ATERRADORES RELATOS DE FORENSES Y MORGUES / NUNCA HAGAS ESTO EN UNA MORGUE / L.C.E.

En este episodio escucharemos las tetricas historias que tienen para contarnos los trabajadores y tambien estudiantes que se ven cara a cara con los cuerpos sin vida de la morgue.
En este episodio escucharemos las tetricas historias que tienen para contarnos los trabajadores y tambien estudiantes que se ven cara a cara con los cuerpos sin vida de la morgue.
Esta primera historia la tenemos de parte de un estudiante que, haciendo sus prácticas en una morgue, como cualquier otro estudiante de su carrera, tuvo que enfrentarse con algo que hasta la fecha no sabe explicar qué fue lo que sucedió. Lo que me dice es que, tal vez asà como hay personas buenas y malas, tal vez estas no cambian. Una vez que fallece, tal vez las personas que son malas, las personas que simplemente les gusta ir por el mundo amedrentando a los demás espantándolos delincuentes y demás criminales, lo siguen siendo aún después de fallecer. Para su mala suerte, se encontró con una de estas personas aquella noche en su otra trabajo. Mi nombre es raimundo. Quisiera que mi apellido continuara en anonimato. Les mando saludos a toda la Comunidad desde Guanajuato. A continuaciones, quisiera contar mi experiencia, que es la única que me ha sucedido, pero de lejos, es la más extraña y perturbadora que he tenido en toda mi vida. Yo trabajo en una morgue. Ahora trabajo en una morgue distinta, pero desde mis años de estudiante he sido forense y, como todos saben, cuando estás en la universidad tienes que prestar servicios. En una ocasión yo estaba en esta morgue en compañÃa de otro alumno un compañero de la facultad. Nosotros dos estábamos prestando un servicio con un doctor, ya tenÃamos cierta confianza con él, asà que nos dejaba solos. Ãramos muy responsables en cuanto al equipo y a todo lo que hacÃamos. Les tengo que aclarar que pasar una noche solos en una morgue no era algo diferente. No era algo tan asombroso para mà en ese entonces, ya que ya habÃa trabajado de noche en morgues durante muchos meses atrás y en ese caso estaba acompañado. Asà que, más que perfecto mi compañero que vamos a ponerle Jorge, para no decir su nombre, verdadero era alguien totalmente diferente. A mà le gustaba el silencio absoluto. Por lo tanto, y al pasar los dÃas concretamos en que yo tendrÃa audÃfonos para escuchar música, mientras que él trabajaba en absoluto silencio. Aquella noche, después de vernos de saludarnos de platicar las novedades en las primeras horas y al fin ponernos a trabajar, yo me puse mis audÃfonos, Ãl con lo suyo y yo en lo mÃo. Empezaron a pasar las horas y yo tenÃa la costumbre de trabajar dándole la espalda no era por nada. En especial, simplemente me gustaba trabajar mucho del lado izquierdo y a él también las mesas las posicionábamos de tal manera que yo quedaba dándole la espalda a él y también a la mesa junto con el cuerpo con el que él trabajaba, mientras que yo, por otro lado, me encontraba trabajando con otro. Yo estaba con mis audÃfonos en lo mÃo. Cuando en eso me percato, Siento claramente como unos dedos toca en mi hombro, mi hombro izquierdo. No fue un movimiento o un tacto que yo pudiera confundir. Sentà claramente dos yemas de los dedos tocando mi hombro rápidamente como unas cinco veces, como cuando alguien te habla para que prestes atención. En ese momento yo sentà lo mismo, por lo que, por obviar razones, pensé que era Jorge, pero al voltear no habÃa nadie. Jorge no se encontraba en ningún sitio. Solamente yo estaba solo en el cuarto. Para ese momento me sentà confundido, pero no le encontré otra razón para preocuparme. Tal vez simplemente lo habÃa confundido. Seguà trabajando cuando otra vez de nueva cuenta, siento que me toca en el hombro esta vez con más fuerza y con más rapidez que la última vez. Debido a esto, me quito los audÃfonos y volteo rápidamente, pero no veo a nadie. Jorge no se encuentra en ningún lugar y yo no sé si por reflejo. No sé si por algo que me