Relatos fantasmales de carretera || Relatos del lado oscuro
No manejes entrada la noche, no sea que te pase...
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0:00 Manejar un pesado camión, en la soledad de una carretera nocturna, pesado, ruidoso, con movimiento, tras largas horas de estar allÃ, escuchando el monótono sonido de un gran motor, con el cansancio de estar haciendo los cambios en la caja de velocidades, con la responsabilidad de llevar una enorme carga y además, enfrentando fenómenos paranormales. Esas son las historias de carretera, historias de choferes que tuvieron encuentros con lo desconocido.¿ Se queda conmigo? Comenzamos.
0:42 Relatos del lado oscuro. Fantasmas. Seres extraños. Sucesos inexplicables. Perversidad humana. Historias que otras mentes prefieren ignorar. En Relatos del Lado Oscuro nos gustan mucho las historias de carretera. Nos gustan mucho porque, de hecho, en algún tiempo también fuimos gente de carretera. Y conducÃamos desde camiones, coches, lo que fuera.
1:29 por largas y solitarias carreteras, a mitad de la noche, entre las sombras propias que se generan con las luces de un auto. A veces es difÃcil poder identificar si eso que estamos viendo es real, o es producto del cansancio, o son simplemente sombras que se producen por las grandes y poderosas luces de un camión. Vamos, es difÃcil saberlo, aunque hay ciertos indicios que nos dicen claramente cuáles son fenómenos paranormales¿ Y cuáles son simplemente ilusiones ópticas o fenómenos producto del cansancio? El sueño blanco, por ejemplo. Algunas de estas historias son historias que nos contaron los protagonistas. Otras no son originales por el hecho de que no nos las contó el protagonista, pero quizás su hermano, su papá o alguno de sus hijos. Déjenme que comience por una historia rara. En los años ochentas, un sujeto de nombre Roberto era conductor de tráiler, en México, para una empresa en donde eran pocos camiones, realmente eran pocos tráilers. Asà que habÃa muy buen trato entre ellos, conocÃan al patrón muy bien, cada chofer era responsable de su tráiler. Se le asignaba, a diferencia de otras grandes fleteras en donde...
2:51 El conductor se cambia de un camión a otro y ninguno de ellos es su responsabilidad. Simplemente es un conductor. En esta empresa, el patrón habÃa comenzado siendo hombre camión. Por lo que al paso de los años y con buena fortuna, se habÃa hecho de una treintena de trailers. Y cada camión era muy particular. Cada uno tenÃa un chofer al que se le asignaba ese camión. Cada camión tenÃa un nombre. No era un número, era un nombre. Y no eran nombres ridÃculos, sino nombres de lugares de donde era originario el patrón. Era una costumbre, era un gusto que tenÃa, y cada uno de esos camiones que llegaba nuevecito de la agencia era llevado a la iglesia a bendecir. Vamos, no es que lo bautizaran, simplemente le ponÃan el nombre en la defensa delantera y se llevaba a bendecir. Posteriormente se le asignaba un chofer. Y habÃa una costumbre interesante. En esta empresa, el camión más nuevo se le entregaba al mejor chofer. AsÃ, por ejemplo, cuando salieron aquellos primeros trailers que tenÃan la nariz un poquito clavadita, aerodinámica, se trajo uno muy bonito y se le entregó al mejor chofer. El mejor chofer era aquel que tenÃa cero percances, que tenÃa el mejor rendimiento de neumáticos o que tenÃa el mejor rendimiento de motor o de combustible. HabÃa ciertas rivalidades para lograr eso, pero todos tenÃan beneficios. Y Roberto
4:26 era uno de esos choferes y era un hombre que llevaba muchos años ahÃ. Pero todo el mundo decÃa que Roberto estaba embrujado. Y no, no se referÃan a que lo hubieran entoloachado o lo hubieran hecho una brujerÃa, una maldad, sino a un extraño fenómeno que siempre lo acompañaba. Las risas de niños. La historia salió a la luz cuando hicieron un viaje muy largo. Hubo una emergencia. Alguien allá en Mexicali, en la frontera con los Estados Unidos, necesitaba desesperadamente algo que se estaba fabricando en Querétaro, en la parte central de México. Asà es que contrataron un transporte, con la única condición de que el viaje fuera lo más rápido posible. Es una ruta increÃblemente larga. Hay que salir desde Querétaro y comenzar a viajar al norte, al norte, al norte, al norte y luego al oeste, porque Mexicali se encuentra del lado oeste, muy al norte, en la frontera con los Estados Unidos. Son miles de kilómetros que incluyen sierra, es decir, montañas, carreteras complejas, largas, rectas, interminables, que parecen estar flotando en el infinito, porque cuando cae la noche no hay luces. y solamente unos pocos camiones se atreven a viajar por ahÃ, pero en este caso seleccionó aquel patrón, a sus dos mejores elementos. Y uno de ellos era Roberto, un viejo lobo de mar con
5:57 muchos años de manejar, y el otro chofer también. El asunto es que irÃan en el camión del otro chofer. Bien. Temprano, el camión cargado, combustible completo, y los choferes se irÃan alternando para no detenerse, salvo para repostar combustible. El resto del tiempo el camión seguirÃa en movimiento. PararÃan a comprar comida y al tiempo de irse alternando irÃan comiendo. No tenÃan tiempo que perder, no habÃa oportunidad. Algo de eso era urgente. El hecho es que se montan en el camión y comienzan a viajar. Todo va muy bien, todo va muy bien. Aquel camión con ese volante enorme en movimiento. En un cierto punto del camino Roberto se mete al camarote.
