ATERRADORES RELATOS DE IGLESIAS Y FUNERARIAS / EXPERIENCIAS PARANORMALES EN LUGARES RELIGIOSOS

Una recopilacion aterradora sobre experiencias paranormales sucedidos en lugares santos y lugares del descanso de los fallecidos.
Hola a toda la Comunidad lo que les quiero contar a continuación me gustarÃa que permaneciera en completo anonimato Verán. Yo soy sacerdote y lo que les quiero contar me pasó hace ya algunos buenos años. No estoy muy seguro, pero creo que unos veinte años si ya han pasado. De esto resulta ser que, como Sacerdote, nos mandan a diferentes lugares, diferentes paÃses. Por suerte, yo soy mexicano y estoy actualmente en México. Les cuento hace veinte años A mà me habÃan mandado a una zona se podrÃa decir rural. Era un pueblo, habÃa algunas buenas personas y en su mayorÃa todos eran católicos. Por ende, la iglesia se llenaba por completo. La iglesia en un principio era una casita de madera bastante humilde. Conforme pasó el tiempo, fuimos remodelándola, fuimos metiéndole material, etc, etc. Etc. Y muchas personas del pueblo contribuyeron, ya sea en mano de obra o en materiales, a ir, poniendo la iglesia un poco más bonita. HabÃa una familia, en concreto una familia que, si bien era católica, algunas veces iba a misa, otras veces se perdÃa y en algunas otras ocasiones desaparecÃan por completo. Yo esto me fijaba cada vez que alguien iba a misa y prácticamente de esa manera conocÃa a todo el pueblo. Pero ocurrÃa algo con esta familia ni una cierta fama, el padre, más que nada de que tenÃan mucho dinero, pero ese dinero era gracias a algunos crÃmenes. Se decÃa que el padre de la familia se dedicaba al crimen organizado. Me llegaron diferentes rumores de él. La verdad es que yo siempre me mantuve el margen. No quise indagar más al respecto. Y como quien dice, no busques enemigos donde no los tienes. Además, siempre nos han dicho que no somos quienes para juzgar al prójimo. En cierto tiempo, esta familia decidió mudarse. Algunos dicen que porque la policÃa ya estaba buscando este hombre y querÃa huir junto con toda su familia. Esto era lo de menos más que nada para que entiendan el contexto antes de que esta familia se fuera. Como les digo, la iglesia apenas estaba iniciando. Nos hacÃan falta muchas cosas, llámese pinturas, estatuas, ciertos muebles y demás. Una mañana, la mujer de este hombre llegó y me dijo que querÃa dejar en la iglesia dos estatuas que eran de la familia. Eran dos santos, dos santos de nuestra religión. Claro, no voy a decir los nombres de los santos para simplemente no malinterpretar las cosas. El caso era que estos dos santos, estas dos estatuas, eran de cerámica y tenÃan una buena estatura. A la Iglesia le iba a convenir mucho esto. Yo le pregunto a la señora si querÃa dinero. Se los compraba. Incluso ella dijo que no, que esas estatuas pertenecen a la familia, que las tenÃa en su casa y que, como se iban a mudar, no las podÃan transportar con ellos, que era mejor que se quedaran en la iglesia y las tomas de buena fe. No pensé que nada mal ocurrirÃa de esto. Ante todo, pensé que esas personas, a pesar de los chismes, a pesar de los rumores que se corrÃan por el pueblo, pensaba que esa familia era buena, pero estaba más que equivocado o a lo mejor ellos ni siquiera se habÃan dado cuenta de lo que me habÃan dejado en aquella Iglesia. Las cosas malas empezaron a pasar casi de inmediato. Lo primero que noté es que habÃa una cierta pesadez. SentÃa tristeza, melancolÃa, me sentÃa irritable. También las misas cada vez fueron más difÃciles de llevar a cabo y no me explico por qué hasta ese momento yo me encontraba de lo más feliz, de lo más normal. Tan solo fue el momento que llegaran esas estatuas para cambiarlo todo. En una de las tardes yo me encontraba platicando con otras catequistas cuando de pronto, en cierto momento me quedé solo estaba sentado en una de las bancas de la Iglesia pensando en diferentes cosas, cosas que tenÃa que llevar a cabo en las próximas semanas cuando de repente empiezo a sentir una mirada. Creo que muchas personas saben lo que es eso. Sientes la mirada de alguien. Cuando alguien tiene la mirada muy pesada que te la clava y tú la sientes y te empiezas a incomodar de cierta manera. Eso era lo que me estaba pasando a mà en aquella ocasión. Yo volteé hacia donde sentÃa aquella mirada y lo que vi está de más decir que no era normal. Lo que sucedió fue lo siguiente. Tan pronto volteé la estatua. También se volteó para que me entiendan ustedes alguna vez han estado mirando a alguien y cuando esa persona voltea, ustedes voltean la cabeza inmediatamente, pero saben muy bien que los vieron bueno. Algo asà sucedió al momento de que yo volteé vi como claramente, aunque sea por una fracción de segundo que la cabeza de aquella estatua se volteó rápidamente hacia otro lado. La estatua su cara, su rostro, su cabeza por completo, estaba volteada mirándome y al momento de que yo me percaté, esta la volteó. Pero sÃ, me di cuenta. Me di cuenta de esto casi enseguida, me levanté caminé directamente hacia ella. Lo primero que hice fue tocar sus pies de después de su pierna, después sus brazos. QuerÃa cerserarme de alguna manera de que todo eso fuera cerámica, toque también su rostro de forma muy lenta y después su cuello, que era el que se habÃa movido, que era el que