La Hechicera Que La Inquisición No Pudo Silenciar - Historias De Terror - REDE
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
0:05 Recuerdo el verano de 1694. Yo era escribano de San Bartolomé y llevaba los acuerdos del Cabildo, las declaraciones de los vecinos y los asuntos de la parroquia. Por ese oficio presencié los interrogatorios de MarÃa de la Cruz, vi su encierro y escuché las primeras acusaciones. ConocÃa su trabajo porque las familias acudÃan a ella cuando una enfermedad o una herida superaba lo que podÃan atender. MarÃa vivÃa fuera del pueblo y era viuda. Preparaba remedios con plantas, limpiaba heridas, ayudaba en partos y atendÃa fiebres. Algunas personas la buscaban porque el médico de la villa cobraba más de lo que podÃan pagar, y otras confiaban en ella porque ya las habÃa atendido. Cuando veÃa un caso grave, pedÃa que llevaran al enfermo fuera del pueblo. Nunca la escuché prometer una curación ni atribuirse poderes. El fray Alonso Valdés, párroco, conocÃa sus remedios y le habÃa pedido que usara oraciones aprobadas por la iglesia. Ella respondió que rezaba las plegarias aprendidas de su madre. La enfermedad comenzó cerca del Pozo del Sur. Los primeros enfermos tuvieron fiebre, vómitos y diarrea.
1:24 Sebastián Luján, un niño de siete años, murió después de dos dÃas. Luego enfermaron varias personas y las familias buscaron a MarÃa. Ella las visitó, preguntó de dónde sacaban el agua y comprobó que todas usaban el mismo pozo. Pidió hervirla antes de beber, lavar la ropa de los enfermos lejos de la acequia y dejar de usar el pozo durante unos dÃas. Don Gaspar de Montalvo, alcalde del pueblo, rechazó el cierre. Dijo que muchas casas dependÃan de esa agua y que una curandera carecÃa de autoridad para imponer una medida general. Yo anoté sus palabras. MarÃa insistió en que la suciedad de la acequia llegaba al pozo durante las lluvias, pero el alcalde cerró la discusión. La enfermedad siguió extendiéndose. Varios hombres que ayudaban en el cementerio enfermaron y los entierros comenzaron a retrasarse. Las campanas sonaban, los vecinos se reunÃan frente a la iglesia y las familias pedÃan una explicación. En esas reuniones empezó a mencionarse a MarÃa, Beatriz Luján, madre de Sebastián, presentó la primera acusación ante la parroquia. Declaró que MarÃa habÃa tocado la frente del niño y que su estado empeoró después de la visita.
2:44 Fray Alonso le preguntó si habÃa visto una oración prohibida, un objeto extraño o un acto de hechicerÃa. Beatriz respondió que no, pero sostuvo que una mujer sola no debÃa conocer tantos remedios. Pedro Ordóñez declaró después. que habÃa visto humo salir de la casa de MarÃa por la noche. MarÃa explicó que habÃa quemado romero después de atender a una mujer enferma. Pedro reconoció que no habÃa entrado y que ignoraba lo ocurrido dentro. Aún asÃ, su declaración quedó unida a la de Beatriz. Pocos dÃas después murió la esposa del alcalde. MarÃa la habÃa atendido y habÃa pedido que dejaran de darle agua del Pozo del Sur. Don Gaspar ordenó registrar su casa. Yo acompañé a los hombres del cabildo para levantar una relación de lo encontrado. HabÃa plantas, vendas, un cuaderno y un paquete con cabellos. MarÃa explicó que pertenecÃan a una niña a quien habÃa curado una herida en la cabeza. La madre confirmó esa explicación ante mÃ, pero el alcalde decidió guardar el paquete con los demás objetos y Fray Alonso declaró que nada de lo encontrado probaba un acto de brujerÃa. Pero don Gaspar respondió que los familiares de los muertos exigÃan una decisión y convocó al cabildo. MarÃa no pudo entrar en la reunión. Al terminar, los miembros acordaron encerrarla, hasta la llegada de un representante
4:16 del santo oficio. La llevaron a un almacén y dejaron dos hombres en la entrada. MarÃa pidió conservar su cuaderno. pero el alcalde ordenó retenerlo. Durante los dÃas siguientes, varias personas se acercaron para exigirle una confesión o una forma de detener la enfermedad. Ella repitió que debÃan cerrar el pozo y hervir el agua. La respuesta pasó de una casa a otra, y algunos vecinos la presentaron como amenaza. El licenciado Baltasar de Medina, comisario del santo oficio, llegó acompañado por un notario y dos ayudantes. Revisó las declaraciones, examinó los objetos y ordenó interrogar a MarÃa en la sacristÃa.
