Historia de un exorcista, el viejo sacerdote || Relatos del lado oscuro
El exorcismo es un sacramental de la Iglesia Católica por el cual la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra el poder del Maligno y liberado de su dominio. Su objetivo principal es expulsar demonios o liberar de la posesión demoníaca mediante la autoridad espiritual que Jesús confió a su Iglesia (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1673).
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0:00 Seguramente usted habrá oÃdo hablar acerca de aquel caso de la Biblia, el caso del endemoniado gadareno, o los endemoniados gadarenos, dependiendo de qué libro sea el que se lee, de qué evangelio sea. En estos, la crónica nos cuenta cómo Jesús baja de una barca a la orilla y se le informa que existe un sujeto que está ocupado por demonios. Suele vivir desnudo en medio de las tumbas y es muy agresivo, ataca a todo el mundo. Cuando Jesús se acerca a aquel sujeto, de pronto una serie de voces surgen de este cuerpo humano, pero no son voces humanas, son voces que provienen de seres espirituales que ocupan aquel cuerpo, demonios, que piden clemencia para que Jesucristo no los mande de regreso al infierno. y piden encarecidamente ser enviados a una piara de cerdos que está por ahÃ. Cuando Jesucristo pregunta cuál es tu nombre, ellos responden somos legión, refiriéndose a que son muchos los que ocupan aquel cuerpo. Acto seguido Jesucristo ordena que salgan y vayan para allá. Ocupan los cuerpos de los cerdos que salen corriendo y se desbarrancan por una cañada hasta llegar al lago en donde mueren ahogados.
1:25 Y por lo tanto, los demonios quedan liberados para vagar. Sin embargo, cuando la gente del pueblo se da cuenta de esto, vienen a ver y encuentran al endemoniado contento, platicando, normal, sano, totalmente curado. Pero tienen tanto miedo de lo que han visto que le piden a Jesucristo que se vaya. En lugar de recibirlo con vÃctores y con alegrÃa, les provoca miedo su sola presencia. Y eso mismo ha ocurrido durante muchos años. Creo yo que siempre que alguien se presenta y se sabe que es un exorcista, existe una especie de rechazo automático. No sé muy bien por qué, pero nos da miedo. Nos da miedo su sola presencia. Porque es ese que combate al enemigo, pero siempre queda marcado.
2:20 O por lo menos, de alguna forma, El hecho de estar en contacto con esto nos provoca miedo. Quizá después de escuchar este relato, entienda usted un poco más. Quizá,¿ por qué ese miedo en parte podrÃa ser justificado y en parte no? Acompáñeme. Relatos del lado oscuro Fantasmas Seres extraños Sucesos inexplicables. Perversidad humana. Historias que otras mentes prefieren ignorar.
3:02 En los años 60 en la Ciudad de México, un hombre fallecÃa. Era un sacerdote. Todo el mundo lo conocÃa como el Padre Hans. Era una forma de llamarle en realidad. Su nombre es totalmente diferente, pero no lo vamos a decir. Era un sujeto de gran altura, por lo menos un metro noventa. Se comprende que fue muy robusto en algún momento de su vida. Grandes espaldas, manos enormes, la cara revelaba pómulos fuertes. Cabello extraordinariamente corto, siempre que en algún momento fue muy rubio, pero con el paso de los años se convirtió en algo blanco. Los ojos profundamente azules, casi llegando a color gris. Pero su apariencia. Su apariencia distaba mucho de ser lo que en realidad era. Aquel hombre tendrÃa unos cincuenta y tantos años. Pero su apariencia era casi cadavérica. Los ojos generalmente hundidos. La mirada lejana. Silencioso, caminando despacio. Los pómulos cada vez más salientes, las mejillas consumidas, la boca convertida en apenas una ranura. Las noches eran extrañas.
4:25 Siendo miembro de una congregación religiosa y sacerdote en funciones, resultaba extraño ese silencio, ese caminar lento. En las noches, como le decÃa, no dormÃa. Cualquiera de los compañeros del monasterio sabÃan que no dormÃa, que pasaba la noche en oración, sumido en sus propios terrores, en sus propias historias, en sus propios pasados. Alguna vez alguien le preguntó qué le atormentaba, y su respuesta fue que el tiempo no pasa lo suficientemente rápido, en alusión a que deseaba que su paso por esta tierra terminara lo más pronto posible. no era muy comunicativo. Quienes le conocieron sabÃan que no era comunicativo, no contaba cosas, no hablaba de lo que habÃa vivido, aunque alguien se lo preguntara. Cuando un chico se acercó y le dijo, usted estuvo en la guerra, nunca contestó y se limitaba a reÃr un poco y a decir, preocúpate de tu futuro, no de mi pasado. Pero además de eso, poco se sabÃa. No era alguien que dijese con facilidad Nada de sà mismo, porque su pasado era extraño.
