ATERRADORAS HISTORIAS DE CUIDADDORES DE CEMENTERIOS Y TRAILEROS / RELATOS DE HORROR (TEMP. 5) / L.C.E.

Historias ocurridas en cementerios, desde cuidadores atormentados por los espirutus que salen de las tumbas, hasta experiencias paranormales ocurridas en carreteras vividas por traileros.
O la comunidad de la cripta. Mi nombre es Jorge y la experiencia que les quiero contar pertenece a mi abuelo. Mi abuelo fue cuidador de cementerio allá en los años setenta, en su natal pueblo. Ãl en ese momento estaba teniendo una familia algo numerosa. Por ende, tenÃa que tener varios trabajos. TenÃa trabajos durante el dÃa, asà como también uno, en concreto durante la noche. Este trabajo lo habÃa conseguido y era como cuidador de cementerio. Ãl tenÃa alguien que le hacÃa guardia en cuestión. Eran dos veladores, era él y su compañero, un hombre de edad ya adulta mucho mayor que él. Este hombre le daba facilidades a mi abuelo, ya que sabÃa que trabajaba durante el dÃa que se pudiera dormir en la casilla. Mi abuelo se dormÃa por eso de las dos dos y media de la mañana hasta las seis y media. Claro esto, después le llevar a cabo todas las reglas, todo lo que se tenÃa que hacer en el cementerio antes de la medianoche. Se tenÃa que cerrar el portón. Se tenÃan que dar un par de rondines por los mismos caminos que se señalaban a la par de asegurarse de que no estuviera nadie dentro del cementerio o al menos nadie que no tuviera permiso esto, aunado también a otros detalles que tenÃan. Pero lo importante es esto y es que él veÃa que su compañero de nombre refugio llevaba a cabo una extraña actitud durante cierta parte de la noche. Ãl notaba que las doce de la noche, él salÃa de su casilla con un vaso de agua en la mano y con una veladora en la otra refugio caminaba por todo el camino del cementerio hasta llegar a una tumba y sobre esta ponÃa el vaso de agua y ponÃa la veladora y con la misma rapidez se iba de aquella tumba. Esto lo llevaba a cabo todos los dÃas y pese a que mi abuelo se daba cuenta, la verdad es que no querÃa indagar sobre temas personales. Ãl creÃa que, a lo mejor se trataba de algún familiar, de refugio, tal vez de algún hermano, de su padre. No sabÃa mucho de su vida, asà que prefirió no indagar más acerca del tema. Pero, por supuesto, mi abuelo dice que hubo algunas noches en las que él pasaba cerca de esta tumba y cada vez que pasaba cerca miraba de reojo sutilmente el nombre de aquella tumba y más caracterÃsticas que tenÃa el nombre que reposaba en aquella tumba. Ãl dice que no lo recuerda, pero que sà recuerda un detalle y es que el número de años sobre esta tumba llamaba algo la atención, y es que era un periodo muy corto lo que hacÃa pensar que en esa tumba no reposaba ni un hombre ni una mujer, sino que reposaba un niño, un niño de diez años. Mi abuelo dice que vio los apellidos de este niño y, a pesar de saber el nombre completo de Refugio, no hallaba similitudes, o sea, no habÃa apellidos, parecidos ni nada por el estilo, lo cual lo llegó a pensar que tal vez se trataba de un amigo, tal vez de un conocido, No le prestó más importancia y siguió haciendo su trabajo. Pasaron las semanas y llegó el dÃa en que Refugio le pidió un favor a mi abuelo y era que él iba a tener que salir fueras por temas familiares. Necesitaba que mi abuelo se hiciera cargo del cementerio tan solo por tres dÃas. En esos tres dÃas, solamente lo que iba a hacer era cerrar el cementerio y abrirlo nuevamente a la mañana siguiente. Ãl dijo que si no podÃa hacer todas las tareas que comúnmente hacÃan, que simplemente hiciera la mitad, porque sabÃa que llegaba cansado. Pero lo que sà le pidió refugio a mi abuelo es que no se olvidara de llevar el vaso con agua y la veladora hasta aquella tumba. Recuerda muy bien que lo guió y le dijo precisamente donde ponerla y que solamente la pusiera que asà con la misma energÃa, se regresara hacia la casilla. Mi abuelo. No pregunto por qué simplemente acató la orden. Pasaron los dÃas y todo fue de lo más normal, porque mi abuelo siguió las instrucciones. Los dos primeros dÃas llevó a cabo todas las tareas y llevó este vaso con agua junto con su veladura hasta aquella tumba. Pero llegó el tercer dÃa mi abuelo habÃa tenido una mañana muy agotada. HabÃa estado trabajando en una construcción y habÃa estado trabajando al sol, cargando sacos de cemento de block transportándolos y también trabajando en la obra. HabÃa salido aproximadamente a las cuatro y media cinco de la tarde y se fue a presentar al cementerio. Por eso de las diez de la noche llel lle ó como de costumbre todas las tareas, cerró el portón checó todos y cada uno de los lados del cementerio, cada rincón de este se aseguró de que estuviera solo. Pero se lo olvidó algo muy importante y era que no habÃa llevado el vaso de agua ni la veladora hasta aquella tumba. Se le olvidó simplemente del cansancio que tenÃa. Ãl llegó a la casilla, se sentó un rato y no es como si se le haya olvidado, porque tenÃa en cuenta de que tenÃa que llevar esta veladora y esta agua a medianoche a las doce y él, por más, que luchó contra el sueño. Se quedó dormido por eso de las once cuarenta sentado adentro de la casilla, pero no pasó mucho tiempo. Cuando a mitad de la madrugada lo despertaron por toques en una ventana y en una puerta, tocaban y tocaban y cuando él finalmente reaccionó, observó que se trataba de la puerta de la casilla le estaban tocando la puerta y no era un sonido del viento. Eran los toques como los que darÃa una persona rÃtmicos una y otra y otra vez los hacÃan mi abuelo. Si bien se despertó con sueño, pensó un poco a ver yo acabo de dar el rondÃn en el cementerio. Estoy solo pensó entre él. Las puertas están cerradas con candado. No es posible que una persona estuviera aquà conmigo. La persona que está tocando la puerta se tuvo que haber brincado la barda o estar oculta en algún lugar. Para este momento él tenÃa cierta desconfianza, asà que tomó una pala y no abrió la puerta, sino que se fijó por la ventana de ésta. Recorrió la cortina y lo que vio es que del otro lado habÃa un niño, pero no un niño normal. Era un niño con un aspecto terrorÃfico putrefacto, un aspecto muy tenebroso y podrÃamos decirlo involuntario, porque el niño simplemente lo miraba. Lo miraba con una cara