MARATON DE RELATOS ATERRADORES SOBRE REGLAS EXTRAÑAS EN EL TRABAJO / (TEMP.5) / L.C.E.

Un maraton que te helara la sangre sobre experiencias paranoramles sucedidas en los diferentes empleos de los suscriptores.
Una aterradura experiencia que me sucedió y que ahora les quiero compartir fue cuando me encontraba irónicamente en mi primer trabajo. Acababa de llegar a Chihuahua y necesitaba encontrar un trabajo temporal en lo que uno de mis familiares conseguÃa meterme a trabajar con él en su empresa. Era cuestión de algunos dos meses o por lo menos un mes y medio. Yo soy originario de la zona sur de México y me habÃa mudado recientemente por una mejor oportunidad laboral. Pero hasta que esa oportunidad se abriera, trata de buscar un empleo, al menos para apoyar económicamente a la casa de mi tÃa, que era la que me habÃa cogido. Después de un tiempo de estar buscando, me encontré con que estaban contratando en una empresa de seguridad para cuidar un par de casas residenciales que se rentaban. Fui de inmediato al dÃa siguiente de ver el anuncio. Ese mismo dÃa me dieron el uniforme y por la noche me presentarÃa a trabajar con ellos. Se notaba que le surgÃa llenar el hueco de quien trabajarÃa por la noche en esas dos casas. Al llegar me encontré con el cuidador del dÃa y para hacerle sincero, las casas eran enormes más grandes de lo que habÃa pensado antes de marcharse. Este cuidador me dijo que me tenÃa que decir las encomiendas de la noche. Para ser sincero. No pensé que fueran muchas, ya que al ser velador sólo cuidarÃa las entradas, pero digamos que algunas de estas reglas me resultaban bastante extrañas para decirlo abiertamente no tenÃan sentido, al menos para mÃ. No lo tenÃan en ese momento. Una de estas reglas. Era de que, a pesar de las encomiendas que me habÃan dado en la oficina sobre recorrer ambas casas por dentro, el vigilante me dijo que esto no aplicaba del todo. HabÃa solamente dos habitaciones a las cuales yo no podÃa entrar. Estaban totalmente prohibidas recorrerlas. Se trataban de las habitaciones principales de ambas casas. Estas habitaciones igualmente eran enormes y estas se conectaban a un balcón que se encontraba en la parte derecha hacia la parte trasera del fraccionamiento. Al dar el primer rondÃn, me percaté de que la barda que daba muy poca distancia del balcón, para alguien atlético, la verdad es que era muy fácil llegar. Además, me di cuenta también de que en esta habitación se encontraba una luz encendida o al menos lo que yo creà en ese momento era una lámpara pequeña, ya que daba algo de luz a través de la puerta. Continuamos con el recorrido, sin que nada normal sucediera. Al llegar a la caseta y mientras él se preparaba para retirarse la curiosidad, la verdad es que no me dejaba en paz. Le pregunté el por qué de esta regla, por qué las habitaciones principales estaban prohibidas. Ãl me contestó con alguna excusa que yo no le creà como que adentro habÃa joyas y pertenencias de los dueños. Esto no resultaba congruente si ambas casas estaban rentando. A final de cuentas, me terminó diciendo la verdad, aunque antes de esto me preguntó si yo era creyente, si tenÃa alguna religión, si creÃa en Dios y, lo más importante, si creÃa en fan fantasmas o espÃritus. Yo creo que, como todo mexicano, o más bien la mayorÃa. Le dije que era católico, pero que tampoco era que creyera mucho en fantasmas que por lo regular creÃa que eso simplemente eran cuentos para asustar a los niños. Ãl me miró y me dijo que era todo lo contrario, que a veces esos cuentos resultaban ser tan verdaderos como uno mismo me dijo que esas casas en realidad no estaban en renta, al menos no aún debido a una tragedia que habÃa sucedido años atrás. Pase y resulta que estas casas habÃan sido hechas para un par de hermanas, unas gemelas de un matrimonio pudiente. Al recibir estas casas, las gemelas tendrÃan una edad aproximada a los treinta años. Eran muy unidas, pero a su vida llegó la desgracia al conocer a un hombre el cual ó con los sentimientos de ambas. Las dos gemelas amaron profundamente este hombre y fue este mismo amor el que las distanció. Al saber que las dos estaban con él mismo, dejaron de hablarse un largo tiempo. Se dice que incluso se negaban a salir de sus casas, perdieron su empleo y todas ganas de salir a vivir su vida. Fue en este momento en que los familiares contrataron a esta empresa de seguridad para tener vigiladas a sus hijas. Y es por esto que esta historia se conoce, ya que después de unos meses, las chicas se quitaron la vida el mismo dÃa como si lo tuvieran planeado en la habitación principal a la misma hora, la misma la que ahora estaba prohibida acceder. Al terminar de contar la historia, él se fue y aunque me dejó con algo de miedo se me pasó al transcurrir la noche. Siempre que pasaba por esa habitación, observaba algo de luz que provenÃa de abajo. Al dÃa siguiente, este mismo guardia me dijo que se trataba de una veladora que se colocaba en ambas habitaciones para recordar a las gemelas. Todo apuntaba que la historia era cierta, pero esto no me iba a echar a perder mi trabajo. Seguà yendo y durante el primer mes me lo llevé de lo más normal hasta que llegó una noche en el que puse mi mirada en el lugar equivocado querÃa fumar un cigarrillo, por lo que me detuve un poco en el patio de una de las casas para hacerlo. Después fui acercándome hacia la barda para recargarme en lo que revisaba mi celular y fue en ese momento en que alcé mi mirada y movà mi cuello para tronármelo un poco. Estaba tratando de evadir el cansancio que tenÃa y fue en este punto en que la vi vi la sombra de una persona estando en el balcón, la cual se metió rápidamente a la habitación. De inmediato me sobresalté y fui corriendo hasta la parte de arriba de la casa. Lo primero que supuse fue que alguien se habÃa metido a la casa, algún ladrón o algo peor. Iba en camino con mi retráctil y radios preparadas. Cuando subà y abrà la puerta que se encontraba con llave, me encontré con que la habitación estaba vacÃa. No encontraba por ningún lado a la persona que yo habÃa visto meterse minutos antes. Busqué en el armario debajo de la cama, en el baño, pero después de no encontrar nada, mi atención pasó al centro de la habitación. En ella podÃa ver una especie de altar. PodrÃa decirse habÃa prendas de mujer vela de diferentes tamaños, no solamente una. Como me hacÃan creer, los vestidos se encontraban en el piso estaban perfectamente doblados, HabÃan acumulado mucho polvo una clara señal de que habÃa estado en el mismo sitio durante mucho tiempo. HabÃa dejado la puerta abierta y en ese momento, debido al viento frÃo que habÃa fuera, ya que recuerdo perfectamente que estábamos en el mes de diciembre, debido al viento frÃo que entró por la puerta, la veladura se apagó. Contaba con mi lámpara en ese momento, pero no la tenÃa encendida, ya que tenÃa la luz de las veladoras. Al pasar esto, al apagarse la luz, fue el momento exacto en el que observé como entre la oscuridad. Se materializaba el cuerpo de una mujer recostada sobre la cama. Yo me quedé helado y totalmente paralizado. No podÃa creer lo que estaban viendo mis ojos. Esta mujer se levantó y se sentó sobre la cama. Dándome la espalda, yo seguà parado, sin que mis huesos pudieran responder ni siquiera podÃa gritar. Sentà a mi boca sellada. Esta mujer se levantó y fue directo al baño que quedaba enfrente. Solo cuando no la pude ver. Fue cuando logré recobrar mi movilidad el control sobre mi cuerpo. Salà de la habitación inmediatamente y, por alguna razón, la cerré con llave. Me sentÃa más seguro si se encontraba aislada como el principio, pero cometà un grave error. Al momento de estar bajando las escaleras, empecé a escuchar golpes todos Estos provenÃan por dentro de la puerta de la habitación, seguidos de un grito aterrador. Era el grito de una mujer desesperada y adolorida, como si algo la estuviera atacando. Era un grito de dolor. Yo no tuve ni siquiera el valor de volver. Apresuré el paso hasta llegar de nuevo a la caseta y me quedé dentro de esta hasta que la noche terminó. Por más que querÃa, no podÃa dejar de escuchar aquellos gritos que provenÃan de la casa. Era un martirio. Continuaron atormentándome hasta que el sol por fin salió. Al llegar mi relevo salà de inmediato. TenÃa muchas cosas que contarle. Este hombre abrió los ojos como platos cuando le dije que habÃa entrado en la habitación principal. Lo primero que me dijo fue dime por favor, que no apagaste la veladora en su cara se mostró el horror cuando le dije que sÃ, que la habÃa pagado, pero que habÃa sido por accidente. No importaba el motivo. Ãl me dijo que por ninguna circunstancia aquella vela se tenÃa que pagar. Ambos fuimos a encenderla de nuevo y, a pesar de ser de dÃa, Ãbamos uno pegado del otro. ParecÃamos niños asustados. Cuando llegamos, mi compañero empezó a encender las velas mientras rezaba el credo. Yo miré toda la habitación de nuevo estaba muy nervioso y gracias a esto me percaté de algo más. Los vestidos que habÃa visto doblados en el centro de la habitación ahora estaban sobre la cama destendidos como si alguien se los hubiera puesto. Volvimos a la caseta y de nueva cuenta, mi compañero me dijo que, por ninguna razón, ya se asà bellas sombras, alguna luz o algo en el balcón, por la razón que fuese jamás debÃa de volver a entrar. Ãl me explicó que por esto mismo, ambas casas no se podrÃa rentar, pues se decÃa que los espÃritus de ambas hermanas aún no las abandonaban. Las casas habÃan rentado varias veces, pero las personas salÃan corriendo al dÃa siguiente o esa misma