Historias de pactos con el maligno || Relatos del lado oscuro
A veces, la avaricia o la necesidad, han llevado a las personas a pensar que pueden lidiar con el demonio, que quizá sea mejor eso que llevar la vida que llevan o que todo es mentira y no pasará nada... qué equivocados están.
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0:00 El mayor éxito del maligno está en habernos convencido de que no existe y de que todas las historias que se cuentan al respecto no son salvo vagas, leyendas, mitos, fantasÃas. Acompáñame, veamos qué hay detrás. Relatos del lado oscuro Fantasmas. Seres extraños. Sucesos inexplicables. Perversidad humana. Historias que otras mentes prefieren ignorar.
0:54 Todo pacto es un trato, e implica algo a cambio. Asà de simple. Excepto que a veces, si un trato se hace con alguien especialmente tramposo, las cosas pueden salir muy mal. Por eso siempre es preferible no aceptarlo. Hoy en dÃa, el ejemplo serÃa alguna de esas llamadas misteriosas que de pronto se reciben en el teléfono ofreciendo algún servicio que usted no pidió. Porque en ocasiones el pacto con el maligno no se busca. Nos busca. Y nos busca porque hay un interés en algo. El interés en algo que esa persona tiene y que ese está buscando.
1:41 Déjeme que lo lleve un poco atrás en el tiempo. Estamos en República Dominicana. Particularmente en Santo Domingo. La zona agrÃcola. Allá afuera, lejos. Una familia... Vive del trabajo del campo. Solo que a veces el trabajo del campo, como puede ser muy bueno, puede no ser tan bueno. Y son empleados. El esposo trabaja en una granja, trabaja en el campo, corta, va y viene. Pero aún asÃ, es la época dura, es los años 70. Y tienen tres pequeños. La más pequeña acaba de nacer. Hace muy poco. Por lo tanto, la madre no puede estar trabajando todavÃa y lo que el padre logra traer no llega a fin de mes. Asà se lo digo, no llega a fin de mes. Hay ciertos dÃas cercanos a que termine que no hay comida. AsÃ, a ese grado, al grado de que lo poco que hay es para los chicos, para los niñitos. Ãl y su esposa se aguantan, quizá con alguna cosilla por ahà que encuentren, alguna hierba que pudieron hervir por ahà y punto.
2:53 Pero cuando todo eso se acabó, llega el hambre. Aquel dÃa de 1977, el padre de familia toma su descanso del mediodÃa. Se espera que vaya a casa y coma. Trabaja muy cerca. De hecho, es parte de Del mismo lugar la casa donde trabaja, asà es que caminando unos pasos llega a casa, saluda y sabe que ese dÃa no hay comida. Por lo que opta por entrar al lugar donde está su cama. Lo poco que haya será para los niños. Se acomoda y se recarga. Descansará un rato, aún con el estómago vacÃo y con ese ruido feo que se escucha que refleja el hambre descansará un rato cierra los ojos pero no está dormido simplemente ha cerrado los ojos un instante como para descansar del sol del polvo del trabajo del campo de todo aquello cuando de pronto por alguna razón abre los ojos y mira ahà en la rústica entrada de la habitación hay un hombre Inmediatamente se incorpora un poco y pregunta¿ Quién es usted?¿ Y qué hace aquÃ?
4:16 A lo que aquel hombre elegantemente vestido, no, no imagine usted una imagen alegórica, era un tipo común, vestido elegantemente de cierta altura, delgado, facciones muy notorias, pómulos salientes y una mirada extraña y penetrante. Aquel hombre que está tendido en la cama vuelve a preguntar,¿ quién es usted y qué hace aquÃ? A lo que aquel hombre responde cortesmente, usted necesita dinero y yo le puedo dar muchÃsimo dinero, más del que nunca se imaginó, mucho más. Este hombre se queda ahÃ, obviamente habrá pensado, me está ofreciendo un trabajo, me está ofreciendo alguna cosa, le dice, pero yo no lo conozco. No te preocupes. Te daré lo que quieras.¿ A cambio de qué? Bueno, a cambio de que me des a tu hija la menor. ¿Cómo? A cambio de que me des a tu hija la menor, la que acaba de nacer. Momento en el que aquel sujeto, al que todos conocÃan como Mon, Moncito, Ramoncito, por su nombre, Ramón, se incorpora visiblemente molesto Aquel sujeto de apariencia elegante le dice Ramón, tranquilo, yo te daré todo lo que quieras y lo único que tienes que hacer es darme a tu hija. Pero si yo, yo no lo conozco a
5:49 usted y además yo no hago tratos con mis hijos, yo no traje niños al mundo para hacer tratos con ellos. Largo de mi habitación. Mueve la mano. Te arrepentirás. Seguramente te arrepentirás. Aquel hombre da la vuelta y le mira fijamente. Seguro te arrepentirás. El padre de familia simplemente se incorpora pensando qué rayos está ocurriendo aquÃ, de qué rayos está hablando este tipo, cuando aquel sujeto se voltea. Me recordarás porque el domingo a la tarde la LoterÃa Nacional caerá en el número 56. Si juegas, la niña es mÃa. Hay un momento extraño en esa casa pequeña, en esa habitación de techo de palma, paredes muy rústicas, muy pobres. Este hombre se incorpora con una sensación rarÃsima y un olor penetrante a azufre. Cuando grita voz en cuello aquel hombre, Ramoncito, como todo el mundo lo conocÃa, Lárgate de mi vivienda.