de desconcierto, no con una cara de maldad, pero los ojos de este niño eran completamente blancos. Su piel también de un tono grisáceo, pero de un grisáceo enfermizo. Estaba muy bien vestido. Eso sÃ, pero tan sólo por el aspecto. Mi abuelo decidió no salir de la casilla. Ãl le preguntó qué, qué era lo que querÃa, porque él estaba tocando. El niño lo continúa mirando y le pide, por favor, un vaso de agua, que él necesita, un vaso de agua que tiene mucha sed Mi abuelo asustado porque ve claramente que el cuerpo de este niño se está desgastando. Ãl explica que era como hablar con un cadáver. Prácticamente le dice que no, que no tiene agua y que lo siente mucho, pero no puede ayudarlo. No espera una respuesta del niño. Ãl cierra de nueva cuenta la cortina y se sienta otra vez en la casilla mirando la ventana. Tan solo en algunos dos parpadeos ve que el niño lo sigue mirando esta vez a unos metros de distancia entre las tumbas. Pero ahà está ese niño lo sigue observando entre la neta negrura de los árboles y las lápidas. Esta tensión y aquel niño observándolo duró cerca de dos horas. Este niño para nada se fue él lo siguió observando y estaba más que claro que pretendà estar ahà toda la noche. Mi abuelo en ese momento se da cuenta del enorme error que habÃa cometido temblando con un terror profundo él va llena el vaso con agua, prende la veladora y sale lentamente de la casilla, para cuando él sale novia al niño por ningún lugar se ha movido del lugar donde estaba. Ha desaparecido. Mi abuelo comienza a caminar por aquellos caminos de tierra, entre las cruces, entre las lápidas. Va con un terror inmenso. Ãl dice que, debido a el miedo que tenÃa iba temblando, iba tropezándose tanto asà que habÃa llenado el vaso y cuando llegó la lápida ya se encontraba con la mitad del agua. HabÃa tirado una buena parte durante el camino. Ãl puso el agua, puso la veladura y se fue rápidamente. Corrió y corrió hasta que llegó a la casilla. Una vez que llegó a esta, se encerró y no volvió a salir. Durante toda la noche este niño no volvió a tocarle la puerta ni volvió a manifestarse por lo que quedaba del turno. Al dÃa siguiente llegó su compañero refugio y él se encargó de llevar el vaso y la veladora. Aquella noche, mi abuelo no le preguntó nada. Es más, él asumÃa que aquel niño no era ni pariente, ni amigo ni nada cercano a refugio. Posiblemente, lo único que pasó es que este niño se le manifestó de igual manera que a él y que refugio, para su buena suerte, habÃa encontrado la manera para que ese niño no saliera de su tumba. Después de ese dÃa y sin fallar ninguno, jamás ni mi abuelo ni refugio volvieron a olvidar llevar ese vaso con agua y veladora hasta aquella tumba. Esa fue la experiencia de mi abuelo. Espero les haya gustado mi nombre es Carlos y en esta ocasión les quiero contar una experiencia que no solamente me pasó a mÃ, sino que también a mi hermano. Anteriormente, cuando éramos jóvenes, mi hermano y yo éramos unas personas que eran inseparables, éramos, como popularmente se dice, uña y mugre, procurábamos siempre estar juntos y nos pasó tanto en la primaria, secundaria e incluso en los trabajos. Cuando estábamos en nuestros veintitantos, acostumbramos a tomar el mismo trabajo del otro, es decir, cuando uno entraba a trabajar igual el otro en el mismo trabajo por lo regular en la misma aula. Esto se repitió varias veces y de cierta manera nos gustaba, aunque claro llegó el dÃa en que uno de nosotros, más concretamente él, consiguió un empleo un empleo en el cual era muy bien pagado. Era nocturno y, para mi buena suerte, no solamente ocupaban uno, sino que eran dos. Mi hermano no perdió la oportunidad en invitarme, y asà fue como ambos empezamos a trabajar como cuidadores de Cementerio. PodrÃa decirse que es un trabajo que no cualquiera puede hacer, pero en verdad yo creo que es un trabajo que es muy sencillo. Si no eres muy susceptible. Muchas personas cada vez que van al Cementerio dicen ver cosas, ver almas, ver sombras. En lo particular, nosotros, los dos, no éramos asà y mientras estuvimos trabajando ahà todo estuvo de lo más normal, a no ser de una o dos noches en las cuales sentÃamos una extraña vibra. Pero de ahà en fuera, la verdad es que nada sobrenatural al menos nada hasta que nos pasó esto. Recientemente. En el cementerio se habÃa llevado una sepultura. Esta sepultura era de parte de una familia. En aquellas sepultura se habÃan enterrado dos cuerpos a la vez. Eran los cuerpos de dos adolescentes, o más bien un adolescente y una niña. Este niño contaba con apenas trece años y la niña apenas con nueve. No les voy a mentir. No indague más acerca del tema, asà que no sé si sea en erman si eran primos o amigos. El caso es que los dos habÃan fallecido al mismo tiempo y en sus tumbas, como si fueran amigos inseparables, los habÃan enterrado uno al lado del otro. La ceremonia habÃa pasado. Todas las personas se habÃan ido y el cementerio, como es de costumbre, a las nueve y media diez de la noche, se tenÃa que cerrar. Desalojamos a todas las personas, cerramos el portón y empezamos a hacer nuestras tareas, ya que éramos cuidadores. Pero del turno nocturno, al pasar por estas tumbas, obviamente se podÃan ver todos los regalos, todas las flores que a estos niños les habÃan dado todos sus familiares, todos sus amigos. Y entre estos regalos, mi hermano y yo vimos dos osos de peluche, uno azul que estaba sobre la tumba del niño y otro rosa que estaba sobre la tumba de aquella niña. Estos dos osos, a excepción de los demás regalos que habÃa, no tenÃan ningún tipo de protección, es decir, no venÃan empacados, no venÃan en bolsas, no tenÃan nada que los protegiera del medio ambiente. Y, para mala suerte, en esa noche se escuchaban truenos, se escuchaba el viento y estaba empezando a caer pequeñas gotas de lluvia. Ambos tuvimos la idea en tomar cada uno un oso de peluche y meterlos en la casilla en la que nosotros estábamos cuidando. Tengo que aclarar que esto no era como para robarlos ni nada por el estilo. El caso era que no estaban nada protegidos y eran unos peluches recién comprados. Nuestro plan era meterlos y una vez que la lluvia hubiera pasado, una vez que la tormenta se hubiera calmado, nosotros lo Ãbamos a sacar nuevamente a las lápidas de