Feb. 21, 2024

MARATON DE RELATOS DE REPARTIDORES / 2 HORAS DE HORROR ABSOLUTO / L.C.E.

MARATON DE RELATOS DE REPARTIDORES / 2 HORAS DE HORROR ABSOLUTO / L.C.E.

Una megarecopilacion que te ocacionara pesadillas esta noche. Experiencias vividas por diferentes repartidores en domicilios y carreteras temibles.

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Una megarecopilacion que te ocacionara pesadillas esta noche. Experiencias vividas por diferentes repartidores en domicilios y carreteras temibles.

El empleo como repartidor ha sido un trabajo que últimamente ha estado mucho la alza. Diferentes aplicaciones han surgido y muchos jóvenes y también jovencitas han entrado este tipo de aplicaciones, ya que les da el beneficio de trabajar un tiempo, ya sea en la noche en la tarde, para de esta manera generar un ingreso extra. Huelga decir que esto, si bien ya es más popular ahora. De cierta manera, esto lo empleaban los negocios hace mucho tiempo ya y los repartidores, para su mala suerte, incluso hasta días de hoy, se llevan algunas experiencias que no son muy gratas en su trabajo. Pueden pasar desde clientes algo molestos clientes, algo pedantes, algo groseros que se comportan estan con ellos hasta incluso ahora, con toda la tecnología que hay como el GPS, google Maps. Incluso en las direcciones se pueden perder, pueden cometer algunas equivocaciones y por precisamente esto es que ocurren algunas experiencias. A veces los repartidores van algunas direcciones que, si bien están equivocadas o si bien no lo están, se encuentran con algo con lo cual no contaban. A veces estos muchachos tienen que ir y dejar pedidos hasta lugares muy recónditos. Y es por eso que esta historia comienza de esa manera como una equivocación. En aquella noche, este muchacho se encontraba trabajando como cualquier otra noche normal. Para él, lo que no sabe es que se había ido a la dirección equivocada, si bien solamente por un piso tocó la puerta equivocada y lo que le abrió la puerta simplemente no se puede explicar. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Diego suárez y mi historia comienza hace apenas un año. Yo actualmente tengo veinte años y, por lo tanto, estudio de la Universidad. Tengo un trabajo de medio tiempo. Podríamos decir que solamente trabajo los fines de semana, lo que vienen siendo viernes, sábados y a veces los domingos. Solamente por las noches. Trabajo como repartidor, pero no hay ninguna plataforma de comida. Yo trabajo para un establecimientos que quedan muy cercanos a mi casa. Estos dos establecimientos es un puesto de tacos y el otro viene siendo de comidas. Senaduría en general, yo tengo mi propia motocicleta. Aquella noche transcurría como cualquier otra. En aquella ocasión me mandaron a uno de los viajes más largos que había tenido. Ambos establecimientos tenían una regla. Obviamente, pueden enviar a domicilio, pero siempre y cuando no sea un trayecto muy largo. Tenía motocicleta, claro, pero teníamos que manejar los tiempos y había que tener esa regla más que nada para no retrasar todos los pedidos. Me habían mandado a unos edificios de renta. Estos edificios, si bien no estaban en una localidad más o menos buena, era una localidad que se encontraba cerca del centro. Yo, después de pensarlo un poco, acepté el servicio, subí a mi motocicleta y fui en camino hacia estos departamentos. Cuando llegué a estos departamentos, me di cuenta que había algunos edificios que se encontraban totalmente vacíos y otros tantos con algunas luces prendidas. El edificio al cual iba a dejar la comida. La mayoría de los pisos se encontraron habitados. En general, los pisos de arriba. Los dos primeros pisos se encontraban totalmente apagados, algo que me llamó mucho la atención, ya que la comida que habían pedido era para la segunda planta, para el segundo piso. Ambos departamentos que se encontraban en ese piso se encontraban apagados. No había ninguna señal de cubrir a gente, ni siquiera una luz afuera ni una luz por la ventana. Se me hizo extraño, pero a veces hay algunas personas que les gusta su privacidad y no suelen tener estas luces prendidas. Fui hasta la segunda planta, me puse de frente hacia la puerta del departamento y la toqué suavemente. Una y otra y otra vez estuve parado cerca de un minuto y medio dos minutos tocando la puerta repetidamente e incluso ya me dispone a irme cuando en eso de pronto me abren la puerta. La que me recibe es una viejita, una viejita que se nota está muy enferma por su expresión, por su modo en moverse ese modo tan lento a la pared también una tos, una tos que se nota que es profunda. Ella me pregunta quién, qué me puede ayudar. Yo le respondo que habían pedido un servicio para este departamento. Obviamente, le pregunté que si era ella ella con una tierna cara. Me dice que no, que ella se encuentra sola en ese departamento y que no hay nadie más. Ahí estoy algo desconcertado para mi mala suerte. Traía teléfono, pero en ese entonces no contaba con saldo. Así que con la pena le pedí permiso o si podía proporcionarme un celular para ver si me había equivocado o las personas que habían llamado se habían equivocado en darme los números del departamento ella De nuevo, con esa sonrisa, me respondió que sí qué podía pasar y en la cocina estaba un teléfono que lo podía usar el tiempo que yo quisiera. Yo pasé a su departamento y me llamó la atención mucho de que todo este se encontraba totalmente apagado. Las luces no estaban encendidas, ninguna de ninguna habitación. Todas las puertas se encontraban abiertas, incluidas las del baño. La única luz que había era la que provenía de una lámpara que se encontraba atrás de un televisor, un televisor de esos antiguos De foco, yo pasé hasta la cocina y, por suerte, esta lámpara iluminaba lo suficiente para yo poder marcar desde el teléfono, Es decir, no quería encender las luces o quería incomodarla. A final de cuentas, era una persona mayor y sus razones tenía para estar así. Seguramente, a ella le gustaba. Yo llamé por teléfono y me informaron que, efectivamente había una confusión, que el departamento al que le tenía que entregar la comida se encontraba en el piso de arriba. Los muchachos ya habían llamado y le habían informado que se habían confundido. Apenas me iban a llamar cuando yo los llamé de vuelta. Una vez solucionada esta confusión, yo colgué el teléfono, le di las gracias a la viejita y me surgió la curiosidad. Le pregunté muy amablemente. Disculpe. Señora no me quiero entrometer, pero por qué está oscuras. Tiene algún problema técnico o tal vez los focos están fundidos o algo. Ella me respondió que no, simplemente que le gustaba estar así más que nada por comodidad. Ella en ese momento estaba enferma y no podía moverse todos los días. Había unos días en que de plano no podía levantarse de la cama. Por ende, no quería dejar focos encendidos, ya que a veces le atacaba el dolor e inmediatamente se iba a costar, por lo que a veces dejaba tanto televisiones, focos y otros utensilios aparatos electrónicos encendidos. Ahora simplemente utilizaba esa lámpara y cuando iba a necesitar algo, lo usaba y después lo desconectaba. Esto mismo me llevó a preguntarle otra cosa. Le dije y usted vive sola, no hay nadie que le ayude. Ella me dijo que no, que ella sí tenía familia tenía unos hijos, pero que hasta ese momento no la visitaban y que, además, tenían mucho tiempo sin hacerlo. Yo le respondí acaso es por la distancia. Ella me dijo que no, que la distancia era lo de menos. Esta señora me contó que durante su juventud o la mayor parte de su vida había trabajado como maestra y sí había estado distanciada un poco de sus hijos. Tan pronto se jubiló, pensó que sus hijos la iban a visitar más, pero esto no pasaba. Ella optó por mudarse incluso más cerca de ellos que eran esos departamentos de renta. Pero aún así, los hijos la visitaban muy poco y para ese momento su visita era casi nula. Le pregunté que cuánto tiempo tenía sin que sus hijos jos la vieran. Yo pensé que sus hijos venían cada mes o, cada dos meses como mucho, pero para nada. Ella me contestó que tenían cerca de tres años sin pararse en aquellos departamentos. Iban para tres años sin ver a su madre. Si de ella correspondiera, me dijo que esto jamás hubiera pasado. Pero cuando ella se mudó ahí, ella iba a visitarlos casi diario, se turnaba cada día para visitar a uno de ellos, pero cuando le cayó la enfermedad, ya no pudo salir simplemente la enfermedad que tenía le restringía salir al exterior mucho o tener algunos viajes en el transporte público. Esta historia y creo que, como a muchos, nos da una cierta tristeza, sobre todo al ver a una persona de la tercera edad completamente sola en un departamento oscuro sobre la mesa de aquella, señora había dejado mis llaves, mi chaqueta y mi casco le dije que Ahorita regresaría por ellos en lo que iba y dejaba el pedido tan sólo un piso arriba ella. Me contestó que sí, que no había ningún problema. Lo que yo planeaba era bajar y despedirme de ella y si surgía la ocasión, podría pasar a saludarla. De vez en cuando yo subí dejé el pedido al caso hubieran pasado máximo unos cinco minutos cuando regresé y toqué la puerta. Esta vez nadie me abrió. Empecé a tocar la puerta cada vez más fuerte y cada vez más fuerte le empecé a gritar a la señora, pero nadie me contestaba, nadie me abría en ese momento. Lo que pensé es