Dec. 8, 2023

MARATON DE TERROR / RELATOS DE HOSPITALES, ENFERMERAS, PARAMEDICOS, ETC, / L.C.E.

MARATON DE TERROR / RELATOS DE HOSPITALES, ENFERMERAS, PARAMEDICOS, ETC, / L.C.E.

Una recopilacion de las historias mas aterradoras sucedidas en hospitales y el personal medico. a lo largo de todo el año.

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Una recopilacion de las historias mas aterradoras sucedidas en hospitales y el personal medico. a lo largo de todo el año.

La primera historia que les quiero contar proviene de una enfermera en una de esas noches de guardia, una noche muy pesada como lo es. Como con otras tantas enfermeras, tienen muy bien localizados a sus pacientes. Sabes quiénes llevan un trato mejor, un trato tal vez un tanto sin tanta supervisión. Pero lo que recalca en esta historia es que algunos pacientes inevitablemente pierden la vida y no se van de este mundo sin agradecer a quiénes los estuvieron cuidando, tal como le pasó a esta enfermera aquella noche, aquella madrugada. Su historia comienza de la siguiente manera o la comunidad. Mi nombre es Diana, y esto que les quiero contar me pasó hace muchos años. Para ser sincera, no recuerdo la fecha exacta, pero más de una década. Sí ha pasado toda mi vida. La he desempeñado en el trabajo de enfermería. Me desempeño como enfermera desde que salí de la carrera y si bien me han pasado muchas cosas, muchas experiencias que resultan ser algunas veces inexplicables, hay otras tantas a las que sí les he encontrado una explicación. Pero lo que más miedo da es que la mayoría de las veces es una explicación paranormal. La experiencia que les quiero contar sucede durante el turno de la noche. En ese entonces yo llevaba mis primeros años como enfermera, estaba joven. A mi cuidado tenía algunos pacientes en un piso seleccionado. Estos pacientes, en su mayoría eran ancianitos, abuelitos, necesitaban cuidados y la mayoría de las veces también un trato especial, ya que, como sabrán, las personas al llegar a cierta edad, pues acarrean con ellos un cierto carácter que no muchos enfermeros ni médicos suelen tolerar. A mí, particularmente, yo les tenía mucha paciencia, por lo que la mayoría de las veces era la seleccionada para tratar con ellos. Entre estos abuelitos les quiero destacar una paciente. Era una abuelita, creo que aundaba en sus ochentas y siete a noventa años. Esto para que se den una idea de la edad aproximada en la que trataba a los pacientes. Esta ancianita no tenía ese carácter como el de los otros abuelitos. Era un paciente, de hecho, muy tierno. Pero lo que no le gustaba a mis otras compañeras es que ella no pedía ayuda para nada. Ella se levantaba y si quería ir al baño, iba al baño, si quería comer, se levantaba Igualmente e iba hasta la recepción de ese piso y les decía que si podían ir a darle algo de comida o que se le pusieran en una charola y ella regresaba a su habitación. También cuando quería salir a caminar, simplemente lo hacía. Obviamente, esto enojaba mucho a mis compañeras. Esta ancianita tenía una enferda enfermedad en sus pulmones, por lo que llevaba consigo en lugar de suero un respirador. Cabe destacar que esta enfermedad que tenía no era que la postrara en cama. De hecho, tenía muy buenas sus piernas, sus brazos, pero se agitaba con mucha facilidad y, obviamente, caminar para ella al pasar de los minutos se le complicaba y, por ende, también su estado de salud. Muchas veces tuvimos que alcanzarla en pleno pasillo y algunas otras veces cuando el baño estaba cerca y ella iba al baño, pues la verdad es que la dejábamos ir al cabo. Estaba una distancia considerable y a la abuelita le gustaba sentirse útil. Era de las personas de antes. Ella había trabajado toda su vida, también, al igual que su esposo, era campesina. No son personas que están acostumbradas a estar en cama todo el día, así que, por ese lado, nosotros comprendíamos perfectamente. Recuerdo muy bien que al pasar las tres de la mañana, yo iba y me recostaba un poco había una habitación, una habitación que tenía dos camillas y que en la mayoría de su tiempo se encontraba desocupada por lo que era una habitación que, por defecto, se usaba para dormir, ya sea por los enfermeros o por los médicos. A veces nos toca doblar turno y siendo turnos de doce horas hasta veinticuatro horas, pues resulta ser bastante cansado. Yo acostumbraba a dormirme en esta habitación alrededor de una hora a dos horas y siempre a las tres de la mañana. Cuando yo me encontraba ahí dormida, recuerdo perfectamente que todas las noches oía el respirador pasar por la puerta y después por una ventana que reflejaba hacia afuera ver la silueta de esta señora pasar al baño. Yo me llevaba muy bien con esta abuelita, así que simplemente la veía y me cercioraba que cuando saliera se dirigiera de nuevo a lo que es su habitación, así que me quedaba con un ojo viendo a la ventana y una vez que la ancianita pasaba de vuelta y escuchaba su respirador, pasar de nuevo por la ventana y después por la puerta hacia su habitación era cuando yo podía dormir más tranquila. Tenía meses cuidándola, por lo que ya había un cierto cariño. Les tengo que decir que esto pasaba todas las noches y en una ocasión, cuando yo llegué al turno de la noche, recuerdo que había llegado muy cansada todo esto debido a algunos problemas familiares que había tenido. En aquella ocasión. No había pasado a revisar todos los pacientes y en esto se encontraba esta abuelita. Dieron las tres de la mañana. Yo me fui a esta habitación con más sueño que nunca y me recosté en una de las camillas. Tengo el sueño muy ligero y eso me ayuda en cierta parte por mi profesión. Así que de nueva cuenta me despertó ese característico sonido del respirador. Estaba abriendo los ojos y cada vez lo captaba más y también las pisadas pisadas muy lentas que caminaban por el pasillo. Al girar mi mirada y poner en la ventana, vi claramente la silueta de esta anciana pasando por la ventana en camino al baño y incluso escuché cómo abrió la puerta y de nueva cuenta, la cerró. Como ya les expliqué antes. Yo le tenía mucho afecto esta anciana y me quería cerciorar de que no se fuera a caminar por otro sitio, ya que empeoraría su estado de salud. Así que no me dormí e incluso aunque hubiera querido, no me hubiera dormido. Estaba bastante impuesta a esto. Además, son mis pacientes, tengo que estar al tanto de ellos, pero en esta ocasión pasó un minuto, dos minutos, diez, minutos, quince minutos y la abuelita no salía del baño. Me levanté de la camilla en ese momento me tallé los ojos, abrí la puerta, entré al baño y revisé baño por baño y no había nadie. Lo primero que se me vino a la mente es que, de seguro, esta ancianita andaba caminando por los pasillos del hospital y eso no podía hacer. Empecé yo sola a caminar por los pasillos, ya que no eran muchos, pero no tuve éxito. Llegué hasta la recepción de ese piso, ya que pensé que a lo mejor había bajado o había subido para movilizarnos y tratar de encontrar, ya que en su habitación no iba a estar. No podía estar ahí. Cuando llegué con mis compañeras y les dije que un paciente se encontraba rondando por los pasillos, ellas me apoyaron enseguida y comenzamos a buscarla. Cuando estábamos buscándola, ellas me preguntan qué paciente es de qué habitaciones? Yo les di la referencia y el nombre de esta abuelita? Yo les di la referencia y el nombre de esta abuelita. En ese momento, las dos se pararon y me dijeron después a ver tú la viste. Yo les volví a repetir si la vi pasar por la ventana, estaba recostada y había pasado por enfrente e incluso había escuchado el respirador de ella. Ellas simplemente se quedaron mirando entre ellas dos y después de un largo silencio, me dijeron es que no es posible que la hayas visto de seguro. La soñaste porque esa señora acaba de fallecer esta mañana. Yo no podía creer eso. Les dije que me llevaran hacia la habitación de esta y efectivamente, estaba desierta. No había nadie su respirador, su cama estaba vacía. Ella me convencieron de volver a recostarme. Al fin y al cabo, si ya había sido habitual para mí ver esta mujer y tener muy en cuenta que tenía que esperarme aquella salida del baño, posiblemente lo había soñado mi mente había jugado conmigo dentro de lo que cabe podía ser cierto, así que no le presté más atención. Me sentí mal por un momento, ya que esa abuelita prácticamente era mi amiga y decidí ir a acostarme de nuevo. Y es que una vez dormida, recuerdo muy bien que me despertaron, me despertaron con toques en la ventana al abrir los ojos y yo todavía aún dormida. En ese trance, recuerdo perfectamente la cara de la abuelita acercándose al espejo y diciéndome ya voy de nuevo al cuarto, ya no te preocupes, ya duérmete. Gracias por cuidarme yo entre cierro los ojos de nuevo y al instante los abro. Caigo en cuenta de lo que acaba de pasar y otra vez salgo. Voy a la recepción y estoy con mis compañeras, pero en esta ocasión yo ya no les menciono nada. Durante dos semanas no pude dormir de nuevo en aquella habitación. Tuve miedo de que esa viejita fuera a pasar otra vez. La persona que cuenta esta historia para su mala suerte es apenas una de tantas que, debido a su profesión, le esperan en un futuro. Ella dice que lleva poco tiempo ejerciendo como enfermera y que, debido a esto se tiene que afrontar a diferentes relatos que se cuentan en todo el hospital, más concretamente con seres paranormales que aparecen de un momento a otro. En esta ocasión, ella vio algo que incluso no se suponía que tenía que ver. Una de sus compañeras llega alertada por ver la presencia de una extraña enfermera, una extraña enfermera que vestía totalmente de negro y que, como ella supusieron aquella noche, la presencia de esta enfermera, que rondaba en el hospital más que nada en el área de los recién nacidos y de pediatría, no era nada bueno esta alma. Lo único que traía era desgracia y esta es su historia hola a toda la audiencia. Mi nombre es Amantha. Mi experiencia tiene relativamente poco. Me sucedió hasta aproximadamente a s unos dos meses. Llevo poco desempeñándome como enfermera. Hice por experiencias de otros compañeros, así como también de otras compañeras que tienen en este empleo muchos más años que yo, que este es solamente una de tantas que me esperan. En este trabajo llevo aproximadamente un año. Apenas estoy trabajando en un hospital que es privado. Así que me voy a ahorrar ciertos nombres, ciertas cosas, ya que todavía trabajo aquí y no quisiera exponer mi empleo y, sobre todo, algunas personas que no quieren que se les vea vinculadas a este tipo de experiencias. Sucede que una noche a mí me tocaba el turno nocturno, ese turno tan pesado que en muchos us personas no lo quieren hacer. Inevitablemente me tocó, ya que en el trabajo de enfermera, sobre todo si vas entrando te piden rolar turnos, todavía no tienes la experiencia y todavía no tienes la suficiente antigüedad como para pedir un turno fijo. Me hacía falta todavía mucho para eso. Recuerdo que me encontraba por eso de las tres y media cuatro de la mañana. Para las personas que trabajen de noche saben que estas horas son las horas en las que a uno más le cuesta estar despierto. Es en ese momento en que los párpados te ganan, en el que el sueño te gana, sobre todo si no dormiste muy bien entre el día. El caso es que esa era mi situación. Decidí sentarme en uno de esas bancas. Me