noche, a pesar de que las habÃan bendecido varias veces, Las apariciones no dejaron de suceder. Las gemelas jamás se fueron. Aún seguÃan penando. Trabajé en ese lugar otras dos semanas, aunque ahora sà siguiendo estas reglas. Por suerte, para mà me hablaron del otro trabajo el cual estaba esperando. Me sentÃa tan aliviado de haber dejado aquellas casas hasta el dÃa de hoy, creo que todavÃa no se rentan. Es triste saber que algunas almas no encuentran la luz debido al dolor que todavÃa sienten aún después de haber fallecido. Hola buenas noches. Mi nombre es Narciso Colón y les quiero compartir una experiencia que me sucedió mientras trabajaba de velador. Mi experiencia comienza asÃ. Yo trabajaba para una empresa de seguridad privada. Como sabrán, a estas empresas se les contrata en diferentes lugares, ya sea comercios, plazas, comerciales, incluso casas como mansiones, personas muy influyentes. Yo estaba trabajando en esa empresa cerca de ya unos tres a cuatro años y durante ese tiempo habÃa prestado mis servicios de vigilancia. Durante el turno nocturno a una funeraria iba ahà llegaba a las siete de la tarde y mi turno terminaba a las siete de la mañana. A pesar de que prestaba mi servicio en la funeraria, mi lugar de trabajo no era dentro de esta. Yo tenÃa que vigilar todo afuera de la funeraria y controlar los accesos tanto de las personas que entraban como también de las personas que salÃan. Estuve trabajando un largo tiempo en ese lugar y hasta ese momento no me habÃa pasado nada nada paranormal como lo que me pasó aquella noche. Hubo un dÃa en que se me avisó que requerÃan que ahora vigilara dentro de la funeraria. Esto solamente era cosa de una noche, o esporádicamente algunas noches. Resulta que el velador, el velador que era fijo de la funeraria, el que habÃa contratado la funeraria, iba a estar ausente unos ciertos dÃas. Por ende, antes de presentarme a la noche siguiente para desempeñar mi turno, me vi con este velador y hablamos unas ciertas cosas que tenÃa que tener en cuenta a la hora de vigilar la funeraria. Una de estas era que simplemente me limitara a vigilar la parte de enfrente, o sea, el ob donde entraban los cuartos de administración, el primer piso o grandes rasgos a excepción de algunos almacenes, pero que no subiera al segundo piso. Estaba prohibido pasar ahÃ. Me dijo que todas las noches habÃa un grupo de personas que se quedaban por ende, que si escuchaba pisadas voces que venÃan de arriba, pues que eran ellos que no me sorprendiera para nada. Yo le pregunté, pero tienes alguna tarjeta de auto. Es eso algún cuaderno donde vayas anotando los nombres de quienes se quedan en las noches y quienes se van en las mañanas. Ãl me dijo que no y que no le prestara atención a esos detalles, simplemente que me quedara y vigilara esas partes de la funeraria, que no me subiera al segundo piso. A mà se me hace extraño esto porque yo afuera si tenÃa un cuaderno, una bitácora, el cual marcaba los accesos del personal y, según a mi experiencia, según a lo que yo habÃa notado, dÃa con dÃa, noche con noche, personas dentro de la funeraria jamás se quedaban. Estró algo extraño y nuevo para mÃ, Pero bueno, si él era el velador a lo mejor, habÃa personas que se quedaban y salÃan hasta después de las diez de la mañana, cuando ya no me encontraba. Ahà cabÃa la posibilidad si él me dice que sucede esto, entonces lo tomaré en cuenta. En fin, llegué aquella noche, me presenté a las siete de la tarde y me desempeñé como siempre le abrÃa las puertas, controlaba el acceso de las personas que se iban de la funeraria. Cuando de pronto esta quedó vacÃa, recuerdo que eran los mismos nombres que se iban, las mismas personas que iban y venÃan todos los dÃas. Eran las mismas personas que yo veÃa fuera. Llegó a tal momento, a una cierta hora por ahà de las diez de la noche, en que yo sabÃa que ya no habÃa nadie. Pensé que tal vez en aquella ocasión no se habÃan quedado personas. Estaba silencio por completo la funeraria. No habÃa ninguna voz, ningunos pasos, absolutamente nada. Se quedó totalmente callado. El edificio, un edificio de dos pisos. Yo procedà a seguir con mi turno, calenté mi comida, vi algo en el celular, vigilé las partes que este velador me dijo que vigilara y después fui y me senté nuevamente en el escritorio, en el ovio. Algo que nunca me habÃa pasado me pasó aquella noche y es que, inevitablemente y sin querer me quedé dormido, tal vez era porque tenÃa el clima prendido, estaba sentado, estaba todo callado y pues al tener todas esas facilidades, inevitablemente me cayó sueño. Lo que me despertó en aquella ocasión no fue ni siquiera ni una llamada. Fueron los pasos, las voces, el llanto de alguien que estaba llorando. Obviamente, me desperté. Pensé que esto serÃa alguna clase de pesadilla al n una clase de terror nocturno, pero para nada, todos esos ruidos provenÃan desde adentro de la funeraria, más concretamente de la parte de arriba. Escuchaba múltiples pisadas, pero no de una ni dos personas, sino de varias. Yo asegurarÃa que serÃan como unas siete nueve personas las que estuvieran arriba de mÃ, o sea, en el techo, en el segundo piso, caminaban de un lado hacia otro. Escuchaba voces y no alcanzaba a divisar qué era lo que decÃan, pero las escuchaba sobre todo también llanto. Alguien estaba llorando. A veces escuchaba el llanto de un hombre y otras veces el llanto de una mujer y a veces también el llanto de ambos. Uniéndose esto, se me hacÃa muy extraño. Muchas veces tuve la tentación de subir, pero decidà acatarme a las instrucciones que me habÃan dejado y creo que eso fue lo mejor que pude hacer en aquella ocasión. Estos ruidos extraños duraron toda la noche y por eso de las cinco de la mañana cesaron por completo. Ya no escuché nada tan súbitamente como habÃan comenzado, se habÃan aplacado. Ahora habÃa silencio, un silencio sepulcral como si nada de lo que hubiera escuchado hubiera pasado en aquella mañana. Yo recuerdo que el primero en llegar era el gerente. Llegaba por eso de las seis y media seis cuarenta de la mañana, antes que todos los empleados lo saludé. Le di los buenos dÃas. Me preguntó que cómo habÃa estado el turno, ya que sabÃa sobre el movimiento que se habÃa hecho. Y yo le pregunté simplemente o sea como curiosidad que si no o llevaba un registro que si no le incomodaba o que me pudiera decir cuáles eran las personas que trabajaban en el torno nocturno, ya que para tener en cuenta por si acaso sucedÃa algo tan solo que me diera los nombres, que me diera al menos sus rostros, que me diera la posibilidad de verlos, de ver sus rostros, sobre todo para seguridad dentro del mismo edificio. En ese momento, cuando yo le estaba explicando todo esto, se me quedó mirando, pero muy extrañado. Ãl me dijo pero muchacho. A veces sà trabajan durante las noches, pero son muy contadas las veces en lo que va del año, creo que solamente ha trabajado de noche algunas tres o cuatro veces y son las mismas personas que ves en el dÃa. Yo no tengo turno de noche. Yo le dije sÃ, en esta ocasión trabajaron de noche. Yo los escuché estaban aquà arriba. Me puso de nuevo la cara de extrañado y me dijo de nueva cuenta. Hoy no trabajo nadie y, como te digo, trabajamos de noche algunas muy contadas, veces cuando el trabajo es mucho, pero trabajamos en nuestra área, o sea, en el área de vestimenta de los fallecidos, preparar a los cadáveres. Pero eso, si bien se lleva a cabo en el segundo piso, se lleva a cabo hasta el otro extremo del edificio, no se lleva a cabo aquà arriba. Yo tenÃa en cuenta esto. SabÃa que preparaban a los difuntos en unos ciertos cuartos que tenÃan especiales, pero a decir verdad, en ese momento yo no sabÃa qué tipo de cuarto o qué habitación se situaba arriba de donde yo estaba, de donde provenÃan las pisadas, de donde provenÃan las voces antes de que se fuera. Yo le pregunté oiga ahÃ, qué es lo que está arriba de aquÃ, que hay en el segundo piso aquà arriba de mÃ. Ãl me dijo que esa habitación se compartÃa con la morgue de la localidad. La morgue no estaba muy lejos el amor que simplemente se situaba a unos cuantos metros enfrente de la funeraria. Esta morgue, que era también del hospital, que estaba cerca, se situaba simplemente a unos cuantos metros enfrente de la funeraria. Y esta misma morgue A veces le pedÃa apoyo a la funeraria para pasar unos ciertos cuerpos y a pilarlos ahà hasta que un miembro de la familia saliera a reconocerlo. O por otros temas. El caso es que habÃa cerca de unos veinte cuerpos sin vida, apilados, cada uno en su mesa, que estaban reposando en una habitación grande y esa habitación era la misma que se encontraba arriba de mà en ese momento. También se tiene que decir que en esa habitación solamente se guardaban los cuerpos. En esa habitación no se trabajaba, tan sólo iban ahÃ, sacaban el cuerpo y se lo llevaban. No entraban ni siquiera un máximo de dos personas a la vez en aquel cuarto a la noche siguiente, cuando pude ver el velador de nueva cuenta, le dije todo lo que me habÃa pasado y le dije también sobre la plática que habÃa tenido con el gerente. Ãl simplemente se sonrió y me dijo es que si te decÃa la verdad tenÃa de dos opciones. O me decÃas loco O me decÃas que estaba demente por creer en fantasmas o a lo mejor no hubieras querido venir, pero sÃ, no hay un turno de noche. Los que caminan arriba durante toda la madrugada son los cadáveres hola cripta manÃacos. Mi nombre es Leticia y soy de Baja California. La siguiente historia que les quiero compartir me sucedió cuando tenÃa dieciocho años y habÃa entrado a trabajar a una