2 HORAS DE TERROR PROFUNDO | MARATON DE RELATOS DE HORROR | L.C.E.

Una recopilacion de varios relatos subidos al canal que te dejaran perturbado, una exelente combinacion para disfrutar todo una tarde o toda una noche lluviosa y tetrica, en manos del horror.
Este siguiente relato criptomanÃacos viene de parte de Fabiola MartÃnez. Esto le ocurrió en el lejano dos mil nueve. Fabiola, en aquel tiempo se interesaba mucho por la medicina, pero debido a cuestiones económicas tanto de ella de su familia y también a las costosas mensualidades que es el estudio de enfermerÃa, en aquel tiempo se vio obligada a estar unos dos años trabajando más que nada para ahorrar para su colegiatura. Sin embargo, y a pesar de esto, a Fabiola, esto no lo detuvo. Ella querÃa seguir estando, si bien no podrÃa estar trabajando de enfermera, tal vez de otra cosa más que nada cercano el ámbito de la salud, se podrÃa desempeñar. Y fue asà como tomó cursos y se dispuso a entrar de para médico. Fabiola durante un año y medio estuvo trabajando de para médico estas personas que prácticamente salvan vidas, ya que su acción se requiere, que es inmediata, pues se hacen bien todos los movimientos pueden salvar la vida de alguien que estaba predestinado a fallecer en aquel accidente o en aquella enfermedad. A Fabiola esto le gustaba mucho. Claro que, conforme pasaba el tiempo, también vivió algunas experiencias, unas experiencias que fueron un tanto inexplicables. Una de estas tantas le ocurrió durante la noche. Llamaron al hospital, requerÃan una ambulancia y para médicos. Fabiola habÃa sido una de los paramédicos que habÃa ido en la llamada. Se decÃa que estaba en estado muy precario y se necesitaba urgentemente que estabilizaran a una señora de la tercera edad. Esta señora ya tenÃa ochenta y tantos años y padecÃa de enfermedades respiratorias. Obviamente, Fabiola tomó su equipo, sus compañeros también y fueron de inmediato al domicilio que le dijeron en la llamada. Al llegar al domicilio, se dieron cuenta que era una casa algo vieja, deteriorada, pero con algunos signos de cuidado. Llegaron. Funcionaron la ambulancia se bajaron rápidamente. La mayorÃa de las veces, cuando llega la ambulancia ya hay alguien esperándolos, si hay alguien herido, si hay alguien grave. Obviamente, los familiares están afuera, esperando desesperadamente la ambulancia. Extrañamente en este canto, eso no era asÃ. No habÃa nadie afuera de esta casa ni siquiera una sola persona. Los únicos que salieron fueron los vecinos que se encontraban a unos cuantos metros de la casa. Fabiol y sus compañeros empezaron a tocar el timbre, empezaron a golpear la puerta las ventanas. También empezaron a gritar que ya estaba la ambulancia ahà que salieran, pero nadie salÃa. La casa simplemente estaba callada. Lo único que se escuchaba era una canción proveniente de alguna grabadora vieja que sonaba no a todo volumen, pero de un volumen considerable que si ponÃas atención por fuera de la casa se lograba escuchar alguien estaba dentro. En fin, Fabiola y sus compañeros empezaron a preguntar a los vecinos que, conforme pasó el tiempo, se fueron acercando cada vez más. Fabiola les dijo a estos vecinos el nombre de la persona por la cual venÃan y todos los vecinos le dijeron que sà ahà vivÃa. Se trataba de una anciana ya muy enferma. Dijeron que vivÃa sola. Su marido habÃa fallecido hace más de veinte años y su hijo, por desgracia, también habÃa fallecido hace más de cinco años, vÃctima de un accidente de trabajo. Aquella, señora Rara, vez se le veÃa fuera de la casa prácticamente cuando iba a cobrar su pensión y cuando iba por el mandado, por lo que, si bien los vecinos la saludaban, no tenÃan una conversación con ella muy extensa, por lo que simplemente no sabÃan nada acerca de lo que le habÃa pasado. TenÃan dos opciones, Una era irse, ya que nadie le sabrÃa, y la otra, que fue por la que optaron los compañeros de Fabiola Ira de averiguar si alguien estaba dentro. Uno de sus compañeros abrió la ventana y se metió la casa. Si bien esto podrÃa entrar en alguna especie de delito, él tenÃa las mejores intenciones Al entrar. Se encontró con el cuerpo de una señora tirado en la alfombra de la sala. Al lado del sillón de la sala donde esta señora se encontraba tirada, habÃa un tanque de oxÃgeno. Notablemente que esta señora padecÃa de alguna enfermedad respiratoria. Necesitaba el oxÃgeno de inmediato. La levantó y abrió la puerta delantera. Fabiola y sus compañeros entraron, estabilizaron a la señora y se le llevaron con urgencia al hospital. Por más de que buscaron en la casa de forma rápida. No se encontraron con nadie. Simplemente estaba la señora tirada. Ahà algunos pensaron claro como no tienen idea de cómo se afectó la llamada tal vez que esta misma señora llamó y alerto al hospital para que vinieran por ella. Pero asi resulta que no, porque cuando llegaron al hospital se le interrogó después, para este momento la señora ya iba más o menos bien estaba recobrando el sentido. Fabiola estaba presente cuando le preguntaron a la señora lo siguiente, disculpe el nombre de la señora que faviora lo quiere mantener anónimo quién fue el que llamó al hospital. Nos pidieron una ambulancia y aquà tengo registrada la llamada. Es más yo la habÃa entendido. Le dice la Señorita de recepción más que nada, porque tengo el nombre, su nombre y la persona que habÃa llamado le pregunta esto más que nada, porque no la puede dejar ir sola. Alguien tiene que llevársela al darra de alta. Si bien no es algo muy grave, es un llamado de atención. Tiene que tener ciertos cuis y la persona que está encargada de su salud que la cuida, tiene que saber de esto. La señora la ve algo distante, pero entiende todo lo que se está diciendo. La Señorita Fabiola estaba ahà cuando esta señora le dice discúlpeme, pero yo vivo sola. No tengo a nadie conmigo. Mi familia prácticamente ha fallecido. Yo vivo sola y tuve un ataque, pero no pude marcar a nadie. Es en este momento que la otra señorita le dicen tengo un hombre registrado. Este hombre fue el que llamó y pidió la ambulancia para usted. La señorita le dice el nombre del hombre el cual habÃa llamado a la ambulancia, a la anciana. Se le empiezan a escorrer unas lágrimas, pero no son lágrimas de tristeza, sino de felicidad. Su rostro es voz una sonrisa cuando dice ese es el nombre de mi esposo. Es el nombre de mi viejo. Asà le dice el nombre de mi viejo. Voy a llamar a unos sobrinos que tengo ahà a ver si me pueden suministrar la medicina, pero va muy contenta ella dice que es su hombre, su esposo la sigue cuidando, incluso después de haber fallecido, tal y como él se lo prometió a ella en su lecho de muerte. Una historia de amor que, si bien comienza algo tétrico, termina de una buena forma, pues esta historia demuestra que, a pesar de que nuestros seres queridos ya no se encuentran aquà todavÃa nos siguen cuidando esta siguiente historia que estoy a punto de compartirles. Al menos para mÃ, es una sino la más aterradora que he contado. En lo que respecta al tema de brujerÃa, muchos de nosotros sabemos que la brujerÃa se lleva a cabo por varios motivos, ya sea por envidias, por celos, por amor, por despecho. Hay muchos motivos por los cuales una persona elija hacerle el mar a otra mediante estos métodos. Pero resulta bastante aterrador. PodrÃamos decirlo cuando esta persona la que te quiere hacer daño, está tan enfocada en hacértelo que incluso no estás satisfecha cuando tú falleces. Hay algunas personas que no importa que una persona fallezca o ya no esté en este mundo. Su odio es tal contra aquella persona que decide seguir haciéndole el mal, ya sea su familia o a esta misma persona en el más allá. El siguiente relato es algo sorprendente, pero también muy tenebroso. Espero que lo disfruten. La chica que me lo mandó quiere que su nombre se mantenga en anónimo y, por ende, dijo que le diera un hombre ficticio. Ella se llamará Luisa, o asà me referiré en ella en esta historia, ya que esta historia es muy personal de ella, pero quiere compartirla para que si al menos algunas personas tomen en cuenta del tipo de personas que pueden estar cometiéndole el mal a alguien más. Luisa acababa de pasar por uno de los peores momentos en lo que una persona puede vivir, sobre todo si es una persona muy de familia. Luisa acababa de perder a su padre. TenÃa aproximadamente algunos tres meses de que él habÃa fallecido. Ella, por obvias razones, ya no lloraba, pero se sentÃa muy triste cada vez que visitaba a ciertos lugares que su padre frecuentaba. Ella iba cada fin de semana que podÃa o incluso entre semana. Nos dejaba pasar un dÃa en la semana que no fuera el cementerio, a platicar un rato con él, cuando de pronto una noche siempre vio aviso, una noche que creyó. Era normal como otras, como otras tantas, empezó a soñar con su padre en el sueño. Su padre se encontraba en r su casa, en la casa donde ella habÃa crecido, donde habÃan crecido sus hermanos. Ãl se encontraba sentado en aquella sala, una sala muy humilde, estaba rodeado de oscuridad. No habÃa ni una sola luz luisa reconoce el lugar, ya que ahà pasó parte de su infancia. Luisa nos explica que esa parte donde soñaba su padre sentado era actualmente, cuando pasó esta historias, apenas un año. Ahora era el sótano. Su casa habÃa ido creciendo, se habÃa ido modernizando y, como otras tantas casas de familias, habÃan cambiado ciertas cosas, habÃan cambiado el sitio de la sala, el sitio del baño. Pero reconocÃa muy bien aquella parte de la casa y veÃa a su padre sentado en aquella oscuridad y reafirmó que se trataba de él. Cuando le dijo Luisa, necesito tu ayuda. No puedo irme de la casa. Algo me está reteniendo y me persigue. No veo dónde estoy, ni sé a dónde me dirijo, pero cada vez que trato de salir aquella cosa, me lo niega. Luisa no soñó esto solamente una vez. Lo soñó dos tres cuatro veces todas las noches soñaba lo mismo, por lo que al soñar todas las noches lo mismo, obviamente en cada sueño esto variaba, las palabras eran las mismas. Pero Luisa, en determinado momento, decidió pasear por toda la casa. ReconocÃa todo. Era una casa de sus comienzos cuando ella era una niña y vio que entre la casa habÃa alguien más. HabÃa un hombre, un hombre mitad, hombre, mitad cabra que caminaba por los pasillos y su padre le decÃa que precisamente aquella cosa no lo dejaba salir y que no podÃa ver entre tanta oscuridad. Era como si su padre estuviera atrapado en una especie de limbo. Después de haber fallecido. Luisa piensa, obviamente, que estos sueños han pasado ya de ser algo, algo curiosos, algo extraños, a pasar a ser completamente terrorÃficos por lo que empieza a contar a sus hermanos. Sus hermanos también tienen la pérdida de su padre, pero le dicen que, a lo mejor es solamente pesadillas que ella, al vivir más tiempo con él, de seguro, le pegó más su fallecimiento, asà que trate de controlar más que nada todos sus pensamientos. Entre el dÃa, uno de sus hermanos le dijo que, a lo mejor querÃa luz, asà que le dijo que le prendiera una veladora que él también lo iba a hacer. Pero a pesar de esto, los sueños no pararon. Continuaban