su mayorÃa. Era puro monte y láminas, no habÃa luz eléctrica. Ellos alumbraban con unas lámparas y con la luz de la luna. Asà que quiero que se imaginen este paraje totalmente oscuridad, simplemente vas con una luz de tu linterna hacia un baño portátil en medio prácticamente de la nada, escuchándose las olas a lo lejos. Si bien era un escenario bastante tétrico, era con lo que Felipe tenÃa que lidiar. Caminando empezó a escuchar unos pasos, unos pasos que venÃan por detrás de él. Obviamente, él pensó que era su compañero que venÃa, por asà decirlo, de tenerlo, por lo que siguió caminando. Estos pasos seguÃan y seguÃan a tal punto que se escuchaban a unos escasos centÃmetros de él. Incluso él pensó en algunas ocasiones que le iban a aplastar la parte trasera del zapato, ya que sentÃa la presencia de alguien muy cerca atrás de él. Felipe voltear rápidamente y se da con la sorpresa de que no hay nadie en ahà ve a lo lejos una luz, pero que proviene de la casilla. Ahà está su compañero, bastante lejos de él. Alrededor hay monte y láminas, pero no en ningún lugar donde alguien se puede esconder. Felipe se queda pensando y mirando alrededor algo confundido y a pesar de que sigue caminando, esta vez vuelve a notar las pisadas. Pero estas pisadas que vienen en esta ocasión no vienen caminando, no, no tan como estas pisadas vienen desde lejos y cada vez aceleran el paso y aceleran el paso ya se tenÃan el paso hasta que finalmente empiezan a correr. Felipe dice que no no sabe si es por el instinto que tuvo o que genuinamente estaba muy espantado que él también comenzó a correr en dirección a los baños. Era el lugar, por asà decir, lo que le ofrecÃa una protección. PodÃa llegar y encerrarse, y eso hizo tan pronto. Llegó a los baños. Ni siquiera volteó hacia atrás, llegó, se encerró con la puerta y le metió seguro la pesadilla no acabó ahÃ. Le empezaron a tocar en la puerta del baño. Debajo de este baño, que no estaba una muy buena condición para recalcar, habÃa un espacio, un espacio que se habÃa caÃdo por la humedad. Era plástico prácticamente y observó que delante de él escasos centÃmetros, prácticamente parado enfrente, habÃa unos zapatos. HabÃa alguien parado enfrente de él y reconoce de inmediato los zapatos que esa persona tenÃa. Reconoce el sÃmbolo son los zapatos del uniforme de vigilancia los que él trae. Era un vigilante, su otro compañero el que estaba en la puerta trasera. A lo mejor lo venÃa siguiendo. A lo mejor le estaba haciendo una broma, pero era una broma de muy mal gusto. Felipe algo harto y tal vez reaccionando más con miedo que con violencia decide empujar con todas sus fuerzas aquella puerta. Ãl calcula que si esa persona está tan cerca de él, obviamente, al abrir la puerta hacia afuera y empujarla con todas sus fuerzas, va a ser que esa persona se caiga. Ãl todavÃa tenÃa la posibilidad de creer que lo que estaba afuera era una persona de carne y hueso. Al momento de hacer todo esto, Felipe empuja la puerta y cae de inmediato al suelo con la fuerza con la que lo dio. Ãl pensó que lo iba a frenar prácticamente el cuerpo que estaba afuera, pero no habÃa nadie. Felipe cae al suelo y ve que las suelas ve que los zapatos habÃan desaparecido, esos zapatos. Esa silueta. Aquella persona que le estaba tocando hace apenas unos segundos ya no se encontraba afuera. Se encontraba nuevamente solo Felipe vuelve a su casilla y durante los próximos meses que trabajó ahà no volvió a salir en aquellas horas de la madrugada. Pero la mala suerte de Felipe no termina aquÃ. La empresa para la que estaba trabajando, la del Almacén, estaba empezando a llegar después de unos varios meses. Esto pasó. Después empezaron a llegar materiales. Usaban el almacén, ahora sea para resguardar algunos materiales, pero no habÃa lamina en el techo. HabÃa unas paredes que se estaban cayendo. El sitio estaba muy pero muy mal, e incluso la cerca habÃa algunos hoyos, por lo que se les pidió a los vigilantes que en lo que daban el mantenimiento al almacén para que otra vez funcionara. Ellos fueran los que básicamente cuidaran el material para eso estaban ahà y pasó que en algunas ocasiones algunas personas se robaban el material. Más que nada, porque Felipe dice que esto lo hacÃan a las tres de la mañana a las cuatro. Obviamente