MARATON DE HORROR EN EL OCEANO / RELATOS DE PESCADORES Y MARINEROS (RECOPILACION) / L.C.E.

Una recopilacion del año que te hara tener un miedo profundo al oceano y a las extrañas criaturas y entes que habitan dentro de el.
Una recopilacion del año que te hara tener un miedo profundo al oceano y a las extrañas criaturas y entes que habitan dentro de el.
Cuando somos pequeños, usualmente se nos enseña las profesiones que tienen nuestros padres, ya sea licenciado, ya sea administración en mercadotecnia, policÃa, herrero. Es lo que primero conocemos a la par que vamos creciendo, Y es cuando crecemos si decidimos seguir con aquella carrera que tiene nuestros padres, ya sea mamá o papá o, por lo contrario, escoger otra completamente diferente. Esto fue lo que le pasó a esta chica desde muy pequeña. Conoció el Océano, conoció los diferentes tipos de peces, aprendió a nadar desde muy pequeña. Todo esto debido claro a que su padre era pescador. Ella y su hermano tene historia juntos en el Océano, en las playas, por lo que hay que tomar esto en cuenta para saber que la siguiente historia no tiene su gestión. Son dos niños que no le temiera en absoluto al océano. Son dos niños que para ellos era sumamente normal nadar ver incluso especies marÃtimas como tiburones, conocer cocodrilos y no titubear, ya que saben cómo comportarse para no llamar su atención. Por lo que esto resulta todavÃa más sorprendente saber que aquello que vieron aquella mañana de dÃa con la luz del sol, no fue una especie que ellos reconocieran Y fue debido a esta misma experiencia en que ellos, sintiéndose tan a gusto en el océano, en el mar, le empezaron a agarrar un miedo, un miedo absoluto, ya que cayeron en cuenta que el agua, al ser muy profunda y extenderse en grandes dimensiones, puede ocultar seres que escapan a nuestro entendimiento, o al menos asÃ, ella lo expresa su historia es la siguiente. Mi nombre, Cristiana Aragón. Quiero contarte mi experiencia alex Esto me sucedió cuando yo era una niña y también le pasó a mi hermano. Nos sucedió en un viaje familiar, o si se podrÃa decir un viaje familiar. Verás, mi padre es pescador y durante toda su vida lo fue. Nosotros tomos de Nayarit y aquà lo que más se pesca es el camarón y la mojarra. Mi padre, obviamente, estas dos especies era su principal fuente de ingreso, por lo que en mi casa prácticamente siempre se comÃa o pescado o estas especies. Pero también huelga a decir que a mà me encantaba y al ser hija de un pescador, también desarrollé, junto con mi hermano, este amor por el océano desde muy pequeña, tanto asà que mi padre a la edad. Creo que de cuatro años nos empezó a llevar con él en el bote, nos empezó a enseñar a Nadar y ya prácticamente a los siete u ocho años, que es cuando nos pasó esta experiencia, sabÃamos al dedillo toda la costa, nadar en ella, desplazarnos ubicarnos, pero no contábamos que, a pesar de tener toda aquella experiencia, verÃamos algo que nos dejarÃa con los pelos de punta y con un cierto temor a adentrarnos de nuevo al océano. Como les expliqué anteriormente, mi padre nos llevaba a ciertos viajes, nos llevaba Nadar a pescar y fue precisamente en uno de estos viajes por la mañana que él, como otras tantas veces lo habÃa hecho, decidió simplemente saltar del bote y nadar. Pero claro eso sà nos digo que nos iba a traer algo muy especial. Obviamente, yo y mi hermano nos quedamos encima del bote sentados expectantes y muy felices, tal vez de lo que nos traerÃa, pero pasaron los minutos y a pesar de que no habÃa pasado tanto tiempo, empezamos a ver una silueta allá a la distancia que se desplazaba por abajo del agua. Era una silueta humana. PodÃamos ver los pies, el torso, los brazos. Incluso nadaba como un humano, por lo que, obviamente y al ser las únicas personas que se encontraban ahà cerca pensamos inmediatamente que era nuestro padre. Vimos aquella silueta nadando de un extremo y luego el otro, como si fuera en cÃrculos, lo que nos pareció extraño. Mi hermano y yo asumimos ahora, ya que estamos grandes que tal vez la vimos nadar por cerca de algunos dos o tres minutos al ver que esta silueta simplemente estaba dando vueltas. A veces se perdÃa y otra vez la veÃamos. Pensamos tal vez que nuestro padre estaba buscando algo, pero no lo encontraba, por lo que yo le grité, le dije papá que estás buscando. Te podemos ayudar. Y esto fue lo peor que pude haber hecho. Aquella silueta se detuvo en seco, se volteó y se puso en dirección hacia el bote. Duró ahà parada inmóvil, simplemente flotando por abajo del agua que para este momento, tanto a mà como mi hermano se nos hacÃa sumamente raro que alguien pudiera aguantar la respiración tanto bajo el agua. En ese momento, la silueta empezó a nadar hacia nosotros, pero cada vez que se acercaba se iba desplazando levemente cada vez más hacia la superficie y fue gracias a esto que pudimos verla mejor cada vez que se acercaba. Era como si se estuviera preparando para que una vez que llegara con nosotros subir sin ningún problema al bote. Y fue asà que poco a poco se fue descubriendo. Vimos los antebrazos de aquella cosa. Eran brazos grises, no parecÃan como los de la piel humana. Aparte, tenÃan como picos saliendo del antebrazo picos de color marrón. Su cabeza no tenÃa pelo. Simplemente era una bola gris, tal vez con algunas hebras de color oscuro saliéndoles, pero en definitiva, no era pelo. Al percatarnos de esto rápidamente corrimos hacia el combustible y encendimos la lancha y créanme que les tengo que decir que el miedo hace cosas grandiosas, porque nosotros éramos unos niños y francamente, hablando, esa fue la primera vez que logramos encender el motor del bote jamás en toda nuestra vida. Y aún asÃ, tratándolo de encender intencionalmente dÃas anteriores, jamás pudimos encenderlo. Era como si nuestra fuerza no fuera suficiente. Pero en aquella ocasión no se como lo hicimos, pero encendimos el bote. En definitiva, el miedo te hace tener energÃas y fuerza de sobra para salir corriendo de ahÃ, al momento de que encendimos el bote, una voz del otro extremo, una voz que yo reconocà perfectamente, me hizo voltear era mi padre que nos estaba diciendo hey, a dónde van, por qué encienden el bote. Yo entre lágrimas, gritando desesperada, le dije ven por favor, ven papá ven mi hermano, que todavÃa se quedó viendo aquel extraño ser dice que este se sumergió en el agua tan pronto sintió y escuchó el motor de aquel bote. Mi hermano se me asomó y le dijo mi padre también gritando ven por favor, papá ven rápido, súbete al bote, súbete al bote. La preocupación de mi hermano en ese momento no era que aquella cosa subiera el bote con nosotros, sino que él pensaba que iba a agarrar a nuestro padre, ya que él estaba en el agua. Mi padre, como pudo y de manera muy rápida, nado hasta llegar con nosotros. Una vez ahà le suplicamos. Papá por favor. Vámonos, Vámonos, papá Hay que regresar a la orilla. Vámonos, por favor. No estábamos tan lejos, pero creo que sà lo suficiente que si nos llegaran a hundir, no nos verÃan de nuevo. Una vez regresando a la costa, le explicamos a nuestro padre y lo que habÃamos visto y en ese momento, tal vez porque éramos niños y a pesar de que se le hizo sumamente extraño, él habló con mi madre y le dijo que probablemente tal vez habÃamos confundido una especie que tal vez no conocÃamos con un monstruo prácticamente ante nuestros ojos, tal vez algún pez extraño mi padre tratando de sacar alguna respuesta lógica. Claro, no creÃamos esto. Seguimos yendo con mi padre, pero eso sÃ. Si él se bajaba, nosotros también. Si él se subÃa también nosotros nunca nos lo despegábamos, andábamos pegados a él siempre. Desde aquella experiencia, toda nuestra niñez y adolescencia. Mi padre, ahora que ya tiene sesenta años, me dice que cree en las palabras que nosotros dijimos. Tal vez él tenÃa miedo y no querÃa reconocer aquello, pero que con los años y con la experiencia de él y de algunos otros pescadores, se dice mucho sobre extrañas siluetas, ya sean de humano o de otra clase, nadando en el agua. Lo mejor que puedes hacer en ese momento, si es que ves una, es ignorarla, no prestar la atención. No tienes que dejar que aquella cosa se dé cuenta que tú la puedes ver, porque si da señales de que la has visto, como yo lo hice