June 29, 2023

ATERRADORES RELATOS DE IGLESIAS Y FUNERARIAS / EXPERIENCIAS PARANORMALES EN LUGARES RELIGIOSOS

ATERRADORES RELATOS DE IGLESIAS Y FUNERARIAS / EXPERIENCIAS PARANORMALES EN LUGARES RELIGIOSOS

Una recopilacion aterradora sobre experiencias paranormales sucedidos en lugares santos y lugares del descanso de los fallecidos.

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Una recopilacion aterradora sobre experiencias paranormales sucedidos en lugares santos y lugares del descanso de los fallecidos.

Hola a toda la Comunidad lo que les quiero contar a continuación me gustaría que permaneciera en completo anonimato Verán. Yo soy sacerdote y lo que les quiero contar me pasó hace ya algunos buenos años. No estoy muy seguro, pero creo que unos veinte años si ya han pasado. De esto resulta ser que, como Sacerdote, nos mandan a diferentes lugares, diferentes países. Por suerte, yo soy mexicano y estoy actualmente en México. Les cuento hace veinte años A mí me habían mandado a una zona se podría decir rural. Era un pueblo, había algunas buenas personas y en su mayoría todos eran católicos. Por ende, la iglesia se llenaba por completo. La iglesia en un principio era una casita de madera bastante humilde. Conforme pasó el tiempo, fuimos remodelándola, fuimos metiéndole material, etc, etc. Etc. Y muchas personas del pueblo contribuyeron, ya sea en mano de obra o en materiales, a ir, poniendo la iglesia un poco más bonita. Había una familia, en concreto una familia que, si bien era católica, algunas veces iba a misa, otras veces se perdía y en algunas otras ocasiones desaparecían por completo. Yo esto me fijaba cada vez que alguien iba a misa y prácticamente de esa manera conocía a todo el pueblo. Pero ocurría algo con esta familia ni una cierta fama, el padre, más que nada de que tenían mucho dinero, pero ese dinero era gracias a algunos crímenes. Se decía que el padre de la familia se dedicaba al crimen organizado. Me llegaron diferentes rumores de él. La verdad es que yo siempre me mantuve el margen. No quise indagar más al respecto. Y como quien dice, no busques enemigos donde no los tienes. Además, siempre nos han dicho que no somos quienes para juzgar al prójimo. En cierto tiempo, esta familia decidió mudarse. Algunos dicen que porque la policía ya estaba buscando este hombre y quería huir junto con toda su familia. Esto era lo de menos más que nada para que entiendan el contexto antes de que esta familia se fuera. Como les digo, la iglesia apenas estaba iniciando. Nos hacían falta muchas cosas, llámese pinturas, estatuas, ciertos muebles y demás. Una mañana, la mujer de este hombre llegó y me dijo que quería dejar en la iglesia dos estatuas que eran de la familia. Eran dos santos, dos santos de nuestra religión. Claro, no voy a decir los nombres de los santos para simplemente no malinterpretar las cosas. El caso era que estos dos santos, estas dos estatuas, eran de cerámica y tenían una buena estatura. A la Iglesia le iba a convenir mucho esto. Yo le pregunto a la señora si quería dinero. Se los compraba. Incluso ella dijo que no, que esas estatuas pertenecen a la familia, que las tenía en su casa y que, como se iban a mudar, no las podían transportar con ellos, que era mejor que se quedaran en la iglesia y las tomas de buena fe. No pensé que nada mal ocurriría de esto. Ante todo, pensé que esas personas, a pesar de los chismes, a pesar de los rumores que se corrían por el pueblo, pensaba que esa familia era buena, pero estaba más que equivocado o a lo mejor ellos ni siquiera se habían dado cuenta de lo que me habían dejado en aquella Iglesia. Las cosas malas empezaron a pasar casi de inmediato. Lo primero que noté es que había una cierta pesadez. Sentía tristeza, melancolía, me sentía irritable. También las misas cada vez fueron más difíciles de llevar a cabo y no me explico por qué hasta ese momento yo me encontraba de lo más feliz, de lo más normal. Tan solo fue el momento que llegaran esas estatuas para cambiarlo todo. En una de las tardes yo me encontraba platicando con otras catequistas cuando de pronto, en cierto momento me quedé solo estaba sentado en una de las bancas de la Iglesia pensando en diferentes cosas, cosas que tenía que llevar a cabo en las próximas semanas cuando de repente empiezo a sentir una mirada. Creo que muchas personas saben lo que es eso. Sientes la mirada de alguien. Cuando alguien tiene la mirada muy pesada que te la clava y tú la sientes y te empiezas a incomodar de cierta manera. Eso era lo que me estaba pasando a mí en aquella ocasión. Yo volteé hacia donde sentía aquella mirada y lo que vi está de más decir que no era normal. Lo que sucedió fue lo siguiente. Tan pronto volteé la estatua. También se volteó para que me entiendan ustedes alguna vez han estado mirando a alguien y cuando esa persona voltea, ustedes voltean la cabeza inmediatamente, pero saben muy bien que los vieron bueno. Algo así sucedió al momento de que yo volteé vi como claramente, aunque sea por una fracción de segundo que la cabeza de aquella estatua se volteó rápidamente hacia otro lado. La estatua su cara, su rostro, su cabeza por completo, estaba volteada mirándome y al momento de que yo me percaté, esta la volteó. Pero sí, me di cuenta. Me di cuenta de esto casi enseguida, me levanté caminé directamente hacia ella. Lo