Vecinicidio

Escucha los mejores casos de la serie de comedia radiofónica cubana La Tremenda Corte, que fue transmitida por décadas en México en las distintas estaciones de Grupo Radio Centro.
La Tremenda orde lo que tan bruo la Tremenda Corte con leopordo Fernández, AnÃbal de mar Mi mi Cal y Miguel Ãngel Herrera escribe Cástor Bisco, Producción y dirección. Miguel yao a audiencia pública el tremendo juez de la Tremenda Corte va a resolver un tremendo caso toda la noche. Secretario, buenas noches, señor Juez, cómo se siente hoy, bueno, pues francamente me siento muy débil y muy DecaÃdo usted qué tal me ve pues, francamente también, señor Juez, no es por alabarlo ni por taquearle, pero yo lo veo a ste hecho, Tierra, pongo ese diez pesos de multa ahora mismo un momento, sino un juego. Usted no me he entendido bien, como que no lo he entendido bien, no porque yo lo veo hecho tierra, pero tierra de la colorada, de siembra, de la buena. No sÃ, naturalmente, me borra mucho. No, señor deja ese la apuesta, porque yo no confÃo mucho en usted y fÃjame qué caso tenemos hoy, que es lo importante. Está bien, señor Juez. Lo que tenemos hoy es un intento de urte. En qué consiste ese intento de hurto en un sujeto que fue sorprendido cuando estaba registrando el escaparate de una vecina. Llamé entonces a lo complicado en ese vecinicitio enseguida, señor Juez, luz MarÃa Na Nanina a aquà como todos los dÃas, rudecindo Caldeiro y Estominia, pregente o cancelario, tres papile a larrea. Bueno, vamos a ver qué les pasa a ustedes hoy. Pues lo que pasa, señor pues es que tres patines, aprovechando que yo no estaba en casa, te metió en mi cuarto a robarme unas prendecitas que yo tengo vámonos. Comencitio usted a levantarme de calumnia a mÃ, a la nina que yo no toqué su prendecita para nada, porque yo no le di tiempo que si no se la llevo a ustedes, eso no es verdad chico. Lo que pasa es que ustedes me han creado a mà tan mala fama que ya yo no puedo hacer nada sin que se figuren que yo estoy haciendo algo malo. Yo me cuenta lo suyo es fama. Nada más verdad, nada más chico. A ti te ven entrando en tu casa por la puerta a las doce de la noche, y lo único que dicen es bueno. Parece que al señor Juez se le hizo tarde la calle el cambio. A mà me ven a esa misma hora apoyando una escalera en la fachada de tu casa para meterme por una ventana. Y lo que se imagina es que voy a robar Chico, Bueno, otres patines. Pero si ustedes lo ven a las doce de la noche apoyando una escalera en la fachada de mi casa para entrar por la ventana, no tiene que ser que usted va a robar o que Chico no puede ser también que yo esté estudiando para bombero Chico, no, señor, porque si usted hiciera eso con la intención de estudiar para bomberos, no lo harÃa usted en mi casa, sino en la suya y ella en la mÃa pok tiene que ser en mi casa precisamente la que se quemen oh, señor. Pero esos estudios no se pueden hacer a las doce de la noche. Y eso que prohibieron la clase nocturna, no, señor, no prohibieron nada. Lo que le digo es que no puede usted hacer eso en una casa ajena a las doce de la noche, porque cualquiera que lo vea tiene que pensar que usted va a robar bueno, chico, pero oyeme perrá. Pero si me de alguien para eso, estoy yo ahà para aclarar que yo no iba a robar nada y quién me va a creer eso usted. Esa es la otra cosa que le crean a uno tan mala fama que luego uno va a meter una mentira y no hay quien se la crea ch Cómo se la van a creer. Si usted mismo dice que es una mentira, qué cosa o de la escalera, qué escalera? Qué puso usted en la fachada de mi casa a tu la vis no Y entonces, porque dice que yo puse en una escalera, Chico, si no puse nada momento o tres partidos, usted no puso un ejemplo, ahorita mismo, sÃ, un ejemplo, sÃ, pero no es una escalera. Hechicho, ya lo sé. Ah bueno, y entonces que estamos discutiendo. Yo no estoy discutiendo nada. Bueno, pues déja la escalera Chico y vamos a subir por el elevador. Por qué lo iba a dar trespa el elevador tú mismo cuando la esperaste Chico, oyeme es que tú has armado un lÃo aquà que ya no hay quien entienda ya que armó ese lÃo. Fui yo, hombre, por Dios, pero también