ATERRADORES RELATOS DE MARINEROS, PESCADORES, ENFERMERAS Y PARAMEDICOS.

Una recopilacion que te sembrara el miedo hacia los secretos del oceano, y te hara tener pavor a las extrañas precensias que se muestran por las noches en los hospitales.
O la toda la audiencia. Mi nombre es Amantha. Mi experiencia tiene relativamente poco. Me sucedió hace aproximadamente unos dos meses. Llevo poco desempeñándome como enfermera. Hice por experiencias de otros compañeros, asà como también de otras compañeras que tienen en este empleo muchos más años que yo, que este es solamente a una de tantas que me esperan. En este trabajo llevo aproximadamente un año. Apenas estoy trabajando en un hospital que es privado. Asà que me voy a ahorrar ciertos nombres, ciertas cosas, ya que todavÃa trabajo aquà y no quisiera exponer mi empleo y, sobre todo a algunas personas que no quieren que se les vea vinculadas a este tipo de experiencias. Sucede que una noche a mà me tocaba el turno nocturno, ese turno tan pesado que en muchas personas no lo quieren hacer. Inevitablemente, me tocó ya que en el trabajo de enfermera, sobre todo si vas entrando te piden rolar turnos, todavÃa no tienes la experiencia y todavÃa no tienes la suficiente antigüedad como para pedir un turno fijo. Me hacÃa falta todavÃa mucho para eso. Recuerdo que me encontraba por eso de las tres y media cuatro de la mañana. Para las personas que trabajen de noche saben que estas horas son las horas en las que a uno más le cuesta estar despierto. Es en ese momento en que los párpados te ganan, en el que el sueño te ganan, sobre todo si no dormiste muy bien entre el dÃa. El caso es que esa era mi situación. Decidà sentarme en uno de esas bancas me recliné un poco y empecé a dormir, a ver no a dormir profundamente. Estaba dormitando cuando de pronto no estoy segura de cuánto tiempo habÃa pasado, pero escucho unas pisadas que vienen a toda velocidad y pasan por enfrente de mÃ. Se trataba de una compañera, la cual me voy a ahorrar su nombre. Pero sucede que nos conocÃamos desde hace varios años. No habÃamos estado en la misma universidad, pero por amistades nos conocÃamos de aproximadamente unos cuatro o cinco años. HabÃamos salido a fiestas, habÃamos salido algunos convivios y por obras del destino, no habÃamos acabado trabajando en el mismo hospital. En ese momento yo la veo y le pregunto que qué estaba haciendo, que por qué iba tan apresurada ella estaba muy apresurada abriendo la puerta de los bebés recién nacidos. Esa era su área pediatrÃa, asà que tenÃa las llaves, No tuvo problema. Abrió la puerta de inmediato y yo, al verla tan exaltada, al verla tan nerviosa, tan asustada, se le veÃan sus ojos que estaba sumamente aterrada. La seguà Traté de controlarla, traté de pararla, pero ella corrió y llegó hasta un bebé en concreto, lo vio, se tranquilizó y empezó a respirar lentamente, como otra vez, volviendo a traer los pies sobre la tierra. Yo me quedé con ella y le pregunté que por qué habÃa salido corriendo asà que acaso se le habÃa olvidado algo, teniendo en cuenta que se trata del área de los recién nacidos. Obviamente se habÃa dejado algo pendiente o se le habÃa olvidado revisar algo. Yo también hubiera salido corriendo, pero el caso es que ella estaba sentada respirando o una y otra vez, cuando ya un poco más tranquila, me dijo lo siguiente, Mira, Samantha. El caso es que yo iba caminando y estaba mirando los bebés por detrás del vidrio, cuando en eso veo a una enfermera, una enfermera que vestÃa como tú y como yo, pero era el mismo uniforme. Lo único que me llamó mucho la atención a la distancia es que, si bien traÃa el mismo uniforme que nosotras traemos ahora, ella no traÃa el mismo color. Su vestimenta era completamente oscura. No traÃa nuestro blanco ni nuestro azul. Yo me fui acercando por esto mismo. No le pude ver la cara, pero lo que sà pude verle fueron los ojos, unos ojos que levemente me vieron fijamente y después fueron con este niño. Me estaba señalando un niño que se encontraba en una incubadora. Se notaba que este niño habÃa tenido algunos problemas al nacer y estaba en un estado muy delicado. Mi amiga me explica que la habÃa visto acercarse al niño a abrir la puerta de su incubadora y después tomarlo por el cuello y empezar a apretarlo. Yo vieso e inmediatamente empecé a correr. Abrà la puerta lo más rápido que podÃa y a ti te encontré en el camino. Pero al abrirla veo que no hay nadie y que el niño está bien. Simplemente no me explico qué es lo que acabo de ver a ver. Para esto les quiero aclarar algo y es que, al menos en primera instancia, yo no le creÃa lo que me estaba diciendo mi amiga No era una Santa Palomita y yo tampoco sabÃa que consumÃa algunas cosas, pero solamente era cuando estaba de fiesta o cuando estaban convivius. Jamás lo hacÃa durante el trabajo, aunque puede haber una primera vez para todo. Yo le pregunté oye no te metiste nada. Tal vez estás divagando, tal vez estás imaginando cosas. Ella me juraba y perjuraba que no habÃa consumido nada, que estaba bien y que eso lo habÃa visto tan claro que, obviamente, su terror aumentó porque pensó que era una enfermera genuinamente quitándole la vida a un niño. Ambas concordamos en que tenÃamos que calmarnos y al menos tomar algo en los pisos de abajo para continuar con nuestra jornada. Salimos de la sala, caminamos por el pasillo y entramos al ascensor. Este ascensor tiene espejos Recuerdo que mi amiga estaba mirando a la izquierda y yo estaba mirando de frente o bien atrás del ascensor, reflejándome en el espejo, estaba mirándome las ojeras que me estaba dejando el turno. Cuando de pronto detrás de mÃ, reflejando el pasillo, veo que se para y me ve fijamente una enfermera con el o uniforme, totalmente oscuro, portando un tapabocas igualmente oscuro. Solamente pude verle los ojos, los cuales eran completamente blancos. En ese momento volteé y para cuando volteé, las puertas del ascensor ya se estaban cerrando. Cuando estaba bajando, le empecé a preguntar a mi amiga cómo era que vestÃa aquella enfermera y, sobre todo, si ésta tenÃa puesto un cubrebocas. Ella me contestó que sà y que todo lo que mencionaba era exactamente como la habÃa visto. Mi amiga no es tonta. Me preguntó si yo la habÃa visto también, a lo que yo le respondà que sÃ, pero que la habÃa visto exactamente cuando Ãbamos bajando las dos en ese momento. No no tenÃamos un buen presentimiento. Decidimos subir nuevamente, pero no solas fuimos por unos amigos, hombres que igual eran enfermeros. Juntos todos nos subimos arriba y empezamos a buscar por todo el piso a aquella mujer, aquella extraña enfermera que les digo ahora no se veÃa como un fantasma, no se veÃa como un ente o como un espectro. Esta mujer se veÃa de carne y hueso, se veÃa como si fuera una persona normal. Pasaron los minutos, pasaron las horas y jamás la pudimos encontrar. Pese a esto, el mal presentimiento nunca se me fue. Me sentÃa como que expuesta. SentÃa como que algo malo iba a suceder. Estaba en lo correcto, algo malo sucedió aquella noche, pero esto no se trataba de mÃ. En la mañana me enteré de algo, algo que mi amiga me compartió, ya que, como les dije, ella, estaba en esa área de pediatrÃa. Resulta que el bebé, el cual ella habÃa visto que habÃa sido vÃctima de esta enfermera, resultó sin vida. Esa misma mañana. El bebé habÃa fallecido de una extraña manera. TenÃa todos los tratamientos, tenÃa incluso oxÃgeno. Este niño habÃa dejado sin más de respirar como si algo hubiera obstruido el aire que suministraba el respirador a sus pulmones. Yo no quise estar presente cuando le dieron la noticia a los padres. Solamente me pono puede imaginar cómo tomaron la noticia. Pero aquella noche está más que claro que mi amiga y yo vimos quien propició el fallecimiento de este niño. Yo tengo una teorÃa a todo esto y creo que aquella noche lo que vimos no era una enfermera. Pienso que en realidad era la muerte