ATERRADORES RELATOS DE CUIDADORES DE CEMENTERIOS / TEMPORADA 3 CAP.2 / L.C.E.

En este episodio abordaremos las tetricas experiencias de los cuidadores de las necropolis de nuestros fieles difuntos, en un segundo capitulo.
En este episodio abordaremos las tetricas experiencias de los cuidadores de las necropolis de nuestros fieles difuntos, en un segundo capitulo.
CriptomanÃacos. Los relatos de cuidadores de cementerios. Creo que han sido los más tétricos que he tenido el gusto de contarles en este canal. Y es que no es para menos. Creo que muchos de nosotros le tenemos miedo a los cementerios, le tenemos miedo a ciertas edificaciones en las cuales han perdido vida las personas y que ahora se dice que ronden sus espÃritus por los pasillos, por los cuartos o dÃganme si nunca han escuchado sobre un edificio o un hospital abandonado en el cual se aparecen espÃritus. DÃganme si no les causa un terror inmenso entrar en este. Si son un poco más gallardos, optarÃan por entrar, pero con la mentalidad de ver si esto ocurre, de a ver si son testigos de una experiencia paranormal. Qué mejor lugar que los cementerios, donde mucha cantidad de personas de diferentes ideologÃas religiones, como se contará en los actuales relatos, son enterrados esta primera historia. Por ejemplo, me recuerda mucho a una que ya conté en estos cementerios. Pueden ser enterrados niños, adolescentes, adultos, jóvenes y también ancianos. Por lo que refieren esta historia, que qué pasarÃa cuando un niño que tiene mucho por vivir es enterrado. Algunas personas que han pasado por estas experiencias dicen que a veces el alma no se va como comúnmente se cree, y es porque tal vez parte de su familia, tal vez hermanos o padres, no lo dejan. Tampoco mantienen su presencia aquà y eso puede ser una tortura para el alma. Esta historia creo que nos hará reflexionar un poco sobre cómo dejar ir a nuestros seres queridos. Mi nombre es gustavo aguirre. Mi experiencia comienza de la siguiente manera. En los años dos mil yo habÃa cumplido cerca de veinticinco años y, como todo joven adulto, empecé a buscar trabajo por lo que lo encontré era un trabajo de sepulturero y también de vigilante de cementerio. Era el mejor salario que podÃa conseguir y, además, solamente querÃa su trabajo por un cierto tiempo, en lo que encontraba algo mejor. Cuando entré a trabajar aquÃ, conocà a otro hombre de nombre Hilario. El ario llevaba más tiempo trabajando ahà que yo. Ãl tenÃa cerca de cincuenta años y tenÃa más ya de una década trabajando en ese cementerio, por lo que todo se sabÃa al dedillo para mi mala suerte. Cuando entré a trabajar ahà solamente pasó un mes y tuve que hacer mi primer entierro. Este entierro era particularmente doloroso, ya que el que estábamos enterrando era un niño pequeño tenÃa al caso algunos nueve diez años. Obviamente, los padres estaban destrozados. También todos los familiares. Bajamos al niño mientras que todos se iban y empezamos a echar la tierra. El entierro se llevó a cabo durante el mediodÃa, por lo que, una vez terminando los labores, nosotros nos regresamos, ya que a las once pe comenzaba nuestro trabajo como veladores y Hilario y yo éramos los sepultureros de aquel cementerio, por lo que era menester estar presentes en todos los entierros que habÃan. Cuando llegamos a las once pensamos que iba a ser una noche normal, a excepción claro de que habÃa una nueva tumba en el cementerio, la tumba de un niño pequeño. Yo empecé a hacer mi rondÃn, como comúnmente lo hacÃa, pero cuando pasé sobre aquella tumba, escuché un sonido provenir de ésta. Eran alrededor de la una de la mañana cuando empecé a escuchar golpes golpes como de un puño contra la madera y también gritos un llanto, un llanto de un niño proveniendo de de de aquella tumba. Esto me llamó mucho la atención por lo que me acerqué. Y efectivamente, todos los sonidos venÃan desde aquella tumba. Era como si un niño