en aquella ocasión confundiéndola con mi padre, tal vez pueda ser el peor error que puedas cometer. Dentro del Océano existen marineros comerciales. Estos marineros comerciales son los que comúnmente vemos en los grandes barcos, aquellos que sacan a turistas, aquellos que van en cruceros y también aquellos se contratan en yates. Curiosamente, estos marineros, a pesar de que van acompañados, a pesar de que llevan a muchas personas cientas y en algunos casos miles a bordo de un barco, entre ellos meseros personal de limpieza. Incluso en barcos de grandes dimensiones se pueden vivir experiencias paranormales en medio del océano. Esto resulta muy peculiar, ya que gran parte de las historias se dice que tienes que estar solo para ver algo como esto, para captar entidades, incluso en el agua, ya que necesitas estar en calma. Esta historia nos vuelva a corroborar que esto no es cierto, que ver algo extraño puede ocurrir en cualquier momento, ya sea de dÃa o de noche. Este marinero nos comparte dos historias. Ãl fue toda su vida un marinero comercial y, a pesar de ir acompañado, siempre vivió cosas que dejarÃan perturbadas a muchas personas. Sus experiencias son las siguientes hola alex. Mi nombre es Eugenio Montiel. La siguiente experiencia que te quiero contar pertenece a mi tÃo. Mi tÃo, asà como muchas personas. Desde que era pequeño, le gustaba el océano navegar nadar, por lo que a su familia no se les hizo nada extraño que para su profesión querÃa algo relacionado al mar y, como venÃa de una buena familia, se le facilitó mucho aprender en escuelas especializadas para algún dÃa en el futuro poder ser capitán de un barco. Esto se le cumplió a la edad de treinta y cinco años. Ãl era solicitado por agencias, por familias de mucho dinero para conducir sus yates, para conducir cruceros. Y en estos dos navÃos que les acabo de mencionar, precisamente fue en los que vivió experiencias más allá de perturbadoras. Les quiero contar la primera. Esto le sucedió cuando iban un crucero. Ãl no era capitán, pero si tenÃa un puesto de muy alto rango en sus encomiendas, era que también tenÃa que bajar con los marineros que se encontraban, supervisando todas las máquinas mediante cámaras de seguridad. Estos cruceros, algunos son grandes, otros son medianos, otros son pequeños. Concretamente, no recuerdo bien si esto le sucedió en un crucero mediano o pequeño, pero por más pequeño que sea un crucero albergan muchas personas y uno, como marinero y también como seguridad, tiene que estar al pendiente de que todo funcione muy bien. Recuerda que él estaba charlando con otros marineros que estaban en las cámaras cuando en eso de pronto uno de ellos lo llama y le dice que vaya, ya que necesita ver algo que está captando la cámara. Este marinero él dice que lo nota muy nervioso, algo asustado, como si hubiera visto algo que lo hubiera dejado muy perturbado. Mi tÃo va y este marinero precisamente le dice que vio algo extraño asomándose en la cámara que da a enfrente de la propela del barco. Estas propelas que tienen los barcos, dependiendo del tamaño, pueden variar, pues es en sà lo que que le da fuerza al barco para ir navegando. Son muy grandes absorben el agua y la impulsan. Hay una cámara fijando a esta más que nada por si hay algún problema, por si la propela mayor o las que son menores, que son más pequeñas, se atascan si es que logran apresar algo que es demasiado duro como para triturarlo. Tienen que detener las máquinas, ver a través de las cámaras y pensar en cómo solucionar esto o simplemente dejar de accionarla y moverse con las otras hasta poder llegar a tierra firme, donde se les dará su mantenimiento y una solución correspondiente. Mi tÃo llega hasta la Cámara y se le queda viendo y ve que esta está en dirección a la propela mayor, la más grande de todas. Ãl le pregunta bueno qué quieres que vea el marinero se pone nervioso. Ãl le dice mire es que no sé cómo explicárselo. Por favor, quédese aquÃ? Y véanlo con sus propios o porque si yo se lo digo, lo más probable es que no me crea. Pero, por favor, confÃe en mà y quédese aquÃ. Espero que otra vez pase Mi tÃo dice que se quedó mirando a la Cámara y hablando con el marinero y con otros cerca de algunos veinte minutos, casi media hora, pero no veÃa nada. Cabe decir también que justo en ese momento estaban atravesando por una tormenta. Todos los huéspedes, en su mayorÃa, se encontraban en los salones, en el casino o en sus habitaciones. Ninguno se encontraba en la borda, pues obviamente, quien quiere estar en medio de la tormenta lloviendo y con los vientos fuertes. Y esto se los digo porque mi tÃo también lo menciona. Passe resulta que después de un tiempo, él logra ver algo ahà en la Cámara, logra ver que algo se está moviendo en el borde de esta no a distancia, sino no como que jugando. Les tengo que recalcar tan bien que estas cámaras son una visión nocturna, ya que por debajo del agua no se puede ver nada. Todo está oscuro completamente y más, en ese momento que era de noche, mi tÃo se queda con la boca abierta y esto lo platica de una manera muy seria que lo que vio fue el rostro de una niña que se asomó tan sólo por uno o dos segundos máximo enfrente de la Cámara. Como si esta niña fuera de carne y hueso, sus cabellos flotaban en el agua. Sus ojos eran completamente oscuros y muy grandes. Esta niña les esbozó una sonrisa enfrente de la Cámara, como si ella supiera que estaba siendo observada. Esto fue por un breve momento, como les digo, fue uno o dos segundos máximo. Luego, esta niña simplemente se soltó como si hubiera estado sujetada al barco y se perdió sin leno. Se perdió. Vamos a explicar aquà unas cosas, y es que el barco estaba en movimiento, Como les digo, se trataba de un crucero son pesados y la propela justo a la que estaba apuntando la Cámara era la más grande, era la que más absorbÃa agua. Era prácticamente imposible que un ser vivo estuviera en ese rango, ya que hubiera sido absorbido y hubiera sido deshecho por la propela. Esta niña, sin embargo, estaba ahà como si nada. Todos los marineros que estaban ahà se quedaron sin decir ni una sola palabra, hasta que mi tÃo les dijo guarden todos la calma, No dejen de revisar las cámaras y si ven algo parecido, simplemente ignórenlo. Uno de los marineros le dijo cómo es posible que una niña esté abajo del agua, pero mi tio, muy seguro, le contestó es que esa niña no está viva. Las tormentas, más concretamente en este océano, en maravillas traen algo más que agua y vientos fuertes. A veces se pueden ver estas cosas. Por suerte, lo vimos en cámara, pero créanme que es más aterrador todavÃa cuando lo ven con sus propios ojos en el agua. Simplemente se ven algo parecido. No le tomen importancia, ya que en este trabajo se puede ver mucho esto y si no tienes los nervios suficientes para afrontarlo. Este tipo de cosas te va a comer vivo. Nuestro trabajo es simplemente verificar que el navÃo, el barco o lo que sea que estemos conduciendo, no tenga ninguna averÃa y se maneje como debe ser. Más allá de eso, ignorenlo esta historia para hacerte sincero alex y toda la comunidad de la cripta nos la contó cuando él tenÃa cuarenta y dos años y asegura que fue cierta. Al igual que esta segunda. Esta segunda historia le pasó todavÃa cuando era más joven. Ãl todavÃa estaba estudiando unos cursos, pero ya se podÃa defender muy bien navegando en botes pequeños, barcos pequeños como lo pueden ser, yates, barcos pesqueros, etc. Etc. En una ocasión en los cabos, una agencia que renta yates para personas pues que son de mucho dinero, le ofreció trabajo, por lo que serÃan todas las vacaciones de verano. Emitió, obviamente por experiencia y también porque querÃa ya desempeñarse en otros barcos. Nunca habÃa manejado un yate ya test grandes y pequeños. Aceptó el trabajo con gusto. Ãl dice que tenÃan un radio en donde podÃan desplazarse. Y pues, obviamente, las familias y algunas parejas pues van con música, distrayéndose, divirtiéndose, ya sea de dÃa o también de noche. Hay algunas familias que rentan el yate por tres ds incluso y estos yates tienden a ser grandes, que vienen con dormitorios adentro. Solamente hacen paradas en la costa para ir, a pasear o ir a cenar. Pero lo que ellos quieren vivir es la experiencia de estar en el