ATERRADORES RELATOS EN CARRETERAS Y AUTOPISTAS DESOLADAS / TEMP.5 / L.C.E.

Alguna vez has conducido totalmente solo por una carretera la cual parece desolada. una mirada te hacecha desde la distancia y el peligro crece con cada minuto, pues esto mismo les paso a estos condcuctores, adentrate en este episodio y se testigo de...
Mi nombre es Susana Puente la experiencia que les quiero compartir a ti y a toda la Comunidad. Me sucedió hace aproximadamente unos quince años, más o menos, la misma edad que tiene mi hijo. En aquel tiempo recuerdo que habÃamos ido de viaje mi esposo yo y mi hijo, que en ese entonces tendrÃa algunos nueve meses. El festejo se llevaba a cabo en las tierras de mi familia. Ellos eran campesinos desde hace mucho tiempo tenÃan tierras, las trabajaban y al tener una de las propiedades más grandes con una de las casas más grandes que tenÃan en toda la familia, pues lo que podrÃa hacer vacaciones de verano Navidades, toda la familia se juntaban esas casas. A veces salÃan a caminar, otras veces iban unas cabañas que se encontraban cerca más que nada por asador, por el contacto al aire libre, tal como sucedió en aquella ocasión. Ya habÃa caÃdo la noche. Mi esposo todavÃa se encontraba hablando con mis familiares, con mis tÃos, con mis hermanos. La fiesta todavÃa seguÃa. Yo, por otro lado, me encontraba sumamente cansada. QuerÃa regresar a la casa, querÃa dormirme un poco y también por el bebé querÃa resguardarlo. En aquel entonces yo tenÃa dos tiendas de lo que podrÃa hacer autoservicio. No le estaban yendo muy bien, asà que también tenÃa ese estrés acumulado que no me permitÃa del todo disfrutar de aquella convivencia. Yo le dije a mi esposo en ese momento que me querÃa ir, querÃa descansar un poco. Ãl se sufrió l RR y con la misma se iba a regresar, ya que mis padres todavÃa lo querÃan ahà por un momento más y se estaban llevando muy bien. Yo no querÃa a reunar la fiesta ni querÃa apartarlo mucho. Tan solo me iba a ir a recostar, asà que le dije que yo me podrÃa ir sola sin ningún problema. SabÃa conducir. TenÃamos la camioneta ahÃ, el camino tal vez constaba de algunos quince a veinte minutos máximo. No estaba retirado. Al final de hablar y quedaré en acuerdo, yo subà a nuestro hijo a la parte de atrás junto con su asiento para auto, y después yo me subà al asiento del piloto. Mi esposo iba a llegar aproximadamente una hora después que yo, al menos asà ya habÃamos quedado. Eran aproximadamente las diez y media de la noche y yo me encontraba conduciendo por esa carretera que se encontraba muy solitaria en todo el camino. No me encontré con ningún coche y tenÃa sentido en cierta parte, ya que esa carretera conectaba con las cabañas y el hotel y la casa en la que nos estábamos quedando. En ese entonces habÃan comenzado apenas las vacaciones y todavÃa los niños aún no salÃan de la escuela, por lo que era comprensible que no hubiera muchas personas. Se estaban esperando. Apenas el gran número de personas que iban a llegar. Como dije anteriormente, no estaba pasando por uno de los mejores momentos en lo que vendrÃan siendo para mis tiendas. Asà que iba muy distraÃda. Iba pensando en todo esto y me sucedió. Lo que comúnmente le pasa a la mayorÃa de personas. Me olvidé de lo que le habÃa dicho a mi esposo y más que nada por la costumbre. Yo pensé que él venÃa conmigo en la camioneta. Yo simplemente iba con la música, iba pensando e iba escuchando como mi hijo se iba riendo y se iba riendo cómo iba hablando. Mi hijo siempre, desde pequeño, habÃa sido muy platicador y cuando habÃa una persona cerca le balbuceaba, se reÃa mucho más y se encontraba mi esposo ahà con él, y las actitudes que tenÃa mi hijo aquella noche eran como si mi esposo viniera atrás con él. Era por esto mismo que yo hacÃa de cuenta de que venÃa acompañada por mi esposo. Yo iba pensando en estas cosas. Cuando de pronto siento una mano que me toca el hombro en ese momento, como les dije, no le presta atención, pero la sentÃa muy helada, Y eso aparte de que traÃa mi blusa y arriba de esta blusa traÃa un chaleco, sentÃa la mano helada. Era como si ese frÃo hubiera penetrado todas y cada una de las telas que traÃa. Para ese momento yo