May 30, 2026

La Bruja Del Arroyo Hizo Pacto Con El Diablo Y El Pueblo Pagó El Precio - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Esta historia me sucedió hace mucho en casa de mi abuelo. Me acuerdo que, cuando lo visitaba, me recibía con mucho gusto. No me sabía muy bien la historia, solo que mi mamá se había criado con una tía. Por eso a mi abuelo tenía un poco más de un año de conocerlo. Ella nunca me hablaba de ese tema. Por alguna extraña razón, siempre que íbamos a su casa, tenía un perro diferente. Lo mismo sucedía con los gatos. Eso me resultaba raro. Más porque, al preguntarle por el perro anterior, su respuesta era la misma. Ya se murió. Pero nunca mostraba tristeza. Hasta parecía que no le importaba. La casa de mi abuelo era humilde. Estaba bastante cerca de una corriente de agua.

0:51 De un arroyo, para ser más claros. De hecho, por las noches, cuando reinaba el silencio, se podía oír cuando corría el agua. Porque, en ocasiones, llevaba buena corriente. Yo me imaginaba que eso lo volvía peligroso, porque me tenían prohibido acercarme a ese lugar, sobre todo cuando empezaba a oscurecer. La zona donde estaba la casa era muy solitaria. Había dos antiguas casas de madera muy cerca de ahí, pero se encontraban abandonadas. Lo bueno para él, abuelo, según lo manifestaba, era que había mucho silencio. Lo malo para mí, que no había con quién jugar». No iba yo sola a visitarlo, obviamente, porque si acaso tendría ocho años. Acompañaba a mi mamá, quien era su hija. Lo visitábamos regularmente porque, aunque teníamos poco de frecuentarlo, se llevaban muy bien. Como nosotras vivíamos en otro pueblo que se encontraba algo retirado de ahí, siempre nos quedábamos de un día para otro, pero no más.

1:54 Era por eso que me llamaba mucho la atención lo de los perros y los gatos, porque me encariñaba con ellos, solo que después de uno o dos meses, al regresar de nuevo a visitarlo, ya no estaban. Pero eso sí, había otros. Después de tres o cuatro veces que sucedió, empecé a hacer preguntas y a ponerles atención a las pláticas que ellos tenían cuando pensaban que yo andaba jugando. Fue así como me comencé a enterar de muchas cosas. Me sorprendió saber que las casas abandonadas habían sido de dos hermanos de mi abuelo, hombre y mujer. Pero algunos años atrás las habían abandonado, según entendí, por miedo al arroyo. Además, por otras cosas que les escuché platicar, comencé a creer que algo extraño y peligroso pasaba en esa parte de aquel riachuelo que era de verdad bonito. Mi curiosidad de niña me hizo querer saber más, al grado de planear ir a esa corriente de agua una noche ya cuando todos durmieran para que no se dieran cuenta. Si había algo ahí, lo tendría que ver. A esa edad, a mí no me daban miedo esas cosas. Un día que nos encontrábamos ahí de visita, le pregunté a mi abuelo por qué se morían los perros y dónde los tenía enterrados, porque ya eran muchos. Mi mamá se puso muy nerviosa, volteó a verme y me pidió muy seria que no anduviera preguntando nada. Mi abuelo le hizo una seña a

3:24 mi mamá, luego me dijo que no los enterraba, se los daba al arroyo. No entendí eso, Pero mi mamá no me quitaba la vista de encima, mejor ya no pregunté. Por comentarios así, es que todo se volvía intrigante. Después supe que algo macabro había sucedido una noche en ese torrente de agua. De todo esto me fui enterando esporádicamente, escuchando una plática un día luego otra, y así poco a poco iba formando las conclusiones como podía. A mis escasos ocho, casi nueve años, Una mañana llegamos como a eso de las 10 a casa del abuelo. Me acuerdo muy bien que esa fue la primera vez que me subí al tren. Después de almorzar y de contar esa nueva experiencia, me pidieron que me saliera a jugar. Supe que de algo importante iban a platicar y no querían que me enterara.

