Sept. 18, 2023

ATERRADORAS EXPERIENCIAS EN GASOLINERAS Y OXXO / EL CLIENTE SINIESTRO / L.C.E.

ATERRADORAS EXPERIENCIAS EN GASOLINERAS Y OXXO / EL CLIENTE SINIESTRO / L.C.E.

En este capitulo nos adentraremos a los terrores nocturnos que sufren los trabajadores de estas tiendas de auto servicio cuando cae la noche, y llegan extraños clientes.

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En este capitulo nos adentraremos a los terrores nocturnos que sufren los trabajadores de estas tiendas de auto servicio cuando cae la noche, y llegan extraños clientes.

Mi nombre es hilario. Mejía lo que les quiero contar. Sucedió cuando yo estaba trabajando de despachador de gasolina, un trabajo algo agotador si estás de día, Por lo contrario, si estás de noche, es mucho más tranquilo. En aquel momento, cuando me pasó esto, yo estaba laborando en el turno de noche. Era una gasolinera que no estaba tan grande y también había una de estas tiendas de autoservicio ahí enfrente. Por lo tanto, yo era el único despachador que se quedaba durante toda la noche. No era necesario tener otro. No habían muchas personas que pasaran por aquella gasolinera. Jamás me juntaban los autos, así que prácticamente yo desempeñaba todo el trabajo. No estaba solo tenía a otros dos empleados que trabajaban en la tienda de autoservicio. De vez en cuando iba con ellos platicábamos, pasábamos el rato y cuando tenía que ir al baño, ellos me cuidaban que persona que llegara a la gosrenera persona que le iban a decir que esperara unos breves minutos. En lo que yo salía del baño, tal como sucedió aquella noche, yo me metí al baño, les encargué mi puesto a ellos dos y ellos estaban observando por la ventana. Ya lo habíamos hecho otras veces, por lo que se me hizo extraño cuando salí y vi que había un auto, un auto parado ahí en las bombas de gasolina. Esto era muy extraño, sobre todo porque mis compañeros no me habían ido a tocar la puerta. Yo me había tardado algo en lo que estaba en el baño, Me estaba peinando e incluso mandé algunos mensajes del teléfono porque no me habían ido a avisar que había tenido un cliente. En fin, sin darle tantas vueltas al asunto. Caminé hacia el vehículo y se me hizo otra cosa extraña. Por lo regular, cuando las personas llegan y ven que no hay gente, se salen del auto, van hacia la tienda, avisan que necesitan gasolina, es decir, no llegan y se quedan paradas. Ahí y como si esto no fuera poco. Al momento de que me voy acercando, veo que el hombre que viene conduciendo viene completamente solo, pero también bien inerte, sin hacer ni un solo movimiento. Este hombre simplemente venía sentado sin mover la cabeza, simplemente observando hacia enfrente, sin prestar mi atención. Tampoco yo llegué apurado. Capté esto, pero simplemente lo dejé pasar. Llegué a las bombas y le dije buenas noches, cuánto requiere y de cuál. Yo estaba esperando su respuesta, pero en eso me percato que los vidrios vienen subidos hasta arriba A lo mejor no me puede escuchar que es lo más probable. Entonces me acerco por la ventana del copiloto y se la toco, a pesar de que estoy toca y toque la ventana esta persona no baja el vidrio. En ese momento se me hace aún más extraño. Entonces camino y rodeo el automóvil para llegar por el lado del piloto. Pero una vez que llego, obtengo la misma respuesta. Por más que le toco la puerta también no baja el vidrio y mucho menos abre la puerta. Los vidrios están totalmente polarizados a excepción el de enfrente, por lo cual asoma un poco la cabeza para vernos frente a frente a preguntarle qu qué está haciendo ahí que qué está siendo parado que por qué no me hace caso al momento que me estoy asomando por enfrente, veo su rostro y lo veo muy claramente. Este hombre tiene los ojos completamente negros, también alrededor, como si estos estuvieran sumidos hacia adentro. Este hombre sigue sin mover ni un solo músculo, no hace ni una sola mueca. Simplemente me ignora y parte dentro de mí agradece esto. Yo me retiro algo desconcertado y francamente, muy asustado. No hay que hacer en ese momento. Así que lo que se me ocurre es ir con mis compañeros. Hay a la tienda y pues pedirles ayuda. Qué puedo hacer en esta posición. El hombre es extraño, produce un escalofrío tan sólo al verlo y no lo puedo quitar. Así como así, entro en la tienda y les digo que necesito su ayuda, que, por favor, salgan a ayudarme, ya que el hombre que viene en el auto está causando problemas. En ese momento. Ellos acceden, pero primero me dicen que tienen que atender a los clientes antes de salir afuera. Para esto, dos personas se van acercando, un adolescente de algunos dieciséis diecisiete años y su padre, un