July 12, 2026

La Brujería De Muerte Que Nadie Pudo Romper - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Crecí en un pueblo en Oaxaca. Había muy pocas oportunidades de trabajo. La escuela solo llegaba hasta el nivel secundaria y faltaban varios servicios básicos como la luz o el sistema de drenaje. Por estas razones, mis padres siempre quisieron que, tanto mis hermanos como yo, saliéramos de ese lugar a la primera oportunidad. Cada uno de mis cuatro hermanos tenía algún talento o habilidad que les dio la oportunidad de salir del pueblo. pero en mi caso fue diferente. No tenía nada que me hiciera destacar del resto de las personas, no había una forma rápida de salir de ahí. Pero todo esto cambió cuando me hice amigo del curandero del pueblo.

0:47 Él era un hombre 30 años mayor que yo, que había pasado prácticamente toda su vida aprendiendo sobre brujería y magia blanca, y sabía cómo curar a las personas con diferentes tipos de remedios. Al no tener un hospital cerca, Él era lo mejor que podíamos conseguir, pero sus remedios siempre resultaban bastante efectivos. No me malinterpreten, yo no era su aprendiz. Desde que llegué a trabajar con él, me dejó claro que yo era una de esas tantas personas que no podían percibir el mundo espiritual y probablemente nunca lo lograría. Pero sí podía ayudarlo en otras tareas, ya que para eso no se necesitaba ninguna habilidad especial, solo seguir instrucciones.

1:32 Trabajé con él durante casi dos años, hasta que abrieron un hospital a solo 40 minutos del pueblo. Eso fue muy conveniente para los habitantes, y a pesar de que él aún tenía algunos clientes fieles, poco a poco su negocio comenzó a decaer. Ya no podía permitirse tener un asistente, y yo supuse que me despediría. Para mi sorpresa, en lugar de despedirme, Me propuso algo distinto, irme con él a la ciudad. Al principio me sorprendió, pero luego me explicó sus planes. Me dijo que tenía conocidos en la ciudad que podrían enseñarle más cosas y que podría abrir un consultorio privado con mayor clientela. Juntos podríamos manejarnos muy bien.

2:15 Como mis padres me habían educado con la mentalidad de aprovechar cualquier oportunidad para salir del pueblo, terminé aceptando. Nos fuimos. No diría que nos hicimos ricos, pero no nos fue mal, y además había logrado salir del pueblo, algo de lo que mis padres estaban orgullosos. Un día este hombre llegó a mí muy emocionado, diciéndome que había encontrado la manera de ganar aún más dinero. Me preocupé pensando que se dedicaría a realizar fraudes, como muchos de los mentirosos que nos rodeaban, que se aprovechaban de la desesperación de las personas sin ofrecer ninguna cura real. Siempre había respetado a este hombre porque era justo y honesto. Cuando no podía curar algo, lo decía. Incluso algunos de sus conocidos le sugerían que debería inventarse un poco más de lo que ofrecía para atraer a más clientes. Pero él siempre se negaba.

3:12 Cuando llegó diciendo que había encontrado la manera de ganar más dinero, pensé que finalmente lo hubieran convencido. Me aclaró que no era así. Me dijo que había estado estudiando cómo ser un conducto. No entendí de qué estaba hablando, pero luego me explicó que había encontrado la manera de salir de su cuerpo, dejando espacio para que alguien más lo habitara. Según él, permitiría que almas sanadoras ocuparan su cuerpo, lo que le permitiría curar a las personas de manera más rápida y efectiva. La idea me pareció fascinante, sobre todo porque él estaba muy seguro de lo que hacía.

3:52 Me aseguró que no había nada que temer. Si su mente era lo suficientemente fuerte, no permitiría que ninguna alma maligna entrara en su cuerpo. Para lograr esto, tuvo que meditar durante varios días. Ni siquiera pudimos ir al consultorio, porque tenía que ayunar y pasarse todo el tiempo encerrado en su habitación. Pasaron tres días sin que me dijera nada, y en ese tiempo llegué a pensar que quizás no estaba logrando su cometido Pero cuando finalmente salió de la habitación, me dijo que había tenido éxito. Me contó que había logrado contactar con cuatro entidades de pura luz, que estaban dispuestas a usar su cuerpo para sanar a los demás.