4:19 Entonces me salí, le di la vuelta a la casa. Luego me acomodé debajo de la ventana, justo a unos centímetros de ellos. Como ya estaban platicando, no entendía en un principio de lo que hablaban. Cuando por fin agarré el hilo, entendí lo que mi abuelo le contaba a mi mamá, quien escuchaba la plática muy sorprendida. Era evidente que no estaba enterada de nada de eso. Le decía que un niño pequeño se había ahogado en el arroyo. Al parecer era el hijo del hermano de mi abuelo. Todo había sucedido de manera por demás extraña. Ese niño era muy alegre. Pero días anteriores a su muerte escuchaba voces, no dentro de su cabeza. Eran voces que salían de la oscuridad, que llegaban de lejos. Ya les había dicho principalmente a sus papás que una mujer le hablaba y le pedía que fuera a la corriente de agua cuando nadie lo mirara. Primero no le creyeron, alegando que se trataba de un sueño. Pero después lo llegaron a detener cuando iba a medio camino. Descalzo entre la oscuridad, caminando como sonámbulo rumbo al arroyo. Lo regresaron a la casa, tal vez caminaba arrastrando los pies porque los tenía llenos de sangre. Además, cuando le cuestionaron qué era lo que estaba haciendo, no sabía qué contestar porque no recordaba nada.

5:44 Su papá cerraba bien las puertas de la casa e incluso clausuró la ventana de su cuarto. Sin embargo, ocurrió varias veces más. En una de esas ocasiones lo sacaron del agua, para que eso ya no sucediera y para evitar una tragedia. Lo amarraban de la cama por las noches. Ese niño del cual quiero evitar decir su nombre, gritaba e intentaba desamarrarse, hasta que en una ocasión lo logró. Salió en silencio sin que lo vieran sus familiares y caminó entre la oscuridad de la noche. Al pasar por la casa, mi abuelo lo alcanzó a ver por la ventana. Salió corriendo detrás de él para detenerlo, pero ya no lo encontró por ninguna parte. Desesperado, mi abuelo le gritó a su hermano hasta que salió. Segundos después, también apareció su hermana y entre todos buscaron al niño. Recorrieron bastante tramo del arroyo gritando su nombre. Entre la oscuridad e incluso entre el agua. Lo hicieron hasta que amaneció, pero fue inútil. El niño jamás apareció. Después se supieron de cosas todavía más extrañas. Las cuerdas con las que estaba amarrado el niño las habían cortado con algo filoso que nunca se encontró. Pero además, cuando ellos se levantaron al escuchar los gritos de mi abuelo, se dieron cuenta que toda la casa se encontraba cerrada por dentro. No era posible que se hubiera salido el niño y después cerrara por dentro. Eso no podía ser. Pensaban que alguien lo

7:15 había sacado traspasando la pared. Era una idea descabellada, pero no encontraban otra respuesta. Lo siniestro de todo esto era que eso lo podían hacer solamente dos cosas, el diablo o una bruja. Cuando dijo eso me asusté y ya no quise escuchar más de aquella plática. Me regresé a donde siempre jugaba. Desde ahí podía escuchar el correr del agua que se encontraba como a unos 10 metros de distancia, pero un poco hacia abajo. A partir de ese momento, me comenzó a dar miedo aquel arroyo. Esa noche fue muy inquietante para mí porque no pude dormir. Entonces, todo el tiempo estuve escuchando cómo se movían las ramas de los árboles con el viento y cómo corría el agua.

