Mi Tía Hizo Brujería En Nuestra Casa Y Maldijo A Mi Mamá - Historias De Terror - REDE
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0:05 Mi tÃa llegó a vivir con nosotros porque dijo que se habÃa quedado sin casa. Mi papá la recibió por ser su hermana y mi mamá aceptó. Le dieron el cuarto del fondo, el que daba al patio. TraÃa dos maletas y una caja. Mi papá quiso ayudarla, pero ella no lo dejó. Entró al cuarto, cerró la puerta y tardó en salir. Cuando volvió al pasillo, ya traÃa la llave en la mano. Mi mamá le preguntó si necesitaba algo y ella le respondió que querÃa descansar. Los primeros dÃas fueron tranquilos. Mi tÃa comÃa con nosotros, lavaba su plato y hablaba poco. Mi papá pedÃa que la dejáramos adaptarse, pero mi mamá empezó a notar cosas. Mi tÃa cerraba el cuarto cada vez que salÃa, aunque solo fuera al baño o al patio. Si alguien pasaba por el pasillo, guardaba silencio. Una noche me levanté a tomar agua y vi luz debajo de su puerta. Era luz baja, de veladoras.
1:05 Me quedé en la cocina y escuché su voz. Hablaba despacio, con frases cortas, y después comenzaron unos golpes sobre una mesa. Regresé a mi cuarto y al dÃa siguiente se lo conté a mi mamá. Con los dÃas los ruidos aumentaron. Se oÃan muebles arrastrándose, agua cayendo en un recipiente y una voz baja que se repetÃa durante varios minutos. Una madrugada escuchamos una gallina dentro de la casa y el sonido venÃa del cuarto de mi tÃa. Mi mamá salió primero, luego salà yo y después mi papá. Nos quedamos frente a la puerta. Adentro mi tÃa hablaba, no rezaba oraciones de iglesia. DecÃa que cumplÃa con su parte, que entregaba la sangre y que pedÃa protección. Mi papá le ordenó que abriera. Ella dejó de hablar pero no abrió. Mi papá se enojó y le recordó que esa era su casa y que tenÃa derecho a saber qué pasaba ahà dentro.
2:07 Mi tÃa respondió desde el cuarto que estaba ocupada. Mi mamá le pidió que esperara. Ãl se quedó frente a la puerta, luego se fue a la sala. Esa noche nadie descansó. Al dÃa siguiente, mi mamá habló con mi tÃa. Le dijo que si necesitaba ayuda, podÃa pedirla, pero que no iba a permitir rituales ni cosas extrañas en la casa. Mi tÃa respondió que mi mamá no debÃa meterse en asuntos que no entendÃa. Mi mamá le contestó que también era su casa y que sus hijos estaban asustados. Mi tÃa se metió al cuarto y cerró con llave. Esa tarde, cuando mi tÃa salió al patio, mi mamá vio parte del cuarto desde el pasillo. Vio veladoras, una mesa, una imagen oscura y manchas en el piso, cerca de una cubeta.
2:57 Mi tÃa la descubrió mirando y cerró la puerta de golpe. Mi mamá esperó a que mi papá regresara, y cuando llegó, le contó todo. Esta vez no lo dejó pasar. Esperó a que mi tÃa saliera y le dijo que necesitaba revisar el cuarto. Ella se negó y mi papá le preguntó qué escondÃa. Mi tÃa respondió que él no debÃa abrir esa puerta. Esa noche mi papá se quedó en la sala y mi mamá también permaneció despierta. Yo estaba en mi cuarto con la puerta abierta. Cuando volvió la luz debajo de la puerta, mi papá caminó hacia el fondo y le pidió a mi tÃa que abriera, pero ella no respondió. Después escuchamos su voz, más clara que antes.
3:42 Le rezaba al diablo. PedÃa que recibiera la sangre, que aceptara lo ofrecido y que no dejara sin pago a quien le habÃa servido. Mi papá fue por una herramienta y abrió la puerta. Mi mamá y yo nos quedamos en el pasillo. Al entrar vimos el altar. HabÃa veladoras, una imagen del diablo, sangre en un recipiente, fotografÃas y restos de una gallina. Mi tÃa estaba de rodillas con las manos manchadas. No gritó ni escondió nada. Miró a mi papá de frente. Mi mamá empezó a llorar. Mi papá ordenó a mi tÃa que se levantara. Ella obedeció. Ãl le preguntó qué hacÃa en su casa y ella respondió que ya estaba hecho y que no podÃa detenerlo.