6:38 Era uno de esos trailers que tenÃa un camarote amplio. Y descansa. Cuando toca el turno de cambiar, al llegar a algún punto por ahÃ, en alguna parte se habÃan puesto de acuerdo, detienen el camión un instante, el chofer que venÃa manejando baja para ir al sanitario, para asearse un poco, Roberto revisa el camión, revisa neumáticos y venga, para arriba. El chofer se sube, se acomoda en el camarote para descansar y comienza Roberto a manejar. Pero en un cierto punto del camino, aquel chofer que viene durmiendo ahà se incorpora y le toca en el hombro y le dice, oye,¿ qué pasó, mano? ¿OÃste?¿ Qué oÃ?¿ Los niños? No, no oà nada. No, no.¿ Pero por qué se oyen niños?¿ De qué estás hablando, hombre? Se oyen niños. No, no te preocupes, fue ruido. Ha de haber sido algo que entró de la ventanilla, porque traigo las ventanillas abiertas. Pero es que oà como niños. No, no, vete a dormir. Bueno, Aquel tipo sigue manejando, el otro chofer se vuelve a meter al camarote y se queda dormido. VenÃa cansado, habÃa manejado unas ocho horas. Pero no más de una hora después, vuelve a salirse, abre la cortinita y se le sienta al lado y le dice, no le hagas mano, ya no puedo dormir.¿ Por qué?¿ Qué pasa? Es que se oyen niños.¿ Cómo niños? Roberto se voltea para otro lado, dice, no, no, no, hombre,
8:12 está soñando. Son sueños, está soñando. Que no, hombre, que se oye como si hubieran niños. Pues no hay niños, mira, a tu alrededor no hay tal. Y el hecho es que sigue manejando aquel conductor Roberto y el otro chofer ahà se acomoda un poco en el asiento y vuelve a cerrar los ojos. Como para dormirse, pero ahora en el asiento, ya ni siquiera en el camarote cuando despierta. SobresaltadÃsimo, diciéndole que escucha niños. Roberto le vuelve a decir que no, que no es cierto, que ahà no hay ningún ruido de niños, que es algo que él está oyendo. Total, este chofer ya se pasa al camarote, venÃa muy cansado, además son muchas horas en un camión pesado, mucho calor, la la la. Se vuelve a acostar cuando de pronto comienza a gritarle, párate, párate Roberto, párate, párate, párate tal por cual, no sé qué. Y el tipo se abre la cortinita aquella del camarote y brinca para el frente, pero ni siquiera la siento. Brinca como agarrándose asÃ, protegiéndose de algo. Roberto finalmente se orilla, se para, se oye el shhh de los frenos y aquel tipo abre la puerta y se baja. Pero están en medio de la nada.
9:24 Y es de noche. Por supuesto, Roberto prendió todas las lucecitas. Aquel tráiler parecÃa arbolito de Navidad. Y se bajan ambos y este tipo le dice, no, yo no me puedo ir ahÃ.¿ Cómo que no te puedes ir ahÃ? No seas tarugo. No, no puedo irme ahÃ.¿ Por qué? El camión está embrujado.¿ Cómo que está embrujado el camión? Y aquel hombre ya con los nervios muy alterados y fumándose un cigarrillo, le explica que se metió al camarote. Primero habÃa oÃdo unas vocecitas como risitas, como niños hablando, como si estuvieran ahà unos chiquillos cuchicheando. Después, cuando ya se salió y le dijo a Roberto y nada, cuando regresó al camarote, volvió a escuchar aquello. Cuando giró la cabeza para ver otra vez qué era lo que estaba pasando frente a él, habÃa dos niños. Dos niños pequeños. El más pequeño no debe de haber sido más allá de unos ocho años y el otro un chiquillo grandecillo como de unos doce con unos ojos muy grandes mirándolo. Pudo ver las sonrisas. Eran chicos de tez oscura, de tez morena, probablemente costeños. Pudo distinguir eso. Los rasgos faciales de niños de la costa, de guerrero, por ejemplo, que son muy tostados por el sol, con una sonrisa enorme mirándolos, sonriendo, como raro. Como raro, porque en el momento que los estaba viendo empezaron a verse como muertos. Aquel hombre no
10:58 dejaba de temblar, aún con un cigarrillo en la mano. Roberto le decÃa, tranquilo, mano, tranquilo, estabas teniendo una pesadilla. Ya, tranquilo, mano. No, no, no, no, es que se veÃan ahÃ, estaban junto de mÃ, los pude tocar casi estirando la mano. No, no, no, mano, estaba... Total, aquel hombre ya accede a entrar en razón, como debe de ser, y vuelve a subirse, pero no se mete al camarote, se queda despierto junto a Roberto y sigue manejando hasta que amanece. Y aquel hombre acepta ya cambiarse y se va manejando mientras Roberto descansa un rato, pero se volvió muy pesado porque aquel sujeto no volvió a acostarse en el camarote. sino que cuando llegaba el turno de cambiar de lugar para que Roberto manejara, aquel tipo se acomodaba ahà en un rinconcito al frente, ahà como chueco, como feo. Total, llegaron a su destino y esperaron allá, descargaron el camión, fueron a una base de carga en donde les asignaron una nueva carga, pero este tipo no se fue. Este tipo no se quiso ir. Se fue en un autobús después. Roberto se regresó y bueno, como ya no era urgente la carga, pudo parar y descansar un poquito y demás. DÃas después, cuando ya le asignan otra carga, va la empresa a recoger el camión y la carga y todo aquello. Y hay un montón de cuchicheo entre los otros choferes y las secretarias y por aquà y por allá el almacenista. Porque todo el mundo
12:31 opinaba que el problema era Roberto. Aquel chofer que se habÃa espantado tanto habÃa contado la historia. Le habÃa platicado a los demás lo que habÃa pasado. Y estando en esa plática de lo que habÃa pasado, alguien más habÃa comentado que le habÃa pasado lo mismo. Que en uno de esos viajes en los que habÃa tenido que ir acompañando a Roberto, le habÃa tocado llevarse un susto parecido y después un cacharpo o un ayudante. Alguien que habÃa viajado con Roberto también a ir a dejar una carga, se habÃa asustado mucho porque le habÃa pasado lo mismo. Por supuesto, cuando le dijeron a Roberto aquello, él dijo, no sé de qué me están hablando, no sé qué, pero la realidad es que sà sabÃa. Tiempo después dejó la empresa. Dejó los trailers, dejó aquello y comenzó a manejar un camión en viajes cortos. Estaba ya muy cansado y era un hombre hermoso. que pasaba de los 50 años, ya querÃa estar un poco con su familia, asà es que se contrató como transportista local. Pero su historia era interesante.