y continuaban en determinado momento. Al pasar una semana Luisa, como cada semana que ella procuraba ir los fines de semana, fue al cementerio y notó la tumba de su padre, algo extraña. Ella dice que siempre han sido una familia, pues muy humilde que entre todos estaban ahorrando para poder comprarle a su padre una lápida, que no estaban pasando por el mejor momento económico, pero que habÃan hecho sus mejores esfuerzos por darles santa sepultura y que lo que reposaba arriba de la tumba de su padre eran simplemente piedras, unas piedras muy hermosas, blancas y grises que simulaban una lápida y una cruz que tenÃa su nombre marcado. Claudia va cada fin de semana y debido a esto recuerda muy bien todos y cada uno de los lugares de las cosas en la tumba de su padre. Ella iba cada fin de semana y arrancaba a las plantas que van creciendo, los matorrales que iban creciendo. Recordaba muy bien la posición de las piedras y Fue en este momento que se dio cuenta de que la tumba parecÃa algo extraña. HabÃa sido como que movida. Si bien habÃa plantas que habÃa crecido, estaban como que fuera de lugar arrancadas. Incluso las piedras no estaban en el mismo sitio en las que siempre Luisa las veÃa. Era como si hubieran movido por completo aquella tumba. Esto le pareció extraño, pero debido a esto mismo optó por ir a visitar a su padre en aquel lugar en donde siempre lo veÃan sus sueños. Al dÃa siguiente, Luisa entró a su antigua casa. En esta casa no habÃa nadie en esta casa. Cabe decir que se mantenÃa en renta. Todos sus hermanos habÃan crecido. Su madre habÃa partido antes que su padre y su padre antes de fallecer se la pasaba más que nada, viviendo con sus hijos. No es que no tuviera casa y tenÃa su casa, pero para él y para ellos era mejor tenerlo cerca, además de que convivÃan mejor. Aquella casa habÃa estado solitaria durante dos años desde que habÃa fallecido su madre. Era una casa ya grande, mucho más grande de cuando ella era apenas una niña. Bajó al sótano y caminó por todo el piso de tierra hasta que llegó por fin al lugar donde veÃa a su padre en los sueños. Ella trató de hablar con él. Le dio bastante sentimiento, pero esto solamente duró unos minutos, porque Luisa captó inmediatamente un olor extraño que provenÃa del sótano. Ella dice que era un olor algo raro, un olor como a plantas, un olor como a varios brebajes. Ella dice que no era sociedad, que no era ese tÃpico olor como a polvo a guardado que tendrÃa que tener el sótano. Era un olor diferente y simplemente estaba concentrado en aquella parte de la casa, en aquella parte del sótano, a ver si pueden ser pesadillos lo que está soñando Luisa, pero ella empezó a unir cabos. Esto es demasiada coincidencia como para pensar que no está pasando nada. Algo está pasando y mi padre, entre sueños, me está pidiendo ayuda. Algo le está pasando. Luisa continúa teniendo estos extraños sueños hasta que opta por contratar a alguien, a alguien que era conocida, por ser medium y por trabajar en este tipo de cosas. Al llegar lo más pronto posible, esta mujer le dijo que algo mal lo estaba pasando en la casa, que en sà en sà no era para la casa, era para alguien que su padre estaba siendo atormentado, incluso después de haber fallecido, que esto no era cosa de alguien inexperto, que esto no era cosa de cualquier bruja que ofrece a sus trabajos en cualquier lugar, que esto habÃa sido hecho por alguien muy poderosa y que tenÃa mucho conocimiento. Luisa le empieza a preguntar, pero cómo es que puedes hacerle brujerÃa a alguien que ya no está la bruja explica lo siguiente se requiere en cosas obviamente del fallecido y que se requiere un lugar donde este haya dejado una muy fuerte energÃa. Son dos cosas que son difÃciles de encontrar. No es como que fuera su auto, no es como si fuera su ropa, no necesita algo donde haya dejado mucha energÃa, tanto en su vida como después de esta su casa habÃa estado sola durante dos años, Ya habÃa sido lugar perfecto para llevar a cabo este trabajo. Luisa ba de nuevo el sótano baja y empieza a buscar de seguro que hay alguna prenda, de segura, que hay veladoras. No de segura. Aquà hay algún artilugio de brujerÃa, como estamos acostumbrados a ver cómo es son los conjuros de brujerÃa, cómo son los trabajos. Pero ella no vi nada extrañamente registra toda la casa y aún asà no logra encontrar nada, absolutamente nada. No fue hasta que se acerca de nueva cuenta a aquel lugar donde siempre veÃa a su padre sentado que ahora era simplemente una esquina del sótano y nota que aquel aroma está muy penetrante. Ahà precisamente en ese lugar. Luisa, en ese momento sube al patio, toma una pala del jardÃn y baja de nueva cuenta hacia el sótano, empieza a excavar, excava y excava todo lo que puede para este momento. Llega a su hermano, le empieza a ayudar y se encuentra con una bolsa, una bolsa negra, seguidas de otras pequeñas bolsas que despedÃan un olor totalmente desagradable. Luisa, lo que piensa en un principio es que, de seguro, esa es la brujerÃa que de seguro tienen prendas del padre, tienen algún libro, algo, pero la brujas adelante dice que no, que aquello que está ligando a su padre a aquella casa es algo muy pero muy Ãntimo. Es impresionante, ya que no lo deja salir. Lo tiene muy bien agarrado, asà que ya le dicen no puede ser una prenda, debe ser algo más importante. Al momento de que sacan aquellas bolsas, comiencen a notar que éstas tienen algo duro, que vienen adentro de ellas, algo duro, pero de diferentes formas. Con el tacto empiezan a notar de qué se trata. Esperaron a que llegaran los demás hermanos bajaron y cuando todos estaban presentes, abrieron aquellas bolsas. Luisa dice que se llevaron la sorpresa de su vida hace como también el desagrado el odio. Jamás todos juntos habÃan experimentado tanta furia, asà como también asco lo que se encontraba dentro de las bolsas Eran huesos, huesos que seguramente eran de su padre. Fueron al cementerio totalmente enojados, desenterraron el cuerpo de su padre, abrieron el ataúd y el olor que expedió fue totalmente desagradable. TodavÃa era un cuerpo que estaba en algunos momentos de descomposición y los huesos habÃan faltado. Alguien habÃa entrado al cementerio, habÃa desenterrado la tumba y le habÃa quitado varios huesos a aquel cuerpo difunto. Obviamente, esto no pudo haber sido labor de una sola persona, sino de varias. Se empezó a hacer el revuelo y el cementerio se hizo cargo, pusieron más seguridad. Luisa no olvida esta experiencia. La bruja hizo lo suyo, hizo algo de sanación y gracias a que los huesos de su padre ya no se encontraban en su casa. Finalmente, Luisa pudo dejar de soñar con él. Ella quiere pensar que por fin logró salir de su propia casa, aquella casa que habÃa querido tanto en vida y que tras fallecer se habÃa convertido en su prisión en esta ocasión cripta manÃacos. Esta historia pertenece a un par de ancianos. Era una pareja ya muy mayor. TendrÃan aproximadamente algunos ochenta años o pegando incluso a los noventa. Ellos habÃan pasado buena parte de su vida viviendo en el bosque o al menos en zonas rurales. Obviamente, al casarse, al tener hijos familia se emigraron durante una parte de su vida hacia la ciudad más que nada para que sus hijos pudieran estudiar sin tanto problema. Una vez que los hijos crecieron, que tuvieron sus familias, ellos decidieron volver al bosque, al bos de Virginia. El marido tenÃa una propiedad ahÃ, una propiedad que venÃa de generaciones atrás. HabÃa partiendo decido a su abuelo, a su padre y ahora le pertenecÃa a él y probablemente se lo dejarÃa a uno de sus hijos más a futuro. Esto era una casa, una casa en el bosque. No era una cabaña, era una casa grande. Al estar ambos ancianos pensionados decidieron volver al bosque para pasar ahà plácidamente sus últimos años de vida. Hay mucha calma en el bosque y estas casas son las tÃpicas casas de bosque. O sea, no hay bardas, no hay rejas, no hay vallas. Prácticamente te acostumbras al sonido de la naturaleza a coexistir con la naturaleza. Como dije antes de esta pareja, no era algo jeno para ellos. Pero, conforme pasó el tiempo, empezaron a acoplarse tanto la naturaleza que empezaron a distinguir los sonidos de ésta. El pájaro carpintero el sonido de la brisa en la tarde, en la mañana e incluso los saltos de algunas liebres los ciervos. Tanto asà que cuando escuchaban que un auto se acercaba a lo lejos por el camino de tierra, que llegaba una carretera, lo escuchaban incluso minutos antes y no era que tuvieran un super oÃdo. Simplemente que ese sonido rompÃa con toda la armonÃa, toda la calma del bosque. Debido a que esta pareja ya se habÃa acoplado muy bien el anciano, el marido tomaba la decisión de tener caminatas durante la tarde noche. SalÃa a caminar por eso a las seis de la tarde y llegaba aproximadamente a las siete y media u ocho de la noche cuando estaba oscureciendo o acaba de oscurecer. Durante estas caminatas empezó a escuchar algo raro. Primero, lo que escuchó fueron una especie de gritos gritos que provenÃan de una parte del bosque, pero eran como gritos ahogados. Era como si una persona gritara y enseguida el grito se parara de golpe como si le taparan la boca. Ãl cuenta que este tipo de situación no es ajena para él. De hecho, ya le habÃa pasado otras veces, pero resulta que eran jóvenes y si se parecÃa a las otras veces, él lo querÃa ir a investigar, jóvenes que estaban pasando el rato muy probablemente novios. Entonces él sigue adelante. No le presta atención y trata de sacarse de la cabeza esa imagen. Obviamente, creo que todos sabemos lo que ese anciano pensaba en ese momento, que era lo que estaban haciendo, pero passi resulta que escuche estos gritos todavÃa por la mañana y algunas veces por la tarde. Este anciano cuenta que, a lo mejor lo escuchó por acaso algunos cuatro meses, cinco meses, no todos los dÃas, pero tal vez sÃ, una vez a la semana o una vez cada dos semanas. A él le parece extraño tanto, asà que le contó a su esposa. Su esposa estaba notablemente peor de salud que él, por lo que más que nada por sus articulaciones, le impedÃa salir a caminar junto con él. Pero en una ocasión cuando se sentÃa muy bien, dijo ok, vamos a caminar un rato y si se escuchan esos dichosos gritos que tú dices, vamos los dos a ver si son una pareja de jóvenes que ya se ensañaron en esta parte del bosque, pues le decimos que se vayan. El esposo acepta huelga a decir que esta pareja era muy silenciosa, a no ser que viera a su casa en entre el bosque tú no te percatarÃas ni siquiera de la existencia o de la presencia de ellos. Eran unas personas muy silenciosas. Hablaban claro, pero rara vez encendÃan el televisor, rara vez ponÃan música. Les gustaba mucho estar en silencio. Esto podrÃa ser una razón del por qué esos gritos no se percataban, de que habÃa personas cerca. La pareja caminó, caminó y caminó y caminó y esa tarde no se escuchó nada, pero el marido no estaba para nada satisfecho con ese caminata. A él ya le corroÃa la curiosidad de saber por qué tanto alboroto, de saber por qué te escuchaban esos gritos. Y precisamente en el mismo lugar de siempre. No es