Xtabay el hada maya de la muerte _ Relatos del lado oscuro
Las leyendas son historias que a veces las abuelitas cuentan a los nietos para que se duerman..... pero en este caso, las leyendas son particularmente peligrosas. Relatos del lado oscuro nos presenta diversos testimonios recientes de encuentros con una de estas leyendas que no parece ser solo un cuento.
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0:00 Cuando uno piensa en México, normalmente piensa en mariachis, charros y cosas parecidas. Pero la realidad es que México es mucho más allá. Mucho. Porque estamos hablando de un territorio en el cual podemos encontrar desde los desiertos del norte del paÃs, en donde se encuentran territorios increÃblemente vastos y misteriosos. Podemos hablar, por supuesto... de las tierras prósperas y fértiles de la parte central, el granero del paÃs, de las regiones ricas en cultura y tradiciones del sureste, de las regiones oaxaqueñas y, por supuesto, de la región maya. México, junto con Guatemala, Belice, parte de Honduras, han sido territorios que en su tiempo ocuparon los mayas. son rutas increÃbles, lugares en los que hay tradiciones, en los que hay una serie de creencias y de historias tremendas, lugares en los que todavÃa al caminar por las calles se puede respirar un poco aquellas tradiciones antiguas, en donde todavÃa existen ritos que se celebran en los antiguos cenotes, estos pozos de agua maravillosos que se encuentran a pocos metros de profundidad, amplÃsimos, llenos de cavernas y galerÃas, Lugares increÃbles de verdad. Y claro, son regiones en las que también hay un enorme turismo, en donde se encuentran, por ejemplo, en la franja de
1:32 Quintana Roo, las zonas turÃsticas más elegantes del paÃs, la Riviera Maya, todo aquello. Asà es que no. Cuando uno piensa en México debe de pensar en muchas caras diferentes, en muchas tradiciones diferentes, en muchas leyendas increÃbles que no son solamente la leyenda de la Llorona. pero que también son impresionantes. Una de ellas es la leyenda de la Shtabai. Se escribe X-T, pero se pronuncia Shtabai. Y es una historia que vale la pena retomar porque sabe algo. No es una historia antigua, es una historia que sigue ocurriendo ahora y que ha estado ocurriendo durante mucho tiempo. Y si no me lo cree, acompáñenme. Hace cuatro años, En noviembre de 2018 hubo un incidente extraño en una población conocida como Zuma de Hidalgo, en Yucatán. En este sitio
3:04 un hombre se pierde. José, un hombre de cincuenta y tantos años, salió como de costumbre a trabajar un dÃa cualquiera y no llegó a ninguna parte. Cuando la gente comenzó a preocuparse, empezaron a buscarlo. Y por supuesto, sabiendo que TenÃa que volver a casa, que iba a trabajar, que no iba de fiesta, y que además el camino era un camino prácticamente recto, desde su casa hasta la carretera donde tomarÃa el transporte que lo llevarÃa a su trabajo. La casa se encuentra en el interior, en una zona cubierta de vegetación por todas partes. Es una región que si bien no es exactamente selvática, en el sentido estricto de la palabra, sà hay una vegetación importante. Hay un camino de tierra suelta que une este pequeño poblado y esta zona donde vivÃa José. Y caminándolo llega uno a la carretera en donde pasa el transporte público. El problema es que no llegó. Al ver que pasan las horas, llaman a la policÃa. Es el 15 de noviembre del 2018.
4:11 La esposa preocupada, familiares, todo el mundo está a la búsqueda porque además el pueblo suma de algo, todo el mundo se conoce. Salen al camino rastreando paso a paso, buscando en la vegetación. Hay un problema y es que en ciertas zonas de estos caminos la vegetación se entrelaza de tal manera que es muy difÃcil de cruzar y además hay muchÃsimos espinos por todas partes. No encontraron huella. Cuando llegó la policÃa también tomó conocimiento de la desaparición e intervino Protección Civil pensando que quizá, se habrÃa desorientado y habrÃa entrado en este macizo de vegetación, cosa muy peligrosa en verdad. El riesgo es que los pinchos te pueden rasgar la piel, te puede picar un bicho, puedes caerte, puedes, bueno.
5:02 Llegó la gente de seguridad pública, llegó la gente de protección civil, llegó gente de Cruz Roja, llegaron todos los vecinos a rastrear aquello en donde se podÃa, en donde no. Nada. Se comenzó a manejar la hipótesis de que quizá habrÃa sido secuestrado, pero José no es un hombre que pueda resultar tentador para un secuestro. Es un hombre que vive en una casa sencilla, que tiene un trabajo sencillo y que vive de manera muy sencilla. Su ropa era blanca y punto. No me pareció. A lo largo del jueves la búsqueda fue absolutamente infructuosa, a lo largo del viernes fue infructuosa, el sábado la desesperación corrÃa por todas partes porque además hace calor, lo que significa que al paso de los dÃas una persona puede morir deshidratada con cierta facilidad.
5:55 Pero además, si este hombre no habÃa vuelto a casa es que algo le habÃa pasado. En esta zona tampoco es tan raro que si alguien se adentra en la maleza, en la vegetación, pueda quedarse atrapado y muera. La gran pregunta era por qué se habrÃa adentrado en la vegetación. José era un hombre que conocÃa la zona, conoce los riesgos, sabe por dónde caminar, por dónde no, y el camino. Este que está viendo es un camino derecho, no tiene pérdida, no hay para dónde irse. No pasó nada. La noche fue fatal, buscándolo, preguntando, gritando, nada. El domingo por la mañana habÃa ya la presunción de que estarÃa muerto. Algunos familiares comenzaron a llegar con la idea de apoyar.¿ Funeral es algo? SÃ, es que encontraban el cuerpo, claro. Pero para su asombro, lo encontraron. El domingo, alrededor de las 10 de la mañana, unos muchachos que iban caminando por un camino en desuso, muy lejos de donde tendrÃa que haber estado José, vieron a este hombre caminando inmediatamente. tambaleándose, muy lastimado. Lo ayudaron a sentarse por ahà en lo que uno iba corriendo hasta el poblado más cercano a pedir ayuda. Cuando llegaron los agentes de la policÃa, lo encontraron con la ropa muy maltratada, ausente. Ausente completamente. Lo
7:26 suben en una unidad, lo trasladan a la clÃnica más cercana en donde lo reciben, le ponen una solución salina para mantenerlo hidratado porque el hombre venÃa bastante deshidratado, tenÃa muchas laceraciones en el cuerpo propias de alguien que se adentra en la vegetación, tenÃa entre otras cosas una insolación espantosa, estaba muy mal. No era de riesgo de muerte, pero estaba muy mal. El problema es que no recordaba nada. Cuando las autoridades le preguntaron, José,¿ dónde estabas? Ãl no sabe decirlo. Lo último que recuerda es haber ido a trabajar caminando como siempre, estar prácticamente en donde pasa el autobús a la orilla de la carretera, cuando algo lo distrajo y se perdió. Lo último que recordaba era haber sentido una especie de viento que le voló el sombrero, haberse dado la vuelta para ir a buscar su sombrero y no recordar nada más. Un par de dÃas después José salió de donde estaban Y cuando vuelve a casa, lo primero que hace es encontrarse con que le tienen preparado algo. Y no se trata de una fiesta. Lo que le tienen preparado es una curación antigua. Hay ahà un sujeto al que llaman Shmen. Shmen es un curandero.