recliné un poco y o a dormir, a ver no a dormir profundamente. Estaba dormitando cuando de pronto no estoy segura de cuánto tiempo había pasado, pero escucho unas pisadas que vienen a toda velocidad y pasan por enfrente de mí. Se trataba de una compañera la cual me voy a ahorrar su nombre, Pero sucede que nos conocíamos desde hace varios años no habíamos estado en la misma universidad, pero por amistades nos conocíamos de aproximadamente unos cuatro o cinco años. Habíamos salido a fiestas, habíamos salido algunos convivios y, por obras del destino, habíamos acabado trabajando en el mismo hospital. En ese momento yo la veo y le pregunto que qué estaba haciendo, que por qué iba tan apresurada. Ella estaba muy apresurada, abriendo la puerta de los bebés recién nacidos. Esa era su área pediatría, así que tienen las llaves. No tuvo problema. Abrió la puerta de inmediato y yo, al verla tan exaltada, al verla tan nerviosa, tan asustada, se le veía en sus ojos que estaba sumamente aterrada. La seguí traté de controlarla, traté de pararla, pero ella corrió y llegó hasta un bebé en concreto, lo vio, se tranquilizó y empezó a respirar lentamente, como otra vez, volviendo a traer los pies sobre la tierra. Yo me quedé con ella y le pregunté que por qué había salido corriendo, Así que acaso se le había olvidado algo, Teniendo en cuenta que se trata del área de los recién nacidos. Obviamente se había dejado algo pendiente o se la había olvidado revisar algo. Yo también hubiera salido corriendo, pero el caso es que ella estaba sentada respirando o una y otra vez, cuando ya un poco más tranquila, me dijo lo siguiente, Mira, Samantha, el caso es que yo iba caminando y estaba mirando los bebés por detrás del vidrio. Cuando en eso veo a una enfermera, una enfermera que vestía como tú y como yo, pero era el mismo uniforme. Lo único que me llamó mucho la atención a la distancia es que, si bien traía el mismo uniforme que nosotras traemos ahora, ella no traía el mismo color. Su vestimenta era completamente oscura. No traía nuestro blanco ni nuestro azul. Yo me fui acercando por esto mismo. No le pude ver la cara, pero lo que sí pude verle fueron los ojos, unos ojos que levemente me vieron fijamente y después fueron con este niño. Me estaba señalando un niño que se encontraba en una incubadora. Se notaba que este niño había tenido algunos problemas al nacer y estaba en un estado muy delicado. Mi amiga me explica que la había visto acercarse al niño a abrir la puerta de su incubadora y después tomarlo por el cuello y empezar a apretarlo Yo vi eso e inmediatamente empecé a correr. Abrí la puerta lo más rápido que podía y a ti te encontré en el camino, pero al abrirla veo que no hay nadie y que el niño está bien. Simplemente no me explico qué. Qué es lo que acabo de ver a ver. Para esto les quiero aclarar algo, y es que, al menos en primera instancia yo no le creía lo que me estaba diciendo. Mi amiga no era una Santa Palomita y yo tampoco sabía que consumía algunas cosas, pero solamente era cuando estaba de fiesta o cuando estaban convivius. Jamás lo hacía durante el trabajo, aunque puede haber una primera vez para todo. Yo le pregunté oye no te metiste nada. Tal vez estás divagando, tal vez estás imaginando cosas. Ella me juraba y perjuraba que no había consumido nada, que estaba bien y que eso lo había visto tan claro que, obviamente, su terror aumentó porque pensó que era una enfermera genuinamente quitándole la vida a un niño. Ambas concordamos en que teníamos que calmarlos y al menos tomar algo en los pisos de abajo para continuar con nuestra jornada. Salimos de la sala, caminamos por el pasillo y entramos al ascensor. Este ascensor tiene espejos. Recuerdo que mi amiga estaba mirando a la izquierda y yo estaba mirando de frente o bien atrás del ascensor, reflejándome en el espejo, estaba mirándome las ojeras que me estaba dejando el turno. Cuando de pronto detrás de mí, reflejando el pasillo, veo que se para y me ve fijamente una enfermera con el uniforme totalmente oscuro, portando un tapabocas. Igualmente oscuro Solamente pude verle los ojos, los cuales eran completamente blancos. En ese momento volteé y para cuando volteé, las puertas del ascensor ya se estaban cerrando. Cuando estaba bajando, le empecé a preguntar a mi amiga cómo era que vestía aquella enfermera y, sobre todo, si ésta tenía puesto un cubrebocas. Ella me contestó que sí y que todo lo que mencionaba era exactamente como la había visto. Mi amiga no es tonta. Me preguntó si yo la había visto también, a lo que yo le respondí que sí, pero que la había visto exactamente cuando íbamos bajando las dos en ese momento no teníamos un buen presentimiento. Decidimos subir nuevamente, pero no solas fuimos por unos amigos, hombres que igual eran enfermeros juntos todos nos subimos arriba y empezamos a buscar por todo el piso a aquella mujer, aquella extraña enfermera que les digo ahora, no se veía como un fantasma, no se veía como un ente o como un espectro. Esta mujer se veía de carne y hueso, se veía como si fuera una persona normal. Pasaron los minutos, pasaron las horas y jamás la pudimos encontrar. Pese a esto, el mal presentimiento nunca se me fue. Me sentía como que expuesta. Sentía como que algo malo iba a suceder. Estaba en lo correcto, algo malo sucedió aquella noche, pero esto no se trataba de mí. En la mañana me enteré de algo, algo que mi amiga me compartió, ya que, como les dije, ella estaba en esa área de pediatría. Resulta que el bebé, el cual ella había visto que había sido víctima de esta enfermera resultó sin vida esa misma mañana. El bebé había fallecido de una extraña manera. Tenía todos los tratamientos, tenía incluso oxígeno. Este niño había dejado sin más de respirar como si algo hubiera obstruido el aire que suministraba el respirador a sus pulmones. Yo no quise estar presente cuando le dieron la noticia a los padres. Solamente me pude imaginar cómo tomaron la noticia. Pero aquella noche está más que claro que mi amiga y yo vimos quien propició el fallecimiento de este niño. Yo tengo una teoría a todo eso y creo que aquella noche lo que vimos no era una enfermera. Pienso que en realidad era la muerte vestida de una aparentando ser una de nosotras y que sin más le quitó la vida a ese niño enfrente de nosotras. También, como ya dije, apenas llevo un año en esto y esta experiencia me resulta más que suficiente para no querer vivir algo parecido en lo que me resta de vida. Esta segunda historia igualmente proviene de una enfermera, pero, sin embargo, esta historia no es propia de ella. Viene de años atrás y que a muchas enfermeras. O hablando en un tema incluso más global en el mundo de la medicina, en los hospitales le han sucedido tanto enfermeros como médicos, y es que a veces algunos espíritus rondan en los hospitales. Pero por extraño que parezca estos espíritus no es que sean malos. Por muy contrario lo que se piensa tal vez estos espíritus simplemente están cuidando. Están cuidando a los enfermos. Estoy muy seguro que si eres de México o Latinoamérica. Se te está viniendo a la cabeza una leyenda, una leyenda en concreto sobre un fantasma que cuida a las personas enfermas en los hospitales. Pero antes de que saques tus propias deducciones, primer escucha esta historia. Tal vez esta te ponga a pensar más con claridad sobre los fantasmas o espíritus que habitan en los hospitales hola. Saludos a todos los criptamaníacos. Mi nombre es Sara, mi madre, ahorita, se encuentra más que nada como ama de casa, pero ella durante un buen tiempo de su vida, fue enfermera. Tiene muchas experiencias que espero contarles, pero en esta ocasión les quiero contar una en concreto, la cual me parece muy curiosa y muy extraña. Se darán cuenta al final de contarles esta historia, que se liga mucho a una cierta leyenda que se cuenta en los hospitales mi madre en cierto tiempo, porque cabe recalcar que esto le pasó varias veces, se encontraba al cuidado de algunos pacientes. Estos pacientes podrían ser en terapia intensiva, en urgencias y en algunas otras habitaciones en su mayoría eran personas un poco adultas. Todo esto porque el hospital, a la vez en su parte trasera, tendría lo que vendría a ser una casa de retiro, un asilo para que me entiendan y, por lo regular, los ancianos, los abuelitos que se complicaban en su salud, simplemente iban rápido a este hospital que se encontraba, que se encontraba prácticamente a espaldas de ellos. Mi madre atendía, por lo tanto, en su mayoría a personas de la tercera edad. Recuerda muy bien que tenía que pasar a la habitación de estas personas en su mayoría. Por eso, de las once y media o doce de la noche a darle sus medicamentos, a ceesorarse de que sus signos vitales estuvieran bien, su suero, sus medicinas y todos y cada uno de estos ancianos, que prácticamente estaban con una enfermedad casi terminal en la mayoría de los casos, decían ver a una enfermera la cual entraba casi enseguida de que mi madre se fuera esta enfermera. Ellos dicen que los relajaba bastante. Su simple presencia los aplacaba. Algunos de estos ancianos les cuesta trabajo dormir y esto es perfectamente normal, porque uno, a medida que va avanzando en su edad, se va deteriorando ciertas hormonas y, por ende, unos abuelitos necesitan pastillas para dormir cua. Cuando entran esta enfermera, ellos no necesitaban estas pastillas. De hecho, muchos de ellos argumentan sentirse magníficamente bien a la mañana siguiente. Y lo curioso de este caso es que esta enfermera no les daba ninguna medicina, no les acomodaba nada, no les llevaba comida. Ella simplemente entraba y se sentaba a un lado de ellos y empezaba a platicar con ellos. No importaba si el paciente, en ese preciso momento se encontraba con un dolor, ya sea en la cabeza, ya sea en el cuerpo, en los órganos. Al momento de que entraba aquella enfermera, simplemente se aplacaba el dolor. No importaba para nada en dónde estará ella. Simplemente platicaba con ellos y pasaban a lomos mucho. Ellos dicen algunos tres minutos, cuatro minutos y se dormían, amanecían al día siguiente y no la volvían a ver hasta la noche. Esto mi madre se lo dijeron. Muchos pacientes. De hecho, algunas noches quiso hacer una prueba. Ella pensaba hasta ese momento que, a lo mejor se trataba de una enfermera la cual ella no conocía tal vez alguna enfermera más joven, alguna enfermera que estaba apenas entrando al hospital. Comúnmente, las señoritas que apenas llevan un año, llevan dos le tienen mucha paciencia y mucho cariño a los pacientes, más en concreto a los adultos mayores y a los niños. Mi madre espió el pasillo una hora y media exactamente después de que ella pasara habitación por habitación a los pacientes. Ella vio la hora y era en la misma hora en la que pasaba esta enfermera, pero jamás vio un hada, jamás la vio a ella entrar a las habitaciones. La curiosidad le ganó y entró a una de estas dónde estaba un señor. Este señor sabía que mi madre estaba esperando a esta enfermera y le preguntó a ella si en esta ocasión ya la había visto, ya que el paciente también quería saber por qué. Estos pacientes no sabían el nombre de esta enfermera, lo cual querían averiguar, ya que les gustaba mucho cómo platicaba con ellos. Les gustaba mucho cómo los atendía. Ella siempre resguardaba su nombre. Simplemente esta pregunta. Ella no respondía. Mi madre le respondió que no, que la enfermera no había