ATERRADORES RELATOS DE CARRETERAS Y CAMIONEROS / FINAL DE TEMP.3 / L.C.E.

Desde espíritus que se suben a tu automovil en aquella carreteras embrujadas y desoladas, hasta apariciones del mismo diablo en carreteras, en este video seras oyente de estos tetricos relatos.
Desde espíritus que se suben a tu automovil en aquella carreteras embrujadas y desoladas, hasta apariciones del mismo diablo en carreteras, en este video seras oyente de estos tetricos relatos.
Historias de carreteras, ya las hemos tocado anteriormente aquà en el Canal. Pero, afortunadamente, o más bien desgraciadamente, muchos de ustedes me mandan sus relatos y estos, en una parte, transcurren en las carreteras, asà como también los camioneros en este vÃdeo. Seremos oyentes de estas historias, historias que son aterradoras, asà como también impactantes, dejando un lado el factor miedo, ya que no se puede explicar qué es lo que pasa por ciertos kilómetros, en ciertos lugares inhóspitos. Este primer relato, por ejemplo, le sucede un hombre que va en compañÃa de su madre, van de regreso a su hogar cuando de pronto, sin percatarse, lo más mÃnimo parece ser que entraron a un lugar miste rio iban por la carretera, no se desviaron ni nada por el estilo solo que entraron a una especie de sitio el cual se supone que no deberÃan de entrar los vivos, un sitio en el cual gobierna un alma que está eternamente en pena deteniendo los conductores que pasan por ella. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Rubén Serrano. Mi experiencia sucedió hace poco más de una década. Lo recuerdo muy bien porque mi madre todavÃa estaba con nosotros. En aquel tiempo, mi madre empezó a enfermar mucho. TenÃa una enfermedad la cual me voy a ahorrar detalles. El caso es es que cada cierto tiempo, cada ciertos meses, tenÃamos que ir a una ciudad a que la atendieran después de sus análisis, después de sus medicinas. Obviamente, volvimos a nuestra casa. La mayorÃa de las veces que hicimos esto nos venÃamos en autobús, pero por algunos problemas familiares, decidimos que en aquella ocasión Ãbamos a volver en camioneta. Yo, en aquel tiempo tenÃa veintidós años, ya sabÃa conducir y era el único familiar que iba con ella, asà que, sin problema, mientras ella descansaba, ya que le habÃan recetado descansar profundamente, decidà que iba a conducir durante la noche, esto más que nada para que ella pudiera descansar, ya que durante el dÃa, muy probablemente mi madre no iba a poder cerrar los ojos debido a la luz del sol, ella estaba muy delicada, al menos en su cuerpo se sentÃa muy agotada. Comenzamos el viaje. Por eso de las diez de la noche, mi madre empezó a dormitar a pesar de que iba platicando al principio, pero para la una de la mañana ya solamente era yo conduciendo por esa larga carretera en la cual no venÃa ningún coche además del mÃo. Yo iba con la radio, escuchando la radio, tratando de distraerme o más que nada, tratando de mantenerme despierto. Cuando en eso empiezan a pasar las cosas que creo que comúnmente pasan en todas las pelÃculas de terror o en todas estas leyendas, la radio empezó a sintonizar pura estática, como si hubiéramos entrado a un tipo de lugar el cual no podÃa recibir ninguna señal, porque esto no solamente se quedó en la radio, ya que yo saqué el teléfono, ya que cada cierto momento, cada cierta hora de la noche, una tÃa mÃa me pidió que si, por favor, le podÃa marcar para ver por dónde venÃamos grande. Fue mi sorpresa cuando trata de comunicarme con esta tÃa, ya que querÃa estar al pendiente de nosotros que la señal del teléfono no salÃa. Estábamos en algún lugar en la cual no podÃa salir ninguna señal ni mucho menos entrar algo que particularmente a mà jamás me habÃa pasado y hasta la fecha, a excepción de aquella ocasión no me ha vuelto a pasar. Yo iba distraÃdo mirando el teléfono cuando en eso de pronto, cuando pongo la mirada de nuevo en la carretera, obviamente porque tenÃa que irme fijando a ver si venÃan carros o si venÃa o si iba a una buena velocidad, me encuentro con algo que también es sumamente extraño, y es que el camino ahora está lleno de niebla. Esto no tenÃa sentido como de un minuto a otro. La niebla se habÃa apoderado del sitio. Toda la carretera estaba empezándose a llenar de niebla y cada vez que avanzaba, esta niebla se iba intensificando. Cada vez se podÃa ver menos lo llevaba a apuestas luces altas y eso que el auto era nuevo. Pero