ATERRADORAS EXPERIENCIAS EN EL CAMPO Y LAS PROVINCIAS / NAHUALES, FANTASMAS BRUJAS Y MAS / L.C.E.

Relatos que te daran pesadillas y te insertaran un miedo al campo, los ranchos y a los oscuros secretos que estos lugares lejanos y en algunas ocaciones morbidos ocultan.
Mi nombre es MarÃa Cristina. Mi experiencia no es enteramente mÃa. A mà me han pasado cosas, pero en esta ocasión quiero compartirte a ti y a toda la Comunidad una experiencia que le sucedió a mi abuela. Mi abuela toda su vida, Prácticamente la mayor parte de esta vivió en su natal rancho y ustedes conocen las historias que se cuentan en estos lugares orales. Muchas leyendas, muchos dichos y uno de estos de estas tantas reglas que ponÃan los abuelos de antes eran derivadas de ciertas leyendas que mi abuela en esta ocasión te va a contar eran los años sesenta. En aquel tiempo yo vivÃa junto con toda mi familia, éramos todos entre adolescentes y niños. Mis padres nos crearon, como cualquier otro niño de rancho, a mis tres hermanos. Mi padre se los llevaba a la parcela a trabajos, podrÃamos decirlo fuertes rudos, una vez que llegábamos de la escuela. Por otra parte, mi madre nos ponÃa a ser quhaceres de lugar, nos enseñaba a limpiar, a cocinar, a lavar los platos y, en un todo pues, a mantener el hogar y la casa lo suficientemente limpia, asà como también administrar los alimentos. Cada uno tenÃa sus deberes. Mis tres hermanos, como ya lo dije, se iban a la parcela, iban con el ganado, iban a traer leña, a traer agua. Ellos se encargaban de todo ese tipo de trabajo. Por otro lado, como ya expliqué, yo y mis otras dos hermanas nos encargamos de otro tipo de trabajos. Y en todos estos quehaceres que hacÃamos, mi madre tenÃa ciertas reglas que tenÃamos que seguir una de ellas era no barrer de noche. Otra de ellas era relacionado al ganado, o lo cual no recuerdo muy bien. Pero una que se me quedó grabada y grabada muy bien debido a esta experiencia es que mi madre nos tenÃa rotundamente prohibido dejar platos sucios o peor aún con comida en el lavadero. Ella nos decÃa una y otra vez que eso no se debÃa de hacer, que las consecuencias eran muy graves. Obviamente, yo, en ese entonces tenÃa cerca de trece años, catorce y yo solamente pensaba que esto era meramente una excusa como para meternos miedo y no dejar platos sucios. En fin, creo que es lo que muchos de los niños, al menos en esa edad, hubieran pensado. Llegó un cierto dÃa en el pueblo falleció una mujer que era muy amiga de mi madre. Eran amigas entrañables en los pueblos. Se cree mucho y se tiene muy arraigada la religión católica, sobre todo en aquellos años. Obviamente, mi madre iba a estar ocupada con el velorio, con los rezos que se hacen después de enterrar el cuerpo y demás preparativos que tenÃan la familia. Motivo de esto, mi madre nos iba a abandonar, por asà decirlo, tres noches. Ella estaba con nosotros mas mayormente durante la mañana, pero nosotras solamente la veÃamos hasta el mediodÃa, ya que era el momento cuando ella se iba. Nosotras seguimos con los quehaceres. Pero al no tener a mi madre, creÃmos que podrÃamos saltarnos esa tediosa parte de tener que lavar los platos. Mi padre no era un hombre muy podrÃamos decirlo atento o ser un hombre que estuviera checando toda la cocina. TenÃamos un lavabo en la cocina en el cual procurábamos no tener ningún plato. Esto más que nada para que mi padre no sospechara todos los platos. Los echábamos en un traste grande, un posillo metálico grande que después, cuando anochecÃa y cuando mi padre se iba a dormir junto con mis hermanos, nosotras tres lo sacábamos y lo ponÃamos a un lado de lavabo. Recuerdo que en esos dÃas, mi Mi, Mi, Mi, el dÃa trajo a mis primas a dormir con nosotras, ya que también mi tÃa se encontraba en aquellos preparativos del velorio y también de los rezos. Con más razón, no lavábamos nada. El tiempo que podÃamos. Nos las pasábamos jugando, platicando, chismeando, y poco a poco se fueron juntando los trastes, ilus trastes, muchos de ellos con comida. Nuestro cuarto era algo pequeño. CabÃamos las tres, pero al llegar mis otras tres primas, éramos seis niñas en ese cuarto y para el tiempo que corrÃa, la verdad es que seis niñas ahà juntas daba mucho calor. Por ende, pidiéndole permiso a mi padre, nos acostábamos en una sala, una pequeña sala. De frente a esta se encontraba la cocina. Ahà nos dormimos dos noches seguidas y para la tercera, que marchaba todo prácticamente normal, unos ruidos me despertaron durante aquella noche. Eran ruidos extraños, no eran ruidos con los que yo me sintiera familiarizada. Era como el crujir de una dentadura, como el de unos labios que estaban mascando y mascando comida. Después de esto, escuché cómo los trastes se movÃan como si alguien estuviera hurgando entre los trastes sucios. Yo estaba volteada, pero obviamente esto me llamó la atención y en primera instancia pensé que era uno de mis hermanos. Pero al voltearme no vi ninguna silueta que yo reconociera. Todo lo contrario. Vi una persona que jamás en mi vida habÃa visto. Era una señora. Era una señora con una larga bata blanca. Esta bajaba más allá de las pantorrillas. Esta señora tenÃa un aspecto muy enfermizo, muy cadavérico. Se podÃa ver a simple vista que se trataba de una anciana, una anciana que, si bien se veÃa