June 3, 2023

ATERRRADORAS EXPERIENCIAS DE CARRETERAS Y HOSPITALES TEMP.3 / RELATOS DE HORROR / L.C.E.

ATERRRADORAS EXPERIENCIAS DE CARRETERAS Y HOSPITALES TEMP.3 / RELATOS DE HORROR / L.C.E.

Una recopilacion que te dejara aterrorizado sobre las cosas tormentosas que pasan en los hospitales y y en las carreteras solitarias

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Una recopilacion que te dejara aterrorizado sobre las cosas tormentosas que pasan en los hospitales y y en las carreteras solitarias

Hola. Mi nombre es Paula y le mando un saludo a toda la comunidad de la cripta desde Madrid, España. El siguiente relato que les quiero contar me sucedió cuando estaba en mis años de universidad Verán. Yo no estudié aquí en España. Estudié en América, en Estados Unidos. Allá, en Estados Unidos, por lo regular, las universidades están rodeadas, por lo que podríamos decir pequeñas localidades y también algunos parques. Estos parques, o más bien decir bosques, pequeños bosques se usan mucho, tanto por la comunidad como también por los universitarios. Dentro de este bosque que es donde les quiero contar que me pasó esta experiencia. Hay pequeños caminos y zonas donde uno puede acampar un poco. Hay caminos que algunas personas las usan para ir a bicicleta, otros caminos que sirven para ir a correr, etc. Etc. Muchas actividades que se pueden hacer ahí, pero la que a mí más me gustaba eran las carreteras que habían por todo este bosque, si bien no eran carreteras muy grandes. La verdad es que me gustaban bastante porque si escogías bien la ruta, podrías estar dando vueltas por el bosque sin ningún problema. Y lo que beneficiaba mucho es que por estas carreteras casi no pasaban coches a excepción de vacaciones. A mí me encantaba recorrer estas carreteras del bosque porque me encantan dar en moto. Soy una viker, como popularmente se dice, me gusta recorrer kilómetros y kilómetros y si no hay nada en la carretera, si no hay tráfico, como como era en esta ocasión, la verdad es que me gustaba mucho, me servía para pensar en ciertos problemas y también para despejar mi mente. En aquellos años, mi padre aquí en España, estaba pasando por una enfermedad, una enfermedad que casi le cuesta la vida. Obviamente, yo le estraer en Estados Unidos no tenía mucho que hacer. Simplemente estaba el pendiente del teléfono y con ciertas novedades en cuestión a su salud. En uno de estos momentos, mi padre había estado hospitalizado durante mucho tiempo y parecía que esto no iba a mejorar, sino que es más a empeorar. Así que hice lo que en otras ocasiones hacía bastante. Tome mi chaqueta, tomé mis llaves, me puse mi casco y mis protecciones y salí en mi moto. Tenía el tanque lleno y era fin de semana, por lo que iba a recorrer esta carretera, como lo hacía otras veces, quería despejarme de de todo eso, quería olvidar este problema que tenía al menos durante treinta minutos. Para este momento en concreto, había tenido un problema con mi moto y es que a veces no encendía la luz que servía para iluminarme el camino. Este inconveniente. Me había retardado mucho en salir en moto, al menos cerca de la comunidad donde estábamos. Pero claro, este parque era otra historia. Conocía muy bien la carretera. Sabía más o menos a qué distancia tenía que estar como para que el auto me viera y no ocurriera algún accidente. Esto aparte, como les digo ahí, casi no pasaban autos, así que decidí irme total. Al menos al principio, la motocicleta alusaba de lo más normal, pero a medio camino la luz se apagó esto no me importó. La verdad es que iba pensando todavía en los problemas que tenía con mi padre y no me importaba que la luz había pagado. Simplemente quería disfrutar el camino, pero poco me duró el gusto, ya que yo iba con mi casco y en eso de pronto veo algo que está en medio de la carretera. Al principio, lo que yo supuse era que se trataba de una mancha que traía mi casco, porque la carretera por la que iba estaba muy bien iluminada y no se le podía ver color a aquel bulto era completamente oscuro y su forma no era como algo reconocible. Pensé simplemente que era una mancha, aunque a los pocos metros de estar de esta se movió, pero se movió de una manera muy rápida. En ese momento capté que era una persona. Yo traté de librarla, de no golpear pero esto no resultó. Golpeé de mi lado izquierdo de la motocicleta, Me empecé a mover, perdí el equilibrio y al final de toda la situación, terminé por caerme me arrastré por toda la carretera y mi motocicleta sufrió daños, daños más importantes que de los que pensaba. Me levanté del asfalto con mucho dolor. El casco y las protecciones me habían ayudado a aquel choque no resultara en una fatalidad, ya que la verdad es que si no hubiera usado el casco, creo que hasta ahí hubiera llegado. Me levanté y cojeando me acerqué hasta la motocicleta la levanté, le puse el pie y la dejé parada a la mitad del camino. Lo que pensé en ese momento es que me había llevado una persona. Obviamente, me entró un miedo y rezaba por dentro. A qué esa persona siguiera viva. Regresé caminando o trotando más bien como podía con el dolor que tenía en mi pierna hasta aquel lugar donde había