le habÃa dado movilidad hacia apenas unos segundos. No sé cómo me sentà en ese momento al tocarlo y cerciorarme de que, en efecto, era cerámica no habÃa una forma congruente o lógica de que aquella estatua se hubiera volteado. Yo me alejé de esta y trata de pensar que habÃa confundido las cosas, que mis ojos me habÃan hecho pasar un mal rato mi propia mente. Pero esto se repitió y a la noche siguiente, mientras estaba dando misa, recuerdo muy bien que estaba mirando al público, estaba dando las lecturas, cuando de pronto mis ojos cayeron en la vista de esas estatuas. Ambas estaban al lado de las puertas de la iglesia. Por ende, podÃa verlas muy fácilmente, pero al observarlas me di cuenta de algo, de algo que no me dejaba terminar las oraciones que incluso me dio un ataque de tos tartamudeaba no podÃa completar oraciones, y es que estas estatuas me estaban observando fijamente a mà habÃan volteado su cabeza y me estaban observando su posición era recta. TenÃan que estar viendo a las entradas de la iglesia, pero no su cabeza habÃa dado una vuelta y me estaban observando como les vuelvo a repetir, estaban hechas de cerámica. No se podÃan haber volteado. No podÃan hacer eso como en ese preciso momento me estaban viendo fijamente a mÃ. Esto me pasó no una ni dos, sino varias noches, y cada vez que terminaba la Iglesia y cada vez que me acercaba a ellas de nueva cuenta, la posición de sus cabezas se encontraba de una manera normal. Ya no me estaban observando esto de por sà ya estaba taladrando mi cabeza sobre si me habÃa vuelto loco. Pero habÃa otra cosa que estaba sucediendo que, al menos a mà me reconfortaba en que no era el único al que le estaban pasando este tipo de cosas. HabÃa una señora, una catequista que era la Cabriel Iglesia temprano por las mañanas y passe. Resulta que cada mañana siempre encontraba que todos los bancos, que todas las sillas se encontraban revueltas, las habÃan movido de un lugar a otro, las habÃan regado, incluso algunas estaban tiradas, todas sin excepción. No habÃa ni una sola fila que no estuviera movida. El caso es que quién lo pudo haber hecho. Este era un pueblo muy católico. Ni siquiera los adolescentes se atrevÃan a faltarle de esa manera el respeto a la iglesia. Aún más, Lo que se hacÃa más extraño es cómo se habÃan metido. La iglesia se cerraba y se cerraba por completo. Quien fuera que se metiera varÃa de otra manera o tendrÃa algún tipo de llave. No habÃa explicación para estos sucesos hasta que una noche o una noche que habÃa mucho viento habÃa como una tormenta. Yo salà de mi casa, que se encontraba a dos casas de la iglesia. Me dirigà hacia allá en punto de la medianoche. TenÃa la curiosidad de saber qué ocurrÃa durante la noche en la iglesia. TenÃa miedo. No lo voy a mentir y aún asà me dio más miedo aún cuando me fijé por la ventana dentro de la iglesia. Todo estaba oscuro, no se podÃa ver nada, pero si escuchaba y escuchaba todo lo que pasaba ahà dentro habÃa una risa. Los muebles se movÃan de un lado hacia otro, mientras que esta risa se carcajeaba y se carcajeaba una y otra y otra vez, como si le divirtiera, estará siendo desorden. Agarré el valor que tenÃa. Fui hasta la entrada, metà la llave y la giré. Entré muy bruscamente a la Iglesia. El apagador se encontraba cerca y aún asà cuando entré el movimiento y las risas no se detuvieron, siguieron y siguieron hasta que me acerqué lo suficiente para poder encender la luz. Y justo en ese momento, una de las bancas de la madera me pegó en la cadera y me hizo caer al suelo. Pero, por suerte, para esto ya habÃa encendido la luz y una vez que la encendà el movimiento, las risas se detuvieron súbitamente. Dentro de la Iglesia no se encontraba nadie, no habÃa nadie, no habÃa ni una sola persona. HabÃa un desorden En ese momento. Lo único que se me dio de idea era ir con uno de los vecinos. Este vecino me ayudaba mucho en la Iglesia y sabÃa que si le pedÃa ayuda en cualquier hora sé que podÃa contar con él. El caso es que fui y cuando me preguntó qué era lo que pasaba dentro de la Iglesia, que por qué le hablaba, que por qué le hablaba. Lo único que le dije o lo que le tenÃa a decir lo único más rápido que pensé es que le dije que alguien se habÃa metido y que necesitaba de su apoyo. Ãl salió. Fue hasta la Iglesia junto conmigo y empezamos a acomodar todo. Lo. Primero que le pedà era que me ayudara a sacar las estatuas, aquellas dos estatuas que nos habÃan donado. Por suerte, él no me preguntó el por qué de esto simplemente me ayudó sin preguntar al momento de que la saqué de la Iglesia. Y mientras mi vecino estaba acomodando todo, adentro les aventé, agua, bendita e hice unas oraciones. Después me metà dentro de la Iglesia. Acomodamos todo y las estatuas se quedaron afuera. A la mañana siguiente, aquellas estatuas ya no amanecieron. Muchas de las personas me preguntaron que qué habÃa sucedido con ellas. Muchas de las personas me preguntaron qué era lo que habÃa sucedido con ellas. Obviamente, la falta de la presencia de esta se notaba. Yo les dije que lo más probable era que las habÃan robado. Pero algo dentro de mà me dice que esto no pasó, Y es que, como lo dije anteriormente, todas las personas de este lugar, en su mayorÃa, en aquella época, eran católicas, le tenÃan mucho respeto a la religión. No creo que se