Trabajaba Solo En La MORGUE Hasta Que Una Gaveta Se Abrió Sola - Historias De Terror - REDE
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0:06 Me llamo Arturo Medina y trabajé casi un año como guardia nocturno en la morgue de un hospital público. Mi turno empezaba de noche y terminaba al amanecer. Yo no hacÃa autopsias ni movÃa cuerpos, tampoco entraba a las salas para otra cosa que no fuera revisar puertas, confirmar que todo estuviera cerrado y atender cualquier problema. Mi trabajo era cuidar el acceso, vigilar el pasillo, recibir a quien bajara con autorización y avisar a seguridad si ocurrÃa algo fuera de lo normal. Esa noche me dejaron el área como siempre. El camillero del turno anterior me entregó las llaves. Me comentó que no esperaba movimiento y se fue. Yo me quedé solo. Hice la revisión de rutina, pasé por la puerta principal, revisé el otro acceso, vi el pasillo vacÃo y confirmé que las salas frÃas seguÃan funcionando. Después entré a la oficina, dejé la linterna sobre el escritorio, abrà la bitácora y me puse a leer las anotaciones del turno anterior. No habÃa nada especial y al principio todo siguió tranquilo. Recuerdo bien ese rato porque fue un inicio normal, sin pasos, sin voces, sin llamadas, nada que me hiciera pensar que iba a terminar saliendo de ahà de la forma en que salÃ. El primer ruido llegó cuando yo estaba sentado en la oficina. Fue un golpe metálico, corto y claro, de esos que en un lugar asà se
1:37 distinguen de inmediato. No fue un ruido lejano ni confuso, venÃa de una de las salas, Levanté la cabeza, esperé un segundo y presté atención por si volvÃa a sonar, pero no escuché nada más. Pensé en una gaveta mal cerrada o en una guÃa vencida, asà que agarré la linterna y fui a revisar. Entré a la sala y encontré una gaveta salida unos centÃmetros. La empujé hasta el fondo, comprobé que quedara bien colocada, miré las demás y todo quedó en orden. SalÃ, cerré con llave y regresé a la oficina. Poco después escuché otro golpe, pero esta vez no fue uno solo, fueron dos, separados por muy poco, y venÃan de dos salas distintas. Me quedé quieto, con la mano en la mesa, tratando de ubicar de dónde salÃan.
2:28 El pasillo seguÃa vacÃo y la puerta principal seguÃa cerrada. Tomé el radio y llamé al jefe de seguridad y le dije que estaba oyendo ruidos dentro de las cámaras. Me respondió que revisara otra vez y que, si veÃa algo raro, lo llamara para bajar con apoyo. Guardé el radio y fui primero a la sala del fondo. Apenas abrÃ, vi una gaveta abierta. Me acerqué, la cerré y en ese momento escuché un golpe detrás de mÃ. Volteé de inmediato. Otra gaveta estaba salida, pero no estaba asà cuando entré. La habÃa visto cerrada al cruzar la puerta. Fui hacia ella, la tomé del frente y la empujé. Se atoró un poco y tuve que hacer más fuerza. Cerró y ahà pensé en una falla mecánica, en una guÃa en mal estado, en una bandeja mal montada. Pensé en cualquier cosa que pudiera explicarse de forma simple. Y no pensé en otra cosa.
3:26 Cerré la sala, eché llave y regresé a la oficina. Intenté comunicarme con mantenimiento y no me respondieron. Volvà a llamar a seguridad y me dijeron que en unos minutos bajarÃa otro elemento. Mientras esperaba me quedé en la oficina, pero ya no pude seguir leyendo la bitácora. Empecé a oÃr más ruido. Primero fueron golpes cortos, luego escuché un arrastre largo y el sonido de una bandeja deslizándose sobre metal. Después vino otro arrastre. un golpe más seco y al final un ruido que me levantó de la silla. No fue un golpe ni un arrastre, fue una exhalación fuerte, salida de adentro de una sala. La escuché con claridad, asà que tomé la radio y pedà apoyo otra vez.
4:16 Salà al pasillo y revisé primero la puerta principal, pero seguÃa cerrada, asà que me fui al otro acceso, pero también seguÃa cerrado. No habÃa nadie en el pasillo, no habÃa pasos, no habÃa voces. El ruido venÃa de adentro y yo estaba solo ahÃ. Abrà la sala donde lo habÃa escuchado por última vez. Al entrar, vi varias gavetas abiertas, más de las que yo habÃa dejado fuera antes. Una estaba casi completamente salida. Sobre la bandeja habÃa un cuerpo cubierto hasta el pecho. La cara estaba descubierta y una mano colgaba por un costado. Me detuve. Y pensé que la bandeja se habÃa deslizado sola y di un paso para empujarla. Antes de tocarla, escuché otro golpe dentro de la misma sala. Volté y vi abrirse más una segunda gaveta.