los niños. Todos los demás regalos estaban empaquetados o tenÃan una caja de plástico, asà que no le vimos ningún caso en meterlos. A excepción de estos dos regalos, lo hicimos, los llevamos a la casilla y Fue en este punto en que las cosas extrañas empezaron a suceder. Estaba lloviendo levemente muy tenue Nos habÃamos puesto las chamarras. Estábamos vigilando toda aquella Necrópolis con solamente la luz de la linterna y la luz de la luna como nuestra ayuda, como es de costumbre cada dar noche. Nosotros nos separamos asÃ, cubrÃamos más espacio y hacÃamos los rondines en cuestión de minutos. Pero pasó algo extraño, y es que tanto mi hermano como yo empezamos a percibir a escuchar ciertas pisadas que venÃan detrás nuestro. Al mismo tiempo, a mà y a él era como si alguien pasara corriendo por atrás de nosotros. Eran pisadas pequeñas y muy rápidas. Yo volteé numerosas veces, pero no logré ver nada, al igual que él, empezaba a usar con la linterna, pero era imposible ver algo. Llegamos a punto donde siempre nos encontrábamos y ambos habÃamos vivido lo mismo. Esa era la la primera ocasión que nos pasaba algo sobrenatural en el cementerio. No quisimos prestarle más atención a esto y decidimos volver a la casilla. Una vez cuando volvimos y estábamos platicando dentro de esta, el cementerio estaba vacÃo, no habÃa forma alguna de que alguien tocara la puerta y se hubiera ido corriendo. No habÃa luz en todo este, como es posible que una persona se moviera con tal facilidad y con tal rapidez entre las tumbas, entre la oscuridad, sin ser notada, sobre todo porque estaba lloviendo todo, estaba resbaloso la arena, el piso de cemento. Decidimos salir otra vez esto más que nada, porque tocaba otro rondino. Pero esta vez que salimos no solamente escuchamos algo, sino que esta vez también lo vimos ambos. Mientras estábamos caminando, mientras nos habÃamos separado, nuevamente vimos las siluetas de dos niños correr entre las tumbas. Más concretamente, yo vi a una niña y era una niña fácilmente distinguible por su pelo largo, por su vestido, mientras que mi hermano vio a un niño, un niño vestido con un traje azul, corriendo escabulléndose. Como les dije anteriormente, yo y mi hermano no somos tan creyentes en lo sobrenatural y al ver esas siluetas, lo último que se nos pasó por la cabeza es que eran fantasmas. SÃ, aunque suene bastante loco y n o lo que quisimos fue perseguir a estas siluetas, porque, siendo honesto, se veÃan como personas de carne y hueso, No se veÃan como espÃritus, sino se veÃan como un par de niños corriendo de los adultos. Comenzamos a perseguir las siluetas y yo perdà de vista a esta niña una vez que llegó a un sitio. Mi hermano igual periodo de vista a aquel niño en el mismo sitio en el cual yo habÃa perdido de vista a aquella niña. Pero no era coincidencia. Esto tenÃa una explicación y fue tan sólo de ver las tumbas en donde estos niños o mejor dicho, a donde estos niños nos habÃan guiado. Estábamos de frente a aquellas dos tumbas llenas de regalos. Esas dos tumbas que acaban han de ser puestas y que en ellas reposaban la fotografÃa, el nombre y los años que habÃan vivido de aquellos dos niños por la fotografÃa que tenÃan. No era difÃcil de deducir por la vestimenta y por los rasgos que los que habÃamos correteado aquella noche eran aquellos dos niños. La pregunta aquà es el por qué jamás habÃamos tenido una experiencia similar. Aunque la solución que le buscamos fue bastante simple, funcionó. Fuimos a la casilla, tomamos aquellos dos osos de peluche, los volvimos a poner cada uno en su respectiva tumba y los niños no volvieron a molestarnos ni esa noche ni ninguna otra. Gracias por escuchar mi experiencia. Saludos desde Querétaro. Mi nombre es Ana Cristina y quiero contar la experiencia de mi hermano hace tiempo. Veo que tocaste el tema de los cementerios y creo que esto viene como anillo al dedo a una experiencia que a él le pasó hace mucho tiempo atrás, ya hace muchos años atrás. Ãl era joven. De hecho, fue de sus primeros trabajos. A él le pasó una experiencia que jure y perjura. Y es más, todos en la familia le creemos ya que aquella noche, cuando yo llegó, no fue el mismo y durante mucho tiempo, durante algunos meses, no lograba conciliar el sueño tenÃa pesadillas una y otra y otra vez hasta que finalmente logró superar este trauma. Hubo una temporada muy fea en mi familia. Mis padres ambos cayeron en cama vÃctima de algunas enfermedades que habÃa por obvias razones. A pesar de que yo tenÃa en ese entonces diecinueve años mi hermano veinte, tenÃamos que hacernos cargo de la casa y, sobre todo de mis hermanos más pequeños. Yo comencé a trabajar en un restaurante y mi hermano consiguió un buen empleo con una buena paga en un cementerio. HabÃa otros trabajos, claro, pero el mejor pagado hasta ese momento era el de este cementerio. El horario era tÃpico de once a siete de la mañana y era prácticamente que tenÃa que ser el velador. Ãl no iba a estar solo. HabÃa otros dos veladores con él, los cuales le iban a enseñar cómo se tenÃa que llevar el turno de la noche, qué rondines hacer a qué horas tenÃa que estar ahà y las diferentes actividades que se realizaban. Mi hermano estuvo trabajando ahà cerca de algunos siete meses, ocho meses y ya conocÃa más o menos todo el cementerio. En este cementerio, que era un cementerio de ciudad era muy grande y algunas tumbas se distinguen de otras. Hay algunas tumbas que tienen un diseño muy peculiar. Algunas tumbas son más grandes que otras y en algunas de estas hacen lo que se podrÃa decir capillas pequeñas, capillas en donde las familiares entran, si son de tal religión, ponen figuras de esa religión, de tales creencias judÃos, católicos, cristianos. Es muy normal ver diferentes cruces y diferentes figuras a lo largo de un cementerio, sobre todo si es uno grande. Mi hermano le llamó la atención durante la noche que estaba haciendo su rondÃn una de estas capillas. Se tiene que decir que la mayorÃa de estas capillas a veces albergan una o más tumbas o están sobre uno o más tumbas y, por lo regular, las puertas que dan el acceso hacia esta están cerradas con candado o con llave que pertenecen a los mismos familiares, Es decir, los trabajadores del cementerio no tienen acceso a entrar a estas capillas. Pero