las hayan robado, pero para suerte mÃa y también para los catequistas, las cosas paranormales, las cosas sin sentido dejaron de suceder una vez que estas estatuas desaparecieron Hola. Mi nombre es Mauricio Reyes. La experiencia que les quiero contar a continuación me sucedió cuando yo era un adolescente, tenÃa alrededor de unos trece catorce años y mi familia, toda la vida desde que mi madre y mi padre se casaron, han tenido siempre esta vocación, más bien de estar siempre muy apegados a la iglesia. Mis hermanos y también yo hemos asistido a eventos, participado también en via crucis, catecismo y demás cosas. Por lo tanto, no es raro pensar que también fui moneguillo cuando lo decidà a decir verdad a mi madre le gustó mucho la idea en cuestión de las pocas semanas me metà a la Iglesia y empecé a desempeñarme como tal. Estuve de moneguillo. Creo que algunos dos años y exactamente cuando cumplà el año me pasó esta experiencia. Verán yo antes veÃa a la Iglesia como el lugar donde menos uno esperarÃa que le pasaran cosas paranormales. Pero habÃa algo raro con esta Iglesia. Se los voy a explicar, porque al menos cuando yo tenÃa trece años, asà lo sentÃa. Yo era moneguillo de las las las s ñas a mediodÃa cuando se podÃa en fin de semana y también entre semana. Durante ese tiempo yo me sentÃa muy bien dentro de la Iglesia hacia amigos. Llevaba mi dÃa de lo más normal, pero todo cambiaba cuando caÃa la noche, y es que empezaba a sentir un cierto temor, un temor podrÃamos decirlo como incomodidad. No me sentÃa a gusto y me pasó varias veces cuando tenÃa que ser monaguillo en las misas que se dan por la noche y sentÃa una hora extraña. Conforme se iba acabando la misa. Nosotros nos tenÃamos que quedar para arreglar algunas cosas y siempre que me quedaba hacÃa lo que me tocaba lo más rápido posible para salir de igual manera rápido. No sé por qué, pero tenÃa la extraña sensación de que querÃa salir de ahà cuanto antes. Esto siempre me pasaba por las noches y yo lo atribuÃa a que tal vez me daba miedo a la oscuridad dentro de la iglesia o a la par de otros factores. La verdad no le traté de encontrar alguna explicación a esto, pero a excepción de un dÃa en que tuve que entrar a esta iglesia totalmente. Solo fue que descubrà el porqué de esto habÃa una celebración en la Iglesia. No se podÃa hacer, ya que era una iglesia más o menos chica, Era una iglesia de colonia. Al frente de esta Iglesia habÃa un terreno, un terreno que estaba en construcción, pero era muy espacioso, estaba deshabitado y le habÃan dado permiso a la Iglesia de que se podÃa usar en caso de celebraciones, fiestas a los santos y y demás eventos que se tenÃan a lo largo del año. En uno de estos eventos, una de estas fiestas, se llevó a cabo por la noche en este terreno. A mà me dieron una orden. TenÃa que ir a la Iglesia y dejar algunos instrumentos que habÃamos ocupado en esta celebración y más que nada, porque ya se iba a guardar todo pero estos eran más importantes. Yo fui hasta la Iglesia. Se escuchaba la música, se escuchaba todo el alboroto todavÃa, pero por obvias razones, la Iglesia, en ese momento, en concreto, se encontraba cerrada. A mà me habÃan dado la llave y yo con esa abrà y entré a esta. Las luces estaban levemente encendidas. Solamente se podÃa ver la parte de arriba y todo el pasillo, el pasillo de en medio, todo lo demás cas y en su totalidad estaba en oscuridad. Yo caminé, dejé los utensilios, cada uno en su respectivo lugar y justo cuando me disponÃa a irme, me di cuenta de que no estaba solo en aquella iglesia. HabÃa alguien más sentado en una esquina rezando. De hecho, me llamó a mà la atención por esto mismo, porque no se escuchaba nada, solamente de pronto empecé a escuchar unas oraciones, pero muy levemente, como un susurro. A mà se me hizo extraño, pero la verdad no le quise dar más vueltas al asunto. A lo mejor era una persona que estaba pasando por un mal momento, necesitaba estar dentro de la iglesia. Lo que se me hacÃa extraño era como habÃa pasado. Si a mà me habÃan dado las llaves, significa que, y como habÃa corroborado, la iglesia estaba cerrada, aunque también habÃa otra entrada, una puerta de fierro que se encontraba por un lado de la iglesia, que conectaba a un pasillo hacia afuera. Por ahà también podÃamos entrar. De hecho, por allá entrábamos todos los monaguillos. Una vez que comenzaba la misa, pensé que tal vez esa puerta estuviera abierta, asà que por ahà pudo haber entrado este hombre, simplemente me pasaba a retirar lentamente asà tal cual como habÃa entrado, pero a la par de que le ponÃa atención conforme iba caminando. Me di cuenta que este hombre más bien se trataba de un muchacho. Su cara, a pesar de que estaba sumido en la oscuridad, podÃa notarla un tanto extraña. Era una cara muy delgada. Sus pómulos resaltaban. Estaba como que muy pero muy delgado, pero no delgado de una forma normal, sino delgado como si fuera alguna enfermedad. ParecÃa enfermo y conforme le ponÃa más atención. La situación empeoró bastante, y es que el cuerpo de este joven estaba muy maltrecho. Estaba, podrÃamos decirlo deforme, pero deforme de una manera que no podÃa pasar desapercibida. Su hombro estaba muy elevado. Estaba totalmente salido de su lugar, más que dislocado. Su codo estaba quedando y sumido hacia adelante. Su