hombre y adulto de algunos cuarenta y tantos años. Ellos se escuchan la conversación que tenemos y el padre interrumpe sutilmente. Él nos pregunta que qué problema tenemos que si tenemos gasolina o que no hay, porque él creía llenar el tanque. Yo le explico que con todo gusto le podía llenar el tanque solamente que teníamos problemas con el auto que estaba parado ahí. Él, en ese momento se echa una risa y me dice que no hay problema, que ese auto es suyo y que precisamente lo había dejado ahí, pero como no había, nadie decidió que iba a entrar a la tienda a comprar algo en lo que yo salía del baño. En ese momento todo cuadra, pero llega aquí en que yo le pregunto que si conoce al hombre que viene en el auto, obviamente yo me espero un sí viniendo de él, ya que le digo que tiene una enfermedad extraña en los ojos. Los ojos de este hombre se le ven completamente oscuros, por lo que le pregunto si tiene alguna dificultad o tiene algún padecimiento. En ese momento, tanto el padre como la hija se me quedan viendo extrañados y ellos me dicen, pero nosotros venimos solos, no venimos acompañados. En ese momento yo les digo no hay un hombre ahí y está arriba de su auto. Quise hablar con él, pero no me hace caso. Parece inerte, no se mueve, hacian ningún sitio. En este preciso instante, los cinco salimos lo más rápido posible de la tienda, porque lo que pensamos era que un sujeto se había subido al auto peligro se lo podía llevar o a lo mejor lo estaba robando. Por eso mismo me ignoraba. Pero al salir este hombre ya no se encontraba ahí. El auto se ya estacionado, pero el hombre había desaparecido. El padre y la hija después de esto continuaron con sus compras y después yo les despaché la gasolina. Recuerdo muy bien cuando les estaba despachando la gasolina, porque en ese preciso momento, a pesar de que tanto yo como mis compañeros y también esta familia, llegamos a la conclusión de que este hombre se había metido. Había querido arrancar el auto, pero como yo lo había visto muy seguramente, en lo que me metí a la tienda, él se había salido y se había ido, aunque claro esto es ridículo, porque todas las puertas tenían seguro. Pero quise pensar eso. Quise pensar que esa era la respuesta. Pero en ese momento que estaba despachando, sentí la presencia de este hombre, pero ahora sentado en los asientos traseros y él estaba más que seguro que no estaba mirando esta vez hacia enfrente. Esta vez me estaba mirando a mí, porque yo sentía la mirada de esas veces que sientes una mirada muy penetrante y clavada sobre ti Yo no quise voltear. Simplemente estaba mirando hacia la tienda, sosteniendo la manguera. Podía ver la sombra que provenía desde adentro del auto por el rabillo del ojo, pero A pesar de esto, no quise voltear, no quise verlo a los ojos, porque seguramente iban a seguir igual de oscuros que la última vez simplemente me quise ahorrar ese trauma. Quité la manguera, la puse en su lugar y aún así, manteniendo la mirada fija sobre la tienda, tratando de ignorar la presencia de aquel hombre. No lo pude evitar. Cuando el auto ya se estaba yendo saliendo a la carretera, lo volteé a ver vi unos ojos clavados sobre mí a pesar de que iba polarizado. Estos ojos brillaban, brillaban en la oscuridad y me estaban observando las siluetas dentro del auto. Ya no eran dos, ahora eran tres personas las que iban criptamaniacos. El siguiente relato me temo que tengo que hacer una advertencia antes de que lo escuchen. Es un relato al cual me lo mandaron por audio y digamos que la persona que me lo mandó me lo mandó muy detallado. De hecho, el relato es algo largo debido a los detalles que este me da. Opté mejor por ahorrarme ciertos detalles para que, de esa manera el relato sea un poco más corto y más disfrutable, también como para algunas personas que puedan ser muy susceptibles a la agresión que puede ser de un ser humano a otro. Este relato viene de parte igualmente de un despachador de gasolina, el cual una noche llega una persona indigente, una persona que quería comprar gasolina pero sin tener auto. Las razones eran totalmente extrañas y, a pesar de que este despachador se negó, no tenía ni la menor idea de lo que viviría aquella noche. Esa noche vería de lo que es capaz el ser humano. Simplemente a qué tanto puede llegar una persona con el sadismo y una excesiva malicia. Mi nombre es Emilio que Anova. El relato que les quiero contar sucedió hace aproximadamente unos cinco años. Yo en ese entonces despachaba gasolina y hasta el momento, en todos esos días y noches que había trabajado, no había ocurrido nada extraño, nada fuera de lo común como clientes molestos, clientes prepotentes y uno que otro