4:59 Yo permanecà ahà para copiar cada pregunta y cada respuesta. El comisario le preguntó quién le habÃa enseñado a curar, qué oraciones usaba y por qué vivÃa fuera del pueblo. MarÃa respondió que habÃa aprendido de su madre y de una curandera indÃgena llamada Inés. Dijo que la casa habÃa pertenecido a su marido. y explicó que sus remedios se preparaban con plantas, agua hervida, paños y ungüentos. Baltasar de Medina preguntó por el origen de la enfermedad. MarÃa señaló que los primeros casos aparecieron entre las familias que bebÃan del Pozo del Sur, y afirmó que la acequia recibÃa desechos de las casas y del matadero. Don Gaspar la interrumpió y dijo que buscaba culpar al cabildo. El comisario ordenó revisar el pozo. Dos hombres observaron el agua, vieron que estaba clara y regresaron sin recorrer la acequia. Su informe bastó para rechazar la explicación de MarÃa. Durante otro interrogatorio, Beatriz afirmó que habÃa escuchado a MarÃa decir que el pueblo pagarÃa por despreciarla. MarÃa reconoció la discusión. Contó que Beatriz habÃa querido llevarse un remedio sin pagarlo y que ella le habÃa dicho que algún dÃa necesitarÃa a las personas que despreciaba. El comisario registró la frase como una posible amenaza. Fray Alonso enfermó poco después. Desde su cama
6:30 pidió que llamaran a MarÃa, pero el alcalde rechazó la petición. Dos criados de la parroquia escucharon la orden y declararon. Cuando MarÃa supo lo ocurrido, pidió que hirvieran el agua del párroco y cambiaran su ropa de cama. El mensaje llegó tarde y Fray Alonso murió. El nuevo encargado de la parroquia declaró durante la misa, que la enfermedad podÃa ser un castigo por haber permitido prácticas dudosas. Sus palabras provocaron nuevas acusaciones. Algunas personas reconocieron que MarÃa las habÃa curado, pero añadieron que una recuperación rápida podÃa venir del demonio. Otras repitieron historias del mercado, pero ninguna declaración probó que MarÃa hubiera practicado la hechicerÃa. El comisario ordenó evitar cualquier castigo hasta concluir el proceso. Don Gaspar aceptó, aunque mantuvo a MarÃa encerrada. Cuando volvÃa a verla, tenÃa lastimadas las muñecas y caminaba con dificultad. En la audiencia ante el cabildo, MarÃa negó haber hecho un pacto con el demonio. Baltasar de Medina le preguntó si aceptaba declarar que sus remedios eran engaños. Ella respondió que algunas plantas calmaban el dolor, reducÃan la fiebre y ayudaban a limpiar heridas. dijo que no podÃa negar lo comprobado durante años. El comisario le ofreció una última oportunidad para reconocer que sus conocimientos procedÃan de una fuerza prohibida. MarÃa contestó que nunca habÃa recibido
8:02 ayuda del demonio, que tampoco habÃa causado la enfermedad, y que una confesión falsa justificarÃa su encierro, pero no devolverÃa la vida a los muertos. Baltasar de Medina ordenó que permaneciera bajo custodia, mientras revisaba el caso y pidió al alcalde que evitara el contacto entre la prisionera y los vecinos. Don Gaspar reforzó la puerta del almacén, pero permitió que las familias siguieran reuniéndose cerca. Desde mi mesa escuchaba sus voces y anotaba los nombres de quienes exigÃan una condena. Cada dÃa llegaban más. Durante las semanas siguientes, el licenciado Medina repitió las preguntas y MarÃa sostuvo sus respuestas. El notario escribió que se mostraba obstinada porque rechazaba la confesión propuesta, mientras yo dejé constancia de que no habÃa aparecido una sola prueba nueva. Aún asÃ, el proceso continuó y el encierro se prolongó. Recuerdo una lluvia fuerte que desbordó la acequia cerca del matadero. Vi el agua sucia avanzar hasta el terreno del Pozo del Sur y también la vieron varios vecinos. Al dÃa siguiente, don Gaspar mandó limpiar el lugar antes de que el comisario pudiera revisarlo. Informé al licenciado Medina y le pedà que incorporara el hecho al expediente, pero respondió que mi deber era copiar declaraciones, no dirigir la investigación. Escribà lo ocurrido en una hoja separada y