porque estos gritos se cambiaran de lugar. No era en un lugar especÃfe tantas veces que lo habÃa escuchado, habÃa logrado localizar que venÃa del mismo lugar siempre y debido a esto le dice a su esposa. Yo ya sé dónde provienen y si vamos a ver y si vamos a checar, todavÃa estaba el sol, ya se estaba ocultando, pero aún alcanzaban a llegar a la casa. Se iban a ir de dos modos, La esposa acepta y van los dos ancianos caminando hacia el lugar donde se escuchan estos gritos. Llega a un punto en que el marido dice que a lo mejor se extravió, se perdió, pero para nada iban por el camino correcto. Encontraron pertenencias, pertenencias de una mujer por lo que ambos pensaron mira, pues sÃ, tal vez es una pareja de novios y se les olvidaron las cosas aquÃ. Pero mientras más pasaban en ese lugar, más todo lo que veÃan se tornaba en algo más oscuro, obviamente, inspeccionando las cosas e incluso con la pierna simplemente para ver qué era lo que habÃa. Notaron que no eran las pertenencias solamente de una chica, sino de varias bolsos, carteras, algunas botas que se encontraban ya deterioradas, que habÃan pasado ahà unos dÃas, incluso rasgaduras, de prenda, de vestidos, de playeras, anillos. Todo era perteneciente a una mujer, pero no de una sola de distintas haciendo cálculos. Tal vez habÃa pertenencias a algunas siete mujeres, ocho mujeres, pero no estaban puestas al azar. Estaban ocultas entre los arbustos. Estos ancianos empezaron a a buscar entre los arbustos y se encontraron con más cosas. Obviamente, estos los alertó un poco. Empezaron a tener malos pensamientos, a pensar lo peor y con justa razón, llegaron a su casa. Marcaron al novecientos once y la policÃa llegó en cuestión de minutos. Varias carteras de diferentes jovencitas las identificaron y después por la zona empezaron a peinarla. Como se les dice, empezaron a buscar grande. Fue la sorpresa para esta pareja, que simplemente querÃa pasar en el bosque cuando la policÃa les dijo que habÃan encontrado los cuerpos de cuatro jovencitas enterrados en el bosque cercanas a las pertenencias que ellos habÃan encontrado. Y sÃ, las pertenencias que ellos habÃan encontrado pertenecÃan en una parte a estas jovencitas. Asà resulta que lo que encontraron esta pareja no era el nido de amor de un par de novios. Era suso la mente el lugar donde una persona acababa con la vida de estas jovencitas. Ocultaba toda la evidencia y a veces ocultaba los mismos cuerpos cercanos a esa zona, sin darse cuenta ni siquiera que una pareja estaba a escasos metros viviendo de donde él habÃa elegido como su lugar para ejecutar a todas sus vÃctimas. Esta además decir que la pareja de ancianos se mudó por completo. Ahora vivÃan en la ciudad en uno de los departamentos que ellos tenÃan. Este evento le eliminó por completo las ganas de volver al bosque. Esta siguiente experiencia viene de parte de Pa Pablo Alameda. Pablo nos dice que esto le pasó cuando era un niño, no hace tanto tiempo. Ãl ahora tiene treinta años. Esto pasó hace aproximadamente algunos veintidós años, cuando su familia lo acostumbraba a llevar a la casa de sus abuelos, sobre todo en vacaciones, y precisamente todos los primos menores, los primos más pequeños, se reunieron aquella ocasión. Todo se habÃa conjugado, todos habÃa unido y eran vacaciones de semana Santa. En aquel tiempo tenÃan la costumbre de que al reunirse a los primos salÃan a jugar alrededor de todo el rancho. Los primos tenÃan una cierta reunión que siempre hacÃan, sobre todo cuando se unÃan todos los más pequeños. En aquel tiempo, Pablo tenÃa algunos ocho años, el que le seguÃa tenÃa siete, y después los primos que se encontraban ya algo o mayores, Uno tenÃa diecisiete y el otro tenÃa dieciséis años. Juntos, los cuatro se fueron a pasar el rato a unos ciertos juegos que tenÃan en la parcela de su abuelo, columpios, en los árboles, ciertas montañas de arena con las que se divertÃan. Y además, está decir que la familia, la verdad es que no se preocupaba mucho. Se habÃan ido en una camioneta, una camioneta que les sobraba ahà en la familia, una camioneta algo vieja, una fort algo bastante oxidada, pero que todavÃa se movÃa. Arrancaba bien. Pasaron el rato, pasaron las horas divirtiéndose Cuando inevitablemente, el sol se ocultó, les cayó la noche y tenÃan que regresar a casa. Pablo se sube a la camioneta en la cajuela. Era una camioneta picop a. Ãl le encantaba subirse en esa cajuela, sobre todo porque sus padres no lo dejaban subirse, pero a sus primos si lo dejaban enseguida, se le su otoño y al frente en la cabina iban los dos adolescentes. Sergio él que iba manejando diecisiete años y a su lado, Luis, otro joven de dieciséis años, empezaron la marcha rumbo otra vez para la casa del abuelo, donde toda la familia los estaba esperando. De seguro. Comenzaron el camino de vuelta a la casa de los abuelos. Este camino era un camino de terracerÃa. Por supuesto, su primo de diecisiete años sabÃa conducir, pero no tenÃa esa habilidad para manejar la camioneta. Tanto asà que iban saltando entre los bordes. A Pablo esto le gustaba era un niño, ya era de noche. Debido a todo el tambaleo de la camioneta, a la plática que tenÃan si iban riendo, si iban jugando, cuando de pronto la plática que tenÃan Pablo y toño. Los dos niños que en la cajuela se detiene, se detiene por completo y es que ambos se percataron de algo estaban hablando cuando de pronto ven un destello lo vieron reflejado en la cajuela de la camioneta. Fue un destello que pasó muy rápido por arriba de ellos les llamó la atención. Tanto asà que dejaron de platicar. Tanto pasó de largo. Pablo y Otoño se quedan mirándose uno al otro y luego después alzan la mirada hacia arriba, hacia el cielo. No hay nada huelga decir que en estos tipos de ranchos no hay nada de luz. Básicamente lo único que te da la luz de la luna y más en sus caminos, que están algo retirados del pueblo. Ellos dejan de platicar y empiezan a buscar. Qué habÃa sido eso? Qué habÃa sido ese destello. La luz que vieron no provenÃa de la luna. Fue un destello rojo con amarillo, una luz que pareciera ser la de un fuego. Era un fuego que pasó muy rápido por arriba de ellos. Estaban mirándose, estaban pensando qué habÃa sido. Cuando de pronto empiezan a notar que la camioneta empieza a disminuir y disminuir la velocidad hasta que de pronto se detiene. Ãl empieza a decir, pero bueno, qué pasó. TodavÃa no llegamos. Estamos muy lejos todavÃa de las luces del pueblo. Nos queda más de la mitad del camino. En este tipo de camionetas una ef cientos cincuenta hay un vidrio o detrás de los asientos donde va el copiloto y el piloto Pablo se estira abre la ventana y les empieza a preguntar a sus primos por qué se detienen ellos no quieren decir nada. Simplemente están mirando hacia enfrente. Uno de sus primos empieza a golpear al otro en el hombro y le dice creo que deberÃas de dar vuelta en no da vuelta y cuando ya estés de frente acelera todo lo más posible y y vámonos de aquà hay que tomar. El camino del rÃo. Era un camino el cual rodeaba ese era más largo y tardarÃan más. Pablo no sabÃa por qué tenÃan que tomar esta decisión si ya venÃan por este camino. Cuando de pronto ve hacia enfrente donde están viendo ellos y se percata de algo que no habÃa visto, hay un grupo de mujeres enfrente en el camino. Están rodeando lo que pareciera ser en un principio, una especie de fugata. Las mujeres y le pones atención, dice Pablo estaban gritando estaban riéndose, estaban cantando, HabÃa muchas sombras, pero saben que todas eran mujeres por la voz que ya se emitÃan. Pablo se sale de la cabina con sus manos, agarra el techo del auto y ve por encima de este otoño. Hace lo mismo, los cuatro primos estaban viendo aquel espectáculo macabro en un camino solitario en la noche, y fue cuando les puso más atención que se percató de que lo que estaba en el centro de aquellas mujeres no era una fugata. No estaban bailando ni regocijándose en una fogata. Era fuego, sÃ, pero era un fuego que provenÃa de dos bolas, de dos bultos que estaban en el centro de ellas. Este fuego estaba sostenido por un metro en el aire. Eran dos bultos encendidos en fuego que estas mujeres rodeaban y bailaban alrededor en ese momento Pablo estaba embobado. Su primo habÃa detenido la camioneta y habÃa pagado las luces, pero el motor no lo habÃa pagado. El motor lo mantenÃa encendido. Y fue que escuchó que el otro primo le dijo da la reversa, da la vuelta, pero no enciende las luces. Y después, cuando ya estamos de recto, le aceleras y enciende las luces para que vea el camino. Ãl siente como la camioneta se mueve, está dando la vuelta, pero Pablo sigue mirando a aquellas mujeres un cierto terror y escalofrÃo. Le recorre su cuerpo. Es la primera vez que siente algo asÃ, cuando de pronto siente una mano, una mano que lo está agarrando por de dentro de la camioneta. Es su primo lo está jalando de la playera y lo está metiendo por la ventana dentro de la cabina luego se estira y agarra toño y lo mete por dentro usa la ventana. Ellos caben. Son niños, caben perfectamente por esa ventana. Sabe muy bien que su primo le va a acelerar y ellos salir en la cajuela de la picop Debido a la velocidad y debido a los baches que se van a enfrentar. Es un camino de terracerÃa. Se pueden caer. Dicho y hecho, empiezan a acelerar y empiezan a rebotar como nunca. Pablo dice que iba en el piso de la camioneta, es decir, iba en los pies de su primo agachado como que ocultándose igual toño, él dice que contó siete bultos de fuego que pasaron por encima de la camioneta aún cuando iban en un camino diferente. Se tomaron cuarenta minutos para regresar a la casa de sus abuelos, tomando el camino largo y estos bultos de fuego no dejaron de seguirlos. Pablo dice que contó siete, pero su primo, el que iba en la cabina sentado mirando hacia el cielo como monitoreándose y todo viniera bien, mientras que el otro iba todo nervioso conduciendo. Dice que le contó diecisiete bultos, que eran los que los estaban persiguiendo en aquella ocasión. Al llegar con sus padres. Obviamente, ellos se enojaron mucho con ellos y por primera vez sus abuelos también estaban muy molestos y les dieron una advertencia, una advertencia que hasta ahorita la siguen recordando. Es semana sano no vayan a esos lugares en estas épocas. Lo que viene siendo semana Santa veinticinco de diciembre, son épocas que se tienen que festejar. Pero tanto como las brujas como otras cosas las usan para hacer contactos o reuniones con fines blasfemos no vuelvan a ir hasta las parcelas de noche. En semana Santa Pablo se quedó con esta advertencia y más nunca fue las parcelas en esas épocas. Tampoco sus primos. Este siguiente relato, o más bien dos relatos, vienen de parte de Luso Fas Fernando. Luis Fernando, buena parte de su vida le interesó mucho el trabajo de para médico y cuando cumplió treinta años después de tomar unos cursos por fin, trabaja como para médico al menos un tiempo. Ãl dice que a lo largo de estos sueños trabajando escuchó de muchas historias. A él en lo personal solamente le pasó una, pero que a sus compañeros casi siempre le pasaban, sobre todo en el