me vas a echar la culpa a mà de eso po con galerÃas, peso de multas, Secretario, pero oye me dejo o yo soy la boca. Déjame ustedes rudecindo. Usted fue quien sorprendió a tres partines en la comisión del delito, verdad en la qué en la Comisión del delito, no, no, no un momento vamos a aclarar eso, porque en el delito yo no llevaba ninguna comisión. Haga usted el favor, no mire que usted es bruto rudecito. Gracias, Doctor, Igualmente, diez pesos de multa, Y eso por qué por decirme igualmente. Pero si yo iba a decir que igualmente opinan de mà todas las personas inteligentes como usted, entonces usted reconoce que es bruto. SÃ, señor, si me quita usted la multa, lo reconozco, lo llevo a juzgados municipales, lo inscribo como hijo mÃo mÃa, como la corre los diez pesos. Entonces, secretarios, gracia, ya que la cosa es asÃ, Le voy a explicar que la Comisión del Delito quiere decir la realización del robo. Y ahora dÃgame. Usted fue quien sorprendió a tres patines. SÃ, señor, yo mismo fui y cómo lo sorprendió usted puede dar a usted. Doctor. Resulta ser que ayer, por la tarde, a eso de las cinco y media menor diez, yo estaba en mi cuarto. Bien, eso sentà roÃdo en el cuarto de al lado, porque yo vivo en el cuarto de al lado de Nana. Nina sabe ustedes muy bien y qué, Pues, como le iba diciendo tor, yo sentido en el cuarto de al lado y entonces me puse a mirar por el ojo de la cerradura. Ay, entonces usted sabÃa que ya no estaba en casa. No qué va, hombre. Yo no sabÃa nada, y entonces por qué se puso a mirar por la cerradura, porque sentà ruido en el cuarto do usted no no so lo estoy diciendo ruño. Ahora me pareció que andaban en el escaparate y no podÃa hacer yo la que estuviera andando en el escaparate. Claro que sÃ, y por eso precisamente digo no. No espere, espere y yo sabÃa que usted habÃa salido. Ah bueno, esta es otra cosa. No, señora, no es otra cosa. Póngale veinte pesos de multa rudeciendo secretario, y eso por qué, Nanina, la podrá usted engañar? Pero a mà no, porque yo sé de eso Y sabiendo de eso, me pone usted veinte pesos de mursica. SÃ, señor y tú dios, qué falta de compañerismo. Veinte pesos más, siga contando qué fue lo que pasó, porque yo mire por la cerradura y vea tres patines registrando el escaparate de Nana Nina. Entonces, heroicamente sin miedo al peligro, salà a la calle busqué un policÃa. Volvà con él entramos en el cuarto de Nana Nina y trabajamos a tres patines. Cuando estaba guardándose en el bolsillo un par de gemelos de oro. Me diga usted fue a buscar al policÃa heroicamente, SÃ, señor, heroicamente y sin miedo al peligro. A qué peligro? Al peligro de que mientras yo iba a buscar al policÃa prepatine se metiera en mi cuarto y me robar a mà también no hable boberÃa ruleciendo Chico que yo no estaba robando nada de do mienta tres patines y recuerde que al juzgado se viene a decir la verdad. Ah sÃ, sÃ, señor No, se viene a decir la verdad o yo creo que sÃ. Y si usted no la viese, yo busco la manera de que usted la diga. Entiende, porque en cuanto yo me entero lo que usted está diciendo, una mentira, usted sabe lo que le pasa, o multa o dÃas también tiras de verdad. SÃ, no sé como usted sabe que ya lo van a condenar porque ya usted ha cometido el delito, entonces se va va a empeorar la cosa es verdad o no, sÃ, sÃ, es verdad. Por qué usted, desde que llega, le hacen tal la acusación, porque usted no confÃesa al delito que se le imputa. Por qué, Chico, ok yo tengo que juzgar a manera de defenderme de defenderse, de qué de defenderme y buscar la manera de alegar y que se haga o inocente y que tú castigas rulecindo, pero por qué lo voy a castigar si es que el que viene acusado es usted ya lo sé y se comprueba el delito. El delito se ve claro si ustedes se han robado una cosa y lo han visto cuando cogió él se robó esa cosa porque usted lo niega anoche como no lo voy a negar, Chico, porque menos lo voy a negar. No debe negarlo. Otres patines, hombre y en hombres, de qué no no está cájete la boca, muchacho, cálle te la ga y contésteme sigue tú, dirÃas, Chico, es mi favor, póngale cien pesos de multa, rudecindo por agraciados. En cuanto a usted, rudecinto, la verdad