mar, asà sea, algunos cuantos kilómetros, los rentan casi por tres dÃas completos. Esta era la situación de aquella familia. Mi tÃo fue y esta le pidió que diera una vuelta. No sé cómo explicarme. Ãl me lo explicó muy bien. En términos marÃtimos podrÃamos decir, pero ahora, para hacerte sincero, no recuerdo muy bien. El caso es que se detuvieron en lo que podrÃamos decir una fosa. Verán en el mar. Toda la arena. Hay algunas zonas en donde está muy profundo y luego otra vez se levanta la arena. Hay unas zonas que son como abismos muy pequeños, como agujeros grandes que van que tienen metros kilómetros de profundidad. En este tipo de abismos, en la superficie es más calmado todo y por lo regular se fuerza un poco el motor para pasar por arriba de este, ya que hay una corriente que te jala hacia abajo, pero obviamente, el motor basta y sobra para salir de ahÃ. Pero pues, si se le tiene que forzar un poco. Mi tÃo se detuvo ahà más que nada, porque la familia se los dijo. Ellos querÃan estar lo más adentro del mar posible y hasta ahà era donde la agencia se lo permitÃa. Cayó la noche. Mi tÃo se fue a su camarote. Ãl ya te estaba en perfecto estado, todo habÃa estado checado. La familia viajaba con un perro, un pastor alemán, un perro muy bien educado, muy amigable, sobre todo durante los dos primeros dÃas el perro se comportó de una manera muy buena. Pero esta última noche, cuando se detuvieron, pero en aquel abismo arriba o podrÃamos decir cerca de aquel hoyo de aquel abismo, el perro se empezó a comportar de manera extraña. Mi tÃo dice que el perro se la pasaba en la borda gruñendo, ladrando, chillando, pero no una persona en concreto, sino hacia el océano, hacia el mar, como si algo que se encontrara ahà le incomodara. Se comportaba de manera extraña, nerviosa, violenta. Tanto fue asà que algunos familiares decidieron meterlo, pero durante la noche esto empeoró. El perro no podÃa dormir. Estaba muy inquieto. Creo que los animales pueden captar vibras cosas más que nosotros, y en ese momento el perro lo estaba sintiendo. Estaba sintiendo que estaban en peligro o algo los estaban esa noche. El matrimonio tiene una pelea nada del otro mundo, una discusión simple como cualquier pareja y en eso mi tÃo que se encontraba en su camarote que tiene ventanas hacia afuera. Escucha la pelea. No le presta atención, ya que no se quiere meter en asuntos que no le importan y ve que pasa la esposa caminando hacia la parte de enfrente del yate y enseguida nota mi tÃo que algo se cae por la borda y azota en el agua. Inmediatamente él se pone de pie, abre la puerta, corre y no ve a la esposa por ningún lado. De pronto empieza a escuchar gritos de auxilio que vienen desde abajo del agua. Al luar una de las luces que tiene el yate, ve que la esposa se encuentra en el agua tratando de salir a flote. Se estaba ahogando, pero estaba luchando. Inmediatamente le da la orden a unos de los los marinos que viene con ellos, ya que era él y otros cuatro ayudantes, uno de ellos alta y ve inmediatamente por la esposa, mientras que el marido observa desde arriba la señora se encuentra muy alterada gritando una y otra vez que su hija se encuentra en el océano, que su hija se habÃa caÃdo del yate. Obviamente, a todos nos ponemos con las luces, encendemos cada una de las luces que se encontraban en el yate para usar todo alrededor, pero no veÃamos a nadie. El marido, por obvio razones, está entrando también en la alerta a ver. Pero como es posible que la niña estuviera en el mar, no era improbable, ya que la madre se habÃa caÃdo, pero la niña empezamos a gritar por su nombre una y otra vez, una y otra vez hasta que la niña sale del yate de su habitación más que nada en compañÃa del perro, sale tallándose los ojos. Ese bueno, aquà estoy por qué me están gritando. Ella se encontraba dormida. La madre sube al yate y abraza con todas sus fuerzas a su hija. Cómo es posible que la niña se encontrara arriba. Esta madre dice que después de haber discutido con el esposo, fue a fumarse un cigarrillo a la parte de enfrente del yate y fue en ese momento que escuchó los gritos de auxilio que venÃan del agua. Su hija le estaba gritando una y otra vez. Mamá, ayúdame, Mamá, ayúdame? Me estoy hundiendo. Me estoy hundiendo. Por favor, cuando ella baja la vista y ve a su hija ahà en el agua, sin pensarlo dos veces y de manera podrÃamos decir algo desesperada, ya que si bien la madre sabÃa nadar, en ese momento entró en crisis, Se lanzó y no lograba coordinarse. Estaba desesperada tanto, asà que ella misma también se estaba hundiendo. Todos revisamos el océano, pero no habÃa nadie más, nadie con que aquella esposa hubiera confundido con su hija. Se tiene que decir y recalcar que la señora no estaba alcoholizada, no habÃa tomado ninguna sustancia, estaba limpia. Era un viaje familiar. Ella lo mucho fumaba y eso de vez en cuando por lo que estaba en sus cinco sentidos. Cuando vio esto, no saben qué fue lo que vieron aquella noche, pero, en definitiva, fue algo que quiso engañarnos a todos. El perro lo presentÃa tal vez tomó la forma de esa niña para jalar a la mujer y sumergirla en aquel abismo. Las leyendas o los cuentos de terror se cuentan en diferentes poblaciones. Seguramente si tú estás en una ciudad, en un pueblo, aunque sea rural, tienen una leyenda que solamente conocen los pobladores de ahà y hacean desierto o como en este caso, en una playa que, si bien en el momento en que estaban pasando, tanto quien cuenta la historia como su familia pensó que eran simplemente delirios de una persona que tristemente estaba perdiendo la cabeza con el tiempo. Se dieron cuenta que aquella persona que decÃa vivir estas experiencias no estaba loca del todo. Se dieron cuenta que aquellas palabras que él decÃa que aquello que acechaba la playa tal vez no era inventado del todo. Su historia es la siguiente hola alex Mira. Esta siguiente historia se contó en mi pueblo. Yo soy de Veracruz y más allá de una historia, es una leyenda, pero que pasó en verdad existe un señor el cual ahora ya no está vivo. Le decÃan Don Gerardo para hacerte sincero. Muchos de nosotros ni siquiera recordamos su apellido. Su historia es muy triste, pero que ha dejado un sello y cierto temor por un camino inconcreto de Veracruz Mira. Don Gerardo era una persona que no tenÃa muchas posibilidades, Siempre fue pepenador y cuando empezó a incursionar en la pesca, solamente pescaba lo que a él le convenÃa y él mismo lo consumÃa. Fue una persona que siempre estuvo en la calle y con el tiempo, al ver que gran parte de su alimentación la sacaba de la costa, decidió irse a vivir a una de estas playas, en un lugar recóndito en el cual las autoridades nunca iban a llegar a decirle que se moviera. Tantos años habÃa pasado merodeando por ese lugar que sabÃa más que claro algunos lugares en los cuales él no iba a ser interrumpido. Empezó a ser su casa, que solamente era de madera y con el tiempo él conoció una chica, una chica también en situación de calle. Se hicieron pareja, se fue a vivir con él y con el tiempo surgió un hijo de aquella relación. Pero a los dos años de haber concebido aquel hijo, la chica dejó a Don Gerardo y se fue con otro hombre. Si bien el abandono de su pareja le pegó fuertemente a Gerardo, al menos tenÃa su hijo y a este lo crió con mucho amor, con mucha devoción. Y mis padres fueron testigos de estos años, ya que yo era demasiado chica en aquel tiempo, como Don Gerardo Sella, siendo básicamente pepenador y pescador. Al mismo tiempo, empezó a acarrear algunos perritos, perritos también que pertenecen a la calle, y se los llevaba su hijo para que tuviera amigos, pues su hijo no iba a la escuela. Estaba aprendiendo todo lo que le podÃa enseñar Gerardo, pese a que era una vida, podrÃamos decirlo no tan buena. VivÃan en condiciones deplorables. Podremos decir ellos dos eran felices. Pero la felicidad se acabó cuando su hijo, a la edad de diez años, tal y como le habÃa enseñado su padre, se adentraba a nadar en la playa, como siempre lo hacÃa. Fueron uno de esos dÃas él no salió del agua. En ese trágico dÃa, su hijo desapareció. Don Gerardo, angustiado, se metió y do duró horas desde la tarde hasta horas de la madrugada, buscando a su hijo en esa playa y en las siguientes, Don Gerardo era