tienda departamental muy conocida en todo el paÃs. Mi horario terminaba técnicamente a las nueve treinta de la noche, pero a esa cerraba la tienda, por lo que al hacer el corte de caja e ir por mis cosas y demás, terminaba saliendo por eso de las diez y cuarto o a veces diez y media. Pero en esta ocasión me tocó una temporada donde la tienda cierra más tarde, por eso de las once y media de la noche. Por suerte, tenÃamos transporte. Yo hice mi movimiento como cualquier noche normal. Pero al llegar a la caja, donde dejamos todo el dinero de la venta, hubo un problema conmigo, ya que me faltaba una cantidad de dinero, por lo que me retardé de más y al final terminé subiendo por mis cosas hasta el piso de arriba. Ya era demasiado tarde y ya no habÃa absolutamente nadie. Cuando después me dirigà a bajar las escaleras, me quise quitar los tacones, ya que me estaban lastimando por todo el tiempo que los habÃa traÃdo en el dÃa. En ese momento tenÃa que bajar cuatro pisos hasta abajo y eso estaba largo el camino, además de que habÃan apagado ciertas luces, por lo que el camino estaba más oscuro y me daba algo de miedo, ya que yo sola estarÃa bajando por los pasillos. En ese momento se me vino una idea a la cabeza, la cual era un ascensor de carga. Este ascensor recorrÃa toda la tienda de arriba abajo y, de hecho, ya lo habÃa usado. Otras veces Estaba prohibido, ya que solamente era para la carga y descarga de productos. Pero pues a veces se daba la ocasión. Pero y aquà lo que me daba cierto terror. Al usarlo. Yo ya llevaba trabajando cerca de un mes en la tienda, por lo que habÃa escuchado algunas historias de terror que se contaban adentro. Ya saben las tÃpicas de que se aparece una niña, el fantasma de una mujer en el comedor y demás cosas. La mayorÃa de estas supuestas apariciones se tomaban la broma y pues hasta se decÃa que eran inventadas. Entre estas, un bodeguero me contó sobre la supuesta aparición de un hombre ahorcado en el elevador. Me dijo que este espÃritu era de un trabajador anterior a la tienda, el cual se habÃa quitado su propia vida. Al colgarse de uno de los extremos del ascensor. Se decÃa que tenÃa problemas financieros, además de también personales, y ese era el motivo. Todo fue de mal en peor cuando se registró el cadáver del hombre en las cámaras de vigilancia cuando fueron a sacarlo antes de que abriera la tienda, este hombre no se encontraba en el ascensor. Varias personas al terminar el turno lo vieron entrar en el ascensor varios de sus compañeros y ellos dicen que él fue el único que lo usó, porque, como te comento, no se nos permite a nosotros usarlo so son n u ns podemos bajar por las escaleras, las cámaras y varios de sus compañeros que podemos llamarlos. Por asà decirlo. Testigos en este acontecimiento vieron a este hombre entrar en el ascensor, pero no lo vieron salir. Después, su cuerpo no fue encontrado, a pesar de que en la Cámara dentro del ascensor se veÃa como este aún permanecÃa colgado. Debido a esto, se dice que el ascensor se mantuvo fuera de servicio durante un tiempo, hasta que el cuerpo de este hombre por fin se dejó de ver, ya que esto no quedó en simples cámaras, sino que habÃa personas que tuvieron la mala suerte de tomar el ascensor y vieron a este hombre adentro balanceándose de un lado hacia otro. A final de cuentas, ya nadie querÃa tomarlo, por lo que lo clausuraron. Al menos esto era lo que se contaba, si bien algunos jefes decÃan que ese ascensor, efectivamente habÃa estado un tiempo clausurado habÃa sido por otra cosa y no necesariamente por un fantasma, como se decÃa. Sin embargo, entre empleados se decÃa que solamente decÃan eso para no asustar a los de nuevo ingreso. Bueno, retomando donde me habÃa quedado. Al saber yo todo esto, tenÃa dos opciones. Usar las escaleras, que serÃa un verdadero martirio, además de que me tardarÃa más y tal vez perderÃa el transporte si me demoraba más de lo previsto, o tomar el ascensor, el cual ya habÃa usado anteriormente y no me habÃa ocurrido nada, además de que ya no estaban los supervisores, por lo que no tendrÃa reclamos ni llamadas de atención y pensar que todo eso era un simple cuento de horror que a alguien se le habÃa ocurrido, como supondrán. Tomé la segunda opción. Me adentrené el ascensor y lo puse en marcha hacia la planta baja cuando ya habÃa bajado hasta el primer piso. De pronto el ascensor se detuvo de la nada, se apagaron las luces en la pequeña pantalla se reflejaba pausado. Esto me tranquilizó porque significaba que seguÃa funcionando solo que alguien o algo lo habÃa detenido. Era muy extraño que sucediera, pero a veces lo hacÃan durante simulacros o cosas por el estilo. Lo que se me ocurrió fue llamar por miedo de la bocina que se encontraba a un lado de la puerta, pero no sabÃa cómo hasta que de pronto por medio de la bocina se comunicaron conmigo. Se trataba del Guardia de Seguridad. Este me decÃa que el ascensor habÃa accionado la detención de alerta debido al peso, el cual estaba bajando, ya que podrÃamos decir este seguro o medida se implementaba después del cierre y esto impedÃa que movieran mucho peso. Después de cierto horario. Me preguntó que cuántos éramos los que venÃamos en el ascensor. Yo simplemente le dije que solamente era yo, que no venÃa en compañÃa de nadie. Hubo unos minutos de silencio cuando otra vez me preguntó segura que solo vienes tú. Yo le volvà a responder que sÃ. Lo que me contestó fue que tenÃa que checar la Cámara, ya que se trataba de una sola mujer, o sea, yo, y el ascensor detectaba un peso superior a los ciento treinta kilos. Eso no podÃa ser en ese tiempo. A duras penas llegaba a pesar los cincuenta y cinco kilos. Siempre he sido muy delgada, por lo que ese peso exagerado no tenÃa ningún sentido por esta misma bocina. Me dijeron que el ascensor registraba los últimos pesos que movÃa, ya que era de mercancÃa. Se registró que cuando iba descendiendo de la planta alta, tenÃa el peso de cincuenta y siete kilos, pero al llegar a la segunda planta, se registró que subió el peso abruptamente a ciento treinta kilos. Es por eso que se habÃa detenido. HabÃa un promedio otro setenta o setenta y cinco kilose extra dentro del ascensor, pero lo extraño era que este ascensor no se habÃa detenido. Era como si de pronto ese peso hubiera aparecido en cuestión de segundos mientras este ascensor seguÃa en movimiento. Cuando el guardia vio las cámaras, me volvió a llamar y me dijo está segura que viene sola los estoy viendo por la Cámara. Dime quién es ese hombre. Yo no sabÃa qué responder. Estaba muy confundida a la par de que también empezaba a asustarme. Le volvà a decir que venÃa sola, que no le estaba mintiendo De nuevo. Hubo un silencio y el guardia me contestó que iba a accionar de nuevo el ascensor, pero que esto tenÃa que ser de forma manual, asà que, por lo tanto, se tardarÃa algunos minutos. El ascensor estaba por completo a oscuras y fue en este momento que empecé a escuchar un pequeño suspiro. Era uno de esos suspiros que los niños o adultos hacen después de haber llorado mucho. Se escuchaba detrás de mÃ, alucé lo que pude con mi celular, pero nada. Cuando quité la luz de nuevo escuché el suspiro. Para eso entonces tenÃa mucho miedo y no tuve el valor de volver a pontar mi celular hacia aquella esquina. Lo único que hice fue llamar al guardia que tenÃa la bocina aún abierta, ya que podÃa escuchar el sonido de las teclas de su computadora. Le pregunté con una voz quebrada si es que me podÃa decir si en la Cámara se podÃa ver a alguien más además de mÃ. De nuevo hubo un silencio en la bocina. El guardián me contestó algo pausado. Se notaba que también estaba confundido. Me dijo, Señorita, usted viene con alguien los estoy viendo por las cámaras. Es un hombre y está en una esquina del ascensor. Yo le respondà casi sin tratar de evitar el terror que sentÃa y con una voz prácticamente llorosa. Señor le digo la verdad. Yo no vengo con nadie. Por favor, accioné el ascenso rápido. Se lo suplico el guardia se dio prisa, pero yo entré en pánico. Ya no era solamente el ruido que escuchaba, sino que también ahora sentÃa como alguien estaba detrás de mÃ. SentÃa la exhalación de una persona cerca de mi cuello y mi nuca no pude voltear, no tenÃa el valor, o más bien estaba totalmente petrificada. Empecé a llorar y solo de recordarlo, la piel se meriza. El guardia accionó de nuevo todo y volvió la luz rápidamente. En ese momento cerré mis ojos, volteé y empecé a lanzar golpes al aire, esperando a que pudieran cestar alguno a esa persona, pero no habÃa nadie. Al abrir mis ojos, me encontraba en el ascensor completamente sola. Salà del ascensor corriendo y rompida en llanto. Esa fue la última vez que lo sé. Ya no laboro dentro de esta empresa, pero el tiempo restante que estuve ahÃ, no volvà a usar el ascensor ni siquiera de dÃa. Cuando todos lo usaban, Simplemente desarrollé una fobia hacia este que aún no supero. Cuando veo otros ascensores parecidos, vuelvo a sentir el terror que sentà aquella noche, cuando apenas empezaba a conducir un camión. Mi abuelo, que fue quien me enseñó a conducirlo, me dijo ciertas cosas, ciertas advertencias y cuidados que debÃa de tener en el camino. Una de estas era que no debÃa de transportar muñecos o juguetes conmigo durante todo el viaje. Mi abuelo tenÃa la creencia de que este tipo de juguetes podÃan servir como vehÃculos para que durante el camino se me pegaran cosas asà como males so brujerÃa. En fin, era un hombre que creÃa mucho en eso y yo, por mi parte, me mantenÃa un poco el margen, aunque me llamaba la atención de que otros