5:44 HabÃa llegado a México unos 10 años atrás, quizá un poco más. Cuando llegó, sin embargo, ya parecÃa ser un hombre muy mayor. Aún cuando a su llegada tendrÃa unos cuarenta y tantos años. La realidad es que su apariencia era de una persona mucho mayor. El rostro era muy ajado, muy cortado. Las manos presentaban un deterioro extraño. Y a pesar de ser un hombre relativamente joven, tenÃa aquel extraño temblor siempre, siempre, siempre, siempre. Y la mirada distante. Cuando se sumÃa en sus pensamientos podÃa ver mucho ruido a su alrededor y no se distraÃa.
6:24 Y el único momento en el que algún esbozo de alegrÃa habÃa en su rostro era cuando escuchaba los gritos de los chiquillos corriendo detrás de una pelota y riendo. Cuando alguien le preguntó, usted juega, padre. Su respuesta en aquel español mal hablado fue, cuando joven disfruté del fútbol y veÃa cómo corrÃan y alguna vez, aseguran, lo vieron levantarse para celebrar el triunfo del equipo de la escuela en la que participaba como maestro. Le habÃa dado un curso, algo, participaba en aquella escuela dando clases de algo. Su español no era muy fluido, pero era un hombre lúcido y con grandes conocimientos de la historia. Y sin embargo, ocultaba algo.
7:12 Era obvio que ocultaba algo. Algo en su pasado.¿ Por qué estaba aquÃ?¿ Cómo es que estaba aquÃ?¿ Quién habÃa sido?¿ De dónde habÃa salido? Alguna vez, mientras caminaba por los pasillos de la escuela, una escuela privada en la Ciudad de México de mucho prestigio, no me pregunté cuál, no se lo puedo decir. Pero caminando por aquellos pasillos, un grupo de jóvenes, probablemente de uno de los grados más altos, preparatoria probablemente, sabiendo que el padre Hans era alemán, hicieron un ademán ridiculizándolo. Quizá una burla estúpida, pero el hecho es que cuando el sacerdote cruzó frente a ellos, a sus espaldas, uno de aquellos jóvenes levantó la mano haciendo alusión a una famosa señal que hacÃan los nazis en la Segunda Guerra. El padre Hans se dio cuenta.¿ Cómo lo pudo ver?¿ Quién sabe? El hecho es que se dio cuenta y, molesto, le pidió a los jóvenes aquellos que le acompañaran. Por supuesto, temerosos de una reprimenda, jamás se imaginaron que aquel sacerdote los sentarÃa y, para asombro de otros miembros de aquella congregación que llegaron, les platicarÃa algo de su vida. Aquel silencioso fraile que parecÃa tener 70 años, cuando tenÃa muchos menos, les revelarÃa algo que ninguno de aquellos jóvenes olvidarÃa y que durante el resto de sus
8:45 dÃas tendrÃan tan presente y volverÃan a platicarlo. El padre Hans los sentó. Todos fueron a su lugar. Silenciosos esperaban una reprimenda, algo clásico de una escuela religiosa donde les dirÃan cómo el diablo, el infierno y todo aquello, pero lejos de esto. Hans comenzó a platicarles de su propia vida. Ãl habÃa nacido en algún momento de 1910. Pero muy pronto, siendo apenas un chiquillo, su padre murió en la guerra. La primera guerra mundial. Ãl habÃa nacido en BerlÃn, en Alemania. Su familia era una familia católica. Tradicional, común y corriente. Papá, mamá, un par de hijos. El hecho es que su padre va al frente y muere. Pero no solo él, sino prácticamente todos los hombres de la familia murieron. durante la Primera Guerra Mundial. Su madre quedó sola y, temiendo lo peor, comenzó a inculcar en él el fervor religioso. Años después, cuando tendrÃa unos 15 años, ingresa al seminario. Era la solución lógica.
9:51 Su madre sabÃa que volvÃan a soplar vientos de guerra y que en algún momento se abrirÃa otra guerra y volverÃa a haber soldados en el frente y que su hijo morirÃa en el frente. Pero si en lugar de ser soldado se dedicaba a luchar por las almas de los demás, estarÃa salvo. Por lo menos es lo que su madre pensaba y siempre lo apoyó en esa idea, aunque en realidad él tomó la vocación por moto propio. Era su deseo. Y asà ingresó muy pronto en el seminario. Y con unos 20 años iba muy avanzado. A los 20 y tantos años era sacerdote. Con su metro noventa de altura, una complexión impresionante, atlético, deportista, corredor, amante del fútbol con locura y frenesÃ. SolÃa organizar torneos. Cuando le dieron una parroquia, organizaba torneos. A él no le importaba nada de nada.
10:45 No sabÃa si este era de un partido, si este era de otro, o si era de otra religión. Todos jugaban con una pelota como niños pequeños. Cuando llegaron aquellos otros, los extraños, Aquellos que comenzaron a hacer alboroto, a golpear, a discriminar, a romper, a atacar. Ãl se limitaba a seguir haciendo oración por todos y no le importaba a quien cruzaba la puerta, siempre tenÃa una bendición, una sonrisa y alguna palabra sabia. Los tiempos fueron difÃciles, por supuesto. Para 1939, cuando empieza la guerra, algunos de sus viejos conocidos tuvieron que ir a la guerra e ingresaron al ejército. Y muchos de ellos pasaban a verlo, a pedir la bendición, a pedir unas palabras de consuelo. SabÃan que irÃan al frente, algún frente, en algún frente estarÃan. Y no habrÃa quien los ayudara espiritualmente. Y todo esto se le fue sumando.