primero que hice fue tocar sus pies de después de su pierna, después sus brazos. Quería cerserarme de alguna manera de que todo eso fuera cerámica, toque también su rostro de forma muy lenta y después su cuello, que era el que se había movido, que era el que le había dado movilidad hacia apenas unos segundos. No sé cómo me sentí en ese momento al tocarlo y cerciorarme de que, en efecto, era cerámica no había una forma congruente o lógica de que aquella estatua se hubiera volteado. Yo me alejé de esta y trata de pensar que había confundido las cosas, que mis ojos me habían hecho pasar un mal rato mi propia mente. Pero esto se repitió y a la noche siguiente, mientras estaba dando misa, recuerdo muy bien que estaba mirando al público, estaba dando las lecturas, cuando de pronto mis ojos cayeron en la vista de esas estatuas. Ambas estaban al lado de las puertas de la iglesia. Por ende, podía verlas muy fácilmente, pero al observarlas me di cuenta de algo, de algo que no me dejaba terminar las oraciones que incluso me dio un ataque de tos tartamudeaba no podía completar oraciones, y es que estas estatuas me estaban observando fijamente a mí habían volteado su cabeza y me estaban observando su posición era recta. Tenían que estar viendo a las entradas de la iglesia, pero no su cabeza había dado una vuelta y me estaban observando como les vuelvo a repetir, estaban hechas de cerámica. No se podían haber volteado. No podían hacer eso como en ese preciso momento me estaban viendo fijamente a mí. Esto me pasó no una ni dos, sino varias noches, y cada vez que terminaba la Iglesia y cada vez que me acercaba a ellas de nueva cuenta, la posición de sus cabezas se encontraba de una manera normal. Ya no me estaban observando esto de por sí ya estaba taladrando mi cabeza sobre si me había vuelto loco. Pero había otra cosa que estaba sucediendo que, al menos a mí me reconfortaba en que no era el único al que le estaban pasando este tipo de cosas. Había una señora, una catequista que era la Cabriel Iglesia temprano por las mañanas y passe. Resulta que cada mañana siempre encontraba que todos los bancos, que todas las sillas se encontraban revueltas, las habían movido de un lugar a otro, las habían regado, incluso algunas estaban tiradas, todas sin excepción. No había ni una sola fila que no estuviera movida. El caso es que quién lo pudo haber hecho. Este era un pueblo muy católico. Ni siquiera los adolescentes se atrevían a faltarle de esa manera el respeto a la iglesia. Aún más, Lo que se hacía más extraño es cómo se habían metido. La iglesia se cerraba y se cerraba por completo. Quien fuera que se metiera varía de otra manera o tendría algún tipo de llave. No había explicación para estos sucesos hasta que una noche o una noche que había mucho viento había como una tormenta. Yo salí de mi casa, que se encontraba a dos casas de la iglesia. Me dirigí hacia allá en punto de la medianoche. Tenía la curiosidad de saber qué ocurría durante la noche en la iglesia. Tenía miedo. No lo voy a mentir y aún así me dio más miedo aún cuando me fijé por la ventana dentro de la iglesia. Todo estaba oscuro, no se podía ver nada, pero si escuchaba y escuchaba todo lo que pasaba ahí dentro había una risa. Los muebles se movían de un lado hacia otro, mientras que esta risa se carcajeaba y se carcajeaba una y otra y otra vez, como si le divirtiera, estará siendo desorden. Agarré el valor que tenía. Fui hasta la entrada, metí la llave y la giré. Entré muy bruscamente a la Iglesia. El apagador se encontraba cerca y aún así cuando entré el movimiento y las risas no se detuvieron, siguieron y siguieron hasta que me acerqué lo suficiente para poder encender la luz. Y justo en ese momento, una de las bancas de la madera me pegó en la cadera y me hizo caer al suelo. Pero, por suerte, para esto ya había encendido la luz y una vez que la encendí el movimiento, las risas se detuvieron súbitamente. Dentro de la Iglesia no se encontraba nadie, no había nadie, no había ni una sola persona. Había un desorden En ese momento. Lo único que se me dio de idea era ir con uno de los vecinos. Este vecino me ayudaba mucho en la Iglesia y sabía que si le pedía ayuda en cualquier hora sé que podía contar con él. El caso es que fui y cuando me preguntó qué era lo que pasaba dentro de la Iglesia, que por qué le hablaba, que por qué le hablaba. Lo único que le dije o lo que le tenía a decir lo único más rápido que pensé es que le dije que alguien se había metido y que necesitaba de su apoyo. Él salió. Fue hasta la Iglesia junto conmigo y empezamos a acomodar todo. Lo. Primero que le pedí era que me ayudara a sacar las estatuas, aquellas dos estatuas que nos habían donado. Por suerte, él no me preguntó el por qué de esto simplemente me ayudó sin preguntar al momento de que la saqué de la Iglesia. Y mientras mi vecino estaba acomodando todo, adentro les aventé, agua, bendita e hice unas oraciones. Después me metí dentro de la Iglesia. Acomodamos todo y las estatuas se quedaron afuera. A la mañana siguiente, aquellas estatuas ya no amanecieron. Muchas de las personas me preguntaron que qué había sucedido con ellas. Muchas de las personas me preguntaron qué era lo que había sucedido con ellas. Obviamente, la falta de la presencia de esta se notaba. Yo les dije que lo más probable era que las habían robado. Pero