Oct. 20, 2025

Ángeles y guardianes _ Relatos del auditorio _ Relatos del lado oscuro

Ángeles y guardianes _ Relatos del auditorio _ Relatos del lado oscuro
Ángeles y guardianes _ Relatos del auditorio _ Relatos del lado oscuro
Relatos del lado oscuro
Ángeles y guardianes _ Relatos del auditorio _ Relatos del lado oscuro

0:00 Es el año 2000, Argentina, Buenos Aires, y dos chavalones muy de moda deciden ir a comprar cosas a una especie de mercado de pulgas, el mercado Dorrego. Son dos chicos de 17 años y son rebeldes, les gustan las sudaderas, migras, andar un poquito el pelo largo, alguna cosilla por ahí, el hecho es que se van para allá. Son buenos chicos. Son buenos chicos que buscan alguna forma de identidad. Y por eso se visten raro. En realidad son dos buenos chicos. Van para allá, se pasan allá todo el día. El asunto está en que Después de estar revisando cosas y viendo qué, deciden que ya van a regresar a casa.

0:49 Para regresar a casa tienen que tomar el tren. Aquel mercado por la zona de la chacarita, tomarán el tren, llegarán a casa, jiji jaja. La mamá está esperando a uno de ellos, por supuesto, su mamá, no sé cuánto. Llegan a un punto del camino y de pronto Rodrigo, que es el chico que va caminando ahí, siente que alguien le golpea en el hombro. Cuando se vuelve, atrás de él hay una mujer mayor. Una mujer de una edad avanzada, vestida de una forma cual más estrafalaria. Lleva un sombrerito con una especie de tulle, una especie de mallita.

1:29 Y sin mediar mucho rollo y sin mucha historia, simplemente le dice, no vayas a casa porque el tren va a chocar. Por supuesto, aquellos dos se quedan ahí. Son Rodrigo y su amigo.¿ De qué está hablando esta mujer? Se miran uno al otro y cuando voltean a ver ya no hay ninguna mujer. Pero se quedan con una sensación extraña. La sensación de que han tenido un encuentro con lo desconocido. Y sí, tal como usted se lo imagina, no toman el tren en ese momento y un instante después se enteran que justamente saliendo de la estación un poco adelante ha habido un accidente y aquello ha pasado algo feo.¿ Qué fue lo que los encontró esa tarde?¿ Qué fue lo que les dijo? No lo sé. Pero desde el punto de vista de lo paranormal, aquello fue una presencia benefactora. Una presencia protectora. Un ángel o un guardián. Comenzamos.

2:33 Relatos del lado oscuro. Fantasmas. Seres extraños. Sucesos inexplicables. Perversidad humana. Historias que otras mentes prefieren ignorar. Ahora déjeme que le lleve hasta Sevilla, España. Estamos allá. Eva recibe una noticia en el año 2011. Es una noticia devastadora.

3:19 Su hijo, su hermoso hijo, ha sido diagnosticado con autismo severo. Y es una noticia devastadora porque el autismo limita en cierta forma Las posibilidades de desarrollo de una persona, y en los casos severos, limita no solamente el desarrollo, sino la interacción. En este caso particular, el diagnóstico del médico era terrible. Difícilmente el pequeño lograría hablar, si no es que era imposible. Así de grave era aquello. Pero esto no era todo. El pequeño difícilmente también desarrollaría apegos, desarrollaría algo.

4:00 La única forma en la que quizá habría alguna comunicación sería por medio de pictogramas, pequeños dibujos, quizá por medio de señas. Aquello era muy fuerte, era un momento muy tenso. Una madre ama a su hijo, una madre como Eva da todo por su hijo y está dispuesta a darlo, no le importa. He de señalarle que Eva en ese momento no era una persona especialmente creyente. Nos cuenta que durante ese tiempo ella había pasado desde un ateísmo radical hasta una falta total de fe. Una dificultad para creer en nada. Esta noticia le cae todo lo pesado que puede caer y no tiene nada de qué agarrarse. Pero casualmente tiene una amiga en México. Y es curioso. porque ella estaba en Sevilla, España, y tiene una amiga en México, y se comunican vía messenger, un sistema de comunicación que había en ese momento, mensajería de ese momento. Cuando ella le platica a su amiga, con la que siente una gran afinidad, lo que está viviendo, la amiga le recomienda algo.

5:11 Que busque al ángel, o al arcángel, Rafael. Ella realmente no cree nada de esto. Pero aquella mujer insiste y de hecho, esta mujer tiene un don muy raro. La mujer es una tampiqueña, vive en la ciudad de Tampico, Tamaulipas. Es una vidente. No sé cómo pudieron ser amigas porque ella no cree nada, pero esta mujer es vidente. Y Eva realmente le da gracia a todo esto, pero aquella amiga insiste. te invito a que le pidas a San Rafael Arcángel que te ayude, que sea el protector. Todas las noches, en silencio, hace esta oración, que eran básicamente dos padres nuestros. Era una oración muy católica. No era ninguna cosa rara, no había que prender velas, no había que encender inciensos, nada. Simplemente había que acercarse en oración y pedir aquello. Y bueno, Si está dispuesta a dar un riñón si no es que los dos por un hijo,¿ por qué no cada noche sentarse? Aun cuando esto no sea lo de ella, aun cuando esto no sea lo que le atrae, aun cuando ella no cree en estas cosas, la realidad es que cada noche religiosamente se siente en silencio y pide la ayuda y hace oración. Y quiere que le diga algo. Dos años después, las cosas no solo no mejoraron, sino que empeoraron. Porque entonces vino la

6:43 separación de su esposo. La tensión, el desgaste que había habido en esa pareja llega a un punto en el que deciden irse cada quien por su lado. Y esta separación, el romper con las rutinas, el romper con el hogar, el romper con las cosas cotidianas, hace que el chico se descontrole todavía más. y se vea visiblemente afectado, un retroceso. Pero eso solamente fue momentáneo, porque poco después, y al decir poco después es muy poco después, el pequeño comenzó a hablar. Aidan es el nombre, un hermoso nombre. Aidan comenzó a hablar, un poquito. Y luego otro poquito, y luego otro poquito, y después un perico que no paraba de hablar, y que no paraba de relacionarse, y que no paraba de contar, y de decirle a la madre hasta el punto en el que al paso de algún tiempo, esta criatura que había sido diagnosticada con un trastorno autista severo, que estaba diagnosticado para nunca poder entablar una conversación, ahora podía pasar como una persona totalmente neurotípica. aún con un diagnóstico tan adverso. Ahora mismo era una persona que podía platicar, jugar, contar. Vamos, cada noche se sienta con su madre y se ponen al tanto. No se imagine usted que son cosas aisladas. No,

8:19 es una conversación de madre e hijo como la tendría cualquiera. Poco a poco las plegarias obviamente se van separando, se van olvidando, se va juntando aquello, se va juntando lo otro. Y Eva va olvidando que cada noche había una promesa. La promesa de sentarse y pedirle ayuda. Pasa, a veces pasa. Y fue entonces cuando aquella cosa tan loca le pasó. Una de esas noches, después de que se acuesta el chico, ella lo escucha silbar. Silbar. Y obviamente le sorprende. Se acerca y le pregunta, anda, qué bonito silbas.¿ Quién te ha enseñado? Y entonces aquel chico con un andar Muy raro, con una forma muy rara de expresarse, porque esto no parecía,¿ cómo decirle? No parecía normal. El chico de pronto le dice, me lo han enseñado los ángeles, madre. ¡Oh, los ángeles!¿ Cómo está eso? Ellos vienen cada noche. Ellos me enseñaron a hablar. Vienen cada noche, están junto a mí y también están junto a ti. Pero¿ cómo es que yo no los veo? Y simplemente el niño le dice, bueno, pero están contigo y dice que te van a acompañar y que nos están acompañando. Ella se queda muda, no

9:54 tiene más que decir. Y el chico continuó explicando que cuando estaba atrás, cuando era muy pequeño, un día llegaron los ángeles, le pusieron una especie de silbato en el pecho, plateado, y comenzaron a enseñarle poquito a poquito a hablar. Y a enseñarle al mundo y a enseñarle muchas cosas. Por supuesto, Eva no puede creer lo que está oyendo. Pero lo tiene enfrente. Su propio hijo le estaba diciendo aquello. A partir de ese momento, obviamente, su perspectiva de la vida ha cambiado. El chico sigue muy bien. Y ella sabe que hay algo más. Que hay algo que la protege a ella, que lo protege a él. Algo. Algo que ciertamente ocurre en el mundo. Ahora, a veces no se trata de algo tan complejo. A veces son cosas muy sencillas, como esto que nos platica Eduardo. Él nos cuenta que un buen día su hija va caminando, es una chica bonita, una chica que va por la calle tranquilamente con su bolso al hombro, cuando de pronto un tipo se le acerca.

11:07 La está asaltando, es un vago, un malviviente que le está ofendiendo, que le está diciendo cosas grotescas. Dame el dinero, dame el monedero, dame el teléfono móvil, dame esto, dame el otro. Y evidentemente tiene un arma con la que la va a lastimar. Ella se siente inmediatamente invadida de un pánico como nunca lo había sentido. Un horror como nunca lo había sentido. Ella. De pronto estira la mano con el teléfono. El tipo aquel se lo arrebata y la ofende. Ella mete la mano al bolso para sacar el monedero y extiende el monedero. Y en el momento en el que está levantando la mano con el monedero, alguien...