completamente calva, tenÃa algunos mechones de pelo que caÃan por su nuca totalmente blancos. Obviamente eran canas con sus dedos. Todos esqueléticos, esta bordando entre los trastes y estaba sacando la comida y comiéndosela. Obviamente, yo al no reconocer esta anciana, esta anciana que más que nada, parecÃa un cadáver caminando con una enorme joroba en su espalda, que incluso a pesar de ser de noche, con la luz de la luna, yo podÃa ver lo que la bata mostraba de su espalda y podÃa ver esos huesos, esas bolas del espinazo muy claras como si su piel fuera de papel. Se le podÃa notar todos los huesos. En ese momento yo me aterré por completo y lo que hice o más bien, lo que quise hacer era gritar, Era alertar a todos los demás, despertar a mis primas, despertar a mis hermanas, despertar a mi padre, despertar a mis hermanos, a todos los que estaban allà en la casa. Yo abrà mi boca, quise sacar un grito, pero no podÃa. Hasta ahora no sé si fue por el miedo o fue que en aquella noche habÃa algo que no me permitÃa gritar, que no me permitÃa ni siquiera hablar. El caso es que yo tenÃa la boca abierta e intentaba gritar, pero no podÃa y a la vez de esto, también no sentÃa aire pasando mis pulmones. Era como si de la noche a la mañana se me olvidara respirar. No estaba pasando aire. Debido a esto, mi cara se fue poniendo morada y morada. No sé cuánto tiempo estuve asÃ, pero creo que algunos dos minutos o un minuto. Si le soy sincera, creo que incluso hasta me estaba desmayando, pero hice algo muy inteligente, el cual era Moverme traté de rrar, mostrarme de espaldas levantándome can sólo unos pocos centÃmetros y sin querer llegué con una de mis primas con mi movimiento, la fui despertando, la desperté de golpe. Ella me dijo que tienes que te pasa y al momento que me vio, ella pegó un grito. Le di miedo mi expresión le dio miedo. Yo tenÃa la boca totalmente abierta, totalmente estirada y decÃa que tenÃa la cara púrpura casi totalmente morada. No estaba respirando. Ella gritó. Todas lo hicieron, todas se despertaron. Mi padre en cuestión de segundos ya estaba saliendo de su cama e incluso con un palo agarrado. Pensó que alguien se habÃa metido. Tan pronto mi padre llegó a aquella extraña, señora, simplemente desapareció tan pronto encendieron la luz ya no se encontraba ahÃ. Recuerdo muy bien que me tuvieron que curar de espanto y a final de cuentas, le tuve que decir a mi madre toda la verdad, todo lo que yo habÃa visto y también todo lo que no habÃamos hecho. TenÃamos todos los trastes a isocios e incluso con comida. Cuando me pasó esto, al menos los primeros dÃas, mi madre no me regañó, pero al pasar el tiempo, claro que lo hizo. Estaba esperando a que me recuperara y nos explicó muy bien a las tres de por qué no se tenÃan que dejar los trastes con comida en el lavadero y aún menos totalmente prohibido dejarlos en la noche en la mesa con comida. Nos explicó el porqué. Y es que los espÃritus chocarreros, aquellos espÃritus que no quiere ni el cielo ni el infierno, o meramente espÃritus extraviados que no saben a dónde ir o que tienen cuentas pendientes y que no los han resuelto. Son los espÃritus que van vagando de un sitio a otro, de un sitio a otro. Estos espÃritus a veces ignoran que ya no están vivos y cuando ven comida, sobre todo son atraÃdos a horas de la madrugada por la comida de los vivos, ya sea que dejan en el abamanos, en el lavadero o en la mesa. Estos espÃritus van y se comen la comida que ahà dejaron algunos incluso hasta se sientan en la mesa. Esto no tiene que ocurrir y se ocurre varias veces. La casa tiene que hacerse una limpia, porque estos espÃritus se van acumulando. Y ese es el por qué no debemos de dejar comida ni los platos sucios con comida. Y si esta es mucha, sin tirar y sin lavar, ya que esto a ellos los pueden atraer. No era el único dicho que se tenÃa en el pueblo. A mis hermanos, también mi padre, les tenÃa estrictamente prohibido cosas y incluso ellos en una ocasión no seguir honesto y, al igual que yo, vivieron una experiencia paranormal, pero claro eso se los contaré en otra oportunidad. Esta experiencia me sirvió para de alguna manera. No dejo ningún plato sucio ni ningún plato con comida en la mesa y creo que seguiré esta regla hasta el final de mis dÃas. No quiero atraer a esos espÃritus, ni a mi casa ni a la casa de mis hijos. Esa fue mi historia. Gracias y saludos a todos. Mi nombre es TobÃas Gómez. La siguiente experiencia vine de parte de mi abuelo. Mi abuelo actualmente ya no está con nosotros. Ãl falleció hace algunos seis años, pero por suerte, llegué a tratarlo y a conocerlo de muy cerca. Conocà varias historias de él, conocà varias situaciones que él tuvo en el rancho y también varias experiencias inexplicables que a él le sucedieron unas más terrorÃficas que otras. Pero la que les voy a contar a ciencia cierta nadie le encontré una explicación, ya que a nadie en el pueblo ni en la familia le habÃa pasado algo parecido antes de comenzar la historia. Creo que tendrÃa que mencionarles sobre un suceso que se llama doppel ganger o tu gemelo malvado, asà es como popularmente lo llaman, y creo que la historia de mi abuelo hubiera quedado perfectamente para una de estas historias. Como sabrán, antes, estas historias o estos sucesos no eran tan conocidos, es decir, no