Sept. 26, 2023

ATERRADORES RELATOS DE REPARTIDORES / LLEGUE A UNA CASA EMBRUJADA / L.C.E.

ATERRADORES RELATOS DE REPARTIDORES / LLEGUE A UNA CASA EMBRUJADA / L.C.E.

Los repartidores viven experiencias aterradoras a veces en algunos domcilios desconocidos. en este video seremos testigos de estas tenebrosas anecdotas.

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Los repartidores viven experiencias aterradoras a veces en algunos domcilios desconocidos. en este video seremos testigos de estas tenebrosas anecdotas.

Existen trabajos algo peculiares, tal vez trabajos que muchos de nosotros se nos hacen comunes. Puede que el trabajo de repartidor para muchas personas no suene aún trabajo de alto riesgo, pero si te pones a pensarlo, este sí lo es. Al igual que los taxistas, al igual que el transporte público o el transporte privado. A veces estos muchas veces jóvenes de apenas diecisiete, dieciocho años, diecinueve años, es el primer trabajo que ellos consiguen. Obviamente, es un trabajo que tal vez no te pida mucha experiencia, lo cual es una buena oportunidad de trabajo. Pero claro, luego existen estos temas, sobre todo en países con altos índices de delincuencia, que son los barrios bajos, los barrios en donde tanto criminales como también adictos se reúnen para planear fechorías, para planear robos e incluso secuestros. Algo parecido le pasó este repartidor cuando fue llamado a una casa en la cual no precisamente querían comprarle la pizza, sino que las razones eran un tanto más oscuras. Pero que gracias a este instinto que tenemos de supervivencia en que sabemos que algo anda mal, se salvó de tal situación y también su jefe, el cual actuó de una muy buena manera en aquellas circunstancias. Mi nombre es Romino Hernández. La experiencia que les quiero contar pertenece a mi hermano. Mi hermano actualmente ya tiene treinta y cinco años. Esto le pasó hace ya cinco años. En sus últimos trabajos de repartidor. Él fue repartidor de comida rápida. Muchos años. Trabajó en pizzerías, trabajó en diferentes marcas por ende, y al pasar el tiempo, él empezó a conocer cada vez más y más la ciudad, toda la zona conurbada. Mejor dicho, y esto, si bien trae cosas buenas, también trae otras cosas malas. Empezó a conocer en qué zonas le daban más propio en que otras zonas. Era un poco menos y claro estaban también otras zonas que era de plano peligroso entrar ahí. Pero como el establecimiento tenía sus políticas, no tenía de otra sino entrar ahí esas colonias que son de mala muerte. Creo que todos conocemos. Una mi hermano decía que tenía mucho miedo y esto lo compartían varios repartidores al entrar, ya que en ciertas zonas los asaltos eran muy comunes y si ustedes se preguntan, pero por qué asaltarían a un repartidor. Bueno, hay algunos establecimientos con ciertas normas que cuando el cliente va a pagar en efectivo, obviamente, el montociclista tiene que llevar la feria. Y, como pasa comúnmente, en fin de semana, cuando reunión con los amigos, muchas personas piden pizza o muchas personas piden diferentes platillos, por lo que un solo motociclista se encarga de ir a los diferentes puntos. Por lo tanto, si todas esas personas pagaron en efectivo, el motociclista traía un buen dinero. Por lo tanto, acudir a estas zonas, a estas colonias en fin de semana era peligroso, pero para la mala suerte de mi hermano le tocó un pedido que tenía que llevar a esta zona. Toda la situación era demasiado extraña. Para empezar, mi hermano me dice que la dirección a la que lo mandan es una calle por la que él ya había pasado. Como lo vuelvo a decir. Mi hermano conoce muy bien los puntos, las colonias y más si estas son peligrosas, y él recordaba perfectamente que ahí, si bien habían unas dos o tres familias a lo largo de algunas, tres cuadras, tres manzanas, la mayoría de estas casas están deshabitadas, algunas del gobierno, otras que si implemente empezaron la construcción y no se terminó. Y comúnmente, estas casas servían como refugio para personas que viven en la calle, para personas indigentes, en el mejor de los casos y, en el peor de los casos, para maleantes, para ladrones, personas que iban y se escondían ahí y consumían sustancias que podríamos decir ilegales y ustedes me entienden. Era sábado por las diez de la noche y él llevaba efectivo, ya que había sido una noche muy movida. La habían pagado en efectivo varias veces, por lo que él dice que al llegar a la casa se encuentra con algo de más extraño. Si bien la dirección apuntaba una casa que él recuerda estaba deshabitada. Al llegar a ella, su idea no cambia. Tiene un mal presentimiento y es que esta casa se ve perfectamente que no había vivido ahí nadie hace mucho tiempo. El pastizal estaba crecido, los barrotes estaban oxidados, la pintura se estaba cayendo, las ventanas, estaban algunas partidas llenas de sociedad, pero más, sin embargo, había luz, había movimiento. Viniendo desde adentro. Mi hermano se bajó sacó la pizza