malentendido con camioneros. Ya tenía mi buena experiencia. Entonces sabía cómo tratar a las personas o cómo actuar en diferentes circunstancias, sobre todo cuando iban ciertas personas a pedir gasolina por lo regular, cuando llevaban garrafas o botellas para que les echara gasolina. Siempre veía a la persona si bien teníamos regla de que no podíamos venderle tanta gasolina en un recipiente que no fuera una garrafa o tal vez nula, dependiendo de cómo veamos a la persona. Un día llegó un empresario, un hombre vestido de traje y me pidió gasolina en un en un bote que yo creo era de agua. Uno de esos botes que almacenan unos tres litros, cuatro litros. Yo se la llené claro no si antes decirle que tenía que comprar una garrafa, ya que esto no se repetiría. Les pongo este ejemplo para que se pongan en contexto y, sobre todo, si hay despachadores escuchando esta historia, tomen en cuenta esto. Yo estaba en una noche, tenía más compañeros, claro era una gasolinera más o menos grande. Pero aunque sea gasolina, era grande. Aunque estemos muy cerca de la zona centro, por así decirlo, hay unas horas muertas. Estas horas, por lo regular, van de las tres a las cinco de la mañana. Casi no hay personas. Los únicos que pasan regularmente son los camioneros. Y en aquella ocasión vi a una persona acercándose entre la oscuridad. Era una persona que iba vestida con harapos, pantalones sucios desgarrados, la camisa igual desgarrada, manchada, estaba muy sucio, la barba muy crecida y por el aspecto en el que venía, se podía deducir fácilmente que era de la calle un indigente. Esta persona venía con un envase, uno de estos envases de que son retornables. Cuando se acercó a mí y me empezó a hacer unos sonidos, o sea, la persona ni siquiera hablaba era estos sonidos extraños, como si padeciera de alguna enfermedad mental, porque genuinamente eso parecía como que esta persona no estaba bien de su cabeza. Yo le dije amablemente que obviamente, no le podía vender gasolina. Él me estiraba un billete, un billete pues muy grande, pero yo le dije que no, que no podía. Estuvo mucho rato intentando que lo llenara, pero yo también me enojé y le llamé a otro compañero entre los dos le dijimos que no le íbamos a llenar nada. A final de cuentas, este indigente se terminó yendo yo no sabía para qué la quería y francamente, desde ese momento sabía que no era para nada. Bueno y tal vez en cierta manera, también para protegerlo a él, porque él se podía hacer daño, un cerillo, un cigarrillo que le hubiera tenido y el desastre hubiera sido descomunal. Pero a los pocos minutos volvió. Creo que habían pasado algunos cuarenta minutos. Yo estaba en la bomba de gasolina igual y veo que este hombre otra vez aparece caminando entre la oscuridad, pero esta vez viene con una garrafa de gasolina. La estaba cargando desde abajo, no la traía cargando con la manija desde arriba. Esta garrafa estaba pintada de negro. Llegó y la puso enfrente de mí de nueva cuenta, estiró el brazo y me enseñó el billete me hacía con ruidos con gestos que le echara gasolina. Yo de nueva cuenta me negué, sobre todo porque veía la garrafa y veía que estaba muy vieja de seguro tendría algún hoyo y me precato también de que la parte de arriba de la garrafa está siendo prensada o pegada más bien con cinta, pero cinta vieja. Se notaba que la habían enrollado recientemente toda la parte de arriba, como si alguien le hubiera cortado y lo hubiera puesto otra vez en su sitio. Esto me parece todavía aún más extraño y le digo que no, que no le voy a llenar nada este hombre esta ocasión no se va. Se queda ahí. Yo le advierto que se tiene que ir y si no lo hace que nosotros lo íbamos a sacar, que se hiciera un favor él mismo y que mejor se terminara yendo. Pero no me hizo caso. Yo ya estaba harto. Me metí al baño. Cuando vamos saliendo, me percato que uno de mis compañeros, el tercero era un chico joven de algunos dieciocho años. Acababa de entrar con nosotros. Tenía algunos meses. Estaba a punto de llenarle con gasolina. La garrafa a aquel indigente. En ese momento corro hacia él y le digo qué estás haciendo. No le des nada. Mi compañero ya había tomado el dinero y básicamente de la feria se le iba a quedar él pensando bien la situación, no lo culpo. Era joven. Quería dinero y simplemente se podría decir entre comillas. Quería aprovecharse de las circunstancias, pero uno siempre tiene que ver más allá. Le dije que no, que no le diera nada y, por suerte, cuando tomé la manguera, mi compañero todavía no había abierto nada. En ese momento, el indigente se pone algo agresivo y entre los tres, casi casi como rodeándolo hicimos que se fuera, pero se fue de una extraña manera. Este