como ahora. Ahora se tienen en cuenta las fallas en la realidad, los doppelgangs, los agujeros de gusano, todo gracias a Internet. Pero en esos tiempos, en esos años, en esos lejanos años, de los años sesenta, los años cincuenta, nadie te podÃa explicar esto. Y, para no hacer el cuento más largo, les voy a comenzar a decir que mi abuelo, en ese tiempo tenÃa cerca de diecisiete años. Su padre habÃa decidido que las tierras ya se iban a repartir. Ãl habÃa tenido puro varón, por suerte, tenÃa muchas tierras, tenÃa mucho ganado y a cada uno de ellos les iba a tocar su respectiva parte para que, después de que él falleciera, ellos hicieran lo que ellos quisieran, ya sea si vendÃan o lo trabajaban a mi abuelo para su mala suerte. O tal vez para su buena suerte. Le habÃa tocado un terreno, un terreno con algunas hectáreas y algunas vacas y algunas gallinas, pero este sitio estaba algo lejano al pueblo. Ãl tenÃa que ir ver todos los cuidados que se tenÃan que hacer ver cómo tenÃa que cosechar, que tratar todas las cosechas y cómo tratar a los animales. Obviamente, su padre se lo llevó desde temprana edad, Mi abuelo para los diecisiete ya sabÃa todo al dedillo. SabÃa cómo tenÃa que actuar en ciertas circunstancias y también sabÃa cómo tenÃa que actuar con los invasores. A veces podÃan ser animales y otras veces podÃan ser personas. Mi abuelo siempre cargaba un revólver y un machete. Sé que creerán que tal vez para un chico y dice siete años. Esto es excesivo, pero eran los años de antes. Mi abuelo a esa edad sabÃa disparar, sabÃa usar el machete. Era en otros tiempos, él siempre se quedaba cuidando todas las cosechas, haciendo todo el trabajo hasta altas horas de la tarde. Su padre no le decÃa nada, porque él pensaba que estaba trabajando. Pero en realidad, como por ahà dicen, esto era plan con en maña, ya que siempre esperaba a la que era su novia en ese momento que después se convirtió en su esposa, la cual era mi abuela. Ella también estaba joven. TenÃa alrededor de unos dieciséis diecisiete años. Se llevaban por meses tan solo ella salÃa de su escuela, pero después de la escuela se metÃa a lo que vendrÃa a ser a allá, ayudar en la misa a ayudar en la Iglesia a la escuela a la que iba mi abuela era una escuela de monjas y si tú ayudabas en la Iglesia, se te daba el privilegio que podÃa salir antes. Mi abuela siempre lo hacÃa. Por ende, no se quedaba a las actividades de la tarde y entonces saliendo. Lo primero que hacÃa era empezar ese largo camino hasta llegar con mi abuelo ahà en sus terrenos. Ellos se quedaban ahà algunos veinte minutos y después a caballo se iban trotando y dejaba a mi abuela en una esquina antes de llegar a su casa. La relación de ellos dos se mantuvo durante un muy largo tiempo en secreto, y no era porque ellos no quisieron formalizar, sino es que las familias de ambos no se llevaban bien y era más que obvio que les iban a decir que no era por esto mismo que se escondÃan mi abuelo. Recuerda muy bien que mi abuela era una mujer, una señorita, mejor dicho, muy sonriente, muy alegre. De hecho, eso era lo que a él más le habÃa gustado de ella. Siempre llegaba con una sonrisa, siempre lo contentaba, e incluso cuando él estaba algo deprimido o algo frustrado o enojado. Era una caracterÃstica muy única de ella. Pero passy resulta que un dÃa, como otros tantos dÃas, él estaba esperando. Ãl ya habÃa acabado todo su trabajo. Ahora solamente estaba esperando a su novia, pero por alguna extraña razón, ella estaba tardando más de lo habitual. Ãl estaba un poco ya desesperado, ya que no tenÃan tanto tiempo para pasar juntos. Si ella llegaba casi inmediatamente, la tenÃa que llevar a su casa. Y fue asà como pasaron los minutos. Diez minutos, veinte minutos, veinticinco minutos, y justo cuando mi abuelo creyó que tal vez ella no iba a venir ese dÃa, o tal vez estaba castigada o tal vez estaba enferma, él se montó a su caballo y justamente cuando se iba a ir, mi abuela apareció en el camino caminando por aquel camino de tierra donde ella siempre se veÃa venir. A la distancia, mi abuelo fue encontrarla. Llegó hasta donde estaba ella y le preguntó que por qué habÃa demorado, que qué le habÃa pasado, si le habÃan castigado, si se habÃan descudo abierto algo de ellos. Pero mi abuela empezó a actuar de forma muy extraña. Ella no le contestó. Simplemente se le quedó mirando y le sonreÃa, pero no le contestaba. Mi abuelo en este punto de la historia hace una pausa y nos explica que mi abuela en ese momento estaba usando un vestido que él, pues ya se lo habÃa visto antes, pero este vestido tenÃa una particularidad, si bien ya se lo habÃa visto antes, puesto el vestido ahora estaba como que invertido. TenÃa unas vistas que iban de un lado y unas flores que tenÃan un color muy caracterÃstico, que era rojo con rosa. Pero al momento de prestar la atención se da a r n ero que estas vistas del vestido y también las flores que hay ahà están como que invertidas, como que los colores se habÃan volteado, como si lo que estuviera frente a él fuera la perspectiva de un espejo. Mi abuelo era muy observador. Obviamente, esto lo captó, pero también pensó él que tal vez era un vestido nuevo a lo mejor era un vestido que él, pues no lo habÃa visto. Era la primera vez que lo usaba, asà que no le prestó más atención. Pero