11:47 Detiene la marcha. Es un transporte colectivo. En México se les conoce como combis. Es un pequeño transporte colectivo, un vehículo de unos 15 pasajeros que de pronto ella voltea y lo ve y se detiene aquello y empieza a sonar la bocina. En México se le dice tocar el claxon. Empieza a tocar el claxon y a hacer mucho ruido. Cuando ella estira el monedero se queda con la mano ahí. El bandido no toma nada. Cuando ella gira la cabeza lo ve como va corriendo a toda velocidad. Sintiéndose descubierto, ha escapado. Ella se voltea. Pero ahí no hay nada. Nada, ningún vehículo, no hay nada. Lo único que hay es una señora que estaba vendiendo dulcecitos sobre la banqueta con un puestecito ambulante. Ella se acerca sumamente alterada, muy espantada, todavía llorando y le dice, oiga, es que me han asaltado, me acaban de asaltar allá atrás, no sé cuánto. La señora le dice, ay pobrecita, pero estás bien, sí, sí, sí, es que esa combi que se detuvo y tocó el claxon me salvó. Se ríe la señora y dice, pero¿ cuál combi? No se ha parado nadie. Yo te vi.

12:51 Ahora mismo te vi que venías caminando. Yo no he visto ningún vehículo. No, yo que tocaron el claxon. No, mija, nadie tocó el claxon. No ha pasado nadie. Ella llegó a su casa muy triste, muy alterada por aquella situación. Pero entendió que había habido algo más. La abuela, por cierto, siempre sostenía que había estas presencias protectoras. Ella les llamaba las ánimas del purgatorio. Es una creencia que hay, sobre todo en México, es muy arraigada. Y muchas personas hacen oración. Se les llama algo así como amonestaciones o como sufragios para que las personas que no han alcanzado el descanso eterno, pero que tampoco fueron malvivientes ni gente de mal, puedan encontrar ese descanso. A cambio de eso, se cree que estas presencias protegen a los nuestros. ¿Guardianes? No lo sé.

13:50 Pero es una historia bonita. Y ahora vámonos hasta España. Victoria tiene dos hijos. Es el año 2022. En mayo del 22. No tiene mucho tiempo. Hace un año. Ya son chicos grandes. Y un día compran algo mediante una plataforma de compras. Pero hay que irle a recoger. Hay que viajar a algún lugar dentro de la propia ciudad. En el polígono industrial. En las afueras. Hay que hacer un recorrido por ahí para llegar. Ellos no conocen el lugar, no conocen la zona, les es totalmente desconocido. Así es que utilizan el GPS. Esa maravilla que parece sacada de un cuento de ciencia ficción. Y bueno, ahí van los dos chicos, muy atentos, muy, muy, muy atentos a todo su entorno. Además manejan bien. Toño va conduciendo, Vicky va al lado y van viendo el teléfono móvil. Le voy a contar un pequeño secreto de Vicky. Vicky, desde muy niña, siempre ha percibido personas que han fallecido.

14:52 No las puede distinguir. No puede verles el rostro, no puede ver la ropa, no puede ver más que una luz. Una especie de esfera de luz que se va moviendo. Ella sabe qué es, sabe lo que es. Lo ha visto muchas veces. Muchos la tiran de loca. De hecho, Toño la tira de loca. Toño es un chico que estudia ciencias físicas. Es totalmente aparte de cualquier cosa. No cree en ninguna de estas supersticiones. Y le hace mucha gracia y bromea con su hermana, la que quiere mucho, con aquello de las lucecitas. Ese día, volvamos allá, mayo del 22, Toño va manejando muy serio y ella va viendo ahí en el GPS, ahora a la izquierda, ahora a la derecha, ahora frena, espera, espera, semáforo, semáforo en rojo, se detienen.

15:39 Y mientras están detenidos, de pronto se percatan de un detalle quizá triste. Y es que en el poste metálico que sostiene el semáforo hay un ramo de flores amarillas adosado con cinta scotch. Está ahí puesto, un ramo de flores amarillas. Ambos chicos piensan, quizá, quizá es señal de que alguien ha fallecido. Hombre, sí, qué pena. Y en ese momento Toño es quien se percata de una chica que cruza frente a él en una forma muy peculiar, porque lo hace de forma diagonal, como si hubiera salido de atrás y cruza frente a ellos. Él la puede ver. Es una chica de cabello marrón, que le flota con el viento, lleva una especie de chamarrita ligera que también se le mueve con el viento. Él no alcanza a verle el rostro porque va como de ladito cuando cruza con una faldita. Muy mona la chica. La ve como pasa y se percata de un detalle. No hay viento.

16:40 Hace mucho calor, los vidrios están abajo en el automóvil y no hay viento porque se le mueve. Voltea a ver a su hermana para decirle algo y cuando levanta la vista ya no hay nada. No hay nada, no hay para dónde se vaya la chica. Él se queda muy sorprendido, voltea y le dice a la hermana, oye,¿ viste la chica que pasó enfrente? Y ella se voltea muy tranquila y le dice,¿ te refieres a la lucecita que acabo de ver? Él se queda muy sorprendido, levanta la vista, mira para acá, mira para allá, mira para arriba. No hay manera de que hubiera desaparecido porque todo está libre. Y en ese momento cambia el semáforo. Se pone la luz verde para que avancen, pero él sigue intrigado.¿ A dónde se fue? Y mira para allá y mira para acá. Nada, no hay nada. Va a arrancar, sujeta el volante y justamente cuando va a arrancar, teniendo la luz en verde, aparece un vehículo a toda velocidad como loco y pasa de largo sin detenerse. Se ha saltado el semáforo en rojo y los habría arrollado y probablemente los hubiera matado a ambos por la velocidad a la que iba aquel vehículo.

17:46 Es tal la impresión que tienen que detenerse por ahí en alguna parte porque Toño está tan impresionado de aquello. Primero la chica, luego esto. Concluyen que aquella chica le salvó la vida. Cuando llegan con la madre y le platican todo esto, ella no puede encontrar otra explicación más que que aquella persona le salvó la vida, pero no estaba viva. No podía estarlo. Suponen que ese ramo de flores era porque ahí la mataron, porque ahí encontró la muerte y sigue luchando esta persona del más allá, una especie de guardián, una especie de ángel.¿ Por qué no vuelve a ocurrir eso? Generalmente tenemos la idea de los ángeles con alas, con una especie de faldita, con alguna cosilla por ahí que se mueve con el viento, una aureola.

18:35 No necesariamente. Para muchas personas, los ángeles, en el sentido estricto de la palabra, son seres poderosos. Pero eso no significa que no hayan sido humanos, que hayan sido personas a los que se les concede la gracia de poder ayudar de alguna forma. Es una teoría. Aunque técnicamente ángel significa mensajero, quizá el mensaje no es para usted, sino para alguien más que necesita servir para algo. Ahora, a veces las cosas pueden ser un poquito diferentes. Este caso viene de Puerto Rico. Sandra nos cuenta un suceso a principios de los 90. Ella va a dar a luz a su segunda hija, pero tiene un problema físico. Su estructura corporal no le permite dar a luz. No puede tener hijos de forma natural, sino a través de cesárea. No es una situación tan grave. Todo avanza muy bien, el embarazo fluye perfectamente. Cuando llega el tiempo de que nazca la criatura, ella va al hospital y le atiende un médico que no es muy hábil. Durante la cesárea le provocan una lesión placentaria que a su vez afecta al bebé.

19:57 La niña aspira al líquido amniótico, suceden una serie de cosas y la criatura está gravísima. Cuando ella es llevada a la habitación en lo que se recupera de las anestesias y todo esto, la criatura se debate entre la vida y la muerte en el área de urgencias. Está gravísima. Le han tenido que intubar. Es decir, colocarle un dispositivo para que respire. Le están haciendo unos procedimientos pulmonares. Una serie de cosas horribles. La bebita está a las puertas de la muerte. Se lo informan. Ella sabe lo que está pasando. La criatura sigue allá. Y entonces, una noche, ella está desesperada. No quiere perder a su bebé. No quiere enfrentar eso. No quiere todo lo que ha soñado de esa criatura, pensar verla crecer, jugar. Todo esto se le viene encima y a pesar de estar recién operada, con todos los puntos y las heridas a punto de abrirse, ella se levanta, va hacia el baño Se arrodilla y comienza a orar. No quiere que la encuentren las enfermeras haciendo oración en el piso de la recámara, aquella de la habitación. Lo hace de forma privada, se encierra y hace oración durante mucho rato pidiendo dos cosas. Primero, que se salve su bebé. Segundo, que si no se salva el bebé, le den la fuerza para enfrentarlo. Porque no cree que pueda salir de esta si pierde su bebé.

21:27 Es una situación desesperada, es un grito desesperado. Pasado un rato, muy cansada, aquello comienza a las 2 de la mañana, no ha dormido, nada. Va hacia la habitación, hacia la cama, se sienta y un momento. Ella está en esta situación muy cansada cuando de pronto entra el médico. Se acerca a donde ella está. No es un fantasma, no. No parece un fantasma, porque de hecho entra caminando. Ella ve cómo se abre la puerta, entra la luz, ve entrar al médico que se acerca a la cama. Le mira fijamente y ella se le queda viendo. Es un médico que está como para contar un chiste. Porque es blanquísimo.

22:09 Y tiene los pelos, el cabello anaranjado como zanahoria. Es un pelirrojo de aquellos. Pero es un médico agradable. Es una persona muy sencilla que entra y saluda. Buenas noches. Es usted la mamá de Lisandra. Es el primer momento en el que ella se sorprende. Y se sorprende de una forma muy extraña. Porque ella no le ha dicho a nadie cómo se va a llamar su bebé. Obviamente, en el hospital lo único que se hace es poner una pulsera en donde se indica el número de habitación, número de no sé qué, y a la madre le ponen una igual. Pero ella no le ha dicho a nadie cuál es su idea para aquella criatura. Pero este hombre se acerca y dice,¿ es usted la madre de Lisandra?