7:00 Fuera de mi vida. Yo no hago tratos contigo. Yo soy tal y tal y tal. Y en el nombre de Cristo sal de esta habitación. Aquello comienza a reÃr extrañamente y frente a sus ojos se desvanece. Preocupado, aquel hombre sale de casa y comienza a caminar y lo primero que encuentra es un conocido suyo al que le platica lo que ha ocurrido. Lo terrible que le ha pasado. Está asustadÃsimo. Le dice, hombre, soñaste. Soñaste, no te preocupes, soñaste. Cuando llega otro conocido, también gente de ahà mismo con la que ha convivido, le dice que soñó, que eso no es real, que eso no existe, que cuando ha oÃdo que eso sea real, que eso son leyendas de las abuelas, que nada de esto existe. Llega alguien más y le repite exactamente lo mismo. Ramón, no puedo creerlo.
7:48 Estás asustado, estás sudando, todo frÃo, todo raro, por una pesadilla. Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja. Todo mundo se rÃe, todo mundo alborota, es sábado. Y Ramón vuelve al trabajo, sintiéndose apenado por aquel extraño suceso que a él le pareció muy real, porque de hecho no estaba dormido. Pero quizás sÃ. Tanto la gente le ha estado diciendo que era un sueño y que era una tonterÃa, que ha comenzado a pensar que quizás sÃ, que quizás sà se quedó dormido por el hambre, por todo aquello. Se va al trabajo. El domingo sigue trabajando. Y se ha olvidado por completo de aquel asunto, por lo menos, del asunto de dinero y de comprar loterÃas y cosas de esas. Sin embargo, hay un pequeño detalle que he omitido mencionar. Mientras repetÃa una y otra vez a cada uno de aquellos conocidos la historia de lo vivido, no omitÃa mencionar el número 56 como número final de la loterÃa.
8:54 que en 1977 y particularmente en ese juego solo tenÃa cuatro números. El domingo por la tarde vuelve del trabajo, llega a casa y lo poco que hay es lo que cenan. Al dÃa siguiente, cuando se levanta temprano, se encuentra con un conocido en el camino que le está mirando raro. Después otro conocido, que ha salido, se ha asomado y de inmediato regresa a su casa, su pobre casa aquella, todas las casas son muy sencillas, y cierra la puerta. Alguien más que también habÃa escuchado la historia, inmediatamente que lo ve venir, corre y se mete a su casa, como si nadie quisiera hablar con él. En el trabajo las cosas van, vienen, no sé qué, no sé cuánto.
9:43 Cuando llega la hora de comer, va a la casa y en el camino le vuelve a ocurrir aquello. Ninguno de esos conocidos que estuvo con él aquel sábado platicando y a los que les relató el extraño suceso que le habÃa ocurrido y que todos opinaron que era un sueño, ninguno de ellos quiso hablar con él y todos regresaron a sus casas. Unos dÃas después, el hijo pequeño de uno de aquellos hombres murió. La hija pequeña de aquel otro murió. el nietecito de uno mayor, de un hombre viejo que también se habÃa reÃdo, murió. Fueron los velorios, los funerales, y Ramón como buena persona, como compañero que es de aquel lugar, fue a cada uno de ellos, preguntándose qué habÃa ocurrido. Sencillo, todos se burlaron de él, todos pensaron que eran fantasÃas, que estaba soñando, que la falta de comida, el hambre, la pobreza, lo habÃa hecho ver todo aquello. Pero después de hablar con Ramón y de decirle todo esto, cada uno de ellos fue corriendo a comprar un billete de loterÃa. Y cada uno de ellos recibió alguna forma de premio y por ello tuvieron que pagar.¿ Qué le parece a usted? Este relato nos
11:17 lo ha compartido La hija pequeña de aquel hombre. Su nombre es Elisenia. Y nos ha compartido esta experiencia que nos ha llamado la atención. Porque mucho se dice que uno tiene que ir, que uno tiene que buscar, que uno tiene que viajar y hacer cosas extrañas. Pero créame, no hace falta.¿ Usted qué pensarÃa? Después de haber estado en República Dominicana con este extraño suceso, déjeme que lo lleve ahora a la parte central de México, en Michoacán, en una población conocida como Tecomatán. Hace muchos años, un hombre llega a estas tierras, ricas tierras agrÃcolas, y comienza a trabajar muy fuerte. Comienza a tener algo de prosperidad, trae algunos animales, trae ganado, siembra tierras, compra más tierras, contrae matrimonio y tiene un hijo. luego otro, luego otro, con una hermosa mujer, una gran persona. Pero siente miedo, siente miedo de la envidia, de que le vayan a hacer algo, de que dañen sus propiedades, de que dañen a su familia, cualquier cosa. Se rumora que por allá cerca habita un hombre que hace cosas, protecciones, que puede darle cosas, que protejan a sus animales, a sus hijos,
12:49 a su casa, a sus tierras. Asà es que va y visita aquel lugar. Ya que el hombre le dice que sÃ, que sà puede. Pero que tiene que pagar algo. Por supuesto, aquel padre de familia dice cuánto tengo que pagar. No, no es dinero. No se paga con dinero lo que yo hago. Pero si te digo algo, lo que yo hago sà es real. Y sà protege tus tierras y tus animales. Pero tienes que pagar.¿ Y qué es lo que tengo que pagar?¿ Qué es lo que tengo que pagar? Aquel hombre, aquel campesino recio que habÃa logrado mucho, lo único en la vida que le importaba era sus hijos.