indigente se iba riendo riendo y riendo de una manera muy siniestra. Obviamente, nosotros le hicimos que no se fuera, que se llevara su garrafa, pero al momento de agarrarla, esta me pesa y me pesa mucho. Esta garrafa no venía vacía inmediatamente. Veo que la parte de arriba la que la sostiene la cinta se puede desprender fácilmente y enseguida. Escucho cómo se mueve unos arañazos que vienen desde adentro de la garrafa. Nosotros, los tres, nos quedamos viendo como que se sab viendo lo que teníamos que hacer. Agarramos la garrafa, uno de cada extremo, mientras que otro y balsar la parte de arriba que funcionaba en ese momento como una tapa para ver qué era lo que traía dentro. Una vez que lo alzamos, lo vimos. La escena era desgarradora, sobre todo para una persona que es muy apegada a los animales, a una persona que sobre todo le encantan los perros, y es que dentro de la garrafa venía una perra junto con todas sus crías. No puedo decir que venían en buen estado. En este momento cripta maníacos, Me temo que me voy a tener que ahorrar ciertas explicaciones que la persona que mandó la historia me dijo. No se van a dar tantos detalles de cómo encontró los perros. Sin les les puedo decir que estaban muy malheridos, Pero se podía ver que todas estas heridas, que tanto los cachorros como la madre habían tenido o habían sufrido, habían sido proporcionados por aquel indigente. La madre tenía el hocico amarrado como para evitar que gritara, y todos los demás perritos se encontraban en diferentes circunstancias. Algunos ya no estaban con vida, la madre ya no estaba con vida. Simplemente quedaban como tres que luchaban debido a sus heridas por seguir viviendo. Ahora sí, continuamos con la historia. Nosotros tomamos a esos perritos que todavía estaban vivos y los pusimos cerca de la banqueta. Eran como tres y no mal recuerdo, pero solamente uno sobrevivió los los otros fue fallecieron debido a las heridas que tenían. Y es en ese momento en el que pienso qué tan mala puede ser una persona y hasta dónde puede llegar un simple descuido. Quiero decir si la otra persona hubiera llegado con la botella de la soda, con mi otro compañero, mi otro compañero simplemente por el dinero le hubiera llenado la botella, qué era lo que pensaba hacer con esa gasolina. Bueno, creo que todos nos podemos imaginar qué era lo que quería hacer. Solamente puedo sentir repeluz y un escalofrío que recorre mi cuerpo tan sólo de pensar cómo habrían sido los últimos minutos de vida de aquellos perritos. Por suerte, si bien esta historia tiene un final malo, no es malo del todo. Terminamos adoptando del perro, le pusimos chato y hasta ahora todavía sigue vivo y muy bien alimentado. Fue adoptado por la gasolinera Y si bien yo ya no trabajo, ahí me queda relativamente cerca. Y cada vez que puedo paso y saludo a mis ex compañeros y también saludo aquel perrito, aquel perrito que cada vez que veo, siempre recuerdo la risa maníaca de aquella persona. Por suerte, a este indigente no lo he vuelto a ver en mi vida. Este siguiente relato se desencadena en una tienda que si eres de México la conoces muy bien. Es una de estas sendas populares. Ustedes sabrán que los oxos se construyen en diferentes zonasmente en cada zona que pueden, para que esté al alcance de todos los ciudadanos. Pero claro, qué pasaría si un oxo decide construirse arriba de lo que vendría siendo una escena de un accidente donde una persona haya perdido la vida de una manera muy repentina, como lo es el caso de las carreteras. Bueno, esto fue lo que le tocó vivir a esta vendedora. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Edith Colmenares. La siguiente experiencia me pasó hace poco. De hecho, en sí no es una experiencia aterradora, pero sí es una experiencia paranormal. Recientemente, cerca de donde vivo, habían hecho un oxo, una de esas tiendas de autoservicio, por lo que estaba necesitando gente. Sucede que este oxo había sido construido casualmente arriba de la tumba, o más bien no de la tumba, sino de un homenaje, un recordatorio de un niño. Un niño había perdido la vida en esa carretera debido obviamente, a un accidente automovilístico y por esto mismo habían puesto una cruz en homenaje hacia aquel niño. Cuando se construyó el oxo. Decidieron conservar este homenaje, pero por obvias razones, no podían dejar una cruz ahí, es decir, interfería con el estacionamiento, con el letrero que iban a poner, así que decidieron correr esa cruz hacia una de estas paredes y le construyeron, por así decirlo, una pequeña ofrenda, es como la que le ponen a los santos a la Virgen. Al mismo Jesucristo, decidieron hacer una vitrina y poner una foto del niño y