8:00 Pero no solo eso, también escuchaba pasos. Escuchaba claramente cuando pisaban hojas secas o arrastraban la tierra. Tal vez era su gestión, pero yo me imaginaba que era aquel niño que se habían llevado el arroyo. Tal vez desde esa noche andaba penando. Intenté dormirme para no escuchar esos sonidos. Me tapé los oídos, pero aquellas pisadas resonaban dentro de mí. Nada más de estarlos escuchando se me aceleró el corazón. Nunca tuve la intención de asomarme, la verdad tenía miedo. No supe cuánto tiempo estuve así. Me imaginaba que alguien iba a salir de entre las sombras. Ya fuera ese niño ahogado o la bruja. Por suerte esa noche nada sucedió.

8:46 Ya por la mañana después que almorzamos escuché otra plática muy interesante. Ahora se refería a la hija de su hermana. Ella tendría mi edad cuando también comenzó a escuchar voces. Lo peligroso de eso fue que no le dijo a su mamá lo que le estaba pasando. Cuando supieron que una mujer le hablaba como lo había hecho con el niño para pedirle que fuera al arroyo, se asustaron mucho y no sabían qué hacer. También ella llegó a salirse varias veces. Mi abuelo habló con su hermana. Había que cuidar a la niña a como diera lugar, de cualquier forma. La mejor decisión que encontraron fue marcharse de ahí cuanto antes para evitar otra tragedia. Lo harían, pero todo eso no sería de un día para otro. Entonces, las siguientes noches se volvieron espantosas, porque también la niña hacía todos los intentos por salirse. No la amarraron, solo la tenían encerrada en su cuarto, pero hacía de todo para escapar e incluso golpearse contra las paredes. Al siguiente día, cuando revisaban el cuarto, solían encontrar huellas de una persona descalza que parecía andaba caminando por las paredes, Y la niña, aunque se encontraba golpeada, no se acordaba qué le había sucedido.

10:04 Como es de suponerse, eso ya tenía asustada a toda la familia. Los papás ya desesperados se turnaban para cuidarla, hasta que un día mi abuelo llevó a un anciano quien le hizo unas oraciones y colocó una protección asegurándoles que con eso se calmaría esa entidad. Le recomendó lo mismo, Tenían que irse de esa casa porque la bruja no los dejaría en paz. Decididos a hacerlo, comenzaron a preparar sus cosas. Una noche antes de que se fueran a otro pueblo, los ruidos que salían del cuarto eran de verdad espantosos. Por primera vez abrieron la puerta. El papá de la niña aseguraba que una sombra se encontraba sosteniendo a su hija en el aire. Era la figura de una mujer quien, al sentir su presencia, la soltó para luego desaparecer, dejando a la niña tirada en el suelo, como no lograba lo que quería. Al parecer, esto molestó a la bruja, quien sintió que, por culpa de mi abuelo, había perdido su presa. Entonces, por medio de voces, lo amenazó con cobrarle con su hija, o sea, mi mamá, quien en ese entonces también era una menor de edad como de cuatro años. Escuchar una cosa así fue demasiado fuerte para mi abuelo. Con voz quebrada, dijo que, en una manera desesperada, le regaló su hija a su hermana, quien ya se iba a otro pueblo. Esa era la razón por qué no se había criado con él. Lo

11:35 dijo mirando a los ojos a mi mamá. Ella le preguntó por qué, en lugar de regalarla, simplemente no se fue como lo hicieron sus hermanos. La respuesta de mi abuelo fue simple. Ahí estaba enterrada su esposa y no la quiso dejar sola. Además, su hermana era quien cuidaba a todos los niños de las tres familias. Pero lo más importante era alejarla de ahí para que estuviera a salvo. Como se hacía tarde para irnos, ahí dejaron la plática. Antes de irme, le puse atención al perro que se encontraba amarrado en el patio para saber si era él mismo la próxima vez que regresáramos de visita. Eso sucedió dos semanas después. Antes de saludar a mi abuelo, busqué qué perros había en la casa y cómo siempre eran otros.