vestida de una aparentando ser una de nosotras y que sin más le quitó la vida a ese niño enfrente de nosotras. También, como ya dije, apenas llevo un año en esto y esta experiencia me resulta más que suficiente para no querer vivir algo parecido en lo que me resta de vida hola. Mi nombre es Diana Santiago. Mi experiencia se remonta a aquellos años en los que yo trabajaba como enfermera. Fui enfermera en una institución del seguro social, en el hospital en el cual yo me encontraba no era muy grande, no era uno como de estos hospitales grandes de diferentes áreas, todo debido claro a la logÃstica de este mismo. Estaba situado en unos municipios los cuales, a decir verdad, no habÃa mucha riqueza, ni siquiera ni siquiera cerca habÃa ciudades tiendas grandes. La mayorÃa de los empleados que trabajaban ahà trabajaban como obreros y demás cosas. Los empleos en ese lugar no eran muy bien pagados y eso se reflejaba mucho en n en n en s o la calidad de las familias. A menudo llegaban niños, mujeres embarazadas, hombres incluso con problemas alimenticios. Estos problemas casi siempre eran debido a que no comÃan bien o que comÃan cosas que no estaban en buen estado. En fin, como sabrán todos los pacientes, que requerÃan cirugÃa o requerÃan algún trato que fuera muy especializado, eran mandados a otro hospital. Si bien se quedaban personas internadas, la mayorÃa de estas personas no se quedaba mucho tiempo. Una vez habiéndoles explicado esto, ahora les quiero contar las experiencias que se cuentan en ese hospital. Como ya les dije y les aclaré, en un principio, muchas de las personas que llegaban era eran más más que nada por problemas alimenticios y también podrÃamos sumarle problemas de higiene. HabÃa algunas enfermedades que rondaban, tales como la influenza y demás cosas. En una ocasión, y esto es una historia que se cuenta en el hospital llegó un niño, un niño en compañÃa de dos mujeres. Estas dos mujeres se presentaron como una que se trataba de la vecina y la otra que se trataba de la madre del niño. Este niño, asà como otra cantidad de casos, presentaba serios problemas, pero no sólo de alimentación. Este niño se notaba que no habÃa comido en muchos dÃas. Su piel estaba pegada a los huesos, estaba totalmente desnutrido. Estaba en un estado muy grave, pero a final de s s NS no pudieron atenderlo, o bueno, ya lo tenÃan adentro, pero la tensión médica se la negaron. Passe. Resulta que el padre del niño llevaba sin trabajar algunos meses y obviamente, el seguro habÃa expirado. No habÃa más hospitales cerca y, en un acto que nadie comprende, las dos mujeres desaparecieron, Se fueron sin el niño lo dejaron abandonado en aquel hospital. Obviamente, el personal médico no pudo hacer mucho y al pasar unos minutos, como si el niño simplemente estuviera esperando a poder llegar al hospital para irse de este mundo. Fallece en la madrugada a las dos de la mañana. La historia que se cuenta en el hospital se dice que este niño vestÃa con harapos, sucios, ropa desgarrada. Prácticamente un niño en situación de calle, ningún familiar suyo, ningún amigo o algún pariente cercano fue por él. El niño fue abandonado y nadie reclamó su cuerpo. Este niño de nombre Joel se sabe su nombre por los papeles del seguro. Prácticamente no tenÃa familia, el padre nunca apareció, tampoco la madre y se dice se rumorea que el cuerpo de Joel fue sepultado a espaldas del hospital. Esta parte, obviamente, yo no la creo, porque suena muy tétrico y suena muy surrealista, pero al menos es lo que se cuenta. Yo habÃa trabajado en un hospital cerca de algunos tres años. Yo sabÃa esta historia, pero que me pasara algo paranormal. La verdad es que no me sucedÃa. Pero, sin embargo, si le pasó a algunos compañeros mÃos, de vez en cuando, uno decÃa que veÃa a un niño corriendo por los pasillos ho risas provenientes de un cuarto y después de otro, pero de un niño, esto siempre sucedÃa. En punto de las dos de la mañana. Se decÃa que era joel y que a esa hora él salÃa más que nada, porque fue la hora en la que él falleció. Si bien nosotros, el personal del hospital, los enfermeros, las enfermeras, los paramédicos, los los los dos, se dice que vieron siempre esta silueta. Algunos cuantos eran los pacientes los que tenÃan una experiencia aún un paso más allá. Ellos no veÃan solamente siluetas. Estos pacientes tenÃan una interacción con este niño y en este momento les voy a contar dos casos. Uno de ellos, igual yo, no fui testigo. Se trataba de un hombre, un hombre por ahÃ, de sus cuarenta y tantos, que era muy grosero con las enfermeras. Lo sé porque hubo algunas compañeras que lo trataron, compañeras que tienen más años que yo y dicen que esta historia fue real. Este hombre les gritaba e incluso no solamente a ella, sino también a propios miembros de su familia. Era uno de esos tipos que era muy o ns que rabias, uno de esos tipos que básicamente no le caÃa bien a nadie. Este hombre, al pasar dos dÃas, empezó a ser atormentado por este niño. La primera noche, este hombre comenzó a gritar, comenzó a gritar insaciablemente una y otra vez? Una y otra vez. Obviamente, al personal fue de inmediato y lo que este hombre les contó es que un niño con apariencia muy aterradora, con los ojos blancos, con la piel gristacea tirándole oscura con un aspecto demonÃaco, según él cuenta, lo habÃa tomado de las piernas y lo habÃa jalado fuera de su cama. Ãl dice que se alcanzó a agarrar de la cama el personal que estaba ahà y no hallaba una explicación lógica, si bien se decÃa de joel no pasaba más allá de una leyenda o de un mito, un simple cuento de terror que se contaba porque, a decir verdad, algunos enfermeros no pueden dar ni siquiera la seguridad de que aquel niño hubiera existido era como una leyenda urbana del hospital. Pero ya en este momento los pacientes estaban teniendo contacto con él. Este hombre no fue atormentado simplemente una noche. Fueron varias por todo el tiempo que estuvo ahÃ, lo descobijaban, lo jalaban tanto de piernas como de manos, y otras veces simplemente se le parecÃa al niño de frente a pies de su cama, mirándolo entre la oscuridad del cuarto. Como les expliqué, este hospital es un hospital chico, por lo que los pacientes que se quedan internados no gozan simplemente de una habitación para cada uno. Este señor, que estaba acompañado de más pacientes en una hilera, decÃa que veÃa a un niño, pero los demás pacientes que se encontraban cerca e incluso al lado de él, ellos, por otro lado, no veÃan nada. Simplemente escuchaban al hombre cómo se asustaba, pero ellos no eran capaces de verificar la información que él daba con el tiempo, este hombre salió del hospital y su historia quedó ahÃ, pero pronto entró otro hombre, un obrero. Este obrero todo lo contrario lo que vió aquel hombre. Ãl hizo contacto con Joel. Ãl habló con este niño, pero su experiencia no fue de pesadilla. Ãl dice que la primera vez que vio a Joel fue cuando entró la sala y se le sentó casi en los pies de la cama. Ãl veÃa un niño, un niño que se podÃa ver en situación de calle, con su ropa desgarrada, con su ropa sucia, con algo de mugre en la cara. Para nada tenÃa un aspecto demonÃaco. Ãl habló con este niño y de alguna manera, este niño lo impulsaba a que se mejorara, Es decir, este niño simplemente entraba para darle ánimos y que gracias a este niño, él dice que se pudo curar o más que nada tener la iniciativa de curarse más pronto del lo esperado. Cuando lo dieron de alta, este hombre preguntó por este niño por qué, si bien no es que iba todas las noches su visita, si era concurrente, tal vez un dÃa iba, otro dÃa no y otro dÃa asÃ. Y asà se la llevaba al preguntar por este niño ya cuando estaba saliendo. Ninguno de los enfermeros para médicos e incluso vigilantes e intendentes, ninguno le pudo dar ninguna respuesta, pese a que muchos sabÃan de quién se trataba. Obviamente, no le iban a decir al paciente que habÃa conversado