chucado. Empecé a gritar como loca. Empecé a preguntar que si estaban bien que dónde estaba. Le gritaba aquella persona. Yo supuse que, al no ver un cuerpo en el asfalto a lo mejor de lo rápido que iba, había empujado su cuerpo y había salido volando de la carretera de seguramente se encontraba tirado ahí por el bosque. Empecé a buscar por el bosque por las orillas de un lado de la carretera del otro, pero no encontré nada. Simplemente no había nada con lo que había chocado había desaparecido. Luego pensé que tal vez se trataba de algún animal, un animal silvestre igual tuve remordimiento, pero no encontré ningún cuerpo, tampoco ningún rastro de sangre, al menos a simple vista, por lo que no le vi mayor asunto a quedarme ahí, por lo que después de algunos diez minutos no le hallé una razón más para quedarme allí. Caminé como pude y de nuevo hasta la motocicleta. La levanté y la quise echar a andar, pero fue en vano. No sirvió para nada. La motocicleta no arrancaba y también, a decir verdad, la llanta había quedado algo chueca, por lo que aunque le echara a andar, no iba a poder conducirla el choque había sido más violento de lo que creía. En fin, no me quedó de otra que empezara a empujarla y empezar a caminar por esta carretera y ahí me tenían aproximadamente a las once de la noche, en una carretera por la que casi no pasan carros o no iban a pasar en toda la noche cojeando herida, sangrando de un brazo, porque eso se me había raspado fuertemente un brazo empujando una motocicleta destrozada. En fin, esa noche no pintaba para nada bien. Recuerdo que caminé por alguna media hora y todavía caminando más iba a tardar aproximadamente una hora en llegar a un comercio al cual conocía en donde me podían ayudar. Pero cuando iba por la carretera empecé a notar algo. Creo que muchos hemos sentido cuando alguien más te observa, cuando ese alguien tiene la mirada muy pesada que tú la captas que sientes la mirada clavada de alguien. En ese momento, yo sentí esto, pero no de una sola persona, sino de varias. Sentía, como me observaban, de diferentes lugares, de diferentes ángulos y que estas miradas provenían del bosque a un lado de la carretera. Yo empecé a voltear varias veces e incluso me empecé a decir a mí misma que estaba loca, que estaba imaginando cosas, pero en ese momento mi cerebro, mis sensaciones no se equivocaban. Empecé a ver un bulto, un bulto oscuro que se movía entre los árboles. Cuando presté mayor atención a esto, empecé a divisar que no solamente era uno, eran varios, eran siete ocho y mientras más ponía atención, descubría más se veían como si fueran personas. Pero si captabas muy bien y les prestabas atención a sus movimientos y conforme se iban acercando, te dabas cuenta poco a poco que que no eran personas, porque yo, al verlos supuse que lo eran. Por lo que me detuve y empecé a decirles que me había caído, que había tenido un accidente que si me podían ayudar yo en ese momento pensé que eran guardabosques, aunque fueran muchos en un solo sitio me detuve y los empecé a mirar. Y fue ahí que empecé a notar que esos movimientos eran muy raros, muy extraños. Sus movimientos eran muy fluidos. Era como si se moviera un muñeco de trapo o un muñeco que no tuviera huesos. Era como si, en lugar de piernas y brazos, tuvieran tentáculos. Al menos para mí, eso era lo que me proyectaban. Empecé a tener miedo, obviamente por esto y me pasé del otro lado de la carretera. Empecé a caminar y empecé a caminar lo más rápido que podía. No podía ni siquiera trotar. Llevaba muy lastimada mi pierna y a la par de estar empujando la motocicleta no podía. Aquellos extraños bultos ya se encontraban casi saliendo del bosque. En mi desesperación quise arrancar la motocicleta, aunque sabía que no le iba a poder andar, pero quería, aunque fuera luz, iluminarlos para ver qué era lo que eran, para saber si mejor dejaba tirada a la moto y me echaba a correr o hacía lo que fuera por tratar de encenderla En ese momento la suerte que ya para variar se tenía que poner un poco de mi lado. Encendió la moto, encendió las luces y como pude volteé la moto y al momento de voltear e iluminarlos. Estas cosas se hacían para atrás. Era como si la luz le escalara. Eran como si le tuvieran miedo a la luz. Fueron retrocediendo y se resguardaron de nuevo en el bosque. Yo en ese momento, al menos capté algo. Empecé a mirar a mi alrededor y en ese trayecto precisamente donde había chocado, precisamente donde venía caminando, era un trayecto donde las luces en la carretera fallaban estaban apagadas. Me faltaba poco para llegar a aquel punto donde de nuevo estaba muy bien iluminado. En ese momento había pasado una tormenta y había dejado sin luz eléctrica algunas partes. Esta era una parte de esas. En ese momento logré ver la luz al final del túnel. Irónicamente hablando veía la luz comenzando de los postes a unos cuantos metros. En ese momento pude ver la salvación que tenía. Comencé a caminar y a caminar y a caminar con la luz de mi moto encendida y al momento que llegué a esta zona, me sentí profundamente aliviada, ya que esa sensación de sentirme observada había terminado. Se había ido por completo algo que