ATERRADORES RELATOS DE POLICIAS Y TAXISTAS / COMPILACION DE UN HORA DE HORROR / L.C.E.

Aterradoras historias al volante compartidas de taxistas y experiencias morbidas de oficiales de policia.
Me encontraba de RondÃn como otra noche, cualquiera eran ya horas de la madrugada. Recuerdo que en aquel tiempo tiene un caballo, el cual me ayudaba a hacer el recorrido durante toda la noche. Si se preguntan por qué usaba un caballo y no una patrulla, pues simplemente es porque se trata de los años ochenta. En aquel tiempo no habÃa tanto presupuesto para los policÃas rurales y pues tenÃamos que acomplarnos con los caminos que habÃa. Cabe decir que esto no era problema alguno y, a decir verdad, salÃa más barato tener caballos que patrullas. En aquel momento, recuerdo que mi recurrido lo hacÃa por alrededor de unas milpas. Este camino era un camino de terracerÃa, pero muy pequeño. Por este no podÃan transcurrir ni siquiera autos pequeños o carretas simplemente no cabÃan por aquÃ, solamente transcurrÃan personas y caballos. RecorrÃa este camino más que nada, porque era el segundo principal que llegaba hasta el pueblo y asà intersección con otros ejidos. Por aquà venÃan algunas personas que trabajaban por la noche o por la madrugada o para trabajos en otros ranchos. En fin, me encontraba con diversas personas durante la noche y al pasar los años, prácticamente conocÃa a cada una de estas personas. En fin, es un pueblo pequeño. Ahà todos nos conocemos con todos. Por eso me resultó bastante extraño cuando estaba llegando este puente, este puente de piedra, que debajo de este habÃa un rÃo, pero un rÃo podrÃamos decirlo no en toda la extensión de la palabra. Es decir no existÃa una corriente fuerte de agua. Era apenas podrÃamos decirlo un riachuelo bastante ancho. Lo que sà se podÃa ver a simple vista es que debajo de este puente, por este riachuelo, habÃan piedras, diversas piedras, ya sea de la construcción que se habÃa llevado o de otras cosas, pero habÃa piedras muy filosas, muy grandes. Básicamente era lo que llamaba mucho la atención sobre todo de dÃa, pero aquella noche esto presentó una verdadera pesadilla para mÃ. Estaba llegando, como todas las madrugadas, cerca de las dos de la mañana, a este puente y con lo que me encontré en medio de este es que habÃa un joven, un joven de algunos diecisiones de dieciocho años, se alcanzaba a ver por su complexión, por su pelo. Más que nada, yo le calcularÃa esta edad aproximadamente. Obviamente pensé que era alguien conocido, pero al verlo más de cerca conforme iba pasando, me di cuenta que no conocà a este joven su semblante ni siquiera sus vestiduras. Iba vestido de una forma algo extraña, algo extraña para el lugar donde estaba. Se podrÃa decir que su vestimenta era como una túnica, pero una túnica algo corta, era blanca. Eso sÃ, y a pesar de que era de noche, pude ver que estaba muy limpia, mientras que este joven mantenÃa la cabeza hacia abajo mirando hacia el suelo, obviamente por educación, mientras que yo iba pasando le dije buenas noches. Cuando él escuchó esto, levantó su cabeza y vi su cara por completo. El rostro de este joven me pareció muy extraño y terrorÃfico. Al mismo tiempo, ya que sus ojos eran anormalmente grandes, Eran como si estos fueran dos veces más grandes de los de alguien normal, además de que su boca formaba una sonrisa, una sonrisa igualmente demasiado grande. Esto lo podÃa ver, a pesar de ser de noche con la luz de la luna. En aquel momento yo no portaba con linterna y es que se los digo como anteriormente, yo ya conocÃa todos los caminos y pese a que si tenÃamos linternas, la verdad es que no llevaba sentido a llevarme una. Además, siempre cargaba con mi escopeta y si habÃa uno que otro delincuente, no eran tan tontos como para hacerme frente. Por ende, yo no podÃa haber facciones muy precisas de este joven. Pero al ponerle más atención, logré ver que lo que yo creÃa que esos ojos eran demasiado grandes estaba por completo equivocado. Esos ojos eran del tamaño normal de una persona solamente que tenÃas que ponerle atención a su alrededor y ahà ibas a notar cuál era la diferencia, Y es que este muchacho no tenÃa párpados, ni los de arriba, ni tampoco la carnita que tenemos debajo habÃan sido cortados. Y cómo es que lo sé, pues fácilmente porque estaba viendo la sangre que le rodeaba. Esta sangre no era reciente, ya estaba seca y formaba, por asà decir, unas lágrimas oscuras escurriendo de sus ojos algo bastante tétrico. Obviamente, esto me espantó y hice que el caballo caminar hacia atrás unos cuantos pasos. Obviamente, después supuse que, a lo mejor este joven necesitaba ayuda. Bajé del caballo y él no pronunciaba ni una sola palabra. Simplemente me estaba observando sosteniendo. Aquella sonrisa, Aquella sonrisa enfermiza para mi mala suerte, este joven, conforme yo me iba acercando. Ãl se iba acercando también, pero hacia el borde del puente. Continuaba caminando hacia el puente. Yo en ese momento me quise acercar más rápido, pero él fue más rápido que yo y y voluntariamente, él saltó y se tiró. Se me quedó tan grabado el sonido que escuché cuando sonó el estruendo de su cuerpo, cayendo en aquellas rocas y en aquella agua, al asomarme por este. Efectivamente, ahà estaba el cuerpo. El cuerpo estaba inmóvil, a pesar de haber caÃdo al rÃo, el agua no era tan fuerte como para llevárselo. Obviamente, tencre por el cuerpo, pero a pesar de que querÃa bajar, no podÃa hacerlo con tanta facilidad. A ambos lados del puente estaban muy empinadas las paredes. Además, no me favorecÃa en nada en que el puente también no se encontrara en las mejores condiciones. Asà que en ese momento subà a mi caballo y fui en búsqueda de un amigo mÃo. Ãl también era policÃa y siempre que salÃa en sus recorridos, llevaba con él lo que viene siendo uno de esos lazos para la sarbaca y otros diferentes animales que hay en el rancho. Ãl era ranchero y le gustaba traer mucho ese tipo de lazos. Por suerte, no tardé mucho en encontrarlo. Ambos fuimos cabalgando a paso veloz