decÃa que observar el cuerpo que se encontraba atrás de mÃ, en el que se encontraba trabajando Jorge algo me decÃa que lo mirara. Cuando vio el cuerpo, notó algo que se me hace extraño, y es que el brazo izquierdo, el brazo que estaba de mi lado, se encuentra caÃdo de la cama de metal, algo que no sucede muy a menudo de por sÃ. Los cuerpos en ese Estado ya se encuentran totalmente rÃgidos. Nosotros, como profesionales, no debemos dejar caer ninguna extremidad, aunque sea volando en el aire de un cuerpo, también para los creyentes. Esto porque es una falta de respeto y también por profesionalismo enseguida. Sigo el brazo de este cadáver a, lo cual me lleva su rostro en su rostro. Vio lo siguiente y es algo que me hace recorrer el escalofrÃo. Sentà un miedo enorme aquella noche, ya que vi algo que jamás habÃa visto en el rostro de este cadáver estaba una sonrisa marcada. Es decir, el cadáver estaba sonriendo mostrándome sus dientes. No era una sonrisa leve. Era una sonrisa como si este estuviera a punto de estallar a carcajadas. TenÃa los ojos cerrados, pero una sonrisa que iba de oreja a oreja. Casi casi. En ese momento empecé a sentir miedo, por lo que sutilmente, es decir, no aparente miedo, pero sà lo sentÃa. Solamente me quité los odÃfonos, dejé mi celular a un lado, Caminé tranquilamente, dejando la habitación y escuché un ruido que venÃa de parte de la cocina. Fui hasta ahà y ahà se encontraba Jorge. Yo le pregunté pero qué estás haciendo. Ãl muy calmado. Me dijo que se le habÃa alborotado la hambre y solamente habÃa ido por galletas y jugo un refrigerio. Yo le pregunté que cuánto tiempo llevaba ahÃ. Ãl me contestó que como unos quince minutos y que, ya que cuando llegó le estaba mandando mensajes al médico con el cual estábamos trabajando, yo en ese momento no sabÃa cómo decirle lo que me habÃa pasado hace apenas como unos tres o cuatro minutos. Estaba más que seguro que Jorge no habÃa podido ser él que me habÃa tocado el hombro, por lo que sutilmente, yo también le agarré algo y antes de volver le dije a él un comentario. Simplemente oye qué extraño es el cadáver que te dejaron. Verdad, Ãl simplemente se me quedó extrañado y me dijo que como que qué extraño es, pues sÃ, antes de venir vi que tenÃa una sonrisa marcada en su rostro. Ãl simplemente me miró más extrañado y me dijo una sonrisa. Para nada viene normal. Como todos los otros, los cuerpos sin vida no pueden sonreÃr. Yo le contesté, pues, el tuyo sà mÃralo cuando ambos fuimos y llegamos hasta donde se encontraba el cadáver, yo simplemente me quedé con la boca abierta. Aquel cadáver no portaba con ninguna sonrisa. Su boca, sus labios estaban en reposo total era como si éste nunca se hubiera movido. Ambas manos se encontraban sobre la mesa. Les tengo que aclarar también que cuando vi la mano en el aire y yo no la toqué ni siquiera la subà ahora por sà sola se encontraba reposando arriba como pude tratando de controlarme volvà de nuevo al trabajo, pero esta vez trabajando de frente a Jorge y también de frente a aquel extraño cuerpo y observarlo, sobre todo cuando se iba. Esa fue la única noche que anduve tras de él, pues no me querÃa quedar solo de nuevo con aquel cuerpo. Les repito, esta fue la única vez que vivà algo extraño en todos mis años de Forense ha sido la única experiencia a la que no le encuentro explicación. Cuando uno estudia ese tipo de carreras, uno se tiene que acostumbrar a ver cadáveres, a ver cuerpos sin vida, pero no solamente de la manera normal. Por asà decirlo. Les recuerdo que a las morgues llegan muchas veces cuerpos que han sido destrozados accidentes, tanto en autopistas como en trabajos o como en el mismo lugar, detectar por qué el cuerpo falleció concretamente y después llevar a cabo una autopsia. Estas estudiantes estaban muy familiarizadas con estos temas, lo cual las sorprendió por completo una noche en la que para ellas encontrarse con que los cuerpos todavÃa dan señales de vida, y no señales de vida que pueda explicar la ciencia, sino