también dice que la cara, la cara notaba extraña, era una cara pálida, una cara que estaba más blanca de lo normal. Si bien mi abuela fue una persona con test clara en ese momento estaba más clara de lo normal. Era como si hubiera estado mucho tiempo a la sombra, no tenÃa ni un solo rasgo de quemadura o como si estuviera bronceada por el sol, que era lo más habitual. En ese momento. Se le hizo extraño. También esto y a pesar de que mi abuela no le contestó jamás ella simplemente le sonreÃa a todo lo que le preguntaba. Solamente sonreÃa. Mi abuelo tomó la decisión de llevársela. La tenÃa que dejar en su casa. No la podÃa dejar ahà durante todo el camino. Mi abuelo trató de sacarle plática. Intentaba hablar con ella de diferentes temas, pero ella simplemente movÃa su cabeza como diciendo sà o no. Esas eran sus únicas dos respuestas. No decÃa nada en cierto trayecto del camino. Solamente articuló dos palabras. Tengo baño, mi abuelo, pues por vs razones trató de completar la palabra diciéndole tienes ganas de ir al baño y ella sentó con la cabeza. Mi abuelo se detuvo y miró a su alrededor. Vio que habÃa algunos árboles, habÃa monte alto, asà que estaban en un lugar en el cual ella podÃa hacer sus necesidades. Y, pues nadie le iba a ver, se bajó ella. Después se bajó mi abuelo le dio lo que vendrÃa haciendo algunos papeles y mi abuela se internó en aquel monte hasta que se perdió entre los árboles, entre aquellos pocos árboles que habÃa. Mi abuelo se quedó esperando. Pasaron los minutos, cinco, minutos, seis, minutos, diez, minutos, quince, minutos, veinte minutos. Ya habÃa oscurecido. Ella iba a tener problemas al llegar a casa. Ya se les habÃa hecho tarde con el retraso que ella habÃa tenido. Y ahora aparte, se estaba tardando mucho, haciendo del baño. Mi abuelo, como todo un caballero, aún asÃ, se fue acercando, pero dándole espalda y la fue llamando, pero con una voz relajada para no incomodarla. Le fue diciendo Mirian, Mirian, ya nos tenemos que ir ya. Terminaste, pero mi abuelo no recibÃa respuesta. Inevitablemente, terminó caminando hasta llegar con aquellos árboles pero mi abuela no se encontraba ahÃ, no habÃa rastro de ella por ninguna parte, hasta que en eso empiezo a escuchar un grito, un grito que proviene de más adentro del monte que lo está llamando, lo llama una y otra y otra vez él al voltear ve la silueta de mi abuela que le está haciendo con su mano, que venga que es interne en aquellos árboles, a los pies de un cerro de noche. Era un lugar muy peligroso, no solamente por los animales, sino por las numerosas historias que se contaban de aquel lugar. Mi abuelo la fue siguiendo más que nada, porque la querÃa traer de vuelta, QuerÃa ir hasta donde estaba ella y traerla de vuelta. Mi abuelo se fue acercando y se fue internando entre los árboles y a medida que él más se acercaba, mi abuela más se metÃa en el cerro como que, queriéndolo llevar a lo profundo de éste, mi abuelo la perdió de vista. Simplemente la escuchaba y con su voz iba guiando. Pero en cierto punto, él caÃa en cuenta que se está alejando demasiado del camino y del caballo que tienen, y el caballo está solo se lo pueden llevar. Y él, por más que le gritaba Mirian Ven, Mirian Ven, ya no te vayas, tenemos que irnos. Ella no hacÃa caso y ahora no sabe ni dónde está. Solamente escucha su voz. Mi abuelo llevaba de conocerla varios años y hasta ese momento él sabÃa que mi abuela no tenÃa ninguna deficiencia mental, no tenÃa unos cuidados espesas. Es decir, su actitud era muy extraña. En ese momento, él optó por volver al camino, ir a la casa de sus padres y pedir ayuda. Fue una decisión sabia, él volvió lo más rápido que pudo. Se montó a su caballo y cabalgó, cabalgó rápidamente hasta la casa de mi abuela. Planeaba pedir la ayuda a sus hermanos, a su madre, a su padre, pero al llegar y decirles que tenÃan que salir porque su hija, Miriam, se encontraba en el cerro y él ya no la veÃa con la vista. Ambos padres se quedaron observando mi abuelo como si él estuviera loco. Le dijeron a ver muchacho, pero qué te pasa. Miriam, no está en el cerro, Miriam no ha salido de la casa. Miriam ha estado castigada desde anoche y hasta hoy no ha salido de la casa. De hecho, ahora mismo ella está en su cuarto arriba. Mi abuelo No lo podÃa creer y no lo quiso creer. Ni lo podÃa creer hasta que vio que mi abuela descendÃa por las escaleras algo confundida porque, según tienen acordado, nos iban a visitar el uno con el otro en la casa de ambos Miriam sale y le dan permiso de conversar a los dos ahà en la calle por fuera de la casa, muy bien vigilados. Mi abuela rectifica toda la información que la acaban de dar. Ella no habÃa salido, ni siquiera habÃa ido a la escuela, No tenÃa forma de avisarle, asà que simplemente ella pensó que si no la veÃa venir dentro de treinta minutos, él se tenÃa que ir. Simplemente tenÃan acordado en que si ella no llegaba treinta minutos después de la hora acordada que él se fuera. Mi abuelo no sabe qué fue con lo que se encontró aquella noche. Ãl dice que al momento en que subió a esa supuesta novia al caballo y cuando lo tocó de los brazos, sentÃa sus manos heladas, sus manos frÃas, algo que no tenÃa sentido, porque estaban en verano unas manos celadas que lo recorrÃan todos sus brazos. Y al tocarle las manos a su novia