Periquicidio

Escucha los mejores casos de la serie de comedia radiofónica cubana La
Tremenda Corte, que fue transmitida por décadas en México en las distintas
estaciones de Grupo Radio Centro.
Tremenda Corte, que fue transmitida por décadas en México en las distintas
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La tremenda or, la tremenda corte? Audiencia pública, el tremendo Juez de la tremenda corte? Va a resolver un tremendo caso. Buenas noches al Secretario. Buenas noches, señor Juez, antes de comenzar el juicio, hágame el favor de anotar ahÃ. Diez pesos de multa isidoro. Vale Diez pesos de multa a isidoro. Valiza, pues si no tiene dinero que lo traigas en cristal, que lo pres lo va o bueno y cómo sigue de saludo regular nada más doler No me duele nada, pero me siento muy flojo. Ah se siente usted, flor sÃ, y por qué no toma antiflogitina, antiflogistina. Quién le ha dicho usted que eso se toma nadie, señor Juez. Pero si se siente flojo, deberÃa tomarse tres o cuatro cucharadas y antiflogitinas a ver el resultado que le da. Y si me intoxisco no se preocupa. Por eso aquà estoy yo para sustituirlo. Cómo no me va a preocupar. Póngase cinco pesos de multa por meterse a recetar sin ser médico, pero dÃgame si no. Pero protestas y vamos a ver qué caso tenemos hoy, pues parece que se trata de un intento de asesinato. Por lo menos eso es lo que dice la vÃctima. Ãn es la vÃctima un actor de teatro llamado Perico Jovellanos y campo florido Jesús en ese nombre. Qué le pasó a Perico, pues según dice el Acta, ese actor estaba representando una obra en la cual olegario Cascarilla, al que también usted conoce, el que también es actor, tenÃa que hacer un disparos y para ese disparo, como es natural, utilizaban un revólver cargado con pólvora sola. SÃ, se llama lo imagino y qué pasó, porque Trespatines, que es el utilero de ese teatro, parece que estaba enemistado con Campo Florido, pues no sé qué problema hay de ellos. Y en lugar de darle Olegario un revólver cargado con pólvora sola, se lo dio cargado con perdigón y Olegario disparó con él. SÃ, señor dispara con él. Le empoo a todos los perdigones al pobre perique de barbaridad. En fin, ya me haya lo complicado en ese periquicity enseguida, señor Juez, luz MarÃa Na Nanina, aquÃ, como todos la veas Olegario, cascarilla, servidores, oh sé, Candelario, tres, fatiga, larrea, peico joveñano y Campo Florido. Em que dijo usted, perico que m queme aquÃ, señor Juez, traspasado de dolor y hábito de justicia, vamos a usted herido verdad. SÃ, señor he le dido a traición, porque yo puedo decir lo que dice Don Rodrigo de Tarrestaleta en el acto segundo de la alpargata fatÃdica o los sabores de una jicotea a que dice el Don Rodrigo es pues, dice asà vÃctima. Soy de la venganza fiera de una limaña bili traicionera que, al llenar un revólver descargado con bolitas esféricas de plomo, me he tenido seis dÃas acostado con catorce agujeros en el lobo hágame fado. Ya metió la pata el hombre, ese hecho, cómo que metà la pata sà chico. Eso no lo dice Rodrigo de Tartaleta en el arto segundo de la alpargata fatética. Cómate no, no, señora, eso lo dice Doña Melcoche de Pinotea en el acto tercero de la bicicleta envenenada o el catarro de una emperatriz, no, Señor no es verdad. Lo que dice Doña Melcocha en el catarro de una emperatriz es que le traigan un pañuelo. Bueno, pero ese en el arto primero, cuando las emperatrÃas como Chippia llorapo que Don Hugo de Piña no la quiere chico. Pero si Don Hugo de Piña está enamorado de la emperatriona Na Nina, usted está confundida de un Hugo de Piña, está enamorado de Doña Cacarra de toron achà ey y entonces quién es que está enamorado de la emperatriz. Hombre Don Caimito del Guayabalche qué cosa, Don Cainito de guayabal No, está enamorado de Doña Perrita. Pequenesta no, señora, ese don gatitos de lunar. No, bueno, dejen eso que hace la