más bien señales de vida que aún se encuentran allà y que quieren hacer todavÃa las cosas que hacen los vivos. Tal vez los cuerpos que vieron ellas aquella noche las almas aún no se iban en un todo. TodavÃa estaban ahà queriendo salir de donde los tenÃa. Mi nombre es Andrea Quijano. Mi experiencia comienza de la siguiente manera. Hace ya muchos años, cuando estaba en universidad, me sucedió esta experiencia. Yo iba a una universidad la cual está dedicada mayormente a lo que viene siendo ciencias de la salud, médicos, enfermeras, psicólogos y demás. Por ende, al tener todas estas carreras, la misma universidad tenÃa, por asà decirlo, una morgue. Ahà guardaban los esqueletos, los cuerpos para las clases de medicina, cirugÃas, etc, etc. Etc. En una ocasión, cuando ya estábamos, Creo que en quinto semestre, yo y una amiga mÃa tenÃamos que entregar un proyecto a un profesor, ya era de noche, por eso de las nueve diez de la noche. De hecho, ya estábamos en el horario donde se supone no debe haber alumnos. Ya salvo unas ciertas excepciones buscando al profesor en el edificio de arriba hacia abajo, no lo encontramos hasta que una de las rectoras nos dijo que este profesor se encontraba en este edificio, en el de la Morgue, donde también hacÃan las inspecciones de cuerpos lo recibÃan. Fuimos inmediatamente a este edificio, nos dejaron entrar y para nosotras dos esto no era la gran cosa, ya que ya habÃamos estado ahà varias veces. Ya entramos a la Morgue y, como ustedes lo creen, como en las pelÃculas de terror, siempre la ponen. Era idéntica, diferentes mesas, diferentes cubÃculos donde almacenaban las partes también de animales. Tomamos la decisión de esperar a profesor ahÃ, pero como no llegaba, mi amiga se fue a buscarlo mientras yo me quedé ahÃ, ya que no vaya a ser que el profesor se encontrara en otra aula y viniera de otro lado. Me senté en una de las sillas y rápidamente me llamó la atención algo y es que en un refrigerador que ahà tenÃan un refrigerador donde almacenan los cuerpos, donde los mantienen preservados, se empezó a ver una silueta. Este refrigerador tiene una ventana como de algunos quince centÃmetros de alto y como por setenta centÃmetros de largo. Por medio de este vidrio se podÃa ver hacia adentro Adentro de este se encontraba un foco blanco, el cual se encendÃa cuando buscaban cuerpos, dada la casualidad que en ese momento este foco se encontraba encendido. Por lo tanto, se podÃa ver con claridad si es que alguien andaba dentro, cosa que vi en ese instante vi una silueta pasar de un lado hacia otro y puede que haya sido muy perspectiva algo que ves con el rabillo del ojo. Como a otros tantos no ha pasado, pero dan la casualidad de que no fue solamente una vez sino que fueron varias. Cuando me quedé observando este vidrio, vi pasar a más de una silueta, vi pasar cerca de tres siluetas, dos que iban de un lado y una que iba hacia el otro lado. Después de nueva cuenta, veÃa pasar a una y después a otra, como si se encontraran varias personas dentro. No le presté más atención a esto, pero se me hace extraño, ya que cuando alguien entraba se procuraba que la puerta se encontrara abierta, ya que al estar encerrado en su totalidad, la temperatura desciende a grados bajo cero, por lo que no es recomendable. Los minutos pasaron Cuando empiezo a ver que la puerta empieza a forcejearse como si alguien desde dentro quisiera abrirla. Yo me levanto voy hacia ella. Se me hace extraño, ya que desde adentro se puede abrir con facilidad, pero cuando me acerco lo suficiente y trato de abrirla, ya que desde adentro se ve que tienen problemas. Veo que esta puerta tiene seguro para la hora y era normal, por obvias razones, desde que anochece hasta la mañana siguiente se cierra el refrigerador. Pero como podÃan haber cerrado esto con personas adentro rápidamente intento forcejear trato de abrir la puerta y se nota que del otro lado también tratan. Pero es inútil, algo desesperada sabiendo que adentro están pasando mucho frÃo. Salgo corriendo