22:52 Y ella responde, sí, yo soy. Bien, le vengo a informar que la bebita está muy bien, la vamos a pasar ya al cunero, allá le llaman el nursery, al cunero, para que ya siga adelante, ya está comiendo, adelante, ya está todo muy bien. Ella se queda con una sensación de alivio, de esta sensación de bendito el cielo contra. Vamos allá. Pero la zona de alimentación donde están los bebés no se abre hasta las seis de la mañana. Así es que ya está que se le queman las habichuelas. Lo único que se ha fijado es en esta característica tan peculiar del pelo rojo. Y otro detalle es que no pudo ver el nombre del médico. La identificación estaba girada. Bueno, pues se queda sentada en la cama. Y ahí espera hasta que son las seis en punto de la mañana y sale como puede hasta el cunero, hasta donde están los bebés. Toca la ventanilla porque ni siquiera han abierto para las mamás. Toca la ventanilla y cuando aquella chica, la chica que atiende, que la describe como una chica muy linda, le dice, vengo por mi bebé.¿ Y quién es su bebé? Y ya enseña el brazalete y aquella mujer toma la hoja donde están todos los bebés anotados y se le queda viendo y dice, bueno, pero¿ cómo tú supiste? Al estilo puertorrico que invierten un poquito las palabras. Bueno, pero¿ cómo tú supiste que tu bebita ya estaba aquí?

24:20 Pues me lo ha dicho el médico. Médico. Sí, sí, el médico. El hombre pelirrojo. El hombre pelirrojo. Santo Cristo,¿ qué está pasando aquí?¿ Cómo que un médico pelirrojo?¿ Entró a tu habitación?¿ Entró a mi habitación?¿ Pero cómo tú pensaste eso? Pero si aquí la única que hay es una mujer. Es la doctora no sé qué. Y sale la enfermera prendida. Va con la doctora de base, que es la que había estado durante la noche y salía un rato después. Y le dice, hay un hombre que entró a la habitación y mira que le digo que no sé qué.¿ Se van a seguridad? Revisan las cámaras. La doctora que estaba a cargo, la enfermera y otras personas que llegaron ahí, revisan las cámaras de seguridad y resulta que ahí no había nadie. El pasillo donde se entra a la habitación, donde estaba Sandra. No se ve que entre nadie. No se ve ninguna otra persona más que la propia doctora que estaba de guardia esa noche. Nada.

25:16 Cuando llegan y le dicen eso a ella, ella se queda, bueno...¿ Y qué va a pasar?¿ Si está mi bebé o no está mi bebé? Ah, bueno, sí, sí está tu bebé. Ten, toma. Le dan el bebé y resulta que la bebita tenía un hambre bárbara que empieza a comer. Y hoy en día tiene veintitantos años. Ella no sabe qué era aquello. Pero está segura de que esa madrugada la respuesta de todas sus súplicas y oraciones fue enviarle un ángel pelirrojo. Ahora déjeme que le lleve hasta Uruguay. En Uruguay, la señorita M nos cuenta una serie de sucesos inusuales que ocurrieron en su vida. M era muy apegada a su abuela. Muy, muy apegada. Vivían en el mismo lote. La casa de la abuela estaba atrás, la de ellos adelante. Así es que tenía buena relación. El asunto está en que, siendo una niña... no era muy grande, unos 8 o 9 años, fallece la abuelita. Fue algo muy triste para todos. El papá, por protegerlas, por evitar la impresión de un sepelio, no les lleva al entierro, no hubo forma de despedirse, no hubo nada. Pasados unos días de aquello, una noche, la señorita M sueña con su abuelita. Un sueño muy bonito, un sueño muy grato. Pero cuando despierta, Aquello se vuelve más raro porque cuando le dice a su hermana que

26:48 dormían en la misma habitación, hermana, soñé con mi abuelita, mira, que no sé qué, que no sé cuánto. La hermana le dice, yo también soñé con la abuelita.¿ Qué soñaste? Esto y esto. Habían soñado exactamente lo mismo. Algo muy inusual. Que las personas puedan tener sueños idénticos. Sueños comunes. Y lo peor es que las dos aparecían en los sueños. Es decir, la abuela estaba con la hermana 1 y en ese mismo sueño estaba la hermana 2. Y en el sueño de la hermana 2 también estaba la 1. O sea, como si hubieran estado en la misma habitación con la abuelita despidiéndose. Años después, la señorita M estudia para ser enfermera y comienza a trabajar siendo muy jovencita. Y le toca un turno peligrosón, turno de la madrugada. Su casa estaba cerca.

27:36 En ese momento vivía cerca del sitio donde estaba el centro médico. Tres o cuatro cuadras, bloques, manzanas, como quiera llamarle, tres o cuatro largas. Pero había que pasar por un parque. Un parque lleno de vegetación muy oscuro y muy atemorizante. A ella eso es lo que le preocupaba. Se imaginaba que quizá por ahí un vagabundo saldría y le haría o le desharía. Y era una chica joven que no se podría defender mucho. Esa noche en particular, ella comienza a caminar. Y cuando va avanzando, se asegura que no ve a nadie por aquí ni nadie por allá. Se cruza la bolsa, el bolso, para llevarlo bien, la cartera como le llaman allá. Y comienza a caminar con ganas.

28:24 De pronto salen a su paso tres mozalbetes, tres muchachitos, tres vaguillos de la calle, que se detienen al verla y uno de ellos se lanza y le empieza a jalonear la cartera, el bolso, a tratar de arrancárselo. En ese momento ella está encolarizada, lo ofende, le grita, que suelte, que no sé cuánto, y hay algo muy raro. Porque en ese instante, el ambiente entero comienza a llenarse de un olor a perfume. A una loción que le es inmediatamente familiar. El perfume de la abuelita. El perfume que usaba su abuelita llena el ambiente. Y en ese instante, cuando ella está jaloneando y gritándole cosas al tipo, de pronto ve que los dos chicos... Salen corriendo. Solo se queda uno, el que le está jaloneando el bolso, que lo suelta de pronto. Y se queda muy quieto, petrificado frente a ella. Ella se le queda viendo como preguntándose qué está pasando aquí, qué te pasa. Y es el momento en el que este muchacho reacciona y sale pitando, corriendo a toda velocidad como si hubiera visto al mismísimo diablo.

29:37 Ella sujeta su cartera, se la acomoda y comienza a caminar hasta su casa muy nerviosa, pero al mismo tiempo muy tranquila. Porque en ese momento supo que algo la estaba protegiendo. Y ese algo no era desconocido, era el olor de su abuela. La abuela la estaba acompañando. como toda poderosa abuela, estaba con ella. Y esto se repetiría después. No era la única ocasión. En otra ocasión, tiempo después, ahora en otro centro hospitalario, tenía que caminar un largo trecho hasta llegar al punto de abordaje de su transporte. Una zona muy oscura. Y usted sabe que muchas veces el personal de enfermería tiene que trabajar en jornadas que terminan de madrugada o que empiezan de madrugada. Muy complicado.

30:26 En esa ocasión ella comenzó a caminar como siempre, atemorizada, porque era muy oscuro el camino, muy solitario, en callejuelas, muy peligroso. Pero apenas dar unos pasos comenzó a percibir un aroma muy grato, un aroma a flores frescas, a rosas. La abuela gustaba mucho de las rosas. El olor la acompañó hasta que casi llegó a la estación. Se dio cuenta que no estaba sola. Y siempre ha sentido eso. Que la abuela la acompaña. Pero no solo la acompaña, sino que a veces le pasan cosas tan locas como lo que le pasó un día en el banco. Salió de trabajar, fue a hacer sus cosas al banco. Saliendo del banco va a ir a hacer otros trámites en otro lugar. Cuando llega ahí hay una fila de personas.

31:15 Se acomoda atrás de una señora. Está formada cuando de pronto siente una necesidad imperiosa de hablar con la mujer de adelante y resulta que ella no es muy sociable. Es una persona educada, una persona amable, pero no es una persona sociable. No hace plática con el que está en la fila. Pero ese día tuvo esta extrañísima necesidad imperiosa de hablar. con la persona que estaba enfrente, una señora mayor, y de pronto le toca el hombro y le dice yo tengo que platicar con usted y empieza a platicar, pero empieza a platicar de una forma que no es ella, hasta que se da cuenta que lo que está diciendo no es ella. Y se da cuenta que esas no son sus palabras, se da cuenta que es un mensaje, que le está dando un mensaje a aquella persona y se da cuenta además que la persona entiende el mensaje, entiende lo que le está diciendo y se llena de lágrimas hasta el punto en el que le agarra las manos y le agradece mucho aquello y ella se queda quieta y le dice, pues el mensaje es para usted. No tengo idea de lo que le dije, no recuerdo nada de lo que le he dicho, pero espero que le sea de gran ayuda. Aquella mujer simplemente entró, hizo su trámite y se retiró con los ojos llenos de lágrimas. Ella cree que así como está siendo protegida, quizá, en algún momento también pueda servir de vehículo para ayudar a otros. Y estoy convencido de eso, porque además una persona que estudia enfermería es una persona que está dispuesta a ayudar a otros, que tiene el deseo de ayudar a otros. Y por supuesto, si a tu alrededor hay

32:48 una abuela poderosa, dispuesta a cuidarte en todo momento y situación, Y de pronto la abuela poderosa se le ocurre que también puede ayudar a alguien más y que tú le puedes echar la manita, te lo va a hacer. Es como cuando estaba con ella en vida. La abuela seguramente le diría, anda, ve y ayuda a fulanita que se le torció el pie, ve, acompáñala, ándale. Cosas de ese estilo. Insisto, a veces creemos que los ángeles tienen alitas, pero a veces quizá están aquí, a nuestro alrededor. No lo sé. Ahora lo voy a llevar hasta una región muy bonita de Costa Rica. Limón. Y allá nos platica Giovanni una historia.