discusión, esa que no conduce a nada. Claro. Vamos al caso. Según dice el actor se trata de un intento de asesinato. No es eso, SÃ, señores, como dice muy bien don Filiberto de Mayajigua en el acto tercero de la justicia de un afilador o las lágrimas de un pollito vaquia bélico plan tradición sin nombre contra mi se trabó y en este dÃa vengo a pedir justicia contra el hombre que me jugó, señor FulastrerÃa, y ese hombre es trespatines. SÃ, señor, el canal ya de tres patios, no lo momentos momento para una aclaración. Eso de canalla es bueno, es malo, señor ju Es malÃsimo, peor que botes a ver, muchÃsimo peor. Entonces vamos a suprimir eso que me perjudica. SÃ, por qué lo va a suprimir. Si lo que le dice a usted, a per y que fue una canallada, no, señora, yo no tuve en la copa de lo que le pasó a Perico cómate. No, no, señora, y no insista, porque le voy a tener que decir lo que dice Don Floripondio del Cayo Hueso en el arto noveno de la Venganza del rey Don Hugo a lo cómo se llama la obra, que se llama también lo errores de un pelotero. Asà que es lo que dice el señor. Ese dice asÃ. Oyeme, oye esto dice. No me acuséis, Marquesa con tal brÃo ni digáis que el delito ha sido mÃo, pues os juro, señora, por mi abuela que yo soy un muchacho punto y coma inocente cual tÃmida gacela y puro como cándida paloma, prata brabra, ahà el aplauso siempo una cántida palomo. Están sin vergüen. Si va en coche, poned freno marquesa a vuestras furias. Y no me acribilléis con más injurias, pues os juro que Si eso continuáis seguÃs diciéndome insolencias os voy a disparar una galúa que no vais a parar hasta emergencia. Es eso pirada. Es eso sie primer lo andado en el aplauso, Ni aplauso cómo se atreve usted a amenazar a Nadalina con darle una galúa. Pero si eso no lo digo yo, chico, no porque no lo dices. No, señores, se lo dice, don seborucos de creolina en el arto segundo de la tragedia de un pirata o el que la sigue la mata Jah, pues sà lo de multa por discutir. Pero si es verdad que yo no soy el que lo diga, sÃ, señor usted, el que lo dicen, no, señor que compare cada doce orco de creolina para que es mismo te lo digas aquÃ, no comparece más creolino ni más saboruco. Caño digo no diez pesos de multa por llamarme ese bruco. Pero si tú misma fuiste que te lo llamas, porque usted me empujó y dale sÃ, señores, y póngale diez más por el tal ese y a ver usted, señor Cascarilla, si quiere usted hacer el favor de explicarme lo que pasó. SÃ, sÃ, con mucho gusto, señor Juez, lo que pasó fue que Nananina, Perico y yo formamos una compañÃa teatral para presentar obras en Verso de López de Be, Caldelón de la Barca, Tirso de Molina y otros autores contemporáneos. Cay Lope de Vega y Calderón de la Barca son autores contemporáneos. Llega con contemporánea. Tuya diez peso de monta. Por esa respuestas viene llevan y bien cárese la boca, diga, señor Cascarella. SÃ, consiguieron ustedes teatros. Bueno, pues sÃ, señor conseguimos un teatro muy bueno. Con aire acondicionado, escenario giratorio, amplificadores de sonido, lunetas especiales para sordos y butacas especiales para discos, como butacas especiales para mÃ. SÃ, sÃ, señor Juez, porque con las butacas corrientes, los discos llegaban, se sentaban, miraban para el escenario y lo que veÃan eran los palcos. Y ahora no les pasa. Eso no, no, porque ese teatro tiene varias lunetas especiales colocadas de perfil. Sabes que quedan de frente para los palcos y lo que ven es el escenario. Ah bueno, y qué pasó. Bueno, pues que para la inauguración del nuevo teatro me dirigÃa al sindicato de Tramoyistas pidiéndoles que me mandaran un buen utilero, que usted sabe que es el que se ocupa de todos los objetos y cachivache que se necesitan ninguna obra. SÃ, cómo no y qué pasó. Bueno, pues que tuvimos la desdichada fatalidad de que el utilero que mandó el sindicato fuera ese sinmber huanchan tres