extrañamente, esta capilla no tenÃa ningún candado. Es más, la puerta se encontraba abierta y de esta puerta emanaba un cierto tipo de luz, unos reflectores muy tenues y unas veladoras que se encontraban en el piso. Mi hermano entró vio los reflectores, los cuales se veÃa que la energÃa se les estaba acabando en medio de esta capilla. En el piso de esta vio que se encontraban, hay unas figuras, el nombre de la persona que estaba ahà y lo que le llamó la atención en ese momento es que habÃa una escotilla, una escotilla rectangular que se corrÃa de algunos centÃmetros a los pies, de lo que vendrÃa siendo la estatua de una muerte era más que obvio predecir que la persona que estaba ahà era devota de la Santa Muerte. Como les expliqué anteriormente, estábamos pasando por un tiempo muy malo en nuestra familia y mi hermano trataba de encontrar consuelo en cualquier cosa o más bien en cualquier religión, algo que le diera esperanzas. En ese momento, mi hermano empezó a hablar con aquella estatua hasta que de pronto tomó aquella escotilla y la corrió hacia un lado abajo de aquella escotilla. HabÃa un vidrio, pero se veÃa que no era solamente uno. Era un vidrio y este vidrio tenÃa varias capas hacia el fondo. Por este vidrio, al principio vio solamente oscuridad. No habÃa otra cosa e incluso dice que ya estaba a punto de cerrar la escotilla. De nuevo, cuando le llamó la atención de que abajo se empezaban a ver dos luces, a veces blancas, luego cambiaban el color a rojo, luego volvÃan a cambiar el color a blanco, y que cada cierto tiempo estas se apagaban y volvÃan a encenderse. En ese momento, él creyó que se trataban de veladoras, tal vez algunas velas que se colocaban al borde del ataúd de la persona y que mediante la ilusión óptica del espejo, pues algunas veces se veÃa que se apagaban y otras veces se encendÃan. O al menos A eso lo atribuyó él pase. Resulta que mientras estaba hablando, mientras estaba pidiendo paz en su vida, se quedó observando estas dos luces, estas dos velas, como les dice él, eran hipnóticas y de alguna manera esto le traÃa paz. Se sentÃa muy bien era como si las angustias, las cosas que traerÃa en su cabeza, todo el estrés se esfumaran por completo de un momento para otro. Mi hermano hizo esto en una sola noche, sino varias cada vez, incluso cuando él se sentÃa decaÃdo deprimido con más razón, lo hacÃa por alguna razón, siempre que iba y corrÃa a la escotilla y veÃa esas dos luces, Todos sus problemas se desvanecÃan, por lo menos por esos minutos. Llegó a hacerlo varias veces y obviamente llegó un momento en que sus compañeros le preguntaron que dónde se perdÃa. Ellos habÃan notado que mi hermano se iba por unos ciertos minutos. No era como si pasara toda la noche ahÃ, pero se metÃa de cinco a quince minutos en aquella capilla y con eso era suficiente. Mi hermano les empezó a platicar que tenÃa muchos problemas en su vida y de alguna manera habÃa conseguido consuelo y sentirse mejor hablando en aquella capilla y mirando fijamente la lumbre de dos veladoras que venÃan desde el fondo sus compañeros. Obviamente, esto les pareció curioso, asà que le preguntaron más acerca de esta tumba y también acerca de aquella capilla. Mi hermano les empezó a platicar que él corrÃa una escotilla y al fondo veÃa estas dos veladoras. Uno de estos guardias nocturnos de sus compañeros se le quedó mirando y le dijo esas tumbas que tú me dices. Yo sà las conozco. De hecho, uso unas tumbas muy excéntricas. Hay ciertas personas que tienen sus creencias o más bien tienen sus métodos para hablar con familiares que ya han fallecido. En lo personal, a mà no me gustan, pero se respeta cada quien. Pero jamás en mi vida he visto una de esas tumbas que al fondo tengan veladoras por lo regular la vista que aquella escotilla da da hacia otra cosa. Entre todos estaban confundidos y, para no tener dudas, decidieron acudir a aquella lápida. Huelga a decir que esto lo hicieron ya por la mañana, ya cuando todos estaban alistándose para irse a sus casas. Ya el turno se habÃa pasado a los de la mañana, por lo que todos los compañeros y mi hermano fueron hacia aquella lápida. Entraron a la capilla y enseguida, su compañero reconoció el estilo que tenÃan y antes de que mi hermano corriera la escotilla para ver aquellas dos supuestas veladoras. Su compañero lo detuvo y le dijo veladoras abajo de la tierra. No hay oxÃgeno. Por ende, se tendrÃa que pagar por lo regular. Las personas que mandan a hacer estas tumbas las hacen para que de algún modo sigan viendo a sus difuntos, incluso aunque estos estén cadavéricos. Mi hermano, hasta ese momento no sabÃa a qué se referÃa su compañero. Claro, hasta que corrieron la escotilla y con la luz de sus celulares alumbrando hacia abajo, vieron en realidad de de que se trataba todo, y era que la escotilla con los vidrios no daba a ninguna veladora, no daba ni siquiera algo mÃnimamente parecido aquella vista daba a la cara del difunto al cadáver de la persona que se encontraba emperrada en aquella capilla. Más en concreto, a las cuencas desgastadas de aquel cuerpo. En descomposición, mi hermano recuerda todas las veces que habÃa ido de noche y él dice que a la misma altura que veÃa aquellas luces que veÃa, aquellos fuegos era la misma altura que tenÃan los ojos de aquel cuerpo. Lo que mi hermano confundÃa con que se apagaban y encendÃa las luces era en verdad cada vez que parpadeaban aquel par de ojos. Observándolo, mi hermano está más que seguro que todas las noches que fue no eran veladoras lo que veÃa, sino un cadáver que le regresaba a la mirada que parpadeaba y también lo escuchaba. Después de esto, a mi hermano se le dificultó mucho seguir con aquel trabajo. Cada vez que llegaba a un cierto diámetro donde veÃa aquella capilla no podÃa continuar. Le calaba un miedo en los huesos, tan sólo de pensar todas las noches que habÃa pasado hablando con un cadáver. Inevitablemente renunció este trabajo y consiguió otro, pero esta experiencia jamás la va a olvidar y esta noche quiso que te la compartirá. Saludos a todos desde Chihuahua y buenas noches Hola buenas noches mi nombre. Quiero que se mantenga anónimo más que nada, porque sigo desempeñándome como trailerroe y hay algunas personas que siguen el canal. Lo que les quiero