33:34 A él le pasó algo en la vida. Y es que era hijo de mamá. No había papá. Su mamá trabajaba mucho, luchaba por salir adelante. Pero a veces las cosas no salían muy bien. Y había veces que las cosas salían muy mal. Había veces que el desayuno era un vasito con un té azucarado. Había veces que no había para la cena. Un buen día llega un tío un hermano de su mamá, y se da cuenta de esto y le pide a la mamá que lo deje ir a vivir con ellos. Y ellos vivían en un lugar paradisíaco, a siete minutos de la playa. Y además ahí pasaba muy cerca el río Vizcaya. Y entonces, en esa casa a la que llega a vivir con el tío, en donde no faltaba gran cosa, estaba muy bien la casa, eran personas muy agradables, lo reciben con mucho cariño, porque además tienen un hijo más o menos de la misma edad con el que se lleva de película. Están en esa casa que además se llevan muy bien con los vecinos, hay otros chicos, juegan y tienen el río muy cerca.

34:35 Así es que van al río a jugar. Constantemente van allá, chapotean, brincan, juegan. juegan una cosa que se llama el tiburón. En donde uno de los jugadores es el tiburón y tiene que atrapar a los otros o tocarlo y algo tiene que hacer. El asunto es que se lanzan todos al agua y están felices ahí. Él tiene unos nueve años y quiere que le diga algo. No sabe nadar. Pero están jugando en la orilla donde está bajito. Ahí el agua no lo cubre. Pero no sabe que en ese lugar existen pozas. Las pozas son oquedades en el fondo del río, en donde puede haber un par de metros. Un par de metros de profundidad. Y es fácil que uno se descontrole y se hunda. Y mientras él intenta escapar del tiburón, es decir, de su amigo, que hacía el papel de tiburón, cae en una de estas pozas y se hunde enseguida.

35:28 Y siente claramente cómo se basta el fondo y logra patalear y manotear. Alcanza a salir, toma aire, intenta gritar, pero nadie lo escucha porque hay mucho chapoteo. Todos están jugando, todos están gritando y vuelve a hundirse. Esa segunda vez siente claramente cómo el aire no le rinde, intenta salir, logra salir a la superficie un poquito, aspira, patalea y sabe que es el final, que va a hundirse y no va a salir. Y entonces lo empieza a embargar una calma extraña. Todo se queda en calma, todo está en silencio. Ya no percibe el ajetreo del agua, ya no percibe los gritos de los niños. Es un momento muy raro en el que algunas personas han estado y que comprenden que es el final de su vida. Que es el momento en el que les toca partir. Y se dejan llevar. Es una situación muy rara, lo he escuchado muchas veces. Y él, Giovanni, con sus nueve años, con toda la vida por delante, con toda la alegría del mundo, se está muriendo. Lo entiende. Y se deja llevar un poquito. Y de pronto, mientras se está hundiendo, así, en medio de aquella calma extraña, escucha una poderosa voz que grita,¡ No morirás!¿ Cómo lo escuchó? No lo sé, estaba en el agua, estaba hundido. Y entonces reacciona, patalea un poquito y cuando da un manatazo hacia arriba, justo arriba de él, hay un tronco grande flotando. Al momento

36:58 que hace aquello con la manita, ¡pah! Se sujeta y logra sacar la cabeza y sobrevive. Hasta el día de hoy Giovanni no ha olvidado aquel grito. Aquella voz poderosa, vibrante, clara, de un varón que dijo, no morirás. Y se sujetó del tronco. Él no había visto ningún tronco flotando en ese río. Pero ese día, algo le salvó la vida. Quizá, quizá, un ángel. Y esto no es tan extraño. Y son muchos casos que me hacen pensar que no estamos solos.

37:40 Es algo que nos levanta el ánimo pensar que no estamos a nuestra suerte. Esto nos lo platica Norma hace bastantes años. En la Ciudad de México hubo un cambio en la dinámica vial. La Ciudad de México es una ciudad muy complicada y en ciertos tramos de las calles se dio una técnica que es invertir el flujo del tráfico de transporte público contra el de tráfico regular, el tráfico particular. Entonces, si usted llega a una calle, a una de estas grandes avenidas que se llaman ejes viales, usted verá que los automóviles particulares van en un sentido y el transporte público, que son grandes vehículos, grandes camiones, hasta de tres vehículos, transportes, o sea, son articulados de gusano, tres, son enormes y aparecen en sentido opuesto. Pero esto no era de siempre. El hecho es que Norma no lo sabía.

38:40 Un día viaja a la Ciudad de México, tiene que hacer alguna cosa, termina lo que está haciendo, sale y va a cruzar la avenida. Pero ella no se ha enterado de que hicieron esta dinámica, no se ha enterado de que ahora los transportes colectivos vienen en sentido opuesto. Así es que cuando llega a la orilla de la calle, Mira,¿ hacia dónde tiene que mirar según lo que ella cree? Y ve para allá y ve que no vienen coches, no viene nadie, va a dar el paso y de pronto siente que algo la sujeta, literalmente en el aire, como si lo hubiera agarrado en el aire, una mano fuerte, firme. La sujeta en el aire y en ese instante frente a ella pasa a toda velocidad un transporte público, pero a toda velocidad, a centímetros de su cara. Cuando ella reacciona y mira hacia atrás, mira hacia el otro lado, no hay nadie. en una avenida muy larga, en una acera, una banqueta enorme. No hay nadie. Está completamente sola. En este punto, las personas más cercanas están por allá lejos.

39:43 Y ella sintió claramente una mano que le sujetó del hombro. Fuerte, muy fuerte, pero no grosera, no la jaloneó. Simplemente la detuvo y casi la dejó en el aire. Hasta el día de hoy no sabe bien qué fue. Intuye que fue su ángel de la guarda, como muchas personas. Y como ya le digo, esto no es tan extraño. Este otro caso nos lo ha compartido Manuel. A Manuel le tocó un caso de guardianes. que es algo muy inusual. Y le explico el por qué. Manuel viajó a una zona de la Ciudad de México, que está en las afueras de la Ciudad de México, que se conoce como La Jusco. Tenía ocho años. La Jusco es una zona boscosa.

40:31 Hay una serie de parques y cosas muy bonitas, muy atractivo. El asunto está en que, estando por ahí, la familia está que tú que yo, que cocino, que preparo aquello, que no sé qué. Están muy contentos, alega y alega, y a él se le ocurre alejarse un poquito. Tiene ocho años, tiene una red para cazar mariposas, está preparado para la aventura y se aleja un poquito. Todavía ve a la familia. Detalles. Y en eso alcanza a ver que ahí enfrente hay un monte grande, un cerro enorme, que es el Cerro de las Águilas. ¡Oh, qué padre! No sé qué. Y empieza a caminar para allá y sigue caminando y sigue caminando y sigue caminando hasta que de pronto ya no hay nada. Está en medio de un bosque. Está en un lugar que además es muy peligroso.

41:16 Déjeme decirle que en este sitio ha habido ataques de perros contra personas adultas y ha habido cosas terribles. Es un lugar muy peligroso. Además, Cuando cae la noche, es muy frío. Un niño pequeño en este lugar no tiene muchas posibilidades de sobrevivir. El asunto está en que está allá y camina para acá, camina para acá. Ya está perdido, ya no sabe para dónde jalar. Allá a lo lejos alcanza a ver un resplandor de unas luces, pero no sabe lo que es. Intenta llegar, pero ahora está muy lejos de todo. Ya no hay ruido, ya no hay luz, ya no se ve. Todavía no es de noche. Pero él ya está omnibulado por aquello, ya no alcanza a distinguir que es para acá o para allá, no sabe, está dando vueltas, cuando de pronto siente horror. Horror. Frente a él aparece un enorme perro negro. Imagine usted un niño pequeño de unos ocho años con un perrote enfrente, en un lugar solitario y apartado. Él está listo para salir corriendo para algo, cuando de pronto el perro tranquila y pausadamente se acerca, se planta enfrente de él, le mira, mueve un poco el rabo y después comienza a caminar.

42:32 Un poquito. Y se detiene. Voltea a verlo. Y en ese momento Manuel dice, bueno, pues venga. Y empieza a caminar detrás del perro y el perro reanuda la marcha siempre delante de él, siempre delante de él. Cuando él se detiene un momento o algo, el perro se detiene, voltea, le mira, mueve el rabito y sigue adelante. Y el niño ahí va, ahí va, ahí va, hasta que de pronto el perro va avanzando, va avanzando, se detiene, avanza el niño y enfrente de él hay un montón de policías. patrullas, su familia como loca, porque ya lo daban por perdido y llamaron a la policía, vino la policía, ya estaban los de rescate, ya estaban los de guardabosques, ya estaba todo el mundo ahí preparados para subir a buscar al niño perdido. Y él se acerca feliz de la vida y bueno, a la mamá le da una que viene, una que va, no sé cuánto. Cuando él voltea a buscar su perro ya no hay nada. El perro lo dejó ahí y desapareció. Perro grande negro. Ese tipo de historias Nosotros las pensamos como de guardianes, como que en estos lugares pudiera haber guardianes. Y le explico un poco más, en las antiguas creencias mexicanas, el perro tenía un papel importante.