turno de noche, Pero con esta experiencia que le pasó a él dice que le basta. Le sobra para ya no querer vivir ninguna experiencia más. Ãl, como la mayorÃa de casos, le tocó vivir esto durante la noche, en el turno nocturno, reciben una llamada y, para su mala suerte, era la primera vez que acudÃa a un accidente como estos. Se trataba de un choque una carambola era en fin de semana. Muchos conductores iban en el estado de ebriedad y, por desgracia, no era tan tarde. Irán aproximadamente las once de la noche poco más pasadas. Por ende, al ser un horario todavÃa algo temprano dentro de lo que cabe, este accidente también dio como resultado en algunas numerosas pérdidas de vida, pero de niños infantiles. Una familia tan bien habÃa sido una de las vÃctimas de este choque Luis llegó a la escena y dice que lo que vio lo dejó traumatizado. Hay escenas que prácticamente hasta el dÃa de hoy no puede sacárselas de la cabeza. Iba preparado para verlo, pero obviamente, en prepararte y ni imaginarte lo que te vas a encontrar otra cosa ya es verlo. Pero dentro de todo esto, él dice que aquella vez hubo algo de esperanza, porque lo que vio entre todos el escombro de los vehÃculos, entre todas las alarmas encendidas, los gritos de personas que se encontraban mirando todo el accidente. Desde los puentes cercanos peatonales y desde la banqueta de la carretera, se encontró con un niño, un niño que, según él, él vio que este niño se movÃa. Este niño estaba vivo, estaba peleando por su vida. Luis no lo piensa ni dos veces Luis va directo con él lo revisa y él está casi seguro de que este niño simplemente no sabÃa quebrado nada. Estaba con algo de dolor en la cabeza, pero él siente el Presidente dentro de sà que tiene que llevarlo de inmediato al hospital. Le pide ayuda a un compañero suyo lo pone en la camilla y en cuestión de segundos, la ambulancia suena y ya se encontraba Luis adentro con el niño en camino ya al hospital. Ãl era el único paramédico que iba con este niño, ya que sobre decir que tal vez los padres no habÃan corrido con la misma suerte. Cuando iban por el camino, él dice que iba, pues checando sus signos vitales. Se encontraba en estado muy precario y es aquà en este punto que el niño se despierta. El niño se despertó a mitad del camino. Mira a Luis con ojos de terror, de terror absoluto, de pavor absoluto, pero no lo ve a él. Luis capta que si bien su mirada está hacia él, no le está mirando a él, está mirando sus espaldas. Este niño empieza a moverse, a moverse como puede. Luis obviamente va con él trotatar de tranquilizar lo, trata de estabilizar en la camilla este niño que aproximadamente tendrÃa algunos siete a nueve años, no más. De eso toma a Luis fuertemente de su muñeca y le dice, por favor, No dejes que me lleve. No dejes que me lleve ella ya se llevó mis papás. No dejes que me lleva a mà también. Luis, obviamente, trata de calmarlo. Piensa que tal vez es algún trauma que trae del choque es alguna alucinación debido al el golpe que se habÃa pegado en la cabeza. Luis y este niño forcejan un poco, él tratando de contenerlo y el niño tratando de escapar de algo. Al momento de que la ambulancia estaba entrando ya al hospital, este niño simplemente cae inconsciente. Tal parecÃa ser que la sorpresa fue demasiado. Luis baja la camilla con ayuda de otros compañeros que estaban ahà y corre de inmediatorgencias donde otro personal se hace cargo del cuerpo, pero él nota a la distancia que, si bien toma en la camilla y recorren con ella un largo trecho del hospital, se detienen y están parados ahà durante unos minutos. Luis es alguien que tiene mucha empatÃa por los niños en general, por la vida humana y al ver a ese niño que necesita ayuda médica y no está siendo atendido rápidamente. Obviamente, esto entra en crisis. Se desespera camina hacia la camilla de este niño y va con uno de los paramédicos, uno de los enfermeros también y les dice por qué no la ayudan, por qué no lo meten a urgencias, por qué no lo estabilizan. Luis se lleva una sorpresa cuando el enfermero le dice es que no tiene remedio. Ya lo examiné y el médico no tarda en llegar ya. De hecho, ya ahà viene, ya viene un médico. El niño no tiene signos vitales y creo que ya lleva asà un buen tiempo. Obviamente, Luis se queda pensando las cosas, pero eso no puede ser. Yo hablé con él hace apenas unos minutos. Entramos al hospital y él cayó inconsciente. Yo estuve hablando con él por todo el camino. El médico llega en cuestión de segundos examina el niño, se lo llevan urgencias, pero a cuestión de algunos cinco minutos, cuatro minutos, el médico vuelve a salir y las palabras del médico son las siguientes. El niño ya habÃa fallecido y aproximadamente tendrÃa alguna media hora. En ese momento, Luis trata de hablar un poco con el médico, explicarle que ese niño habÃa hablado con él en el camino de la ambulancia. El médico simplemente la atina a decir que actó de la manera correcta, pero que a veces para este tipo de situaciones no hay nada lógico, todavÃa algo que la ciencia puede explicar. Pero simplemente ocurre el médico. Un hombre de ciencia le dice a Luis que que si se siente un poco mal que rece por el alma del niño y que se haga la idea que cuando habló con él, este niño ya habÃa fallecido. Lo hice en ese momento. Asumió que habÃa hablado con un niño que prácticamente ella habÃa perdido la vida, pero no sabÃa de qué estaba hablando aquel niño, de qué está bullendo. Antes de que le dejara de hablar, este niño escapaba de algo. DecÃa que algo se lo querÃa llevar. Cuando iba en la ambulancia, después de hablar con algunos para médicos compañeros de él, le explicaron que de lo que venÃa huyendo era prácticamente la muerte y que no habÃa sido la primera vez. Y claro que no iba a ser la última que iba a escuchar de esas historias, pues cuando uno trabajaba en hospitales, ya sea es para médico, enfermera, médico presencias, muchas historias sobre este ente que va por las almas de las personas que ya están en sus últimos dÃas de vida, como la historia que estoy a punto de contarles esta vez proveniente de un amigo, un compañero de Luis que también es para médico. Luis quiere mantener el nombre de su amigo en anonimato. Ãl dice que era una ocasión él se encontraba en el turno nocturno su amigo y su compañero. De hecho, esta historia viene antes incluso de que Luis entra a trabajar con ellos. Su amigo todavÃa es más veterano que él. Lleva más años trabajando para médico que él, y en una de estas ocasiones llegaron al hospital un par de novios, una chica y un chico que iban en estado demasiado grave. HabÃan tenido un choque automovilÃstico. Ãl era uno de los paramédicos que se contaban en el hospital. Obviamente, al llegar a la ambulancia ayudó a sus compañeros a bajar a estas dos personas. Ãl dice obviamente se veÃa que iban respirando, se veÃa a que lla iban sufriendo. Estas dos personas son introducidas y empezaron a luchar por su vida y llevan en estado muy grave. El amigo de Luis cuenta que aquella noche él se quedó afuera en ese pasillo. No hay una razón en concreto. Simplemente se quedó ahÃ, habÃa unas salas de estar y no habÃa personas. Era una noche muy callada. Ãl se encontraba sentado ahÃ. Cuando de pronto se da cuenta de algo en esa sala de estar que no habÃa nadie alrededor, casi se encuentra una mujer, una mujer que iba vestida de una forma extraña, casi por completo de negro, pero él no logra diferenciar las prendas que esta mujer traÃa. No sabe hici era un vestido, No sabe si era un pantalón, una blusa. Esta mujer estaba sentada en determinado lugar en la oscuridad que no podÃa ver con claridad que era lo que traÃa, puesto lo único que sabÃa a menos hacÃa la vista es que bestia de negro, vestÃa de puro color oscuro. Su cabello caÃa por ambos lados, cubriendo de cierta forma su rostro. El amigo de Luis, obviamente, estuvo ahà unos minutos y al ver que esta señora no se movÃa, simplemente fue con ella. Le preguntó si tal vez era familiar de los novios que habÃan entrado, si requerÃa información o algo. PodÃa pedÃrsela a él o pedÃrsela a una de las enfermeras que en unos breves minutos saldrÃan de aquella sala. Seguramente, ella tendrÃa una respuesta si se estabilizaron, si es que todavÃa están en estado muy precario o una mala noticia. Pero para su sorpresa, para su mala suerte, esta mujer no le respondió. Esta mujer seguÃa agachada, mirando hacia el piso y cuando el amigo de Luis trató de hacer contacto visual con ella, parándose enfrente de ella, él dice que aquella extraña mujer alzó su rostro y lo vio fijamente. Era la cara de una mujer, pero con su piel pegada a los huesos formando una calavera, sus dientes se podÃan ver a través de sus labios. Sus labios no estaban carnosos. Era como papel pegado. Esta mujer no tenÃa ojos. Estos parecÃan que eran inexistentes. Solamente tenÃa un par de cuencas. Su pier por otro lado, era marrón, pero también con algo de arrugas y pegado al esqueleto. Era prácticamente una calavera con una pequeña capa de piel sobre ella cubriéndola. Este amigo de Luis no soporta la sorpresa tanto, asà que dice caer desmayado en aquel pasillo, en aquella estancia. Es recogido y ayudado por una de las enfermeras que estaban por ahà a levantarse que él dice que fue a lo mejor algunos cinco o seis minutos da aviso a los guardia de seguridad que se encontraban ahà con él, que habÃa alguien que se habÃa metido al hospital, que era alguien extraño, que le habÃa propinado algo para que se desmayara. Ãl no les cuenta de la calavera, Ãl no les cuenta nada. Simplemente que hay un intruso. Los guardia de seguridad se ponen en marcha a buscarlo, pero por obvias razones, no encuentran nada. Esto lo comparte simplemente dÃas después a todos los otros para médicos. Los novios que habÃan llegado aquella noche no habÃan sobrevivido ni siquiera. Unas pocas horas después fallecieron casi uno enseguida del otro. Aquella noche, el amigo de Luis dice que él y se vio frente a frente con la muerte que aquella noche iba por el alma de aquellos dos enamorados. Este siguiente relato criptomanÃacos viene de parte de Francisco Victoria. Francisco recuerda esto muy nebulosamente. Fue algo que le pasó en su infancia cuando vivÃa en el rancho con sus padres, ya hace muchos años. De esto, él nació por eso de los setenta en mil novecientos setenta y uno. Ãl vivÃa en una casa de campo. Su padre era dueño de varias parcelas. TenÃa varios empleados estaban acomodados económicamente. Debido a esto, su padre era alguien ocupado. También su madre le ayudaba de vez en cuando, por lo que para Francisco no era algo tan anormal que sus padres salieran en determinadas horas. Ellos no tenÃan honorario. Si se dificultaba algo entre la mañana, entre la tarde, entre la noche o madrugada. Incluso ellos tenÃan que ir a ver dar una solución al problema a sus negocios, a sus parcelas. Le iba muy bien a su padre, por lo que en una ocasión, cuando estaban cenando, eran aproximadamente las ocho o nueve de la noche. Ya aparece a horario a personas de rancho es algo tarde recibieron una llamada. Ambos padres, tanto la madre como el padre, le dijeron a Francisco