ATERRADORES RELATOS DEL TRANSPORTE PUBLICO / RECOPILACION DEL CANAL / L.C.E.

En este episodio seremos testigos de los diferentes y horridos relatos que se cuentan en el transporte publico.......
O la cripta. Mi nombre es Eriberto Jesús. Quiero contarte a ti y a toda la Comunidad de la cripta. Una experiencia que tiene muy poco tiempo que me pasó. Esto es reciente. Prácticamente fue como hace dos semanas. En este tiempo yo he buscado trabajo de taxista de Ubert de Diddi. Me sé manejar muy bien y conozco prácticamente toda la zona, toda la ciudad. Llegué al punto de pedirle un taxi y a un amigo mÃo mientras conseguÃa un puesto en uber. Por suerte, mi amigo sà tenÃa uno. Era un taxi muy nuevo, un modelo reciente. Se me hacÃa raro que él no lo usara, porque él también era taxista y estaba en un auto considerablemente más antiguo que ese. Me lo prestó una noche. Lo trabajé cerca de una semana y media, pero todo este asunto empezó a empeorar cuando una noche, mientras estaba conduciendo, de hecho, estaba escuchando unos capÃtulos del canal, estaba escuchando uno de sus episodios en Spotify, cuando de pronto, por medio de la bocina que tenÃa conectada al celular en un cierto punto del trayecto, cabe recalcar que venÃa solo escuché una voz, una voz que provenÃa del audio. En un principio pensé que eran efectos que habÃan puesto en el relato, pero claro esta duda la tenÃa. Asà que tomé mi celular y retrasé un poco el episodio, más o menos a los minutos que yo creÃa ser. Escuchaba la voz de esta niña y era algo extraño, porque esta voz se escuchó, pero no dijo ninguna palabra al azar, sino más bien me llamó por mi nombre como si me estuviera gritando a la lejanÃa. Esto era lo que más me parecÃa extraño. Una vez me detuve, empecé a retrasar el audio muchas veces, pero no conseguÃa escuchar de nuevo la voz de aquella niña. Era simplemente como si solamente lo hubiera escuchado en mi cabeza. Sà de por sÃ, tenÃa un poco de miedo escuchando los relatos. Ahora, con este suceso, apagué de plano mi celular y esta experiencia quedó ahà y podrÃa haber sido una experiencia muy terrorÃfica, pero sucedió algo más. Al pasar los dÃas, yo tenÃa un cliente, por lo que en el transcurso tenÃa que pasar por por por ciertas carreteras que eran habituales, y me llamó mucho la atención cuando iba transitando de nuevo por esta carretera, en concreto, cuando escuché un pequeño sonido que esta vez provenÃa del estereo. Les tengo que aclarar que el taxi no me lo quedo. Yo solamente lo trabajo por las noches, por eso, de las nueve hasta las siete de la mañana, más que nada, porque son los clientes que yo tengo. Por lo que el carro yo se lo dejo a mi amigo durante todo el dÃa, solamente paso por él durante la noche. Este carro tiene un estéreo que tiene una luz led y tiene siempre la hora marcada. Prácticamente parece que está encendido, pero no le está. Por ende, es difÃcil saber cuando está encendido o cuando está pagado. Una vez habiéndoles aclarado esto, yo pensé en ese momento que mi compañero habÃa dejado el estereo encendido, ya sea porque lo hubiera ocupado entre la tarde en la mañana y yo simplemente no habÃa captado el sonido. Debido a esto no le di mayor importancia. Llegué a una gasolinera, tomé gasolina y cuando subà de nuevo y encendà el auto, el estéreo empezó a sintonizar una extraña estación, una estación que, por lo que yo escuchaba, una estación que, por lo que yo escuchaba, tal vez era de terror. Escuchaba lamentos, escuchaba como que aire pasando y, sobre todo y lo más extraño, escuchaba la voz de una niña allá a lo lejos, gritando una palabra que en ese momento no escuchaba muy bien, no era una palabra que fuera fácil de escuchar más que nada por la distancia, pero conforme pasaba el tiempo, escuchaba cómo esta voz se iba acercando y se iba acercando y se iba acercando a la bocina. Yo, para este momento no habÃa quitado la radio. SeguÃa escuchando aquella estación extraña mientras conducÃa cuando en eso empiezo a escuchar más claramente lo que dice esta voz y es mi nombre? Repite esta voz mi nombre? Una y otra vez? Una y otra vez, y es la misma voz de aquella niña que habÃa escuchado cuando estaba escuchando uno de sus episodios, pero ahora proveniente de la radio, yo en ese momento quise apagar la radio, pero no podÃa. Simplemente la radio estaba como que petrificada. No importaba si le picaba, todos los botones, no importaba si subÃa el aura o lo bajaba. Todos aquellos extraños sonidos y la voz de aquella niña permanecÃa en aquel audio, un audio que se va repitiendo y repitiendo. Esto me dio mucho miedo, por lo que al ver que nada funcionaba, e incluso a pagar el carro no funcionaba, me dirigà a la casa de mi amigo dispuesto a entregarle el carro, o cuanto menos que me diera una explicación de por qué se escuchaban estas cosas. La verdad es que en ese momento querÃa saber qué sé yo no era el único que le