a pesar de esto, no podÃa luzar más allá de unos cuantos metros. Esto, por obvias razones, me hizo disminuir la velocidad. No querÃa sufrir ningún accidente y mi madre venÃa dormida, asà que tuve que tomar las decisiones. Yo cuando en eso y que gracias a Dios, llevaba la vista fija en el camino para no encontrarme con ninguna sorpresa, es que alcancé a ver a unos cuantos segundos la sombra de un hombre caminando en medio de la carretera. Obviamente, si yo seguÃa de largo lo iba a rollar por sentido común, tuve que detenerme. No sabÃa si este hombre se iba a mover de un lugar a otro y la niebla de por sà no ayudaba tampoco, si bien les digo equivalento. El freno que metà tan abruptamente hizo que mi madre se despertara de inmediato. Me preguntó qué era lo que habÃa pasado. Yo simplemente le señalé enfrente y vimos a este hombre caminando entre la niebla. No caminaba de una forma normal. Este hombre caminaba cojeando de un lado como si este caminar herido, como si este sufriera al menos de alguna enfermedad. Obviamente, esto nos llamó la atención, asà que empezamos a pitarle para que por lo menos se quitara del camino. Yo, al comenzar a tocar el claxson, este hombre se detuvo paró de caminar, pero aún manteniéndonos la espalda, se volteó simplemente algunos centÃmetros y alzó su brazo en forma como para pedir ayuda, como para ver si le podÃamos dar aventón. Mi madre es una persona muy solidaria y del tipo de personas que les gusta ayudar al prójimo. Claramente iba a decir si lo podÃamos ayudar a lo mejor. El hombre iba a un lugar cerca de ahà o a lo mejor el lugar nos quedaba de paso. El hombre estaba cojeando. Tal vez habÃa sufrido un accidente y nosotros no nos habÃamos dado cuenta. Yo bajé el vidrio y le dije que viniera. Le hice una señal con la mano, pero este hombre no se movÃa. Este hombre se mantenÃa erguido, sosteniendo el pulgar arriba pidiendo aventón. Yo le gritaba a ven, ven, Súbete, súbete, ven, pero este hombre no me hacÃa caso. Yo estaba seguro que me escuchaba, ya que no estamos a una distancia tan larga. Pero a pesar de esto, el hombre no se acercaba en ese momento. Pensé que tal vez se trataba de un anciano, una persona de la tercera edad que le daba pena o tal vez no se podÃa mover muy bien y tomé la peor decisión que pude haber tomado en ese momento. Abrà la puerta del coche y bajé del auto con la intención de ayudar a este hombre. Vivà una de las peores experiencias que he tenido en toda mi vida. Me fui acercando incluso como que algo me decÃa que no me tenÃa que acercar más de la cuenta. Iba lento y manteniendo mi distancia. Este hombre llevaba una gabardina con un gorro. Este gorro no me permitÃa verle el rostro. PodÃa ver su mano, podÃa ver su brazo, su silueta, pero el rostro no, cuando le dije amigo necesita ayuda, lo podemos llevar. Este hombre me responde que sÃ, que necesita ayuda, que, por favor, necesita que lo lleven a su casa. Yo le respondà de vuelta, pero dónde vives. Le mencioné el lugar a donde iba, pero este no me respondÃa y me volvió a decir lo mismo. Necesito que me lleven a mi casa. Mi madre simplemente observaba todo a través del espejo. Ella no pudo ver lo que yo vi, y es que, al dar un paso más hacia la izquierda esperando poder ver el rostro de aquel sujeto, vi lo que en verdad él ocultaba lo que aquel gorro ocultaba Hacia la luz de forma muy abrupta, este hombre se dó la vuelta y pude verlo fijamente. Este hombre no tenÃa rostro o más que nada, no parecÃa tener un rostro. ParecÃa este rostro molido molido de diferentes formas. No tenÃa nariz, no tenÃa boca, no tenÃa ojos y ni siquiera tenÃa cuenca. Y para ser más realistas y ser más honestos, su rostro ni siquiera tenÃa la forma de uno. TenÃa como que ámbulas, como que grumos. También tenÃa rajadas como qué abolladuras, como si el rostro, de una manera muy visceral, habÃa sido deformado a la fuerza. Era un rostro molido. Completamente después de ver esto de la media vuelta y me echa a correr. Mi miedo creció cuando escuché que atrás de mà venÃan pasos. Este hombre me estaba siguiendo. Yo llegué al coche, abrà la puerta, encendà el auto lo más rápido posible. Vi a mi madre a los ojos. Ella también está alterada. Ella no sabe lo que está pasando. Yo simplemente arranco el coche y salgo de ahà como alma que lleva el diablo. El otro hombre se queda atrás de nosotros casi a punto de llegar también al coche. Mi madre me