y caminó hacia la puerta. Al llegar a esta cincuenta con una nota. Una nota pegada enfrente de la puerta es la hoja de un cuaderno pegada con cinta adhesiva, en la que se dice de manera cortante y muy sutil. Si eres el de la pizza, entrégala por la puerta trasera. La puerta de enfrente no se puede abrir. A mi hermano esto no le gusta. Sobre todo, para empezar, es que se va a alejar de la iluminación. Si bien la calle es peligrosa, por lo menos tiene la luz de los postes. La calle está alumbrada y aparte tiene la motocicleta encendida. Cualquier cosa que pasara, él podía correr en línea recta y subirse a ella. Él se asoma hacia la parte de atrás. Hay un camino que lleva hacia allá y se da cuenta que hay luz, todo el trayecto está oscuras, pero y un bombillo encendido como si lo estuvieran esperando. Mi hermano actuó de la siguiente manera y es debido a esto que él dice que se salvó aquella noche y es que él habló con su jefe. Le planteó la situación, todo lo que estaba pasando y su jefe le dio las siguientes instrucciones. A él también no le gustaba para nada toda la situación, por lo que le dijo lo siguiente espera. En ese punto deja que llega un compañero. Ve hacia la puerta, pero no cuelgues el teléfono. Mantén lo abierto, mantente en línea conmigo hasta que entregues la pizza. Mi hermano hizo lo que él dijo. Esperó otro compañero que se quedó esperándolo por fuera de la casa pero eso sí, viéndolo a través del camino, no le quitaba la vista de encima y su jefe le dijo que también hablara con su compañero, que se gritaran que vieran, sobre todo que él no estaba solo. Mi hermano caminó hacia la parte de atrás abrió la puerta, ya que ésta se encontraba abierta. Solamente la empujó un poco y para esto se mantuvo todavía en línea y estaba hablando todavía con mi jefe. Le dio un grito a su compañero y éste le respondió. Fue en ese momento, cuando iba entrando a la casa, que se dio cuenta que todas las luces estaban apagadas, que solamente había una que venía de una habitación que daba hacia la calle, que era de donde él veía la luz. En ese momento él él dice que escuchó varias pisadas varias risas venir del cuarto que le seguía la cocina. La puerta estaba abierta y si bien adentro del cuarto, él no podía ver nada si estaba más que seguro que adentro de ahí habían personas. Él estaba seguro de esto. Escuchaba las pisadas, escuchaba los murmullos, escuchaba las risas. Pero si bien todo esto pintaba mal, estas personas se dieron cuenta que mi hermano no estaba solo, no solamente tenía a alguien al teléfono, sino que también tenía a alguien más esperándolo afuera. Dice que de la nada de por debajo de las escaleras, salió un hombre, un hombre alto como de uno noventa. En su rostro se podía ver enojo, irritado, estaba enojado con él mano y de forma muy abrupta, casi casi como sacándolo de la casa. Le dijo que se fuera, que no tenía dinero y que no iba a pagar la pizza que se fuera inmediatamente. Este hombre estaba muy enojado. También las otras personas que antes intentaban ocultarse en el cuarto ahora libremente estaban hablando también furiosos con mi hermano diciéndole que se largara. Él recuerda que cuando iba saliendo vio que aproximadamente algunas seis o siete personas hasta ese momento que él vio salieron del cuarto y enseguida le azotaron la puerta casi casi que en la cara se la azotaron. Algo aliviado y también muy aterrado. Volvió a la motocicleta. Pasaron nota de lo que había pasado y no era necesario que él se comunicara, ya que el jefe había escuchado todo, sin que ellos lo supieran. A él lo tenía en alta voz. Por lo tanto, la bocina del teléfono captó cada ruido que había. Si bien esta historia fue aterradora para mi hermano, resultó que cada movimiento que él hizo salió muy bien aquella noche, porque a la noche siguiente, por medio de páginas de Facebook, se dieron cuenta que a la misma dirección que él había acudido había ocurrido un crimen. Tan solo minutos después, otro repartidor de otra línea de pizzerías había ido a este mismo domicilio. Minutos después de que mi hermano se hubiera ido. Este repartidor era más joven y notablemente más inexperto. Él había acudido este mismo domicilio, Pero la única diferencia es que él sí había seguido los pasos que la hoja de papel le daba. Él no llamó a nadie, no alertó a nadie. Él simplemente creyó que era una casa extraña y que tenía que entregar la pizza por la puerta de atrás. Tan pronto este repartidor abrió la puerta, fue asaltado, le quitaron todo el dinero que traía. Lo dejaron en muy mal estado notablemente herido. Las personas salieron huyendo de la casa, dejándolo tirado en el piso. En este grupo contaban la historia de este joven, la misma historia que le había sucedido a mi hermano, pero con un final distinto. Para desgracia del otro. Nadie lo estaba acompañando. Después de esa noche en mi trabajo, marcaron con rojo aquel domicilio. Aunque llegara una llamada. Aunque nos pidieran mucho producto, ya