escuchaba. QuerÃa saber si no me estaba volviendo loco, si alguien más podÃa escuchar aquella voz, significaba que no lo estaba inventando. Llegué con mi amigo eran cerca de las dos de la mañana. Ãl me recibió y yo le dije las cosas como eran, que habÃa escuchado una voz en la radio y la solución que habÃa pensado en ese momento era asà simplemente que si me podÃa quitar la radio que si la podÃa desprender. Mi amigo me ve con una mirada de comprensión como si él ya se estuviera esperando que me pasara. Esto no dudó ni una palabra de mà Y eso que lo acerca al auto y cuando nos acercamos, la radio ya se encontraba apagada Y a pesar de eso, no dudó de mà ni un minuto. Ãl me dijo que no era el único al cual habÃa pasado esto, sino que también a él, y él habÃa encontrado el motivo y una solución que para ese momento creyó que era suficiente. Pero tal parecÃa ser que no sucede que en este auto pasan cosas extrañas, ya que es el único al que le pasa esto. Hay una cruz, una cruz que se encuentra a un lado de la carretera, obviamente haciendo homenaje a esa persona que habÃa perdido la vida. Esta persona se trata de una niña y cada vez que este auto pasa enfrente de aquella cruz, se puede escuchar la voz de la niña, ya sea que si estás llamando por celular, ya sea que si estás escuchando música en tu celular o ya sea si estás escuchando la radio. La voz de aquella niña proviene de ahà y en ese justo momento recuerdo que cada vez que pasaba por aquella cruz, se escuchaba aquella voz era como si esta niña si subiera el taxi o se percatara De esto. Estaba más que seguro que cuando pasé por aquella cruz, fue en el mismo momento en el que la radio se encendió y también fue en el mismo momento en el que escuché la voz venir del episodio, yo le propuse una solución. En ese momento le dije que no iba a usar el celular cuando pasara por ahà y también que si me harÃa el favor de desconectar la radio de quitármela, mi amigo simplemente me miró y me dijo no te puedo quitar lo que no traes puesto. Yo le pregunté, pero cómo. Cómo es eso. Ãl se acercó al coche y simplemente tomó la radio, La alzó un poco y después la sacó. La radio no estaba conectada. La radio solamente estaba sobrepuesta. No habÃa manera de que se escuchara nada de ella. No estaba conectada a las bocinas. Mi amigo dijo que le encontró esta solución, pero que a la larga esto seguÃa pasando. Pensó que eso solamente le estaba pasando a él y que si cambiaba de conductor de chofer, tal vez a él no le pasarÃa. Pero se equivocó, ya que yo también vivà aquella experiencia. Traté de conducir aquel taxi durante otros dÃas, pero no pude simplemente el terror me invadÃa cada vez que estaba cerca de aquella cruz y cabe recalcar que los dÃas que lo conduje después de esto lo hice sin radio la saqué prácticamente llevaba un hueco ahÃ, pero eso sÃ. No volvà a pasar por aquella carretera. No volvà a pasar enfrente de aquella cruz. Tampoco cuando estuve a bordo de este taxi. Es curioso como algunas cosas, como autos muñecos, cosas que se supone son simplemente artefactos, puedan ser también sensibles y captar, como en esta ocasión, psicofonÃas, sombras, palabras, lamentos que vienen de un fantasma. Desde aquel momento. Creo en las maldiciones, creo en las casas embrujadas, pues yo fui chofer de un taxi que estaba maldito. Quiero compartirles una experiencia que pertenece a mi tÃa. Mi tÃa la vivió hace ya muchos años cuando ella era joven. Anteriormente antes de venir a vivir en la ciudad, mi abuela, junto con mi madre y mis tÃas, vivÃan en su rancho natal. Este rancho, como es de suponer, queda retirado lejano de las ciudades, lejano incluso de las localidades. Anteriormente mi familia era una familia de granja de ganaderos, por lo que solamente viajaban cua cua cuan n cuando tenÃan que vender cosas, cuando tenÃan que vender, ya sea cosechas animales o hacer tratos con diferentes tiendas del pueblo. En aquel momento, mi tÃa habÃa cumplido cerca de diecinueve años. Ella querÃa obtener un trabajo en la ciudad, ya que por ahà también trabajaba su novio. En aquellos años y querÃa estar cerca de él. Obtuvo un trabajo que era en una farmacia, una farmacia local. Como ustedes se podrÃan dar cuenta, mi tÃa no podÃa llegar allá solamente caminando. TenÃa que forzosamente llevarla a mi padre, llevarla a mi abuelo o uno de sus hermanos. Esto casi siempre ocurrÃa, pero habÃa unas ocasiones en las que ellos no podÃan y, por lo tanto, mi tÃa tenÃa que salir caminando hasta un camino de tierra y piedra por el cual pasaba el transporte. El transporte que pasaba eran algunos autobuses y también taxis, o bueno llamar los taxis por algún nombre, porque eran combis. Combice en donde varias personas se sientan y cada una de estas personas menciona su destino si van rumbo a donde se dirige el taxi, que era el pueblo. Este vehÃculo no tenÃa ningún problema en dejar a cada uno de los pasajeros