pensaba que era mi esposo y le dije qué, qué quieres, qué pasó En ese momento no me contestó, pero a los dos minutos más o menos me dijo da vuelta aquà a la izquierda del camino. HabÃa una desviación, un camino de tierra que se introducÃa a lo profundo del bosque. Les vuelvo a decir que yo venÃa como un piloto automático, asà que simplemente le hice caso. Fui dando la vuelta y me metà en este camino. El camino no era tan largo. Estuve conduciendo aproximadamente unos cuatro minutos cuando en eso el camino se acaba abruptamente y frente a él simplemente hay una cruz, una Cruz blanca grande deteriorada y no hay nada más que bosque y árboles atrás de ésta. Al ver la cruz y al ver que el camino se habÃa acabado y sobre todo, ver en dónde me encontraba, es decir, jamás habÃa ido por ahÃ. En ese momento se me viene a la cabeza un recuerdo de manera muy rápida que mi esposo se encuentra con mis familiares, Ãl se encuentra todavÃa en la fiesta, él no va conmigo. Me quedé simplemente paralizada ante el volante. TodavÃa la camioneta se encontraba en marcha, pero no querÃa voltear en ese momento. Siento como alguien se baja de ésta para explicarme mejor. No era como si hubiera escuchado la puerta sonar, No era como si ésta se hubiera abierto y cerrado. Simplemente sentà por el movimiento que alguien se bajó sin necesidad de abrir la puerta. Sentà como el peso habÃa dejado la camioneta. Era alguien pesado. En ese momento agarré el suficiente valor para voltear más que nada, porque mi hijo iba en el asiento trasero. Al voltear lo vi mi hijo se encontraba dormido, profundamente dormido. No tenÃa sentido, ya que hace apenas unos segundos iba balbuceando y barriéndose. Lo tomé, lo pasé enfrente junto conmigo y cuando lo tomé de la mano, cuando lo agarré de su carita, cuando le empecé a abrazar me, di cuenta que mi hijo estaba totalmente helado. Su piel estaba helada, el airecito que salÃa de sus fosas nasales lo exhalaba totalmente frÃo, sus ojos, sus pies. Recuerdo gran vacaciones de verano. El calor a veces era insoportable y en la noche se bien bajaban algunos grados. Se seguÃa sintiendo caluroso. Se seguÃa sintiendo todo ese calor del dÃa. Por lo tanto, no habÃa explicación alguna, porque mi hijo venÃa totalmente frÃo. Lo acorroqué lo abracé y, por más que intenté calentarlo, no podÃa hacerlo. Lo puse al lado mÃo en el asiento del copiloto y conduje a toda velocidad hacia el hotel. En ese hotel habÃa el único servicio médico que se encontraba a kilómetros de distancia. Por suerte, las enfermeras y el doctor que estaba ahà me lo atendieron. El niño estaba sufriendo de hipotermia desde aquella experiencia que tuve y hasta la fecha siempre cuando vamos a aquella casa, asà sea mi hijo que ya esté grande o yo o mi otra hija que tiene nueve años, A pesar de que vamos los tres. Siempre quiero que alguien me acompañe, asà sea mi esposo, mi hermano. Jamás he vuelto a cruzar sola con mis hijos aquella carretera. No vaya a ser que el pasajero que subà en aquella ocasión vuelva a hacerlo. Gracias por escuchar mi historia. A continuación, tenemos otra historia que viene en relación a las reuniones familiares. Como ya dije antes, muchas personas vuelven a sus pueblos natales ignorando por completo ciertas leyendas o ciertos dichos que se tienen en estas localidades lejanas. A veces algunas carreteras no son nada transitadas, y no es porque las personas del pueblo sean supersticiosas, sino porque genuinamente han ocurrido algunas cosas que no tienen explicación, Tal como les pasó a este tÃo de jóvenes que simplemente estaban en una de esas noches que buscaban diversión, buscaban fiesta. Estos tres eran primos para su mala suerte y entre todas las copas que traÃan encima tomaron un camino el cual no debÃan de tomar, sobre todo a horas altas de la noche. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Claudio Zárate. Mi historia se remonta a algunas dos décadas atrás, cuando era un adolescente y llegaban las épocas de vacaciones mi familia, Tanto mi padre como mi madre vienen de rancho, por lo que ir a visitar a los familiares del rancho era una de las experiencias más disfrutables que tenÃamos. También a nosotros nos encantaba el rancho montar a caballo, ver las parcelas, ver los animales y, sobre todo, las fiestas que se hacÃan. Ahà habÃa muchos bailes jaripeos y diferentes cosas. Recuerdo que una vez estábamos en un baile o. No recuerdo si eran los quince años de una persona. El caso es que solamente fuimos mi hermano y yo y un primo mÃo, un primo que era precisamente del rancho. Ãl sabÃa las calles, las carreteras en general, se sabÃa y habÃa todo al dedillo. No habÃa mejor persona que nos guiara en toda la familia. Fuimos a la fiesta, nos la pasamos muy bien, pero a final de cuentas, mi primo tuvo un problema ahà con algunas personas y para no hacer más extensa la historia, decidimos regresar al pueblo. Ya era tarde, ya era muy tarde. Mi hermano es mayor que yo y en ese entonces él tenÃa diecisiete años y yo quince. Mi primo igual tenÃa diecisiete años. Mi hermano fue terco en conducir él. Pero, por suerte y al paso del tiempo, sobre todo por la carretera en la que Ãbamos, logré convencerlo en que condujera yo. Ellos dos se habÃan puesto hasta las chanclas de borrachos y para llegar al pueblo tenÃamos que pasar por una carretera, o más bien no era carretera. Era lo que quedaba de una carretera, una carretera en muy mal aspecto. TenÃa baches tenÃa hoyos estaba deslavada de una cierta parte. Se acababa esta carretera y después comenzaba un camino de chapapote, es decir, piedra, negra, grava y también arena. A final de cuentas, mi hermano no querÃa dañar el auto ira un force Waggen, ni dañar las llantas ni la suspensión. Asà que terminé conduciendo yo. No podÃamos ir a una velocidad muy rápida. Vamos a tardar algo para llegar al pueblo, Y no era que el camino fuese largo, sino es que no podÃamos ir rápido. Lo más rápido eran quince kilómetros, veinte kilómetros por hora, porque, como repito, la carretera estaban muy mal estado para perjudicar aún más nuestra situación estaba lloviendo, asà que el campo de visibilidad todavÃa era menor lloviendo y de noche tanto mi hermano como mi primo habÃan tomado demasiado y ustedes saben lo que le pasa a las personas que toman demasiado van al baño muy seguido, por lo que cada cierto tiempo tenÃa que detenerme e importándoles poco que se mojaran. Bajaban del auto, iban hasta un árbol o donde pudieran cubrirse y hacÃan del baño. Después se subÃan y yo continuaba conduciendo. Nos habÃamos detenido tres veces en esa ocasión hasta que llegamos a un tramo. Ellos nuevamente tenÃan ganas de ir al baño porque aún asà llevaban algunas latas y continuaban tomando en el auto. Decidieron que querÃan detenerse en una parada, una parada que era de esas del rancho que están hechas de piedra, ladrillo y concreto, era una parada que estaba algo deteriorada. Pero a final de cuentas, les daban lo que podrÃa hacer un techo para hacer sus necesidades. Yo me detuve. Ellos dos se bajaron, fueron hasta la parada y otra vez nuevamente empezaron a hacer sus necesidades. Yo me quedé en el auto. Empecé a pasar canciones en la radio y con los faros que iluminaban el camino, me fui percatando de algo que estaba saliendo entre el monte al principio solamente era una figura, pero conforme se iba acercando, pude ver que se trataba de una señora, una señora con muy extraña apariencia. Era pequeña como de uno cuarenta o uno cuarenta y cinco máximo. Esta señora caminaba encorvada, muy encorvada. Se le podÃa ver una joroba en la espalda. TenÃa también una enorme barriga, como que no era proporcional con todas sus medidas, porque también sus brazos, sus brazos eran largos. Los mantenÃa de una extraña forma, como que curviados, pero si los estiraba, serÃa fácil creer que tan solo los brazos me dirÃa lo que ella mide en su estatura, no podÃa verle el rostro. Más que nada por la lluvia y también porque su pelo cubrÃa parte de este mismo. Se movÃa lento y con ayuda de un bastón o mejor dicho, era una vara de árbol. Se movÃa con ayuda de este un paso otro paso, pero se iba acercando hacia nosotros. Empecé a tener miedo. No habÃa explicación alguna para que una señora de esas condiciones y sobre todo, con esa apariencia tan aterradura, yo no podÃa hablarle a mi hermano y a mi primo porque estaban ciertamente algo lejos. No me escucharÃan