es que no sé por qué usted, muy valientemente que digamos por qué es doctor porque yo no hubiera ido a buscar a nadie, Yo hubiera entrado en el cuarto, le hubiera dado la cara a tres patines. Qué cara me hubiera, cuál va a ser la mÃa y para qué quiere io una cara como la to dije Chico Mándale si empezó a tres patines de secretario, qué Chico tú uno dices que has jugado. Se viene a decir la verdad que son de cien pesos. Más ah si gana goguera por ese dinero, qué fuerza de dinero es ese qué tele los cien pesos. Bien póngale ciento ochenta dÃas, qué le parece, no es peor, pero usted nos dice que a fuerza de dinero o yo sÃ, de bien siga usted rudecindo. Quedamos en que el policÃa y ustedes sorprendieron a tres patines cuando se guardaba en el bolsillo un par de gemelos de oro. No es eso, sà señor bueno, pero es que esos gemelos eran mÃo, nada de que eran suyo. Usted lo que estaba era rodándose mis prengas. Cuando Luz MarÃa tenga calma, usted guardaba sus prendan en el escaparate. Verdad, sÃ, señor, qué prendas eran eso. En primer lugar, yo tenÃa la anillo de matrimonio de mi ex marido, que era muy bueno. Ah, bueno, usted reconoce que su es marido era muy bueno. No no, señor, yo me refiero al anillo. Mi marido era muy malo. MarÃa ya me extrañaba eso. A mà ya me extrañaba eso siga entonces y también yo tenÃa unos aretes, una sortija, una pulsera, un relojito y un par de gemelos de oro. Bueno, pero eso gemelos eran mÃo no. Señores, esos gemelos no eran suyo, eran mÃo, que yo fui quien se lo dio a ustedes. Por eso mismo, usted me dio esos gemelos a mà ya no eran suyos, sino mÃo no nos formen discusiones y vamos a ver si nos entendemos cosas. DÃgame usted, tres patines, usted asegura haber dado a Luz un par de gemelos. No es eso, bueno. Yo espérate qué dijiste que preguntarte. Le pregunté que si usted asegura haber dado a luz un par de gemelos, oyeme por una cuestión de orden Chico, esa luz je tú de luz, Mariana na ni la verdad. Claro que sÃ, ah bueno, no, no, Y el nombre completo, porque gemelo quiere decir muchas cosas y como muchas cosas, claro que muchas cosas chicos. Yo he estudiado mucha aritmética castellana y sé que hay gemelos de camisa, hay gemelos de teatro, de eso de mirar desde lejos o este y hay gemelones y más huachicos. Pero lo que usted les dio a luz fueron unos gemelos de camisa o sean unos yugos, no es eso, SÃ, se lo dice lo que son yugos, como no voy a saber lo que son yugos, lo que le ponen el p eso a los huelles para que sale la carrera. Chico, No, señor yugos gemelos, SÃ, eso que ustedes se pone en la camisa en la manga, eso son gemelos o son yugos? Yugos dice yo sÃ, sÃ, poes sÃ. Yo se lo diga a lo Mariana, Nanina, Nana, Nina, con acento en la isla. No. No. No? No? No? No? No, No lleva acento en ningún lado. No importa. Yo yo se lo pongo para aclarar bien la cosa y que no haya problema con los gemelos. Pero usted reconoce que estaba registrando el escaparate de manaminas a Chico. SÃ, yo lo ronconaco, pero yo lo reconozco. Ah tú también estás metido ahÃ, No, señor que se ha visto asÃ. SÃ, Yo no iba a robar nada. Chico, lo que yo estaba haciendo era otra cosa, Chico, vamos, era otra cosa, SÃ, porque lo que pasó fue que yo ayer le dije a mamita, digo le, mamita, tengo que trabajar. Yo me cuenta además que usted le dijo a su mamita que tenÃa que trabajar. Chico, oye, y lo que yo hice fue decirle a mamita que tenÃa que trabajar, Y eso no fue lo mismo que yo dije ahora. SÃ, pero yo no lo dije ahora. Yo lo dije ayer. Rabia habÃa ella o raya ayer, sÃ, pero lo han visto ahora aquà que usted lo dijo ayer y eso fue lo que dije yo, que dijiste tú lo mismo que acabo de decir que usted que tenÃa que trabajar. SÃ, bueno, sÃ, bueno, Y qué mira que usted tiene cosas rÃa bueno, ray pero si usted tenÃa que trabajar, por qué no salió a buscar trabajo. Pero si eso fue lo que yo hice, muchacho, no me pica muchacho, señor Juez, estaba bien y apunta, fue usted a buscar trabajo, bueno, y yo estuve pensando a quién se lo pedirÃa de trabajo, pues sé que es otra cosa que buscar trabajo. à iempre y en eso me encordé de un polÃtico amigo mÃo sÃ, que vivÃa en la vÃbora. Entonces yo me