subido al pasillo y fue en ese momento que este hombre la aparence eco le dice cómo es posible eso. Ella acaba de pasar conmigo, de no ser que usted entró de nuevo y debido al ruido de la puerta, me desperté. Pero si usted no hubiera entrado, yo me hubiera dormido profundamente. Como otras ocasiones, mi madre le preguntó hace cuánto que vino el paciente le dijo tal vez a lo mucho dos minutos, un minuto. Esto a mi madre le empezó a dar una mala espina, sobre todo porque empezó a notar un detalle, un detalle demasiado tétrico, el cual se guardó para ella misma y no lo quiso andar diciendo ni siquiera compañeras la que se percatará de esto guardaría silencio más que nada para que los pacientes no entraran en caos, no entraran en crisis. Y es que esta enfermera tenía la particularidad de que, cuando se presentaba a un paciente, este paciente a lo mucho vivía una semana fallecía a los pocos días. Era como si ella supiera quiénes estaban al bordo de perder su vida e iba todas las noches, al menos para proporcionarles un plácido sueño y para que se sintieran de un mejor ánimo, de una mejor salud. A la mañana siguiente, mi madre me explica que no está segura si este fantasma, porque ella sabe muy bien que esto tiene un origen paranormal, porque ella no vio a ninguna enfermera y todos dicen que sí y la vieron. Y nadie puede inventar nada, porque muchos pacientes ni siquiera se hablan entre ellos y dan las mismas características que el otro da sobre el aspecto de esta supuesta enfermera. Todos ven a la misma de eso, no cabe duda. Pero hasta la fecha, mi madre no sabe explicar si esto es parte de la leyenda de la planchada, como popularmente se conoce aquí, en México y en Latinoamérica. No sé si se conozca en otros países, pero aquí al menos le decimos la planchada, o tal vez es algo más. Tal vez se trata de algún espíritu piadoso el cual se manifiesta para hacer que, por lo menos en los últimos días, estas personas tengan un descanso de todo ese sufrimiento que experimentan en los hospitales. Espero que les haya gustado mi historia. Saludos a todos de este Guanajuato, no solamente en hospitales grandes, en hospitales podríamos decir de ciudades, ocurren extrañas cosas, si bien es un número mayor de personas que fallecen día con día, también en hospitales rurales, en hospitales que no tienen tanta tecnología, por desgracia o ni siquiera tantos médicos o enfermeros. Tantas personas que se dedican a este mundo de la salud no se dan abasto con la cantidad de personas que llegan a estos hospitales. Tal es el caso de esta enfermera, la cual dice que en su hospital se corre una cierta leyenda, una cierta leyenda que muchos de sus compañeros dicen ya haberla vivido, una leyenda sobre un niño que no se va del hospital, que diariamente se presenta en este y no solamente al personal, sino también a los pacientes y que, dependiendo de cómo eres como persona, es como éste te va a tratar. Si eres una persona buena, puede que tu experiencia con él sea muy grata. Por lo contrario, si eres una persona mala, puede que esta experiencia se derive en una verdadera pesadilla hola. Mi nombre es Diana Santiago. Mi experiencia se remonta a aquellos años en los que yo trabajaba como enfermera. Fui enfermera en una institución del seguro social, en el hospital, en el cual yo me encontraba no era muy grande, No era uno como de estos hospitales grandes de diferentes áreas, todo debido claro a la logística de este mismo. Estaba situado en unos municipios los cuales, a decir verdad, no había mucha riqueza, ni siquiera ni siquiera cerca había ciudades, tiendas grandes. La mayoría de los empleados que trabajaban ahí trabajaban como obreros y demás cosas. Los empleos en ese lugar no eran muy bien pagados y eso se reflejaba mucho en la calidad de las familias. A menudo llegaban niños, mujeres embarazadas, hombres incluso con problemas alimenticios. Estos problemas casi siempre eran debido a que no comían bien o o que comían cosas que no estaban en buen estado. En fin, como sabrán todos los pacientes, que requerían cirugía o requerían algún trato que fuera muy especializado, eran mandados a otro hospital. Si bien se quedaban personas internadas, la mayoría de estas personas no se quedaba mucho tiempo. Una vez habiéndoles explicado esto, ahora les quiero contar las experiencias que se cuentan en ese hospital. Como ya les dije y les aclaré, en un principio, muchas de las personas que llegaban eran más que nada por problemas alimenticios y también podríamos sumarle problemas de higiene. Había algunas enfermedades que rondaban, tales como la influenza y demás cosas. En una ocasión, y esto es una historia que se cuenta en el hospital llegó un niño, un niño en compañía de dos mujeres. Estas dos mujeres se presentaron como una que se trataba de la vecina y la otra, que se trataba de la madre del niño. Este niño, así como otra cantidad de casos, presentaba serios problemas, pero no solo de alimentación. Este niño se notaba que no había comido en muchos días. Su piel estaba pegada a los huesos, estaba totalmente desnutrido. Estaba en un estado muy grave, pero a final de cuentas, no pudieron atenderlo. O bueno, ya lo tenían adentro, pero la tensión médica se la negaron. Passe. Resulta que el padre del niño llevaba sin trabajar algunos meses y obviamente el seguro había expirado. No había más hospitales cerca y, en un acto que nadie comprende, las dos mujeres desaparecieron, Se fueron sin el niño lo dejaron abandonado en aquel hospital. Obviamente, el personal médico no pudo hacer mucho y al pasar unos minutos, como si el niño simplemente estuviera esperando a poder llegar al hospital para irse de este mundo. Fallece en la madrugada a las dos de la mañana. La historia que se cuenta en el hospital se dice que este niño vestía con harapos, sucios, ropa desgarrada. Prácticamente un niño en situación de calle, ningún familiar suyo, ningún amigo o algún pariente cercano fue por él. El niño fue abandonado y nadie reclamó su cuerpo. Este niño de nombre Joel, se sabe su nombre por los papeles del seguro. Prácticamente no tenía familia, el padre nunca apareció, tampoco la madre y se dice se rumorea que el cuerpo de Joel fue sepultado a espaldas del hospital. Esta parte, obviamente, yo no la creo, porque suena muy tétrico y suena muy surrealista, pero al menos es lo que se cuenta. Yo había trabajado en un hospital cerca de algunos tres años. Yo sabía esta historia, pero que me pasara algo paranormal. La verdad es que no me sucedía. Pero, sin embargo, sí le pasó a algunos compañeros míos. De vez en cuando uno decía que veía a un niño corriendo por los pasillos ho risas provenientes de un cuarto y después de otro, pero de un niño. Esto siempre sucedía. En punto de las dos de la mañana. Se decía que era Joel y que a esa hora él salía más que nada, porque fue la hora en la que él falleció. Si bien nosotros, el personal del hospital, los enfermeros, las enfermeras, los paramédicos, los doctores, se dice que vieron siempre esta silueta. Algunos cuantos eran los pacientes los que tenían una experiencia aún un paso más allá. Ellos no veían solamente siluetas. Estos pacientes tenían una interacción con este niño y en este momento les voy a contar dos casos. Uno de ellos, igual yo no fui testigo. Se trataba de un hombre, un hombre por ahí, de sus cuarenta y tantos, que era muy grosero con las enfermeras. Lo sé porque hubo algunas compañeras que lo trataron, compañeras que tienen más años que yo y dicen que esta historia fue real. Este hombre les gritaba e incluso no solamente a ella, sino también a propios miembros de su familia. Era uno de esos tipos que eran muy cascarrabias, uno de esos tipos que básicamente no le caía bien a nadie. Este hombre, al pasar dos días, empezó a ser atormentado por este niño. La primera noche, este hombre comenzó a gritar? Comenzó a gritar? Insaciablemente una y otra vez? Una y otra vez? Obviamente, al personal fue de inmediato y lo que este hombre les contó es que un niño con apariencia muy aterradora, con los ojos blancos, con la piel gristácea tirándole oscura con un aspecto demoníaco. Según él cuenta, lo había tomado de las piernas y lo había jalado fuera de su cama. Él dice que se alcanzó a agarrar de la cama. El personal que estaba ahí no hallaba una explicación lógica, si bien se decía de joel no pasaba más allá de una leyenda o de un mito, un simple cuento de terror que se contaba porque, a decir verdad, algunos enfermeros no pueden dar ni siquiera la seguridad de que aquel niño hubiera existido era como una leyenda urbana del hospital. Pero ya en este momento los pacientes estaban teniendo contacto con él. Este hombre no fue atormentado simplemente una noche. Fueron varias por todo el tiempo que estuvo ahí, lo descobijaban, lo jalaban tanto de piernas como de manos, y otras veces simplemente se le parece al niño de frente a pies de su cama, mirándolo entre la oscuridad del cuarto. Como les expliqué, este hospital es un hospital chico, por lo que los pacientes que se quedan internados no gozan simplemente de una habitación para cada uno. Este señor, que estaba acompañado de más pacientes en una hilera, decía que veía a un niño, pero los demás pacientes que se encontraban cerca e incluso al lado de él, ellos, por otro lado, no veía nada. Simplemente escuchaban al hombre cómo se asustaba, pero ellos no eran capaces de verificar la información que él daba. Con el tiempo este hombre salió del hospital y su historia quedó ahí, pero pronto entró otro hombre, un obrero. Este obrero todo lo contrario lo que vió aquel hombre. Él hizo contacto con Joel. Él habló con este niño, pero su experiencia no fue de pesadilla. Él dice que la primera vez que vio a Joel fue cuando entró la sala y se le sentó casi en los pies de la cama. Él veía un niño, un niño que se podía ver en situación de calle, con su ropa desde rada, con su ropa sucia, con algo de mugre en la cara. Para nada tenía un aspecto demoníaco. Él habló con este niño y de alguna manera, este niño lo impulsaba a que se mejorara, Es decir, este niño simplemente entraba para darle ánimos y que gracias a este niño él dice que se pudo curar o más que nada tener la iniciativa de curarse más pronto del lo esperado. Cuando lo dieron de alta, este hombre preguntó por este niño por qué. Si bien no es que iba todas las noches su visitas era concurrente, tal vez un día iba, otro día no y otro día así. Y así se la llevaba al preguntar por este niño ya cuando estaba saliendo. Ninguno de los enfermeros para médicos e incluso vigilantes e intendentes ninguno le pudo dar ninguna respuesta, pese a que muchos sabían de quién se trataba. Obviamente, no le iban a decir al paciente que había conversado con un fantasma. El tiempo pasó y aquí sí les quiero platicar una experiencia de la cual yo sí fui testigo. Sucede que uno de estos días yo estaba en esta área cuidando precisamente de un niño, un niño que había tenido un problema en la rodilla. No era nada grave, pero tenía que esperarse una noche ahí para el día siguiente dar lo de alta por la tarde. Más que nada tenerlo en observación. Lo que me llamó la atención aquella noche fue que, mientras estaba preparando todo, yo estaba de espaldas a aquella sala donde el niño y demás pacientes, unos cuantos se encontraban, eran cercanas de las dos de la mañana la madrugada. Prácticamente cuando en eso me percato que el niño