con todo el ruido de la lluvia. Lo que podÃa hacer en ese momento era hacer sonar el claxon una y otra vez. Lo hice sonar una y otra vez y otra y otra y otra. Al principio no lograba llamar su atención, porque ellos pensaron que los estaba molestando, que solamente los estaba apresurando. Fue hasta que toque el claxson sin cesar y de manera muy alarmada, que llame su atención. Ellos voltearon, me vieron y yo con el dedo se lo señalaba hacia adelante que vieron hacia adelante. Ellos vieron lo mismo que yo vieron Aquella mujer acercándose yo estaba pensando en cómo actuaban ellos actuarÃa yo. Si a ellos no les importaba, significa que la mujer no era ningún peligro, pero tal como yo lo presentÃa, a ellos también les dio miedo. Rápidamente se subieron al auto y dijeron que condujera lo más rápido que pudiera, pero que saliera de ahÃ, que nos tenÃamos que ir de ahÃ. Pero ya yo arranque el motor traté de sacarle la vuelta a aquella mujer que parecete entonces ya estaba demasiado cerca. Pero cuando por fin logramos superarla, el auto se detuvo. Sentimos un tirón como si algo nos estuviera reteniendo. Yo aceleraba y aceleraba, pero el carro estaba atascado y debido a la carretera en la que venÃamos, no era difÃcil de creer esto. Traté de arrancarlo una y otra vez una y otra vez, pero de nada servÃa el carro simplemente no se movÃa. Decidà detenerme ya no arrancar más. Y pese a que mi primo y mi hermano, que venÃan en la parte de atrás se fijaban para todos lados buscando a aquella mujer no la podÃan ver. Ellos simplemente decÃan que habÃa desaparecido, que, a lo mejor se habÃa internado otra vez en el monte, que, a lo mejor era una mujer que estaba mal de su cabeza o algo por el estilo. Pero ahora tenÃamos otro problema y era que el auto no lo podÃamos dejar ahÃ, o al menos era lo que pensábamos en ese momento, porque mi hermano empezó a ver que rostros cabezas de varias personas se estaban asomando entre el monte, como si estas personas estuvieran acercando poco a poco a donde estábamos nosotros. Intenté arrancar el carro otras veces, pero nada no podÃa. Mi primo no de una idea y fue la idea más sensata. En neo momento hay que salir del carro y correr. Simplemente correr. TenÃamos el pueblo a nuestra derecha Si corriamos entre el monte. Era peligroso, pero llegarÃamos en cuestión de minutos. Esa carretera daba muchas vueltas y muchas curvas, por lo que rodeaba al pueblo casi en su totalidad. Al ver aquellas personas que se iban acercando y cada vez más y cada vez más y cada vez más, nos bajamos de inmediato y nos fuimos de ahà dejando el bocho casi con las puertas abiertas. Corrimos entre el monte. Mi hermano me iba sujetando del brazo y me iba guiando para ese momento ya se le habÃa bajado todo lo borracho que iba. Llegamos al pueblo. Le dijimos a nuestros familiares que era lo que habÃa pasado. No tardaba mucho para amanecer, asà que en punto de las siete fuimos en compañÃa de otros tÃos a recoger el auto. Cuando llegamos hasta donde estaba el auto, vimos que no tenÃa señales de vandalismo, no lo habÃan saqueado ni siquiera alguien se habÃa metido dentro. Revisamos todo y lo único que vimos, o más bien un tÃo nuestro lo vio y nos dijo sobre esto. Nos preguntó qué era lo que habÃa pasado realmente, porque el carro no se encontraba atascado. Un tÃo mÃo se subió a este lo arrancó y este dio para adelante. O sea que realmente el carro se encontraba nivelado bien, no se encontraba en ningún agujero ni nada por el estilo. Lo que encontramos es que en la defensa y en la parte de atrás del bocho se encontraban unas enormes manos agarradas, las marcas de unas manos pero muy grandes. Se podÃa ver que habÃan sostenido al auto con mucha fuerza, ya que la lámina habÃa sufrido daño. TenÃa marcas esa noche algo estaba impidiendo que nos fuéramos, pero nos estaba reteniendo como que agachado, porque no lo podÃamos ver. A mÃ, a mi hermano y a mi primo no nos queda dudas de que habÃa sido aquella mujer pequeña que seguramente no se trataba precisamente de una mujer común. Después de esta experiencia, más nunca volvimos a pasar por aquella carretera. Mi nombre es Marco Silva. Mi experiencia sucedió en mi trabajo. Yo soy operador