4:37 Estaba emocionado. Durante la semana siguiente, su popularidad creció considerablemente. Todos los clientes decían que, al estar con él, sentían una paz inmensa. como si todo lo que les perturbaba o les daba miedo desapareciera al estrechar su mano, y yo era uno de los que podía dar fe de ello. Pues, a pesar de que él no me curaba, yo estaba a su lado durante todo el proceso, y podía darme cuenta de cuándo ya no era él quien habitaba su cuerpo, y con el tiempo también me di cuenta de que cada una de las entidades de las que él me habló era distinta a su manera. pero todas tenían ciertos rasgos en común, pues supongo que, como me dijo él, eran entidades de luz. Una de ellas era muy feliz.

5:26 No sé exactamente cómo explicarlo, pero la felicidad que irradiaba era tal que te contagiaba. Cuando estabas cerca del curandero poseído por esta entidad, no podías evitar reírte, y al mismo tiempo él también se reía, hablando de lo gracioso que era tener manos. En general, cada palabra que utilizábamos los humanos le parecía un chiste. Personalmente, esta entidad era la que más me agradaba, pero, por desgracia, también era la que menos llegaba a poseerlo. Me arriesgo a sonar un poco presumido, pero diría que yo también le agradaba mucho a esta entidad porque, cuando me veía, me saludaba.

6:07 Había otra entidad que era muy seria, pero parecía ser porque no le gustaba el cuerpo en el que estaba. Me lo comentó en algún momento, diciendo que el cuerpo se sentía muy viejo y que los cuerpos humanos envejecían de tal manera que los músculos dolían. Por eso, la mayor parte del tiempo estaba muy seria, pero aún así ayudaba a todas las personas que estaban ahí. La tercera entidad era toda bondad, pero de una forma que podía llegar a incomodarte y hasta cierto punto molestarte. Hablaba con mucha condescendencia como si los seres humanos fuéramos muy frágiles. Cada vez que intentabas entablar cualquier tipo de conversación con ella, te explicaba de una manera como si le estuviera hablando a un niño muy pequeño, de dos o tres años.

6:55 Era casi como si insultara tu inteligencia o creyera que no podrías comprender nada de lo que te estaba diciendo. Entiendo que hasta cierto punto tenía razón en que somos seres inferiores comparados con lo que estas entidades de luz, como él las llamaba, podían hacer. No podías evitar sentirte insultado por recibir su ayuda o entablar cualquier tipo de conversación. Desafortunadamente, esta tercera entidad era la que más se involucraba en la sanación, precisamente por su especie de lástima por nosotros, queriendo curar a la mayoría. La cuarta entidad era difícil de identificar. Nunca pude entablar una conversación significativa con ella para identificar su personalidad. Cuando estaba cerca del curandero, poseído por esta última entidad, no sabía cómo describirlo. No sentías paz, pero tampoco te sentías mal, y además no abría la boca para nada. Podías saber lo que querías solo con la mente. No me refiero a que escuchabas una voz en tu cabeza, sino a que era como si algo te hiciera dar la mano o acercarte un poco, como si de alguna manera te pudiera controlar. Era la única de las cuatro que no preguntaba cuál era tu dolencia, simplemente la sabía cuando estabas frente a él. Teníamos muchos clientes en aquella época, la voz se había corrido entre una gran cantidad de personas cercanas, e incluso conocíamos a pacientes que venían desde muy lejos solo para ver si

8:26 era tan milagroso como decían. llegando al punto de tener que rechazar pacientes porque esas entidades de luz no se quedaban todo el tiempo que él quería. Tenía que entrar en un trance después de meditar para que cualquiera de ellas acudiera a su llamado, pero de un momento a otro podían salir y él ya no podía hacer nada para detenerlas. Más o menos habíamos calculado cuántas personas podíamos ayudar antes de que aquella entidad de luz decidiera salir. Mientras él estaba entrando en este trance y los pacientes ya estaban afuera esperándolo, yo entré al consultorio para ver si ya estaba listo. Aún seguía meditando. Me pareció extraño, pues había sobrepasado varios minutos el tiempo que le tomaba a cualquier entidad de luz entrar en él. Decidí no darle mayor importancia y continué esperando. Me quedé parado en la puerta. Supuse que ya no le faltaba mucho para terminar.