4:29 Mi papá le dijo que recogiera sus cosas y se fuera. Mi tÃa volteó hacia mi mamá y dijo que ella iba a pagar primero. que ya estaba entregada, que su cuerpo iba a fallar poco a poco y que nadie volverÃa a dormir tranquilo. Mi papá le advirtió que no amenazara a su familia, pero mi tÃa siguió mirando a mi mamá y dijo que cada puerta y cada ventana nos iba a recordar esa noche. Mi mamá le pidió que se callara. Mi papá la sacó del cuarto y le ordenó tomar sus maletas. Ella recogió sus cosas. Mi papá no le permitió llevarse nada del altar. La acompañó hasta la puerta principal. Pero antes de irse, mi tÃa volvió a decir que mi mamá ya estaba ofrecida y que no Ãbamos a romper eso con rezos ni médicos.
5:19 Luego se fue caminando y nadie salió detrás de ella. Mi papá cerró con llave, después regresó al cuarto y metió todo en bolsas y no dejó que mi mamá tocara nada. Al levantar unas fotografÃas, encontró una de mi mamá doblada y amarrada con hilo negro. Se quedó quieto, la rompió y la tiró junto con lo demás. Luego, limpió el cuarto con cloro y dejó la ventana abierta. Después de esa noche, mi mamá empezó a sentirse mal. Primero tuvo dolor de cabeza, luego náuseas y cansancio. Mi papá la llevó al médico. Le revisaron la presión. Le mandaron a hacer estudios y le dieron medicamento, pero siguió igual.
6:03 ComÃa poco, dormÃa mal y se veÃa más débil. Luego comenzaron las cosas en las ventanas. La primera vez fue en la cocina. Yo lavaba un vaso cuando vi una cara pegada al vidrio. TenÃa los ojos abiertos y la boca quieta. Solté el vaso y grité. Mi papá salió al patio, revisó la reja y la entrada, pero no encontró a nadie. Mi mamá empezó a rezar más. Mi papá decÃa que habÃa que seguir con los médicos, pero dejó de burlarse de lo que veÃamos. En las noches revisaba puertas y ventanas antes de acostarse. Aún asÃ, seguÃan los golpes en la puerta del fondo, los pasos cerca del cuarto y los ruidos en el pasillo. Cuando mi papá abrÃa, todo estaba vacÃo. Una vecina supo que mi mamá seguÃa enferma y mencionó a una mujer que conocÃa trabajos de brujerÃa. Mi papá no querÃa ir porque temÃa meternos en algo peor. Mi mamá respondió que ya estábamos mal y al final fueron los dos. Regresaron serios. Mi mamá venÃa llorando. Mi papá contó que la mujer habló de un trabajo con sangre y fotografÃa, hecho para entregar a mi mamá como ofrenda al diablo. También dijo que el trabajo era fuerte, porque se habÃa hecho dentro de la casa y se habÃa repetido. La intención era acabarla poco a poco, hasta que los médicos lo tomaran por una enfermedad común. Mi papá escuchó todo y se quedó
7:34 sentado en la mesa con las manos juntas. Mi mamá se fue a acostar y no quiso cenar. Esa noche dormimos en la sala, con la luz encendida y la puerta asegurada. En la madrugada escuchamos golpes en la puerta principal. Fueron tres golpes fuertes. Mi papá se levantó. Caminó hasta la entrada y preguntó quién estaba ahÃ, pero nadie respondió. Mi mamá comenzó a rezar y mi hermano se cubrió hasta la cabeza. Luego se oyó una risa baja afuera. Mi papá abrió de golpe, pero la calle estaba vacÃa. Revisó la entrada y el patio, pero no encontró a nadie.