8:55 Y es quien se encargará de quitarle aquello. Porque, a decir, de todas estas personas, a José lo que le pasó fue que se lo quiso llevar la Shtabay. SÃ. Y lo hubiera matado. Pero como José es bueno, es un hombre que no toma y es un hombre que iba al trabajo a plena luz del dÃa. Probablemente solo lo maltrató. O tuvo suerte José. Solo Dios sabe qué pasó, pero para todas estas personas fue la Estabay la que se lo quiso llevar. Y corrió con suerte.¿ Pero qué es Lestabay? Bueno, todo depende de quien le pregunte. Hay tantas leyendas como personas puede haber en la región. Cada quien cuenta de diferente forma, cada quien entiende de diferente forma, pero la antigua leyenda, esas leyendas que siempre hay para explicar algo, cuenta que el Estabay, en algún tiempo muy atrás, cuando reinaban los mayas en esta zona, en realidad se llamaba Zulbay, y era una chica de la alta sociedad de los mayas, era una noble, de una belleza increÃble. Según cuentan, esta mujer tenÃa el cabello largo, absolutamente brillante negro que le caÃa por la espalda. TenÃa unos ojos impresionantes, de un
10:26 negro profundo y una sonrisa pequeña pero extraordinariamente agradable. Era una chica menudita, de piel un tanto oscura, morenita, bellÃsima. Según cuenta la leyenda, más de uno se volverÃa loco por ella. Pero ella en realidad disfrutaba de ser bonita, y no tenÃa ninguna prisa por controlar el matrimonio. SolÃa sentarse al pie de una ceiba, un árbol muy grande que hay en esta región, y ahÃ, en una roca, peinarse, utilizando un peine muy particular, fabricado con una madera de la región. Con esto se cepillaba su larga cabellera durante un buen rato, mientras sentÃa lo suave de su cabello y disfrutaba. Al darse cuenta, que algún viandante no podÃa seguir solo por estarla viendo. Era muy guapa. Se cuenta que un buen dÃa un guerrero valiente, uno de esos soldados aguerridos, se enamoró perdidamente de ella. El problema es que ella era de una casta superior y aquel soldado era realmente un soldado, alguien de una casta inferior. No podrÃa aspirar al amor de Zulbay. Sin embargo, Aparte de Zulbay, habÃa otra mujer en aquel lugar. Una bruja. Una hechicera, una curandera, como quiera usted llamarle, que también era una mujer joven. Y ella estaba enamorada de aquel guerrero. Perdidamente enamorada.
11:59 Pero este no le hacÃa ni el más mÃnimo caso. Por más que ella se acercaba engalanada con sus mejores prendas, con toda la sonrisa, nada. Por más que intentaba hacer encantamientos para conquistar aquel guerrero este, no respondÃa porque Zulbay le habÃa robado el corazón. El hecho es que un buen dÃa, aquella mujer herida en sus sentimientos al ser despechada por el guerrero, quien no podÃa quitar los ojos de aquella princesa, termina por hacer un encantamiento contra ella y la condena a vagar por siempre buscando hombres por haber Despreciado el cariño de este guerrero que según cuentan finalmente se quitó la vida desesperado, se colgó de un árbol.
12:50 Y la bruja maldice a Zulbay para que vague buscando hombres sin jamás poder encontrar saciedad alguna. Asà encontró la muerte y se convirtió en un espÃritu que vaga buscando hombres. Bien, esa es una leyenda. Simplemente es una leyenda como tantas otras. Hay otra que dice que eran dos hermanas, hay otra que dice que era esto y esto otro. Sin embargo, lo que se cuenta a través de los años es muy impactante. Le platico otra historia. Esta es también relativamente cerca de la ciudad yucateca de Mérida, la capital del estado, en un lugar conocido como la comisarÃa de Santa MarÃa.
13:35 Un hombre, don Isidro, Más o menos en 1991-92 vivió una experiencia parecida. Algo muy raro le ocurrió. Porque, según cuenta, un dÃa salió del pueblo. Y como de costumbre, caminó porque iba a su trabajo. Ãl trabajaba en Mérida. Asà es que caminó en dirección a donde encontrarÃa como irse para allá. Y tal como en el primer relato, desapareció. Y desapareció por completo. En esa ocasión pasarÃan cinco dÃas. durante los cuales nadie supo nada de aquel hombre. Tal como en el caso que le relaté al principio, intervinieron la gente del comisariado, los ejidatarios, inclusive gente de una prospectora que habÃa por ahÃ, fueron a buscarlo. Llegaron hombres de a caballo, gente con perros, y no encontraron la más mÃnima pista, salvo el paliacate, que estaba tirado ahà junto a una piedra a mitad del camino. No habÃa más huellas, no se veÃa que hubieran roto la vegetación, no habÃa nada. Al paso de cinco dÃas, sin embargo, lo encontraron. Y lo encontraron exactamente ahÃ. Ahà donde lo habÃan buscado todos, en donde estaba su paliacate, estaba parado aquel hombre, cayéndose, con una apariencia horrible. Cuando lo llevaron nuevamente a revisar con un médico, este consideró que no tenÃa ningún problema, salvo que estaba muy cansado Muy, muy cansado.