contar no es exactamente una experiencia, sino algo que me ha venido pasando desde hace muchos años, algo que ya forma parte de mi rutina y que cada vez que aparece o cada vez que se manifiesta ya no me causa terror ni miedo. Simplemente pienso que es algo que tenÃa que pasar. Empezaré por el principio hace ya unos años atrás. Por eso, del dos mil trece, dos mil catorce empecé a sentirme acompañado en mis viajes de trabajo. Yo soy camionero y lo he sido durante un buen tiempo de mi vida. Es más, creo que me moriré siéndolo. El caso es que cuando vas en carreteras, cuando toda tu vida, todo tu trabajo, se están en estas veis varios accidentes, ves, varias cosas extrañas que no puedes explicar Las mayorÃa de las veces, como les dije, yo me sentà acompañado cada vez que salÃa, pero a esto no le prestaba atención. Pensé que simplemente mi mente se estaba encargando de ayudarme con todo el camino solitario que me deparaba. He conducido por toda la República Mexicana y y no hubo ni una sola vez después de cierto tiempo, que me sintiera solo mientras conducÃa. Esto se salió de control cuando de pronto llegué a una de estas fábricas aquÃ, en Veracruz. Este almacén era muy conocido por mis amigos, por mis camioneros, más que nada por el disgusto que esta compañÃa nos hacÃa pasar. Y es que siempre cuando llegábamos nos dejaban esperando cerca de algunas cuatro o cinco horas como mÃnimo para entrar a esta. Eso hay que sumarle una cola de camiones que siempre tenÃa. Cada vez que llegaba, siempre habÃa unos cuatro o cinco tráilers con cargamento adelante de mà ya hacÃa para llegar a descargar o cargar mercancÃa. El caso es que cuando uno llega tiene que formarse, tiene que bajar de su camión. Llevar todos los papeles, llevar su licencia, sus documentos y dárselos al vigilante. Después, el vigilante se los pasa lo encargado y hay que esperar unos minutos y después te dan tu pase. Luego tienes que volver al camión y ahora sà a esperar tu turno. Bueno. Mientras yo regresaba y recuerdo perfectamente que eran horas de la madrugada, iba con algo de sueño, iba cansado todo el viaje y ahora tenÃa que esperar por lo que iba a aprovechar para dormirme un poco. Cuando llego a mi camión, abro la puerta y al momento de subirme veo que está sentada en el asiento del copiloto. Una mujer no le pude ver el rostro. Su cabello lacio caÃa por ambos lados, lo cual casi por completo cubrÃa su rostro. Por la poca luz que entraba. Yo al modo de subir y sentarme me sobresalté de inmediato y un escalofrÃo recorrió todo mi cuerpo. Esta mujer iba vestida de blanco, con unos trapos, unos harapos. No sabrÃa decirle si era un vestido, una pijama o una camisa. El caso fue que lo primero que pensé es que me habÃa subido al camión incorrecto. Pensé que me habÃa subido a un camión de uno de mis compañeros que llevaba compañÃa y, por lo tanto, bajé del camión de inmediato. Pedà disculpas. Me bajé del camión y di apenas unos cinco pasos. Cuando enseguida, reconocà la caja, reconocà las llantas y en un todo, reconocà mi camión. Ese era mi camión. No me habÃa equivocado en su bondo. Fui de inmediato. Abrà la puerta. Nuevamente iba con la idea de preguntarle a esta mujer qué era lo que hacÃa dentro de mi camión, porque se habÃa subido. Pero al momento de abrir la puerta y entrar vi que no habÃa nadie, encendà la luz de adentro, encendà la luz de mi celular. Empecé a buscar por todos los sitios del camión en el camarote, abajo de los asientos, abajo de la cama. Las ventanas del camarote estaban cerradas. Igualmente la puerta del pasajero del copiloto se encontraba cerrada. La única puerta que se encontraba abierta y por la única por la que pudo salir era la puerta del piloto Y por esa misma yo venÃa y en ningún momento habÃa escuchado o habÃa visto a una persona que hubiera bajado de camión. Simplemente aquella mujer habÃa desaparecido dentro del mismo camarote. La aparición de esta extraña mujer en mi vida empezó desde ese momento. Cada vez que salÃa e iba conduciendo, veÃa como esta mujer de vez en cuando aparecÃa en un extremo de la carretera mirándome y otras veces caminando, obviamente siendo rebasada por mi tráiler de alguna manera. Cada vez que esto pasaba, iba disminuyendo la velocidad como si supiera algo por mi instinto, por mà mismo que tenÃa que bajar la velocidad, como si esa mujer me advirtiera de algo. Otra cosa extraña es que tanto familiares como también compañeros de mi empresa, camioneros, también me han visto que de vez en cuando, cuando llego con mi camión y esto viene de parte de tanto camioneros como familiares, se los vuelvo a repetir, ya que no hay forma de que ellos se pusieran de acuerdo para decirme lo mismo, y es que ellos han visto que cuando llego, no llegó solo A veces ven a una mujer vestida de blanco con su pelo largo, cubriéndole la cara, llegaré en compañÃa de mÃ. Ella siempre va sentada en el asiento del copiloto a un lado de mà prácticamente y cuando yo bajo ella simplemente desaparece como en un parpadeo. Como les dije, esto ya va para una década que me está pasando y en todos esos años siempre la he visto. Incluso he llegado al punto en el que empiezo a platicar con ella. Le empiezo a decir, a platicar cosas y lentamente siento como si esa mujer en concreto se manifestara sentada atrás de mà en el camarote y me escuchara todo lo que le tengo que decir. Múltiples veces le he preguntado si es acaso que me va protegiendo, es acaso algún ángel o tal vez otra cosa. El caso es que algunas personas me dicen que esto es muy mala idea que yo no tengo que asumir ni platicar mucho menos con algo que me está persiguiendo o con algo que me está acompañando para todos lados. Ellos dicen que esto les da más fuerza. Yo lo único que sé es que si esa mujer me hubiese querido ser daño, ya habÃan pasado muchas veces, muchas ocasiones en las que ella pudo haberlo hecho. Un dato interesante que quiero compartir con ustedes antes de terminar mi experiencia, por asà decirlo, y es que antes de que esta mujer se manifestara en mi vida habÃa tenido algunos accidentes, lo normal, nada grave, bueno, algunos sà bastante graves, pero eran una minorÃa sobre todo en carreteras, pero a partir de que esta mujer apareció, no he vuelto a tener ningún accidente por más minúsculo que este