sean seis pizzas, siete, ocho o diversos combos, ningún repartidor iría de nuevo a esta casa. Crímenes ocurren día con día, A veces nos sorprendemos de los pues ahora sí los criminales que se toman la vida de varias personas, aquellas personas que, simplemente por algún trastorno, por alguna facultad o simplemente porque ya traen la maldad en su alma, en su cuerpo, van tomando la vida de per personas y personas sin sentir mayor arrepentimiento. Qué pasaría si tú, en determinado tiempo te encontrarás con una de estas personas. Lo reconocerías si algo nos ha demostrado la historia es que este tipo de personas, este tipo de psicópatas, pueden pasar por personas muy normales e incluso los puedes ver de frente y no tienes ni la menor idea de que le acaban de quitar la vida a una persona tan solo minutos antes, tal como le pasó a este repartidor. Su historia es la siguiente de esta siguiente historia nos la manda un suscriptor del canal. Su nombre es Ramiro Urte. Ya anteriormente nos ha compartido sus experiencias, pero en esta ocasión nos trae una historia que es algo perturbante y muy aterradora que sucedió en el este de Europa. Le ocurrió a un repartidor de comida. Este repartidor, que aunaba entre los dieciocho a veinticinco años, se encontraba trabajando de una manera muy normal. Su día iba de lo más relajado posible, como es su rutina. Tiene que ir a dejar un pedido. Al momento de llegar a la casa, se da cuenta que es una casa grande, una casa digamos de una familia. Algo pudiente se puede ver tan solo en la barda, en la puerta de la entrada. Al llegar encuentra algo extraño, y es que la puerta, la puerta que da a la salida de la calle se encuentra abierta. Era una puerta de madera, por lo regular en Europa, si bien no es que haya mucha delincuencia. Por lo regular, cuando se llevan pedidos a este tipo de casas, el repartidor suele entregar la comida afuera en la calle. La puerta se encontraba abierta, pero aún así, este repartidor no entró. Él se quedó afuera tocando el timbre una y otra vez, una y otra vez, pero nadie salía. Se le hacía extraño, así que empujó un poco más la puerta y vio que incluso la puerta de enfrente, la puerta de la casa, se encontraba abierta. También. Este chico, obviamente, no quiere ser un intruso, no quiere que se le acuse de algo que pueda perjudicarlo. Además, no puede entrar así como así en una casa a la cual a él no se le ha dado el permiso, por lo que opta por gritar, y este método ayuda. Minutos después de estar gritando un poco, la cabeza de una mujer se asoma y lo ve fijamente. Esta mujer entra de nuevo a la casa y se empieza a reír en cuestión de segundos sale un muchacho y esta mujer acompañándolo. Ambos ellos dos esta pareja le dicen al repartidor que pase se ve que son los propietarios de la casa. Es una pareja de novios, bastante jóvenes, pero tal vez de una familia influyente. Entra a la casa y el repartidor dice que lo primero que nota, que es algo extraño, es que dentro de la casa, los muebles, las mesas, las macetas no están en un luz. Podríamos decir normal, los sillones están acomodados de una manera que se podía ver desordenada. Los jarrones estaban rotos en el suelo, algunas mesas estaban tiradas en el suelo también como si en toda la casa o al menos en la entrada de ésta hubiera ocurrido un forcejeo a este repartidor se le hace extraño eso, pero a lo mejor habían tenido una fiesta o a lo mejor era un matrimonio, una pareja que se acababa de mudar y habían tenido un accidentes o estaban acomodando toda la casa. En fin, explicaciones podía haber muchas y, para ser sinceros, él dice que él no estaba ahí para interrogar a la pareja. Simplemente quería dejar su comida que le pagaran e irse. Este repartidor además dice que esta pareja se comportaba de una manera extraña, no de una manera perturbadora o aterradora, sino que eran demasiado amigables. Tenían siempre una sonrisa marcada en su rostro y esto la larga lo incomodaba la pareja. Tanto el hombre como la mujer le hacían preguntas que cómo le había ido hoy, que cómo se le estaba pasando, que si el trabajo había estado duro todo con una sonrisa. Esto a él, al principio la agradó claro, pero conforme iba pasando el tiempo. Esto se le hacía cada vez más extraño. Mientras que la esposa hablaba con él, el esposo se notaba un poco distraído como que confundido, ya que a él ya tenían que pagarle y el esposo seguía buscando dinero. No le importaba abrir los cajones e incluso los cajones los abría y los tiraba al suelo. Buscaba ahí entre las pertenencias y después otra vez subía y hacia lo siguiente con el otro cajón, se subió las escaleras y se notaba que estaba moviendo muchas cosas. Movía roperos, sacaba cajones, buscaba dinero, pero de una forma muy despreocupada, como no importándole que iba a limpiar o no importándole todos los destrozos. Qué estaba haciendo en la casa hasta que, al pasar los minutos, finalmente bajó el joven y le dio el dinero. Incluso este le