13:31 Asà es que se da la vuelta encolerizado y regresa a su casa. Durante el tiempo que sigue, vuelve a encontrarse con aquel hombre misterioso, quien le reconoce por haberse negado. No lo culpa, no lo señala ni mucho menos. Y él tampoco señala que el hombre ni hace nada. Llegan incluso hasta cierto punto... a tener una relación. Su hijo, de ese campesino, va creciendo. Es un buen hombre, es un buen trabajador, es un hombre fuerte, recio. Y tiene un amigo muy querido. Su amigo muy querido un buen dÃa le dice que le puede ayudar a proteger sus tierras.
14:15 Ãl se rÃe mucho y le dice protegerme, pero¿ de qué? Del mal, de las envidias, todo esto. Cuando se ponen a platicar, resulta que el amigo habÃa ido a aprender con aquel viejo al monte. Y ahora, en una segunda generación, venÃa a ofrecerle lo mismo. Y por supuesto, este hijo volvió a decir lo mismo. Nunca. Prefiero perderlo todo. Pero yo no voy a hacer nada que comprometa la vida de mis hijos. O más aún. Aquel amigo simplemente sonrÃe. Le dice, bueno... Yo te dije, no pasa nada. Y siguen las cosas. Y al igual que su padre hizo con aquel hombre del monte, el hijo con este amigo seguÃa siendo una buena persona. Si se lo encontraba en la tienda, tomaban una bebida juntos, platicaban, se reÃan, contaban historias de cuando niños y a veces... Cuando aquel otro empezaba a hablarle de sus cosas, le decÃa, no, no me platiques de eso. Mejor cuéntame de tu madre, de tu hermano, de tu tÃo, de aquel que se fue para el otro lado.¿ Cómo le está yendo? Y otra vez la plática se ponÃa buena y terminaban dándose un abrazo y cada quien para su casa. SabÃan que de esa forma nunca les harÃa daño. Eran amigos. Aquel sujeto, aquel amigo... Alguna vez se fue incluso a vivir cerca del cementerio. Todo mundo sabÃa por qué. Y cuando la gente comenzó a hablar y a decir cosas de que
15:46 iban a ir y lo iban a echar, ese otro, el amigo, el bueno, fue y lo defendió. Nadie lo va a tocar. Ãl sabe lo que hace. Ãl hace sus cosas y no se mete con nadie que no le pida meterse. Ãl no hace nada si ustedes no se lo piden.¿ Por qué? Tal y tal. Bueno, la vida sigue y cada quien sigue con su... Mundo. Y asÃ, los hijos de este hombre ahora tienen sus propios hijos. Y todos se han ido haciendo viejos. Aquel campesino que llegó hace muchos años fallece en edad muy avanzada. Su hijo ahora es un hombre mayor, serio, callado, centrado. Tiene un hermano, una hermana, tiene varias personas. Y cada uno de ellos a su vez tiene nietos que cuando se reúnen, bueno, es una fiesta aquello. Los chiquillos van y vienen y corren y brincan y se rÃen y todos ellos además tienen algo. Cada varón de esa familia tiene un extraño don.
16:48 Desde el abuelo, desde el primero que llegó, sabÃa de lo que le estaba hablando aquel hombre en la caverna, en la montaña, porque lo estaba viendo, sabÃa de qué se trataba y su hijo a su vez podÃa reconocerlo. Y por eso, aquellos tampoco les hacÃan nada, ni se metÃan con ellos, porque podÃan verlos, podÃan ver lo que estaba con ellos. Eso que les acompañaba, eso que les daba el poder, eso que les daba la fuerza, pero no los juzgaban. Cuando nació la siguiente generación, también tenÃan lo mismo. Por eso, aquella tarde fue tan extraña. El abuelo, el viejo, ya habÃa muerto. Y el brujo aquel, el curandero, como quiera usted llamarle, también ya habÃa muerto y lo habÃan enterrado. Y entonces llega la noticia de que el siguiente también habÃa muerto. Es el momento de velarlo. Pero no tiene quién. No tiene nadie. No hay una familia, no hay amigos, no hay nada. Salvo el amigo. Ese hombre, el campesino, el hijo del campesino, aquella generación que habÃa venido, pone su casa. Aquà se va a velar. Claro que el pueblo se pone, ¿cómo? Aquà se va a velar, era mi amigo. Y ordena que sea traÃdo aquà y que se le ponga en un ataúd. Y pide que vengan las señoras que rezan y pide que venga el cura y que se haga todo. Va a haber café,
18:20 va a haber pan, a la usanza de antes los velorios, con comida, quien venga es bienvenido y come, y si sobra se lo lleva. La gente empezó a llegar, con recelo, desde lejos. Allà sentados estaban los hermanos. Todos ellos habÃan sido amigos de ese muerto. Si hacÃa mal, si tenÃa pacto, ellos lo sabÃan, lo habÃan visto, lo conocÃan, sabÃan de lo que hablaban, porque lo sentÃan, porque podÃan percibirlo, verlo. Pero ahà estaban. Siempre dijo que con él no te metas y no se va a meter contigo. Los chiquillos, en cambio, es la fiesta. Están brincoteando por aquÃ, por allá, corren, van, se suben y de pronto llegan al corral. Y en el corral hay un montón de animales muy simpáticos. Hay cabras, borreguitos, chivos.