se encontrara atrapado en ella. Lo primero que se me vino a la mente y creo que, como muchos pensarán, es que se habÃa cometido un error que, como aquellas populares leyendas, como algunos casos aterradores, en cientos de cementerios del pasado. HabÃamos enterrado a una persona con vida. Rápidamente fui y agarré una de las palas, ya que recientemente le habÃamos echado tierra a esa tumba y sin pensarlo dos veces comencé a desenterrar aquella tumba. Mientras le gritaba. Hilario, le gritaba una y otra y otra vez Hilario. Hilario, ven aquÃ. Cometimos un error. Cometimos un error. Ayúdame a desenterrarlo. Hilario vino y ni siquiera fue cuestión de que yo se lo repitiera dos veces porque él mismo escuchó los lamentos y los golpes que provenÃan de la tumba. Rápidamente se sumó a mà y empezamos a desenterrarlo. No tardamos mucho al caso y por muy exagerado algunos tres minutos hasta que llegamos al ataúd. Una vez llegamos al ataúd. Empezamos a dispersar toda la tierra. Lo abrimos inmediatamente y al momento de abrirlo aquel llanto, aquellos golpes que sentÃamos incluso la vibración cuando estábamos encima de él, cesaron de inmediato. Nuestra expresión en la cara cambió abruptamente de desesperación a un completo terror, ya que al abrir el ataúd, el niño no se encontraba con vida. Era el cuerpo de un niño sÃ, pero reposando con los ojos cerrados sin moverse en la misma posición en la que lo habÃamos enterrado en ese momento. Caigo en cuenta que esos accidentes si eran muy comunes, pero en antaño ahora ya no. A casi todos los cuerpos se les hace la autopsia y también pasan por otros procedimientos. Por ende, es muy raro. Es casi imposible que entierren a una persona viva, al menos en estos años. Yo volteo veo a Hilario y no es necesario que digamos nada. Ãl simplemente me ve y me dice tenemos que echarle tierra otra vez. A empezar de nuevo, echarle tierra al ataúd esta vez sin escuchar ni un solo ruido proveniendo de este. Cuando terminamos, volvimos a nuestra caseta y estuvimos platicando de qué podÃa haber sido. Obviamente, no era algo de nuestra cabeza. Los dos habÃamos escuchado lo mismo. Tal vez el último respiro antes de partir que ese niño habÃa hecho tal vez aún no sabÃa ni siquiera que ya no se encontraba con vida. Decidimos seguir con nuestro trabajo. Pero les tengo que adelantar que esto nos fue imposible porque cada vez que pasábamos cerca de esa tumba, escuchábamos el sonido, los golpes el llanto los gritos de auxilio de ese niño todas las noches, sin descanso alguno. Cada vez que pasábamos se escuchaba ese ruido y estos sonidos, como lo repito, duraron alrededor de un mes completo. Tanto asà que habÃamos adoptado mejor por dar un rondÃn a medias, Es decir, nos dábamos un rondÃn por una parte del cementerio, tal vez por una gran parte, casi la mitad de este. No querÃamos pasar cerca de aquella tumba, no querÃamos escuchar ni siquiera de lejos los sonidos que este atormentado niño hacÃa. Francamente, yo me estaba desesperando, ya que en algunas noches yo no querÃa ir a trabajar. Precisamente por esto, hasta que un dÃa para nuestra buena suerte, Hilario contactó con un sacerdote le platicó todo por lo que habÃamos pasado y este a la noche siguiente se presentó en el cementerio. Lo guiamos hasta la lápida de aquel niño. Parece entonces ya le habÃan construido una lápida de concreto una cruz también y la foto de este reposaba en el centro. El sacerdote empezó a dar sus oraciones, empezó a rezar, por él tardó, creo que alrededor de algunas dos horas, y después de esto tocó la foto del niño y le empezó a hablar como si estuviera vivo. Le dijo que él tenÃa que descansar, que tenÃa que seguir su camino. Le dijo que sus padres iban a estar bien y muchas otras cosas más que podrÃan caer en lo personal para el niño. A grandes rasgos, el sacerdote lo despidió y cuando fuimos a dar nuestro rondÃn, nuestra sorpresa de que a lo lejos se escucharán