que, a lo mejor, la señora había tenido un ataque. Ella me había contado que cuando a veces le dolía mucho, el cuerpo más que nada a la espalda, el espinazo A veces de un momento a otro no se podía mover víctima de esto. A veces se quedaba sentada, otras veces acostada. Yo pensé en ese momento que tenía una de estas parálisis, por lo que bajé de inmediato y fui con la recepción que se encontraba a unos cuantos metros de los edificios. Le dije al señor que estaba preocupado por la señora que estaba en la segunda planta. Le mencioné el número del departamento. Él ya estaba saliendo, cuando de pronto él se paró en seco. Me miró extrañado y me dijo de qué departamento me hablas. Yo le di el número del departamento y él aún más extrañado me dijo pero muchacho en ese departamento no hay nadie. Yo le dije que sí, que había una señora que esa señora me había invitado hacia adentro que yo la había visto, había platicado con ella. Este señor estaba muy seguro de que en ese departamento no había nadie. No fue hasta que le dije que yo había entrado al departamento y había dejado sobre la mesa mi chaqueta, mis llaves y mi casco. Por lo tanto, tenía que entrar de vuelta por ellos. El señor, algo confundido, decidió acompañarme hasta el departamento y una vez enfrente de la puerta, él volteó y me preguntó de este departamento me hablas. Yo le respondí que sí, que en ese día departamento vivía una mujer de mucha edad y que estaba enferma, que, de seguro estaba paralizada en el sillón o en la cama. Este señor me contestó que sí. En efecto, en ese lugar había habitado una señora, pero que en ese momento ella no se encontraba. A pesar de esto, yo le seguí insistiendo. A final de cuentas, era abrió la puerta. Ambos entramos el departamento estaba completamente oscuro Ni la luz detrás del televisor, la cual había visto hace apenas unos minutos, se encontraba encendida. Todo estaba oscuras. Yo no pode avanzar tan solo unos tres pasos cuando me metí, cuando en eso el señor empezó a encender las luces, él vio que, en efecto, él vio en ese instante que yo no mentía en la mesa se encontraba mi chaqueta, mi casco y las llaves de mi motocicleta, lo cual él me volvió a preguntar. Pero cómo fue que te metiste. Cómo es que dejaste eso ahí. Yo le volví a explicar que una señora me había abierto la puerta y que me había dado la oportunidad de comunicarme por teléfono y que solamente había dejado mis cosas ahí, pero que rápidamente vinía por ellas. Estábamos los dos muy confundidos para este momento. Este señor me empezó a preguntar cómo lucía a la señora y yo se lo dije, pero cuando me reveló la verdad de esto, simplemente no pude con ella. Me costó mucho asimilarlo. Él me explicó que había una señora que había habitado ese departamento, pero que había fallecido hace aproximadamente un mes y medio o dos meses. Todo sucedió por medio del servicio de agua. La señora le había dicho al muchacho que venía y dejaba agua los garrafones de agua que algunas mañanas a esta señora le atacaba un dolor en la espalda, por lo cual ella no se podía levantar. Así que le pedía de favor a este joven que si venía tocaba la puerta y veía que no habrían que él se metiera con una llave que estaba al lado de la barda aquella mañana. Este joven recurrió esto, ya que, por más que tocaban la puerta, nadie le abría. Una vez que abrió la puerta, le pegó un olor, un olor nauseabundo, un olor a putrefacción que hizo que llamara la atención de todos los vecinos. Esta señora había fallecido aproximadamente unos cuatro días, unos cinco días, y nadie se había dado cuenta hasta ese momento. Obviamente, horas después retiraron el cadáver, pero el olor no desapareció. Por lo tanto, se hallaron el departamento, abrieron las ventanas que daban al campo, a un campo de fútbol y más allá y más allá, un monte Por lo tanto, el olor no debí de afectar tanto a los vecinos o al menos no a tantos. Desde ese momento y esperando a que se disipara todo el olor, dejaron de darle mantenimiento al departamento. Yo el volteo a ver hacia todos lados me di cuenta lo que no me dejaba ver la oscuridad y era que, en efecto, todo el departamento tenía polvo, tenía sociedad telarañas. Y lo que más escalofrío me dio al menos de un momento, fue la sombra de la señora o, mejor dicho, la sombra del cadáver sentado en el mueble, en el mismo sitio donde aquella señora se había sentado y había estado platicando conmigo. Hacía apenas unos minutos después de esto, volví a mi trabajo con una extraña sensación. Sentía tristeza y a la vez también miedo, pues aquella noche había platicado con un fantasma y no solamente eso, me había platicado toda su vida y el triste y solitario final que tuvo. Gracias por escuchar mi experiencia. Mando saludos a todos desde Ciudad de México, al igual que los taxistas, al igual que el transporte público o el transporte privado, A veces estos muchas veces jóvenes de apenas diecisiete, dieciocho años, diecinueve años, es el primer trabajo que ellos consiguen. Obviamente, es un trabajo que tal vez no te pida mucha experiencia, lo cual es una buena oportunidad de trabajo. Pero, claro luego existen estos temas, sobre todo en países con altos índices de delincuencia, que son los barrios bajos, los barrios en donde tanto criminales como también adictos se reúnen para planear fechorías para planear robos, incluso secuestros. Algo parecido le pasó a este repartidor cuando fue llamado a una casa en la cual no precisamente querían comprarle la pizza, sino que las razones eran un tanto más oscuras. Pero que gracias a este instinto que tenemos de supervivencia en que sabemos que algo anda mal, se salvó de tal situación y también su jefe, el cual actuó de una muy buena manera en aquellas circunstancias. Mi nombre es Rumino Hernández. La experiencia que les quiero contar pertenece a mi hermano. Mi hermano actualmente ya tiene treinta y cinco años. Esto le pasó hace ya cinco años. En sus últimos trabajos de repartidor. Él fue repartidor de comida rápida muchos años trabajó en pizzerías, trabajó en diferentes marcas. Por ende, y al pasar el tiempo, él empezó a conocer cada vez más y más la ciudad, toda la zona conurbada. Mejor dicho, y esto, si bien trae cosas buenas, también trae otras cosas malas. Empezó a conocer en qué zonas le daban más propina en que otras zonas. Era un poco menos y claro estaban también otras zonas que era de plano peligroso entrar ahí. Pero como el establecimiento tenía sus políticas, no tenía de otra sino entrar ahí esas colonias que son de mala muerte. Creo que todos conocemos. Una mi hermano decía que tenía mucho miedo y esto lo compartían varios repartidores al entrar, ya que en ciertas zonas los asaltos eran muy comunes. Y si ustedes se preguntan, pero por qué asaltarían a un repartidor. Bueno, hay algunos establecimientos con ciertas normas que cuando el cliente va a pagar en efectivo, obviamente, el motociclista tiene que llevar la feria. Y, como pasa comúnmente, en fin de semana, cuando reunión con los amigos, muchas personas piden pizza o muchas personas piden diferentes platillos, por lo que un solo motociclista se encarga de ir a los diferentes puntos. Por lo tanto, si todas esas personas pagan en efectivo, el motociclista traía un buen dinero. Por lo tanto, acudir a estas zonas, a estas colonias en fin de semana era peligroso, pero para la mala suerte de mi hermano le tocó un pedido que tenía que llevar a esta zona. Toda la situación era demasiado extraña para empezar. Mi hermano me dice que la dirección a la que lo mandan es una calle por la que él ya había pasado. Como lo vuelvo a decir. Mi hermano conoce muy bien los puntos, las colonias y más si estas son peligrosas, y él recordaba perfectamente que ahí, si bien habían unas dos o tres familias a lo largo de algunas, tres cuadras, tres manzanas, la mayoría de estas casas están deshabitadas, algunas del gobierno, otras que simplemente empezaron la construcción y no se terminó. Y comúnmente, estas casas servían como refugio para personas que vivían en la calle, para personas indigentes, en el mejor de los casos y, en el peor de los casos, para maleantes, para ladrones, personas que iban y se escondían ahí y consumían sustancias que podríamos decir ilegales. Si ustedes me entienden, era sábado por las diez de la noche y él llevaba efectivo, ya que había sido una noche muy movida. La habían pagado en efectivo varias veces, por lo que él dice que al llegar a la casa se encuentra con algo de más extraño. Si bien dirección apuntaba una casa que él recuerda estaba deshabitada. Al llegar a ella, su idea no cambia. Tiene un mal presentimiento y es que esta casa se ve perfectamente que no había vivido ahí nadie hace mucho tiempo. El pastizal estaba crecido, los barrotes estaban oxidados, la pintura se estaba cayendo, las ventanas estaban algunas partidas llenas de suciedad, pero más, sin embargo, había luz, había movimiento. Viniendo desde adentro. Mi hermano se bajó, sacó la pizza y caminó hacia la puerta al llegar a esta cincuenta con una nota. Una nota pegada enfrente de la puerta es la hoja de un cuaderno pegada con cinta desiva en la que se dice de manera cortante y muy sutil. Si eres el de la pizza, entrégala por la puerta trasera. La puerta de enfrente no se puede abrir. A mi hermano esto no le gusta. Sobre todo, para empezar, es que se va a alejar de la iluminación. Si bien la calle es