May 23, 2023

ATERRADORES RELATOS DE POLICIAS Y TAXISTAS / COMPILACION DE UN HORA DE HORROR / L.C.E.

ATERRADORES RELATOS DE POLICIAS Y TAXISTAS / COMPILACION DE UN HORA DE HORROR / L.C.E.

Aterradoras historias al volante compartidas de taxistas y experiencias morbidas de oficiales de policia.

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Aterradoras historias al volante compartidas de taxistas y experiencias morbidas de oficiales de policia.

Me encontraba de Rondín como otra noche, cualquiera eran ya horas de la madrugada. Recuerdo que en aquel tiempo tiene un caballo, el cual me ayudaba a hacer el recorrido durante toda la noche. Si se preguntan por qué usaba un caballo y no una patrulla, pues simplemente es porque se trata de los años ochenta. En aquel tiempo no había tanto presupuesto para los policías rurales y pues teníamos que acomplarnos con los caminos que había. Cabe decir que esto no era problema alguno y, a decir verdad, salía más barato tener caballos que patrullas. En aquel momento, recuerdo que mi recurrido lo hacía por alrededor de unas milpas. Este camino era un camino de terracería, pero muy pequeño. Por este no podían transcurrir ni siquiera autos pequeños o carretas simplemente no cabían por aquí, solamente transcurrían personas y caballos. Recorría este camino más que nada, porque era el segundo principal que llegaba hasta el pueblo y así intersección con otros ejidos. Por aquí venían algunas personas que trabajaban por la noche o por la madrugada o para trabajos en otros ranchos. En fin, me encontraba con diversas personas durante la noche y al pasar los años, prácticamente conocía a cada una de estas personas. En fin, es un pueblo pequeño. Ahí todos nos conocemos con todos. Por eso me resultó bastante extraño cuando estaba llegando este puente, este puente de piedra, que debajo de este había un río, pero un río podríamos decirlo no en toda la extensión de la palabra. Es decir no existía una corriente fuerte de agua. Era apenas podríamos decirlo un riachuelo bastante ancho. Lo que sí se podía ver a simple vista es que debajo de este puente, por este riachuelo, habían piedras, diversas piedras, ya sea de la construcción que se había llevado o de otras cosas, pero había piedras muy filosas, muy grandes. Básicamente era lo que llamaba mucho la atención sobre todo de día, pero aquella noche esto presentó una verdadera pesadilla para mí. Estaba llegando, como todas las madrugadas, cerca de las dos de la mañana, a este puente y con lo que me encontré en medio de este es que había un joven, un joven de algunos diecisiones de dieciocho años, se alcanzaba a ver por su complexión, por su pelo. Más que nada, yo le calcularía esta edad aproximadamente. Obviamente pensé que era alguien conocido, pero al verlo más de cerca conforme iba pasando, me di cuenta que no conocí a este joven su semblante ni siquiera sus vestiduras. Iba vestido de una forma algo extraña, algo extraña para el lugar donde estaba. Se podría decir que su vestimenta era como una túnica, pero una túnica algo corta, era blanca. Eso sí, y a pesar de que era de noche, pude ver que estaba muy limpia, mientras que este joven mantenía la cabeza hacia abajo mirando hacia el suelo, obviamente por educación, mientras que yo iba pasando le dije buenas noches. Cuando él escuchó esto, levantó su cabeza y vi su cara por completo. El rostro de este joven me pareció muy extraño y terrorífico. Al mismo tiempo, ya que sus ojos eran anormalmente grandes, Eran como si estos fueran dos veces más grandes de los de alguien normal, además de que su boca formaba una sonrisa, una sonrisa igualmente demasiado grande. Esto lo podía ver, a pesar de ser de noche con la luz de la luna. En aquel momento yo no portaba con linterna y es que se los digo como anteriormente, yo ya conocía todos los caminos y pese a que si teníamos linternas, la verdad es que no llevaba sentido a llevarme una. Además, siempre cargaba con mi escopeta y si había uno que otro delincuente, no eran tan tontos como para hacerme frente. Por ende, yo no podía haber facciones muy precisas de este joven. Pero al ponerle más atención, logré ver que lo que yo creía que esos ojos eran demasiado grandes estaba por completo equivocado. Esos ojos eran del tamaño normal de una persona solamente que tenías que ponerle atención a su alrededor y ahí ibas a notar cuál era la diferencia, Y es que este muchacho no tenía párpados, ni los de arriba, ni tampoco la carnita que tenemos debajo habían sido cortados. Y cómo es que lo sé, pues fácilmente porque estaba viendo la sangre que le rodeaba. Esta sangre no era reciente, ya estaba seca y formaba, por así decir, unas lágrimas oscuras escurriendo de sus ojos algo bastante tétrico. Obviamente, esto me espantó y hice que el caballo caminar hacia atrás unos cuantos pasos. Obviamente, después supuse que, a lo mejor este joven necesitaba ayuda. Bajé del caballo y él no pronunciaba ni una sola palabra. Simplemente me estaba observando sosteniendo. Aquella sonrisa, Aquella sonrisa enfermiza para mi mala suerte, este joven, conforme yo me iba acercando. Él se iba acercando también, pero hacia el borde del puente. Continuaba caminando hacia el puente. Yo en ese momento me quise acercar más rápido, pero él fue más rápido que yo y y voluntariamente, él saltó y se tiró. Se me quedó tan grabado el sonido que escuché cuando sonó el estruendo de su cuerpo, cayendo en aquellas rocas y en aquella agua, al asomarme por este. Efectivamente, ahí estaba el cuerpo. El cuerpo estaba inmóvil, a pesar de haber caído al río, el agua no era tan fuerte como para llevárselo. Obviamente, tencre por el cuerpo, pero a pesar de que quería bajar, no podía hacerlo con tanta facilidad. A ambos lados del puente estaban muy empinadas las paredes. Además, no me favorecía en nada en que el puente también no se encontrara en las mejores condiciones. Así que en ese momento subí a mi caballo y fui en búsqueda de un amigo mío. Él también era policía y siempre que salía en sus recorridos, llevaba con él lo que viene