con un fantasma. El tiempo pasó Y aquÃ, si les quiero platicar una experiencia de la cual yo sà fui testigo. Sucede que uno de estos dÃas yo estaba en esta área cuidando precisamente de un niño, un niño que habÃa tenido un problema en la rodilla. No era nada grave, pero tenÃa que esperarse una noche ahà para al dÃa siguiente dar lo de alta por la tarde, más que nada, tenerlo en observación. Lo que me llamó la atención aquella noche fue que, mientras estaba preparando todo, yo estaba de espaldas a aquella sala donde aquel niño y demás pacientes, unos cuantos se encontraban eran cercanas de las dos de la mañana la madrugada. Prácticamente cuando en eso me percato que el niño que estaba cuidando está jugando en ese momento lanza una pelota a un extremo. Yo me le quedo mirando obviamente, el marco de la puerta. Lo que yo puedo ver no abarca todo. Veo la pelota que pasa de un lado y después se regresa, pero no se regresa rodando. Se regresa como si alguien se la estuviera ventando de vuelta. Yo lo que pensé en ese momento era que este niño no se querÃa dormir y que otro de los pacientes le estaba siguiendo el juego. Ambos estaban jugando con la pelota y tenÃa que ir a calmarlos. A final de cuentas, tenÃan que descansar. No los puede dejar que se desvelaran toda la noche. Pero cuando voy a esta sala, me doy cuenta que, efectivamente, el niño tiene la pelota y está despierto. Pero del otro lado no hay nadie enfrente del niño. No habÃa ningún paciente, no habÃa ninguna persona que le pudiera lanzar la pelota de vuelta. Lo que pensé en ese momento es que el niño estaba pegándole a la pared y la pared misma le devolvÃa la pelota. Pero, pero esta explicación no no no era muy incongruente. En primera, porque se le pegaba la pared y se le devolvÃa. TenÃa que sonar la pelota pegando en la pared y en ese momento no sonaba. Sonaba más o menos. Cuando alguien la cachaba, no hacÃan mucho ruido, como que estaban jugando silenciosamente. Y es en este punto que yo me la acerco y le pregunto que con quién estaba jugando, pues a lo mejor que estaba aumentando la pelota a la pared o al piso. Pero este niño lo que me responde simplemente me deja con un escalofrÃo porque yo no habÃa creÃdo en esta leyenda. Yo no creÃa en la leyenda de joel Para mà simplemente era un relato de terror. Pero aquel niño me responde que habÃa estado jugando con otro niño, un niño que tenÃa sus prendas desgarradas o niño que se notaba que vivÃa en la calle. Y este niño le dijo que se llama bajo él. Obviamente, yo unà todo esto y está más que claro que aquel espÃritu, al menos para mÃ, no se trata de una leyenda. No es un relato que simplemente se cuenta para tener, por asà decirlo, una leyenda urbana. En el hospital. Estoy más que seguro que hay almas que se pierden en un sitio y se quedan en este, tal como lo hizo aquel niño. Ese niño Joel ahora mismo se encuentra en aquel hospital y creo que sabe diferenciar muy bien, ya que las personas malas, las personas que son groseras, las personas que violentan a las demás, él les hace travesuras a las dos de la mañana, mientras que, por lo contrario, como les sucedió a aquel obrero o al mismo niño, el cual fue mi paciente, joel aparece con ellos, pero no los atormenta, no los asusta. A veces les da ánimos, a veces juega con ellos. En definitiva, que haig un fantasma en tal lugar, no es garantÃa de que asuste. Yo Creo que van dependiendo más bien de la persona que tú seas y dependiendo de eso va a ser la manifestación de éste. Esa fue mi historia. Gracias por escucharla. Mi nombre es Rosendo Rivera. La experiencia que les quiero contar sucedió durante una tarde. Actualmente todavÃa me desempeño como tal. Diversas experiencias me han pasado, pero nada como esto. Seguramente algunos creerán que las experiencias paranormales ocurren durante la noche. Bueno, a mà me pasó a plena luz del dÃa. Recibimos una llamada yo trabajo para la Cruz Roja. Fuimos inmediatamente al llegar a la casa. Nos encontramos con que era una casa, algo grande pero muy desatendida. HabÃa basura, la pintura, se estaba cayendo los barrotes estaban oxidados y afuera de esta casa se encontraba un grupo de personas. Yo asumà en ese momento que a lo mejor se trataban de los familiares, pero no todo lo contrario. Ellos simplemente se trataban de los vecinos, los cuales ellos mismos habÃan llamado a la Cruz Roja. Al llegar preguntamos quién era el que necesitaba la atención médica. La que tomó la palabra era una de las vecinas. Nos dijo que dentro de la casa se encontraba una señora que necesitaba urgentemente atención médica. Nosotros, asà como si no podÃamos entrar a una casa, la puerta se encontraba abierta, pero al entrarnos otros nos dimos cuenta que éramos los únicos que estábamos entrando. Ambos volteamos mi compañero y yo y miramos aquellas personas que se encontraban en el marco de la puerta, les preguntamos si nos podÃan señalar al menos dónde se encontraba la persona. Un hombre nos señaló en el piso de arriba y dijo que ahà la buscáramos, que era la única puerta que se encontraba abierta. Nos llamó la atención que ninguna de estas personas querÃan entrar a la casa. También se tiene que decir que la casa no necesariamente era una casa bonita o una casa a la cual tú te quisieras meter. De hecho aquà voy a contar algunas cosas, que esta casa tenÃa unas cosas muy extrañas. La casa se encontraba llena de polvo, como si hace mucho tiempo no la limpiaran. HabÃa telarañas en las esquinas, habÃa polvo en todas las mesas. Si bien no soy de una persona que se fija. En estos detalles habÃa unas cosas sobre las mesas, sobre los escritorios, sobre los muebles, que me llamaban fuertemente la atención y es que habÃa calaveras, habÃa in ciensos, habÃa hierbas, habÃa veladoras, habÃa libros. Al acercarme a uno de estos, logré ver que todos los libros que se encontraban ahà eran sobre magia, brujerÃa y algunas otras cosas con señales a lo que yo atribuyo demonÃacas. Yo decidÃ, por mi bien no enfocarme tanto en esto. Soy una persona creyente, asà que esto desarrollarÃa algún problema sobre mÃ. No me gusta la brujerÃa. Mi compañero me dijo o más bien me jaló del hombro para subir las escaleras. Al fin y al cabo, nos encontrábamos ahà por nuestro trabajo. Mientras más pronto lo hiciéramos más pronto nos Ãbamos a ir. Subimos aquellas escaleras, aquellas crujientes, escaleras de madera. Cuando llegamos al final, el segundo piso se dividÃa en dos pasillos, uno hacia la derecha y otra hacia la izquierda. Desde donde estábamos. No pudimos ver que puerta estaba abierta y cuál no estábamos decidiendo seguir hacia la derecha o hacia la izquierda. Cuando de pronto escuchamos pasos que venÃan del primer piso. Mi compañero fue el primero que volteó. QuerÃa cerciorarse por la vista quién era el que estaba ahÃ. Yo todavÃa tenÃa la vista pensando en aquellos dos pasillos. Cuando él me jaló del hombro y me preguntó oye estamos solos, yo bajé la mirada y le dije, pues creo que sÃ. O a lo mejor. Una de las personas entró. Ãl me miró y me dijo no. La puerta está cerrada y en la sala no hay nadie. PodÃamos ver la sala en su totalidad. Desde ese punto de vista no habÃa nadie y por los pasos que se habÃan oÃdo, se habÃan escuchado cerca de la escalera, por lo que si volteábamos tenÃamos que ver por lo menos de quién se trataba. Estaba muy cerca de nosotros, pero no pudimos verlo en ese momento. Estábamos pensativos en ese momento, cuando de pronto nos tocan las puertas, las puertas de ese segundo piso, una puerta de la izquierda y la otra puerta de la derecha, eran golpes. ProvenÃan desde adentro como si quisieran llamar nuestra atención. En ese momento nos dividimos. CreÃmos que tal vez las pisadas que habÃamos escuchado a lo mejor venÃan dentro de los cuartos y, por lo que sea, tal vez por el eco. HabÃamos confundido que vinieran del piso de abajo. Ambos nos acercamos a las perillas, las giramos casi al mismo tiempo. Al