patios. No me dice ica sÃ, señor yo, ustedes ten mollista de tres partites. Bueno, yo no lo era. Tú sabes, pero cuando yo me enteré de que era la Nina iba a trabajar en un teatro, pues yo me fui al sindicato corriendo me apunté allà enseguida, Le dieron ustedes la plaza. No es eso, sà fue no fue un trabajito que me llegó ahÃ. Oye me he caÃdo del cielo. Porque ha caÃdo del cielo verdad. No tiene usted miedo de que a lo mejor le caigan ciento ochenta dÃas del cielo. También no como van acá de ciento ochenta dÃas del cielo. I que tú crees que asà sin anunciarlo el Observatorio ni nada podrÃan empezar y yo venÃa cómo no. Yo no creo que pueden empezar a llover. Entonces espérame que voue por Ahorita, dónde va a ustedes voy a buscar un parado. No se me mueva de ahÃ. SÃ, gado malegario, quedamos, te pidió un utilero y en que el sindicato le mandó a tres patines. No es eso, sÃ, señor, SÃ, señor, por supuesto, ya le dije al sindicato que si me vuelve a hacer esto, no le hablo más en todo el resto de mi olegaria a vida. Lo creo y tres patines y conoce el oficio de utilero. Pero qué va a conocer, señor Güey, lo que hace tres patinas de baratar todas las obras. Pero si yo soy el mejor tilero de la Habana, señor el mejor hotilero, yo quisiera que usted hubiera visto lo que hice el otro dÃa en una obra se fue lo que hizo. Ok y durese usted que se trataba de una obra antigua que pasaba en el castillo de un conde allá por la edad media y en el acto segundo, el conde tenÃa que salir a escena con una armadura, porque la obra figuraba que se iba para la guerra. Bueno, sà que cuando el actor que hacÃa de conde fue a buscar su armadura para ponérsela tres patines, no le habÃa buscado nada porque no sabÃa ni lo que era una armadura. Siquiera qué hizo el actor, pero qué iba a ser. Señor Juez, tuvo que salir a escena sin armadura porque tres patines no le dio nada, como que no le di nada. Yo no le di un bate de pelotero, pero él que no lo querÃa porque lo que usted tenÃa que darle no era un bate de pelotero y que era una armadura. Y usted quiero un arma, madura, combate, pelotero, caballero, ógame el favor. Usted se convence de que no sirve pa na, Seño jue lo único que hace bien en el teatro este es apuntar terminal. Nada más, pero también apunta a terminales en el seno. SÃ, no, señor Juez, pero por eso le voy a suplicar que no lo regañe, porque es una comodidad para los artistas. Si no habrÃa que ir a apuntar a la calle y ahà vese que uno está vestido de Don Juan Tenorio y en ese traje no se puede ir hasta una vidriera ray no lo regañaré, de modo que utilero y apuntador. Además, no es eso tres patines. Si yo querea como la ola cinco pesos, no a ninguno, digo que cinco pesos de multa. Por preguntarle eso al juez y volviendo al asunto cómo fue lo de los perdigoncitos. Eso bueno, pues eso fue que acá el señor se iba del agua y yo se iba del agua, no Campo Florido, sÃ, verdad sÃ, perdone, eso fue que acá el señor Campo Florido y yo hacÃamos una escena muy bonita en una obra que se llama el escudo del emperador o los amores de una criandera sabes, Y en el acto segundo de esa obra, yo mataba de un tiro en el pecho acá al señor Rancho Bollero, Rancho Bolleros, no Campo Florido, Palo memo chico, Tengo quedar dentro de la provincia y la bana está cállese te respeto y dale urrea de pasada, igual que se calle la bober en fin Perico. La cuestión es que Olegario lo mataba a usted de un tiro, verdad sÃ, señor, porque Olegario, en esa obra era el visconde del boniato pasado por agua y yo yo, que era el marqués de la malanga, amarilla me encontraba con él y le decÃa asÃ, oh, visconde del boniato. Me alegra llarosa sola, porque acaricio hace rato el deseo dulce y grato de llamaros come bolas exactamente, Y entonces yo le contestaba indignado el comebola. Sois vos y como me zumba el güiro, ahora mismo vive dios os, voy a pegar un tÃo y ahà era