brazo estaba totalmente torcido. Su pecho también parecÃa como si estuviera sumido como si algo lo hubiera enterrado. Su otro brazo de igual manera se encontraba totalmente torcido. Esto me espantó de sobremanera porque al solo verlo era muy sorprendente y muy terrorÃfico. Traté de seguir caminando igual. No quise que se malentendieran las cosas y es que verán en ese pueblo y también por conocimiento en redes sociales. Algunas personas tienen enfermedades en el cuerpo, algunas personas desarrollan huesos y cuerpos muy impresionantes que resultan para la normativa totalmente deformes. Pensé que tal vez este joven tenÃa este problema y lo que menos querÃa era tener algún tipo de discriminación hacia él. Asà que solamente salà cerré la puerta nuevamente con llave porque supuse que la del fierro estarÃa abierta y volvà hacia la fiesta. Por el camino me encontré con otra catequista, a la cual se dirigÃa también a la Iglesia. Ella me preguntó si la habÃa dejado abierta. Yo le contesté que estaba abierta la puerta de fierro qué por ahà podÃa pasar ella. Siguió mi consejo, caminó por el pasillo y minutos después llegó de nuevo a la fiesta y me dijo pero por qué me mientes. La puerta de fierro no está abierta tampoco la puerta de la Iglesia. Necesito entrar. Dame las llaves. Yo en ese momento estaba sorprendido. No podÃa creer que no estuviera abierta. Cómo es que aquel joven habÃa entrado entonces fui con esta catequista. Abrimos la puerta de la Iglesia y al entrar yo busqué con la mirada a aquel joven que habÃa visto tan solo minutos antes. No habÃa absolutamente nadie en esa Iglesia. Todo estaba silencio como si nadie hubiera estado ahà desde hace un buen tiempo. Esto me dejó aterrado por algunas noches, por algunas dos semanas. No querÃa estar en esa iglesia. Tan pronto el sol se ocultara y comenzó a oscurecer. Me empezaba a poner muy nervioso, pero de nuevo otra cosa ocurrió. HabÃan pasado algunos meses en la Iglesia estaba sufriendo, por asà decirlo, de una plaga. Se habÃa dado la orden de que se iban a suspender la misa del miércoles y del viernes. Precisamente porque la iban a fumigar toda. Recuerdo que el dÃa viernes, una vez que todo se habÃa disipado, estábamos haciendo una limpieza general. HabÃa una señora que hace la limpieza en la Iglesia, pero ya era una señora pues de una edad muy adulta. Por ende, no podÃa hacer ciertas cosas que se necesitaban mucha fuerza para emplearlas. Y tal era el campo de las cabinas del confesionario. Estas cabinas se tienen que mover un poco, limpiar levemente y también las puertas. Los moneguillos, como yo eran los que se encargaban de este trabajo. Recuerdo que era tarde, pasadas de las ocho de la noche. Yo era el único y el último en salir de aquella limpieza. Estaba limpiando la última cabina de confesionario cuando de pronto vuelvo a escuchar unos rezos que provienen de la esquina de la Iglesia. De nueva cuenta, veo que se encuentra otra vez aquella sombra, aquella sombra que hasta ese dÃa no habÃa podido olvidar. Era el mismo joven con las mismas torceduras en su cuerpo, rezando una y otra y otra vez. Esto para mà fue suficiente para que entrara un pánico, pero un pánico como pocos en mi vida lo he experimentado. Quise correr, quise caminar, y ninguna de las dos cosas pude. Lo único que pude hacer en ese momento fue abrir la cabina del confesionario y meterme dentro de esta. No estoy seguro de cuánto tiempo tarde ahÃ, pero sà fueron algunos minutos. Escuchaba como rezaba y rezaba este hombre hasta que de pronto escuché como la puerta de fierro se abrÃa y después escuchó unos pasos escuché la voz del padre. Ãl era el que habÃa entrado. Después de que entró, hubo un silencio y después el padre comenzó a rezar, pero a rezar de una manera muy alta, o sea, con mucha voz. Se podÃa escuchar en toda la Iglesia sus rezos. Cuando él empezó a rezar la voz de aquel joven se silenció por completo. Solamente escuchaba ahora la voz del padre. Esperé ahà unos cinco minutos más. QuerÃa cerciorarme de que ahora se encontrara el padre y que no que al menos al salir yo no estuviera solo. Cuando salà de la cabina, volteé hacia todos los lados. Solamente se encontraba el padre. Ãl me miró sorprendido y trató un poco como de sobrellevarlo. Me preguntó qué estaba haciendo ahÃ. Encerrado, yo no le respondà simplemente le pregunté él ya se fue dÃgame, si ya se fue el padre. Se me quedó mirando y después me preguntó tú puedes verlo, qué fue lo que viste. Yo le dije que en dos ocasiones habÃa visto un muchacho con una cara muy desgastada, con un cuerpo torcido rezando en aquella esquina de la Iglesia. El padre me dijo que lo mejor serÃa que me fuera a casa y que no regresara, al menos por las noches. Yo en ese momento le hice caso, pero sabÃa que habÃa una explicación ahora para todo la voz del padre. Su mirada me hacÃa sentir que yo tenÃa razón. Al parecer, no era el único que podÃa verlo. Después de un tiempo, yo le pregunté al padre claro todo, con mucho respeto, pero tenÃa que saber quién era ese muchacho y por qué estaba en la Iglesia. El padre me respondió con una historia bastante triste a decir verdad que lo que vi aquella noche no era una persona viva. Ese muchacho habÃa perdido la vida hace cinco años, ya en frente de la iglesia, o al menos a una cuadra de distancia. HabÃa una