de autobús, de autobuses foráneos. Me encargo de llevar pasajeros de una ciudad a otra, de un Estado a otro. A veces los viajes son largos y otras veces los viajes son cortos. He transportado diferentes personas, he recorrido diferentes carreteras y les puedo asegurar que en cada una de ellas siempre hay una leyenda, una historia o un evento trágico. Qué sucedió hace años, ya hace un accidente o la aparición de un fantasma o diferentes cosas. Les quiero decir que en mi trabajo he visto diferentes personas caminando, ya sea en la carretera o a un lado de ésta, en lugares totalmente desolados. Para uno es difÃcil pensar que personas en esos sitios puedan vivir la gran mayorÃa de las veces querÃa optar por creer en algo lógico, aunque claro, muchos compañeros y yo creÃamos lo mismo, y es que a veces las almas se te aparecen en la carretera. Yo ya estaba consciente de esto para cuando me sucedió esta historia. Yo llevaba siete años trabajando ahÃ. HabÃa tenido mis experiencias, aunque claro no tan aterradoras como esta sucede que yo ya me retiraba cuando de pronto reciben una llamada de emergencia venÃa de parte de otro compañero, un compañero al cual yo conocÃa muy bien. De hecho, seguimos siendo amigos. Su nombre era Kenneth y habÃa tenido un percance ahà en la carretera. DecÃa que el autobús simplemente habÃa dejado de funcionar y requerÃa que alguien fuera subiera a todas las personas que estaban en ese autobús descompuesto y terminar el trabajo que era llevarlas hasta su destino. Yo estaba en una de las estaciones aledañas. No tardaba en llegar. Era un viaje que, si no mal recuerdo, de Guadalajara al Estado de México. Yo era una de las personas que se encontraba más cerca, asà que me dieron mi unidad y salà en busca de estas personas. Llegué al punto con ubicación y todo, y efectivamente ahà se encontraba el autobús. Estaba parado, pero parado en una forma muy peligrosa, ya que se encontraba arriba en la carretera. No está borillado. Era muy peligroso. Solamente tenÃa la luz después encendidas las intermitentes. Por eso lo pude ver a la distancia cuando llegué Kenneth bajo del autobús y le dio la señal a las otras personas para que se subieran al mÃo En lo que esto pasaba, yo obviamente hablé con él que que era lo que habÃa pasado, porque todos, al salir, revisamos que el autobús venga en buenas condiciones. De hecho, hay un grupo técnico que se enfoca precisamente en eso. Cómo es que el autobús tomo una falla. Eso no era normal. Kenneth simplemente ivadÃa la pregunta. No fue hasta que todos los pasajeros se encontraban a bordo, que me dijo algo Mira Marcos. Yo iba con luciendo tranquilo, todo iba normal, pero de repente vi pasar a una persona asà de extremo extremo de la carretera. Pasó caminando a una distancia considerable. No estaba muy pegada al autobús, pero la pude ver con los faros y de repente otra se me hacÃa muy extraño, porque ambos conocemos que por aquà no hay nada de una persona después otra persona, después otra persona. Todas estas personas iban caminando y se pasaban la carretera y son las tres de la mañana. No hay explicación para esto. Al ver yo que estaba pasando tanta gente empecé a reducir la velocidad a la que iba, empezaron a pasar muchas e inevitablemente, aunque iba y estoy seguro que iba como a treinta y cinco cuarenta kilómetros por hora, pegué con una escuché sentà y vi cómo es que esta persona rebotó en el parabrisas por la esquina de la puerta. Pero al ver a las demás personas, a las últimas personas que estaban pasando por la carretera, me di cuenta que no eran personas y aunque me veas como loco, los que estaban caminando eran cadáveres eran esqueletos, esqueletos con ropa y con pelucas. Se lo quieres ver asÃ, pero no eran personas. Al tenerlos tan cerca, vi cómo eran esqueletos, VI cómo salÃan sus huesos. Yo no me bajé del autobús. Me detuve, pero no me bajé. Algunos de los pasajeros me preguntaron que por qué iba tan despacio y más ahora que estaba detenido por completo en medio de la autopista. Arranqué de nuevo autobús y traté de sacarle vuelta. No me quise bajar como te repito, sea lo que sea, con lo que habÃa topado. Le querÃa sacar la vuelta. Retrocedà después