19:12 Hay varios caballos. Es un momento divertido porque más allá del funeral a estos chiquillos lo único que les importa es que son un montonal de primos que corren por todas partes, brincotean hasta que de pronto hay algo raro. Es un dÃa normal, es una tarde normal, no hay nubes en el cielo, no hay viento, no hay relámpagos y observan como los caballos empiezan a retroceder y van y se meten allá en el techito aquel donde está el pesebre dentro del corral. Luego notan como otros animales comienzan a retroceder y las gallinas comienzan a letear corriendo ágilmente hasta llegar a su gallinero en donde se encierran, cosa que nunca hacen de dÃa. La vaca con el ternero lo va empujando y lo va llevando también, allá a los pesebres donde se metieron los caballos y muchos de los otros animales corren en todas direcciones menos una cabra, que de pronto comienza a moverse muy raro. Comienza a hacer una serie de movimientos extraños, agitarse, brinca, arremete contra los niños que están detrás de la valla, de la barrera de madera, arremete y luego empieza a convulsionarse. Los niños corren obviamente y le avisan al abuelo. Abuelo, abuelo, la cabra, no sé cuánto. Y mira que asà y asà el abuelo los sujeta, los abraza y les dice no vayan para allá. Uno de los tÃos se levanta y dice yo me encargo y se va. Otro de los tÃos se levanta y le habla al abuelo. En la oreja algo pasa. Aquel hombre los abraza, los sujeta
20:44 fuerte y les dice que todo va a estar bien, que ahora que llegue la abuela se los va a llevar, que pronto ya llegará la abuela, que no pasa nada, que estén tranquilos y por supuesto que no miren para allá. Los agarra, los pega hacia su cuerpo, son chiquillos, tendrán unos siete u ocho años. Los está sujetando, pero uno de ellos es particularmente avispado y tiene ese don, esa capacidad de ver cosas raras. Ya ha estado sintiendo cosas raras todo este rato que está en los brazos del abuelo que lo sujeta cuando voltea. No puede evitar sentir un horror espantoso y gritar. Voltear a ver al abuelo y decirle, abuelo,¿ qué es esto? Cuando el abuelo voltea, lo mira. El niño empieza a explicarle, abuelo, tu amigo, tu amigo está sentado allÃ. Está sentado encima de su ataúd, pero hay fuego, abuelo, hay fuego y hay diablos. Y el otro niño que estaba ahà comienza a decirle están abajo del ataúd los diablos, los veo. El abuelo simplemente se levanta y lo saca. Cuando van saliendo trata de cubrirles la cara, pero uno de ellos puede voltear a ver y le dice tu amigo se está riendo. Dice ya tranquilos todos, tranquilos, no pasa nada, él ya estaba condenado, su alma ya estaba condenada, ya nada más estaba esperando para irse. Anden, anden, vayan con la abuela, en eso llega la abuela y se los lleva. Ya no volvieron allá.
22:10 Al dÃa siguiente el ataúd fue llevado al cementerio y dÃas después cuando le preguntaron al abuelo qué habÃa pasado, repitió aquello mismo. diciéndoles no pasa nada él tomó su decisión su alma ya estaba condenada nada más estaba esperando para irse eso fue lo que vieron aquel hombre tenÃa pacto siempre lo tuvo lo recibió del primero del amigo del anterior del agricultor que habÃa llegado primero pero estos hombres siempre fueron buenos y siempre cuidaron mucho de no meterse en problemas y de mantenerse al margen. DecÃan que cuando rociaron la caja con agua bendita, el cura en medio de sus oraciones, aquello comenzó a agitarse adentro y a patalear, aunque todos sabÃan que estaba muerto, o cuando las mujeres comenzaron a rezar el rosario y se escuchó aquel relámpago espantoso. Todos los medianos, los grandecitos, habÃan escuchado aquello y habÃan salido corriendo. No querÃa aquello, no querÃa que rezaran por él. Y lo peor es que aquella pobre cabra en el corral estaba destrozada. Cuando al dÃa siguiente volvieron, era como si algo lo hubiera agarrado y lo hubiera despedazado. Nunca supieron por qué, pero tampoco quisieron preguntar.