que la tenÃa de frente en ese momento, corroboró exactamente lo que pensaba. Sus manos estaban calientes, estaban tibias no como las de anteriormente, que parecÃan las manos de un cadáver totalmente de frÃo. Mi abuelo se alegra enormemente no haber seguido a aquella chica o, mejor dicho, no haber seguido aquella cosa, aquella cosa que lo querÃa internar cada vez más entre el bosque, más entre el monte, entre el cerro, pues algo le querÃa hacer. Después de esto, mi abuela y mi abuelo decidieron hacer oficial lo suyo y pese a que mi abuelo le costó varias semanas. Le costó mucho que lo aceptaran en la familia de mi abuela. Al final de todo, el padre de mi abuela lo aceptó. Y es aquà que cuando ambas madres, tanto la de mi abuelo como la de mi abuela, les platican que eso tiene una explicación, Y es con la explicación que se quedaron ellos dos que hacer formal la relación que ellos tenÃan fueron lo mejor que podÃan hacer. Y es que cuando dos familias son profundamente religiosas, como lo eran aquellas dos familias en ese tiempo y no están de acuerdo con la Unión, y sobre todo, si los hijos desobedecen y se siguen viendo, no solamente la familia va a impedir aquella Unión, sino que también otras cosas, otras cosas van a intervenir para que esa relación no suceda. Dicen que fue lo que pasó aquella noche. Aquella noche, mi abuelo estaba siendo seducido de alguna forma por algún demonio que adoptó la forma de mi abuela. Mi nombre es Francisco Raudales Tabares. Esta experiencia viene de parte de mi abuelo. Mi abuelo siempre fue celador de la peregrinación que va a San Juan de los Lagos. Ãl llevaba por nombre Isabel Tabares y él nos contaba que en estos caminos sucedÃan cosas extrañas. Ahora voy a hablar en primera persona. Viniendo de él, recuerdo que Ãbamos caminando eran más o menos las dos de la mañana. Cuando llegamos a un descanso, la gente aprovechaba para tirarse al suelo y descansar la espalda y los pies. Después de media hora empezamos a gritar. Vámonos. Este es el grito de los ceradores hacia los peregrinos para continuar con el camino, ya llevando algo de recorrido. La gente y los heladores comenzaron a escuchar que cabalgaba un caballo a lo lejos y este se estaba cercando. Cuando de pronto aparece un jinete con una vestimenta de charro, todo negro y no se le podÃa ver la cara. Este brincó la malla, que dividÃa las parcelas y el camino brincando entre la gente. Pero para esto la gente no lo notaba mi abuelo, quien iba un poco más atrás. Ãl si veÃa lo que pasaba, mientras que la gente se tapaba la boca y la nariz porque decÃan que olÃa mucho azufre y el caballo negro y su jinete pasaban entre la gente. Pero mi abuelo, al ver esto n o me quedó impactado y solo comenzó a rezar. De pronto pasó de este camino hacia el otro, dando un brinco y entrando en la parcela para perderse entre la oscuridad. Mi abuelo contó lo que vio a sus compañeros celadores y estos no le creÃan. Sólo escuchaban a la gente decir que de pronto el camino se llenó de un enorme olor a azufre. Espero y les haya gustado esta experiencia que me contó mi abuelo. Gracias por narrar nuestros relatos y saludos a la cripta embrujada desde Zacatecas. Yo también soy celador, junto con mis primos, de una peregrinación que sale de Zacatecas a San Juan de los Lagos. Empieza desde el dÃa veintisiete de noviembre hasta el cinco de diciembre, lo cual caminamos solo de noche. Podré decir que de las doce de la noche hasta las siete o ocho de la mañana caminamos hacia los campamentos. En este recorrido pasamos lo que son siete estaciones Palmira, Soledad, El Bagio, Margaritas, Aguascalientes, San Salvador, Santa MarÃa y, por último, San Juan. En esta primera empezamos lo que fue la segunda noche, caminando llegando al rumbo de Cecatequillas. Empezamos a platicar acerca de los sucesos paranormales que pasaron nuestros abuelos en sus tiempos de celadores. Nosotros somos encargados de que no se quede la gente atrás a lo que se nos conoce como la barredora. La formamos mis cuatro primos y yo llegando a este lugar Sacatequillas, mi primo me comenta que una persona se nos estaba quedando atrás, lo cual todos volteamos y vimos una persona sin lámpara caminando a unos treinta metros detrás de nosotros. Lanzamos las luces y esta persona estaba vestida completamente de negro y se notaba que arrastraba los pies. Esta persona levantaba el polvo de la tierra al caminar. En eso nos detuvimos y volvimos a aventar las luces, pero esta persona estaba parada al medio del camino. Ya no avanzaba. Se detuvo por completo. Le hablamos para continuar con la caminata, pero no se movÃa asÃ. Nos quedamos durante unos treinta segundos, pero seguÃa sin moverse solo permanecÃa quieta con la vista hacia abajo. Decidimos seguir caminando y un primo me comentó que podrÃa ser un alma en pena que va caminando hacia San Juan. Nos dio más miedo al pensar que fuera asÃ. A lo que mejor, todos nosotros empezamos a caminar más rápido. Asà nos fuimos como cinco minutos a prisa. Ya no nos animábamos a ventar la luz para ver si esta persona continuaba detrás de nosotros, ya como las tres de la mañana ya más tranquilos. Empezaba una pendiente de un cerro en el cual habÃa un cerco y una puerta de estas famosas que tienen un truco para cerrarse con alambres y estábamos cerrando la