siendo uno de esos lazos para la sarbaca y otros diferentes animales que hay en el rancho. Él era ranchero y le gustaba traer mucho ese tipo de lazos. Por suerte, no tardé mucho en encontrarlo. Ambos fuimos cabalgando a paso veloz hasta aquel puente. Una vez que llegamos bajamos, tomamos el cuerpo y de este se cayó, lo que viene siendo un medallón, una medallita como de algunos tres centímetros. Era completamente de oro. Yo la tomé para que no se quedara en el río, así como otras pertenencias del Chico, y lo llevamos a lo que vendría siendo la central. Al día siguiente se dio el aviso. Esperábamos que familiares del Chico ya sea así de ese rancho o de otro, de otro cercano, de por ahí aparecieran en lo que vendría siendo los primeros tres días, los primeros cuatro días, pero una inapareció por obvias razones. El cuerpo no se podía quedar ahí. Ya empezaba, pues, a descomponerse y se tuvieron que tomar las decisiones de ya enterrarlo. Para ser honesto, no recuerdo muy bien en dónde fue que lo enterraron. Simplemente sé que lo sepultaron y después pusieron una cruz en su honor en aquel puente, básicamente para que otras personas tuvieran cuidado, ya que toda la noticia se manejó como que se había caído, aunque claramente eso no pasó. Yo vi todo aquel joven se había ventado voluntariamente enfrente de mí. Los días pasaron cada vez más y cada vez más y yo, sin haberme percatado, porque lo digo en serio, yo no soy ratero ni acostumbro a tomar cosas, pues que no son mías. Pero no sé cómo aquel medallón llegó hasta el o bolsillo de mi pantalón. Yo quiero creer que cuando estábamos sacando a aquel muchacho, yo me lo metí al pantalón y pues se me olvidó que yo lo traía ahí hasta que mi esposa, mientras lavaba un uniforme, me preguntó qué era. Eso me lo mostró y yo lo reconocí al instante, pero lo que más me llamó la atención de este medallón era lo que traía grabado en él. No era una inscripción, ni nada de eso, pero de un solo lado no traía nada y por el otro lado traían la figura de una calavera, una calavera formada con su túnica también y sus ojos. Tenía un extraño dibujo que hasta ahorita, pues la verdad no hay cómo explicarlo, pero podríamos decir que era el dibujo, algo parecido a un alacrán muy pero muy diminuto entre sus ojos. Lo que se me vino a la mente en aquel momento es que, a lo mejor, este medallón era de la Santa muerte. Yo conocí a personas que le eran devotas. Entonces por mera cursidad, fui con estas personas y les pregunté sí, efectivamente, este medallón era de la Santa muerte. Ellos lo miraron y pese a que tenía un parecido, pues prácticamente era una calavera, me dijeron que no, que jamás lo habían visto y que, si bien sí era una calavera, no se parecía a la Santa su túnica para nada era parecida y además estaba dibujada de una forma muy extraña. Yo me quedé con este medallón más que nada, porque pensé que me iba a servir para empeñarlo. Mi plan no era quedarme con él para siempre, pero claro, llevarlo a mi casa. Tenerlo ahí un día y una noche completa fue el peor error que pude haber cometido, pues este joven, este niño diecisiete años, empezó a aparecer en mi casa, pero no lo vi yo. Lo empezaron a ver mis hijas y también mi mujer, mis hijas me empezaron a decir que veían un hombre, un hombre parado en la esquina de su cuarto observándolas durante la noche. Este hombre tenía unos ojos feos, según ellas, unos ojos grandes y una sonrisa que jamás la borraba. Siempre la mantenía mientras las observaba durante toda la noche. Obviamente, mi esposa esto en un principio no me lo dijo porque pensó que eran pesadillas, hasta que también ella empezó a ver a este ente. En ese momento, mi esposa me dijo que quería bendecir la casa porque pensó que, a lo mejor, un espíritu se había metido ahí. Pero yo sabía la verdad. Yo reconocía todas las facciones que mi familia me estaba diciendo. Reconocía la apariencia de aquel adolescente. Busqué el medallón y lo tiré en una milpa, pero para mi desgracia, esto no fue suficiente. Ellas continuaban viendo este hombre y pese a que yo no lo veía, yo jamás lo vi en mi casa. No dudaba ni un solo segundo en las palabras de mis hijas y en la palabra de mi esposa, ya que yo siempre mantengo todo lo relacionado al trabajo fuera de mi casa. Ellas sabían que había encontrado un cuerpo, pero no sabía cómo es que lo había encontrado. Tampoco con la noticia se había especificado como era que lucía esta adolescente. Por ende, ellas no sabían que este adolescente lucía con los párpados arrancados y con esa sonrisa terrorífica, incluso postrado ya sin vida, mantenía aquella sonrisa. Yo me encontraba totalmente desesperado. Volví a aquella milpa. Traté de buscar aquel medallón, ya que las apariciones no cesaban, a pesar de que la casa fue bendita más de tres veces. Aquel lente simplemente no se iba. Por suerte. Una tarde, buscando en aquella milpa encontré de nueva cuenta aquel medallón, me lo llevé y fui hasta aquel puente y mirando la cruz de aquel muchacho le dije mira, yo no te quise robar. No sé cómo esto llegó a mi pantalón. Tampoco sé dónde estás enterrado, pero por favor, deja tranquila a mi familia. Aquí está tu medallón y lo voy a poner donde se tuvo que haber quedado en aquel río, porque si yo no lo hubiera sacado, simplemente ahí se hubiera quedado. Lancé el medallón a aquel río, justo en el lugar donde el cuerpo había caído. Volví a mi casa esperando lo mejor y para bien de todo las apariciones dejaron de suceder. Fue en aquel momento, en aquella ocasión, que aprendí a la mala que en lo me debo de quedar con cosas de los difuntos. En esta ocasión les quiero contar una experiencia. Mientras estuve trabajando como policía en la ya extinta policía federal. Esto me sucedió en Yucatán, muy cercano a mérida, en los años de los dos mil. Estaba siendo creada una fábrica perdonen si no recuerdo muy bien sobre qué, pero a grandes rasgos, era una fábrica donde tenían, pues, ciertas cosas con químicos. Esto quiere decir que era una planta. Podríamos decirlo algo peligrosa. Todavía estaba en construcción