algo dentro de mí me dice que esto no pasó, Y es que, como lo dije anteriormente, todas las personas de este lugar, en su mayoría, en aquella época, eran católicas, le tenían mucho respeto a la religión. No creo que se las hayan robado, pero para suerte mía y también para los catequistas, las cosas paranormales, las cosas sin sentido dejaron de suceder una vez que estas estatuas desaparecieron Hola. Mi nombre es Mauricio Reyes. La experiencia que les quiero contar a continuación me sucedió cuando yo era un adolescente, tenía alrededor de unos trece catorce años y mi familia, toda la vida desde que mi madre y mi padre se casaron, han tenido siempre esta vocación, más bien de estar siempre muy apegados a la iglesia. Mis hermanos y también yo hemos asistido a eventos, participado también en via crucis, catecismo y demás cosas. Por lo tanto, no es raro pensar que también fui moneguillo cuando lo decidí a decir verdad a mi madre le gustó mucho la idea en cuestión de las pocas semanas me metí a la Iglesia y empecé a desempeñarme como tal. Estuve de moneguillo. Creo que algunos dos años y exactamente cuando cumplí el año me pasó esta experiencia. Verán yo antes veía a la Iglesia como el lugar donde menos uno esperaría que le pasaran cosas paranormales. Pero había algo raro con esta Iglesia. Se los voy a explicar, porque al menos cuando yo tenía trece años, así lo sentía. Yo era moneguillo de las las las s ñas a mediodía cuando se podía en fin de semana y también entre semana. Durante ese tiempo yo me sentía muy bien dentro de la Iglesia hacia amigos. Llevaba mi día de lo más normal, pero todo cambiaba cuando caía la noche, y es que empezaba a sentir un cierto temor, un temor podríamos decirlo como incomodidad. No me sentía a gusto y me pasó varias veces cuando tenía que ser monaguillo en las misas que se dan por la noche y sentía una hora extraña. Conforme se iba acabando la misa. Nosotros nos teníamos que quedar para arreglar algunas cosas y siempre que me quedaba hacía lo que me tocaba lo más rápido posible para salir de igual manera rápido. No sé por qué, pero tenía la extraña sensación de que quería salir de ahí cuanto antes. Esto siempre me pasaba por las noches y yo lo atribuía a que tal vez me daba miedo a la oscuridad dentro de la iglesia o a la par de otros factores. La verdad no le traté de encontrar alguna explicación a esto, pero a excepción de un día en que tuve que entrar a esta iglesia totalmente. Solo fue que descubrí el porqué de esto había una celebración en la Iglesia. No se podía hacer, ya que era una iglesia más o menos chica, Era una iglesia de colonia. Al frente de esta Iglesia había un terreno, un terreno que estaba en construcción, pero era muy espacioso, estaba deshabitado y le habían dado permiso a la Iglesia de que se podía usar en caso de celebraciones, fiestas a los santos y y demás eventos que se tenían a lo largo del año. En uno de estos eventos, una de estas fiestas, se llevó a cabo por la noche en este terreno. A mí me dieron una orden. Tenía que ir a la Iglesia y dejar algunos instrumentos que habíamos ocupado en esta celebración y más que nada, porque ya se iba a guardar todo pero estos eran más importantes. Yo fui hasta la Iglesia. Se escuchaba la música, se escuchaba todo el alboroto todavía, pero por obvias razones, la Iglesia, en ese momento, en concreto, se encontraba cerrada. A mí me habían dado la llave y yo con esa abrí y entré a esta. Las luces estaban levemente encendidas. Solamente se podía ver la parte de arriba y todo el pasillo, el pasillo de en medio, todo lo demás cas y en su totalidad estaba en oscuridad. Yo caminé, dejé los utensilios, cada uno en su respectivo lugar y justo cuando me disponía a irme, me di cuenta de que no estaba solo en aquella iglesia. Había alguien más sentado en una esquina rezando. De hecho, me llamó a mí la atención por esto mismo, porque no se escuchaba nada, solamente de pronto empecé a escuchar unas oraciones, pero muy levemente, como un susurro. A mí se me hizo extraño, pero la verdad no le quise dar más vueltas al asunto. A lo mejor era una persona que estaba pasando por un mal momento, necesitaba estar dentro de la iglesia. Lo que se me hacía extraño era como había pasado. Si a mí me habían dado las llaves, significa que, y como había corroborado, la iglesia estaba cerrada, aunque también había otra entrada, una puerta de fierro que se encontraba por un lado de la iglesia, que conectaba a un pasillo hacia afuera. Por ahí también podíamos entrar. De hecho, por allá entrábamos todos los monaguillos. Una vez que comenzaba la misa, pensé que tal vez esa puerta estuviera abierta, así que por ahí pudo haber entrado este hombre, simplemente me pasaba a retirar lentamente así tal cual como había entrado, pero a la par de que le ponía atención conforme iba caminando. Me di cuenta que este hombre más bien se trataba de un muchacho. Su cara, a pesar de que estaba sumido en la oscuridad, podía notarla un tanto extraña. Era una cara muy delgada. Sus pómulos resaltaban. Estaba como que muy pero muy delgado, pero no delgado de una forma normal, sino delgado como si fuera alguna enfermedad. Parecía enfermo y conforme le ponía más atención. La situación empeoró bastante, y es que el cuerpo de este joven estaba muy maltrecho. Estaba, podríamos decirlo deforme, pero deforme de