13:33 Ãl decÃa que al final del dÃa era cierto. Y era cierto porque, bueno, él sabÃa incluso quiénes eran. La historia habÃa sido muy triste. En una ocasión, él iba viajando desde la Ciudad de México hacia el puerto de Veracruz. En su tráiler, como siempre, para la misma empresa, años atrás de eso. En un cierto punto del camino, antes de llegar a las cumbres de Maltrata, que es una parte de la carretera que es muy peligrosa, es subir una montaña y luego descenderla. Y el descenso está lleno de curvas y es muy prolongada la bajada. Asà es que muchos traileros sufren accidentes, pero especialmente las personas que no tienen experiencia corren un riesgo enorme. El hecho es que este señor Roberto, con su camionzote, llegó y se detuvo en una gasolinera a comprar alguna cosa que le hacÃa falta, a checar sus neumáticos, y justo cuando ya iba a arrancar para seguir su camino, un automóvil bonito, de color café, probablemente un auto de los años ochentas tardÃos, pero bonito, elegante, se detuvo a su lado, por alguna razón, no es que se estuviera estacionando, simplemente se detuvo ahÃ, y Roberto pudo ver al momento de abrir la puerta y agarrarse de... la jaladera que tienen a un lado para subir, pudo ver que habÃa dos niños viéndolo. SÃ, dos niños que lo estaban viendo fijamente y sonriéndole, asombrados
15:07 de aquel camión enorme, viéndolo. Roberto todavÃa alcanzó a decirles hola y se subió a su camión, cerró la puerta. Momentos después, cuando Roberto ya está arrancando el camión, Va avanzando por el patio de aquella estación de combustible y es el momento en el que aquellos dos chiquillos han bajado del auto, agarraditos de la mano de papá y mamá y el otro paradito ahà junto, precisamente de unos ocho y de unos doce años, pelito ensortijado, muy tostados por el sol. Al ver pasar el camionzote, ambos niños levantan la manita diciendo adiós. Don Roberto tenÃa muy claro haber sonado las cornetas y los niños haber hecho señal de alegrÃa de haberse emocionado al oÃr aquellas cornetas enormes de un camión pesado. Eso fue en los años 80. Finales de los 80, según relataba. El hecho es que fue avanzando.
16:04 Un camión en una subida es lento, pero en una bajada, cuando vas a plena carga, es todavÃa más lento. En una de las velocidades inferiores, es decir, al bajar la velocidad a segunda probablemente, Con el freno de motor encendido, aquello iba haciendo un ruido sorprendentemente fuerte y muy despacio mientras vibraba. Momentos después, conforme iba bajando, lo rebasó aquel automóvil café. Lo tenÃa muy claro, muy presente, el automóvil bonito café. Probablemente un Chrysler o algo asÃ, pero era bonito. El automóvil iba manejando normalmente un poco rápido. rebasa el tráiler y sigue su marcha. Alcanza a ver en el vidrio trasero las caritas de aquellos niños diciendo adiós. TodavÃa alcanza a sonar las cornetas y se concentra en lo que está. Momentos después, encuentra al auto hecho pedazos. Saliendo de una curva, probablemente a gran velocidad, el conductor, el padre de familia, lo que fuera, No pudo controlar aquel automóvil, dio varios giros, se estrelló. Otro camionero no pudo frenar, los embistió. Bueno, una tragedia, todos estaban muertos. Roberto bajó rápidamente.
17:26 Según contaba, bajó del tráiler, se pudo parar a como fuera, pudo parar la unidad, encender todas las luces y hacer todo lo que pudiera para banderar, pero no habÃa mucho que pudiera hacer. Estaban muertos. Ãl vio las personas muertas en el interior del automóvil. Vio el otro colega que iba manejando con los nervios desechos porque habÃan vestido el auto, pero la culpa habÃa sido por el otro. El hecho es que él no prestó ya mayor atención de esto, sintió un pesar enorme, le habÃan hecho gracia a aquellos niños, sintió el pesar, pero a partir de ahà comenzó a pasarle eso. Dos, tres dÃas después fue la primera vez que le pasó, que estando en el camarote del tráiler durmiendo, escuchó las risitas. Y cuando se levantó pudo ver estas figuritas como que se difuminaban. La primera vez se asustó mucho, la segunda también, pero después se acostumbró. Nadie le querÃa creer cuando lo contó. Simplemente nadie le querÃa creer. Entonces dejó de contarlo. Y el tiempo fue pasando y resulta que otras personas supieron de aquello, lo oÃan, él mismo.
18:32 Iba manejando en su camionzote aquel cuando de pronto oÃa las risitas. No le provocaba miedo. HabÃa hecho misas para que descansaran aquellas personas, habÃa hecho rezos, habÃa hecho muchas cosas, les habÃa puesto una estampita en el tráiler allá arriba, pero decÃa que parecÃa que aquellos chicos lo acompañaban. Sus últimos momentos habÃan tenido la imagen de aquel camionero gentil. Y claro, a los demás que se subÃan al camión no les gustaba, pero a él le daba lo mismo. Cuando dejó el tráiler y se fue al fletero local, Este no tenÃa camarote, asà es que no se podÃa uno dormir ahÃ, no era necesario. No le volvió a pasar.