9:32 la guardé con los demás documentos. Dos dÃas después habÃa desaparecido. El pozo permaneció cerrado y los nuevos casos comenzaron a disminuir. Don Gaspar atribuyó la mejorÃa a las oraciones celebradas en la iglesia. MarÃa pidió que se registrara la relación entre el cierre y la reducción de enfermos, pero su petición quedó fuera del expediente. Algunas personas dejaron de apoyar la acusación, aunque ninguna habló en público a su favor. Dos vecinos me dijeron que temÃan ser señalados y pedÃan su libertad. Les propuse declarar ante el comisario, pero se negaron. Después llegó una orden para trasladar a MarÃa a la ciudad y continuar ahà el juicio. El viaje se retrasó porque el camino estaba dañado y faltaban animales para el traslado.
10:22 Mientras se preparaba la salida, corrió el rumor de que el santo oficio habÃa autorizado su castigo. Nunca vi una orden con ese contenido y el comisario negó haberla recibido, pero el rumor creció porque el encargado de la parroquia lo repitió durante la misa. Ese dÃa, una mujer interrumpió la ceremonia para decir que su hijo habÃa enfermado. El fraile declaró que el mal continuarÃa mientras MarÃa se negara a confesar. Cuando terminó la misa, varias personas caminaron hacia el almacén y otras se unieron en el camino. Los guardias intentaron cerrar la entrada, pero fueron apartados. Cuando llegué, la puerta estaba abierta y MarÃa ya habÃa sido sacada.
11:09 don Gaspar se encontraba en la plaza con varios miembros del cabildo el comisario le exigió que protegiera a la prisionera pero el alcalde respondió que no podÃa contener a la multitud en el patio del cabildo habÃa más de 15 peones y ninguno recibió la orden de intervenir los vi permanecer ahà mientras el grupo llevaba a MarÃa hasta el poste MarÃa caminaba con dificultad dos hombres la sujetaban por los brazos y otros cerraban el paso Beatriz Luján le exigió que confesara quien le habÃa dado poder para causar la enfermedad. MarÃa respondió que no tenÃa ningún poder y que los primeros enfermos habÃan bebido del mismo pozo. Pedro Ordóñez afirmó que esa respuesta demostraba que conocÃa el origen del mal. MarÃa contestó que lo sabÃa, porque habÃa visitado a las primeras familias y les habÃa preguntado qué agua bebÃan.
12:07 La ataron al poste. El licenciado Medina se colocó frente al grupo y declaró que no existÃa una sentencia de muerte. Varias personas gritaron que la Inquisición protegÃa a MarÃa. Un hombre empujó a uno de sus ayudantes y otro levantó un palo contra el notario. Medina retrocedió y volvió a pedir apoyo al alcalde. Don Gaspar ordenó que los empleados del cabildo permanecieran dentro del edificio. Los peones cerraron la entrada y la plaza quedó en manos de la multitud. El fraile se acercó a MarÃa y le pidió que confesara para recibir la absolución. Ella respondió que una confesión falsa solo servirÃa para justificar su muerte. Pedro y otros hombres llevaron leña. Beatriz volvió a preguntarle por qué habÃa muerto Sebastián. MarÃa dijo que el niño habÃa bebido agua del pozo y que ella habÃa llegado cuando su estado ya era grave. Beatriz la golpeó y nadie la apartó.