que estaba cuidando está jugando en ese momento lanza una pelota a un extremo. Yo me le quedo mirando obviamente, el marco de la puerta. Lo que yo puedo ver no abarca todo. Veo la pelota que pasa de un lado y después se regresa, pero no se regresa rodando. Se regresa como si alguien se la estuviera ventando de vuelta. Yo lo que pensé en ese momento era que este niño no se quería dormir y que otro de los pacientes le estaba siguiendo el juego. Ambos estaban jugando con la pelota y tenía que ir a calmarlos a final de curs tenían que descansar. No los puede dejar que se desvelaran toda la noche. Pero cuando voy a esta sala, me doy cuenta que, efectivamente, el niño tiene la pelota y está despierto. Pero del otro lado no hay nadie enfrente del niño. No había ningún paciente, no había ninguna persona que le pudiera lanzar la pelota de vuelta. Lo que pensé en ese momento es que el niño estaba pegándole a la pared y la pared misma le devolvía la pelota. Pero, pero esta explicación no era muy incongruente. En primera porque si le pegaba la pared y se le devolvía, tenía que sonar la pelota pegando en la pared y en ese momento no sonaba, sonaba más o menos. Cuando alguien la cachaba, no hacían mucho ruido, como que estaban jugando silenciosamente. Y es en este punto que yo me la acerco y le pregunto que con quién estaba jugando o es a lo mejor que estaba aumentando la pelota a la pared o al piso. Pero este niño lo que me responde simplemente me deja con un escalofrío porque yo no había creído en esta leyenda. Yo no creía en la leyenda de joel Para mí simplemente era un relato de terror. Pero aquel niño me responde que había estado jugando con otro niño, un niño que tenía sus prendas desgarradas, un niño que se notaba que vivía en la calle, Y este niño le dijo qué se llama bajo él. Obviamente, yo í todo esto y está más que claro que aquel espíritu. Al menos para mí, no se trata de una leyenda. No es un relato que simplemente se cuenta para tener, por así decirlo, una leyenda urbana. En el hospital. Estoy más que seguro que hay almas que se pierden en un sitio y se quedan en este, tal como lo hizo aquel niño. Ese niño joel ahora mismo se encuentra en aquel hospital y creo que sabe diferenciar muy bien, ya que las personas malas, las personas que son groseras, las personas que violentan a las demás, él les hace travesuras a las dos de la mañana, mientras que, por lo contrario, como le sucedió a aquel obrero o al mismo niño, el cual fue mi paciente, joel aparece con ellos, pero no los atormenta, no los asusta. A veces les da ánimos, a veces juega con ellos. En definitiva, que ha algún fantasma en tal lugar. No es garantía de que asuste. Yo creo que va dependiendo más bien de la persona que tú seas y dependiendo de eso va a ser la manifestación de este. Esa fue mi historia. Gracias por escucharla. Esta siguiente historia no viene de parte de ningún personal médico como los dos anteriores. Esta historia viene de lo que podríamos decir una paciente. Es bien sabido que en algunas secciones del hospital lo que gobierna más son las lágrimas, el llanto de los familiares. Los pacientes a veces se encuentran en un estado muy grave, ya sea en terapia intensiva, en urgencias, pierden la vida constantemente y las malas noticias abundan en este tipo de secciones. Hoy nos remontaremos a lo que vio una niña de siete años aquel día aquel día, que tal parece ser algo paranormal, se le manifestó de frente simplemente para despedirse de ella y de este mundo hola. Mi nombre es Justina y lo que les quiero contar sucedió cuando yo tenía siete años. En aquel momento recuerdo muy bien que me habían dado la noticia de que un hermano venía en camino un varón. Eso significaba que yo pasaría a ser de hija única a la hija mayor. Yo estaba muy emocionada por esto. Tengo recuerdos nebulosos de aquella época, pero varios si los recuerdo perfectamente. Recuerdo cómo a mi madre le crecía el vientre mes con mes, como también me llevaba sus citas, y cuando ya tenía entre ocho a siete meses, empezábamos a comprar cosas para el niño, para su habitación. Todos estábamos muy felices y a la expectativa de la llegada, pero, para la desgracia de toda mi familia, el bebé se adelantó. Mi madre igual me decía que no había nada de qué preocuparse, porque hay muchos bebés que se adelantan en el octavo mes y en la mayoría de ocasiones pues no pasa nada malo. Recuerdo que me llevaron al hospital junto con mi madre. Mi padre llegó después. Estábamos en una sala de espera. Yo estaba con mis abuelos y mi padre con sus hermanos. En fin, ya se imaginarán todo ahí el movimiento, pero hubo complicaciones y a mi madre tuvieron que cedarla un poco y mantenerla todavía más tiempo internada. Yo recuerdo muy bien que en cierto tiempo me dejaron sola, o más bien no me dejaron solas, sino que yo me aparté de ellos. Desde Chiquita he sido muy imperactiva y la verdad es que no se me da estar esperando en una silla. Recuerdo que me encontraba caminando y pasé por un área donde están los recién nacidos. Estaba viendo ahí a los bebés casi de puntitas porque estaba muy bajita, la verdad y no alcanzaba a ver muy bien todas las camillas en mi mente inocente. Pensaba que mi hermanito se encontraba por ahí, pero que todavía no le decían a mis padres. Así que yo lo buscaba con la mirada, pero no tenía éxito. Veía a los niños o a los que podía ver, pero no me imaginaba a ninguno de esos como mi hermano. Cuando de pronto algo ojalá mi falda la jala hacia el suelo. Yo recuerdo voltear y ver a un bebé, un bebé caucásico con el pelo cafecito, los ojos cafés y una marca blanca como si fuera una herida en su frente. Era una marca que sabía que tenía de nacimiento. No era una marca como de profundidad. Simplemente era una marca que iba a llevar toda su vida. Era una marca blanca, como un rasguño, tenía los ojos cafés oscuros y llevaba una mameluco azul, el cual se me hacía bastante familiar. Yo lo cargué y este bebé de la nada empezó a reír conmigo, Me empezó a abrazar me, empezó a besar a mí. Me cayó por completo. Bien, en aquel momento yo estaba extasiada. En aquel momento quería llevármelo, pero sabía que iba a tener problemas, es decir, tenía siete años, pero no era tonta, así que dejé al bebé de nuevo. Ahí en el pasillo, le dije que no se moviera, ya que quería traer a uno de mis padres. Cuando fui con mi abuela, ella me regañó en un principio porque no le gustaba que desapareciera y menos en un hospital. Yo le dije que había visto a un niño y que había estado jugando con él. La jalé del dedo y a fuerza me la llevé. Cuando llegamos a ese pasillo, el bebé ya no estaba. Mi abuela extrañada. Me preguntó pero cómo qué has visto un bebé, es decir, el bebé anda gateando ahí por el pasillo. Yo le respondí que sí, que yo lo había visto gateando. Y es más, este bebé me había jalado la falda. Estuvimos buscando por ese pasillo, pero a final de cuentas, no encontramos nada. Volvimos con mi padre y tan pronto anocheció. Nos dieron una triste noticia y es que mi madre había perdido al niño. No había nada que pudiéramos hacer. Mi padre estaba destrozado por completo y era comprensible, al igual que mi madre, los recuerdo llorando y también abrazándome fuertemente. Hay que dar un salto de un día. En mi casa se llevó a cabo el velorio de mi hermano, del bebé que habían perdido y en cierto momento mi padre me cargó y me dijo que lo viera y que me despidiera de él. Al momento de que me cargó y me acercó al ataúd, pude ver a través del cristal, que ese niño, ese bebé, era prácticamente el mismo niño con él que había jugado en el hospital, la misma marca, el mismo pelo y para colmo traía puesto el mismo mameluco con el que lo había visto. Yo sabía que había visto ese mameluco en algún lugar y claro lo había comprado mi madre hace apenas dos meses atrás. Estaba recordando perfectamente cuándo lo había comprado y dónde. Yo no podía creer Cuando mi padre me acercó a él. Mi padre me dice que en ese momento yo volteé y le dije papá yo jugué con ese niño en el hospital. Dice mi padre que se me quedó mirando y obviamente, mi abuela ya le había contado sobre esta experiencia que había tenido en ese momento. Él me abrazó muy fuerte y me dijo al oído al menos se despidió de ti me bajó en ese momento y yo simplemente le dio una rosa. Desde esta experiencia estoy más que segura de que los difuntos hace sea un bebé, un anciano, un niño o un adulto, aprovechan los últimos días, los últimos minutos, las últimas horas que les quedan en este mundo para despedirse de sus seres queridos. A continuación nos saldremos un poco de los hospitales y veremos lo que viven los paramédicos, aquellas personas que van mediante llamada, mediante un auxilio, de las personas que tal vez tengan un accidente o o de tal vez personas que no se pueden mover, o de tal vez personas que están sufriendo un ataque en su propia casa. La experiencia de estos para médicos comienza con una llamada, una llamada de unas personas sumamente aterradas creen que su vecina, aquella señora que vive sola, sufre un ataque y por qué creen esto por unos gritos desgarradores y por unos ciertos ruidos bestiales que provenían de la casa. Al llegar a estos para médicos se encontraron que el motivo de esta llamada no era para nada algo de este mundo y que precisamente la persona a la que iban a ayudar tenía contactos o más bien dicho pactos con seres paranormales. Mi nombre es Rosendo Rivera. La experiencia que les quiero contar sucedió durante una tarde. Actualmente todavía me desempeño como tal. Diversas experiencias me han pasado, pero nada como esto. Seguramente algunos creerán que las experiencias paranormales ocurren durante la noche. Bueno, a mí me pasó a plena luz del día. Recibimos una llamada yo trabajo para la Cruz Roja. Fuimos inmediatamente al llegar a la casa, nos encontramos con que era una casa, algo grande, pero muy desatendida. Había basura, la pintura se estaba cayendo, los barrotes estaban bon oxidados y afuera de esta casa se encontraba un grupo de personas. Yo asumí en ese momento que a lo mejor se trataban de los familiares, pero no todo lo contrario. Ellos simplemente se trataban de los vecinos, los cuales ellos mismos habían llamado a la Cruz Roja. Al llegar, preguntamos quién era el que necesitaba la atención médica. La que tomó la palabra era una de las vecinas. Nos dijo que dentro de la casa se encontraba una señora que necesitaba urgentemente atención médica. Nosotros, así como si no podíamos entrar a una casa. La puerta se encontraba abierta, pero al entrar nosotros nos dimos a cuenta que éramos los únicos que estábamos entrando. Ambos volteamos mi compañero y yo y miramos aquellas personas que se encontraban en el marco de la puerta. Les preguntamos si nos podían señalar al menos dónde se encontraba la persona. Un hombre nos señaló en el piso de arriba y dijo que ahí la buscáramos que era la única puerta que se encontraba abierta. Nos llamó la atención que ninguna de estas personas querían entrar a la casa. También se tiene que decir que la casa no necesariamente era una casa bonita o una casa a la cual tú te. Quisieras meter de hecho aquí voy a contar algunas cosas, que esta casa tenía unas cosas muy extrañas. La casa se encontraba llena de polvo, como si hace mucho tiempo no la limpiaran. Había telarañas en las esquinas, había polvo en todas las mesas, Si bien no soy una persona que se fija en