MARATON DE TERROR EN CEMENTERIOS / 2 HORAS DE RELATOS DE SEPULTUREROS Y ALMAS EN PENA / L.C.E.

En este capitulo veras una recopilacion que viene de parte de estas grandes necropolis en donde reposan nuestros difuntos. Hay muchas historias tenebrosas que contar entre estas tumbas.
En este capitulo veras una recopilacion que viene de parte de estas grandes necropolis en donde reposan nuestros difuntos. Hay muchas historias tenebrosas que contar entre estas tumbas.
CriptamanÃacos. Este siguiente vÃdeo es una recopilación de toda la temporada tres en donde nos adentramos en los terrores que se pueden encontrar en los cementerios mayormente vividos por los cuidadores de este Espero que disfruten este maratón, que lo pongan mientras trabajan, mientras van de viaje o simplemente para pasar una tarde, mientras hacen sus caceres del lugar. Espero también que los aterre y que les haga pensar que en el cementerio se pueden encontrar algunas cosas interesantes, pues en estos lugares denominados al campo Santo, ocurren muchas cosas paranormales, no solamente por los cuerpos que son aquà enterrados, sino porque algunas personas, asà como también brujos, son laguales. Según se dicen leyendas y relatos, usan estos lugares para llevar a cabo sus maleficios, sus embrujos. Y esto, obviamente, afecta a estos lugares sin más, por decir, yo los dejo con la siguiente recopilación, que tengan buenas noches y unas aterradoras pesadillas. Este es el final de la temporada tres. Esta primera historia cripta ManÃacos viene de parte de un sepulturero, o más bien de dos de ellos que, mientras estaban bajando aquel ataúd, aquel ataúd que, si bien es decir desde un principio, causaba dolor, no solo porque era una persona que era muy querida por toda su familia, sino que se trataba de un hijo, un chico joven, el cual habÃa perdido la vida y aquel dÃa estaba luchando por aferrarse a ella, aún cuando habÃa fallecido. Las claras señales de que este chico se estaba aferrando a la vida. Fueron vistas por estos dos sepultureros y también por la madre de este joven. Su historia es la siguiente hola a todos. Mi nombre es Nelson Guzmán y mi experiencia comienza como una tarde normal o bueno. Cabe decir que para mà normal dentro de lo que cabe, yo soy taxista, pero también soy sepulturero trabajo en el cementerio, pero solamente me hablan cada vez que va a haber alguna sepultura también de diferentes cosas de mantenimiento. Respecto al cementerio, no voy todos los dÃas, pero ocasionalmente les tengo que decir que al pasar de los años, he enterrado a variedad de personas, abuelitos, madres, padres. Pero lo que más duele e incluso para mà que en la mayorÃa de ocasiones soy alguien totalmente ajeno a la familia, alguien que no los conoce, pero siento su dolor. Lo que más duele y les puedo asegurar esto es, cuando padres entierran a sus hijos, se oyen los gritos desgarradores de la madre y el padre igualmente no encuentra consuelo claro y creo que es de pensar cuando un hijo fallece, sobre todo si es alguien joven, tenÃa toda una vida por delante. Creo que los padres jamás figuran hacia sus hijos, la mayorÃa de ellos. Es más, creo que todos piensan que sus hijos serán los que los van a enterrar, pero algunas ocasiones no sucede asà y ese es el caso que les quiero platicar. En esta ocasión. SabÃa que está entierro. Iba a ser algo duro e incluso para mÃ, para mi compañero, porque se trataba de un joven, un joven de apenas catorce años, el cual Ãbamos a sepultar aquella vez como era de esperarse, Los padres estaban al frente, habÃan pasado el velorio por alguna extraña razón. El sacerdote no habÃa llegado, por lo que las las horas se las dio otro sacerdote de ahÃ. Pero no estoy muy seguro si va en categorÃas, pero el caso es que ese señor todavÃa no era un sacerdote como tal al cabo y todo se llevó a cabo el rezo y después el entierro, pusimos el ataúd y lo fuimos bajando a base de unas poleas que tenÃamos yo y mi compañero y cuando le Ãbamos bajando, nos percatamos de algo. Y es aquà lo extraño, porque no solamente fui yo, sino que también él. Empezamos a sentir vibraciones en el ataúd, pero no vibraciones lentas o pequeñas o leves eran vibraciones fuertes, como que de algo que estaba dentro, que se movÃa, que se movÃa y que después empezó a golpear la puerta de la tierra. No nos conformamos solo con sentir, sino que también volteamos y pusimos la mirada en aquel ataúd. Nosotros vimos claramente mi compañero y yo que la puerta de la taúd se estaba moviendo. Era como si alguien la estuviera golpeando de adentro hacia afuera una vez y otra vez y otra vez. En ese momento, la madre dijo que paráramos que, por favor, ya no lo enterraran, que ella veÃa que su hijo se estaba moviendo. Nosotros, obviamente, nos detuvimos, porque también lo estábamos viendo, pero el padre se nos quedó mirando y dijo, por favor, ya entiérrenlo, por favor, bájenlo. Nosotros nos continuamos viendo entre sÃ, ya que estábamos viendo. Nuestros ojos eran testigos de que la taúd se estaba moviendo. En ese momento, la madre se tironea de los brazos del padre. Basta, el ataúd lo abre la fuerza. Yo paso a ayudarle. Dejo a mi compañero solo con el peso, algo que no debÃa de hacer, pero al abrir el ataúd lo vi con mis propios ojos. Era el cadáver de un muchacho, un muchacho de catorce años y pero estaba inerte, no se habÃa movido, no tenÃa los ojos abiertos. Es más, la piel incluso ya estaba pálida. El maquillaje que le ponÃan estaba perdiendo su afecto. Ya la madre todavÃa se va sobre él. Empieza a llorar y el padre la retira y, por si no fuera poco, me lanzo unos ojos de que por qué yo le seguÃa el juego, de que todo esto solamente lo hace más difÃcil para ella. Yo no sabÃa cómo explicarle al resto de personas que yo también y mi compañero también habÃan visto que estaban golpeando la tab desde adentro y no solamente nos quedamos en verlo. Nosotros dos sentimos las vibraciones. En fin para no quedar mal, volvà a mi puesto y bajamos el ataúd poco a poco y cuando le estábamos echando tierra aún todavÃa hasta este punto estábamos escuchando los golpes, golpes que provenÃan desde el ataúd, como si alguien desesperadamente nos estuviera pidiendo que lo sacáramos. Esta fue la parte más traumática para mà que todavÃa no me puedo sacar de la cabeza, porque yo lo estaba enterrando. Sentà muchas veces la necesidad de entrar al hoyo y abrir el ataúd, pero sabÃa muy bien con lo que me iba a encontrar con un simple cadáver. Fue una parte muy difÃcil para mÃ, no solamente para mÃ, sino también para mi compañero, que mientras estábamos enterrándolo, nos mirábamos mutuamente. Ambos escuchábamos lo mismo. Pasó el tiempo y cuando llegó el padre, fue hasta la tumba de este muchacho lo persinó y rezó por él. Y nunca se nos va a olvidar lo que nos dijo a nosotros, ya que nosotros dos éramos los únicos presentes, ya que quedaban alrededor de la tumba. Ya era de noche, habÃa familiares, claro que sÃ, pero ellos ya se encontraban retirados casi casi en la puerta del Cementerio. Este sacerdote nos dijo lo siente en verdad es por eso de sus caras. Yo ya lo he visto algunas otras veces y es bastante triste. Este es un muchacho joven no sabe ni siquiera que está en otro mundo. Algunas veces y más, las almas jóvenes que no han vivido lo suficiente o que se van con muchas ganas de vivir la vida son las que más les cuesta retirarse. Están muy aferradas a la vida y con justa razón, no tuvieron un tiempo de vivirla. Y después nos preguntó que qué era lo que habÃamos visto. Mientras lo estábamos sepultando. Nosotros dos le dijimos que habÃamos escuchado cómo golpeaba desde dentro del ataúd Este sacerdote simplemente inclinó su cabeza. Sintió mucha pena por el chico, pero le dio más oraciones y habló solo con él. Creo que durante una hora y media o dos horas, el sacerdote fue el último, que se fue del cementerio. Cuando nos acercamos de nueva cuenta a la tumba, por debajo de ésta, ya no se escuchaba nada, solamente Silencio. Ah porque se me ha olvidado mencionar que aun cuando tenÃa tierra encima y cuando los familiares estaban dando el pésame a la familia ya retirados algunos yéndose, se podÃa escuchar todavÃa muy levemente y si ponÃas atención los golpes que provenÃan desde el ataúd incluso con la tierra encima, se podÃa escuchar. Cuando nos acercamos por la noche, estos ya nos escuchaban. Espero que ese joven haya encontrado la paz y también la luz para que llegue a su descanso eterno. Espero les haya gustado mi historia. Saludos a todos los que esta siguiente historia nos enseña que aún después de haber perdido la vida, aún después de estar. PodrÃa decirse en este popular limbo que se creen diferentes religiones, que hay un cierto periodo de dÃas en los que el difunto va a despedirse. Nos deja más que en claro que también este difunto esta persona puede pedir ayuda, puede manifestarse para que le cumplan ese último capricho, ese último favor, tal como le pasó a este sepulturero, el cual, sin previo aviso, fue visitado por alguien, alguien que ya no era parte de este mundo. Su historia comienza de la siguiente manera. Mi nombre es Juan DomÃnguez y lo que les quiero contar a continuación. Me pasó en el mes de diciembre. Yo tengo ciertos dÃas, ciertas temporadas, ya que soy un hombre mayor a los sesenta años en los que me desempeño como sepulturero. Soy una persona ya pensionada, asà que esto lo hago para ganar un poco más de dinero. Verán ahà me hace un llamado el cementerio y me pregunta si estoy libre para llevar a cabo un evento, un evento que significa prácticamente un entierro. Yo estaba libre, asà que me dirige al cementerio. En este cementerio hay una capilla, una capilla que, a decir verdad, es muy grande. El cementerio en general es muy grande. Es un cementerio municipal. Se encuentra en una zona de esta ciudad. Esta capilla pertenecÃa a una familia muy pudiente. Era una de esas familias. Con dinero habÃan comprado varios espacios, habÃan diseñado lo que se podrÃa decir una cripta y en ella iban enterrando a los familiares. Algunos de estos espacios ya estaban ocupados, claro, pero la mayorÃa no estaban ocupadas. HabÃa dos secciones, una sección, podrÃamos decirlo a nivel del suelo y otra sección que iba más abajo como un sótano. Es increÃble que personas de veintitantos años ya tengan su espacio en el cementerio, sobre todo personas con mucho dinero ya tenÃan incluso su espacio ahà guardado. En fin, se me dio el llamado y me dijeron que iban a enterrar a esta persona en la parte de abajo en el sótano. Todo esto pasarÃa al dÃa siguiente, ya que la persona llevaba fallecida hace apenas unas horas de ese mismo dÃa, en lo que se hace su velorio, sus rezos iban a sepultarla el dÃa de mañana y se me dio como encargo preparar la lápida, preparar el lugar a grandes rasgos. Yo fui quité el candado, abrà esta cripta y empecé a meter mis utensilios y en determinado momento, sin que yo me diera cuenta, me encontré con una señora. Esta señora se encontraba en el sótano de esta cripta de pie, enfrente del lugar donde se suponÃa la persona que habÃa fallecido. I I iba a ocupar. Yo me sorprendà un momento, pero inmediatamente le pregunté si tenÃa algo que hacer ahÃ, si venÃa a chicar algo. Algunos familiares vienen al cementerio, a achicar los lugares, a checar cómo se iba a llevar a cabo el entierro. Pero ella no me respondÃa. Era una señora que creo incluso mayor que yo, como de algunos setenta y tantos años, pegándolo ochenta años, por su expresión, por su piel, por su forma de caminar, más o menos era lo que yo tanteaba en su edad. Ella no me dijo nada hasta después de unos minutos simplemente me dijo lo siguiente. A mà jamás me ha gustado este lugar. Siento que es muy oscuro y en este momento casi no veo nada. Le puedo pedir un favor. Cuando traigan el cuerpo, puede poner algo de luz, algo de velas, algo de antorchas