43:43 En México había un perro muy especial que era el Xolo Iscuintle. Y esta criatura, este perro, era considerado como el guía de los espíritus, el que guiaba a los muertos al inframundo, a su lugar. Pero no solamente eso, sino que también era el que no dejaba partir a quienes no tenían que partir. Quizá ese día, ese era el caso. Y eso me lleva a este otro caso en el que también queda muy evidente esto. Gloria nos platica algo. Ella es de San Martín, de General San Martín, Buenos Aires. Y hace muchos años, unos años ochentas tempranos, a ella le gustaba mucho ir a bailar. A los boliches, como le llaman allá. Las pistas de baile, discotecas, como quiera llamarle usted allá, les llaman boliches. El asunto está en que se ponía guapa, Y a bailar. No era muy frecuente que le dieran permiso porque apenas tenía 18 años.

44:41 Y además tenía que ir acompañada. Por lo regular, su primo la acompañaba y había una condición. No volvían de noche. Estos lugares permanecían abiertos hasta el amanecer. Así es que, aun cuando se cansaran, aun cuando ya no quisieran seguir bailando, tenían que esperarse a que amaneciera y entonces volvían a casa. Eran seguros estos lugares y en general en aquella época todo era más seguro. Bueno, No exactamente. Acababa de terminar una dictadura militar muy dura en Argentina. Acababa de empezar el gobierno democrático y muchas personas tenían miedo. Porque seguían desapareciendo a individuos que pudieran servir de testigo en algo.

45:21 Había mucho temor de eso. Ella pide permiso, le dan el permiso, no sé cuánto. Le dice a su mamá que el primo va a llegar allá al boliche y resulta que el primo no llega. No llegó. Se quedó sola. Bueno, había unas amigas por ahí que tú que yo, jiji, bailaron, cantaron, lo que usted quiera y mande. Cuando ya llega la hora del amanecer, amanece y sale y comienza a caminar hacia su casa con la idea de llegar en algún momento. No era tarde, no tardaría mucho. Va con su bolsita, muy contenta, muy arregladita, toda ella, muy guapa, cuando de pronto se da cuenta que hay un automóvil que la viene siguiendo. Y es un automóvil grande de color verde. Verde, como el de los militares, como el de aquellos militares que se llevaban a las personas. Siente horror, por supuesto.

46:12 El automóvil se acerca, baja la velocidad y ella puede ver que hay cuatro individuos a bordo, cuatro varones, que empiezan a decirle bajeza y media, a ofenderla, a hacerle toda clase de insinuaciones obscenas y en eso dan la vuelta. Sigue en su camino. Ella apresura el paso, pero antes de lo que se imagina ya están de regreso y otra vez empiezan con aquello y a decirle obscenidad y media y a ofenderla y arrancan y dan la vuelta. La tercera vez ella escucha claramente cómo se frenan de golpe, cómo abren las puertas y se bajan los cuatro tipos. Ella lo único que hace es voltear a verlos y se pega contra la pared. Sabe que es el final.

46:56 Sabe que estos tipos se la van a llevar. Cierra los ojos y espera ahí pegada a la pared. Pero no llegan. No llegan. Entonces abre los ojos y voltea a verlos y los cuatro tipos están allá parados. No avanzan. Y es cuando ella se da cuenta que justo ahí hay un enorme dogo blanco, dogo argentino. Un perro como de pelea, tremendo, ponchadote, blanco completamente, sin una sola mancha, con unos ojos lindos, con un rabillo del ojo rosadito, pero es un animalazo. Y está olisqueando ahí tranquilamente frente a ella. De pronto, aquellos tipos se quedan ahí. Ella se da cuenta del perro, camina unos pasitos, el perro viene.

47:45 Por supuesto, lo primero que piensa es a ver si no sale peor esto, a ver si no me ataca el perro. Pero resulta que el perro lo que hace es venir y restregársela en las piernas, le da vueltas, le mueve el rabo y camina un poquito para acá, un poquito para acá. Y aquellos tipos, al verse copados por semejante fiera, se meten al auto y arrancan. Ella comienza a caminar. Va caminando y aquel perro va pegado y se le cruza enfrente y le juguetea, se para y echa un firmazo en un poste que encontró, lisquea por aquí, rasca por allá y ella sigue caminando y el perro va con ella. Ya están muy cerca de casa cuando el perro se adelanta. Ella ve claramente el animalazo aquel adelantarse, da la vuelta a la esquina del perro Y ella sigue caminando. Cuando llega a la esquina, da la vuelta a la esquina y ve al perro parado en la puerta de su casa.¿ Cómo rayos sabía el perro cuál era su casa? Y ahí estaba el animalazo.

48:40 Y ella se acerca, le toca y le dice, hombre, muchas gracias. Gracias por protegerme, por acompañarme. Si te esperas un segundo, voy y te traigo algo. Y abre la puerta, entra corriendo y saca un paquete de salchichas que había en la nevera. Y ya no hay ningún perro. No hay ningún perro. Pero además, ella se asoma a la calle. Todas las puertas están cerradas. Todo está cerrado y no ve nada. 100 metros para allá no se ve. 100 metros para allá no hay nada. Se regresa hasta la esquina y mira para allá. 100 metros no hay nada. No está el perro. No existe. No había tal. Era un animal enorme. Guardianes. Por eso mismo esta noche queríamos platicarle de ángeles o guardianes. Porque los casos de ambos están muy presentes. Y en Relatos del Lado Oscuro hemos recibido muchos de estos testimonios. Nos gusta mucho leerlos, nos gusta mucho escucharlos. Este caso particular de Gloria es muy significativo.

49:38 Pero hay muchos más. Permítame ahora que le comparta un audio de nuestra amiga Valkyria. Ella también vivió una experiencia que vale la pena compartir. Bueno, buenos días a todo el equipo de Relatos de Lado Oscuro. Buenos días, señor Canta la Piedra. Yo soy Valkyria, de aquí de la República Argentina. Yo recuerdo que no teníamos noción del tema de ángeles, ni de religión, ni nada. Y en ese tiempo habré tenido unos seis años, siete, siete años calculo yo, más o menos. Es lo que calculo porque era muy chiquitita. Yo siempre fui muy sensible a los retos, pero era muy curiosa. Y bueno, es así que me recuerdo que teníamos una casa media pequeña y todavía estaban en arreglo. Y la iba arreglando mi papá porque también, aparte de su trabajo, sabía particularmente de albañilería.

50:34 Así que él estaba picando unos escobros, me acuerdo, con una masa, con un martillo, una masa. La masa es un poco más grande que un martillo. Y bueno, él estaba afuera y en un momento dejaron todo y se fueron para la parte trasera de mi casa y yo como estaba ahí, lo estaba viendo, se me ocurrió ir a agarrar la masa, calculo yo que agarré la masa para picar escombros. Algo pasó en ese interín que cuando vinieron ellos, que yo no recuerdo bien, pero cuando vinieron ellos mi papá me pegó tal grito y tal reto, que es como que, claro, me asusté, lloré, amaré, lloré porque era muy sensible, ya... A lo mejor fue un reto sano, pero bueno, yo como era tan sensible, entonces me fui muy enojada porque era chica y me enojaba mucho.

51:22 Me fui, había una mesita y un televisor y yo pasaba entre la mesita y el televisor quedaba un espacio muy pequeñito para pasar para la pieza mía. Detrás del televisor quedaba mi pieza. Era la pieza donde dormíamos todos, mis tres hermanos y yo. Éramos chiquitos todavía y bueno, después era lo último, nació el varón. Bueno, cuestión que yo teníamos una cucheta y una cama. Y yo estaba tan enojada que me tiré y lloraba y lloraba. Y en un momento nosotros teníamos las paredes blancas como si fuese cal. No era que estaba lisita la pared, era como si fuese como una arenilla. No sé cómo se le llama, pero bueno, era blanquita la pared. Pero estaba bien, estaba bien la pieza, bien con piso, con todo. Pero yo estaba, bueno, en mi mar de lágrimas y cuando volteo para el lado de la, no tenía puerta la pieza, estaba el televisor que se veía del lado de atrás y al costado, bueno, la otra camita, enfrente de la cama cucheta y la paré. Y al costado entre el televisor, o sea, la paré, no el televisor porque el televisor estaba fuera de mi pieza, pero la paré. ahí en el borde de la cama arriba... pegado a la pared...

52:37 se me aparece la figura... de un ángel, un bebé... con una aureola... con las manitos juntadas como rezando... y los ojitos cerrados... y fue tal el susto mío... porque claro, yo vi una cosa... que no pensé que iba a haber... por eso me asusté yo creo... me asusté de tal forma... que salí huyendo de la pieza... huyendo mal... Nunca le conté a mi mamá, le conté después de grande y siempre me dijo,¿ por qué nunca me contaste que a mí me hubiese gustado verlo? Fue la única vez que yo vi un ángel ahí en la pared, bien marcadito, bien, bien, bien.