puse el sombrero. SÃ, salà a la calle y me paré en la inquina. No qui en la esquina. Tú me viste. No, No, señor continúe a perrar una guagua. Qué, Bueno que a los cinco minutos y llegó una guagua, pero la tuve que dejar ir por qué, porque era una ruta tres. Yo no iba para o no. Yo estaba parando la ruta uno. Ni qué más, porque yo seguà esperando y a poco Rato rang llegó otra guagua, la ruta tres, también de la uno mira que, pero la tuve que dejar ir por qué. Porque iba llena y estaba ya bueno, bueno que a poquito Rato llegó otra ruta uno, pero también la tuve que dejar ir. También se iba a jema, no esa iba masÃa por qué no la cogió hombre, porque en ese momento me acordé de que no tenÃa el dinero para guagua que hice usted. Entonces oye me jalé todos los kilógramos que hay desde aquà hasta la bigo. No me caminando. Llegué a la casa de polÃtico amigo mÃo me encontró un trabajo entradas del diablo. HabÃa el se te hizo aqué a la puerta, me salió la criada y entonces yo voy y le pregunto he estado un acleto y ella me dijo no. El señor salió hace un momentico le digo yo y usted no sabe a dónde iba dice sÃ, cómo no o un entierro. Oye, si dice ella si se apura un poquito, seguro, seguro que todavÃa lo alcanta en el cementerio. Yo le dije muchas gracias por la ley y ella oye me dijo que nada fue cementerio como no. Salà corriendo para el cementerio. Llegué todo Sudado. Vi un grupo de señor allà y entonces le pregunté a uno de ellos. Está por aquà de un nacleto y el hombre me contestó muy serio. SÃ, señor, ahà en la bóveda esa lo acabamos de dejar. Hace cinco minutos más muerto era él sà chico figúrate Tú no tuve más remedio que se tames sobre un pantaleón, sobre un partión vamos tirar sà y ponerme a pensar, a pensar que no somos nada, pero no a pensar que por qué me habrá dicho la criada esa que me apurase tanto bueno y qué nada que como que don Anacleto entró en órbito, falló fue cosa rara, porque él me habÃa hoye me ha atendido siempre. Yo hice asÃ, me fui a ver a otro polÃtico amigo mÃo también y eso también habÃa salido no ese estaba en casa. Entonces yo le dije mire Doñico, porque a él le dicen, Antonio, tú sabes, pero su verdadero nombre, Ãico, no trepatÃne al revés cómo al revés. SÃ, señor, le dicen, Ãico, pero su verdadero nombre es Antonio. Tú lo conoces, no, señor no lo conozco, y cómo tú sabes de su verdadero nombre de Antonio. No se preocupe por eso y siga qué le dijo a usted, a ese polÃtico Asà y le dije mire doñico, yo quiero un puesto bueno donde se gane bastante no. Entonces no se quedó pensar ni me pregunto te gustarÃa ser registrador de la propiedad. Yo le dije que sÃ. Entonces él me dijo pues para eso hay que ser abogado, de manera que búscate. Por ahà una universidad estudia la carrera y ven a verme cuando termine no me dije que todo ustedes hacer ese abogado. No porque me puse a pensar chico será o no será buen negocio ese ser registrado de la propiedad. Y por eso fue lo del escaparates. Por qué, porque yo me puse a pensar déjame registrar la propiedad de la nanina para ver si es negocio o no. Hay negocio, ah sÃ, por qué no registró usted la propiedad. Tuya el lugar de la amiga, hombre, porque la mÃa yo sabÃa ya que no era negocio de arriba lo sabÃa. FÃjese figura y oye fÃjese que retreto a mi casa y no encontré ni los hecho kilo para gua watchins oye, hombre, entonces eso lo querÃa usted saber. Si era negocio, sea registrador de la propiedad, sÃ, pero me trabaron de manera que ya yo veo que no lo he chico y es que pienso usted hacer ahora. Bueno, ahora estoy viendo a ver si puedo registrar el capara de rudecino el mÃo por qué, compadre, porque quiero ver si es negocio trabajar en el registro de tranjero. Es bueno. Escriba el Secretario venga la sentencia. Decimos que trespatines fue sin duda registrar, pero no con esos fines que acaba de declarar y como la ley no deja hacer tales fechorÃas que se pase treinta dÃas metido tras una renta, escucha el siguiente programa de la Tremenda Corte con Leopoldo Fernández, mi Mical y AnÃbal de Maderre por esta emisora hasta entonces, Manolo Iglesias, que les habla, les dice muy buena suerte. Amigos. Audio Central