no tenía sentido, pero yo así lo sentía. Continué caminando esta vez por la hora que quedaba. Llegué hasta un establecimiento donde logré conseguir ayuda. Me llevaron de nuevo a la Universidad y esto acabó ahí. Esta experiencia. Cuando se las cuento a mi familia y amigos cercanos porque no es algo que yo ande diciendo a todo mundo, resulta bastante fantasiosa. Algunos me han dicho y si es verdad, completamente aterradora. Al investigar más, me he dado cuenta que hay varios vídeos en YouTube de personas que han visto lo mismo, y no solamente testimonios como el mío, sino que nuno. También hay videos los invito a toda la Comunidad de la Cripta que investiguen sobre esto. No sé qué es lo que tienen los bosques pegados a lo que viene siendo. Las carreteras y las localidades. Es como si algo dentro de ellos nos observara. Además, está decir que cada vez que entro a lo que viene siendo un bosque que también aquí en España, me siento nerviosa, con cierta incertidumbre y por si se lo preguntan, jamás volví a recorrer esa carretera durante todo lo que me quedaba de años ahí en la Universidad, ni de día ni de noche. Espero que les haya gustado mi experiencia. Saludos a todos buenas noches Comunidad de la Cripta. Mi nombre es Mauricio y les quiero que contar una experiencia que me sucedió cuando estaba trabajando Verán yo trabajo de operador de autobús en mi trabajo a lo largo de los años he recorrido numerosas carreteras a lo largo del país y en el transcurso de estas me ha encontrado con que hay muchas historias, muchos relatos e incluso leyendas sobre algunas extrañas carreteras de México. Como popularmente se conoce, una de estas es la rumorosa o, como otras, el kilómetro treinta y uno. Lo que les quiero explicar con esto es que cuando uno es operador le cuentan diferentes historias. Algunas parecen muy fantásticas para ser reales y con todo esto se podría decir que uno va algo susceptible a encontrarse con n con so ciertas cosas o a lo mejor ver o suponer que vio algo paranormal por la carretera. Esto se los digo porque era lo único que había escuchado hasta ese momento. Esto me pasó por ahí del año dos mil siete y hasta ese año, pese a que ya llevaba trabajando aproximadamente algunos tres o cuatro años, no me había pasado nada, por decir paranormal. He estado trabajando en diferentes empresas, si bien no en todas, si diría que en las más importantes de México, y lo que les puedo decir es que en todas estas se cuentan leyendas. Recuerdo que cuando me pasó esta experiencia yo no había visto nada, por decir fantasmas o demonios o espíritus. Lo máximo que había visto hasta ese momento eran unas cuantas sombras en la carretera. Pero claro esto se lo podría atribuir a que cuando vamos conduciendo a veces el chofer y el otro chofer que viene manejando, ya que por lo regular siempre somos dos, venimos contando historias de fantasmas y, a lo mejor, uno va con más susceptibilidad a creer que ve ciertas cosas, pero lo que les voy a contar la verdad es que no le encuentro explicación alguna. Todo comenzó en uno de estos viajes. Iba conduciendo e iba platicando con mi compañero, el otro chofer que venía acompañándome para este momento. Eran cerca de las cuatro de la mañana y yo recuerdo que ni siquiera había cenado. Venía un poco cansado En ese momento, mi compañero me dice que si quiere que nos cambiemos de lugar, él toma el volante y así sirve que yo de pase descansa un poco la vista y también duermo un poco, ya que se me veía que traía los ojos bastante irritados. Yo, por supuesto, le dije que sí, lo más rápido posible, pero claro, íbamos en una autopista y al menos por un transcurso, por un trayecto de algunos minutos, no podíamos cambiarnos. No podía parar el autobús hasta encontrar un sitio el cual lo pudiera orillar e hiciéramos el cambio. Para este momento. Íbamos pasando por una carretera en donde se dice se aparecía un niño. Estas eran historias de diferentes choferes. Decían que a veces se aparece un niño y también se decía que éste había perdido la vida en aquella carretera. Yo le estaba contando esto a mi compañero y él digamos que es un tanto escéptico y también es joven, por lo que no le prestó mayor importancia a esto. Y es más, se empezó a burlar del relato del niño, empezó a mofarse de la historia y y a decir también que todo eso era puro cuento y que no era para nada. Verdad, esto la par también de andarse burlando del niño. Yo obviamente, no dije nada, no sé ustedes, pero me da una cierta desconfianza irme burlando de los fallecidos. No acostumbro a eso. Aunque sea una leyenda y aunque sea falsa, la verdad no es muy propio de mí ir haciendo eso. Pasó el tiempo, unos cuantos minutos y llegamos al punto en el cual pensamos que podíamos orillar el autobús y hacer el cambio. Lo hicimos. Detuve el autobús, me paré saqué el loncho que traía y mi compañero se sentó y quiso acelerar el autobús. Pero aquí comienza lo extraño, y es que el autobús no daba marcha, Es decir, cuando lo detuve, no lo pagué. El autobús continuaba encendido simplemente lo había parqueado. Mi compañero trataba de meterle la velocidad, pero no daba y el autobús Recuerdo que hizo un extraño