11:46 Y pronto, cuando vio pasar frente a su iglesia, a conocidos, parientes, amigos, compañeros del fútbol, niños que jugaron con él ahà en el campo. y los veÃa ahora pasar enfundados en un traje gris que daba la idea de tristeza. Algunos otros iban con una gorra muy elegante, vestidos de negro, pero esos no solÃan hablar con él, esos parecÃan vivir en otro mundo, estaban lejos. A él le preocupaban estos, los chiquillos que marchaban con su traje gris, sonrientes, bromeando, jugando, y que pasaban a verlo, a pedirle la bendición, y él no podÃa hacer otra cosa, y entonces contaba que él tomó una decisión. Y se volvió capellán, capellán de la Wehrmacht, el ejército regular alemán. No, él no era de esos locos, como les llamaba, vestidos de negro con calaveras.
12:41 Ãl era capellán del ejército. Y pronto también marchó al frente. Y en el frente conoció lo que era el horror, porque su trabajo consistÃa en acompañar a los soldados. Usted pensará que locura, pero no. Simplemente ayudarlos a bien morir, darles la tranquilidad espiritual, que partieran en calma. Era algo extraño. Le chocaba por una parte la idea de estar bendiciendo a un hombre que iba a matar a otro hombre, pero al mismo tiempo pedir a Dios porque esto no ocurriera, porque salvara las vidas y las almas de estos hombres. Se hizo famoso, ¿sabes? en el regimiento y en la unidad y en la compañÃa donde estaba, la gente venÃa a pedirle ayuda porque habÃa un soldado herido. Y¿ sabe qué era lo peor de todo? Es que era muy criticado también por los mandos porque no tenÃan pacho en darle la bendición a un soldado enemigo, a un polaco, por ejemplo, que habÃa luchado y que habÃa caÃdo. Darle la bendición a una madre que lloraba junto al cuerpo de un hijo. También. Pero ahà también conoció el horror de la guerra. Ahà fue donde comenzó a perder la sonrisa, donde comenzó a perder... La juventud de la piel donde sus ojos comenzaron a hundirse porque de pronto fue enviado al frente oriental. Operación Barbarroja. Cuando los alemanes invadieron la Unión Soviética, él estuvo ahÃ. Ãl acompañaba a las tropas y él pudo ver directa y claramente las aldeas ardiendo.
14:11 las madres quemándose con sus hijos dentro de las aldeas, los hombres siendo colgados de los árboles por esos mismos muchachos a los que acababa de darles la bendición y después encontrarlos muertos. Como aquel dÃa que aquel jovencillo rubio, sonriente, enfundado en un traje de tanquista, vino corriendo a pedirle la bendición para su tanque. Acababan de enviarlos al frente, eran muchachos de 20, 22 años, no podÃan pasar de ahÃ. Eran muy jóvenes. QuerÃan que fuese y con agua bendita hiciera una oración sobre su tanque para que Dios lo protegiera. Y él les dijo que no. Que él no podÃa dar la bendición a una máquina que matarÃa a otros.
14:54 Que lo más que podÃa hacer era darles a ellos la bendición y pedir porque Dios los librara de cometer una atrocidad. Momentos después, cuando la unidad comenzó a avanzar y él recogió sus cosas y comenzó a caminar detrás de los soldados, Apenas cruzando una zanja, no más de un kilómetro de donde habÃan estado, estaba aquel tanque ardiendo. Y en el interior, carbonizados, reducidos a masas negras, desprendiendo humo, estaban aquellos jóvenes. Aquel chico que le habÃa saludado tan alegremente y pidiendo la bendición, ardÃa ahà dentro. Después estuvieron los otros horrores. Cuando llegaban y juntaban a la gente y los mataban, no entendÃa qué ocurrÃa.¿ Cómo es que aquellos jóvenes que antes habÃan estado con él jugando fútbol cuando eran chicos, ahora podÃan masacrar a una familia? SÃ, no todos eran eso. Muchos eran objetores, muchos no lo hacÃan, muchos eran grandes personas que habÃan tenido que ir al frente, al igual que él. Otros, sin embargo, parecÃan cambiar radicalmente y de ser aquel muchachito... Que iba corriendo en pantaloncillos cortos a traer los mandados de la mamá. Y que después iba al coro de la iglesia y cantaba. Y después se iban de ahà a jugar fútbol. Porque todos iban a eso. Porque iban a la iglesia primero. Sonaban la campanita, echaban el incienso, hacÃan lo que tenÃan que hacer.