pregunta que qué está pasando, qué era lo que habÃa visto o qué me habÃa dicho. Yo no puedo contestar. Simplemente se me va el aire leo con una mano que no me pregunte. No puedo hablar ni siquiera simplemente voy conduciendo no puedo hablar. Le digo no puedo hablar. La niebla se vuelve más espesa con cada minuto que pasa y enfrente de nosotros veo de nuevo la silueta de aquel hombre. Yo la alcanzo, pero, por suerte, en esta ocasión alcanzo a dar una vuelta, La alcanzo a esquivar, pero era el mismo hombre. Reconocà la silueta, Reconocà incluso la forma de caminar, aquella forma de un hombre herido cojeando de una pierna. Mi madre en ese momento, cuando ve que otra vez se repite la aparición de aquel hombre a escasos minutos de haberlo dejado atrás, sabe que esto no es nada bueno y creo que tuvo la mejor idea que pudo tener aquella noche. Ella comenzó a rezar, a recir y a rezar una y otra vez, una y otra vez, y no te miento volvimos a ver a aquel hombre y, por suerte, otra vez lo conseguà esquivar. Pero mi madre continuó rezando, rezando y rezando, hasta que poco a poco fuimos dejando aquella niebla. La niebla se habÃa disipado ya casi por completo. Al cabo de algunos minutos vimos a este hombre tres veces en aquella carretera. Como si esto fuera parte de un limbo, Como si esto fuera una falla? En la realidad como muchos dicen, algo que se repite constantemente. Le doy gracias a mi madre y yo estoy seguro de esto que por aquellos rezos pudimos salir con bien en aquella ocasión. No sé de qué manera. Sin saberlo, nos adentramos en una especie de zona en la que ese espÃritu nos encerró durante un buen tiempo y aquà les va el dato más loco de toda la historia. Y es que parece que cuando estuvimos ahà el tiempo se detuvo mi celular, el reloj de mi madre y el reloj del radio empezaron a contar otra vez el tiempo al momento en el que salimos de la niebla. Como verán, esta solamente una historia que mi madre y yo podemos dar fe de qué sucedió. Esa fue mi historia. Espero que les haya gustado saludos a toda la Comunidad y un abrazo enorme a la cripta embrujada algunas de nosotros, tanto mujeres y hombres, en algún punto de nuestras vidas hemos roto un corazón, tal vez una persona que no era correspondida, Tal vez a nosotros nos pasó lo mismo. En fin, lo único que nos queda después de una ruptura, lo más sano es superarlo. Pero qué pasa con las personas que no lo superan y qué pasa con las personas que les gusta ir de corazón en corazón rompiéndolo tarde o temprano. No va a llegar un dÃa en que se encuentre con una persona que va a tomar venganza, tal como el siguiente vÃdeo sobre un camionero que iba de mujer en mujer de Novia Novia, sin preocupar en lo más mÃnimo hasta que en su vida se encontró con una que tomó una venganza, pero una venganza despiadada. Esta mujer para su mala suerte, tenÃa conocidas de la familia que eran brujas o la toda la Comunidad. Mi nombre es Jaime y la historia que les quiero contar le sucedió mi tÃo. Quiero que sepan que esta historia tiene ya algunos años de que pasó. De hecho, esta historia. La única que sabÃa de esto era mi abuela y durante muchos años la guardo consigo. Hoy ya no está con nosotros, pero dejó esta historia que más que nada pasó a ser una leyenda entre la familia. Pase resulta que en años anteriores mi tÃo, cuando estaba trabajando de camionero, estaba en una etapa la cual podrÃamos decir era muy mujeriego. Le gustaba tener novias a cualquier lugar en el que él se dirigiera con su camión, ya sea Puebla, ciudad de México, Monterrey, etcétera. De hecho, él siempre lo decÃa a cada ciudad que llegó. Siempre hay una mujer esperándome o al menos era lo que solÃa decir. Ãl rompió muchos corazones cuando tenÃa veinte años, veinticinco años y en muchas ocasiones, las mujeres a las cuales dañaba siempre lo amenazaban con que lo iba a pagar más adelante. Mi tÃo en ese tiempo ya se habÃa metido con mujeres. PodrÃamos decir un tanto peligrosas, mujeres que hacÃan brujerÃa, hechicerÃa. Pero como él no le afectaba en ninguna manera. Ãl pensaba que simplemente eran patrañas, que ellas creÃan. Claro y esto responde la duda que cuando le rompió el corazón a la hija de una bruja, él no pensó que nada malo le pasarÃa. Recuerda muy bien que aquella, señora, con muchas arrugas con una cara que expresaba el profundo odio que le sentÃa. Lo amenazó. Le dijo que el daño que le habÃa hecho su hija, él lo