giré la llanta para sacarle vuelta a aquel cuerpo o aquella cosa, pero no me sirvió de nada. El autobús se detuvo, se apagó, se congeló. No me quiso responder más ahora al bajarme, busqué el rastro? Busqué cualquier cosa con la que hubiera podido chocar en aquel momento. Pero, como tú veeras, no hay nada en el asfalto, ni siquiera un rastro. No sé si me estoy volviendo loco. Después de explicarme esto y antes de que yo subiera mi autobús para después irme qué net se subió al suyo y me dijo cuando ul cuidado si empiezas a sentir un escalofrÃo que te recorre todo el cuerpo y te cala hasta los huesos, es que ellos están cerca. A mà me sucedió asÃ, empieza a sentir un frÃo y después empecé a ver a las personas ten cuidado marcos. Después de esto, ahora, si me subà a mi autobús y de entrada, empieza a sentir un miedo que no te puedo describir, porque ese viaje el que traÃa Kenneth, los pasajeros que él tenÃa eran pocos, a lo que yo recuerdo, solamente diez entre diez y doce. Para las personas que han subido estos autobuses saben que estos autobuses son enormes, con diferentes asientos e incluso unos tienen segundo piso, por lo que saben que doce pasajeros para el autobús es verlo Casi hice mi vacÃo. Cuando miré a los pasajeros, me di cuenta que el autobús se encontraba casi por completo lleno a excepción de unos cuantos asientos. Yo no podÃa creer esto. Yo no sabÃa en qué momento habÃa pasado, porque mientras hablaba con Kenneth, estaba mirando la puerta del autobús. Solamente se habÃan subido aquellos doce pasajeros. No se habÃa subido nadie más, como es posible que doce pasajeros. Ahora de la nada hayan llenado el autobús. Esto me llamó tanto la atención que no pude conducir. Al menos de inmediato. Caminé por aquel pasillo revisando pasajero por pasajero, al menos con la mirada, y veÃa que algunos eran sumamente extraños, algunos tenÃan una cara, una cara muy seria. PodrÃa decir que era una cara prácticamente gris. No hay otra forma de decirlo, sino como gris, como si fueran de plástico. Y por si fuera poco el aire, el aire frÃo, ese escalofrÃo que recuerdo muy bien. Kenneth me habÃa dicho que él habÃa sentido. Yo le empezaba a sentir. La mayorÃa de los pasajeros se encontraban simplemente mirando hacia enfrente. No me hacÃan caso. No me quedaba de otra más que empezar a conducir y esperar que esto terminara de manera muy rápida llegar cuanto antes al Estado de México por todo el camino, este escalofrÃo, este presentimiento me acompañó. No fui hasta cierto tiempo en que lo dejé de sentir, en que me empecé a sentir cada vez más y cada vez más tranquilo al llegar a la estación y Bajarme empecé a ver a todos los pasajeros que venÃan. Recuerdo perfectamente que hicieran como once o doce cuando dejaron de bajar. Yo fui de nuevo el autobús al correr la cortina, ya no habÃa nadie. Los demás pasajeros se habÃan ido, habÃan desaparecido. Por otro lado, cuando vi a Kenneth nuevamente, él me dijo que aquel frÃo, que aquella mala vibra que habÃa sentido, se habÃa ido precisamente cuando yo me habÃa ido. Prácticamente se fue conmigo. Yo a todo esto le contesté de forma juguetona. Claro. Y si bien ahora recordamos esta historia y la recordamos con gracia, es más a veces hacemos chistes sobre ella. La verdad es que los ambos sabemos lo que pasó aquella noche. Sabemos que a él lo sacaron de la carretera aquellas almas Y para mà esta historia queda como la vez que transporte almas en pena. Gracias por las buenas historias y buenas noches a todos. Mi nombre es Alejandro Saucedo. Yo soy vigilante, pero no desempeño las funciones que comúnmente desempeñan los veladores. Yo soy un coordinador. Estuve trabajando muchos años de vigilante, asà que me ascendieron depuesto. Por asà decirlo. Mi trabajo consiste en ir a los diferentes puntos de vigilancia e irá anotando todos los vigilantes y todas las bitácoras que tienen tanto en un puesto como en otro. Usualmente hacemos esto para, pues, mantener todo en orden por si algún vigilante requiere un uniforme nuevo, por si hay novedades o por si hay algún disgusto por parte de la empresa hacia el servicio. Si bien hay turno de dÃa, yo me desempeñaba en el turno de la noche, se podrán imaginar