una manera que no podía pasar desapercibida. Su hombro estaba muy elevado. Estaba totalmente salido de su lugar, más que dislocado. Su codo estaba quedando y sumido hacia adelante. Su brazo estaba totalmente torcido. Su pecho también parecía como si estuviera sumido como si algo lo hubiera enterrado. Su otro brazo de igual manera se encontraba totalmente torcido. Esto me espantó de sobremanera porque al solo verlo era muy sorprendente y muy terrorífico. Traté de seguir caminando igual. No quise que se malentendieran las cosas y es que verán en ese pueblo y también por conocimiento en redes sociales. Algunas personas tienen enfermedades en el cuerpo, algunas personas desarrollan huesos y cuerpos muy impresionantes que resultan para la normativa totalmente deformes. Pensé que tal vez este joven tenía este problema y lo que menos quería era tener algún tipo de discriminación hacia él. Así que solamente salí cerré la puerta nuevamente con llave porque supuse que la del fierro estaría abierta y volví hacia la fiesta. Por el camino me encontré con otra catequista, a la cual se dirigía también a la Iglesia. Ella me preguntó si la había dejado abierta. Yo le contesté que estaba abierta la puerta de fierro qué por ahí podía pasar ella. Siguió mi consejo, caminó por el pasillo y minutos después llegó de nuevo a la fiesta y me dijo pero por qué me mientes. La puerta de fierro no está abierta tampoco la puerta de la Iglesia. Necesito entrar. Dame las llaves. Yo en ese momento estaba sorprendido. No podía creer que no estuviera abierta. Cómo es que aquel joven había entrado entonces fui con esta catequista. Abrimos la puerta de la Iglesia y al entrar yo busqué con la mirada a aquel joven que había visto tan solo minutos antes. No había absolutamente nadie en esa Iglesia. Todo estaba silencio como si nadie hubiera estado ahí desde hace un buen tiempo. Esto me dejó aterrado por algunas noches, por algunas dos semanas. No quería estar en esa iglesia. Tan pronto el sol se ocultara y comenzó a oscurecer. Me empezaba a poner muy nervioso, pero de nuevo otra cosa ocurrió. Habían pasado algunos meses en la Iglesia estaba sufriendo, por así decirlo, de una plaga. Se había dado la orden de que se iban a suspender la misa del miércoles y del viernes. Precisamente porque la iban a fumigar toda. Recuerdo que el día viernes, una vez que todo se había disipado, estábamos haciendo una limpieza general. Había una señora que hace la limpieza en la Iglesia, pero ya era una señora pues de una edad muy adulta. Por ende, no podía hacer ciertas cosas que se necesitaban mucha fuerza para emplearlas. Y tal era el campo de las cabinas del confesionario. Estas cabinas se tienen que mover un poco, limpiar levemente y también las puertas. Los moneguillos, como yo eran los que se encargaban de este trabajo. Recuerdo que era tarde, pasadas de las ocho de la noche. Yo era el único y el último en salir de aquella limpieza. Estaba limpiando la última cabina de confesionario cuando de pronto vuelvo a escuchar unos rezos que provienen de la esquina de la Iglesia. De nueva cuenta, veo que se encuentra otra vez aquella sombra, aquella sombra que hasta ese día no había podido olvidar. Era el mismo joven con las mismas torceduras en su cuerpo, rezando una y otra y otra vez. Esto para mí fue suficiente para que entrara un pánico, pero un pánico como pocos en mi vida lo he experimentado. Quise correr, quise caminar, y ninguna de las dos cosas pude. Lo único que pude hacer en ese momento fue abrir la cabina del confesionario y meterme dentro de esta. No estoy seguro de cuánto tiempo tarde ahí, pero sí fueron algunos minutos. Escuchaba como rezaba y rezaba este hombre hasta que de pronto escuché como la puerta de fierro se abría y después escuchó unos pasos escuché la voz del padre. Él era el que había entrado. Después de que entró, hubo un silencio y después el padre comenzó a rezar, pero a rezar de una manera muy alta, o sea, con mucha voz. Se podía escuchar en toda la Iglesia sus rezos. Cuando él empezó a rezar la voz de aquel joven se silenció por completo. Solamente escuchaba ahora la voz del padre. Esperé ahí unos cinco minutos más. Quería cerciorarme de que ahora se encontrara el padre y que no que al menos al salir yo no estuviera solo. Cuando salí de la cabina, volteé hacia todos los lados. Solamente se encontraba el padre. Él me miró sorprendido y trató un poco como de sobrellevarlo. Me preguntó qué estaba haciendo ahí. Encerrado, yo no le respondí simplemente le pregunté él ya se fue dígame, si ya se fue el padre. Se me quedó mirando y después me preguntó tú puedes verlo, qué fue lo que viste. Yo le dije que en dos ocasiones había visto un muchacho con una cara muy desgastada, con un cuerpo torcido rezando en aquella esquina de la Iglesia. El padre me dijo que lo mejor sería que me fuera a casa y que no regresara, al menos por las noches. Yo en ese momento le hice caso, pero sabía que había una explicación ahora para todo la voz del padre. Su mirada me hacía sentir que yo tenía razón. Al parecer, no era el único que podía verlo. Después de un tiempo, yo le pregunté al padre claro todo, con mucho respeto, pero tenía que saber quién era ese muchacho y por qué estaba en la Iglesia. El padre me respondió con una historia bastante triste a decir verdad que lo que vi aquella noche no era