y voy por el guardia de seguridad de ese piso. Ese guardia tiene las llaves de prácticamente todas las puertas y todos los excesos de la escuela de ese piso. Más que nada para prevención. Yo le digo que hay personas en ser cerradas en el refri y que no pudo abrir la puerta. Inmediatamente, el guardia va en compañÃa de mà corriendo. Cuando llegamos, el profesor y mi amiga ya se encuentran ahÃ. Llegamos corriendo y viene exaltados. El guardia llega abriendo la puerta. En ese momento, el profesor nos pregunta que qué estamos haciendo. Yo le explico que hay personas adentro que las vi por el vidrio y también las sentà ya que están forcejeando la puerta. Pero cuando el guardia abre adentro de este refri no se encuentra nadie, o bueno, nadie excepto tres cuerpos que se encuentran apilados, dos del lado izquierdo y uno del lado derecho sin vida. Totalmente aquà no puedo explicar qué pasó. Simplemente les empiezo a decir que habÃa visto las siluetas y habÃa visto cómo forcejeaban la puerta desde aus dentro. El profesor rápidamente trata de quitarle atención al asunto, Nos pide los trabajos y rápidamente cambia la conversación hacia otro lado. En ese momento se me hizo muy extraño y para ser sincera con ustedes e incluso no pude dormir del miedo que me provocaba pensar que aquella noche habÃa visto cadáveres moviéndose. Pasaron los meses y este profesor ya no me daba clases, pero seguÃa manteniendo una buena amistad con él. En cierta ocasión yo le pregunté que por qué habÃa actuado de esa manera, porque trató de evadir lo que yo habÃa visto, ya que, a pesar de que pase el tiempo, esas son el tipo de experiencias que uno no olvida con facilidad. El profesor me dijo que eso era normal. Si estabas de noche en aquella morgue. A él habÃa pasado varias veces y no solamente a él, también a guardias, estudiantes, intendentes y perfectos. De acuerdo a todo esto, se tiene una regla clara de preferencia. Después de las diez de la noche, no hay que entrar en la morgue, pues ves cosas que no tienen explicación alguna, siluetas voces llantos, una clara evidencia de que, a pesar de que esos cuerpos no tienen vida, tal vez atraigan almas, como se conocen los espÃritus chocarreros A este tipo de sitios. Espero les haya gustado mi experiencia. Saludos a todos personas. Enfermas existen en todo el mundo, y no habla enfermas en cuestión de salud, Hablo enfermas en cuestión de aquà de la mente. Si bien a ciencia cierta se dice que ninguno de nosotros estamos cuerdos al cien por ciento. Hay un cierto sector de personas que esto lo lleva a otros niveles. Muchos de nosotros nos sorprendemos cuando una persona padece de ciertas enfermedades mentales y que estos pueden ser médicos, licenciados, personas con mucho poder e incluso respetados, sin saber que por las noches se entregan a estos perturbadores deseos impulsos carnales que muchas veces son delitos, tal como esta siguiente historia que pertenece a un forense, o más bien la leyenda de un forense en donde este al caer la noche le daba rienda a sus más y profundos deseos con todos los cadáveres de la morgue. Poco sabÃa este forense que más tarde que temprano, los cadáveres se iban a vengar de él y lo harÃan penar eternamente. Mi nombre es Luis Fernando Félix. Mi siguiente experiencia sucedió hace poco, hace aproximadamente como dos años atrás. Pero antes de contarles mi experiencia a TI y a toda la Comunidad, les tengo que contar una leyenda. O bueno, no es una leyenda como tal, ya que esto en verdad pasó paz Y resulta que por los años noventa, por ahà del noventa y dos noventa y tres, en la morgue en la cual trabajaba en ese momento sucedió un incidente el cual la dejó marcada por completo. En aquellos años, esta morgue era aún más pequeña que ahora y en ella trabajaba un forense. Como es de esperar este forense casi en su mayorÃa trabajaba durante la noche y cuando salÃa a la calle, todos veÃan a un tipo normal, un tipo incluso algo bonachón, pero pocos sabÃan de lo que este individuo hacÃa durante las