que, al ir a todos los puntos, básicamente me la vivÃa en el coche. El noventa por ciento de mi transcurso era mediante carreteras, carreteras céntricas, carreteras de colonias y también carreteras muy alejadas. Más que nada, cuando tenÃa que ir a estas fábricas pase resulta que en una de estas fábricas textiles de las cuales no quiero dar mucha información. Comúnmente hay un camino, hay una carretera. Es la principal que lleva a esta fábrica de textiles. Anteriormente, esta fábrica se desempeñaba como una maquiladora. Como sabrán, en una maquiladora que su rubro son los uniformes, las prendas. El ochenta por ciento de sus empleados tienden a ser mujeres. Por lo tanto, esta maquiladora tenÃa cientas y cientas de mujeres que iban todas las mañanas de nueve a cinco a trabajar en este lugar. La mayorÃa o gran parte de ellas eran madres solteras o, por otro lado, también su pareja, su esposo o su novio trabajaba Por ende, esta empresa de la mano del gobierno. Lograron poner una guarderÃa, una guarderÃa que servÃa también como kinder y también servÃa para los chicos que iban en la primaria podÃan llegar a esta guarderÃa, ya sea atraÃdos por el transporte público, por el transporte escolar o tal vez por algún familiar, a dejarlos aquÃ. AsÃ, su madre salÃa del trabajo y pasaba por su hijo a la guarderÃa. Esto se llevó a cabo mucho tiempo, muchos años, pero passea resulta que en una ocasión hubo un accidente. Esta guarderÃa estaba situada a orillas de la carretera, por donde pasaban camiones, transportes pesados y demás vehÃculos de proporciones enormes. Para desastre de las madres. Ocurrió algo muy doloroso, o un dÃa viernes, un camión de volteo se salió del camino y, para suerte de la mayorÃa de las madres y de la mayorÃa de los niños que estaban ahÃ, ya no se encontraban, ya que las madres salÃan a las cinco y prácticamente a las cinco cuarenta, ya que si no habÃa niños, habÃa muy pocos. El camión chocó con esta guarderÃa y algunas vidas, no muchas, afortunadamente, se perdieron en aquella ocasión. Les estoy diciendo que esto pasó en los años de los noventa, asà que ya tiene algo de tiempo. Debido a esto y también por opresión del gobierno, la empresa cambió toda su forma de trabajar, si bien por algún los años continuaron con la maquiladora. Ahà la guarderÃa la cambiaron a un lugar más céntrico e inevitablemente, al pasar de los años, cambiaron también la maquiladora. Junto a la guarderÃa. La empresa fue creciendo y se convirtió en una fábrica textil en la que mayormente ahora iban hombres, pero las ruinas podrÃamos decirlo esas estructuras que quedaron como la guarderÃa hecha pedazos siguió estando a un lado de la carretera, si bien se decÃan algunas cosas respecto a esta guarderÃa, como de niños que se veÃan jugando en la madrugada por parte de los camioneros. Cuando nuao entrando a la fábrica, yo particularmente llevaba entrando esa fábrica más de tres años. Parece entonces y no habÃa visto nada. Pensé que todo esto eran cuento solamente, aunque siempre tomaba mis precauciones, Por ejemplo, de alguna extraña manera se impuso, por asà decirlo, una regla, y es que, a pesar de que la carretera tenÃa dos carriles, por lógica, uno que iba y otro que venÃa siempre el que iba o el que venÃa tomaba el carril izquierdo en cierto tramo cuando las ruinas desa guarderÃa se iban acercando. Yo lo hacÃa porque otros también lo hacÃan. Y creo que esta fue una manera de ahorrarme todos esos malos ratos que algunas personas se tuvieron. Pero pasa que una noche, cuando me encontraba muy cansado, los que trabajan de noche me lo confirmarán, Y es que al pasar de los dÃas, por más de que te acostumbres inevitablemente un dÃa, andas muy cansado, andas muy trasnochado, tal vez porque no descansaste bien o tal vez porque el dÃa no te permitió descansar sin más. Yo iba con un café, iba con una bebida energética, incluso luchando por mantenerme despierto. En aquellas horas de las cuatro de la mañana. HabÃa llegado a esta fábrica, habÃa llevado mis apuntes a cabo, el pase de lista, todo todo estaba normal. Me despedà de los vigilantes y cuando iba saliendo, se me olvidó por completo estar del lado izquierdo del carril para salir de