July 26, 2025

El POZO Contaminado Por BRUJERÍA Podcast Paranormal - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:02 Desde que tengo memoria, ese pozo ha estado ahí. Lo hizo mi bisabuelo con pala y pico, junto con otros hombres del rancho. Tardaron semanas, cavando a mano, hasta encontrar agua. Luego lo sellaron con una tapa de concreto gruesa, y desde entonces lo hemos usado todos. Para bañarnos, para cocinar, para dar de beber a los animales, para regar las plantas. Era nuestra única fuente. La casa donde vivo ahora también fue de él, luego de mi abuelo y más tarde de mi papá. La heredé con todo lo que tenía, los corrales, los árboles, los alambres de púas, las herramientas viejas, los tambos y el mismo pozo. Lo abría cada mañana, bajaba la cubeta con la cuerda. y sacaba el agua con ese mismo olor a tierra que siempre tuvo. Nunca nos enfermamos por tomarla. En junio de ese año, justo cuando empezaban las lluvias, amaneció una vaca tirada junto al corral.

1:02 Estaba entera, sin heridas ni espuma en la boca, pero no se movía. Pensé que se había tragado algo o que le cayó un rayo en la madrugada. La arrastré al monte y la enterré como pude. Tres días después vi a una de las cabras echada contra la cerca. Igual, sin golpes, sin sangre, sin señal de pelea. Empecé a preocuparme. Luego fue un gallo. Y luego los dos conejos. Todos aparecieron cerca del bebedero. El único punto que compartían era el agua. Me entró la duda. Bajé la cubeta al pozo. No parecía distinta a simple vista, pero cuando la acerqué al rostro sentí el cambio. Tenía un olor más fuerte.

1:46 No era solo tierra, era como acaño, adrenaje viejo. En el fondo se le formaba una espuma ligera que antes no salía. Le dije a mi esposa que dejáramos de usar esa agua. Fui al pueblo y compré garrafones. Volvimos con diez. Llenamos el tinaco con eso, lo que alcanzara para los días siguientes. A los animales les servía agua en las ollas que tenía, pero no me alcanzaba para todos. No había gas suficiente. Decidí tapar el pozo con láminas y piedras, pero sabía que no podía dejarlo así mucho tiempo. No tengo otra fuente cerca. La pila del pueblo no llega hasta acá, y los ríos se secan cuando no llueve.

2:29 Pensé que podía ser solo suciedad acumulada. Tal vez algo cayó y estaba pudriéndose. Bajé la cubeta varias veces, tiraba el agua, volvía a sacar, pero el olor seguía igual, como si viniera del fondo. Una noche, al acostarnos, mi esposa me preguntó si era seguro seguir usando esa agua para lavar trastes. Le dije que mejor no, que era mejor usar solo garrafón para todo, aunque fuera poquito, aunque se acabara más rápido. Ella aceptó, pero con cara de susto. Le dije que en cuanto amaneciera iría a ver si podía limpiar mejor el pozo. Vi que los perros tampoco querían acercarse. Olfateaban la cubeta y se alejaban. Uno de ellos se acercó al bebedero, pero no tomó ni una sola gota. Solo miró y se fue. Eso fue lo que me hizo decidir. Fui al cuarto del fondo, donde guardo las herramientas viejas. Busqué la cuerda más larga que tenía y una lámpara pequeña. La amarré con cinta a una cubeta seca. Mi idea era bajar la encendida hasta el fondo, ver si algo iluminaba, pero la cuerda no era suficiente. La lámpara apenas tocó la superficie y ya no bajó más. Se reflejaba la luz, pero no se veía claro. Subí la cubeta. El agua ahora traía una especie de nata gris encima, como una grasa flotante. Olía más fuerte. Le dije a mi esposa que ya no

4:00 la tocara, que ni para lavar pisos la usara. Esa noche tapé el pozo con todo lo que pude. Una mañana desperté con el estómago revuelto. Sentía una pesadez rara, como si algo me hubiera caído mal. Me levanté despacio. Fui al baño. Al salir, vi que mi esposa seguía acostada. Le pregunté si estaba bien. Me dijo que también tenía dolor, que amaneció con la panza inflamada y la boca amarga. Nos quedamos pensando un momento. Dos días antes había usado agua del pozo para hervir café. No teníamos garrafones y esa mañana nos surgía algo caliente. También usamos esa misma agua para lavar los trastes. Aunque ya no la bebíamos directo, seguíamos usándola para cosas pequeñas. Jamás imaginé que eso bastaría para hacernos sentir así. Ese día no desayunamos, solo tomamos suero y pan tostado. En la cocina se sentía un olor fuerte. Pensé que era del patio, así que salí a revisar. Me acerqué al pozo. A pesar de que estaba tapado con la tabla, la tapa de concreto y las piedras, el olor salía por los bordes. Era más intenso que antes. Una mezcla de caño, humedad y carne pasada.