dio más dinero y le dijo que lo tomara como su propina. Este joven dejó los alimentos y se fue del sitio. Si bien esto podría quedar en una experiencia, algo rara su establecimiento de comida lo llama a los minutos. Unos cuantos minutos habían pasado. Le informan a este joven que estos clientes, a los cuales él les había entregado la comida recientemente, habían tenido un problema y es que ellos habían llamado al establecimiento y les habían dicho que la comida venía en un mal estado y que querían, por favor, que se la cambiaran. Simplemente dijeron que venían con unas cosas que ellos no sabían qué era y, obviamente, para no poner en riesgo su salud, habían decidido no consumirlo. Hay unos establecimientos que tienen una cierta política que si la comida viene en mal estado o viene con un ingrediente o tal vez alguna basura que no debía de tener, se la cambiaban sin costo y, es más, le daban una remuneración a la familia. Pero claro, la comida que les habían mandado esa no se la podían comer ni se la podían quedar. Tenían que enviarla de nuevo con el repartidor para ver qué era lo que tenía, qué era lo que había fallado y encontrar al responsable de esto más que nada para que el establecimiento no se hubiera afectado no tuviera una mala reputación. El joven de nueva cuenta se dirige al establecimiento por la comida la orden exactamente igual a la que había pedido aquella pareja, e incluso no tardó mucho. Cuando llegó la orden ya estaba lista. El repartidor de nueva cuenta se dirige hasta esta casa entra otra vez y la puerta de la casa igualmente está abierta. Al llegar a aquella pareja lo está esperando esta vez con una sonrisa todavía más grande que la anterior. Esta sonrisa la tenían los dos como si se esforzaran por ocultar algo, como si se estuvieran conteniendo las carcajadas que querían soltar. Este repartidor les entrega su pedido, pide disculpas en nombre del establecimiento y también por todo el mal rato que les había hecho pasar él. La pareja le dice que no se preocupe. Le dan la otra bolsa en donde viene la otra comida. Y antes de irse esta pareja le dice al muchacho que gracias por sus servicios y que ojalá encuentren al responsable de aquel malentendido. El joven se r retira. No abre la bolsa anoche Canada, ya que de él no depende, No es su departamento, por así decirlo. Eso le concierne solamente a las personas que están en el establecimiento. Este repartidor otra vez empieza su curso, llega hasta donde están las comidas desempaca y lleva la bolsa hasta el gerente y al momento de abrir la bolsa, tanto él como el gerente como las personas que estaban cerca de ahí pusieron una cara de horror absoluto no podían creer lo que estaban mirando sus ojos, y es que dentro de la bolsa donde venían empaquetadas todas las comidas, todas las salsas, todos los complementos en y cada una de ellas, venían dedos humanos muy frescos. Estos en cada uno de los paquetes eran diez en total, pero estos no pertenecían a una sola persona, eran de diferente tamaño. Se podía ver después de cierto tiempo que algunos de estos dedos pertenecían a la mano de un hombre y los otros dedos pertenecían a la mano de una mujer. Se armó el revuelo, por supuesto, y estaba más que claro que esto no era obra del establecimiento En ningún momento el chef o los jóvenes que empaquetaban aquella comida habían puesto sus dedos ahí, por lo que al llamar a la policía. Esta inmediatamente fue hasta la casa a donde aquella supuesta pareja había ido. Lo que se encontraron ahí no era lo que esperaban. Después de investigar un poco, resultó que encontraron a dos cuerpos, pero no eran esta pareja los dueños de aquella casa. Era un matrimonio, pero un matrimonio de tanto la mujer como el hombre. Ya eran personas maduras de algunos cincuenta años, algo totalmente opuesto a la pareja de jóvenes de veintitantos que había visto el repartidor. Pero no solamente fue el hecho de que encontraron los cuerpos de esta pareja, sino el estado en el que los habían encontrado. Había partes de ellos separados. Entre estos tantos estaban sus dedos, los cuales la policía ya los tenía pase. Resulta que en aquella casa había sucedido un crimen atroz tan solo minutos antes que el repartidor llegara con los que habló aquella vez. Las personas con las cuales socializó no eran otras, sino los verdugos de aquel matrimonio. Además, está decir que en la comida no había nada extraño. Aquella pareja simplemente había llamado de nuevo al establecimiento de comida como para hacer una pequeña travesura, como para hacer una broma de mal gusto. Aventaron intencionalmente estas partes en la bolsa como si se tratara de una broma macabra terrorífica. Esto explica el comportamiento de aquella pareja. Esa sonrisa enloquecida, pues prácticamente estaba tratando con dementes, con sociópatas que para mala suerte en los registros y a pesar de que el repartidor dio su declaración a los responsables jamás consiguieron encontrarlos, no solamente en lugares turbios, no solamente en el que tienen que socializar con personas raras y en algunas contadas veces peligrosas. Son con lo que tienen que lidiar estos repartidores día con día, o si tienen suerte en algunos contados días, pero qué pasaría sin lo que viven. No es obra de un humano que pasa si al llegar a su domicilio, quien le responde no comparte plano con él. Muchas veces, al llegar a una casa que nosotros no conocemos, se dice que somos más susceptibles al ver ciertas presencias, al ver ciertos entes que siguen en ese domicilio o siguen en ese sitio buscando algo que no van a encontrar, tal como le pasó este repartidor. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Ricardo A escarga. Quiero contarles mi experiencia. Yo soy repartidor de comida y, como muchos pensarán, es como cualquier otro trabajo, hay días buenos, días malos y también días extraños, y este fue uno de ellos. Recibimos una llamada como es de costumbre. Una mujer, una mujer joven, quería un cierto platillo con combos y lo pidió a una cierta hora e incluso hice tiempo para llegar más o menos a la hora que esta mujer había pedido. Comencé el transcurso y llegué sin no mal recuerdo algunos cinco minutos antes entré a la casa, ya que el timbre se notaba que no funcionaba, el apagador estaba zafado y la puerta estaba abierta. Por decirlo así, no había puerta, tal cual la habían quitado. Entonces, sin ninguna limitante, caminé por las escaleras. L llegué hasta la puerta y comencé a tocarla, pero nadie en abría. Comencé a tocarla otra vez y luego otra vez, pero no parecía que hubiera nadie. No había ni un solo ruido que viniera desde adentro, alguna televisión, alguna radio, pasos de personas, alguna voz, no había nada. Obviamente, esto me desconcertaba, ya que habían pedido la comida a cierta hora. Revisé varias veces al domicilio y vi que estaba bien todo. Y en medio de eso, en medio de toda la confusión, algo llama mi atención y es que una de las ventanas que venían desde adentro quedaban perfectamente enfrente a la entrada de la casa. Se estaba asomando una niña. Era una niña que yo calculo luego unos ocho diez años. Se estaba asomando desde adentro de la casa había hecho las cortinas hacia un lado, no había abierto la ventana me veía desde adentro. Obviamente, también había barrotes. En aquel momento que la vi me mostré amigable. Claro, lo menos que quería era espantarla. La chica me continuaba mirando con su mirada fija en mí y fue en ese momento en el que me voy acercando hacia ella y le digo, niña, no te asustes. Soy el repartidor. Traigo la comida que me pidieron. Podrías hablarle a tu mamá o con quien estés ahorita. La niña simplemente se me quedaba mirando y me dijo. Lo siento es que no hay nadie. No he encontrado a nadie en ese momento. Supongo que tal vez la persona en la que estaba a cargo de la casa tal vez había salido y había dejado la niña encerrada, algo que tiene mucho sentido en ese momento obviamente, no le vas a dejar a una niña a la puerta abierta. Le pregunto si tal vez su madre o la persona que está a cargo va a tardar mucho, cuánto tiempo la tengo que esperar. Esta niña me responde algo que me deja muy confundido. Ella me dice que vive con su mamá, pero que la he estado buscando y no la ha encontrado. Es una niña pequeña, así que yo le pregunto de vuelta. Acaso la estás buscando. Te acabas de despertar o algo, pero esta niña me responde que no, que ella lleva mucho tiempo buscándola pero que no la ha encontrado. Acto seguido. Después de esto, la niña se va simplemente da pausa hacia atrás y se mete de nuevo en la casa. Baja la cortina y la pierdo de vista. Algo confundido. Sin saber muy bien qué hacer llamo al establecimiento, les cuento todo lo que está pasando, que no hay nadie en la casa y si es posible que me den algunas instrucciones, sobre qué es lo que puedo hacer en ese momento. El establecimiento me dice que espere que ellos iban a llamar al celular donde pidieron la orden. Si no contestaban, me tenía que retirar del sitio, Así que me dijeron que esperaron unos minutos. Yo me regresé en ese momento a mi motocicleta, Me sentía y estuve con mi celular un momento cuando después de unos cuatro o cinco minutos me volvió a llamar el establecimiento. Me dijeron que la persona que había pedido la orden había sufrido un retraso. Por esos que había pedido la orden en cierto tiempo, pero había sufrido un retraso debido al tránsito, por lo que iba a tardar unos diez minutos más en llegar a la casa, pero que, por favor, no se fuera, ya que prácticamente estaba a punto de llegar. En ese momento, al recibir las instrucciones, no me quedaba de otra más que esperar. Cuando llegó la chica, me sorprendió ver a una muchacha muy joven como de algunos veintidós años. Yo le pregunté disculpa, esta es tu casa. Ella me dijo que sí y que estaba esperando el pedido que si, por favor, le daba un momento para entrar a la casa y tomar el o el dinero, ya que en ese momento