noches con los cuerpos con los cadáveres que habÃa en esa morgue. Este hombre tenÃa una enfermedad, unas de esas parafilias. Le gustaba mantener relaciones con los cadáveres. Esto lo hacÃa durante las noches a todos los cadáveres por igual, ya sea que unos tuvieran más tiempo o otros fueran recién llegados. Ãl agarraba parejo y le importaba poco si se trataba del cuerpo de un hombre, una mujer o infantes. Se dice que este tipo de actos lo llevó haciendo muchos años, pero con el tiempo su verdad, salió a flote por obra r rans fue despedido y se le prohibió el acceso a la morgue. Obviamente, después de haber pasado esto, él no podÃa conseguir empleo de algo similar, ni siquiera de su profesión, ya que esa era su profesión. Y por algunos meses esto quedó en absoluto silencio. Se le habÃa dado una solución, como quien dice, pero fue cuestión de tiempo. Cuando los rumores empezaron a circular entre las localidades cercanas y es que se decÃa que este forense aún entraba en la morgue durante la noche, se empezaron a decir varias cosas. Una de ellas se decÃa que el personal de seguridad o tal vez el mismo personal del forense lo dejaban entrar. Por otro lado, se decÃa también que este personal no se prestaba para eso y el forense se escabullÃa como podÃa, ya que conocÃa muy bien al edificio y entraba con los cuerpos para saciarse. Los rumores escalaron tanto que incluso el forense fue perseguido varias veces, pero una noche se encontró el cuerpo de este forense sin vida en aquellos cuartos donde se almacenaban todos los cuerpos. El cuerpo del forense se encontraba desplomado, tirado en el piso, pero de una forma muy terrorÃfica, muy perturbadora, ya que no se encontraba, por asà decirlo de una manera normal. Este forense tenÃa todos los huesos salidos destrozados. Era como si algo una máquina o algo con una fuerza extremadamente fuerte lo hubiera doblado, pero de muchas formas. Tan solo al moverlo se dice que se escuchaba cómo tronaban sus huesos. Se dio la noticia del fallecimiento de este forense y se empezaron a decir muchas leyendas respecto al mismo, sobre todo porque esta morgue dejó de funcionar a los meses después del fallecimiento de este pasaron algunos años el amor que se puso de nuevo en funcionamiento y es aquà donde entra mi experiencia. Yo entré a trabajar. Esta morgue y esta leyenda ya se corrÃa a mÃ. Me la contaron y me dijeron que durante las noches se podÃa ver el espÃritu de aquel forense rondar por los pasillos, rondar sobre todo donde se almacenan todos los cuerpos. Obviamente, al principio esto me causaba mucho miedo, pero después de pasar varios turnos de noche y ver que no sucedÃa nada, el miedo puede ser fue yendo. Pero claro para todo hay una primera vez. Sucede que el personal que tenÃa más experiencia y no hablo solamente de algunos años, sino personal que ya llevaba ahà aproximadamente más de una década. Siempre me decÃa que tenÃa que cargar con una lámpara. De hecho, estas lámparas, que habÃa varias, se situaban en un lugar al final del pasillo principal, o sea, que tú pasabas de la entrada y enseguida. Lo que veÃas para doblar el pasillo era las oficinas y los siguientes cuartos era una mesa con numerosas las amparas, ya con pilas puestas. Al principio, como todo buen trabajador, yo cargaba con mi lámpara, pero al pasar los meses creÃa que esto era absurdo, ya que el amor que contaba con un buen sistema eléctrico e incluso en tormentas muy volátiles, muy fuertes que yo habÃa pasado ahÃ, la electricidad no se iba. TenÃamos un vigilante Raúl. Raúl era un hombre ya mayor de unos setenta años. Ãl tenÃa instrucciones en que si se iba a la electricidad, tenÃa que poner a jalar la planta eléctrica que tenÃamos ahà mismo. No daba electricidad para todo el amor que pero para las luces de emergencia aquellas que se ponen en los pasillos para por lo menos caminar por el edificio. Se abastecÃa una noche habÃa una tormenta y asà resulta que yo era el único que estaba trabajando hasta tarde en ese momento, e incluso ya