5:21 Un olor espeso que se quedaba en la nariz. Regresé a la casa y le dije a mi esposa que esa agua no debía tocarse ni para enjuagar nada. Estuvo de acuerdo. Dijo que ya no se sentía segura ni caminando cerca del pozo. Ese mismo día, al mediodía, busqué la palanca que uso para levantar llantas y empecé a mover la tapa de concreto. Me tardé un rato, estaba pesada y las piedras encima no ayudaban. Pero al final logré hacer palanca y la removí por completo. Quería ver si había algo flotando, si se había caído un animal o si había ramas, lodo o basura. Me asomé con cuidado.

6:03 Lo primero que noté fue que el agua no brillaba, no reflejaba la luz. Estaba completamente oscura, como si absorbiera todo. No vi movimiento en la superficie, ni burbujas. Ni insectos, solo agua negra. Fui por una lámpara pequeña, de esas que se recargan. La amarré con cinta a la cubeta seca y la bajé lentamente. Mi idea era que iluminara aunque fuera un poco el fondo. Pero el cable que usé no alcanzó bien. Solo bajó hasta un punto medio. Vi las sombras moverse en las paredes, pero no logré distinguir nada con claridad. Subí la cubeta. Al vaciarla en un tambo, vi que traía una capa gris flotando. como nata espesa con grumos. El olor era igual o peor.

6:55 La tiré lejos del corral y me lavé las manos con jabón, como si hubiera tocado veneno. Esa noche, mi perro más viejo se acercó a su bebedero, olfateó y retrocedió. Lo intentó una vez más y volvió a alejarse. Le puse agua purificada en otro traste y esa sí la tomó. Me quedé mirándolo mientras bebía. Nunca había hecho eso. Siempre tomaba del balde que llenábamos con agua del pozo. Al día siguiente noté que las gallinas andaban todas del otro lado del patio. Normalmente picotean por todos lados, pero ahora se quedaban lejos del pozo. Algunas miraban hacia allá como si supieran que había algo. como si algo las mantuviera alejadas.

7:39 Le conté a mi esposa. Me dijo que sentía algo raro, que cada vez que pasaba cerca del pozo se le enchinaba la piel. Un vecino me recomendó que vaciara el pozo, que lo sacara todo con bomba eléctrica y lo limpiara bien, que eso ayudaba cuando se contaminaban. Pero yo no tenía bomba ni el dinero para comprar una. Tampoco tenía tambos suficientes para guardar el agua limpia si llegábamos a sacar algo bueno. Pensé en hacerlo a mano, pero era imposible. Sacar toda el agua con cubetas me llevaría días, y no sabía qué podía haber abajo. Ya ni siquiera confiaba en que fuera solo agua sucia. Le marqué a un primo del otro lado del poblado. Él había usado una bomba hace poco para limpiar un tinaco. me dijo que la tenía guardada que si quería me la prestaba le dije que sí al día siguiente me levanté con una sola idea en la cabeza vaciar ese pozo ver qué había abajo y qué fue lo que mató a mis animales Fui por la bomba al día siguiente. Mi primo me la entregó envuelta en una cobija, con las abrazaderas, las mangueras y un par de extensiones. Me explicó cómo usarla.

8:55 Nunca había manejado una así, pero no era complicado. Me dijo que no la dejara trabajar sin agua, que la apagara si sonaba muy forzada. Le agradecí y me regresé al rancho. Ese mismo día le hablé a un muchacho que ya había trabajado conmigo. Se llamaba Marcos. Tenía veintitantos. Era fuerte. No le sacaba a nada. Le conté que necesitaba sacar el agua de un pozo y que quizás bajarse a revisar. Aceptó sin preguntar mucho. Conseguí también unas mangueras largas. Me ayudó un vecino a acomodarlas. Decidimos que la descarga la dirigiríamos hacia la parte baja del terreno, lejos del corral y de la casa. A mediodía ya teníamos todo listo. Conectamos la bomba, revisamos que las abrazaderas estuvieran bien puestas y empezamos a sacar. Al principio no parecía nada fuera de lo normal, pero apenas habían pasado unos minutos cuando el olor cambió. Fue como si hubieran abierto una coladera vieja. Se pegaba en la nariz, en la lengua. Yo me cubrí con un trapo húmedo. Mi esposa se tapó con la camiseta y se metió a la casa. Marcos y el vecino aguantaron unos minutos más, pero luego también buscaron algo para cubrirse. Marcos se arrodilló y escupió varias veces. El vecino tuvo que sentarse. yo también sentía el estómago revuelto el olor salía con la presión del agua que golpeaba contra las piedras al caer