hasta aquel puente. Una vez que llegamos bajamos, tomamos el cuerpo y de este se cayó, lo que viene siendo un medallón, una medallita como de algunos tres centÃmetros. Era completamente de oro. Yo la tomé para que no se quedara en el rÃo, asà como otras pertenencias del Chico, y lo llevamos a lo que vendrÃa siendo la central. Al dÃa siguiente se dio el aviso. Esperábamos que familiares del Chico ya sea asà de ese rancho o de otro, de otro cercano, de por ahà aparecieran en lo que vendrÃa siendo los primeros tres dÃas, los primeros cuatro dÃas, pero una inapareció por obvias razones. El cuerpo no se podÃa quedar ahÃ. Ya empezaba, pues, a descomponerse y se tuvieron que tomar las decisiones de ya enterrarlo. Para ser honesto, no recuerdo muy bien en dónde fue que lo enterraron. Simplemente sé que lo sepultaron y después pusieron una cruz en su honor en aquel puente, básicamente para que otras personas tuvieran cuidado, ya que toda la noticia se manejó como que se habÃa caÃdo, aunque claramente eso no pasó. Yo vi todo aquel joven se habÃa ventado voluntariamente enfrente de mÃ. Los dÃas pasaron cada vez más y cada vez más y yo, sin haberme percatado, porque lo digo en serio, yo no soy ratero ni acostumbro a tomar cosas, pues que no son mÃas. Pero no sé cómo aquel medallón llegó hasta el o bolsillo de mi pantalón. Yo quiero creer que cuando estábamos sacando a aquel muchacho, yo me lo metà al pantalón y pues se me olvidó que yo lo traÃa ahà hasta que mi esposa, mientras lavaba un uniforme, me preguntó qué era. Eso me lo mostró y yo lo reconocà al instante, pero lo que más me llamó la atención de este medallón era lo que traÃa grabado en él. No era una inscripción, ni nada de eso, pero de un solo lado no traÃa nada y por el otro lado traÃan la figura de una calavera, una calavera formada con su túnica también y sus ojos. TenÃa un extraño dibujo que hasta ahorita, pues la verdad no hay cómo explicarlo, pero podrÃamos decir que era el dibujo, algo parecido a un alacrán muy pero muy diminuto entre sus ojos. Lo que se me vino a la mente en aquel momento es que, a lo mejor, este medallón era de la Santa muerte. Yo conocà a personas que le eran devotas. Entonces por mera cursidad, fui con estas personas y les pregunté sÃ, efectivamente, este medallón era de la Santa muerte. Ellos lo miraron y pese a que tenÃa un parecido, pues prácticamente era una calavera, me dijeron que no, que jamás lo habÃan visto y que, si bien sà era una calavera, no se parecÃa a la Santa su túnica para nada era parecida y además estaba dibujada de una forma muy extraña. Yo me quedé con este medallón más que nada, porque pensé que me iba a servir para empeñarlo. Mi plan no era quedarme con él para siempre, pero claro, llevarlo a mi casa. Tenerlo ahà un dÃa y una noche completa fue el peor error que pude haber cometido, pues este joven, este niño diecisiete años, empezó a aparecer en mi casa, pero no lo vi yo. Lo empezaron a ver mis hijas y también mi mujer, mis hijas me empezaron a decir que veÃan un hombre, un hombre parado en la esquina de su cuarto observándolas durante la noche. Este hombre tenÃa unos ojos feos, según ellas, unos ojos grandes y una sonrisa que jamás la borraba. Siempre la mantenÃa mientras las observaba durante toda la noche. Obviamente, mi esposa esto en un principio no me lo dijo porque pensó que eran pesadillas, hasta que también ella empezó a ver a este ente. En ese momento, mi esposa me dijo que querÃa bendecir la casa porque pensó que, a lo mejor, un espÃritu se habÃa metido ahÃ. Pero yo sabÃa la verdad. Yo reconocÃa todas las facciones que mi familia me estaba diciendo. ReconocÃa la apariencia de aquel adolescente. Busqué el medallón y lo tiré en una milpa, pero para mi desgracia, esto no fue suficiente. Ellas continuaban viendo este hombre y pese a que yo no lo veÃa, yo jamás lo vi en mi casa. No dudaba ni un solo segundo en las palabras de mis hijas y en la palabra de mi esposa, ya que yo siempre mantengo todo lo relacionado al trabajo fuera de mi casa. Ellas sabÃan que habÃa encontrado un cuerpo, pero no sabÃa cómo es que lo habÃa encontrado. Tampoco con la noticia se habÃa especificado como era que lucÃa esta adolescente. Por ende, ellas no sabÃan que este adolescente lucÃa con los párpados arrancados y con esa sonrisa terrorÃfica, incluso postrado ya sin vida, mantenÃa aquella sonrisa. Yo me encontraba totalmente desesperado. Volvà a aquella milpa. Traté de buscar aquel medallón, ya que las apariciones no cesaban, a pesar de que la casa fue bendita más de tres veces. Aquel lente simplemente no se iba. Por suerte. Una tarde, buscando en aquella milpa encontré de nueva cuenta aquel medallón, me lo llevé y fui hasta aquel puente y mirando la cruz de aquel muchacho le dije mira, yo no te quise robar. No sé cómo esto llegó a mi pantalón. Tampoco sé dónde estás enterrado, pero por favor, deja tranquila a mi familia. Aquà está tu medallón y lo voy a poner donde se tuvo que haber quedado en aquel rÃo, porque si yo no lo hubiera sacado, simplemente ahà se hubiera quedado. Lancé el medallón a aquel rÃo, justo en el lugar donde el cuerpo habÃa caÃdo. Volvà a mi casa esperando lo mejor y para bien de todo las apariciones dejaron de suceder. Fue en aquel momento, en aquella ocasión, que aprendà a la mala que en lo me debo de quedar con cosas de los difuntos. En esta ocasión les quiero contar una experiencia. Mientras estuve trabajando como policÃa en la ya extinta policÃa federal. Esto me sucedió en Yucatán, muy cercano a mérida, en los años de los dos mil. Estaba siendo creada una fábrica perdonen si no recuerdo muy bien sobre qué, pero a grandes rasgos, era una fábrica donde tenÃan, pues, ciertas cosas con quÃmicos. Esto quiere decir que era una planta. PodrÃamos decirlo algo peligrosa. TodavÃa estaba en construcción y estaba a un lado de la carretera federal. Por obvias razones y debido a que también estaban construyendo una carretera que fuera ésta. De vez en cuando habÃa uno que otro accidente, tanto afuera