camioneros, al igual que él, creÃan este mismo tipo de cosas. Esto me resultaba muy curioso. Otro tipo de reglas que se me hacÃan, por decirlo de algún modo, algo extrañas era que no recogiera a nadie en las carreteras poco concurridas, asà sea un hombre, una mujer o un niño, ya que nunca se sabe qué es lo que realmente recoges en las carreteras. Y esto también abarcaba el hecho de recoger cosas que estoy hubieran tiradas en las carreteras gasolineras o paraderos de camiones. Sin embargo, habÃa una regla más que no terminaba de comprender. Esta era referente a cuando llegábamos a una planta textil conocida en el norte de Nuevo León. En esta planta nosotros tenÃamos que aparcar nuestro camión en una área designada, en el área donde nos encontrábamos esperando. Me dijeron que, por ninguna razón ni circunstancia tenÃa que abrir la caja del tráiler. Esto me lo decÃan estrictamente al llegar a esta fábrica. La razón no me la sabÃan explicar y era que, según mi abuelo y a uno de mis tÃos les habÃa pasado algo diferente a cada uno. Por lo regular, al llegar a esta fábrica se supone que el tráiler venÃa vacÃo y una vez ahà era llenado con la mercancÃa. Mi abuelo me dijo en múltiples ocasiones que pasara lo que pasara, no debÃa abrir la caja. El tiempo pasó y entré a trabajar como camionero durante mi primer año. Nada malo me pasó, por decir, en el ámbito paranormal y eso que habÃa viajado varias veces de noche al llegar a esta fábrica. Una de esas tantas veces eran aproximadamente las dos de la mañana. Me encontraba dentro del camión cuando empecé a escuchar a golpes que venÃan de la parte trasera, o sea, que venÃan de la misma caja de este. La caja era de metal y muy gruesa, por lo que la magnitud del golpe tenÃa que ser muy fuerte para que yo le escuchara. Bajé de mi camión y me acerqué a la puerta trasera. Quité primero los seguros, pero casi de inmediato me aur acorde de las palabras de mi viejo. La puerta se encontraba prácticamente abierta. Solamente hacÃa falta que la jalara cuando en ese momento escuché una voz que provenÃa desde adentro. Se trataba de la voz de un niño este me preguntó que si lo dejaba salir, sentà un escalofrÃo que pasó de mis manos hasta mi pecho. Como si fuera una corriente eléctrica. QuerÃa cerrar la puerta, pero mis manos se encontraban casi por completo petrificadas. Era como si éstas se encontraran unidas a las puertas y qué decir de mi boca. No podÃa gestionar palabra hasta que escuché de nuevo la voz de ese niño decir puedo salir del camión. En un momento obtuve la suficiente adrenalina para lograr soltar la puerta y me subà a mi camión dejándola abierta. Una vez que estuve dentro de mi camión, escuché el rechinido de ambas puertas. Al fijarme por los espejos retrovisores, ambas puertas de la caja se habÃan abierto de par en par De igual manera, las puertas estaban pesadas y para que éstas se hubieran abierto, necesitaban que fueran empujadas con fuerza, algo que claramente no podÃa ser Y ya que la caja estaba vacÃa, yo me rehusé a bajar y no lo hice ni cerrar la puerta tampoco asà me fui hasta el área de carga. Al llegar, obviamente me llamaron la atención, pero no encontraron nada. La caja venÃa vacÃa. Yo seguà con mi camino ahÃ. Por el transcurso me fui calmando y convenciéndome a mà mismo que esto no habÃa sido otra cosa, sino algo que me habÃa imaginado. Pero al llegar a mi casa y al recibirme mi novia, me preguntó que quién era el niño con el que venÃa en el camión, pues cuando me vio llegar observó a un niño que se encontraba sentado atrás de mà si se me habÃa pasado el miedo. Esto hizo que me volviera al parecer ese niño si se habÃa bajado. Después de todo, mi abuelo. No supo responderme sobre qué era lo que ocurrÃa en aquella fábrica y hasta la fecha no lo sabemos muy bien, solo que algo hace presencia dentro de los cajones de los camiones. A mà fue en aquella vez un niño. Para él, para mi abuelo fue una mujer y para mi tÃo, en cambio, a él se le apareció un perro enorme oscuro. Como la noche durante el tiempo que trabajé para esa fábrica seguà esta regla a raja tabla. No importa qué es lo que escuchara. Jamás volvà a abrir ese cajón. Lo que les quiero contar A continuación sucedió cuando me encontraba trabajando de velador en un instituto educativo. Se trataba de un kinder, o al menos yo vigilaba la parte del kinder, ya que abarcaba lo que era secundaria, primaria y kinder. A la vez en mi trabajo tenÃa poco que hacer. Además de hacer rondines y vigilar la entrada, tenÃa que dar unas vueltas en el área administrativa también, ya que éstas me quedaban cerca de donde vigilaba. En esta área se encontraba una bodega, la cual se me habÃa dicho que no tenÃa que abrir, especialmente por la noche, ya que ésta se mantenÃa cerrada y con cadena y candado hasta la mañana siguiente. El motivo no lo sabÃa, al menos no lo supe hasta esa noche. La puerta siempre se mantenÃa con candado. Al caer la noche, esta bodega, aparte de guardar algunas cosas de audiovisuales, también tenÃa un pequeño altar en el cual reposaba la fotografÃa de una niña en compañÃa de una flor de plástico y una muñeca con culetas. Yo, por respeto, me abstuve de preguntar el porqué del altar, pero una profesora un cierto dÃa me contó que ese altar pertenecÃa a la hija del profesor de quÃmica. Este profesor lo recuerdo como un hombre retraÃdo bastante serio, pero, según algunos alumnos, muy paciente y comprensivo. De hecho, era el profesor favorito de la mayorÃa. Según lo que me contó esta profesora, su hija iba en esa misma escuela. Era una niña con dificultades en su corazón desde nacimiento. Un dÃa debido a que estaba jugando, se podrÃa decir que se esforzó más de lo que debÃa y tuvo un ataque en el cual perdió la vida, La niña dio su último suspiro en la dirección y la muñeca con coletas se perdió debido al alboroto, la cual portaba ese mismo dÃa de su deceso. Semanas después, esta muñeca fue encontrada dentro de la bodega, por lo que varios profesores decidieron hacerle un pequeño altar junto con la foto de la niña. Esto era todo lo que sabÃa, pero aquella noche descubrirÃa más sobre esto. El caso fue que me encontraba dando mi rondin cuando en eso vi hacia la puerta. Esta tenÃa un vidrio cuadrado en la parte superior muy empañoso. En este pude alcanzar en diferente la sombra de una niña que se retiró corriendo del cristal. Yo solamente llevaba a mi linterna, por lo que la vi muy esporádicamente. Lo primero que pensé era que de seguro se trataba de algún animal o si no tal vez un niño que se habÃa metido. En fin. Era algo temprano, ya que eran poco pasadas de las nueve de la noche y a esa hora todavÃa habÃa varios niños en la calle. Quité el candado y me adentré en la bodega. Era una bodega muy pequeña, por lo que rápidamente la registré. Al ver que no habÃa nada extraño, simplemente opté por cerrar la puerta, pero se me olvidó poner el candado de nuevo. Salà decidà ir hacia la puerta que daba el acceso al kinder. No pasó mucho cuando recibà una llamada por radio, o más bien varias llamadas. Todas estas llamadas tenÃan el mismo motivo. Los otros veladores que estaban en la sección de secundaria y primaria estaban desconcertados, pues todos ellos habÃan visto una niña corriendo por los pasillos canchas y también dentro de los salones. Algunos habÃan tratado de alcanzarla, pero explicaban que simplemente se les habÃa perdido de vista. Lo extraño de estas llamadas que hacÃan mis compañeros era que en fracción de segundos, la niña se veÃa de un extremo a otro de la institución. Verán les explicó. Primero, un compañero dijo por la radio que habÃa visto a la niña en los baños de la sección de secundaria y en cuestión de unos dos minutos, otro compañero dijo que la habÃa visto por los sallones de segundo de primaria. Esto no tenÃa ningún sentido, a no ser que hubieramos las niñas corriendo por la escuela y si era de esa manera, era aún más extraño, ya que todas tenÃan que tener las mismas caracterÃsticas una niña con dos coletas pelirroja y un uniforme a cuadros como el que portaba en la primaria. El encargado de turno llegó a mi puesto y sin darme oportunidad a darle novedades, quitaste el candado. Yo estaba muy confundido y solamente tené a preguntarle que sobre qué candado me estaba hablando. Ãl me dijo que el de la bodega en la dirección. Yo me quedé callado ya que no sabÃa a qué iba todo esto. Ãl, sin darme muchas explicaciones, fue la dirección. Mientras yo lo seguÃa, tomó el candado y después me dijo que jamás quitara el candado por esa noche fue lo único que supe hasta la siguiente, donde mi supervisor me explicó que no conoce muy bien por qué pasan estas cosas. Pero que cuando falleció la hija del profesor, una niña se empezó a ver por la escuela. Su apariencia era la misma que aquella niña. Las apariencias de esta niña frenaron en el momento en que tomaron la muñeca, que hasta ese entonces habÃa estado guardada en la dirección y la encerraron en la bodega con cadenas y candado. Yo no soy mucho de creer en fantasmas y ese tipo de cosas, pero esta ha sido la experiencia más rara que me ha pasado, porque, dicho y hecho, al poner el candado de vuelta, la niña se dejó de ver. Esta ha sido la experiencia que me ha traÃdo más dudas sobre si hay vida de de de de de de después de la muerte o la comunidad de la cripta. Mi nombre es Jorge y la experiencia que les quiero contar pertenece a mi abuelo. Mi abuelo fue cuidador de cementerio allá en los años setenta en su natal pueblo. Ãl en ese momento estaba teniendo una familia algo numerosa. Por ende, tenÃa que tener varios trabajos. TenÃa trabajos