por ambos lados de la lápida. Es un favor que se lo pido. PodrÃa yo le contesté que claro que sÃ, que no habÃa ningún problema y antes de que continuara la conversación, porque era más que obvio que esta señora era familiar de la persona que habÃa fallecido. Salió de la cripta, asà como súbitamente se habÃa metido y sin yo percatarme de que se habÃa metido. Ahora se habÃa ido. Yo estaba sorprendido, en cierto modo, porque cuando estaba haciendo los preparativos, recuerdo que habÃa quitado el candado de esta tumba. Con ese candado la puerta estaba cerrada. Con esto, nadie habÃa podido entrar claro. Una vez habÃa abierto la puerta. Fui al almacén, traje mis cosas y me metà y esta señora ya estaba dentro. Hay un margen de algunos cuatro minutos, cinco minutos, a no ser que esta señora me estuviera viendo desde la distancia. No hay una forma de que entrara tan rápido o al menos más rápido que yo en aquella ocasión. En fin, ya no le presté mayor atención a estos detalles y comencé a hacer mi trabajo. Al dÃa siguiente se llevó a cabo el entierro y, como se tiene de costumbre, el ataúd se encontraba abierto para que las personas se pasaran a despedir del difunto. Cuando yo me acerqué a este más que nada para cerrarlo y después meterlo a esta lápida que se encontraba en la pared y después sellarlo, me di cuenta que el cuerpo que se estaba enterrando en aquella ocasión era el de la señora que habÃa ido un dÃa antes a este cementerio. Era la misma, la misma cara e incluso llevaba la misma ropa puesta un vestido blanco muy formal, muy costoso. En ese momento caÃa en cuenta lo que me estaba pidiendo. Esta señora pasaba la ley de lo normal. Ella prácticamente vino a ver su tumba y a decirme que le colocara algo de luz. No sé qué es lo que pasa después de que morimos, pero hay algunas personas que tal vez nos soportan ese camino requieren algo de ayuda de los vivos y claro para que no se queden con la duda. Por supuesto que le puse luz a aquella, señora y espero que ésta le haya ayudado para pasar al siguiente plano, para hacer su recorrido y por fin descanse en paz. La siguiente historia nos recalca que, efectivamente, si obramos mal en esta vida o obramos bien eso repercute cuando dejamos esta vida, qué clase de futuro le depara a esas personas malas, a esas personas que le hacen el mal a otras tal vez nunca consiguen el descanso o tal vez todavÃa aún en el más allá, siguen cometiendo ciertas fechorÃas, siguen haciendo cosas malas, siguen asustando errando en el lugar donde se enterraron. Qué pasarÃa si esta persona más allá de obrar mal. También fue una bruja. Creo que es una receta para el total terror, sobre todo y sobre todo si a ti te toca cuidar aquella tumba y durante la noche, eso fue lo que le pasó a este sepulturero. Quiere saber su historia, pues la escucharás. A continuación. Mi nombre es Vianey Hernández y lo que les quiero contar a continuación le sucedió mi abuelo allá en la lejana década de los ochenta, mi abuelo durante un buen tiempo. Creo que desde los treinta años hasta que pudo fue sepulturero. Trabajó en tres cementerios diferentes. En estos tres desempeñaba varias obligaciones. Se podrÃa decir que era sepulturero y a la vez también velador del mismo cementerio. Era un velador que cada vez que alguien fallecÃa y era enterrado en este cementerio. Ãl desempeñaba las actividades de un sepulturero. Tristemente, mi abuelo dice que vio a muchas personas conocidas entrar al cementerio, algunas de avanza de edad y otras muy jóvenes. Pero la historia que les quiero contar a continuación sucedió en su primer desempeño como sepulturero en un cementerio. Este cementerio fue de su natal pueblo. Pero antes de comenzar la historia, les tengo que contar algo que sucedió antes de esto, para que sirva como una introducción de la misma verán en aquel pueblo. Mi abuelo y todos los habitantes de ahà conocÃan a una señora. Esta señora de nombre Silvia. Se decÃa que era una bruja, una bruja no particularmente de las buenas. De hecho, se decÃa que si tenÃas problemas con otra persona y querÃas hacerle mal, pero no un mal, podrÃamos decirlo un mal pequeño, algo ordinario. Esta no era la persona correcta. Silvia se encargaba de hacer conjuros o trabajos, pero trabajos muy pesados. Ese tipo de embrujos que le ocasiona mucho mal a sus vÃctimas, se ganó el desprecio del pueblo, aunque muchos de ellos no eran transparentes respecto a esto. Si bien casi en el pueblo no la querÃan, tampoco era como que la menospreciaran. Aparte, Silvia tenÃa dos amigas en el pueblo, dos amigas muy allegadas a ella. Estas dos señoras y Silvia eran amigas desde hace muchos años, pero al llegar cierta edad y también ciertos problemas, la amistad entre estas tres mujeres se disipó por completo. HabÃan salido enojadas. Las tres particularmente contra Silvia. Mi abuelo no puede dar detalles respecto a esto. Ãl no conoce al cien por ciento qué fue lo que pasó. Solamente chismes. Se decÃa que Silvia se habÃa metido con el esposo de ambas. Se decÃa que habÃa hecho unos trabajos en contra de ellas, etc. Etc. Muchas explicaciones, muchos chismes que se decÃan, pero lo que sà era evidente es que ya no eran amigas. Estas señoras no se comportaron muy bien con Silvia. Es más, empezaron a decir chismes de ellas. Muchos de estos se comprobaron que eran falsos. Empezaron a arruinar su reputación. Y esto les funcionó porque al paso de algunos tres años, cuatro años, habÃan infundido, por asà decirlo, un odio en contra de Silvia, que ahora en el pueblo ya no se le decÃa Silvia. Si no se le decÃa Silvia la bruja asà despectivamente. Incluso lo decÃan enfrente de ella, cosa que jamás pasaba anteriormente. Al pasar el tiempo, extrañas cosas le pasaron a estas dos mujeres. A una de ellas tristemente perdió a su esposo. No se sabe qué fue lo que lo atacó, pero se sabe muy bien que fue un animal. El cuerpo de su esposo fue encontrado a orillas del rÃo. Este habÃa fallecido debido a que habÃa perdido mucha sangre. TenÃa su ropa rasgada, varias mordeduras en todo el cuerpo y era imaginable que un animal salvaje o tal vez varios lo habÃan atacado. Por otro lado, la otra amiga de Silvia empezó a tener problemas, pero con su hijo, su niño, empezó a tener ciertas pesadillas, empezó a ver ciertas sombras, ciertos animales, que lo acosaban. Al grado de que este niño, un niño perfectamente normal, empezó a perder la cordura, fue a reclamarle varias veces a la misma casa de Silvia. Todo esto, incluso estas dos amigas llegaron hasta la agresión fÃsica. Pero al fin y al cabo, y para no hacer más larga la historia, esta amiga decide irse del pueblo, mientras que, por otro lado, la otra, la otra mujer que habÃa perdido su esposo, no soportó la pérdida y esto a la par de que no tenÃa niños, ella terminó por quitarse la vida. También no se sabe si ella se aventó o lo planeó todo, pero su cuerpo fue descubierto al lado del rÃo ya sin vida. No se sabe cómo ocurrió, pero se encontró más o menos a la misma distancia de donde se habÃa encontrado el cuerpo de su marido. Después de ver cómo es que habÃan acabado estas dos mujeres. No es difÃcil de pensar que todo esto, todas estas extrañas cosas que les habÃan pasado. Todo el pueblo pensó que esto era obra de Silvia, que ella de seguro les habÃa hecho trabajos y habÃan resultado. En eso. Cabe recalcar que Silvia no era conocida muy bien por ser una buena persona, asà que esto era fácilmente predecible. El tiempo pasó y con ello el desprecio de los habitantes hacia Silvia, si bien ya no eran tan despectivos como antes. Muchos de los habitantes la odiaban, pero también aún más le temÃan, le tenÃan miedo, no querÃan acabar como habÃan acabado sus amigas. Por ende, mantenÃan su distancia. Silvia seguÃa teniendo ciertos clientes, pero ya no se hablaba con nadie en el pueblo. Se dejó de ver en las plazas, en los lugares comerciales. Simplemente iba compraba la comida y se regresaba a su casa, una casa que, se tiene que decir, estaba muy apartada del pueblo. Los años pasaron y la vejez la llegó cada vez más a Silvia e inevitablemente un dÃa falleció. Pero como si su historia no fuera lo suficientemente tétrica o triste como se le quiera ver, su cuerpo no fue hallado hasta después de dos dÃas. Y esto porque los veladores se les hacÃa raro que no estuviera en su casa. Los veladores era, por asà decirlo, los únicos con los que tenÃa un contacto. Al hablar con personas del pueblo, ella les daba dinero y de paso, pues preguntaban cómo habÃa pasado la noche la tarde al momento de que estos veladores no la vieron salir de su casa, se metieron un poco a ella y el edor, el olor a descomposición de un cuerpo humano. Ese edor les pegó de golpe. Encontraron el cuerpo y dieron el aviso a las autoridades pertinentes y todavÃa se tardaron dos dÃas más en sepultarla. Mi abuelo estuvo presente cuando la sepultaron. De hecho, él fue quien la sepultó. Quienes estaban pagando al menos en un principio, no se reconocieron ni como primos, ni como hermanos, ni como primos lejanos tÃos. Nada de Silvia. SabÃan que eran familiares, pero mi abuelo nunca se enteró qué parte o de qué parte de la familia venÃan. Simplemente vinieron la enterraron en ese cementerio. Solamente dos personas estuvieron ahÃ. Nadie del pueblo. Quiso asistir. De hecho, algunos se alegraban de que habÃa fallecido. Su entierro fue algo muy pero muy muy humilde. Fue un ataúd de madera de los más económicos que vendÃa el carpintero del pueblo y ni siquiera tuvo lápida, tan sólo la aventaron tierra y escombros encima y una cruz de madera que tiene el nombre de Silvia y los años que habÃa vivido simplemente y es en este punto una vez dando esta introducción para que ustedes entiendan que comienza la experiencia que vivió mi abuelo desde la primera noche. Todo fue de mal en peor. Mi abuelo empezó a sentir miedo, un miedo que no sabe explicar él. Hasta ese momento ya llevo trabajando de sepulturero y también a la vez de velador. Algunos cuantos años, ya por lo que no era algo de él, algo común, tener miedo en la noche, tener miedo a salir a recorrer las tumbas, algo que claro cabe destacar era muy habitual. Ãl lo hacÃa de vez en cuando, incluso para estirar sus piernas. No era de estas personas que sobrepensaba todas las situaciones y creÃa que iba a haber fantasmas o demás cosas. No era de esas personas. Asà que, tomando su machete y tomando su linterna, empezó a recorrer las tumbas hasta que llegó a la tumba de Silvia, Y fue en ese preciso momento que la vio. Vio una silueta, la silueta de una mujer sentada sobre la tumba de Silvia, sentada en la tierra, sentada en el escombro que la habÃan echado. Esta silueta era muy evidente e incluso en la noche se le podÃa ver claramente, obviamente, me abuelo al querer al usarla, puso su linterna enfocada en aquella persona. Ãl pensó que alguien se habÃa metido al cementerio y más concretamente en la tumba de silvia, pues si ella es bruja, de seguro, algunas otras brujas en el pueblo querÃan hacer trabajos y pues, la tumba de una bruja es un buen lugar para empezar a hacer este tipo de trabajos. Pero cuando él intentó usarla, la linterna falló. Mi abuelo explica que era como si le faltaran baterÃas de un momento a otro. Simplemente no alusó nada, pero la silueta continuaba sentada y mi abuelo, en ese momento desenfundó el machete que tenÃa y al momento de que iba a acercarse, esta silueta se levantó y comenzó a caminar y a caminar. Pero al ponerle más atención. Mi abuelo se percató de que esta silueta de que esta persona cojeaba y cojeaba exactamente como lo hacÃa Silvia. Ella tenÃa un problema en el pie, por lo que su caminar era bastante caracterÃstico, un caminar que reconoció mi abuelo aquella noche. En ese momento, él caÃa en cuenta de que no está frente a una persona, no está frente a una aprendiz de brujerÃa. Ãl cayó en cuenta que está enfrente del