movimiento, es decir, cuando mi compañero hizo la primera velocidad, el autobús sí despegó. Se movió, creo que algunos centímetros y después se detuvo. Era como si algo lo estuviera reteniendo. Yo lo que más figuro porque sentí un tirón, era como si el autobús estuviera amarrado a a algo que lo estuviera deteniendo. Mi compañero empezó a acelerar. Yo abrí la puerta del autobús y le dije que acelerara para ver cuál era el problema. De tanto que estaba acelerando hasta humo le estaban saliendo las llantas, es decir, prácticamente estaban derrapando y obviamente, le dije que parara que ya no le moviera más, me bajé del autobús y con lámpara en mano, empecé a checar Llanta por Llanta. Lo que supuse en ese momento y lo que también mi compañero supuso era que, a lo mejor, una de las llantas estaba atascada. Yo quería pensar en eso, pero claro, esta teoría para mí resultaba sin sentido, porque yo había estacionado el autobús. Yo había sentido perfectamente que aún estábamos sobre el asfalto, sobre lo pavimentado. No había sentido ningún hueco, ningún hoyo y a pesar de que regresé Llanta por Llanta, no encontré ninguna falla. El autobús prácticamente se encontraba todavía arriba del asfalto encendido al menos a simple vista. No se podía encontrar nada con lo que estuviera reteniéndose. Mi compañero también bajó y me echó una mano. Empezamos a checar por ambos lados, pero no hallábamos ninguna respuesta hasta que escuchamos como la puerta del autobús se cerraba, corrimos hacia el frente y la puerta ahora se encontraba cerrada. No nos podíamos echar la culpa ni uno ni al otro, ya que la puerta de esos autobuses se cierra mediante un gancho que se encuentra a un lado del volante y, por lo regular, ese gancho no está simple vista y es inmediato al momento que lo jalas la puerta se está tierra o se abre. No había sido la culpa de ninguno de los dos, a no ser que alguien, uno de los pasajeros, hubiera cerrado la puerta A propósito. Esto tampoco encajaba, ya que ese gancho no está simple vista. Es más, me atrevo a decir que las personas que no son operadores no tienen ni idea de dónde se encuentran, ya que no está simple vista con toda la pena del mundo y más a regañadientes, porque no nos quedaba de otra. Empezamos a tocar la ventana, la ventana del primer pasajero. Los que venían aquí sentados. Era un matrimonio, un matrimonio ya de abuelitos. Eran señores que creo que abundaban en los setenta ochenta años y la que se levantó, al menos en primera instancia, fue la mujer. Ella nos vio y nosotros a base de señas, ya que estaba el motor del camión y las ventanas. La verdad es que no dejan entrar el sonido. Ella se paró y fue a la cabina, caminó y estaba ya entrando a esta Hay una cortina en la cual se desplaza en medio y esto es más que nada para que la luz del exterior, de la vista del autobús, de las ventanas no entre con los pasajeros, ya que a esta hora, por regular cuando están viajando de noche, todos están dormidos. La señora apenas se asomó y se nos quedó viendo. La cara de esta mujer cambió abruptamente. Verán, aquella mujer nos vio con una cara de terror absoluto. Sus muecas estaban cambiando en sus ojos. Se veía como que nos tenía miedo. Se pasó ahí unos breves segundos mirándonos y de nuevo se metió, es decir, no entró ni a la cabina ni siquiera lo más cerca de ésta. Obviamente, pues nosotros nos preguntamos qué había sucedido. Pasaron entonces unos breves segundos y salió el abuelito. Este señor también aunaba incluso más edad, pero al vernos su cara también cambió como como si tuviera miedo. Pero también a la vez nos estaba preguntando con señas que qué era lo que queríamos que hiciera. Él estaba captando que nos habíamos quedado afuera. Así que, con Señas le empezamos a decir dónde estaba la palanca y que la jalara para que nosotros pudiéramos entrar al autobús de vuelta. El señor da con la palanca la jala y volvemos a entrar adentro. Al entrar, obviamente le pedimos disculpas por haberlos molestado. A él y a su esposa le damos una tonta justificación de por qué nos habíamos quedado afuera y la verdad muy ridícula. Una justificación aunque era, a decir verdad, demasiado tonta. Él nos continuó mirando y nos dijo con una voz muy seria. Saben jóvenes, cuando ustedes se encontraban afuera, no estaban del todo solos. Nosotros nos le quedamos mirando y le preguntamos cómo que no estábamos solos. El abuelito nos dijo que en cuestión que cuando había salido su mujer, ella iba con toda la intención de ayudarnos, pero detrás de nosotros. Ahí en la carretera, atrás de nosotros, de nuestras espaldas, se encontraba un niño, un niño totalmente pálido con los ojos blancos observándonos y que cuando su mujer salió, la mirada de este niño cambió y la observó a ella. Obviamente, la mujer se aterrorizó. Al ver esto, se metió de nuevo y le dijo a su esposo. Él, señor dice, que no creyó lo que le dijo su mujer. Así que él salió para ver si nosotros necesitábamos algo. Y fue en ese momento cuando se tragó sus palabras porque el niño continuaba detrás de nosotros, observándonos tan pronto cuando él salió. La mirada del niño cambió hacia él. Obviamente, él sentía miedo e incluso esa noche dijo