durante el dÃa, asà como también uno, en concreto durante la noche. Este trabajo lo habÃa conseguido y era como cuidador de cementerio. Ãl tenÃa alguien que le hacÃa guardia en cuestión. Eran dos veladores, era él y su compañero, un hombre de edad ya adulta c mucho mayor que él. Este hombre le daba facilidades a mi abuelo, ya que sabÃa que trabajaba durante el dÃa que se pudiera dormir en la casilla. Mi abuelo se dormÃa por eso de las dos dos y media de la mañana hasta las seis y media. Claro esto, después le llevar a cabo todas las reglas, todo lo que se tenÃa que hacer en el cementerio antes de la medianoche se tenÃa que cerrar el portón. Se tenÃan que dar un par de rondines por los mismos caminos que se señalaban a la par de asegurarse de que no estuviera nadie dentro del cementerio o al menos nadie que no tuviera permiso. Estounado también a otros detalles que tenÃan. Pero lo importante es esto y es que él veÃa que su compañero de nombre refugio llevaba a cabo una extraña actitud durante cierta parte de la noche. Ãl notaba que él las doce de la noche. Ãl salÃa de su casilla con un vaso de agua en la mano y con una veladora en la otra. Refugio. Caminaba por todo el camino del cementerio hasta llegar a una tumba y sobre ésta ponÃa el vaso de agua y ponÃa la veladora y con la misma rapidez, se iba de aquella tumba Esto lo llevaba a cabo todos los dÃas y pese a que mi abuelo se daba cuenta, la verdad es que no querÃa indagar sobre temas personales. Ãl creÃa que, a lo mejor se trataba de algún familiar, de refugio, tal vez de algún hermano de su padre. No sabÃa mucho de su vida, asà que prefirió no indagar más acerca del tema. Pero, por supuesto, mi abuelo dice que hubo algunas noches en las que él pasaba se rÃa cerca de esta tumba y cada vez que pasaba cerca miraba de reojo sutilmente el nombre de aquella tumba y más caracterÃsticas que tenÃa el nombre que reposaba en aquella tumba. Ãl dice que no lo recuerda, pero que sà recuerda un detalle, y es que el número de años sobre esta tumba llamaba algo la atención y es que era un periodo muy corto, lo que hacÃa pensar que en esa tumba no reposaba ni un hombre ni una mujer, sino que reposaba un niño, un niño de diez años. Mi abuelo dice que vio los apellidos de este niño y, a pesar de saber el nombre completo de Refugio, no hallaba similitudes, o sea, no habÃa apellidos, parecidos ni nada por el estilo, lo cual lo llevó a pensar que tal vez se trataba de un amigo, tal vez de un conocido. No le prestó más importancia y siguió haciendo su trabajo. Pasaron las semanas y llegó el dÃa en que Refugio le pidió un favor a mi abuelo y era que él iba a tener que salir fueras por temas familiares. Necesitaba que mi abuelo se hiciera cargo del cementerio tan sólo por tres dÃas. En esos tres dÃas. Solamente lo que iba a hacer era cerrar el cementerio y abrirlo nuevamente a la mañana siguiente. Ãl dijo que si no podÃa hacer todas las tareas que comúnmente hacÃan, que simplemente hiciera la mitad, porque sabÃa que llegaba cansado. Pero lo que sà le pidió refugio a mi abuelo es que no se olvidara de llevar el vaso con agua y la veladora hasta aquella tumba. Recuerda muy bien que lo guió y le dijo precisamente dónde ponerla y que solamente la pusiera que asÃ, con la misma energÃa, se regresara hacia la casilla. Mi abuelo no preguntó por qué simplemente acató la orden. Pasaron los dÃas y todo fue de lo más normal, porque mi abuelo siguió las instrucciones. Los dos primeros dÃas, llevó a cabo todas las tareas y llevó este vaso con agua junto con su veladura hasta aquella tumba. Pero llegó el tercer dÃa. Mi abuelo habÃa tenido una mañana muy agotada. HabÃa estado trabajando en una construcción y habÃa estado trabajando al sol, cargando sacos de cemento de block transportándolos y también trabajando en la obra. HabÃa salido aproximadamente a las cuatro y media cinco de la tarde y se fue a presentar al cementerio. Por eso de las diez de la noche llevó como de costumbre todas las tareas, cerró el portón, checó todos y cada uno de los lados del cementerio. Cada rincón de este se aseguró de que estuviera solo, pero se lo olvidó. Algo muy importante y era que no habÃa llevado el vaso de agua ni la veladora. Hasta aquella tumba se le olvidó simplemente del cansancio que tenÃa. Ãl llegó a la casilla, se sentó un rato y no es como si se le haya olvidado, porque tenÃa en cuenta de que tenÃa que llevar esta veladora y esta agua a medianoche a las doce y él, por más, que luchó contra el sueño. Se quedó dormido por eso de las once cuarenta sentado adentro de la casilla, pero no pasó mucho tiempo. Cuando a mitad de la madrugada lo despertaron por toques en una ventana y en una puerta, tocaban y tocaban y cuando él finalmente reaccionó, observó que se trataba de la puerta de la casilla. Le estaban tocando la puerta y no era un sonido del viento. Eran los toques como los que darÃa una persona rÃtmicos una y otra y otra vez los hacÃan mi abuelo, si bien se despertó con sueño, pensó un poco a ver. Yo acabo de dar el rondÃn en el cementerio. Estoy solo pensó entre él. Las puertas están cerradas con candado. No es posible que una persona estuviera aquà conmigo. La persona que está tocando la puerta se tuvo que haber brincado la barda o estar oculta en algún lugar. Para este momento él tenÃa cierta desconfianza, asà que tomó una pala y no abrió la puerta, sino que se fijó por la ventana de ésta. Recorrió la cortina y lo que vio es que del otro lado habÃa un niño, pero no un niño normal, Era un niño con un aspecto terrorÃfico putrefacto, un aspecto muy tenebroso y podrÃamos decirlo involuntario, porque el niño simplemente lo miraba, lo miraba con una cara de desconcierto no con una cara de maldad, pero los ojos de este niño eran completamente blancos. Su piel también de un tono grisáceo, pero de un grisáceo enfermizo. Estaba muy bien vestido. Eso sÃ, pero tan sólo por el aspecto. Mi abuelo decidió no ser salir de la casilla. Ãl le preguntó qué era lo que querÃa, por qué él estaba tocando. El niño lo continúa mirando y le pide, por favor, un vaso de agua, que él necesita, un vaso de agua que tiene mucha sed Mi abuelo asustado porque ve claramente que el cuerpo de este niño se está desgastando. Ãl le explica que era como hablar con un cadáver. Prácticamente le dice que no, que no tiene agua y que lo siente mucho, pero no puede ayudarlo. No espera una respuesta del niño. Ãl cierra de nueva cuenta la cortina y se sienta otra vez en la casilla mirando la ventana. Tan solo en algunos dos parpadeos ve que el niño lo sigue mirando esta vez a unos metros de distancia entre las tumbas. Pero ahà está ese niño lo sigue observando entre la negrura de los árboles y las lápidas. Esta tensión y aquel niño observándolo duró cerca de dos horas. Este niño para nada se fue él lo siguió observando y estaba más que claro que pretendà estar ahà toda la noche. Mi abuelo en ese momento se da cuenta del enorme error que habÃa cometido. Temblando con un terror profundo, él va llena el vaso con agua, prende la veladora y sale lentamente de la casilla, para cuando él sale novia al niño. Por ningún lugar se ha movido del lugar donde estaba. Ha desaparecido. Mi abuelo comienza a caminar por aquellos caminos de tierra, entre las cruces, entre las lápidas, va con un terror inmenso. Ãl dice que, debido a el miedo que tenÃa iba temblando, iba tropezándose tanto asà que habÃa llenado el vaso y cuando llegó la lápida ya se encontraba con la mitad del agua. HabÃa tirado una buena parte durante el camino. Ãl puso el agua, puso la veladura y se fue rápidamente. Corrió y corrió hasta que llegó a la casilla. Una vez que llegó a esta, se encerró y no volvió a salir Durante toda la noche este niño. No volvió a tocarle la puerta ni volvió a manifestarse por lo que quedaba del turno. Al dÃa siguiente llegó su compañero refugio y él se encargó de llevar el vaso y la veladora. Aquella noche, mi abuelo no le preguntó nada. Es más, él asumÃa que aquel niño no era ni pariente, ni amigo ni nada cercano a refugio. Posiblemente, lo único que pasó es que este niño se le manifestó de igual manera que a él y que refugio, para su buena suerte, habÃa encontrado la manera para que ese niño no saliera de su tumba. Después de ese dÃa y sin fallar ninguno jamás, ni ni abuelo ni refugio volvieron a olvidar llevar ese vaso con agua y veladora hasta aquella tumba. Esa fue la experiencia de mi abuelo. Espero les haya gustado hola a todos. Mi nombre es Luis Pedrosa. He escuchado el canal durante mucho tiempo y creo que ha llegado el momento en compartirles unas experiencias que me han pasado. Esta primera anécdota que les quiero contar me Sucedió hace como unos cinco años. Me resulta grato compartir esta experiencia. Prácticamente toda mi familia creen lo que pasó aquella noche. Y es también que no solamente esto me afectó a mÃ, sino también alguien más. Tengo como quien dice un testigo que también vivió lo mismo aquella noche. Se trata de mi primo. Nosotros dos tuvimos esta misma experiencia, ya que para nuestra mala suerte era nosotros dos que necesitábamos cuidando aquel local aquella noche. Pero antes de todo, les empezarÃa a platicar desde el principio Verán. En aquel momento, cuando nos pasó esto, nosotros tenÃamos diecisiete años como era de esperarse ningún trabajo nos contrataba. En aquel momento, nosotros nos encontrábamos en vacaciones, por lo que tenÃamos bastante tiempo libre. Por medio de contactos de algunos familiares, de algunos amigos, nos enteramos que cierta persona tenÃa un oxo, el cual, debido a que no iba a tener