fantasma de Silvia o de lente de Silvia. Ãl en funda de nuevo su machete y pasa a retirarse, pero cay en cuenta en algo. Mi abuelo es muy religioso y cree que él tenÃa el presentimiento de que nos podemos comunicar con los muertos e incluso de la manera más simple qué si habla. Mi abuelo se acercó de nueva cuenta al pasar algunas dos horas hasta la tumba de Silvia, no se acercó mucho, simplemente unos cuantos metros y le dijo lo siguiente mira Silvia. Yo no te voy a molestar ni quiero molestarte. Simplemente déjame hacer mi trabajo tranquilo. No me voy a acercar a la tumba, pero tú tampoco te tienes que acercar a mÃ. Yo te reso tu espacio y respétame el mÃo. Esto además de otras cosas que le dijo, obviamente todo con mucho respeto. Mi abuelo explica que dejó de ver aquella silueta, pero algunos dÃas la veÃa y otros dÃas no. Pero Silvia respetaba aquel trato que habÃan tenido. Cuando aparecÃa, lo hacÃa simplemente sentada arriba de la tumba y luego sin más desaparecÃa. Obviamente, mi abuelo esto se lo reservó. No se lo dijo a nadie ya habÃa solucionado, por asà decirlo, este problema con Silvia, asà que ya no le prestó importancia. Pero, por otro lado, el señor que vigilaba el cementerio durante el dÃa esto, él no lo sabÃa paz y resulta que alrededor de la tumba de Silvia estaba creciendo un cierto rosal con espinas, espinas muy grandes y muy filosas. Estaban enrollándose unas con otras y habÃan crecido en muy poco tiempo. HabÃan crecido mucho. Las personas que visitaban el cementerio en el dÃa se quejaban de esto más que nada, porque la tumba de Silvia se encontraba en uno de los sitios que era donde comúnmente pasaban más personas. Obviamente, muchas de ellas empezaron a espinarse, empezaron a reclamar y el guardia del turno del dÃa se puso manos a la obra. Fue a la tumba de Silvia y empezó a cortar estos rosales a punta de machete. Acabó con todos, los embolsó y después los tiró. No tenÃa ni idea de que habÃa cometido un gravÃsimo error, y es que al dÃa siguiente, cuando mi abuelo lo estaba esperando para cambiar el turno, este nunca llegó. En lugar de eso llegó su esposa y su hijo mayor. Parece ser que a este hombre lo habÃan atacado durante la noche, Lo habÃan atacado incluso cuando estaba dormido. HabÃa despertado con rasguños, algunos más profundos que otros, alrededor de todo el cuerpo, a su espalda, a su pecho, sus piernas, habÃa sido rasguñado completamente. Nadie se habÃa dado cuenta, ni sus hijos, ni su esposa, ni siquiera él mismo. Ãl simplemente argumenta que tan pronto él despertó los ojos, como lo hacÃa cada mañana, empezó a sentir un ardor y empezó a sentir un dolor incomparable en todo el cuerpo, un dolor aberrante en todo el cuerpo. Todos eran rasguños de lo que parecÃan ser uñas, uñas de un humano. Estaban reflejados. Se podÃa ver los cinco dedos de una persona humana, no de un animal. El hijo de este hombre se quedó a cuidar el turno. Pero claro, mi abuelo se quedó con él medio tiempo y le dio advertencia, una advertencia que el joven, por suerte, siguió al pie de la letra, y es no te acerques a esa tumba por más de que quieras o por más de que te tientes no te acerques a esa tumba? Por suerte, siguió este Consejo al regresar a este hombre. Mi abuelo se sinceró con él y le platicó todo lo que habÃa vivido durante la noche. Ambos llegaron al acuerdo de jan más acercarse de nuevo a esa tumba y asà lo mantuvieron. Incluso cuando los pagos de esta tumba se retrasaron y y mas mandaban a que se sacara el cuerpo, ellos dos se negaron a hacerlo. Es decir, si Silvia te arañaba durante la noche tan sólo por cortar sus rosales que crecÃan a un lado de su tumba, qué crees que esta brujarÃa si es que la sacaban. De ahÃ. Obviamente, esto nunca lo hicieron. A principios de los años noventa, este cementerio se movió muchos de los cuerpos, los cuales no habÃan pagado. Los familiares se tiraron a la fosa común. Mi abuelo nunca se enteró que fue lo que pasó después de esto con el cuerpo de Silvia, con su tumba, y es algo que también no se quiere enterar. Les. Mando saludos desde Coahuila. Gracias por escuchar mi experiencia, tales como el siguiente caso, en donde este cuidador nos relata, de que hay ciertas cosas que los difuntos quieren o, a lo mejor, no por decirlo quieren, sino es una necesidad para ellos tener ciertas actitudes con ellos en el cementerio, lo cual nos deja con la duda de que tal vez todas las personas que están ahÃ, sus almas, sus espÃritus, nunca se van del cementerio. Se quedan ahà penando y exigiendo este tipo de hombres un cierto trato. Quieren saber qué tipo de trato se los contarÃa A continuación este hombre o, mejor dicho, este cuidador tenÃa que llevarle algo a su tumba todas las noches sin excepción y el dÃa en que falló. Este trato está aterrado por experiencia. Se hizo realidad y hoy se las contaré o la comunidad de la cripta. Mi nombre es Jorge y la experiencia que les quiero contar pertenece a mi abuelo. Mi abuelo fue cuidador de cementerio allá en los años setenta en su natal pueblo. Ãl en ese momento estaba teniendo una familia algo numerosa. Por ende, tenÃa que tener varios trabajos. TenÃa trabajos durante el dÃa, asà como también uno, en concreto, durante la noche. Este trabajo lo habÃa conseguido y era como cuidador de cementerio. Ãl tenÃa alguien que le hacÃa guardia en cuestión. Eran dos veladores. Era él y su compañero, un hombre de edad ya adulta, mucho mayor que él. Este hombre le daba facilidades a mi abuelo, ya que sabÃa que trabajaba durante el dÃa que se pudiera dormir en la casilla. Mi abuelo se dormÃa por eso de las dos dos y media de la mañana hasta las seis y media. Claro esto, después le llevar a cabo todas las reglas, todo lo que se tenÃa que hacer en el cementerio antes de la medianoche. Se tenÃa que cerrar el portón. Se tenÃan que dar un par de rondines por los mismos caminos que se señalaban a la par de asegurarse de que no estuviera nadie dentro del cementerio o al menos nadie que no tuviera permiso estonado también a otros detalles que tenÃan. Pero lo importante es esto y es que él veÃa que su compañero de nombre refugio llevaba a cabo una nero extraña actitud durante cierta parte de la noche, Ãl notaba que a las doce de la noche él salÃa de su casilla con un vaso de agua en la mano y con una veladora en la otra refugio. Caminaba por todo el camino del cementerio hasta llegar a una tumba y sobre ésta ponÃa el vaso de agua y ponÃa la veladora y con la misma rapidez, se iba de aquella tumba. Esto lo llevaba a cabo todos los dÃas y pese a que mi abuelo se daba cuenta, la verdad es que no querÃa indagar sobre temas personales. Ãl creÃa que, a lo mejor se trataba de algún familiar, de refugio, tal vez de algún hermano de su padre. No sabÃa mucho de su vida, asà que prefirió no indagar más acerca del tema. Pero, por supuesto, mi abuelo dice que hubo algunas noches en las que él pasaba cerca de esta tumba y cada vez que pasaba cerca miraba de reujo sutilmente el nombre de aquella tumba y más caracterÃsticas que tenÃa el nombre que reposaba en aquella tumba. Ãl dice que no lo recuerda, pero que sà recuerda un detalle, y es que el número de años sobre esta tumba llamaba algo la atención, y es que era un periodo muy corto lo que hacÃa pensar que en esa tumba no reposaba ni un hombre ni una mujer, sino que reposaba un niño, un niño de diez años. Mi abuelo dice que vio los apellidos de este niño y, a pesar de saber el nombre completo de refugio, no hallaba similitudes, o sea, no habÃa pedido parecidos ni nada por el estilo, lo cual lo llegó a pensar que tal vez se trataba de un amigo, tal vez de un conocido, no le prestó más importancia y siguió haciendo su trabajo. Pasaron las semanas y llegó el dÃa en que Refugio le pidió un favor a mi abuelo y era que él iba a tener que salir fueras por temas familiares. Necesitaba que mi abuelo se hiciera cargo del cementerio tan sólo por tres dÃas. En esos tres dÃas, solamente lo que iba a hacer era cerrar el cementerio y abrirlo nuevamente a la mañana siguiente. Ãl dijo que si no podÃa hacer todas las tareas que comúnmente hacÃan, que simplemente hiciera la mitad, porque sabÃa que llegaba cansado. Pero lo que sà le pidió Refugio a mi abuelo es que no se olvidara de llevar el vaso con agua y la veladora hasta aquella tumba. Recuerda muy bien que lo guió y le dijo precisamente dónde ponerla y que solamente la pusiera que asà con la misma energÃa, se regresara hacia la casilla. Mi abuelo no preguntó por qué simplemente acató la orden. Pasaron los dÃas y todo fue de lo más normal, porque mi abuelo siguió las instrucciones los dos primeros dÃas llevó a cabo todas las tareas y llevó este vaso con agua junto con su veladora hasta aquella tumba. Pero llegó el tercer dÃa mi abuelo habÃa tenido una mañana muy agotada. HabÃa estado trabajando en una construcción y habÃa estado trabajando al sol cargando sacos de cemento de block transportándolos y también trabajando en la obra. HabÃa salido aproximadamente a las cuatro y media cinco de la tarde y se fue a presentar al cementerio. Por eso, de las diez de la noche llevó como de costumbre todas las tareas, cerró el portón. Checó todos y cada uno de los lados del cementerio, cada rincón de éste, se aseguró de que estuviera solo. Pero se lo olvidó algo muy importante y era que no habÃa llevado el vaso de agua ni la veladora hasta aquella tumba. Se le olvidó simplemente del cansancio que tenÃa. Ãl llegó el a casille. Se sentó un rato y no es como si se le haya olvidado, porque tenÃa en cuenta de que tenÃa que llevar esta veladora y esta agua a medianoche a las doce y él, por más que luchó contra el sueño. Se quedó dormido. Por eso de las once cuarenta sentado adentro de la casilla, pero no pasó mucho tiempo, cuando a mitad de la madrugada lo despertaron por toques en una ventana y en una puerta, tocaban y tocaban y cuando él finalmente reaccionó, observó que se trataba de la puerta de la casilla. Le estaban tocando la puerta y no era un sonido del viento. Eran los toques como los que darÃa una persona rÃtmicos una y otra y otra vez los hacÃan mi abuelo. Si bien se despertó con sueño, pensó un poco a ver yo acabo de dar el rondÃn en el cementerio. Estoy solo pensó entre él. Las puertas están cerradas con candado. No es posible que una persona estuviera aquà conmigo. La persona que está tocando la puerta se tubó cabeza, brincado la barda o estar oculta en algún lugar. Para este momento él tenÃa cierta desconfianza, asà que tomó una pala y no abrió la puerta, sino que se fijó por la ventana de ésta. Recorrió la cortina y lo que vio es que del otro lado habÃa un niño, pero no un niño normal. Era un niño con un aspecto terrorÃfico putrefacto, un aspecto muy tenebroso y podrÃamos decirlo involuntario, porque el niño simplemente lo miraba. Lo miraba con una cara de desconcierto, no con una cara de maldad, pero los ojos de este niño eran completamente blancos. Su piel también de un tono grisáceo, pero de un grisáceo enfermizo. Estaba muy bien vestido. Eso sÃ, pero tan sólo por el aspecto. Mi abuelo decidió no salir de la casilla. Ãl le preguntó qué era lo que querÃa, por qué él estaba tocando. El niño lo continúa mirando y le pide, por favor, un vaso de agua que él necesita un vaso de agua, que tiene mucha. Sed Mi abuelo asustado porque ve claramente que el cuerpo de este niño se está desgastando. Ãl explica que era como hablar con un cadáver. Prácticamente le dice que no, que no tiene agua y que lo siente mucho, pero no puede ayudarlo. No espera una respuesta del niño. Ãl cierra de nueva cuenta la cortina y se sienta otra vez en la casilla mirando la ventana. Tan solo en algunos dos parpadeos ve que el niño lo sigue mirando esta vez a unos metros de distancia entre las tumbas. Pero ahà está ese niño lo sigue observando entre la negrura de los árboles y las lápidas. Esta tensión y aquel