Alemania: los extremos ganan y el centro se queda en el 47%
Berlín, la ciudad más cosmopolita de Alemania, da la victoria a un partido de izquierda radical con el 24,5%. A dos horas de coche, en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, un estado rural, envejecido y más pobre, gana la AfD con el 37% y el partido del canciller firma el peor resultado de sus ochenta años. Dos sociedades opuestas, dos ganadores opuestos. Y sin embargo, cuando sumas en cada una a democristianos, socialdemócratas y verdes, sale casi la misma cifra: 47 en una, 46,5 en la otra.
La participación sube diez puntos en Berlín y siete en Mecklemburgo, así que esto no es apatía. En 1976 los dos grandes partidos alemanes reunían el 91% de los votos; en 2025, el 45. Mientras tanto, el país ha perdido el gas ruso barato, ha apagado sus nucleares en plena crisis energética y ha visto desaparecer unos 380.000 empleos industriales desde 2019, uno de cada seis en el automóvil. El PIB de 2025 seguía donde estaba en 2019.
Lo más incómodo llega con la inmigración y la inseguridad. En 2025 las solicitudes de asilo cayeron a la mitad y la delincuencia violenta bajó por primera vez desde 2021. Y la AfD, lejos de desinflarse, saca un 43,8% en Sajonia-Anhalt. Los datos mejoran y el voto no vuelve.
Con Peter Mair, Giovanni Sartori, la Italia de 1992 y la Austria del FPÖ, este episodio busca el mecanismo que explica por qué el centro pierde a la vez hacia los dos extremos, y qué parte de todo esto puede trasladarse a España y a cualquier otro país. Porque la suma que hoy retrata a Alemania se puede hacer en casa. ¿Cuánto suman hoy en tu país los partidos de siempre, y cuánto sumaban hace veinte años?
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