La Brujería De Muerte Que Nadie Pudo Romper - Historias De Terror - REDE
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0:05 Crecà en un pueblo en Oaxaca. HabÃa muy pocas oportunidades de trabajo. La escuela solo llegaba hasta el nivel secundaria y faltaban varios servicios básicos como la luz o el sistema de drenaje. Por estas razones, mis padres siempre quisieron que, tanto mis hermanos como yo, saliéramos de ese lugar a la primera oportunidad. Cada uno de mis cuatro hermanos tenÃa algún talento o habilidad que les dio la oportunidad de salir del pueblo. pero en mi caso fue diferente. No tenÃa nada que me hiciera destacar del resto de las personas, no habÃa una forma rápida de salir de ahÃ. Pero todo esto cambió cuando me hice amigo del curandero del pueblo.
0:47 Ãl era un hombre 30 años mayor que yo, que habÃa pasado prácticamente toda su vida aprendiendo sobre brujerÃa y magia blanca, y sabÃa cómo curar a las personas con diferentes tipos de remedios. Al no tener un hospital cerca, Ãl era lo mejor que podÃamos conseguir, pero sus remedios siempre resultaban bastante efectivos. No me malinterpreten, yo no era su aprendiz. Desde que llegué a trabajar con él, me dejó claro que yo era una de esas tantas personas que no podÃan percibir el mundo espiritual y probablemente nunca lo lograrÃa. Pero sà podÃa ayudarlo en otras tareas, ya que para eso no se necesitaba ninguna habilidad especial, solo seguir instrucciones.
1:32 Trabajé con él durante casi dos años, hasta que abrieron un hospital a solo 40 minutos del pueblo. Eso fue muy conveniente para los habitantes, y a pesar de que él aún tenÃa algunos clientes fieles, poco a poco su negocio comenzó a decaer. Ya no podÃa permitirse tener un asistente, y yo supuse que me despedirÃa. Para mi sorpresa, en lugar de despedirme, Me propuso algo distinto, irme con él a la ciudad. Al principio me sorprendió, pero luego me explicó sus planes. Me dijo que tenÃa conocidos en la ciudad que podrÃan enseñarle más cosas y que podrÃa abrir un consultorio privado con mayor clientela. Juntos podrÃamos manejarnos muy bien.
2:15 Como mis padres me habÃan educado con la mentalidad de aprovechar cualquier oportunidad para salir del pueblo, terminé aceptando. Nos fuimos. No dirÃa que nos hicimos ricos, pero no nos fue mal, y además habÃa logrado salir del pueblo, algo de lo que mis padres estaban orgullosos. Un dÃa este hombre llegó a mà muy emocionado, diciéndome que habÃa encontrado la manera de ganar aún más dinero. Me preocupé pensando que se dedicarÃa a realizar fraudes, como muchos de los mentirosos que nos rodeaban, que se aprovechaban de la desesperación de las personas sin ofrecer ninguna cura real. Siempre habÃa respetado a este hombre porque era justo y honesto. Cuando no podÃa curar algo, lo decÃa. Incluso algunos de sus conocidos le sugerÃan que deberÃa inventarse un poco más de lo que ofrecÃa para atraer a más clientes. Pero él siempre se negaba.
3:12 Cuando llegó diciendo que habÃa encontrado la manera de ganar más dinero, pensé que finalmente lo hubieran convencido. Me aclaró que no era asÃ. Me dijo que habÃa estado estudiando cómo ser un conducto. No entendà de qué estaba hablando, pero luego me explicó que habÃa encontrado la manera de salir de su cuerpo, dejando espacio para que alguien más lo habitara. Según él, permitirÃa que almas sanadoras ocuparan su cuerpo, lo que le permitirÃa curar a las personas de manera más rápida y efectiva. La idea me pareció fascinante, sobre todo porque él estaba muy seguro de lo que hacÃa.
3:52 Me aseguró que no habÃa nada que temer. Si su mente era lo suficientemente fuerte, no permitirÃa que ninguna alma maligna entrara en su cuerpo. Para lograr esto, tuvo que meditar durante varios dÃas. Ni siquiera pudimos ir al consultorio, porque tenÃa que ayunar y pasarse todo el tiempo encerrado en su habitación. Pasaron tres dÃas sin que me dijera nada, y en ese tiempo llegué a pensar que quizás no estaba logrando su cometido Pero cuando finalmente salió de la habitación, me dijo que habÃa tenido éxito. Me contó que habÃa logrado contactar con cuatro entidades de pura luz, que estaban dispuestas a usar su cuerpo para sanar a los demás.