yo no contaba con terminal y no podía cobrarle a tarjeta de débito o crédito. Entró a la casa y me llamó la atención que prácticamente era su casa, por lo que, al ser un poco lógicos, la niña que estaba dentro se tenía que tratar de su hija. Cuando me entregó el dinero, la chica se disculpa conmigo y me pregunta que si tuve algún inconveniente, que si me retrasó por los demás pedidos. Pero yo le digo que no y que, a pesar de todo, tuve una buena compañía que era la niña, que había sido una niña muy bien portada y que no había platicado mucho conmigo, pero que seguía adentro. En ese momento el rostro de esta muchacha cambia abruptamente, y es que ella no sabe de lo que le hablo. Me dice niña o son niña. Yo le respondo. La niña que iba aquí contigo tal vez es tu hermanita o tu hija, pero ella sigue ahí adentro. La chica se me queda viendo y ella me responde, pero muchacho, yo vivo sola. No hay nadie en aquí conmigo. De hecho, me acabo de mudar y yo no tengo sobrinos ni hermanos y mucho menos hijos. Yo en ese momento no supe qué responder. Simplemente le dije que había una niña y que me había estado contestando desde el otro lado de la ventana. En ese momento, en el rostro de la chica, yo pude ver que había miedo, pero también algo de satisfacción, y es que esta chica me dice que desde que ella lleva rentando ahí hace aproximadamente un mes y medio, ella desde el día uno que llegó, ha escuchado pasos, ha escuchado voces cuando ella está absolutamente sola y todos estos sonidos parecen provenir de una niña. Pero claro, cuando ella la busca no ve nada. Ella pensó en un momento que tal vez eran supersticiones suyas, que tal vez lo estaba imaginando todo en su cabeza, pero ahora está más que segura que nada de esto se le inventa su cabeza. Ya que yo le había dado la última pieza que corroboraba que en ese momento ella no estaba sola en la casa. Después de esto me despido de la muchacha. Yo vuelvo al establecimiento casi casi procesando que durante el tiempo que estuve esperando había platicado con un fantasma. A pesar de que se lo platican mis compañeros, ellos no me creyeron. Muchos de ellos incluso estaban esperando otra llamada que proviniera del mismo domicilio para esta vez ir ellos, ya que tenían mucha curiosidad en ver si ellos también podían ver a aquella niña. Pero para nuestra suerte o más que nada, para la suerte de ellos, esto no ocurrió. No recibimos ni una sola llamada de aquel domicilio. No sé si, después de lo que vivió, después de decirle lo que yo había visto la chica tal vez se mudó definitivamente de esta casa, ya que, después de todo, quién quisiera habitar en un sitio en el cual habita un espíritu. Jamás volvimos a recibir una llamada de este domicilio. Las reuniones familiares entre primos, entre esos familiares muy cercanos a uno, sobre todo en festividades tales como la Navidad el Año Nuevo. Creo que son días que muchos de nosotros recordamos con con mucha nostalgia, con mucha felicidad, pero claro, a veces ocurren cosas, cosas que uno no tiene planeado. Este repartidor dice que en aquella noche ellos simplemente iban a entregar un paquete y ver una casa que popularmente se creía embrujada. Creo que todos conocemos esta historia. Una casa que se queda sola rápidamente. Se dice que hay espíritus ahí y Obviamente, a los más jóvenes les nace este instinto de saber si sí es cierto. Poco sabía este joven repartidor de diecisiete años que iba a encontrar una respuesta a todas esas dudas que tenía, pero ahora él está más que seguro que a lo mejor hubiera sido nunca entrar esa casa. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Enrique Segura. Quiero contarles mi experiencia. Esta sucedió en el año dos mil ocho. Recuerdo perfectamente el año fue uno de sus últimos años en que la familia se juntó por completo. Anteriormente, creo que, como en muchas familias mexicanas, toda la familia se junta en una determinada casa. Pase resulta que mis padres tenían un negocio y era precisamente en la casa de mis padres que todos, tanto tío sobrinos, tíos, lejanos y abuelos se juntaban para celebrar las diferentes festividades del año. El negocio que tenían mis padres era de comida unas populares comidas mexicanas y yo, al ser el hijo y tener en ese entonces diecisiete años, era el repartidor. Por defecto, les cuento todo esto porque de no ser que mis familiares vinieran a vacacionar aquel diciembre, esto no hubiera pasado. Mis primos, que en ese entonces eran menores que yo tenían alrededor de catorce quince trece años, eran esos típicos niños que eran molestos y que cual o cualquier lugar que ellos escuchaban estaba prohibido o embrujado, por así decirlo. Les daba mucha curiosidad. En aquel entonces había una casa muy grande cerca de mi localidad. Era una casa vieja, una casa en ruinas. Se podría decir, y en esta casa, que no era habitada en más de una década, se decía que pasaban cosas paranormales, tanto los vecinos como los chicos de la escuela que