abrir la puerta, los dos quedamos igual de sorprendidos porque no habÃa nadie dentro de esas habitaciones. Es más, ni siquiera habÃan cosas. HabÃan como unos bolsos, unas bolsas oscuras de esas de basura, pero no habÃa camas, no habÃa roperos, no habÃa ningún tipo de mueble donde alguien se pudiera esconder. Asà que simplemente cerramos de nueva cuenta las puertas y decidimos caminar por el pasillo. Izquierdo los dos al mismo tiempo para encontrar aquella puerta abierta. Por suerte, la encontramos. No tardamos mucho al entrar a esta. Vimos un cuerpo reposado en la cama y al mirar lo mejor pude entender, porque las personas que se encontraban abajo no querÃan meterse. Básicamente lo que se encontraba recostado era un cadáver, un cadáver prácticamente era una señora madura. Tal vez de algunos cincuenta y tantos. Lo que llevaba puesto era simplemente una bata. Sus piernas, sus brazos, su cuello y su cara estaban totalmente chupados. Su rostro era más hueso que carne, Las cuencas de sus ojos sobresalÃan por muchÃsimo e incluso se le podÃa haber morado alrededor de los ojos. Sus uñas, tanto de los pies como de las manos, eran largas amarillas como si esta señora no se las hubiera cortado por meses. Su aspecto en general era muy desagradable. Pero aún asà tenÃamos que dar el informe. TenÃamos que corroborar si esta persona seguÃa con vida o cuanto menos calcular como cuánto tiempo llevaba sin vida. Yo recuerdo muy bien que le puse la mano en la nariz y de ella no salÃa aire, no estaba respirando. Después le tomamos el pulso, pero tampoco nada acto seguido. O sea aquél estetoscopio se lo puse en el pecho. De igual manera, no habÃa un latido en el estómago, tampoco nada. Sus órganos no proporcionaban ninguna especie de ruido. Mi compañero, de forma sarcástica, me estaba diciendo que la doña ya habÃa estirado la pata. Esta mujer mantenÃa la boca abierta. Yo me la acerqué un poco y el olor que salÃa desde dentro de ella era putrefacto, un mal olor que enseguida me hizo devolver hacia atrás. Era más que obvio que su cuerpo ya estaba entrando en la fase de descomposición. Ambos nos retiramos. Caminamos hasta la salida del cuarto. Estábamos sacando nuestros teléfonos para llamar y notificar lo que habÃamos encontrado. Cuando de pronto vemos una sombra que se va levantando al voltear ambos al mismo tiempo que se trata de la señora. La señora se va levantando como si nada se sienta sobre su cama y nos empieza a ver, empieza a fruncir el ceño y nos empieza a decir a reclamarnos que que estábamos haciendo dentro de su casa. Ambos no podÃamos contestar. Estábamos absolutamente perplejos. Estábamos asombrados. Esa persona no tenÃa vida. Cómo era posible que se hubiera levantado asà como si, obviamente, los dos nos acercamos con esta señora y le dijimos que tenÃa que ir a un hospital que se encontraba en un muy mal estado de salud. Pero esta señora no nos hizo caso. Ella simplemente nos dijo que se habÃa dormido y, por alguna extraña razón, se habÃa despertado más tarde de lo que ella no pudimos convencerla ni siquiera nos dio la oportunidad de tomarle la presión. Simplemente ya querÃa que nos fuéramos y por el camino, mientras nos sacaba de la habitación, nos repetÃa una y otra vez que a él no le gustaba que entraran en su casa, que a él no le gustaba que extraños la tocaran. Esto era muy extraño, porque es más que obvio que la señora daba a entender que no vivÃa sola y cuando Ãbamos caminando por el pasillo, vi al fondo de este del lado derecho, la silueta de una persona. Era una persona grande, una persona corpulenta, una persona que yo creo medÃa cerca de dos metros y meno medio y que, como lo sé, pues, simplemente por el techo, esta persona casi llegaba al techo, incluso estaba encorvada. Creo que, para evitar pegar con este, esta persona se encontraba al final del pasillo. Era sumamente extraña y mientras más me pongo a pensar en ella, más miedo me da porque, si bien del otro lado, de ese lado del pasillo, precisamente no habÃa ni una pisca de luz. Si se podÃa ver reflejada la luz del dÃa que entraba para explicarme mejor, yo podÃa ver la puerta, el color de la puerta, el color del papel tapiz del pasillo y de la puerta que estaba detrás de él. Era una puerta café y lo podÃa ver levemente, pero lo podÃa ver igual el papel tapiz era de un color azul marino. Por ende, tenÃa que poder ver la ropa de esta persona, el rostro de esta persona, la piel de esta persona, pero no podÃa esta persona. Toda su silueta estaba cubierta por absoluta oscuridad. Solamente se quedó parada observándonos mientras bajábamos. Cuando salimos, esta señora le dijo a los vecinos y les agradeció por haberse preocupado por ella, pero que ya estaba bien, que no habÃa pasado nada malo. Les agradeció nuevamente y se metió dentro de la casa. Cuando ya nos Ãbamos. Decidimos preguntarle a uno de los vecinos que por qué nos habÃan llamado cómo es que se habÃan enterado que que la señora estaba en esa posición, una pareja de ellos, de hecho, una pareja de recién casados que se encontraban viviendo al lado de esta casa, eran nuevos prácticamente en el vecindario. Ellos dijeron que habÃan escuchado extraños ruidos, para no decir extraños más bien aterradores ruidos. Viniendo de aquella casa. HabÃan escuchado gritos, gritos de alguna manera horrorosos como si les estuvieran arrancando las cuerdas vocales a una mujer, ruidos como de animal, como de un toro. Ruidos también como gruñidos como si un animal estuviera atacando dentro de la casa. A ellos les faltó poco para llamar a la policÃa. Pero esos ruidos que empezaron tan repentinamente también cesaron durante esa misma madrugada. A la mañana siguiente. El esposo de este matrimonio quiso ver si todo se encontraba bien. Por qué, Porque la única que vivÃa allà era esa señora su marido. Lo único que encontró fue esta mujer reposada en la cama en las mismas circunstancias con las que nosotros la encontramos y que por eso nos habÃan llamado. Me llamó la atención cuando esta señora mencionó que solamente aquella mujer vivÃa dentro de la casa. Yo le pregunté, pero no vive nadie más con ella. No hay nadie más, una familia, un marido, un hijo. Todos los vecinos dijeron que no, que aquella mujer vivÃa sola y que era muy conocida, pero básicamente por sus clientes y por dedicarse a hacer trabajos de brujerÃa. Terminamos todo lo que Ãbamos a hacer y nos subimos a la ambulancia y nos dirigimos de nueva cuenta a la Cruz Roja con algo más que solo una experiencia con un relato vivido por ambos de la vez que acudimos y entramos a la casa de una bruja. Mi nombre es Miguel Carranza. Mi experiencia se remonta a mis años de juventud verán. Yo nacà en México y estuve durante mucho tiempo en mi infancia, mayormente en lugares como Acapulco, Calcún. Visité muchos lugares turÃsticos, más que nada, lugares que tenÃan playa. Mi madre se movÃa por eso rubro de los hoteles y cuando ya salÃa a trabajar a algún lado, inevitablemente también a mà me llevaba. Como sabrán, desde pequeño estuve en el agua, aprendà a nadar desde muy temprana edad y conforme fui creciendo. Me atrajo mucho el oficio de ser pescador. Conocà a varias personas que se dedicaban a eso y cuando cumplà dieciocho años y por fin habÃa acabado el bachillerato, decidà meterme con mi tÃo qué se dedicaba a esto. Yo llevaba aproximadamente una semana trabajando con él. Yo aún para este tiempo no habÃa salido a mar abierto ni mucho menos tan cercano a la playa. Lo único que hacÃa era revisar todo lo que ellos pescaban, a llevar la contabilidad i tambi n a r r a empaquetar toda la mercancÃa, asà como también limpiar los peces, prepararlos y demás cosas. HabÃa salido a pescar, pero nada del otro mundo, ningún trabajo como el de un pescador, ningún trabajo como el que se llevara dentro de un bote de pesca profesional. Justamente el dÃa que mi tÃo decidió que era el momento para que yo saliera junto con él en la