estos detalles. Había unas cosas sobre las mesas, sobre los escritorios, sobre los muebles que me llamaban fuertemente la atención y es que había calaveras, había in ciensos, había hierbas, había veladoras, había libros. Al acercarme a uno de estos, logré ver que todos los libros que se encontraban ahí eran sobre magia, brujería y algunas otras cosas con señales a lo que yo atribuyo demoníacas. Yo decidí, por mi bien no enfocarme tanto en esto. Soy una persona creyente, así que esto desarrollaría algún problema sobre mí. No me gusta la brujería. Mi compañero me dijo o más bien me jaló del hombro para subir las escaleras. Al fin y al cabo, nos encontrábamos ahí por nuestro trabajo. Mientras más pronto lo hiciéramos. Más pronto nos íbamos a ir. Subimos aquellas escaleras, aquellas crujientes, escaleras de madera cuando llegamos al final, el segundo piso se dividía en dos pasillos, uno hacia la derecha y otro hacia la izquierda. Desde donde estábamos, no podíamos ver que puerta estaba abierta y cuál no estábamos decidiendo seguir hacia la derecha o hacia la izquierda. Cuando de pronto escuchamos pasos que venían del primer piso. Mi compañero fue el primero que volteó. Quería cerciorarse por la vista quién era el que estaba ahí. Yo todavía tenía la vista pensando en aquellos dos pasillos. Cuando él me jaló del hombro y me preguntó oye estamos solos, yo bajé la mirada y le dije, pues creo que sí. O a lo mejor, una de las personas entró. Él me miró y me dijo no. La puerta está cerrada y en la sala no hay nadie. Podíamos ver la sala en su totalidad. Desde ese punto de vista no había nadie y por los pasos que se habían oído, se habían escuchado cerca de la escalera, por lo que, si volteábamos teníamos que ver por lo menos de quién se trataba. Estaba muy cerca de nosotros, pero no pudimos verlo en ese momento. Estábamos pensativos en ese momento, cuando de pronto nos tocan las puertas, las puertas de ese segundo piso, una puerta de la izquierda y la otra puerta de la derecha, eran golpes. Provenían desde adentro, como si quisieran llamar nuestra atención. En ese momento nos dividimos. Creímos que tal vez las pisadas que habíamos escuchado a lo mejor venían dentro de los cuartos y, por lo que sea, tal vez por el eco habíamos confundido que vinieran del piso de abajo. Ambos nos acercamos a las perillas. Las giramos casi al mismo tiempo. Al abrir la puerta, los dos quedamos igual de sorprendidos porque no había nadie dentro de esas habitaciones. Es más, ni siquiera habían cosas. Habían como unos bolsos, unas bolsas oscuras de esas de basura, pero no había camas, no había roperos, no había ningún tipo de mueble donde alguien se pudiera esconder. Así que simplemente cerramos de nueva cuenta las puertas y decidimos caminar por el pasillo. Izquierdo los dos al mismo tiempo para encontrar aquella puerta abierta. Por suerte, la encontramos. No tardamos mucho al entrar a esta. Vimos un cuerpo reposado en la cama y al mirar lo mejor pude entender, porque las personas que se encontraban abajo no querían meterse. Básicamente lo que se encontraba recostado era un cadáver, un cadáver prácticamente era una señora madura, tal vez de algunos cincuenta y tantos. Lo que llevaba puesto era simplemente una bata. Sus piernas, sus brazos, su cuello y su cara estaban totalmente chupados. Su rostro era más hueso que carne. Las cuencas de sus ojos sobresalían por muchísimo e incluso se le podía haber morado alrededor de los ojos. Sus uñas, tanto de los pies como de las manos, eran largas amarillas, como si esta señora no se las hubiera cortado por meses. Su aspecto en general era muy desagradable, pero aún así. Teníamos que dar el informe. Teníamos que corroborar si esta persona seguía con vida o cuanto menos calcular como cuánto tiempo llevaba sin vida. Yo recuerdo muy bien que le puse la mano en la nariz y de ella no salía aire, no estaba respirando. Después le tomamos el pulso, pero tampoco nada acto seguido. O sea aquél estetoscopio se lo puse en el pecho. De igual manera, no había un latido en el estómago, tampoco nada. Sus órganos no proporcionaban ninguna especie de ruido. Mi compañero, de forma sarcástica, me estaba diciendo que la doña ya había estirado la pata Esta mujer mantenía la boca abierta. Yo me la acerqué un poco y el olor que salía desde dentro de ella era putrefacto, un mal olor que enseguida me hizo devolver hacia atrás. Era más que obvio que su cuerpo ya estaba entrando en la fase de descomposición. Ambos nos retiramos, caminamos hasta la salida del cuarto. Estábamos sacando nuestros teléfonos para llamar y notificar lo que habíamos encontrado. Cuando de pronto vemos una sombra que se va levantando al voltear ambos al mismo tiempo vemos que se trata de la señora. La señora se va levantando como si nada se sienta sobre su cama y nos empieza a ver, empieza a fruncir el ceño y nos empieza a decir a reclamarnos que qué estábamos haciendo dentro de su casa. Ambos no podíamos contestar. Estábamos absolutamente perplejos, estábamos asombrados. Esa persona no tenía vida. Cómo era posible que se hubiera levantado así como así. Obviamente, los dos nos acercamos con esta señora y le dijimos que tenía que ir a un hospital que se encontraba en un muy mal estado de salud. Pero esta señora no nos hizo caso. Ella simplemente nos dijo que se había dormido y, por alguna extraña razón, se había despertado más tarde de lo que ella planeaba. No pudimos convencerla. Ni siquiera nos dio la oportunidad de tomarle la presión. Simplemente ya quería que nos fuéramos y por el camino, mientras nos sacaba de la habitación, nos repetía una y otra vez que a él no le gustaba que entraran en su casa, que a él no le gustaba que extraños la tocaran. Esto era muy extraño, porque es más que obvio que la señora daba a entender que no vivía sola. Y cuando íbamos caminando por el pasillo, vi al fondo de este del lado derecho, la silueta de una persona, era una persona grande, una persona corpulenta, una persona que yo creo medía cerca de dos metros y medio y que, como lo sé, pues simplemente por el techo, esta persona casi llegaba al techo, incluso estaba encorvada. Creo que, para evitar pegar con este, esta persona se encontraba al final del pasillo. Era sumamente extraña y mientras más me pongo a pensar en ella, más miedo me da porque, si bien del otro lado de ese lado del pasillo, precisamente no había ni una pisca de luz. Si se podía ver reflejada la luz del día que entraba. Para explicarme mejor, yo podía ver la puerta, el color de la puerta, el color del papel tapiz del pasillo y de la puerta que estaba detrás de él. Era una puerta café y lo podía ver levemente, pero lo podía ver igual. El papel tapiz era de un color azul marino. Por ende, tenía que poder ver la ropa de esta persona, el rostro de esta persona, la piel de esta persona, pero no podía esta persona. Toda su silueta estaba cubierta por absoluta oscuridad. Solamente se quedó parada observándonos mientras bajábamos. Cuando salimos, esta señora le dijo a los vecinos y les agradeció por haberse preocupado por ella, pero que ya estaba bien, que no había pasado nada malo. Les agradeció nuevamente y se metió dentro de la casa. Cuando ya nos íbamos, Decidimos preguntarle a uno de los vecinos que por qué nos habían llamado cómo es que se habían enterado que la señora estaba en esa posición. Una pareja de ellos, de hecho, una pareja de recién casados que se encontraban viviendo al lado de esta casa. Eran nuevos prácticamente en el vecindario. Ellos dijeron que habían escuchado extraños ruidos, para no decir extraños más bien aterradores ruidos. Viniendo de aquella casa, habían escuchado gritos, gritos de alguna manera horrorosos como si les estuvieran arrancando las cuerdas vocales a una mujer, ruidos como de animal, como de un toro. Ruidos también como gruñidos como si un animal estuviera atacando dentro de la casa. A ellos les faltó poco para llamar a la policía. Pero esos ruidos que empezaron tan repentemente también cesaron durante esa misma madrugada A la mañana siguiente, el esposo de este matrimonio quiso ver si todo se encontraba bien, por qué, Porque la única que vivía allí era esa señora su marido. Lo único que encontró fue esta mujer reposada en la cama en las mismas circunstancias con las que nosotros la encontramos y que por eso nos habían llamado. Me llamó la atención. Cuando esta señora mencionó que solamente aquella mujer vivía dentro de la casa. Yo le pregunté, pero no vive nadie más con ella. No hay nadie más una familia, un marido, un hijo, Todos los vecinos dijeron que no, que aquella mujer vivía sola y que era muy conocida, pero básicamente por sus clientes y por dedicarse a hacer trabajos de brujería. Terminamos todo lo que íbamos a hacer y nos subimos a la ambulancia y nos dirigimos de nueva cuenta a la Cruz Roja con algo más que solo una experiencia, con un relato vivido por ambos. De la vez que acudimos y entramos a la casa de una bruja. Este siguiente relato criptomaníacos viene de parte de Fabiola Martínez. Esto le ocurrió en el lejano dos mil nueve. Fabiola, en aquel tiempo se interesaba mucho por la medicina, pero debido a cuestiones económicas tanto de ella de su familia y también a las costosas mensualidades que es el estudio de enfermería, en aquel tiempo se vio obligada a estar unos dos años trabajando más que nada para ahorrar para su colegiatura. Sin embargo, y a pesar de esto, a Fabiola, esto no lo detuvo. Ella quería seguir estando, si bien no podría estar trabajando de enfermera, tal vez de otra cosa más que nada cercano al ámbito de la salud, se podría desempeñar. Y fue así como tomó cursos y se dispuso a entrar de para médico. Fabiola durante un año y medio estuvo trabajando de para médico estas personas que prácticamente salvan vidas, ya que su acción se requiere, que es inmediata, pues y hacen bien, todos los moviens pueden salvar la vida de alguien que estaba predestinado a fallecer en aquel accidente o en aquella enfermedad. A Fabiola esto le gustaba mucho. Claro que, conforme pasaba el tiempo, también vivió algunas experiencias, unas experiencias que fueron un tanto inexplicables. Una de estas tantas le ocurrió durante la noche. Llamaron al hospital, requerían una ambulancia y para médicos. Fabiola había sido una de los paramédicos que había ido en la llamada. Se decía que estaba en estado muy precario y se necesitaba urgentemente que estabilizaran a una señora de la tercera edad. Esta señora ya tenía ochenta y tantos años y padecía de enfermedades respiratorias. Obviamente, Fabiola tomó su equipo, sus compañeros también y fueron de inmediato al domicilio que le dijeron en la llamada. Al llegar al domicilio, se dieron cuenta que era una casa algo vieja, deteriorada, pero con algunos signos de cuidado. Llegaron estacionaron la ambulancia. Se bataron rápidamente. La mayoría de las veces, cuando llega la ambulancia ya hay alguien esperándolos, si hay alguien herido, si hay alguien grave. Obviamente, los familiares están afuera, esperando desesperadamente la ambulancia. Extrañamente, en este caso no era así. No había nadie afuera de esta casa, ni siquiera una sola persona. Los únicos que salieron fueron los vecinos que se encontraban a unos cuantos metros de la casa. Fabio y sus compañeros empezaron a tocar el timbre, empezaron a golpear la puerta las ventanas. También empezaron a gritar que ya estaba la