y estaba a un lado de la carretera federal. Por obvias razones y debido a que también estaban construyendo una carretera que fuera ésta. De vez en cuando había uno que otro accidente, tanto afuera como dentro de la planta, llamaron a la policía federal más que nada para que mantuviera orden en lo que viene siendo la carretera y el acceso a la planta. Habían ocurrido dos incidentes y, obviamente, no querían que se repitiera. Uno de estos incidentes había sido un robo. Algunos delincuentes que creyeron que al entrar encontrarían pues herramienta que pudieran vender. Después les vuelvo a repetir. Esta fábrica no estaba construida aún al cien por ciento, por lo que tenía ciertas partes en donde se podían colar. Y pues motivo de esto, uno de estos delincuentes que entró pues perdió la vida en el hospital tan debido a ciertos químicos que inhaló. En fin, todo esto pasó antes de que yo llegara ya. Al llegar me contaron todo lo que había pasado a grandes rasgos. Lo que hacía la policía federal o la única patrulla que era la de nosotros que se encontraba ahí era de cerciorarse de que, pues todo transcurriera con normalidad. Recuerdo que solamente éramos tres elementos y nos ubicábamos a las afueras de esta planta. Mantuvimos el trabajo en orden, al menos durante las tres primeras semanas. Pero en este punto tengo que hacer un comentario, y es que tanto el primer día que llegué como durante las primeras tres semanas de trabajo que estuve allí había un hombre. No estoy seguro de que, puesto desempeñaría en la fábrica, pero se notaba que era muy religioso. Después me enteré que era lo que hacía ahí dentro de la fábrica, es que cuando llegamos, este hombre nos recibió y antes de que cayera la noche, antes de subir al autobús, antes de guirse, siempre venía con nosotros en compañía de otros elementos de la fábrica y se despedía de nosotros de forma muy amable y siempre nos persinaba, es decir, no iba de uno por uno, pero sí nos juntaba y nos hacía una cruz con sus manos y pedía por nosotros cada vez que se iba hacia un rezo rápido. Creo que no se tardaba más de un minuto y medio, a final de cuentas, a ninguno de los tres que estábamos en ese momento, pues nos incomodaba los tres éramos católicos Y la verdad, en un trabajo como policía federal, que alguien rece por ti o que te dé algunas plegarias. La verdad es que vienen muy bien. Uno nunca sabe con lo que se va a encontrar en aquel n trabajo. Yo pensé que este hombre lo hacía cuidarnos de los peligros terrenales, pero nada que ver con lo que resultó. En verdad. La razón de aquellos rezos sucedió que en una ocasión este hombre no se presentó a trabajar. No sé si había tenido un accidente, o el caso es que se bien capacitado y esa noche, esa noche y cuatro noches después empezaría lo que para mí vendría a ser mi primer contacto con lo paranormal y es que por la noche recibimos la llamada de radio. Nosotros tenemos un radio y obviamente no capta ninguna frecuencia, así porque sí tiene que ser llamada desde la central o desde otra patrulla para que nosotros podamos recibirla y en aquella ocasión, esta llamada se activó por eso de las dos a tres de la mañana para nuestra sorpresa. Y lo que nos dejó muy confis fundidos es que solamente se escuchaba. Estática, simplemente estática. Desde el otro lado, nosotros respondimos varias veces, pero nadie nos contestaba. La estática duró aproximadamente unos diez minutos. Nadie respondía. Simplemente se escuchaba y después de esos diez minutos empezamos a escuchar lo que vendría siendo la voz de una niña, una niña por medio del radio. Esta niña pedía ayuda, decía una y otra vez ven ven por favor, ayúdame. Ven hacia atrás? Ven hacia atrás? Ayúdame, ayúdame. Obviamente, no lo decía todo de corrido, pero entre pausas se escuchaba. Los tres pusimos atención en esto y a los tres. Puedo decir que en ese momento nos dio miedo. Llamamos a la centrar varias veces, ya que esta llamada se repetía a lo largo de la noche y durante la madrugada. No pasó ni un solo día en que no la escucháramos. Dado que llegó la cuarta noche y de nueva cuenta por el radio, se empezó a escuchar la estática. Yo empecé a poner atención. Esta vez se escuchaba más claro y empecé a hacer memoria. Había unos días en los que esta voz se escuchaba más clara y otras veces más distorsionada, otras veces más alejada. Y es ahí cuando empecé a recordar las posiciones en las que habíamos dejado a la patrulla. Tal vez esto tenía de por medio la señal de esta y fue así como arranqué la patrulla. Uno de mis compañeros ya se encontraba dormido. El otro se encontraba afuera y le mencioné que iba a mover la patrulla un poco hacia atrás. Él me dijo por qué. Yo le empecé a decir que, pues tanteaba más o menos que esta voz iba a poder escuchar mejor si movíamos la patrulla un poco hacia atrás. Él era uno de los que tenía más miedo en ese momento y me dijo pues, haz lo que quieras. A final de cuentas, yo encendí la patrulla, esperé la estática, puse la reversa y fui retrocediendo levemente. Mis sospechas eran claras y resultaron que eran ciertas. Mediante yo iba retrocediendo. Aquella voz se iba aclarando y la estática iba desapareciendo. Obviamente, iba poniendo más atención a la voz casi por completo. Creo que me absorbió aquella voz tenía toda mi atención dentro de la patrulla. Iban mi compañero que se encontraba dormido, que hasta ese momento no se había despertado. Yo iba poniendo la atención a aquella voz. Tanto que no me percate de nada. Continué retrocediendo y continué retrocediendo hasta que escuché un grito, un grito que me sacó de mi trance de inmediato. Voltea hacia enfrente y se trataba de mi otro compañero, el cual me estaba haciendo con señas que parara todo que me detuviera. Yo detuve la patrulla, bajé de esta y lo que vi me dejó simplemente helado la patrulla. Si yo hubiera seguido retrocediendo, hubiera caído por medio de la construcción. Estaban, por obvias razones, haciendo una carretera y habían acumulado toda la arena, toda la grava en el centro a ambos lados habían pendientes y la