Amenazas de bomba en Europa: el miedo que nadie firma
El jueves, al menos 27 vuelos recibieron amenazas de bomba en Europa, de Irlanda a Bulgaria. Despegaron cazas italianos, franceses y búlgaros, un Airbus de Aer Lingus con 157 personas tuvo que aterrizar en la base militar francesa de Évreux y en Barajas bastaron 3 correos en menos de 20 minutos para alterar 6 vuelos. Ningún registro encontró explosivos y nadie ha reivindicado nada.
La clave está en la asimetría. Escribir un correo anónimo no cuesta nada, pero ningún responsable de seguridad puede permitirse ignorarlo, porque el día que el aviso sea real nadie preguntará por las falsas alarmas anteriores. En la India hubo 999 amenazas falsas en 2024, y una consultora del sector calculó que cada desvío de un vuelo internacional rondaba los 500.000 dólares. Un experto en ciberseguridad aérea advierte además de que estos episodios sirven para observar cómo respondemos.
Sobre quién está detrás hay tres hipótesis y ninguna prueba: una potencia extranjera, grupos violentos dentro de casa o simples imitadores, como el chico de 17 años que paró aviones en la India para culpar a un amigo de una deuda. Mientras tanto, Albares, Von der Leyen y Rutte hablan de guerra híbrida, un término tan gastado que ya sirve para casi todo y que coloca a la opinión pública en un marco casi prebélico, donde las cosas se piden con prisa y la primera suele ser más control.
La Unión Europea aprobó su marco contra las amenazas híbridas en 2016. Diez años después, cada país sigue respondiendo con sus propios medios y su propio comunicado, y eso dice mucho de cuánto aguanta Europa sola.
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