peligrosa, por lo menos tiene la luz de los postes. La calle está alumbrada y aparte tiene la motocicleta encendida. Cualquier cosa que pasara, él podía correr en línea recta y subirse a ella. Él se asoma hacia la parte de atrás. Hay un camino que lleva hacia allá y se da cuenta que hay luz todo el trayecto está oscuras, pero y un bombillo encendido como si lo estuvieran esperando. Mi hermano actuó de la siguiente manera y es debido a él esto que él dice que se salvó aquella noche y es que él habló con su jefe. Le planteó la situación, todo lo que estaba pasando y su jefe le dio las siguientes instrucciones. A él también no le gustaba para nada toda la situación, por lo que le dijo lo siguiente espera. En ese punto deja que llegue un compañero. Ve hacia la puerta, pero no cuelgues el teléfono. Mantén lo abierto, mantente en línea conmigo hasta que entregues la pizza. Mi hermano hizo lo que él dijo. Esperó otro compañero que se quedó esperándolo por fuera de la casa, pero eso sí, viéndolo a través del camino, no le quitaba la vista de encima y su jefe le dijo que también hablara con su compañero, que se gritaran que vieran, sobre todo que él no estaba solo. Mi hermano caminó hacia la parte de atrás abrió la puerta, ya que ésta se encontraba abierta. Solamente la empujó un poco y para esto se mantuvo todavía en línea y estaba hablando todavía con mi jefe. Le dio un grito a su compañero y éste le respondió. Fue en ese momento, cuando iba entrando a la casa, que se dio cuenta que todas las luces estaban apagadas, que solamente había una que venía de una habitación que daba hacia la calle, que era de donde él veía la luz. En ese momento, él dice que escuchó varias pisadas, varias risas, venir del cuarto que le seguía la cocina. La puerta estaba abierta y, si bien adentro del cuarto, él no podía ver nada si estaba más que seguro que adentro de ahí habían personas. Él estaba seguro de esto. Escuchaba las pisadas, escuchaba los murmullos, escuchaba las risas. Pero si bien todo esto pintaba mal, estas personas se dieron cuenta que mi hermano no estaba solo, no solamente tenía a alguien al teléfono, sino que también tenía a alguien más esperándolo afuera. Dice que de la nada de por debajo de las escaleras, salió un hombre, un hombre alto como de uno noventa. En su rostro se podía ver enojo, irritado. Estaba enojado con mi hermano y de forma muy abrupta, casi casi como sacándolo de la casa, le dijo que se fuera, que no tenía dinero y que no iba a pagar la pizza que se fuera inmediatamente. Este hombre estaba muy enojado. También las otras personas que antes inten tentaban ocultarse en el cuarto, ahora libremente estaban hablando también furiosos con mi hermano diciéndole que se largara. Él recuerda que cuando iba saliendo vio que aproximadamente algunas seis o siete personas hasta ese momento que él vio salieron del cuarto y enseguida le azotaron la puerta casi casi que en la cara se la azotaron. Algo aliviado y también muy aterrado. Volvió a la motocicleta. Pasaron nota de lo que había pasado y no era necesario que él se comunicara, ya que el jefe había escuchado todo, sin que ellos lo supieran a él lo tenía en alta voz. Por lo tanto, la bocina del teléfono captó cada ruido cabía. Si bien esta historia fue aterradora para mi hermano, resultó que cada movimiento que él hizo salió muy bien aquella noche, porque a la noche siguiente, por medio de páginas de Facebook, se dieron cuenta que a la misma dirección que él había acudido había ocurrido un crimen. Tan solo minutos después, otro repartidor de otra línea de pizzerías había ido a este mismo domicilio. Minutos después de que mi hermano se hubiera ido. Este repartidor era más joven y notablemente más inexperto. Él había acudido a este mismo domicilio. Pero la única diferencia es que él sí había seguido los pasos que la hoja de papel le daba. Él no llamó a nadie, no alertó a nadie. Él simplemente creyó que era una casa extraña y que tenía hay que entregar la pizza por la puerta de atrás. Tan pronto este repartidor abrió la puerta, fue asaltado, le quitaron todo el dinero que traía. Lo dejaron en muy mal estado. Notablemente herido. Las personas salieron huyendo de la casa, dejándolo tirado en el piso. En este grupo contaban la historia de este joven, la misma historia que le había sucedido a mi hermano, pero con un final distinto. Para desgracia del otro, nadie lo estaba acompañando. Después de esa noche en mi trabajo, marcaron con rojo aquel domicilio. Aunque llegara una llamada. Aunque nos pidieran mucho producto, ya sean seis pizzas, siete, ocho o diversos combos, ningún repartidor iría de nuevo a esta casa. Las equivocaciones suceden es parte de la naturaleza humana. Pueden ser equivocaciones muy pequeñas, como el anterior caso, o por todo lo contrario, pueden ser equivocaciones que se planearon. En esta ocasión. Un repartidor se equivocó de nueva cuenta, o bueno, se equivocó, por decirlo de alguna manera, porque él fue a la dirección correcta cuando llegó al sitio. Lo único que vio fueron los restos de lo que alguna vez tuvo vida, una situación inexplicable que hasta el día de hoy atormenta a este chico. Pero también cabe recalcar que, aunque sus jefes le dijeron que volviera a ese sitio, jamás lo hizo y la razón es la siguiente. Mi nombre es Leopoldo. Mi experiencia comienza en el año dos mil quince. Durante ese tiempo, aproximadamente unos tres años trabajé para una farmacia. Me desempeñaba en varios rubros. A veces era cajero, otras veces estaba en almacén y otras veces cuando se requería, era el repartidor a domicilio. Había personas que llamaban unas que otras ocupando medicina, claro, tomando en cuenta que solamente se llevaban medicinas que no necesitaran recetas. De esa manera trabajábamos y a mí me salía muy rentable. La verdad. A veces daban propina y se acaba un poco más de mi sueldo a la semana en una ocasión y esto lo digo porque yo fui un testigo de lo que pasó es que recibimos una llamada. Esta llamada era algo extraña, pero era algo extraña no por la misma, sino por quién estaba hablando. Del otro lado de la llamada. Se encontraba la voz de un niño. Este niño nos estaba pidiendo que si de favor podíamos llevarle unos medicamentos a su abuela nos dio los nombres de los medicamentos. Nosotros preparamos todo y yo salí en marcha hacia la ubicación que me había dado. Iba por el trayecto, pensando ya que jamás nos había llamado un niño que qué tan mala debería de estar la situación sobre qué necesitan medicinas. Usualmente las que hablan son las personas mayores. En esta ocasión, cuando llegué al punto, se me hizo aún más extraño todo lo que estaba pasando, ya que frente a mí había una casa, pero era una casa en extrañas circunstancias. El piso de arriba se encontraba totalmente derrumbado. Casi podría decir que por el tiempo, la casa tenía un aspecto muy deteriorado, como si nadie viviera ahí desde hace mucho tiempo. Atrás y por si no fuera poco. Frente a esta casa se encontraba un cementerio, un cementerio grande y largo que acaparaba casi toda mi vista. En aquella noche baja de mi motocicleta, saqué de nuevo mi celular para ver la ubicación más precisa de a dónde me habían mandado En ese momento. Pensé que a lo mejor me había equivocado, que a lo mejor estaba una calle atrás o una calle adelante. Pero esto no era así. La casa que buscaba estaba frente a mí. Era aquella casa toda deterorada, aquella casa casi en ruinas, podríamos decirlo. Yo fui caminando hacia esta caminé lentamente. Recuerdo que hasta tarde, en llegar no estaba seguro si aproximarme más o darme la media vuelta a irme en aquel momento pensé que, a lo mejor se trataba de algún robo, alguna trampa que me habían puesto ya me había acercado lo suficiente para este momento, por lo que cuando me dispone a gritar para ver si alguien estaba dentro, la persona que estaba dentro de la casa se me adelantó en ese preciso instante y escuché que me dijo una voz desde adentro sí, qué se lo ofrece. Yo me quedé en choca algunos segundos, pero inmediatamente le contesté una vez que caí en sí sí, disculpen vengo de la farmacia y dije el nombre de la farmacia. Traigo los medicamentos que me habían pedido. Después de lo que le dije, hay un minuto de silencio. Nadie en abre la puerta, nadie sale a recibirme. Simplemente esta voz que yo intuyo pertenecía a una anciana me contesta de nuevo. Me da un minuto. Por favor, enseguida salgo, Me senté un poco en aquellas escaleras y dejé que pasara el tiempo. No quería apresurar ni nada a lo mejor. Esta viejita estaba buscando el dinero, pero por más que esperaba. Pasaron los minutos y los minutos y nadie salía de la casa. Esto, obviamente, me comenzó a desesperar. Yo ya había esperado como unos cinco o diez minutos ya era tiempo suficiente para que tuviera una respuesta. Me paré. Empecé a tocar el barrote, pero nadie contestaba. Empecé a gritar, pero igualmente nadie me contestaba. Nadie salía. Lo que se me ocurrió en aquel momento era que podía marcar por teléfono a lo mejor esta persona, si era de la tercera edad, podría tener un problema. Tomé mi tao le marqué e inmediatamente me contestaron, pero esta vez se trataba de la voz de un hombre. Él me preguntó qué era lo que necesitaba. Yo le dije que venía de parte de la farmacia y que traía su pedido que a una viejita. Me había dicho que salí en breve, pero ya no había salido que yo ya