patrulla estaba a punto de caer en una de estas, una caída de aproximadamente unos diez metros. No sé si hubiera podido sobrevivir, ya que abajo habían árboles, había piedras y si mi compañero no me hubiera detenido, lo más posible es que yo no lo hubiera hecho. Aquella voz de la niña se escuchaba más nítida y clara. Conforme yo retrocedía y eso absorbía toda mi atención. Y eso fue un claro ejemplo de lo que ya no tengo que hacer. Al quinto día. Este extraño hombre que les digo que nos persinaba cada vez que se iba, volvió de nueva cuenta y antes de irse hizo lo propio. Nos persinó, nos dio su oración y sus plegarias y acto seguido se fue aquella noche. Pasó sin novedad alguna, No se escuchó nada ni la estática ni la voz era como si ese rezo. Esas oraciones que decía este hombre surtieran algún tipo de efecto, ya que esa noche y las siguientes fueron muy tranquilas. Yo no me quedé con la duda y cuando tuve oportunidad, fui con este hombre y le pregunté si sabía algo sobre la voz de aquella niña. Yo le platiqué todo lo que nos había pasado y que, curiosamente, que cuando él rezaba por nosotros, aquella voz no se escuchaba en el radio. Él me empezó a decir que no éramos los primeros que nos encontrábamos con esta niña. Algunos trabajadores, algunos guardias de seguridad dentro de la misma planta también la habían escuchado y los que tenían más mala suerte la habían visto columpiándose entre los árboles él lo sabe muy bien cómo es que esta niña llegó hasta ahí, pero cree que a lo mejor es debido a algunas familias o algún almita que perdió la vida ahí y que pues prácticamente no ha encontrado la luz. Pero que cuando reza, cuando todos rezan, obviamente el hombre dice que no puede ir de obrero en obrero, diciendo que todos recen, así que simplemente pide por ellos. El resultaba ser el gerente de uno de los departamentos de la empresa y había descubierto que solamente de esa manera era como esta niña los dejaba tranquilos en lo que estuvo en ese puesto y lo agarré como un buen hábito. Empezaba a rezar cada vez que comenzaba mi trabajo más que nada para prevenir ciertas circunstancias como esta. También pido por el alma de aquella niña. Ojalá que algún día encuentre la luz. Pero lo que también me resulta terrorífico de esto es que, si bien es el alma de una niña con sus acciones o más que nada las acciones que tuvo conmigo, me hace dudar de que sea una alma bondadosa, ya que cuando me estaba llamando por la radio, ella quería que fuera hacia atrás y quisiguiera si yo lo hubiera hecho caso, quién sabe si ahora estuviera contando esta historia porque hubiera caído por la pendiente. Lo que me hace pensar bastante si es en realidad el alma de una niña que no puede descansar o en realidad es otra cosa, otra cosa que, de forma consciente y adrede, causa accidentes. Si eso es así, entonces no es un espíritu bondadoso no es el espíritu de una niña. Es un espíritu malicioso que únicamente hace esto para hacer el mal. Esto ocurrió en el año dos mil seis. En aquel tiempo, yo estaba comenzando a trabajar como taxista. Había renunciado a mi anterior empleo, había logrado juntar para comprar tres autos. Dos de sus autos los había puesto a trabajar como taxis y había dejado el tercero para trabajar. De vez en cuando me acababa de casar y en fin quería más tiempo para pasar con mi familia. Por ende, al estar mayor tiempo en casa, empezó acompañar a mi familia, a mi esposa, a varias actividades, entre estas, obviamente, estaba en la iglesia en los domingos y de vez en cuando los sábados, cuando los niños tienen catecismo. Debido a que me volví cada vez más cercano a la iglesia empecé a tener conocidos entre ellos, pues fueron los sacerdotes, las monjas y demás personas que frecuentaban mucho la iglesia. Eran personas muy religiosas a grandes rasgos. Como les dije anteriormente, yo no andaba en la carretera buscando pasaje. Yo simplemente tenía clientes fijos y de vez en cuando llegaba uno nuevo, debido a que estaba tan cercano a la iglesia, empecé a mover a las monjas, a los sacerdotes y de más personal. Cuando un diciembre y bien lo recuerdo, llegó este sacerdote. Pero lo curioso de este sacerdote es que yo lo veía, pero no daba misa, Simplemente estaba a un lado. Se presentó con todos los de la parroquia, pero él simplemente estaba a un lado. Jamás dama misa, jamás daba catecismo, Era como si él hubiera llegado, pero Para otra cosa, tengo que decir que este sacerdote no era mexicano, era europeo. No sé de qué parte de Europa, pero era del continente europeo. Se notaba en sus rasgos y se notaba también en su forma de hablar. Más temprano que tarde, debido a mis contactos una noche, cuando estaba en mi casa, este sacerdote me llamó. Él me preguntó si lo podía llevar a un domicilio que estaba relativamente cercano a la capilla. Yo le dije que sí, que con todo gusto fui por ir a la parroquia y lo llevé hasta una casa, una casa que se me hacía muy familiar. Era la casa de una familia que era muy devota a la iglesia. Era una de esas familias que también son pudientes, pero también muy religiosas. Lo curioso es que se me vino a la mente que yo no había visto a esa familia últimamente en la iglesia, los que vamos casi todos los fines de semana empezamos a distinguir a las personas que siempre van e incluso platicamos con ellas. Esta familia era una de ellas y, curiosamente, en los últimos meses no habían ido ningún integrante. Yo no soy una persona que se meta en asuntos que la verdad no le conciernen. Entonces yo simplemente me limité a llevarlo y no le pregunté nada acerca de esta familia. Lo curioso empieza es que a la noche siguiente, de nueva cuenta, me pide este sacerdote que lo lleve a esta misma casa. Yo cumplí. Lo llevé nuevamente y por un periodo, podríamos decirlo de algunos nueve o diez meses, casi el año completo llegué este sacerdote. Podríamos decirlo y si la memoria no me falla algunas cuatro o cinco veces a la semana a este mismo domicilio. Era raro cuando no me llamaba, debido a que pasó el tiempo y mi amistad con el sacerdote crecía. Le llegué