23:31 Porque a veces decir un nombre es invitar. Volvamos ahora a este lugar que le he dicho en otra región. Estamos en Michoacán, en un lugar que no vamos a señalar. Es una zona pobre, realmente pobre, en la parte central de México. Pequeñas casitas de madera con techos de lámina muy rústicos. Hay una familia que se ha sentado ahÃ, son varios miembros de la familia, cada uno de ellos ha traÃdo a su mujer, cada uno de ellos ha traÃdo a sus niños, lo que sea. Por allá en otra de esas casuchas vive el viejo que es el padre de muchos de estos. Una de esas mañanas, una mujer joven que ha contraÃdo matrimonio y que ha venido a vivir aquÃ, escucha algo raro en la casa de uno de aquellos viejos. Escucha como una especie de voz extraña, lamentos, ruidos, como si algo estuviera pasando, y decide acercarse y echar un vistazo. Cuidadosa, se aproxima a una pared de tablas de madera que tiene varias rendijas por donde se puede ver lo que ocurre adentro. Cuando acerca el ojo para ver de qué se trata, puede observar que aquel hombre,
25:03 padre de varios de estos hombres, familiares está de rodillas está desnudo de la parte de arriba y está golpeándose con algo como una especie de chicote al tiempo que mira hacia algo que está enfrente de él pero esta mujer no puede ver qué es no puede distinguir de qué se trata porque la rendija es pequeña y apenas alcanza a ver una parte de este hombre que se da severos golpes en la espalda golpes que incluso le llegan a sangrar la espalda ella lo está viendo particularmente impactada no entiende qué está pasando o con quién está este hombre a quién está haciendo esto quién lo está viendo pero alcanza a escuchar a través de aquella rústica pared de tablas como este hombre repite una y otra vez maldigo a mi familia maldigo a mi familia no sé cuánto y varias veces maldigo a mi descendencia al tiempo que grita voz en cuello, una y otra vez aquello.
26:02 La mujer se espanta y sale corriendo. Se encierra en su casita y no menciona nada. Y no lo mencionarÃa, sino hasta muchos, muchos años después, poco antes de morir, confesarÃa haber visto aquello.¿ Pero qué ocurrió? Bien, aquel hombre vivió Y vivió y vivió, ese sujeto al que esa mujer vio, maldiciendo y haciendo una especie de rito frente a algo que ella no pudo ver. Alcanzó a vivir 113 años.
26:42 SeguÃa completo, seguÃa bebiendo, enjuto, reducido, completamente reducido. SeguÃa caminando, ayudado por un bastón y con una pistola al cinto siempre. HabÃa sido un hombre muy malo toda su vida, malÃsimo. HabÃa matado mucha gente. Es más, habÃa estado en los Estados Unidos y habÃa tenido que regresar porque allá mató a muchas personas y lo buscaban. Y aquà no era la excepción. TenÃa dinero, pero no era eso. Lo que tenÃa es que a pesar de ser un hombre tan mayor, seguÃa teniendo mujeres. SeguÃa bebiendo en exceso, como si nada fuera.
27:22 PodÃa beber durante varios dÃas seguidos grandes cantidades de alcohol como si nada y a pesar de que él superaba la edad promedio de cualquier hombre mayor. SeguÃa teniendo una vida totalmente disipada y desordenada y de mucha violencia porque aún siendo un anciano se sabÃa que habÃa vuelto a matar. En un pleito por una prostituta habÃa vuelto a matar. Pero por supuesto que habÃa un secreto. Y ese secreto era el pago. Uno de sus hijos trabajaba para la mafia y lo asesinaron en un enfrentamiento con las autoridades federales cayó rendido. Varios disparos acabaron con su vida. Otro de sus hijos fue ingresado a una prisión en donde encontró el final de sus dÃas. Otro más formó una gavilla de delincuentes que finalmente fue asesinado también. Pero ahà no termina la historia, porque también los sobrinos de aquella mujer y los descendientes de los hijos de aquel hombre, corrieron la misma suerte. Y conforme iban pasando los años, estas generaciones iban perdiendo a sus varones en la violencia.
28:45 En esa violencia que carcome a este paÃs, al igual que a muchos otros paÃses nacionales, iban muriendo y de pronto uno lograba ser cabecilla de un grupo, de alguna célula delictiva, de algún grupo de mafiosos, pero en un ataque, en un asalto, en una emboscada, morÃan todos. Pero no solamente uno, sino que ese uno habÃa ido a reclutar a sus parientes y todos esos varones morÃan. Y esa mujer que vio eso, Vio cómo iban muriendo cada uno de aquellos jóvenes que ella conoció como jóvenes y después vio cómo murió cada uno de los hijos de aquellos.
29:26 Hasta el punto en el que finalmente en ese lugar ya no estaba nadie de esa familia porque todos tuvieron que irse. Por el temor de que siguieran muriendo las personas. Es algo importante mencionar que de esa rama de la familia ya no hubo más descendencia. Porque todos murieron de forma violenta. Todos los varones murieron de forma violenta. Y entonces llegó el dÃa de que este viejo también muriera. Una buena tarde lo encontraron muerto dentro de su casa. como si nada, allÃ, pequeño, enjuto. Todos los hijos, nietos, demás, eran personas enormes, personas que superaban los dos metros de altura y enormes, corpulentos, imponÃan. Y ese hombre habÃa sido también asÃ, pero al llegar a más de 110 años, ya era una cosa muy pequeña que apenas pesaba unos 30 kilos.