embarcación. Sucedió esto. El mar es muy volátil. Eso lo aprendà con mis años de estar pescando. Puede que el pronóstico te diga que va a ser un dÃa soleado. La verdad es cuando uno está dentro del agua, todo puede cambiar en fracción de minutos. En aquel momento yo me estaba preparando en el puerto, estaba alistándome, estaban todos los barcos amarrados. Cuando en él eso mi tÃo se me acerca y me dice que Ãbamos a esperar por lo menos unas tres horas más. No importaba el caso si es que salÃamos más tarde de lo planeado. Yo le pregunté por esto tenÃa curiosidad cómo es que Ãbamos a salir más tarde. Bueno, mi tÃo es un viejo lobo de mar, como popularmente se dice. Ãl me dijo que no habÃa gaviotas y que los animales en la costa se estaban comportando de una manera muy extraña. Eso solamente significaba que iba a venir un cambio de tiempo, un cambio de tiempo que no sabÃa si iba a ser muy volátil o tal vez uno pequeño. Pero él no querÃa arriesgarse. Yo estaba confundido porque apenas ayer habÃa visto el pronóstico y no pronosticaban lluvia. De hecho, pro nosticaban un dÃa soleado. Quedé con la boca abierta cuando, efectivamente, mi tÃo tenÃa razón. En fracción de alguna media hora, algunos treinta y dos minutos, minutos más, minutos menos, el cielo se empezó a nublar y empezó a llover de una manera muy fuerte. El mar se empezó a comportar de una manera muy brusca. Tanto asà que tuve que salir varias veces a la parte también otros pescadores. Todos estábamos cuidando más que nada, todas las embarcaciones, todos los botes, desde el más pequeño hasta el más grande. No podÃamos dejar que el agua, que el mar, que el océano, los arrastrará hasta mar abierto. Quiero que imaginen el paisaje salÃa cada cierto tiempo a revisar efectivamente, que todo estuviera bien amarrado, ya que el aire era muy fuerte y el agua se estaba subiendo cada vez más. Estaba con las amarras. Cuando de pronto empiezo a escuchar algo singular, yo traÃa puesto mi impermeable. Pero a pesar del sonido de la lluvia, a pesar del sonido del viento de las olas golpeando en diferentes partes, empecé a escuchar los gritos de una mujer, también gritos de hombre, también el llanto de un niño era como si una familia estuviera pidiendo ayuda, no lograba captar, que era lo que querÃan decir. Pero si captaba los gritos, los gritos de agonÃa que daban, esto me llamó la atención y empecé a agudizar mi oÃdo. QuerÃa captar de dónde provenÃan. Volteaba hacia las palapas, que se encontraba a más distancia. Volteaba hacia la playa, pero no habÃa nada, No habÃa ni una sola persona, ninguna persona de la cual yo pudiera escuchar que viniera un grito. En ese momento me descubrà me quité el gorro que tenÃan impremiable para empezar a escuchar mejor todo mi ambiente. Y es en este momento que yo empiezo a escuchar más claramente que estos gritos, que estos llantos de diferentes personas, venÃan del agua, venÃan de aquel mar tan volátil que veÃa era como si personas estuvieran entre el mar pidiendo ayuda. Empecé a ver el mar, pero no vi nada. Solamente veÃa aquellas olas grisáceas con un cielo totalmente nublado, con la lluvia cayendo. Era a decir verdad, algo muy tenebroso. Me daba escalofrÃos tan solo pensar de encontrarme ahà abajo no era una de las mejores posiciones para nadar. Y además, en ese tipo de tormentas, el mar te arrastra con una facilidad que es muy difÃcil de comprender para los que no están experimentados o los que no sepan nadar. Mi instinto me decÃa que tenÃa que volver al cabo. Ya habÃa hecho mi trabajo, habÃa asegurado las amarras, pero tenÃa un cierto presentimiento de que algo malo iba a ocurrir y no pasó mucho tiempo. Yo estaba caminando de vuelta cuando en eso veo que en el agua hay algo amarillo que me llama la atención. Al ponerle más atención, veo que se trata de un impermeable o un igual al mÃo. Empiezo a buscar con la mirada y en eso me doy cuenta de quién está abajo, de quién es la persona que está entrando al agua. Se trataba de Toño. Era un chico más o menos igual de mi edad. El recién también habÃa entrado. Yo tenÃa significativamente más, pero pero la diferencia era de tan solo dÃas. Yo, al ver a Toño, le grito que qué es lo que está haciendo en el agua, que el mar lo puede jalar, que salga lo más rápido posible, que necesitaba un salvavidas o algo otoño, al igual que yo sabÃa nadar muy bien, pero lo que me respondió no hizo otra cosa, sino alertarme más. Toño me decÃa que él podÃa ver a una niña que se encontraba entre las olas luchando por seguir nadando y que él iba a rescatarla. De hecho, me preguntó que acaso tú no la estás oyendo. Yo para ese momento no escuchaba nada. El llanto, los gritos habÃan cesado para mÃ, pero al parecer, para él él todavÃa los escuchaba. En ese momento, lo único que tenÃa hacer es ir por mi tÃo y los demás pescadores que, para mi suerte, estaban cerca se encontraban en una cantina cercana, en un restaurante bar en donde estaban desayunando. Al decirles que toño habÃa entrado en el agua y que estaba nadando. En medio de esta tormenta, todos salieron de inmediato, todo sin excepción alguno, incluso pescadores de otras embarcaciones. Mi tÃo fue el que llegó primero le dijo a Toño que saliera del agua, que regresara, pero él le dijo lo mismo. Tengo que encontrar a la niña. Está luchando por sobrevivir, que acaso ustedes no la ven. Mi tÃo, al igual que yo, no veÃa nada en ese momento. Yo recuerdo muy bien la cara de los pescadores. Todos estaban viendo entre ellos con una cara de terror y algunos de confusión. Mi tÃo lo que me dijo es que le ayudara a desembarcar una pequeña lancha que tenÃan a la mano. La desembarcamos, nos metimos en el mar y yo tenÃa fijado a Toño. Yo sabÃa dónde estaba. No le habÃa quitado la mirada de encima. Ãbamos en la lancha y tan pronto nos acercamos a su posición. Otoño desapareció simplemente. Era como si el agua se lo hubiera tragado. Empezamos a rodear a dar vueltas. Yo le decÃa a mi tÃo que este era el lugar que él no podÃa haber nadado tan rápido. En ese momento, dos pescadores que iban con nosotros se zambulleron en el océano y solamente de esa manera lograron sacar nuevamente a Toño. Otoño estaba desesperado, le faltaba el aire. Al parecer, estaba sumergido. Los pescadores lo ayudaron nuevamente a salir a la superficie, pero esto no quedó ahÃ. Toño estaba subiendo la lancha, pero algo, algo estaba impidiendo que Toño hubiera decÃa una y otra vez. Me está jalando, Me está jalando, Me está jalando. Nosotros estábamos muy confundidos. Quién te está jalando. Otoño ya subete a la lancha, pero genuinamente yo veÃa como sus brazos esforzaban y todos lo estábamos jalando algo en sus piernas que todavÃa estaban dentro del mar. Lo estaban jalando hacia abajo. En ese momento yo agarré una de las piernas de toño para poder subirlo y vi que del tobillo habÃa otro par de manos que lo sostenÃan con fuerza. Era como si hubiera una persona abajo en el agua tratando de hundirlo. No querÃa que toño se fuera de ahÃ. Yo vi sus manos y tan pronto me acerqué y tomé la pierna de toño para jalarla hacia arriba. Vi cómo se acercó un rostro por debajo del agua. Era un rostro cadavérico. TenÃa pelo largo, un pelo largo rubio y por sus facciones, o al menos lo poco que vi de sus facciones, ya que casi en su totalidad podrÃa decir que era una calavera. Esto era femenino, Era como una mujer que se encontraba abajo del agua para buena suerte de Toño y Ia también esta cosa lo soltó como que se rindió. Finalmente, cuando subimos a Toño y otra vez estuvimos en el puerto, él nos platicó algo que a mà y aparte de los pescadores, sobre todo a los más inexpertos, a los nuevos, hizo que se nos erizara la piel, hizo que nos provocara un escalofrÃo. Otoño explica que habÃa visto una niña a lo lejos pidiendo ayuda. Es más, también la podÃa escuchar él sin pensarlo. Dos veces se metió en el agua, tiró el impermeable, se sambolló y fue directo hacia ella Una vez