16:21 Y después, ansiosos, salÃan corriendo detrás de un balón. Porque era la diversión que habÃa.¿ Y ahora? Ahora tenÃan el rostro manchado por la pólvora. por el humo, por el fuego de las casas que ardÃan, por las madres que lloraban, y él estaba ahÃ. Y en cada ocasión pedÃa lo mismo, que Dios nos ayude a que no cometan nada malo, salven sus almas más que sus vidas y cosas asÃ. Contó todo aquello para que estos jóvenes entendieran que no todo el alemán era un nazi, que no todos los soldados alemanes hacÃan atrocidades y que no todos habÃan levantado la mano en señal. alusiva a aquel tipo. Por supuesto que la plática se prolongó por mucho rato y cuando terminó todos estaban con la mirada asombrada, más de uno con lágrimas en los ojos pidiendo perdón. Pero ese no era el único secreto del padre Hans. Lo que pocos sabÃan es que el padre Hans habÃa vivido una experiencia más en aquellos territorios, su primer encuentro con el demonio.
17:32 Asà como se lo estoy diciendo. Su primer encuentro con el demonio ocurrió en 1942. Eso se lo relatarÃa a otro joven que posteriormente se volverÃa exorcista y que años después llegarÃa a ser un hombre santo. En aquella plática, después de platicar todos los horrores de la guerra y mientras bebÃan una taza de té, ojo, Hans dejó de tomar café para siempre y solo tomaba té. mientras compartÃan la taza de té aquel joven seminarista en aquel entonces comentó con el padre Hans que habÃa sido algo muy impresionante escucharlo y que le gustarÃa saber más de aquello a lo que Hans con la mirada clásica ojos hundidos, aquella mirada rara le dijo que no serÃa buena idea porque si estaba buscando la verdad y la encontraba tendrÃa que apegarse a ella y era algo de lo que no se podÃa escapar nunca deseoso de servir Al de ahà arriba, aquel joven insistió en que le platicara qué es lo que habÃa visto en los ojos de aquellos soldados que se desquiciaban y que eran capaces de convertirse, después de haber sido el chico de los pantalones cortos, en aquel energúmeno que mataba, quemaba. Y entonces comenzó la plática más extraña que jamás habÃa oÃdo en su vida. 1942, Frente Oriental.
18:51 Alguna de tantas aldeas. Ha llegado... la unidad en la que sirve como capellán. Han montado varios puestos de sentinelas, han desalojado la parte central de restos, han limpiado todo. Solamente quedan paredones de una capilla. Alguna bomba, algún cañonazo ha destruido la mayor parte de aquella iglesia, probablemente ortodoxa. Es muy probable que hubiera estado abandonada desde antes. Ya están en territorio comunista. Asà es que probablemente no habÃa ahà ningún servicio, pero aún queda parte de un retablo hermoso en la cúpula, en el interior, de la parte que queda. Algunos restos de algunos muebles, algo. El hecho es que cuando llega siente la necesidad de acercarse, de sentarse un momento en los escalones de lo que fue un altar. de hablar consigo mismo, de hablar hacia allá arriba, hacia el cielo. No sé, algo lo lleva a sentarse ahà y él mismo no puede explicar qué fue lo que lo atrajo. En lugar de ir al comedor a buscar algo de comer, a buscar un sitio donde asearse, simplemente sintió el llamado de ir en aquellos paredones y sentarse.
19:57 Y minutos después de haber llegado a ese sitio, aparecen varios soldados llevando a un compañero. Cuando levanta la vista y escucha los gritos y el alboroto, Observa este grupo de soldados con los rostros ennegrecidos por el hollÃn de algún combate bravo, de alguna cosa terrible que han vivido y entre ellos. Llevan, sujetándolo por los pies y las manos, a otro joven que se retuerce y vocifera como loco, como energúmeno. Está desquiciado por completo. Cuando se acercan le piden ayuda. Al ser un capellán tiene rango, por lo que pregunta qué ocurre. Y uno de aquellos jóvenes, no mayor a unos 19 años, le dice que éste está como loco, que algo le ocurre. Cuando lo acercan, sin embargo, el padre Hans sintió por primera vez aquello. El golpe. El golpe, el golpe, él lo decÃa como un golpe, como si te pega un coche, como si de pronto te cae encima algo, la pared, el techo, todo te cae encima.
20:59 Sientes ese golpe que te tira y te hace retroceder porque estás viendo que encima de ese cuerpo se ven otras figuras. No solo es un cuerpo. Ãl veÃa a los jóvenes que sujetaban fuertemente, varios sujetaban a este energúmeno que se retorcÃa, pero mientras se retuerce él puede ver no solo el cuerpo de este joven, sino cosas que se mueven a su alrededor como si estuvieran rodeándolo, sujetándolo, entrando, saliendo. Son cosas, no puede dejar de verlo, es tal la impresión que lo hace caer de espaldas. Uno de los jóvenes que viene acompañando de estos soldados rasos, corre y lo sujeta y le dice,¿ está usted bien? A lo que responde que sÃ, que lo pongan por ahÃ, que lo sienten por ahÃ, pero no pueden. Aquel golpe fue tremendo, cuando va por su libro de oraciones y comienza a hacer oración, no puede concentrarse, no puede simplemente articular palabras, le cuesta trabajo siquiera decir el nombre del AltÃsimo. Lo hace temblar todo. Es un momento tan terrible, mientras ve a aquellos jóvenes sujetar a éste, que se mueve, los doblega, los lanza de un momento a otro y después estas cosas que los rodean. Intenta localizar un versÃculo bÃblico, un salmo, algo que leer, pero es tal la impresión de lo que está viendo frente a él, pero que sólo él puede ver porque aquellos otros lo que están viendo es un compañero que se ha desquiciado. Pero antes de que pueda hacer nada, una especie de destello terrible lo ciega.