avenida, una avenida en la que los coches pasan a alta velocidad, y este joven habÃa perdido la vida. AhÃ, justamente, cuando una camioneta estaba pasando, yo le pregunté entonces es un alma en pena. Fue un accidente. El padre miró hacia el suelo y dijo que no, que esto no se trataba de un alma en pena, que esto no se trataba de un accidente. El o n o n o n o habÃa visto que venÃa en la camioneta. Era un muchacho que venÃa de una familia muy disfuncional, tenÃa un fuerte problema intrafamiliar. Entonces él no vio otra razón no vio otra salida que quitarse su propia vida en aquella avenida. La culpa no fue de la camioneta. Ella venÃa transitando a una velocidad de setenta kilómetros por hora, que es lo mÃnimo que se va en esas avenidas. El joven la vio esperó el momento justo y se lanzó enfrente de ella. El chico quedó con su cuerpo totalmente torcido debido a la fuerza con la que fue el impacto. Me dijo que las almas que cometen este pecado, porque ante todo es un pecado, no son reconocidas todavÃa en el cielo, No son reconocidas todavÃa como almas que puedan descansar en paz. No era todavÃa su tiempo. Por ende, todavÃa no se reconoce también a la par de que a veces estas almas se van y dejan cosas pendientes, dejan asuntos sin arreglar. Por ende, no son almas que puedan descansar tan fácilmente e incluso aunque sean jóvenes. Yo le pregunto al padre que si podÃa hacer algo por esta alma. Yo tenÃa miedo de volvérmela a encontrar. QuerÃa saber si podÃa hacer algo para que descansara. QuerÃa saber si podÃa hacer algo para que ya no se presentara. El padre me dijo que todo lo que se podÃa hacer ya se habÃa hecho. La Santa sepultura los rezos. De hecho, cada vez que venÃa el padre también la podÃa ver. Rezaba por él rezaba porque encontrara la luz, pero al parecer no funcionaba. Me dijo que lo mejor serÃa que yo no me presentara por las noches. Me dijo que tenÃa, por asà decirlo, un don o, una cierta sensibilidad, ya que la gran mayorÃa de personas no pueden ver este tipo de cosas, y yo sà pude. Le pregunté que por qué, simplemente por la noche que porque esta alma no venÃa durante el dÃa. Ãl me dijo simplemente que lo hayaba ligado a que en esa misma hora fue cuando ocurrió el accidente. Fue cuando este joven se aventó hacia la camioneta. Posiblemente este joven aún no acepta que ya no está con vida. Lo único que podemos hacer, como dijo el padre, es dejarlo en manos de Dios y que se vaya cuando él tenga que irse. Esa fue mi historia. Gracias a toda la comunidad y saludos de este Monterrey Hola. Mi nombre es Santiago, y la experiencia que les quiero contar a continuación le sucedió a mi hermana. Eso sÃ, saludos a toda la comunidad. Antes que todo mi hermana, durante un tiempo, hace ya unos años atrás, trabajó en una funeraria. Ella es enfermera y digamos que está acostumbrada a ver el cuerpo humano. Pero a pesar de esto, no le gustaba estar en este procedimiento como de embalsamador de cuerpos que también era una parte que tenÃa la funeraria. Esta funeraria pertenecÃa a una familia y esta familia más concretamente era amigo de mi padre. Por ende, le ofrecieron este empleo a mi hermana en lo que ella conseguÃa algo de su rama, algo de enfermerÃa. Mi hermana simplemente se limitaba a preparar a los difuntos para el funeral, Los maquillaba, los vestÃa y los ponÃa en forma para que, pues se vieran bien el tono de su piel, no se viera algo opaco, algo pálido para toda su familia. Ella cuenta que en aquella ocasión estaban preparando a dos cuerpos, dos personas que tenÃan funeral ese mismo dÃa. Eran horas de la madrugada y el funeral iba a empezar tan pronto comenzar a la mañana. Una de estas personas era una viejita, ya una anciana, y otra de estas, muy por el contrario, era una niña, una niña que ya suume tendrÃa algunos ocho o nueve años cuando dejó este mundo. Se hacÃa bastante evidente el contraste. Ella, sin embargo, estaba preparando a la anciana en una habitación y la esposa del dueño de la funeraria estaba preparando a la niña en otra habitación diferente. En esta madrugada, ellas no se encontraban solas. La esposa del dueño habÃa llegado con su hija. La niña andaba jugando por recepción y de vez en cuando subÃa, pero claro tenÃa estrictamente prohibido entrar a los cuartos, sobre todo porque se tenÃa que llevar una higiene bastante responsable y también un poco de sentido común. O sea, no puedes dejar que una niña entre y ve un cadáver. Prácticamente, sin embargo, a veces la niña se encontrba va corriendo por los pasillos de la funeraria, por lo que no era algo sorprendente verla por esos lugares. En cierto momento, mi hermana se encontraba preparando el cuerpo de esta viejita. TenÃa un poco de polvo blanco que le estaba poniendo en ciertas partes del cuerpo como las muñecas, el cuello, que es donde empieza a haberse morado, empieza a verse la piel un poco más acabada sin querer se manchó de este polvo a ambas manos. Estaba toda espolvoreada de ambas manos y antes de que pudiera limpiarse, se fue la luz. Se fue la luz absolutamente en toda la funeraria. Esto no era algo extraño para que no piensen que mi hermana se asustó o pensó que era algo paranormal para nada. Esto le sucedió la funeraria cada vez que se sobresaturaba de energÃa. Como les expliqué anteriormente, esta no era una cadena de funerarias. Era