pagarÃa, que ella le pedirÃa un favor al diablo para que éste se desquitara con él por lo mujeriego que habÃa sido mi tÃo. Obviamente, no le prestó atención a esto. Simplemente pensó que era otra Bruja que hacÃa sus trucos, sus trabajos, pero que, a final de cuentas, esto no servÃa de nada. Ãl era escéptico hasta que una noche le sucedió esto cortesÃa de aquella bruja. Sucede que le estaba pasando por un paradero de camiones, ahà donde hay gasolina, estacionamientos y un lugar por donde los camioneros podÃan quedarse a dormir. Tengan en cuenta que esta historia se sitúa en aquellos años setenta, Si no es que en los sesenta. No estoy muy seguro, pero por esos años andan sucede que en estos paraderos, además de haber vendedores ambulantes, también hay otras mujeres, mujeres que se dedican a darle servicios a los camioneros o a los viajeros de la carretera. Obviamente, creo que no es necesario explicar qué servicios dan estas mujeres. Eran mujeres de la vida galante. Mi tÃo en ese momento estaba pasando por ahà y para ser sincero, él dice que no buscaba contratar algunos de los servicios de estas chicas. Pero sucede que cuando estaba saliendo que estaba comenzando su viaje por la carretera, algo le llamó la atención, y es que habÃa una chica muy guapa, pero extremadamente guapa. Era como su mujer ideal, aquella que solamente habÃa visto en sueños, aquella mujer de pelo largo, pesa perlada y con un vestido rojo que le estaba haciendo invitaciones a cualquier camionero que pasara por ahÃ, obviamente, por su vestimenta y por cómo iba pintada. Era fácil de suponer que esta mujer era una de otras tantas que prestaban sus servicios mi tÃo. Al verla, él dice que aquellos bajos instintos carnales despertaron en él, es decir, él no iba buscando nada de él eso, pero tan sólo con verla detonó algo en él que la quiso tener. En ese momento no le importaba cómo, pero él querÃa tener a aquella mujer, a aquella mujer que era la mujer de sus sueños. Detuvo el camión bajó de este y fue hacia esta mujer directamente. Empezó a hablar con ella y sutilmente le preguntó que cuánto eran de sus servicios y, para la sorpresa de mi tÃo, él dice que era excesivamente barato, por lo cual no dudó ni un segundo en aceptar los servicios de esa chica. Rápidamente has lló el trato, pero la mujer le dijo que habÃa condición. Ella no se iba a subir al camión debido a unas ciertas malas experiencias que ella habÃa tenido en el pasado, que si querÃa el servicio, la tenÃa que acompañar a ella a un granero que se encontraba cerca. De hecho, el granero se podÃa ver a la distancia Eran unos cuantos metros en el monte. Obviamente, cualquier persona razonable se pensarÃa dos veces esto, ya que estás en un lugar alejado y meterte en un granero el cual no conoces. Es muy peligroso, pero en ese momento mi tÃo dice que no pensaba bien. Ãl simplemente querÃa tener a aquella mujer lo más rápido posible, asà que, sin pensar lo aceptó, esta mujer lo tomó de la mano y lo fue guiando hasta aquel granero. Una vez que la mujer abrió la puerta del granero, los dos entraron y, si bien habÃa luz, esta luz era muy escasa, como de esos focos que apenas tiene en voltaje entre toda la oscuridad y entre toda la semiluz que habÃa perdió de vista a la chica. Mi tÃo dice que volteó a un lado hacia otro, pero no la encontraba. Rápidamente le empezó a llamar, pero no servÃa de nada. El granero parecÃa estar vacÃo. Cuando en eso de pronto escucha un extraño ruido, un ruido que proviene desde una parte del granero. Este ruido es como el bufar de un animal, un animal que se encuentra enojado, un animal que se encuentra furioso un animal pesado. En ese momento él capta que aquel animal hace el sonido, que harÃa una vaca o peor aún el sonido querÃa un toro. Al momento de que éste se va descubriendo saliendo a la luz mi tio, lo que ve es un toro enorme, el toro más grande que ha visto en su vida, con unos cuernos enormes que tan sólo de verlos provoca en pavor. Y aquà viene un detalle, Y es que mi tÃo, si bien se quedó poco tiempo a observar aquel toro, ya que salió corriendo del granero, sà pudo apreciar que en el cuello del toro, cayendo sobre este, reposando casi en el piso, se encontraba el vestido de aquella chica, aquel vestido rojo deslumbrante que habÃa llamado su atención en plena carretera como si este toro lo tuviera puesto. Mi tÃo sale del granero empieza a correr, pero su miedo más grande