llevaba tiempo ahí esperándola, pero que no tenía respuesta y ya me tenía que ir. Este hombre no le dio vueltas al asunto. Él me dijo que esperar ahí y que en breve estaría conmigo de nueva cuenta. Me senté en las escaleras cuando en eso algo llama mi atención, y es que veo la luz de una lámpara saliendo de una de las casas, de al lado de un una casa lejana, pero que se encontraba al lado de ésta la silueta de un hombre venía en compañía de una lámpara se acercó hasta el punto de llegar a la entrada de la casa. Después me hizo con una seña para que fuera. Yo tomé mi bolsa y caminé hasta aquel hombre, este hombre muy apenado me dijo mira muchacho, te voy a pagar las medicinas en esta ocasión también lo que viene siendo tu trayecto, pero te voy a pedir un favor la próxima vez que te llamen si es del mismo número y oyes la misma voz del niño. Por favor, no traigas el encargo. Nadie te va a recibir en aquella casa. Yo estaba algo asombrado porque en ningún momento yo le había dicho a ese hombre que un niño había sido el que había marcado a la farmacia. Yo no le había dado esa información. Yo le dije que eso no lo podía hacer que, a final de cuentas, si no era yo, lo más probable es que en otro turno vinir otro muchacho igual. Si pedían las medicinas, él me explicó que no había nadie en esa casa y que solamente lo harían venir una y otra y otra vez sin motivo alguno. En ese momento yo le expliqué que obviamente era nuestro trabajo y que en aquella ocasión yo había escuchado claramente como la voz de una mujer venía desde adentro, Es decir, yo sabía que ahí vivía alguien. Él tocándose un poco la nuca me dijo mira. En aquella casa vivían mi madre. Mi madre tenía unas ciertas enfermedades, por la cual la teníamos con una enfermera, pero la enfermera tenía un horario. Mi madre y mi sobrina se quedaban solas, por así decirlo, algunas dos horas o una hora y media iba dependiendo en cuanto tardábamos en llegar a la casa. Por lo regular, los días viernes, mi sobrino marcaba a una farmacia, ya sea mi sobrina o mi sobrino que eran los dos que se quedaban allí. Ellos aseguraban que su abuelita tuviera todas las medicinas que ella necesitaba. Así pasaron algunos dos años, pero hubo un accidente dentro de la casa, el cual en este momento me vas a disculpar, pero no te puedo explicar cómo pasó, ya que es cosa de familia. Tristemente, mis sobrinos y tambié también mi madre fallecieron aquella noche y desde ese entonces que te hablo que esto pasó. Hace poco más de un año, hemos tenido un problema. Yo viví al lado de ellos, como podrás ver, y a mí es el que me toca estarle diciendo a los repartidores como tú, que vienen de farmacias. Qué les ha estado hablando un fantasma. Mis sobrinos ya no están vivos, pero ellos siguen marcando, ya sea una farmacia o a otra cada viernes para que continúen trayéndole las medicinas a mi madre. Si lo quieres, creer bien, Si no lo quieres creer pues también ya es tu problema. Solamente te aclaro que si te llaman otra vez y tú decides venir, yo ya no voy a salir. La línea de teléfono que tenía esta casa la cambiaron conmigo. De esa manera, pensé que las llamadas ya no se iban a realizar, pero me equivoqué. Las llamadas todavía salen. Los otros chicos que han venido creyeron a final de cuentas, todo esto que les conté. Por qué, en efecto, vas a ver que no hay nadie y vas a ver que te habla la misma vocecita todas las veces por aquel teléfono. Es una recomendación. Simplemente ignoren esa llamada. Yo, después de platicar con él, regresé a mi trabajo con la mente muy clara y pensando muy bien lo que le iba a decir a mis jefes les iba a decir totalmente la verdad y que si no me creían que si aquel niño o niña volví a hablar, yo no iba a repartir ese domicilio, yo no saldría hacia esa casa. A veces hay que ignorarlos para ver si de ese modo por fin descansan en paz. Esa fue mi historia. Gracias por leerme crímenes ocurren día con día. A veces nos sorprendemos de los pues ahora sí los criminales que se toman la vida de varias personas, aquellas personas que simplemente por algún trastorno, por alguna facultad o simplemente porque ya traen la maldad, en su alma, en su cuerpo tanto la vida de personas y personas sin sentir mayor arrepentimiento. Qué pasaría si tú, en determinado tiempo te encontrarás con una de estas personas. Lo reconocerías. Si algo nos ha demostrado la historia es que este tipo de personas, este tipo de psicópatas, pueden pasar por personas muy normales e incluso los puedes ver de frente y no tienes ni la menor idea de que le acaban de quitar la vida a una persona tan solo minutos antes, tal como le pasó a este repartidor. Su historia es la siguiente. De esta siguiente historia nos la manda un suscriptor del canal. Su nombre es Ramiro Ortega. Ya anteriormente nos ha compartido sus experiencias, pero en esta ocasión nos trae una historia que es algo perturbante y muy aterradora, que sucedió en el este de Europa. Le ocurrió a un repartidor de comida. Este repartidor, que aunaba entre los dieciocho a veinticinco años, se encontraba trabajando de una manera muy normal. Su día iba de lo más relajado posible, como es su rutina. Tiene que ir a dejar un pedido. Al momento de llegar a la casa, se da cuenta que es una casa grande, una casa digamos de una familia. Algo pudiente se puede ver tan solo en la barda, en la puerta de la entrada. Al llegar encuentra algo extraño, y es que la puerta, la puerta que da a la salida de la calle, se encuentra abierta. Era una puerta de madera. Por lo regular en Europa, si bien no es que haya mucha delincuencia. Por lo regular, cuando se llevan pedidos a este tipo de casas, el repartidor suele entregar la comida afuera en la calle, la puerta se encontraba abierta, pero aún así, este repartidor no entró. Él se quedó afuera tocando el timbre una y otra vez, una y otra vez, pero nadie salía. Se le hacía extraño, así que empujó un poco más la puerta y vio que incluso la puerta de enfrente, la puerta de la casa, se encontraba abierta. También este chico, obviamente, no quiere ser un intruso, no quiere que se le acuse de algo que pueda perjudicarlo. Además, no pueden así como así en una casa a la cual a él no se le ha dado el permiso, por lo que opta por gritar, y este método ayuda. Minutos después de estar gritando un poco, la cabeza de una mujer se asoma y lo ve fijamente. Esta mujer entra de nuevo a la casa y se empieza a reír en cuestión de segundos. Sale un muchacho y esta mujer acompañándolo ambos ellos dos esta pareja le dicen al repartidor que pase se ve que son los propietarios de la casa. Es una pareja de novios, bastante jóvenes, pero tal vez de una familia influyente. Entra a la casa y el repartidor dice que lo primero que nota, que es algo extraño, es que dentro de la casa, los muebles, las mesas, las macetas, no está en un lugar podríamos decir normal. Los sillones están acomodados de una manera que se podía ver desordenada. Los jarrones estaban rotos en el suelo, algunas mesas estaban tiradas en el suelo, también como si en toda la casa, o al menos en la entrada de ésta, hubiera ocurrido un forcejeo este repartidor se les extraño eso, pero a lo mejor habían tenido una fiesta o, a lo mejor era un matrimonio, una pareja que se acababa de mudar y habían tenido un accidentes o estaban acomodando toda la casa. En fin, explicaciones podía haber muchas y, para ser sinceros, él dice que él no estaba ahí para interrogar a la pareja. Simplemente quería dejar su comida que le pagaran e irse. Este repartidor además, dice que esta pareja se comportaba de una manera extraña, no de una manera perturbadora o aterradora, sino que eran demasiado amigables. Tenían siempre una sonrisa marcada en su rostro y esto la larga lo incomodaba la pareja. Tanto el hombre como la mujer le hacían preguntas que cómo le había ido hoy, que cómo se le estaba pasando, que si el trabajo había estado duro todo con una sonrisa. Esto a él al principio le agradó claro, pero conforme iba pasando el tiempo. Esto se le hacía cada vez más extraño. Mientras que la esposa hablaba con él, el esposo se notaba un poco distraído, como que confundido y ya ya ya o que a él ya tenían que pagarle. Y el esposo seguía buscando dinero. No le importaba abrir los cajones e incluso los cajones los abría y los tiraba al suelo. Buscaba ahí entre las pertenencias y después otra vez subía y hacia lo siguiente, con el otro cajón, se subió las escaleras y se notaba que estaba moviendo muchas cosas. Movía roperos, sacaba cajones, buscaba dinero, pero de una forma muy despreocupada, como no importándole que iba a limpiar o no importándole todos los destrozos que estaba haciendo en la casa hasta que, al pasar los minutos, finalmente bajó el joven y le dio el dinero. Incluso este le dio más dinero y le dijo que lo tomara como su propina. Este joven dejó los alimentos y se fue del sitio. Si bien esto podría quedar en una experiencia algo rara, su establecimiento de comida lo llama a los minutos. Unos cuantos minutos habían pasado. Le informan a este joven que estos clientes, a los cuales él les había entregado la comida recientemente, habían tenido un problema, y es que ellos habían llamado al establecimiento y les habían dicho que la comida venía en un mal estado y que querían, por favor, que se la cambiaran. Simplemente dijeron que venían con unas cosas que ellos no sabían. Qué era y, obviamente, para