los golpes. Esta vez ya no lo escuchábamos. De hecho, por mera curiosidad, tanto hilario como yo nos fuimos acercando cada vez más a la tumba y cada vez más y cada vez más al grado de llegar enfrente de ella. En esta reposaba el silencio. No se escuchaba nada. Y por los siguientes dÃas y hasta el momento en que abandoné aquel cementerio, la tumba reposó en silencio. El niño por fin habÃa descansado en paz, el sacerdote. Al terminar, nos dijo que era uno de esos casos en los cuales la persona que fallece no se quiere ir. Hay algo que lo ata y no solamente es él, sino también sus parientes vivos. Muy seguramente sus padres no lo dejen ir. TodavÃa TodavÃa piensa mucho en él y todavÃa lo quieren tener con ellos mediante recuerdos. Esto es algo obvio. A final de cuentas, se trataba de su hijo, pero que, como todo, tiene un fin, los padres también tenÃan que soltarlo. Ya se habÃa ido del cementerio, pero también el sacerdote nos dijo que habÃa una gran probabilidad en que este niño todavÃa estuviera en su casa, todavÃa no alcanzara el descanso eterno. Esa fue mi historia. Gracias por escucharla. Saludos a toda la comunidad. Apuesto que cuando éramos niños no veÃamos el peligro como lo vemos ahora. Es decir, cuando éramos niños, podÃamos estar jugando en un lugar en el cual a legua se podÃa ver era peligroso. Cuando éramos niños, podrÃa decir que éramos mucho más gallardos, mucho más valientes, o también no mediamos el peligro de las cosas, tal como esta siguiente experiencia sobre unos niños que estaban jugando cerca del cementerio y gracias a las infinitas historias que este cuidador les contaba, pudieron salvarse de vivir una experiencia sumamente atemorizante. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Antonio Lozano. La experiencia que les voy a compartir sucedió en mi niñez, allá, en mi pueblo natal. Sucede que cuando yo era niño, yo y mis primos, también con un grupo de amigos, nos gustaba jugar mucho al fútbol. Creo que muchos chicos en México es el juego por excelencia y también es muy normal en los ranchos. Nuestro lugar preferido para jugar al fútbol era enfrente del cementerio, y no era porque nos gustaba estar enfrente del cementerio, porque creyéramos en lo paranormal, sino es que el cementerio estaba rodeado por calles muy anchas, hechas de tierra. Estas calles eran parte del camino principal del pueblo. Era donde terminaba. Por lo tanto, eran unas calles muy pero muy grandes y casi por ahà no pasaban coches, además de quedar también muy cerca de nuestras casas, por lo que, en lugar de ir a jugar a las canchas, decidÃamos jugar en esta calle, en la que sabÃamos que muchos autos no pasaban el cuidado de este cementerio. Era un anciano, un anciano muy querido en el pueblo y también que nos llevábamos muy bien con él. Se llamaba Marcelo. Todos nosotros le decÃamos, Don Marcelo era un viejito que yo recuerdo tal vez tendrÃa algunos ochenta y siete años, ochenta y seis y durante mucho tiempo de su vida fue cuidador de cementerio. De vez en cuando platicábamos con él, cuando el sol ya se estaba poniendo y tenÃamos que regresar a nuestras casas. A veces nos contaba historias que le pasaban en el cementerio. Ãl solamente era cuidador durante el dÃa, pero por eso de la medianoche él se iba. Les quiero plantear que este es un cementerio de rancho, por lo que no habÃa suficiente dinero del municipio para darle un mantenimiento al adecuado a éste. La barda de atrás del cementerio estaba muy baja. Algunos pedazos de ésta estaban sin construir. También habÃa habido una tormenta y, por lo tanto, esa tormenta habÃa tumbado un árbol. Este árbol habÃa caÃdo sobre una barda de este cementerio y conforme fue pasando el tiempo, el peso del árbol fue acabando con la barda hasta que finalmente le hizo un enorme agujero a ésta. Como imaginarán, dentro de este cementerio se podÃan encontrar a veces velas negras, objetos de budu