empieza a hacerse notar, ya que atrás de él siente las pisadas del toro saliendo despavorido hacia él. Pero tristemente, como es de esperar mi tÃo, no es lo suficientemente rápido. El toro lo consigue alcanzar, lo tumba en el piso y empieza a cuernearlo o una y otra y otra vez. Pero lo curioso es que este toro, si bien le está haciendo daño, no le está haciendo un daño fatal. Por asà decirlo, este toro solamente lo está hiriendo de las piernas de los brazos. Ãl en ese momento un estando en el suelo grita con todas sus fuerzas pidiendo ayuda. Estaban cerca del paradero, asà que las luces de los camiones empiezan a encenderse. Los camioneros de allá empiezan a formar alboroto y una vez que captan el sonido de donde viene del monte, todos van en busca de aquel hombre que está gritando. Las luces empiezan a iluminar a mi tÃo y el toro todavÃa sigue encima de él. Ãl estaba esperando que lo espantaran, Ãl estaba esperando que lo ayudaran, pero de forma repentina, el toro simplemente se va como si solamente las luces lo hubieran ahuyentado. Los demás camioneros, las demás mujeres fueron hasta donde él estaba, lo levantaron, estaba sumamente herido y lo llevaron de nuevo al paradero, a la tienda, a por lo menos a que se tratara con el botiquÃn de primeros auxilios que tienen ahÃ. Una vez que le preguntaron qué era lo que le habÃa pasado, mi tÃo les dice es que no vieron al toro. El toro me tenÃa en el suelo de no ser por ustedes de seguro ahà hubiera perdido la vida. Pero los camioneros, asà como las demás muchachas, se ven confundidos. Ellos dicen pero pero de cuál toro me estás hablando. Cuando te lusamos no habÃa ningún toro. Mi tÃo entonces preocupado confundido, les dice bueno, yo estaba con un toro. Qué fue lo que vieron ustedes. Todos los camioneros contestaron que habÃan visto una mujer riéndose como que rasguñándolo parada encima de él. Obviamente, por eso ellos fueron pensaron que tal vez lo estaban asaltando o alguna cosa peor. Al momento de ver que estos camioneros estaban acercando, aquella mujer salió ocurriendo, pero no habÃa ningún toro. Aquella mujer se encontraba riéndose y rasguñándolo usando el mismo vestido rojo que él habÃa visto anteriormente portaba el mismo toro. Después de esto, obviamente, se les preguntó a las muchachas, ya que ellas ahà trabajaban y entre todas se conocÃan, por asà decirlo. Ninguna de ellas pudo decir a esa actitud quién era aquella señorita, aquella extraña mujer. Ninguna pudo decir que la conocÃa las caracterÃsticas y cómo ido vestida. Ninguna de ellas la reconocÃa. Después de esto, mi tÃo dejó de ser mujeriego. Fue, por asà decirlo, un remedio y también desde ese dÃa hasta los dÃas de hoy. Le teme mucho a aquellas personas que hacen brujerÃa, si bien sabe que algunas no hacen nada. Tiene miedo de volver a cometer una equivocación, como lo hizo cuando era más joven, de hacer enojar a una bruja cripta manÃacos. Ustedes han escuchado diferentes dichos que se dicen tal vez en su familia, en su rancho, en las ciudades, tal vez leyendas que se cuentan en tu colonia o dichos populares. Yo recuerdo uno que es que cada vez que el perro aúlla tienes que voltear las chanclas, las chanclas o los zapatos, lo que tengas puesto para que de alguna manera espantes a la huesuda, pues se dice que cuando el perro aúlla la muerte anda cerca. Son unos dichos muy interesantes, ya que van de generación en generación. Uno de estos es que cuando tú veas que tu puerta la puerta de tu casa, se abra las sierras de inmediato o la dejes abierta. Pero lo que nunca se recomienda hacer es que le des la bienvenida, aunque sea de forma sarcástica a lo que sea que entre por ella. Muchas veces creemos que sea el viento. Claro, estamos jugando incluso, pero qué pasa cuando esta puerta se abre y no es el viento, Qué pasa cuando verdaderamente una presencia está entrando a tu casa y tú le das la bienvenida. Algunas personas dicen que al darle esto, esta presencia no se va o tarda más en irse. Algo similar le pasó a este conductor, pero en medio de la carretera, al abrirse su puerta, le dio la bienvenida a unos seres que lo martirizarÃan por todo el camino. Mi nombre es Diego Mora la experiencia que les quiero contar. La vivÃa en carne propia. Hace algunos años yo habÃa ido a viajar a otra ciudad en busca de empleo, en busca de oportunidades, Ha habido diferentes situaciones. Decidà mudarme a otra zona céntrica, por