que terminan la o cena se tenÃa que ir a dormir, ya que tenÃa escuela. Al dÃa siguiente ellos iban a salir, pero solamente por un rato máximo por una hora. Era algo muy urgente que tenÃan que atender. Los dos en cuestión de minutos tuvieron que abandonar la casa. Dejaron a Francisco, Solo Francisco en ese tiempo tenÃa diez años, pero él dice que habÃa una razón para dejarlos. Solo. No era la primera vez. No era un niño. Ãl ya sabÃa lo que era trabajar, cuidarse y, sobre todo, seguir reglas. Ãl seguÃa a pie de la letra cada regla que sus padres le ponÃan. Al dÃa siguiente era viernes, asà que decidió desvelarse un poco, tan solo unos minutos antes de que llegaran sus padres. La casa de Francisco era rodeada por una barda y los padres, antes de irse, soltaron a los perros los perros que tenÃan ellos eran pastores alemanes, además de otros que también se dedicaban al pastoreo. No eran perros muy sociables, no eran perros a los que les gustará tener visitantes. De hecho, cuando llegaban personas, ellos los tenÃan que amarrar, Eran perros muy bravos y eran siete perros en total, por lo que el padre de Francisco iba con total certeza de que nadie se iba a meter, nadie se atreverÃa a hacerle frente a siete perros, sobre todo muy bravos, y que estaban entrenados para atacar si era preciso. Francisco dice que enciende aquella televisión, una televisión la única televisión que tenÃa en su casa, una televisión algo chica, pero pegándole casi a grande en blanco y negro, una televisión de foco que le tenÃas que dar vuelta para encenderla. Ãl no dice que tanto tiempo pasó. No está muy seguro de esto, pero comienza a escuchar que los perros a las afueras están al algo alterados. Ãl escucha como de la nada empiezan a ladrar, ladran y ladran de forma como para atacar a alguien. Empiezan a rugir, empiezan a moverse de un lado a otro. Ãl escucha cómo corren de un lado a otro. Francisco piensa que hay alguien simplemente que está de seguro en la barba hablando, por lo que no le presta atención. Sus padres le has dicho que si él se encuentra solo en la casa y alguien está hablando que no salga, obviamente le hace caso esto tardo o temprano, aquella persona se tiene que ir, pero los perros no se callen. Los perros siguen y siguen ladrando y después ocurre algo que a Francisco jamás le habÃa tocado experimentar. Ãl dice que jamás en su vida hasta ese momento y después de esta experiencia, jamás lo vuelve a escuchar que esos perros, esos perros tan bravos, empezaron a chillar, a chillar y a chillar despavoridamente todos como si estuvieran corriendo, como si estuvieran huyendo de algo, como si sintieran miedo. Después de escuchó como estos perros empezaron a aporrearse. Para este momento, Francisco ya habÃa pagado la televisión, se habÃa subido a su cuarto y se encontraba tapado con sus sábanas. Sea lo que sea, que habÃa estado por fuera, Francisco sabÃa obtener presentimiento de que habÃa entrado. Ahora los perros empezaron a aporrearse y, para la desgracia de Francisco, la ventana que él tenÃa en su cuarto, no daba ni siquiera el patio donde ellos se encontraban, por lo que arrastrándose a gatas por la escalera, bajó un poco y sostuvo la mirada a la puerta trasera de la casa. Era una puerta que daba onda directamente hacia la cocina. Por ahà podÃa haber tan siquiera una parte, una mÃnima parte, del patio donde aquellos perros se encontraban. Para este momento, los perros habÃan cesado con sus ladridos. Ya no se escuchaba nada. Estuvo ahà unos minutos esperando cuando de pronto algo una silueta se paró enfrente de aquella puerta e hizo contacto con él. Francisco es un niño, pero es un niño muy inteligente. Ãl se encontraba en un punto ciego, en un descanso de la escalera, donde éste estaba cubierto por oscuridad. Ãl sabÃa ese punto ciego de la casa él vive ahà sabe muy bien donde él puede ver con total paz sin ser captado. Ãl sabÃa que no lo podÃa ver. Estaba cubierto por la sombra, pero él si podÃa ver aquella cosa. Francisco dice que lo que vio aquella noche era un hombre, un hombre alto, pero cubierto con una especie de plumaje. Ãl dice que era un hombre, pero un hombre, mitad humano, mitad pájaro que estaba tocando la puerta. Empezó a tocar el vidrio, pero no con su mano. Ãl dice que la cabeza de este hombre, o más bien la cara, no tenÃa boca ni nariz como la de un humano. HabÃa sido sustituido por un pico, por un pico de ave y con este estaba tocando la ventana de la puerta y con una voz muy humana, la voz de un hombre simplemente estaba llamando su padre por su nombre lo llamó cerca de siete veces. A la quinta vez que este hombre llamó por su padre, Francisco, se da cuenta de que en realidad no es que él espere que alguien salga. Ãl está cerciorándose de que en la casa no se encuentre nadie. Ãl estaba asegurándose del que la casa estuviera completamente vacÃa, por lo que, con una facilidad extrema, simplemente empuja el vidrio y lo rompe mete su mano, saca el seguro y entra a la casa. Francisco, tratando de encapsular todo ese terror que él tiene, tratando de no gritar, tratando de no chillar, se arrastra por las escaleras y llega de nuevo a su cuarto y de una forma muy silenciosa, casi cuidando pero temblando a la vez todos sus movimientos, cierra la puerta y le mete seguro a su habitación. Ãl dice que, siendo sinceros, no pasa mucho tiempo. Después de que sus padres llegan a lo mejor. Pasaron unos veinte minutos, quince minutos, pero, obviamente, en esta situación a él, para él pasaron horas. Al llegar sus padres, Francisco baja despavorido y les dice todo lo que habÃa visto aquella noche sus padres de primero, cuando lo ven lo que piensan el regañarlo porque estás despierto hasta ahora. Pero cuando Francisco les empieza a explicar todo, ambos papás no dudan de su palabra, sobre todo porque hay pruebas. Está el vidrio y también están cuatro perros, los que cuidaban ahora están sin vida regados por el patio. Los cuerpos de esos canes estaban cubiertos por garras. Un animal los habÃa atacado. Los demás estaban heridos a pesar del temor lo habÃan enfrentado. Pero, sobre todo al padre le faltaba algo. Como les dije anteriormente, al padre le iba muy bien monetariamente y le faltaba una caja fuerte. En aquel tiempo, las personas rurales no acostumbraban confiar mucho en los bancos y sobre todo porque los bancos no llegaban hasta estas zonas, por lo que todo su dinero lo tenÃa guardado en una caja fuerte. La tenÃa precisamente en la cocina con una combinación, y esa caja fuerte habÃa desaparecido. Aquella noche se la habÃan robado. El tiempo pasó y esta historia quedó ahÃ. Francisco aún la recuerda todavÃa, pero cuando tuvo la edad suficiente, cerca de unos veinte años, su padre le completó esta historia. Ãl dijo que ella tenÃa la edad suficiente para saber sobre nahuales y que si existÃan, que no era una leyenda, que aquella noche lo que habÃa visto era una gual. El padre de Francisco habÃa contratado una bruja bueno, una bruja blanca, por asà decirlo, que estaba en el pueblo, mientras él se encontraba en la escuela. Esta bruja hizo un cÃrculo de sal alrededor de la casa e hizo trabajos para que este nagual no volviera dicho y hecho esto no se volvió a repetir. Pero si le dijeron que este brujo se trataba de alguien que vivÃa en el pueblo, en el pueblo siguiente y que le tenÃa mucha envidia, que habÃa decidido robarle y la bruja, sobre todo le pudo decir que era la primera vez que ese hombre se convertÃa un histo te muy extraordinaria que se suma a otras tantas sobre apariciones con naguales cripta maniaco. Tú qué me estás escuchando crece en este folclore. Es decir, hay muchas pruebas, varios testimonios en toda Latinoamérica sobre nahuales. En Estados Unidos se les llama skin walkers y tal vez en otras ciudades del mundo, como Europa, se les conoce como unos hombres lobo christian serio que sean leyendas o cuentos. O crees que algo de esto tiene algo de verdad. Claro que tú siempre tendrás la última palabra y cada quien es libre de creerlo abajo en los comentarios. Este segundo relato igual pasa en Virginia, en los bosques de Virginia de Estados Unidos. Estos bosques son muy grandes, muy frondosos y abarcan muchos kilómetros de distancia, por lo que, aparte de que hay personas viviendo entre el bosque en casas, en cabañas. Es muy atractivo para muchas personas, por lo que también se contratan personas de seguridad para mantener a estas personas a raya con la vida silvestre y también para patrullar los lagos, patrullar los caminos, porque hay personas que se pierden y, por desgracia, no se vuelven a encontrar. Esta es la ocasión de un guardabosques que es un novato. Compartió esta historia en un foro de la web y también en un periódico. Se mantuvo anónimo más que nada para conservar su empleo. Ãl dice que acababa de entrar de guardabosques. TendrÃa escasas tres semanas, un mes como mucho, y a lo largo de este mes se habÃa suscitado la búsqueda de dos hermanos en el bosque habÃan ido en un plan de familia y, por desgracia, estos dos hermanos se habÃan perdido. Llevaban dos meses buscándolos. Obviamente, él hacer novato. No se le empleaba la búsqueda. Ãl simplemente vigilaba y, como es de costumbre en este tipo de empleos, a veces los turnos se rolan de noche o de dÃa. Ãl dice que su trabajo consistÃa básicamente en recorrer de extremo extremo un lago y una cierta parte del bosque, llegar hasta una cabaña de vigilancia y hay que darse durante unos minutos y luego repetir otra vez todo vigilaban por sección. Ãl se encontraba en esta cabaña. Dice que aproximadamente serÃa un poco más de las dos de la mañana. Se le habÃa dado el aviso de que si veÃa a uno de los hermanos lo detuviera, tenÃa incluso volantes con su fotografÃa. Ãl estaba en la cabaña desempeñando sus tareas. Cuando de pronto algo tocó a su puerta. Ãl voltea en esta cabaña. Hay ventanas a ambos extremos de la puerta, por lo que uno puede ver a la persona que está del otro lado. Sobre todo, esta persona se mueve un poco a la derecha el guardabosque se sorprende enormemente cuando ve que se trata de uno de los hermanos. Se estaba asomando por la ventana, mirándolo fijamente con una extraña mirada, con una extraña cara. Ãl dice que tenÃa una mirada perdida. Trataba de mirarlo a él, pero como que sus ojos no concordaban, como que estaban perdidos, Ãl dice y de forma muy escalofriante, que era como si una marioneta te estuviera mirando este guardabosques. A pesar de ver eso, él dice que se acerca a la puerta y antes de abrirla este joven le dice disculpe, Señor me puede abrir la puerta. Estoy perdido, obviamente, el guardabosque sabe de Sobra eso, pero lo que le llama la atención y lo que lo frena, aparte de las palabras de este muchacho es que lo vio de arriba hacia abajo por medio de la ventana y se le hizo extraño. Se le hizo extraño algo. Ãl de Sobra sabe que hay muchas personas que se pierden en el bosque y que muy poco regresan y que, incluso aunque pasen unos tres o cuatro dÃas, cuando los encuentran, se encuentran obviamente con señales de si no son de forcejeo sucios, entierrados obviamente por dormir en el suelo por tal vez pasar una mala