como dentro de la planta, llamaron a la policÃa federal más que nada para que mantuviera orden en lo que viene siendo la carretera y el acceso a la planta. HabÃan ocurrido dos incidentes y, obviamente, no querÃan que se repitiera. Uno de estos incidentes habÃa sido un robo. Algunos delincuentes que creyeron que al entrar encontrarÃan pues herramienta que pudieran vender. Después les vuelvo a repetir. Esta fábrica no estaba construida aún al cien por ciento, por lo que tenÃa ciertas partes en donde se podÃan colar. Y pues motivo de esto, uno de estos delincuentes que entró pues perdió la vida en el hospital tan debido a ciertos quÃmicos que inhaló. En fin, todo esto pasó antes de que yo llegara ya. Al llegar me contaron todo lo que habÃa pasado a grandes rasgos. Lo que hacÃa la policÃa federal o la única patrulla que era la de nosotros que se encontraba ahà era de cerciorarse de que, pues todo transcurriera con normalidad. Recuerdo que solamente éramos tres elementos y nos ubicábamos a las afueras de esta planta. Mantuvimos el trabajo en orden, al menos durante las tres primeras semanas. Pero en este punto tengo que hacer un comentario, y es que tanto el primer dÃa que llegué como durante las primeras tres semanas de trabajo que estuve allà habÃa un hombre. No estoy seguro de que, puesto desempeñarÃa en la fábrica, pero se notaba que era muy religioso. Después me enteré que era lo que hacÃa ahà dentro de la fábrica, es que cuando llegamos, este hombre nos recibió y antes de que cayera la noche, antes de subir al autobús, antes de guirse, siempre venÃa con nosotros en compañÃa de otros elementos de la fábrica y se despedÃa de nosotros de forma muy amable y siempre nos persinaba, es decir, no iba de uno por uno, pero sà nos juntaba y nos hacÃa una cruz con sus manos y pedÃa por nosotros cada vez que se iba hacia un rezo rápido. Creo que no se tardaba más de un minuto y medio, a final de cuentas, a ninguno de los tres que estábamos en ese momento, pues nos incomodaba los tres éramos católicos Y la verdad, en un trabajo como policÃa federal, que alguien rece por ti o que te dé algunas plegarias. La verdad es que vienen muy bien. Uno nunca sabe con lo que se va a encontrar en aquel n trabajo. Yo pensé que este hombre lo hacÃa cuidarnos de los peligros terrenales, pero nada que ver con lo que resultó. En verdad. La razón de aquellos rezos sucedió que en una ocasión este hombre no se presentó a trabajar. No sé si habÃa tenido un accidente, o el caso es que se bien capacitado y esa noche, esa noche y cuatro noches después empezarÃa lo que para mà vendrÃa a ser mi primer contacto con lo paranormal y es que por la noche recibimos la llamada de radio. Nosotros tenemos un radio y obviamente no capta ninguna frecuencia, asà porque sà tiene que ser llamada desde la central o desde otra patrulla para que nosotros podamos recibirla y en aquella ocasión, esta llamada se activó por eso de las dos a tres de la mañana para nuestra sorpresa. Y lo que nos dejó muy confis fundidos es que solamente se escuchaba. Estática, simplemente estática. Desde el otro lado, nosotros respondimos varias veces, pero nadie nos contestaba. La estática duró aproximadamente unos diez minutos. Nadie respondÃa. Simplemente se escuchaba y después de esos diez minutos empezamos a escuchar lo que vendrÃa siendo la voz de una niña, una niña por medio del radio. Esta niña pedÃa ayuda, decÃa una y otra vez ven ven por favor, ayúdame. Ven hacia atrás? Ven hacia atrás? Ayúdame, ayúdame. Obviamente, no lo decÃa todo de corrido, pero entre pausas se escuchaba. Los tres pusimos atención en esto y a los tres. Puedo decir que en ese momento nos dio miedo. Llamamos a la centrar varias veces, ya que esta llamada se repetÃa a lo largo de la noche y durante la madrugada. No pasó ni un solo dÃa en que no la escucháramos. Dado que llegó la cuarta noche y de nueva cuenta por el radio, se empezó a escuchar la estática. Yo empecé a poner atención. Esta vez se escuchaba más claro y empecé a hacer memoria. HabÃa unos dÃas en los que esta voz se escuchaba más clara y otras veces más distorsionada, otras veces más alejada. Y es ahà cuando empecé a recordar las posiciones en las que habÃamos dejado a la patrulla. Tal vez esto tenÃa de por medio la señal de esta y fue asà como arranqué la patrulla. Uno de mis compañeros ya se encontraba dormido. El otro se encontraba afuera y le mencioné que iba a mover la patrulla un poco hacia atrás. Ãl me dijo por qué. Yo le empecé a decir que, pues tanteaba más o menos que esta voz iba a poder escuchar mejor si movÃamos la patrulla un poco hacia atrás. Ãl era uno de los que tenÃa más miedo en ese momento y me dijo pues, haz lo que quieras. A final de cuentas, yo encendà la patrulla, esperé la estática, puse la reversa y fui retrocediendo levemente. Mis sospechas eran claras y resultaron que eran ciertas. Mediante yo iba retrocediendo. Aquella voz se iba aclarando y la estática iba desapareciendo. Obviamente, iba poniendo más atención a la voz casi por completo. Creo que me absorbió aquella voz tenÃa toda mi atención dentro de la patrulla. Iban mi compañero que se encontraba dormido, que hasta ese momento no se habÃa despertado. Yo iba poniendo la atención a aquella voz. Tanto que no me percate de nada. Continué retrocediendo y continué retrocediendo hasta que escuché un grito, un grito que me sacó de mi trance de inmediato. Voltea hacia enfrente y se trataba de mi otro compañero, el cual me estaba haciendo con señas que parara todo que me detuviera. Yo detuve la patrulla, bajé de esta y lo que vi me dejó simplemente helado la patrulla. Si yo hubiera seguido retrocediendo, hubiera caÃdo por medio de la construcción. Estaban, por obvias razones, haciendo una carretera y habÃan acumulado toda la arena, toda la grava en el centro a ambos lados habÃan pendientes y la patrulla estaba a punto de caer en una de estas, una caÃda de aproximadamente unos diez metros. No sé si hubiera podido sobrevivir, ya que abajo habÃan árboles, habÃa