sea. Lo que sà he visto es que han ocurrido varios y muy cerca de mÃ, pero a mà y al camión jamás nos pasa nada como si algo nos estuviera protegiendo. Gracias por su tiempo y espero hayan disfrutado mi experiencia. Mi nombre es ernesto Quijano. Mi experiencia se desarrolla en épocas decembrinas. En aquel momento, por suerte, me habÃan dado vacaciones y esas vacaciones caÃan como anillo al dedo en la Navidad y en el Año nuevo. Iba a pasar Navidad y Año nuevo en compañÃa de mi familia. No hay otra cosa que podÃa pedir. En ese momento comenzaron a llegar diferentes familiares. Al paso de los dÃas y como lo es en toda familia numerosa, empezamos a juntarnos, nos dispusimos a ir en marcha por aquellos regalos. Yo iba en mi camión. Por suerte, me lo habÃan dejado. No iba. Yo solo iba en compañÃa de mi ahijado, un chico. En ese entonces de diecisiete años ambos Ãbamos comiendo, Ãbamos con la música alta. No era tan noche. Esta experiencia pasó muy rápido. Y es precisamente por eso por lo rápido y sutil que pasó que me llena de dudas y que me llena también de una cierta incertidumbre. Cuando yo voy solo conduciendo en la carretera, sucede que iba conduciendo, Ãbamos platicando. Cuando en eso mi ahijado me dice que ve algo, que ve algo por el monte y ese algo iba corriendo manteniendo la misma velocidad que llevaba el camión en ese momento? Que llevaba el camión en ese momento? Puede que de primera mano, cuando escuché esto, no le presta mayor importancia. Pero cuando vi el kilometraje, cuando vi que mantenÃa una velocidad de ochenta noventa kilómetros por hora, esto me llamó mucho la atención. Yo le pregunté algo crédulo en serio. Mantiene la velocidad del camión, pero no recibà respuesta. Mi ahijado estaba mirando hacia la ventana, se habÃa callado por completo, estaba sorprendido y aterrado. Al mismo tiempo, yo le pregunté qué es lo que ves y él me dijo padrino, véalo por usted mismo mire ahà viene como que se está cercando. Yo bajé un poco la velocidad para que no me agarrara por sorpresa algún bache o algún vehÃculo y en ese momento lo vi iba entre el monte corriendo. Pensé que era un zorro, pensé que era un coyote o algo por el estilo que habÃa muchos en ese monte, pero no por su similitud, por su cola. Más que nada, esto no era posible porque porque su cola parecÃa la de una rata muy larga y la movÃa de un lado hacia otro sin pelo alguno. Donde sà tenÃa pelo era en el resto del cuerpo. Sus extremidades eran algo largas para hacer un coyote. E incluso si un coyote estuviera corriendo entre ese monte, no lo hubiéramos podido ver. Tan sólo hubieramos podido ver cómo se mueve la maleza. Pero esta cosa, esta criatura, si sobresalÃa de todo el pastizal de todo el sacate, era algo grande y su cabeza no era como la cabeza de algún coyote o de un lobo. Su cabeza era extraña, es decir, su cuerpo era grande, pero su cabeza era algo pequeña para el cuerpo que este tenÃa. Era la cabeza como la de un hombre con el hocico alargado, pero mantenÃa similitudes, como por ejemplo, su nariz la mantenÃa cerca de sus ojos. Su hocico era el que estaba anormalmente grande y estirado hacia enfrente. Yo estaba poniendo demasiada atención cuando en eso de repente siento que el pavimento se acaba. Y no era precisamente que el pavimento se hubiera acabado, sino que, por distraerme me estaba saliendo del camino. En ese momento tomo de nuevo el volante y lo subo de nuevo el pavimento. Mi hijado me ve y me pide que se lere, pues, en efecto, si bien esa cosa estaba corriendo entre el monte con cada paso que daba, cada vez que se acercaba, se iba acercando al camión y si podÃa mantener esa velocidad, La verdad es que no sé, y también con la apariencia, no sé qué animal pudo haber sido. Obviamente, yo empecé a subir la velocidad y de alguna extraña manera, mi hijado me decÃa Padrino, subale más. Aquella cosa se sigue acercando y todavÃa nos está manteniendo el paso. Empieza a subir y empieza a subir. Por suerte, no traÃa caja en ese momento, por lo que el tráiler subÃa de velocidad muy rápido hasta que, por fin y para nuestra buena suerte, aquella cosa se quedó atrás. Por fin la habÃamos dejado. Llegamos a la casa de mi tÃa. Lo único que pudimos decir es que habÃamos visto una extraña criatura en la carretera. Recuerdo muy bien revisar por el retrovisor y ver que esa cosa, efectivamente, llegó hasta la carretera y después se pasó a la otra parte del monte. Quiero pensar que nosotros no éramos blanco, simplemente estaba pasando de un extremo hacia otro y que, para nuestra mala suerte, nos encontramos en el momento y lugar equivocados. Los primos de mi tÃa nos acompañaron en aquella ocasión de vuelta. Todos estaban muy al pendientes de ver aquella criatura de nuevo, pero por más incluso de que hicieron ruido nada vino. Esa criatura no se manifestó de nuevo. Los únicos que la vimos fue mi ahijado y yo y doy fe hasta ahora de que esto es real simplemente en los lugares recónditos, en las carreteras lejanas, donde casi no pasan autos A veces puedes ver cosas cosas inexplicables y que te dejarán mucho en que pensar. Por suerte, esta experiencia fue corta, pero estoy más que seguro que no lo quiero volver a vivir. Mi nombre es Claudio Aguirre y la experiencia que les quiero contar a continuación me sucedió en una carretera muy particular aquà de México. Antes que nada, quisiera hacerle una pregunta al chico de la cripta y también a toda la Comunidad, si es que creen en los lugares malditos, en los lugares embrujados, en los lugares que, debido a que han pasado numerosas cosas, eventos trágicos, accidentes, estos lugares es quedan con ciertas energÃas que tal vez nunca se van como la carretera que les quiero contar a continuación. Se trata de la rumorosa muchos accidentes apariciones fantasmales que, según se dice, se manifiestan ahÃ, en mi particular caso todos estos años que habÃa sido camionero. A mà jamás me habÃa pasado nada, jamás habÃa sido protagonista de una de estas historias. Pero, como todos dicen, siempre hay una primera vez y me sucedió precisamente en esta carretera era de noche aproximadamente la medianoche, poco más, poco menos, tal vez doce, quince, doce y media, cuando de pronto y de manera muy volátil, se vino una tormenta, es decir, estaba lloviendo. Después