estaba terminando mi trabajo. Eran aproximadamente las once de la noche. Ni siquiera era tan tarde. Cuando de pronto se va a la luz en todo el edificio, inmediatamente empiezo a gritarle a Raúl para decirle que vaya hacia la planta. Raúl. En primera instancia no me contesta, obviamente, y no esperaba que me contestara, porque fue más que nada un reflejo para ver qué tan lejos estaba y era más que obvio que no se encontraba en el mismo piso que yo para acabar con mi mala suerte, mi celular lo traÃa, pero en ese momento no sabÃa en dónde lo habÃa dejado. TenÃa la costumbre de dejarlo en las mesas, en los casilleros, en otras batas que dejaba colgadas a un lado de la puerta, por lo que podÃa estar en cuatro o cinco lugares en donde centro lo dejaba Ahà en ese momento, con toda la oscuridad que de plano no se veÃa nada, eran pocas las posibilidades de encontrarlo. Lo que opté por ese momento, al menos por unos minutos, era quedarme sentado o parado esperando a que la luz volviera. Y fue aquà en este momento en el que comenzó mi pesadilla. Empecé a escuchar cómo se acercaba algo, pero no eran pasos. No era un movimiento de alguna persona que yo reconociera era el crujir de algo. Era como si algo estuviera tronando y este no se quedaba inmóvil. Este se iba acercando cada vez más y cada vez más hacia donde yo estaba. Conforme, se iba acercando esta cosa. Empecé a reconocer a a a a a a aquellos extraños crujidos. Era el crujir como de unos huesos que se iban moviendo lento, pero seguro hacia donde yo estaba para ese momento. Yo ya iba para un año de trabajar en la morgue, por lo que todos los dÃas caminaba por los mismos pasillos casi en su mayorÃa, debido al miedo, debido a la desesperación que tenÃa en ese momento, pero con la cabeza frÃa, pensé que podÃa llegar hasta donde estaban las lámparas e incluso lograr salir del edificio en total penumbra. Tan solo recordando los pasos que yo daba para salir del cuarto y para caminar por el pasillo, era mejor que quedarme ahÃ. Comencé a caminar, pero esta cosa me seguÃa. Seguà escuchando el crujir de aquellos huesos siguiéndome, pero no de una forma normal, ya que alcanzaba también a distinguir como si algo se estuviera arrastrando los crujidos de un momento, para otros se acercaron eran más rápidos que yo los escuchaba en mis talones, sea lo que sea que los provocara. Se venÃa arrastrando tan solo a centÃmetros de mÃ. Continué caminando sudando helado. SentÃa que el corazón se me iba a salir cuando de pronto y como bien yo habÃa planeado, llegué hasta la mesa, donde estaban las lámparas. Inmediatamente encendà una rezándole a Dios que cuando volteara eso no estuviera ahÃ. Aquellos crujidos de huesos endemoniados me habÃan seguido hasta la mesa. Prendà la lámpara y giré y afortunadamente, detrás de mà ya no se encontró nada. Salà del edificio. Inmediatamente por la puerta me encontré con el velador. Raúl y yo salimos del edificio y activamos las luces de emergencia que eran debido a la planta a base de gasolina. Una vez que las activamos, esperamos a que la luz en todo el edificio volviera, que no fue hasta después de unas tres horas, cuatro horas, parece entonces yo ya me habÃa ido. Solamente regresé por el celular y por mis pertenencias. Lo curioso es que después de aquella noche junté varios cabos que habÃa. Uno de ellos era que, cuando el sol se escondÃa y caÃa la noche las luces de todo el amor que se encendÃan y no tenÃamos permitido apagar ni una sola luz. No importa que la oficina, el cuarto o el almacén no se estuvieran usando todos los focos, todas las lámparas sin excepción. TenÃan que estar encendidas iluminando cada rincón de aquel edificio. Se dice, y esto es solamente una creencia y que yo respaldo mucho debido a la experiencia que tuve, es que aquel forense, en efecto, su alma sigue manifestándose, pero solamente lo hace cuando hay oscuridad en el edificio. Y esto porque se creetan bien de que cuando este forense, cuando se saciaba de ellos de los cuerpos, cuando llevaba a cabo