22:32 y lo hace caer de espaldas lanzándolo por los aires varios metros más allá. Cuando reacciona, de aquel grupo de jóvenes no queda nada. Una bomba, cañonazo, algo ha caÃdo y la explosión los ha desintegrado prácticamente, dejando restos de aquel grupo de jóvenes por todas partes. Restos, fragmentos, manos, pies, una enorme mancha, de aquel que estaba al centro, ese que rodeaban aquellos seres, tampoco queda nada. Pierde el conocimiento y no lo recuperarÃa sino hasta varios dÃas después, cuando estando en una especie de hospital de campaña, despierta y junto a él está otro de los capellanes. Platica en largo.
23:24 Ãl relatarÃa haberle contado lo que vivió, lo que vio en ese momento. Aquel sacerdote no sabe qué decirle. No sabe, piensa que quizá la explosión, el terror de las batallas, todo esto lo ha desquiciado. Y es cuando lo envÃan de regreso a casa. Se considera que está herido en batalla y vuelve a casa. Al volver allá, su madre lo espera. Todo lo que habÃa luchado para que no fuera al frente y ahora se lo regresan herido y efectivamente tiene varios agujeros. Asà es que pasa una buena temporada en un hospital. En donde es visitado regularmente por un viejo conocido. de allá, del seminario, un sacerdote de muchos años, quien se acerca a darle la comunión y a confesarlo. Y en la plática, Hans le relatarÃa lo que vio y cómo lo vio. Pero aquel sacerdote, lejos de pensar que estaba desquiciado por el estrés de la batalla o que estaba alucinando, lo que le dijo fue, se ha revelado a ti. Ahora, Tienes el don de discernimiento.¿ Qué harás con él? Sorprendido, él habÃa oÃdo hablar de eso.
24:37 Son los dones del espÃritu. El don de discernimiento ayuda a las personas a discernir entre las personas mismas y los espÃritus de bien y de mal. Y a conocer las verdaderas intenciones de uno y otro. Pero nunca habÃa imaginado esto. Y se rÃe y se equivoca. Pero aquel hombre no está con rostro de reÃr. Y lo que sigue a continuación y le relata es, te ha dado un don, no puedes negarlo. Cuando sale de ese lugar y vuelve al seminario, vuelve al lugar donde estaban los sacerdotes, comenzarÃa un extraño camino. Pero un camino que no podrÃa durar mucho, porque el tiempo apremiaba. Y apenas unas pocas semanas después estaba camino al frente de nuevo, allá, al frente oriental. UrgÃa su presencia, era indispensable, estaban muriendo muchos, necesitaban ayuda, necesitaban a alguien y fue. Su tiempo en el seminario, sin embargo, bastó para que entendiera que el don que le habÃan dado era un don para ser exorcista, no era cualquier cosa. El viejo sacerdote, aquel que tanto le tenÃa respeto, al que sentÃa esa admiración, era un viejo exorcista y sus palabras se le quedaron muy grabadas.
25:58 Porque al igual que en muchos otros casos, se le explicó. Cada vez que hagas esto, es como si te enfrentas con una fiera. En cada lucha, te dejará un rasguño. Si ganas la batalla, sanará tu rasguño. Pero si la pierdes, no sanará. Y en cada momento, en ti quedará una marca. Pero no es fÃsica, es una marca en tu espÃritu. Ten cuidado con lo que hagas, ten cuidado con quien te enfrentes, mide tus fuerzas y sobre todo no tengas miedo y ten confianza, porque si no la tienes perderás, pero cada vez que pierdes, entonces la herida no sanará, será profunda, te arrancará un trozo de ti, perderás parte de ti. No lo hagas si no estás seguro, no te enfrentes, no estás preparado, pero Hans, Volvió al frente y pocos dÃas después de estar allà volvió a ver las atrocidades y volvió a ver aquellos escenarios en donde madres, hijos, padres, ancianos, jóvenes, bebés, lo que fuera, eran asesinados. Pero después el propio asesino terminaba muerto por una bomba, por un disparo. Aquello no tenÃa sentido. Cientos de jóvenes avanzaban hacia su muerte. Algunos de ellos creyéndose invulnerables simplemente eran abatidos como moscas. Algunos ni siquiera alcanzaron a disparar un arma antes de que una bomba los matara o lo que fuera. Y lo mismo ocurrÃa del otro bando. Aquà no habÃa distinción. Todos morÃan en un Ãmpeto extraño, macabro, perverso. Y fue cuando
27:30 lo volvió a encontrar, volvió a verlo. Aquel soldado que caminaba, errático, extraño, como si algo lo hubiera lesionado pero no tenÃa heridas. Prácticamente su uniforme estaba completo, salvo por el rostro sucio de los yin de alguna batalla, de algo que habÃa enfrentado. Su rostro esbozaba aquella mirada perdida, las manos ensangrentadas, como si hubiera lesionado a alguien recientemente. Sus compañeros avanzaban atrás de él, temerosos, viéndolo. Uno de ellos le hacÃa señas. Y fue cuando se dio cuenta que de nuevo, eso mismo que habÃa visto, eso mismo que habÃa encontrado, estaba en ese cuerpo. Cuando tuvo oportunidad, comenzó a hacer oración.