niño observándolo duró cerca de dos horas. Este niño para nada se fue él lo siguió observando y estaba más que claro que pretendà estar ahà toda la noche. Mi abuelo, en ese momento se da cuenta del enorme error que habÃa cometido. Temblando con un terror profundo, él va llena el vaso con agua, prende la veladora y sale lentamente de la casilla, para cuando él sale novia al niño por ningún lugar se ha movido del lugar donde estaba. Ha desaparecido. Mi abuelo comienza a caminar por aquellos caminos de tierra, entre las cruces, entre las lápidas. Va con un terror inmenso. Ãl dice que, debido a el miedo que tenÃa iba temblando, iba tropezándose tanto asà que habÃa llenado el vaso y cuando llegó la lápida ya se encontraba con la mitad del agua. HabÃa tirado una buena parte durante el camino. Ãl puso el agua, puso la veladora y se fue rápidamente corrió y corrió hasta que llegó a la casilla. Una vez que llegó a esta, se encerró y no volvió a salir. Durante toda la noche, este niño no volvió a tocarle la puerta ni volvió a manifestarse, por lo que quedó del turno. Al dÃa siguiente llegó su compañero refugio y él se encargó de llevar el vaso y la veladora. Aquella noche, mi abuelo no le preguntó nada. Es más, él asumÃa que aquel niño no era ni pariente, ni amigo ni nada cercano a refugio. Posiblemente, lo único que pasó es que este niño se le manifestó de igual manera que a él y que refugio, para su buena suerte, habÃa encontrado la manera para que ese niño no saliera de su tumba después de ese dÃa y sin fallar ninguno jamás ni mi abuelo ni refugio volvieron a olvidar llevar ese vaso con agua y veladora hasta aquella tumba. Esa fue la experiencia de mi abuelo, pero les haya gustado esta primera historia. Por ejemplo, me recuerda mucho a una que ya conté en estos cementerios pueden ser enterrados niños, adolescentes, adultos, jóvenes y también ancianos. Por lo que refieren esta historia, que qué pasarÃa cuando un niño que tiene mucho por vivir es enterrado. Algunas personas que han pasado por estas experiencias dicen que a veces el alma no se va como comúnmente se cree, Y es porque tal vez parte de su familia, tal vez hermanos o padres, no lo dejan ir. Tampoco mantienen su presencia aquà y eso puede ser una tortura para el alma. Esta historia creo que nos hará reflexionar un poco sobre cómo dejar ir a nuestros seres queridos. Mi nombre es Gustavo Aguirre. Mi experiencia comienza de la siguiente manera. En los años dos mil yo habÃa cumplido cerca de veinticinco años y, como todo joven adulto, empecé a buscar trabajo, por lo que lo encontré era un trabajo de sepulturero y también de vigilante de cementerio. Era el mejor salario que podÃa conseguir y, además, solamente querÃa su trabajo por un cierto tiempo, en lo que encontraba algo mejor. Cuando entré a trabajar aquà conocà a otro hombre de nombre Hilario. El ario llevaba más tiempo trabajando ahà que yo. Ãl tenÃa cerca de cincuenta años y tenÃa más ya de una década trabajando en ese cementerio. Por lo que todo se sabÃa al dedillo para mi mala suerte. Cuando entré a trabajar ahà solamente pasó un mes y tuve que hacer mi primer entierro. Este entierro era particularmente doloroso, ya que el que estábamos enterrando era un niño. Pequeño tenÃa el caso algunos nueve diez años. Obviamente, los padres estaban destrozados. También todos los familiares. Bajamos al niño mientras que todos se iban y empezamos a echar la tierra. El entierro se llevó a cabo durante el mediodÃa, por lo que, una vez terminando los labores, nosotros nos regresamos, ya que a las once PM comenzaba nuestro trabajo como veladores. Hilario y yo éramos los sepultureros de aquel cementerio, por lo que era menester estar presentes en todos los sentidos que habÃan. Cuando llegamos a las once pensamos que iba a ser una noche normal a excepción claro de que habÃa una nueva tumba en el cementerio, la tumba de un niño pequeño. Yo empecé a hacer mi rondÃn, como comúnmente lo hacÃa, pero cuando pasé sobre aquella tumba, escuché un sonido provenir de ésta. Eran alrededor de la una de la mañana. Cuando empecé a escuchar golpes golpes como de un puño contra la madera y también gritos un llanto, un llanto de un niño proveniendo desde aquella tumba. Esto me llamó mucho la atención por lo que me acerqué. Y efectivamente, todos los sonidos venÃan desde aquella tumba. Era como si un niño se encontrara atrapado en ella. Lo primero que se me vio la mente y creo que, como muchos pensarán, es que se habÃa cometido un error que, como aquellas populares leyendas como algunos casos aterradores en cientos de cementerios del pasado, habÃamos enterrado a una persona con vida. Rápidamente fui y agarré una de las palas, ya que recientemente le habÃamos echado tierra a esa tumba y sin pensarlo dos veces comencé a desenterrar aquella tumba mientras le gritaba Hilario, le gritaba una y otra y otra vez Hilario, Hilario, ven aquà cometimos un error. Cometimos un error. Ayúdame a desenterrarlo. Hilario vino y ni siquiera fue cuestión de que yo se lo repitiera dos veces porque él mismo escuchó los lamentos y los golpes que provenÃan de la tumba. Rápidamente se sumó a mà y empezamos a desenterrarlo. No tardamos mucho al caso, por muy exagerado algunos tres minutos hasta que llegamos al ataúd. Una vez llegamos al ataúd, empezamos a dispersar toda la tierra. Lo abrimos inmediatamente y al momento de abrirlo aquel llanto, aquellos golpes que sentÃamos incluso la vibración cuando estábamos encima de él, cesaron de inmediato. Nuestra expresión en la cara cambió abruptamente de desesperación a un completo terror, ya que al abrir el ataúd, el niño no se encontraba con vida. Era el cuerpo de un niño sÃ, pero reposando con los ojos cerrados sin moverse en la misma posición en la que lo habÃamos enterrado en ese momento. Caigo en cuenta que esos accidentes si eran muy comunes, pero en antaño ahora ya no. A casi todos los cuerpos se les hace la autopsia y también pasan por otros procedimientos. Por ende, es muy raro. Es casi imposible que entierren a una persona viva, al menos en estos años. Yo volteo veo a Hilario y no es necesario que digamos nada. Ãl simplemente me ve y me dice tenemos que echarle tierra. Otra vez empezamos de nuevo a echarle tierra al ataúd esta vez sin escuchar ni un solo ruido proveniendo de este. Cuando terminamos volvimos a nuestra caseta y estuvimos platicando de qué podÃa haber nacido. Obviamente, no era algo de nuestra cabeza. Los dos habÃamos escuchado lo mismo. Tal vez el último respiro antes de partir que ese niño habÃa hecho tal vez aún no sabÃa ni siquiera que ya no se encontraba con vida. Decidimos seguir con nuestro trabajo, pero les tengo que adelantar que esto nos fue imposible porque cada vez que pasábamos cerca de esa tumba, escuchábamos el sonido, los golpes, el llanto, los gritos de auxilio de ese niño todas las noches, sin descanso alguno. Cada vez que pasábamos se escuchaba ese ruido y estos sonidos, como lo repito, duraron alrededor de un mes completo. Tanto asà que habÃamos adoptado mejor por por dar un rondÃn a medias, Es decir, nos dabamos un rondÃn por una parte del cementerio, tal vez por una gran parte, casi la mitad de este. No querÃamos pasar cerca de aquella tumba, no querÃamos escuchar ni siquiera de lejos los sonidos que este atormentado niño hacÃa. Francamente, yo me estaba desesperando, ya que en algunas noches yo no querÃa ir a trabajar. Precisamente por esto hasta que un dÃa para nuestra buena suerte, Hilario contactó con un sacerdote le platicó todo por lo que habÃamos pasado y este a la noche siguiente se presentó en el cementerio. Lo guiamos hasta la lápida de aquel niño. Parece entonces ya le habÃan construido una lápida de concreto una cruz también y la foto de este reposaba en el centro. El sacerdote empezó a dar sus oraciones, empezó a rezar por él tardó, creo que alrededor de algunas dos horas, y después de esto tocó la foto del niño y le empezó a hablar como si estuviera vivo. Le dijo que él tenÃa que descansar, que tenÃa que seguir su camino. Le dijo que sus padres iban a estar bien y muchas otras cosas más que podrÃan caer en lo personal para el niño a grandes rasgos, el sacerdote lo despidió y cuando fuimos a dar nuestro rondÃn nuestra sorpresa de que a lo lejos se escucharán los golpes. Esta vez ya no lo escuchábamos. De hecho, por mera curiosidad, tanto hilario como yo nos fuimos acercando cada vez más a la tumba y cada vez más y cada vez más al grado de llegar enfrente de ella. En esta reposada silencio no se escuchaba nada y por los siguientes dÃas y hasta el momento en que abandoné aquel cementerio, la tumba reposó en silencio. El niño por fin habÃa descansado en paz el sacerdote. Al terminar, nos dijo que era uno de sus casos en los cuales la persona que fallece no se quiere ir. Hay algo que lo ata y no solamente ser sino también sus parientes vivos. Muy seguramente sus padres no lo dejen ir todavÃa. TodavÃa piensen mucho en él y todavÃa lo quieren tener con ellos mediante recuerdos. Esto es algo obvio. A final de cuentas, se trataba de su hijo, pero que, como todo, tiene un fin, los padres también tenÃan que soltarlo. Ya se habÃa ido del cementerio, pero también el sacerdote nos dijo que habÃa una gran probabilidad en que este niño todavÃa estuviera en su casa, todavÃa no alcanzara el descanso eterno. Esa fue mi historia. Gracias por escucharla. Saludos a toda la Comunidad. De igual manera, pertenece a un cuidador de cementerio, el cual, tal vez por pecar de buena gente, quiso hacer una buena obra para los difuntos que acababan de llegar al cementerio. Se acabó de llevar un sepelio, un entierro, y este cuidador quiso tener ciertos tratos con las cosas, con los regalos que habÃan dejado en las tumbas. Como dice el dicho, no hagas cosas buenas, que parezcan malas y, al parecer, estos difuntos creyeron que les estaban robando. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Carlos y en esta ocasión les quiero contar una experiencia que no solamente me pasó a mÃ, sino que también a mi hermano. Anteriormente, cuando éramos jóvenes, mi hermano y yo éramos unas personas que eran inseparables, éramos, como popularmente se dice, uña y mugre, procurábamos siempre estar juntos y nos pasó tanto en la primaria secundaria e incluso en los trabajos. Cuando estábamos en nuestros veinte y tantos, acostumbramos a tomar el mismo trabajo del otro, es decir, cuando uno entraba a trabajar igual el otro en el mismo trabajo por lo regular en la misma aula. Esto se repitió varias veces y de cierta manera nos gustaba, aunque claro llegó el dÃa en que uno de nosotros, más concretamente él, consiguió un empleo, un empleo en el cual era muy bien pagado. Era nocturno y, para mi buena suerte, no solamente ocupaban uno, sino que eran dos. Mi hermano no perdió la oportunidad en invitarme y asà fue como ambos empezamos a trabajar como cuidadores de Cementerio. PodrÃa decirse que es un trabajo que no cualquiera puede hacer, pero en verdad yo creo que es un trabajo que es muy sencillo. Si no eres muy susceptible. Muchas personas, cada vez que van al Cementerio dicen ver cosas, ver almas, ver sombras en lo particular, Nosotros dos no éramos asà y mientras estuvimos trabajando ahÃ, todo estuvo de lo más normal, a no ser de una o dos noches en las cuales sentÃamos una extraña vibra. Pero de ahà en fuera, la verdad es que nada sobrenatural, al menos nada hasta que nos pasó esto. Recientemente, en el cementerio se habÃa llevado una sepultura. Esta sepultura era de parte de una familia. En aquellas sepultura se habÃan enterrado dos cuerpos A la vez eran los cuerpos de dos adolescentes, o más bien un adolescente y una niña. Este niño contaba con apenas trece años y la niña apenas con nueve. No les voy a mentir. No indagué más acerca del tema, asà que no sé si sean hermanos, si eran primos o amigos. El caso