ellos no salÃan, pero debido a que pasaba esto tenÃan que salir ya no podÃan dejar que las personas se llevaran los materiales y obviamente sus jefes se molestarÃan con ellos. Instalaron sensores, instalaron cámaras de seguridad, por lo que ahora tenÃan que hacerlo rondines. Cada hora tenÃan que pasar y darle con un sensor a una esquina de metal, y los rondines supuestamente se tenÃan que hacer uno en uno, pero obviamente, sabiendo lo que se aparecÃa en aquel almacén, decidieron hacer los rondines de dos en dos Felipe y un compañero suyo daban los rondines por eso de las tres y media cuatro de la mañana, los dos juntos. Y curiosamente, cuando iban dos personas juntas, las apariciones no sucedÃan. No habÃa apariciones paranormales. Y esto en cierta manera, pues despertaba una cierta confianza en los vigilantes. Bueno, hasta una cierta ocasión, él y su compañero, como otras tantas ocasiones, decidieron realizar el rondÃn. Y en aquella ocasión, al que le dieron ganas de ir al baño fue a su compañero en lo que estaban haciendo el rondÃn, en lo que estaban haciendo, contando todo el material que estaba ahÃ, custodiándolo simplemente rectificando que nada se habÃan llevado. Su compañero fue al baño. Felipe estaba con la tabla dándole las palomillas, pasando el censor cuando de pronto voltea hacia atrás, voltea hacia los baños, él dice que no te haga ninguna razón para voltear. Pero habÃa acabado. Ãl el inventario y querÃa ver sus compañero ya habÃa salido y veo a un vigilante lo ve de espaldas, lo ve con su uniforme saliendo de los baños y dirigiéndose hacia el monte por la complexión que él tenÃa por su espalda. Por todo, él pensó que era su compañero, qué era lo que estaba haciendo. Estaba caminando hacia el monte. Felipe se da la media vuelta y lo empieza a seguir caminando. Le empieza a hablar oye a dónde vas ven para acá. Su compañero no r responde. Ãl simplemente se limita a seguir caminando y caminando como que ignorándolo por completo. Ãl lo sigue persiguiendo hasta que por fin le grita por su nombre. Le empieza a gritar por su nombre ya en un grito más elevado, porque su compañero se está yendo ya. Prácticamente va a salir del almacén cuando de pronto recibe una respuesta. Pero no era la respuesta que él pretendÃa recibir la que se esperaba. Su compañero le contesta, Hey, qué tanto traes Estoy ya cayó, estoy en el baño. TodavÃa no acabo. Déjame en paz, por qué tanto grito. La voz de su compañero venÃa del baño y la luz todavÃa se encontraba encendida la de su lámpara entonces quién mira a la persona la cual él estaba persiguiendo En ese momento. Felipe dice que se quedó frÃo, se quedó totalmente paralizado. No sabÃa si voltear, No sabÃa si dar la media vuelta, porque se habÃa percatado precisamente de las pisadas de ese hombre que se estaban alejando. Pero en ese momento que su amigo le habló, las pisadas cesaron lo que quiere decir que ese hombre ahora estaba parado sin hacer nada. Y lo que más le aterraba Felipe era que este hombre estuviera dando la vuelta y lo estuviera mirando fijamente, algo que le aterraba por completo. Felipe no voltea. Ãl empieza a correr en una dirección distinta hacia los baños, hacia su compañero. Llega con su compañero temblando completamente pálido y le explica lo que habÃa visto desde ese momento. Tomaron una cierta forma para hacer los rondines. Si alguien quiere ir al baño, lo hacÃan los dos. Si alguien querÃa hacer una tal cosa, lo hacÃan ambos. Esto para dar como resultado no estar solos en ningún momento era más que obvio que aquel espÃritu esperaba a que alguien se encontrara solo para ser acto de presencia. Este relato viene de parte de Julio. Julio quiere que aparezca su nombre, pero no su apellido, asà que quiere mantenerse de una forma anónima antes de contarnos su historia. Julio nos tiene que contar un dicho que se tiene en su pueblo, en su natal pueblo, y que yo también lo he escuchado, y es que cuando la muerte está aproxima o cuando la muerte anda rondando cerca, los perros abullan. Muchas personas tratan de callarlos para que de alguna manera se espante. Otras personas voltean las chanclas. Y me parece muy curioso. Se une mucho a la teorÃa de que los animales pueden ver cosas que los humanos no pueden, y creo que muchos piensan lo mismo. Es