fotografÃas. Obviamente, todo esto debido a la brujerÃa que se realizaba cerca del cementerio o adentro de éste. Muchos de nosotros sabÃamos esto, y es por eso que las historias de este cuidadoso eran muy bien recibidas por nosotros, ya que nos encantaban las historias de miedo. Ãl nos decÃa que ver siluetas, escuchar voces a la lejanÃa, siluetas tanto de mujeres como hombres, caminando entre las tumbas una vez que el sol se haya ocultado. Es normal, pero de hecho, esto no le preocupa tanto a él, ya que solamente son almas que están penando o que, de alguna u otra manera, todavÃa no acceden a ese descanso eterno que elementalmente obtienen todas, sino que lo que a él más le proporcionaba escalofrÃos. Mientras estaba cuidando, eran aquellos entes que toman la forma de de algo inocente para atraer a las personas como a él le pasó muchas veces. Resulta que durante el tiempo que estuvo ahÃ, fue engañado por estos entes que adoptaban la forma de niños para conseguir atraerlo a un lugar en donde lo iban a amedrentar. Le pasó dos veces. Ãl nos contó que en una ocasión vio una niña jugando en el cementerio, pero no la vio de una forma fantasmal, sino todo lo contrario. Pensó que era una niña de carne y hueso. Esta niña lo llamó diciéndole que estaba perdida y que no sabÃa cómo salir del cementerio. A este hombre por obvias razones, por educación, él le tiene mucho cariño a los niños, más que nada, porque le recordaba a sus nietos Al ir hacia donde estaba esta niña, esta de la nada desaparece y luego lo tumban, pero no le empujan, sino es que lo agarran de los pies, como si algún tipo de manos hubieran salido de la tierra, lo hubieran agarrado y lo hubieran tumbado en el suelo del cementerio. Estas manos tenÃan garras porque lo rasguñaron, lo rasguñaron de toda la parte inferior de sus pies, Las espinillas, los muslos, todo eso eran arañones. Mientras escuchaban las risas de diferentes niños a la distancia. Como pudo, él se levantó y corrió de nuevo hacia su sitio de vigilancia. En otra ocasión, a él le tocó escuchar el llanto de un bebé. Este llanto venÃa de la parte del cementerio donde se habÃa caÃdo el árbol. Ãl siguió el llanto y una vez que se encontraba tan cerca de él como para poder captar de dónde venÃa, era más que claro que provenÃa de las ramas del árbol. Una vez que él se acercó lo suficiente, salieron muchos murciélagos que lo atacaron, lo arañaron o intentaron morder él como pudo de nuevo corrió y se metió de nuevo hacia su sitio de vigilancia, que era una caseta de madera. Mientras estaba peleando con los murciélagos corriendo escuchaba las risas de los niños al fondo del cementerio. Desde que le pasaron estas dos experiencias, aquel cuidador de cementerio nos dijo que, por más que viera niños, por más que viera perros, incluso porque adoptan varias formas, él no salÃa. Ãl no se acercaba, ya que sabÃa que era uno de esos entes tomando la forma de algo para atraerlo hacia otra trampa. Segura. Sucede que cuando nos contó esta historia, yo y un amigo que se llama Pablo estábamos con él. La mayorÃa de nuestros amigos y familiares se habÃan ido para este entonces, por lo que esta última historia se nos quedó muy bien grabada. Tanto asà que, a pesar de que pasaron los meses, no lo olvidamos. Y fue asà como llegó un veinticinco de diciembre. Creo que fue un veinticinco o un veinticuatro. No estoy muy seguro, pero el caso es que en los ranchos se celebran los dos dÃas, al igual que el dÃa treinta y uno y el dÃa primero sucede que que muchos de mis tÃos de mi familia vinieron a visitarnos. Obviamente, con ellos vinieron mis primos más familiares y en aquella noche de fiestas, en donde habÃa música, habÃa celebraciones y reuniones en cada esquina del pueblo, decidimos que irÃamos a jugar hacia enfrente del cementerio. Solamente Ãbamos a jugar por eso de una hora y media y además, el cementerio nos que daba a dos cuadras. Asà que nuestros