es que los dos habÃan fallecido al mismo tiempo y en sus tumbas, como si fueran amigos inseparables, los habÃan enterrado uno al lado del otro. La ceremonia habÃa pasado, todas las personas se habÃan ido y el cementerio, como es de costumbre a las nueve y media diez de la noche, se tenÃa que cerrar. Desalojamos a todas las personas, cerramos el pollo y empezamos a hacer nuestras tareas, ya que éramos cuidadores, pero del torno nocturno. Al pasar por estas tumbas, obviamente se podÃan ver todos los regalos, todas las flores que a estos niños les habÃan dado, todos sus familiares, todos sus amigos. Y entre estos regalos, mi hermano y yo vimos dos osos de peluche, uno azul que estaba sobre la tumba del niño y otro rosa que estaba sobre la tumba de aquella niña. Estos dos osos. A excepción de los demás regalos que habÃa, no tenÃan ningún tipo de protección, es decir, no venÃan empacados, no venÃan en bolsas, no tenÃan nada que los protegiera del medio ambiente. Y, para mala suerte, en esa noche se escuchaban truenos, se escuchaba el viento y estaba empezando a caer pequeñas gotas de lluvia. Ambos tuvimos la idea en tomar cada uno un oso de peluche y meterlos en la casilla en la que nosotros estábamos cuidando. Tengo que aclarar que esto no era como para robarlos ni nada por el estilo. El caso era que no estaba nada protegidos y eran unos peluches recién comprados. Nuestro plan era meterlos y una vez que la lluvia hubiera pasado, una vez que la tormenta se hubiera calmado, nosotros lo Ãbamos a sacar nuevamente a las lápidas de los niños. Todos los demás regalos estaban empaquetados o tenÃan una caja de plástico, asà que no le vimos ningún caso en meterlos. A excepción de estos dos regalos, lo hicimos, los llevamos a la casilla y fue en este punto en que las cosas extrañas empezaron a hacer suceder. Estaba lloviendo levemente, muy tenue Nos habÃamos puesto las chamarras. Estábamos vigilando toda aquella Necrópolis con solamente la luz de la linterna y la luz de la luna como nuestra ayuda. Como es de costumbre cada noche, nosotros nos separamos asÃ, cubrÃamos más espacio y hacÃamos los rondines en cuestión de minutos. Pero pasó algo extraño y es que tanto mi hermano como yo empezamos a percibir a escuchar ciertas pisadas que venÃan detrás nuestro. Al mismo tiempo, a mà y a él era como si alguien pasara corriendo por atrás de nosotros. Eran pisadas pequeñas y muy rápidas. Yo volteo ennumerosas veces, pero no logré ver nada. Al igual que él, empezaba a usar con la linterna, pero era imposible ver algo. Llegamos a punto donde siempre nos encontrábamos y ambos habÃamos vivido lo mismo. Esa era la primera ocasión que nos pasaba algo sobrenatural en el cementerio. No quisimos prestarle más atención a esto y decidimos volver a la casilla. Una vez cuando volvimos y estábamos platicando dentro de esta, el cementerio estaba vacÃo no habÃa forma alguna de que alguien tocara la puerta y se hubiera ido corriendo. No habÃa luz en todo este, como es posible que una persona se moviera con tal facilidad y con tal rapidez entre las tumbas, entre la oscuridad, sin ser notada, sobre todo porque estaba lloviendo todo, estaba resbaloso la arena, el piso de cemento. Decidimos salir otra vez, esto más que nada porque tocaba otro rondino. Pero esta vez que salimos no solamente escuchamos algo, sino que esta vez también lo vimos ambos. Mientras estábamos caminando, mientras nos habÃamos separado, nuevamente vimos las siluetas de dos niños correr entre las tumbas. Más concretamente, yo vi a una niña y era una niña fácilmente distinguible por su pelo largo, por su vestido, mientras que mi hermano vio a un niño, un niño vestido con un traje azul, corriendo escabulléndose como les dije anteriormente, yo y mi hermano no somos tan creyentes en lo sobrenatural y al ver esas siluetas, lo último que se nos pasó por la cabeza es que eran fantasmas. SÃ, aunque suene bastante loco, lo que hicimos fue perseguir a estas siluetas porque, siendo honesto, se veÃan como personas de carne y hueso, no se veÃan como espÃritus, sino se veÃan como un par de niños. Corriendo de los adultos. Comenzamos a perseguir las siluetas y yo perdà de vista a esta niña una vez que llegó a un sitio. Mi hermano igual periodo de vista a aquel niño en el mismo sitio en el cual yo habÃa perdido de vista a aquella niña. Pero no era coincidencia. Esto tenÃa una explicación y fue tan sólo de ver las tumbas en donde estos niños o mejor dicho a donde estos niños nos habÃan guiado. Estábamos de frente a aquellas dos tumbas llenas de regalos, esas dos tumbas que acababan de ser puestas y que en ellas reposaban la fotografÃa, el nombre y los años que habÃan vivido de aquellos dos niños. Por la fotografÃa que tenÃan. No era difÃcil de deducir por la vestimenta y por los rasgos que los que habÃamos correteado aquella noche eran aquellos dos niños. La pregunta aquà es el por qué jamás habÃamos tenido una experiencia similar. Aunque la solución que le buscamos fue bastante simple, funcionó. Fuimos a la casilla, tomamos aquellos dos osos de peluche, los volvimos a poner cada uno en su respectiva tumba y los niños no volvieron a molestarnos ni esa noche ni ninguna otra. Gracias por escuchar mi experiencia. Saludos desde querétaro apuesto que cuando éramos niños no veÃamos en peligro como lo vemos ahora. Es decir, cuando éramos niños, podÃamos estar jugando en un lugar en el cual a legua se podÃa ver era peligroso. Cuando éramos niños, podrÃa decir que éramos mucho más gallardos, mucho más valientes. O también bien no mediamos el peligro de las cosas, tal como esta siguiente experiencia sobre unos niños que estaban jugando cerca del cementerio y gracias a las infinitas historias que este cuidador les contaba, pudieron salvarse de vivir una experiencia sumamente atemorizante. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Antonio Lozano. La experiencia que les voy a compartir sucedió en mi niñez Allá en mi pueblo natal. Sucede que cuando yo era niño, yo y mis primos, también con un grupo de amigos, nos gustaba jugar mucho al fútbol. Creo que a muchos chicos en México es el juego por excelencia y también es muy normal en los ranchos. Nuestro lugar preferido para jugar al fútbol era enfrente del cementerio. Y no era porque nos gustaba estar enfrente del cementerio porque creyéramos en lo paranormal, sino es que el cementerio estaba rodeado por calles muy anchas, hechas de tierra. Estas calles eran parte del camino principal del pueblo era donde terminaba. Por lo tanto, eran unas calles muy pero muy grandes y casi por ahà no pasaban coches, además de quedar también muy cerca de nuestras casas, por lo que, en lugar de ir a jugar a las canchas, decidÃamos jugar en esta calle, en la que sabÃamos que muchos autos no pasaban. El cuidador de este cementerio era un anciano, un anciano muy querido en el pueblo y también que nos llevábamos muy bien con él. Se llamaba Marcelo. Todos nosotros le decÃamos Don Marcelo. Era un viejito que yo recuerdo tal vez tendrÃa algunos ochenta y siete años, ochenta y seis y durante mucho tiempo de su vida fue cuidador de cementerio. De vez en cuando platicábamos con él, cuando el sol ya se estaba poniendo y tenÃamos que regresar a nuestras casas. A veces nos contaba historias que le pasaban en el cementerio. Ãl solamente era cuidador durante el dÃa, pero por eso de la medianoche él se iba. Les quiero plantear que este es un cementerio de rancho, por lo que no habÃa suficiente dinero del municipio para darle un mantenimiento adecuado a este. La barda de atrás del cementerio estaba muy baja. Algunos pedazos de ésta estaban sin construir. También habÃa habido una tormenta y, por lo tanto, esa tormenta habÃa tumbado un árbol. Este árbol habÃa caÃdo sobre una barda de este cementerio y conforme fue pasando el tiempo. El peso del árbol fue acabando con la barda hasta que finalmente le hizo un enorme agujero a ésta. Como imaginarán, dentro de este cementerio se podÃan encontrar a veces velas negras objetos de budu fotografÃas. Obviamente, todo esto debido a la brujerÃa que se realizaba cerca del cementerio o adentro de éste. Muchos de nosotros sabÃamos esto, y es por eso que las historias de este cuidador eran muy bien recibidas por nosotros, ya que nos encantaban las historias de miedo él. Ãl nos decÃa que ver siluetas, escuchar voces a la lejanÃa, siluetas tanto de mujeres como hombres, caminando entre las tumbas una vez que el sol se haya ocultado. Es normal, pero de hecho, esto no le preocupa tanto a él, ya que solamente son almas que están penando o que, de alguna u otra manera todavÃa no acceden a ese descanso eterno que elementalmente obtienen todas, sino que lo que a él más le proporcionaba escalofrÃos mientras estaba cuidando. Eran aquellos entes que toman la forma de algo inocente para atraer a las personas, como a él le pasó muchas veces. Resulta que durante el tiempo que estuvo ahÃ, fue engañado por estos entes que adoptaban la forma de niños para conseguir atraerlo a un lugar en donde lo iban a amedrentar. Le pasó dos veces. Ãl nos contó que en una ocasión vio una niña jugando en el cementerio, pero no la vio de una forma fantasmal, sino todo lo contrario. Pensó que era una niña de carne y hueso. Esta niña lo llamó diciéndole que estaba perdida y que no sabÃa cómo salir del cementerio. A este hombre por obvias razones, por educación, él le tiene mucho cariño a los niños, más que nada, porque le recordaba a sus nietos al ir hacia donde estaba esta niña, esta de la nada desaparece y luego lo tumban, pero no le empujan, sino es que lo agarran de los pies, como si algún tipo de manos hubieran salido de la tierra, lo hubieran agarrado y lo hubieran tumbado en el suelo del cementerio. Estas manos tenÃan garras porque lo rasguñaron, lo rasguñaron de toda la parte inferior de sus pies. Las espinillas, los muslos, todo eso eran arañones. Mientras escuchaba las risas de diferentes niños a la distancia, como pudo, él se levantó y corrió de nuevo hacia su sitio de vigilancia. En otra ocasión, a él le tocó escuchar el llanto de un bebé. Este llanto venÃa de la parte del cementerio donde se habÃa caÃdo el árbol. Ãl siguió el llanto y una vez que se encontraba tan cerca de él como para poder captar de donde venÃa, era más que claro que provenÃa de las ramas del árbol. Una vez que él se acercó lo suficiente. Salieron muchos murciélagos que lo atacaron, lo arañaron, lo intentaron morder. Ãl, como pudo de nuevo corrió y se metió de nuevo hacia su sitio de vigilancia, que era una caseta de madera. Mientras estaba peleando con los murciélagos corriendo, escuchaba las risas de los niños al fondo del cementerio. Desde que le pasaron estas dos experiencias, aquel cuidador del cementerio unos dijo que, por más que viera niños, por más que viera perros, incluso porque adoptan varias formas, él no salÃa. Ãl no se acercaba, ya que sabÃa que era uno de esos entes tomando la forma de algo para atraerlo hacia otra trampa. Segura Sucede que cuando nos contó esta historia, yo y un amigo que se llama Pablo, estábamos con él. La mayorÃa de nuestros amigos y familiares se habÃan ido para este entonces, por lo que esta última historia se nos quedó muy bien grabada. Tanto asà que, a pesar de que pasaron los meses, no lo olvidamos y fue asà como llegó un veinticinco de diciembre. Creo que fue un veinticinco o un veinticuatro. No estoy muy seguro, pero el caso es que en los ranchos se celebran los dos dÃas, al igual que el dÃa treinta y uno y el dÃa primero. Sucede que muchos de mis tÃos de mi familia vinieron a visitarnos. Obviamente, con ellos vinieron mis primos más familiares y en aquella noche de fiestas, en donde habÃa música, habÃa celebraciones y reuniones en cada esquina del pueblo, decidimos que irÃamos a jugar hacia enfrente del cementerio. Solamente Ãbamos a jugar Por eso de una