por eso que serÃa muy interesante que ustedes escripta maniacos me dijeran los comentarios y es que saben de alguna creencia, que ya sea de la familia o de pueblos que puedan tener algún lazo con esto. Su historia empieza de la siguiente manera. Ãl dice que es velador, guarde de seguridad, por asà decirlo, de un almacén, pero de camiones. Ãl me dijo el nombre, pero ahora no recuerdo muy bien cómo se llama. Ãl lo cuenta de la siguiente forma. Hay camiones que se renun guardan ahà también algunos autobuses y también, de vez en cuando, algunos contenedores. Prácticamente, lo que él tiene que hacer es dar rondÃn a lo largo de todo este, de todo este almacén, revisar todos los tráilers, checar que nadie brinque esa barda, etcétera. Etcétera, etcétera? Este turno se rola. A veces él está de dÃa, otra vez está de noche y curiosamente, lo que pasa sucede solamente por las noches. Ãl dice que cuando da el rondÃn y va a checar todos los tráilers, se da con una sorpresa e incluso en la primera noche que lo hace que hay un camión que tiene la puerta abierta. Esto no es normal y él lo ha visto durante el dÃa. Todos los camiones tienen la ventana hasta arriba y la puerta cerrada con seguro, Es decir, ningún camión se encuentra abierto. Mucho menos reciente, aquel camión lo estaba, él subió y checó el camino estaba perfecto e incluso la puerta tenÃa seguro, pero estaba abierta. Se le hizo extraño a Julio. Julio continúa con su noche totalmente normal y a la noche siguiente se vuelve a repetir Esto es extraño. Ãl recuerda muy bien que cuando vienen por los tráilers o regular se los llevan incluso sin llave, totalmente cerrados. Cómo es posible que la puerta de un camión siempre se encuentre abierta en la madrugada, porque en el dÃa no se encontraba abierta ninguna solamente por la madrugada, como a las dos o tres de la mañana. Y esto no solamente se percató él, sino también su compañero llegó a pasar tantas veces que incluso ella bromeaban. DecÃan a ver qué camina una hora quiere el fantasma. A veces variaba cuando este cañón se iba otro camión, a los pocos dÃas, a los tres dÃas, a los cuatro dÃas se abrÃa la puerta de otro camión y asà permanecÃa. Es decir, ellos iguen la cerraban en la madrugada, pero a la siguiente noche otra vez aparecÃa abierta, si es que se llevaban el camión que siempre la tenÃa abierta. Ellos decÃan que simplemente era un fantasma y burlándose de ello. Y una noche los cachó hablando de esto a su jefe, su jefe inmediato, que también era dueños de las de la empresa de los camiones y les dijo esos camiones que ustedes, de los que se están burlando, tienen una historia detrás. Les dijo asÃ, esta empresa se encuentra maldita. Desde que falleció mi padre. Ãl dice que su padre fue camionero, que fue una de las figuras que repercutió mucho en él para poner este negocio y que él falleció en el labor de ser camionero. Chocó no solo vivió el choque pero que Curiosamente, esos camiones quedaron con algo. Cada vez que un camión se encuentra con la puerta abierta durante la madrugada significa que ese camión va a tener un accidente y que el conductor probablemente no la cuente. Julio y su compañero cree que esto, en primera instancia es como un cuento de terror, algo que él quiere hacer para quitar tensión. Pero no él les deja una pregunta, Les hace una pregunta que los deja totalmente frÃos y que empiezan a tener el respeto a esta historia y a esta teorÃa que tiene este hombre. Les dijo alguna vez han visto que el camión que está con la puerta abierta que ustedes cierran, se lo llevan y lo traen de regreso. Han visto que ese camión regrese. Ellos se quedan pensando y no casualmente, esos camiones jamás regresan. HabÃa unos que, si regresaban, obviamente se iban y luego regresaban, pero esos caminos no regresaban, y era porque precisamente eran los que chocaban en la carretera. Una historia muy tétrica que Julio trató de mantenerse al margen sabiendo que es un presagio de muerte. Ãl no volvió a cerrar la puerta. No quiso meterse más en esos temas, Asà que ahora les pregunto a ustedes escripta manÃacos como le dicen el principio ustedes conocen, ya sea en la familia o en el pueblo, en tradiciones alguna señal de que la muerte se acerca. SerÃa muy interesante leerlos abajo en los comentarios o