conocido, por lo que algunos vecinos se prestaron a ayudarlo e incluso dÃas posteriores preguntando por el niño tal vez habÃa escapado de la casa, pero nunca lo encontraron. Todos asumieron que tal vez el niño por imprudencia, por tal vez creer que su fuerza de diez años bastaba para pelear con las corrientes marÃtimas más adentro en mar Abierto, quiso nadar más allá de lo que debÃa y la corriente lo terminó arrastrando. Después de esto, se dice que Don Gerardo cayó en la locura porque empezó a ver cosas que no existÃan o al menos eso eran lo que decÃan los vecinos. Don Gerardo empezó a decir que un cadáver salÃa del agua e iba hasta su casa y le decÃa que se tenÃa que ir en ese momento lo corrÃa prácticamente. DecÃa que este cadáver no tenÃa un ojo. Su piel estaba desprendida. La carne de adentro la que se podÃa ver estaba putrefacta. Le faltaban partes de piel, algunos dedos. Era como un cadáver, pero que se movÃa y podÃa hablar. Esto se lo contaba a todos sus vecinos y también se lo contó a mis padres. Pero, obviamente alex cómo, a ser realistas, cómo vas a creer algo asÃ, sobre todo viniendo de una persona que está en la calle y que perdió tanto a su pareja como recientemente a su hijo. Claro, todos pensamos que habÃa caÃdo en la locura, por lo que solamente lo escuchaban. Pero asà como terminaba la historia, daban la media vuelta y se iban sentÃan mucha tristeza. Por Don Gerardo. Lo único que tenÃa en aquella cabaña que cada dÃa se caÃa más eran sus perros. TenÃa como siete por aquel entonces, pero esta cantidad de perros empezó a disminuir. Algunos por la mañana aparecÃan sin vida y Don Gerardo decÃa que era aquel cadáver que salÃa del agua, que lo estaba corriendo y que, si no se iba iba a ir por cada uno de sus perros en dÃa diferentes y por la noche se iba a deshacer de ellos hasta que inevitablemente le tocara su turno. Lo que se empezó a decir ahà donde vivo, es que Don Gerardo habÃa caÃdo tanto en la locura que él mismo le estaba quitando la vida a los perros, por lo que algunos vecinos con un buen corazón y pensando que Don Gerardo ya no tenÃa ningún tipo de salvación al menos mental fueron y lo convencieron que le diera a los perros que restaban. Como les dije anteriormente, él tenÃa siete u ocho aproximadamente. Parece entonces solamente les sobraban tres. Entonces la mayorÃa, según en sus mismas palabras, habÃan amanecido sin vida. Don Gerardo aceptó y les dio a aquellos perros, pero asà como se los dio, él empezó a distanciarse. Poco a poco, dejó de meterle mantenimiento hasta que volvió a vivir en las calles. Para ese entonces alex yo tendrÃa algunos trece o catorce años. Yo tenÃa un perro en ese entonces. Era un perro color oscuro grande, No era de raza, pero era de dimensiones grandes. Siempre me seguÃa a todos lugares y cerca de donde vivÃa Don Gerardo se encontraba un riachuelo que estaba rodeado por piedras. Allà acostumbrábamos a ir a jugar. Mi perro me habÃa seguido en algunas contadas ocasiones, pero se terminaba lastimando debido a las piedras y a pesar de que yo lo regañaba que no me siguiera. Al final de cuentas, siempre me seguÃa, por lo que en una ocasión y me arrepiento mucho de esto, llegamos cerca de la casa o más bien de la ex casa de Don Gerardo. Para este momento todos pensamos que era simplemente un señor que habÃa perdido la cordura, por lo que nada de lo que él nos decÃa lo tomábamos en serio. Estábamos ahà en la playa y como mi perro no sabe nadar y se querÃa meter a esta y sobre todo, minutos después Ãbamos a ir al Riachuelo. Yo y mi grupo de amigos decidà amarrar a mi perro ahà para que no nos siguiera. De todos modos, no nos Ãbamos a tardar tan solo media hora. Y si bien mi perro era sociable, la verdad es que también era muy bravo. No se dejaba que lo agarrara cualquiera e incluso estando en la calle. Era un perro de carácter fuerte. Yo lo amarré a uno de los árboles y me fui con mis amigos cuando ya estaba atardeciendo, cuando la noche ya estaba a minutos de ponerse por completo, yo regresé por mi perro. Mi perro estaba recostado inerte totalmente ya sin vida. Obviamente, yo me puse triste y fui de inmediato a contarle esto a mi padre. Mi padre me lo habÃa traÃdo de pequeño y también le tenÃa mucho, pero mucho cariño, por lo que fue de inmediato a la playa y fue contra Don Gerardo. Ãl creÃa que en su locura, como le habÃa quitado la vida a otros perros en la playa, muy posiblemente también se le habÃa quitado al mÃo, pero algo no cuadraba por más que buscó de uno hacia otro en compañÃa de mis tÃos y también de otros vecinos. No encontraron a nadie, pero lo que uno de ellos dice que si vio, fueron pisadas o un camino de pisadas muy extrañas. No eran de ninguna sandalia, de ninguna bota o calzado o de algún pie que él reconociera. Eran simplemente como huecos en la arena que salÃan del agua hasta donde estaba mi perro amarrado buscando a Don Gerardo. Muchos de los comerciantes nos dijeron que él se encontraba en la plaza, pero que él habÃa estado ahà todo el dÃa, que él no se habÃa movido y aquella casa que él habÃa tenido, que ahora prácticamente eran unos cuantos tablones de madera levantados. Ãl no habÃa vuelto ahà desde hace mucho tiempo. No se sentÃa normal, como un cuerpo sin vida de un animal. Mi padre llamó a un veterinario para que le explicara qué le habÃa pasado, ya que no habÃa marcas, ni que lo hubieran asfixiado ni que le hubieran incrustado algo, como es posible que el perro hubiera perdido la vida. El veterinario le contestó mi padre que algo muy extraño le pasó a ese perro porque no tenÃa sangre. Toda se la habÃan drenado como si hubiera sido alguna especie de santijuela. Muchos creen que lo que vivió Don Gerardo fue debido a su locura, pero yo creo que algo de lo que él decÃa tenÃa razón, pues tiempo después me enteré que él dijo por pláticas de los perros a los que él enterró y que amanecÃan ya sin vida debido a aquel supuesto cadáver que lo visitaba, que lo corrÃa de ahà también este mismo era el que les quitaba la sangre. Gracias por compartir mi relato. Saludos a toda la comunidad. Mi nombre es Miguel Carranza. Mi experiencia se remonta a mis años de juventud Verán. Yo nacà en México y estuve durante mucho tiempo en mi infancia, mayormente en lugares como Acapulco, Cancún. Visité muchos lugares turÃsticos, más que nada, lugares que tenÃan playa. Mi madre se movÃa por eso rubro de los hoteles y cuando ya salÃa a trabajar a algún lado, inevitablemente también a mà me llevaba, como sabrán, desde pequeño estuve en el agua an dÃa a nadar desde muy temprana edad y conforme fui creciendo. Me atrajo mucho el oficio de ser pescador. ConocÃa a varias personas que se dedicaban a eso y cuando cumplà dieciocho años y por fin habÃa acabado el bachillerato, decidà meterme con mi tÃo qué se dedicaba a esto. Yo llevaba aproximadamente una semana trabajando con él. Yo aún para este tiempo no habÃa salido a mar abierto ni mucho menos tan cercano a la playa. Lo único que hacÃa era revisar todo lo que ellos pescaban, a llevar la contabilidad y también a empaquetar toda la mercancÃa, asà como también limpiar los peces, prepararlos y demás cosas. HabÃa salido a pescar, pero nada del otro mundo, ningún trabajo como el de un pescador ningún trabajo como el que se llevara dentro de un bote de pesca profesional. Justamente el dÃa que mi tÃo decidió que era el momento para que yo saliera junto con él en la embarcación sucedió esto. El mar es muy volátil. Eso lo aprendà con mis años de estar pescando. Puede que el pronóstico te diga que va a ser un dÃa soleado. La verdad es cuando uno está dentro del agua, todo puede cambiar en fracción de minutos. En aquel momento yo me estaba preparando en el puerto, estaba alistándome, estaban todos los barcos amarrados. Cuando en eso mi tÃo se me acerca y me dice que Ãbamos a esperar por lo menos unas tres horas más. No importaba el caso, si es que salÃamos más tarde de lo planeado. Yo le pregunté por esto tenÃa curiosidad cómo es que Ãbamos a salir más tarde. Bueno, mi tÃo es un viejo lobo de mar, como popularmente se dice. Ãl me dijo que no habÃa gaviotas y que los animales en la costa se estaban comportando de una manera muy extraña. Eso solamente significaba que iba a venir un cambio de tiempo, un cambio de tiempo que no