lo que llevaba conmigo algo de equipaje no era mucho, pero todo este cabÃa muy bien en la cajuela. El viaje era largo y tenÃa mucha carretera que conducir. Yo, haciendo cuentas, pensaba que llegarÃa a mi destino cerca de las diez de la noche, cuando iban a ser las siete, siete y media, cuando el sol ya se habÃa escondido, porque en estas partes del norte de México el sol se esconde a muy temprana hora me detuve a un lado de la carretera. Todo esto porque sentÃa que el amortiguador, la llanta estaba falseando, habÃa pasado por algunos topes y pues esta habÃa sufrido daño y para no correr riesgos más adelante, decidà cambiar la llanta y mismo bajé los instrumentos. Cambié la llanta y abrà la puerta del copiloto más que nada, porque ahà tenÃa las llaves, tenÃa todos los instrumentos y se me facilitaba mantenerla abierta para tomar de ahà todo lo que fuera ocupando. Pero debido a mis pensamientos al que estaba algo distraÃdo, guardé todo. Me subidé de nuevo mi auto y justamente cuando me estaba subiendo y me senté me percaté de que la puerta del copiloto no la habÃa cerrado. En ese momento me dio flojera, ya que tenÃa que estirarme, pero de alguna extraña manera el aire que estaba soplando yo que la puerta se fuera abriendo cada vez más y cada vez más cuando en eso de pronto esta se azota como si alguien se hubiera subido. Obviamente, creo que todos sabrán que para que eso lo haga, la puerta de un auto está medio difÃcil. Las puertas de los autos son pesadas, se tienen que mover con la fuerza de alguien y el viento no puede cambiar su rumbo. Si en un momento lo estaba abriendo, cómo es posible que la haya cerrado en ese instante. Yo no pensé en esto. Yo me lo tomé como una broma, como un juego, y hice. Creo que lo peor que pude haber hecho lo que hice fue burlarme simplemente dije al aire ah ya pasaste adelante siéntate ahorita nos vamos. Creo que algunas personas saben de sobra que esto no se debe de hacer. Y para las personas que no lo sepan, si alguna vez están en su auto o en su casa, peor aún se ven que la puerta se abre por sà sola y después se cierra o simplemente se abre. Puede que sea el aire. No descarten esa posibilidad, pero no digan pásale jamás inviten, aunque sea en tono burlesco, como lo hice yo en aquella ocasión, porque uno nunca sabe cuando es el aire en verdad o cuando es otra cosa, jamás debes invitar a eso se entes a entrar en tu casa o en tu auto, porque puede que ellos no se quieran ir. Después resulta que yo no le quise prestar atención a esto y continué con mi camino. Pero cuando iba conduciendo, empecé a escuchar ruidos voces como de niños que estaban murmurando, niños que sen se encontraban jugando para ponerlos un poco en la situación en la que yo estaba. Eran temporadas de invierno. Por lo tanto, los vidrios del auto iban hasta arriba. El aire que pasaba soplaba fuertemente e incluso tenÃa un poco de lluvia. Si el ruido viniera del exterior, yo no lo podÃa haber escuchado. HabÃa demasiado ruido como para que escuchara los ruidos de algunos niños jugando. Por ahÃ, sobre todo la velocidad que iba asÃ. Es más, si los escuchaba tenÃan que cesar en cuestión de segundos, pero estos ruidos no cesaban. Y lo peor de todo era que yo los escuchaba tan solo a centÃmetros de mà como si estos niños vinieran adentro del auto. Múltiples veces volteé hacia los asientos traseros, hacia los asientos del copiloto, pero no pude ver nada. No habÃa nadie en allÃ. Debido a todo lo que estaba escuchando, no podÃa manejar tranquilo. Recorrà el auto me orillé. Salà de este, me recargué en él y no sabÃa cómo actuar. Me agarraba de la cabeza. Estaba pensando qué era lo que iba a hacer. Me faltaba mucho camino por llegar. Cuando en eso volteo hacia uno de los retrovisores, uno de esos retrovisores que tiene el auto a los costados. Si te pones en el ángulo exacto puedes ver hacia dentro del auto. Y fue lo que yo hice. Fue lo más inteligente que pude hacer en ese momento, porque por medio del espejo pude ver que claramente no venÃa solo dentro del auto, jugando de un lado hacia otro se encontraban niños, niños de mediana edad, niños pequeños ojo. Estos niños no se veÃan comúnmente. No era como si los viera como otra persona normal, sino es que estos eran transparentes. A través de ellos, a través del cuerpo de ellos podÃa ver partes del asiento, Era como si estos se volvieran transparentes por unos segundos. En definitiva, no