puerta, uno cerrando y otro salusando con lámparas lo logramos y seguimos caminando como unos diez minutos después de haber cerrado la puerta, lancé la lámpara hacia atrás y la misma persona que habÃamos visto antes estaba atrás unos metros retirado, solo que éste estaba detrás de un arbusto parado. Ya no juegue y vámonos usted no se debe de quedar atrás. Vámonos esta persona igualmente no se movÃa, a lo cual inmediatamente, al precatarnos de esto, nos fuimos corriendo hasta alcanzar a los peregrinos de atrás, lo cual no debemos de hacer, ya que debemos de llevar separados de ellos unos ciento cincuenta metros. Ya no volvimos a volter hacia atrás hasta que llegamos al siguiente campamento, que era soledad. Una vez que comenzamos a almorzar, empezamos a preguntarnos lo de la persona que venÃa atrás de nosotros, lo cual no entendÃamos cómo pudo abrir y cerrar la puerta del cerco si nosotros no podÃamos cerrarla entre los cuatro ya para empezar a caminar rumbo a bajio. Todo fue normal, igual margaritas y de aguascalientes a San Salvador. Esa noche hacÃa un frÃo que calaba hasta los huesos. A eso de las cuatro treinta yo me sentÃa muy cansado, ya nadie platicaba y en eso mi primo me dice que a lo mejor ya se nos subió el alma en pena, a lo cual nos reÃmos y les dije deben ser más de uno, pues ya que todos vamos cansados que llevamos cada uno. Yo me quedé callado cuando a unos veinte metros iba una persona que danando frente a nosotros. Pero esta se veÃa igual a la persona de las noches anteriores, solamente que sólo veÃamos la silueta de la persona porque venÃa un tráiler y la luz nos apuntaba en dirección contraria hacia donde Ãbamos. Mis primos comenzaron a rezar. De pronto todo se quedó oscuro. Ya no pasaron carros ni trailers, pero ya no se vio esta persona hasta la última, que es en Santa MarÃa para llegar a San Juan. Fue cuando vimos a estas personas caminando hasta la parte de atrás, y eso porque mi primo me comentó que la persona estaba en la parte de atrás y nos fuimos rezando hasta llegar a la famosa Cruz, donde está un descanso, donde llega la gente a reunirse para entrar a San Juan. Juntos ya no la vimos hasta u que ya llegando a bajar, vimos como esta persona estaba enfrente de nosotros, pero ya estaba esclarecido por el sol y esta persona era la misma que habÃa caminado todas aquellas noches detrás de nosotros y a la cual solamente le vimos su ropa. Llevaba puesto un pantalón de mezclilla negro y zapatos negros. Estaba todo entierrado de sus ropas, pero también un detalle, y es que ninguna ocasión le vimos la cara a esta persona que se perdió entre los peregrinos. No sé por qué solamente a nosotros se nos hizo presentes A lo mejor fue que Ãbamos pensando en él y lo hacÃamos presente en su travesÃa de llegar a San Juan, donde a lo mejor ya cumplió con su manda. Esto nos pasó el veintisiete de noviembre del dos mil veintidós. Mi mis primos y yo nos animamos a nombrar a esta persona como el peregrino cansado. Espero les haya gustado esto que nos pasó a mà y a mis primos y si me permiten, en otra ocasión, le enviaré más relatos que le sucedieron a mi abuelo y a mis tÃos y a mis primos, los cuales también fueron senadores de la peregrinación de Zacatecas a San Juan de los Lagos. Mi nombre es Leopoldo Saldaña y quiero compartir la experiencia de mi abuelo. Mi abuelo, hace muchos años vivÃa en un rancho de San Luis PotosÃ. Les estoy hablando de los años sesenta y cinco. Sesenta y siete eran otros tiempos muy diferentes. En estos tiempos, tanto las mujeres como los hombres se casaban a una joven edad y les estoy diciendo que a los diecisiete, dieciocho años, diecinueve años veinte se estaban casando. Esto no fue diferente para mis tÃos abuelos ni para mi abuelo. Mi abuelo tenÃa cinco hermanos y como comúnmente pasaba desde niños, les gustaba ir a los bailes, les gustaba ir a las fiestas, a las diferentes reuniones, convivios, cumpleaños, bailes que se hacÃan en cada provincia, en cada ejido. No importaba si tenÃan que galopar mucho, ya que les gustaba ir mucho a caballo. Mi abuelo y sus hermanos se estaban preparando para ir a una fiesta. Era una fiesta algo familiar, pero era una fiesta que solamente iban hombres, mi abuelo y todos sus hermanos. Parece entonces, cuando se llevó a cabo esta reunión, ellos ya se encontraban casados. Mi abuelo en ese entonces tendrÃa algunos veinticinco años y el menor de sus hermanos tenÃa aproximadamente diecinueve o veinte. En aquella noche no iban a ir. Los cinco hermanos iban a ir solamente cuatro. En fin se dispusieron a ir, despidieron a sus familias, se alistaron y fueron en marcha hacia este jido. Se llevó a cabo la reunión. Hubo cerveza o botabaco, hubo antiguas amistades. Se la pasaron muy bien. Cuando iban de regreso, era más que obvio que iban con una dos o incluso más copas encima, pero esto era normal para ellos, incluso n n n n ns cantando. No eran de las personas que se pusieran ebrias y causaran problemas. No a ellos les gustaba cantar, bailar y, sobre todo, también les encantaban las mujeres. Obviamente, en este punto ellos ya se encontraban casados, asà que, como quien dice, eso no se podÃa permitir. Pero a pesar de esto, el hermano menor se sabÃa muy bien entre la familia y entre ellos mismos de hermanos que tenÃa algunos quereres. Era un chico