a preguntar ya en los últimos meses que porque esa familia ya no había ido y se habían tenido algún problema, ya que el sacerdote iba casi diario. Él me dijo que no lo podía decir, pero que tal vez pronto yo me daría cuenta y a decir verdad, ojalá jamás me hubiera enterado. Es algo que tengo que cargar en mi mente y va a ser muy difícil olvidarlo. Esto comenzó una noche que él me llamó. Él me dijo que se pudiera la parroquia. Yo pensé que de nueva cuenta quería que lo llevara a esta casa y sí, a grandes rasgos. Era lo mismo, pero antes de llevarlo, quería platicar conmigo, quería darme un trabajo, Quería que fuera su taxista durante toda esta semana que venía y también tenía que decirme ciertas reglas que yo tenía que seguir. Yo en este momento le puse una cara de extrañado, es decir, yo pensé que solamente lo iba a llevar. Él me dijo que sí. Podríamos decir que solamente era ese el trabajo, pero que en la casa de esta familia estaba pasando algo muy malo y quería un transportista, un taxista de confianza más que nada, un taxista que tuviera mucha fe en lo que cree, que creyera en Dios, que supiera rezar y más que nada, que tuviera ahora sí, sus creencias bien cimientadas. En este punto. Yo hice una pausa. Le dije que sí, que era católico, que creía en Dios que me sabía todos los rezos, pero que quería que me explicara un poco más qué era lo que estaba pasando. Él simplemente se metió su mano en su túnica, sacó unos billetes que para ese momento era mucho dinero, Era demasiado dinero. Yo le dije que no lo podía aceptar simplemente por una semana de trabajo. Es que es que no podía aceptar eso. Él me dijo que no había problema y que ese era el pago más que nada, porque mis servicios los iba a solicitar durante toda la noche y la madrugada. Me dijo que nos pusiéramos en marcha y por el camino me iba a contar todo. Él comenzó diciéndome que era un sacerdote exorcista, que había estudiado en el Vaticano, que se había preparado y que para la mala suerte de aquella familia, a la hija más grande de unos quince años había sido poseída por un demonio y, obviamente, al escuchar esto, se me empezó a poner China la piel. Me dijo que su asistencia o su presencia ya con esta familia ya era el último recurso que se estaba tomando. La chica ya había pasado por psiquiatras, por doctores, por la medicina en general, pero nadie le había podido ayudar hasta ahora. Se pidió la intervención del sacerdote por orden del Vaticano, después de ya haber confirmado hace un año y medio que era una posesión. Este sacerdote había llevado trabajando con esta hecha desde que vino. Prácticamente este exorcismo llevaba ocho a diez meses la chica en ese estado. Yo le pregunté si es que tardaban más, por qué demoraban tanto si ya tenían el permiso del Vaticano, El sacerdote me contestó que no todos los exorcismos son iguales. Algunos llevan días, semanas, meses o incluso años. Son tan volátiles que no se sabe cuánto van a tardar. Él me dijo simplemente al llegar que me colocaran rosario en el cuello, el cual él me proporcionó. Me dijo que estaba bendito y que se escuchaba algo raro, que no prestara atención que simplemente me mantuviera dentro del taxi. Se me ha olvidado de decir que los carros que había sacado de aquella empresa no eran carros por así decirlo normales. Eran tipo van es decir, le cabían cerca de algunas siete personas. Eran taxis grandes, los tres carros más que nada. También por eso me quería el sacerdote, ya que sabía muy bien que tal vez alguna noche tenían que transportarla a ella en esas condiciones y, por desgracia, me tocó a mí tener que transportarla. Ese mismo día, recuerdo que sacaron a la chica. Parecía totalmente dormida. Yo, al verla como la pusieron en los asientos, me sorprendí, Es decir, la chica se miraba desgastada. Era como si hubiera adelgazado algunos diez kilos. Se notaba demacrada y profundamente dormida. Eran cerca de las dos de la mañana y el sacerdote me dijo que los llevara a la capilla. Yo obedecí arranqué el taxi y me puse en marcha. Al momento me or sorprendí, ya que vi que él no era el único sacerdote que se encontraba. Ahí. Había varios. Se metieron cuatro y una monja dentro de mi taxi. Todos ellos iban tocando la chica mientras rezaban. Parecía una escena completamente salida de una película de terror, El sacerdote exorcista iba a un lado de mí. Me dijo que mantuviera mi mirada frente a la carretera, que mantuviera mi atención frente a la carretera en todo momento, pero que eso sí, que estuviera rezando el credo. Junto con él, ambos empezamos al mismo tiempo, íbamos casi incluso a la misma velocidad rezando. Cuando en eso empiezo a escuchar unos gritos, unos gritos desgarradores que vienen desde atrás, yo me empecé a asustar bastante esos gritos provenían de aquella chica. Los los los gris eran tan desgarradores, eran tan aterradores y tan fuertes que incluso me volvieron sordo por un momento, e incluso creía que las cuerdas vocales de aquella chica iban a reventar sus pulmones. Estaban esforzando bastante pero cuando voltea a ver el retrovisor, se podría decir que me aterré todavía aún más de lo que ya estaba. Y es que por el retrovisor pude ver que la chica venía completamente dormida, es decir, ella no estaba gritando o, si lo hacía, lo estaba haciendo con la boca cerrada. Y eso es prácticamente imposible. Y ahora, antes de que ustedes saquen sus propias seducciones, cuando llegué a mi casa, yo empecé a hacer ejercicios o sea, intentar gritar con la boca cerrada. Obviamente se puede, pero el sonido no es igual a como si tuvieras la boca abierta. Aquel sonido era un grito, un grito desgarrador, como el de una mujer junto con la voz de un hombre. Era una voz totalmente extraña. Obviamente, esto me empezó como a distraer un poco. Tenía mucho miedo. Lo sabía muy bien cómo actuar en ese tipo de ocasiones y debido al miedo a la ansiedad que tenía en ese momento, empecé a dejar de rezar y solamente miraba aquella chica por medio del retrovisor y en una de esas vistas, cuando alejé la mirada del camino y luego la volví