15:05 Como si hubiera caminado durante mucho tiempo. Claro está que la esposa sabÃa que don Isidro no era un hombre que se fuera por ahà de farra. No tomaba, era un hombre muy correcto también. Y era un sujeto que además no solÃa hacer cosas raras como escaparse con los amigos ni con alguna muchachona. Y como siempre, habÃa sido muy puntual en llegar a su trabajo, pero ese dÃa no habÃa llegado. No podÃa hablar. Cuando lo encontraron, no podÃa hablar. Estando en la clÃnica unos dÃas después, ya repuesto, comenzó a platicar qué es lo que le habÃa ocurrido. Y es que él recordaba bien haber salido de su casa, haber llegado a un punto del camino en donde se detuvo un momento. Se sentÃa un tanto cansado. Muy pronto, cuando habÃa salido de su casa, habÃa comenzado a sentir un cansancio inusual. Este camino era habitual para él, kilómetro y medio hasta el punto donde lo recogerÃa un transporte.
16:06 Pero esa vez se sintió cansado, asà es que en algún punto del camino decidió sentarse un momento a tomar el fresco en una ceiba, en uno de estos árboles gigantescos que hay en Yucatán. Allà abajo se sentó un momento y lo siguiente que recuerda era precisamente cinco dÃas después de cuando los muchachos que lo encontraron lo estaban sacudiendo para que reaccionara. TenÃa los zapatos rotos, estaba con la ropa rasgada, increÃblemente cansado, a punto de caer. Y no recordaba, salvo una cosa. Estando allà sentado abajo de la ceiba, oyó un poco de ruido a su lado derecho.
16:51 Cuando volteó, pudo ver que una joven estaba por ahà parada VestÃa de blanco toda ella, no pierda de vista que es de dÃa, no es allá a mitad de la noche en algún rÃo peligroso, no, no, esto es en un callejón ahÃ. Y hay una chica, una chica menudita, de rasgos muy bonitos, con el cabello muy largo, vestida de blanco, sonriéndole. Fue lo último que recuerda y, por supuesto, hubo que llevarlo con el Xmen para que lo ayudara. porque después de que salió de la clÃnica, don Isidro se iba consumiendo poco a poco. La Estabay te puede perder, te puede matar, o te puede dejar que te mueras tú solo de tristeza. Pero punto y aparte de las leyendas románticas de la princesa y el guerrero, lo que es un hecho arqueológico y que se ha investigado con mucho tiempo, es que la Estabay, esta creencia acerca de esta mujer peligrosa, de este espÃritu maligno que habita en los territorios del antiguo imperio maya, podrÃa ser, y solamente podrÃa ser, una adaptación moderna de lo que en un tiempo se creyó que era la diosa de la muerte de los mayas, Ishtab. Era la diosa de los suicidas.
18:24 Según se cree, en el antiguo mundo de los mayas, el suicidio no era catalogado como hoy en dÃa nosotros una forma de partir inadecuada o algo terrible. Se veÃa como un acto valeroso. Se requerÃa mucho valor para ello. Los antiguos mayas tenÃan esa idea. Y aquellos que se quitaban la vida eran escoltados al inframundo por Ishtar. la diosa de los suicidas, la diosa de los muertos. Su representación es terrible, ahora mismo la está usted viendo. Es una mujer semidesnuda, colgada de lo que en principio es una ceiba. Ese dibujo que está arriba de donde cuelga la soga se puede interpretar como una ceiba, es lo que significa eso. Y el cuerpo de esta mujer tiene los ojos cerrados y está putrefacto. Las manchas que tiene representan un cadáver en proceso de putrefacción. Eso le da una idea de lo que era para los antiguos la diosa Ishtaf. Y por supuesto, su vÃnculo con la ceiba era algo importante. Y por ello se creÃa que era una diosa que habitaba en las ceibas. Con el paso del tiempo y la llegada de los colonizadores, cuando comienza a surgir el cristianismo en estas regiones y a crecer, La interpretación es que era algo maligno. era un demonio y además cuando se empieza a ver que ya el
19:55 suicidio desde otra perspectiva no era algo heroico ni algo que valiera la pena considerar como loable y se hace ya una recapitulación hacia otra forma de pensar se queda sin tener espÃritus a los cuales llevar al inframundo. No pierda de vista eso. Y Stab, la diosa muerte, la diosa de la muerte, ya no tiene a quien buscar. Y ahora buscará a los vivos. Asà es que al dejar de ser una encaminadora, se vuelve una cazadora. Y por eso es tan interesante este caso que nos relata Jorge Zavala. Jorge Zavala nos platica que en cierta ocasión, en una región que se ubica en los lÃmites de Campeche con Yucatán, habÃa una especie de hacienda, una especie de rancho grande ganadero, en donde los diferentes trabajadores se encargaban de varias faenas. Una de ellas era traer el ganado a los potreros, arrearlo, juntarlo y traerlo. Eran varios los pastores, los trabajadores, los peones, que habÃa ahÃ. Y en cierta ocasión, cuando venÃan de regreso trayendo los animales, de pronto uno de ellos desaparece. Uno de los peones simplemente desaparece. VenÃan juntos. No utilizan caballos, ni sombreros, ni sogas.
21:24 No son cowboys. Simplemente eran peones que venÃan arreando un grupo de ganado. Varios animales que venÃan ahÃ. Se estaban viendo unos a otros chiflándose, hablando, lo que sea, y de pronto este desaparece. Pero es un potrero, es plano. No hay mucho más.¿ Lo van a buscar? Quizá fue por ahà hacer sus necesidades fisiológicas, algo. El hecho es que le gritan, le hablan, lo buscan, lo llaman, pero nada. Más allá de este pasillo entre la vegetación, se extiende un campo enorme de todo tipo de árboles pequeños, medianos, plano todo. Y claro, se ibas. No encontraron nada. Entonces decidieron pedir la ayuda de las autoridades. Esto ocurrió en el 2019. Asà es que llegan las autoridades. Preguntan aquÃ, preguntan allá y no encuentran nada. Deciden llamar por radio y pedir el apoyo de un helicóptero. Cerca de ahÃ, en la estación estatal de policÃa, hay un helicóptero. Despega y va a buscarlo. No se ve nada. Pero la vegetación no es como tal selvática. No es una enorme mancha verde, sino que tiene huecos. Se podrÃa ver a alguien tendido. No hay nada. Continúan buscando durante tres o cuatro dÃas. Hay una necesidad de encontrarlo. No puede perderse alguien asÃ. Y de pronto aparece un hombre raro. Es
22:56 un sujeto al que conocen los demás trabajadores, pero el jefe de la policÃa no sabe quién es. Aquel hombre se presenta y le dice que si le ayuda con un dinero... él le puede entregar el cuerpo de aquel muchacho. El comandante de la policÃa se pone de malas y lo primero que piensa es, este fue, este fue el que lo mató y quiere dinero. Pero aquel hombre, que es conocido por todos, no es otra cosa que un shmen, un curandero, un hombre de medicina antiguo, un hombre que conoce y que habla, no solamente con las personas, sino con los otros. Esta es una región en la que hay también alushes y en la que también hay ashtabai.