una persona viva. Ese muchacho había perdido la vida hace cinco años, ya en frente de la iglesia, o al menos a una cuadra de distancia. Había una avenida, una avenida en la que los coches pasan a alta velocidad, y este joven había perdido la vida. Ahí, justamente, cuando una camioneta estaba pasando, yo le pregunté entonces es un alma en pena. Fue un accidente. El padre miró hacia el suelo y dijo que no, que esto no se trataba de un alma en pena, que esto no se trataba de un accidente. El o n o n o n o había visto que venía en la camioneta. Era un muchacho que venía de una familia muy disfuncional, tenía un fuerte problema intrafamiliar. Entonces él no vio otra razón no vio otra salida que quitarse su propia vida en aquella avenida. La culpa no fue de la camioneta. Ella venía transitando a una velocidad de setenta kilómetros por hora, que es lo mínimo que se va en esas avenidas. El joven la vio esperó el momento justo y se lanzó enfrente de ella. El chico quedó con su cuerpo totalmente torcido debido a la fuerza con la que fue el impacto. Me dijo que las almas que cometen este pecado, porque ante todo es un pecado, no son reconocidas todavía en el cielo, No son reconocidas todavía como almas que puedan descansar en paz. No era todavía su tiempo. Por ende, todavía no se reconoce también a la par de que a veces estas almas se van y dejan cosas pendientes, dejan asuntos sin arreglar. Por ende, no son almas que puedan descansar tan fácilmente e incluso aunque sean jóvenes. Yo le pregunto al padre que si podía hacer algo por esta alma. Yo tenía miedo de volvérmela a encontrar. Quería saber si podía hacer algo para que descansara. Quería saber si podía hacer algo para que ya no se presentara. El padre me dijo que todo lo que se podía hacer ya se había hecho. La Santa sepultura los rezos. De hecho, cada vez que venía el padre también la podía ver. Rezaba por él rezaba porque encontrara la luz, pero al parecer no funcionaba. Me dijo que lo mejor sería que yo no me presentara por las noches. Me dijo que tenía, por así decirlo, un don o, una cierta sensibilidad, ya que la gran mayoría de personas no pueden ver este tipo de cosas, y yo sí pude. Le pregunté que por qué, simplemente por la noche que porque esta alma no venía durante el día. Él me dijo simplemente que lo hayaba ligado a que en esa misma hora fue cuando ocurrió el accidente. Fue cuando este joven se aventó hacia la camioneta. Posiblemente este joven aún no acepta que ya no está con vida. Lo único que podemos hacer, como dijo el padre, es dejarlo en manos de Dios y que se vaya cuando él tenga que irse. Esa fue mi historia. Gracias a toda la comunidad y saludos de este Monterrey Hola. Mi nombre es Santiago, y la experiencia que les quiero contar a continuación le sucedió a mi hermana. Eso sí, saludos a toda la comunidad. Antes que todo mi hermana, durante un tiempo, hace ya unos años atrás, trabajó en una funeraria. Ella es enfermera y digamos que está acostumbrada a ver el cuerpo humano. Pero a pesar de esto, no le gustaba estar en este procedimiento como de embalsamador de cuerpos que también era una parte que tenía la funeraria. Esta funeraria pertenecía a una familia y esta familia más concretamente era amigo de mi padre. Por ende, le ofrecieron este empleo a mi hermana en lo que ella conseguía algo de su rama, algo de enfermería. Mi hermana simplemente se limitaba a preparar a los difuntos para el funeral, Los maquillaba, los vestía y los ponía en forma para que, pues se vieran bien el tono de su piel, no se viera algo opaco, algo pálido para toda su familia. Ella cuenta que en aquella ocasión estaban preparando a dos cuerpos, dos personas que tenían funeral ese mismo día. Eran horas de la madrugada y el funeral iba a empezar tan pronto comenzar a la mañana. Una de estas personas era una viejita, ya una anciana, y otra de estas, muy por el contrario, era una niña, una niña que ya suume tendría algunos ocho o nueve años cuando dejó este mundo. Se hacía bastante evidente el contraste. Ella, sin embargo, estaba preparando a la anciana en una habitación y la esposa del dueño de la funeraria estaba preparando a la niña en otra habitación diferente. En esta madrugada, ellas no se encontraban solas. La esposa del dueño había llegado con su hija. La niña andaba jugando por recepción y de vez en cuando subía, pero claro tenía estrictamente prohibido entrar a los cuartos, sobre todo porque se tenía que llevar una higiene bastante responsable y también un poco de sentido común. O sea, no puedes dejar que una niña entre y ve un cadáver. Prácticamente, sin embargo, a veces la niña se encontrba va corriendo por los pasillos de la funeraria, por lo que no era algo sorprendente verla por esos lugares. En cierto momento, mi hermana se encontraba preparando el cuerpo de esta viejita. Tenía un poco de polvo blanco que le estaba poniendo en ciertas partes del cuerpo como las muñecas, el cuello, que es donde empieza a haberse morado, empieza a verse la piel un poco más acabada sin querer se manchó de este polvo a ambas manos. Estaba toda espolvoreada de ambas manos y antes de que pudiera limpiarse, se fue la luz. Se fue la luz absolutamente en toda la funeraria. Esto no era algo extraño para que no piensen que mi hermana se asustó o pensó que era algo paranormal para nada. Esto le sucedió la funeraria