una funeraria de una familia. Por ende, todavÃa no tenÃan muy bien acondicionado el sistema eléctrico. Esta pastilla que se encontraba precisamente en el segundo piso donde mi hermana se encontraba, a veces se botaba hacia arriba y se iba toda la electricidad. Pero tenÃa un motivo si la funeraria estaba ocupando todos los climas que precisamente en ese tiempo era verano, se estaban utilizando todos los climas al máximo, aparte de ciertos aparatos electrónicos que también se usan dentro de la misma funeraria. La pastilla se bota como un método de precaución para que no haya un corto circuito. Lo único que se tenÃa que hacer en una de esas ocasiones era ir de nuevo hacia la pastilla, subirla de nuevo y apagar unos cuantos climas que, por lo regular algunos no se utilizaban, pero los mantenÃan para que hubiera un ambiente agradable en todo el edificio. Mi hermana se levantó intentó buscar su celular, pero no tuvo éxito. Por más que se estiraba, empezaba a toquetear todas las mesas. No lograba encontrar su celular y fue en ese punto en que una voz llamó su atención. Era la voz de una niña. Ella pensó en un principio, usando la lógica en ese momento que se trataba de la hija de esta señora. Obviamente, como les explica anteriormente, esta niña acostumbraba a ir a estos pasillos. Asà que era de lo más normal pensar esto. Recuerda muy bien lo que le dijo esta voz, esta niña le dijo a mi hermana está muy oscuro. Puedes encender la luz. Por favor, mi hermana le dijo claro que sÃ. Solamente tengo que ir a la pastilla. Por favor, quédate aquà y no te muevas. Ella dice que la niña no querÃa hacerle caso porque, según en sus palabras, tenÃa miedo. Mi hermana trató de tocarla un poco con sus palmas, ya que no se podÃa ver nada en el pasillo y en eso tocó una mano. Ella creyó que era la mano de la niña porque se sentÃa pequeña, pero al momento de tocarla, ella dice que siente frÃo. La mano estaba totalmente helada y también algo dura, algo podrÃamos decirlo como que sus huesos se notaban se sentÃan más de lo normal. Ella atribuye esto que, a lo mejor, la niña estaba jugando en uno de los paneles de ventilación, estos paneles que escupen el aire frÃo. Obviamente, si estás mucho tiempo frente a ellos, obviamente tu piel se empieza a sentir frÃa, empiezas a estar frÃo completamente, y esta niña a veces la habÃa visto en esos paneles, más concretamente cuando llegaba de la escuela o llegaba de un clima muy caluroso y se ponÃa enfrente de estos paneles. Tomó la mano de la niña. Se le hizo extraño, pero recordó esto y empezó a caminar con ella por todo el pasillo. Durante esta caminata hacia el panel de las pastillas, mi hermana recuerda que le intentaba hacer plática a la niña, pero esta niña no contestaba ella. Simplemente guardaba silencio. Mientras seguÃan caminando a cierta distancia. Mi hermana le dijo que esperara. Ella ya sabÃa cómo subir la pastilla, claro, pero tenÃa un cierto miedo, no de la niña, sino que podÃa haber un error, PodÃa haber un cable ahÃ, algo de electricidad claro y podrÃa sufrir un toque ella tenÃa en cuenta esto, pero se iba agarrada de la mano de la niña. Posiblemente ella también hubiera recibido esta des carga eléctrica, asà que prefirió ir con precaución hacia esto. Le dijo a la niña que se quedara ahà parada mientras ella iba y encendÃa el panel. Este panel era muy fácilmente reconocible, incluso en la oscuridad, ya que tenÃa tres focos rojos que se encendÃan una vez que la luz se iba, asà que no era muy difÃcil encontrar la palanca aunque también, como mi hermana pensaba, podÃa haber un margen de error y no querÃa cometer una equivocación. Cuando mi hermana sube la pastilla y otra vez vuelve toda la electricidad en el edificio, da la media vuelta y busca con la vista a la niña, pero ahora ella ya no se encuentra. Está sola en el pasillo. Se le hace muy extraño. Empieza a buscar a la niña, le empieza a llamar por su nombre, pero no recibe respeta. Ella empieza a bajar el primer piso y justamente cuando va bajando ve que en el ob entrando va caminando la esposa del dueño junto a su hija, A mi hermana. Esto se le hace sumamente raro. No lo puede comprender en un principio, porque se suponÃa que habÃa tocado a esa niña. Hace apenas minutos, esa niña se encontraba en el pasillo. No habÃa forma de que hubiera bajado tan rápido y que estuviera fuera y que todavÃa estuviera entrando con su madre. Ella las ve y le pregunta a la niña, pero que no estabas ARRIBA la niña se le queda mirando y le dice que no, que ella estaba con su madre afuera y su madre le dice que si que habÃan salido a comprar algo a la tienda, que habÃan visto que el edificio no tenÃa luz y que se habÃan devuelto inmediatamente para subir la pastilla, pero que cuando ya estaban muy cerca las luces encendieron. Mi hermana les dice que ella habÃa encendido la pastilla y a partir de aquÃ, mi hermana decide ya no contarles nada. Se guarda ciertas cosas que le habÃan pasado para sà misma. Ella trata de encontrar alguna explicación a esto, pero por más que lo piensa, no encuentra ninguna hasta que después de unos minutos, cuando se encontraba de nueva cuenta preparando a la viejita la llama a esta mujer le dice que venga un poco, que le ayude con la niña. Obviamente, la tienen que cargarla, tienen que voltear para ponerle mejor el