que todavía tenía miedo, pero que lo más lógico era salir de aquella carretera lo más antes posible, por lo que se tragó ese miedo y prestó atención a lo que le decíamos para abrir la puerta y arrancar el autobús. Nosotros estábamos sorprendidos de eso. Le preguntamos que dónde estaba el niño ahora. Él simplemente nos dijo que cuando se agachó y jaló la palanca, volteó de nuevo con nosotros y esta vez el niño ahora ya había desaparecido como si nunca hubiera estado ahí antes de arrancar a aquel autobús y después de que el matrimonio se encontrara otra vez en sus asientos, mi compañero, que ahora le tocaba manejar el trayecto, se quedó en silencio, juntó sus manos como en forma para orar y después rezó. Simplemente rezó un padre, nuestro un ave maría y después dijo perdóname. Por lo que te he dicho, créeme que no me voy a volver a burlar de ti ni de ninguna otra alma, pero, por favor, déjanos ir. Sé que todavía no descansas en paz y que no es motivo para que yo me burle de ello. Por favor, déjanos ir, déjanos ir de esta carretera. Parece entonces yo estaba muerto de miedo, al igual que él, empezó a meter la velocidad porque el camión en todo momento estuvo encendido y en esta ocasión, como si nada hubiera pasado, el autobús empezó a andar como si prácticamente no hubiera ningún fallo. Salimos de aquella carretera esta vez sin contar ninguna experiencia paranormal, sin contar ningún relato. Pero esta ocasión, en esta experiencia, me quedó más que claro una cosa y es que jamás me voy a volver a burlar de un difunto o la comunidad. Mi nombre es Diana, y esto que les quiero contar me pasó hace muchos años. Para ser sincera, no recuerdo la fecha exacta, pero más de una década sí ha pasado toda mi vida. La he desempeñado en el trabajo de enfermería, desempeño como enfermera desde que salí de la carrera. Y si bien me han pasado muchas cosas, muchas experiencias que resultan ser algunas veces inexplicables, hay otras tantas a las que sí les he encontrado una explicación, pero lo que más miedo da es que la mayoría de las veces es una explicación paranormal. La experiencia que les quiero contar sucede durante el turno de la noche. En ese entonces yo llevaba mis primeros años como enfermera, estaba joven. A mi cuidado tenía algunos pacientes en un piso seleccionado. Estos pacientes en su mayoría eran ancianitos, abuelitos, necesitaban cuidados y la mayoría de las veces también un trato especial, ya que, como sabrán las personas al llegar a cierta edad, pues acarrean con ellos un cierto carácter que no muchos enfermeros ni médicos suelen tolerar. A mí, particularmente yo les tenía mucha paciencia, por lo que la mayoría de las veces era la seleccionada para tratar con ellos. Entre estos abuelitos les quiero destacar una paciente. Era una abuelita, creo que aunaba en sus ochenta y siete a noventa años. Esto para que se den una idea de la edad aproximada en la que trataba a los pacientes. Esta ancianita no tenía ese carácter como el de los otros abuelitos. Era un paciente de hecho, muy tierno. Pero lo que no le gustaba a mis otras compañeras es que ella no pedía ayuda para nada. Ella se levantaba y si querer al baño, iba al baño. Si quería comer, se levantaba igualmente e iba hasta la recepción de ese piso y les decía que si podían ir a darle algo de comida o que se le pusieran en una charola y ella regresaba a su habitación. También cuando quería salir a caminar, simplemente lo hacía. Obviamente, esto enojaba mucho a mis compañeras. Esta ancianita tenía una enfermedad en sus pulmones, por lo que llevaba consigo en lugar de suero un respirador. Cabe destacar que esta enfermedad que tenía no era que la postrara en cama. De hecho, tenía muy buenas, sus piernas, sus brazos, pero se agitaba con mucha facilidad y, obviamente caminar para ella al pasar de los minutos se le complicaba y, por ende, también su estado de salud. Muchas veces tuvimos que alcanzarla en pleno pasillo y algunas otras veces cuando el baño estaba cerca y ella iba al baño, pues la verdad es que la dejábamos ir al cabo. Estaba una distancia considerable y a la abuelita le gustaba sentirse útil. Era de las personas de antes. Ella había trabajado toda su vida, también, al igual que su esposo, era campesina. No son personas que están acostumbradas a estar en cama todo el día, así que, por ese lado, nosotros comprendíamos perfectamente. Recuerdo muy bien que al pasar las tres de la mañana, yo iba y me recostaba un poco había una habitación, una habitación que tenía dos camillas y que en la mayoría de su tiempo se encontraba desocupada por lo que era una habitación que, por defecto, se usaba para dormir, ya sea por los enfermeros o por los médicos. A veces nos toca doblar turno y siendo turnos de doce horas hasta veinticuatro horas, pues resulta ser bastante cansado. Yo acostumbraba a dormirme en esta habitación alrededor de una hora a dos horas y siempre a las tres de la mañana cuando yo me encontraba ahí dormida. Recuerdo perfectamente que todas las noches oía el respirador, pasar por la puerta y después por una ventana que reflejaba hacia afuera ver la silueta de esta señora pasar al baño. Yo me llevaba muy bien con esta