28:15 Y se dio cuenta que aquello reaccionaba a su oración. Y se dio cuenta que cuando sacaba su libro, ese libro antiguo que le regaló su amigo el sacerdote mayor, y comenzaba a hacer oración, aquello se convulsionaba, se revolvÃa, se retorcÃa. Y ese que estaba ahÃ, ese cuerpo se torcÃa, partiéndose casi a la mitad, como si aquello fuese una especie de pelÃcula perversa. y veÃa como los demás corrÃan espantados mientras él seguÃa en su oración y entonces se dio cuenta que sus palabras cada vez que las pronunciaba hacÃan temblar las paredes y se dio cuenta que no solamente podÃa ver aquello sino tenÃa control y poder sobre de esto porque su palabra tiene poder y su nombre es fuerte y en nombre de él podÃa contenerlo varias noches después aquel joven soldado SalÃa caminando por pie, como si nada hubiera ocurrido, como si no recordara nada perdido.
29:15 No lo volverÃa a ver. No sabrÃa nunca más de él. Probablemente habÃa muerto en alguna trinchera, en alguna bomba, lo que fuera. Pero él sintió eso que le habÃa dicho aquel viejo sacerdote, que algo se habÃa desprendido, que algo lo habÃa herido, porque cada noche a partir de ahà volverÃan aquellas voces. Y si bien su oración hacÃa que temblaran las paredes, sabÃa que también temblaba dentro algo. Durante los dÃas siguientes volverÃa a ver aquello en varias ocasiones. Incluso en uno que no era alemán. En un prisionero soviético lo volvió a ver. Aquel sujeto era de una fuerza tal que podÃa romper cadenas, derribar guardias. QuerÃan interrogarlo, querÃan saber qué habÃa ocurrido, tenÃan la necesidad de interrogarlo.
30:01 ParecÃa que sabÃa algo, pero al mismo tiempo no. Y él fue cuando se dio cuenta que aquello estaba allÃ, pero no lo enfrentó, no podÃa. No le permitieron acercarse. Aun cuando aquello que estaba en ese hombre lo vio, él no pudo acercarse, no pudo hacer nada. Y eso que estaba allÃ, eso que en el texto bÃblico dice que baja en el desierto como fiera, vino a él. Aun cuando aquel soldado estaba lejos, eso que lo ocupaba vino a él. No pudo hacer nada. Era una batalla perdida. Antes de que siquiera pudiera pronunciar palabra, un soldado se aproximó y con una pistola le pegó un balazo y mató al ruso aquel. Pero lo que estaba en ese cuerpo no se fue muy lejos. Comenzó a vagar por aquà y por allá. Y asà fueron pasando los meses.
30:53 El último momento que vivió aquello no fue en la guerra. Fue mucho tiempo después. Tras la caÃda, logró llegar a BerlÃn. No es porque hubiera huido, sino que su unidad se retiró del frente y poco a poco fue retrocediendo. En cada momento perdÃan más y más hombres. Cuando llegaron a la capital eran un puñado apenas, hambrientos, con la ropa rota, escasos, hasta de ánimo de hablar. Esperaron la entrada del Ejército Rojo. Algunos dÃas después, pudo cruzar y llegar al lado americano.
31:34 Pero algo habÃa en él que le habÃa afectado enormemente lo que habÃa visto allà y lo dejó dañado. Un par de años después, y estando en una parroquia marginal en las orillas, cerca del rÃo, enfrentarÃa por última vez aquello. Mientras estaba allÃ, sentado, esperando a que llegara alguien, en medio de una Alemania totalmente destruida, en medio de hambruna, en medio de muchos pesares, pero con la vida por delante por lo menos. Entró aquel soldado. Era obvio que habÃa sido soldado, aunque ya no vestÃa uniforme, era obvio. Cruzó la puerta con la mirada ausente, la misma mirada que él habÃa visto tantas veces. Esa mirada, como de fuego, pero que al mismo tiempo oculta unos ojos claros, hundidos, distantes.