ambulancia. Ahí que salieran, pero nadie salía. La casa simplemente estaba callada. Lo único que se escuchaba era una canción proveniente de alguna grabadora vieja que sonaba no a todo volumen, pero de un volumen considerable que si ponías atención por fuera de la casa se lograba escuchar alguien estaba dentro. En fin, Fabiola y sus compañeros se empezaron a preguntar a los vecinos que, conforme pasó el tiempo, se fueron acercando cada vez más. Fabiola les dijo a estos vecinos el nombre de la persona por la cual venían y todos los vecinos le dijeron que sí, ahí vivía. Se trataba de una anciana ya muy enferma. Dijeron que vivía sola. Su marido había fallecido hace más de veinte años y su hijo, por desgracia, también había fallecido hace más de cinco años, víctima de un accidente tra bajo. Aquella, señora Rara, vez se le veía fuera de la casa prácticamente cuando iba a cobrar su pensión y cuando iba por el mandado, por lo que, si bien los vecinos la saludaban, no tenían una conversación con ella muy extensa, por lo que simplemente no sabía nada acerca de lo que le había pasado. Tenían dos opciones, Una era irse, ya que nadie le sabría, y la otra, que fue por la que optaron los compañeros de Fabiola Ira, de averiguar si alguien estaba dentro. Uno de sus compañeros abrió la ventana y se metió la casa. Si bien esto podría entrar en alguna especie de delito, él tenía las mejores intenciones al entrar. Se encontró con el cuerpo de una señora tirado en la alfombra de la sala. Al lado del sillón de la sala donde esta señora se encontraba tirada, había un tanquero oxígeno. Notablemente que esta señora padecía de alguna enfermedad respiratoria. Necesitaba el oxígeno de inmediato la levantó y abrió la puerta delantera. Fabiola y sus compañeros entraron, estabilizaron a la señora y se le llevaron con urgencia al hospital. Por más de que buscaron en la casa de forma rápida. No se encontraron con nadie. Simplemente estaba la señora tirada ahí algunos pensaron claro como no tienen idea de cómo se afectó la llamada, tal vez que esta misma señora llamó y alertó al hospital para que vinieran por ella. Pero asi resulta que no, porque cuando llegaron al hospital se le interrogó después, para este momento la señora ya iba más o menos bien estaba recobrando el sentido. Fabiola estaba presente cuando le preguntaron a la señora lo siguiente, disculpe el nombre de la señora que Fabio no lo quiere mantener el anónimo. Quién fue el que llamó al hospital. Nos pidieron una ambulancia y aquí tengo registrada la llamada. Es más yo la había entendido. Le dice la Señorita de recepción. Más que nada, porque tengo el nombre su nombre y la persona que había llamado le pregunta esto más que nada, porque no la puede dejar ir sola. Alguien tiene que llevársela al dar radi alta. Estoy bien, no es algo muy grave. Es un llamado de atención. Tiene que tener ciertos cuidados y la persona que está encargada de su salud que la cuida, tiene que saber de esto. La señora la ve algo distante, pero entiende todo lo que se está diciendo. La Señorita Fabiola estaba ahí cuando esta señora le dice discúlpeme, pero yo vivo sola. No tengo a nadie conmigo. Mi familia prácticamente fue llecido. Yo vivo sola y tuve un ataque, pero no pude marcar a nadie. Es en este momento que la otra señorita le dice tengo un nombre registrado. Este hombre fue el que llamó y pidió la ambulancia para usted. La señorita le dice el nombre del hombre, el cual había llamado a la ambulancia, a la anciana. Se le empiezan a escorrer unas lágrimas, pero no son lágrimas de tristeza, sino de felicidad. Su rostro es voz, una sonrisa cuando dice ese es el nombre de mi esposo. Es el nombre de mi viejo. Así le dice el nombre de mi viejo. Voy a llamar a unos sobrinos que tengo ahí a ver si me pueden suministrar la medicina, pero va muy contenta ella dice que es su hombre, su esposo la sigue cuidando, incluso después de haber fallecido, tal y como él se lo prometió a ella en su lecho de muerte. Una historia de amor que, si bien comienza algo tétrico, termina de una buena forma, pues esta historia demuestra que, a pesar de que nuestros seres queridos ya no se encuentran aquí todavía nos siguen cuidando como esta primera historia que le sucedió a un suscriptor que lo dejó marcado para toda la vida. Esto no es reciente. Le pasó cuando era niño y desde que le pasó esto ha procurado que, si es que llega aquel momento en el cual lo tienen que internar en un hospital debido a enfermedad, lesiones, etcétera, él dice que procurará dormir toda la noche y no se mantendrá despierto, ya que por la noche ruido secó extraños se oyen en los hospitales y si es que buscas quién los hace. Puede que te lleves una gran sorpresa. No olvides que algunas almas no abandonan fácilmente el lugar en donde fallecieron. Mi nombre es Julián Gómez. Mi experiencia es la siguiente. Me sucedió cuando era niño. Desde que nací he sido una persona muy movida. No me gusta estar quieto y obviamente, esto se veía reflejado en mi niñez durante lo que fui niño. Era un niño muy imperactivo, muy inquieto, por lo que al tener unos ocho o nueve años y regalarme una patineta de inmediato, empecé a ir a los parques, empieza a hacer piruetas. Pero pero, como ya supondrán, cuando uno está aprendiendo, es inexperto, por lo que en una de tantas caídas, una fue muy grave. Había sufrido varios golpes. Fue una caída muy fuerte, pero no era nada que no tuviera solución de inmediato. Me llevaron al hospital, me acomodaron todo, me vendaron y durante un día completo en lo que reposaba y me tenían en observación, tenía que estar en el hospital. Recuerdo muy bien aquella noche, mis padres iban a quedar toda la noche, pero no se podían quedar en el cuarto donde yo estaba. Este hospital tenía una habitación grande en donde ahí había, pues, varias camas, varios pacientes y cuando yo fui trasladado aquí no me di cuenta, ya que estaba anestesiado. Una vez que desperté por eso de las ocho de la noche, solamente vio a mis padres a lo mucho una hora y ellos se retiraron asegurándome que iban a estar ahí para cualquier cosa que se ofreciera. Cuando me dejaron solo en aquella habitación, fue que comenzó la pesadilla. Como les dije anteriormente, yo era un niño, muy imperactivo. Estar en la cama para nada era algo habitual en mí. Ya había descansado lo suficiente y digamos que la pierna no la sentía. Estaba adormecida. Yo tenía muchas ganas de caminar, salir o tan siquiera hablar con alguien. No podía conciliar el sueño. Pasaron las horas, las doce la una de la mañana. Cada vez que me vine a la enfermera, yo me hacía el dormir, ya que no quería que me regañaran, pero en cuanto se iba, yo volví a Despertarme miraba de un lado hacia otro. Jugaba con una pelota que tenía ahí, una pequeña pelota, la botaba en el piso y la volví a agarrar con mi mano. Ustedes pensarán que lo más sensato era dormir, Pero debido a los ruidos que yo escuchaba en el cuarto, sabía que no estaba solo. Esta habitación era grande, muy grande. En ella se podían albergar al menos unos diez pacientes. Según yo recuerdo, cada camilla de los pacientes estaba dividida, pero no por cortinas. Como muchos hospitales. Este hospital digamos que tenía un poco más de privacidad. Las cortinas solamente las tenían en frente de cada camilla, pero a los lados tenían una pared de aluminio, aluminio blanco. Solamente la mitad de esta. La otra mitad estaba conformada, por lo que podíamos decir un vidrio, un vidrio de esos que no son normales, un vidrio que tiene muchas deformaciones, que tiene como piedritas. Este vidrio servía más que nada para tener privacidad entre los pacientes. No puedes ver hacia el otro lado. Puedes ver la luz, la iluminación, pero no puedes ver si hay alguien ahí. Solamente puedes ver algo, y es cuando la otra persona se acerca mucho. Es en ese punto que puedes ver una silueta. Por esto mismo, yo sabía que no estaba solo porque a pesar de ver el vidrio y no ver nada ni de un lado ni del otro escuchaba ruidos, escuchaba pisadas provenientes de un lado mío del lado derecho. Para ser más específicos, escuchaba pisadas y también como jugaban con las Sábanas, como alguien se subía a la camilla y como también bajaba cómo movía la camilla, ya que ésta tenía ruedas. Parecía ser una persona cal igual que yo, estaba muy nerviosa, era muy imperactiva debido a que yo estaba aburrido y que sabía que la otra persona que estaba al lado de mí también estaba parada y haciendo y haciendo movimiento. Yo pensaba que el que estaba al lado era un niño. Y yo creía esto porque cada vez que la enfermera venía, los ruidos cesaban por completo. Creía que, al igual que yo, se estaba haciendo el dormido. Por lo que se me ocurre la pésima idea de Hablarle le pregunté oye estás despierto. Yo estoy aburrido. No quieres platicar de algo en este momento. Los ruidos cesaron por completo. Yo había estado botando la pelota y también me había estado moviendo, pero parecía que esto a la otra persona no le parecía importar. Simplemente le importó cuando le hablé. Una vez que la hablé. Como dije, no se escuchó nada. Pero de pronto y con la mirada fija sobre aquel vidrio, ve una silueta que va apareciendo, una silueta se va acercando. No puedo ver muy bien sus facciones, como dije este vidrio de forma todo, pero podía ver la silueta de alguien tan pronto se acerca. Me doy cuenta que es también un niño. No me equivocaba en eso. Era un niño, ya que medía un tamaño parecido a mí. Lo extraño es que se acercaba por el vidrio y no dio la vuelta. No caminó para llegar de frente de pronto esta silueta. Este niño puso ambas manos sobre el vidrio al momento de tocarlas, veo que son unas manos extrañas, unos dedos. Para ser más específico, creo que todos reconocemos una mano humana el largo de los dedos. Bueno, lo que primero me llama la atención es que los dedos están desproporcionados. El del medio es mucho más pequeño que otros. El gordito el que teníamos que tener en el extremo de nuestra mano, se encontraba hasta el otro extremo en donde tenía que estar el meñique. Desde ahí supe que esto era malo. El niño también acercó su cara y fue este el detonante del más absoluto y profundo terror que yo haya experimentado en toda mi vida. La cara de este niño era la cara como de un duende. Los ojos estaban saltones su cara a pesar del vidrio, veía que tenía muchas arrugas y una sonrisa que llegaba de Oreja a Oreja con dientes muy grandes. Me atrevo a decir que tal vez parecían colmillos. Obviamente, empecé a llamar a la enfermera por medio del botón y también gritándole. Este niño Inmediatamente se retiró del vidrio. La enfermera no tardó mucho, tal vez un minuto como máximo. Escuchaba los tacones correr desde el pasillo. Llegó hasta mi cama y yo estaba muy alterado. Tardó mucho en Calmarme pensó que me estaba dando un ataque, aunque después pensó que tiene una pesadilla. Yo fui sincero con ella. Le dije que el niño de al lado me estaba dando mucho miedo y que era muy feo, que no me dejaba dormir y que, por favor, no se fuera la enfermedad. Simplemente se levantó. Fue hasta el otro extremo y después escuché como claramente rodeó toda la habitación buscando dónde estaba aquel niño. Ella vuelve de nuevo conmigo y me dice pero corazón, tú estás aquí solito. No hay nadie más en la habitación. Estás seguro de que no tuviste una pesadilla. Yo estaba seguro de esto. También estaba seguro de que ese niño no se