la fábrica. Cuando me fuera acercando a la guarderÃa y justamente cuando iba delante de esta sentà un golpe fuerte que le que le dio a una de las llantas del auto, más bien a las dos, pero una más en concreto que la otra, un golpe sumamente fuerte. Iba una buena velocidad, asà que una de las llantas terminó perdiendo aire. Me bajé del auto, lo revisé y efectivamente tenÃa que cambiarla. HabÃa quedado estacionado precisamente enfrente de aquella guarderÃa. No le di más importancia, pero debo admitir que tan solo el hecho de estar frente a aquella guarderÃa y tener que cambiar una llanta en medio de la madrugada, ese hecho bastó solamente para quitarme todo el sueño que tenÃa. Bajé el gato al ser vehÃculo. Fui quitando la llanta cuando en eso escucho el ruido, una pequeña risita que viene de enfrente de mÃ. Cuando alzó mi cabeza y veo quién está enfrente, veo que se trata de un niño, pero no es un niño normal. Es un niño. Es un niño de aspecto extraño. TenÃa sus ojos enormes, no eran como los ojos de una persona normal. Era como si no tuviera párpados y una sonrisa marcada de oreja a oreja. Con esa cara malévola me preguntó que si querÃa ir a jugar con él, yo bajé la cabeza de inmediato y empecé a cambiar la llanta lo más rápido que podÃa, e incluso la llanta que estaba ponchada la dejé ahà no la metà de nuevo tan pronto puse la llanta, bajé el gato lo más rápido posible y justo cuando bajo el gato empiezo a escuchar más risas provienen de adelante. Ahora no solamente es un niño, ahora hay varios muchos de ellos. No podrÃa contarlos en ese momento, pero asumo que habrÃa algunos. Seis o siete. Subà de nuevo mi auto, cerré con llave arranqué el auto y me fui de ese lugar lo más rápido que podÃa. Le platiqué esto a los veladores que estaban en su turno de noche. Pero al dÃa siguiente y resulta que todos ellos habÃan vivido algo parecido, si bien no tan impactante como yo. Ellos se habÃan vivido ciertas experiencias que los mantenÃan alejados de aquella guarderÃa. Anteriormente la empresa de vigilancia no tenÃa transporte. Por lo tanto, los veladores que trabajaban en aquella fábrica textil al terminar su horario, tenÃan que caminar por toda esa carretera hasta llegar con la carretera en la cual podÃan tomar, ya sea un autobús, un taxi y un carro de ruta que los llevará de nuevo a su hogar. Y cuando caminaban por esa carretera, se cuidaban muy bien de los camiones que venÃan, pero también se tenÃan que cuidar de no pasar cerca de aquella guarderÃa, pues ellos decÃan que los apedreaban si tú pasabas cerca de aquella guarderÃa. Caminando de la nada, empezaban a lanzarte rocas piedras que caÃan en tu cabeza, caÃan en la espalda, caÃan en la pierna, en el estómago en donde fuera te. Lanzaban piedras ya hacia adentro el monte, de entre los escombros o de entre los árboles. Por otra parte, los camioneros, ellos que llegaban a plenas horas de la madrugada. En algunas ocasiones, ellos sà veÃan ciertas sombras, ciertas siluetas y aún más impactante como yo, los vellan de fuera de la guarderÃa observándolos cuando pasaban por la carretera. Yo seguà trabajando en ese lugar unos cuantos años más. Y lo que se dice respecto a este suceso que pasó y que me pasa a mÃ, que le puede pasar a cualquiera, es que ellos no son los niños que perdieron la vida en aquel accidente. Más bien, todos creemos que se tratan de duendes, estos seres que se dice o se tiene la creencia, que fueron niños sin haberse bautizado, que perdieron la vida o que tal vez una bruja les quitó la vida. O en fin, hay muchas teorÃas de cómo un niño, un niño humano, se puede convertir en duende. Y es que también se tiene la creencia que estos, al ser niños, son atraÃdos a lugares donde pierden la vida a los niños y ahà se quedan y ahà se acentúan para causar travesuras. Por ejemplo, tanto los tráilers como los carros sabÃan que no tienen que pasar cerca de la guarderÃa, ya que se iban a descomponer estas almas. PonÃan piedras filosas, ponÃan alguna cosa. Se creÃa en ese tiempo y hasta ahora se mantiene que esa carretera es habitada por duendes. Esa fue mi historia, gracias a toda la Comunidad, que mandan también las uyas les mando un abrazo desde nuevo león