no poner en riesgo su salud, habían decidido no consumirlo. Hay unos establecimientos que tienen una cierta política que si la comida viene en mal estado o viene con un ingrediente o tal vez alguna basura que no debía de tener se, la cambiaban sin costo y, es más, le daban una remuneración a la familia. Pero claro, la comida que les habían mandado esa no se la podían comer ni se la podían quedar. Tenían que enviarla de nuevo con el repartidor para ver qué era lo que tenía, qué era lo que había fallado y encontrar al responsable de esto más que nada para que el establecimiento no se hubiera afectado no tuviera una mala reputación. El joven de nueva cuenta se dirige al establecimiento por la comida. La orden exactamente igual a la que había pedido aquella pareja e incluso no tardó mucho. Cuando llegó la orden ya estaba lista. El repartidor de nueva cuenta se dirige hasta esta casa entra otra vez y la puerta puerta de la casa igualmente está abierta. Al llegar a aquella pareja lo está esperando esta vez con una sonrisa todavía más grande que la anterior. Esta sonrisa la tenían los dos como si se esforzaran por ocultar algo, como si se estuvieran conteniendo las carcajadas que querían soltar. Este repartidor les entrega su pedido, pide disculpas en nombre del establecimiento y también por todo el mal rato que les había hecho pasar él. La pareja le dice que no se preocupe Le dan la otra bolsa en donde viene la otra comida y antes de irse, esta pareja le dice al muchacho que gracias por sus servicios y que ojalá encuentren al responsable de aquel malentendido. El joven se retira, no abre la bolsa anoche Canada, ya que de él no depende. No es su departamento, por así decirlo. Eso le concierne solamente a las personas que están en el establecimiento. Este repartidor otra vez empieza su curso, llega hasta donde están las comidas desempaca y lleva la bolsa hasta el gerente y al momento de abrir la bolsa, tanto él como el gerente como las personas que estaban cerca de ahí pusieron una cara de horror absoluto. No podían creer lo que estaban mirando sus ojos, Y es que dentro de la bolsa donde venían empaquetadas todas las comidas, todas las salsas, todos los complementos en y cada uno una de ellas venían dedos humanos muy frescos. Estos en cada uno de los paquetes eran diez en total, pero estos no pertenecían a una sola persona, eran de diferente tamaño. Se podía ver después de cierto tiempo que algunos de estos dedos pertenecían a la mano de un hombre y los otros dedos pertenecían a la mano de una mujer. Se armó el revuelo, por supuesto, y estaba más que claro que esto no era obra del establecimiento en ningún momento el chef o los jóvenes que empaquetaban aquella comida habían puesto sus dedos ahí, por lo que al llamar a la policía, esta inmediatamente fue hasta la casa a donde aquella suer puesta pareja había ido. Lo que se encontraron ahí no era lo que esperaban. Después de investigar un poco resultó que encontraron a dos cuerpos pero no eran esta pareja los dueños de aquella casa. Era un matrimonio, pero un matrimonio de tanto la mujer como el hombre. Ya eran personas maduras de algunos cincuenta años, algo totalmente opuesto a la pareja de jóvenes de veintitantos que había visto el repartidor. Pero no solamente fue el hecho de que encontraron los cuerpos de esta pareja, sino el estado en el que los habían encontrado. Había partes de ellos separados. Entre estos tantos estaban sus dedos, los cuales la policía ya los tenía pazze. Resulta que en aquella casa había sucedido un crimen atroz tan solo minutos antes que el repartidor llegara con los que habló. Aquella vez. Las personas con las cuales socializó no eran otras, sino los verdugos de aquel matrimonio. Además, está decir que en la comida no había nada extraño. Aquella pareja simplemente había llamado de nuevo al establecimiento de comida como para hacer una pequeña travesura, como para hacer una broma de mal gusto. Aventaron intencionalmente estas partes en la bolsa como si se tratara de una broma macabra terrorífica. Esto explica el comportamiento de aquella pareja. Esa sonrisa enloquecida, pues prácticamente estaba tratando con dementes, con sociópatas que, para mala suerte en los registros y a pesar de que el repartidor dio su declaración a los responsables, jamás consiguieron encontrarlos. No solamente lugares turbios, no solamente en el que tienen que socializar con personas raras y en algunas contadas veces peligrosas, son con lo que tienen que lidiar estos repartidores día con día o si tienen suerte en algunos contados días, pero qué pasaría sin lo que viven. No es obra de un humano que pasa si al llegar a su domicilio, quien le responde no comparte plano con él. Muchas veces, al llegar a una casa que nosotros no conocemos, se dice que somos más susceptibles al ver ciertas presencias, al ver ciertos entes que siguen en ese domicilio o siguen en ese sitio buscando algo que no van a encontrar, tal como le pasó este repartidor. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Ricardo Ascarrega. Quiero contarles mi experiencia. Yo soy repartidor de comida y, como muchos pensarán, es como cualquier otro trabajo, hay días buenos, días malos y también días extraños. Y este fue uno de ellos. Recibimos una llamada como es de costumbre. Una mujer, una mujer joven, quería un cierto platillo con combos y lo pidió a una cierta hora e incluso hice tiempo para llegar más o menos a la hora que esta mujer había pedido. Comencé el transcurso y llegué sin no mal recuerdo algunos cinco minutos antes entré a la casa, ya que el timbre se notaba que no funcionaba. El apagador estaba zafado y la puerta estaba abierta. Por decirlo así, no había puerta, tal cual la habían quitado. Entonces, sin ninguna limitante, caminé por las escaleras, llegué hasta la puerta y comencé a tocarla, pero nadie en abría. Comencé a tocarla otra vez y luego otra vez, pero no parecía que hubiera nadie. No había ni un solo ruido que viniera desde adentro, alguna televisión, alguna radio, pasos de personas, alguna voz, no había nada. Obviamente, esto me desconcertaba, ya que habían pedido la comida A cierta hora. Revisé varias veces al domicilio y vi que estaba bien todo. Y en medio de eso, en medio de toda la confusión, algo llama mi atención y es que una de las ventanas que venían desde adentro quedaban perfectamente enfrente a la entrada de la casa. Se estaba asomando una niña. Era un niño que yo calculo unos ocho diez años. Se estaba asomando desde adentro de la casa. Había hecho las cortinas hacia un lado, no había abierto la ventana me veía desde adentro. Obviamente, también había barrotes. En aquel momento que la VI me mostré amigable. Claro, lo menos que quería era espantarla. La chica me continuaba mirando con su mirada fija en mí y fue en ese momento en el que me voy acercando hacia ella y le digo, niña, no te asustes. Soy el repartidor. Traigo la comida que me pidieron. Podrías hablarle a tu mamá o con quien estés ahorita. La niña simplemente se me queda, se iba mirando y me dijo lo siento es que no hay nadie. No he encontrado a nadie en ese momento. Supongo que tal vez la persona en la que estaba a cargo de la casa tal vez había salido y había dejado la niña encerrada, algo que tiene mucho sentido en ese momento. Obviamente, no le vas a dejar a una niña a la puerta abierta. Le pregunto si tal vez su madre o la persona que está a cargo va a tardar mucho, cuánto tiempo la tengo que esperar. Esta niña me responde algo que me deja muy confundido. Ella me dice que vive con su mamá, pero que la he estado buscando y no la ha encontrado. Es una niña pequeña, así que yo le pregunto de vuelta. Acaso la estás buscando. Te acabas de decir despertar o algo, pero esta niña me responde que no, que ella lleva mucho tiempo buscándola, pero que no la ha encontrado. Acto seguido. Después de esto, la niña se va simplemente da pauso hacia atrás y se mete de nuevo en la casa. Baja la cortina y la pierdo de vista. Algo confundido, sin saber muy bien qué hacer. Llamo al establecimiento. Les cuento todo lo que está pasando, que no hay nadie en la casa y, si es posible que me den algunas instrucciones, sobre qué es lo que puedo hacer en ese momento. El establecimiento me dice que espere que ellos iban a llamar al celular donde pidieron la orden. Si no contestaban, me tenía que retirar del sitio, así que me dijeron que esperaron unos minutos. Yo me regresé en ese momento a mi motocicleta. Me sentí ahí y estuve con mi celular un momento cuando, después de unos cuatro o cinco minutos, me volvió a llamar el establecimiento. Me dijeron que la persona que había pedido la orden había sufrido un retraso por esos que había pedido la orden en cierto tiempo, pero había sufrido un retraso debido al tránsito, por lo que iba a tardar unos diez minutos más en llegar a la casa, pero que, por favor, no se fuera, ya que prácticamente estaba a punto de llegar. En ese momento, al recibir las instrucciones, no me quedaba de otra más que esperar. Cuando llegó la chica me sorprendió ver a una muchacha muy joven como de algunos veintidós años. Yo le pregunté disculpa, esta es tu casa. Ella me dijo que sí y que estaba esperando el pedido que si, por favor, le daba un momento para entrar a la casa y tomar el dinero, ya que en ese momento yo no contaba con terminal y no podía cobrarle a tarjeta de débito o