hora y media y además, el cementerio nos que daba a dos cuadras. Asà que nuestros padres y tÃos ambientados en la fiesta, en el convivio, nos dieron permiso, no nos vieron nada malo. Cuando llegamos a la calle, empezamos a jugar. Obviamente, no estábamos solos. Los vecinos de enfrente ya nos conocÃan y ellos también estaban en una reunión e incluso algunos niños de esa reunión familiar salieron a jugar con nosotros, por lo que no quiero que piensen que estábamos solos en aquella calle. Además, habÃa más celebraciones en la calle continua y a un lado del cementerio, también por lo que habÃa personas, habÃa adultos muy cerca de nosotros. La calle estaba muy bien iluminada, pero claro, el que estaba sumergido en una oscuridad absoluta era el cementerio nosotros empezamos a jugar como cualquier otro dÃa debido a la noche a que éramos como cerca de dieciocho niños entre todo el desorden, entre toda la bolla. Como se dice, pateamos el balón mal y este cayó adentro del cementerio. Para este entonces, obviamente, el cuidador ya se habÃa ido. No habÃa nadie adentro del cementerio. El balón habÃa quedado la vista. Lo podÃamos ver desde afuera y podÃamos entrar por aquel hueco el cual el árbol habÃa tumbado. Dos de estos niños entraron. Pensamos que iba a ser rápido. A final de cuentas, solamente tienen que entrar, tomar el balón y salir nuevamente, pero pasaron los minutos y estos niños no salÃan. Yo entré al cementerio en compañÃa de Pablo y otros dos niños la mayorÃa de estos habÃa quedado afuera más que nada para que los adultos no se dieran cuenta de que estábamos entrando al cementerio, ya que estaba prohibido eso empezamos a gritar, empezamos a llamar a los otros niños que dónde estaban. Ya no veÃamos el balón por ningún lado, y tampoco a ellos. En eso los vimos a la distancia, porque ellos nos gritaron de vuelta. Ellos nos dijeron acá estamos. Estamos consiguiendo el balón, pero cómo que consiguiendo. Yo les repliqué que el balón no estaba aquà tirado. Y lo que ellos nos contestan, tanto a Pablo como a mÃ, nos deja con la piel de gallina y con un escalofrÃo recorriendo nuestro cuerpo, ya que lo que estos niños nos contestan es que unas niñas habÃan agarrado el balón y se lo habÃan llevado corriendo, que ellos las habÃan estado persiguiendo, pero que éstas se detenÃan y otra vez corrÃan. Cuando ellos iban aproximando, estaba más que claro que los estaban dirigiendo hacia un lugar tal como le habÃa pasado a aquel cuidador de cementerio. Lo único que a mà se me ocurre en ese momento es gritarles que se detengan, que se detengan inmediatamente, que esas no son niñas, que esas son brujas. Y por qué decidà decir las brujas fi esto es fácil, por qué en aquel pueblo se sabÃa muy bien de la existencia de brujas y a todos nosotros sobra decir que les tenÃamos un miedo, un pavor aberrante hacia ellas, ya que cada vez que desaparecÃa un niño o un hombre, siempre se le atribuÃa a las brujas Y a su brujerÃa, por lo que estos niños y yo también junto con ellos, salimos del cementerio que hacÃan puntitas para que no se dieran cuenta de nuestros sonidos, pero también muy rápidos. Creo que ni cuando jugábamos ni cuando corrÃamos, lo hacÃamos tan rápido como en aquella noche decidimos volver a la calle y meternos a una de las celebraciones de los vecinos. Cuando nos preguntaron que por qué nos habÃamos metido, nosotros les respondimos que el balón se nos habÃa ponchado. A todo esto enra una de las las casas nos dan un valor nuevo. Pero en esta ocasión decidimos ir a jugar hacia las canchas, unas canchas que se encontraban muy lejos, casi en el centro del pueblo, pero era más seguro eso que estar en las calles a un lado del cementerio pasaron los dÃas paso año nuevo y a principios del año los primeros dÃas volvà a pasar cerca del cementerio. De hecho, ya no jugábamos ahÃ. Después de lo que habÃamos vivido, me encontré de nuevo con aquel cuidador, el cual me saludó y me dijo se les perdió algo verdad. Mientras me decÃa esto, sacaba de atrás de su espalda el balón que se nos habÃa perdido. Este estaba marchado y tenÃa unas marcas de garras alrededor. El cuidador de cementerio me preguntó que por qué le habÃa dejado ahÃ, que qué habÃa pasado aquella noche. Yo sÃ, lo platiqué todo al lujo de detalle y el por qué mejor opté por salir corriendo con mis amigos que seguir a aquellas extrañas niñas. Ãl me dijo que hice lo correcto, pues aquellos entes no distinguen y hacen daño por igual tanto a hombres, mujeres y niños. Después de esto, jamás volvà a acercarme al cementerio, sobre todo en especial cuando caà a la noche. Diferentes personas de diferentes religiones son encontradas en los cementerios. A final de cuentas, no importa religión que tengas o la creencia que tengas. Siempre terminas o en la mayorÃa de ocasiones bajo tierra. Algunas de esas tumbas suelen ser muy poco comunes con un diseño exótico, por asà decirlo, y en una de estas, este cuidador se metió durante la noche explorando tal vez por mera curiosidad. No estaba pasando por un buen momento en su vida y lo que vio ahà lo que lo rescató de esta podrÃamos decirlo profunda depresión fueron un par de luces, ese par de luces que provenÃan desde abajo, desde la tumba del fallecido o, mejor dicho, del cadáver. Más pronto que tarde se darÃa cuenta que esas luces no eran lo que él creÃa. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Ana Cristina, y quiero contar la experiencia de mi hermano. Hace tiempo veo que tocaste el tema de los cementerios y creo que esto viene como anillo al dedo a una experiencia que a él le pasó hace mucho tiempo atrás, ya hace muchos años atrás. Ãl era joven. De hecho, fue de sus primeros trabajos. A él le pasó una experiencia que jure y perjura. Y es más, todos en la familia le creemos ya que aquella noche, cuando llegó, no fue el mismo y durante mucho tiempo, durante algunos meses no lograba conciliar. El sueño tenÃa pesadillas una y otra y otra vez hasta que finalmente logró superar este trauma. Hubo una temporada muy fea en mi familia. Mis padres ambos cayeron en cama vÃctima de algunas enfermedades que habÃa por obvias razones. A pesar de que yo tenÃa en ese entonces diecinueve años, mi hermano veinte, tenÃamos que hacernos cargo de la casa y sobre todo de mis hermanos más pequeños. Yo comencé a trabajar en un restaurante y mi hermano consiguió un buen empleo con una buena paga en un cementerio. HabÃa otros trabajos, claro, pero el mejor pagado hasta ese momento era el de este cementerio. El horario era tÃpico de once a siete de la mañana y era prácticamente que tenÃa que ser el velador. Ãl no iba a estar. Solo habÃa otros dos veladores con él, los cuales le iban a enseñar cómo se tenÃa que llevar el turno de la noche, qué rondin es hacer, a qué horas tenÃa que estar ahà y las diferentes actividades que se realizaban. Mi hermano estuvo trabajando ahà cerca de algunos siete meses, ocho meses y ya conocÃa más o menos todo el cementerio. En este cementerio, que era un cementerio de ciudad, era muy grande y algunas tumbas se distinguen de otras. Hay algunas tumbas que tienen un disco muy peculiar, algunas tumbas son más grandes que otras y en algunas de estas hacen lo que se podrÃa decir capillas pequeñas, capillas en donde los familiares entran, si son de tal religión, ponen figuras de esa religión, de tales creencias judÃos católicos cristianos. Es muy normal ver diferentes cruces y diferentes figuras a lo largo de un cementerio, sobre todo si es uno grande. Mi hermano le llamó la atención durante la noche que estaba haciendo su rondÃn una de estas capillas. Se tiene que decir que la mayorÃa de estas capillas a veces albergan una o más tumbas o están sobre uno o más tumbas y, por lo regular, las puertas que dan el acceso hacia él están cerradas con candado o con llave que pertenecen a los mismos familiares, Es decir, los trabajadores del cementerio no tienen acceso a entrar a estas capillas. Pero extrañamente, esta capilla no tenÃa ningún candado. Es más, la puerta se encontraba abierta y de esta puerta emanaba un cierto tipo de luz, unos reflectores muy tenues y unas veladoras que se encontraban? En el piso, mi hermano entró vio los reflectores, los cuales se veÃa que la energÃa se les estaba acabando en medio de esta capilla. En el piso de esta vio que se encontraban, hay unas figuras, el nombre de la persona que estaba ahà y lo que le llamó la atención en ese momento es que habÃa una escotilla, una escotilla rectangular que se corrÃa de algunos centÃmetros a los pies, de lo que vendrÃa siendo la estatua de una muerte. Era más que obvio predecir que la persona que estaba ahà era devota de la Santa muerte. Como les expliqué anteriormente, estábamos pasando por un tiempo muy malo en nuestra familia y mi hermano trataba de encontrar consuelo en cualquier cosa o más bien en cualquier religión, algo que le diera esperanzas en ese momento, mi hermano empezó a hablar con aquella estatua hasta que de pronto tomó aquella escotilla y la corrió hacia un lado. Abajo de aquella escotilla habÃa un vidrio, pero se veÃa que no era solamente uno. Era un vidrio y este vidrio tenÃa varias capas hacia el fondo. Por este vidrio, al principio vio solamente oscuridad, No habÃa otra cosa e incluso dice que ella estaba a punto de cerrar la escotilla De nuevo cuando le llamó la atención de que abajo se empezaban a ver dos luces a veces blancas, luego cambiaban el color a rojo, luego volvÃan a cambiar el color a blanco, y que cada cierto tiempo estas se apagaban y volvÃan a encenderse. En ese momento, él creyó que se trataban de veladoras, tal vez algunas velas que se colocaban al borde del ataúd de la persona y que mediante la ilusión óptica del espejo, pues algunas veces se veÃa que se apagaban y otras veces se encendÃan, o al menos a eso lo atribuyó él passe. Resulta que mientras estaba hablando, mientras mientras estaba pidiendo paz en su vida, se quedó observando estas dos luces. Entonces, estas dos velas, como les dice él, eran hipnóticas y de alguna manera esto le traÃa paz. Se sentÃa muy bien, era como si las angustias, las cosas que traerÃa en su cabeza, todo el estrés se esfumarán por completo de un momento para otro. Mi hermano hizo esto en una sola noche, sino varias cada vez, incluso cuando él se sentÃa decaÃdo deprimido con más razón, lo hacÃa por alguna razón, siempre que iba y corrÃa a la escotilla y veÃa esas dos luces, todos sus problemas se desvanecÃan, por lo menos por esos minutos. Llegó a hacerlo varias veces y obviamente llegó un momento en que sus compañeros le preguntaron que dónde se perdÃa. Ellos habÃan notado que mi hermano se iba por unos ciertos minutos. No era como si pasara toda la noche ahÃ, pero se metÃa de cinco a quince minutos en aquella capilla y con eso era suficiente. Mi hermano les empezó a platicar que tenÃa muchos problemas en su vida y de alguna manera habÃa conseguido consuelo y sentirse mejor hablando en aquella capilla y mirando fijamente la lumbre de dos veladoras que venÃan desde el fondo. Sus compañeros. Obviamente, esto les pareció curioso, asà que le preguntaron más acerca de esta tumba y también acerca de aquella capilla. Mi hermano les empezó a platicar que él corrÃa una escotilla y al fondo veÃa estas dos veladoras. Uno de estos guardias nocturnos de sus compañeros se le quedó mirando y le dijo esas tumbas que tú me dices yo sà las conozco. De hecho, son unas tumbas muy excéntricas. Hay ciertas personas que tienen sus creencias o más bien tienen sus métodos para hablar con familiares que ya han fallecido. En lo personal, a mà no me gustan, pero se respeta cada quien. Pero jamás en mi vida he visto una de esas tumbas que al fondo tengan veladuras. Por lo regular, la vista que aquella escotilla da da hacia otra cosa. Entre todos estaban confundidos y, para no tener dudas, decidieron acudir a aquella lápida. Huelga