sabÃa si iba a ser muy volátil o tal vez uno pequeño. Pero él no querÃa arriesgarse. Yo estaba confundido porque apenas ayer habÃa visto el pronóstico y no pronosticaban lluvia. De hecho, pronosticaban un dÃa soleado. Quedé con la boca abierta cuando, efectivamente, mi tÃo tenÃa razón. En fracción de alguna media hora, algunos treinta y dos minutos, minutos más minutos menos, el cielo se empezó a nublar y empezó a llover de una manera muy fuerte. El mar se empezó a comportar de una manera muy brusca, tanto asà que tuve que salir varias veces a la parte también otros pescadores. Todos estábamos cuidando más que nada, todas las embarcaciones, todos los botes, desde el más pequeño hasta el más grande. No podÃamos dejar que el agua, que el mar, que el océano, los arrastrara hasta mar abierto. Quiero que imaginen el paisaje salÃa cada cierto tiempo a revisar efectivamente, que todo estuviera bien amarrado, ya que el aire era muy fuerte y el agua se estaba subiendo cada vez más estaba con las amarras. Cuando de pronto empiezo a escuchar algo singular, yo traÃa puesto mi impermeable. Pero a pesar del sonido de la lluvia, a pesar del sonido del viento de las olas golpeando en diferentes partes. Empecé a escuchar los gritos de una mujer, también gritos de hombre, también el llanto de un niño. Era como si una familia estuviera pidiendo ayuda no lograba captar, que era lo que querÃan decir. Pero si captaba los gritos, los gritos de agonÃa que daban, esto me llamó la atención y empecé a agudizar mi oÃdo. QuerÃa captar de dónde provenÃan. Volteaba hacia las palapas, que se encontraba a más distancia. Volteaba hacia la playa, pero no habÃa nada. No habÃa ni una sola persona, ninguna persona de la cual yo po pudir escuchar que viniera un grito. En ese momento me descubrà me quité el gorro que tenÃan impremiable para empezar a escuchar mejor todo mi ambiente, y es en este momento que yo empiezo a escuchar más claramente que estos gritos, que estos llantos de diferentes personas, venÃan del agua, venÃan de aquel mar tan volátil que veÃa. Era como si personas estuvieran entre el mar pidiendo ayuda. Empecé a ver el mar, pero no vi nada. Solamente veÃa aquellas olas grisáceas con un cielo totalmente nublado con la lluvia cayendo. Era, a decir verdad, algo muy tenebroso. Me daba escalofrÃos tan solo pensar de encontrarme ahÃ. Abajo no era una de las mejores posiciones para nadar. Y, además, en ese tipo de tormentas, el mar te arrastra con una facilidad que es muy difÃcil de comprender para los que no están experimentados o los que no sepan nadar. Mi instinto me decÃa que tenÃa que volver al cabo. Ya habÃa hecho mi trabajo, habÃa asegurado las amarras, pero tenÃa un cierto presentimiento de que algo malo iba a ocurrir y no pasó mucho tiempo. Yo estaba caminando de vuelta cuando en eso veo que en el agua hay algo amarillo que me llama la atención. Al ponerle más atención, veo que se trata de un impermeable o un igual al mÃo. Empiezo a buscar con la mirada y en eso me doy cuenta de quién está abajo, de quién es la persona que está entrando al agua. Se trataba de Toño, era un chico más o menos igual de mi edad. El recién también habÃa entrado. Yo tenÃa significativamente más, pero pero la diferencia era de tan solo dÃas. Yo, al ver a Toño, le grito que qué es lo que está haciendo en el agua que el mar lo puede jalar que salga lo más rápido posible que necesitaba un salvavidas o algo otoño, al igual que yo, sabÃa nadar muy bien, pero lo que me respondió no hizo otra cosa, sino alertarme más. Toño me decÃa que él podÃa ver a una niña que se encontraba entre las olas luchando por seguir nadando y que él iba a rescatarla. De hecho, me preguntó qué. Acaso tú no la estás oyendo. Yo, para ese momento no escuchaba nada. El llanto, los gritos habÃan cesado para mÃ, pero al parecer, para él él todavÃa los escuchaba. En ese momento, lo único que tiene a hacer es ir por mi tÃo y los demás pescadores que, para mi suerte, estaban cerca. Se encontraban en una cantina cercana, en un restaurante bar en donde estaban desayunando. Al decirles que Toño habÃa entrado en el agua y que estaba nadando. En medio de esta tormenta, todos salieron de inmediato, todos sin excepción alguno, incluso pescadores de otras embarcaciones. Mi tÃo fue el que llegó primero. Le dijo a Toño que saliera del agua, que regresara, pero él le dijo lo mismo. Tengo que encontrar a la niña. Está luchando por sobrevivir que acaso ustedes no la ven. Mi tÃo, al igual que yo, no veÃa nada en ese momento. Yo recuerdo muy bien la cara de los pescadores. Todos estaban viendo entre ellos con una cara de terror y algunos de confusión. Mi tÃo lo que me dijo es que le ayudara a desembarcar una pequeña lancha que tenÃan a la mano. La desembarcamos, nos metimos en el mar y yo tenÃa fijado a Toño yo sabÃa dónde estaba. No le habÃa quitado la mirada de encima. Ãbamos en la lancha y tan pronto nos acercamos a su posición. Otoño desapareció simplemente. Era como si el agua se lo hubiera tragado. Empezamos a rodear a dar vueltas. Yo le decÃa a mi tÃo que este era el lugar que él no podÃa haber nadado tan rápido. En ese momento, dos pescadores que iban con nosotros se zambollaron en el océano y solamente de esa manera lograron sacar nuevamente a Toño. Toño estaba desesperado, le faltaba el aire. Al parecer estaba sumergido. Los pescadores lo ayudaron nuevamente a salir a la superficie, pero esto no quedó ahÃ. Toño estaba subiendo la lancha, pero algo, algo estaba impidiendo que Toño hubiera decÃa una y otra vez. Me está jalando? Me está jalando? Me está jalando? Nosotros estábamos muy confundidos. Quién te está jalando otoño ya subete a la lancha, pero genuinamente yo veÃa como sus brazos esforzaban y todos lo estábamos jalando algo en sus piernas que todavÃa estaban dentro del mar. Lo estaban jalando hacia abajo. En ese momento yo agarré una de las piernas de toño para poder subirlo y vi que del tobillo habÃa otro par de manos que lo sostenÃan con fuerza. Era como si hubiera una persona abajo en el agua tratando de hundirlo. No querÃa que toño se fuera de ahÃ. Yo vi sus manos y tan pronto me acerqué y tomé la pierna de toño para jalarla hacia arriba. Vi cómo se acercó un rostro por debajo del agua. Era un rostro cadavérico. TenÃa pelo largo, un pelo largo rubio y por sus facciones, o al menos lo poco que vi de sus facciones, ya que casi en su totalidad podrÃa decir que era una calavera. Esto era femenino, era como una mujer que se encontraba abajo del agua para buena suerte de toño y mÃa también esta cosa lo soltó, como que se rindió. Finalmente, cuando subimos a Toño y otra vez estuvimos en el puerto, él nos platicó algo que a mà y aparte de los pescadores, sobre todo a los más inexpertos, a los nuevos, hizo que se nos erizara la piel, hizo que nos provocara un escalofrÃo. Otoño explica que habÃa visto a una niña a lo lejos pidiendo ayuda. Es más, también la podÃa escuchar él sin pensarlo. Dos veces se metió en el agua, tiró el impermeable, se sambolló y fue directo hacia ella una vez que estuvo con ella, porque Toño dice que la pudo sostener, la pudo abrazar. Ãl ya se dirigÃa nuevamente al puerto con ella en los brazos. Dice que al momento de tomar a la niña, esta extraña chiquilla lo abrazó fuertemente. Otoño nos explica cómo pasó. Pero era como si esta niña pesara mucho, como si pesara aquà los kilos y kilos y conforme aumentaba el tiempo, esta niña pesaba más tanto llegó a esto que Toño se hundió. Se hundió en compañÃa de aquella niña. Dice que él, cuando ya se estaba sumergiendo, cuando veÃa que no podÃa salir, él dice que cuando veÃa a que el agua cada vez estaba más arriba de él y le costaba nadar hacia la superficie, soltó a esta niña. Pero esta niña no se soltó de él. Esta niña lo tomó del pie y lo seguÃa sumergiendo y sumergiendo hasta el fondo. Fue en ese momento que los demás pescadores se metieron y lo lograron ayudar a subir a la superficie, pero dicen que es pero Teño explica que, a pesar de que lo estaban ayudando, aquella niña no se soltaba de él. Para rematar esta historia, los pescadores y bien dicen que no vieron a ninguna niñe, ellos dijeron que sà sentÃan como algo estaba sumergiendo a Toño, como una fuerza o algo con mucho peso. Lo estaba jalando cada vez más y cada