que estuvo con ella, porque Toño dice que la pudo sostener, la pudo abrazar él ya se dirigÃa nuevamente al puerto con ella en los brazos. Dice que al momento de tomar a la niña, esta extraña chiquilla lo abrazó fuertemente. Toño no se explica cómo pasó, pero era como si esta niña pesara mucho, como si pesara aquà los kilos y kilos y conforme aumentaba el tiempo, esta niña pesaba más tanto llegó a esto que Toño se hundió. Se hundió en compañÃa de aquella niña. Dice que él, cuando ya se estaba sumergiendo, cuando veÃa que no podÃa salir, él dice que cuando veÃa que el agua cada vez estaba más arriba de él y le costaba nadar hacia la superficie, soltó a esta niña. Pero esta niña no se soltó de él. Esta niña lo tomó del pie y lo seguÃa sumergiendo y sumergiendo hasta el fondo. Fue en ese momento que los demás pescadores se metieron y lo lograron ayudar a subir a la superficie, pero dicen que es pero Toño explica que, a pesar de que lo estaban ayudando, aquella niña no se soltaba de él. Para rematar esta historia, los pescadores y bien dicen que no vieron a ninguna niña. Ellos dijeron que sà sentÃan como algo estaba sumergiendo a Toño, como una fuerza o algo con mucho peso. Lo estaba jalando cada vez más y cada vez más tanto que ellos dos en conjunto con ambas fuerzas, tuvieron que rescatarlo. Claro, también está lo que yo vivÃ, lo que yo pude ver. Esto no se los dije a ellos, Esto solamente se lo dije a mi tÃo, lo que pude ver en el agua, lo que lo estaban va sosteniendo. Mi tÃo simplemente me explicó que, en efecto, esas cosas pasan y que por eso en el mar se tiene que tener mucho cuidado. Yo o algo asombrado. Le pregunté a mi tÃo se habÃa vivido otras experiencias similares. Ãl simplemente con la cabeza me dijo que si acto seguido. Le pregunté entonces o lo que vimos ahÃ. Se trata de una sirena. Mi tÃo simplemente dibujó una media sonrisa en su rostro y me dijo no. Todo lo que se ven en las pelÃculas pasa en el océano. Me explicó que el océano es un elemento de conducción. Me dijo que hicieron una prueba y creo que también ustedes lo pueden hacer. El lago en sà mismo es un elemento el cual te puede ayudar a desinfectar, el cual también te puede ayudar a curar una herida, pero también te puede quitar la vida. Puedes poner cualquier recipiente con la forma que este tenga verás que el agua toma la forma de este. Si hay un camino por más pequeño que este sea o por más grande o por más imperfecciones que tenga, el agua va a encontrar el camino de cómo llegar a éste y de cómo acoplarse a éste. En el Océano se han perdido muchas vidas y si bien no por esto se trata de que todo el Océano esté embrujado. Mi tÃo cree que hay ciertas corrientes o ciertas tormentas que atraen este tipo de espÃritus, porque, como él dijo, el agua es un elemento de conducción y asà como conduce animales, conduce vida, porque el agua en su totalidad es vida. Gracias al agua es que se desarrolló la vida. También puede trasladar otras energÃas, como espÃritus malignos que residen dentro del agua. Esto no solamente él lo cree. Lo creen muchos pescadores, de hecho, los más viejos y los más experimentados todos creen esto. Yo soy bien, ya no soy pescador. Tengo que decir que después de esta experiencia le tuve mucho respeto al océano, al mar. Y por si esto no fuera poco, cabe decir que aquella tormenta que habÃa comenzado tan volátil y súbitamente asà súbitamente también se calmó era como si solamente hubiera durado algunas cuatro horas. El sol volvió a salir como si nada hubiera pasado. Esto también me ayudó a tener en cuenta de estar preparado en todo momento, ya que no se sabe cuándo el mar va a estar de tu lado, ofreciéndote una pesca muy pero muy rica, de muchos peces y cuando también va a estar en contra de ti que también algunas veces ha volteado embarcaciones y ha desaparecido a toda la tripulación de un barco de un momento a otro. La siguiente historia en cuestión le sucedió mi tÃo. Esta vez nos vamos unos años más atrás. Cuando él estaba de pescador. Era una embarcación totalmente diferente a la que yo me subà con él. Para ese entonces. Ãl tenÃa ya una cierta experiencia en el labor de pescador. Uno de sus amigos, sus amigos más allegados, también era un pescador de nombre Facundo. Era un joven muy intrépido, muy terco y muy desafiante en cierta mañana, cuando se encontraban desempeñando las labores en una zona de pesca muy cercana al mar abierto. Sucedió lo siguiente y antes de explicarles esto, les quiero decir que los pescadores, asà como también los marineros, tienen sus supersticiones, tienen sus malos augurios. Como muchos dicen, estos malos augurios no son asà simplemente por tener algunas reglas o tener algunas supersticiones sobrenaturales que quisieran tener los pescadores. No. Esto le quedó más que claro a mi tÃo que tenÃan una razón el por qué y por qué creÃan en esto tanto, uno de estos malos augurios es que jamás nunca si estás en mal abiertos, si eres un pescador o un marinero, no les debes hacer daño a las gaviotas, pues se tienen la creencia de que las gaviotas portan las almas de los marineros que han perdido la vida en el Océano. Y esto es más que nada para dar un poco de respeto. Esto tomando en cuenta que mi tÃo era pescador resultaba algo tedioso, ya que el capitán hacerle daño a estos animales cuando sacaban el pescado, Cuando se encontraba el pescado en la borda, algunas gaviotas venÃan inevitablemente, lo que tenÃamos que hacer era espantarlas sin hacerles daño. Aunque Facundo tenÃa el temperamento muy volátil y en una de estas ocasiones sacó una resoltera que él siempre traÃa. Le apuntó una gaviota y le soltó una piedra, no solamente a una. Ãl repitió esto tres veces, quitándole la vida a tres gaviotas en la borda. El capitán se dio cuenta de esto y, obviamente, lo regañó y lo mandó a que se pusiera a hacer otras labores, labores que nadie querÃa hacer. Esto más que nada como forma de castigo. Y aquà viene lo interesante porque y es que cuando iban de vuelta, toparon con algo, toparon de frente con algo muy duro. Por debajo, Era como si la embarcación hubiera anclado, hubiera topado con tierra, con un arrecife sacudió toda la embarcación. Mi tÃo incluso se habÃa caÃdo. Todos se levantaron después del gran golpe que habÃan sufrido. Estaban mirando por la borda y en eso mi tÃo escucha un grito que viene desde el otro lado de la borda. Es el grito que ninguno de los pescadores o marineros quiere escuchar jamás y están gritando. Hombre al agua? Hombre al agua? Hombre al agua? Todos fueron de inmediato y se encontraron precisamente que Facundo estaba en el mar. Y a pesar de que Facundo, al igual que todos todos los pescadores, sabÃa nadar muy bien de alguna extraña manera, él no se podÃa mantener a flote, se hundÃa y después otra vez salÃa pidiendo ayuda. Hay otro mal augurio, el cual se los contaré más adelante, y es que en un principio nadie se sambolló a recogerlo. Tomaron unos flotadores de estos salvavidas y los lanzaron con una cuerda facundo. Simplemente tenÃa que agarrarse de ellos y todos Ãbamos a tirar de la cuerda y lo Ãbamos a traer nuevamente hasta el barco. Pero aquà sucede algo extraño, como si no hubiera sido suficiente aquel golpe cada salvavidas que le tiraban a facundo. La cuerda se rompÃa y ojo no se rompÃa de la fricción que hacÃa con la embarcación. Además, son cuerdas grandes, son cuerdas gruesas, son cuerdas de marinero de barco. Rara vez se rompen e incluso tienen años de duración. Mi tÃo recuerda que le lanzaron tres salvavidas y las tres cuerdas que iban con estos Salvavidas, las tres cuerdas se rompieron. Y no solamente el hecho extraño de que estas cuerdas se rompieran fue el detonante de tener aún más terror arriba del barco, sino que cuando la revisaron, se dieron cuenta que estas cuerdas se habÃan reventado, pero más que nada, parecÃan cortadas, como si las hubieran cortado con cuchillo. Eso era prácticamente imposible. Ellos, antes