a poner sobre el camino. Enfrente de mí, se me apareció un hombre. O se puede decir que quería aparentar la silueta de un hombre. Sus piernas eran muy largas. Sus manos eran también demasiado largas. Sus piernas eran elevadas casi hasta el pecho de una persona. Sus manos eran largas y extendidas hasta llegar casi al piso. Era un ser completamente deforme, podríamos decirlo, y en su cabeza salían a relucir un par de cuernos que se podían ver con la luz de mi taxi. Este hombre se paró enfrente de mí y yo. Lo que hice fue dar un volantazo, alcanzar a esquivarlo y después volver a la carretera. Obviamente, por este movimiento todos se movieron. El sacerdote me tomó del hombre y me dijo no dejes de rezar pon atención al camino, no mires ni una otra cosa. Solamente reza y preocúpate por llevarnos hasta la capilla. Yo me enfoqué en eso iba rezando y conduciendo, rezando y conduciendo hasta que, por fin y a pesar de que se me hizo un viaje eterno, pude llegar a la capilla. Pero esto, para mi desgracia, no acabaría ahí. Dos sacerdotes se bajaron y fueron a preparar unas cosas en la capilla. El otro sacerdote, el exorcista, me miró y después me dijo Sé que es mucho lo que te voy a pedir, pero, por favor, solamente por esta vez ayúdanos a bajar aquella muchacha y meterla en la capilla. Por favor, yo solamente lo miré con ojos de que por qué me estás pidiendo eso. Yo no quería, yo no quería hacerlo, pero a final de cuentas, lo terminé haciendo. Bajamos aquella muchacha y mientras lo hacíamos, recuerdo muy bien una voz que provenía desde ella, desde dentro de ella. Vuelvo a decirlo, la chica iba como que completamente sedada, iba respirando, pero la voz que venía de ella, la voz que me da hablaba, que nos hablaba a todos en conjunto. No sé qué era lo que nos decía, pero era una voz como que femenina y masculina al mismo tiempo, venía como desde su torso, desde su estómago, desde su pecho. Desde ahí provenía aquella voz, no de su boca y puedo decir que los gritos que escuché anteriormente también provenían de ahí. Era como si algo estuviera dentro de ella. Yo simplemente me limité a llevarla y ahí una vez yo me salí. Me salí muy apresurado. Corrí incluso abrí el portón y lo primero que hice al llegar a la banqueta, al llegar con mi taxi, fue vomitar en la banqueta. Tenía muchas emociones encontradas. Estaba muy nervioso. Terminé vomitando. Una vez ahí me subí de nuevo el taxi y esperé órdenes del sacerdote. Obviamente, y aunque no me gusta, era la idea tenía que llevarlos de regreso y podría decirles que la espera de esto era algo mucho peor, ya que no sabía qué era lo que me pasaría en el camino de regreso. Por suerte, el camino de regreso fue totalmente opuesto a lo que vivimos. Cuando íbamos fue de lo más tranquilo sacamos aquella chica la volvieron a poner en medio del taxi y en el camino, aunque algo tenso como que todos preparados para algo que surgiera en el camino íbamos bien fue un transcurso calmado y eso que solamente era el primer día con el que había trabajado con este sacerdote. Todavía quedaban otros cuatro días. Los llevé y regresé a mi casa en la madrugada. Honestamente, me quedé pensando cerca de media hora en la sala de mi casa si en verdad podía con este paquete. No sabía si seguir tomando el trabajo. A final de cuentas, terminé yendo nuevamente al día siguiente, llevé al sacerdote y después, como era mi orden tenía que esperar ahí más que nada. No era porque los iba a transportar siempre, sino es que para cualquier percance querían a alguien de mucha confianza y que también, pues, fuera religioso. Pero esa noche nada pasó. Al menos nadie salió de la casa. Pero lo que sí pude ver es que alrededor de la casa, en el patio, por las ventanas, por la puerta, había niños, niños que me observaban desde adentro hacia afuera. Eran niños de diferentes edades. Tal vez el más menor tenía como cinco años y el mayor tendría algunos días diez o once. Eran como siete niños los que veía caminando de un lado hacia otro por toda la parte de enfrente de la casa. Mirándome yo en ese momento estaba más que aterrado. No sabía muy bien cómo reaccionar. Así que simplemente me limité a mirar hacia enfrente porque podía ver que estos niños tenían los ojos completamente oscuros y hasta era necio preguntarlo, pero muy dentro de mí sabía muy bien que esos niños no eran niños comunes por tres días, que eran los que siguieron Después de aquella noche que había transportado a esta chica. No sucedió nada. Solamente veía a estos niños mirándome desde la casa. Alguna vez me quedé dormido en el taxi y cuando desperté, uno de estos niños se encontraba de frente a mí y después caminó de vuelta y se metió en la casa sin pronunciar ni una sola palabra. Yo continué manteniéndome al margen. Cuando cayó la quinta noche. Aquella quinta noche aproximadamente a las tres de la mañana salió el sacerdote en compañía de una monja. Él me pidió que lo llevara de nueva cuenta a la parroquia. La monja iba llorando y se iba rascando de muchos lados, de sus brazos, de su pecho, de su espalda, mientras que este sacerdote simplemente le decía que, por favor, se calmara, rezaba y rezaba junto con él, hasta que eventualmente la monja pudo tranquilizarse, una vez que todavía íbamos en camino casi llegando a la parroquia, yo le pregunté al sacerdote que si había niños en aquella casa. Le dije verdad que no hay niños, verdad que solamente están ustedes. Él me contestó que no, que solamente estaban ellos y de vez en cuando los padres, pero que los niños menores de la familia habían sido llevados a otra casa más cerca del centro, pero que ahí no se encontraba ningún niño. Y yo le respondí que veían niños alrededor de la casa, en el patio, de vez en cuando, en la banqueta y en otras partes de la casa. Él me dijo que no eran niños, que simplemente son cosas que no les gusta que los estuviera ayudando, pero que no tuviera miedo a grandes rasgos, que ellos a mí no me podían hacer nada, solamente intimidarme, solamente asustarme, por así decirlo, pero que no se podían meter conmigo que eso se