vez más tanto que ellos dos en conjunto con ambas fuerzas, tuvieron que rescatarlo. Claro, también está lo que yo vivÃ, lo que yo pude ver. Esto no se los dije a ellos. Esto solamente se lo dije a mi tÃo lo que pude ver en el agua, lo que lo estaba sosteniendo. Mi tÃo simplemente me explicó que, en efecto, esas cosas pasan y que por eso en el mar se tiene que tener mucho cuidado. Yo o algo asombrado. Le pregunté a mi tÃo se habÃa vivido otras experiencias similares. Ãl simplemente con la cabeza me dijo que si acto seguido. Le pregunté entonces, TÃo, lo que vimos ahÃ. Se trata de una sirena. Mi tÃo simplemente dibujó una media sonrisa en su rostro y me dijo no. Todo lo que se ven en las pelÃculas pasa en el océano. Me explicó que el océano es un elemento de conducción. Me dijo que hicieron una prueba y creo que también ustedes lo pueden hacer. El agua en sà mismo es un elemento el cual te puede ayudar a desinfectar el cual también te puede ayudar a curar una herida, pero también te puede quitar la vida. Puedes poner cualquier recipiente con la forma que este tenga. Verás que el agua toma la forma de este. Si hay un camino por más pequeño que este sea o por más grande o por más imperfecciones que tenga, el agua va a encontrar el camino de cómo llegar a éste y de cómo acoplarse a éste. En el Océano se han perdido muchas vidas y si bien no por esto se trata de que todo el Océano esté embrujado. Mi tÃo cree que hay ciertas corrientes o ciertas tormentas que atraen este tipo de espÃritus, porque, como él dijo, el agua es un elemento de conducción y asà como conduce animales, conduce vida, porque el agua en su totalidad. Es vida gracias al agua. Es que se desarrolló la vida. También puede trasladar otras energÃas, como espÃritus malignos que residen dentro del agua. Esto no solamente lo cree. Lo creen muchos pescadores, de hecho, los más viejos y los más experimentados todos creen esto. Yo, si bien ya no soy pescador, tengo que decir que después de esta experiencia le tuve mucho respeto al océano, al mar. Y por si esto no fuera poco, cabe decir que aquella tormenta que habÃa comenzado tan volátil y súbitamente asà súbitamente también se calmó era como si solamente hubiera durado algunas cuatro horas. El sol volvió a salir como si nada hubiera pasado. Esto también me ayudó a tener en cuenta de estar preparado en todo momento, ya que no se sabe cuándo el mar va a estar de tu lado ofreciéndote una pesca muy pero muy rica, de muchos peces, y cuando también va a estar en contra de ti que también algunas veces ha volteado embarcaciones y ha desaparecido a toda la tripulación de un barco de un momento a otro. Este pescador, como lo dijo en la historia, ya es un viejo lobo de mar y ahora quiere compartir con nosotros una experiencia que le sucedió a su tÃo. Hay muchos mitos en el mar. Más bien, viniendo de marineros, se dice que no hay que hacer malos augurios antes de salir. Hay siempre cosas que un marinero tiene que evitar hacer tanto en el mar como en el puerto, si es que quiere volver con vida y saludable a tierra y con su familia. En esta historia seremos testigos de unos cuantos augurios y de cómo estos si llegas a faltarlos. Puede que el océano se enoje contigo. Puede ser que tal vez por esto mismo se dice que en el océano rigen extrañas fuerzas, dioses, energÃas y en la siguiente historia sabremos un poco más de esto. La siguiente historia en cuestión le sucedió mi tÃo. Esta vez nos vamos unos años más atrás. Cuando él estaba de pescador. Era una embarcación totalmente diferente a la que yo me subà con él. Para ese entonces él tenÃa ya una cierta experiencia en el labor de pescador. Uno de sus amigos, sus amigos más allegados, también era un pescador de nombre Facundo. Era un joven, muy intrépido, muy terco y muy desafiante. En cierta mañana, cuando se encontraban desempeñando las labores en una zona de pesca muy cercana al mar abierto. Sucedió lo siguiente y antes de explicarles esto, les quiero decir que los pescadores, asà como también los marineros, tienen sus supersticiones, tienen sus malos augurios. Como muchos dicen, estos malos augurios no son asà simplemente por tener algunas reglas o tener algunas supersticiones sobrenaturales que quisieran tener los pescadores. No. Esto le quedó más que claro a mi tÃo que tenÃan una razón el por qué y por qué creÃan en esto tanto. Uno de estos malos augurios es que jamás nunca si estás en mal abiertos, si eres un pescador o un marinero, no les debes hacer daño a las gaviotas, pues se tiene la creencia de que las gaviotas portan las almas de los marineros que han perdido la vida en el Océano. Y esto es más que nada para dar un poco de respeto. Esto, tomando en cuenta que mi tÃo era pescador, resultaba algo tedioso, ya que el capitán hacerle daño a estos animales cuando sacaban el pescado. Cuando se encontraba el pescado en la borda, algunas gaviotas venÃan inevitablemente, lo que tenÃamos que hacer era espantarlas sin hacerles daño. Aunque Facundo tenÃa el temperamento muy volátil y en una de estas ocasiones sacó una resoltera que él siempre traÃa. Le apuntó una gaviota y le soltó una piedra, no solamente a una. Ãl repitió esto tres veces, quitándole la vida a tres gaviotas en la borda. El capitán se dio cuenta de esto y, obviamente, lo regañó y lo mandó a que se pusiera hacer otras labores, labores que nadie querÃa hacer. Esto más que nada como forma de castigo. Y aquà viene lo interesante, porque es que cuando iban de vuelta, toparon con algo, toparon de frente con algo muy duro por debajo. Era como si la embarcación hubiera anclado, hubiera topado con tierra, con un arrecife. Sacudió toda la embarcación. Mi tÃo incluso se habÃa caÃdo. Todos se levantaron después del gran golpe que habÃan sufrido. Estaban mirando por la borda y en eso mi tÃo escucha un grito que viene desde el otro lado de la borda. Es el grito que ninguno de los pescadores o marineros quiere escuchar jamás y están gritando. Hombre al agua? Hombre al agua? Hombre al agua? Todos fueron de inmediato y se encontraron precisamente que Facundo estaba en el mar y a pesar de que Facundo, al igual que todos todos los pescadores, sabÃa nadar muy bien de alguna extraña manera, él no se podÃa mantener a flote, se hundÃa y después otra vez salÃa pidiendo ayuda. Hay otro mal augurio el cual se los contaré más adelante, y es que en un principio nadie se sambolló a recogerlo. Tomaron unos flotadores de estos salvavidas y los lanzaron con una cuerda. Facundo simplemente tenÃa que agarrarse de ellos y todos Ãbamos a tirar de la cuerda y lo Ãbamos a traer nuevamente hasta el barco. Pero aquà sucede algo extraño, como si no hubiera sido suficiente aquel golpe cada salvavidas que le tiraban a Facundo. La cuerda se rompÃa y ojo no se rompÃa de la fricción que hacÃa con la embarcación. Además, son cuerdas grandes, son cuerdas gruesas. Son cuerdas de marinero de barco rara vez se rompen e incluso tienen años de duración. Mi tÃo recuerda que le lanzaron tres salvavidas y las tres cuerdas que iban con estos salvavidas, las tres cuerdas se rompieron. Y no solamente el hecho extraño de que estas cuerdas se rompieran fue el detonante de tener aún más terror arriba del barco, sino que cuando las revisaron, se dieron cuenta que estas cuerdas se habÃan reventado, pero más que nada, parecÃan cortadas como si las hubieran cortado con cuchillo. Eso era prácticamente imposible. Ellos, antes de lanzarla, la revisaban, la estiraban la cuerda Cada vez que la lanzaban estaba bien de un momento para otro, la acuerda sin más se reventaba aparecÃa cortada. El maestre del barco tuvo una idea en lo que todos nosotros estábamos ahà viendo cómo sacar a facundo Facundo. Por suerte, gracias a los flotadores, podÃa mantenerse a flote, podÃa mantenerse en la superficie extrañamente, siendo un buen nadador, no podÃa llegar al barco. Ãl hacÃa su intento por nadar, pero no se movÃa de lugar. Era como si algo lo estuviera reteniendo. Era como si algo le impidiera el paso. El maestre habÃa sacado una viga de madera grande pesada que ayudaba más que nada al soporte de la grúa con la que sacábamos. Los pescados entre seis, entre mi tÃo y otros seis pescadores, la sujetaron fuertemente. Se la pasaron a Facundo, él la tomó. Solamente de esta manera