piedras y si mi compañero no me hubiera detenido, lo más posible es que yo no lo hubiera hecho. Aquella voz de la niña se escuchaba más nÃtida y clara. Conforme yo retrocedÃa y eso absorbÃa toda mi atención. Y eso fue un claro ejemplo de lo que ya no tengo que hacer. Al quinto dÃa. Este extraño hombre que les digo que nos persinaba cada vez que se iba, volvió de nueva cuenta y antes de irse hizo lo propio. Nos persinó, nos dio su oración y sus plegarias y acto seguido se fue aquella noche. Pasó sin novedad alguna, No se escuchó nada ni la estática ni la voz era como si ese rezo. Esas oraciones que decÃa este hombre surtieran algún tipo de efecto, ya que esa noche y las siguientes fueron muy tranquilas. Yo no me quedé con la duda y cuando tuve oportunidad, fui con este hombre y le pregunté si sabÃa algo sobre la voz de aquella niña. Yo le platiqué todo lo que nos habÃa pasado y que, curiosamente, que cuando él rezaba por nosotros, aquella voz no se escuchaba en el radio. Ãl me empezó a decir que no éramos los primeros que nos encontrábamos con esta niña. Algunos trabajadores, algunos guardias de seguridad dentro de la misma planta también la habÃan escuchado y los que tenÃan más mala suerte la habÃan visto columpiándose entre los árboles él lo sabe muy bien cómo es que esta niña llegó hasta ahÃ, pero cree que a lo mejor es debido a algunas familias o algún almita que perdió la vida ahà y que pues prácticamente no ha encontrado la luz. Pero que cuando reza, cuando todos rezan, obviamente el hombre dice que no puede ir de obrero en obrero, diciendo que todos recen, asà que simplemente pide por ellos. El resultaba ser el gerente de uno de los departamentos de la empresa y habÃa descubierto que solamente de esa manera era como esta niña los dejaba tranquilos en lo que estuvo en ese puesto y lo agarré como un buen hábito. Empezaba a rezar cada vez que comenzaba mi trabajo más que nada para prevenir ciertas circunstancias como esta. También pido por el alma de aquella niña. Ojalá que algún dÃa encuentre la luz. Pero lo que también me resulta terrorÃfico de esto es que, si bien es el alma de una niña con sus acciones o más que nada las acciones que tuvo conmigo, me hace dudar de que sea una alma bondadosa, ya que cuando me estaba llamando por la radio, ella querÃa que fuera hacia atrás y quisiguiera si yo lo hubiera hecho caso, quién sabe si ahora estuviera contando esta historia porque hubiera caÃdo por la pendiente. Lo que me hace pensar bastante si es en realidad el alma de una niña que no puede descansar o en realidad es otra cosa, otra cosa que, de forma consciente y adrede, causa accidentes. Si eso es asÃ, entonces no es un espÃritu bondadoso no es el espÃritu de una niña. Es un espÃritu malicioso que únicamente hace esto para hacer el mal. Esto ocurrió en el año dos mil seis. En aquel tiempo, yo estaba comenzando a trabajar como taxista. HabÃa renunciado a mi anterior empleo, habÃa logrado juntar para comprar tres autos. Dos de sus autos los habÃa puesto a trabajar como taxis y habÃa dejado el tercero para trabajar. De vez en cuando me acababa de casar y en fin querÃa más tiempo para pasar con mi familia. Por ende, al estar mayor tiempo en casa, empezó acompañar a mi familia, a mi esposa, a varias actividades, entre estas, obviamente, estaba en la iglesia en los domingos y de vez en cuando los sábados, cuando los niños tienen catecismo. Debido a que me volvà cada vez más cercano a la iglesia empecé a tener conocidos entre ellos, pues fueron los sacerdotes, las monjas y demás personas que frecuentaban mucho la iglesia. Eran personas muy religiosas a grandes rasgos. Como les dije anteriormente, yo no andaba en la carretera buscando pasaje. Yo simplemente tenÃa clientes fijos y de vez en cuando llegaba uno nuevo, debido a que estaba tan cercano a la iglesia, empecé a mover a las monjas, a los sacerdotes y de más personal. Cuando un diciembre y bien lo recuerdo, llegó este sacerdote. Pero lo curioso de este sacerdote es que yo lo veÃa, pero no daba misa, Simplemente estaba a un lado. Se presentó con todos los de la parroquia, pero él simplemente estaba a un lado. Jamás dama misa, jamás daba catecismo, Era como si él hubiera llegado, pero Para otra cosa, tengo que decir que este sacerdote no era mexicano, era europeo. No sé de qué parte de Europa, pero era del continente europeo. Se notaba en sus rasgos y se notaba también en su forma de hablar. Más temprano que tarde, debido a mis contactos una noche, cuando estaba en mi casa, este sacerdote me llamó. Ãl me preguntó si lo podÃa llevar a un domicilio que estaba relativamente cercano a la capilla. Yo le dije que sÃ, que con todo gusto fui por ir a la parroquia y lo llevé hasta una casa, una casa que se me hacÃa muy familiar. Era la casa de una familia que era muy devota a la iglesia. Era una de esas familias que también son pudientes, pero también muy religiosas. Lo curioso es que se me vino a la mente que yo no habÃa visto a esa familia últimamente en la iglesia, los que vamos casi todos los fines de semana empezamos a distinguir a las personas que siempre van e incluso platicamos con ellas. Esta familia era una de ellas y, curiosamente, en los últimos meses no habÃan ido ningún integrante. Yo no soy una persona que se meta en asuntos que la verdad no le conciernen. Entonces yo simplemente me limité a llevarlo y no le pregunté nada acerca de esta familia. Lo curioso empieza es que a la noche siguiente, de nueva cuenta, me pide este sacerdote que lo lleve a esta misma casa. Yo cumplÃ. Lo llevé nuevamente y por un periodo, podrÃamos decirlo de algunos nueve o diez meses, casi el año completo llegué este sacerdote. PodrÃamos decirlo y si la memoria no me falla algunas cuatro o cinco veces a la semana a este mismo domicilio. Era raro cuando no me llamaba, debido a que pasó el tiempo y mi amistad con el sacerdote crecÃa. Le llegué a preguntar ya en los últimos meses que porque esa familia ya no habÃa ido y se habÃan tenido algún problema, ya que el sacerdote