9:24 No vi nada por obvias razones, pero sentí mucho frío en el consultorio. Era como si la temperatura hubiera bajado. Volteé a ver a aquel hombre y su cuerpo estaba muy tenso. Nunca lo había visto actuar así. Estaba a punto de agitarlo o al menos tratar de sacarlo de ese trance, pues se veía que se estaba lastimando. Pero antes de que pudiera siquiera tocarle el hombro, él se dio la vuelta y me sujetó fuertemente de la muñeca. Nunca me había hecho algo así. Intenté retroceder para quitarme el brazo de sus manos, pero su agarre era muy fuerte. Le pregunté qué le pasaba, pues parecía que ya estaba consciente.

10:07 Me miraba directamente a los ojos con cara seria, y por primera vez desde que lo conocí, me sentía inseguro con su sola presencia. Seguí forcejeando para liberarme durante segundos, solo para que él me soltara de una forma tan inesperada, que, por la fuerza que yo también estaba aplicando, perdí el equilibrio y me caí al suelo del consultorio. No le quitaba la mirada de encima porque no tenía ni la menor idea de lo que estaba pasando y me sentía muy asustado. Él se soltó a reír muy fuerte, tanto que seguro los pacientes lo estaban escuchando. Se miró las manos, incluso se acarició la cara y luego me miró para volver a reír. Yo podía sentirlo. Me refiero a que cada una de las entidades de luz que ya les había mencionado antes se sentía un poco diferente una vez que entraban en él. Pero en esta ocasión fue todo distinto, y no parecía que fuera ninguna de esas cuatro entidades las que estaban ahí. Me levanté con mucho cuidado y le pregunté quién era o si él se encontraba bien.

11:13 Como respuesta, obtuve una sonrisa de oreja a oreja, tan grande que dejaba ver todos sus dientes. No tenía la menor idea de qué hacer. Después de todo, el curandero siempre me había dicho que todo era muy seguro. Jamás me había indicado qué debía hacer en caso de que algo saliera mal. Yo mismo no estaba seguro de si se trataba de una entidad mala o buena. Él me había dicho que nunca dejaría que algo maligno estuviera dentro de él. Tratando de ser un poco racional, se me ocurrió que podría tratarse de una broma de su parte. Después de todo, el curandero como individuo no solo era muy bromista, sino que también tenía un sentido del humor muy ácido. Era raro, pues cuando se trataba de ser un conducto o del trabajo general, solía ser muy profesional y no solía hacer ningún tipo de bromas hasta que nuestro día laboral había terminado. Aún así, en aquel momento quería convencerme de que esa era la única razón por la cual estaba actuando tan raro. Lancé una pequeña risita nerviosa con la esperanza de que él creyera que yo estaba tranquilo, pero justo cuando hice eso, volvió a soltarse a reír muy fuerte y de una manera en la que el curandero no lo hacía. Comencé a retroceder sin darle la espalda. Me estaba llenando de miedo y el frío en el consultorio se estaba haciendo mucho más evidente, tanto que casi podía jurar que salía vapor con mi respiración.

12:47 En cuanto estuve lo suficientemente cerca de la puerta, tomé el valor para darle la espalda. Justo cuando giré la perilla, él me habló, diciéndome que dejará pasar al primer paciente. Lo decía muy confiado, Incluso por un momento llegué a pensar que se trataba de la primera entidad que describí. Después de todo, le encantaba reír y creía que todo era maravilloso, pero por otra parte seguía un tanto desorientado, pues la otra parte de mí me decía que cuando ella se acercaba no se sentía de esa manera. Me quedé congelado durante un momento, aún con la mano en la perilla, y él volvió a decirme lo mismo, que dejara pasar al siguiente paciente. pero esta vez lo dijo de una manera que me hizo obedecerlo. No sé cómo explicar esto, pero era casi como si supiera que, si no le obedecía, algo muy malo podría ocurrirme. Abrí la puerta y le dije a la primera persona que debía pasar.