pudieron devolverlo al barco. Una vez que Facundo estaba fuera de peligro, el capitán puso en marcha el barco. Ãl pensó en dar reversa, dar vuelta, pero curiosamente, el barco no estaba atascado. El barco no habÃa topado con nada o al menos ya no se encontraba atascado, como él pensaba simplemente con lo que sea, con lo que habÃan topado ya no estaba ahà o tal vez fue algo que a propósito los habÃa empujado. Es ahà que el capitán toma la decisión de volver a puerto. No querÃa mantenerse ese dÃa en el mar. Ãl empieza a conectar todo lo que habÃa pasado y les dice que van a volver, porque hoy está más que claro que hicieron enojar al océano y que, para su mala suerte, si tardaban en regresar, es posible que el mar se cobre todas sus vidas. Y es que el otro mal augurio del que les quiero decir es que cuando un hombre cae al agua, pero cae porque el océano quiere que caiga, no por un accidente, Cuando el océano reclama el alma de ese susoño objeto, no se debe de salvar. Aquella ocasión estaba más que claro de que todo esto. De eso se trataba el mar intencionalmente habÃa golpeado el barco y habÃa hecho que facundo cayera y en ese momento lo habÃamos retado salvándolo. El capitán iba por el camino conduciendo muy rápidamente. El capitán les decÃa a sus pescadores que rezaran a sus dioses, que rezaran a cualquier entidad en la que ellos creyeran y pedir que el mar no los volteara y mucho peor, que los desorientara, porque, a pesar de que el capitán tenÃa años de ser pescador y de conocer muy bien esas aguas. Hasta el más experto, y esto lo comprueba la historia, hasta el capitán más experto puede perderse. El mar es muy mÃstico y puede ocasionar tragedias. Por suerte, llegaron a puerto, pero a facundo se le prohibió subir. Al dÃa siguiente y durante una semana completa, el capitán no querÃa correr riesgos sobre lo que podrÃa pasar en alta mar. No querÃa que el océano se enojara de nuevo. No solo los pescadores son los que tienen malos ratos en el Océano, los marineros y más concretamente y lo que esta historia le hace muy interesante, los de la marina navales soldados también viven experiencias paranormales, tal como la siguiente historia, que viene de parte de uno de estos elementos. Al igual que la primera historia, este marino sostiene la teorÃa que tal vez las almas que pierden la vida en el mar nunca se van de este. Tal vez no es porque no puedan o tal vez no quieren. Sea como sea, estoy muy seguro que la siguiente historia te dará que pensar cada vez que te metas a la playa sobre unas pobres almas que no dejan de trabajar y que se rehúsan a irse hola a toda la Comunidad. Mi nombre, ese esequiel. La experiencia que les quiero contar no viene de mÃ. Viene de parte de mi padre. Esto sucedió hace unos años atrás. Cerca de una década. Mi padre era marino. Formaba parte de la Marina Mexicana, pero no era terrestre. Ãl se iba en las embarcaciones y llegaba a diferentes puertos de la República mexicana más que nada donde lo ocupaban en su transcurso por el mar. Me platicó muchas cosas, muchas reglas que tenÃan unos dichos populares que tienen los marineros. Y a pesar de que si le sucedieron varias cosas paranormales, como ver siluetas en el agua, ver incluso barcos fantasmas entre la niebla de la mañana que hay en el mar, hubo una experiencia, o más bien un acontecimiento que me dejó bastante intrigado. Verán, mi padre dice que hay una cierta zona cercana al puerto de Veracruz en donde sucedió una tragedia. Sucede que estaban haciendo una plataforma petrolera, los motivos por el cual esta no se terminó de hacer. Mi padre no lo sabe solamente rumores, pero, en efecto, se habÃa comenzado. TenÃan las bases, el tiempo, el mar, las condiciones climáticas y el nulo mantenimiento que se le daba a los restos hizo que esta base de la plataforma se deteriorara muy fácilmente al grado que, al pasar algunos años, esta desapareció por completo. Como dije antes, los motivos no se saben, pero lo que sà se sabe es que se perdieron algunos trabajadores de ahà fallecieron debido a un accidente y esto podrÃa quedar hasta aquà como una historia trágica. Pero lo curioso viene que mi padre, cada vez que pasaba con el barco y en compañÃa de más marineros para que se hagan una idea. Son marinos navales, son soldados, Ellos no son muy supersticiosos. Ellos solamente pueden creer en lo que ven o en lo que tocan, y cada vez que pasaban por ahà un miedo les invadÃa a todos por igual Y es que durante la temporada de otoño por regular en el mar, cuando va amaneciendo hay una cierta niebla, una niebla que les impian y de ver después de cierta distancia, pero pueden ver siluetas, pueden ver cosas si es que se están acercando. Lo curioso aquà es que cuando pasaban por este lugar, veÃan la silueta de lo que parecÃan ser las bases de aquella plataforma, algo que no tenÃa sentido porque ya habÃan pasado varias veces por ahÃ, sobre todo de dÃa y también de noche, las bases ya no se encontraban o al menos no se encontraban en la superficie. El mar se las habÃa devorado casualmente entre la niebla se podÃan ver y a la parte que el barco se iba acercando, estas siluetas de las bases iban desapareciendo, como si la niebla se las llevará consigo, como si fueran prácticamente aire. Otra cosa muy extraña que pasaba es que el radar comenzaba a fallar, por asà decirlo, y esto muchas veces el capitán se los dijo más que nada. Yo creo que para no infundir tanto el miedo, es que en esa zona el radar acostumbraba a timbrar, a timbrar. Mucho verán les explico este radar. Este radar se tiene en el barco y te va marcando si algo muy grande o de proporciones pesadas, algo enorme. También puede captar animales, se va acercando al barco ojo solamente si esta cosa es grande y pesada. Lo extraño es que el radar no marcaba nada. Pero, sin embargo, este al mismo tiempo tenÃa un sistema de seguridad y es que si esa cosa se iba acercando y se iba acercando y el barco no tomaba acción evasiva, es decir, como si fuera a pasar muy cerca de él o si fuera a chocar de plano frente a este, el radar comenzaba a timbrar una y otra y otra vez sonaba y sonaba por si acaso el marino que estaba de encargado no se percataba de lo que estaba sucediendo. El radar le avisaba. Todas las veces que pasamos por ahà el radar se activó y ni una sola vez tanto mi padre como otros marinos no lograron saber de qué era lo que se trataba. Era como si nosotros no pudiéramos ver nada. Esto pasó varias veces y por obvias razones, intentaron buscarle una solución lógica. Pensaron que tal vez era un animal grande y el error que cometieron que mi padre estuvo presente en una ocasión en la que hicieron esto. Tengo entendido que lo hicieron más veces, pero mi padre fue presente en una de estas y es activar el micrófono querÃan saber si captaban el sonido de algo cercano a la plataforma, pero esto quedó más que claro que nunca lo debÃa rdon de hacer, porque fuera de dar respuestas, esto hizo todo lo contrario y fue dar más dudas respecto a todo este tema. En el micrófono se podÃan escuchar voces, voces que provenÃan desde el fondo del Océano, voces de personas, voces de hombres y no solamente voces, sino también golpes, golpes metálicos, sonidos como de herramienta. Como si alguien estuviera trabajando en el fondo del océano múltiples veces se quiso llegar a algo que fuera lógico en este canto eso, pero jamás se pudo. Aquella plataforma habÃa sido abandonada, habÃa sido deteriorada y, conforme pasaba el tiempo, solamente que daban los cimientos al fondo, No habÃa más planta cerca, no habÃa ninguna empresa que quisiera trabajar ahÃ. Mi padre dice y me explica que lo que se escucha en aquella zona son los trabajadores que perdieron la vida. Ellos siguen trabajando. Ellos siguen desempeñando sus labores. Tal vez ni siquiera saben que ya no se encuentran vivos y estarán ahà por toda la eternidad. Más allá de esconder almas energÃas, secas extrañas, el océano también oculta algunas cosas que podrÃan ser leyendas o mitos. Creo que el más popular serÃa el cracken o monstruos marinos. Desde que el humano empezó a embarcarse en estos océanos hace muchos años atrás, empezaron estas historias historias de marineros viendo extrañas criaturas en el océano. Este marino este soldado cree fervientemente en esto. Ãl