padres y tÃos ambientados en la fiesta, en el convivio nos dieron permiso, no nos vieron nada malo. Cuando llegamos a la calle, empezamos a jugar. Obviamente, no estábamos solos. Los vecinos de enfrente ya nos conocÃan y ellos también estaban en una reunión e incluso algunos niños de esa reunión familiar salieron a jugar con nosotros, por lo que no quiero que piensen que estábamos solos en aquella calle. Además, habÃa más celebraciones en la calle continua y a un lado del cementerio, también por lo que habÃa personas, habÃa adultos muy cerca de nosotros. La calle estaba muy bien iluminada, pero claro, el que estaba sumergido en una oscuridad absoluta era el cementerio. Nosotros empezamos a jugar como cualquier otro dÃa debido a la noche a que éramos como cerca de dieciocho niños entre todo el desorden entre toda la boya. Como se dice, pateamos el balón mal y este cayó adentro del cementerio. Para este entonces, obviamente, el cuidador ya se habÃa ido. No habÃa nadie adentro del cementerio. El balón habÃa quedado la vista lo podÃamos ver desde afuera y podÃamos entrar por aquel hueco el cual el árbol habÃa tumbado. Dos de estos niños entraron. Pensamos que iba a ser rápido. A final de cuentas, solamente tenÃan que entrar, tomar el balón y salir nuevamente. Pero pasaron los minutos y estos niños no salÃan. Yo entré al cementerio en compañÃa de Pablo y otros dos niños. La mayorÃa de estos habÃa quedado afuera más que nada para que los adultos no se dieran cuenta de que estábamos entrando al cementerio, ya que estaba prohibido. Eso empezamos a gritar, empezamos a llamar a los otros niños que dónde estaban. Ya no veÃamos el balón por ningún lado, y tampoco a ellos. En eso los vimos a la distancia, porque ellos nos gritaron de vuelta. Ellos nos dijeron acá estamos. Estamos consiguiendo el balón, pero como que consiguiendo, yo les repliqué que el balón no estaba aquà tirado. Y lo que ellos nos contestan, tanto a Pablo como a mÃ, nos deja con la piel de gallina y con un escalofrÃo recorriendo nuestro cuerpo, ya que lo que estos niños nos contestan es que unas niñas habÃan agarrado el balón y se lo habÃan llevado corriendo, que ellos las habÃan estado persiguiendo, pero que éstas se detenÃan y otra vez corrÃan. Cuando ellos iban aproximando, estaba más que claro que los estaban dirigiendo hacia un lugar, tal como le habÃa pasado a aquel cuidador de cementerio. Lo único que a mà se me ocurre en ese momento es gritarles que se detengan, que se detengan, inmediatamente que esas no son niñas, que esas son brujas Y por qué decidà decir las brujas? Y esto es fácil, porque en aquel pueblo se sabÃa muy bien de la existencia de brujas. Y a todos nosotros sobra decir que les tenÃamos un miedo, un pavor aberrante hacia ellas, ya que cada vez que desaparecÃa un niño o un hombre, siempre se le atribuÃa a las brujas y a su brujerÃa, por lo que estos niños y yo también junto con ellos, salimos del cementerio que hacÃan puntitas para que no se dieran cuenta de nuestros sonidos, pero también muy rápidos. Creo que ni cuando jugábamos ni cuando corrÃamos lo hacÃamos tan rápido como en aquella noche decidimos volver a la calle y meternos a una de las celebraciones de los vecinos. Cuando nos preguntan que por qué nos habÃamos metido, nosotros le respondimos que el balón se nos habÃa ponchado. A todo esto en una de las casas nos dan un valor nuevo. Pero en esta ocasión decidimos ir a jugar hacia las canchas, unas canchas que se encontraban muy lejos, casi en el centro del pueblo, pero era más seguro eso que estar en las calles a un lado del cementerio. Pasaron los dÃas, paso año nuevo y a principios del año los primeros dÃas volvà a pasar cerca del cementerio. De hecho, ya no jugábamos ahÃ. Después de lo que habÃamos vivido. Me encontré de nuevo con aquel cuidador, el cual me saludó y me dijo se les perdió algo verdad. Mientras me decÃa esto, sacaba de atrás de su