32:18 El temblor de las manos era propio de aquel sujeto que caminaba errático. VenÃa acompañado de dos o tres familiares que lo traÃan a ver al sacerdote. El sacerdote tenÃa una fama especial porque en muchas ocasiones simplemente hablar con alguien podÃa decirle lo que le ocurrÃa. Otras veces podÃa decirle no mientas, si vienes a verme dime la verdad. Otras veces simplemente al pasar por una calle se acercaba y le daba un buen consejo a alguien. Le daba unas palabras de alivio porque habÃa perdido a tres o cuatro hijos en la guerra o habÃa perdido al esposo. Y sabÃa estas cosas, ese don que habÃa recibido le permitÃa saber esto pero no era agradable. Lo atormentaba, era algo que le provocaba mucho sufrimiento. Porque saber la tristeza de alguien no significa que esté allá, lejos, triste, sino que es tuya, de pronto se volvÃa propia. Y este hombre al cruzar la puerta se volvió inmediatamente algo propio y aquello que lo estaba ocupando volvió a manifestarse. Lo habÃa seguido hasta aquÃ. No era otro, era el mismo.
33:15 Aquel mismo que habÃa enfrentado en la capilla derruida, en donde no pudo hacer nada porque una explosión lo habÃa destruido todo. En ese mismo lugar donde vio a aquel soldado ruso distinguÃa que era eso mismo. Era ese mismo adversario, ese mismo ser espiritual, oscuro, pestilente. Simplemente su llegada provocaba este olor nauseabundo y estaba ahÃ, en el cuerpo de ese hombre. En el ruso no habÃa podido hacer nada porque el disparo del alemán le quitó la vida y esto quedó liberado. Y probablemente, aun cuando no tenÃa la certeza, este que acababa de entrar habÃa estado por ahÃ. Le pedÃan ayuda. Pero no era tan fácil. Les pidió que volvieran después. Habló con su superior dentro de la iglesia.
34:01 Su amigo aquel, el sacerdote viejo, también le dio algunos consejos. Pidieron el permiso y se autorizó. Pero el primer consejo que le dio fue, no enfrentes algo que no creas poder vencer.¿ Pero cómo saberlo?¿ Cómo saber si se podÃa vencer o no aquello? Y claro, conforme fue pasando el tiempo y se autorizó la liberación y se realizó aquel rito, de manera secreta prácticamente, no habÃa que hacer mucho ruido, no habÃa que echarle la culpa a nadie, habÃa que mantener un perfil bajo, habÃa que hacer las cosas con calma, estaban saliendo de un momento terrible. Cuando aquel hombre llegó e iniciaron las oraciones, él se dio cuenta que aquello ya lo conocÃa y de hecho tan lo conocÃa que sabÃa hasta los mÃnimos secretos. como aquella tarde que después de ver explotar el tanque de aquellos jóvenes y arder hasta convertirse en teas, habÃa dudado de su propia fe.
35:02 O aquella vez que vio a todos esos soldados alemanes matando gente y pensó, ojalá y murieran. Y supo también eso que estaba allÃ, de todas las dudas que habÃa vivido en el frente del miedo, del horror, de la pérdida de fe, y aquello lo comenzó a bombardear hasta el punto en el cual no pudo más. Se desmoronó. Aquello siguió ahÃ. Lo relevaron de aquel ritual. No pudo con él. Después de eso, pidió su cambio. Pidió que lo mandaran lejos. A alguna de las regiones de América. Más allá del mar, lejos. Pero de nada servirÃa. Aquello que le habÃa acompañado y que habÃa luchado, lo siguió.
35:52 Y lo siguió, y era el mismo. Estando en México cuando llegó, poco tiempo después tuvo que enfrentarlo. No contaba mucho de aquel ritual, solamente que auxiliado por varios sacerdotes mexicanos de gran fe, en una capilla en las afueras de la Ciudad de México habÃa enfrentado un caso parecido, pero esta vez diferente. Aquello que se ocultaba en las tinieblas, aquello que rondaba en medio de las regiones solitarias, esa bestia que ruge en el desierto, estaba en el cuerpo de una mujer. A simple vista parecÃa una persona común. PodÃa hablar tranquilamente, enfundada en su ropa, elegante, con su bolso discreto, un pequeño sombrero de lado, la mirada común, arreglada del rostro. Los demás jamás imaginaron eso. Pero él lo vio. Cuando aquella chica hablaba con toda soltura, con toda normalidad, en un español fluido que él apenas entendÃa, él estaba viendo que aquel adversario, aquello mismo que vio en la guerra, rodeaba el cuerpo de esta joven. Cómo habÃa llegado ahà solo Dios sabe, pero lo habÃa seguido y ahora estaba frente a él. Y fue cuando entonces lo enfrentó, hablando en ese alemán que solo él comprendÃa, porque toda esta gente no hablaba alemán. Comenzó a hablarle aquello que estaba en la joven y esa joven, que tampoco hablaba el alemán, comenzó a responderle en un fluido y perfecto alemán y después le habló en ruso. El
37:23 padre también habÃa aprendido a hablar algo de ruso y le habló en latÃn. Y para asombro de todos, cada vez que el padre hablaba, la chica le respondÃa en la misma lengua en que le hablaba. Pero eso no significaba que fuera tan fácil. El ritual se prolongó por casi un año. En cada sesión, aquello se volvÃa una locura. No quiso dar detalles. Solamente dijo que era una lucha a muerte. SabÃa que si por tercera vez era vencido, serÃa su final. Aunque también sabÃa que aunque saliera vencedor, serÃa su final. La joven fue liberada después de todas aquellas sesiones, de las que prácticamente no recordaba nada. En la última ocasión que se vieron, cuando aquel sacerdote, el padre Hans, le dio la mano y la saludó en alemán, la chica no supo qué le estaba diciendo. Ãl ya no vio que hubiera nada ahÃ. Durante algún tiempo posterior a eso siguió ejerciendo su misión pastoral como sacerdote exorcista.