8:14 Cerró con llave, puso una silla contra la puerta y volvió a la sala sin decir nada. Después de eso, aceptó ir a la iglesia. Solo dijo que necesitábamos ayuda. Fuimos a misa y recuerdo a mi mamá sentada con las manos frÃas y la mirada fija en el altar. Mi papá habló con el sacerdote al terminar. Le contó que una familiar habÃa hecho rituales en la casa, que habÃamos encontrado sangre, fotografÃas y un altar, y que mi mamá estaba enferma desde esa noche. El sacerdote lo escuchó serio. Pidió que siguiéramos con los médicos y que no dejáramos sola a mi mamá Mi papá le respondió que ya habÃa tirado todo lo del cuarto Entonces el sacerdote pidió ir a bendecir la casa Fue unos dÃas después, rezó en la sala, en la cocina, en los cuartos y en el patio Cuando llegó al cuarto del fondo, la puerta se cerró Mi papá estaba junto a él y la abrió de inmediato El sacerdote siguió rezando y mi mamá estaba conmigo en el pasillo Cuando el agua tocó la pared donde habÃa estado el altar, sonaron golpes dentro del cuarto. Mi papá revisó la pared y la ventana, pero no encontró nada. El sacerdote terminó la oración y nos pidió mantener la calma, pero en su cara habÃa preocupación.
9:36 La casa estuvo tranquila poco tiempo. Mi mamá comió mejor dos dÃas y se bañó sola. Mi papá regresó al trabajo, aunque llamaba para preguntar por ella. Yo revisaba las ventanas y mi hermano evitaba pasar por el cuarto del fondo. Una tarde llegué de la escuela y encontré a mi mamá sentada frente a la ventana de la sala. TenÃa los ojos clavados en el vidrio. Me dijo que habÃa visto a mi tÃa en el patio con la ropa de esa noche. Detrás de ella habÃa una figura alta con la cara roja. Mi tÃa señaló a mi mamá, la figura puso una mano en el vidrio y luego desaparecieron. Me acerqué a la ventana y vi la marca afuera.
10:19 Era una mano grande con dedos largos. No la toqué. Cuando mi papá llegó, tomó una foto y llamó a la policÃa. Dijo que alguien estaba entrando al patio. Llegaron dos agentes, revisaron la entrada, las ventanas y la barda. Uno preguntó si tenÃamos problemas con alguien. Mi papá mencionó a mi tÃa, pero no habló del altar. Los agentes dijeron que sin una persona identificada o una entrada forzada no podÃan hacer mucho. Mi papá empezó a preguntar por mi tÃa. Un primo le dijo dónde estaba viviendo. Mi mamá le pidió que no fuera, pero él se fue solo.
10:59 Regresó con un golpe en la ceja y la camisa rota. Se sentó en la mesa y contó poco. Dijo que la encontró en una casa y que ella salió a verlo. Le pidió que dejara en paz a mi mamá. Ella respondió que mi mamá ya le pertenecÃa al diablo y que el trabajo no se deshacÃa sin entregar otra cosa. Mi papá quiso entrar, pero lo empujaron y se fue. Mi mamá empeoró después de esa visita. Bajó más de peso, caminaba lento y le salieron moretones en los brazos. Los médicos pidieron estudios nuevos y le hablaron de anemia, infección, debilidad y estrés. Mi papá guardaba los resultados en una carpeta y hacÃa llamadas por otra cita. En la casa siguieron los ruidos. La chapa del cuarto del fondo se movÃa sin que hubiera nadie adentro y en la puerta aparecÃan rascuños. A veces una voz llamaba a mi mamá desde el patio. Una noche la encontramos frente a la puerta principal con la mano en la chapa. Mi papá le preguntó qué hacÃa y ella respondió que alguien le habÃa pedido salir. Desde entonces nadie durmió solo. Mi papá puso un mueble contra la puerta cada noche. El sacerdote volvió dos veces, rezó con nosotros y bendijo la casa otra vez. También habló con mi mamá. Le pidió que no dejara el tratamiento y que avisara si escuchaba la voz.