crédito. Entró a la casa y me llamó la atención, que prácticamente era a su casa, por lo que, al ser un poco lógicos, la niña que estaba dentro se tenía que tratar de su hija. Cuando me entregó el dinero, la chica se disculpa conmigo y me pregunta que si tuve algún inconveniente, que si me retrasó por los demás pedidos. Pero yo le digo que no y que, a pesar de todo, tuve una buena compañía que era la niña, que había sido una niña muy bien portada y que no había platicado mucho conmigo, pero que seguía adentro. En ese momento, el rostro de esta muchacha cambia abruptamente y es que ella no sabe de lo que le hablo. Me dice niña, cuál niña. Yo le respondo. La niña que iba aquí contigo tal vez es tu hermanita o tu hija, pero ella sigue ahí adentro. La chica se me queda viendo y ella me responde, pero muchacho, yo vivo sola. No hay nadie en aquí conmigo. De hecho me acabo de mudar y yo no tengo sobrinos, ni hermanos y mucho menos hijos. Yo en ese momento no supe qué responder. Simplemente le dije que había una niña y que me había estado contestando desde el otro lado de la ventana. En ese momento, en el rostro de la chica, yo pude ver que había miedo, pero también algo de satisfacción, y es que esta chica me dice que desde que ella lleva rentando ahí hace aproximadamente un mes y medio, ella desde el día uno que llegó, ha escuchado pasos, ha escuchado voces cuando ella está absolutamente sola y todos estos sonidos parecen provenir de una niña. Pero claro, cuando ella la busca no ve nada. Ella pensó en un momento que tal vez eran supersticiones suyas, que tal vez lo estaba imaginando todo en su cabeza, pero ahora está más que segura que nada de esto se le inventa su cabeza, ya que yo le había dado la última pieza que corroboraba que en ese momento ella no estaba sola en la casa. Después de esto me despido de la muchacha. Yo vuelvo al establecimiento casi casi procesando que durante el tiempo que estuve esperando había platicado con un fantasma. A pesar de que se lo platican mis compañeros, ellos no me creyeron. Muchos de ellos incluso estaban esperando otra llamada que proviniera del mismo domicilio para esta vez ir ellos, ya que tenían mucha curiosidad en ver si ellos también podían ver a aquella niña. Pero para nuestra suerte o más que nada, para la suerte de ellos, esto no ocurrió. No recibimos ni una sola llamada de aquel domicilio. No sé si, después de lo que vivió, después de decirle lo que yo había visto, la chica tal vez se mudó definitivamente de esta casa, ya que, después de todo, quién quisiera habitar en un sitio en el cual habita un espíritu. Jamás volvimos a recibir una llamada de este domicilio. Las reuniones familiares, entre primos, entre esos familiares muy cercanos a uno, sobre todo en festividades tales como la Navidad el Año nuevo. Creo que son días que muchos de nosotros recordamos con con mucha nostalgia, con mucha felicidad, pero claro, a veces ocurren cosas, cosas que uno no tiene planeado. Este repartidor dice que en aquella noche ellos simplemente iban a entregar un paquete y ver una casa que popularmente se creía embrujada. Creo que todos conocemos esta historia. Una casa que se queda sola rápidamente se dice que hay espíritus, hay y y obviamente, a los más jóvenes les nace este instinto de saber si sí es cierto. Poco sabía este joven repartidor de diecisiete años que iba a encontrar una respuesta a todas esas dudas, que tenía pero ahora él está más que seguro que lo mejor hubiera sido nunca entrar esa casa. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Enrique Segura. Quiero contarles mi experiencia. Esta sucedió en el año dos mil ocho. Recuerdo perfectamente el año fue uno de sus últimos años en que la familia se juntó por completo. Anteriormente creo que, como en muchas familias mexicanas, toda la familia se junta en una determinada la casa pase. Resulta que mis padres tenían un negocio y era precisamente en la casa de mis padres que todos, tanto tío sobrinos, tíos lejanos y abuelos, se juntaban para celebrar las diferentes festividades del año. El negocio que tenían mis padres era de comida unas populares comidas mexicanas y yo, al ser el hijo y tener en ese entonces diecisiete años era el repartidor. Por defecto, les cuento todo esto porque de no ser que mis familiares vinieran a vacacionar aquel diciembre, esto no hubiera pasado. Mis primos, que en ese entonces eran menores que yo tenían alrededor de catorce quince trece años, eran esos típicos niños que eran molestos y que cualquier lugar que ellos escuchaban estaba prohibido o embrujado, por así decirlo. Les daba mucha curiosidad. En aquel entonces había una casa muy grande cerca de mi localidad. Era una casa vieja, una casa en ruinas, se podría decir. Y en esta casa, que no era habitada en más de una década, se decía que pasaban cosas paranormales, tanto los vecinos como los chicos de la escuela que pasaban por enfrente de ella. Yo creo que esto se cuenta en todas las casas que son medianamente viejas y abandonadas. Pasaba lo mismo con esta. Mis primos siempre bromeaban en que iban a ir a esta casa e iban a ver si era verdad todo lo que se decía, si era cierto, que aparecían fantasmas. Yo jamás les creí, pero claro todo cambió. Al llegar una noche. Mis padres cierran el establecimiento cerca de las siete u ocho de la noche. Esto más que nada para que yo no me encuentre en la calle a altas horas de la noche. A esas horas todavía personas hay cierto movimiento y también patrullas. Cuando de pronto suena el teléfono y piden un servicio a domicilio, mi madre nota todo las órdenes que pidieron. Era una orden bastante chica decir verdad aquella dirección al momento que la leí me parecía familiar. Me parecía como si ya le hubiera escuchado antes. En fin, no le di importancia. Subí el paquete, subí las órdenes y me puse en marcha. Cuando iba a mitad del camino, me encontré con otro primo y con un amigo. Ellos estaban paseando por la zona y me detuve simplemente a decirles un par de cosas y entre plática y plática, ellos me preguntaron que a dónde iba. Yo les di la dirección, ya que ellos también iban a moto, y ellos se sorprendieron. Tal parecía ser que yo no había captado. La dirección a la cual me dirigía era la misma dirección de la casa abandonada. Obviamente, yo me sorprendí por esto y creí en primera instancia que se trataba de una broma. Pero claro, al estar enfrente de mi primo, al estar enfrente de su amigo, ellos también les dio curiosidad y dijeron mira te acompañamos hasta ya de todas formas, ya llevamos tiempo que queremos ver que hay en esa casa. Se nos hace muy interesante qué dices te animas. Obviamente, ier nosotros tres. Me sentía más seguro. Comenzamos la marcha y llegamos hasta aquella casa. Lucía como de costumbre esa imagen lúgubre de que nadie había estado habitando ahí por muchos años. Tomamos el pedido y caminamos hasta esta por el trayecto. Mientras íbamos caminando, íbamos pensando que existían muchas razones por las cuales a esta casa habían pedido comida. Y es que, a lo mejor, alguna agencia, alguna inmobiliaria o tal vez alguna familia había comprado la propiedad y se encontraban remodelándola desde adentro hacia afuera. Esto mismo ya me había pasado otras veces, por lo cual se me hacía algo creíble. Pero claro, al entrar a esta vimos que me equivocaba por completo. En aquella casa no había nadie a excepción de los muñecos. Algo que se me había olvidado comentar es que en esta casa habían muñecos. Eran unos muñecos de trapo con plástico, eran catrines o vestían como tales y algunas otras muñecas que venían con vestido tenían el tamaño de una persona normal o sea, eran bastante grandes. Estos muñecos habían sido traídos aquí y no se sabe por quién. Simplemente se sabe que aquí fueron abandonados. Curiosamente, los vecinos, las personas que vivían cerca de esta casa decían que por las noches o por las mañanas, cuando el sol iluminaba un poco las ventanas de aquella casa se veían sombras sombras caminando de un lado hacia otro. Y también, curiosamente, cada vez que alguien pasaba, decía que la ubicación de los muñecos cambiaba. Es decir, algunas veces había un muñeco observando por la ventana, otras veces sentado en la puerta, otras veces tirado en las escaleras, otras veces no era un muñeco, sino una muñeca. El caso era que siempre aparecían en diferentes formas, en diferentes posiciones. Y si bien esto podía despertar miedo, la razón lógica era que aquella casa simplemente tenían que linos y no inquilinos que fueran deseados. Es bien sabido que las casas abandonadas son el lugar perfecto para las personas que no tienen lugar, para aquellas personas que son vagabundos o incluso criminales de menor categoría y se decía que bueno, en esta casa habitaban algunos. Nunca se les había visto, pero era la única respuesta que tenían para ver a los muñecos posicionados de manera diferente. Cada mañana e incluso cada noche. Ellos creían que estas personas los movían intencionalmente para alimentar la leyenda, por así decirlo, de que esta casa estaba embrujada. Nosotros entramos y vimos algunos muñecos posicionados de alguna forma curiosa, por decirlo de alguna manera. Pero lo que más nos llamó la atención es que enfrente de nosotros había un muñeco sentado en una mecedora, una mesadura vieja y, además de esto, el muñeco estaba observando hacia la puerta, por lo que fue lo primero que vimos