habría podido salir de la habitación antes de que saliera la enfermera, ya que solamente había una salida y una entrada, y yo estaba de frente a esta puerta. En ningún momento la perdí de vista. El niño no existía. Aquella noche le pedí un favor a la enfermera y era que por favor, no me dejara solo que si se podía quedar conmigo, ella accedió y estoy más que seguro que solamente estaba esperando a que me durmiera. Yo no podía dormirme. Hace que me dio un vaso con agua, en la cual revolví una pastilla. Ahora sé que era una pastilla para dormir, para relajarme debido a los nervios que tenía. Ella sabía muy bien que con eso no iba a poder dormir en toda la noche. Al día siguiente me dieron de alta y desde aquella noche tomé una decisión, una decisión que tengo hasta ahora y es que jamás, si es que estoy internado o si es que estoy en rehabilitación o en observación, jamás me vuelvo a quedar despierto en un hospital durante la noche. El trabajo de enfermera muchas veces puede ser algo pesado, sobre todo en el horario nocturno. Tanto ellas como los paramédicos. Médicos tienen que estar al tanto de sus pacientes, mantenerlos con vida, claro, pero a las manos de estas personas siempre cae distinto tipo de gente, gente muy amable y también gente muy GROSERA Muchos enfermeros te darán fe de esto. Pero aunque el trabajo de enfermera sea sumamente pesado, también puede ser muy interesante debido a este mismo factor de que conoces a muchas personas. El siguiente relato viene de parte de una enfermera la cual prestó su servicio de manera particular en un domicilio. Fue y cuidó a un hombre que pareciera estar cuidado por otra cosa, una cosa que venía desde el mismo infierno. Mi nombre es Nancy. Quisiera que mi apellido se mantuviera anónimo. Mi experiencia se remonta a esos años del dos mil diez, cuando terminé de estudiar la licenciatura en enfermería. Como cualquier otro universitario, tuve problemas al acomodarme. No lograba entrar a los hospitales ni siquiera el seguro social uno antes tenía que ser palancas para entrar a ese tipo de sitios, que eran los mejores pagados, por lo que empecé a ofrecer mis servicios como enfermera particular. Tampoco me iba tan mal a decir verdad. Había unas familias que pagaban muy bien y me tocó la oportunidad de cuidar a una persona muy extraña. Era un hombre o un hombre de ochenta y seis años. Me habían contactado sus hijos y me habían dicho que su padre necesitaba a una enfermera, pero solamente por la tarde y por la noche. Tan pronto cuando el sol saliera. Yo me podía ir de la casa que solamente él estaba allí, que él separaba, caminaba, hablaba, no estaba en un estado precario, pero si necesitaba la atención de una enfermera estarlo vigilando en todo momento, ya que a esas horas le tocaban sus medicamentos por la paga que me ofrecieron. Yo ni siquiera lo pensé, sobre todo porque la casa estaba a una ubicación muy considerable, Era una zona céntrica y el transporte público. La verdad es que no era un problema. Tan pronto yo llegué a la casa, me encontré con una casa muy grande. Se notaba que era familia de dinero. Antes de entrar tú te tenías que identificar en el micrófono de la puerta me identifiqué como la enfermera y el hombre al otro lado me abrió la puerta para que yo pudiera entrar tan pronto abrió la puerta. Yo entré normalmente, pero al dar solamente dos pequeños pasos, me frené en seco ya que vi algo en el patio que me asustó muchísimo. Era un perro, un perro enorme oscuro, totalmente como la noche. Estaba recostado en el patio, sin collar, sin cadena, totalmente libre. Él solamente me veía su aspecto. Era más como un lobo, Era uno, como de esos perros silberianos, pero totalmente oscuro Sus ojos también eran oscuros como la noche, y sus pupilas eran anormalmente grandes. Estas casi por completo cubrían todos sus ojos. Tenía solamente leves partes blancas. Yo me detuve y de nueva cuenta salí de la casa. Cerré el portón, ya que pensé que tal vez habían pasado por alto que ese perro estaba ahí. Pero mi sorpresa es más grande cuando pasa un tiempo, tal vez unos tres o cuatro minutos y yo sin saber qué hacer que me llaman nuevamente por la bocina del micrófono y me pregunto una voz, una voz gastada, que por qué no había entrado. Yo le explico por el micrófono que hay un perro enorme hay en el patio y pues que le tengo miedo, no voy a hacer que me ataque la voz me dice que no me preocupe por el perro y que él no me iba a hacer daño. Yo algo dudosa. Les pregunto que si alguien puede salir por mí, ya que ese perro no me daba confianza, abrieron la puerta Inmediatamente de esta salió el anciano que les digo, el cual yo tenía que cuidar. Él simplemente me hizo con la mano ven no te iba a pasar nada. Yo entré rápidamente y este perro tranquilo sentado ahí todavía en el patio. Solamente me miró y volvió a echarse. Este señor se presentó conmigo, se llamaba Luis, así que yo le empecé a decir. Don Luis, me explicó las medicinas que tenía que darle, en qué horario y qué comidas, ya que también llevaba una dieta estricta. Yo hice mi trabajo. Prácticamente también iba a ser cocinera, pero la paga era tan buena que esto no me importó. Aparte eran comidas muy sencillas, y cuando me encontraba en la alacena y volteado nueva cuenta para ir hacia la estufa, me percaté de que el perro ya estaba dentro de la casa y que no solamente eso, sino que se encontraba enfrente de mí mirándome sentado, no movía la cola, no me pelaba los dientes y ni siquiera me estaba gruñendo. Solamente me miraba, pero claro esto fue suficiente para ponerme nerviosa. Yo traté de seguir haciendo mis guisados. Al terminar y al dirigirme a la recámara de este señor que estaba en la segunda planta, me encontré con que este perro se encontraba en los pies de la escalera a un lado para subir. Tenía que pasar muy cerca de él. Yo traté de no aparentar miedo, pero iba temblando. Le decía a una y otra vez. Por favor, no me muerdas. Por favor, no me muerdas. Pero el perro simplemente no me prestaba atención. Él solamente se quedó mirándome recostado. Le importó poco que yo pasara a su lado. Una vez que pasé, este perro se quedó ahí, mostrándome claramente que mi presencia no le importaba en aquella casa. Cuando llegué a la Recámara de Don Luis y una vez que lo atendí, le pregunté sutilmente, ya que me imaginaba que iba a tener que lidiar con aquel perro todos los días que me dijera tan siquiera cuál era el nombre de este Don Luis me respondió que no tenía nombre, que le dijera como yo quiera, pero que, de todos modos, este perro no iba a ser caso. Este perro no le hacía caso a nadie y no era agresivo. Él simplemente se la pasaba paseando en la casa de un lado hacia otro sin hacer nada, aparentemente por más que lo llamara de un hombre o de otro. Este no me iba a ser caso. Al terminar de platicar con Don Luis, que más que nada de nuestras pláticas eran solamente preguntas, no era una persona que fuera muy platicadora. De hecho, era un hombre de pocas palabras. Él me despidió de su Recámara sutilmente, ya que me dijo que quería seguir escribiendo, que yo podía estar en las salas si yo quería, pero que, por favor, lo dejara solo en esos momentos. Yo respeté esto. Me fui a la sala, encendí el televisor y traté de mantenerme despierto lo más que yo pudiera. Tenía que darle otro medicamento cerca de las tres cuarenta de la mañana, por lo que no me dormí. Simplemente dormitó un poco. Yo anduve en la sala, en la cocina preparando cosas, también cenando algo y aquí viene lo extraño, porque el perro desapareció. No lo vi más, lo buscaba con la mirada, pero no lo encontraba por ningún sitio. Lo que yo pensé es que tal vez el perro se encontraba fuera, por lo que no le presté más atención. Y al dar las tres cuarenta empecé a caminar a la habitación de Don Luis para que solamente al entrar y mirar un poco de un brinco y también de un grito, un grito que traté de controlarlo, ya que me asusté súbitamente. Yo esperaba ver a Don Luis ahí recostado, pero no me esperaba ver a nadie más con él. Había un hombre, un hombre sentado en una silla de madera al lado de la cabecera de Don Luis. Estaba cubierto por las sombras de la noche, pero aún así y gracias a la luz que se veían por aquellas pequeñas lámparas que estaban en la habitación, pude ver que este hombre era de piel caucásica, vestía con un traje negro y estaba muy bien peinado. Tenía un bigote y unos ojos grandes, muy grandes. Sus facciones llamaban mucho la atención debido al grito. Don Luis se levantó e inmediatamente me dijo no te preocupes tranquilízate. Él es un amigo, es un familiar lejano, Él está aquí de vez en cuando. Es más, él está aquí todas las noches. Así que no te asuste. Si lo ves por aquí ya una vez declarando todo, yo me sentí un poco más aliviada. Le di las medicinas a Don Luis y cuando lo estaba haciendo, traté de hacerle plática aquel hombre, pero este no me contestaba a toda pregunta que yo le hacía. Don Luis contestaba por él me decía que era un hombre el cual no le gustaba hablar y bromeaba diciéndole que la lengua se le había comido un gato. En cuanto a cómo había entrado de esto, me quedó la duda. Yo había echado llave en la puerta principal y en la puerta delantera. La única que se mantenía abierta era la puerta trasera al patio, por lo que este hombre no habría tenido la forma de entrar a la casa. Pero Don Luis simplemente dijo que eso no tenía caso, que él se las ingeniaba, pero que no me espantara por su presencia. Esto era un dato muy espeluznante. A decir verdad, aquel hombre me daba una mala vibra y hacía que toda el laura del cuarto fuera tétrica, muy absorbente, de hecho, muy absorbente, de hecho, tan solo al entrar sentías una pesadez en todo tu cuerpo y una tristeza. También yo salí de aquel cuarto y me enfoqué simplemente en terminar mi turno. Era una casa muy extraña esta ese entonces, pero a pesar que me habían pasado todas estas cosas extrañas, yo continué yendo al fin y al caso, eran cosas, si bien algo espeluznantes, como ya dije, y extrañas, no eran cosas del otro mundo, o al menos eso era lo que pensaba. Al pasar las noches, yo me fui dando cuenta de algo y es que por eso de las dos de la mañana, el perro siempre desaparecía, ya aparece. Entonces yo ya lo acariciaba un poco. Él jamás me respondió, jamás me vió su cosa, jamás me lamió. Simplemente se comportaba indiferente. No le importaba en lo absoluto cuando llegaba. Pero este dato de que siempre desaparecía no importara si yo lo buscara tanto en el patio delantero como en el patio trasero, adentro de la casa, adentro de cada cuarto. No encontraba al perro y lo descubrí no necesariamente por estarlo buscando, sino es que en la noche yo cenaba dejaba comida todas las obras y se las quería dar al perro, pero en ese momento no lo encontraba por ningún lado. Era demasiado extraño. Esto también aunado al hecho de que aquel extraño familiar, cuando yo llegaba a las cinco de la tarde, este no se encontraba por ningún sitio. De hecho, hice pruebas algunos días cerrando la puerta a las ocho de la noche con candado y todo incluso la trasera, siempre las tres de la mañana, cuando subía a darle los últimos medicamentos a Don Luis, Este siempre estaba sentado a un lado de él esperándolo habían contratado mis servicios por tres semanas y media. Esto no me sorprendió, ya que algunas personas, algunas familias, se mudan otro Estado o tal vez entran a internarse