en su destino. Por lo tanto, en un cierto dÃa por la mañana, cuando habÃa mucha lluvia, estaba el dÃa prácticamente nublado. Mi abuelo y los hermanos de mi tÃa, mis tÃos no pudieron llegar a la casa debido a tan pésimo clima que habÃa. Obviamente, mi tÃa no podÃa llegar tarde, por lo que que se puso un impremeable y salió caminando hasta aquella carretera. Cuando llegó a la parada no habÃa nadie, absolutamente nadie. Era más que obvio que la lluvia dificultaba mucho las cosas para que las personas lograran salir a la carretera. Muchas de estas personas incluso iban retrasadas, pero por suerte, ella tomó aquella combi que todos los dÃas tomaba, asà que por lo menos ella no iba a llegar tarde a no ser que algo en el transcurso pasara. Lo primero que le sorprende tan pronto se sube a la combi y es que viene totalmente vacÃa. Cada vez que ella se subÃa, se esperaba ver a unas cuatro personas, tres personas, dos personas, como muy poco, pero aquella mañana la convistaba desierta, igual como la parada. A ella no se le hizo extraño. Esto era la primera vez que llovÃa con esa intensidad y era la primera vez que en esas condiciones ella tomaba el transporte, asà que solamente pensó que algunas personas debido al clima, no fueron al trabajo. Ella pasó, pagó el pasaje, le dijo el chofer a donde se dirigÃa y después se sentó. Lo que le llama la atención a mi tÃa en este momento y es que tal parece ser ella no viene sola en aquella combi. Al parecer, aparte del conductor, hay otra persona, pero esta persona se trata de un pequeño, un pequeño niño que mi tÃa asume no supera los cinco o los seis años más que nada por la estatura. Ella asume que es un niño porque esté viene sentado pero completamente tapado con un cobertor, un cobertor azul. Este cobertor tapa al niño desde la cabeza hasta casi por completo. Llegar a los pies de este cobertor salen dos piecitos con unos pequeños tenis. Mi tÃa no le presta atención, ya que este niño no se mueve. Pensó que tal vez venÃa dormido. Este niño estaba sentado, pero allá en la esquina de la combi lejano, a todos, lejano, incluso a chofer. A ella se le hizo extraño, porque un niño de esa edad viajando solo en una combil. La única respuesta es que tal vez el niño conozca al chofer y simplemente lo está yendo a dejar con un familiar y puede que los pensamientos de mi tÃa hubieran quedado hasta ahÃ. De no ser porque empieza a ver este niño y este niño se empieza a mover y le empieza a hablar a mi tÃa, empieza a reÃrse y a jugar con ella. Mi tÃa se acerca hacia él, le hace unas preguntas, le dice que dónde están sus papás, que con quién viene, pero este niño no responde y aún asà sin verlo completamente empieza como a hacerle cosquillas y este niño se rÃe, se mueve, se estira también y agarra la mano de mi tÃa. Estaban jugando A mi tÃa le gustan mucho los niños, asà que era su debilidad. El juego terminó cuando el chofer le dice a mi tÃa que están a punto de llegar a su destino. Mi mi mi mi tÃa obviamente se despega del niño, le dice que se tiene que ir ya y acto seguido, camina muy lentamente y llega hasta el asiento que está enfrente de la salida. Más que nada para hacerle rápido y antes de bajar, mi tÃa comete un error. Ella dice que lo mejor en ese momento hubiera sido bajar solamente y que aquello simplemente hubiera quedado como una anécdota curiosa y también muy bella sobre un niño que conoció en aquella combi. Pero mi tÃa le pregunta al conductor que de quién er ese niño. Ella le pregunta en buena forma. Oye, es tu hijo, es tu primo, tu sobrino, de quién es ese niño. El conductor llega al punto del destino y voltea y ve a mà tÃa, pero con una cara de extrañeza, él le contesta. Pero, Señorita, yo no llevo a ningún niño. Usted ha sido la única pasajera que se ha subido en esta tercera vuelta. Yo no llevo a ninguna otra persona atrás más que usted. En ese momento le dice mi tÃa claro que no allá atrás viene un niño. Estuve jugando con él. Viene solo. Lo que ambos piensan primero es que de seguro ese niño se quedó y la madre ni siquiera se dio cuenta suena sorprendente, pero hay numerosos casos en que asà pasa. Las madres a veces van tan distraÃdas que olvidan a sus hijos en el transporte público o incluso en la casa. En fin, el shower se baja, va hacia la puerta de pasajeros, la abre y ve a mi tÃa y mi tÃa le señala con el dedo mira ahà viene el niño y viene sin compañÃa de seguro. Su madre está histérica buscándolo. El chofer sube y mi tÃa también. Ambos se van acercando hacia ese niño, el cual, de manera muy extraña, ha dejado de producir cualquier sonido. Ambos le preguntan, niño de dónde eres quién es tu mamá. Pero este niño no responde. Este niño sigue cubierto casi en su totalidad por aquel cobertor. Mi tÃa estira la mano, toma el cobertor y se lo va quitando poco a poco, tal vez pensando que el niño se habÃa dormido. Una vez que se lo quita, los dos vieron