12:23 Solamente los miré, sabía que me tenían prohibido cuestionar cualquier cosa, pero era evidente que las cosas extrañas seguían sucediendo. Ese día escuché esta plática. Como ya no había niños, una noche se le desaparecieron dos perros pequeños que tenía, además de un gato. antes de ponerse a buscarlos. La bruja por medio de voces le comenzó a pedir a mi abuelo perros en sacrificio. Solo así podría calmar la furia que tenía contra él, su sed y su hambre. Si no lo hacía, buscaría a su descendencia. Entonces, desde ese día, cada vez que se lo pedía a la bruja, mi abuelo se levantaba por la noche. Recorría algunos lugares recolectando perros o gatos para aventar al arroyo. Mi mamá se asustó tanto al escuchar eso que le dijo que esa era la última vez que lo visitábamos, porque no me iba a poner en riesgo. Si él quería, nos podía visitar a nuestra casa. Hubiera sido lo mejor que nos fuéramos en ese momento, solo que teníamos que pasar esa noche ahí, porque a esas horas de la tarde ya no había salidas para el pueblo. Yo me retiré de ahí.

13:35 Ellos todavía se quedaron discutiendo un poco porque no le había dicho desde la primera vez que lo rondaba una bruja. Mi abuelo se quedó callado. Caminé en silencio. Ya no tenía caso escuchar más. No puedo negarlo. Yo quería seguir visitando a mi abuelo, pero sentía miedo de estar en ese lugar. Teniendo un raro presentimiento, fue llegando la noche. Pronto todo quedó a oscuras. Yo sabía que algo iba a suceder. Esa noche me acosté muy inquieta. No tenía noción de la hora, pero me imaginaba que serían como las nueve. No sé por qué, pero estaba segura que volvería a escuchar aquellos pasos afuera. Los que había escuchado la última vez que había dormido ahí. Y en efecto, cerca de una hora después, cuando menos los esperaba, aparecieron.

14:25 Escuché que caminaban, pero no afuera. Lo hacían adentro del pequeño cuarto donde dormía. No había una luz para encender, por eso trataba de ver entre la oscuridad quién estaba ahí. Con cautela me bajé de la cama. Yo era una niña que estaba por cumplir nueve años. Por primera vez me sentí terriblemente sola y desprotegida. Del miedo que tenía quería gritarle a mi mamá o a mi abuelo, pero sentía que cualquier palabra se ahogaba en mi garganta. Aquellos pasos se escuchaban fuertes y bastante pesados. No traía ningún tipo de calzado quien fuera que caminaba. Lo hacía descalzo. Pero, además, no solo andaba por el piso. Al parecer caminaba por las paredes. Pero yo nada podía ver. Muy a lo lejos comencé a escuchar algunos murmullos que pronto se convirtieron en voces y risas de niños. Parecían jugar divertidos por todas partes. Cuando estuvieron cerca de mí, todo quedó en silencio.

15:25 Así estuve por unos cuantos minutos. En ese momento no lo pensé, pero hoy me pregunto por qué no me salí de ahí. Lo más terrorífico fue cuando se escuchó la voz de una mujer muy cerca de mí, casi en mi oído. No recuerdo exactamente las palabras, pero me pedía que saliera y caminara hasta el arroyo. Me aseguraba que ahí estaba mi mamá esperándome. Por todo lo que sabía que les había pasado a aquellos niños, presentía que algo malo me iba a pasar si le obedecía. Por eso me aguanté lo más que pude sin moverme. Cuando sentí un impulso por levantarme, me aferré a la cama. Yo sabía que quien me estaba hablando era la bruja.

16:08 En mi desesperación me acuerdo que tomé una manta y yo sola me amarré un pie, y lo até con fuerza al respaldo de la cama que era de fierro. Como no me sentí segura del todo, agarré una manta más y la utilicé en el otro pie. Después, utilizando mis manos, me aferré al respaldo, porque yo sentía que algo se me aproximaba. Tenía una sensación tan fea que comencé a llorar de desesperación. De pronto, sentí que me jalaron con fuerza. Si no hubiese estado amarrada con suma facilidad, me hubieran llevado arrastrando. Asustada, volteaba para todas partes, pero no lograba ver quién me estaba agrediendo. Me volvieron a jalar, pero esta vez con más fuerza. De nuevo volteé asustada para todas partes y no había nadie. Sentí que me agarraron de la cintura y me jalaron tan fuerte que movieron la cama. Fue tan feo que lancé un grito como nunca lo había hecho. De pronto se materializó mi atacante.