19:14 Cuando contaba eso, años después, mientras manejaba el fletero local, decÃa que a él ya no le volvió a pasar. Después de que dejó el tráiler y los grandes viajes, ya no le pasó. Y él tenÃa su teorÃa y decÃa que quizá aquellos niños lo cuidaban. Lo cuidaban porque cuando manejaba grandes distancias donde podÃa... Estar al frente de un volante doce o catorce horas, el riesgo de quedarse dormido, el riesgo de perder el control por estar distraÃdo por el cansancio era enorme. Y quizá esos dos angelitos lo custodiaban. No lo sé. Es una historia triste. Pero al mismo tiempo es una historia que nos da la idea de que en el más allá también puede existir esta camaraderÃa, este acompañarte, no sé. Siempre y cuando tú seas la persona a la que acompañan y no el pobre testigo que no pudo dormir en todo el viaje. Ahora le platico otra rara. HabÃa un sujeto al que todo el mundo le decÃa el sapo. Ya se imaginará usted por qué.
20:27 No era exactamente guapo. Pero don sapo, como todos le decÃan, Era un conductor, era un chofer que repartÃa cosas. Era una buena persona. Un hombre muy de familia. Sin embargo, la vida lo habÃa llevado por derroteros muy extraños y a veces complicados, y él contaba una historia que realmente lo impresionó. En algún tiempo él habÃa sido repartidor de refacciones. Manejaba una camioneta de 3 toneladas. No era un enorme camión, sino un vehÃculo más o menos pequeño, de doble rodada en el eje trasero. y con una especie de camper muy grande atrás, le llaman caja seca. Básicamente lo que hacÃa era ir de pueblo en pueblo, buscando las pequeñas refaccionarias para dejar piezas, piezas mecánicas, desde filtros, filtros de aire, lo que fuera de mecánica, él iba a repartirlo. Su trabajo lo llevaba a veces durante 15 dÃas o 3 semanas en la ruta. A veces llevaba pedidos, a veces él era el que hacÃa los pedidos, él era el que cobraba, el que vendÃa. Vamos, era un negocio medio raro aquello.
21:37 El asunto está en que a veces habÃa que trabajar mucho para siquiera llevar a casa algo de dinero. Y en una de esas ocasiones le pasó algo muy extraño. Se encontraba en alguna parte de San Luis PotosÃ. Recuerda que era una carretera larga, tediosa. HabÃa dejado atrás un poblado en donde habÃa vendido algunas cosas. e iba manejando tranquilamente. TenÃa una casetera, todavÃa era de esas de cassette, metÃa un cassette para oÃr música y venÃa escuchando sus canciones y sus cosas mientras manejaba tranquilamente. Cuando de pronto a la distancia, muy allá a lo lejos, pudo ver que se estaba quemando la hierba, la hierba de la carretera.¿ Ha visto usted eso cuando se prende la hierba de la carretera? Es un fenómeno muy raro. porque la hierba comienza a arder y se empiezan a formar pequeños torbellinos de fuego. Se ven como bailan las llamaradas. Y él lo habÃa visto muchas veces. Se le hizo raro porque un rato antes, cuando iba manejando, pudo ver que estaba verde.
22:42 Todo estaba verde en esta ruta. No era desértica ni estaba seca. Estaba en una época en la que habÃa llovido recientemente y estaba verde.¿ Qué se estarÃa quemando? Bueno, siguió manejando y aquello estaba... Por allá lejos, pero conforme se fue acercando, fue notando que esto estaba cada vez más como dentro de la carretera. Bajó la velocidad, presumiendo que si era algo que se estaba quemando, podrÃa afectarlo. Asà es que tendrÃa que detenerse a tiempo. No era difÃcil porque no era un pesado trailer, sino una camioneta. Frenas y punto. Conforme se fue acercando más y más, de pronto se orilla porque aquello se ve muy raro.
23:26 Se queda viendo un poco más. Se queda viendo un poco más. Y entonces distingue que aquellas figuras no son lenguas de fuego. No es una hierba que se esté quemando. Son figuras humanas. Como personas. Como personas que se estuvieran quemando. Como si estuvieran ardiendo. Fue algo muy raro. Ãl contaba que cuando lo veÃa no lo podÃa creer. Apagó el radio. Se detuvo, vio y veÃa estas figuras como si fueran dos o tres personas que van caminando, como quemadas, algo muy feo, despacio. Fue cuando empezó a sentir miedo, cuando se percató de que eran personas. No supo exactamente qué hacer, si bajarse, si no bajarse, se queda ahà parado y es cuando verdaderamente siente pánico, porque aquello que estaba viendo a la distancia, en medio de la oscuridad, se podÃa ver claramente como si fueran Personas que caminan con llamas a su alrededor, como si fueran de fuego, como si estuvieran envueltas en fuego. Y mientras observa esto de pronto, aquellas figuras cambian y ahora en lugar de alejarse comienzan a venir hacia él. Como si se estuvieran acercando a él, en ese instante está viéndolo y obviamente cuando se da cuenta que han cambiado de ruta y que vienen sobre de él, Arranca el motor de la camioneta, mete velocidad
24:56 y lo primero que piensa es¿ para dónde voy? Si me intento dar la vuelta me puedo quedar aquà atrancado y eso me va a alcanzar. A su mente venÃa cualquier idea loca, desde el demonio caminando en la carretera hasta ovnis, extraterrestres, lo que sea. Vienen miles de ideas a su cabeza en ese instante. Lo único que hace es meter velocidad, arrancar, cambiar, cambiar, cambiar, boom. y a toda la potencia que aquello podÃa dar, arremete contra estas figuras de fuego que él está viendo, que se disuelven tranquilamente en el aire. Cuando mira por el retrovisor no hay nada, absolutamente nada. El encuentro habrÃa durado unos cinco minutos. Temblaba cuando llegó al siguiente poblado, que estaba un poquito más adelante, y se orilló. Se bajó corriendo en una pequeña tienda que habÃa ahÃ, temblando de nervios, se mete HabÃa ahà un par de personas, gente que compraba y vendÃa cosas. No sé qué era exactamente, pero el hecho es que la persona que atiende el mostrador le dice, tranquilo,¿ está usted bien? Ãl se les queda viendo, pero está desencajado.