5:08 La vi moverse frente a mÃ. No me estoy refiriendo a que ya estuviera abierta y yo me diera cuenta tarde. La vi salir unos centÃmetros sin que nadie la tocara. En ese momento retrocedà y levanté el radio para pedir que bajaran de una vez. Hablé más fuerte porque ya no estaba revisando una falla. Ya estaba dentro de una sala en la que las gavetas se estaban abriendo solas y yo no tenÃa a nadie al lado. Volvà a mirar la bandeja de enfrente y vi que la mano del cuerpo ya no colgaba. Estaba sobre el abdomen, encima de la sábana. Yo la habÃa visto caer por un costado al entrar. La posición habÃa cambiado, y eso fue lo primero que me sacó de la idea de una falla en las guÃas. Me acerqué un poco, no porque quisiera seguir ahÃ, sino porque todavÃa necesitaba comprobar qué estaba viendo.
6:01 Pensé en el movimiento de la bandeja, en el acomodo del brazo, en cualquier explicación que pudiera sostenerse, pero al acercarme entendà que no era solo la mano. El cuerpo tenÃa los ojos abiertos. No fue un reflejo breve ni un movimiento pequeño. Los ojos estaban abiertos por completo y miraban al frente. Yo seguÃa con el radio en la mano, sin hablar, mirándolo. El pecho no se movÃa. La piel seguÃa con el color de un cuerpo sin vida. La cabeza seguÃa apoyada en la bandeja. Y todo en ese cuerpo estaba igual, menos los ojos. Ahà me quedé inmóvil unos segundos, y la verdad, no puedo decir cuánto duró eso, pero lo recuerdo con claridad, porque no aparté la vista ni un momento. Después movió la mandÃbula. El primer sonido salió bajo y áspero. No entendà la palabra. Pensé en aire retenido, en un ruido de la garganta, en algo que todavÃa pudiera entrar dentro de una explicación médica, aunque yo no era médico. Ya estaba retrocediendo cuando volvió a mover la boca. Esta vez habló más claro. Dijo mi nombre.
7:15 Lo dijo en voz baja sin levantar el tono. Yo no llevaba el gafete por fuera. Esa noche lo traÃa guardado en el bolsillo de la chamarra, porque en esa área hacÃa frÃo y me habÃa cerrado el uniforme hasta arriba. No habÃa nadie más dentro de la sala y no habÃa nadie en el pasillo. Yo estaba solo frente a esa bandeja, y ese cuerpo acababa de decir mi nombre. No me movà enseguida, me quedé viéndolo, con una sensación que no se me ha quitado desde entonces. El cuerpo tenÃa la cabeza apenas girada hacia mÃ, volvió a abrir la boca y dijo que cerrara. Hizo una pausa corta y agregó que ya se habÃa vuelto a abrir. Eso fue lo que escuché. Eso fue lo que entendÃ. Y ahà dejé de buscar una explicación. Di otro paso hacia atrás y choqué con una gaveta abierta a mi espalda.
8:11 Sentà el golpe en la cadera y miré de reojo. HabÃa otra fuera de lugar. Ya no supe cuántas estaban abiertas ni en qué momento se habÃan movido. Hablé por radio otra vez, casi gritando. Esta vez sà me respondieron. Me preguntaron en qué sala estaba. Les dije cuál era y les pedà que bajaran ya. No usé otras palabras, solo pedà que bajaran. Cuando levanté la vista otra vez, el cuerpo ya estaba moviéndose. Primero levantó la cabeza, luego tensó cuello y hombros, y después intentó incorporarse. Vi la sábana moverse y vi vibrar la bandeja debajo del cuerpo. Ese movimiento fue suficiente y no me quedé un segundo más.
8:54 Me di la vuelta, salà de la sala. Me golpeé con el marco de la puerta y me eché a correr por el pasillo. Corrà directo a la salida de la morgue. Crucé el pasillo sin mirar a los lados, con el radio apretado en una mano y el llavero en la otra, y en la mitad del trayecto se me cayeron las llaves. Escuché el golpe en el piso, me agaché por reflejo, las recogà casi a tientas y seguÃ. No pensé en volver atrás, no pensé Mi única idea en ese momento era salir. Llegué a la puerta principal, metà la llave con dificultad porque me temblaban mucho las manos, abrà al segundo intento y salà al área de servicio.