pringando, como se dice, el viento azotaba fuerte y de la nada se vino una lluvia, pero que cegaba por completo la vista en la carretera. Era una lluvia muy fuerte. Los parabrisas, la luz que tenÃa, incluso las luces altas, no daban abasto para todas las gotas de agua que estaban cayendo junto con el viento. El escenario era muy volátil. Yo sabÃa cómo actuar en este tipo de ocasiones, asà que simplemente orillé el camión y me detuve. No fui el único. Varios autos hicieron lo mismo. Otros tantos otros valientes continuaban con el camino, aunque a una muy baja velocidad. Y fue en este punto que comienza mi historia. Yo saqué un cigarrillo empecé a fumarlo dentro del camión. Después me llegué la llamada de que, en efecto, me recomendaban que me detuviera por unos minutos que no continuara con el camino, ya que era muy peligroso. Yo ya me les habÃa adelantado claro habÃan pasado cerca de media hora y la lluvia no cesaba. Yo mantenÃa las luces encendidas. Cuando de pronto ve una silueta, varias siluetas, tres para ser exacto, que van caminando por la carretera y que no solamente van caminando por la carretera, sino que van en dirección hacia mÃ, por la lluvia que hay y por la escasa luz que mi camión alcanza a proyectar hacia ese lado de la cartera. Quiénes son esas personas, porque son tres personas conforme se van acercando. Voy viendo que estas se tratan de personas trajeadas y que son tres hombres los que se están acercando. En ese momento. Yo querÃa ver sus caras, sus rostros, pero no podÃa el vidrio la lluvia. HacÃan que parecieran como si sus rostros no existieran. Solamente veÃa carne en ese momento pensé que era debido a la lluvia, pero conforme se iban acercando cada vez más y cada vez más no veÃa ningún rasgo, No veÃa boca no veÃa ojos, no vellas cejas. Al grado de que estas personas se acercaron lo suficientemente al camión a la parte que se encontraban casi a centÃmetros de él, yo no podÃa verlos. Obviamente, el campo de visión del vidrio del camión está bastante limitado y si alguien está cerca te tienes que agachar para verlo. En ese momento, esas tres personas se habÃan acercado por el lado del copiloto. Yo fui bajando la mirada viendo por el vidrio que tenemos abajo y veÃa el cuerpo de una persona como dije, iban trajeados y parece que no les importaba estar abajo de toda la lluvia e ir trajeados con ese traje negro caracterÃstico. Pero lo que más me aterró en ese momento lo que me hizo tener escalofrÃo, tener terror, tener las ganas inmediatas de salir de ese lugar corriendo. Fue que por mi puerta empezaron a tocarla una y otra y otra vez como para que les abriera. Yo volteé y en ese rango de vista, si podÃa haber a la persona que se encontraba fuera, mis sospechas eran correctas. Aquellas personas no temÃan rostro. Era solamente un bulto de carne sin caracterÃsticas, solamente carne era como si su cráneo estuviera cubierto por piel, no habÃan cuencas, no habÃa nariz y ni siquiera orejas. Eran personas sin rostro. En ese momento, lo que hice por terror, por temor, fue arrancar el camión, acelerar y salir de aquella carretera. Pensé que aquellas personas se quedarÃan ahÃ, Pero mi experiencia no termina aún todavÃa cometiendo la imprudencia de moverme en esa lluvia, en ese resbaladizo pavimento. TodavÃa aún escuchaba cómo golpeaban mi puerta una y otra y otra vez, ambas puertas, tanto del lado derecho como del lado izquierdo, no cesaban, tocaban y tocaban la puerta insistentemente. Esto, obviamente, me hizo aterrar todavÃa aún más, pero, por suerte, logré mantener el equilibrio. No choqué, lo cual lo considero un milagro. Y precisamente cuando dejé a la rumorosa atrás o más que nada, el tramo por donde se dice, ocurren los accidentes y ocurren las apariciones fantasmales. Todo esto el sonido. Los toques a mi puerta se detuvieron. Al fin. Yo le conté esta experiencia también a mis compañeros, a los camioneros. Muchos de ellos me dijeron que era muy poco recomendable detenerse en aquella carretera y no era la única. Hay otras tantas alrededor de México, por las cuales se cree que están embrujadas tales como el kilómetro treinta y uno o el Camino de las Brujas, son carreteras caminos en las cuales no se recomienda detenerse, pues te puedes encontrar con algo parecido. Otros de mis compañeros trataron de tranquilizarme y es que me explicaron que en aquella tormenta también habÃa caÃdo granizo y tal vez eso explicarÃa los golpes que yo sentÃa en la puerta. Tal vez yo los confundà con la caÃda del granizo. Esto fue algo que yo quise creer durante algún tiempo, pero analizando bien la situación, no creo en eso. Los golpes que me daban en la puerta eran como los que una persona hubiera dado. Y si bien tal vez los golpes tuvieran esta explicación, no hay una explicación, al menos ninguna lógica para explicarme cómo es que aquellos hombres no tenÃan rostro. Esa fue mi experiencia. Gracias por escucharla. Mi nombre es kimber Ley Blas y en esta ocasión les quiero compartir un relato de mi padre. Mi padre es camionero. Toda su vida lo ha sido. Recuerdo que cuando era niña nos contaba algunas historias que nos producÃan pesadillas, pero a nosotras nos encantaba a mà y a mi hermana la experiencia más terrorÃfica, la experiencia que en verdad lo hizo dudar en si seguir trabajando como camionero es la que les voy a contar. Sucedió cuando nosotras dos éramos niñas por aquel tiempo. Yo tenÃa nueve años y mi hermana tendrÃa algunos cinco o seis años como máximo mi hermana. En ese momento estaba atravesando por una enfermedad muy grave que se le habÃan detectado. La atención en mi familia aumentaba cada dÃa más y cada dÃa más mi padre, a pesar de que se iba por largos tiempos. Esto no hacÃa sino otra cosa empeorar toda la situación, ya que mi padre querÃa estar más tiempo con mi hermana, querÃa estar más al pendiente de ella, pero su trabajo no lo dejaba. Esto se los explico más que nada, porque tienen que tener esto en cuenta para que sepan el por qué actuó de esa manera. Se dice que los espÃritus más en concreto los espÃritus malos, los espÃritus que te quieren hacer mal, te atacan precisamente por tu lado más flaco, por tu lado débil. Mi padre, en ese momento, el lado más débil que tenÃa en lo que pensaba veinticuatro siete era en la salud de mi