cuando la abrimos de alguna extraña manera y nos supimos muy bien por qué decidimos caminar. Caminamos y caminamos hacia este muñeco cuando de pronto y de la nada algo explotó. Era uno de estos cohetes popularmente llamados martillos. Uno de estos había sido colocado abajo de la mecedora de tal manera que no lo pudiéramos ver. Este cohete llevaba una mecha muy larga casi casi que de minutos y al momento de tronar, obviamente nos asustamos tanto, así que a mí se me cayó la comida y nuestro amigo se cayó. Gritamos del susto. Y cuál es nuestra sorpresa que de entre las sombras de la casa salen mis primitos, aquellos niños de trece, catorce y quince años, riéndose a carcajadas de nosotros. Ellos habían puesto el muñeco ahí, ellos habían llamado con mis padres para que yo fuera hasta aquella casa y ellos también habían colocado aquel cohete. Todo se trataba solamente de una broma. Obviamente, yo me enojé al igual que mi amigo y mi primo y uno para cada uno. Comenzamos a perseguirlos, mientras que estos niños iban riendo y corriendo más rápido que nosotros. Yo seguía uno de ellos. Este corrió y subió la escalera al segundo piso, cuando finalmente lo atrapé y estaba dispuesto a regresarle el susto. En ese momento, los dos nos quedamos totalmente petrificados. Y es que yo lo había atrapado en una de las habitaciones de la casa, lo tenía en el piso y lo tenía inmovilizado. Pero en ese momento mi primito empieza a ver algo y yo también volteo uno de esos muñecos de trapo se encontraba parado en la puerta del cuarto parado erguido como si se tratara de una persona. A ver les explico esto no puede ser, ya que los muñecos están hechos de algodón, de harapos y de plástico, pero solamente sus cabezas y sus manos y sus pies. El de más cuerpo está hecho de harapos, por lo que este tipo de muñecos no se pueden sostener en pie por si solos. Pero a pesar de esto, ese muñeco se encontraba ahí erguido parado con aquella tétrica cara de plástico. Observándonos en ese momento, levanté a mi primo y le dije ya basta de bromas, quién es el que está ahí. Si bien sentí miedo mi cerebro rápidamente me dijo que esto era una broma que de seguro había alguien más involucrado, que alguien más se había vestido de muñeco, pero mi primito también estaba igual de asustado. Incluso me abrazaba fuerte a mí diciéndome que él no, que él no lo había hecho, que no había nadie más ahí, que ellos solamente habían puesto el cueta, ya habían llamado, pero solamente eso no tenía ni la más remota idea de que era lo que sostenía aquel muñeco enfrente de nosotros. Cuando estábamos dando pasos hacia atrás, observando que la ventana estaba abierta y no tenía barrotes. Escuchamos como claramente nuestros primos abajo en el primer piso empezaron a gritar de una manera descomunal. Estaban aterrados por completo. Tan solo al mirar la ventana vimos cómo estos iban huyendo del sitio. Estaban corriendo a nosotros no nos quedó de otra. Salimos por la ventana. Primero salí yo y casi de inmediato salió mi primo. Él era menor que yo y, por lo tanto, no podía saltar desde aquella altura. Primero salté yo y lo esperé abajo y él saltó inmediatamente a mis brazos. Obviamente, yo, al tener diecisiete años, no tenía mucha fuerza y nos caímos juntos, pero al menos yo amortigué la caída. Una vez que nos levantamos, empezamos a correr y, para nuestra desgracia, ya no estaban las motos. Se las habían llevado los demás, pero créanme que no nos hicieron falta. El terror que teníamos bastaba y sobraba para que ambos corriéramos a la velocidad que lo hiciera una motocicleta. No recuerdo cuándo fue la última vez que corría así de veloz. Parecíamos gacelas en cuestión de unos minutos. Ya habíamos corrido un par de manzanas, cuando en eso mi primo viny nos encuentra en una motocicleta no sube de inmediato y nos lleva hasta la casa de mis padres. Una vez ahí todos nos estaban esperando. Todos nosotros vimos lo mismo. A pesar de estar en diferentes pisos, vimos a esos muñecos moverse a mi ella. Mi otro primo no cerró la puerta de salida prácticamente al estar ahí el parado, pero los que estaban abajo ellos dicen que vieron cómo los muñecos se levantaron. Estaban tirados en el piso y otros sentados cuando en eso se van levantando, y esto bastó para que ellos salieran corriendo. Uno de ellos dice que vio claramente como uno de estos muñecos los perseguía hasta que salieron de la casa. Esta historia, si bien ya se la contamos a nuestra familia, lo cierto es que no se las contamos en ese mismo instante. Sabíamos que no nos creerían los dos años siguientes, en donde esta casa se mantenía en pie. Los muñecos siguieron apareciendo en diferentes posiciones, sentados, recargándose en algún lugar, tirados en diferentes partes, hasta que finalmente esta casa fue derrumbada y los muñecos, junto con la madera el material, desaparecieron. Una historia de terror que creo que les gustará a ti y a toda tu Comunidad. Una historia de terror que se salió de control por una simple broma de niños. Mi historia comienza en las épocas decembrinas. Yo estaba de vacaciones y un amigo mío me dijo que estaban ocupando en una pizzería un motociclista repartidor. Yo ya sabía andar en moto, por lo que supuse que no tendría problema en trabajar de repartidor. Al caso, lo complicado sería dar con las direcciones, pero me dijo que se manejaban con gp ese y además tenía Google Maps, así que sin más fui a la pizzería y obtuve el trabajo. Al día siguiente me tenía que presentar iba a estar en el turno matutino y en sí yo en todo mi turno casi no salía. Solo estaba, por así decirlo, de reserva cuando de plano ya no hubiera repartidores. O que estos no quisieran ir a un domicilio, pues ya conocían las casas y sabían muy bien cuáles eran las que no daban tan buena propina o de plano no daban nada, así que de esas me encargaba yo yo las hacía sin ningún problema total. Lo único que quería era un trabajo temporal y durante un tiempo, como por dos semanas. Todo transcurrió con normalidad hasta que un viernes me tocó llevar una pizza a un domicilio, algo retirado. Al llegar noté que no era un domicilio, sino más bien se trataba de un hotel. Al llegar me introduje a la recepción y después de unos minutos medio dejaron pasar a entregarla en la habitación. Yo fui hasta la habitación y una vez que llegué me abrió un hombre como entre algunos veinticinco a veintisiete años. Este estaba sudando y en sus ojos se podía ver que estaba algo exaltado. Cuando me abrosa, me quedó mirando por unos segundos de una manera muy incómoda, como sin saber qué hacer. Hasta que yo le dije le traigo su pizza, él puso la mirada en la pizza y después me miró de nuevo a mí. Después entró en la habitación sin pronunciar ninguna palabra. Este tipo actuaba de manera muy extraña y me empezaba a incomodar por lo menos cuando salió de nuevo de la habitación, salió con el dinero y tomó la pizza, me dio un billete y cerró la puerta. Yo le toqué, preguntando si quería el cambio, pero este no me respondió algo confundido. Regrese a la pizzería y esto hubiera quedado ahí como una extraña anécdota. Pero días después, por azares del destino, cuando estaba desayunando, vi las noticias, las cuales decían que habían descubierto el cuerpo de una mujer en el mismo hotel al cual yo había ido a dejar la pizza. Hace apenas dos días. Este cuerpo se encontraba enredado en bolsas y colocado debajo de la cama. Lo habían descubierto por el olor que emanaba, ya que al paso del tiempo, el edor traspasó las bolsas. Yo estaba empezando a sospechar lo peor, pero no tardaron mucho en decir el número de la habitación, y era el mismo al que yo había acudido el día viernes, si de por sí esto ya me espantaba la hora. Fue lo que más me aterró. Fue a las tres cuarenta y cinco cuando las autoridades determinaron que el cuerpo había perdido la vida el día viernes, Y ese mismo día yo había llevado la pizza a las cuatro quince, o sea, que ese hombre me había atendido, mientras que a pocos metros de él se encontraba el cuerpo sin vida de lo que parecía ser su novia. En aquel tiempo, mi siguiente experiencia Sucedió cuando me encontraba trabajando de repartidor en una motocicleta. Trabajaba para un restaurante de comida china. En ese entonces en el cual duré trabajando cerca de dos años. Durante todo ese tiempo solamente me tocó vivir una experiencia que me dejó sumamente perturbado. Sucedió por la tarde cuando me encontraba repartiendo platillos de comida. En una ocasión me tocó ir a repartir a un domicilio que se encontraba en una calle donde apenas entrar en esta se podía ver que la mayoría sino es que todas las casas estaban abandonadas, estaban deterioradas y en ninguna se podía ver electricidad. Recuerdo exactamente que me faltaban como tres casas para llegar al domicilio. Yo me detuve desde donde me encontraba parado. Podía ver la casa e incluso la numeración y para ser franco, me empezó a dar un mal presentimiento. Como de esos que sientes cuando algo malo va a pasar lentamente, baje mi pie y arranqué mi motocicleta. Yo siempre cargaba una palanca de metal por si las dudas y a una baja velocidad continué hasta llegar al domicilio. A nosotros, los repartidores, fácilmente nos puede entender una emboscada. Si bien no aportamos grandes cantidades de dinero por nuestra cartera, nuestro celular son capaces de golpearnos para que quitarlos. No sería la primera vez que pasa eso. Me