23:40 Por lo tanto, los demás trabajadores que lo conocen y lo respetan le dicen al comandante que es correcto, que ese hombre sà puede ayudar. El comandante no está dispuesto a tal y continúan con la búsqueda, pero después de cuatro policÃas lastimados, de un ambulante de la Cruz Roja perdido que costó un trabajo bárbaro encontrarlo y de muchos incidentes, entre otros que se perdieran cosas de un momento a otro... Deciden llamarlo. Cuando el esmén viene, les pide que le den su dinero, va a ir a comprar unas cosas y después se interna en el monte. Ãl dice que va a ir a hablar con los espÃritus del monte, con los otros del monte, con la gente del monte.
24:26 TomarÃa un par de dÃas para que volviera. Cuando regresa, el comandante está desesperado, piensa que le tomaron el pelo. Se acerca y le dice, bien, comandante, solamente van a ir cuatro personas. Y yo le digo cuáles son los nombres de las cuatro personas que van a ir. Usted no puede ir. Son él, él, él, pero lo dice por nombre, aun cuando nadie le habÃa dicho los nombres. Ãl sabe los nombres. Dice, estos cuatro van a seguir este camino asà y asÃ. Solamente eso van a hacer. No pueden salirse de ese camino, no pueden hacer nada más. Y cuando lleguen a tal paraje, cruzando tal rÃo y en tal zona del claro, ahà va a estar su amigo.
25:08 Los cuatro aquellos se preparan con numerosas cosas y el esmen les dice que no, que no, que dejen todo eso. Solamente podrán llevar agua y volverán pronto. Bueno, pues, aquellos hombres se preparan y se marchan. Apenas dos horas después regresan. Dos horas. Han caminado, han llegado al lugar que les ha dicho exactamente Lechmén y ahà estaba el cuerpo. Lo han envuelto en una especie de hamaca y lo han traÃdo de regreso. No hay señales de violencia. En la autopsia no se encontraron heridas, ni punzocortantes, ni disparos, ni golpes. Nada. El muchacho murió. Simplemente murió. Un hombre de veintitantos años estaba muerto, sin causa aparente. Simplemente murió. Cuando todo el mundo comenzó a preguntar, bueno, pues no habÃa nada que preguntar.
26:03 La Estabay se lo habÃa llevado. HacÃa mucho tiempo que nadie veÃa por ahà a la Estabay. Y ese dÃa se ve que andaba con ganas y se lo llevó. Ahora,¿ por qué se asocia tanto la Estabay con la ceiba. La ceiba en la mitologÃa maya era el árbol que unÃa el cielo, la tierra y el inframundo. Los trece niveles del cielo en donde habitaban las diferentes deidades, la tierra donde habitan los humanos y el inframundo, en donde habitan todos estos seres extraños entre los que hay desde Alushes, la propia Estabay y otros espÃritus que abundan en la región.
26:51 Y la ceiba es la forma en la que se comunican, Pueden subir aquellos que están abajo y a través de los diferentes huecos de una ceiba salir y hacer sus cosas en el mundo. Pero también aquellos que habitan en los cielos pueden bajar por la ceiba y convivir con los humanos. De ahà la gran importancia. Para el antiguo maya habÃa 13 niveles de cielo y 9 niveles de inframundo, en donde por supuesto habÃa algunos que eran peores que otros. Y la ceiba con sus enormes raÃces, penetraba la tierra e iba hasta allá. Por eso se tenÃa mucho cuidado.
27:33 Una ceiba no la derribes. No la derribes porque entonces los que están allá no van a venir. Pero los que están abajo sà van a poder subir y ya no hay cómo contenerlos. Pero además se van a enojar. Y la estaba y se enoja muchÃsimo cuando tocan su ceiba. Por eso no hay que hacer nada allÃ. Por eso no hay que hacerle nada a las ceibas. Y cuando cae la noche, no te acerques. Porque es el momento en el que ella puede salir. Aunque claro, no se limita. A diferencia de lloronas y de otros fenómenos similares, el estabay no tiene problema con que sea de dÃa. Puede salir en cualquier momento. Siempre y cuando haya una ceiba. Ahora, el hecho de que una persona vea a la estabay Tiene sus connotaciones también y es problemático. Aunque no te persiga a ti, aunque no vaya por ti, te vas a enfermar. Prueba de ello es un suceso ocurrido también en el 2018 en Campeche. Una mujer todas las mañanas da de desayunar a su esposo. Son una pareja que han vivido siempre juntos. El señor es un hombre de 60 años más o menos. Y es un tipo correcto.
28:48 Es un hombre que además practica el cristianismo. Es una familia bonita. Cada mañana religiosamente la señora le prepara su desayuno y sus cosas. El hombre aquel termina de desayunar, se levanta, toma su jarro, una especie de contenedor para café, y comienza a caminar a su trabajo. En su trabajo pasa el dÃa tomando su café, regresa a comer. Es una vida muy agradable. Aquella mañana, como siempre, deben de haber sido como las seis y media. No habÃa clareado todavÃa. Cuando Termina de desayunar, se despide y empieza a caminar. La señora recoge los platos, los coloca por allá, se dispone a hacer alguna otra cosa cuando se da cuenta de un detalle. Su marido no ha llevado el café.