también ponerle ahí algunos juguetes. Más que nada, estos juguetes habían sido traídos por la misma familia y una que otra persona que conocía muy de cerca a este infante, el niño también tenía poco de haber fallecido y por esto mismo se tuvo la consideración de hacerle. Esto era un lindo gesto. Ustedes pensarán y en sí en sí, no despertaba ninguna mala vibra. Yo llegué, me postulé para el trabajo y me aceptaron. Estuve trabajando ahí cerca de unos seis meses y justo cuando iba entrando en las primeras semanas me ocurrió esta experiencia. Sucede que yo me encontraba en el turno de la tarde de tres pm a once pm, y eran aproximadamente las nueve y media diez de la noche. Recuerdo muy bien esto, ya que me faltaba una hora y poco más para salir a esa hora en la colonia en la que estoy, si hay gente, pero ya no mucha más que nada, porque hay unos altos índices de delincuencia, entonces las personas a esas horas prefieren salir en su propio auto que a ir caminando. Estaba lloviendo, por lo que se me hizo muy extraño al no tener clientes y básicamente y haber cumplido todas las tareas, solamente me estaba paseando en el oxo estaba sirviéndome un café. Cuando en eso veo hacia la calle sin ningún motivo, aparente simplemente para ver algo y me percato que hay un niño jugando abajo de toda la lluvia. A ver no era una lluvia muy fuerte, pero estaba pringando, chispeando, como también dicen, y pues hacia frío. Estábamos en una temporada fría, por lo que al verlo ahí, jugando afuera de noche. En estas condiciones se me hizo muy extraño. Había visto algunos jóvenes andar en bicicletas a horas, pero ese niño era muy menor. Estaba chiquito y me llamaba la atención de dónde estaban sus padres. No se veía ningún adulto cerca, por lo que salí del oxo y estuve mirándolo. Caminé de un lado hacia el otro. Saqué la basura y estuve mirándolo y mirándolo. Este niño seguía jugando sin prestarme atención alguna. En ese momento yo lo llamo. Le digo amablemente que venga y obedece con una sonrisa. Él va muy contento hacia donde estoy yo y me pregunta que qué era lo que se me ofrecía. Un niño muy correcto, muy bien educado por las palabras que me dijo. Incluso me podría decir que eran palabras que un niño como de trece años, catorce años, diría se expresaba muy bien, muy pulcro Se notaba que tenía una muy buena educación, por lo que yo le pregunté amablemente que dónde estaban sus padres, que me llamaba mucho la atención y me preocupaba también verlo solo en la calle. Él me dijo simplemente que sus padres no sabía en dónde estaban. Yo le pregunté si tenía algún teléfono, se tenía una forma de comunicarse con ellos o si estaba viniendo con algún familiar cerca de aquí, y él me respondió que no, que simplemente estaba en la calle y estaba jugando. Yo le dije que se metiera a la tienda más que nada para que no pasara ningún accidente. El niño se fue y estuvo caminando por toda la sa en lo que yo llamaba a mi compañera le estaba planteando toda la situación para que me aconsejara que era lo que podíamos hacer en ese momento. Ella estaba en el congelador. Yo la llamé ella vino y me dijo que lo más sensato en ese momento era tomarle una fotografía al niño y subirla a los grupos de las colonias que estaban cerca. De ahí, lo más probable es que pertenecía a alguna familia cercana. Me pareció buena idea, por lo que ambas empezamos a buscar al niño. Pero el niño ya no se encontraba. Lo buscamos en cada pasillo, en el mostrador e incluso salimos afuera y lo buscamos en la calle. A lo mejor se había salido, pero nada. El niño simplemente había desaparecido. Mi compañera me dice que cómo era que lucía el niño y a dónde se había dirigido. Si me había dicho algo que sirviera como pista para ver en don dónde se encontraba. Pero al momento de decirle el peluche cómo iba vestido con una sudadera azul, con una corbata roja y con un oso de peluche azul con su panza blanca, ella me detuvo y me dijo mira, el niño lleva este corte de pelo y lleva este color de zapatos, un color de zapatos azul. Yo le dije que sí, que era el mismo niño que si ella lo había visto antes. Mi compañera simplemente me detiene y me dice que sí lo había visto antes, pero que antes de decirme algo, me tenía que calmar un poco que lo que había visto no era algo fácil que me pudiera explicar. Al menos en ese momento. Aquel niño era el mismo niño el cual había fallecido años antes en esa carretera debido al accidente yo en un principio. Pienso que esto solamente es algo para asustarme. Pero las dos salimos Fuimos hacia aquel ventanal, hacia aquel ventanal en donde se puede ver la fotografía del niño y ver los juguetes que sus familiares le pusieron. Ahí estaba