noche. Lo que les sorprende este guardabosques es que este muchacho no tenÃa esas señales. Ese chico venÃa pulcro y limpio estaba con la misma ropa con la que se habÃa desaparecido. Eso sÃ, Ãl dice que se encontraba incluso más limpio que él. Sarcásticamente, se le hizo muy extraño. Esto hubo un minuto de silencio entre ellos dos más que nada, porque el Guardabosques estaba viendo todo de arriba hacia abajo como venÃa. Se le hacÃa difÃcil creer algo asÃ, aunque pudo haber sido una excepción, no ese chico. Le repite de nuevo me acabo de perder. PodrÃa, por favor, abrir la puerta y dar mi permiso de entrar. Este Guardabosques se queda todavÃa pensando un poco y le dice una respuesta lógica. La puerta está sin seguro que acaso no puedes girarla y entrar. Este joven se queda mirándolo y le dice es que no puedo entrar. Si no me da permiso, me deja entrar. Esto ya se puso raro al guardabosque se empieza a verlo y en ese momento se le ocurre una idea, una idea rápida que tuvo que incluso hasta hoy dice que le pudo salvar la vida. En ese momento, él en su cabeza, inventó dos nombres y trató de seguirle el juego a este muchacho que para este momento ya estaba desconfiando completamente de él. Ãl le dijo mira tú eres, William y tu hermano Christian se perdieron verdad hace una semana. Cierto, el guardabosques dice que tal vez esperaba una respuesta incorrecta rectificándolo, pero no su plan habÃa salido. Tal y como él habÃa pensado. Este muchacho le dijo sÃ, yo soy William y mi hermano es Christian. Está ya está herido. Llevamos una semana perdidos. Por favor, ayúdenos este guardabosques novato no necesita escuchar nada más. Se acerca a la puerta, gira la perilla y le mete seguro de nuevo la gira hacia atrás y la tranca. El joven se le queda viendo con esa mirada absolutamente perdida. Le dice esos nombres los acabo de inventar. Yo. Los chicos que se perdieron no se llaman William ni se llaman Christian y llevan dos meses perdidos, no una semana y remató diciéndole. No sé qué eres, pero me estás tratando de engañar y no voy a salir de la cabaña, ni mucho menos. Te voy a dar permiso de que entres el semblante de aquel extraño muchacho cambia por completo. Ahora les boza una sonrisa como de un niño. Cuando lo pillan haciendo travesuras. El chico se retiró de la ventana y jamás lo volvió a ver en toda la noche a la mañana siguiente, porque no salió de la cabaña en toda la noche. Este guardabosques a la mañana siguiente le explica lo que pasó. A uno de sus compañeros no logran saber qué fue lo que pasó con aquellos dos muchachos jamás se encontraron. Pero si aquella cosa traÃa puestas sus prendas y su forma, este guardabosque se asume que tuvieron un destino muy trágico. Esta siguiente historia viene de parte de Esmeralda y ella quiere mantener su apellido en anonimato. Esta experiencia no le pasó a ella. Le pasó a su madre, a una corta edad pase y resulta que su madre, cuando tenÃa dieciséis años, trabajó en una misselánia del pueblo. PodrÃamos decirlo era una con la supo. Cuando estaba trabajando ahà conoció a quien serÃa años después su marido. Este tenÃa veintiséis años. Obviamente, hay una diferencia de edad considerable, pero se tiene que decir y también explicar que eran otro tiempo. Era un tiempo donde la verdad esto no se veÃa mal. Era un tiempo donde las relaciones de muchos años de diferencia, no daba nada de que hablar. A diferencia de hoy, su padre, por obvias razones, empezó a coquetearle su madre y, conforme pasaron los dÃas, empezaron a salir juntos. Su madre en esa época era un adolescente, asà que se maravilló con todo lo que su padre le mostró. Lo que no sabÃa es que, bueno, en ese tiempo su padre ya se encontraba casado. Ãl iba este pueblo, trabajaba unos cuantos meses y después volvÃa a su pueblo natal, con la que era su esposa. Obviamente, la madre de Esmeralda esto no lo sabÃa. Esto se mantuvo oculto, pero las mentiras tienen patas cortas y, desgraciadamente, antes de que la madre de Esmeralda se diera cuenta, ella terminó embarazada. Tiempo después se dio cuenta de la infidelidad. La madre de Esmeralda tomó la decisión de que no volverÃa a verlo e incluso se mudó del pueblo o ejido. Como se desconoce, ella estuvo sola por unos cuantos meses, los primeros meses del embarazo, con ayuda de sus padres. Al cuarto mes del embarazo, el padre de Esmeralda llegó con ella y le dijo que estaba dispuesto a dejar su matrimonio por ella. La verdad es que se habÃa enamorado perdidamente y a pesar de las discusiones y todo, ella aceptó claro no hasta que se divorciara de su esposa anterior. La esposa o la exa esposa del padre de Esmeralda era una mujer que también, al igual que él, tenÃa veintiséis años. Obviamente, esta separación no le sentó para nada bien y empezó a planear una una vida venganza en contra de la madre de Esmeralda. Sus padres empezaron a vivir juntos en una casa como la de Costumbre. Ãl salÃa a trabajar. Ella se quedaba en casa, sobre todo por el embarazo. Ãl no querÃa que trabajara, ya que no querÃas que se complicara. Pero a pesar de que todo pintaba bien la situación económica, empezó a declinar mucho en cuestión de dos semanas habÃan pasado de estar bien a prácticamente tener apenas para comer. Esto jamás le habÃa pasado a él era incluso algo que no entendÃa. Ãl Siempre habÃa sido un hombre muy trabajador. Buscaba empleo, busca boras extra y a pesar de que trataba de ahorrar dinero, a pesar de que trataba de ganar más, siempre habÃa complicaciones económicas. Empezaron incluso a no tener para desayunar, empezaron a comer dos veces al dÃa. Y fue en este momento, en este momento de pennar Muria, que la exesposa apareció. Apareció una mañana frente al portón de la casa. La madre de Esmeralda sale y le pregunta a qué viene. Ella no quiere problemas. La ex esposa le dice que no es su culpa, que entiende la situación y que les trae comida. Ella sabe que no le ha estado pasando muy bien, ya que se escucha en el pueblo y que les trae comida porque de cierta forma, ella be su embarazo como algo como una bendición, ya que ella, mientras estuvo casada con él, jamás pudieron tener hijos. Por más que lo intentaron, nunca pudieron tener hijos, asà que le hacÃa cierta ilusión verla embarazada. Obviamente, si esto se lo dices a una chica en estos tiempos, e incluso chicas dieces diecisiete años no aceptarÃan la comida, pero en ese tiempo eran otra cultura. Era y aparte, la madre de Esmeralda tenÃa dieciséis, era una adolescente, no sabÃa mucho de la vida y confió en las palabras de esta mujer. Tomó la comida, se la llevó y al momento de abrirla, cuando llegó a la cocina, se asombró de la comida y aquà vamos a explicar lo que ella sintió. Ella dice que su madre, al ver la comida, le dio un aroma muy rico. Incluso sà tenÃa hambre en ese momento, pero al momento de verla sena alborotó todavÃa más el hambre. Un apetito como nunca habÃa experimentado en su vida se manifestó, empezó a comer la comida, empezó a devorarla y le sabÃa muy rica, demasiado rica. Era una comida muy sabrosa. Esto se repitió al dÃa siguiente Y al dÃa siguiente a esta mujer le llevó a comida a todo lo que los dÃas y a pesar de que eran platillos muy sencillos, como huevo con chorizo, frijoles arroz, platillos muy sencillos, la madre de Esmeralda dice que la sentÃa muy rica, como si nunca lo hubiera probado antes. Ella argumenta que, a lo mejor, esta señora tenÃa un sazón muy rico, pero las complicaciones empezaron ella Empezó a sentirse mal? Empezó a sentirse mal? A sentirse mal? Y después empezó a vomitar y, sobre todo, empezó a ver la silueta de otra mujer embarazada también, pero rondando en su casa, ella dice que la vio varias veces una mujer vestida de negro que la espantaba, la veÃa por el rabillo del ojo. La veÃa cuando se metÃa en las habitaciones. Y fue en este momento en el que, sin querer una vez, cuando esta mujer le llevó la comida, se dio cuenta de lo que esta mujer le estaba haciendo. Esta mujer le llevó la comida, la puso en la mesa, se disponÃa a comerla cuando de pronto un perro de los que tenÃan ahà se le salió. HabÃa escalado la cerca de madera y se habÃa salido. Motivo de esto, se salió de inmediato a corretearlo y a pedirle ayuda a los vecinos a que lo atraparan. Fue el alboroto. Se quedó platicando un momento con los vecinos, le llevó la correa, lo trajo de nuevo se preocupó por ponerle más dificultades al perro para que no se salieran. Puso cartón o o cubetas, y esto le llevó tiempo, pero no un tiempo excesivo. Fue acaso alguna hora y media algunas dos horas. Ella pensó que, cuando menos la comida habÃa pasado de estar caliente a esta artibia, simplemente además estaba tapada. No pudo haber entrado moscas grande fue su sorpresa cuando la descubre y esta comida pareciera estar incluso dÃas echadas a perder. TenÃa gusanos, olÃa mal, tenÃa incluso cosas rojas saliéndole ahÃ. Está muy segura de que esa comida pasó de un Estado muy rico a un Estado muy deplorable, muy rápido, porque ella recuerda haberla abierto y haber visto lo que le habÃa dado de comer y todo lo sea muy rico como de costumbre. Su perro se sale de ella, corre, tapa la comida y se va con él. En dos horas. HabÃa pasado de ese aspecto a este, a un aspecto pútrido, a un aspecto enfermizo. En ese momento le entraron ganas de vomitar tan solo por oler el platillo, tan solo por verlo. HabÃa animales como gusanos, pero no gusanos blancos de la comida, gusanos negros y largos. Tiró la comida y se fue a vomitar al baño. Llama a su madre y le explica todo lo que habÃa pasado. Su madre en cuestión de minutos llega y se la lleva. Hay que ir al ginecólogo y le dice aquella mujer, la exesposa te está haciendo brujerÃa y si bien te está afectando a ti, te la está haciendo comer porque quiere que afecta al niño. No voy a hacer el cuento largo, pero la cita con el ginecólogo salió mal esmeralda. Me explica todo lo que le dijo, pero por cuestiones tal vez sensibles ante el público y también a la plataforma, me voy a ahorrar. El caso es que el bebé no se logró y fue de una manera muy muy triste y muy terrorÃfica lo que le pasó dentro del mismo vientre de la mar madre. Le dice a su esposo y él va ya enfrenta a su ex esposa y ella, sin ningún rencor sin pelos en la lengua, le dice sÃ. Yo lo hice porque tú me habÃas dejado. Y le dice todavÃa me habÃas dejado porque yo no podÃa darte hijos. Y ahora ella tampoco te va a poder dar. Básicamente ella le habÃa hecho brujerÃa para dejarla a ella estéril. Se tiene que decir que esto no pasó, pero durante tres años sà fue un cuento de terror para la madre de Esmeralda. Tuvieron que ir con varios especialistas, tuvieron que ir con brujas para de nuevo volverle la fertilidad. HabÃa tratado de quedar embarazada otras ocasiones, pues ya se encontraba comprometida con este hombre y eran esposos y no podÃan hasta que una bruja logró volver a darle la fertilidad. Ella dice que sacó de su vientre, expulsó un nudo, un nudo extraño, un nudo que figurarÃa una horca. Al momento de expulsarlo, y la bruja de extraerlo le dijo que ya podÃa volver a tener hijos, que habÃa requerido mucho tiempo y mucha perseverancia, pero por fin