iba casi diario. Ãl me dijo que no lo podÃa decir, pero que tal vez pronto yo me darÃa cuenta y a decir verdad, ojalá jamás me hubiera enterado. Es algo que tengo que cargar en mi mente y va a ser muy difÃcil olvidarlo. Esto comenzó una noche que él me llamó. Ãl me dijo que se pudiera la parroquia. Yo pensé que de nueva cuenta querÃa que lo llevara a esta casa y sÃ, a grandes rasgos. Era lo mismo, pero antes de llevarlo, querÃa platicar conmigo, querÃa darme un trabajo, QuerÃa que fuera su taxista durante toda esta semana que venÃa y también tenÃa que decirme ciertas reglas que yo tenÃa que seguir. Yo en este momento le puse una cara de extrañado, es decir, yo pensé que solamente lo iba a llevar. Ãl me dijo que sÃ. PodrÃamos decir que solamente era ese el trabajo, pero que en la casa de esta familia estaba pasando algo muy malo y querÃa un transportista, un taxista de confianza más que nada, un taxista que tuviera mucha fe en lo que cree, que creyera en Dios, que supiera rezar y más que nada, que tuviera ahora sÃ, sus creencias bien cimientadas. En este punto. Yo hice una pausa. Le dije que sÃ, que era católico, que creÃa en Dios que me sabÃa todos los rezos, pero que querÃa que me explicara un poco más qué era lo que estaba pasando. Ãl simplemente se metió su mano en su túnica, sacó unos billetes que para ese momento era mucho dinero, Era demasiado dinero. Yo le dije que no lo podÃa aceptar simplemente por una semana de trabajo. Es que es que no podÃa aceptar eso. Ãl me dijo que no habÃa problema y que ese era el pago más que nada, porque mis servicios los iba a solicitar durante toda la noche y la madrugada. Me dijo que nos pusiéramos en marcha y por el camino me iba a contar todo. Ãl comenzó diciéndome que era un sacerdote exorcista, que habÃa estudiado en el Vaticano, que se habÃa preparado y que para la mala suerte de aquella familia, a la hija más grande de unos quince años habÃa sido poseÃda por un demonio y, obviamente, al escuchar esto, se me empezó a poner China la piel. Me dijo que su asistencia o su presencia ya con esta familia ya era el último recurso que se estaba tomando. La chica ya habÃa pasado por psiquiatras, por doctores, por la medicina en general, pero nadie le habÃa podido ayudar hasta ahora. Se pidió la intervención del sacerdote por orden del Vaticano, después de ya haber confirmado hace un año y medio que era una posesión. Este sacerdote habÃa llevado trabajando con esta hecha desde que vino. Prácticamente este exorcismo llevaba ocho a diez meses la chica en ese estado. Yo le pregunté si es que tardaban más, por qué demoraban tanto si ya tenÃan el permiso del Vaticano, El sacerdote me contestó que no todos los exorcismos son iguales. Algunos llevan dÃas, semanas, meses o incluso años. Son tan volátiles que no se sabe cuánto van a tardar. Ãl me dijo simplemente al llegar que me colocaran rosario en el cuello, el cual él me proporcionó. Me dijo que estaba bendito y que se escuchaba algo raro, que no prestara atención que simplemente me mantuviera dentro del taxi. Se me ha olvidado de decir que los carros que habÃa sacado de aquella empresa no eran carros por asà decirlo normales. Eran tipo van es decir, le cabÃan cerca de algunas siete personas. Eran taxis grandes, los tres carros más que nada. También por eso me querÃa el sacerdote, ya que sabÃa muy bien que tal vez alguna noche tenÃan que transportarla a ella en esas condiciones y, por desgracia, me tocó a mà tener que transportarla. Ese mismo dÃa, recuerdo que sacaron a la chica. ParecÃa totalmente dormida. Yo, al verla como la pusieron en los asientos, me sorprendÃ, Es decir, la chica se miraba desgastada. Era como si hubiera adelgazado algunos diez kilos. Se notaba demacrada y profundamente dormida. Eran cerca de las dos de la mañana y el sacerdote me dijo que los llevara a la capilla. Yo obedecà arranqué el taxi y me puse en marcha. Al momento me or sorprendÃ, ya que vi que él no era el único sacerdote que se encontraba. AhÃ. HabÃa varios. Se metieron cuatro y una monja dentro de mi taxi. Todos ellos iban tocando la chica mientras rezaban. ParecÃa una escena completamente salida de una pelÃcula de terror, El sacerdote exorcista iba a un lado de mÃ. Me dijo que mantuviera mi mirada frente a la carretera, que mantuviera mi atención frente a la carretera en todo momento, pero que eso sÃ, que estuviera rezando el credo. Junto con él, ambos empezamos al mismo tiempo, Ãbamos casi incluso a la misma velocidad rezando. Cuando en eso empiezo a escuchar unos gritos, unos gritos desgarradores que vienen desde atrás, yo me empecé a asustar bastante esos gritos provenÃan de aquella chica. Los los los gris eran tan desgarradores, eran tan aterradores y tan fuertes que incluso me volvieron sordo por un momento, e incluso creÃa que las cuerdas vocales de aquella chica iban a reventar sus pulmones. Estaban esforzando bastante pero cuando voltea a ver el retrovisor, se podrÃa decir que me aterré todavÃa aún más de lo que ya estaba. Y es que por el retrovisor pude ver que la chica venÃa completamente dormida, es decir, ella no estaba gritando o, si lo hacÃa, lo estaba haciendo con la boca cerrada. Y eso es prácticamente imposible. Y ahora, antes de que ustedes saquen sus propias seducciones, cuando llegué a mi casa, yo empecé a hacer ejercicios o sea, intentar gritar con la boca cerrada. Obviamente se puede, pero el sonido no es igual a como si tuvieras la boca abierta. Aquel sonido era un grito, un grito desgarrador, como el de una mujer junto con la voz de un hombre. Era una voz totalmente extraña. Obviamente, esto me empezó como a distraer un poco. TenÃa mucho miedo. Lo sabÃa muy bien cómo actuar en ese tipo de ocasiones y debido al miedo a la ansiedad que tenÃa en ese momento, empecé a dejar de rezar y solamente miraba aquella chica por medio del retrovisor y en una de esas vistas, cuando alejé la mirada del camino y luego la volvà a poner sobre el camino. Enfrente de mÃ, se me apareció un hombre. O se puede decir que querÃa aparentar