espalda el balón que se nos habÃa perdido. Este estaba marchado y tenÃa unas marcas de garras alrededor. El cuidador de cementerio me preguntó que por qué le habÃa dejado ahÃ, que qué habÃa pasado aquella noche. Yo sÃ, lo platiqué todo al lujo de detalle y el por qué mejor opté por salir corriendo con mis amigos que seguir a aquellas extrañas niñas. Ãl me dijo que hice lo correcto, pues aquellos entes no distinguen y hacen daño por igual tanto a hombres, mujeres y niños. Después de esto, jamás volvà a acercarme al cementerio, sobre todo en especial cuando caà a la noche. Como dije, en el principio del vÃdeo, muchas personas de diferentes religiones y creencias son enterradas. Muchas de estas personas piden a sus dioses que los cuiden en el camino. Pero asà como otras tantas le dan su alma, al cielo o al dios o a sus diferentes deidades, también hay otras almas que se le dan a los demonios o al mismo diablo. Qué pasa con estas almas, Qué pasa cuando son enterradas en este tipo de cementerios. Bueno, la siguiente historia nos deja pensando que, asà como le pedimos protección al de arriba y también le pedimos protección al de abajo, los dos están dispuestos a darle claro si eres lo suficientemente benevolente con ellos. La siguiente historia nos la cuenta un cuidador de cementerio sobre una tumba que la protege un ser demonÃaco. Mi nombre es Rodrigo Ezequiel. La experiencia que les quiero contar sucedió ya hace muchos años, cuando yo estaba en busca de mis primeros empleos. Sucede que ya habÃa conseguido algunos mesero cajero lavador de autos, pero en ninguno me daban tanta facilidad para conseguir empleo de lo que yo habÃa estudiado como lo fue el develador, pero no como un velador, como muchos pensarán. Yo no era guardia de seguridad de algún centro comercial o de alguna planta, sino que consegue empleo como velador de un cementerio. Este cementerio era algo grande. No era el más grande que habÃa visto, pero pero sà bastante grande. Tanto asà que tenÃa dos entradas. Por ende, necesitaban dos veladores para custodiar tanto la entrada trasera como la entrada frontal. Cuando llegué mi compañero me explicó todo lo que se tenÃa que hacer a grandes rasgos era solamente vigilar cerciorarnos de que ningún adolescente, de que ninguna mujer entrar al cementerio a jugar con las tumbas, a hacer sus brujerÃas o, peor aún, a desenterrar aquellas tumbas que no tenÃan lápida. Pasaron los meses y todo iba de lo más normal, excepto que me dijo que una cierta parte del cementerio a esa yo no podÃa acudir, incluso ni él lo hacÃa. Esta parte del cementerio consistÃa en otro pequeño cementerio dentro del mismo. Era una barda levantada con una puerta de fierro. En esta habÃa un candado y unas cadenas que la enrollaban para impedir que todas las personas pasaran hacia este, incluso nosotros, a pesar de que también tenÃamos las llaves. Mi compañero me dijo no entres a esta parte y por los meses que pasaron, yo no entré esta parte del cementerio hasta que llegó una noche. Es más, ni siquiera me acercaba, pero aquella noche llegó una noche en la cual yo iba distraÃdo. No me di mis pasos, o tal vez querÃa ir estirar más las piernas y llegué hasta esta parte, hasta esta barda. Jamás en todo el tiempo que habÃa estado ahà me habÃa acercado tanto a esa parte y fue por esto mismo que me empezó a llegar un olor extraño, un olor que provenÃa desde aquella parte del cementerio, un olor azufre. Esto me llamó mucho la atención, ya que esto no es normal. Fui hasta la parte de la puerta, me fijé por uno de los barrotes y lo que vi fue a un hombre, un hombre vestido de manera oscura completamente. Estaba caminando por las tumbas plácidamente como importándole poco que hubiera veladores. Ahà que hubiera cuidadores de cementerio o o inmediatamente le llamé la atención, le grité oiga qué está haciendo. Pero este hombre simplemente me ignoró. Inmediatamente agarré un silbato al