el niño con la misma ropita y el mismo oso de peluche, esta vez encapsulado en aquel ventanal. El ventanal tenía candado. No había forma de que alguien lo sacara. Mi compañera me dice que no tenga miedo que ese niño. A veces aparece que ella también ya lo había visto, que conductores también lo habían visto, pero que su aparición o su presencia no augura nada malo. Solamente se trata de una almita, un alma pequeña que viene a jugar de vez en cuando con los juguetes que todos sus familiares le dejaron gracias por escuchar mi historia. Un saludo a toda la Comunidad de la cripta embrujada triptamaniacos. En esta ocasión nos deslindaremos o dejaremos por fuera los casos paranormales. Si bien causa miedo el encontrarte con un fantasma, con un ente demoníaco o con ciertos espíritus que rondan en nuestra tierra, también hay que decir que los vivos dan igual o más miedo que los muertos. Esta última historia viene de parte de un oxo en donde unos cajeros, un grupo de las personas que trabajaban en esta tienda, vive una experiencia de absoluto terror, pero no en manos de espíritus, sino que en manos de una organización criminal. Creo que eso es el miedo más terrenal que uno puede vivir, sobre todo si vive en una zona poco segura. Aquella persona simplemente dice que estuvieron en el lugar y en el momento equivocados, se vieron involucrados en medio de un crimen que por poco les cuesta la vida hola. Mi nombre es Mariana y quiero dejarlo así. No quiero que muestren mi apellido. Quiero mantener hasta cierto punto algo de anonimato. Verán lo que les quiero contar. No es una experiencia paranormal, pero he visto su canal y hay algunos videos que son parecidos a mi historia. Si viene en ella, no hay fantasmas demonios o entidades paranormales. No son necesarias para pasar un momento de absoluto terror como el que yo pase. Esto comienza en temporada de diciembre. Para los que no sepan que su oxo o si están fuera de México, básicamente es como una tienda, una tienda que es muy popular aquí. Por lo regular, aquí, en México, en cada gasolinera. Hay un oxo más que nada para todos los conductores que van por la carretera o que van a transitar por grandes, grandes caminos, caminos alejados. Esto me sucedió en Tamaulipas. Era un oxo que, si bien estaba algo lejano, todavía estaba más o menos en urbanización. Pero si estaba algo retirado de la misma, recuerdo que tenía que tomar un transporte que tardaba más o menos unos cuarenta y cinco minutos a una hora en llegar para este momento. Yo llevaba trabajando ahí aproximadamente un mes y me tocaba precisamente el turno de la noche. Yo casi no atendía a la caja. Simplemente me tenían para ser inventario y rellenar uno que otro refrigerador. Tenía tres compañeros. Éramos bastantes. Eran dos mujeres y un hombre. El hombre más que nada. Se encargaba de reinar todo lo pesado y aquella noche transcurría de lo más normal para nos otros cuando de pronto, por eso de las dos de la mañana se abrió la puerta del Oxo. Cabe decir que nosotros no cerramos la puerta, ni siquiera bajamos cortina. Estamos abiertos las veinticuatro horas y este joven había ingresado, pero no nos percatamos en las condiciones en que lo hizo. Abrió la puerta y tan pronto él abrió la puerta se cayó al suelo. Este joven iba acompañado de una niña, una niña aproximadamente de los siete a seis años. Era una niña pequeña. Cuando este joven cayó al piso, obviamente todos nos acercamos a él para ver que tenía. Pensamos que tal vez venía ebrio, pero no todo lo contrario. Este joven venía sumamente herido. La sangre le caía, manchaba el piso maño echaba la ropa. Yo estaba algo asombrada. No sabía qué creer cuando en ese momento él nos suplica, nos dice desesperadamente que por favor, lo ayudemos, que por favor, ayudemos a su hermana que no los fueran a encontrar. Nosotros sinceramente, no sabíamos qué pensar En ese momento estábamos muy perplejos por la escena. Lo único que hicimos fue levantarlo y la niña, que también estaba algo desesperada, se aferraba a él lo apretaba como uno okuala. No se quería separar de su hermano. Hasta ese momento nos dimos cuenta que eran un par de hermanos. Ayudamos al joven, pero a pesar de que estábamos tratando de ayudarlo con su herida y de que nos dijera qué había pasado una camioneta llegó enfrente de la gasolinera en ese momento y, para nuestra mala suerte, no había nadie quien estuviera tendiendo la gasolinera. Esto sucedió en ese año en el cual hubo escasez de gasolina y muchas gasolineras cerraban por días a esta la había pasado lo mismo. El joven vio la camioneta que estaba llegando y nos agarró fuertemente a mí y a otra compañera mía y nos pidió que lo