9:39 El aire de afuera me pegó en la cara y aún asà no sentÃa alivio, sentà que seguÃa adentro. En ese momento venÃan bajando dos hombres de seguridad, uno era el jefe del turno y el otro era un compañero que habÃan mandado a apoyarme. Apenas me vieron, se dieron cuenta de que algo habÃa pasado. El jefe se acercó primero, me miró la cara y me preguntó qué habÃa visto. Yo le respondà de inmediato, sin darle vueltas, que adentro habÃa un cadáver moviéndose y que me habÃa hablado. Me pidió que me calmara y se lo repitiera. Le dije lo mismo, que el cuerpo abrió los ojos, dijo mi nombre y empezó a levantarse. No cambié una palabra. Ãl me sostuvo la mirada unos segundos, luego volteó hacia la puerta y entró con el otro guardia. Antes de cruzar, me ordenó que me quedara afuera. Yo retrocedà hasta la pared y desde ahà me quedé viendo la entrada. No podÃa acercarme y no querÃa ni tocar la puerta. TenÃa las piernas flojas, las manos frÃas y el pecho apretado.
10:47 Escuché cómo entraron, cómo avanzaron por el pasillo y cómo abrÃan una de las salas. Después hubo un silencio que se me hizo largo. Yo no dejaba de mirar la puerta, esperando verlo salir de golpe o pedir ayuda. Pero no pasó eso. Lo siguiente que escuché fue la voz del jefe por radio. Habló con un tono firme, pidió que bajara personal del hospital y no dijo nada más. Esa forma de hablar me inquietó más. Si todo hubiera sido una gaveta abierta o un error mÃo, habrÃan salido en ese momento... pero no salieron. Poco después llegaron una doctora y una enfermera. Las vi bajar rápido, cruzar el área de servicio y entrar sin detenerse a preguntarme nada. Yo seguÃa en el mismo lugar con la espalda pegada a la pared, tratando de ordenar lo que acababa de vivir.
11:39 No estaba confundido, no estaba medio dormido, no habÃa tomado alcohol, no habÃa tomado pastillas y no habÃa pasado horas sin dormir. Yo sabÃa bien en qué parte del edificio estaba, sabÃa lo que habÃa ido a revisar y sabÃa lo que habÃa visto dentro de esa sala. HabÃa visto una mano cambiar de posición, habÃa visto abrirse unos ojos, habÃa escuchado mi nombre y habÃa visto ese cuerpo empezar a incorporarse sobre la bandeja. Eso era lo que tenÃa en la cabeza mientras ellos seguÃan adentro. Pasaron varios minutos antes de que el jefe saliera. cuando por fin volvió a aparecer ya no traÃa la misma expresión con la que habÃa entrado se acercó despacio y me preguntó si estaba seguro de lo que iba a declarar le dije que sà entonces me explicó que la doctora habÃa revisado el cuerpo y que según ella podÃa haber movimientos por cambios en la rigidez por la posición de la bandeja o por el acomodo del cuerpo también me dijo que a veces salÃa aire de la garganta y eso podÃa producir un sonido Lo dejé hablar. Esperé a que terminara y le respondà que yo no estaba hablando de un brazo que cambió de lugar, ni de un ruido cualquiera. Le dije que ese cuerpo abrió los ojos, dijo mi nombre y empezó a levantarse. No me contradijo de frente, pero tampoco me dio la razón. Solo me miró de una manera
13:10 que yo entendà bien. No querÃa que eso quedara escrito de esa forma. Me pidió que subiera a la oficina para hacer el reporte. Le respondà que no iba a volver a entrar a la morgue. Me dijo que no tenÃa que regresar a la sala, que solo tenÃa que subir a la oficina de seguridad. Acepté porque ya estaba afuera y porque querÃa dejar por escrito lo que habÃa pasado. Subà con ellos, me senté frente a un escritorio y empecé a escribir. Puse todo en orden, el primer golpe, la primera gaveta abierta, los ruidos en dos alas, la mano del cuerpo. los ojos abiertos, la voz y el momento en que salà corriendo. Lo escribà despacio, tratando de no dejar nada suelto y de no exagerar nada. No necesitaba exagerarlo, pues lo que habÃa pasado alcanzaba por sà solo.