vestido, para ponerle también ciertos arreglos que tenÃa unos chonguitos, unos moños. Mi hermana va hacia aquella habitación y ve el cuerpo de la niña reposado en aquella mesa de aluminio. La ve claramente y esta, señora le hace mención de algo, de algo que la deja con un escalofrÃo recurriendo todo su cuerpo. Y es que le pregunta oye tú te metiste ahorita aquà a la habitación. Mi hermana le responde que no, que no, que ella simplemente caminó por el pasillo y encendió la pastilla. Eso fue todo. La señora le responde ok, es que se me hace extraño algo. Mi hermana le vuelve a preguntar, pero qué sucedió. La señora le dice que encontró la niña una vez que llegó de vuelta de la tienda en una extraña posición. A ver ella dice no la encontré sentada ni nada por el estilo, pero no estaba como yo la habÃa dejado. Se habÃa movido algunos centÃmetros y sus pies y manos estaban en diferente posición a lo que yo los habÃa dejado. Esta señora tomó una de las manos y dice mira esta mano. Yo la habÃa dejado hacia o porque se les estaba pintando. Y ahora están hacia arriba y tienen polvo y yo no estoy usando polvo. Ahorita, es más, ni siquiera lo traigo. Y cuando mi hermana ve el polvo y voltea y ve sus manos. Es más que evidente era el mismo polvo que ella tenÃa en sus manos la que esta niña traÃa en una de ellas, como si ellas dos se hubieran tomado de la mano hace apenas unos minutos. Recuerda que terminó el turno más a la fuerza que de otra cosa, ya no se presentó a trabajar al dÃa siguiente. Renunció formalmente después de dos dÃas. El motivo verdadero. Jamás se los quiso decir a los dueños, pero está más que segura que esa noche tocó la mano de un cadáver. Esa fue mi historia. Gracias por escucharla. Saludos a la cripta embrujada hola. Buenas noches. Mi nombre es Narciso Colón y les quiero compartir una experiencia que me sucedió mientras trabajaba de velador. Mi experiencia comienza asÃ. Yo trabajaba para una empresa de seguridad privada. Como sabrán, a estas empresas se les contrata en diferentes lugares, ya sea comercios, plazas, comerciales, incluso casas como mansiones, personas muy influyentes. Yo estaba trabajando en esa empresa cerca de ya unos tres a cuatro años y durante ese tiempo habÃa prestado mis servicios de vigilancia durante el turno nocturno a una funeraria. Iba ahÃ. Llegaba a las siete de la tarde y mi turro terminaba a las siete de la mañana. A pesar de que prestaba mi servicio en la funeraria, mi lugar de trabajo no era dentro de esta. Yo tenÃa que vigilar todo afuera de la funeraria y controlar los accesos tanto de las personas que entraban como también de las personas que salÃan. Estuve trabajando un largo tiempo en ese lugar y hasta ese momento no me habÃa pasado nada, nada paranormal como lo que me pasó aquella noche. Hubo un dÃa en que se me avisó que requerÃan que ahora vigilara dentro de la funeraria. Esto solamente era cosa de una noche, o esporádicamente algunas noches. Resulta que el velador, el velador que era fijo de la funeraria, el que habÃa contratado la funeraria, iba a estar ausente unos ciertos dÃas. Por ende, antes de presentarme a la noche siguiente para desempeñar mi turno, me vi con este velador y hablamos unas ciertas cosas que tenÃa que tener en cuenta a la hora de vigilar la funeraria. Una de estas era que simplemente me limitara a vigilar la parte de enfrente, o sea, el ob donde entraban los cuartos de administración, el primer piso, a grandes rasgos, a excepción de algunos almacenes, pero que no subiera al segundo piso. Estaba prohibido pasar ahÃ. Me dijo que todas las noches habÃa un grupo de personas que se quedaban por ende que si escuchaba pisadas voces que venÃan de arriba, pues qué eran ellos que no me sorprendiera para nada. Yo le pregunté, pero tienes alguna tarjeta de acceso, algún cuaderno donde vayas anotando los nombres de quienes se quedan en las noches y quiénes se van en las mañanas. Ãl me dijo que no y que no le prestara atención a esos detalles, simplemente que me quedara y vigilara esas partes de la funeraria que no me subiera al segundo piso. A mà se me hace extraño esto porque yo afuera si tenÃa un cuaderno, una bitácora, el cual marcaba los accesos del personal y según a mi experiencia, según a lo que yo habÃa notado, dÃa con dÃa, noche con noche, personas dentro de la funeraria jamás se quedaban. Esto algo extraño y nuevo para mÃ, Pero bueno, si él era el velador a lo mejor, habÃa personas que se quedaban y salÃan hasta después de las diez de la mañana, cuando ya no me encontraba ahÃ, cabÃa la posibilidad. Si él me dice que sucede esto, entonces lo tomaré en cuenta. En fin, llegué aquella noche, me presenté a las siete de la tarde y me desempeñé como siempre, le abrÃa las puertas, controlaba el acceso de las personas que se iban de la funeraria. Cuando de pronto esta quedó vacÃa, Recuerdo que eran los mismos nombres que se iban, las mismas personas que iban y venÃan todos los dÃas. Eran las mismas personas que yo veÃa fuera. Llegó a tal momento, a una cierta hora por ahà de las diez de la noche en que yo sabÃa que ya no habÃa nadie. Pensé que tal vez en aquella ocasión no se habÃan quedado personas. Estaba silencio por completo la funeraria, no habÃa ninguna voz, ningunos pasos, absolutamente nada. Se quedó totalmente callado el edificio, un