4:37 Estaba emocionado. Durante la semana siguiente, su popularidad creció considerablemente. Todos los clientes decÃan que, al estar con él, sentÃan una paz inmensa. como si todo lo que les perturbaba o les daba miedo desapareciera al estrechar su mano, y yo era uno de los que podÃa dar fe de ello. Pues, a pesar de que él no me curaba, yo estaba a su lado durante todo el proceso, y podÃa darme cuenta de cuándo ya no era él quien habitaba su cuerpo, y con el tiempo también me di cuenta de que cada una de las entidades de las que él me habló era distinta a su manera. pero todas tenÃan ciertos rasgos en común, pues supongo que, como me dijo él, eran entidades de luz. Una de ellas era muy feliz.
5:26 No sé exactamente cómo explicarlo, pero la felicidad que irradiaba era tal que te contagiaba. Cuando estabas cerca del curandero poseÃdo por esta entidad, no podÃas evitar reÃrte, y al mismo tiempo él también se reÃa, hablando de lo gracioso que era tener manos. En general, cada palabra que utilizábamos los humanos le parecÃa un chiste. Personalmente, esta entidad era la que más me agradaba, pero, por desgracia, también era la que menos llegaba a poseerlo. Me arriesgo a sonar un poco presumido, pero dirÃa que yo también le agradaba mucho a esta entidad porque, cuando me veÃa, me saludaba.
6:07 HabÃa otra entidad que era muy seria, pero parecÃa ser porque no le gustaba el cuerpo en el que estaba. Me lo comentó en algún momento, diciendo que el cuerpo se sentÃa muy viejo y que los cuerpos humanos envejecÃan de tal manera que los músculos dolÃan. Por eso, la mayor parte del tiempo estaba muy seria, pero aún asà ayudaba a todas las personas que estaban ahÃ. La tercera entidad era toda bondad, pero de una forma que podÃa llegar a incomodarte y hasta cierto punto molestarte. Hablaba con mucha condescendencia como si los seres humanos fuéramos muy frágiles. Cada vez que intentabas entablar cualquier tipo de conversación con ella, te explicaba de una manera como si le estuviera hablando a un niño muy pequeño, de dos o tres años.
6:55 Era casi como si insultara tu inteligencia o creyera que no podrÃas comprender nada de lo que te estaba diciendo. Entiendo que hasta cierto punto tenÃa razón en que somos seres inferiores comparados con lo que estas entidades de luz, como él las llamaba, podÃan hacer. No podÃas evitar sentirte insultado por recibir su ayuda o entablar cualquier tipo de conversación. Desafortunadamente, esta tercera entidad era la que más se involucraba en la sanación, precisamente por su especie de lástima por nosotros, queriendo curar a la mayorÃa. La cuarta entidad era difÃcil de identificar. Nunca pude entablar una conversación significativa con ella para identificar su personalidad. Cuando estaba cerca del curandero, poseÃdo por esta última entidad, no sabÃa cómo describirlo. No sentÃas paz, pero tampoco te sentÃas mal, y además no abrÃa la boca para nada. PodÃas saber lo que querÃas solo con la mente. No me refiero a que escuchabas una voz en tu cabeza, sino a que era como si algo te hiciera dar la mano o acercarte un poco, como si de alguna manera te pudiera controlar. Era la única de las cuatro que no preguntaba cuál era tu dolencia, simplemente la sabÃa cuando estabas frente a él. TenÃamos muchos clientes en aquella época, la voz se habÃa corrido entre una gran cantidad de personas cercanas, e incluso conocÃamos a pacientes que venÃan desde muy lejos solo para ver si
8:26 era tan milagroso como decÃan. llegando al punto de tener que rechazar pacientes porque esas entidades de luz no se quedaban todo el tiempo que él querÃa. TenÃa que entrar en un trance después de meditar para que cualquiera de ellas acudiera a su llamado, pero de un momento a otro podÃan salir y él ya no podÃa hacer nada para detenerlas. Más o menos habÃamos calculado cuántas personas podÃamos ayudar antes de que aquella entidad de luz decidiera salir. Mientras él estaba entrando en este trance y los pacientes ya estaban afuera esperándolo, yo entré al consultorio para ver si ya estaba listo. Aún seguÃa meditando. Me pareció extraño, pues habÃa sobrepasado varios minutos el tiempo que le tomaba a cualquier entidad de luz entrar en él. Decidà no darle mayor importancia y continué esperando. Me quedé parado en la puerta. Supuse que ya no le faltaba mucho para terminar.