de lanzarla, la revisaban, la estiraban. La cuerda cada vez que la lanzaban estaba bien de un momento para otro. La acuerda sin más se reventaba aparecÃa cortada. El maestre del barco tuvo una idea en lo que todos nosotros estábamos ahà viendo cómo sacar a Facundo. Facundo, por suerte, gracias a los flotadores, podÃa mantenerse a flote, podÃa mantenerse en la superficie extrañamente siendo un buen nadador, no podÃa llegar al barco. Ãl hacia su intento por nadar, pero no se movÃa de lugar. Era como si algo lo estuviera reteniendo. Era como si algo le impidiera el paso. El maestre habÃa sacado una viga de madera grande pesada que ayudaba más que nada al soporte de la grúa con la que sacábamos. Los pescados entre seis, entre mi tÃo y otros seis pescadores, la sujetaron fuertemente. Se la pasaron a Facundo, Ãl la tomó. Solamente De esta manera pudieron devolverlo al barco. Una vez que Facundo estaba fuera de peligro, el capitán puso en marcha el barco él pensó en dar reversa, dar vuelta, pero curiosamente, el barco no estaba atascado. El barco no habÃa topado con nada o al menos ya no se encontraba atascado, como él pensaba simplemente con lo que sea, con lo que habÃan topado, ya no estaba ahà o tal vez fue algo que a propósito los habÃa empujado. Es ahà que el capitán toma la decisión de volver a puerto. No querÃa mantenerse ese dÃa en el mar. Ãl empieza a conectar todo lo que habÃa pasado y les dice que van a volver, porque hoy está más que claro que hicieron enojar al océano y que, para su mala suerte, si tardaban en regresar, es posible que el mar se cobre todas sus vidas. Y es que el otro mal augurio del que les quiero decir es que cuando un hombre cae al agua, pero cae porque el océano quiere que caiga no por un accidente. Cuando el océano reclama el alma de ese sujeto, no se debe de salvar. Aquella ocasión estaba más que claro de que todo esto. De eso se trataba. El mar intencionalmente habÃa golpeado el barco y habÃa hecho que facundo cayera y en ese momento lo habÃamos retado salvándolo. El capitán iba por el camino conduciendo muy rápidamente. El capitán les decÃa a sus pescadores que rezaran a sus dioses, que rezaran a cualquier entidad en la que ellos creyeran y pedir que el mar no los volteara y mucho peor, que los desorientara, porque, a pesar de que el capitán tenÃa s año de ser pescador y de conocer muy bien esas aguas. Hasta el más experto y esto lo comprueba la historia, hasta el capitán más experto puede perderse. El mar es muy mÃstico y puede ocasionar tragedias. Por suerte, llegaron a puerto, pero a facundo se le prohibió subir. Al dÃa siguiente y durante una semana completa, el capitán no querÃa correr riesgos sobre lo que podrÃa pasar en alta mar. No querÃa que el océano se enojara de nuevo hola a toda la Comunidad. Mi nombre Esezequiel. La experiencia que les quiero contar no viene de mÃ. Viene de parte de mi padre. Esto sucedió hace unos años atrás, cerca de una década. Mi padre era marino. Formaba parte de la Marina Mexicana, pero no era terrestre. Ãl se iba en las embarcaciones y llegaba a diferentes puertos de la República Mexicana. Más que nada donde lo ocupaban. En su transcurso por el mar. Me platicó muchas cosas, muchas reglas que tenÃan unos dichos populares que tienen los marineros. Y a pesar de que si le sucedieron varias cosas paranormales, como ver siluetas en el agua, ver incluso barcos fantasmas entre la niebla de la mañana que hay en el mar, hubo una experiencia o más bien un acontecimiento que me dejó bastante intrigado. Verán, mi padre dice que hay una cierta zona cercana al puerto de Veracruz en donde sucedió una tragedia. Sucede que estaban haciendo una plataforma petrolera, los motivos por el cual esta no se terminó de hacer. Mi padre no lo sabe solamente rumores, pero, en efecto, se habÃa comenzado. TenÃan las bases, el tiempo, el mar, las condiciones climáticas y el nulo mantenimiento que se le daba a los restos hizo que esta base de la plataforma se deteriorara muy fácilmente al grado que al pasar algunos años, esta desapareció por completo. Como dije antes, los motivos no se saben, pero lo que sà se sabe es que se perdieron vidas. Algunos trabajadores de ahà fallecieron debido a un accidente Y esto podrÃa quedar hasta aquà como una historia trágica. Pero lo curioso viene que mi padre, cada vez que pasaba con el barco y en compañÃa de más marineros para que se hagan una idea. Son marinos navales, son soldados, Ellos no son muy supersticiosos. Ellos solamente pueden creer en lo que ven o en lo que tocan, y cada vez que pasaban por ahÃ, un miedo les invadÃa a todos por igual. Y es que durante la temporada de otor por regular en el mar, cuando va amaneciendo, hay una cierta niebla, una niebla que les impide ver después de cierta distancia, pero pueden ver siluetas, pueden ver cosas si es que se están acercando. Lo curioso aquà es que cuando pasaban por este lugar, veÃan la silueta de lo que parecÃan ser las bases de aquella plataforma, algo que no tenÃa sentido porque ya habÃan pasado varias veces por ahÃ, sobre todo de dÃa y también de noche, las bases ya no se encontraban o al menos no se encontraban en la superficie. El mar se las habÃa devorado casualmente entre la niebla se podÃan ver y a la par de que el barco se iba acercando, estas siluetas de las bases iban desapareciendo como si la niebla se las llevara consigo, como si fueran prácticamente aire. Otra cosa muy extraña que pasaba es que el radar comenzaba a fallar, por asà decirlo, Y esto muchas veces el capitán se los dijo más que nada. Yo creo que, para no infundir tanto el miedo, es que en esa zona el radar acostumbraba a timbrar, a timbrar mucho. Verán les explico este radar. Este radar se tiene en el barco y te va marcando si algo o muy grande o de proporciones pesadas, algo enorme, también puede captar animales, se va acercando al barco ojo solamente si esta cosa es grande y pesada. Lo extraño es que el radar no marcaba nada. Pero, sin embargo, este al mismo tiempo tenÃa un sistema de seguridad y es que si esa cosa se iba acercando y se iba acercando y el barco no tomaba acción evasiva, es decir, como si fuera a pasar muy cerca de él o si fuera a chocar de plano frente a este. El radar comenzaba a timbrar una y otra y otra vez sonaba y sonaba por si acaso el marino que estaba de encargado no se precanta de lo que estaba sucediendo. El radar le avisaba. Todas las veces que pasamos por ahà el radar se activó y ni una sola vez tanto mi padre como otros marinos no lograron saber de qué era lo que se trataba. Era como si nosotros no pudiéramos ver nada. Esto pasó varias veces y por obvias razones, intentaron buscarle una solución lógica. Pensaron que tal vez era un animal grande y el error que cometieron que mi padre estuvo presente en una ocasión en la que hicieron esto. Tengo entendido que lo hicieron más veces, pero mi padre fue presente en una de estas y es activar el micrófono. QuerÃan saber si captaban el sonido de algo cercano a la plataforma, pero esto quedó más que claro que nunca lo debieron de hacer, porque fuera de dar respuestas, esto hizo todo lo contrario y fue dar más dudas respecto a todo este tema. En el micrófono se podÃan escuchar voces, voces que provenÃan desde el fondo del Océano, voces de personas, voces de hombres y no solamente voces, sino también golpes, golpes metálicos, sonidos como de herramienta, como si alguien es estuviera trabajando en el fondo del Océano. Múltiples veces se quiso llegar a algo que fuera lógico en este caso, pero jamás se pudo. Aquella plataforma habÃa sido abandonada, habÃa sido deteriorada y conforme pasaba el tiempo, solamente que daban los cimientos al fondo. No habÃa más planta cerca, no habÃa ninguna empresa que quisiera trabajar ahÃ. Mi padre dice y me explica que lo que se escucha en aquella zona son los trabajadores que perdieron la vida. Ellos siguen trabajando, Ellos siguen