eran niños normales. Obviamente, esto me alteró aún más cómo podÃa sacarlos de ahà e incluso me planteé muchas veces dejar el auto y seguir caminando créanme que si hubiera estado más cerca de aquel lugar tan solo algunas cuantas horas a pie, o hubiera optado por aquella opción. Pero el caso no era este. Por lo que hice lo siguiente, debido a un consejo que la abuela me habÃa dado hace ya un par de años, abrà la cajuela saqué todo mi equipaje, sábanas, maletas, ropa utems, cosas que habÃa comprado relojes y sin pensar mucho, agarrando el suficiente valor como en el que pocas veces en mi vida habÃa tomado. Abrà las dos puertas y puse mi equipaje y todos mis utensilios, todas mis pertenencias, tanto en los asientos traseros como en el asiento del copiloto. Yo sabÃa que no les tenÃa que dejar a esos entes un lugar para que se sentaran. Después de esto y antes de cerrar las puertas, los eché del auto como si estuviera corriendo una persona. Estuve echándolos por cerca de cinco minutos con las puertas abiertas. Seguramente los automóviles que estaban pasando en ese momento creyeron que estaba loco o algo por el estilo. Después de cerrar las puertas, entré de nuevo mi auto y empecé de nueva cuenta con mi camino. Las risas los murmur que escuchaba de los niños cesaron por completo. Ya nos escuchaban Desde aquella experiencia aprendà a no invitar, aunque sea involuntariamente, a antes los cuales yo no comprendo. Gracias por escuchar mi historia. Saludos a toda la comunidad de la cripta embrujada criptamaniacos. Lo que sigue es un relato extraño, ya que la persona que nos la cuenta dice que no está seguro qué es lo que fue. No sabe si entra en la categorÃa de fantasma, criatura o alienÃgena. Simplemente dice que fue algo algo que estaba imitando la forma de un humano y su comportamiento. Ãl dice que parecÃa más una máquina haciendo la ilusión de un humano intentando actuar como un humano. Ãl lo catálogo asÃ, su comportamiento era como el de una máquina tratando de actuar como un humano. Tal comulo harÃa una inteligencia artificial que creo que si muchos han lidiado con esas inteligencia artificiales, saben que su dialecto trata de parecerse el humano, pero nunca llega a ser tan preciso como éste. Sabemos detectar cuando algo quiere dar una apariencia, la cual no lo es. Muchos de estos relatos caen en el valle inquietante, como nos lo menciona nuestro amigo en el relato, él no tenÃa en cuenta que aquella mañana en la carretera se encontrarÃa con algo que asimilaba y querÃa engañarlo y adoptaba la forma de un humano para que lo dejara entrar al camión o la comunidad. Mi nombre es Lisandro Zaragoza. La historia que les quiero contar a continuación me sucedió en uno de mis viajes en camión. Yo soy trailer o camionero, como quieran decirlo, durante mucho tiempo fui un camionero foráneo. Iba de Estado en Estado. Actualmente soy local, ya que tengo familia y me sale mucho mejor trabajar solamente en mi ciudad a salir y estar en Estado en Estado. Asà paso más tiempo con ellos. Pero antes, cuando estaba de foráneo, me pasaron algunas experiencias paranormales que quisiera contarles. Una de ellas me sucedió en un viaje era en la mañana para que tomen en cuenta esto, ya que para que algo aterrador te suceda o algo paranormal, no es necesario ni siquiera estar de noche. Los centes y los espÃritus no reconocen horario y no les importa. Iba manejando cuando en eso empezó a caer granizo, pero granizo de un grande tamaño, eran piedras. Cuando empieza a granizar, yo tengo la orden de que tengo que detener el tráiler, sobre todo para evitar accidentes y pase y resulta que en esa ruta la carretera estaba muy estrecha. Empezó a granizar y aparte lo nublado se prestaba para que sucedieran accidentes. Yo avisé por radio y ellos me dijeron que sÃ, que me detuviera. Me detuve a un lado de la carretera y como vi que el granizo no cesaba, simplemente me acomodé. Empecé a escuchar música, empecé a distraerme cuando En eso, aparte de todos los golpes que se oÃan arriba del camión y en las puertas, empecé a percatarme de que un sonido extraño sonaba en la puerta del copiloto. No era un golpe como el que el granizo hiciera. Era un golpe como de una mano, como si me estuvieran tocando la puerta. Yo en ese momento pensé que era el granizo, pero después de oÃrlo varias veces, empecé a notar que estos golpes iban con una especie de ritmo, Estaban toca y