empleados y él no podÃa atender ese oxo, iba a tener que cerrar Durante dos semanas, nosotros nos preguntamos por qué. Simplemente no contratábamos personal en fin este dueño. Simplemente nos daba vueltas diciéndonos que habÃa unas ciertas cosas que tenÃan que hacer y algunas personas tal vez no las quisieran hacer. Ambos Nosotros dos le insistimos a este hombre, a este amigo de la familia, que nos dejara trabajar ahà durante esas dos semanas. Ãl al principio no querÃa. De hecho, tardamos como unos tres dÃas en convencerlo pero a final de cuentas, lo hicimos. Este oxo se encontraba algo lejano de la ciudad. Véase no estaba muy retirado, simplemente como unos veinticinco a treinta minutos de la carretera principal que llevaba a nuestra ciudad. Nosotros Ãbamos en coche, asà que se podrÃa decir que no tenÃamos problemas en el transporte. Al llegar notamos algo y es que de frente a este oxo se encontraba un edificio. Era un edificio, podrÃamos decirlo medianamente grande. Eran tres pisos, pero tampoco era muy largo. TenÃa un cierto aspecto como si fuera un hospital, aunque bastante deteriorado. Ya entramos al OXO. Estuvimos platicando con el dueño y este nos explicó ciertas cosas que debÃamos de hacer en nuestro turno. Al principio, lo que nos explicaba se me hacÃa de lo más normal y es que eran cosas respecto al sistema, respecto al cobro, a las transferencias y demás cosas. Y también nos dijo que aquel edificio, aquel que se estaba cayendo en ruinas, se trataba de un hospital. Al parecer, le habÃamos atinado, pero no de un hospital privado. Era uno de esos hospitales de gobierno. Creo que era de el dif o de alguna otra organización por temas escabrosos, ciertas polémicas que habÃa tenido ese hospital. En concreto, lo habÃan cerrado. Algunas personas decÃan que hay adentro. Se hacÃan cosas prácticamente contra la ley. Ãl no nos quiso dar más detalles, pero asumo que nos podrÃamos imaginar como qué cosas harÃan. Y es en este punto cuando termina de explicarnos la historia de ese hospital, en que nos empieza a decir algunas cosas que para los dos nos resultó bastante extrañas. Eran tres reglas, en concreto, tres reglas. La primera regla era que después de la una de la mañana, no debÃamos se prohibÃa rotundamente que saliéramos de la tienda. Por nada del mundo tenÃamos que salir de la tienda. Esta regla ligada podrÃamos decirlo a esta primera era que las cortinas se bajaban. Obviamente, se bajaban también las cortinas de la puerta y mediante esta cortina habÃa una pequeña ventana, la cual daba a otra ventana que esa se corrÃa, y por ahà podÃamos cobrar y también pasar todo el producto que los clientes nos iban pidiendo. La segunda regla era que después de las cuatro de la mañana tenÃamos también prohibido e ir al cuarto del almacén. Este cuarto del almacén era prácticamente el área de empleados. Obviamente, durante las primeras horas tenÃamos que entrar a este para rellenar algunas cosas, sacar la basura que habÃa ahà y, entre otras cosas, también limpiar, ya que aquà también se almacenan, pues los trapeadores, las escobas, los productos de limpieza que utilizamos para mantener el oxo limpio. Me dijo que, de preferencia, todo esto lo hiciéramos en las primeras horas y también muy esencial que durante esas primeras horas uno se quedara en caja y el otro estuviera haciendo todo esto y también que rellenara, ya que después de las cuatro de la mañana no iba a poder entrar al almacén y, por ende, no podrÃa entrar al cuarto frÃo, ya que necesariamente tienes que entrar primero el almacén para después ir al cuarto frÃo. La tercera y la última regla era más que nada, una aclaración o una advertencia. Más bien, él nos dijo que por eso de las dos de la mañana no calculaba muy bien el horario. Pero ya a altas horas de la madrugada, una viejita, una señora de edad muy avanzada, venÃa al oxo. Esta viejita tocaba la ventana, al igual que lo hacen todos los clientes. Nos dijo que la Ãbamos a reconocer porque siempre vestÃa de la misma manera. Iba con una bata azul y cargaba siempre con ella una bolsa transparente. Esta bolsa también era azul. Eran como una de esas bolsas de plástico que dan en los supermercados. Dentro de esta bolsa se podÃan ver también algunas cajas de medicamentos, algunas pastillas no muchas, claro, pero si se podÃan ver a simple vista, nos dijo de manera muy seria que cuando esta señora se acercara y tocara la puerta, nosotros no debÃamos darle lo que ella pedÃa. Este hombre dijo que esta viejita siempre iba a tocar la ventana y acto seguido después de esto, nos iba a pedir una botella de agua. Nosotros, por ninguna razón, tenÃamos que dársela a lo largo de la noche. Nos dijo prácticamente que la corriéramos, que le dijéramos que no tenÃamos y que le dijéramos también que no volviera. Nos explicó que tenemos que hacerlo con una manera muy imponente, básicamente casi al borde de gritarle, porque si no lo hacÃamos, esa viejita iba a continuar viniendo A nosotros. Se nos hizo extraño esto sobre todo por la actitud que este hombre nos pedÃa que tuviéramos con esa señora. SÃ, es una señora de tan avanzada edad, por qué le Ãbamos a tratar asà o sea ella, qué habÃa hecho. DebÃa de darnos algún motivo ella que habÃa hecho en el pasado para ser tratada de esa manera. Ãl nos respondió esto, pero más tarde nos dimos cuenta que nos habÃa mentido y podrÃamos decir lo que nos dijo una mentirilla piadosa. Ãl nos explicó que esta ancianita era conocida porque la botella de agua que le dieran ella se iba y no la pagaba. Simplemente seguÃa sonando algo duro y también ilógico para nosotros. Pero a final de cuentas, entendimos el señor se fue después de explicarnos todo esto, y fue de esa manera cómo comenzamos el turno durante las primeras horas hicimos todo y como se nos habÃa encomendado, pero en eso llegó la una de la mañana. Nosotros nos encontrábamos comiendo y escuchamos que tocaron la ventana, tocaron la puerta. CreÃmos que era un cliente, pero enseguida. Cuando la vimos a través de la cortina, por los rasgos por cómo iba vestida y, sobre todo, por aquella bolsa con medicinas, reconocimos inmediato que aquella, señora se trataba de la viejita de la que nos habÃa advertido el dueño. Empezamos a pensar qué era lo que Ãbamos a hacer en ese momento. Es decir, yo no querÃa correr a la anciana. Asà que primero pensamos, nos aproximamos y le preguntamos qué era lo que querÃa. Tal y como dijo el dueño, aquella ancianita nos pidió una botella de agua. Mi compañero le dijo que no podÃa y que, por favor, se retirara. Esta ancianita se nos quedó mirando durante un breve tiempo y después se fue. Yo me sentà algo mal por como lo habÃamos tratado, porque, a final de cuentas, tal vez se trataba de una persona en situación de calle y robar agua tal vez era la única forma que tenÃa para aliviar su sed Prácticamente volvimos a los escritorios, ambos con ciertas cosas que pensar en la cabeza, cuando de pronto otra vez empezaron los golpes en la ventana. De nuevo era aquella ancianita que nos estaba pidiendo una botella de agua. En ese momento yo no tomé en consideración las advertencias del dueño. Me dije a mà mismo bueno, si la ancianita quiere agua, pues le voy a dar agua, no importa yo lo pago de mi dinero. Faltaba más. Fui hasta el refri tomé la botella de agua y caminé hasta donde estaba la viejita. Cuando abrà la puerta, cuando corrà la ventana para dársela y es más, mientras se la estaba dando, le estaba diciendo que esto era prácticamente un regalo. Esta anciana también estiró su mano y fue ahà donde vi el motivo por el cual el dueño nos estaba diciendo que no tenÃamos que darle agua a esta anciana, porque si bien del cuello hacia arriba, que era como que más o menos como la veÃamos, nosotros también la podemos ver a través de las rejas, pero traÃa una bata. No podÃamos ver muy bien su cuerpo cuando estiró su mano. Fue allà cuando pude ver que esta mano era una mano huesuda, una mano que yo puedo jurar que estaba en etapa de descomposición una mano pútrida, una mano que pertenecÃa prácticamente a un cadáver. Al momento de que vi esto de manera casi inmediata, solté la bolsa junto con el agua, caminé hacia atrás y, por si fuera poco caà en el suelo. Cuando mi primo se paró y fue conmigo, me preguntó qué habÃa pasado, que por qué me habÃa caÃdo y también porque habÃa gritado. Ãl dice que escuchó cómo grité, pero lo que yo recuerdo es que no grité para nada. Era como algo extraño cuando volteamos hacia la puerta, la viejita ahora ya no se encontraba. Se habÃa ido prácticamente en cuestión de unos segundos. Yo estaba muy asustado, estaba temblando, tenÃa muchas ganas de vomitar y no sabÃa cómo sentirme en ese momento. Por qué sentÃa un descontrol total en mi cuerpo y también me sentÃa muy mal en diferentes aspectos. Mi primo, como pudo casi arrastrándome, me llevó hasta atrás del escritorio y una vez ahà me preguntó si querÃa que le llamara a mi padre, querÃa que le llamara a su tÃo para que fueran por mà o me suministraran alguna medicina o si es que nosotros tenÃamos ahà que nos dijeran que marca o que qué porcentaje de medicina tomarme para que de alguna manera controlar todo lo que sentÃa en ese momento. Yo le dije que era lo mejor que llamar a mis padres y pues les comentara lo que tenÃa en ese momento. Y es aquà donde la experiencia de mi primo toma protagonismo, Y es que para la mala suerte de ambos aquella noche simplemente no era nuestra noche. La segunda regla que nos habÃa dejado. El dueño era que no tenÃamos que entrar al almacén después de las cuatro de la mañana y que, de preferencia, dejáramos de