29:36 Su contenedor de café que utiliza, donde sea que lo guarde, lo lleva. lo ha olvidado sobre la mesa. Asà que se apresura, toma aquello, se envuelve con un chal y sale corriendo a buscar a su esposo para que se lleve el café. Y asà va caminando apresuradamente cuando distingue a lo lejos que ahà va su esposo. Asà que apresura un poco más el paso. TodavÃa es oscuridad. Cuando ya está más cerca, siente un golpe tremendo. Con razón infeliz te quieres ir tan temprano. Comienza a tener pensamientos muy oscuros porque lo que ve es que junto a su esposo, que es un hombre alto, va esta jovencita caminando coqueta. Es una mujer. Puede reconocerlo. Asà es que a simple vista se ve que ese movimiento de caderas y ese caminar asà como cadencioso, coquetón y ese voltear a ver a su marido con esa miradita no puede ser otra cosa que una coqueta. Molesta, verdaderamente molesta, apresura un poco más el paso. Pero es raro, porque aun cuando apresura el paso no parece que se vaya acercando.
30:51 Ella distingue como que su esposo va caminando con suave y toda lentitud, como siempre lo ha hecho, caminando despacio. Es un hombre ya de años. Y esta jovencita, con ese cabello hermoso largo que le cae por toda la espalda y ese vestidito blanco corto, la pone de tan mal humor que finalmente apresura el paso hasta el punto en el que está cerquitita. Y es cuando se da cuenta que algo no está nada bien. Y no está nada bien porque esa mujer no camina. Flota. Flota. Asà como se lo estoy diciendo. La señora la ve que está separada del suelo y que no mueve ni siquiera los pies. Que de hecho su esposo tampoco va caminando.
31:34 Su esposo está tieso, rÃgido, como si fuera una especie de armario que está siendo llevado, pero no mueve las piernas y sin embargo avanza. Ella se da cuenta que algo está muy mal y se da cuenta que eso que está ahà es un estabay. Porque no son Una sola estaba ahÃ. Son muchas. Y esta se está llevando a su marido. Ya lo ve claramente, pero ella no lo va a dejar. Asà es que le grita. Y le grita fuerte. Pero aquel hombre no parece responder. No parece responder para nada. Como si no hubiera nada. Y ella vuelve a gritar y vuelve a gritar. Y nada. Aquel hombre no reacciona. Parece como si lo estuvieran llevando.
32:16 Y entonces es cuando ella se acuerda. Y comienza a hacer oración fuerte, fuerte, fuerte y a repetir el nombre de Dios y a pedirle su ayuda y su intervención. Y cuando pronuncia aquello de Jesús, hijo de David, sálvanos. De pronto siente como si cayera de golpe al suelo y ve como su esposo en frente de ella cae y hasta se tropieza y cae para un lado. Como si hubiera perdido el equilibrio, se cae. Aquel hombre se levanta raro y la ve. A su esposa le dice,¿ qué haces aquÃ? Ella le dice,¿ no te diste cuenta de qué? A la usanza yucateca y de todos estos lugares se hablan con mucho respeto. Dice,¿ pero de qué me habla usted?¿ De qué venÃa usted con una estabay al lado? Y él le dice,¿ pero está loca o qué le pasa?¿ Cómo cree? VenÃa con una estabay. Total, aquel hombre se siente muy mal. porque además se ha salido del camino completamente, está ya a la mitad de un pedazo de claro que hay ahÃ, no tiene sentido, él ni siquiera se acordaba de haber llegado a ese punto del camino, total regresan a la vivienda y unos minutos después ambos están terriblemente descompuestos, pero tan terriblemente descompuestos que una hora y media después tienen 40 grados de fiebre, están temblando, sudan, tienen una especie de convulsiones, un malestar generalizado,
33:47 como si se hubieran intoxicado con algo, como si estuvieran envenenados. Y de nueva cuenta, tuvieron que traer un curandero que les ayudara. Porque a pesar de haber ido a la clÃnica de salud del gobierno, allà no les encontraron nada. Les tomaron sangre para hacer pruebas y no habÃa nada. Y durante los dÃas siguientes parecÃa que se morÃan hasta que aquel hombre vino y los ayudó. Asà que, lo estaba ahÃ. A veces puede ser vista por otros. Pero eso no significa que vaya a pasar nada positivo ni que vayas a salir adelante de esto, porque el Estabay puede controlar a varios a la vez. Ahora usted se preguntará,¿ cómo puede alguien defenderse de un Estabay? Bien, varias cosas.
34:42 Primero hay quienes dicen que el Estabay es la mata borrachos. y que solo ataca a parranderos, a gente que anda tomando a altas horas de la noche, a los que andan de infieles por ahà en las calles. En realidad, no. Como usted ha visto, ninguno de estos casos aplica. Se dice que solo ataca a los hombres, lo cual, por cierto, tampoco es real. Puede atacar indistintamente, pero la gran pregunta es cómo puede uno defenderse. Hay una historia que viene de un poblado pequeño que se conoce como Kansahap o Kansahká también en Yucatán. Un hombre habÃa caminado muchas veces por aquellas polvorientas calles y su abuelo siempre le decÃa, lleva un anÃs. AnÃs, una varita de anÃs. Guárdala en tu camisa y si sientes algo raro o ves a una mujer, extraña en tu camino, sácalo y huélelo. Aquel hombre, la primera vez que le pasó no lo llevaba. Siempre pensó que su abuelo era fantasioso, pero cuando le pasó en los años ochentas aprendió que no habÃa que ser fantasioso.