desempeñando sus labores. Tal vez ni siquiera saben que ya no se encuentran vivos y estarán ahà por toda la eternidad. Otro relato de mi padre le sucedió cuando iba a bordo de una fracta, una fracta uno de estos buques de guerra muy grandes de acero por completo. Ãl lo consideró sumamente extraño, porque, a pesar de que el navÃo era demasiado grande, cosa que intimidaba a todas las especies animales. Fue que un caso como este le sucedió a él. No sé si estén al tanto, pero en el mar se cuentan muchas cosas respecto a monstruos animales fuera de nuestra imaginación. Creo que el caso más popular es el kracken el leviatán animales de enormes proporciones que, según se dicen en leyendas, habitan en las profundidades del océano. Mi padre, con todos los años de experiencia que tiene, él dice que cree esto más bien no creen los monstruos per se, pero cree fervientemente que animales de grandes proporciones, peces, calamares, anguilas, diferentes especies de animales acuáticos viven en las profundidades que son muy diferentes a los que nosotros conocemos. Ãl puede dar fe de esto, ya que en una ocasión vio lo que podré decir un monstruo marino, un monstruo marino que solamente lo vio una sola vez y jamás se volvió a presentar. Y es esta siguiente historia que, para suerte, él mismo te la va a explicar. Era de noche estábamos en el Golfo de México, ya casi saliendo de éste cerca de Yucatán. HabÃamos anclado. Estábamos, por asà decirlo, en mar abierto, ya que no veÃamos a ningún lado rastros de civilización. Solamente era el mar y el buque. En aquella noche, a mà me tocaba hacer el turno de guardia. TenÃa que caminar de un lado hacia otro, verificar algunas cosas, llevar una bitácora y asà estar hasta aproximadamente las diez de la mañana del dÃa siguiente. No era el único. Este buque de guerra es muy grande, asà que habÃa muchos más marinos en diferentes ubicaciones. Como sabrán, en el mar donde nos encontrábamos. Una vez que nosotros anclamos, cesamos el ruido casi por completo. Creo que hay más ruido proveniente de las olas y fue por este mismo detalle que yo me percaté de lo que estaba sucediendo. Estaba caminando cuando de pronto escucho un estruendo, un estruendo que no es para nada normal, No es un sonido que haga la fracta. Es un sonido de agua, como si algo se hubiera caÃdo, como si alguien hubiera caÃdo por la borda. Yo identifico de dónde vine el ruido y voy caminando a paso veloz hacia este lugar. Al llegar, mis sospechas inan siendo verdaderas, porque en ese lugar, en ese trayecto, se suponÃa que tenÃa que haber otro marino que, al igual que yo, estaba desempeñando la guardia nocturna, pero no se encontraba sin perder el tiempo. Yo me asomé por la borda y pude ver en el agua, en aquella oscura agua que habÃa rastros, como si alguien hubiera caÃdo. Llamen esos rastros que deja el agua agitada en un solo lugar de donde proviene la caÃda. Yo en ese momento hubiera podido ir y poner la alarma de que tal vez se habÃa caÃdo el marino. Pero me encuentro con algo extraño y es que, al ver más de cerca, veo que no es el único rastro. Veo que hay más rastros alrededor de este. Yo hasta ese momento no habÃa escuchado que más personas hubieran caÃdo hasta que pongo mejor atención y veo que esos rastros que deja el agua, todas esas ondas, no se trata de un cuerpo cayendo, sino de algo que estaba saliendo del agua y que se estaba pegando a la fracta, sino de algo que estaba saliendo del agua y se estaba pegando a la fracta. Yo veo en ese momento que hay bultos oscuros que salen del agua y se pegan a la fracta, se pegan al hierro para que me entiendan. Es como si una salamanquesa saliera del agua y se les pegara y fuera caminando pegada en el acero hasta llegar arriba. Cuando puse mayor atención, vi quella s encontraban varias de estas cosas pegadas a la fracta y que no solamente estaban pegadas, sino que estaban escalando. Supe de inmediato que eso no se trataba de algo normal. Aquellas cosas estaban moviendo, Aquellas cosas tenÃan vida. Me estaban viendo porque sus ojos brillaban en la oscuridad parpadeaban, me miraban a la par de que iban subiendo. Eran bastantes. Creo que algunas cuarenta o cincuenta pegadas alrededor y todavÃa saliendo más. En ese momento, lo único que hice fue sacar mi pistola. Yo para ese tiempo ya habÃa subido de rango. Me acerqué a uno de los gatillos que se usan para pedir ayuda, ya sea para avisar algo o para notificar alguna falla a la paz que tiré de él. Volvà rápidamente a la borda saqué la pistola. La preparé para esto. También habÃa tomado una linterna que se encontraba a un lado de aquel gatillo. Prendà la linterna la apunté y abajo de esta mi pistola y fue que con la luz de la linterna pude ver mejor de qué se trataba. Estas cosas que iban saliendo del agua. TenÃan la cabeza como la de un ajolote, pero a diferencia de este animal, de estas salÃan dos largas extremidades como brazos de un humano, con los cuales se pegaban al acero e iban escalando su cuerpo por lo que restaba era simplemente una aleta enorme como las de un anguila eléctrica. Qué usaba para impulsarse del agua y saltar hacia el buque. Yo solamente les estaba apuntando y cuando lo saludé, estos se detuvieron por un momento, pero aún asà siguieron escalando. Cabe recalcar que su color era totalmente oscuro. Estaban subiendo muy rápido. Cuando en eso llega uno de los marinos corriendo. Este marino no tenÃa pistola, por lo que simplemente estaba esperando que alguien llegara. Necesitaba testigos para hacer lo que iba a hacer. Yo tenÃa preparado el gatillo. Simplemente estaba esperando a otra persona. Ãl se asomó al igual que yo y los vio. Ãl me preguntó pero qué es eso, de qué se trata. Yo simplemente empecé a jalar el gatillo y comencé a disparar una y otra y otra vez. Aquellas cosas nunca las habÃa visto, pero tenÃan sentido común como cualquier otro animal a la par de que oyeron las detonaciones empezaron a saltar de vuelta al agua. No todas simplemente las que estaban cerca. Obviamente, que los disparos atrayeron a más personas, a más marinos. Yo seguà disparando mientras que el otro marino simplemente me veÃa asombrado. Yo lo miré y le dije túya las viste. Ãl me dijo sÃ. Yo respondà con un ok Le dije te necesito, porque si no hay pruebas, si no hay testigos como tú, van a creer que estoy loco, Tú no tienes arma, no te preocupes, solamente ocupo tus palabras. Seguà disparando hasta que por fin, todas y cada una de estas cosas volvieron al mar. No iba a dejar que subieran a la borda entre todos los marinos que llegaron. Llegó un contramaestre A este le expliqué lo que habÃa visto y que no solamente eso, sino que uno de los marinos el que se suponÃa tenÃa que estar cuidando, esa parte habÃa desaparecido y que, según mis sospechas, tal vez habrÃa caÃdo por la borda o aún peor se lo habÃan llevado. Pese a que yo tenÃa mi historia y el otro marino rectificaba todo lo que habÃa hecho. Era difÃcil de creer, pero a fin final de cuentas, no me trataron de loco. Las pruebas estaban ahà y la desaparición de un elemento también estaba ahÃ. Se bajó una lancha, la cual buscó por todo el área y alrededor de toda la fracta, en un perÃmetro al marino que faltaba, pero no importaron todos aquellos esfuerzos no lograron encontrarlo. Esto me dejó como experiencia que, en definitiva, el mar el Océano es inmenso demasiado grande y que en él se ocultan cosas animales criaturas que escapan a nuestra imaginación ya sean demasiado grandes o como en este caso algunos seres pequeños, porque yo no le calculo a esos animales más de un metro, pero eran bastantes numerosos, como que se movÃan por manada, algo que sin duda me dejó una buena enseñanza de estar al pendiente, incluso cuando todo está callado, cuando hay absoluta tranquilidad, pues es en esos momentos en los que uno no se espera nada que ocurren las peores cosas. Esas fueron mis historias. Gracias por permitirme compartirlas.