entrar a las tres y media para ese entonces, para todo lo que habÃa pasado, eran las cuatro de la mañana. Con doce, nos habÃamos estado preguntando casi por una hora y media que qué tenÃamos que hacer antes de llegar a esa solución. Estoy más que consciente que nos tardamos mucho. Mi primo fue hasta el Almacén para ese entonces ya le habÃamos echado llave. Mi primo dice que se acuerda perfectamente de esta regla, pero yo me encontraba muy mal y tenÃa que riesgarse. Ãl dice que pensaba que no iba a pasar de un simple regaño, que de seguro, el jefe tenÃa algunas cosas que no querÃamos que viéramos, pero que a final de cuentas, él se iba a mantener callado, pero fue un error por completo. Mi primo entró al almacén y es que ahà habÃamos dejado cargando los dos celulares que tenÃamos y para acabar de empeorar la situación, los enchufes se encontraban casi hasta el fondo de este camino. Pasó al Cuarto FrÃo y cuando iba de vuelta, le empezaron a tocar la puerta. Y bueno tocar la puerta. Yo dirÃa que fue algo leve por decirlo asÃ, porque se le estaban azotando. Les voy a explicar cómo es la puerta del Cuarto FrÃo. No cualquiera puede azotar esa puerta. Esa puerta pesa y pesa mucho, además de que está asegurada con un seguro que viene desde afuera y en ese momento la estaban azotando. Era como si alguien desde adentro la jalara y después la empujara con mucha fuerza dentro de esta puerta. Hay una especie de manija que tiene un seguro, el cual aplanas después empujas y se abre la puerta. Pero en ese momento la persona que estaba dentro parecÃa ser que para él la puerta pesara unos pocos gramos. La azotaba una y otra vez de manera muy brutal, de manera muy bestial, lo hacÃa una y otra y otra vez. Mi primo comenzó a tener mucho miedo. SabÃa que no habÃa nadie más dentro del oxo más que nosotros dos. No habÃa forma de que alguien se colara y, sobre todo, no habÃa forma de que alguien se encontrara encerrado en el cuarto frÃo corrió, salió del almacén y llegó conmigo e igual llegó temblando y, por si no fuera poco, vio de nuevo a aquella anciana que se encontraba enfrente del oxo mirándonos enfrente de aquel hospital. Mi primo siguió corriendo, llegó hasta el mostrador y se sentó. Estábamos sentados en el piso de una manera podrÃamos decirlo para que no nos vieran ahÃ, nos mantuvimos hasta que minutos después otra vez escuchamos los golpes que venÃan de la ventana. Esta vez ninguno de los dos se levantó. Ambos sabÃamos que no era ningún cliente, era aquella anciana y como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, ambos le gritamos desde el mostrador que se fuera que no tenÃamos agua y solamente de esta manera no la volvimos a ver hasta que amaneció tan pronto llegó el dueño. Yo y mi primo salimos corriendo. Le explicamos lo que habÃa pasado en la noche y que, más que claro no pensábamos volver a la noche siguiente, él nos creyó todo lo que habÃamos pasado, pues él también habÃa pasado por todo eso nos dijo que no siempre fue asà que cuando él se volvió propietario de ese oxo, era un oxo normal. Nada lo atormentaba, pero solamente fue que aquel hospital de enfrente cerrara. Más que nada el oxo se habÃa puesto para los familiares de los pacientes que se encontraban internados podrÃan ir a comer ahÃ, a comprar cosas ahÃ. Pero cuando el hospital cerró, las manifestaciones empezaron a suceder cada vez más y cada vez más. Esto ya tenÃa siete años y que para él, él y sus hijos y su familia y algunos de sus empleados que llevaban más tiempo ahÃ, esto prácticamente ya era común. Para ellos. Dice que los entes que se quedaron en el hospital se movieron, por asà decirlo, o van de vez en cuando a este oxo y son los mismos con los que nos encontramos aquella noche. Estoy más que seguro que es ancianita. En definitiva, viene del hospital, la bata los medicamentos solamente un tonto no pudiera relacionarlos si se lo preguntan, aún sabiendo esto y sabiendo cómo, por asà decirlo, evitar estas almas. Aún asà no volvimos. Aquella fue nuestra primera y nuestra última noche trabajando en ese oxo. La siguiente historia es más una leyenda urbana que se cuenta en diferentes carreteras. Como sabrán aquÃ, en México y en el resto de Latinoamérica, las leyendas e historias que se cuentan sobre brujas son muy populares. Algunas hablan sobre bolas de fuego que rondan los cielos de un lado hacia otro, o se encuentran estáticas sobre los montes y los cerros. Otras personas hablan sobre cómo estas mujeres pueden transformarse en criaturas o animales de gran tamaño, asà como también tienen el poder de envenenar el ganado, traer plagas e incluso convertir tierras de abundante cosecha en completamente suelos infértiles. Ahora bien, seguramente se estarán preguntando, porque estoy hablando tanto sobre las brujas. Si el video trata sobre encuentros con el diablo, bueno, para nada. Es una sorpresa saber que este tipo de mujeres mantienen un contacto muy estrecho con el lado oscuro de la magia. Para ser más especÃficos, hablamos contratos con demonios o en caso de ser una bruja con mucho conocimiento. Puede tener tratos hasta con el mismÃsimo diablo para hacer este tipo de tratos y, sobre todo, si quieres que estos tengan éxito, se requieren de sacrificios y otra serie de cosas. Esta historia. Parte de este punto se dice o más bien se cuenta en numerosas localidades que las brujas raptan a niños de sus casas, mientras que los padres duermen. Se relata también que las brujas solamente pueden llevarse a los niños que no han sido bautizados. Estas hojas toman la forma de cualquier animal para lograr su cometido y, una vez hecho el rapto estas dan como ofrenda al niño. Ellas no le quitan la vida, simplemente lo dejan abandonado su suerte en un lugar el cual él no pueda recibir ayuda, un lugar desolado para que este sea llevado por el diablo o demonio con el cual hicieron este pacto. Una vez sabiendo esto y teniendo un contexto algo breve sobre lo que son estos rituales, creo que podemos continuar con la historia. Esto le sucedió a una cantidad considerable de camioneros. Algunos de ellos cuentan que a veces, en esos pocos momentos del trayecto, cuando hay total calmo en la carretera, cuando es solamente el motor del camión quien los acompaña, se pueden escuchar algunas cosas, cosas extrañas entre el monte a las orillas de la carretera. Uno de estos sonidos tan caracterÃsticos es el llanto de un bebé, el cual se oye como si estuviera tan solo a unos metros de la carretera. La gran mayorÃa de los camioneros optan por seguir con su camino, y está claro decir que el llanto de un niño a horas de la madrugada. En esa clase de lugares no augura nada bueno. Pero, sin embargo, hubo otros camioneros llámese por tener un buen corazón y creer genuinamente que un bebé ocupaba su ayuda o tal vez siemple llanamente por ser crédulos, detuvieron su camión y bajaron de éste en busca de aquel bebé, siguiendo el llanto mientras se internaban más y más en el monte. Se dice que esta búsqueda solo puede terminar de dos maneras. Una de estas es que se encuentra el bebé, ya sea el o envuelto en una canasta o tal vez en unas guerras viejas, y al acercarse a esta jamás lo encontrarás. El llanto del bebé es lo único que quedó en ese lugar, ya que este ya habrÃa sido reclamado por el mismÃsimo diablo. O por lo contrario, hay algunos que dicen que, efectivamente, si llegan a ver al bebé, pero no lo ven solo a él, lo ven en compañÃa de alguien más, tal y como le pasó al siguiente camionero. Don Luis. Se trataba de un camionero experimentado. Llevaba años en el oficio. A lo largo de su vida, habÃa tenido ciertas experiencias que iba desde lo más casual como problemas con el tráfico hasta lo más extraño, con algunas experiencias paranormales, pero nada de lo que habÃa visto lo habÃa preparado para lo que aquella noche tendrÃa que vivir. En aquel tiempo, don Luis habÃa tenido la llegada de un nuevo integrante a su familia. Su hija acababa de dar a luz a su primer nieto, por lo que la fascinación de tener un bebé en la familia lo llenaba de gusto. Se dice que fue por esto mismo que Don Luis cometió el grave error de bajarse del camión. El llanto se comenzó a escuchar y sin pensarlo dos veces, aquel camionero se introdujo en el monte y caminó en dirección hacia aquel llanto. Con cada paso que daba, este iba tomando más fuerza. La luz de la luna era su única aliada en aquel oscuro terreno. Justo cuando se detuvo tal vez para llamar al niño o escuchar con precisión de donde te provenÃa el llanto, pudo escuchar atentamente los pasos de alguien más. Estos no eran pasos que se dirigÃan hacia él, sino que se escuchaban en un solo lugar, como si este caminara en cÃrculos. Pero la sorpresa de este camionero no terminó ahÃ. Pero no pasó mucho tiempo antes de poder divisar justo lo que se encontraba enfrente de él. Vio un hombre con apariencia extraña. Este tenÃa en sus brazos cargado a un niño mientras bailaba lo más parecido a un vals. Aquellos pasos eran los que habÃa escuchado A todo esto. Se le sumaba que este tarareaba una canción de cuna para calmar al niño. La imagen era perturbadura por donde se le mirara, pero el temor de Don Luis se incrementan cuando bajó la mirada para ver los pies de este hombre y ver que este tenÃa los pies de un buey o más bien las pezuñas de uno con una larga cola asomándose entre sus piernas. En esta historia se cuenta que Don Luis salió huyendo de aquel lugar, mientras que en otras se dice que cayó inconsciente al cruzar miradas con el mismo Lucifer, el cual se percató de su presencia. Fuese como fuese, la verdad, sea dicha esta