joven de veinte años. TenÃa su esposa, pero también tenÃa sus quereres con otras chicas del pueblo. TenÃa una cierta fama de ser muy mujeriego. Era muy débil ante las mujeres y creo que en esta ocasión, en esta noche, todo se alinea como anillo el dedo para lo que sucedió porque, cuando van caminando en un camino de tierra y al lado de este estaba pasando un rÃo, se encontraron con lo que parecÃa ser una oportunidad de oro, sobre todo para cuatro hombres jóvenes. Eran las dos de la mañana y ellos venÃan platicando, venÃan cantando. El menor de los hermanos iba viendo para todos lados y en ese momento se encuentra que en el rÃo hay dos muchachas, dos jovencitas de aproximadamente algunos dieciocho a veinte años. Son chicas, muy guapas y a pesar de que su belleza llama mucho la atención, su rostro, su pelo. Esto no fue por lo que Genaro llamó a sus más hermanos y estaba sumamente emocionada, sino que Genaro ve que estas dos jovencitas se estaban bañando en el rÃo. Posiblemente los hermanos al ver esto. Lo primero que hicieron era retirarse, Es decir, son dos jovencitas que se están bañando. No podemos ver eso No serÃa propio de un caballero y, sobre todo, si su padre está cerca y si está armado, que era lo más común en esa época, no les iba a ir muy bien. Pero passi Resulta que esto no era de esa manera. Estas chicas, por todo lo contrario, al encontrarse aún sin ropa y en el rÃo, vieron a los cuatro hermanos ir en caballo pasando a un lado y estas mujeres, fuera de taparse, fuera de sumergirse más al agua para tapar su cuerpo, hicieron todo lo contrario. Llamaron a los hermanos, les hablaron para que se acercaran genaro. Como ya les habÃa dicho, era un chico muy mujeriego y fue el primero de los hermanos el cual se acercó. Ya se estaba bajando del caballo. Cuando en eso mi abuelo, que era el mayor de todos, lo detuvo, le dijo hey, para dónde vas tú te me quedas aquÃ. Las chicas empezaron a hablar con los hermanos, con mi abuelo, con Genaro, en general, con todos. Les dijeron que eran nuevas en el pueblo, que a ellas les gustaba bañarse en el rÃo a esas horas por más extraño que parezca. Qué les tenÃan que decir que si no les interesaba llevarlas a su casa, ya que vivÃan si bien no lejos algo retirado y como los cuatro hermanos tenÃan caballo, pues ellas no querÃan caminar, aparte que querÃan cor conocerlos se les hacÃan unos chicos muy atractivos y, como cerecita sobre el pastel, a toda esta situación, las chicas les dijeron a los hermanos, que ellas vivÃan solas, que tenÃan una casa para ellas, solas. A Genaro le estaban brillando los ojos. Era una oportunidad de oro para él, pero mi abuelo sabÃa que esto no tenÃa sentido. Mi abuelo tenÃa veinticinco años, sabÃa a rasgos generales, un poco más de la vida que sus hermanos y sabÃa que ese tipo de oportunidades, o más que nada, ese tipo de escenarios no se dan. Asà como asÃ, mi abuelo creyó que allà habÃa gato encerrado. Ãl declinó la oferta, dijo que muchas gracias, pero que ellos tenÃan que dirigirse a su casa y no se podÃan distraer. Por otra parte, Genaro lo volteó a ver y le dijo pero que tú estás loco. Vamos a llevarlas. No ves que están solas. A pesar de que Genaro era terco, era el más terco de los hermanos se le dificultaba seguir órdenes a la mala. Tuvo que hacerle caso a mi abuelo Genaro. A final de cuentas, se subió al caballo y continuaron con el camino, dejando atrás a aquellas mujeres. Por todo el camino, Genaro y mi abuelo iban peleando. Genaro obviamente querÃa regresar, querÃa ir con aquellas mujeres, pero mi abuelo le decÃa a ver Genaro piensa un poco. Son dos mujeres, sÃ, muy lindas, pero se están bañando en un rÃo a las dos de la mañana y nos están invitando a su casa y, según ellas, viven solas. Esto no es normal. Genaro, tienes que pensar antes con la cabeza de arriba. Tienes que controlarte. No creo que para donde nos quieran llevar sea un buen sitio. Tal vez hay unos ladrones que nos están esperando por ahà y ellas simplemente están ahà para acarrear a la gente genaro. Tachó a mi abuelo de ser paranoico, pero aún asÃ. Continuaron con la cabalgata hasta llegar a lo que vendrÃa siendo una cantina que era de unos familiares de la familia. Ahà se detuvieron ya que querÃan ir al baño. QuerÃan también comprar algunas cosas para mantenerse despiertos. Y cuando mi abuelo se distrae un poco, va al baño, toma algunas cervezas, toma tabaco y vuelve con sus hermanos. Los tres se sientan en una mesa y los tres están buscando gente oye genero dónde está. Fue al baño, no, no fue al baño, está en la barra. No tampoco bueno, está fuera con los caballos. Tampoco empezaron a buscarlo. Fueron con un grupo de chicas que estaban en una esquina del bar porque Genaro, donde habÃa mujeres, allà iba, pero tampoco Genaro no estaba en la cantina. Mi abuelo empezó a pensar lo peor y cuando salió, cuando buscó el caballo de Genaro, no lo encontró. Le preguntó a uno de los hombres que estaban cuidando los caballos y él le dijo que Genaro habÃa tomado el suyo. Mi padre le preguntó bueno, pero se fue a la casa, tomó el camino de la derecha. El hombre le contestó que no, que Genaro habÃa tomado el de la izquierda y habÃa regresado a los campos de agave. Mi abuela estaba pensando que tenÃa que ir por él. No se llevó a los hermanos. Ãl dijo que ver solo esto