edificio de dos pisos. Yo procedà a seguir con mi turno, Calenté mi comida, vi algo en el celular, vigilé las partes que este velador me dijo que vigilara y después fui y me senté nuevamente en el escritorio, en el obvio. Algo que nunca me habÃa pasado me pasó aquella noche y es que, inevitablemente y sin querer me quedé dormido, tal vez era porque tenÃa el clima prendido. Estaba sentado, estaba todo callado y pues al tener todas esas facilidades, inevitablemente me cayó sueño. Lo que me despertó en aquella ocasión no fue ni siquiera ni una llamada. Fueon los pasos, las voces, el llanto de alguien que estaba llorando. Obviamente, me desperté. Pensé que esto serÃa alguna clase de pesadilla, alguna clase de terror nocturno, pero para nada, todos esos ruidos provenÃan desde adentro de la funeraria, más concretamente de la parte de arriba. Escuchaba múltiples pisadas, pero no de una ni dos personas, sino de varias. Yo asegurarÃa que serÃan como unas siete nueve personas las que estuvieran arriba de mÃ, o sea, en el techo, en el segundo piso, caminaban de un lado hacia otro. Escuchaba voces y no alcanzaba a divisar qué era lo que decÃan, pero las escuchaba, sobre todo también llanto. Alguien estaba llorando. A veces escuchaba el llanto de un hombre y otras veces el llanto de una mujer y a veces también el llanto de ambos. Uniéndose esto, se me hacÃa muy extraño. Muchas veces tuve la tentación de subir, pero decidà acatarme a las instrucciones que me habÃan dejado y creo que eso fue lo mejor que pude hacer en aquella ocasión. Estos ruidos extraños duraron toda la noche y por eso de las cinco de la mañana cesaron por completo. Ya no escuché nada tan súbitamente como habÃan comenzado, se habÃan aplacado. Ahora habÃa silencio, un silencio sepulcral como si nada de lo que hubiera escuchado hubiera pasado en aquella mañana. Yo recuerdo que el primero en llegar era el gerente. Llegaba por eso de las seis y media seis cuarenta de la mañana, antes que que todos los empleados lo saludé, le di los buenos dÃas. Me preguntó que cómo habÃa estado el turno, ya que sabÃa sobre el movimiento que se habÃa hecho. Y yo le pregunté simplemente, o sea, como curiosidad que si no llevaba un registro, que si no le incomodaba o que me pudiera decir cuáles eran las personas que trabajaban en el torno nocturno, ya que para tener en cuenta por si acaso sucedÃa algo, tan solo que me diera los nombres, que me diera al menos sus rostros, que me diera la posibilidad de verlos, de ver sus rostros, sobre todo para seguridad dentro del mismo edificio. En ese momento, cuando yo le estaba explicando todo esto, se me quedó mirando. Pero muy extrañado. Ãl me dijo, pero muchacho. A veces sà trabajaban durante las noches, pero son muy contadas las veces. En lo que va del año, creo que solamente ha trabajado de noche algunas tres o cuatro veces y son las mismas personas que ves en el dÃa. Yo no tengo turno de noche. Yo le dije sÃ, en esta ocasión trabajaron de noche. Yo los escuché. Estaban aquà arriba. Me puso de nuevo la cara de extrañado y me dijo de nueva cuenta. Hoy no trabajo nadie y como te digo, trabajamos de noche algunas muy contadas, veces cuando el trabajo es mucho, pero trabajamos en nuestra área, o sea, en el área de vestimenta de los fallecidos, preparar a los cadáveres. Pero eso si bien se lleva a cabo. En el segundo piso, se lleva a cabo hasta el otro extremo del edificio no se lleva a cabo Aquà arriba yo tenÃa en cuenta esto. SabÃa que preparaban a los difuntos en unos ciertos cuartos que tenÃan especiales, pero a decir verdad, en ese momento yo no sabÃa qué tipo de cuarto o qué habitación se situaban arriba de donde yo estaba, de donde provenÃan las pisadas, de donde provenÃan las voces. Antes de que se fuera yo le pregunté oiga ahÃ, qué es lo que está arriba de aquÃ, qué hay en el segundo piso aquÃ, arriba de mÃ. Ãl me dijo que esa habitación se compartÃa con la morgue de la localidad. La morgue no estaba muy lejos el amor que simplemente se situaba a unos cuantos metros enfrente de la funeraria. Esta morgue, que era también del hospital que estaba cerca. Se situaba simplemente a unos cuantos metros enfrente de la funeraria y esta misma morgue. A veces le pedÃa apoyo a la funeraria para pasar unos ciertos cuerpos y a pilarlos ahà hasta que un miembro de la familia saliera a reconocerlo. O por otros temas, el caso es que habÃa cerca de unos veinte cuerpos sin vida, apilados, cada uno en su mesa, que estaban reposando en una habitación grande, y esa habitación era la misma que se encontraba arriba de mà en ese momento. También se tiene que decir que en esa habitación solamente se guardaban los cuerpos. En esa habitación no se trabajaba, tan sólo iban ahÃ, sacaban el cuerpo y se lo llevaban. No entraban ni siquiera un máximo de dos personas a la vez en aquel cuarto a la noche siguiente, cuando pude ver el velador de nueva cuenta, le dije todo lo que me habÃa pasado y le dije también sobre la platica que habÃa tenido con el gerente. Ãl simplemente se sonrió y me dijo es que si te decÃa la verdad, tenÃa de dos opciones. O me decÃas loco o me decÃas que estaba demente por creer en fantasmas o a lo mejor no hubieras querido venir. Pero sÃ, no hay un turno de noche. Los que caminan arriba durante toda la madrugada son los cadáveres