la silueta de un hombre. Sus piernas eran muy largas. Sus manos eran también demasiado largas. Sus piernas eran elevadas casi hasta el pecho de una persona. Sus manos eran largas y extendidas hasta llegar casi al piso. Era un ser completamente deforme, podrÃamos decirlo, y en su cabeza salÃan a relucir un par de cuernos que se podÃan ver con la luz de mi taxi. Este hombre se paró enfrente de mà y yo. Lo que hice fue dar un volantazo, alcanzar a esquivarlo y después volver a la carretera. Obviamente, por este movimiento todos se movieron. El sacerdote me tomó del hombre y me dijo no dejes de rezar pon atención al camino, no mires ni una otra cosa. Solamente reza y preocúpate por llevarnos hasta la capilla. Yo me enfoqué en eso iba rezando y conduciendo, rezando y conduciendo hasta que, por fin y a pesar de que se me hizo un viaje eterno, pude llegar a la capilla. Pero esto, para mi desgracia, no acabarÃa ahÃ. Dos sacerdotes se bajaron y fueron a preparar unas cosas en la capilla. El otro sacerdote, el exorcista, me miró y después me dijo Sé que es mucho lo que te voy a pedir, pero, por favor, solamente por esta vez ayúdanos a bajar aquella muchacha y meterla en la capilla. Por favor, yo solamente lo miré con ojos de que por qué me estás pidiendo eso. Yo no querÃa, yo no querÃa hacerlo, pero a final de cuentas, lo terminé haciendo. Bajamos aquella muchacha y mientras lo hacÃamos, recuerdo muy bien una voz que provenÃa desde ella, desde dentro de ella. Vuelvo a decirlo, la chica iba como que completamente sedada, iba respirando, pero la voz que venÃa de ella, la voz que me da hablaba, que nos hablaba a todos en conjunto. No sé qué era lo que nos decÃa, pero era una voz como que femenina y masculina al mismo tiempo, venÃa como desde su torso, desde su estómago, desde su pecho. Desde ahà provenÃa aquella voz, no de su boca y puedo decir que los gritos que escuché anteriormente también provenÃan de ahÃ. Era como si algo estuviera dentro de ella. Yo simplemente me limité a llevarla y ahà una vez yo me salÃ. Me salà muy apresurado. Corrà incluso abrà el portón y lo primero que hice al llegar a la banqueta, al llegar con mi taxi, fue vomitar en la banqueta. TenÃa muchas emociones encontradas. Estaba muy nervioso. Terminé vomitando. Una vez ahà me subà de nuevo el taxi y esperé órdenes del sacerdote. Obviamente, y aunque no me gusta, era la idea tenÃa que llevarlos de regreso y podrÃa decirles que la espera de esto era algo mucho peor, ya que no sabÃa qué era lo que me pasarÃa en el camino de regreso. Por suerte, el camino de regreso fue totalmente opuesto a lo que vivimos. Cuando Ãbamos fue de lo más tranquilo sacamos aquella chica la volvieron a poner en medio del taxi y en el camino, aunque algo tenso como que todos preparados para algo que surgiera en el camino Ãbamos bien fue un transcurso calmado y eso que solamente era el primer dÃa con el que habÃa trabajado con este sacerdote. TodavÃa quedaban otros cuatro dÃas. Los llevé y regresé a mi casa en la madrugada. Honestamente, me quedé pensando cerca de media hora en la sala de mi casa si en verdad podÃa con este paquete. No sabÃa si seguir tomando el trabajo. A final de cuentas, terminé yendo nuevamente al dÃa siguiente, llevé al sacerdote y después, como era mi orden tenÃa que esperar ahà más que nada. No era porque los iba a transportar siempre, sino es que para cualquier percance querÃan a alguien de mucha confianza y que también, pues, fuera religioso. Pero esa noche nada pasó. Al menos nadie salió de la casa. Pero lo que sà pude ver es que alrededor de la casa, en el patio, por las ventanas, por la puerta, habÃa niños, niños que me observaban desde adentro hacia afuera. Eran niños de diferentes edades. Tal vez el más menor tenÃa como cinco años y el mayor tendrÃa algunos dÃas diez o once. Eran como siete niños los que veÃa caminando de un lado hacia otro por toda la parte de enfrente de la casa. Mirándome yo en ese momento estaba más que aterrado. No sabÃa muy bien cómo reaccionar. Asà que simplemente me limité a mirar hacia enfrente porque podÃa ver que estos niños tenÃan los ojos completamente oscuros y hasta era necio preguntarlo, pero muy dentro de mà sabÃa muy bien que esos niños no eran niños comunes por tres dÃas, que eran los que siguieron Después de aquella noche que habÃa transportado a esta chica. No sucedió nada. Solamente veÃa a estos niños mirándome desde la casa. Alguna vez me quedé dormido en el taxi y cuando desperté, uno de estos niños se encontraba de frente a mà y después caminó de vuelta y se metió en la casa sin pronunciar ni una sola palabra. Yo continué manteniéndome al margen. Cuando cayó la quinta noche. Aquella quinta noche aproximadamente a las tres de la mañana salió el sacerdote en compañÃa de una monja. Ãl me pidió que lo llevara de nueva cuenta a la parroquia. La monja iba llorando y se iba rascando de muchos lados, de sus brazos, de su pecho, de su espalda, mientras que este sacerdote simplemente le decÃa que, por favor, se calmara, rezaba y rezaba junto con él, hasta que eventualmente la monja pudo tranquilizarse, una vez que todavÃa Ãbamos en camino casi llegando a la parroquia, yo le pregunté al sacerdote que si habÃa niños en aquella casa. Le dije verdad que no hay niños, verdad que solamente están ustedes. Ãl me contestó que no, que solamente estaban ellos y de vez en cuando los padres, pero que los niños menores de la familia habÃan sido llevados a otra casa más cerca del centro, pero que ahà no se encontraba ningún niño. Y yo le respondà que veÃan niños alrededor de la casa, en el patio, de vez en cuando, en la banqueta y en otras partes de la casa. Ãl me dijo que no eran niños, que simplemente son cosas que no les gusta que los estuviera ayudando, pero que no tuviera miedo a grandes rasgos, que ellos a mà no me podÃan hacer nada, solamente intimidarme, solamente asustarme, por asà decirlo, pero que no se podÃan meter conmigo que eso se los habÃa prohibido mediante algo que habÃa hecho él antes de que yo