13:07 Pedà al alcalde que detuviera el ataque, pero don Gaspar me ordenó volver al corredor del cabildo y registrar únicamente aquello que pudiera sostener ante un tribunal. Me quedé cerca de la plaza porque debÃa anotar lo que ocurrÃa y porque sabÃa que, si me retiraba, otros escribirÃan una versión distinta. Antes de que encendieran la leña, MarÃa pidió agua. Nadie se acercó. Después miró al alcalde, al fraile, al comisario y a las familias reunidas. Dijo que habÃa advertido sobre el pozo, que la habÃan encerrado para ocultar el error del cabildo y que todos habÃan preferido una acusación antes que aceptar su responsabilidad. Luego declaró que la tierra dejarÃa de darles agua y que quienes permitieran su muerte conservarÃan su rostro en la memoria hasta el final de sus vidas.
14:02 Habló con claridad y los presentes guardaron silencio. Pedro encendió la leña. El comisario ordenó detenerlo, pero nadie obedeció. Sus ayudantes lo llevaron hacia la iglesia, cuando varios hombres se acercaron con palos. El fraile siguió rezando junto a la entrada. Don Gaspar entró al cabildo y cerró la puerta. MarÃa dejó de responder antes de que el fuego consumiera la leña. Cuando la mayorÃa comenzó a retirarse, el sacristán se acercó y confirmó que habÃa muerto. El fraile negó su entierro en el cementerio. Esa noche, varios hombres llevaron sus restos fuera del pueblo. El comisario partió poco después. En el informe que dejó al notario, escribió que MarÃa habÃa muerto durante un desorden, que las autoridades no pudieron contener. Omitió que el alcalde mantuvo a sus hombres dentro del cabildo.
14:57 y se negó a ordenarles que intervinieran. También dejó fuera la revisión incompleta del pozo y la hoja desaparecida. La enfermedad disminuyó después del cierre. Semanas más tarde el pozo volvió a utilizarse, aunque muchas familias buscaron agua en otros lugares. Al final del verano comenzó a dar menos agua. Los demás pozos también bajaron y la siguiente cosecha se perdió por falta de lluvia. La sequÃa continuó al año siguiente. varias familias vendieron sus animales y abandonaron San Bartolomé el cabildo abrió otro pozo cerca de la iglesia pero el agua nunca alcanzó para todos Beatriz perdió a otro hijo durante una fiebre don Gaspar dejó el cargo y se marchó después varias personas que estuvieron en la plaza declararon que recordaban el rostro de MarÃa durante la noche Beatriz dijo al fraile que lo veÃa al cerrar los ojos Uno de los hombres que llevó la leña abandonó su casa y pidió alojamiento en la parroquia. Yo escuché sus declaraciones, aunque no puedo afirmar que veÃan. También recuerdo el rostro de MarÃa. Lo vi cuando pronunció sus últimas palabras y todavÃa lo conservo. No puedo asegurar que la sequÃa fuera causada por su condena, pero el agua comenzó a faltar después de su muerte. El pueblo perdió sus cosechas y ninguno de los responsables reconoció su participación. Años más tarde,
16:29 revisé los libros de la parroquia. Ahà constaba que MarÃa de la Cruz habÃa muerto fuera de la fe y sin sepultura cristiana. Escribo doce años después. San Bartolomé tiene menos habitantes, depende del reparto de agua y conserva la base del poste. MarÃa fue encerrada sin pruebas y murió por decisión de sus vecinos. Yo estuve ahà y todavÃa recuerdo su rostro.
Apple Podcasts
Spotify
Castro
RSS Feed