más que nada para no involucrarlos. Ãl es el hermano mayor y a pesar de que sus hermanos ya sabÃan defenderse. Ãl todavÃa tenÃa este instinto protector de protegerlos a ellos tenÃan miedo de que se iba a lo mejor. Las chicas que estaban bañando eran hijas primas del propietario que estaba cerca de los caminos de agave. Era muy conocido en el pueblo, pero era conocido por su carácter. Era un don que primero disparaba y después preguntaba si, a lo mejor resultaba que aquellas muchachas sà lo estaban seduciendo o, a lo mejor, si su padre o este señor estaba cerca, si veÃan a genaro con esas dos mujeres, la iba a pasar muy mal. Si no es que antes le soltaban el plumazo. Los rancheros de antes eran muy celosos de su territorio y, sobre todo, de intrusos que hablaran con sus hijas o con sus sobrinas. Mi abuelo siguió cabalgando preparó su revólver eso sà y pensando en todo lo que le iba a decir a Genaro, todas aquellas maldiciones que conocÃa y que en ese momento se le estaban saliendo. Llegó hasta el rÃo, pero no le encontró, no estaba ni Genaro ni las muchachas. Siguió el camino de Agave, algo que lo hizo con mucha precaución, ya que en esos territorios, como ya dije, se movÃa ese tipo de familia y se te encontraban en sus terrenos. Te iba a ir muy mal. No pasó mucho tiempo cuando mi abuelo encontró la primera señal, y es que vio el caballo de Genaro yendo de un lado para otro, totalmente bronco, totalmente alterado, Ãl se bajó de su caballo. Fue hasta el caballo de Genaro y trató de tranquilizarlo, pero el caballo estaba muy nervioso. Estaba muy asustado, estaba temblando. Tardó en contenerlo. Después pensó bueno, si el caballo está cerca, debe también estar cerca. Genaro. Ãl empezó a gritar su nombre e importándole poco si las familias que estaban ahà lo escuchaban. Gritó una y otra vez, Genaro, Genaro, Dónde estás Genaro, cuando en eso escucha los gritos de su hermano. Estoy aquÃ. Estoy aquÃ. Ayúdame, por favor, Ayúdame. Mi abuelo no lo ve, no lo puede captar con la vista, Y lo único que hace es tirar tiros al aire. Tirar tres tiros con su revólver e inmediatamente cargados. De esa manera, Genaro sale de entre todo el monte, entre todo el pastizal sale corriendo, corre y corre, corre y llega hasta mi abuelo se le trepa de forma muy rápida al caballo y le dice vámonos, vámonos? Genaro tiene un pésimo aspecto. Tiene toda la ropa maltratada, Vine sangrando, vine entierrado, pero qué estás haciendo, dónde estabas, quién hizo eso. Genaro simplemente le dice vámonos. Son brujas, vámonos? Son brujas, vámonos? Mi abuelo toma el caballo de Genaro, le da una palmada y lo manda por el camino. Los caballos son inteligentes, Ellos conocen el camino a casa, asà que simplemente ellos dos se van en el caballo galopando. Y mi abuelo recuerda que mientras se iban de aquel camino, escuchaban el relinchar de unos caballos, de unos caballos que se encontraban entre el monte. No era el Suyo ni el de Genaro, que ya se encontraba más adelante en el camino. No estos relinchidos venÃan detrás de ellos y se iban acercando genaro le dice no te pares, No te pare sÃguele vámonos, vámonos, porque mi abuelo se detuvo varias ocasiones y apuntó su arma, pero no veÃa nada. Salieron de aquel camino, cruzaron el rÃo y llegaron hasta la cantina. Lo que genera les cuenta es que sà habÃa vuelto por aquellas chicas y que éstas aún se encontraban en el rÃo de manera muy coqueta. Las doce subieron al caballo, una de ellas enfrente y la otra tras de él por el camino. Dice él que ya estaba cantando victoria porque la las chicas venÃan abrazándolo, jugando con él e incluso ya besándolo. Las dos mujeres cuando en eso lo tiran al monte y lo empiezan a arrastrar al interior de éste. El rostro de aquellas mujeres cambió abruptamente ya no se trataba de ese rostro terso, de ese rostro hermoso, de ese rostro joven que una chica linda tendrÃa. Ambos rostros habÃan cambiado. Ahora tienen el rostro de un caballo el hocico. Los ojos eran mujeres con rostro de caballo. Ellas empezaron a arañarlo espantaron al caballo de Genaro lo empezaron a morder a rasguñar. Por suerte, no habÃa pasado mucho tiempo cuando estas dos mujeres se vieron espantadas por los tios que mi abuelo lanzó al aire después de estar gritando el nombre de Genaro y no verlo. Solamente de esa manera pudo salirse de sus manos. Qué pasarÃa si mi abuelo no hubiera llegado. Genero dice que lo más probable es que no estuviera contando la historia aquÃ. Un dato curioso y es que, al pasar los años, la madre de mi abuelo, o sea, la madre de Genaro, se enteró de esta historia. Los hijos se la estaban contando e inmediatamente reprendió. A Genaro le dijo tú sabes qué espÃritu es ese. Tú sabes por qué te pasó lo que te pasó. Me dijo eso es porque tú estás casado, tú tienes una esposa, tienes hijos pequeños. Lo que se te apareció no es otra cosa, sino la segua. La segua se les aparece a los hombres infieles. Primero los tienta con una escultural mujer, los tienta con la carne y una vez que caen, les da su merecido. Desde ese momento dice mi abuelo que Genaro decidió bajarle a todas esas movidas que tenÃa. Decidió que perseguir mujeres ya no serÃa su principal objetivo Al ir a las fiestas, o cuando saliera al fin y al cabo, él ya estaba casado y no querÃa que la segua se le volviera a aparecer