30:31 Lo llevaron a sepultar, hicieron un ataúd, lo metieron Y las cosas se pusieron muy extrañas, porque también al intentar realizar un funeral, comenzaron a escucharse ruidos, lamentos, gritos, llantos, hasta el punto en el que el sacerdote optó por detener aquello. Asà de grave era. Todos sabÃan que aquel viejo tenÃa algo. No habÃa perdón para él. Y entonces llegaron los conocidos, la gente del pueblo, e intentaron levantar el ataúd, pero no se podÃa. No lo podÃan levantar entre ocho hombres, no podÃan mover una caja de madera que contenÃa los restos mortales de un hombre que ya no pesaba más de 30 kilos y no lo podÃan levantar.
31:18 Hasta que el sacerdote roció con agua bendita cada esquina, lo pudieron levantar y llevarlo cargando al camposanto. Pero cuando llegaron allá, no lo podÃan meter, no entraba. como si algo lo detuviera, intentaban bajarlo y no podÃan, se atoraba, se giraba, como si ese cuerpo de ese hombre no quisiera estar en esa tumba. Una y otra vez, llegó incluso a caérseles el ataúd y se abrió saliendo los pies. Otra vez llegó el cura, hizo sus bendiciones, roció todo, y entonces lo pudieron meter. Y más de uno pensó por ahÃ, es que no querÃa ir a la tumba.
31:59 Más de uno opinó, es que no querÃa morir. Más de uno consideró que eso y sus restos mortales no eran un hombre. Era algo que habÃa sido ocupado hacÃa muchÃsimos años atrás por voluntad.¿ A cambio de qué? Vida larga, mujeres, alcohol, vida disipada, violencia, yo no sé. El hecho es que lo tuvo. Y eso costó la vida de toda esa generación, de todos esos descendientes, hasta que no quedaron. Y al no quedar más, el trato ya no se podÃa seguir cumpliendo y murió.¿ Usted qué pensarÃa? Este relato nos ha impactado mucho. Nos lo ha compartido Pedro. Nos ha pedido no dar ningún dato en particular y respetamos aquello. Pero es un relato muy impactante. A veces hay quienes buscan esto también. Y se cobró con la vida de otros.
33:00 Larga vida ¿Vicios? ¿Perdición?¿ Vaya usted a saber qué estarÃa pensando aquel viejo? Y sobre todo,¿ qué se imaginarÃa que pasarÃa al final?¿ Qué le esperaba? Este relato continúa. que vamos a compartir ahora, nos lo ha compartido una persona también de la Ciudad de México, del Estado de México. Es una persona que nos ha pedido el anonimato, lo respetamos mucho. Nos cuenta una historia de un tÃo suyo.
33:43 El tÃo vivÃa en un poblado del Estado de México y era un sujeto conocido por ser un tipo divertido, un tipo amable, un tipo agradable, sonriente, amiguero, pero no muy trabajador. De hecho, era bastante perezoso. Pero le gustaban mucho las cosas buenas. Le gustaba tener dinero, comprar ropa bonita, invitar a los amigos, poder organizar algo, pagarlo. Era una persona a la que le gustaba la buena vida, un bon vivant. Un caballero en toda la extensión de la palabra. Al que no le gustaba trabajar. Y que, por cierto, tenÃa un problema en una pierna. Desde que el chico que nos cuenta la historia recuerda a su tÃo, siempre tuvo un problema en la pierna. Caminaba con dificultad, una rodilla parecÃa no funcionarle, lo que hacÃa que al caminar cojeara fuertemente con una pierna, y esto además le provocaba dolores constantes. Pero eso no hacÃa que fuera menos divertido.
34:45 El problema es que Tampoco era muy próspero, por lo que habÃa que llevarlo constantemente al médico. Los tÃos, los hermanos, los parientes lo llevaban, lo atendÃan. Este joven recuerda que su mamá a veces iba a visitar al tÃo y era muy agradable. Pero en una de esas ocasiones, cuando fueron a visitarlo, el tÃo estaba particularmente desconsolado. Cuando la mamá preguntó por qué. Aquel hombre reveló que, bueno, habÃa ido con un brujo y el brujo le habÃa dicho que le habÃan hecho un daño, un daño enorme, que lo que tenÃa en la rodilla era un hueso de pollo que le habÃan insertado unas brujas y que por eso no podÃa salir adelante y que no podÃa resolverlo porque, bueno, aquel hombre le habÃa dicho que necesitaba muchas cosas, pero una de ellas era que fuera a una cierta cueva pidiera perdón e hiciera unos rituales pero no se acordaba cuál cueva cuando la mamá de este chico le preguntó y por qué una cueva aquel hombre mejor detuvo la plática y punto solo recordaba que le habÃa dicho que siempre tuviera aguardiente y muchos dulces que regara dulces por la casa y siempre colocara aguardiente dentro de la casa porque si aquello volvÃa que tuviera en donde tal parece que no funcionó muy bien porque las cosas siguieron muy mal Lo extraño es que este hombre a veces tenÃa tanto dinero y luego lo perdÃa. Se sacó la loterÃa. SÃ,
36:18 la LoterÃa Nacional de México ganó mucho dinero en sorteos, en apuestas, en rifas. Siempre era el que ganaba. Si alguien rifaba algo, de lo por hecho que se lo ganaba, auto, lo que fuera. Pero al poco tiempo ya no lo tenÃa. Abrió un negocio y le iba de pelÃcula. Ganaba muchÃsimo dinero, pero conforme lo ganaba lo iba perdiendo hasta que ya no podÃa sostener el negocio y lo cerraba. Después tenÃa otros problemas y con dinero siempre era un problema porque ganaba mucho, pero ya no lo tenÃa y de pronto ya no pudo trabajar, ya no podÃa caminar. El dolor era tremendo. El papá de la persona que nos compartió la historia lo llevó con un médico especialista que le hizo una serie de estudios, resonancias y finalmente le dijo que tenÃa un hueso allà y que urgÃa arreglarlo, porque si no le tendrÃan que cortar la pierna. Lo operaron y lo que sacaron fue una especie de fragmento de hueso humano. A decir del médico, la cabeza del fémur se habÃa fragmentado y eso era el problema. Lo sacaron, pero eso no resolvió nada. Siguió cada vez peor, cada vez peor, hasta el punto en el que un buen dÃa falleció.¿ Qué fue lo que lo mató? Buena pregunta.