cada vez que se sobresaturaba de energía. Como les expliqué anteriormente, esta no era una cadena de funerarias. Era una funeraria de una familia. Por ende, todavía no tenían muy bien acondicionado el sistema eléctrico. Esta pastilla que se encontraba precisamente en el segundo piso donde mi hermana se encontraba, a veces se botaba hacia arriba y se iba toda la electricidad. Pero tenía un motivo si la funeraria estaba ocupando todos los climas que precisamente en ese tiempo era verano, se estaban utilizando todos los climas al máximo, aparte de ciertos aparatos electrónicos que también se usan dentro de la misma funeraria. La pastilla se bota como un método de precaución para que no haya un corto circuito. Lo único que se tenía que hacer en una de esas ocasiones era ir de nuevo hacia la pastilla, subirla de nuevo y apagar unos cuantos climas que, por lo regular algunos no se utilizaban, pero los mantenían para que hubiera un ambiente agradable en todo el edificio. Mi hermana se levantó intentó buscar su celular, pero no tuvo éxito. Por más que se estiraba, empezaba a toquetear todas las mesas. No lograba encontrar su celular y fue en ese punto en que una voz llamó su atención. Era la voz de una niña. Ella pensó en un principio, usando la lógica en ese momento que se trataba de la hija de esta señora. Obviamente, como les explica anteriormente, esta niña acostumbraba a ir a estos pasillos. Así que era de lo más normal pensar esto. Recuerda muy bien lo que le dijo esta voz, esta niña le dijo a mi hermana está muy oscuro. Puedes encender la luz. Por favor, mi hermana le dijo claro que sí. Solamente tengo que ir a la pastilla. Por favor, quédate aquí y no te muevas. Ella dice que la niña no quería hacerle caso porque, según en sus palabras, tenía miedo. Mi hermana trató de tocarla un poco con sus palmas, ya que no se podía ver nada en el pasillo y en eso tocó una mano. Ella creyó que era la mano de la niña porque se sentía pequeña, pero al momento de tocarla, ella dice que siente frío. La mano estaba totalmente helada y también algo dura, algo podríamos decirlo como que sus huesos se notaban se sentían más de lo normal. Ella atribuye esto que, a lo mejor, la niña estaba jugando en uno de los paneles de ventilación, estos paneles que escupen el aire frío. Obviamente, si estás mucho tiempo frente a ellos, obviamente tu piel se empieza a sentir fría, empiezas a estar frío completamente, y esta niña a veces la había visto en esos paneles, más concretamente cuando llegaba de la escuela o llegaba de un clima muy caluroso y se ponía enfrente de estos paneles. Tomó la mano de la niña. Se le hizo extraño, pero recordó esto y empezó a caminar con ella por todo el pasillo. Durante esta caminata hacia el panel de las pastillas, mi hermana recuerda que le intentaba hacer plática a la niña, pero esta niña no contestaba ella. Simplemente guardaba silencio. Mientras seguían caminando a cierta distancia. Mi hermana le dijo que esperara. Ella ya sabía cómo subir la pastilla, claro, pero tenía un cierto miedo, no de la niña, sino que podía haber un error, Podía haber un cable ahí, algo de electricidad claro y podría sufrir un toque ella tenía en cuenta esto, pero se iba agarrada de la mano de la niña. Posiblemente ella también hubiera recibido esta des carga eléctrica, así que prefirió ir con precaución hacia esto. Le dijo a la niña que se quedara ahí parada mientras ella iba y encendía el panel. Este panel era muy fácilmente reconocible, incluso en la oscuridad, ya que tenía tres focos rojos que se encendían una vez que la luz se iba, así que no era muy difícil encontrar la palanca aunque también, como mi hermana pensaba, podía haber un margen de error y no quería cometer una equivocación. Cuando mi hermana sube la pastilla y otra vez vuelve toda la electricidad en el edificio, da la media vuelta y busca con la vista a la niña, pero ahora ella ya no se encuentra. Está sola en el pasillo. Se le hace muy extraño. Empieza a buscar a la niña, le empieza a llamar por su nombre, pero no recibe respeta. Ella empieza a bajar el primer piso y justamente cuando va bajando ve que en el ob entrando va caminando la esposa del dueño junto a su hija, A mi hermana. Esto se le hace sumamente raro. No lo puede comprender en un principio, porque se suponía que había tocado a esa niña. Hace apenas minutos, esa niña se encontraba en el pasillo. No había forma de que hubiera bajado tan rápido y que estuviera fuera y que todavía estuviera entrando con su madre. Ella las ve y le pregunta a la niña, pero que no estabas ARRIBA la niña se le queda mirando y le dice que no, que ella estaba con su madre afuera y su madre le dice que si que habían salido a comprar algo a la tienda, que habían visto que el edificio no tenía luz y que se habían devuelto inmediatamente para subir la pastilla, pero que cuando ya estaban muy cerca las luces encendieron. Mi hermana les dice que ella había encendido la pastilla y a partir de aquí, mi hermana decide ya no contarles nada. Se guarda ciertas cosas que le habían pasado para sí misma. Ella trata de encontrar alguna explicación a esto, pero por más que lo piensa, no encuentra ninguna hasta que después de unos minutos, cuando se encontraba de nueva cuenta preparando a la viejita la llama a esta mujer le dice que venga un poco, que le ayude con la