35:53 Esa vez comenzó a caminar después de haber ido con unos amigos y al regreso a su casa, a mitad del camino se encontró con una chamaca preciosa, menudita, pelo largo, sonrisa encantadora, ojos preciosos, vestida de blanco a mitad del camino y como buen tarugo. No se preguntó qué rayos hace aquà una muchacha a estas horas. Y comenzó a seguirla hasta darse cuenta de que tenÃa heridas en todo el cuerpo, rajaduras, picaduras, se habÃa clavado pinchos por todos lados porque lo habÃa hecho caminar en medio de una especie de nopaleras que se dan en esta región, que son increÃblemente fuertes sus púas y se clavan profundo. El Zacam, como se le conoce, crece en ciertas regiones de la penÃnsula de Yucatán y es conocido por lo doloroso que son los pinchos, y sin embargo este hombre caminó en medio de Zacams por una cantidad bárbara de tiempo, sin sentir nada hasta que de pronto reaccionó por el dolor que le causaba todo aquello y pudo haber muerto. Contaba que llegó a casa muy lastimado, tomó muchos dÃas para que se curara y a partir de ahà jamás volvió a salir sin llevar un trocito de vara de anÃs, una planta regional. El hecho es que en varias ocasiones, caminando solitario, se topaba con alguna de estas presencias. No siempre son la misma, ya le he dicho. Ãl asegura
37:24 que en cada ocasión que se encontró con una Estabay, no era igual. Pero parecÃan. Cabello largo, mirada clara, tez morena, muy limpia, muy guapa, menuditas. Pero es cuando te das cuenta que algo está muy mal. Generalmente cuando veÃa estas presencias a mitad del camino o en algún punto solitario, lo que hacÃa era tomar el anÃs y acercarlo a la nariz. De pronto sentÃa esa extraña sensación de necesidad de seguir a esto, de seguirlo. Cuando olÃa aquello, de pronto veÃa claramente cómo esta cosa se deformaba y hacÃa algo muy feo y desaparecÃa. Se sentÃa descubierta, pero no es lo único, hay otras formas. también se cuenta que llevar consigo una vara de ceiba es importante. Si se va a caminar en solitario en un paraje en medio de la vegetación, hay que llevar una vara, la vara de la ceiba. Y cuando encuentre usted a esta presencia, que no parece tener razón, que es absurdo, en un paraje en donde ni siquiera hay casas, en donde la casa más cercana está a kilómetros, de pronto encontrar una jovencita de apariencia extraña, autóctona de esta región, en medio de la nada, mirándolo con ojos de amor, no sea un desquicie. Recupere la razón, tome la vara y golpee el suelo. Si no responde, tendrá que acercarse y cuando esté cerca golpear a esta presencia y prepárese. Prepárese porque
38:58 hay quienes aseguran que en el momento en el que le golpea con la rama, aquello deja de ser una jovencita monÃsima para convertirse en otra cosa horrenda. en algo putrefacto, en algo que verdaderamente da miedo. Asà que para ahuyentarla tendrá que ser usted muy valiente. Aunque lo mejor, según dicen los viejos, es básicamente tres reglas. Primero, tratar de no caminar solo, en mitad de la vegetación, durante la noche. Y sobre todo, nunca sentarse a descansar abajo de una ceiba. Segundo, no andes borracho. Si vas a andar caminando borracho, date por perdido, porque a la Shabai le encantan los borrachos, son más fáciles. Y son increÃblemente torpes, porque como están borrachos, se la creen y la siguen, y no van a ofrecer ningún tipo de resistencia. Alguien que ve en sus cinco sentidos buscará detenerla, ya sea con una vara de ceiba, con un poco de esto, con un poco de aquello, lo que sea. Pero un borracho no lo piensa y está perdido. Y lo otro, no te confÃes en que por ir acompañado está salvo. Porque no es asÃ. Y si no me lo cree, déjeme que le cuente la historia que contaba Damian Pech. Pech en 1974 trabajó. para una empresa importante mexicana, una empresa de infraestructura, una compañÃa que hacÃa carreteras y demás cosas. En aquella ocasión le tocó trabajar cerca de una población llamada Semúl, a unos
40:33 40 o 50 kilómetros de Mérida, la capital de Yucatán. El trazo de la carretera que tenÃan que construir iba por dentro de aquella espesura, asà que habÃa que ir desmontando, cortando con machetes, avanzando penosamente entre terrenos muy complicados. Al señor Pech, a Damián, como todo el mundo lo conocÃa, lo contrataron para que fuera una especie de bodeguero, almacenista, proveedor, a veces cocinero, a veces simplemente guardián. En ocasiones, estaban tan dentro de la vegetación que no habÃa manera de regresarse a los pueblos. Asà es que él llevaba provisiones, armaba un campamento, Y ahà se quedaban algunos trabajadores y ahà tenÃan para comer, ahà estaban seguros. Siempre les decÃa lo mismo. No salgan, no tomen, no hagan mucho barullo.
41:26 Estamos en tierra de Alushes y en tierra de Estabay. No toquen nada y sobre todo si ven algo raro no lo crean. Cuando le dijeron que estaba contratado a Damián, él fue rápidamente con un shmen, uno de estos curanderos, un hombre de ciencias, de aquellos antiguos, y le pidió que le hiciera una bolsita de curación. La bolsita de curación no es otra cosa que una serie de hierbas y polvos que el Shemén le prepara para que lleve colgado al cuello siempre. Con eso, con eso tiene para estar protegido. Los aluches no se lo van a llevar, no lo van a maltratar. Tampoco lo van a molestar ni las estaváis, ni ninguna otra cosa. Los monos estos que aparecen cerca de las cascadas tampoco se le van a aparecer. Estaba protegido. Siempre y cuando obedeciera y no anduviera de borracho. Y él no tomaba. Cuando llegaron a este punto del camino, comenzaron a avanzar y demás. Ãl fue el primero que le dijo al ingeniero, ingeniero, por favor, no tire la ceiba. Iban trazando y más o menos un metro dentro del trazo. HabÃa esta hermosa ceiba, un árbol espectacular, alto, frondoso, maravilloso. Y él fue y le dijo, ingeniero, no lo tire. Aquel hombre le dijo, es que por aquà va el camino. Pero ingeniero, es una ceiba. Es sagrada.
42:53 Si la tira, vamos a tener muchos problemas. Hágase tantito para allá. Hágase tantito para allá. Pero no se podÃa. Aquel hombre no pudo mover el trazo del camino y terminaron cortándola y derribándola ese mismo dÃa las cosas comenzaron a fallar por todas partes llevaban aquellos tractores grandes de esos caterpillar de 9 de los antiguos muy confiables y empezaron a fallar todos de pronto una manguera se botaba de pronto algo no aparecÃa no encontraron la llave con la que se prendÃa cuando fueron a buscar la herramienta no habÃa herramienta todo estaba mal Entonces tuvieron que dejar un montón de cosas para contentar a los alushes. Pero esa es otra historia. Como sea, pasaron de aquello. Y ya más adelante, varios kilómetros, las cosas se tranquilizaron. Bueno, más o menos. Un sábado en la tarde, el ingeniero y algunos de los trabajadores volvieron en dirección hacia Semúl y hacia Mérida. Don Damián Pech Y varios trabajadores que venÃan del sur, de Guatemala, de Honduras, se quedaron en el campamento. Aquella gente no volvÃa a casa, estaban muy lejos.