que no se trataba de ningún niño. Era un muñeco, una marioneta, una marioneta muy muy realista del cuerpo, pero la cabeza era de madera. TenÃa un extraño rostro dibujado, un rostro que podÃa simular que sonreÃa, pero en realidad era como una sonrisa maliciosa. Mi tÃa quedó tan impactada de esto que no pudo trabajar bien en todo el dÃa e incluso la dejaron salir más temprano por todo el semblante que tenÃa estaba temblando. No podÃa creer que en todo el transcurso habÃa hablado con un muñeco. Gracias por escuchar la experiencia de mi tÃa. Saludos a todos buenas noches. Mi nombre es mateo Tobar. Voy a contarles una experiencia que me sucedió hace ya aproximadamente unos tres años, yo me dedicaba al trabajo de taxista. Actualmente trabajo por otra plataforma que es ober odidi pero en aquellos años yo conseguÃa clientes más que nada por boca a boca. No era para nada extraño que a mi celular, él, que era designado para el trabajo, me llegarán llamadas de números desconocidos. Posiblemente se trataba de un cliente que me habÃa recomendado, ya sea con familia, amigos, y a cada llamada siempre atendÃa, ya sea se ocupan el viaje de dÃa, de noche o incluso de madrugada. Yo era taxista solamente por clientes. Aquella tarde, mi celular recibió una llamada de un número desconocido. Al checarlo, me preguntó si estaba disponible. Al contestarlo, vi que se trataba de la llamada de una chica por la voz del otro lado más que nada tanteo que no sobrepasaba de los veinticinco años ocupaba un viaje de su casa a otro fraccionamiento privado. El viaje era algo largo y el costo era muy bueno, asà que le dije que sin problemas podÃa ir por ella medio. La dirección de su casa. Era una zona no muy segura, no era la que tenÃa más delincuencia, Pero si habÃa surgido unos asaltos en esa zona, por lo cual yo iba con mis precauciones, entré a la colonia y fui observado llevando que algunas casas estaban vacÃas, completamente vacÃas, algunas incluso estaban en obra negra, ni siquiera acabadas. Yo llegué al punto de la ubicación que la chica demandó y, para mi mala suerte, solamente señalaba el punto en el camino en el asfalto. No me marcaba la casa por lo que al llegar simplemente le mandó un mensaje diciéndole que ya estaba ahÃ, que ya estaba listo. Pasó un minuto, dos minutos, tres minutos y no llegaba un mensaje. La chica no me respondÃa, pero yo asumÃa que se encontraba en la única casa, que se encontraba con luz, la única casa que se veÃa presentable, ya que enfrente de esa casa y a un lado de esta se encontró raban casas vacÃas, casas sumergidas en la oscuridad absoluta, como si nadie hubiera vivido ahà en un largo tiempo. Yo seguà esperando a esta chica, cuando en eso me percato más que nada por un sonido que la puerta que se encuentra en la casa de enfrente, la que está todo oscuras suena se oye un portazo en ese momento debido al ruido. Yo volteo y veo que se trata de una mujer o más bien una niña, una niña de aproximadamente unos catorce quince años. Eso como máximo. Llevaba puesto un vestido, caminó directamente hacia mi auto y sin preguntar, simplemente se subió a éste, abrió la puerta y se sentó yo. En ese momento reviso mi celular Y hay un mensaje del número de la chica. Esta me decÃa que salÃa en cinco minutos. Algo muy extraño, porque al mismo tiempo que me mandaba ese mensaje, aquella chica estaba saliendo. Pensé que simplemente se trataba de una expresión de los jóvenes, asà que simplemente no le di importancia. Le pregunté si era ella la que querÃa el transporte. Esta chica me contestó que sÃ, que su hermana lo habÃa pedido por ella. Le pregunté si el viaje era para ella que si ella se llamaba Jessica, ella me dijo que el viaje hiciera para ella, pero que ella no se llamaba Jessica, que ella se llamaba Sandra, pero que su hermana se llamaba Jessica y era la que habÃa pedido el transporte para ella, Pero que su hermana era la que se llama ba Lésica y era la que habÃa pedido el transporte para ella. Bueno, en ese momento todo tuvo sentido para mà en un principio, una hermana mayor que le pide el transporte para una hermana menor. Me habÃa pasado muchas veces debido a esto. Arranco el auto y comienzo el camino, pero al llevar tal vez tres minutos conduciendo no era mucho decir verdad, apenas estaba llegando a la esquina de la cuadra, cuando en eso de pronto suena mi celular. Es la chica la cual me está llamando. Yo pienso en un principio que solamente es para reafirmarme al punto al que va su hermana, pero no la chica estaba desconcertada. Me preguntaba que dónde estaba, que ella ya estaba afuera, que se habÃa trazado un poco por algunos pendientes que tenÃa, pero que ya estaba lista, que habÃa salido y no me habÃa encontrado en ese momento. Yo le digo pero yo ya traigo a la persona tú eres, Jessica, y se acaba de subir tu hermana, Sandra. Ya la estoy llevando a su punto, o acaso las tenÃa que llevar a las