en el hospital. Y es por esto mismo que solamente contratan enfermera por un cierto tiempo. Cuando los días se me estaban acabando, don Luis me dijo, después de tomarse su medicamento a las tres de la mañana que mis servicios ya no eran requeridos, que ya me podía ir a mi casa. Y obviamente, creo que esto es una broma Y le digo, don Luis, pero cómo crees. Estoy a mitad de mi turno. Él me dijo con el dedo no tú, ya terminaste. Estos son los últimos medicamentos que me voy a tomar en toda la noche. Tú, si quieres, ya te puedes pasar a retirar. Yo estaba pensativa, ya que lo vi y Don Luis hablaba muy en serio. Mientras aquel sujeto, aquel familiar lejano como él lo trataba, se haya sentado en aquella silla de madera como comúnmente, sin decir ni una sola palabra, Don Luis, me acompañó hasta la entrada y una vez ahí me sorprendí, ya que este señor pensaba en todo ya había un taxi ahí esperándome para llevarme a mi casa. Yo le pregunté que cuál era el motivo de esto, y él me dijo es que ya no voy a requerir tus servicios, porque yo ya voy a fallecer. Este es mi último día aquí en la tierra de los vivos. Yo carcajé y le dije, Don Luis, no esté jugando. Por favor, dígame ya la verdad. Él me dijo, pero Niña, esa es la verdad. Ya hay de ti si me quieres creer o no. Gracias por cuidarme y que tengas un buen viaje. Mientras me decía esto, me extendió un dinero, una buena paga que yo asumo. Sería como una semana completa de trabajo aparte de mi día. Yo subí a mi taxi y me fui de esa casa para no volver jamás. Mientras que iba en el taxi, llamé a los hijos de Don Luis. Me importó poco que fuera la hora de la madrugada. Todo esto era muy extraño y quería saber si yo sabían sobre esto. Llamé a los dos y, para mi sorpresa, ellos sabían por completo todo esto y me dijeron que no había problema, que si él había querido eso, así que lo tenía que respetar. Ellos también lo respetaban. Al día siguiente, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, ya que Don Luis había fallecido por cuestiones de la vida. Creo que tal vez unos dos años después de esto, yo fui enfermera nuevamente en una de las casas de esa calle, enfermera de una niña. No era nada grave, solamente se había caído, pero como ambos padres trabajaban, necesitaban a una profesional al cuidado de esta niña y cuando estaba con esta familia, me empezaron a decir muchas cosas sobre aquel señor Don Luis. Se decía que Don Luis había hecho un pacto con el Diablo. De hecho, muchas personas le tenían miedo tan siquiera a acercarse a la casa hasta sus mismos hijos daban fe de todo esto y era por esto mismo que ellos no vivían con él. Les daba miedo vivir en aquella casa, en donde ellos mismos decían que el Diablo caminaba por donde quiera y que lo acompañaba siempre. Tal era el caso que en una ocasión dicen que Don Luis, por ser un hombre tan pudiente y tan poderoso, entró en descontento de algunas brujas, unas brujas que eran muy populares en la localidad. En aquellos años ellas empezaron a hacerle brujería a Don Luis de una forma muy descarada. Había trabajos que le dejaban animales velas enfrente de la casa. Las mascotas de Don Luis todas perecieron lentamente debido a estas, pero después empezó a ver un murciélago, un murciélago que rondaba en los techos de la casa de Don Luis. Este murciélago, que era muy grande anormalmente, espantó en una ocasión una noche a aquellas brujas que se encontraban cerca de la casa de Don Luis y en los días posteriores aquellas brujas desaparecieron. No hay mejor forma de explicar con qué solamente la tierra se las había tragado desde ese momento. Todos le tuvieron mucho temor a Don Luis y también mucho respeto. Nadie se atrevía a buscarle pleito Sabiendo todo esto y uniéndolo con todo lo que yo había vivido en aquella casa ya hace algunos años, puedo dar fe de que a este hombre lo vigilaba el mismo diablo que estoy más que seguro, era el mismo perro y el mismo hombre que venían todas las noches y lo custodiaban hasta su fallecimiento. Hay ciertos trabajos que nos da la facilidad de vivir experiencias extrañas en este canal. Ya hemos tomado la experiencias de traileros, vigilantes, taxistas transporte público, pero las enfermeras tienen historias interesantes sobre pacientes extraños que llegan a los hospitales. Pase resulta que está enfermera. Vivió una experiencia inexplicable con un niño. Nuevamente, este niño traía un mal que los doctores en ese momento no podían remediar. Parecía más un embrujo de cuestiones paranormales. Este niño le hizo ver a la enfermera que tal vez todos los males no se curan con medicina. Algunos de estos son propiciados por brujas. Mi nombre es tiene Vergara. La experiencia que quiero compartir con ustedes. Me sucedió mientras trabajaba. Es una experiencia que podríamos decir vi pero más no viví porque yo era una enfermera. Esto sucedió en un hospital. Al hospital, como ya saben, llegan diferentes personas, niños, hombres, adultos, cada uno con diferente malestar. Bueno. A este hospital llegó un niño con un malestar estomacal y también con cierta fiebre y dolor de huesos. Después de examinar a los doctores dijeron que lo más probable es que tuviera una infección muy aguda. Le pusieron medicamento y, debido a que se encontraba en ese preciso momento en un estado muy precario, decidieron mantenerlo en observación. Yo vi todo esto que pasó y les tengo que decir que desde que observé lo que le pasaba a este niño, me planteo muchas veces sobre si la magia oscura o la mejia blanca existen en verdad verán este niño, a pesar de ser atendido por pediatras doctores de alguna extraña manera, el niño no me juraba. Su estado de salud era precario todavía y lo peor de todo es que tal vez su salud empeoraba cada día más. Si bien el niño antes podía hablar, podía llevar una conversación, al pasar los días o incluso las horas, su estado iba decayendo a tal grado que ni siquiera algunas tardes quería despertar. Solamente quería tener los ojos cerrados. El niño estaba empeorando de una forma muy rápida por más antibióticos, pastillas o héroe. Este niño no mejoraba. Y lo más curioso aquí es que los doctores no lograban encontrar el motivo. Debido a los días que pasaban, los padres empezaron a soltarse cada vez más con nosotros, sobre todo con los paramédicos y con los enfermeros que estábamos ahí los que atendíamos al niño. Ellos me contaron una vez a mí y a mi otra compañera que ellos pensaban que el niño estaba embrujado esto debido a una cierta riña que habían tenido entre la familia, una tía lejana. En fin, para no ser la historia más larga, aquella tía tenía conocidas que se dedicaban a la brujería y eran unas brujas muy conocidas porque trabajaban con magia oscura y porque siempre se les veía enfrascadas metidas en los que vienen siendo pleitos matrimoniales o incluso personas que le decíaban el fallecimiento a otras personas eran unas brujas de cuidado. Yo, en ese momento, obviamente pensé que esto solamente era una reacción lógica al estado en el que se encontraba su hijo, porque yo, en ese entonces yo no creía en la brujería y los padres trataban de encontrar alguna explicación, ya que los médicos no podían ayudarlo pasaron. Dos días más, aquel niño llevaría internado al caso una semana y media, cuando de pronto, por eso, de las nueve de la noche, la madre y un tío llegaron en compañía de alguien más. Era una señora algo robusta de edad, ya avanzada el cabello cano, pero muy bien vestida esta señora tenían los ojos completamente blancos. Yo pensé que era ciega en un principio, pero ella se movía con total facilidad entre los pasillos. No presentaba dificultad alguna. Esta señora tenía un cierto olor, un cierto olor de esos que tienen los brebajes, las lavandas. E inmediatamente reconocí que esa señora, cuanto menos si no era una bruja, al menos se dedicaba a hacer hechicería o leer las cartas. Tenía toda la pinta de ello. La mujer entró con el niño, se sentó a un lado de él y empezó a hablar con él. Después de eso le dio un té verde con algunas hojas, una especie de brebaje que ella había hecho. El niño se lo tomó muy a fuerzas. Casi no podía levantarse. Yo solamente lo observaba, ya que me dijeron que era solamente una vitamina, pero claro tenía ese pendiente. Tal vez aquello que le había dado le iba a afectar lejos de mejorarlo. La visita de esta señora duró poco más de una hora. Al final, cuando se estaba retirando ella habló con la madre algunos quince minutos, dio un listón y la madre fue con su hijo y este listón negro que le había dado se lo amarró a la muñeca. Después de eso se retiró también la madre. Mi turno terminaba cerca de las once de la noche y justo cuando me estaba disponiendo a irme una tos y los gritos de un niño me hicieron devolver de inmediato. Aquel niño tenía una fuerte tos y estaba gritando. Yo fui de inmediato a la habitación donde te estaba. Una vez cuando llegué, el niño estaba tosiendo y tosiendo y enseguida. Llegó la madre, yo trataba de calmarlo, pero al encender la luz, vi que lo que estaba tosiendo era algo extraño. Era alguna especie de líquido amarillo, pero muy espeso. Estaba vomitando. No era nada que lo hubiera comido, pero enseguida en sus pies. Ahí en la cama, empezó a toser cabellos hasta que finalmente sacó una bola hecha de puro cabello, pero cabello largo entre toda aquella sustancia amarillenta que también sacaba. Yo estaba perpleja. No podía creer lo que mis ojos estaban viendo de dónde había sacado ese cabello. Esa bola hecha de cabello era muy grande y de seguro. Por eso estaba tosiendo, porque apenas si cabía en su garganta, pero dentro de la bola hecha de cabellos había algo más, y es que yo veía unas patitas y una cola. Lo que yo creo es que seguramente habría sido un roedor. Pero esto nace otra cosa, sino levantar más dudas para mí de qué era lo que estaba pasando. Cómo es que aquel niño había tosido un roedor lleno de cabellos. Y lo que más me perturbó por esos segundos es que este roedor no venía muerto, se encontraba con vida, se movía rápidamen, la madre lo tomó, le quitó el listo negro al hijo y se lo amarró a este acto seguido, lo puso en una bolsa de plástico, corrió y se lo dio al tío en el pasillo. El tío después se lo llevó lo más rápido posible y entre yo y la madre empezamos a estabilizar al niño. Curiosamente, y algo que tampoco me explico es que tan pronto este niño escupió aquella cosa tan aberrante empezó a mejorar abruptamente. El niño casi no comía y de inmediato le empezó a dar hambre. Su temperatura bajó. El dolor de estómago era prácticamente inexistente. El dolor de huesos igual se había ido, el apetito había crecido y había pasado tan sólo una hora de que había vomitado aquello y este niño ahora ya hablaba, ya tenía energías para pararse. El niño mejoró a tal grado que al día, siguiendo mediodía lo dieron de alta. Estaba bien de todos sus signos. Claro le dieron una sugerencia a la madre que si el niño se ponía mal otra vez tan abruptamente que lo trajeran de inmediato para estabilizarlo. Pero esto ya no sucedió tan pronto. La familia se fue esta, ya no volvió. Aquella experiencia me ha servido para creer que realmente los embrujos existen, realmente hay brujas que existen, estas brujas que te hacen daño, te hacen trabajos, pues yo fui testigo aquella noche de cómo otra bruja le quitaba aquel trabajo, aquella maldición a este niño. Gracias por compartir mi historia. Saludos a todos. Te