niña. Obviamente, la tienen que cargarla, tienen que voltear para ponerle mejor el vestido, para ponerle también ciertos arreglos que tenía unos chonguitos, unos moños. Mi hermana va hacia aquella habitación y ve el cuerpo de la niña reposado en aquella mesa de aluminio. La ve claramente y esta, señora le hace mención de algo, de algo que la deja con un escalofrío recurriendo todo su cuerpo. Y es que le pregunta oye tú te metiste ahorita aquí a la habitación. Mi hermana le responde que no, que no, que ella simplemente caminó por el pasillo y encendió la pastilla. Eso fue todo. La señora le responde ok, es que se me hace extraño algo. Mi hermana le vuelve a preguntar, pero qué sucedió. La señora le dice que encontró la niña una vez que llegó de vuelta de la tienda en una extraña posición. A ver ella dice no la encontré sentada ni nada por el estilo, pero no estaba como yo la había dejado. Se había movido algunos centímetros y sus pies y manos estaban en diferente posición a lo que yo los había dejado. Esta señora tomó una de las manos y dice mira esta mano. Yo la había dejado hacia o porque se les estaba pintando. Y ahora están hacia arriba y tienen polvo y yo no estoy usando polvo. Ahorita, es más, ni siquiera lo traigo. Y cuando mi hermana ve el polvo y voltea y ve sus manos. Es más que evidente era el mismo polvo que ella tenía en sus manos la que esta niña traía en una de ellas, como si ellas dos se hubieran tomado de la mano hace apenas unos minutos. Recuerda que terminó el turno más a la fuerza que de otra cosa, ya no se presentó a trabajar al día siguiente. Renunció formalmente después de dos días. El motivo verdadero. Jamás se los quiso decir a los dueños, pero está más que segura que esa noche tocó la mano de un cadáver. Esa fue mi historia. Gracias por escucharla. Saludos a la cripta embrujada hola. Buenas noches. Mi nombre es Narciso Colón y les quiero compartir una experiencia que me sucedió mientras trabajaba de velador. Mi experiencia comienza así. Yo trabajaba para una empresa de seguridad privada. Como sabrán, a estas empresas se les contrata en diferentes lugares, ya sea comercios, plazas, comerciales, incluso casas como mansiones, personas muy influyentes. Yo estaba trabajando en esa empresa cerca de ya unos tres a cuatro años y durante ese tiempo había prestado mis servicios de vigilancia durante el turno nocturno a una funeraria. Iba ahí. Llegaba a las siete de la tarde y mi turro terminaba a las siete de la mañana. A pesar de que prestaba mi servicio en la funeraria, mi lugar de trabajo no era dentro de esta. Yo tenía que vigilar todo afuera de la funeraria y controlar los accesos tanto de las personas que entraban como también de las personas que salían. Estuve trabajando un largo tiempo en ese lugar y hasta ese momento no me había pasado nada, nada paranormal como lo que me pasó aquella noche. Hubo un día en que se me avisó que requerían que ahora vigilara dentro de la funeraria. Esto solamente era cosa de una noche, o esporádicamente algunas noches. Resulta que el velador, el velador que era fijo de la funeraria, el que había contratado la funeraria, iba a estar ausente unos ciertos días. Por ende, antes de presentarme a la noche siguiente para desempeñar mi turno, me vi con este velador y hablamos unas ciertas cosas que tenía que tener en cuenta a la hora de vigilar la funeraria. Una de estas era que simplemente me limitara a vigilar la parte de enfrente, o sea, el ob donde entraban los cuartos de administración, el primer piso, a grandes rasgos, a excepción de algunos almacenes, pero que no subiera al segundo piso. Estaba prohibido pasar ahí. Me dijo que todas las noches había un grupo de personas que se quedaban por ende que si escuchaba pisadas voces que venían de arriba, pues qué eran ellos que no me sorprendiera para nada. Yo le pregunté, pero tienes alguna tarjeta de acceso, algún cuaderno donde vayas anotando los nombres de quienes se quedan en las noches y quiénes se van en las mañanas. Él me dijo que no y que no le prestara atención a esos detalles, simplemente que me quedara y vigilara esas partes de la funeraria que no me subiera al segundo piso. A mí se me hace extraño esto porque yo afuera si tenía un cuaderno, una bitácora, el cual marcaba los accesos del personal y según a mi experiencia, según a lo que yo había notado, día con día, noche con noche, personas dentro de la funeraria jamás se quedaban. Esto algo extraño y nuevo para mí, Pero bueno, si él era el velador a lo mejor, había personas que se quedaban y salían hasta después de las diez de la mañana, cuando ya no me encontraba ahí, cabía la posibilidad. Si él me dice que sucede esto, entonces lo tomaré en cuenta. En fin, llegué aquella noche, me presenté a las siete de la tarde y me desempeñé como siempre, le abría las puertas, controlaba el acceso de las personas que se iban de la funeraria. Cuando de pronto esta quedó vacía, Recuerdo que eran los mismos nombres que se iban, las mismas personas que iban y venían todos los días. Eran las mismas personas que yo veía fuera. Llegó a tal momento, a una cierta hora por ahí de las diez de la noche en que yo sabía que ya no había nadie. Pensé que tal vez en aquella ocasión no se habían quedado personas. Estaba silencio por completo la funeraria, no había ninguna voz, ningunos pasos, absolutamente nada. Se