26:01 Otra mujer que estaba por allá le dice, oiga,¿ le puedo ayudar en algo?¿ Le traigo algodón?¿ Qué le pasó?¿ Se accidentó? Total, no podÃa hablar. No podÃa hablar hasta que de pronto... La persona que estaba en el mostrador le dijo, mire, si lo que usted vio fue la gente de fuego, no se espante. TranquilÃcese, no pasa nada. Se estuvo ahà un rato escuchando lo que aquella gente tenÃa que decir. Y le contaron que sÃ, que ahà lo veÃan y que a veces bajaba algún chofer o alguna persona muy espantado por haber visto eso. Ãl preguntó qué era. Si sabÃan qué era. Aquellas personas le decÃan que no. HabÃa varias teorÃas. HabÃa quienes aseguraban que eso eran los fantasmas de una familia que habÃa muerto calcinada en un accidente de tráfico. Pero el hombre de la tienda decÃa que él nunca habÃa sabido de ese accidente y siempre habÃa vivido ahÃ. Otras teorÃas, otras gentes decÃan que era un pacto del demonio. Que ahà se aparecÃa el demonio y que eso es lo que habÃa visto.
27:08 Pero el sapo no estaba muy seguro de eso porque no parecÃa una figura demonÃaca. Ãl decÃa que esto parecÃan personas en llamas, como si hubieran sufrido un accidente y hubieran salido de un vehÃculo bañadas en gasolina ardiendo. La persona de ahà le dijo, yo no sé qué sea, yo nunca las he visto. Pero varias personas que se han detenido aquÃ, exactamente asà como usted de nerviosos, aseguran haberlas visto.¿ Usted cuántas gentes vio? No, yo vi tres. Bueno, hay quienes ven más, hay quienes ven tres. No sabemos qué es. Total, se fue. Después de un rato de relajarse ahÃ, le invitaron algo, se tomó un traguito de alguna cosa para tranquilizarse, se fumó un cigarrillo y emprendió el camino. Volvió por ahà algún tiempo después y pasó a saludar a estas personas, como era su costumbre. Y nuevamente le platicaron lo mismo, que apenas dos dÃas antes habÃa habido otra persona igual, que se habÃa espantado mucho cuando vio las figuras de fuego. El sapo contaba que las veces que pasó por ahà ya no le volvió a tocar, pero que siempre que pasaba en esa ruta, adelante de Matehuala por aquella zona, siempre lo hacÃa de dÃa.
28:22 Porque esa noche cuando se enfrentó con ese fenómeno sintió tanto miedo como nunca lo habÃa experimentado. Nunca supimos qué fue lo que se encontró. Aquel sujeto tenÃa años de haber dejado aquel servicio y trabajaba en el momento en que nos contó la historia. como chofer de un vehÃculo de reparto de materiales, materiales de construcción. Y cuando supo acerca de este misterioso oficio de un servidor, platicó la historia. Nunca supimos qué pudo haber sido aquello. Tenemos nuestras propias teorÃas. Probablemente si haya habido algún incidente, alguna cosa que dejó una marca, Algo que sucedió mucho tiempo atrás y que se seguÃa repitiendo como una especie de pelÃcula porque aquello no parecÃa tener contacto, no lo afectó, no le produjo nada.
29:15 Ãl vio como que se dieron la vuelta, pero no tenÃa la certeza. Solo Dios sabe que pudo haber sido aquello. Ahora quiere que le cuente una de transporte. de personas, de un foráneo, un autobús foráneo. Hace tiempo tenÃamos un amigo que nos escuchaba cuando estábamos en la radio. Era un camionero. Muchos, de hecho, nos escuchaban. Inclusive habÃa por ahà un amigo conductor de una importante empresa mexicana de transporte que van hacia el oriente. Y este señor solÃa poner, cuando pasaba por la ciudad de Puebla, encender la radio en nuestra estación para ir escuchando el programa y Y los pasajeros que iban con él le pedÃan que lo dejara ahà y que le subiera un poquito para oÃrlo.
30:10 Asà que muchos conductores nos escuchaban también. Y asà fue como supimos aquella historia. Un conductor de esa misma empresa, de autobuses que van al oriente, contaba algo que a él le pasó. En una cierta ocasión, le tocó una ruta a Tabasco. Es una ruta complicada, es una ruta que entre otras cosas transita también por las cumbres. por la región que le platicaba en el primer relato, pero después se da la vuelta y se mete tierra adentro por carreteras muy delicadas. Es tierra muy caliente. La ruta en aquel momento que nos platicaba era una ruta en un sentido de ida y en un sentido de regreso, es decir, dos carriles y un pequeño acotamiento. Asà que rebasar era bastante complicado, pero si habÃa un tráiler descompuesto, las cosas se ponÃan todavÃa más peligrosas. A él le tocó ver el final de uno de sus amigos. Se conocen todos. Las rutas largas, los choferes se conocen, y si no se conocen, por lo menos, cada vez que se encuentran de frente, dos camiones, dos transportes, allá le llaman colectivos ustedes en Sudamérica, es transporte foráneo, autobuses grandes de pasajeros que hacen largos recorridos. Bueno, cuando dos choferes se cruzan de frente, suelen saludarse. Es una práctica para mantenerse despiertos, ayudarse. Y sirve que se ven, muchas veces se conocen, son choferes de la misma empresa. Y él tuvo la triste historia de encontrarse con un conocido muerto.