10:28 el chorro era espeso no se veía como agua era un líquido negruzco entre tierra y aceite con grumos algunos flotaban otros se arrastraban por la manguera como si fueran pedazos de algo En la malla del filtro empezaron a atorarse cosas. Marcos detuvo la bomba para limpiarla. Sacó con un palo mechones de cabello. Eran largos, enredados, con tierra. También salieron tiras de tela deshechas, mojadas, de color indefinido. Parecían trapos podridos, como si hubieran sido ropa alguna vez. Había también moscas muertas, ramas pequeñas, incluso algo que parecía un hueso delgado. No sabíamos de qué era. Podía ser de algún animal, pero no estábamos seguros. La bomba se atoró varias veces. Cada que parábamos para limpiar, volvíamos a respirar el olor directo. ya para entonces yo me sentía mareado mi esposa nos veía desde la puerta no quiso volver a acercarse pasaron casi dos horas el nivel del agua bajó hasta quedar apenas visible desde arriba el fondo se notaba oscuro pero ya no reflejaba nada solo una mancha negra marco se preparó para bajar Se puso unos guantes gruesos, amarramos una cuerda a su cintura y le di una linterna de buena batería. Le dije que, si veía algo peligroso, gritara. Descendió con cuidado. Las paredes del pozo estaban húmedas. Escuché cómo sus botas tocaban el fondo.

12:00 Luego se quedó en silencio unos segundos. Yo me asomé. No veía nada desde arriba. De pronto gritó. Dijo que había huesos. Que no sabía cuántos, pero había huesos por todas partes. Me quedé frío. Le pregunté si estaba bien. Respondió que sí, pero que iba a recoger lo que pudiera. Subió en silencio. Traía la cara blanca. En las manos traía lo que claramente era parte de un cráneo. no estaba entero pero se notaba la forma la cuenca del ojo un pedazo del maxilar y algo de la parte trasera lo puso sobre un costal después subió otro saco más grande con otras cosas huesos largos huesos pequeños fragmentos rotos también pedazos de madera clavos oxidados latas viejas Todo húmedo, sucio, imposible de identificar con exactitud. Había también un zapato de suela casi deshecho. Y más trapos mojados, enredados con tierra y cabellos. Nos quedamos ahí, mirando todo. Nadie decía nada.

13:05 Mi vecino se persignó. Marco se sentó a un lado y se limpió el sudor. Yo solo miraba el cráneo. Habíamos tomado agua de ese pozo toda la vida. Mi papá, mi abuelo, yo, mis hijos... Nunca imaginé que algo así podía estar abajo. Sentí un vacío en el estómago, no por el olor ni por el cansancio, sino por el pensamiento. Todo lo que habíamos bebido, todo lo que habíamos cocinado, lo habíamos hecho con esa agua. Ya no podía pensar en el pozo como antes. Era otra cosa. Una herida abierta, un lugar envenenado. En cuanto subimos el cráneo, supe que no podíamos quedarnos callados. Le dije a mi esposa que íbamos a tener que hablarle a la policía. Ella no respondió.

13:52 Solo me miró. Se le notaba el susto. Dijo que no quería problemas, que no sabía si eso nos podía traer broncas. Pero yo le aseguré que era lo correcto. En nuestra comunidad no hay patrullas ni oficinas de seguridad. Todo lo más cercano está en el poblado grande, a unos 30 minutos en camioneta. Esa tarde fui hasta allá y me presenté en la comandancia. Les conté lo que habíamos sacado del pozo y me preguntaron si tenía pruebas. Les mostré unas fotos que había tomado con mi celular y uno de los agentes se puso serio. Llamó a alguien de fiscalía y al rato me dijeron que irían a revisar.