abuelita, así que simplemente la veía y me cercioraba que cuando saliera se dirigirá de nuevo a lo que es su habitación. Así que me quedaba con un ojo viendo a la ventana y una vez que la ancianita pasaba de vuelta y escuchaba su respirador, pasar de nuevo por la ventana y después por la puerta hacia su habitación. Era cuando yo podía dormir más tranquila. Tenía meses cuidándola por lo que ya había un cierto cariño. Les tengo que decir que esto pasaba todas las noches y en una ocasión, cuando yo llegué al turno de la noche, recuerdo que había llegado muy cansada. Todo esto debido a algunos problemas familiares que había tenido en aquella ocasión. No había pasado a revisar todos los pacientes y en esto se encontraba esta abuelita. Dieron las tres de la mañana. Yo me fui a esta habitación con más sueño que nunca y me recosté en una de las camillas. Tengo el sueño muy ligero y eso me ayuda en cierta parte por mi profesión. Así que de nueva cuenta me despertó ese característico sonido del respirador. Estaba abriendo los ojos y cada vez lo captaba más y también las pisadas, pisadas muy lentas que caminaban por el pasillo. Al girar mi mirada y poner en la ventana, vi claramente la silueta de esta anciana, pasando por la ventana en camino al baño y incluso escuché cómo abrió la puerta y de nueva cuenta la cerró como ya les expliqué antes. Yo le tenía mucho afecto esta anciana y me quería cerciorar de que no se fuera a caminar por otro sitio, ya que empeoraría su estado de salud. Así que no me dormí e incluso aunque hubiera querido, no me hubiera dormido. Estaba bastante impuesta esto. Además, son mis pacientes. Tengo que estar al tanto de ellos. Pero en esta ocasión pasó un minuto, dos minutos, diez, minutos, quince minutos y la abuelita no salía del baño. Me levanté de la camilla. En ese momento me tallé los ojos, abrí la puerta, entré al baño y revisé baño por baño y no había nadie. Lo primero que se me vino a la mente es que, de seguro, esta ancia ni andaba caminando por los pasillos del hospital, y eso no podía ser. Empecé yo sola a caminar por los pasillos, ya que no eran muchos, pero no tuve éxito. Llegué hasta la recepción de ese piso, ya que pensé que, a lo mejor había bajado o había subido para movilizarnos y tratar de encontrar, ya que en su habitación no iba a estar. No podía estar ahí. Cuando llegué con mis compañeras y les dije que un paciente se encontraba rondando por los pasillos, ellas me apoyaron enseguida y comenzamos a buscarla. Cuando estábamos buscándola, ellas me preguntaron qué paciente es de qué habitaciones. Yo les di la referencia y el nombre de esta abuelita. Yo les di la referencia y el nombre de esta abuelita. En ese momento, las dos se pararon y me dijeron después a ver tú la viste. Yo les volví a repetir sí y la vi pasar por la ventana. Estaba recostada y había pasado por enfrente, incluso había escuchado el respirador de ella. Ellas simplemente se quedaron mirando entre ellas dos y después de un largo silencio, me dijeron es que no es posible que la hayas visto de seguro. La soñaste porque esa señora acaba de fallecer esta mañana. Yo no podía creer eso. Les dije que me llevaran hacia la habitación de esta y, efectivamente, estaba desierta. No había nadie su respirador, su cama estaba vacía. Ellas me convencieron de volver a recostarme. Al fin y al cabo, si ya había sido habitual para mí ver a esta mujer y tener muy en cuenta que tenía que esperarme aquella salida del baño, posiblemente lo había soñado mi mente había jugado conmigo dentro de lo que cabe podía ser cierto, así que no le presté más atención. Me sentí mal por un momento, ya que es esa abuelita. Prácticamente era mi amiga y decidí ir a acostarme de nuevo. Y es que una vez dormida, recuerdo muy bien que me despertaron, me despertaron con toques en la ventana al abrir los ojos y yo todavía aún dormida. En ese trance, recuerdo perfectamente la cara de la abuelita acercándose al espejo y diciéndome ya voy de nuevo al cuarto, ya no te preocupes, ya duérmete. Gracias por cuidarme. Yo entre cierro los ojos de nuevo y al instante los abro. Caigo en cuenta de lo que acaba de pasar y otra vez salgo voy a la recepción y estoy con mis compañeras, pero en esta ocasión yo ya no les menciono nada. Durante dos semanas no pude dormir de nuevo en aquella habitación. Tuve miedo de que esa viejita fuera a pasar otra vez hola. Saludos a todos los criptamaníacos. Mi nombre es Sara, mi madre, ahorita, se encuentra más que nada como ama de casa, pero ella, durante un buen tiempo de su vida, fue enfermera. Tiene muchas experiencias que espero contarles, pero en esta ocasión les quiero contar una en concreto, la cual me parece muy curiosa y muy extraña. Se darán cuenta al final de contarles esta historia, que se liga mucho a una cierta leyenda que se cuenta en los hospitales mi madre en cierto tiempo, porque cabe recalcar que esto le pasó varias veces se encontraba al cuidado de algunos pacientes. Estos pacientes podrían ser en terapia intensiva, urgencias y en algunas otras habitaciones, en su mayoría eran personas un poco adultas. Todo esto porque el hospital, a la vez en su parte trasera, tendría lo