dos. En ese momento hay un silencio en la llamada Jessica. Le dice cómo que Sandra y acto seguido. Después le dice miren regrese. Por favor. Ocupo llegar a este asunto. Por favor, regrese. Yo cuelgo la llamada pongo el celular en la aguantera, detengo el taxi y volteo hacia los asientos traseros, donde se supone viene sentada Sandra para recriminarle, para decirle que por qué no me habÃa dicho que su hermana también venÃa. Pero cuando volteo, Sandra ya no se encuentra. Los asientos vienen vacÃos. Yo no me habÃa detenido y las puertas se encontraban con seguro, ambas más que nada por protección hacia el usuario. Ella no se pudo haber salido en el camino, al menos sin que yo me percatara algo confundido, como que imaginándome o dándole explicación a lo que acabo de vivir. Llego hasta el punto y ahà se encuentra la Señorita. Esperándome ella sube y me dice al punto a dónde va. Para mi sorpresa, aquella, Señorita se dirige al Cementerio, porque precisamente ese dÃa se cumplÃan dos años del fallecimiento de su hermana Sandra. Obviamente, Cuando ella me explica esto, ambos quedamos totalmente helados. Ella no jugarÃa con algo tan delicado y con lo que me habÃa pasado. Esto tenÃa asà bien para mal una explicación. Se me vino a la mente una pregunta y esta se la dije antes de dejarla en el panteón. Yo le pregunté que por qué su hermana habÃa abordado del otro lado de la calle. Esta chica me respondió porque en esa casa ahà vivà una amiga suya y tristemente, en un accidente, las dos perdieron la vida en aquella casa de enfrente. Para ser sincero, después recibà varias llamadas de esta chica. QuerÃa que la siguiera transportando a ciertos lugares, pero yo no acepté. Después de decirle una cuarta vez que no podÃa, como que ella entendió y no me volvió a marcar, no lo sé. Creo que llevar un pasajero difunto, un fantasma, una alma. Fue bastante para mà y no estoy dispuesto ni a correr el riesgo de que eso se repita o la comunidad. Mi nombre es Fabricio Mendoza. Y la experiencia que les quiero contar ahora me sucedió cuando estaba trabajando yo antes era policÃa auxiliar en el metro. Tengo poco que me salà de este trabajo, pero el tiempo que trabajé ahà me sucedieron unas extrañas experiencias más, en concreto dos que quiero compartirles en esta ocasión. Esta primera experiencia me sucedió durante la noche en aquel momento, cuando me pasó esto, no me encontraba solo estaba en compañÃa de otro elemento, otro policÃa auxiliar. Este policÃa, si bien no éramos tan amigos, tenÃamos un cierto compañerismo, nos encontrábamos cuidando una estación, una cierta estación que se une a otras tantas que cercana a la medianoche. Se vacÃan casi por completo y esto se debe claro a que el metro cierra sus puertas. Hay otra lÃnea que es activa, que es durante la madrugada, pero no es transcurrida por mucha gente. Yo me encontraba en esta estación y hasta ahora no estoy muy seguro, pero parecÃa que la última vuelta del metro ya habÃa pasado. No habÃa ninguna persona en esta estación. Recuerdo que habÃa un silencio casi sepulcrado en toda el área. Es más, ni siquiera se sentÃa el viento que transcurrÃa por los túneles. Era época de invierno. Eso sà lo recuerdo muy bien. Estaba la par con mi compañero cuando decidà alejarme un poco para encender un cigarrillo. Empecé a fumar Y mientras estaba fumando y hice lo que muchas personas hacen, que es estar caminando de un lado hacia otro, mirando hacia diferentes partes, cuando de pronto en eso me doy cuenta de algo, le preste atención sin ningún motivo aparente a decir verdad, a un póster de pelÃcula. Recuerdo que era una pelÃcula de superhéroes. No recuerdo muy bien cuál era, pero eso no es lo importante. Lo importante aquà es que, mientras yo veÃa ese póster, me llamó la atención lo que se reflejaba en él. Verán hay algunos pósters que se ponen en el metro que tienen un cierto plástico parecido a un vidrio, y mediante ésta se puede reflejar la cierta área que cubre. Lo que me llamó la atención es que en este plástico me podÃa ver a mÃ, podÃa ver a mi compañero y, además de eso, podÃa ver a otra persona, una persona que parecÃa ser un joven, un muchacho, llevaba un uniforme, un uniforme como si fuera de la preparatoria o si fuera de algún grupo de fútbol. Algo por el estilo verán yo en primer instante, yo lo volteé porque allá atrás se encontraba mi compañero y, según aún veÃa a través del vidrio, ellos dos estaban muy juntos y, a decir verdad, al ver esto no le tomé mayor importancia. Pensaba que era una persona que se habÃa metido tan solo en lo que yo estaba fumando y no me habÃa dado cuenta. Aunque claro, las cosas se pusieron extrañas. Cuando empecé a escuchar que el metro se iba acercando, el sonido era muy irregular, era muy aparatoso para que me entiendan no era un sonido común y corriente como el querÃa el metro, sino que era como más alarmante, como más pesado, como si este