14:33 Volvimos al rancho cerca de las 8 de la noche. Para entonces ya estaba oscureciendo. Dejamos todo cubierto con una lona y esperamos. No llegaron ese día. Fue hasta la mañana siguiente, ya pasadas las 11, cuando aparecieron dos patrullas con cuatro agentes y un vehículo más con personal de fiscalía. Traían cámaras, carpetas, guantes, bolsas especiales. Les expliqué otra vez cómo había estado todo desde el principio. Mi esposa también lo dijo con sus palabras. Marcos y el vecino confirmaron lo mismo. Tomaron fotos del cráneo, de los huesos que había en el costal, del fondo del pozo, de la bomba, de la cubeta, incluso del lugar donde habíamos vaciado el agua. Uno de ellos tomó muestras del líquido que todavía quedaba, usando unos tubos y unos frascos. Otro recogió el cabello que se había atorado en la malla del filtro, y los trapos podridos que aún estaban tirados a un lado. Nos interrogaron uno por uno.

15:37 A mí me preguntaron si había tenido problemas con alguien, si había escuchado ruidos por las noches, si alguien más había entrado al terreno. Les dije que no, que aquí no viene nadie sin avisar y que la reja del portón siempre está cerrada. También me preguntaron si había visto a alguien extraño en los días recientes. Negué todo. Mi esposa contó que hacía semanas ya sentía raro el agua, que tenía un mal presentimiento desde que se murió la vaca. El vecino dijo que solo vino a ayudar y que cuando vio el cráneo se le fue el alma al piso. Marcos, el muchacho que bajó, dijo lo que encontró allá abajo, que había huesos, madera podrida, trapos, basura vieja. y que no había señales de ningún animal muerto. No nos dijeron mucho en ese momento, solo que iban a analizar todo.

16:30 Recogieron los restos con cuidado, los metieron en unas bolsas especiales con etiquetas y se fueron cerca de las 4 de la tarde. Nos dejaron una copia del acta que habían levantado con nuestras firmas. Dijeron que nos llamarían si encontraban algo. Dos días después regresaron. Eran solo dos agentes. Nos hablaron afuera de la casa, junto al árbol de guamúchil. Dijeron que ya habían revisado los huesos y que pertenecían a una mujer joven de entre 20 y 30 años y que no llevaban tanto tiempo ahí. Me quedé frío. Pensé que eran restos antiguos de hace muchos años, quizás de cuando mi bisabuelo construyó el pozo, pero ellos dijeron que no, que el cráneo tenía fracturas recientes, que los huesos no estaban calcificados ni erosionados como los de un entierro viejo. Nos aclararon que no era un cuerpo completo, que solo habían hallado huesos sueltos, sin carne, y que por eso creían que no llevaba mucho tiempo. Uno de ellos dijo que tal vez alguien los había arrojado ya secos, con toda la intención de contaminar el agua, que probablemente no murieron ahí, sino que usaron el pozo para esconderlos o para deshacerse de ellos, y que eso explicaba por qué el olor se hizo fuerte apenas hacía poco. Mi esposa se cubrió la boca. Yo no supe qué decir. Le pregunté si tenían alguna idea de quién lo hizo. Me dijeron que no, que no había denuncias por desaparición en esa zona y

18:01 que seguirían investigando, pero no prometieron nada. Tomaron unos apuntes más, miraron hacia el pozo y se fueron. Esa tarde cerramos el pozo, no con la tapa de concreto. Esta vez lo rellenamos. Usamos tierra, piedras, ceniza de quemas viejas. No queríamos que quedara abierto ni como recuerdo. No quise hablar más del tema. Mi esposa tampoco. Compramos un tinaco nuevo y lo pusimos en el techo. Empezamos a traer agua del poblado, garrafones para tomar, tambos para lavar, botes para los animales. Fue pesado, caro y tardado, pero no podíamos seguir usando esa agua, ni siquiera para regar. Nadie fue arrestado, nunca volvieron a darnos noticias. El tiempo pasó y el terreno se secó por encima del pozo. Lo tapamos con piedras y sembramos encima unos arbustos, como si quisiéramos enterrar también el recuerdo. Y aunque todo pareció calmarse, yo no dejé de pensarlo. No era solo el miedo, era el asco, el saber. Años enteros bañándonos con esa agua, tomando café, lavando los trastes, cocinando frijoles, dando de beber a los niños, a los nietos, y abajo de nosotros esa cosa. Lo peor no fue encontrarlo, fue todo lo que ya habíamos tomado sin saber lo que había debajo.