asegura que hay animales más grandes, animales que el humano desconocen habitando en aquellas marianas, habitando en aquellos abismos marinos. Y esto cada vez suena más y no podemos dejarlo desapercibido, pues el hombre, el humano, ha llegado hasta la luna, pero desconoce lo más profundo de nuestros océanos. Nunca, nadie ha llegado. Este es el lÃmite y la siguiente historia no va a ser otra cosa, sino corroborar todo esto que se dice. Espero que la disfruten. Otro relato de mi padre le sucedió cuando iba a bordo de una fracta, una fracta, uno de estos buques de guerra muy grandes de acero por completo. Ãl lo consideró sumamente extraño porque, a pesar de que el navÃo era demasiado grande, cosa que intimidaba a todas las especies animales. Fue que un caso como este le sucedió a él. No sé si estén al tanto, pero en el mar se cuentan muchas cosas respecto a monstruos animales Fuera de nuestra imaginación. Creo que el caso más popular es el cracken el leviatán animales de enormes proporciones que, según se dicen en leyendas, habitan en las profundidades del océano. Mi padre, con todos los años de experiencia que tiene, él dice que cree esto. Más bien no creen los monstruos per se, pero cree fervientemente que animales de grandes proporciones, peces, calamares, anguilas, diferentes especies de animales acuáticos viven en las profundidades que son muy diferentes a los que nosotros conocemos. Ãl puede dar fe de esto, ya que en una ocasión vio lo que podré decir un monstruo marino, un monstruo marino que solamente lo vio una sola vez y jamás se volvió a presentar. Y es esta siguiente historia que, para suerte, él mismo te la va a explicar. Era de noche estábamos en el Golfo de México, ya casi saliendo de éste cerca de Yucatán. HabÃamos anclado, estábamos, por asà decirlo, en mar abierto, ya que no veÃamos a ningún lado rastros de civilización. Solamente era el mar y el buque. En aquella noche, a mà me tocaba ser el turno de guardia. TenÃa que caminar de un lado hacia otro, verificar algunas cosas, llevar una bitácora y asà estar hasta aproximadamente las diez de la mañana del dÃa siguiente. No era el único. Este buque de guerra es muy grande, asà que habÃa muchos más marinos en diferentes ubicaciones. Como sabrán, en el mar donde nos encontrábamos una vez que nosotros anclamos, cesamos el ruido casi por completo. Creo que hay más ruido proveniente de las olas. Y fue por este mismo detalle que yo me percaté de lo que estaba sucediendo. Estaba caminando cuando de pronto escucha un estruendo, un estruendo que no es para nada normal. No es un sonido que haga la fracta, Es un sonido de agua, como si algo se hubiera caÃdo, como si alguien hubiera que ha ido por la borda. Yo identifico de donde vine el ruido y voy caminando a paso veloz hacia este lugar. Al llegar, mis sospechas terminan siendo verdaderas, porque en ese lugar, en ese trayecto, se suponÃa que tenÃa que haber otro marino que, al igual que yo, estaba desempeñando la guardia nocturna, pero no se encontraba sin perder el tiempo. Yo me asomé por la borda y pude ver en el agua, en aquella oscura agua, que habÃa rastros, como si alguien hubiera caÃdo llamen, esos rastros que deja el agua agitada en un solo lugar de donde proviene la caÃda. Yo en ese momento hubiera podido ir y poner la alarma de que tal vez se habÃa caÃdo el marino. Pero me encuentro con algo extraño, y es que, al ver más de cerca, veo que no es el único rastro. Veo que hay más rastros alrededor de este. Yo hasta ese momento no habÃa escuchado que más personas hubieran caÃdo hasta que pongo mejor atención y veo que esos rastros que deja el agua todas esas ondas, no se trata de un cuerpo cayendo, sino de algo que estaba saliendo del agua y que se estaba pegando a la fracta, sino de algo que estaba saliendo del agua y se estaba pegando a la fracta. Yo veo en ese momento que hay bultos oscuros que salen del agua y se pegan a la fracta, se pegan al hierro para que me entiendan. Es como si una salamanquesa saliera del agua y se les pegara y fuera caminando pegada en el acero hasta llegar arriba. Cuando puse mayor atención, vi que ya se encontraban varias de estas cosas pegadas a la fracta y que no solamente estaban pegadas, sino que estaban escalando. Supe de inmediato que eso no se trataba de algo normal. Aquellas cosas estaban moviendo, aquellas cosas tenÃan vida, Me estaban viendo porque sus ojos brillaban en la oscuridad, parpadeaban, me miraban a la par de que iban subiendo. Eran bastantes. Creo que algunas cuarenta o cincuenta pegadas alrededor y todavÃa saliendo más. En ese momento, lo único que hice fue sacarme pistola. Yo parece que tiempo ya habÃa subido de rango. Me acerqué a uno de los gatillos que se usan para pedir ayuda, ya sea para avisar algo o para notificar alguna falla a la par que tiré de él. Volvà rápidamente a la borda saqué la pistola. La preparé para esto. También habÃa tomado una linterna que se encontraba a un lado de aquel gatillo. Prendà la linterna la apunté y abajo de esta mi pistola y fue que con la luz de la linterna pude ver mejor de qué se trataba. Estas cosas que iban saliendo del agua. TenÃan la cabeza como la de un ajolote, pero a diferencia de este animal, de estas salÃan dos largas extremidades como brazos de un humano con los cuales se pegaban al acero e iban escalando su cuerpo. Por lo que restaba era simplemente una aleta enorme como las de una anguila eléctrica. Qué usaba para impulsarse del agua y saltar hacia el buque. Yo solamente les estaba apuntando y cuando lo salucé, estos se detuvieron por un momento, pero aún asà siguieron escalando. Cabe recalcar que su color era totalmente oscuro. Estaban subiendo muy rápido. Cuando en eso llega uno de los marinos corriendo. Este marino no tenÃa pistola, por lo que simplemente estaba esperando que alguien llegara. Necesitaba testigos para hacer lo que iba a hacer. Yo tenÃa preparado el gatillo. Simplemente estaba z ndo esperando a otra persona. Ãl se asomó al igual que yo y los vio. Ãl me preguntó pero qué es eso, de qué se trata? Yo simplemente empecé a jalar el gatillo y comencé a disparar una y otra y otra vez. Aquellas cosas nunca las habÃa visto, pero tenÃa sentido común, como cualquier otro animal. A la par de que oyeron las detonaciones empezaron a saltar de vuelta al agua. No todas, simplemente las que estaban cerca. Obviamente, que los disparos atrayeron a más personas, a más marinos. Yo seguà disparando, mientras que el otro marino simplemente me veÃa asombrado. Yo lo miré y le dije Tú ya las viste. Ãl me dijo sÃ. Yo respondà con un ok. Le dije te necesito, porque si no hay pruebas, si no hay testigos como tú van a creer que estoy loco, Tú no tienes arma, no te preocupes. Solamente ocupo tus palabras. Seguà disparando hasta que por fin, todas y cada una de estas cosas volvieron al mar. No iba a dejar que subieran a la borda. Entre todos los marinos que llegaron llegó un contramaestre A este Le expliqué lo que habÃa visto y que no solamente eso, sino que uno de los marinos el que se suponÃa tenÃa que estar cuidando. Esa parte habÃa desaparecido y que, según mis sospechas, tal vez habrÃa caÃdo por la borda o aún peor se lo habÃan llevado, pese a que yo tenÃa mi historia y el otro marino rectificaba todo lo que habÃa hecho. Era difÃcil de creer, pero a final de cuentas, no me trataron de loco. Las pruebas estaban ahà y la desaparición de un elemento también estaba ahÃ. Se bajó una lancha la cual buscó por todo el área y alrededor de toda la fracta en un perÃmetro al marino que faltaba, pero no importaron todos aquellos esfuerzos no lograron encontrarlo. Esto me dejó como experiencia que, en definitiva, el mar el Océano es inmenso demasiado grande y que en él se ocultan cosas animales criaturas que escapan a nuestra imaginación. Ya sean demasiado grandes o como en este caso algunos seres pequeños, porque yo no le calculo a esos animales más de un metro, pero eran bastantes numerosos, como que se movÃan por manada, algo que sin duda me dejó una buena enseñanza de estar al pendiente, incluso cuando todo está callado, cuando hay absoluta tranquilidad, pues es en esos momentos en los que uno no se espera nada que ocurren las peores cosas. Esas fueron mis historias gracias por permitirme compartirlas