31:42 Le tocó ver todo. Cuando llegó a un cierto punto de aquella carretera, el autobús que habÃa salido en una corrida anterior habÃa tenido un impacto directo contra un transporte pesado que estaba detenido y esto habÃa causado la muerte del chofer y de varios pasajeros, una destrucción total. No se podÃa bajar, obviamente, ni intentar ayudar. Ya estaban ahà los cuerpos de emergencia. Tuvo que detener su transporte un buen rato, esperar a que se liberara a la carretera y seguir su camino. Durante todo el tiempo que estuvo ahÃ, pudo ver enfrente de él la unidad, los servicios médicos rescatando cuerpos, sacando personas, algo muy triste. No pudo hacer nada, obviamente.
32:25 Cuando llegó a su destino, pidió permiso de quedarse una noche, no salir, no seguir adelante. Estacionó el camión, se estacionó él, acomodó todo aquello. Y en la noche se encontró a su amigo. Ãl relataba que ya entrada la noche no quiso dejar el camión, estaba muy confundido, muy raro. Asà es que estacionó aquello en el patio de maniobras y se quedó ahÃ. En uno de los asientos adelante se recargó un poco y se quedó a dormir. pero antes de que pudiera quedarse dormido, sintió algo raro. Sintió algo raro, sintió como la necesidad de voltear. Extraño. Pero en ese momento incluso llegaba a sentir frÃo. Es lo que él relataba, haber sentido frÃo. Estando en Tabasco con temperaturas arriba de 25 grados en la noche, sentir frÃo era algo raro. Cuando giró, un poco atrás, Pudo ver a su amigo. Lo vio completo, lo vio Ãntegro. Lo vio con su camisa blanca, con su corbata.¿ Cómo es el uniforme? Lo pudo ver claramente.
33:42 En el momento en que lo ve, él se incorpora como para decir qué pasó, mano. Pero está consciente de quién es. No estaba dormido, estaba despierto. Se incorpora, se levanta y lo puede ver allá, un poco más atrás. Como mirándolo. Como una cara muy rara. No lo vio demacrado, roto, accidentado. Lo vio normal, con su ropa completa, con su rostro, su bigote como siempre lo habÃa visto, con sus lentes. Era un hombre de unos cincuenta y tantos años. Lo vio entero. Pero se le veÃa tan raro, tan triste. En un cierto punto él intenta decirle algo, decirle como te voy a hacer una misa, quieres que le dé un mensaje a alguien. Intenta decir algo pero no le sale la voz por la impresión No le sale la voz.
34:32 Cuando finalmente puede expresar algo, aquella figura se difumina frente a él. Rápido. Y hay un silencio total. Esa noche del no duerme se baja, va a la caseta donde está el vigilante, va a la terminal donde hay ahà un pequeño restaurancito, viene... Los dÃas pasan, regresa a Ciudad de México, todo bien, vuelve a ir, vuelve a venir. Y es cuando le vuelve a pasar. Estando nuevamente en aquella ruta, vuelve a toparse con esta figura espectral. Pero esta vez ya se veÃa no tan completa. La figura se veÃa deforme, se veÃa rara, se veÃa extraña, se tuvo que bajar del camión otra vez muy espantado. Pero las siguientes veces aquello se volvió todavÃa más caótico porque en plena carretera de pronto levantaba la vista y veÃa a su compañero parado a medio autobús. Los pasajeros iban en sus lugares durmiendo y de pronto veÃa esta imagen y bueno, era muy impactante. No es que se viera sangrante, pero cada vez se veÃa raro, se veÃa diferente. Pasado algún tiempo fue a ver a la familia. Ãl conocÃa a esta persona, sabÃa dónde vivÃa, si habÃan ido juntos en el coche alguna vez de regreso o al ir hacia el trabajo se iban juntos, sabÃa dónde vivÃan, eran
36:02 vecinos por allá en una zona de la Ciudad de México. El caso es que fue a ver a la viuda, fue a platicar con ellos y bueno, no se atrevió a decirles que estaba viendo al fantasma. Aquello lo fue persiguiendo durante varios meses, hasta el punto en el que se empezó a enfermar. porque estando incluso abajo del camión, estaba allá en los dormitorios. A veces en algunas terminales hay una oficina y hay un dormitorio para los camioneros que llegan, descargan pasaje, acomodan su camión para servicio, limpieza, lo que sea, y van y se meten a descansar. Allá iba a verlo. Otra vez, cuando iba saliendo de una terminal en alguna parte, pudo verlo como parado abajo.
36:49 Detuvo el camión para ver bien y efectivamente lo pudo ver, pero siempre pasaba lo mismo. Se difuminaba como grisáceo, como raro. Eso lo fue llevando incluso a enfermarse. Cada vez que lo veÃa se sentÃa mal, se descomponÃa. Fue con el cura. Por supuesto, este chofer, que si estoy en lo correcto hoy en dÃa, debe de seguir manejando porque si esto pasó en el 2013, 2012... Estamos hablando de unos 10 años, muy probablemente siga conduciendo uno de estos transportes. El hecho es que nos contaba que fue a ver al sacerdote, a pedir consejo. El sacerdote le dijo que iban a hacer oración, ordenaron misas, se confesó, comulgó, todo aquello. Pero volvió a verlo. Y cada vez aquello era más notorio y la sensación era más desagradable. Pero siempre era en algún punto de la ruta.
37:47 A él le daba horror pensar que este fenómeno lo fuera a acompañar a su casa. Pero no, nunca pasó en su casa. Siempre fue en algún punto de la ruta, a bordo del camión o abajo. Llegó incluso a bendecir él mismo el camión. Antes de subir pasaje se subÃa y con una botellita de agua bendita que le habÃa preparado el cura, bendecir aquello. Y no pasó nada. Un dÃa y siguiendo un consejo de otro colega del negocio de el radio Misterio. Ãl llamó a un programa donde habÃa una persona que hablaba de estos temas y le platicó lo que estaba viviendo y aquella persona le aconsejó que fuera a la tumba, que hablara clara y contundentemente que no le estaba ayudando, que no lo podÃa ayudar, que le estaba haciendo daño y que le iba a causar que se accidentara. Siguió el consejo. Una tarde, Cuando estaba libre, un dÃa de descanso, estaba en su casa, se subió en su coche y fue al cementerio. SabÃa dónde lo habÃan sepultado, ya habÃa investigado eso, llegó a la tumba y se sentó a un lado. Y comenzó a hablarle. Mira, compita, lamento mucho que hayas sufrido ese accidente.