hermana. Ãl nos dice que, mientras estaba conduciendo en un largo camino, ya oscureciendo solamente los focos de su camión eran la única luz que habÃa en kilómetros en ese preciso momento en el que tenÃa su mirada fija en la carretera pensando en mi hermana, pensando en todos esos problemas de un momento para otro. Algo se le atravesó en medio del camión. Les quiero explicar algo, y es que mi padre dice que, precisamente en esa carretera esto no se presta mucho. Hay parcelas a ambos lados. Por lo tanto, han cortado todo el monte, toda la tierra ha sido rascada y antes de llegar a la carretera hay tierra solamente bultos de tierra a ambos lados de la carretera. No hay no hay ni siquiera una pared No hay ni siquiera ninguna nube, por lo que se le hizo extraño que aquella silueta, que para variar era la silueta de una niña, hubiera aparecido de pronto. Mi padre la tuvo que haber visto a mucha distancia, Pero esto no fue asÃ. Era como si la silueta de la niña o la niña hubieran aparecido en un abrir y cerrar de ojos. Esta niña, la cual lleva puesta un vestido, un vestido que él reconoce muy bien, se pone enfrente del camión y mi padre no logra frenar. Es imposible frenar uno de esos camiones tan pesados de forma muy rápida, asà que inevitablemente pasa lo que tiene que pasar. Mi padre frena de una forma muy brusca. Aún asÃ, e incluso la caja que llevaba se sale un poco del camino. Ãl demasiado alterado, toma su teléfono que en ese tiempo era un arcatiel que tenÃa una función de lámpara les. Estoy hablando del año dos mil diez baja del camión y empieza a enfocar la luz de su celular hacia aquel bulto que se ve a lo lejos, se ve una persona que se encuentra tirada en el pavimento. Mi padre ahora piensa un poco y es que no hay ninguna localidad cerca, no hay ninguna granja cerca, no hay nada, nada con lo que podrÃa ser un ambiente familiar para que una niña vestida de esa manera saliera de la nada. Pero en ese momento él creyó que, a lo mejor habÃa sido una familia la que estaba cerca del lugar. Ãl se fue acercando y, conforme, se fue acercando más le aterró lo que veÃa y es que veÃa que la que estaba en el suelo era mi hermana. Ãl reconoció perfectamente su rostro reconoció perfectamente también su vestido que él se lo habÃa regalado, sus zapatos, su tamaño era ella. En ese momento, mi padre dice que suena su teléfono y al contestarlo se trata de mi madre o al menos la voz de mi madre. Dice que mi madre le llama llorando y le llama reclamándole el por qué le habÃa quitado la vida a su propia hija. Mi padre suelta las lágrimas y dice que no era su intención. Dice que todo estaba pasando de manera tan rápida que no veÃa una forma lógica de ver todo lo que estaba pasando. Ãl corta la llamada de manera muy súbita, ya que dice que mi madre estaba gritando. Y es en ese preciso momento cuando hay silencio que él empieza a pensar. Ãl empieza a poner sus pies sobre la tierra y cay en cuenta que él vive muy lejos de ahÃ. Mi padre precisamente venÃa de nuestra casa. No hay una forma, no hay un método para que mi hermana hubiera llegado hasta ese lugar. Precisamente en aquella carretera, mi padre da dos pasos hacia atrás y empieza a volver hacia su camión. Quiere poner las cosas en claro, pero al momento de que da su media vuelta y comienza a caminar, escucha pasos, unos pasos que se mueven muy rápidamente como si estuvieran corriendo, pero de una manera muy rápida. Inmediatamente, mi mi pa rra voltea y ve que el cuerpo de la niña o de lo que pareciera ser mi hermana, ya no se encontraba. Se habÃa movido en fracciones de segundo se habÃa ido para este momento. Mi padre sabe que esto no es normal y más allá de un accidente. Ãl cree fervientemente que esto es de otro mundo. Ãl da la media vuelta ya para irse a su camión, cuando de pronto ve que abajo del camión, abajo de la caja que él portaba. Entre las llantas, hay una silueta, una silueta que se esconde en la oscuridad del camión, una silueta con cabello largo y que va vestida precisamente con el mismo vestido de mi hermana. Mi padre la alcanzó a divisar, no por qué lo hubiera visto, sino porque los ojos de esta silueta brillaban, brillaban como los de un cazador cuando está viendo a su presa. Brillaban en la oscuridad y cada vez que parpadeaban, se apagaban y después brillaban de nuevo. Esta silueta se movÃa de forma raquÃtica, de forma muy extraña, esperando que mi padre pasara acerca de ella. Mi padre lo único que optacer en ese momento es comenzar a rezar una y otra vez encomendarse a Dios y pedir mucho por mi hermana y también pedir por él que lo protegiera. En ese momento, mientras agarraba fuertemente una figura que traÃa de San Juda está deo colgada en su cuello, comenzó a caminar hacia el camión con los ojos cerrados. Mi padre sentÃa como aquella silueta. De igual manera, caminaba a una distancia sobre él, pero aún asà se mantenÃa abajo del camión observándolo, siguiéndolo. Mi padre estiró su mano rogándole a Dios que no tocara aquella cosa y como si fuera un milagro, aún con los ojos cerrados, tocó la puerta del camión y se subió de nuevo a él. Una vez ahà arrancó y no se volvió a detener en todo el trayecto. La primera en enterarse de esta historia es mi madre y es porque mi padre le llama con lágrimas en los ojos totalmente desesperado preguntándole si es que acaso ella lo habÃa llamado horas antes. Mi madre le contesta que ella no le habÃa llamado desde que él habÃa salido de la casa, preguntó por mi hermana. Mi hermana estaba bien recostada en su cama. TodavÃa desde aquella experiencia, mi padre procura no detenerse en ninguna carretera. Presta más atención a todo lo que sale de esta y tiene más que claro, y esto nos lo ha dicho mucho incontables veces, que los espÃritus malvados esperan a que tú estés susceptible. Esté es débil para jugar con lo que más te hace daño, para jugar con lo que más te hace daño para jugar con tu debilidad, que en ese momento era su hija para mi padre. Por lo demás, de esta experiencia, mi padre dice que lo que lo salvó aquella noche precisamente fue la fe que tenÃa y los rezos que sirvieron como protección al encuentro de este ser maquiavélico que usó a su hija en aquella carretera para detenerlo. Esa fue la experiencia de mi padre. Saludos a todos desde mérida