44:09 Y a Damián le pagaban por quedarse ahÃ. Asà es que, caÃda la tarde, jaló su banco, se sentó en la puerta de su bodega y ahà se quedó viendo pasar el tiempo. Vino su perro, traÃa un perrillo, moviendo la cola y se echó junto de él. Al rato apareció otro perrillo que también andaba con ellos y se echó junto de él ahà y se acomodó. Vinieron los hombres, les dio algo de comer, se fueron contentos. Pero al caer la noche, comenzó a escuchar que habÃa jaleo. Están muy solos, muy lejos de todo. Y escuchó el jaleo.
44:49 Se reÃan, bromeaban, se acercó a ver Y uno de ellos habÃa traÃdo una botella.¿ Cómo consiguió una botella de alcohol?¿ Quién sabe? Pero estaban echando copa. Ãl les dijo que no lo hicieran. Que estaban en lugar peligroso. Era zona de Estabay. Y habÃan tumbado una ceiba. Que no deberÃan de hacer eso. Pero estos tipos siguieron empujando el codo. Y tomando y tomando. Más noche fueron a ver si tenÃa algo para que comieran. Les preparó algo y se los llevó. Y les volvió a decir. Muchachos. Ya párenle. Estamos en lugar peligroso. Va a venir la Estabay por ustedes. Ya párenle. Después volvió a su bodega. Un rato, habÃa pasado un rato, cuando de pronto ese perrillo que andaba siempre con él empezó a ladrar muy raro, a rascar la puerta de la bodega queriéndose meter. Ãl se levantó y le abrió y el animalito corrÃa a meterse abajo del camastro. Al ratito, dos minutos después, la perrilla esa o perrillo que andaba ahà también vino corriendo igual y se metió abajo del camastro y él entendió que algo estaba pasando. Se sabÃa protegido, pero no por eso iba a dejar de tener cierto temor. Porque de pronto hubo mucho silencio, mucho silencio. Ya no se oÃa nada, ya no se oÃan las risas de aquellos que estaban allá.
46:15 Asà es que tomó su linterna, abrió y salió a buscarlos. Cuando llegó a la caseta donde dormÃan los peones, ya no estaban. HabÃa tres ese dÃa y ya no habÃa ninguno. Se dio cuenta que algo habÃa pasado. Lo pensó un poco y se regresó a la bodega. Tomó dos machetes de esos grandotes cañeros que se usan para cortar la vegetación. su linterna y salió caminando, buscando por dónde podÃan haberse ido. Se acordaba por dónde estaba la ceiba que habÃan tumbado.
46:55 Enfiló para allá, caminó un rato y entonces a lo lejos vio a uno de ellos, al que le llamaban el Jaibo. Le gritó, Jaibo, Jaibo, Jaibo, párate tal por cual,¿ a dónde vas Jaibo? Párate. Corrió para allá, Pero el jaibo no respondÃa nada, igual que en los casos anteriores no parecÃa estar allÃ. Solamente iba como tieso, como si estuviera rÃgido completamente. Damián sabÃa cosas y el esmen le habÃa recomendado cómo hacerle. Asà es que le gritó, jaibo, párate. No hubo ningún caso. Entonces tomó los dos machetes, los puso en cruz. Y los arrojó fuerte al suelo a que se clavaran cruzados uno sobre el otro y ahà quedaron.
47:44 Y entonces le gritó, Jaibo, párate. Y el Jaibo se volteó a verlo. Pero raro, porque tenÃa los ojos como prendidos. Con la luz de la linterna le pudo ver los ojos como rojos, prendidos. SÃ, se habÃan estado tomando, pero eso no era común. Le gritó, Jaibo, párate. Te está llevando un demonio. A lo que aquel hombre le dijo, no digas nada. Tal por cual, hijo de quien sabe quién, lo que pasa es que tú, tú eres el que quiere llevársela. Ãl le dijo, no me llevo a nadie.¿ Cómo no? Vienes a buscarme porque ya viste que voy con una chamaca, pero esta es mi chamaca, si quieres una, búscate tú. Jaibo, no hay ninguna chamaca. Tal por cual, quien sabe qué, y a pura groserÃa le decÃa, regrésate si no quieres que te haga algo, porque de aquà no pasas, tal por cual. Y volvà a insultarlo diciéndole una y otra vez, búscate tu chamaca, búscate tu mujer.
48:38 Si quieres mujer, búscate una, porque esta es mÃa. Jaibo, estamos en medio de la nada. Aquà no hay nadie. Eso no es una mujer. Lo que sea que estás viendo no es real, no está allÃ. Tal por cual hijo de quién sabe quién, te vas a... Toma el cuchillo aquel hombre, como para lastimar a don Damián. Además dice que era el Jaibo enorme, un tipo robusto. Era uno de esos peones que cortan maleza, asà es que era muy fuerte, y se deja venir. Damián se quita la bolsita de curación, esa que le preparó el esmen y ágilmente contando con que el jaibo estaba medio borracho lo deja que se venga y cuando se viene comienza a pegarle con la bolsita como haciendo que el polvillo aquel se le caiga y le pegue encima y entonces reacciona se voltea a verlo y le dice que tú que por un momento hay un silencio raro el jaibo mira a su alrededor Le dice,¿ dónde está la chamaca?
49:41 No hay ninguna chamaca, Jaibo. No hay ninguna.¿ Qué viste? Y le describe, tal cual, una chica joven que lo fue llamando como para llevarlo a su casa. Si no se te hace raro, Jaibo, que aquÃ, aquà no hay nada. No hay ninguna casa. Tú lo sabes mejor que nadie. No hay nada. El Jaibo reaccionó y volvieron allá. Temblaba, temblaba mucho. porque se dio cuenta que lo que iba siguiendo no era una persona, era otra cosa. Se quedó ahÃ. El lunes volvió el ingeniero, volvieron los trabajos, pero el jaibo ya no se levantó. Ya no pudo trabajar. Se fue consumiendo. Lo mandaron de regreso a Mérida para que allá lo cuidaran. No duró mucho. Solamente duró unos pocos dÃas y murió. Consumido completamente. Se fue poniendo cenizo. Era un hombre moreno, afrodescendiente, que parecÃa un gigante, y se fue consumiendo, consumiendo, consumiendo, mientras repetÃa una y otra vez aquello de la jovencita bonita. Los otros dos que estaban con el jaibo esa noche nunca aparecieron. Asà de fácil.