9:24 No vi nada por obvias razones, pero sentà mucho frÃo en el consultorio. Era como si la temperatura hubiera bajado. Volteé a ver a aquel hombre y su cuerpo estaba muy tenso. Nunca lo habÃa visto actuar asÃ. Estaba a punto de agitarlo o al menos tratar de sacarlo de ese trance, pues se veÃa que se estaba lastimando. Pero antes de que pudiera siquiera tocarle el hombro, él se dio la vuelta y me sujetó fuertemente de la muñeca. Nunca me habÃa hecho algo asÃ. Intenté retroceder para quitarme el brazo de sus manos, pero su agarre era muy fuerte. Le pregunté qué le pasaba, pues parecÃa que ya estaba consciente.
10:07 Me miraba directamente a los ojos con cara seria, y por primera vez desde que lo conocÃ, me sentÃa inseguro con su sola presencia. Seguà forcejeando para liberarme durante segundos, solo para que él me soltara de una forma tan inesperada, que, por la fuerza que yo también estaba aplicando, perdà el equilibrio y me caà al suelo del consultorio. No le quitaba la mirada de encima porque no tenÃa ni la menor idea de lo que estaba pasando y me sentÃa muy asustado. Ãl se soltó a reÃr muy fuerte, tanto que seguro los pacientes lo estaban escuchando. Se miró las manos, incluso se acarició la cara y luego me miró para volver a reÃr. Yo podÃa sentirlo. Me refiero a que cada una de las entidades de luz que ya les habÃa mencionado antes se sentÃa un poco diferente una vez que entraban en él. Pero en esta ocasión fue todo distinto, y no parecÃa que fuera ninguna de esas cuatro entidades las que estaban ahÃ. Me levanté con mucho cuidado y le pregunté quién era o si él se encontraba bien.
11:13 Como respuesta, obtuve una sonrisa de oreja a oreja, tan grande que dejaba ver todos sus dientes. No tenÃa la menor idea de qué hacer. Después de todo, el curandero siempre me habÃa dicho que todo era muy seguro. Jamás me habÃa indicado qué debÃa hacer en caso de que algo saliera mal. Yo mismo no estaba seguro de si se trataba de una entidad mala o buena. Ãl me habÃa dicho que nunca dejarÃa que algo maligno estuviera dentro de él. Tratando de ser un poco racional, se me ocurrió que podrÃa tratarse de una broma de su parte. Después de todo, el curandero como individuo no solo era muy bromista, sino que también tenÃa un sentido del humor muy ácido. Era raro, pues cuando se trataba de ser un conducto o del trabajo general, solÃa ser muy profesional y no solÃa hacer ningún tipo de bromas hasta que nuestro dÃa laboral habÃa terminado. Aún asÃ, en aquel momento querÃa convencerme de que esa era la única razón por la cual estaba actuando tan raro. Lancé una pequeña risita nerviosa con la esperanza de que él creyera que yo estaba tranquilo, pero justo cuando hice eso, volvió a soltarse a reÃr muy fuerte y de una manera en la que el curandero no lo hacÃa. Comencé a retroceder sin darle la espalda. Me estaba llenando de miedo y el frÃo en el consultorio se estaba haciendo mucho más evidente, tanto que casi podÃa jurar que salÃa vapor con mi respiración.
12:47 En cuanto estuve lo suficientemente cerca de la puerta, tomé el valor para darle la espalda. Justo cuando giré la perilla, él me habló, diciéndome que dejará pasar al primer paciente. Lo decÃa muy confiado, Incluso por un momento llegué a pensar que se trataba de la primera entidad que describÃ. Después de todo, le encantaba reÃr y creÃa que todo era maravilloso, pero por otra parte seguÃa un tanto desorientado, pues la otra parte de mà me decÃa que cuando ella se acercaba no se sentÃa de esa manera. Me quedé congelado durante un momento, aún con la mano en la perilla, y él volvió a decirme lo mismo, que dejara pasar al siguiente paciente. pero esta vez lo dijo de una manera que me hizo obedecerlo. No sé cómo explicar esto, pero era casi como si supiera que, si no le obedecÃa, algo muy malo podrÃa ocurrirme. Abrà la puerta y le dije a la primera persona que debÃa pasar.