podÃa volver a tenerlos. Y dicho y hecho, la primera hija fue Esmeralda y después de ella vinieron otros cinco. Una historia familiar que se cuenta en esta familia. Cada vez que uno de los integrantes, como sus hijos, sus hermanos, traen parejas nuevas, les dicen ándate con cuidado. Tú no sabes qué tipo de persona puede ser y ahora cripta manÃacos. Les pregunto a ustedes creen en la brujerÃa. Este siguiente relato es un tanto curioso, no porque no tenga nada de aterrador. De hecho, si eres padre, pueder que te aterre todavÃa aún más que otras personas. Sucedió en mil novecientos setenta y tres. Hay incluso bocetos de la policÃa que eran fe de que esto pasó o por lo menos que estos niños dicen haber visto lo que vieron. Esta es la experiencia de dos niños, dos hermanos en Reino Unido. En aquel tiempo, como ya dije, eran mil novecientos setenta y tres. La cultura era otra. También los métodos de clientes eran otros por completo diferentes a los de ahora. Ahora, los padres no dejan salir mucho a sus hijos. Los cuidan en cada minuto del dÃa. Bueno, anteriormente no era asÃ. Antes, los niños podÃan salir a estar más tiempo, afuera más que nada, también porque ayudaban a los padres en cuestión tal vez de algunos trabajos demandados y los padres, obviamente, le daban premio a sus hijos para que salieran a jugar e incluso a lugares. Algo retirados. Era el caso de estos muchachos. Eran unos niños, aproximadamente unos siete nueve años que les gustaba mucho salir a jugar a un lago, un lado que se encuentra cercano a su casa, bueno cercano, por decir, algo estaba como a media hora. Cuarenta minutos en este lago, ellos acostumbraban también a internarse en el bosque que se encontraba a un lado. Ellos pasaban algunos minutos ahÃ. Obviamente, tenÃan el tiempo medido, tenÃan que volver con su madre y lo extraño piensa cuando se internan en el bosque, Estos niños dicen que se encontraban jugando como cualquier otra tarde normal. Pero en eso de repente escucharon el sonido de una ambulancia, una ambulancia a lo lejos. Pero lo que resultaba muy raro era que este sonido de ambulancia se escuchaba dentro del bosque, una ambulancia dentro del bosque. Eso no tiene sentido incluso para ellos. En ese tiempo a tan corta edad. Para eso ellos no le encontraban sentido. Eran inteligentes Cómo es posible que una ambulancia ande entre el bosque no va a poder circular entre este, por lo que, a pesar de escucharla y escucharla, llegó esa curiosidad que cualquier niño tiene de oye vamos a ver qué es. Vamos simplemente a ver sà curiosear incluso a distancia. No hay que acercarnos tanto. Los dos hermanos tienen este espÃritu aventurero, porque lo que no tardan en ir siguiendo el ruido entre los árboles, entre la maleza, se abrieron paso y no se encontraron con ninguna ambulancia. Lo que con ellos encontró fue otra cosa que hasta el dÃa de hoy, ahora adultos no saben qué es. Ellos dicen que era un hombre o al menos tenÃa el aspecto de uno forma humanoide era alto sobrepasaba por pocos los dos metros. Ellos dan muchos detalles sobre este. TenÃa dos brazos, dos piernas, tenÃa rasgos fáciles, o sea, unos ojos, una nariz, una boca y su atuendo. Era algo raro para traer en el bosque, pero totalmente normal. Si estuvieras en una fiesta, ellos dicen que tenÃa un atuendo como de payaso tenÃa también largas extremidades. TenÃa un gorro con una perla encima de este y lo que ellos figuran como su rostro estaba compuesto por un triángulo por otro triángulo que simulaban sus ojos, un rectángulo que figuraba su nariz y una especie de rombo que figuraba su boca. Estaba tan bien como que con partes de paja, como que estaba relleno y el sonido de la ambulancia. Esta extraña cosa la emitÃa, pero con ayuda de un micro o, lo que podremos entender ahora nosotros como micrófono. Los niños dicen que tenÃa una especie de aparato para reproducir sonido. Podrán ver las imágenes que les ha estado poniendo. Estos dibujos son hechos a partir de las palabras de estos niños. Resultan ser un tanto inquietantes, pero a la vez también extraños. Cuando ven este hombre, a este extraño hombre, estos niños se acercan a él. Obviamente, a muchas personas quisieran saber cómo, por qué se acercan, por qué no ocurrieron. Estos niños simplemente se sacan esto muy fácilmente. Estos niños dicen que, al momento de verlo esta cosa les transmitió un fuerte sentimiento como de calidez, de confianza, como de que no les iba a hacer daño. Era inofensivo. Ellos mismos dicen esto era un ser a pesar de su tamaño inofensivo hasta la época y ahora, estos niños, convertidos en adultos, no estaban seguros y tal vez se trataba de alguien disfrazado o de un robot porque tenÃa algunas partes metálicas y otras hechas de madera. A pesar de todo esto, esta criatura, cuando los vio lo saludó y estuvo conversando con ellos muy amablemente, es decir, no los perseguió o no los espantó. E incluso cuando los vio, los niños dicen que se atemorizó un poco. Esta extraña criatura es muy temerosa. Dicen nos tenÃa miedo en un principio. Después platicó con nosotros e incluso estos niños fueron hasta su casa. Estos niños dicen partes muy concretas de su casa, que era una especie de cabaña a un lado del lago tenÃa muebles de madera y una vez que estuvieron ahÃ, platicaron con él y le preguntaron oye pero tú qué eres. Con toda la inocencia que un niño le puede preguntar a alguien tú qué eres genuinamente queriendo saber qué era esta cosa. No les dio una respuesta en sà e incluso se atreverá a decir que ni siquiera él mismo sabÃa lo que era. Estos niños le continuaron preguntando como por qué no parecÃa más esta criatura. Asimila y sabe que es diferente a los humanos, qué es diferente a los animales, y que por eso tiene que mantener su culto. Esta cosa les dice que si lo ven los humanos simplemente le van a querer hacer daño y el están temeroso que ni siquiera se va a defender. Es muy sumiso. No le gusta la violencia y le teme a los humanos prácticamente o a todo lo que puede hacer un riesgo para él. Ãl prefiere vivir en el bosque sin meterse con nadie. Obviamente, el tiempo pasó y los niños dicen y argumentan que pasaron con esta extraña criatura a lo largo de una hora, una hora y media. Obviamente se marcó el tiempo. Ellos tenÃan que volver a su casa con su madre. Esta criatura los encaminó y los dejó en las afueras del bosque. Llegaron a la casa de sus padres y les empezaron a decir todo lo que habÃan vivido. No estuvimos con una criatura. Asà ya está dándoles muchas especificaciones. Los padres, en primera instancia, creyeron que esto se trataba simplemente en un juego de niños. Creyeron que sus hijos tenÃan una imaginación muy hiperactiva de que prácticamente lo habÃan imaginado. Pero es al pasar los dÃas en que estos padres para escuchar continuamente las pláticas de sus hijos, porque esto no se lo sacaron, hablaban de esta extraña criatura un dÃa tras otro, un dÃa tras otro, un dÃa tras otro. Y cuando los padres empezaron a investigar más, les preguntaban a los hijos que como lucÃa, que como vestÃa, y los niños les daban detalles muy especÃficos asà tanto de su vestimenta como él como su casa. Es que ellos empezaron a preocupar, porque cómo es posible que los niños imaginen con tanta precisión. Eso no es posible, de seguro, algo de verdad tiene esta historia que ellos cuentan. Los padres obviamente llaman a la policÃa, les dice todo lo que los niños vivieron y empieza la búsqueda sorpresivamente. Otra agencia que se dedica a la investigación de eventos también se mete en la investigación y empieza a preguntar si ha habido avistamientos cercanos o cosas que no se explican, eventos extraños a la población no se profundiza en qué preguntas les hicieron, sobre todo porque quedaron prohibidas. Pero se sabe con la agencia de inteligencia también se mantuvo muy cercano a este caso. Ellos también investigaron. De hecho, esta agencia de inteligencia sacaron a los policÃas del bosque para ellos entrar e investigar. El caso fue cerrado. Dijeron que no se habÃa encontrado nada. Pero a pesar de que estos niños, ahora ya convertidos en adultos, siguen sosteniendo que todo es verdad, que todos lo recuerdan muy vivamente. Esa extraña criatura no se ha vuelto a ver. Este siguiente relato viene de parte de Ãlvaro Gómez. Ãlvaro se dedicó durante un tiempo a una empresa de limpieza. Es una de esas empresas que contratan para ir a imper oficinas, ir a limpiar casas, edificios, etc etc. Etc. Ãlvaro dice que llevaban este empleo ya algunos meses, pero sà daban a limpiar algunos fraccionamientos de gente pudiente. Y en estos fraccionamientos, obviamente, pues por regular las personas querÃan que fueran a limpiar cuando ellos no estaban más que nada, que hay un cierto tipo de personas que les gusta mucho su privacidad. Y pues la gente de limpieza simplemente se encarga la mayorÃa de las veces de la limpieza exterior de la casa, es decir, ellos jamás se meten por eso es que algunas personas decidÃan que limpiaran su casa mientras ellos salÃan en fin de semana o en otros dÃas llegaban y la casa ya estaba limpia. Esto era muy normal para Ãlvaro Cuando de pronto un cliente llamó a esta empresa, un cliente ya que era de años pasados. Ãlvaro habÃa hablado con él extrañamente algunas rara vez cinco ocasiones, seis ocasiones, y lo recuerda muy bien, ya que tiene unas facciones muy muy singulares. Ãl recuerda que este hombre estaba casado con una esposa de su misma edad, tenÃa tres hijos y que, pues ante todo, se les veÃa muy felices al verlos saludaron a la distancia y Ãlvaro continuó con su trabajo como siempre. En aquella ocasión ellos tenÃan que hacer algún trabajo de jardinerÃa y limpiar alguna piscina. HabÃa un armario con herramientas las cuales ellos podÃan usar si era preciso. El trabajo que iban a desempeñar. Este armario era de madera. Estaba muy escondido. Al final de aquella casa, al final de aquella casi mansión que tenÃa. Cuando se acercaron aquel armario, se notaba que este no habÃa sido abierto durante mucho tiempo. Las herramientas estaban al lado de este, no estaban adentro, HabÃan sido puestas en un techo de lámina a un lado del armario. Todos tomaron las herramientas que van a ocupar, Pero llegó una ocasión, un momento en el cual necesitaban unas pinzas, unas pinzas que ellos no lo veÃan por ningún lugar. Ãlvaro pensó que a lo mejor parte de la herramienta se encontraba adentro de este armario, asà que él decidió abrirlo. Este armario contaba con un candado. En principio pensó que, a lo mejor ya no se podÃa llevar a cabo el trabajo porque habÃa un candado, pero el candado estaba muy oxidado. Tan sólo forsiguió un poco y consiguió liberarlo. Obviamente, se podrÃa decir que fue un accidente. Simplemente compran otro candado y listo, pero lo que halló Ãlvaro adentro de aquel armario dice que no fueron herramientas y todo su equipo de trabajo. Todos los que fueron con él se dieron cuenta de esto y corroboran esto que encontró Ãlvaro. HabÃa veladoras, habÃa cartas, pero lo que más llamó la atención de todo esto era que habÃa un muñeco con con la fotografÃa del señor y con la fotografÃa de su esposa, ambos uno del