39:03 Yo sé que no fue tu culpa, porque sé que eras un gran chofer. Juntos manejamos, nos vimos muchas veces. comimos juntos, conozco a tu familia, te quiero pedir un favor, te quiero pedir que me dejes en paz, que ya no me busques, que ya no te subas conmigo, me estoy enfermando, me causo problemas, de pronto darme cuenta que estás ahÃ, me estás debilitando, me siento mal, me duele, me has casi puesto en riesgo de chocar, por favor ya no me acompañes, ya vete a descansar, Tus pasajeros ya descansaron. Los que murieron en el accidente no fueron tu culpa. Trata de entender eso. La gente de la PolicÃa Federal de Caminos dijo que no fue tu culpa.
39:51 El tráiler estaba parado, sin luces, en una carretera oscura. No tuviste oportunidad. Lo siento. Sigue tu camino. Y después de eso empezó a rezar. Estuvo mucho rato rezando. Varias veces el Padre Nuestro, el Ave MarÃa... y una pequeña oración que le habÃa dado el cura. Después de eso se fue. No lo volvió a ver. No lo volvió a ver. Pero siempre se quedó con esa mosca detrás de la oreja y cuando lo contaba, lo contaba con mucho nerviosismo todavÃa. Porque a veces, las personas que han vivido una experiencia de esta naturaleza, cuando lo cuentan, tienen temor de que vuelva a ocurrir. Y ese era el caso.¿ Usted qué pensarÃa? Ahora le voy a platicar uno de transporte local. Esta historia me encanta. Y me encanta porque nos la contó el protagonista. Es una historia de 1976. En la ciudad de Puebla, México. En la parte central. Un hombre...
41:08 HabÃa juntado todo el dinero que pudo, se habÃa endeudado, habÃa prestado aquÃ, allá, allá, allá para comprar un taxi. En aquellos años no existÃan todas las plataformas ni cosas de esas. Si tenÃas un taxi, tenÃas que registrarlo, pintarlo con ciertos colores, ponerle ciertas placas. Y asà lo hizo. Su automóvil era un Datsun modelo 76 de cuatro puertas. Un auto económico, pero que servÃa perfectamente para la función y comenzó a trabajar y a trabajar y a trabajar y a trabajar. El hecho es que en uno de tantos viajes, una pareja le pide una dejada desde el centro de Puebla hasta una población conocida como la Resurrección, que se encuentra al pie de la Malinche por allá. Es una ruta larga, es una ruta que nadie quiere en las noches solitarias de aquel 1976, porque era lejos. y una parte de la carretera ni siquiera estaba pavimentada. Era una ruta muy delicada. Saliendo de la zona de los estadios, actualmente zona de los estadios, y hacia arriba, ya no habÃa ninguna población en ese momento. Ahora mismo es una urbe enorme, pero en aquel momento comenzaba a quedarse solo, y escasamente se podÃa ver por allá una lucecita, por allá otra lucecita, un foquito más allá, muy, muy solitario todo. Total, Aquellas dos personas se veÃan personas propias de la región. No
42:39 se veÃan bandoleros ni nada. La señora llevaba un enorme costal con un montón de cosas. Bueno, pues vámonos. Oiga, les va a salir caro. SÃ, joven, pero a esta hora quién nos va a llevar. Ãndele, anÃmese. Bueno, se va. Va manejando, va manejando. Llegan allá a las orillas del pueblo y les dice, oigan,¿ saben qué? Yo hasta aquà llego. No me voy a meter más adentro porque está peligroso. Si me entienden ustedes, sÃ, sÃ, no se preocupe, ya de aquà caminamos, ya estamos cerquita. Le pagaron la dejada y hasta le dieron propina. Ãl contaba que muy contento cerró su puerta, puso sus seguros y se arrancó. Conforme va bajando, va bajando, va bajando, en una de las curvas de la carretera de pronto le salta una muchacha al paso. Asà que... Le salta al paso con las luces del auto, pues era un automodelo 76, no se imagine usted un bólido. Era un coche sencillo de cuatro cilindros que manejaba despacito porque era su gran tesoro, era su fuente de ingresos. Le salta esta muchacha y él alcanza a frenar y la ve aquà al lado a punto de pegarle. Una chica puede distinguirla bien. Es 1976, asà es que venÃa a la moda. Con una falda como corta, El pelo alborotado, asà muy, muy alborotado. Y su primera impresión es que era una persona ejerciendo la prostitución. Fue
44:10 su primera impresión. Pero en ese momento, esta chica le pone las manitas contra el vidrio y le golpea y le dice, llévame a la ciudad, por favor. Ãl mira a su alrededor. No hay nadie. Está en un punto en la curva. De un lado hay un arbolillo, por ahà unos arbolillos, y hay un puentecito, o sea que abajo pasa un rÃo. Ãl puede ver estos detalles, se percata del puentecito y abajo pasa un rÃo o algo. Y mira a la chica y piensa dos veces, yo aquà me arranco, ya me voy, no sea que me salga más gente. Pero esta joven vuelve a golpearle el vidrio con tal insistencia y él ve la desesperación en ese rostro que comete el grave error de levantar el seguro de la puerta. Y esta chica abre enseguida y se mete. Cuando esto ocurra, él piensa, ya, hasta aquà quedo.¡ Qué tonterÃa! La joven le dice, lléveme, por favor. Ãl no lo duda. Mete velocidad y arranca. Dice, si hay cómplices, ahà se quedan. Y arranca y va moviendo rápido el volante y manejándolo más rápido. Usted me dice a dónde va. SÃ, sÃ.¿ Qué le pasó?¿ Qué hace aquÃ? Nada, nada. O sea, casi no habla la joven. Y sÃ, Ãl en ese momento no presta mucha atención a lo de la joven.