50:53 Nunca aparecieron. Ni siquiera el olor llegó de que estuvieran muertos por ahÃ, podridos. Nunca llegó ni el olor. Los fueron a buscar. Pero la realidad es que tampoco los buscaron mucho. No eran de aquella región, ni siquiera eran mexicanos. Nadie sabÃa ni siquiera ciencia cierta cómo se llamaban. Asà es que no los buscaron mucho. Don Damián se molestó tanto después de aquello, de que ni siquiera los hayan ido a buscar, que se fue y no volvió. Algún tiempo después, estando en su población, donde vivÃa con su señora, llegó uno de los hombres que habÃa estado con él allá, en el tramo, solo para contarle que una noche, Después de que se habÃan perdido aquellos hombres, el que siguió fue el ingeniero. HabÃan encontrado su camionetita parada a la orilla del tajo, donde iban avanzando. Estaba cerradita, sus cosas estaban dentro, como si se hubiera bajado para hacer sus necesidades.
51:54 Pero del ingeniero nunca más encontraron ni siquiera la ropa. A ese lo buscaron más. Aunque tampoco tanto, porque es difÃcil meterse en la vegetación La gente de por allá sabe que por más que busquen, no los van a encontrar. Porque las tabay, al igual que las lamias, las hadas malévolas, las hadas vampiro, buscan. Y no necesariamente solo buscan hombres, buscan personas. Aparentemente es una forma de alimentarse, de cumplir con algo, no sé. Les quitan la vida. Y al decir personas, es porque no solamente buscan hombres. Y si no me lo cree, hay un relato también de aquella región, en una población conocida como Sinancaf. Una mujer tiene una niña pequeña. Su esposo es un malviviente, seamos realistas. Es el tÃpico sujeto del que se habla que se lo va a llevar la estabay. Es jugador, es borracho, se sabe por ahà que tiene otra... El caso es que una noche la chamaquita, la niñita, está muy malita. Deben de ser las 10 de la noche. Y la preocupación de esta mujer es que el esposo no va a venir.
53:12 Simplemente no va a llegar.¿ Quién va a llevar a la criatura?¿ Quién va a ir por medicinas? Está espantada. Asà es que va a la casa de junto con su madre, toca la puerta y le pide que atienda a la niña un momento, en lo que ella va a la población, allá donde está el doctor, a pedir ayuda. La madre acepta, pero le recuerda que tenga mucho cuidado porque ese es territorio de Estabay y que no vaya a pasar cerca de la ceiba, que se vaya por el otro lado. Esta mujer se arma de valor y comienza a caminar. Pero hay un problema y es que está todo tan oscuro. Allà no hay alumbrado. Son los años setentas también. No hay cómo saber realmente por dónde se va más que por el propio camino que te va llevando y de pronto se da cuenta. al mirar que está parada junto a una ceiba. Y se espanta.
54:06 A lo lejos alcanza a ver unas lucecitas del pueblo. Asà es que apresura el paso, pero de pronto ya no puede. Y ya no puede. Porque por más que patalea, escucha cómo pegan sus zapatos, sus guaraches que lleva, cómo pegan con el suelo, pero no puede avanzar. Está todo tan oscuro. Y ella quiere caminar y no puede. Patalea. Asà como se lo digo, hasta puede ver el polvito, pero no avanza. Y cuando mira para atrás, ahà está. Y viene caminando hacia acá. Y la tiene a un lado. Ella siente cómo se le va recorriendo un escalofrÃo, poco a poco, como poco a poco. Y por más que quiere avanzar, no puede. Y en cambio esta figura delgadita se mueve. Cualquiera pensarÃa que es una chamaca del pueblo.
54:59 No parece ser algo peligroso. Y se le queda viendo y la mira mucho. Ella siente cómo el corazón se le va a escapar. Porque sabe que eso que está ahà no es real. Que no es una humana, no es una chica, no es una mujercita del pueblo. Sabe toda la gente que vive allá y esto no es de ahÃ. Y comienza a sentir cómo se le escurren las lágrimas. Cómo se le van escurriendo. Y lo único que piensa es, me va a matar. Me va a matar. Y no voy a poder curar a mi hija. Y no voy a poder curar a mi hija. Y entonces esas lágrimas que corrÃan se le van secando. Y ese temor que le estaba doblando se convierte en coraje. Porque por culpa de esta cosa no va a poder curar a su hija. Se le va a morir la hija y ella también se va a morir. Y es tal su enojo que comienza a maldecir muy fuerte. Enojada comienza a manotear y a maldecir. como nunca lo habÃa hecho, como siempre deseó de hacerlo con su marido, el vago borracho, maldecirlo, de gritarle, ofenderlo. Y asà empieza y comienza a gritar y a maldecir y a decir cuanta cosa, no sé qué, no sé cuánto. Y es cuando empieza a sentir que comienza a caminar, pero esa cosa va ahà junto de ella.
56:16 Y entonces le dice,¿ qué quieres conmigo?¿ Qué te hice yo? Si yo no tomo, yo no soy, yo no sé. Y esta cosa se le planta enfrente y ella siente claramente aquello. Cuando esta cosa se le queda viendo, le dice, no es contigo, es con tu marido. Pero como no lo he podido agarrar, te llevo conmigo. Ella sintió que se morÃa, pero de nueva cuenta ese coraje, esa ira, esa fuerza que le da la necesidad a una madre. La hace que se ponga brava y de pronto, cuando se da cuenta, ya no está. La abuela decÃa que eso habÃa sido por el coraje, que por valiente, que por fuerza. Mujer, herida, más peligrosa no puede ser. Y esta mujer pudo llegar con el médico y salvar a su criatura. El hecho es que unas semanas después su marido ya no regresó. Tampoco fue la gran pérdida. Realmente nunca llevaba ni para la comida. Le dio tristeza porque sabÃa que seguramente el tarugo, como siempre le dijo, Se habÃa ido detrás del estaba ahÃ. Buenas noches y que descansen en paz. Gracias por ver el video. Gracias por
58:12 ver el video.
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