lado del otro del muñeco. En cada cara del muñeco habÃan sido prensados ahà por agujas. ParecÃa un muñeco bodú esto también a la par de que habÃa fotografÃas de los niños y más fotografÃas del esposo. El esposo tenÃa muchas fotografÃas ahà del señor y atrás de cada fotografÃa habÃa ciertos sÃmbolos, ciertos sÃmbolos que Ãlvaro no conoce hasta ahora ni su significado ni cómo buscarlos. No saben cómo interpretarlos. Pero lo que se encontró a un lado de una fotografÃa, esta oración, es algo larga, pero él me la resumió básicamente a grosso modo lo que trataba de decir esta inscripción y se las diré a continuación. Te ato a mà para que me seas fiel a mÃ, para que no tengas ojos ni para tu esposa, ni para tus hijos. Tu dinero y todos tus bienes siempre serán mÃos y demando tu corazón junto con el mÃo. Por esta carta, yo te digo que te ato a mà en alma espÃritu y cuerpo. Esto fue todo lo que Ãlvaro alcanza a rescatar de aquella inscripción. Ellos pensaron que asà se trataba de algo de brujerÃa. Muchos se alarmaron, pero Ãlvaro dice que no cree mucho en estas cosas. Y si la mujer le estaba haciendo brujerÃa, pues hay a ella no ya se encontraba casado con ella, no le haya mucho sentido a que siga haciéndole brujerÃa a su actual marido. Aunque claro, cómo es que una mujer se referir a ella como su esposa, Cómo es que ella se referirÃa a sus hijos de esa manera como que querÃa tener toda la atención ella y no para sus hijos. Tampoco esto era algo extraño. Tal vez e incluso algunas personas dirÃan que simplemente celos de sus hijos, algo muy extraño de una madre. Todas las preguntas, todas estas, todas estas incógnitas que tenÃa Ãlvaro, tuvieron una respuesta. Obviamente, el armario fue cerrado nuevamente y le pusieron un candado. Pero al llegar el señor con su pareja, Ãlvaro se dio cuenta de que aquel hombre ya no se encontraba casado, de que aquel hombre ya no vivÃa con sus hijos. Aca, el hombre se habÃa divorciado, ya no portaba con el anillo y su pareja. Ahora se trataba de una jovencita de veintiuno años, veintidós años? Veintiuno veintidós? Estaba comenzando sus veinte se le veÃan la cara en su cuerpo. Este hombre dice Ãlvaro era alguien ya mayor. Ãl dice que algunos cuarenta y siete, pegándolo a los cincuenta años, ya estaba. Era muy extraño que un hombre asà que ella tenÃa su familia, que ya tenÃa su esposa de años, hubiera abandonado todo por una mujercita que ni siquiera llegaba a la mitad de su edad. Ãlvaro terminó su trabajo, terminaron todos lo suyo y ya no volvió a esa casa, no porque no quisiera, sino porque ya no hubo más trabajos ahà en los que lo mandaran a él. Lo último que recuerda al irse saliendo de esta casa es que volteó y los vio los dos muy felices. Ãl dice que él no está seguro. Si toda la brujerÃa en verdad no es cierta o son pozón puras patrañas. Ãl no está seguro de esto, pero si algo tiene de cierto, aquella jovencita lo habÃa logrado y ahora ella gozaba de todos los beneficios y atención de aquel hombre. Este siguiente relato viene de parte de Lorena GarcÃa. Lorena se suma a esa larga lista de personas, más en concreto mujeres, que han vivido experiencias paranormales mientras están trabajando como niñeras. Lorena pasó un tiempo trabajando como niñera. Ella dice que esto le ayudaba mucho a sus estudios. Esto le pasó cuando ella iba en preparatoria. Era la niñera designada de una familia, una familia más o menos acomodada económicamente, tenÃa una casa grande y los que ella tenÃa que cuidar se trataban de dos gemelas, dos niñas, aproximadamente entre algunos seis siete años. En ese entonces, ella no recuerda muy bien las edades. El caso es que louren. En ese momento ella contaba apenas con algunos diecisiete años, por lo que, al ser una chica joven, obviamente jugaba con ellas y al pasar el tiempo, se hizo muy amiga de la familia, tanto de los padres como también de las niñas. Las niñas, al paso del tiempo, fueron liberando ciertos secretos con ella. Ella dice que hasta ese momento, si bien ya habÃa servido como niña era algunos cuantos meses, no habÃa notado nada extraño o bueno, nada extraño o más usual de lo común. Ella dice que a veces en la casa, dentro de la casa, a veces apagaban luces, se escuchaban algunos pasos o incluso movÃan cosas de lugar. Esto a ella no le prestó tanta atención, ya que, obviamente estaba cuidando a dos niñas si se le perdÃan de vista, siempre cualquier cosa se los atribuÃa a ellas. No buscaban ningún tipo de respuesta paranormal, por asà decirlo al menos claro, hasta que las niñas y también los padres le dijeron que tenÃan una hija en la casa. Esta hija, por más extraño que aparezca, dice Lorena no era de los padres, sino que pertenecÃa a las señas niñas. Las niñas eran quien jugaban con esta hija en la tarde, en la noche, y fue una cierta noche en que Lorena las estaba cuidando cuando entró a su cuarto y las vio jugando. Los papás. Después le dijeron que esto era normal para ellos, que ellos no creÃan nada en lo que viene siendo lo paranormal. Los fantasmas. Era un matrimonio muy escéptico de todas estas cosas. Ellos creÃan que la tabla hija era más que nada para alimentar la imaginación de aquellas niñas, aunque las niñas, por otro lado, ellas decÃan que efectivamente la tabla, la tabla sà funcionaba, que gracias a esa tabla habÃan conseguido contactar del otro lado, como ellas decÃan a algunas personas y que, más en concreto a las que llamaban era otro par de gemelas, es decir, que mediante la hija, aquellas dos gemelas contactaban a otras dos gemelas y jugaban con ellas, platicaban con ellas. Los padres esto no le tomaron importancia. Pensaron que simplemente se trataba de un amigo imaginario de cosas imaginarias que podrÃan crear los niños, aunque claro, Lorena no pensaba igual ella al momento de saber esto, dice que mantuvo su distancia A veces veÃa a las niñas jugar en la sala con la hija y les pedÃa de una manera muy atenta que no lo hiciera mientras ella estuviera presente, aunque claro, siempre la curiosidad le jugaba mal a ella las veÃa a lo lejos mientras estaba en la cocina cómo jugaban con total tranquilidad un par de niñas con aquella tabla. Y obviamente, ella, al ser una simple trabajadora de la casa, no se metÃa casi como que en prohibirles que lo hicieran. Pero estas niñas entendÃan que Lorena no se sentÃa bien mientras las miraba jugar, Asà que empezaron a jugar solamente en su habitación y a puerta cerrada. Todo esto en comprensión de esta chica, aunque claro, este gusto por asà decirlo a Lorena le duró poco. Ella se encontraba haciendo la cena calentándola. Los padres le habÃan contratado aquella ocasión para que cuidara a las niñas durante la noche mientras ellos salÃan era a fin de semana, se encontraba en la cocina y una vez que todo estuvo preparado, salió de esta para llamar a las niñas que en ese entonces se encontraban jugando en su cuarto. Como otras ocasiones, su habitación se encontraba subiendo. Las escaleras estaban en el segundo piso y Lorena se acuerda perfectamente que ahà las habÃa dejado. Allà estaban desde hace apenas unos minutos se dirigÃa a toda prisa hacia allá. Cuando de pronto, al pasar por la sala, se da cuenta de una cosa. Las gemelas no estaban en su habitación. Ellas estaban sentadas en la sala, en el mueble de la sala viendo la televisión, si bien se encontraban de espaldas por la silueta de ellas, por la ropa que traÃan por su pelo, por sus facciones. Lorena fácilmente da que eran ellas y les dice niñas. Ya está lista la cena. Por favor, vengan Cabe recalcar algo y es que esas niñas, si bien jugaban con la huija, eran unas niñas muy bien portadas, no le hacÃan berrinche, no le llevaban la contraria y cualquier cosa que Lorena decÃa eso se hacÃa, por lo que le extrañó bastante que les dijera esto. Y estas niñas simplemente se quedarán quietas. No la voltearon ni siquiera a ver, ni siquiera le dijeron. Como otras ocasiones. Si ya vamos, Lorena simplemente se dio la media vuelta y caminó hacia la cocina. Ella también tenÃa que cenar, pero al pasar los minutos y ver que estas niñas no llegaban a la cocina, ella se levantó y caminó nuevamente hacia la sala, solamente para percatarse esta ocasión de que las niñas no se encontraban ahÃ. La televisión estaba apagada, no habÃa ruido y fue en ese momento que escuchó las vocecitas de las niñas, riéndose que provenÃan de su habitación Lorena. Obviamente, algo no alterada, pero sà de mal humor porque no la habÃan hecho. Caso, basta la habitación. Abre la puerta y las ve jugando con la hija. Ellas les dice párenle ya ese juego. Necesito que vengan a cenar. Ya les dije una vez por qué no me hacen caso. Las niñas se detienen súbitamente, ambas ponen cara de sorprendidas y ambas le dicen Lorena, pero de qué estás hablando tú a nosotros, en ningún momento nos has avisado de que vayamos a cenar. Esta es la primera vez que vienes. Lorena, obviamente les dice claro que no las vi en la sala. Estaban viendo la televisión y les dije vénganse a cenar. Por qué no me hicieron caso. Ambas niñas se ven y por un momento reinó el silencio para que después las niñas pasaran a regarse. Se levantaron y mientras iban caminando le dijeron a Lorena mira perdona, pero a nosotros no nos hablaste. Nosotras hemos estado en la habitación todo este tiempo. De seguro a las que viste no éramos nosotras. En ese momento yo estaban llegando a la cocina y Lorena les pregunta a ver cómo que no eran ustedes. Yo las vi estaban ahà y es en este momento que las niñas le explican con total comodidad, como que esto hubiera pasado ya muchas veces. Estas niñas comienzan a platicar y les dice tú no eres la única. A mis padres también les pasa. Lo que ocurre es que mientras jugamos, a veces lo hacemos con unas gemelas y estas gemelas tienden a hacer algo traviesas, tienden a ser algo desorganizadas. También a mis padres ellos dicen que nos han visto a fuera en el sillón, en el baño o en el pasillo. Nosotros le hicimos que no, que no somos nosotras y ellos no nos creen. Tal parece ser que esas gemelas asumen la apariencia de una de las niñas para diambular a su gusto en toda la casa y en algunas ocasiones ambas asumen el papel de aquellas gemelas mientras están encerradas en su habitación, para que las otras estén haciendo travesuras alrededor de la casa. Esta plática a Lorena le bastó para quitar el apetito y les pidió esta vez y de la manera más amable, que mientras ella estuviera ahà que por favor, no jugaran con esa tabla que en verdad la estaban asustando, las niñas obedecieron y nunca más volvieron a tocar aquella tabla. Mientras ella las estuviera cuidando. Ella explica que los sucesos que comúnmente pasaban a ella le daban más terror que antes. Ahora ella notaba que se escuchaban pisadas, que se escuchaban risas donde las niñas no estaban se arrepiente mucho de haberse dado cuenta o de haber platicado con aquellas niñas estos temas, ya que la volvieron muy susceptible por el tiempo restante que estuvo trabajando con esta familia. Si bien ya no volvió a ver aquellas gemelas. Por suerte, cuando esa familia se mudó y ya nunca volvió a verlas, también aquellas gemelas se fueron de Su vida