53:18 Fue una cosa que me asustó tanto porque lo vi tan real, tan real. Yo creo que desde ese comienzo yo entiendo siempre que, aparte, tuve muchas cosas raras con las cuales fui... por ejemplo hace poquito también un accidente que no fue un accidente porque algo milagroso pasó y no pasó a mayores y cosas así fueron sucediendo en toda mi vida así que yo calculo que sí que hay ángeles guardianes que te cuidan y a veces demasiado, porque mi vida, la mayoría de toda mi vida fue así, la viví de esa forma a partir de que vi ese ángel. Así que no sé qué hay más allá, yo siempre confié en Dios y confío en el universo y estoy abierta a todas las posibilidades. También una noche en la pieza dormíamos, ya era grande la casa, ya estaba toda reformada, ya estaba grande. La parte del baño, de la puerta del baño era corrediza y quedaba prendida la luz porque mi hermano siempre tenía miedo de la noche así que lo dejaban prendida. y porque también se escuchaban a veces cosas en mi casa pero bueno, eso es otro tema que tendríamos que hablar en otro momento porque fue largo la cuestión es que cierran la puerta, se levanta alguien a la noche que recién nos habíamos acostado se cierra la puerta y yo estaba despierta así que Me giro porque el golpe de la puerta me logra despertar, así que me giro para el lado de

54:49 la pared para poder volver a cerrar los ojos y siento que me tocan de atrás el hombro y pronuncian mi nombre. Lo que hago es darme vuelta y cuando me doy vuelta veo unos dos pies blancos en la pared. en la cama, en los pies de la cama, no en los pies de la cama, sino cuando me doy vuelta a mi costado, en el piso veo dos pies blancos, así que, qué sé yo, se ve que cuando yo me asusto, soy corajuda, o sea, soy de iras adelante, porque lo primero que hice fue levantarme, ir a prender la luz que estaba justo para el lado de los pies blancos, y los pies blancos se corrieron, Y yo fui y prendí la luz. Así que yo creo que todas esas cosas que uno vive, que no sé qué fue, hasta hoy en día no sé qué fue, pero sé que cuando yo me levanté a prender la luz, esos pies blancos me dieron paz, tranquilidad. Así que yo calculé que algo malo no era. Así que bueno, nada, eso es todo lo que tengo para contar. Gracias, señor Canta la Piedra. Un placer haber contado esto y hablado con usted.

55:55 Qué le ha parecido? Interesante testimonio, ¿no? Y bueno, ahora déjeme que le lleve a Chile. Allá se encuentra Javiera. Javiera nos platica una historia de su madre. Hace muchos años, antes de que ella y sus hermanas nacieran, su mamá tenía unos amigos a los que quería mucho. Estos amigos tenían creo que tres niños, algo así. El caso es que un día la invitan a un viaje a Argentina. Y ya sabe usted que en Argentina aquellos paisajes, el hecho es que cruzan la frontera y se adentran en territorio argentino. Llegan a un lugar en donde hay restaurantes, echan gasolina, que tú que yo, platican y luego comienzan una ruta extraordinariamente larga. Es una ruta con unos paisajes sobrecogedores, que te roban el aliento, que es bellísimo aquello, y van tan contentos que se olvidan de cargar combustible en una estación que pasaron. No estaban conscientes de que sería tan largo aquello, pero de pronto, en algún punto del camino, pum, el automóvil se apaga. Y están en medio de la más completa soledad. No hay nada a la vista. El último pueblo quedó muy, pero muy, muy lejos, a una distancia que caminando no llegarían. Hacia el frente no saben cuánto faltará para otro pueblo donde llegar en su desesperación.

57:17 No saben qué hacer. Si caminar, si esperar. Y pasa un rato, pasa otro rato y finalmente, después de mucho tiempo, aparece un automóvil en la distancia. El automóvil viene y se detiene. Nadie le ha hecho señas, ni siquiera se dieron cuenta en qué momento apareció. Simplemente de pronto lo vieron por ahí a la distancia y ya llega el auto y se detiene. Y le pregunta qué les ocurre. Nos hemos quedado sin gasolina. Bueno, allá le dicen nafta. Nos hemos quedado sin combustible.¿ Será que nos pueda usted acercar a la siguiente estación? Y luego yo veo cómo me regreso, aquel papá de la familia. Dice, no, no, no, no, no hay problema. Traigo un bidón preparado para estas emergencias.¿ Pero cómo?¿ Y qué pasa si usted se queda sin combustible? No, no, es para eso. Yo lo traigo para eso, para ayudar a las personas que tienen problemas. Anda, tenga, le quita el tapón y le vacía el combustible. Con esto tiene para llegar al siguiente pueblo y allá reabastecer de combustible. Oiga, estamos tan agradecidos. Aquel hombre era un hombre muy agradable. Además, un hombre guapetón, grandote, ya mayor, muy, muy agradable. Dice, nada que agradecer, no sé qué. Oiga, se lo pago. No, no, no, no, no, no, por favor,¿ cómo cree? Bueno, cuando vaya usted a tal parte, mire, estos son los números, mi número telefónico tenga. Oh, claro, claro, gracias, no sé qué, no sé qué. Si hay algo que podamos hacer por usted. Oigan, pues ahora que lo menciona así.

58:38 He salido con prisa y olvidé pasar a dejar un paquete en un edificio de la ciudad.¿ Me harían ustedes el favor? Es un sobre con papeles. Hombre, claro, ¿cómo? No lo vamos a hacer, por supuesto. Y les da un sobre con una dirección y su nombre. Bueno, aquel hombre desaparece en la distancia. Tal como llegó, se fue. Arrancan el automóvil y manejan. Y sí, les alcanzó muy bien para llegar a la siguiente ciudad, reabastecer de combustible, pero incluso antes de ir al hotel o antes de ir a recorrer aquello, van al edificio a dejar aquel sobre. Cuando llegan allá, la persona a la que iba dirigido esto, les recibe el sobre y dice,¿ y esto qué es? Pues una persona, esta persona nos ha dado esto, pero¿ esta persona qué?¿ Quién es? Bueno, pues ahí dice, es para ustedes, que no sé qué. Abre el sobre y dice, no, esto no tiene nada que ver. Si es aquí, este es el lugar, es la dirección, pero esta persona no trabaja aquí ni tiene nada que ver con nosotros y estos documentos no son para nosotros y esto no es...

59:35 Está el interés que les despierta esto. a esta pareja, a esta familia, que se dan a la tarea de investigar más, incluso en el registro civil, para ver si había esta persona. No encontraron nunca quién era. Nunca pudieron saber quién era. La dirección era correcta, el envío era correcto, pero eso no era de ese lugar, ni era esa persona, ni tenía nada que ver. Y nunca pudieron localizar ni siquiera quién era la persona. Siempre se quedaron con esa duda de que quizá, Un ángel de la guarda en la carretera los había ayudado. Claro está que no es lo único. A ellos les han tocado dos que tres cosillas por ahí medio extrañas. Porque a ella cuando era pequeñita, tendría unos cuatro o cinco años, en una ciudad muy segura en aquel entonces, le daba por hacer cosas locas.

1:00:28 Como por ejemplo, iba la mamá, el papá, los abuelitos, no sé qué, y ella arrancaba corriendo de una esquina en la ciudad, en la banqueta, en la acera, arrancaba corriendo a toda velocidad hasta llegar a la otra y allá los esperaba. Era un reto, la velocidad en presencia, Dios mío, quién puede con ella, salía corriendo y ya está. Y un día... Siendo chiquitina, cuatro o cinco añitos, va de la mano de mamita, van caminando muy contentas y a ella se le prende una idea genial. Cruzar la calle y llegar antes del otro lado. No tiene idea de que los automóviles pasan a toda velocidad, así es que de pronto suelta la mano de mamá y va a arrancar corriendo cuando de pronto ¡pum! Una mano sujeta, la regresa y aprieta con la mano de mamá. No es un jalón, no es un acto grosero, es una fuerza que la sujeta. La mamá se queda porque siente, la mamá, esa misma mamá que iba en el coche cuando la gasolina, siente claramente como una mano muy fuerte la sujeta. Pero no había nadie. En ese momento ella se queda helada porque la chiquitina, si se hubiera cruzado, se lo hubieran matado los coches. Pero ella se queda con esa clara sensación. Y la chiquitina también le dijo,¿ por qué tan fuerte? Pues sí, pero la que supo que había una mano ahí invisible era la mamá. Estaba protegida, obviamente.

1:01:57 Aquel apretón de mano fue para la mamá. Para que no perdiera a su querida hija.¿ Quién cuidaba de esa mamá? Ahora, este siguiente relato para mí es muy interesante. Y es muy interesante porque la persona que nos lo comparte es un científico, un hombre con preparación académica extensa. No le puedo decir su nombre. Nos ha pedido reservar sus datos. Porque además es una persona con un prestigio enorme, con un reconocimiento enorme. Pero tiene varios grados académicos en el ámbito de la medicina, de la biología, de la citología. Bueno, un científico. Y siempre fue muy científico, muy claro en eso, muy claro en que para él lo que había era el método científico y lo demás eran patrañas. Nos cuenta una historia bonita. Él vive en un mundo un poquito diferente, en Chile, y vivió muy cerca de su abuelo. Su abuelo había sido combatiente durante la Segunda Guerra Mundial en Alemania.

1:03:07 Era un combatiente nazi y había sido oficial. Al término de la guerra tuvo que salir de Alemania, abandonar todo aquello, romper con su mundo y viajar a Chile. Estando allá conoció a una persona que le significó mucho, el poeta Miguel Serrano. Miguel Serrano fue un poeta, fue un diplomático, estuvo en las Naciones Unidas, pero curiosamente era una persona que tenía también una filiación hacia el partido nazi y varias cosas, por eso hoy en día está casi olvidado. Pero era un poeta, además de todo, y él tenía un poema muy bonito que al abuelo le encantó. El poema dice, entre otras cosas, Si tú duermes, yo velo por ti. Si tú partes, yo combatiré por ambos, porque a cada guerrero los dioses le han dado un camarada.