entrara a esa casa o que estuviera allà enfrente de ella. Los dÃas pasaron y, obviamente, pues el servicio pues se acabó. Yo dejé de ir por este padre y después ya no supe acerca de la familia, por suerte, y me complace decirles que este relato, esta experiencia, termina de una forma buena. A pesar de todo lo sucedido. El padre, que es exorcista de vez en cuando vuelve a la localidad y pues lo he saludado en varias ocasiones, sino que cada cuatro años, cada tres años, pues dice que le gustó mucho México en cuanto a la familia. A la familia la pude ver nuevamente en la iglesia y también pude ver a aquella niña, a aquella chiquilla. Por suerte, al parecer, si lograron sacar a aquel demonio que habitaba en ella. He hablado nuevamente con sus padres, tanto con su madre, con su padre, con sus hermanos. Todos sabemos por lo que pasó ella, todos sabemos lo que la poseyó, pero no hablamos del tema. Es como si quisiéramos sepultarlo. Es un recuerdo que nadie quiere volver a vivir y que en esta ocasión he querido compartirla contigo y con toda tu audiencia. Gracias por los buenos relatos. Espero que les haya gustado mi experiencia hola. Mi nombre es Juan Carlos y quiero contarles una experiencia que me pasó el año pasado, o más bien el antepasado, en dos mil veintiuno. Yo me dedico al trabajo de taxista y en este trabajo llevo laborando aproximadamente más de diez años. A lo largo de todo este tiempo. Es básicamente creÃble que me ha pasado de todo desde asaltos hasta otras experiencias un tanto paranormales. Hay algunas a las que en verdad no les encuentro explicación, pero hay otras tantas que sà que las tienen y creo que cuando le encuentras una explicación a algo como esto te causa más terror todavÃa haberlo vivido tal y como esta experiencia que quiero contarles. Como les dije, llevo ya diez años trabajando en esto y lo que más me ha pasado, desafortunadamente, son ciertos percances con los vivos, es decir, con asaltantes. Me han asaltado mucho en estos diez años. Debido a esto y como cualquier otra persona, es obvio pensar que empecé a tener ciertas actitudes o ciertas cosas que me ayudaban a prevenir que me asaltaran en mi trabajo más primordialmente durante la noche que era cuando esto ocurrÃa. Era muy raro que los asaltantes se subieran o quisieran robar a un taxi por el dÃa o por la mañana. Aunque suene bastante contradictorio, la verdad es que no le puede sacar mucho dinero un taxi. A veces tenemos cien pesos en pura feria, otras veces nos va bien. E incluso tenemos algunos dos mil dos mil quinientos y sin importar cuanto tengamos ellos vacÃan todo. Tomé ciertas precauciones e instalé dos cámaras de seguridad. Una de ellas apuntaba hacia enfrente. Era la vista que yo tenÃa al conducir el auto. Esto más que nada ayuda para cuando hay choques, para cuando te chocan o cuando tú chocas o hay un choque enfrente de ti más que nada sirve para sacar quién es el culpable. Y si, efectivamente tú no tuviste nada que ver te, ayuda mucho en esos casos más que nada para personas como yo que se las paso trabajando en la calle. Esto le viene como anillo al dedo. Por otro lado, la otra cámara que tenÃa. Esa se encontraba puesta en una esquina de la ventana de la parte del pasajero. Era una cámara que tenÃa un rango amplio de visión. A mà me podÃa ver, podÃa ver al pasajero de copiloto y también a los de atrás para que captara mejor las caras o los rostros. Yo le habÃa quitado lo que viene siendo la parte de arriba del asiento, es decir, el respaldo lo tenÃa. Se podÃan recargar, pero la cabeza, a la parte de donde respalda su cabeza, esa la habÃa quitado más que nada, para que también la cámara pudiera captar sin ningún problema las tres personas que tuviera atrás. Si, en dado caso se me llenara el taxi en aquella noche fueron tres muchachos los que me hicieron la parada en el centro en la zona céntrica. Los trece subieron eran dos muchachos y una chica. Estos dos muchachos eran jóvenes. TendrÃan algunos veintitantos, unos veintidós, veintitrés años. La que se veÃa más jovencita era la muchacha con algunos tal vez unos, diecinueve, dieciocho años y se veÃa que venÃa en un Estado algo inconveniente, es decir, se notaba como que iba hacia un lado, iba hacia el otro, como que venÃa con copas de más o incluso con sustancias consumidas. Los que se notaban que venÃan bien eran aquellos dos muchachos, ellos, si no tenÃan ninguna actitud rara, empezamos el viaje. Ellos me dijeron con señas que iban a las afueras, a las afueras de lo que viene siendo el centro cerca de las autopistas. Obviamente, la carrera iba a ser algo larga, pero ellos dijeron que el dinero no era ningún problema. Yo listo, comencé mi viaje y por el camino. Escucho a la Señorita preguntarle a estos hombres si es que la van a llevar a su casa. Estos hombres le repiten que sÃ, que no se preocupe que lla van en camino con más amigos y esta les contesta. No es que yo ya me quiero ir para mi casa. Estaban en esta pequeña discusión y yo haciendo memoria. En aquella parte que está lejana a todas las localidades, todas las colonias, no hay ninguna casa, es decir, es territorio industrial, hay empresas, hay industria, pero no hay casas, No hay localidades a donde la llevaban. Era cualquier otro lugar, pero no era la casa donde vivÃa esta chica. Eso se podÃa notar más que nada en su vestimenta. La chica no era de bajos recursos como para creer, como para creer que viviera en algún lugar remoto se podÃa ver que iba bien vestida, por lo que aquà las alertas se me empezaron a prender. Empecé a poner más atención a ellos y ellos lo pudieron notar, ya que cada vez que veÃa por el retrovisor o encontraba cualquier excusa para voltear la cabeza, estos chicos me miraban fijamente, mientras que la chica iba adormecida. A veces dormÃa, a veces se despertaba súbitamente, otra vez se dormÃa. Obviamente, estaba en un predicamento. Quiero decirles que ya soy un hombre mayor, Tengo sesenta y dos años y pese que aún me conservo bien, yo no soy ningún rival para chicos de