37:38 Llegó el momento del velorio y comenzaron a llegar las amistades, uno tras otro. Y en una de esas pláticas, alguien que fue al velorio comentó una historia extraña. Se la platicó a los papás de este muchacho, diciéndole que él se habÃa alejado un poco del pariente aquel, no porque no lo quisiera, no, nada de eso, le tenÃa mucho aprecio, pero le daba miedo. Cuando le preguntaron por qué le daba miedo, aquel hombre reveló que muchos años atrás, cuando eran unos chamacos de unos 20 años, alguien les habÃa dicho que allá en el cerro, en una cueva, estaba el maligno, ese de los cuernos y la cola, y que fueran allá a pedirle dinero. Fueron allá, pero él no entró.
38:34 El que entró fue ese que estaba en la tumba, el difunto, el muerto. Se acercaron a la entrada de la cueva y cuando iban a cruzar, El amigo dijo, yo no entro, a mà me da miedo. Pero este sà entró, cruzó, se metió y empezó a gritar voz en cuello como loco. Dame dinero, fulano de tal, el nombre del maligno que no voy a mencionar. Dame dinero, quiero dinero, ándale, aquà estoy, dame el dinero. Una y otra y otra vez. Extraño. El amigo aquel que le habÃa acompañado se espantó y se echó a correr y ya después no querÃa verlo. A partir de ese momento, sin embargo, ese pariente, ese que ahora estaba en la caja ahà velándolo, empezó a tener mucho dinero, pero tal como llegaba se iba y fue cuando empezó a cojear.
39:30 Cuando volvieron de la cueva iba cojeando.¿ Y sabe por qué? Porque a veces el pacto Si no se hace el trato de entregar a alguien, hay que llevar una marca. Es lo que dice la leyenda, es lo que dicen los antiguos relatos, que te marca. Te pone la marca, te deja cojo o te deja manco o te deja apagado un ojo. Pero además, el enemigo es muy tramposo. Y asÃ, como este muchacho entró pidiendo, dame dinero, dame dinero. El dinero se lo dieron, lo demás no. Porque asà juega este. Cuando el brujo aquel le dijo vuelva a la cueva y pida perdón, el problema es que no se acordaba en dónde estaba la cueva a la que fue a hacer eso y nunca pudo echar para atrás el trato. Y por último le voy a contar un relato de locutores. que nos compartió un amigo hace años.