1:03:58 A él le pareció que aquello tenía mucho que ver con su propio pasado. Con su época de lucha, con los tiempos horribles que vivieron. Y resulta que lo tradujo al alemán y lo hizo como una marcha. Como una marcha, como una canción de aquellas. Y este es el soundtrack de la vida del doctor. Porque de niño el abuelo constantemente le cantaba esto hasta el punto en el que se aprendió cada palabra con detalle y siempre lo tenía presente. El abuelo fallece, pasa el tiempo, el doctor emigra, viaja hacia el norte, hacia los Estados Unidos, en donde tiene una esposa, tiene unos hijos y vive en una casa muy mona. Su casa tiene una distribución larga, una distribución amplia.

1:04:48 Está su habitación, está una habitación en medio, un pasillo, un baño, luego viene otra y así. Y hasta el fondo está la cocina, la cocina donde se preparan los alimentos. Una cierta noche, él tiene un sueño muy raro. Se habían ido a dormir temprano. Habían estado todo el día jugando con sus perros, echando relajo. Están muy cansados. Los chicos también están muy cansados. Tiene un par de chicos. Así es que se van a dormir temprano. Deben de ser del orden de las nueve. Se queda dormido y de pronto viene un sueño raro. En el sueño, él escucha los pasos de su abuelo. los pesados pasos del abuelo el abuelo solía usar unas botas pesadas reminiscencia de aquello del pasado y escucha cómo se acerca a la puerta de su recámara en la que él está durmiendo con su esposa la puerta está cerrada y escucha cómo el abuelo se acerca y canta aquella marcha si tú duermes yo velo por ti Todo está oscuro y él claramente en este sueño que está teniendo sabe que el abuelo está allá afuera, sabe que está cantando esto y escucha y ve cómo mueve la chapa de la puerta, la manija, no la abre, no entra a la habitación, pero mueve aquello y lo jalonea. Está en este sueño cuando despierta sobresaltado, muy sobresaltado, y escucha, ahora sí, despierto.

1:06:19 Sentado sobre la cama, escucha los pasos del abuelo recorriendo el largo pasillo que va desde su recámara hasta la zona de la sala y la cocina. Escucha los pasos, eran inconfundibles, era un hombre grandote, muy fuertote, con esos zapatos enormes. Escucha cómo camina, cómo entra a la cocina y cómo azota una puerta en uno de los anaqueles. Había tazas y escucha claramente como al cerrar fuertemente las puertas de este anaquel, las tazas en el interior chocan una con otra y él se levanta. Ya está consciente, no está dormido. Abre la puerta de su habitación y camina hasta allá. Entra a la cocina porque tiene la clara sensación de que el abuelo está ahí. Abre rápidamente las puertas de los anaqueles aquellos y efectivamente hay dos tazas que chocaron, una está rota, como si alguien muy fuerte hubiera golpeado las puertas.¿ Se da cuenta? Que no era un sueño. Y se da cuenta que además hay un olor penetrante a gas, porque ha olvidado una de las perillas de la estufa, la cocina. Una de las perillas con las que se libera el gas para cocinar está abierta y el gas está saliendo libremente. Inmediatamente la sierra abre todas las ventanas, va a la habitación de los chicos y están bien, están dormiditos. Va a la habitación con su esposa que se está despertando.¿ Qué pasó?

1:07:43 No sé cuánto. Es que se estaba saliendo el gas, ventila todo. Habían pasado pocos minutos de que se habían ido a dormir cuando ocurrió aquello. El abuelo era un hombre muy fuerte. Un hombre poderoso que seguía acompañándolo. Casualmente ese día todo había comenzado con un pequeño accidente. Uno de los perros jugando había tirado algo y este a su vez había tirado el detector de gas. En su casa, como buen científico, tenía un detector de humos y un detector de gases. El cacharro aquel se había caído y se había desarmado. Y el doctor, por estar tan cansado, no lo había vuelto a armar. Habría muerto. De no ser por aquella extraña marcha. Si tú duermes, yo velo por ti. Ahora le voy a platicar otra historia. Esta historia viene del norte de México. Y en aquel entonces, la señorita B era una niñita de 4 o 5 años. Y cerca de ahí se ponía la feria. Así es que cada vez que se ponía la feria, los abuelos, los papás, los tíos, todos iban a la feria. Y a ella la fascinaba aquello. No podía esperar a que llegara la feria porque la subían a algún jueguito, le compraban cositas, regalitos.

1:09:03 Y aquella vez no fue la excepción, solo que como había muchos invitados en casa, papá y mamá no fueron. Se fue con el abuelo, con los tíos, con los primitos y allá van. Y están recorriendo puestos, compran una cosita aquí, pero ella no se decide bien. Había visto algo que le llamó la atención. Había visto un señor que tomaba una foto y ahí mismo la revelaba. Era algo portentoso, ella nunca había visto eso. Así es que se queda paradita en el puesto viendo como aquel hombre toma la foto, hace lo suyo, la mete en un llavero y lo entrega. Está absorta en su contemplación cuando se da cuenta que ya no están ahí sus parientes.

1:09:46 Cuando mira para acá, ya no está. Cuando mira para allá, ya no están. Pero no entre en pánico. Y no entre en pánico porque su mamá siempre las llevaba caminando a todas partes. Vivían en una comunidad pequeña. Así es que simplemente en su cabeza infantil dice me regreso a mi casa y ya está. Allá me alcanzarán los demás. Ni modo. Ya después vendremos por el regalito. Y lo hace. Y comienza caminando en dirección hacia la salida. Y en medio de todo aquel gentío, nadie se percata que una chiquitina va caminando ahí tranquilita. Muy bonita, con su vestidito, muy linda, que tú que yo. La gente pasa, llega a la puerta. Hay policías en la puerta cuidando aquello.

1:10:27 Pero están tan entretenidos con la gente que entra y que sale, que nadie se percata que la chiquita sale a la calle. No tenía problema, sabía llegar a su casa. Muy orientada. Empieza a caminar por la banqueta y de pronto un señor ya mayor la detiene. Es un señor muy arreglado, un señor muy mayor, pero muy arreglado, muy derechito, con su bigote muy bien puesto, güerito, peinadito, muy bien vestido. Le dice,¿ estás perdida? No. Y entonces, voy a mi casa. ¿Solita? Sí, solita. Sé dónde es mi casa y sé cómo llegar a mi casa. Está bien, pero no deberías de andar solita en la calle. Es peligroso. Gracias, yo sé llegar. Su papá siempre le había dicho, no platiques con gente desconocida.

1:11:14 Así es que ella no se iba a quedar a platicar más. Aquel hombre simplemente le dice, bueno, está bien, ándale, arranca para tu casa. Yo te voy a ir cuidando. Desde aquí te veo, pero te veo que llegues a tu casa. Y ella empieza a caminar muy contenta, no sé qué, no sé cuánto, voltea y allá está el señor parado viéndolo. Sigue caminando, que tú que yo, que no sé cuánto. Voltea y está el señor viéndola. A ella no le cae el veinte de que ha recorrido varias manzanas y el señor sigue viéndola. Como si cada vez que ella avanza, aquel señor avanza. Pero no siente miedo. De hecho, en un cierto punto del camino se agacha, recoge algo. Había un pedazo de piñata ahí y unas cosas.

1:11:56 Recoge aquello, no sé qué. Voltea y ve al señor mirando. cuidándola. Y sigue caminando hasta que llega a la puerta de su casa, abre la casa, voltea y ya no ve al señor aquel. Entra a su casa y su papá la ve llegar y dice,¿ qué pasó?¿ Se regresaron? No, no, es que yo me regresé solita. ¡Pum! ¡Vale!¡ Qué susto! El papá se arranca corriendo para avisarle a los otros, la mamá la regaña. Le dice, pero no pasó nada porque había un señor cuidándome. Solo que cuando todo el mundo se asomó no había ningún señor. Algo la había estado acompañando. Ella siempre ha pensado eso. Que siempre fue muy protegida. Y no es lo único que ha vivido.

1:12:39 Ya siendo adolescente, ella pasó por periodos muy raros. Periodos de ansiedad, de depresión. Y lo que hacía era que arrancaba a caminar. Simplemente arrancaba a caminar para separarse de todo, para abandonar todo. Y déjeme decirle que ya no era precisamente una época muy segura. En México hemos pasado periodos de mucha violencia, de muchos delitos, de mucho riesgo. Y ella arrancaba caminando y de pronto ya cansada decidía volver, pero a veces ni dinero tenía y acababa pidiendo un aventón, pidiéndole a alguien que la llevara y nunca le pasó nada. Era raro. Siempre llegaba a su casa bien. En algunas ocasiones ha tenido que caminar de madrugada, sola, y siempre se ha sentido muy segura. De hecho, y aunque la gente pudiera pensar que pudiera estar un poco esquizofrénica, ella siempre escucha una voz que le acompaña. Una voz tranquila, pausada, que le pregunta cosas como,¿ cómo te sientes? Bien. Como si estuviera acompañada siempre. Sabe que está protegida. Este siguiente relato nos lo comparte Marco, desde Jalisco, en México. Él nos cuenta que cuando tenía unos 15 o 16 años, se fue al coro de la iglesia a tocar la guitarra. Se reunía el grupo de muchachos, cantaban, tocaban la guitarra, era algo muy bonito. Un buen día, se les ocurre Llevar serenata.