a decir que esto lo hicieron ya por la mañana, ya cuando todos estaban alistándose para irse a sus casas. Ya el turno se habÃa pasado a los de la mañana, por lo que todos los compañeros y mi hermano fueron hacia aquella lápida. Entraron a la capilla y enseguida. Su compañero reconoció el estilo que tenÃan y antes de que mi hermano corriera la escotilla para ver aquellas dos supuestas veladoras, su compañero lo detuvo y le dijo veladoras abajo de la tierra no hay oxÃgeno. Por ende, se tendrÃa que pagar por lo regular. Las personas que mandan a hacer estas tumbas las hacen para que de algún modo sigan viendo a sus difuntos, incluso aunque estos estén cadavéricos. Mi hermano, hasta ese momento no sabÃa a qué se referÃa su compañero claro, hasta que corrieron la escotilla y con la luz de sus celulares alumbrando hacia abajo, vieron en realidad de que se trataba todo, y era que la escotilla con los vidrios no daba a ninguna veladora, no daba ni siquiera algo mÃnimamente parecido. Aquella vista daba a la cara del difunto al cadáver de la persona que se encontraba emperrada en aquella capilla, más en concreto, a las cuencas desgastadas de aquel cuerpo. En descomposición. Mi hermano recuerda a todas las veces que habÃa ido de noche y él dice que a la misma altura que veÃa aquellas luces, que veÃa aquellos fuegos, era la misma altura que tenÃan los ojos de aquel cuerpo. Lo que mi hermano confundÃa con que se apagaban y encendÃa las luces era en verdad cada vez que parpado odiaban aquel par de ojos observándolo mi hermano está más que seguro que todas las noches que fue no eran veladoras lo que veÃa, sino un cadáver que le regresaba la mirada que parpadeaba y también lo escuchaba. Después de esto, a mi hermano se le dificultó mucho seguir con aquel trabajo. Cada vez que llegaba a un cierto diámetro donde veÃa aquella capilla no podÃa continuar. Le calaba un miedo en los huesos tan sólo de pensar todas las noches que habÃa pasado hablando con un cadáver. Inevitablemente, renunció este trabajo y consiguió otro, pero esta experiencia jamás la va a olvidar y esta noche quiso que te la compartiera. Salud dos a todos desde Chihuahua y buenas noches, como dije en el principio del vÃdeo, muchas personas de diferentes religiones y creencias son enterradas. Muchas de estas personas piden a sus dioses que los cuiden en el camino, pero asà como otras tantas le dan su alma, al cielo o al dios o a sus diferentes deidades, también hay otras almas que se le dan a los demonios o al mismo diablo. Qué pasa con estas almas, Qué pasa cuando son enterradas en este tipo de cementerios. Bueno, la siguiente historia nos deja pensando que, asà como le pedimos protección al de arriba y también le pedimos protección al de abajo, los dos están dispuestos a darle claro si eres lo suficientemente benevolente con ellos. La siguiente historia nos la cuenta un cuidador de cementerio sobre una tumba que la protege un ser demonÃaco. Mi nombre es Rodrigo Ezequiel. La experiencia que les quiero contar sucedió ya hace muchos años, cuando yo estaba en busca de mis primeros empleos. Sucede que ya habÃa conseguido algunos mesero cajero, lavador de autos, pero en ninguno me daban tanta facilidad para conseguir empleo de lo que yo habÃa estudiado, como lo fue el develador, pero no como un velador, como muchos pensarán. Yo no era guardia de seguridad de algún centro comercial o de alguna planta, sino que conseguà empleo como velador de un cementerio. Este cementerio era algo grande, No era el más grande que habÃa visto, pero pero sà bastante grande. Tanto asà que tenÃa dos entradas. Por ende, necesitaban dos veladores para custodiar tanto la entrada trasera como la entrada frontal. Cuando llegué mi compañero me explicó todo lo que se tenÃa que hacer a grandes rasgos. Era solamente vigilar cerciorarnos de que ningún adolescente, de que ninguna mujer entrar al cementerio a jugar con las tumbas, a hacer sus brujerÃas o, peor aún, a desenterrar aquellas tumbas que no tenÃan lápida. Pasaron los meses y todo iba de lo más normal, excepto que me dijo que una cierta parte del cementerio a esa yo no podÃa acudir, incluso ni él lo hacÃa. Esta parte del cementerio consistÃa en otro pequeño cementerio dentro del mismo. Era una barda levantada con una puerta de fierro. En esta habÃa un candado y unas cadenas que la enrollaban para impedir que todas las personas pasaran hacia este. Incluso nosotros, a pesar de que también tenÃamos las llaves. Mi compañero me dijo no entres a esta parte y por los meses que pasaron, yo no entré esta parte del cementerio hasta que llegó una noche. Es más, ni siquiera me acercaba. Pero aquella noche llegó una noche en la cual yo iba distraÃdo. No me di mis pasos, o tal vez querÃa restirar más las piernas y llegué hasta esta parte, hasta esta barda. Jamás en todo el tiempo que habÃa estado ahà me habÃa acercado tanto a esa parte y fue por esto mismo que me empezó a llegar un olor extraño, un olor que provenÃa desde aquella parte del cementerio, un olor azufre. Esto me llamó mucho la atención, ya que esto no es normal. Fui hasta la parte de la puerta, me fijé por uno de los barrotes y lo que vi fue a un hombre, un hombre vestido de manera oscura completamente estaba caminando por las tumbas plácidamente como aportándole poco que hubiera veladores ahà que hubiera cuidadores de cementerio. Yo inmediatamente le llamé la atención, le grité oiga qué está haciendo, pero este hombre simplemente me ignoró. Inmediatamente agarré un silbato al cual todos los veladores portamos y con este llamé a mi compañero. Lo soné varias veces hasta que ahÃ, a lo lejos, escuché cómo la puerta sonaba y se azotaba, lo cual significaba que mi compañero ya venÃa. Inmediatamente y sin perder más tiempo, saqué las llaves. Abrà el candado y entré a esta parte. Cuando lucé al hombre, este se estaba escondiendo por atrás de una cruz, una cruz muy grande, pero antes de esconderse vi como claramente al so. Su mano la reposó en la cruz como si éste se estuviera sujetando de ella para esconderse bien, para bajar aún más. Fue en este momento en el cual yo me detuve súbitamente. Su mano tenÃa un aspecto muy extraño. Su piel era oscura, sus uñas eran largas y también oscuras. No se podrÃa decir incluso que parecieran uñas de humano. ParecÃan más bien garras. Al ver esto, yo me detengo ya que no pensaba toparme con algo asà en ese momento. Tal vez pienso que este hombre sufre de alguna enfermedad en la piel, pero inmediatamente baja su mano nuevamente él esconde junto con todo su cuerpo atrás de una cruz. Yo voy caminando. Trato de encontrar a este hombre, pero lo que más me sorprende es que en esa cruz y en todas las demás, todas las lápidas, no hay forma de esconderse un cuerpo asà de grande. El cuerpo de un humano no tiene mucho donde esconderse en un cementerio. Por más que lo busque, no logré encontrarlo y yo ya estaba un poco más aliviado, ya que escuchaba los pasos de mi compañero acercarse hacia el sitio. Una vez que llegó él sin siquiera meterse manteniendo distancia, me preguntó qué estás haciendo allá. Adentro sal inmediatamente de ahà no podemos entrar. Es más, no debemos entrar. Yo, en ese momento estaba confundido como que no podÃamos entrar salà De ahÃ. Ãl inmediatamente volvió a agarrar la cadena, la giró y puso el candado, cerrando de nueva cuenta la puerta del acceso. Ãl me dijo que no importaba lo que hubiera visto ahà se ven extrañas cosas y también por ser una propiedad privada e incluso para nosotros, debÃamos de mantener distancia con aquellas lápidas. Esto me habÃa sorprendido y también asustado, asà que decidà no prestar la atención a esto y tratar de olvidarlo. Después de todo, es un cementerio al entrar a trabajar ahà yo ya iba con la mente preparada en que tal vez alguna noche iba a haber alguna silueta, iba a escuchar algunas voces. Después de todo, ese lugar en donde reposan las almas. Al llegar a mi casa, tuve un sentimiento extraño. Siempre llego con sueño, siempre llego a disponer a dormirme, pero en aquella ocasión traté de dormirme, pero no lograba conciliar el sueño. Me desperté varias veces con la extraña sensación de que alguien me estaba observando. A final de cuentas, dormiteó un poco me levanté de mi cama y, a pesar de que estaba rodeado por paredes, seguÃa sintiendo esa extraña sensación de que me estaban observando. Mi familia estaba en la casa y en ese momento se me ocurre mirar por la ventana afuera. Pasando la calle se encontraba aquel sujeto que habÃa visto en el cementerio, vestido totalmente oscuro a plena luz del dÃa, con un sombrero, con un atuendo totalmente negro que le cubrÃa cada parte del cuerpo. Las personas pasaban a un lado de él, enfrente de él, atrás de él, incluso los vecinos. A nadie parecÃa importarle que estuviera observando fijamente hacia nuestra casa. Esto me produjo escalofrÃos claramente, asà que no le dije a mi madre, sino que le dije a mis hermanos yo fui. Les dije que tal vez necesitábamos que viniera la policÃa, ya que habÃa un extraño merodeando y tal vez se querÃa meter a la casa. Mis hermanos fueron los dos observaron por aquella ventana, pero ellos no vieron nada, a pesar de que yo veÃa al hombre claramente allÃ. Ellos me decÃan que no veÃan a ningún hombre, que no habÃa nadie, que si estaba bien o tal vez fue algo que soñé. No me podÃa explicar en ese momento qué era lo que estaba pasando por mi cabeza, porque yo claramente lo veÃa Y esto no fue todo, ya que cada vez que dormÃa o cada vez que conseguÃa dormir soñaba con este hombre. Este tipo de pesadillas que soñaba con él eran algo extrañas, ya que este no me atacaba. No me perseguÃa ni nada por el estilo, sino que solamente lo soñaba en mi casa observándome mientras que yo hacÃa mis deberes. Nadie más lo podÃa ver, incluso en el sueño, Y es ahà donde supe que este hombre entidad o lo que sea, si estaba vigilando a alguien era a mi familia, no, ellos no le importaban la cosa. Era conmigo, y fue ahà donde empecé a unir cabos y supe que esto lo tenÃa que arreglar. En el cementerio llegué con mi compañero, le platiqué todo lo que me estaba pasando en mi vida y él me dijo que sÃ, que tenÃa algo que contar, porque todo eso que me estaba pasando era debido a que aquella noche no le habÃa hecho caso. No podÃamos acceder a esa parte del cementerio y era más que nada por protección hacia nosotros. Resulta que en los cementerios lleguen a enterrar a mucha gente de diferentes culturas, religiones, pensamientos y dioses. Pase resulta que en aquella parte del ceno habÃan enterrado a un lÃder satanista, un lÃder que era muy respetado por su secta, tanto asà que él tenÃa una creencia. Ãl creÃa que en otra vida él tenÃa que llegar como un rey o mÃnimamente como alguien elegante y pudiente. Por lo tanto, cuando lo enterraron, lo enterraron con todas sus joyas, sus relojes, su ropa de marca, sus zapatos. Este portaba con esmeraldas, rubÃs, reloj de oro, anillos de oro y riqueza. Se encontraba enterrada abajo de esa lápida y claro que al ser un lÃder satanista, se dice que él se encargó de que en su tumba hubiera un guardián, el cual impidiera a los vivos que le quitaran esa fortuna. Una vez después de ser enterrado, después de platicar toda una tarde, llegamos a la conclusión en que no nos quedaba de otra o más que nada a mà de que tenÃa que ir a disculparme. Tal vez de aquella manera, este hombre me dejaba tranquilo, tomando toda la fuerza que tenÃa a plena luz del sol. También abrà la puerta me acerqué hasta aquella tumba del satanista y empecé a pedirle perdón. Le dije que yo no querÃa quitarle su riqueza, asà que yo no querÃa desenterrar su cuerpo, que tan solo todo habÃa sido un malentendido. Salà nuevamente prometiéndole también que jamás me volverÃa a acercar a su tumba para que este no pensara mal. IncreÃblemente, cuando me iba a retirar, sentà como una