pasaban por enfrente de ella. Yo creo que esto se cuenta en todas las casas que son medianamente viejas y abandonadas. Pasaba lo mismo con esta. Mis primos siempre bromeaban en que iban a ir a esta casa e iban a ver si era verdad todo lo que se decía, si era cierto, que aparecían fantasmas. Yo jamás les creí. Pero claro todo cambió. Al llegar una noche, mis padres cierran el establecimiento cerca de las siete u ocho de la noche. Esto más que nada para que yo no me encuentre en la calle a altas horas de la noche. A esas horas todavía personas hay cierto movimiento y también patrullas cuando de pronto suena el teléfono y piden un servicio a domicilio. Mi madre nota todo las órdenes que pidieron. Era una orden bastante chica decir verdad aquella dirección al momento que la leí me parecía familiar, Me parecía como si ya le hubiera escuchado antes. En fin, no le di importancia. Subí el paquete, subí las órdenes y me puse en marcha. Cuando iba a mitad del camino, me encontré con otro primo y con un amigo. Ellos estaban paseando por la zona y me detuve simplemente a decirles un par de cosas y entre plática y plática, ellos me preguntaron que a dónde iba. Yo les di la dirección, ya que ellos también iban a moto, y ellos se sorprendieron. Tal parecía ser que yo no había captado. La dirección a la cual me dirigía. Era la misma dirección de la casa abandonada. Obviamente, yo me sorprendí por esto y creí en primera instancia que se trataba de una broma. Pero claro, al estar enfrente de mi primo, al estar enfrente de su amigo, ellos también les dio curiosidad y dijeron mira te. Acompañamos hasta ya de todas formas, ya llevamos tiempo que queremos ver que hay en esa casa. Se nos hace muy interesante qué dices te animas. Obviamente, ier nosotros tres. Me sentía más seguro. Comenzamos la marcha y llegamos hasta aquella casa. Lucía como de costumbre esa imagen, lúgubre de que nadie había estado habitando ahí por muchos años. Tomamos el pedido y caminamos hasta esta por el trayecto. Mientras íbamos caminando, íbamos pensando que existían muchas razones por las cuales a esta casa habían pedido comida. Y es que, a lo mejor, alguna agencia, alguna inmobiliaria o tal vez alguna familia había comprado la propiedad y se encontraban remodelándola desde adentro hacia afuera. Esto mismo ya me había pasado otras veces, por lo cual se me hacía algo creíble. Pero claro, al entrar era esta, vimos que me equivocaba por completo. En aquella casa no había nadie a excepción de los muñecos. Algo que se me había olvidado comentar es que en esta casa habían muñecos. Eran unos muñecos de trapo con plástico, eran catrines o vestían como tales, y algunas otras muñecas que venían con vestido tenían el tamaño de una persona normal o sea, eran bastante grandes. Estos muñecos habían sido traídos aquí y no se sabe por quién. Simplemente se sabe que aquí fueron abandonados. Curiosamente, los vecinos, las personas que vivían cerca de esta casa decían que por las noches o por las mañanas, cuando el sol iluminaba un poco, las ventanas de aquella casa se veían sombras, sombras caminando de un lado hacia otro. Y también, curiosamente, cada vez que alguien pasaba decía que la ubicación de los muñecos cambiaba, Es decir, algunas veces había un muñeco observando por la ventana, otras veces sentado en la puerta, otras veces tirado en las escaleras, otras veces no era un muñeco, sino una muñeca. El caso era que siempre aparecían en diferentes formas, en diferentes posiciones. Y si bien esto podía despertar miedo, la razón lógica era que aquella casa simplemente tenía inquilinos y no inquilinos que fueran deseados. Es bien sabido que las casas abandonaban son el lugar perfecto para las personas que no tienen lugar, para aquellas personas que son vagabundos o incluso criminales de menor categoría, y se decía que bueno, en esta casa habitaban algunos. Nunca se les había visto, pero era la única respuesta que tenían para ver a los muñecos posicionados de manera diferente. Cada mañana e incluso cada noche. Ellos creían que estas personas los movían intencionalmente para alimentar la leyenda, por así decirlo, de que esta casa estaba embrujada. Nosotros entramos y vimos algunos muñecos posicionados de alguna forma curiosa, por decirlo de alguna manera. Pero lo que más nos llamó la atención es que, enfrente de nosotros había un muñeco sentado en una mecedora, una mesa dura vieja y además de esto, el muñeco estaba observando hacia la puerta, por lo que fue lo primero que vimos cuando la abrimos de alguna extraña manera y nos supimos muy bien por qué decidimos caminar, caminamos y caminamos hacia este muñeco cuando de pronto y de la nada algo explotó. Era uno de estos cohetes popularmente llamados martillos. Uno de estos había sido colocado abajo de la mecedora de tal manera que no lo pudiéramos ver. Este cohete llevaba una mecha muy larga casi casi que de minutos y al momento de tronar, obviamente nos asustamos tanto, así que