sus más pervertidas fantasÃas, lo hacÃa en total oscuridad. Y es por eso que este se manifiesta solamente cuando la luz está apagada. Espero que les haya gustado mi historia. Saludos a toda la comunidad de cripta manÃacos. Todos nos hemos quedado unas horas extras en el trabajo, ya sea porque habÃa mucho trabajo, ya sea porque se nos presenta la oportunidad y queremos ganar un poco más. Pero claro, todo esto aplica trabajos normales. Qué pasa en el trabajo de una morgue, qué pasa cuando trabajas con prácticamente muertos. Las personas que están acostumbradas a esto dirán que no es nada nuevo. Simplemente es ese sentimiento de soledad, ya que son muy frÃas. Saben muy bien que no tienen de qué peligrar con ellos y, en cierta parte, tienen razón. Pero a pesar de esto, no se le impide a ese cuerpo sin vida tratar de comunicarse con uno, tal vez del otro lado, tal vez aún cuando el corazón ya no bombea sangre, cuando los pulmones ya no rellenan de oxÃgeno, aún nosotros seguimos sufriendo. Es algo tétrico de pensar que cuando creemos que al fin, la agonÃa de nuestro cuerpo ya nos liberó, es decir, ya no estamos en este mundo, a pesar de esto, seguimos sufriendo del otro lado, como lo propone esta historia, una llamada que sin querer captaron la agonÃa de uno de estos cuerpos de la morgue, una agonÃa que no paraba, a pesar de que ya no se encontraba con nosotros. Mi nombre es Katrina Caballero. Esta experiencia le sucedió a mis dos padres, ya que mi madre también la vivió. PodrÃamos decir que la parte más horrible sucede que hace mucho tiempo, cuando yo era una niña, mi padre trabajaba en una morgue. Era un forense. A veces, cuando se le juntaba el trabajo, como a cualquiera le puede pasar, tenÃa que avisar por obr razones que iba a llegar tarde. Asà que, cuando esto pasaba, le llamaba a mi madre por eso de las doce de la noche, una de la mañana o a veces a las once y media. Todo dependÃa de a qué hora iba a salir. Algunas veces le decÃa que lo esperar hasta las siete de la mañana, hasta el dÃa siguiente o que iba a llegar esa noche. Pero ya a altas horas de la madrugada. Recuerdo que aquella noche yo y mi madre estábamos sentadas en la sala de nuestra casa viendo la televisión. Cuando en eso de pronto suena el teléfono, mi madre se estira, lo ve y dice que es mi padre que es el que está llamando, que de seguro se va a quedar más tiempo en el trabajo. Ella toma el control, le baja volumen a la tele y contesta y, para su sorpresa, no escucha la voz de mi padre. Es una voz totalmente extraña, ajena a cualquiera que ella conoce. Se trata de la voz de una mujer, pero no la de una mujer normal. Se nota que es la voz de una mujer ya como de la tercera edad, una mujer que no solamente se trata de una anciana, sino que en su voz se podÃa notar una cierta agonÃa, una cierta desesperación. A esta mujer le costaba hablar y se notaba tan bien que le costaba respirar, hacÃa exhalaciones, respiraba muy fuerte, tanto asà que se escuchaba con facilidad en el teléfono. Esta mujer no se identificó en un principio, no dejó la buenas noches ni nada. Tan pronto mi madre comenzó a hablar con ella. Las primeras palabras que dijo esta mujer es que tenÃa mucho frÃo y que no podÃa respirar que, por favor, alguien le ayudara quien sea pedÃa por alguien, pero que ella no podÃa respirar, que el aire le faltaba. Lo decÃa desesperada como si estuviera agonizando En ese mismo momento. Mi madre estaba preocupada. Esto venÃa del teléfono de mi padre y sabe muy bien que mi padre no es de hacer estas bromas, por lo que sabÃa que todo lo que estaba pasando desde el otro lado era verdad, pero no sabÃa el contexto, no sabÃa quién era hasta que, después de pedÃrselo, muchas veces mi madre le logra sacar el nombre y apellido de esta anciana. Ella le contesta que se llama Verónica y el apellido francamente ya lo olvidé, pero vamos a ponerle que es MartÃnez, Verónica MartÃnez, que, por favor, la ayuden que esto es una agonÃa insoportable. Mi madre estaba preocupada para este momento