los había prohibido mediante algo que había hecho él antes de que yo entrara a esa casa o que estuviera allí enfrente de ella. Los días pasaron y, obviamente, pues el servicio pues se acabó. Yo dejé de ir por este padre y después ya no supe acerca de la familia, por suerte, y me complace decirles que este relato, esta experiencia, termina de una forma buena. A pesar de todo lo sucedido. El padre, que es exorcista de vez en cuando vuelve a la localidad y pues lo he saludado en varias ocasiones, sino que cada cuatro años, cada tres años, pues dice que le gustó mucho México en cuanto a la familia. A la familia la pude ver nuevamente en la iglesia y también pude ver a aquella niña, a aquella chiquilla. Por suerte, al parecer, si lograron sacar a aquel demonio que habitaba en ella. He hablado nuevamente con sus padres, tanto con su madre, con su padre, con sus hermanos. Todos sabemos por lo que pasó ella, todos sabemos lo que la poseyó, pero no hablamos del tema. Es como si quisiéramos sepultarlo. Es un recuerdo que nadie quiere volver a vivir y que en esta ocasión he querido compartirla contigo y con toda tu audiencia. Gracias por los buenos relatos. Espero que les haya gustado mi experiencia hola. Mi nombre es Juan Carlos y quiero contarles una experiencia que me pasó el año pasado, o más bien el antepasado, en dos mil veintiuno. Yo me dedico al trabajo de taxista y en este trabajo llevo laborando aproximadamente más de diez años. A lo largo de todo este tiempo. Es básicamente creíble que me ha pasado de todo desde asaltos hasta otras experiencias un tanto paranormales. Hay algunas a las que en verdad no les encuentro explicación, pero hay otras tantas que sí que las tienen y creo que cuando le encuentras una explicación a algo como esto te causa más terror todavía haberlo vivido tal y como esta experiencia que quiero contarles. Como les dije, llevo ya diez años trabajando en esto y lo que más me ha pasado, desafortunadamente, son ciertos percances con los vivos, es decir, con asaltantes. Me han asaltado mucho en estos diez años. Debido a esto y como cualquier otra persona, es obvio pensar que empecé a tener ciertas actitudes o ciertas cosas que me ayudaban a prevenir que me asaltaran en mi trabajo más primordialmente durante la noche que era cuando esto ocurría. Era muy raro que los asaltantes se subieran o quisieran robar a un taxi por el día o por la mañana. Aunque suene bastante contradictorio, la verdad es que no le puede sacar mucho dinero un taxi. A veces tenemos cien pesos en pura feria, otras veces nos va bien. E incluso tenemos algunos dos mil dos mil quinientos y sin importar cuanto tengamos ellos vacían todo. Tomé ciertas precauciones e instalé dos cámaras de seguridad. Una de ellas apuntaba hacia enfrente. Era la vista que yo tenía al conducir el auto. Esto más que nada ayuda para cuando hay choques, para cuando te chocan o cuando tú chocas o hay un choque enfrente de ti más que nada sirve para sacar quién es el culpable. Y si, efectivamente tú no tuviste nada que ver te, ayuda mucho en esos casos más que nada para personas como yo que se las paso trabajando en la calle. Esto le viene como anillo al dedo. Por otro lado, la otra cámara que tenía. Esa se encontraba puesta en una esquina de la ventana de la parte del pasajero. Era una cámara que tenía un rango amplio de visión. A mí me podía ver, podía ver al pasajero de copiloto y también a los de atrás para que captara mejor las caras o los rostros. Yo le había quitado lo que viene siendo la parte de arriba del asiento, es decir, el respaldo lo tenía. Se podían recargar, pero la cabeza, a la parte de donde respalda su cabeza, esa la había quitado más que nada, para que también la cámara pudiera captar sin ningún problema las tres personas que tuviera atrás. Si, en dado caso se me llenara el taxi en aquella noche fueron tres muchachos los que me hicieron la parada en el centro en la zona céntrica. Los trece subieron eran dos muchachos y una chica. Estos dos muchachos eran jóvenes. Tendrían algunos veintitantos, unos veintidós, veintitrés años. La que se veía más jovencita era la muchacha con algunos tal vez unos, diecinueve, dieciocho años y se veía que venía en un Estado algo inconveniente, es decir, se notaba como que iba hacia un lado, iba hacia el otro, como que venía con copas de más o incluso con sustancias consumidas. Los que se notaban que venían bien eran aquellos dos muchachos, ellos, si no tenían ninguna actitud rara, empezamos el viaje. Ellos me dijeron con señas que iban a las afueras, a las afueras de lo que viene siendo el centro cerca de las autopistas. Obviamente, la carrera iba a ser algo larga, pero ellos dijeron que el dinero no era ningún problema. Yo listo, comencé mi viaje y por el camino. Escucho a la Señorita preguntarle a estos hombres si es que la van a llevar a su casa. Estos hombres le repiten que sí, que no se preocupe que lla van en camino con más amigos y esta les contesta. No es que yo ya me quiero ir para mi casa. Estaban en esta pequeña discusión y yo haciendo memoria. En aquella parte que está lejana a todas las localidades, todas las colonias, no hay ninguna casa, es decir, es territorio industrial, hay empresas, hay industria, pero no hay casas, No hay localidades a donde la llevaban. Era cualquier otro lugar, pero no era la casa donde vivía esta chica. Eso se podía notar más que nada en su vestimenta. La chica no era de bajos recursos como para creer, como para creer que viviera en algún lugar remoto se podía ver que iba bien vestida, por lo que aquí las alertas se me empezaron a prender. Empecé a poner más atención a ellos y ellos lo pudieron notar, ya que cada vez que veía por el retrovisor o encontraba cualquier excusa para voltear la cabeza, estos chicos me miraban fijamente, mientras que la chica iba adormecida. A veces dormía, a veces se despertaba súbitamente, otra vez se dormía. Obviamente, estaba en un predicamento. Quiero decirles que ya soy un hombre mayor, Tengo sesenta y dos años y pese que aún me conservo bien, yo no