cual todos los veladores portamos y con esta llamé mi compañero lo soné varias veces hasta que ahÃ, a lo lejos, escuché cómo la puerta sonaba y se azotaba, lo cual significaba que mi compañero ya venÃa. Inmediatamente y sin perder más tiempo saqué las llaves. Abrà el candado y entré a esta parte. Cuando lucé al hombre, este se estaba escondiendo por atrás de una cruz, una cruz muy grande, pero antes de esconderse vi como claramente alzó su mano. La reposó en la cruz como si es entonces estuviera sujetando de ella para esconderse. Bien, para bajar. Aún más fue en este momento en el cual yo me detuve súbitamente. Su mano tenÃa un aspecto muy extraño. Su piel era oscura, sus uñas eran largas y también oscuras. No se podrÃa decir incluso que parecieran uñas de humano. ParecÃan más bien garras. Al ver esto, yo me detengo, ya que no pensaba toparme con algo asà en ese momento. Tal vez pienso que este hombre sufre de alguna enfermedad en la piel, pero inmediatamente baja su mano nuevamente él esconde junto con todo su cuerpo atrás de una cruz. Yo voy caminando. Trato de encontrar a este hombre, pero lo que más me sorprende es que en esa cruz y en todas las demás, todas las lápidas, no hay forma de esconderse un cuerpo asà de grande. El cuerpo de un humano no tiene mucho donde esconderse en un cementerio. Por más que lo busque, no logré encontrarlo. Yo ya estaba un poco más aliviado, ya que escuchaba los pasos de mi compañero acercarse hacia el sitio. Una vez que llegó él sin siquiera meterse manteniendo distancia, me preguntó qué estás haciendo allá. Adentro sal inmediatamente de ahà no podemos entrar. Es más, no debemos entrar. Yo en ese momento estaba confundido como que no podÃamos entrar salà de ahà el hno inmediatamente volvió a agarrar la cadena, la giró y puso el candado, cerrando de nueva cuenta la puerta del acceso. Ãl me dijo que no importaba lo que hubiera visto. Ahà se ven extrañas cosas y también por ser una propiedad privada e incluso para nosotros debÃamos de mantener distancia con aquellas lápidas. Esto me habÃa sorprendido y también asustado, asà que decidà no prestar la atención a esto y tratar de olvidarlo. Después de todo. Es un cementerio al entrar a trabajar ahÃ, yo ya iba con la mente preparada en que tal vez alguna noche iba a haber alguna silueta, iba a escuchar algunas voces. Después de todo, ese lugar en donde reposan las almas. Al llegar a mi casa, tuve un sentimiento extraño. Siempre llego con sueño, siempre llego a disponer a dormirme, pero en aquella ocasión traté de dormirme, pero no lograba conciliar el sueño. Me desperté varias veces con la extraña sensación de que alguien me estaba observando. A final de cuentas, dormite un poco me levanté de mi cama y, a pesar de que estaba rodeado por paredes, seguÃa sintiendo esa extraña sensación de que me estaban observando. Mi familia estaba en la casa y en ese momento se me ocurre mirar por la ventana afuera. Pasando la calle, se encontraba aquel sujeto que habÃa visto en el cementerio, vestido totalmente oscuro a plena luz del dÃa, con un sombrero, con un atuendo totalmente negro que le cubrÃa cada parte del cuerpo. Las personas pasaban a un lado de él, enfrente de él, atrás de él, incluso los vecinos. A nadie parecÃa importarle que estuviera observando fijamente hacia nuestra casa. Esto me produjo escalofrÃos claramente, asà que no le dije a mi madre, sino que le dije a mis hermanos. Yo fui y les dije que tal vez necesitábamos que viniera la policÃa, ya que habÃa un extraño merodeando y tal vez se querÃa meter a la casa. Mis hermanos fueron los dos observaron por aquella ventana, pero ellos no vieron nada, a pesar de que yo veÃa al hombre claramente allÃ. Ellos me decÃan que no veÃan ningún hombre, que no habÃa nadie, que si estaba bien o tal vez fue algo que soñé. No me podÃa explicar en ese momento qué era lo que estaba pasando por mi cabeza, porque yo claramente