a mí se me cayó la comida y nuestro amigo se cayó. Gritamos del susto Y cuál es nuestra sorpresa que de entre las sombras de la casa salen mis primitos, aquellos niños de trece, catorce y quince años riéndose a carcajadas de nosotros. Ellos habían puesto al muñeco ahí, ellos habían llamado con mis padres para que yo fuera hasta aquella casa, y ellos también habían colocado aquel cohete. Todo se trataba solamente de una broma. Obviamente, yo me enojé al igual que mi amigo y mi primo y uno para cada uno. Comenzamos a perseguirlos, mientras que estos niños iban riendo y corriendo más rápido que nosotros. Yo seguía uno de ellos. Este corrió y subió la escalera al segundo piso, cuando finalmente lo atrapé y estaba dispuesto a regresarle el susto. En ese momento, los dos nos quedamos totalmente petrificados. Y es que yo lo había atrapado en una de las habitaciones de la casa. Lo tenía en el piso y lo tenía inmovilizado. Pero en ese momento mi primito empieza a ver algo y yo también volteo. Uno de esos muñecos de trapo se encontraba parado en la puerta del cuarto, parado erguido como si se tratara de una persona. A ver les explico esto no puede ser ya que los muñecos están hechos de algodón, de harapos y de plástico, pero solamente sus cabezas y sus manos y sus pies. El demás cuerpo está hecho de harapos, por lo que este tipo de muñecos no se pueden sostener en pie por sí solos. Pero a pesar de esto, ese muñeco se encontraba allí erguido parado con aquella tétrica cara de plástico. Observándonos en ese momento, levanté a mi primo y le dije ya basta de bromas, quién es el que está ahí. Si bien sentí miedo mi cerebro, rápidamente me dijo que esto era una broma que de seguro había alguien más involucrado, que alguien más había vestido de muñeco. Pero mi primito también estaba igual de asustado. Incluso me abrazaba fuerte a mí diciéndome que él no, que él no lo había hecho, que no había nadie más ahí, que ellos solamente habían puesto el cueta, ya habían llamado, pero solamente eso no tenía ni la más remota idea de que era lo que sostenía aquel muñeco enfrente de nosotros, cuando estábamos dando pasos hacia atrás, observando que la ventana estaba abierta y no tenía barrotes. Escuchamos como claramente nuestros primos abajo en el primer piso empezaron a gritar de una manera descomunal. Estaban aterrados por completo. Tan solo al mirar la ventana vimos cómo estos iban huyendo del sitio. Estaban corriendo a nosotros. No nos quedó de otra. Salimos por la ventana. Primero salí yo y casi de inmediato salió mi primo. Él era menor que yo y, por lo tanto, no podía saltar desde aquella altura. Primero salté yo y lo esperé abajo y él saltó inmediatamente a mis brazos. Obviamente, yo, al tener diecisiete años, no tenía mucha fuerza y nos caímos juntos, pero al menos yo amortigué la caída. Una vez que nos levantamos, empezamos a correr y para nuestro otra desgracia, ya no estaban las motos. Se las habían llevado los demás, pero créanme que no nos hicieron. Falta el terror que teníamos bastaba y sobraba para que ambos corriéramos a la velocidad que lo hiciera una motocicleta. No recuerdo cuándo fue la última vez que corría así de veloz. Parecíamos gacelas en cuestión de unos minutos. Ya habíamos corrido un par de manzanas. Cuando en eso mi primo, Vinny, nos encuentra en una motocicleta no sube de inmediato y nos lleva hasta la casa de mis padres. Una vez ahí todos nos estaban esperando. Todos nosotros vimos lo mismo. A pesar de estar en diferentes pisos. Vimos a esos muñecos moverse a mí y a mi otro primo. No cerró la puerta de salida prácticamente al estar ahí el parado, pero los que estaban abajo ellos dicen que vieron cómo los muñecos se levantaron. Estaban tirados en el piso y otros sentados cuando en eso se van levantando y esto bastó para que ellos salieran corriendo. Uno de ellos dice que vio claramente como uno de estos muñecos los perseguía hasta que salieron de la casa. Esta historia, si bien ya se la contamos a nuestra familia, lo cierto es que no se las contamos en ese mismo instante. Sabíamos que no nos creerían los dos años siguientes, en donde esta casa se mantenía en pie, Los muñecos siguieron apareciendo en diferentes posiciones, sentados, recargándose en algún lugar, tirados en diferentes partes, hasta que finalmente esta casa fue derrumbada y los muñecos, junto con la madera el material, desaparecieron. Una historia de terror que creo que les gustará a ti y a toda tu Comunidad. Una historia de terror que se salió de control por una simple broma de niños. Qué les han parecido estas historias cripta maníacos. No cabe duda que los repartidores a veces viven cosas inexplicables, visitan varios domicilios día con día e inevitablemente alguna vez una por lo menos tienden a vivir una experiencia similar a lo que hemos contado en este vídeo. Espero tus comentarios abajo en la caja. Sin más por decir yo me despido que que tengan buenas noches y unas aterraduras pesadillas