que vendría a ser una casa de retiro, un asilo para que me entiendan y, por lo regular, los ancianos, los abuelitos que se complicaban en su salud, simplemente iban rápido a este hospital que se encontraba, que se encontraba prácticamente a espaldas de ellos. Mi madre atendía, por lo tanto, en su mayoría a personas de la tercera edad. Recuerda muy bien que tenía que pasar a la habitación de estas personas en su mayoría por eso de las once y media o doce de la noche, a darle sus medicamentos, asesorarse de que sus signos vitales estuvieran bien, su suero, sus medicinas y todos y cada uno de estos ancianos, que prácticamente estaban con una enfermedad casi terminal en la mayoría de los casos, decían ver a una enfermera la cual entraba casi enseguida de que mi madre se fuera esta enfermera. Ellos dicen que los relajaba bastante. Su simple presencia los aplacaba. Algunos de estos ancianos les cuesta trabajo dormir y esto es perfectamente normal, porque uno a medida que va avanzando en su edad, se va deteriorando ciertas hormonas y, por ende, unos abuelitos necesitan pastillas para dormir. Cuando entraba esta enfermera, ellos no necesitaban estas pastillas. De hecho, muchos de ellos argumentan sentirse magníficamente bien a la mañana siguiente. Y lo curioso de este caso es que esta enfermera no les daba ninguna medicina, no les acomodaba nada, no les llevaba comida. Ella simplemente entraba y se sentaba a un lado de ellos y empezaba a platicar con ellos. No importaba si el paciente en ese preciso momento se encontraba con un dolor, ya sea en la cabeza, ya sea en el cuerpo, en los órganos. Al momento de que entraba aquella enfermera, simplemente se aplacaba el dolor. No importaba para nada en dónde estará ella. Simplemente platicaba con ellos y pasaban a lo mucho. Ellos dicen algunos tres minutos, cuatro minutos y se dormían, amanecían al día siguiente y no la volvían a ver hasta la noche. Esto mi madre se lo dijeron muchos pacientes. De hecho, algunas noches quiso hacer una prueba. Ella pensaba hasta ese momento que, a lo mejor se trataba de una enfermera la cual ella no conocía tal vez alguna enfermera más joven, alguna enfermera que estaba apenas entrando al hospital. Comúnmente, las señoritas que apenas llevan un año, llevan dos. Le tienen mucha paciencia y mucho cariño a los pacientes, más en concreto a los adultos mayores y a los niños. Mi madre espió el pasillo una hora y media exactamente después de que ella pasara habitación por habitación checando a los pacientes. Ella vio la hora y era la misma hora en la que pasaba esta enfermera, pero jamás vio nada. Jamás la vio a ella entrar a las habitaciones. La curiosidad le ganó y entró a una de estas. Dónde estamo un señor. Este señor sabía que mi madre estaba esperando a esta enfermera y le preguntó a ella si en esta ocasión ya la había visto, ya que el paciente también quería saber por qué estos pacientes no sabían el nombre de esta enfermera, lo cual querían averiguar, ya que les gustaba mucho cómo platicaba con ellos. Les gustaba mucho cómo los atendía. Ella siempre resguardaba su nombre simplemente esta pregunta. Ella no respondía. Mi madre le respondió que no, que la enfermera no había subido al pasillo. Y fue en ese momento que este hombre la parenceico le dice cómo es posible eso. Ella acaba de pasar conmigo, de no ser que usted entró de nuevo y debido al ruido de la puerta, me desperté. Pero si usted no hubiera entrado, yo me hubiera dormido profundamente. Como otras ocasiones, mi madre le preguntó hace cuánto que vino el paciente. Le dijo tal vez a lo mucho dos minutos, un minuto. Esto a mi madre le empezó a dar una mala espina, sobre todo porque empezó a notar un detalle, un detalle demasiado tétrico, el cual se guardó para ella misma y no lo quiso andar diciendo ni siquiera compañeras la que se percatará de esto. Guardaría silencio más que nada para que los pacientes no entraran en caos, no entraran en crisis. Y es que esta enfermera tenía la particularidad de que, cuando se presentaba a un paciente, este paciente a lo mucho vivía una semana, fallecía a los pocos días. Era como si ella supiera quienes estaban al bordo de perder su vida e iba todas las noches, al menos para proporcionarles un plácido sueño y para que se sintieran de un mejor ánimo, de una mejor salud. A la mañana siguiente, mi madre me explica que no está segura si este fantasma, porque ella sabe muy bien que esto tiene un origen paranormal, porque ella no vio a ninguna enfermera y todos dicen que sí la vieron y nadie puede inventar nada, porque muchos pacientes ni siquiera se hablan entre ellos y dan las mismas características que el otro da sobre el aspecto de esta supuesta enfermera. Todos ven a la misma. De eso, no cabe duda, Pero hasta la fecha, mi madre no sabe explicar si esto es parte de la leyenda de la planchada, como popularmente se conoce aquí, en México y en Latinoamérica. No sé si se conozca en otros países, pero aquí al menos le decimos la planchada, o tal vez es algo más. Tal vez se trata de algún espíritu piadoso el cual se manifiesta para hacer que, por lo menos en los últimos días, estas personas tengan un descanso de todo