metro estuviera pegando en las paredes del subterráneo. Me parecÃa muy extraño, pero aún asà decidà no voltear. Yo continuaba viendo la escena a través del espejo, observaba mi compañero y a este joven, pero cuando el metro se encontraba cerca, cuando ya estaba saliendo vi como claramente este joven se aventó hacia las vÃas e incluso puedo asegurar cómo escuché el estruendo del cuerpo cayendo en el metal rápidamente. Yo volteé y me sorprendà en ese momento que mi compañero estaba totalmente normal, como si para él no hubiera pasado nada. Era algo muy irregular. Según yo habÃa visto, aquel estudiante se habÃa aventado enfrente de sus narices. Cómo era posible que no lo hubiera visto. Yo corrà instantáneamente y en eso el metro pasó. Pero este metro pasó de una manera muy rápida, muy estruendosa. Solamente fueron segundos. Yo le dije alarmado que no lo viste. No viste el muchacho que se aventó. Mi compañero estaba totalmente sacado de sÃ. No sabÃa de lo que él estaba hablando. Ãl no habÃa visto a ningún estudiante, como dije antes, nos hablábamos y todo, pero en cuestiones de trabajo éramos muy profesionales. Ãl sabÃa que yo no estaba mintiendo, por lo que se aterró junto conmigo y tan pronto pasó el metro. Empezamos a usar hacia las vÃas una y otra y otra vez, pero no podÃamos ver nada. Era como si nunca se hubiera aventado. No habÃa rastros. Estábamos esperando ver una carne. SerÃa ver sangre, ver pedazos, pero todo estaba limpio en ese momento y creo que ambos nos dimos cuenta que, como les dije en un principio del relato, estaba seguro que el metro ya habÃa pasado por última vez en ese horario por esa estación. Yo trabajaba ahÃ. Recuerdo muy bien el aspecto del metro, los colores aquel metro que habÃa pasado, o más bien aquella cosa estaba muy corta y era de un color diferente al del metro que pasaba diario. Estábamos más que seguros que era un único vagón el que habÃa pasado. Llamamos por radio simplemente para cerciorarnos de esto a los demás policÃas que se encontraban en las estaciones a las que se dirigÃa este mes. Pero extrañamente y a pesar de que se encontraban ahà vigilando. Ninguno de ellos nos pudo decir que aquel vagón hubiera pasado era como si solamente se hubiera presentado ante nosotros y hubiera pasado por esa estación y asà también hubiera desaparecido después de dÃas. Supimos que lo que habÃamos vivido en aquella ocasión no se trataba de otra cosa, sino de la manifestación de un fantasma. Verán. Como policÃa se nos da la orden de cuidar a toda la población. Eso incluye de crÃmenes claro, de ladrones, de algunas personas que roban bolsos, roban carteras. Pero lo más extraño y creo que lo que muchas personas también han escuchado, es que debemos estar atentos por ciertas personas que van al metro a acabar con su vida. No son pocas las personas que van al metro a aventarse a las vÃas. Cuando este se encuentra a una corta distancia. Obviamente, esto es casi seguro de que no vas a sobrevivir. Muchas personas deciden hacerlo. Las personas que deciden quitarse la vida si no optan por armas de fuego, optan por este método. Creo que lo que vimos más allá de ser un fantasma, es un alma que acabó con su propio vida y que ahora, tristemente por sus acciones, está condenada a repetir el suceso una y otra y otra vez hasta que por fin se ha llamado a descansar. Este segundo relato que te quiero contar me sucedió cuando ya habÃa terminado todo mi horario laboral. Resulta que, para mi buena suerte, era la última vez que el metro pasaba y pues se me facilitaba bastante tomarlo para llegar hasta mi casa y a otras ocasiones lo habÃa hecho. Esto para dejarles en claro que todas las otras ocasiones que yo habÃa tomado el metro a esa hora y más o menos con la misma cantidad de personas, jamás me habÃa pasado algo parecido. Subà al vagón, como siempre iba listando mis audÃfonos, ya que durante el trayecto me gusta ir escuchando música me ayuda a relajarme y otras veces incluso hasta dormirme. HabÃa sido un dÃa muy cansado y lo único que querÃa era relajarme Por algunos minutos. Empecé a ponerme los audÃfonos y subà el volumen al máximo. Entré al metro y cuando fui entrando, me encontré con algo que me pareció sumamente extraño, pero tampoco era para tanto. Asà resulta que en los asientos del metro, en dos asientos de este, se encontraban sentados lo que vendrÃan a ser unos muñecos o unos maniquÃs de tamaño natural, es decir, de unos setenta unos setenta y cinco de altura estaban sentados como si fueran personas. Estos maniquÃs habÃan sido enrollados con lo que se podrÃa decir papel plástico o algunas bolsas. Se podrÃa saber que eran maniquÃs más que nada por cómo se veÃan de las bolsas hacia afuera. Las bolsas eran transparentes. Lo que se me hizo extraño es que este tipo de maniquÃs no iban con su propietario. Ya habÃa visto antes algunas personas que viajan con este tipo de cosas o incluso más