ya se habÃa parado del sofá, estaba caminando de un lado hacia otro. Yo recuerdo muy bien eso, pero no sabÃa lo que estaba pasando. Yo era una niña en ese momento, pero recuerdo muy bien la cara de mi madre, la cara de miedo. Después de unos breves instantes, aquella voz, eso, esta mujer ya no articuló ni una palabra y poco a poco, aquella exhalación, esa risa, inspiración tan forzada que esta haclla se fue tan bien disipando. Mi madre le estaba contestando que qué era lo que querÃa, que si se encontraba bien, que contestara, querÃa que contestara la señora. Pero pasaron unos instantes en absoluto silencio. Después escucha como claramente están agarrando el celular como este e incluso pega en un pedazo de lámina y casi enseguida escucha la voz de mi padre. Mi padre se disculpa en primera instancia. Toma el celular y se disculpa y le dice perdona, dejé el celular aquà te marqué, pero salieron unas cosas de imprevisto. Me llamaron del otro lado del aula. Tuve que ir rápido, pero se me olvidó colgarte. Mi madre estaba asustada y le dice no no te preocupes, pero quién era esa señora. Mi padre confundido desde la otra lÃnea, le contesta que de qué, señora, le está hablando. Mi madre le empieza a decir que hubo una señora ahà que estuvo hablando con ella, que ésta se notaba que estaba teniendo un ataque o cuando menos no podÃa respirar bien, no podÃa articular una palabra bien sin sofocarse. Mi padre le dice que en ese momento, si bien habÃa más personas en la morgue, no habÃa ninguna señora, no habÃa ninguna anciana. Como ella decÃa, todos ellos eran hombres, los dos confundidos. Aquella noche, mi madre incluso le da el nombre de esta anciana, Verónica MartÃnez, pero a mi padre no le suena, no la conoce. Después de esta confusión, mi padre le dice a mi madre que va a llegar algo tarde, que va a llegar a la una de la mañana, ya sea si lo quiere esperar o si le puede dejar la cena preparada en el horno. Pasaron las horas y mi madre, con esta cierta duda, se queda esperándolo, ya que quiere tocar este tema. Sabe que no imagino la voz, la escucho muy clara y muy perfecta. Esa era una persona, pero cuando llega mi padre y empiezan a hablar de eso, mi madre obtiene una respuesta que, para ser sincera con ustedes, ella no hubiera querido saber. Resulta que mi padre también habÃa quedado con esta duda. Sé que se puso a investigar y no tardó mucho. Ãl en ese momento estaba trabajando en el cuerpo de una mujer anciana, una mujer que habÃa perdido la vida hace muy poco y precisamente cuando llamó a mi madre, dejó el celular casi al lado de la camilla de esta una vez que fue ichicó la etiqueta donde vine el nombre y un número de serie para checarlos padecer y a grandes rasgos las enfermedades de esta persona. Pudo ver que aquella anciana se llamaba Verónica MartÃnez y que la causa de su fallecimiento fue una enfermedad que ella tenÃa en los pulmones. Le impedÃa respirar con facilidad y mediante que pasó el tiempo se le fue complicando más y más tanto, asà que no podÃa articular una palabra sin sofocarse. Básicamente, esto fue lo que la llevó a la tumba. Lo último que ella decÃa era que le faltaba el aire según los registros, un claro signo de que no le quedaba mucho tiempo. Después de esto, mi padre tomó la decisión de jamás llamar a la casa cuando estaba en estos cuartos, cuando estaba en los pasillos, Ãl prefirió mil veces marcarnos cuando estuviera afuera de la morgue, incluso si se tenÃa que salir de ésta. No querÃa que otra voz proveniente de uno de los cuerpos se escuchara del otro lado de la bocina. Qué les han parecido estas historias que crita manÃacos creen que las morgues son lugares aterradores o cuanto menos interesantes. Ustedes han estado en una, trabajan en una, han visto cosas extrañas o más bien no quieren entrar en toda su vida a uno de estos lugares, sea como sea su opinión o su historia. Espero verla abajo en la caja de comentarios, sin más por decir yo me despido que tengan buenas noches y unas aterradoras pesadillas