pesadez que se iba yendo sentÃa como algo estaba abandonando mi cuerpo. Esa extraña sensación de sentirme observado se quitó inmediatamente, ya no la sentÃa más ni en el cementerio ni en mi casa. Tampoco, porque también en el cementerio durante los dos dÃas que estuve con esto, veÃa aquel hombre observándome entre las lápidas. Obviamente, de esto, yo no le platicaba nada a mi compañero porque sabÃa de sobra que él me iba a decir que no veÃa nada, como todas las personas a las que les mencionaba esto. Pero una vez después de haberme disculpado todo eso cesó al llegar a mi casa, llegué con un cansancio enorme y dormà plácidamente, como no lo habÃa o hecho en dÃas anteriores. Por fin, aquel hombre me habÃa dejado en paz desde aquel momento supe que en este mundo hay extrañas entidades, de extrañas fuerzas, ya sea de cualquier religión a la cual pertenezcan, y que esto existe, ya que, como esta experiencia que me pasó, ellos cuidan y vigilen el cuerpo de sus más fieles, creyentes aún después de la muerte cripta maniacos. Esta historia viene de parte de Irving Saucedo Irvin nos relata una experiencia que tuvo su padre muchos años atrás, cuando su padre apenas acaba de ser padre. Valga redundancia, cuando su hermano mayor acababa de nacer para la fortuna de su padre, habÃan concebido a su hermano mayor, muy joven. Su padre en ese entonces apenas contaba con diecinueve años, por lo que tuvo que salirse de la universidad y buscar un empleo, un empleo cuando menos que le proporcionara algo de dinero para sobrellevar los gastos que iba a tener con el bebé. El padre de Irving consigue un trabajo. No era el único trabajo que habÃa conseguido, pero si era el mejor. Pagado un trabajo nocturno en un cementerio, un cementerio municipal, un cementerio grande. Su padre dice que no le gustaba mucho la idea, pero no tenÃa otra opción. Era una muy buena paga y el vareo, se podrÃa decir, era corto, más corto que los otros empleos que le ofrecÃan. Entraba a las once salÃan las siete oras de la mañana e incluso el sepulturero que iba a trabajar con él, un hombre que habÃa trabajado en funerarias, en cementerios prácticamente un hombre que ya tenÃa experiencia, le dijo que se podÃan dormir durante la noche para no llegar tan cansados a su casa. De todos modos, ellos dos iban a ser los únicos vigilantes durante la noche. El padre de Irving llega a su puesto algo nervioso, ya que, según las especificaciones de su compañero, ocupaban un empleado, pero tanto para cuidar como también para mover tumbas, como también para desempeñar algunas labores de jardinerÃa. Ãl no sabÃa nada de esto, pero se lo dejo y pese a esto, él dijo que lo podÃa enseñar sin ningún problema. El padre de Irving lo que más le sonaba en su cabeza o lo que menos le gustaba era la parte que le mencionó sobre mover tumbas. Y esta historia le rectifica que tenÃa razón al sentirse tan mal o sentir un miedo profundo cuando su compañero le dijo que tenÃan que mover tumbas. Durante algo de tiempo. Esto no se llevó a cabo, pero desafortunadamente llegó un dÃa. TenÃan que mover tres tumbas que se encontraban al otro extremo del cementerio. Era una parte final del cementerio. En fin, los pagos de estas tumbas habÃan retrasado. Una cierta polÃtica se metió ahà del Gobierno y habÃa tres tumbas que tenÃan que ser desalojadas, aparte de que también habÃan otras personas que les interesaba tener un lugar en el cementerio. Ya se pararon familiar o para sà mismos y empezaron a escarbar, escarbar y escarbar. E incluso ese dÃa entró de tarde. TenÃan que aprovechar el sol y la iluminación. Pasaron toda su tarde y parte de la noche escarbando y sacando las lápidas fueron y se acomodaron a una bodega que el mismo cementerio tenÃa a un par de calles de distancia. Este trabajo podrÃa desarrollarse de lo más normal, pero ocurrió un percance. A su compañero le habÃa ocurrido un accidente, un accidente laboral, nada del otro mundo, por imprudencia, tal vez por un despiste. Se habÃa caÃdo a una de estas fosas, uno de estos hoyos y se habÃa lastimado el pie. Su pia se inflamó y tuvo que acudir al médico. Tan pronto terminaron de llevar las tumbas. El médico le dijo que no podÃa ser ningún esfuerzo. TenÃa que dejar que su pie se desinflamara, por lo que no podÃa caminar mucho. Eran seis dÃas los que este médico le recetó como mÃnimo para poder regresar a sus labores para este tiempo. Su padre ya habÃa trabajado ahà cerca de la de dos meses, Ya sabÃa más o menos las reglas, ya sabÃa más o menos vigilar las áreas donde tenÃa que vigilar y todo lo que se tenÃa que desempeñar. A qué hora se tenÃa que cerrar, A qué hora se tenÃa que abrir, Por lo que no le vio nada de malo a este señor. Al dejar al padre de Irving a cargo del cementerio durante esos seis dÃas, Irving dice que su padre, igual se sentÃa cómodo, iba a estar solo en el cementerio, pero ya lo habÃa estado otras veces, No tenÃa miedo, no estaba nervioso, asà que aceptó durante esos seis dÃas iba a vigilar solo él el cementerio. Pero para su mala suerte, si no habÃa vivido nada hasta ese momento, esa noche le tocó vivirlo. El padre de Irving incluso tuvo que presentarse más temprano de su horario normal para cerrar el cementerio, pasar las novedades y cuidar toda la noche. Eran las nueve de la noche y cuando se percata de algo, una niña, una niña con vestido floreado, estaba pasando la puerta del cementerio y estaba entrando a este iba completamente sola. Esta chica iba llorando, tenÃa los ojos notablemente hinchados del llanto que tenÃa y caminaba muy lentamente, incluso ya en la oscuridad de la noche. Esta chica se dice que la veÃa como carne y hueso como una persona normal. Su padre dice que experimentó mucha tristeza ver a un niño de esa edad, aproximadamente unos nueve ocho años de seguro. Iba a ver a un familiar para mala suerte de seguro, una de sus sus padres, asà que la dejó. Ãl pensó en un momento en acercarse y decirle que ya estaban a punto de cerrar, de hecho, a las nueve, nueve y diez nue mil quince se tenÃa que cerrar el cementerio. Esa chica apenas iba entrando a las nueve. No iba a tener tanto tiempo, pero pero le tuvo empatÃa. Dejó que esta niñas entrara al cementerio y él se dispuso a hacer otras cosas. Pero entre todo lo que tenÃa pendiente, entre todo lo que tenÃa que desempeñar ahora estando solo, se le olvidó por completo. Esta niña se le fue el avión, como comúnmente se dice, y cuando se acordó de esto, ya eran pasadas de medianoche y él estaba muy preocupado, ya que cuando esa niña entró, él fue y cerró el portón. Ãl pensó en su cabeza que tan solo media hora le iba a dar, le iba a esperar en la puerta, pero se le olvidó esto y se puso a hacer otras cosas dentro del cementerio, por lo que, por lo que él pensó que la chica se iba a encontrar en la puerta del cementerio muy asuero asustada, ya que no iba a poder salir, él fue de inmediato corriendo y cuando llegó no vio a nadie, no estaba la niña, no habÃa rastro de ella, por lo que, por congruencia, se puso a buscarla. Era la única salida y entrada del cementerio esa puerta, por lo que debe de suponer que la niña aún seguÃa adentro, posiblemente buscándolo. Ãl conocÃa muy bien el cementerio para este momento, por lo que comenzó a buscarlo por todos los sitios, pero no la encontró. Su búsqueda fue totalmente en vano. A pesar de que se la pasó buscándola cerca de dos horas, jamás pudo localizar esta niña. Ãl pensó que de seguro se lo habÃa pasado a lo mejor, habÃa dejado el portón abierto, pero no estaba seguro. Estaba muy nervioso, ya que era su primer dÃa solo, asà que lo dejó pasar. Pero casualmente, al dÃa siguiente, esta historia se repitió. Aquella niña llegó en en punto de las nueve de la noche y entró el cementerio. El padre de Irving la vio. Vio cómo hacia adentraba incluso con la misma ropa, con la misma carita hinchada. De tanto llorar la dejó nuevamente. Pero esta vez, si recuerda muy bien que la esperó, su padre no se movió del sitio. Fue ahà se paró a un lado de la puerta esperando que aquella niña saliera. Le dieron las diez, las once, las doce, que incluso doce y media, y fue en este momento que él se dispuso a ir nuevamente sin novedad. La chica no aparecÃa por ningún sitio. Se pasó de nueva cuenta buscándola durante horas, pero fue totalmente en vano. Dejó esto asÃ, aunque estaba muy confundido, él querÃa saber qué habÃa pasado con aquella niña. Tal vez salÃa. Por otra parte, tal vez se brincaba una barda a una barda que estaba considerablemente muy alta para ella. Qué pasaba con esta niña. Para su suerte, al dÃa siguiente se volvió a repetir la historia. La chica volvió al cementerio, pero esta vez su padre le empezó a perseguir. La siguió a una distancia considerable y se dio cuenta que esta niña se detenÃa en uno de los tres agujeros de las tumbas que habÃan sacado, Es decir, venÃa con una de las tumbas que habÃan sacado. Ãl y su compañero simplemente se quedaba mirando el hueco. El padre de Irving sienti una tristeza profunda en ese momento. Pensó que tal vez un familiar suyo habÃa sido el propietario de esa tumba y ahora lo habÃan sacado. Se podrÃa sentir triste cualquier parte zona, al no saber dónde está tu parienta, al no saber dónde está tu familiar, por lo que en ese momento, ahorrándose de valor, decidió acercarse a esta niña y decirle explicarle que el cuerpo de su pariente estaba tan solo a unas calles ofrecerle alguna especie de solución o confortarla. Pero antes de que él se acercara, esta niña se dejó caer al hueco. La niña cayó al hueco. Asà sin más, el padre de Irving, notablemente se asustó. Fue corriendo hacia esta tumba esperando encontrarse con la niña, tal vez algo lastimada, ya que de altura tenÃa poco más de un metro con ochenta. Estaba profundo el hoyo, pero cuando se acerca dice que vio otra escena. Su padre jura y dice que está diciendo la verdad. Cuando estas especificaciones lo que vi en aquel agujero no era una niña, o al menos no era una niña viva. Era un cuerpecito en estado de descomposición, tanto asà que incluso él recuerda como el aroma de putrefacción. Se apoderó por completo de su nariz tan pronto se acercó y la miró, tanto asà que se tuvo que Retirarle empezó a doler el corazón, empezó a tener dolor de estómago y se retiró corriendo toda la noche pasó pensando en esto y no pasó mucho hasta que tocamos y pensó lo que creo que todos pensarÃamos. Aquella niña no era una niña viva, era una alma que no podÃa descansar en paz y que precisamente empezó a errar desde que sacaron su tumba. El padre de Irving toma esta situación y le da una resolución. Piensa en algo para dejar de ver a esta niña, ya que verla todos los dÃas. Hacer eso posiblemente le iba a dejar traumado sin permiso y totalmente en desacuerdo con el cual serÃa su jefe. Va hacia estas lápidas, saca el ataúd de la niña junto con su cuerpo y lo entierra nuevamente en aquel agujero. Las apariciones durante los tres dÃas que le quedaban cesaron. La chica no volvió a entrar al cementerio. Simplemente dejó de aparecerse al llegar su compañero de su descanso. Obviamente se disgustó. Le dijo al padre de Irving, pero qué estás haciendo. Tenemos órdenes de llevarnos eso. Ãl se esfuerza en explicarle todo lo que habÃa pasado, tratar de hacerlo lo más creÃble posible con detalles minuciosos, pero todo es en vano. Al final de cuentas, termina secando otra vez la tumba y el padre de Irming le da un ultimátum Le dice ok Te voy a ayudar a desenterrar de nuevo, pero es lo último que voy a hacer. Ãl renunció ese mismo dÃa. Se siente aliviado de esto, ya que no volvió a tener ninguna experiencia sobrenatural. Pero lo que sà sabe y un dato curioso que nos deja en esta historia es que pasaron los dÃas, dos dÃas máximo cuando su propio compañero volvió a enterrar el ataúd de aquella niña en el cementerio. Cuando le preguntaron la razón, él jamás quiso responder