13:48 Por lo general, para darle algo de privacidad, yo me alejaba para que el paciente pudiera decirle libremente lo que le dolÃa o cuál era su enfermedad. pero en esta ocasión no pude evitar sentir que debÃa quedarme ahÃ. Algo dentro de mà me decÃa que podrÃa haber problemas si yo tenÃa que hacerme cargo, ya que el curandero no estaba espiritualmente en ese consultorio. Lo que quedaba de él en ese momento era solo su cuerpo. Casi el paciente le dijo que le dolÃa mucho la rodilla. Comentó que cuando era niño se habÃa caÃdo de un camión, y como sus padres no tenÃan dinero para un doctor, lo llevaron con un huesero, el cual solo habÃa terminado de quebrársela.
14:32 Aún asÃ, sus padres no lo llevaron a un médico y la rodilla tuvo que sanar sola. Por suerte, no quedó inválido, pero sufrÃa de muchos dolores si estaba mucho tiempo parado o corrÃa largas distancias. Ahora que era adulto, ParecÃa que el dolor le duraba todo el dÃa, sin importar qué tomara. Durante todo este tiempo, el curandero lo miraba de una manera muy extraña, con aquella perturbadora sonrisa y sin parpadear. Incluso el paciente me volteaba a ver de vez en cuando, como si pensara que nos estábamos burlando de él. Cuando terminó, el curandero miró su pierna, y en un movimiento rápido y sin avisar, levantó su pierna y la giró. Literalmente escuché el hueso de la rodilla de aquel hombre quebrarse aún más. El hombre gritó con más agonÃa de la que he vuelto a escuchar a cualquier otro ser humano. Literalmente, su pie ahora se encontraba al revés. Enseguida, el curandero comenzó a gritar junto con él, pero de una manera burlona, casi como si lo estuviera imitando. como si la situación no fuera para nada grave, y tan rápido como hizo esa atrocidad, la arregló de un movimiento, devolviéndola a su lugar. Luego, con ambas manos, rodeó la parte de arriba y debajo de la rodilla, e hizo presión, provocando que el hombre gritara todavÃa más fuerte. Al soltarlo, todo parecÃa haber vuelto a la normalidad. Aún le dolÃa y lloraba, no podÃa comprender
16:05 lo que habÃa pasado. El curandero le dio unos pequeños toques más a la pierna y burlándose. Le dijo algo asà como que estaba como nueva y que dejara de llorar y se comportara como un hombre. Después lo obligó a levantarse y pudo caminar. En cuanto salió me miró sonriendo y me pidió que hiciera pasar al siguiente paciente porque le resultaba muy divertido. En lugar de divertirme, yo estaba tan asustado que lo único que pude hacer fue salir y decirle a todos que se fueran, que ya no darÃa más consultas ese dÃa. Algunos se molestaron, pero la mayorÃa estaba muy asustada por los gritos que habÃan salido del consultorio. Eso sin mencionar que, en el lapso en el que estuve en el consultorio, el hombre con la rodilla ya les habÃa contado lo que habÃa pasado ahà adentro. Todos se fueron. Sentà como si alguien estuviera parado detrás de mÃ, asà que me di vuelta y lo vi. Estaba muy serio y enojado. Me dijo que por qué lo habÃa contradicho de esa manera y que yo estaba ahà para hacer pasar a los pacientes, no para decirles que se fueran. Antes de que pudiera contestar, me empujó con tanta fuerza que caà sobre unos frascos, los cuales se rompieron y me enterré varios en la palma de la mano. Enseguida se abalanzó contra mà e intentó ahorcarme. Por suerte, antes de perder el conocimiento, fui capaz de agarrar uno de los vidrios que estaba en el piso y enterrarlo en su hombro izquierdo. En ese momento,
17:38 él gritó, se quitó de encima de mà y comenzó a maldecirme a mà y también a maldecir ese cuerpo tan débil al que habÃa entrado. Se referÃa a él como si no fuera suyo. Después de eso salà corriendo sin perder tiempo, pidiendo ayuda a quien pudiera encontrar. Localicé a dos policÃas a quienes les conté todo lo que habÃa pasado y me acompañaron al consultorio, pero el curandero ya no estaba. TenÃa tanto miedo de volver al departamento que compartÃamos, que no lo hice. Creo que tardé alrededor de tres dÃas antes de atreverme a volver por mis cosas. Al entrar, nos dimos cuenta de que él nunca habÃa vuelto a ese lugar y tampoco volvió al consultorio.
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