quedó totalmente callado el edificio, un edificio de dos pisos. Yo procedí a seguir con mi turno, Calenté mi comida, vi algo en el celular, vigilé las partes que este velador me dijo que vigilara y después fui y me senté nuevamente en el escritorio, en el obvio. Algo que nunca me había pasado me pasó aquella noche y es que, inevitablemente y sin querer me quedé dormido, tal vez era porque tenía el clima prendido. Estaba sentado, estaba todo callado y pues al tener todas esas facilidades, inevitablemente me cayó sueño. Lo que me despertó en aquella ocasión no fue ni siquiera ni una llamada. Fueon los pasos, las voces, el llanto de alguien que estaba llorando. Obviamente, me desperté. Pensé que esto sería alguna clase de pesadilla, alguna clase de terror nocturno, pero para nada, todos esos ruidos provenían desde adentro de la funeraria, más concretamente de la parte de arriba. Escuchaba múltiples pisadas, pero no de una ni dos personas, sino de varias. Yo aseguraría que serían como unas siete nueve personas las que estuvieran arriba de mí, o sea, en el techo, en el segundo piso, caminaban de un lado hacia otro. Escuchaba voces y no alcanzaba a divisar qué era lo que decían, pero las escuchaba, sobre todo también llanto. Alguien estaba llorando. A veces escuchaba el llanto de un hombre y otras veces el llanto de una mujer y a veces también el llanto de ambos. Uniéndose esto, se me hacía muy extraño. Muchas veces tuve la tentación de subir, pero decidí acatarme a las instrucciones que me habían dejado y creo que eso fue lo mejor que pude hacer en aquella ocasión. Estos ruidos extraños duraron toda la noche y por eso de las cinco de la mañana cesaron por completo. Ya no escuché nada tan súbitamente como habían comenzado, se habían aplacado. Ahora había silencio, un silencio sepulcral como si nada de lo que hubiera escuchado hubiera pasado en aquella mañana. Yo recuerdo que el primero en llegar era el gerente. Llegaba por eso de las seis y media seis cuarenta de la mañana, antes que que todos los empleados lo saludé, le di los buenos días. Me preguntó que cómo había estado el turno, ya que sabía sobre el movimiento que se había hecho. Y yo le pregunté simplemente, o sea, como curiosidad que si no llevaba un registro, que si no le incomodaba o que me pudiera decir cuáles eran las personas que trabajaban en el torno nocturno, ya que para tener en cuenta por si acaso sucedía algo, tan solo que me diera los nombres, que me diera al menos sus rostros, que me diera la posibilidad de verlos, de ver sus rostros, sobre todo para seguridad dentro del mismo edificio. En ese momento, cuando yo le estaba explicando todo esto, se me quedó mirando. Pero muy extrañado. Él me dijo, pero muchacho. A veces sí trabajaban durante las noches, pero son muy contadas las veces. En lo que va del año, creo que solamente ha trabajado de noche algunas tres o cuatro veces y son las mismas personas que ves en el día. Yo no tengo turno de noche. Yo le dije sí, en esta ocasión trabajaron de noche. Yo los escuché. Estaban aquí arriba. Me puso de nuevo la cara de extrañado y me dijo de nueva cuenta. Hoy no trabajo nadie y como te digo, trabajamos de noche algunas muy contadas, veces cuando el trabajo es mucho, pero trabajamos en nuestra área, o sea, en el área de vestimenta de los fallecidos, preparar a los cadáveres. Pero eso si bien se lleva a cabo. En el segundo piso, se lleva a cabo hasta el otro extremo del edificio no se lleva a cabo Aquí arriba yo tenía en cuenta esto. Sabía que preparaban a los difuntos en unos ciertos cuartos que tenían especiales, pero a decir verdad, en ese momento yo no sabía qué tipo de cuarto o qué habitación se situaban arriba de donde yo estaba, de donde provenían las pisadas, de donde provenían las voces. Antes de que se fuera yo le pregunté oiga ahí, qué es lo que está arriba de aquí, qué hay en el segundo piso aquí, arriba de mí. Él me dijo que esa habitación se compartía con la morgue de la localidad. La morgue no estaba muy lejos el amor que simplemente se situaba a unos cuantos metros enfrente de la funeraria. Esta morgue, que era también del hospital que estaba cerca. Se situaba simplemente a unos cuantos metros enfrente de la funeraria y esta misma morgue. A veces le pedía apoyo a la funeraria para pasar unos ciertos cuerpos y a pilarlos ahí hasta que un miembro de la familia saliera a reconocerlo. O por otros temas, el caso es que había cerca de unos veinte cuerpos sin vida, apilados, cada uno en su mesa, que estaban reposando en una habitación grande, y esa habitación era la misma que se encontraba arriba de mí en ese momento. También se tiene que decir que en esa habitación solamente se guardaban los cuerpos. En esa habitación no se trabajaba, tan sólo iban ahí, sacaban el cuerpo y se lo llevaban. No entraban ni siquiera un máximo de dos personas a la vez en aquel cuarto a la noche siguiente, cuando pude ver el velador de nueva cuenta, le dije todo lo que me había pasado y le dije también sobre la platica que había tenido con el gerente. Él simplemente se sonrió y me dijo es que si te decía la verdad, tenía de dos opciones. O me decías loco o me decías que estaba demente por creer en fantasmas o a lo mejor no hubieras querido venir. Pero sí, no hay un turno de noche. Los que caminan arriba durante toda la madrugada son los cadáveres