donde usted le pegaba. El tio yo, naturalmente, el disparo. Se lo hacÃa siempre con un revólver treinta y dos que tenemos para eso un encargado con pólvora sola. Comprende usted, sÃ, me lo figuro y qué, pues qué Ese revólver lo preparaba tres patines porque esa era su obligación. Pero hace dos dÃas molesto porque Perico está apuntando a terminales también y haciéndole competencia a él. Tres fatines combinó un plan mefistofélico para matarlo. No, no, no, un momento chico. SÃ, sÃ, decir que sÃ, señor como dice Don Guom de Maro de que so crema en el acto final de los horrores de la inquisición o la odisea de una colchoneta. Ese plan era un plan mefistofélico, satánico, diabólico, luz bélico, maléfico, selvático, mortÃfero, micrófono. Semaforó y mamito no me veÃa todo. Eso era el plan. SÃ, señor ah porque lo que hizo tres patiness fue que, en lugar de mandarme un revolver carro con pólvora sola, me lo mandó cargado con perdigones y figúrese le llené el pellejo de huequitos a pelÃcula Aya hombre, vaya con qué esa tenemos tres patins. SÃ, pero que yo no quise hacerle daño a brio. Yo le avisé a Don Legario que revólver estaba a cargar a mÃ. SÃ, señora a la nina, no se lo dijo, ay, por qué yo se lo iba a decir. Usted me dijo a mà algo de eso claro que sÃ. Usted no me vino a decir a mÃ, de parte de olegario, que no le pusiera más el revolver el treinta y dos. No, señor yo no le dije nada de revolver. Yo le dije el treinta y dos. Nada más a ver a ver qué le iba es ese del treinta y dos. Ninguno, señor Juez. Eso fue que olegario hacÃa tiempo que estaba jugando el treinta y dos para la bola. No es asÃ, don olegario. SÃ, SÃ, señor sÃ, pero hace unos dÃas me cansé, decidà cambiar la jugada para el treinta y ocho y se lo mandà a decir a tres partines con la nanina. Ah pero eh, entonces usted me estaba hablando de terminal en la lámina, asà que estaba hablando de terminado el favor chico, pero caballero, de todas maneras, yo lo avisé que usted avisó que el revólver estaba cargado. Señor fue porque la tulerÃa de ese teatro hay dos revólveres, uno treinta y dos y otros treinta y ocho y el treinta y ocho yo lo tengo siempre cargado con perdigones para tirarle a los guayavitos que sale tú sabes a comercelota con los zapatos los artistas del escenario. O veinte te da cuenta de eso. Bueno, pero qué tiene que ver eso. Puede que ese dÃa, antes de empezar la obra, cuando yo estaba preparando el revolver treinta y dos con pólvora sola nananina vino y me dijo de parte de olegario que hoy no le ponga el treinta y dos, sino el treinta y ocho Y entonces yo le dije bueno, pero dÃgale a olegario de mi parte que el treinta y ocho está muy cargado. Yo no le dije eso. No na nina, señor, pero yo creà que usted se referÃa a que el número treinta y ocho estaba muy cargado para la bola que llevaba muchas jugadas. Ah pues, no. Yo. Lo que le decÃa era que rebombe treinta y ocho iba muy cargado para el escenario, que llevaba muchos perdibanes Y a pesar de eso se lo mandó usted a olegario. SÃ, porque me lo malo. Voy a pedir y yo pensé si lo que quiere oblegar y quitarme un competidor a mà pobre te está recogiendo, per mam no, pues allá él yo no le voy a llevar la contraria y sabiendo que revólver iba cargado, no hizo usted nada. Cuando olegario apuntó con él a Pericus Chico. Cómo no voy a ser yo qué hizo usted, hombre Meta peloso, ir cerró los ojos para no ver caer en muerto ni oÃr perdido. Escriba ahà y Secretario venga la sentencia. Aunque la equivocación puede estar justificada, creo que fue calculada y hecha con mala intención y como no le tolero semejante fechorÃa, le pongo por traicionero catorce meses y un dÃa jaato con Leopoldo Fernández, AnÃbal demar mi mi Cal y Miguel Ãngel Herrera. Escribe Castor Obispo, Producción y Dirección. Jesús Cabrera, Manuelo Iglesias, que les habla, les dice muy buena suerte. Amigos Audio Centro