14:04 Cuando terminé, el jefe tomó la hoja, la leyó completa y me señaló la parte donde yo afirmaba que el cadáver habÃa hablado. Me dijo que cambiara esa lÃnea. que era mejor poner que percibà un movimiento extraño y que abandoné el área por miedo. Le dije que no. Me insistió en que usara otra redacción, una más prudente, eso dijo, y que después ya verÃan cómo lo revisaban internamente. Le respondà que yo ya habÃa sido prudente en la sala cuando entré por segunda vez, pensando que todo podÃa tener una explicación simple, pero que lo que estaba escribiendo era lo que habÃa ocurrido y no lo iba a cambiar para que sonara menos grave dejó la hoja sobre el escritorio respiró hondo y no volvió a tocar el tema en ese momento después llegó el administrador nocturno leyó el reporte en silencio sentado frente a mà y cuando terminó me hizo dos preguntas primero me preguntó si estaba en condiciones de seguir trabajando esa madrugada le respondà que no después me preguntó si pensaba sostener esa misma versión al dÃa siguiente Le respondà que sÃ. No tuve que pensarlo pues esa era la verdad y yo no iba a decir otra cosa. Entonces me dijo que me fuera a mi casa, que más tarde se comunicarÃan conmigo y que por esa noche quedaba relevado del turno. Entregué el radio, dejé las llaves, me saqué el gafete y lo puse
15:36 sobre el escritorio. No pedà permiso para nada más, me levanté y me fui. Salà del hospital y me fui directo a mi casa. El trayecto se me hizo largo, aunque ya conocÃa ese camino de memoria. No iba pensando en otra cosa. Solo repetÃa en la cabeza lo que habÃa visto, en el mismo orden, la mano, los ojos, la voz y el movimiento del torso. Cuando llegué, me senté en la orilla de la cama y me quedé asà un buen rato, todavÃa con el uniforme puesto. No dormà casi nada. Cada vez que cerraba los ojos, volvÃa a oÃr mi nombre en esa sala. AbrÃa los ojos de nuevo y seguÃa despierto. La noche se me fue asÃ, sentado, dando vueltas por la casa y tratando de entender cómo algo asà podÃa pasar delante de mà y dejarme después hablando con gente que querÃa reducirlo a un error, a un reflejo o a un sonido del cuerpo. Al dÃa siguiente me llamaron del hospital. QuerÃan que me presentara para hablar con recursos humanos y ratificar el reporte. Les dije que no iba a volver Me insistieron. Me dijeron que era importante cerrar el incidente y aclarar los hechos. Les respondà que mi parte ya estaba escrita, que yo no iba a cambiar una lÃnea y que si necesitaban una renuncia la iba a mandar sin regresar al hospital. Esa misma tarde envié la renuncia. No pedà tiempo para pensarlo.
17:06 Ya lo habÃa decidido en el momento en que crucé la puerta de salida. Unos dÃas después me buscó el jefe de seguridad. No fue para discutir lo que habÃa visto, fue para preguntarme si estaba seguro de querer dejar el trabajo. Le dije que sÃ. Entonces me habló del tiempo que llevaba ahÃ, del sueldo, del turno estable y de lo difÃcil que era encontrar otra plaza. También me dijo que muchas veces uno no alcanza a entender lo que ve bajo presión. Le respondà que yo sà entendÃa lo que habÃa visto y que por eso mismo no iba a volver. No levanté la voz, no discutà más de la cuenta, solo se lo dije claro. Yo habÃa estado solo dentro de esa sala, yo habÃa visto abrirse esos ojos y yo habÃa escuchado esa voz. La conversación terminó ahÃ, no volvà nunca y no pedà copia del reporte, no fui en persona por la liquidación y no regresé a recoger nada.
18:05 Ese trabajo se acabó para mà esa misma noche, en el momento en que vi un cuerpo moverse sobre una bandeja, y supe que si me quedaba un segundo más me iba a romper por dentro. Después de eso dejé de aceptar turnos nocturnos durante meses. Cuando alguien me preguntaba por qué habÃa renunciado tan de golpe, yo decÃa la verdad. DecÃa que entré a revisar un ruido en la morgue, que encontré un cadáver con los ojos abiertos, que me dijo mi nombre. y que salió de esa bandeja intentando levantarse. Algunos me creÃan y otros no, pero eso nunca cambió nada. Lo que sà quedó claro para mà fue esto. Yo entré esa noche a revisar un ruido común, pensando en una gaveta mal cerrada o en una falla del equipo.
18:54 Hice lo que me tocaba hacer y reaccioné con la cabeza frÃa hasta donde pude, pero lo que encontré adentro no tenÃa nada que ver con una revisión normal. Encontré un cuerpo que abrió los ojos, habló y se movió. Yo salà de ahà corriendo y no regresé jamás.
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