ese sufrimiento que experimentan en los hospitales Espero que les haya gustado mi historia. Saludos a todos de este Guanajuato hola. Mi nombre es Justina y lo que les quiero contar sucedió cuando yo tenía siete años. En aquel momento recuerdo muy bien que me habían dado la noticia de que un hermanito venía en camino un varón. Eso significaba que yo pasaría a ser de hija única a la hija mayor. Yo estaba muy emocionada por esto. Tengo recuerdos nebulosos de aquella época, pero varios si los recuerdo perfectamente. Recuerdo cómo a mi madre le crecía el vientre mes con mes, como también me llevaba sus citas, y cuando ya tenía entre ocho a siete meses, empezábamos a comprar cosas para el niño, para su habitación. Todos estábamos muy felices y la expectativa de la llegada, pero, para la desgracia de toda mi familia, el bebé se adelantó. Mi madre igual me decía que no había nada de qué preocuparse, porque hay muchos bebés que se adelantan en el octavo mes y en la mayoría de ocasiones pues no pasa nada malo. Recuerdo que me llevaron al hospital junto con mi madre. Mi padre llegó después. Estábamos en una sala de espera. Yo estaba con mis abuelos y mi padre con sus hermanos. En fin, ya se imaginarán todo ahí el movimiento, pero hubo complicaciones y a mi madre tuvieron que cedarla un poco y mantenerla todavía más tiempo internada. Yo recuerdo muy bien que en cierto tiempo me dejaron sola, o más bien no me dejaron solas, sino que yo me aparté de ellos. Desde Chiquita he sido muy imperactiva y la verdad en que no se me da estar esperando en una silla. Recuerdo que me encontraba caminando y pasé por un área donde están los recién nacidos. Estaba viendo ahí a los bebés casi de puntitas porque estaba muy bajita, la verdad y no alcanzaba a ver muy bien todas las camillas en mi mente inocente. Pensaba que mi hermanito se encontraba por ahí, pero que todavía no le decían a mis padres. Así que yo lo buscaba con la mirada, pero no tenía éxito. Veía a los niños o a los que podía ver, pero no me imaginaba a ninguno de esos como mi hermano. Cuando de pronto algo jalá mi falda la jala hacia el suelo. Yo recuerdo voltear y ver a un bebé, un bebé caucásico con el pelo cafecito, los ojos cafés y una marca blanca como si fuera una herida en su frente. Era una marca que sabía que tenía de nacimiento. No era una marca como de profundidad. Simplemente era una marca que iba a llevar toda su vida. Era una marca blanca, como un rasguño, tenía los ojos cafés oscuros y llevaba un mameluco azul, el cual se me hacía bastante familiar. Yo lo cargué y este bebé de la nada empezó a reír conmigo, Me empezó a abrazar me, empezó a besar a mí. Me cayó por completo. Bien, en aquel momento yo estaba extasiada. En aquel momento quería llevármelo, pero sabía que iba a tener problemas, es decir, tenía siete años, pero no era tonta, así que dejé al bebé de nuevo. Ahí en el pasillo, le dije que no se moviera, ya que quería traer a uno de mis padres. Cuando fui con mi abuela, ella me regañó en un principio porque no le gustaba que desapareciera y menos en un hospital. Yo le dije que había visto a un niño y que había estado jugando con él. La jalé del dedo y a fuerza me la llevé. Cuando llegamos a ese pasillo, el bebé ya no estaba. Mi abuela extrañada. Me preguntó pero cómo que has visto un bebé, es decir, el bebé anda gateando ahí por el pasillo. Yo le respondí que sí, que yo lo había visto gateando. Y es más, este bebé me había jalado la falda. Estuvimos buscando por ese pasillo, pero a final de cuentas, no encontramos nada. Volvimos con mi padre y tan pronto anocheció. Nos dieron una triste noticia y es que mi madre había perdido al niño. No había nada que pudiéramos hacer. Mi padre estaba destrozado por completo y era comprensible, al igual que mi madre, los recuerdo llorando y también abrazándome fuertemente. Hay que dar un salto de un día. En mi casa se llevó a cabo el velorio de mi hermano, del bebé que habían perdido y en cierto momento mi padre me cargó y me dijo que lo viera y que me despidiera de él. Al momento de que me cargó y me acercó al ataúd, pude ver a través del cristal que ese niño, ese bebé, era prácticamente el mismo niño con el que había jugado en el hospital, la misma marca, el mismo pelo y para colmo traía puesto el mismo mameluco con el que lo había visto. Yo sabía que había visto ese mameluco en algún lugar y claro lo había comprado mi madre hace apenas dos meses atrás. Estaba recordando perfectamente cuándo, cómo lo había comprado y dónde. Yo no podía creer Cuando mi padre me acercó a él. Mi padre me dice que en ese momento yo volteé y le dije papá yo jugué con ese niño en el hospital. Dice mi padre que se me quedó mirando y obviamente, mi abuela ya le había contado sobre esta experiencia que había tenido en ese momento. Él me abrazó muy fuerte y me dijo al oído al menos se despidió de ti me bajó en ese momento y yo simplemente le di una rosa. Desde esta experiencia estoy más que segura de que los difuntos hace sea un bebé, un anciano, un niño o un adulto, aprovechan los últimos días, los últimos minutos, las últimas horas que les quedan en este mundo para despedirse de sus seres queridos