Cuando la corrupción no es un caso sino un sistema

Esta mañana agentes de la Unidad de Delincuencia Económica registraron el despacho de un expresidente del Gobierno español. Cuatro delitos. Primera vez en cincuenta años de democracia. Pero si crees que el caso empieza y termina en la calle Ferraz, estás mirando el síntoma y perdiendo la enfermedad.
En este episodio: 53 millones a una aerolínea con tres aviones, 35.000 millones en mensajes desaparecidos en Bruselas, un millón y medio en metálico bajo camas de eurodiputados, y 7.000 millones del contribuyente europeo financiando a organizaciones que hacen lobby para la misma Comisión que las paga.
Y encima de todo eso: la arquitectura regulatoria que ahora decide qué voces tienen prioridad y cuáles no.
No es un escándalo. Son muchos. Y no son aislados. Es un patrón. El patrón tiene nombre.
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