grandes en el metro. Por lo regular se sientan a un lado de ellas o enfrente de ellas para estarlas vigilando para tenerlas a la mano cuando se vayan a bajar. Pero en este caso no era asÃ. Las personas que iban adelante de estos maniquÃs era una señora y su hija, además de otras personas haciendo memoria. Creo que serÃamos como unas siete personas las que estábamos en ese vagón. Yo pasé más adelante y me senté cerré mis ojos por un instante y pasaron los minutos hasta que claro algo me levantó. Ya estaba en un profundo sueño. Cuando de la nada empiezo a sentir unos golpecitos, unos golpes que provienen de lo que vendrÃa a ser la pared del metro. Escucho una y otra vez pequeños golpes que no eran nada normales, eran rÃtmicos, tenÃan sus pausas. Obviamente, esto me llama la atención. Abro los ojos y lo primero que me encuentro es que las personas están actuando de una manera muy extraña. La señora y su hija me están mirando y de nuevo están mirando los maniquÃs. Casi todas las personas están mirando los maniquÃs, pero no de una forma normal, sino como de una forma asombrada, como de una forma con miedo. Esto lo empiezo a ver y obviamente, aunque traigo los audÃfonos y traigo la música a todo volumen, me resulta bastante extraño. Me los quito y al momento en que me los quito, escucho claramente la razón del porqué la actitud de esas personas. Y es que escucho una leve risa, una risa que provenÃa de los maniquÃs. Yo volteo, los veo y solamente pudo ver la cara distorsionada por la bolsa de aquel muñeco volteado observándome. Quiero aclarar aquà una cosa y es que cuando me habÃa subido, no es que les haya puesto mucha atención, pero si recuerdo perfectamente que ambos maniquÃs estaban mirando derecho o sea, hacia enfrente, ninguno de ellos tenÃa la cabeza volteada y En aquel momento, este extraño maniquilla la tenÃa volteada observándome fijamente donde yo estaba sentado. Obviamente me levanté y todas las personas estaban desconcertadas hasta que uno de ellos, un señor que trabajaba en limpieza por su uniforme o o o ver me dijo escuché que se estaban riendo tú los escuchaste también verdad. Yo no sabÃa qué responder. Simplemente le dije que me parecÃa extraño y que dónde estaban los propietarios de esos maniquÃs, que de quién eran más que nada. Para sentirme seguro, y creo que también para sentirse seguro las demás personas que venÃan en el vagón, ya que habÃan captado extrañas cosas, extrañas situaciones. Unas de las personas decÃan que habÃan visto moverse a los maniquÃs levemente. Otras personas decÃan que los habÃan visto hablando, murmurándose, riéndose por más de que buscamos al propietario, no lo pudimos encontrar. Simplemente no venÃa en ese vagón o tal vez quien sabe los habÃa olvidado. Tratamos de mantener la calma, pero no sirvió de nada. Yo estoy muy seguro que escuché a esos maniquÃs riéndose murmurándose como si fueran unas personas de carne y hueso. Lo primero que se me vino a la mente es que tal vez pudiera ser una broma. HabÃa visto en redes que hacen brumas, en los trenes, en los taxis, pero por más, que buscaba abajo de los asientos, por detrás de los muros. No habÃa ni una sola persona escondida, ni tampoco una cámara que estuviera grabando todo. Las personas que estaban en el vagón optaron por retirarse del mismo. No querÃan pasar ni un solo minuto más con aquellos ManiquÃs y yo hice lo mismo y cuando estaba pasando al otro vagón, la niña me dice que la mano de uno de ellos estaba golpeando la pared del metro a propósito para despertarme que ella lo habÃa visto cuando nadie más los estaba observando. Esto en cierta parte me aterró porque yo no habÃa dicho nada. No sabÃan cómo o por qué me habÃa despertado. Sin embargo, esa niña lo supo. Supo cuál fue el motivo por el cual me desperté, porque con los audÃfonos no podÃa escuchar todo el escándalo que tenÃan. Esto me hizo tener escalofrÃos y, por suerte, no faltaba mucho para bajarme. Cuando lo hice, me llamó la atención otra vez este vagón, ya que habÃan pasado aproximadamente unos cuatro o tres minutos y el subterráneo. No. No, No, No, se habÃa detenido en ninguna otra estación. Eso significa que el vagón tenÃa que venir vacÃo. Pero mi sorpresa fue que este vagón no venÃa vacÃo. Cuando el tren nuevamente se puso en marcha lentamente pode ver por las ventanas como estos maniquà se habÃan levantado y ahora se encontraban de pie como si fueran unas personas normales, pero obviamente eran maniquÃs agarrados de unos de los tubos, de las manos parados, observando hacia afuera las bolsas el plástico que los cubrÃa ya no se encontraba. Era como si alguien se los hubiera quitado y los hubiera puesto en esa posición, una posición muy humana, pero sus caras eran inexpresivas. Les podrÃa decir que caÃan en la categorÃa de valle inquietante de más está decir que jamás en mi vida y doy gracias a esto. Todas las veces que he tomado el metro