bajé de la motocicleta. En una mano traía la comida y en la otra la palanca. Al llegar a la puerta que cabe decir no había puerta externa, uno podía entrar sin mayor esfuerzo por el patio y llegar a la puerta todo el patio se encontraba desatendido. El césped había crecido mucho, algunas ventanas estaban rotas. La madera podrida. Claramente se podía ver que esta casa no había sido atendida en años. Al bajar la mirada a los pies de la puerta, me encontré un pedazo de hoja en esta decía repartidor favor de llevar la comida con su hermano. Está en la parte de atrás. Nada de esto. Me gustaba. Pensé por un momento en subirme de nuevo a la motocicleta y largarme del lugar, pero no lo hice. Me colgué la comida en mi cinturón y tomé la palanca con mis dos manos. Si le soy sincero, si eso me pasara en este tiempo, me hubiera ido en una motocicleta hace ya unos minutos, pero le di la vuelta a la casa y seguí caminando hasta llegar a la puerta trasera. Al llegar no vi nada de extraño. De hecho, no se podía ver ningún alma en la casa, pero lo que sí pude ver fue una bolsa negra quemada enfrente de la puerta. El plástico casi ya se había derretido por completo, pero había algo dentro de esta arriba de esta bolsa, había otra hoja. Esta simplemente era una carita feliz. Al quitarla y ver en la bolsa, me di cuenta que se trataba del cadáver de un perro, pero este se notaba que le habían prendido fuego mientras se encontraba dentro de la bolsa. Sentí mucha tristeza. Ese día me di cuenta que en este mundo existen personas sin escrúpulos y, sobre todo, cínicas para hacer todo esto con el motivo de una broma, ya que de seguro saben el chiste que en la comida china se emplean perros, pues esta broma que me hicieron sobra decir que fue de muy mal gusto. Trabajé como repartidor un tiempo en mi vida, cuando tenía diecisiete años. En ese entonces yo vivía con mi abuela. Mis padres no estuvieron muy presentes durante mi adolescencia, por lo que viví con ella casi todo el tiempo. Mientras estudié. Mi abuela, con su pensión, no podía pagar algunas de las cosas que me pedían en el bachillerato, por lo que me tuve que ver en la obligación de obtener un trabajo. Lo pedí en una senaduría local. Los dueños fueron amables y entendieron mi situación, por lo que mi horario comenzaba a poder. Por eso de las ocho de la noche me daba el tiempo suficiente para ir a la escuela a hacer mistarías y ya por la noche trabajar Cuando entré un chico que también era repartidor, me explicó lo que tenía que hacer y cómo tenía que cobrar. Además de mencionar los domicilios marcados, yo le pregunté qué eran esos domicilios marcados y por qué les decían así, él me explicó qué eran domicilios de algunas personas con las que habían tenido problemas, problemas muy severos y, además, otros tantos estar situados en colonias muy peligrosas con altos índices de delincuencia. Mi compañero me dijo que no me preocupara por eso, ya que la chica que nos mandaba las direcciones era la hija de los dueños y pues conocía muy bien esos domicilios, así que no nos mandaría a ellos ni por error. Yo le pregunté qué si entonces ya no les mandaban el pedido, por qué seguían ordenando esas personas. Mi compañero me explicó que eran personas resentidas o que querían seguir haciendo sus maldades, que esos domicilios habían tenido problemas por no pagar la comida. A veces robaban al repartidor y otras cosas peores, como agredirlo físicamente si este ponía resistencia alguna. Por lo regular, estas personas eran adolescentes que escogían casas abandonadas para llevar a cabo esto y conseguir comida gratis. Una vez ya poniéndolos en contexto sobre esto, ahora sí les contaré mi experiencia. Resulta que lo que me sucedió fue como dos semanas después de que una chica nueva entrara a trabajar en la senaduría, ella y yo nos llevábamos muy bien, e incluso hasta la fecha, la hija de los dueños le estaba enseñando a tomar los pedidos, por lo que cuando ella se encontraba en el baño y la chica nueva estaba cubriéndola para tomar órdenes, entró una llamada para pedir una orden. Esta chica la tomó y se preparó, pero no era algo muy laborioso, por lo que, en cuestión de un par de minutos, estuvo lista la orden y yo me encontraba desocupado en ese momento para llevarla. Si hubiera tenido más tiempo trabajando en ese lugar, me habría dado cuenta que la colonia a la que iba era una de las más problemáticas que había tenido el establecimiento, pero en ese entonces no lo sabía ni la chica tampoco pareciese que todo se habría acomodado de manera que yo viviera esa experiencia, experiencia que incluso hoy en día, casi una década después, me cuesta olvidar. Comencé mi trayecto. Yo no conocía muy bien ese colonia en ese entonces, por lo que me estaba ayudando con unas indicaciones que me habían dado unas personas a la entrada de esta. Después de dar varias vueltas y estar desorientado por unos minutos, logré dar con la dichosa casa. Afuera de esta se encontraban dos vehículos y dentro de la casa se escuchaba música va y varios monos murmullos, por lo que pensé que había una clase de reunión. Cuando toqué la puerta, un chico la abrió al abrirla un olor a cigarro y quién sabe qué más me llegó. Puedo decir que este olor me mareó con facilidad. El chico tomó mi pedido y luego, riéndose me cerró la puerta. Yo me quedé ahí parado, creyendo ingenuamente que me iban a pagar, pero pasaron algunos diez minutos y al ver que nadie salía toqué de nuevo la puerta. Esta vez salió un tipo alto y con los ojos rojos. Claramente se estaba metiendo algo. Yo le dije que solamente quería el pago de la comida, pero este se rió. Igual que el joven. Me tomó por el hombro y me hizo entrar a la casa. Él era mucho más grande y fuerte que yo, por lo que no pude hacer nada. Me llevó a la sala donde había más o menos unos cinco hombres. Ninguno de ellos pasaban de los veintidós años, estoy seguro, pero lo que me hizo temblar del terror fue lo que vi en una mesa que tenían en el centro había armas de diferentes calibres y, obviamente, sustancias que estaban consumiendo. Uno de ellos me preguntó en tono borlón que cuanto era yo estaba realmente aterrado, por lo que simplemente solo quería salir de esa situación. Le respondí que nada, que de hecho ya me iba a ir. Él se burló diciéndome que si acaso le iba a regalar la comida. Yo le dije que sí, que se la regalaba, pero que, por favor, me dejara ir. Él me sonrió y me dijo que me iba a pagar. Metió su mano en el bolsillo y sacó una bolsa oscura. La abrió y de ésta sacó cuatro pastillas. Hasta la fecha no sé qué habrán sido. Las puso sobre la mesa y dijo que eran mías. Yo no quería molestarlo, así que las tomé y le dije gracias. Yo hice por salirme, pero me detuvieron y después este chico me dijo que me las tenía que ca tomar ahí con ellos. Yo obviamente me negué, pero eso sí muy educadamente pero este chico tomó una de las armas que estaban sobre la mesa y comenzó a jugar con ella. A veces me apuntaba y a veces la bajaba. Sus ojos también estaban rojos, por lo que se podía ver con facilidad que él también estaba consumiendo algo. Yo, al ver que mi vida estaba en riesgo, me tomé las pastillas. Sin dudar, dos de los chicos que estaban ahí pusieron cara de asombro y otros más empezaron a reír. Recuerdo que al hacer esto, el otro chico dijo que me fuera que no quería ver. Cuando cayera, al salir de la casa a toda prisa y dirigirme a mi motocicleta, solo podía pensar en que era lo que había consumido. Claramente era algún tipo de estupefaciente, por lo que iba nervioso. No sabía cómo este me iba a afectar. Ni siquiera sabía los efectos secundarios de esas cosas y, además, por por como me or observaron mientras las consumía claramente era una sobredosis Y pensé bien porque eso precisamente era lo que me estaba pasando por el camino. No sabía si dirigirme a un hospital o a mi trabajo, pero en ese mismo momento estas cosas empezaron a hacer efecto, no sentía nada en mi cuerpo. Era como si estuviera flotando. Las luces de los autos y de los faros se fueron tornando en formas extrañas. Mi oído se empezó a quedar sin sonido y ya ni siquiera escuchaba bien. Pero eso si mi último recuerdo, y lo recuerdo muy bien, fue el instante en que choqué con un auto y como yo caí al suelo, pero vuelvo y repito, sin sentir nada. Era como si mi cuerpo tuviera anestesia después del accidente perdí la conciencia. Desperté en un hospital. Al día siguiente sin saber lo había conducido en dirección a mi empleo y a vino y quedado tirado a un par de calles de este. Mis patrones se hicieron cargo de los gastos y, una vez que me estabilicé porque si prácticamente estaba perdiendo la vida en el camino, pude contarles todo lo que había pasado. Dieron informe a la policía, pero como de costumbre, la casa se encontraba deshabitada. Simplemente fue usada por esos delincuentes. Una noche, la chica que me había mandado a ese lugar me pidió disculpas entre lágrimas, pues casi perdía la vida. Además que esa colonia estaba marcada como nunca ir a repartir y a ella se la había pasado. Después de unos días de reposo, volví al trabajo, aunque claro, a mi abuela no le gustaba esto e incluso me dijo que renunciara, pero yo no quise jamás. Me volvió a pasar una cosa similar mientras trabajé en la Senaduría y espero que lo que yo pasé con esos maleantes no se repita con nadie más. Esa fue mi historia. Gracias por leerme