45:28 Más bien lo que viene viendo es que no vengan siguiéndolo ni nada. Total, va manejando, va manejando, va manejando. Llega un punto de la ciudad. Este hombre decÃa que él en ese momento no sintió ninguna cosa rara. VenÃa muy nervioso. VenÃa muy espantado de por sÃ.¿ Por qué? Pues porque venÃa en una carretera solitaria bajando de dejar pasaje y le golpean el vidrio y esta chica toda alborotada de los pelos, toda rara Total, llega un punto de la ciudad donde le dice,¿ sabe qué señorita? Ya estamos en la ciudad. No me pague nada, pero no la puedo llevar a ninguna otra parte. Yo de aquà ya me tengo que ir. Cuando mira ya no hay ninguna señorita. Vuelve a mirar y ya no hay ninguna señorita.
46:17 La puerta no se ha abierto. No hay nadie atrás. Es el momento en el que él se acomoda un poquito. Se acomoda un poquito más y comienza a manejar de nuevo. Llega a su casa y cuando llega a su casa viene helado. Cuando su esposa lo recibe, le toca la cara y dice, estás helado.¿ Qué te pasó? Te asaltaron.¿ Estás bien? No, no me asaltaron.¿ Qué te pasó? Es que vi algo que no entiendo.¿ Qué viste? Le cuenta a la esposa y bueno, la esposa le prepara un té, le da un bolillo, le reza, se sientan los dos a rezar, porque lo que habÃa visto era un muerto.
47:02 Es lo único que él entiende. Total, bueno. Dos dÃas después, pues está trabajando como si nada, cuando compra el periódico. Y en el periódico venÃan varias noticias y una de esas noticias era acerca de una joven desaparecida. Una joven que no encontraba ni bueno, bueno, bueno. Y adivine qué. VenÃa una foto. Tal como usted se imagina, era la joven. PedÃan datos, etc. Y es el momento en el que él se presenta. Le dijo a su lÃder del grupo de taxistas, le dijo, oye, mi compadre, yo vi a esta joven. Van allá con la policÃa e informan. de lo que vieron, de la situación que vieron. Total, el policÃa que le recibe la denuncia le dice,¿ y dónde la vio usted? Pues en tal parte, no sé qué, no sé cuánto.¿ Y dónde la dejó? Pues yo la dejé. Total, cuando salen aquellos hombres, los judiciales, la policÃa judicial, y lo agarran, bueno, él dice, ya valió. Por andar de hablador, ya valió.¿ Cómo se me ocurre a mà venir a decir esto? Llévanos a donde la viste. Pero es que yo no la dejé exactamente, iba en tal calle y cuando le dije que hasta ahÃ, llévanos a donde la levantaste.
48:27 En ese momento sale una mujer mayor, era la mamá de la chica, y todos se suben en el coche. Llévanos a donde la viste. Ahà van. Los va llevando hasta el punto en el que la vio, donde la subió, según él. La mujer aquella le viene preguntando cómo iba vestida y él le dice asà y asÃ, sÃ, sÃ, era ella. Y el pelo, cómo lo tenÃa alborotado, todo, sÃ, sÃ, era ella, querÃa verse asÃ, se habÃa hecho un peinado, no sé qué. Y aquellos dos judiciales que vienen atrás, junto con él y el otro tipo ahÃ, venÃan con unas caras que él se imaginó, me van a detener, me van a confiscar el coche, se acabó el negocio, mi familia, todo esto por hacerle el favor a alguien, no sé cuánto, total, se paran donde él les dice.
49:13 Aquà en el puentecito Encuentra el puentecito, se bajan todos aquellos hombres, no te vayas a ir. Detrás de ellos venÃa otra unidad, bajan con lámparas, no sé cuánto, cuando de pronto llegan arriba y le dicen,¿ y tú qué relación tienes con esto? No, pues mira, yo llevé unas personas allá arriba. Bueno, estuvieron a punto de meterlo a la cárcel. Porque en ese lugar, a donde los llevó, a un lado del puentecito estaba el cadáver de la chica. Alguien la habÃa asesinado. Después se supo bien cómo estaba todo, siguiendo la huella. Ya sabe que los policÃas de antes no necesitaban grandes cosas ni grandes para poder obtener una confesión.
49:56 La habÃa asesinado un compañero de Pachanga. HabÃan estado en una fiesta, la chica habÃa bebido un poco, el tipo se intentó propasar, la mató y la fue a tirar allá. El taxista salió libre, no tuvo mayor problema y la mamá lo fue a ver para agradecerle aquello. porque él fue el que encontró el cuerpo. Pero él habÃa estado transportando a la persona muerta.¿ Cómo era la sensación? Ãl no se dio cuenta. No tuvo ninguna sensación. Estaba muy espantado porque le habÃa golpeado el vidrio. Pero después comenzó a atar cabos.¿ Cómo pudo golpear el vidrio? Probablemente ni siquiera escuchó el ruido. Simplemente las personas solemos unir las cosas Y si algo parece estar golpeándonos el vidrio, nosotros vamos a percibir el sonido o a imaginarlo. Y muy probablemente él imaginó las respuestas, imaginó sonidos, pero la realidad es que a bordo llevaba una persona muerta. Las carreteras son asÃ. Extrañas, solitarias, peligrosas y llenas de historias. propias de relatos del lado oscuro. Buenas noches, y que descansen en paz. Gracias por ver el video.
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