experiencia no se le atribuye simplemente a una sola persona, pues buscando en Internet me encontré con testimonios variados, pero con la misma experiencia y advertencia. Si escuchas el llanto de un niño, no bajes la velocidad mucho menos. Te detengas. Esa alma ya está condenada y no intentes rescatarla buscarla, pues es muy probable que te encuentres con quien vino a reclamarla el mismo diablo. Es muy interesante esta leyenda o relato como lo quieres tomar, pero pese a que creas en ella o no, solo tengo una pregunta para ti que estás escuchando esto. Si oyeras el llanto de un bebé en medio de la nada, en la madrugada, en medio de una ruta totalmente vacÃa, estarÃas dispuesto a de tener tu auto y adentrarte entre la penumbra de la noche para ver de dónde proviene cabe recalcar que tal vez muchos de nosotros tenemos ese sentimiento de proteger a quien no puede hacerlo. Es por eso que esta pregunta es aún más interesante. Espero tu respuesta abajo en los comentarios hola me llamo Iovanna y la experiencia que les quiero contar a conti emoción me sucedió cuando yo tenÃa dieciséis años. Yo me encontraba trabajando en un cine de medio tiempo. Creo que muchos sabrán que estos locales, estos cines, en su mayorÃa, son estudiantes los que trabajan allÃ, asà que la mayorÃa de nosotros nos conocÃamos rápidamente. Hice amigos y el ambiente laboral. Me gustaba habÃa unas ciertas reglas que tenÃa este cine a ver en un principio no se me hacÃan un tanto extrañas. Simplemente pensaba que tenÃan sus razones y hasta ahà lo dejaba, Pero claro tampoco eran unas reglas que llamaran tanto la atención. Sucede que en este cine habÃan dos salas, dos salas en concreto, en las cuales después de las diez de la noche o máximo a las once de la noche, estaba prohibido entrar a éstas. De hecho, incluso por el público. HabÃa algunas pelÃculas ciertos estrenos, como ustedes sabrán, que es necesario tener todas las salas de cine dispuestas, incluso con la misma pelÃcula. Extrañamente, el gerente siempre hacÃa que esta sala se quedara vacÃa más allá de las diez y media. Recuerdo muchas veces limpiar estas dos alas y cuando habÃa este tipo de estrenos, siempre lo hacÃa por eso de las diez de la noche. Después de esto, el gerente hacÃa cerrar con candado aquellas salas y a ningún personal podÃa entrar a esta. Algo que sà se me hace extraño es que incluso cuando la pelÃcula se termina iba algo tarde y nosotros yo, junto con otros dos, nos disponÃamos a limpiar aquellas alas. Se nos daba la orden de que no lo hiciéramos que a la mañana siguiente esas dos salas serÃan las primeras en limpiarse, pero que en este momento no igualmente se cerraban con candado y se dejaban ahà toda la noche. Se me hacÃa extraño porque relativamente las diez y media, las once de la noche es algo temprano. Muchas de las funciones. Las últimas alas que limpiamos por lo regular son a la una de la mañana, doce y media. En fin, se me hacÃa extraño, pero no le daba mayor importancia en cierto dÃa. A mà me tocó estar en el área donde recibes los boletos. Ustedes sabrán que hacer empleo del cine. La verdad es que no tienes ningún puesto, por asà decirlo fijo. A veces estás en dulcerÃa, en tequilla, en los juegos y otras veces también en la entrada de las salas recibiendo los boletos. Cuando estás en este último, también tienes que pasar a limpiar las alas. Resulta que aquella noche, más bien aproximadamente algunos tres o cuatro dÃas, habÃamos estado muy movidos de trabajo. Se habÃa estrenado una pelÃcula de Marvel, una pelÃcula de superhéroes, y ustedes saben cómo es que jala a la gente hacia el cine. HabÃamos tenido mucho, pero mucho trabajo y en ese momento yo me encontraba muy cansada también a la parte con tareas escolares que querÃa, por asà decirlo, escabullirme un poco. De mis obligaciones eran las diez de la noche y yo sabÃa que esas dos salas en concreto pasaban a cerrarlas Por eso de las diez y media once y la función que estaba ahà ya se estaba terminando. Las últimas personas estaban saliendo. Yo fui a la dulcerÃa. Estuve un momento ahà apoyando a mis amigas y después de comprarme unos dulces, me dispuse a refugiarme en aquella sala. Lo primero que se me hizo extraño es que cuando entré y me senté en el pasillo, porque cabe recalcar, yo no pensaba entrar hasta la sala, simplemente estar en el pasillo sentarme ahÃ. Lo que me llamó la atención de esto es que la sala se encontraba en una extraña iluminación, o bueno, no extraña, sino que no le tocaba estar asà verán. Las salas de cine tienen tres iluminaciones. La primera, la que estaba viendo en aquel momento, es una iluminación preparada para proyectar una pelÃcula. Algunas luces están encendidas, Otras luces están apagadas. Están preparando, por asà decirlo, que las personas entren, que se acomoden y les dan la suficientemente luz para que caminen por las escaleras para que encuentren sus asientos. Otra iluminación es cuando la pelÃcula ya está proyectada. Todo está apagado, excepto las luces de neón que recurre en la escalera. La tercera iluminación es cuando la pelÃcula no está puesta o cuando ya se acabó la función. Todas las luces están encendidas y se puede ver absolutamente todo. De hecho, si la pelÃcula ya se habÃa acabado, si las personas ya habÃan salido recientemente esta sala tenÃa que tener esta última iluminación que les acabó de decir, pero extrañamente no más me llamó la atención. Cuando escuché que en la pantalla se estaba reproduciendo algo. Caminé y vi que, en efecto, habÃa una especie de pelÃcula. Se veÃa bastante antigua, se veÃa que las cintas incluso tenÃa en algunos detalles. Pensé que sabÃa una persona todavÃa dentro de la sala era el proyector. Obviamente, él se encontraba hasta atrás, hasta el fondo. Me senté sola en la sala, en la primera fila, yo conocà a todos los proyectores, incluso me llevaba bien con todos, asà que pensé que no habÃa problema en que estuviera ahÃ, probablemente el chico que estuviera proyectando aquella pelÃcula. Ya me conociera, conocÃa a todos prácticamente, pero fue en este punto que la situación empezó a ponerse un poco rara. Cabe decir que cuando entré en r me senté no habÃa ni una sola persona sentada. Estaba vacÃa por completo y la pelÃcula, que en un principio pensé que era antigua, que no la conocÃa, empezó a poner imágenes un tanto perturbadoras, grotescas, horrorosas. Yo dirÃa personas quitándose la vida tortura. Se podÃa ver fácilmente que era una pelÃcula como se denominan gore, pero muy explÃcita los ruidos que hacÃa esta pelÃcula. Yo notaba que iban escalando los gritos cada vez se escuchaban más fuerte y también las otras cosas que sonaban los látigos, los golpes. Me sentÃa muy incómoda en ese momento y cuando me disponÃa a salirme que les digo. No duré mucho ahÃ. Creo que a lo máximo unos dos minutos escuché otro sonido que venÃa de la pantalla. Cuando volteo veo que es un hombre colgado en medio de la imagen. Yo pensé en un principio que se trataba de la pelÃcula. Pensé que esa imagen era parte de aquella horrorosa cinta, pero para mi mala suerte parecÃa ser que no era asÃ, porque las tomas seguÃan y seguÃan y se cambiaban, pero el hombre, ese hombre no se movÃa, seguÃa colgado en medio. Bastó simplemente unos pasos hacia un lado para empezar a divisar a ver bien que ese hombre no estaba en la pelÃcula, que en realidad habÃa una persona colgada en medio del cine. Corrà de nuevo esta vez totalmente controlada por el terror que sentÃa. Corrà hasta el pasillo. Corrà hasta la puerta y, para mi mala suerte, la puerta ya estaba cerrada. Empecé a golpear, empecé a gritar como loca. Por suerte, no tardaron mucho y me abrieron. Era el gerente el cual me estaba esperando. Me tomó y me preguntó qué, qué me habÃa pasado, que qué tenÃa. Yo estaba en shock, totalmente alterada, gritando temblando. Muchos de mis compañeros no sabÃan qué habÃa pasado. Otros tantos me estaban mirando como sabiendo muy bien lo que habÃa visto. El gerente me llevó hasta el área de juegos y una vez ahÃ, junto con otros empleados, me dijeron que no volviera a entrar a aquella sala. Yo estaba muy alterada y le decÃa es que creo que ahà hay una persona, hay algún chico que está proyectando una pelÃcula y hay una persona colgada. El gerente simplemente me tomaba de los hombros y me sobaba y me decÃa que no habÃa nadie en allÃ, que no volviera a entrar, que no habÃa nadie, que él me creÃa todo lo que le habÃa pasado, porque a él también le habÃa pasado lo mismo e incluso más grave, porque él dice que se quedó encerrado ahà cerca de una hora, dos horas hasta que lo sacaron. Yo no tuve la necesidad de explicarle a detalle todo lo que habÃa visto. Ãl me lo contó todo y, en efecto, lo mismo que habÃa visto yo lo habÃa visto también. Ãl me dijo que no tenÃa una respuesta segura para todo esto, pero que habÃa una leyenda, una leyenda que se dice en ese cine que un hombre se habÃa quitado la vida hace muchos años atrás. De hecho, un año después de que el cine diera la apertura oficialmente que simplemente este cine pertenecÃa a una familia y por algunos problemas económicos de avaricia del dinero, uno de estos familiares terminó por colgarse en una de las salas y que se trataba de la misma persona que habÃa visto aquella noche. Esperamos mucho tiempo e incluso cinco empleados entraron a la sala y buscaron en los proyectores, pero no habÃa nadie. La sala estaba vacÃa. Mi turno terminó aquella noche y al dÃa siguiente y por el tiempo que restó mi trabajo en aquel lugar seguà las reglas al pie de la letra. Jamás volvà a entrar después de las diez de la noche a aquella sala