lo veÃa. Y esto no fue todo, ya que cada vez que dormÃa o cada vez que conseguÃa dormir soñaba con este hombre, este tipo de pesadillas que soñaba con él eran algo extrañas, ya que este no me atacaba, no me perseguÃan ni nada por el estilo, sino que solamente lo soñaba en mi casa observándome mientras que yo hacÃa mis deberes. Nadie más lo podÃa ver, incluso en el sueño, y es ahà donde supe que este hombre entidad o lo que sea si estaba vigilando a alguien era a mi familia, no, ellos no le importaban la cosa. Era conmigo y fue ahà donde empecé a unir cabos y supe que esto lo tenÃa que arreglar. En el cementerio llegué con mi compañero, le platiqué todo lo que me estaba pasando en mi vida y él me dijo que sÃ, que tenÃa algo que contar, porque todo eso que me estaba pasando era debido a que aquella noche no le habÃa hecho caso. No podÃamos acceder a esa parte del cementerio y era más que nada por protección hacia nosotros. Resulta que en los cementerios llegan a enterrar a mucha gente de diferentes culturas, religiones, pensamientos y dioses. Pase resulta que en aquella parte del Cementerio habÃan enterrado a un lÃder satanista, un lÃder que era muy erto respetado por su secta, tanto asà que él tenÃa una creencia. Ãl creÃa que en otra vida él tenÃa que llegar como un rey o mÃnimamente como alguien elegante y pudiente. Por lo tanto, cuando lo enterraron, lo enterraron con todas sus joyas, sus relojes, su ropa de marca, sus zapatos. Este portaba con esmeraldas rubÃs, relojes de oro, anillos de oro y riqueza. Se encontraba enterrada abajo de esa lápida y claro que, al ser un lÃder satanista, se dice que él se encargó de que en su tumba hubiera un guardián, el cual impidiera a los vivos que le quitaran esa fortuna. Una vez después de ser enterrados, después de platicar toda una tarde llegamos a la conclusión en que no nos quedaba de otra o más que nada a mà de que tenÃa que ir a disculparme. Tal vez de aquella manera, este hombre me dejaba tranquilo, tomando toda la fuerza que tenÃa a plena luz del sol. También abrà la puerta me acerqué hasta aquella tumba del satanista y empecé a pedirle perdón. Le dije que yo no querÃa quitarle su riqueza, asà que yo no querÃa desenterrar su cuerpo, que tan solo todo habÃa sido un malentendido. Salà nuevamente prometiéndole también que jamás me volverÃa a acercar a su tumba para que este no pensara mal. IncreÃblemente, cuando me iba retirando, sentà como una pesadez que se iba yendo sentÃa como algo estaba abandonando mi o cuerpo. Esa extraña sensación de sentirme observado se quitó inmediatamente, ya no la sentÃa más ni en el cementerio ni en mi casa. Tampoco, porque también en el cementerio durante los dos dÃas que estuve con esto, veÃa aquel hombre observándome entre las lápidas. Obviamente, de esto, yo no le platicaba nada a mi compañero porque sabÃa de sobra que él me iba a decir que no veÃa nada, como todas las personas a las que les mencionaba esto. Pero una vez después de haberme disculpado todo eso cesó al llegar a mi casa, llegué con un cansancio enorme y dormà plácidamente, como no lo habÃa hecho en dÃas anteriores. Por fin, aquel hombre me habÃa dejado en paz. Desde aquel momento supe que en este mundo hay extrañas entidades, hay extrañas fuerzas, ya sea de cualquier religión a la cual pertenezcan y que esto existe, ya que, como esta experiencia que me pasó, ellos cuidan y vigilen el cuerpo de sus más fieles, creyentes aún después de la muerte. Qué les han parecido estas historias ritamanÃacos. Ustedes han vivido alguna experiencia en cementerios, ya sea una experiencia simplemente por ir a visitar un familiar o porque, por desgracia, tuvieron que asistir a un velorio. Han vivido alguna extraña presencia, un extraño sentimiento. Si es asÃ, quisiera que lo compartieran abajo en la caja de comentarios. Sin más por decir yo me despido que tengan unas noches y unas aterradoras pesadillas