toque la puerta como para que yo prestara atención a esta. Me recorrió un poco y alcé la mirada, pero cuando vi hacia el exterior, no habÃa nada, no habÃa nadie del otro lado. Obviamente, me retiré otra vez de nueva cuenta y lo que pensé era que simplemente habÃa confundido los golpes con el caer del granizo, pero otra vez empezaron a tocar la puerta, como si fuera una mano, un golpe de una persona de nueva cuenta. Fui y me asomé y no habÃa nadie. Después de esto me acomodé de nueva cuenta en mi asiento y ya habÃan pasado como unos diez minutos cuando de pronto otra vez empezaron a tocar la puerta. Yo parece entonces tenÃa planeado recorrer una de las cortinas que yo le habÃa puesto en el camión. A veces yo me detenÃa en algunas plantas o a veces también en la carretera, por lo que decidà descansar un poco ahÃ. Y a veces las luces de las plantas, las luces que están puestas en la carretera, las luces que están puestas en los postes no te dejan dormir. Y yo le habÃa colocado esas cortinas para que cuando yo me dispusiera a dormir en mi asiento, no tuviera problema me acerqué para recorrer la cortina cuando en eso me percato que en esto ocasión, si ya hay alguien, era una mujer que no tenÃa pelo, venÃa vestida de blanco. Creo que tal vez con una bata o con un vestido o una extraña vestimenta, su piel era totalmente blanca. Sus rasgos en la cara era una cara humana, pero era una cara un tanto extraña. Sus ojos eran muy grandes, su boca también y su nariz muy pequeña. Su piel, como dije, era blanca. Yo creo que podrÃa caer en la categorÃa de albina. Era una mujer albina. Su cuerpo, si bien se asemejaba a lo que serÃa un humano, no lo era del todo. TenÃa ciertas partes como que más grandes que otras, y esto se podÃa ver a simple vista, por lo que solamente al verla empecé a sentir no un temor, pero sà un sentimiento como de estar en alerta. Creo que podrÃa caer fácilmente en aquello que llaman el valle inquietante. Pero lo que más me llamó la atención fueron sus ojos. Sus ojos eran completamente blancos y solamente tenÃan un puntito oscuro en medio que era con los que me veÃa era una extraña mujer. Esta me vio, me saludó y después me preguntó si es que la podÃa dejar entrar al camión, ya que el granizo y la lluvia le estaban pegando muy fuerte. Yo, antes de contestar, estaba viéndola fijamente viéndola. No me podÃa explicar como una mujer de tales caracterÃsticas pudiera existir. Y lo digo sin sentirme culpable, porque incluso en sus movimientos, en su boca, sus movimientos eran extraños, como que quisiera forzarlos. Yo le dije que no podÃa subir a ningún pasajero. Lo tenÃa prohibido por la empresa. Obviamente, esto era una mentira. La mujer insistÃa, insistÃa y a pesar de que yo le decÃa que no podÃa, al estar con ella platicando a través del vidrio de la puerta, me pude percatar de otra cosa, otra cosa que me dejó temblando del miedo, porque a esta mujer no le hacÃa nada el granizo, Es decir, me percaté de que las bolas de granizo, las piedras de hielo caÃan sobre ella, pero pero a la vez que caÃan, traspasaban su piel y salÃan del otro lado. Era como si su piel, como si ella no existiera, caÃan ni la traspasaban y la traspasaban. Era algo muy extraño, como si esta mujer estuviera hecha de humo. Al percatarme de esto, yo simplemente le dije tajante o que no podÃa llevarla enseguida. Volvà a mi asiento, arranqué el tráiler y lento, pero seguro me fui yendo de ese lugar. No querÃa quedarme ahÃ. No sabÃa si esta mujer iba a forzar la puerta para entrar. TenÃa todas las intenciones, ya que, a pesar de que oble decÃa que no la podÃa dejar entrar, tenÃa su mano en la manija de la puerta. Tan solo le faltaba abrirla. Yo seguà con mi camino. No presta atención a lo que se quedaba atrás y después de algunos minutos, el granizo paró o más bien yo habÃa salido de él. Después de esta experiencia y por todo, el tiempo que me quedó como camionero foráneo, no volvà a detenerme a un lado de la carretera. No vaya a ser que esta historia se repita para ser re sinceros y antes de terminar con el relato, yo no sé si esto era un fantasma o un ente, o una criatura o un alienÃgena. Simplemente digo que yo lo veÃa de una forma muy normal, como veo a cualquier persona, y el que las piedras del hielo lo traspasaran me dejó sumamente perturbado. Esa fue mi historia. Espero que les haya gustado saludos a toda la Comunidad de la cripta embrujada