ayudáramos, que, por favor, los escondiéramos o que tan siquiera escondiéramos a su hermana. Su hermana por otro lado, simplemente se apresaba él y no lo quería soltar. Mi compañera lo tomó del brazo y lo jaló por debajo del escritorio, del lado del escritorio donde nosotros cobramos hay un mantel café. Esto no lo traen todos los escritorios. Simplemente nosotros lo tenemos ahí, ya que por lo regular, ahí me temos s cosas a veces de índole privada y para que algún supervisor o para que clientes no vean lo que tenemos ahí, simplemente le pusimos un mantel café para que combinara con el escritorio que teníamos. Mi compañera les dijo que se encerraran ahí que se hicieran bolita y ella bajó el mantel y los dos hermanos mantuvieron absoluto silencio, lo que sigue a continuación. Fue una de las experiencias más aterradoras esa noche. Ahí creía estaba más que segura que iba a perder la vida y simplemente por tener mala suerte, por estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado, la camioneta se detuvo justo enfrente de la tienda. Las luces no se apagaron ni el motor tampoco de ella. Salieron tres personas y después salió otro. Al poco tiempo de primer instante no entraron como que le dieron un rodeo la tienda, mientras que otros dos se quedaban observando ésta muy fijamente a nosotros más que nada. Luego llegó el momento en el que entraron uno de ellos y creo que vendría a ser el que da las órdenes. Entró primero casi enseguida, le dijo al último que entró que cerrara la cortina. Él se alzó y cerró la cortina sin pedir permiso, sin decirnos ni una sola palabra. Nosotros no decíamos nada. Simplemente los mirábamos. Estos hombres venían armados. Después de verlos detenidamente y ellos también nos observaban. Notamos que para nuestra mala suerte aún peor, estos hombres venían con los ojos completamente rojos, habían consumido algo. Uno de ellos incluso venía como un poco acelerado. Olían a cigarro, olían alcohol y a otras ciertas sustancias. Ninguno de ellos venía en sus cinco sentidos, por lo cual no era buena idea llevarles la contraria. A los cuatro que estábamos ahí. Se nos pidió que nos arrodilláramos. Cómo son las coincidencias que nos pidieron esto justamente a un lado de la caja, casi como en la entrada. Tapamos por completo el acceso atrás de las cajas con nosotros arrodillados. Nosotros en ningún momento planeamos eso, pero creo que allá arriba existe un ángel que nos protegió aquella noche, que justamente nos colocó en ese sitio para que nada malo pasara. Estos hombres comenzaron a dar vueltas por la tienda y nos preguntaron si había otras personas. Obviamente, nosotros le respondimos que no, que solamente éramos nosotros. Entonces uno de ellos entró a la parte de atrás y empezó a trasculcar todas las cajas. El cuarto frío. Escuchamos cómo rompía los envases, Escuchamos cómo rompía las bolsas. Volteaba cajas y demás toda la mercancía, hasta que uno de ellos, el líder, que era un hombre que no tenía cabello, tenía mucha barba. Eso sí llevaba puesta una chaqueta de cuero y botas. Se nos acercó a nosotros mientras todo esto pasaba y nos dijo que es que estaba us buscando a alguien, que estaba buscando un muchacho, que este muchacho venía en compañía de una niña y que el problema que ellos tenían era solamente con él que nosotros no teníamos nada que ver, que si teníamos alguna información, lo más sensato sería que se la dieramos en ese momento que, si no, por todo lo contrario, estábamos ayudándolo, eso no saldría muy caro y que no solamente con él se iba a desquitar, sino también con todos nosotros. Por estarle mintiendo yo, para este momento ya estaba temblando y no quería decir nada, pero en ese momento el que habló fue Jorge. Jorge les dijo que sí había entrado un muchacho y que, en efecto, también traía una niña con él, pero que se había ido, había llegado herido, lo habían ayudado y con la misma se había ido. El chico venía muy espantado y, por lo tanto, no se había querido quedar y también se había llevado a la niña. Este hombre. Después de lo que le dijo Jorge, simplemente se agarró su barba. Se sentó en uno de los mostradores que tenemos para mostrar el jabón de baño, el ariel los había tirado para sentarse sobre las cajas. Después le dijo que eso era muy curioso. Les digo este tipo de palabras porque obviamente ellos hablaban con unas palabras muy antisonantes, unas palabras groseras y obscenas, e incluso en algunos momentos le dijo que eso no podía ser posible porque el rastro de sangre que ellos habían seguido entraba a la tienda, pero el rastro no salía de ella. Después de decirle esto, él se hizo para atrás y le dijo a ver contéstame eso. Cómo me puedes explicar