más nunca he vuelto a ver a estos maniquÃs. Esas fueron mis experiencias. Gracias por permitirme compartirlas, esto que les quiero contar. Me pasó cuandivan secundaria. De hecho, me pasó en mi primer viaje sola en autobús. Aquel dÃa mis padres llegarÃan algo tarde, por lo que me quedé platicando con unas amigas en una plaza de mi localidad. Al estar atardeciendo, decidà irme ya a mi casa. Cuando iba de camino, empezó a nublarse, por lo que oscureció más rápido. Decidà cortar camino por el cementerio municipal. Este cementerio se mantenÃa abierto hasta la noche y en el centro de este habÃa un camino de cemento, el cual atravesaba de extremo extremo el cementerio. Algunas personas lo usaban y asà se ahorraban una vuelta a la manzana en minutos. Yo lo usé, como otras tantas veces lo habÃa hecho antes. Acostumbraba ir caminando con mis audÃfonos escuchando música y en esa ocasión no fui la excepción. Estaba caminando en mi propio mundo sin prestar atención a nada más que al frente del camino y de vez en cuando a mi celular en determinado momento me di cuenta que en esa ocasión yo era la única que se encontraba transitando por este camino. No me incomodo en lo absoluto, ya que otras veces también lo habÃa hecho. Continué caminando y ya cuando iba a la mitad del camino, me percaté de una presencia. Estoy seguro que muchos de nosotros podemos hacer eso sientes cuando alguien va acerca de ti o cuando sientes la mirada de alguien que te observa. En aquella ocasión, yo sentà lo mismo. Para ser más especÃficos, aquella presencia la percibÃa detrás de mÃ. Volteé varias veces, pero no lograba ver nada. Tomé la decisión de bajar el volumen casi al borde, de tenerlo en silencio. Me arrepiento tanto de haber hecho esto porque en ese momento escuché pisadas que venÃan detrás. Al voltear de nuevo, esta vez más asustada, ya que las pisadas escuchaban cerca de mÃ. De nuevo me percaté de que no habÃa nadie con el corazón. Casi saliéndose de mi pecho, tomé la decisión de apresurar el paso, pero como si la mala suerte estuviera de mi lado, esa noche comenzó a llover a cántaros. Una tormenta se acercaba y los truenos estaban empezando a escuchar ya. Debido a esto me resguardé debajo de un árbol, el cual se encontraba a una orilla del camino. Estuve ahà un breve momento tratando de resguardar las cosas que se podÃan dañar con la lluvia en mi mochila. Cuando en el otro extremo del camino, en donde se podÃan ver las tumbas, pude ver la silueta de un hombre. Se podÃa ver que usaba una gabardina y que llevaba puesto un sombrero. Estaba parado bajo la lluvia sin moverse viéndome directamente, no separa ustedes, pero eso bastó para que yo optara por comenzar a correr para salir del cementerio, importándome poco la lluvia en ese momento, por suerte, logré tomar el transporte de manera rápida. Era un autobús que venÃa totalmente vacÃo. Era muy extraño, ya que prácticamente eran las siete de la tarde. Se suponÃa que el autobús debÃa venir con gente más temprano que tarde. Las cosas empeoraron. Cuando me subÃ, observé claramente que no habÃa nadie, por lo que me cambié de asiento para irme un poco más adelante. Lo que pasó A continuación es algo con lo que tengo pesadillas todavÃa. Yo estaba tratando de controlarme sentada en mi asiento cuando en eso se me ocurre voltear hacia atrás. En ese momento vi a ese mismo hombre sentado al fondo del camión De inmediato voltea de nuevo al frente. Me daba terror. Tan siquiera sostenerle la mirada. Pasaron apenas unos segundos cuando de nuevo mi terror aumentó. Escuché como este hombre se levantaba del asiento, caminaba y se sentaba en un lugar más cercano hacia mÃ. Casi por instinto me levanté y me fui aún más hacia adelante y volvà a escuchar lo mismo. Este hombre se levantaba, escuchaba sus pasos y se sentaba de nuevo casi atrás de mÃ. Me estaba persiguiendo desesperada, me levanté y fui hasta donde se encontraba el chofer. Me quedé muda por completo, pues al voltear no habÃa nadie en arriba del autobús. VenÃa totalmente vacÃo se encontraba de la misma manera en como lo habÃa visto cuando habÃa subido. Debido al miedo, pedà mi parada antes de lo que debÃa, por lo que me tocó caminar un buen trayecto o, mejor dicho, correr hasta por fin llegar a mi casa. S de s u s ns. De esto, mi madre me tuvo que acompañar y traer de nuevo de la secundaria durante un tiempo. TenÃa un pavor enorme al autobús y al cementerio, ya que no podÃa sacarme de la cabeza a aquel hombre. Muchos dicen que seguramente fue una alma del cementerio que me siguió cuando pasé por este. Tiene mucho sentido al decir verdad. Yo no he vuelto a pasar por ese cementerio, aunque sea para cortar camino. Con el tiempo pude volver a subirme al transporte público, pero me empiezo a poner muy nerviosa cuando este se va vaciando. Tengo terror de tan solo pensar que tal vez cuando este se quede vacÃo, ese hombre vuelva a aparecer