13:48 Por lo general, para darle algo de privacidad, yo me alejaba para que el paciente pudiera decirle libremente lo que le dolía o cuál era su enfermedad. pero en esta ocasión no pude evitar sentir que debía quedarme ahí. Algo dentro de mí me decía que podría haber problemas si yo tenía que hacerme cargo, ya que el curandero no estaba espiritualmente en ese consultorio. Lo que quedaba de él en ese momento era solo su cuerpo. Casi el paciente le dijo que le dolía mucho la rodilla. Comentó que cuando era niño se había caído de un camión, y como sus padres no tenían dinero para un doctor, lo llevaron con un huesero, el cual solo había terminado de quebrársela.

14:32 Aún así, sus padres no lo llevaron a un médico y la rodilla tuvo que sanar sola. Por suerte, no quedó inválido, pero sufría de muchos dolores si estaba mucho tiempo parado o corría largas distancias. Ahora que era adulto, Parecía que el dolor le duraba todo el día, sin importar qué tomara. Durante todo este tiempo, el curandero lo miraba de una manera muy extraña, con aquella perturbadora sonrisa y sin parpadear. Incluso el paciente me volteaba a ver de vez en cuando, como si pensara que nos estábamos burlando de él. Cuando terminó, el curandero miró su pierna, y en un movimiento rápido y sin avisar, levantó su pierna y la giró. Literalmente escuché el hueso de la rodilla de aquel hombre quebrarse aún más. El hombre gritó con más agonía de la que he vuelto a escuchar a cualquier otro ser humano. Literalmente, su pie ahora se encontraba al revés. Enseguida, el curandero comenzó a gritar junto con él, pero de una manera burlona, casi como si lo estuviera imitando. como si la situación no fuera para nada grave, y tan rápido como hizo esa atrocidad, la arregló de un movimiento, devolviéndola a su lugar. Luego, con ambas manos, rodeó la parte de arriba y debajo de la rodilla, e hizo presión, provocando que el hombre gritara todavía más fuerte. Al soltarlo, todo parecía haber vuelto a la normalidad. Aún le dolía y lloraba, no podía comprender

16:05 lo que había pasado. El curandero le dio unos pequeños toques más a la pierna y burlándose. Le dijo algo así como que estaba como nueva y que dejara de llorar y se comportara como un hombre. Después lo obligó a levantarse y pudo caminar. En cuanto salió me miró sonriendo y me pidió que hiciera pasar al siguiente paciente porque le resultaba muy divertido. En lugar de divertirme, yo estaba tan asustado que lo único que pude hacer fue salir y decirle a todos que se fueran, que ya no daría más consultas ese día. Algunos se molestaron, pero la mayoría estaba muy asustada por los gritos que habían salido del consultorio. Eso sin mencionar que, en el lapso en el que estuve en el consultorio, el hombre con la rodilla ya les había contado lo que había pasado ahí adentro. Todos se fueron. Sentí como si alguien estuviera parado detrás de mí, así que me di vuelta y lo vi. Estaba muy serio y enojado. Me dijo que por qué lo había contradicho de esa manera y que yo estaba ahí para hacer pasar a los pacientes, no para decirles que se fueran. Antes de que pudiera contestar, me empujó con tanta fuerza que caí sobre unos frascos, los cuales se rompieron y me enterré varios en la palma de la mano. Enseguida se abalanzó contra mí e intentó ahorcarme. Por suerte, antes de perder el conocimiento, fui capaz de agarrar uno de los vidrios que estaba en el piso y enterrarlo en su hombro izquierdo. En ese momento,

17:38 él gritó, se quitó de encima de mí y comenzó a maldecirme a mí y también a maldecir ese cuerpo tan débil al que había entrado. Se refería a él como si no fuera suyo. Después de eso salí corriendo sin perder tiempo, pidiendo ayuda a quien pudiera encontrar. Localicé a dos policías a quienes les conté todo lo que había pasado y me acompañaron al consultorio, pero el curandero ya no estaba. Tenía tanto miedo de volver al departamento que compartíamos, que no lo hice. Creo que tardé alrededor de tres días antes de atreverme a volver por mis cosas. Al entrar, nos dimos cuenta de que él nunca había vuelto a ese lugar y tampoco volvió al consultorio.