eso. Jorge rápidamente respondió diciéndole como ya le expliqué Señor, este muchacho llegó y nosotros lo ayudamos porque venía herido. Le vendamos la herida y se fue inmediatamente después de lo que le hicimos. Por lo tanto, yo digo que ya no fue dejando sangre o si lo hizo a lo mejor, lo hizo minutos después, porque lo vendamos con el botiquín que tenemos en ese momento. Justo para nuestra suerte, el botiquín estaba en el escritorio. Por lo tanto, la historia parecía bastante convincente. Este hombre simplemente se levantó y nos dijo que ellos iban a estar ahí por un rato hasta que pasaron. Por ello que si no teníamos problema con eso, obviamente que podíamos responder. Le dijimos que no, que se podían quedar el tiempo que ellos quisieran. Esos minutos que pasaron fueron eternos. Para mí, los hombres tomaban agua, tomaban refresco, agarraban frituras. Mientras que nosotros seguíamos ahí arrodillados. La búsqueda no terminó. Aquellos hombres seguían buscando en los aparadores. Incluso uno de ellos acercó a nosotros y nos preguntó qué era lo que guardábamos ahí debajo del mostrador. Para pasar al mostrador, nosotros teníamos que movernos, pero gracias a Dios, eso no pasó. Una de mis compañeras rápidamente le dijo solamente guardamos el lonche, los cigarros, cosas personales de nosotros. Eso es todo, y, por suerte, este hombre hizo una mueca como que le daba. Igual. Simplemente se dio la media vuelta y se fue. Tuvimos mucha suerte de que no pasara. Yo voltí un poco y vi que por debajo del mantel estaba escurriendo un líquido. Era sangre seguramente el chico no se había vendado bien y la sangre estaba saliendo, estaba formando un charco. Yo estaba pidiendo a Dios y a todos los santos que, por favor, aquellos hombres no pasaran nuevamente y vieran ahí, ya que el charco, con cada minuto que pasaba, se hacía más grande y se hacía más grande al pasar más tiempo, e incluso uno de ellos se me acercó. Me estuvo acariciando el pelo y me dijo que no me preocupara, que yo era muy bonita y que si algo me pasaba, que él me iba a cuidar. Obviamente, esto no me lo dijo en un tono muy bueno, más bien en un tono como pervertido, como que me quería hacer algo más. Por suerte, llegó otro y lo apartó de nosotros múltiples veces. Vi aquel hombre, el líder del grupo vernos fijamente después hablar con otro como que discutiendo qué podían hacer lo, vi también decir muchas veces con la cabeza que no, como que restándonos importancia, como si el otro delincuente le dijera que nos hiciera algo, pero él simplemente no la llama motivo. Después de pasar unos minutos, estos hombres reciben una llamada y así como abruptamente entraron, así también abruptamente salieron cuando ya no hubo nadie en ese momento pudimos sacar a los hermanos. El hermano mayor nos dijo nos confesó jurando por lo más sagrado que tenía. Él nos aseguró que jamás había tenido trato con ellos, que él nos había involucrado en pandillas, con criminales, con nada de eso, simplemente que venían caminando y ya era muy tarde y venía en compañía de su hermana. Todo esto debido a una cierta fiesta familiar en la que ellos, por ciertas razones, habían decidido volver a casa. Pero cuando iban se encontraron con estos sujetos que, sin dar aviso, simplemente se acercaron y trataron de arrebatarle a su hermana, trataron de subirla. Obviamente, este joven hizo lo que pudo, pero resultó herido y por eso salieron corriendo. Se metieron entre el monte, corriendo también arrastrándose, incluso hasta que por fin llegaron a la tienda. Nosotros no podíamos hacer más cosas por ellos. Simplemente les dijimos que salieran por la puerta trasera y que siguieran caminando hasta llegar al pueblo. Ellos nos entendieron y entendieron también por qué no podían salir por la puerta de enfrente no vaya a ser que habían dejado alguien vigilando. Ellos salieron por la puerta trasera y jamás volvimos a verlos. Espero de todo corazón que hayan logrado llegar a su casa, que aquellos criminales no los hayan capturado. Después de esto, pensé por unos días en si quería seguir yendo a trabajar, ya que no quería volver a experimentar una experiencia así en mi vida. Mis compañeras me dijeron que ellas, en sus más de siete años que llevaban trabajando en esa tienda, jamás les había pasado algo parecido. Y a pesar de lo que me dijeron, yo volví a trabajar con ellos. Pero durante todo el tiempo que duré trabajando ahí, no pude sacarme un escalofrío que siempre sentía cuando sonaba la puerta. Cada que un cliente entraba, volteaba con un terror de que fueran aquellos hombres y que en esta ocasión ellos supieran que les habíamos mentido, que les habíamos ocultado a aquellos dos hermanos