soy ningún rival para chicos de veinticinco, veinticuatro años, sobre todo que me sacan estatura como por treinta centímetros. Pero, en definitiva, algo dentro de mí me decía que tenía que hacer algo por aquella chica. Estábamos llegando casi a su destino. Todo estaba desértico, no había banquetas. Simplemente era una autopista y uno de los muchachos me dijo que me detuviera y que los dejara ahí. Yo volteo hacia ambos lados y le digo joven, aquí no hay nada, cómo quiere que los deje aquí. Él me contestó de una forma muy grosera y me aventó el dinero, que a usted no le importe. Aquí bájenos, ya ahí tiene su pago. Obviamente, me había aventado el dinero y aparte de la muchacha no iba en sus cinco sentidos, por lo que empecé a discutir con ellos. Ambos me dijeron que me detuviera ahora y uno de ellos sacó una navaja. No la pude ver, pero si la escuché ese sonido tan ese sonido tan característico cuando se desenfunda. En ese momento me tuve que detener y ellos, al momento de detenerme abrieron la puerta para mí en ese momento y fue mi error. No se me dio la idea como de cerrar con seguros, pero al momento y como mi última estrategia, les quería advertir, les quería intimidar, por así decirlo diciéndoles que dejarán a la muchacha en el taxi, que simplemente ellos se iban a aprovechar de ella y que, si no le dejaban, los iba a denunciar, ya que tenía sus rostros grabados con aquella Cámara. Esta Cámara estaba ligada a lo que viene siendo la pantalla de mi auto que se encontraba en el centro. Yo active esta pantalla con uno de los botones, dirigí la vista hacia la Cámara. Cada vez que lo hacía podía ver en tiempo real lo que estaba viendo la Cámara, lo que estaba grabando en ese momento me corre un escalofrío enorme por todo mi cuerpo, y es que cuando accioné la vista de la Cámara y ellos todavía se encontraban dentro del taxi en la Cámara no se podía ver nada. O más bien, ellos no se podían ver en la Cámara. Yo me veía ahí, Me encontraba sentado. La chica también se podía ver ahí sentada. La Cámara nos estaba captando, pero no los estaba captando. A ellos. Era como si prácticamente ellos no existieran. Ellos no estuvieran ahí con nosotros. Volté tres veces, miré la Cámara y los miré a ellos después. Otra vez miré a la Cámara y los volví a ver a ellos. Después me quedé mirando fijamente la pantalla hasta que sentí la mano de uno de ellos. Tocarme el hombro y con una voz burlesca me dijo. Tal parece ser que no nos tienes. En ese momento volteé y la expresión de la cara de este muchacho había cambiado. Sus venas se podían ver eran más relucientes. Estas rodeaban sus ojos y sus ojos ahora habían cambiado. Eran unos ojos completamente oscuros, como si dentro de estos no hubiera nada. Yo estaba petrificado. Aquellos muchachos salieron y con ellos sacaron aquella muchacha me estaban sonriendo. Sonreían mientras se alejaban y se introducían en lo profundo de los árboles. Yo arranqué mi taxi y fui de inmediatamente con la policía. Les conté lo que había pasado. Por alguna extraña razón. Cuando llegué y quise mostrar en las grabaciones, la Cámara de Seguridad me presentaba un error. No podía cargar las grabaciones a mi celular. Era como si prácticamente la grabación no la pudiera ver más allá de mi pantalla. Yo las quería cargar a mi celular. Este tipo de cámaras tienen una memoria muy limitada. Están grabando todo el día en mil ochenta p Ya saben unas cámaras más más actualizadas, pero vienen con un cierto error, con un cierto detalle, Y es que si durante veinticuatro horas grabaste y hay algo que te interesa, tienes que sacar esa parte del vídeo, sacarla de la grabación y después pasarla a tu celular mediante el cable de UCB. O una memoria, ya que si nos pasas esa grabación, la Cámara va a seguir grabando y, por ende, la Cámara va borrando los archivos para seguir grabando para que haiga más espacio. Es automatizada. Hace que tenía simplemente unas horas. Eso bastaba básicamente pero por alguna extraña razón esta grabación jamás se quiso pasar a mi celular. Probé con una memoria USB, pero tampoco simplemente en el tiempo exacto. Esta Cámara me botaba error negándose por completo a compartirme aquellas imágenes. Los policías vinieron, vieron la grabación desde la pantalla del auto, pero no se veía nadie, por más de que yo les juraba y perjuraba que ahí venían los dos muchachos en la grabación. Simplemente se veía aquella chica sentada en los asientos traseros completamente sola hasta que ella bajó del taxi. No se le pudo dar más vueltas al asunto. Simplemente aquellos jóvenes no se pudieron encontrar. Pero esto no termina aquí, ya que pasaron los días y para mi mala suerte, un olor a sangre, un olor a óxido de la cabina de mi taxi y lo curioso es que nadie o o o podía oler este olor a sangre que yo olía. Yo limpiaba diariamente mi taxing le metieron matizante, pero nada de esto funcionaba. Aspiraba un olor a sangre dentro muy penetrante y era el único que podía oleerlo. En una de estas ocasiones que yo me encontraba solo dentro del taxi buscando pasaje, se me ocurrió poner la vista de la Cámara y ese fue un grave error. Ahora sí, se podían ver que iban sentados mirándome fijamente. Mientras conducía, yo volteé de inmediato, pero estos muchachos no se encontraban en los asientos. Solamente la Cámara podía captarlos, pero ahora yo no podía captarlos a ellos. Esto se fue repitiendo cada vez más y cada vez más y cada vez más hasta que llegó el día en que no pudo soportarlo. Tuve que vender el taxig el olor a sangre y el saber que siempre iba acompañado. Simplemente no podía trabajar tranquilo. Así no me sentía seguro al ir conduciendo o de venderlo y con el dinero ahorré tantito y puse una misselánea. Me alejé de las carreteras por completo. Ya no quería vivir nada de eso. Después de esto me hace pensar. Creo que las personas que dicen que las cámaras pueden captar ciertas cosas o captar fantasmas, captar espíritus con esto que me pasó. Yo pienso que es lo contrario. Pienso que ellos se manifiestan cuando quieren, donde quieren y a quién quieren.