38:29 Y cada vez que lograba algo para el AltÃsimo, sentÃa que parte de él se perdÃa. cuando finalmente pidió ser dispensado de aquella función e ir a un lugar tranquilo, fue enviado a aquella escuela como maestro. Claro está que ninguno de aquellos jóvenes sabÃa que además de haber estado en el frente oriental, habÃa estado enfrentando a un enemigo mayor. Y por eso cada noche en su habitación, mientras el mundo estaba en silencio, él estaba en oración constante. Más de uno de los jóvenes seminaristas. Escuchó la voz del padre Hans. Y las otras voces. Aquellas. Que le acompañaban.
39:23 Porque finalmente no se fueron. En su lecho de muerte y mientras le confesaban. SeguÃa viendo hacia el rincón. SabÃa que su adversario estaba ahÃ. Pero lo habÃa vencido. ya no tendrÃa poder. Estaba seguro de que con su propia partida, aquello, aquello que Jesús mandó a los cerdos, irÃa a dar al lugar de donde habÃa venido. Quizá por eso cuando finalmente falleció y según decÃan los que estuvieron allÃ, sus ojos recuperaron la luz. Esbozó una sonrisa al tiempo que decÃa, ojalá y este año ganemos el campeonato. En alusión al fútbol.
40:12 Después de eso, expiró y su rostro ajado, extraño, se volvió tan tranquilo. Era el final de un exorcista. Y ahora, si me lo permite, me encantarÃa poder compartir algunos saludos y felicitaciones para nuestros amigos del auditorio. Primero que nada, Camila Zuleta Hernández. Ella nos escucha en las mañanas después de levantarse. Pone los programas y nos está escuchando mientras se prepara y hace cosas para el dÃa. Nos da gusto que nos permita acompañarla.¿ Y está cumpliendo hoy? Cumpliendo añitos hoy precisamente. Y claro, también para Karen Toro. Karen Toro está en Santiago de Chile, cumplió años, me parece que ayer, y normalmente somos su compañÃa. En las tardes, cuando está trabajando también o cuando está haciendo sus deberes, suele ponernos y está acompañada por nosotros. Nos da gusto saber que podemos ser su compañÃa. También tengo a Ronald Castaneda, que saluda a Eduardo Fernández, que es su amigo, y están en Port Chester, en Nueva York. Hasta allá va un saludo muy cortés para todos ustedes. Muchas gracias por acompañarnos siempre. Y para Daniel Natera Gallegos, está en Ciudad Acuña, Coahuila, al norte de México. Para el ingeniero Silverio Agramonte, en la República Dominicana. Para Diont, que está próxima a graduarse
41:45 como ingeniera aeroespacial. Caray, qué gusto nos da saberlo. Felicidades. Ojalá y ayude usted muchÃsimo a este planeta. La ingenierÃa aeroespacial. Es para diseñar cosas formidables. Requiere ingenio, requiere conocimientos, matemáticas, cálculo, integridad. Bueno, felicidades. Necesitamos muchas personas como usted. A seguir adelante. Francisco Antonio Cataldo para Ana Belén Peña Pachón. Nuestra amiga Ana Belén. Una felicitación. Está cumpliendo años y también es una persona muy joven que tiene un mundo por delante y que al igual que nuestra amiga Diont, tiene no solamente la posibilidad de cambiar al mundo, sino quizá un poquito más allá, la responsabilidad. Asà es que echarle muchas ganas. Luego por aquà tengo a Angélica Saavedra, que también está cumpliendo añitos en la Ciudad de México. Un abrazo Angélica, muchas gracias por acompañarnos siempre. César, que está en Silmar, California, en los Estados Unidos, y hasta allá va la felicitación. Para Celso MartÃnez, Jesús Alberto y Diana Gómez, ellos están celebrando 10 años de matrimonio apenas el inicio. de una gran aventura, a seguir adelante con mucho ánimo, con mucho gusto, disfrutando los momentos para disfrutar y los momentos tristes acompañándose. Asà es que a echarle muchas ganas. Y claro, para Maribel Palomino, que está en Perú, Arnaldo Nado, que está en Oklahoma, en los Estados Unidos, Paula GarcÃa Cano y Jesús Romero.
43:17 Ellos tienen 23 años de casados, asà es que sà nos pueden platicar un poquito de que la vida puede ser muy buena estando juntos. 23 años no es cualquier cosa. Y bueno, pues muchÃsimas gracias a todos ustedes. Muy buenas noches. Hasta pronto. Música Música
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