40:40 En cierta ocasión, este amigo hacÃa un programa similar al de Relatos del Lado Oscuro. En las noches, se reunÃan en un espacio radiofónico en una cabina y contaban historias y narraban sucesos. En cierta ocasión, tenÃan un invitado especial. Este invitado especial venÃa a una especie de mesa de debate. Iban a hablar sobre fenómenos demonÃacos. El invitado especial era un ministro de culto, un hombre al que muchos considerarÃan un hombre santo. Por lo menos es lo que nos dijeron, nosotros no lo conocemos. El asunto está en que comienza aquello, se saludan, platican, y el compañero de cabina de este amigo Comienza a narrar el suceso. Una y otra vez, con el dramatismo propio de una de estas historias que acabamos de compartir, en medio de la soledad de la noche en una cabina, aquel sujeto va repitiendo la historia y contando cómo se apareció este, dando el nombre. Y cómo durante el rito de liberación se habÃa podido pronunciar por voz de aquel endemoniado el nombre de la entidad que le estaba afectando y volvió a repetirlo una y otra y otra vez hasta que de pronto algo ocurrió ahà dentro. Según narraba este amigo, contaba, notaron que el ambiente en general estaba rarÃsimo. SentÃan por un momento la
42:12 falta de aire, sentÃan por un momento mucho calor, sentÃan que de pronto la mesa vibraba, de pronto la puerta de la cabina comenzó a vibrar como si hubiera un sismo, pero no habÃa tal, simplemente era una vibración tan rara hasta el punto en el que comenzaron a sentir verdadero temor. Y entonces se levantó aquel hombre, el ministro. Era un hombre relativamente joven, no muy alto, no muy impactante, era un hombre más o menos bajito. con su guayavera, que es una camisa blanca muy sencilla, como para el trópico, estaban en un lugar tropical cerca de Veracruz. Se levantó, pidió silencio, interrumpió todo, detuvo a aquellos dos que estaban hablando y entonces comenzó a hablar. Según contaba este conocido, en el momento en el que abrió la boca y empezó a orar, sintieron como si de pronto todo esto estallara como si fuera una bomba que estallaba porque la voz de este hombre hizo vibrar peor todos los vidrios la cabina el tipo que estaba ahà con los controles salió disparado se echó a correr no se quedó inclusive dejó de meter los comerciales por el miedo que le provocó aquello porque cuando este hombre de apariencia bajita menuda comenzó a hablar todo empezó a temblar todo empezó a vibrar y al momento en el que dijo la sangre de Cristo tiene poder, la sangre de Cristo me envuelve y por el poder que tengo y tal y tal
43:43 y tal libero este espacio no sé qué, decÃan que afuera comenzó a haber relámpagos, viento en una noche despejada no habÃa tal, comenzó a haber esta situación y el muchacho que habÃa estado contando la historia y si que habÃa estado torpemente repitiendo los nombres cayó al piso como si tuviera un desmayo o algo asà El ministro aquel, sin importarle que los micrófonos estaban abiertos o lo que estaba ahà ocurriendo, se arrodilló y empezó a hacer oración por ese joven y su voz parecÃa estar siendo transmitida por un altoparlante gigante. La gente que lo escuchaba en el radio a través de esas ondas le bajaba el volumen porque hacÃa vibrar las bocinas y era un hombre pequeñito.
44:30 Unos minutos después se levantó, se acomodó un poquito y Dijo, bueno,¿ qué les parece si ponemos música? Y el programa terminó. Y ese muchacho jamás volvió a hablar de estos temas. Y nuestro conocido, en alguna ocasión, nos hizo favor de comentarnos. Nunca digas los nombres. Porque los nombres, si los pronuncias, es como si lo estás invitando.¿ Usted qué pensarÃa de todo esto que le he contado ahora? Después de compartir estos sucesos o estos relatos, déme oportunidad de mandar algunos saludos.
45:12 Pero antes, permÃtame usted. Camelia Navarro, cumpliendo años. Las gemelas Klaus y Adriana Medina, interesante. Nos acompañan ambas. La abuela Julia, que también está cumpliendo años. Saúl Leonardo. Marta Treviño. Soledad Fernández, desde Argentina. Guillermo, también desde Argentina. Antonio Ballesteras Ocar, un venezolano que está en España. Betty Zambrano. Evalú y Steven Méndez, que están en Costa Rica. Eduardo DÃaz y su pequeño, Santiago, que es un chiquillo que sigue cuentos de bandera blanca, pero por esta ocasión van a dejar escucharle el saludo que le estamos enviando y un fuerte abrazo por aquà tengo un saludo muy especial para un amigo muy especial carlos barragán nuestro amigo el doctor una eminencia un hombre sabio tanto en lo fÃsico como en lo espiritual un hombre que vive en el paraÃso en las montañas en la parte de la cordillera de los andes en mendoza en argentina un hombre inteligente y que nos honra a nosotros en este programa, acompañándonos. Le mandamos un fuerte abrazo, doctor.
46:39 El mundo lo está esperando, no lo olvide. Hay que volver. Necesitamos más doctores Barragán para que la gente esté bien. También, por supuesto, Gerardo Holt, que saluda a su novia Brenda. Ãl la ama con locura, según nos cuenta, y eso es motivo de fiesta, porque están cumpliendo un año de novios. Un abrazo. RocÃo Cabezas Hidalgo y Alberto Salazar, que nos acompañan desde Costa Rica siempre. Stella, ella está en Uruguay y cumplió años recientemente. Y Javier, la felicito enormemente, están en Canelones, un lugar bellÃsimo. Sakura Alferes, ella entra a la carrera de mercadotecnia y su padre, por cierto, un conocido que sabe mucho de estos temas, un hombre de luz.
47:27 Israel le manda una enorme felicitación. Ellos están en Chiapas. Tita Luna, amiga, seguidora del canal que siempre está pendiente, le manda una enorme felicitación a Francisco. Ellos han llegado recientemente de visitar las playas mexicanas de Cancún, en donde no obstante estar en el paraÃso, prendÃan el teléfono para escuchar relatos del lado oscuro. Un abrazo a ambos. Aders Jefferson López y Jacqueline Ospiña, que están en Colombia y son fieles seguidores. Queremos felicitar a Jorge. De parte de Sandra, que es su esposa, él cumplió años y está en Argentina y nos dice algo muy bonito. Lo ama con locura.
48:09 Para siempre. También a Julio Cristian, que cumplió años. Su padre... Gustavo López lo felicita enormemente. A veces, y solamente a veces, ven juntos el programa, porque hay cosas que no son para todos. Muchas gracias a todos. Muy buenas noches. Hasta pronto
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