veinticinco, veinticuatro años, sobre todo que me sacan estatura como por treinta centÃmetros. Pero, en definitiva, algo dentro de mà me decÃa que tenÃa que hacer algo por aquella chica. Estábamos llegando casi a su destino. Todo estaba desértico, no habÃa banquetas. Simplemente era una autopista y uno de los muchachos me dijo que me detuviera y que los dejara ahÃ. Yo volteo hacia ambos lados y le digo joven, aquà no hay nada, cómo quiere que los deje aquÃ. Ãl me contestó de una forma muy grosera y me aventó el dinero, que a usted no le importe. Aquà bájenos, ya ahà tiene su pago. Obviamente, me habÃa aventado el dinero y aparte de la muchacha no iba en sus cinco sentidos, por lo que empecé a discutir con ellos. Ambos me dijeron que me detuviera ahora y uno de ellos sacó una navaja. No la pude ver, pero si la escuché ese sonido tan ese sonido tan caracterÃstico cuando se desenfunda. En ese momento me tuve que detener y ellos, al momento de detenerme abrieron la puerta para mà en ese momento y fue mi error. No se me dio la idea como de cerrar con seguros, pero al momento y como mi última estrategia, les querÃa advertir, les querÃa intimidar, por asà decirlo diciéndoles que dejarán a la muchacha en el taxi, que simplemente ellos se iban a aprovechar de ella y que, si no le dejaban, los iba a denunciar, ya que tenÃa sus rostros grabados con aquella Cámara. Esta Cámara estaba ligada a lo que viene siendo la pantalla de mi auto que se encontraba en el centro. Yo active esta pantalla con uno de los botones, dirigà la vista hacia la Cámara. Cada vez que lo hacÃa podÃa ver en tiempo real lo que estaba viendo la Cámara, lo que estaba grabando en ese momento me corre un escalofrÃo enorme por todo mi cuerpo, y es que cuando accioné la vista de la Cámara y ellos todavÃa se encontraban dentro del taxi en la Cámara no se podÃa ver nada. O más bien, ellos no se podÃan ver en la Cámara. Yo me veÃa ahÃ, Me encontraba sentado. La chica también se podÃa ver ahà sentada. La Cámara nos estaba captando, pero no los estaba captando. A ellos. Era como si prácticamente ellos no existieran. Ellos no estuvieran ahà con nosotros. Volté tres veces, miré la Cámara y los miré a ellos después. Otra vez miré a la Cámara y los volvà a ver a ellos. Después me quedé mirando fijamente la pantalla hasta que sentà la mano de uno de ellos. Tocarme el hombro y con una voz burlesca me dijo. Tal parece ser que no nos tienes. En ese momento volteé y la expresión de la cara de este muchacho habÃa cambiado. Sus venas se podÃan ver eran más relucientes. Estas rodeaban sus ojos y sus ojos ahora habÃan cambiado. Eran unos ojos completamente oscuros, como si dentro de estos no hubiera nada. Yo estaba petrificado. Aquellos muchachos salieron y con ellos sacaron aquella muchacha me estaban sonriendo. SonreÃan mientras se alejaban y se introducÃan en lo profundo de los árboles. Yo arranqué mi taxi y fui de inmediatamente con la policÃa. Les conté lo que habÃa pasado. Por alguna extraña razón. Cuando llegué y quise mostrar en las grabaciones, la Cámara de Seguridad me presentaba un error. No podÃa cargar las grabaciones a mi celular. Era como si prácticamente la grabación no la pudiera ver más allá de mi pantalla. Yo las querÃa cargar a mi celular. Este tipo de cámaras tienen una memoria muy limitada. Están grabando todo el dÃa en mil ochenta p Ya saben unas cámaras más más actualizadas, pero vienen con un cierto error, con un cierto detalle, Y es que si durante veinticuatro horas grabaste y hay algo que te interesa, tienes que sacar esa parte del vÃdeo, sacarla de la grabación y después pasarla a tu celular mediante el cable de UCB. O una memoria, ya que si nos pasas esa grabación, la Cámara va a seguir grabando y, por ende, la Cámara va borrando los archivos para seguir grabando para que haiga más espacio. Es automatizada. Hace que tenÃa simplemente unas horas. Eso bastaba básicamente pero por alguna extraña razón esta grabación jamás se quiso pasar a mi celular. Probé con una memoria USB, pero tampoco simplemente en el tiempo exacto. Esta Cámara me botaba error negándose por completo a compartirme aquellas imágenes. Los policÃas vinieron, vieron la grabación desde la pantalla del auto, pero no se veÃa nadie, por más de que yo les juraba y perjuraba que ahà venÃan los dos muchachos en la grabación. Simplemente se veÃa aquella chica sentada en los asientos traseros completamente sola hasta que ella bajó del taxi. No se le pudo dar más vueltas al asunto. Simplemente aquellos jóvenes no se pudieron encontrar. Pero esto no termina aquÃ, ya que pasaron los dÃas y para mi mala suerte, un olor a sangre, un olor a óxido de la cabina de mi taxi y lo curioso es que nadie o o o podÃa oler este olor a sangre que yo olÃa. Yo limpiaba diariamente mi taxing le metieron matizante, pero nada de esto funcionaba. Aspiraba un olor a sangre dentro muy penetrante y era el único que podÃa oleerlo. En una de estas ocasiones que yo me encontraba solo dentro del taxi buscando pasaje, se me ocurrió poner la vista de la Cámara y ese fue un grave error. Ahora sÃ, se podÃan ver que iban sentados mirándome fijamente. Mientras conducÃa, yo volteé de inmediato, pero estos muchachos no se encontraban en los asientos. Solamente la Cámara podÃa captarlos, pero ahora yo no podÃa captarlos a ellos. Esto se fue repitiendo cada vez más y cada vez más y cada vez más hasta que llegó el dÃa en que no pudo soportarlo. Tuve que vender el taxig el olor a sangre y el saber que siempre iba acompañado. Simplemente no podÃa trabajar tranquilo. Asà no me sentÃa seguro al ir conduciendo o de venderlo y con el dinero ahorré tantito y puse una misselánea. Me alejé de las carreteras por completo. Ya no querÃa vivir nada de eso. Después de esto me hace pensar. Creo que las personas que dicen que las cámaras pueden captar ciertas cosas o captar fantasmas, captar espÃritus con esto que me pasó. Yo pienso que es lo contrario. Pienso que ellos se manifiestan cuando quieren, donde quieren y a quién quieren.