17:10 Era más alta que mi mamá o mi abuelo. tenía el pelo bastante largo y desmarañado además se veía tan flaca que parecía solo una muñeca pero eso sí tenía mucha fuerza de nueva cuenta sentí un jalón fuerte que me hizo estremecer volteé para todas partes y con sorpresa supe que me encontraba a la orilla del arroyo no entendía cómo había pasado eso me sentí perdida porque además era la primera vez que estaba en ese lugar Volteé a ver el cielo porque no podía creer que me encontrara a campo abierto. Luego bajé la mirada. Me le quedé mirando al arroyo porque había algo que comenzaba a surgir de abajo del agua. Cuando confirmé que era aquella mujer, tuve toda la intención de correr. Busqué con la mirada la casa del abuelo para saber hacia dónde ir, pero cuando quise hacerlo, solo me movía en cámara lenta. Avancé unos tres metros y volé hacia la corriente de agua.

18:11 La bruja ya había salido totalmente y me miraba. Sabía que me iba a alcanzar. Escuché que mi mamá y mi abuelo gritaban mi nombre. Me acuerdo vagamente que volteé a verla de nuevo. Le brillaron los ojos a la mujer antes de desaparecer. Fue cuestión de un minuto que nos encontramos. Me preguntaron muchas veces qué hacía ahí, pero no podía responder, porque sentía las quijadas trabadas. Ya cuando estuve adentro de la casa, aunque no recordaba todo, comencé a llorar. Mi abuelo nos dijo que tenía que hacer algo y salió de la casa. Por los sonidos que escuchamos, supimos que fue aventar los perros al arroyo. Esa noche no dormimos, porque la bruja parecía no estar conforme. Se escucharon sonidos por todas partes. Nos la pasamos en la cocina, muy al pendiente por si me volviera a suceder eso de escuchar las voces. Después de mucho, por fin amaneció.

19:09 Cuando se llegó la hora de retirarnos, mi abuelo preguntó si se podía ir con nosotras porque ya no podía más con esa situación. A lo que mi mamá le respondió de inmediato que sí. Solo recogió lo más indispensable y salimos deprisa para que no se nos pasara el transporte. Al paso de unas horas ya estábamos en nuestra casa. Ahora sí platicaron abiertamente aunque estuviera yo. Más tranquilo el abuelo nos contó que no sabía por qué se había aparecido la bruja y por qué atacó especialmente a los niños. Ya tenía tiempo escuchándola que entraba y salía del agua, antes de que merodeara por la casa. Además nos dijo que cuando le exigió a los perros primero le daba un animal cada varios meses, pero luego fue recortando el tiempo.

19:57 Por más de una semana mi abuelo me estuvo preparando un té. con unas hierbas que compró en un mercado, porque aunque yo nunca tuve pesadillas ni escuchaba voces, me levantaba dormida siempre intentando salir. Así estuve muchos días, hasta que un día aquello por fin desapareció, entonces todo fue tranquilidad. A esa casa nunca volvimos, ni siquiera para ir a visitar la tumba de mi abuela que por cierto nunca miré. Con el tiempo murió mi abuelo, Fue muy extraño, pero al final de sus días les tenía mucho miedo a los perros. Temblaba cuando los escuchaba aullar por las noches.

20:38 Hace unos cuantos años también murió mi mamá. Ella sí lo hizo de manera tranquila. La verdad, esta historia no me gusta recordarla ni estarla contando porque cuando lo hago me hace estremecer. Jamás me he acercado a un río, mucho menos a un arroyo. Me da miedo volver a oír aquellas voces o ver a la bruja.