12:27 Mi mamá lloraba en silencio y la familia empezó a dividirse. Unos decÃan que debÃamos buscar a otra bruja para deshacer el trabajo. Otros insistÃan en que todo era enfermedad y miedo. Mi papá no discutÃa. DecÃa que iba a llevar a mi mamá al médico, a la iglesia y a donde hiciera falta. Lo peor pasó otra madrugada. Mi hermano me despertó por rasguños en el cuarto del fondo. Salimos al pasillo. La puerta estaba cerrada, pero del otro lado se escuchaba una respiración lenta. Mi papá llegó con una lámpara y mi mamá apareció detrás de él descalza apoyada en la pared la chapa comenzó a moverse luego la puerta se abrió unos centÃmetros en la abertura vimos una cara roja pegada al borde con los ojos abiertos y la boca quieta mi papá empujó la puerta con el hombro y la cerró puso una silla contra la perilla mi mamá cayó al piso y empezó a respirar rápido mi papá la cargó al carro y la llevamos al hospital La dejaron internada, le pusieron suero, le dieron medicamento y le hicieron estudios. Los doctores hablaron con mi papá en el pasillo.
13:44 Dijeron que estaba muy débil, que tenÃa anemia y que necesitaban revisar más. Mi papá firmó papeles, respondió preguntas y se quedó junto a la cama. Yo lo vi sentado ahÃ, con la misma ropa, mirando el piso. Mientras mi mamá dormÃa, me dijo que no sabÃa si mi tÃa habÃa hecho algo real o si el miedo nos estaba destruyendo. No buscaba consolarme, estaba cansado y decÃa lo único que tenÃa claro. Mi mamá salió dÃas después con medicamentos y citas pendientes. Regresó con menos fuerza. En la casa seguimos con reglas. Nadie se quedaba solo. Nadie abrÃa la puerta sin avisar y el cuarto del fondo permanecÃa cerrado. Mi papá puso una cruz arriba de la puerta y dejó una silla contra la perilla cada noche. No volvimos a ver a mi tÃa, pero supimos por un primo que seguÃa viviendo en la misma colonia. Pero mi papá no volvió a buscarla.
14:41 Dijo que no iba a traer más problemas. Las marcas siguieron apareciendo en las ventanas. A veces eran dedos, a veces una palma completa. Mi papá las limpiaba antes de que mi mamá se levantara. Una mañana lo vi hacerlo con un trapo, sin hacer ruido. Me miró y no dijo nada. Yo tampoco. Seguimos yendo a la iglesia, llevando a mi mamá al médico y revisando las puertas antes de dormir. Mi mamá no murió, pero no volvió a ser la misma. Mi papá cambió. Mi hermano dejó de dormir con la luz apagada y yo aprendà a despertar con cualquier ruido. Hasta ahora seguimos esperando una mañana sin señales en el vidrio. HabÃa noches en que el miedo no venÃa de un golpe ni de una voz, sino del silencio que quedaba en la casa. Todos estábamos acostados, pero nadie dormÃa de verdad. Se oÃa el refrigerador, el viento en el patio y la respiración de mi mamá, débil, cortada por momentos. Entonces empezaba lo peor. Una sombra pasaba por la ventana, lenta, sin pasos afuera. Mi papá se levantaba y miraba por la cortina, pero no abrÃa. Ya habÃa aprendido que abrir no servÃa de nada. Una vez escuché uñas raspando el vidrio de mi cuarto. No fue un golpe fuerte, fue un sonido bajo, seguido, desde una esquina de la ventana. Me quedé sentado en la cama con la espalda pegada a la pared sin poder llamar
16:14 a nadie. Después vi una mano apoyarse en el cristal. Los dedos eran largos y oscuros. Se quedaron ahà unos segundos. Luego bajaron despacio, dejando marcas. Mi mamá decÃa que, cuando cerraba los ojos, escuchaba a mi tÃa rezando cerca de su oÃdo. No la veÃa, pero reconocÃa su voz. DecÃa que el diablo cobraba despacio, que no tenÃa prisa, que lo entregado ya no se soltaba fácil. Mi papá le pedÃa que rezara, pero ella respondÃa que las oraciones le pesaban en la boca. Lo más duro era sentir que la casa tenÃa dueño. Caminábamos despacio, hablábamos bajo y evitábamos mirar las ventanas de noche. HabÃa una presencia pegada a nosotros, en los pasillos, detrás de las puertas, junto al cuarto del fondo. Nadie la nombraba, nadie querÃa decir que era el diablo, pero todos lo pensábamos. Y cada vez que amanecÃa otra marca en el vidrio, entendÃamos que seguÃa ahÃ.
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