1:14:07 Ya que todos tocan la guitarra y cantan,¿ por qué no llevar serenata a unas chamaconas? Y se ponen de acuerdo y boom, se montan en una camioneta y allá van todos. Son bastantes muchachos, pero los más chicos son Marco y otro muchacho. Y ahí van con su guitarra muy contentos y en eso, en una calle cualquiera, una camioneta les pega. golpea el automóvil y se bajan todos muy salsas. Aquí somos muchos. Y de pronto se bajan de aquel vehículo un montón de borrachos con machetes y palos y bueno. La camioneta de sus amigos arranca, pero ellos estaban abajo con su guitarrita, nada más. Él y su amigo arrancan corriendo con la guitarra como pueden para salir de aquel trance, porque ya sabe usted que en México a veces es peligrosito. Entonces van corriendo por allá y de pronto el amigo se desvía y se va a su casa y lo deja solo. Y entonces él empieza a caminar más rápido porque siente temor de que si aquella gente viene por aquí lo va a encontrar y venga. Y de pronto ahí sobre la calle, conforme va caminando, pasa un señor que le dice, hombre,¿ por qué tanta prisa? Y este muchacho se queda y dice, es que voy para mi casa. Y bueno, le platica un poco lo que les pasó. Y este hombre le dice, no te preocupes, yo te acompaño. Era un señor que le dio una tranquilidad enorme. Señor grandote. Llegan a su casa.

1:15:32 A lo largo de aquel camino van plática y plática. Él mete la llave para abrir la puerta, pero aquel señor viene junto de él. No se imagine usted que allá lejos. Viene junto de él, van platicando, no sé qué. Aquí es mi casa. Lo ve, no sé cuánto, saca las llaves, mete la llave, va a abrir la puerta y ya no está. Sorprendido. Busca por todas partes, pero no había donde se hubiera ido nadie. La calle estaba completamente construida, todo estaba cubierto. Si alguien hubiera caminado en cualquier dirección, no habría visto, no estaba. Ese día se llevó una gran impresión. Marco no había conocido bien a bien a su padre. Había muerto ya algún tiempo atrás su padre. Pero esa noche tuvo esa sensación. Cuando fue a ver al cura al día siguiente y le platicó la odisea que habían pasado y ese extraño encuentro, el cura le dijo que probablemente era su padre. No lo dudo.

1:16:30 Quizá no lo reconoció, porque no sería esa su intención. No se trata de espantar a nadie. Era de noche, de madrugada, estaba oscuro. Lo acompañó y lo cuidó. guardianes o ángeles. Estas historias me gustan mucho porque nos dan la idea de que no estamos solos, de que podemos andar con cierta tranquilidad, de que la vida nos protege, de que hay gente que nos cuida. No siempre, trágicamente no siempre, pero por lo menos sabemos que algunos casos se dan estos fenómenos. Y este otro también me gusta mucho, Miriam. Miriam nos platica que cuando ella tenía 22 años estaba esperando un bebé Era ella sola, no tenía un papá que la apoyara. Pero su papá y su mamá sí la apoyaron.

1:17:21 La cuidaban mucho. Pero ella empezó a tener un problema de salud muy feo. Unos dolores de cabeza horribles. Vivían en una trailer en Houston, Texas, en los Estados Unidos. No era una casa como tal, sino una trailer. Es una casa rodante o algo así. El hecho es que era una recámara aquí, otra recámara acá y aquí en medio todo lo demás. Y una puerta para entrar justo al medio. Uno de esos días ella está tan mal que siente que se muere. Le han mandado en el médico, fue al médico obviamente, le han mandado unas pastillas que no le ayudan en nada. Decide meterse a su habitación. No quiere oír ningún ruido, no quiere hablar con nadie, no quiere luz, no quiere nada, quiere simplemente estar en la más completa oscuridad, en un silencio total. Así es que va y se encierra en su habitación y le pone llave a la puerta. Cierra bien las cortinas, todo bien, y se tiende en la cama sin moverse porque todo aquello le provoca un dolor horrible y no está dormida.

1:18:22 No está dormida, está bien despierta, con los ojos cerrados, cuando escucha que se abre la puerta y alguien entra. Ella no quiere ver, no quiere que le platiquen nada. Tiene los ojos cerraditos, pero alcanza a distinguir que se acerca una sombra, una figura, que extiende la mano y le pone la mano en la frente. Ella siente mucho calor. Es una mano femenina. Se da cuenta de eso inmediatamente. Es una mano muy suave, muy caliente, muy caliente. Le toca la frente, no dice nada. De pronto, después de aquel momento, ella alcanza a distinguir cómo esta persona se da la vuelta y se mete al baño. Dentro de este espacio está el baño. Ella lo primero que piensa es, mi mamá entró.¿ Cómo entró? Si estaba puesta la cerradura, estaba bloqueada la cerradura,¿ cómo entró? Pero después de un momento no sale nadie del baño. Así es que a pesar del dolor de cabeza, abre la puerta y no hay nadie en el baño. Abre la puerta para asomarse y ve que la puerta tiene puesta la chapa, tiene el seguro puesto, no se puede abrir. Así que tiene que quitarlo, abre la puerta y su mamá está afuera sentada. Dice, ¿entraste?¿ A qué?¿ Entraste a la recámara? No, no entré.¿ Pero no entraste al baño? No, no he entrado a tu recámara.

1:19:35 Estaba cerrada. La cerraste con llave. Yo estoy aquí todo el tiempo. Nadie ha entrado. Además, no hay por dónde se meta nadie. Es una cosa muy pequeña. Pero seguro que no entré. Ella, muy sorprendida y muy nerviosa, vuelve a tumbarse.¿ Y sabe qué? Al día siguiente estaba como nueva. En ese momento empezó a bajar el dolor, a bajar el dolor, a bajar el dolor. Y al día siguiente estaba como nueva. Pero no fue la única vez. Poco después de nacida la bebita, probablemente debe de haber tenido un mes. Ella está muy cansada, han sido unas noches muy duras. La bebita tiene algún problemilla por ahí que vuelve el estómago con frecuencia. Todo eso, no duerme. Esa tarde ella no puede más. Acomoda a la bebita y se pone junto. Para que no se ruede y se vaya a caer de la cama, se pone junto. Y se queda dormida. Cuando de pronto una poderosa voz le dice, despierta, la niña se está ahogando. Se levanta y se da cuenta que efectivamente la pequeñita se había puesto boca arriba y había vuelto el estómago y se estaba broncoaspirando. Entonces la toma de inmediato, le da la vuelta y la logra salvar. La niña respira y sobrevive. Estaba sola. No había nadie más en la casa. Alguien tenía un ángel guardián. Ahora,

1:21:06 este otro relato es un relato muy inusual. Me gusta mucho. Me hace pensar en muchas cosas, pero usted juzgue. Luis nos platica un momento muy triste de su vida. Él viene de una comunidad que es San Andrés Tuxtla, en Veracruz, un sitio precioso además. Durante 19 años hicieron todo lo posible por ayudar a su hijo. El niño nació mal. Tenía varios problemas, entre otras cosas tenía sordera, discapacidad visual, autismo y muchas otras complicaciones. Gracias al esfuerzo pudieron tenerlo durante 19 años. Acompañarlo, brindaron todo lo que pudieron. Una historia muy dura. Cuando el chico tiene 19 años, finalmente fallece. Hacen todos los preparativos para el sepelio. Allá se acostumbra a la misa de cuerpo presente. Así es que la carroza funeraria lleva el ataúd con el cuerpo adentro hasta la iglesia. Estando en la iglesia, se hacen una serie de ceremonias, etc. Ese día fallece. Llega a la carroza y él baja para ver que coloquen el ataúd en una cosita, en una especie de soporte con unas rueditas. En lo que salía el sacerdote a autorizar que lo ingresaran y todo eso, él está parado ahí cuando se acerca un perrillo. Un perrillo flaco, sin mucha gracia. Y está ahí junto de él.

1:22:38 ya que el sacerdote dice, bueno, ya pueden pasarlo, pasan aquello y el perrillo, aquel perrito, va junto de él, junto de Luis, todo el tiempo, acompañándolo. Lo meten el cuerpo, el féretro aquel, lo meten a la iglesia y el perrillo va y se planta junto del cadáver, junto del ataúd, ahí en la iglesia y ahí se queda. Cuando Luis se acerca, el perrito se le acerca también y se le queda viendo. Pero se le queda viendo a los ojos de una forma como nunca había visto él un perro hacer eso y siente una especie de consuelo. Él estaba haciéndose el fuerte, pero por dentro estaba devastado, devastado.

1:23:22 Sintió tan extraño, pero todavía más porque el perro se acercó y le puso la cabeza en la pierna. Termina la ceremonia, todo aquello, y viene el momento de llevar el ataúd al cementerio. Pues el perrito fue acompañando el ataúd todo el camino hasta el cementerio y se quedó en el cementerio hasta que todo terminó y todos se retiraron. No sabía qué era aquello. Fue muy raro. Pero tiempo después, no mucho, algún tiempo después fallece otro familiar, una persona muy buena, muy querida. Y repiten el ritual. Llega la carroza, bajan el ataúd, lo ponen en el soporte para esperar a que salga el sacerdote y autorice el ingreso. Y la perrita aquella, porque ya se dieron cuenta que es perrita, llega y se planta ahí. Y repite exactamente la misma faena.

1:24:16 Ingresar a la iglesia, quedarse junto al ataúd y después acompañarlo hasta el cementerio. Este que le estoy presentando ahora es el perrito, la perrita. Es una perrita callejera. No tiene dueño. Vive por ahí de lo que se pepena, de lo que se agarra de alguna cosa que alguien le da. Por supuesto, después de aquello, Luis regresa con el cura y le pregunta, oiga,¿ se ha dado cuenta que el perrito entra?¿ Se ha dado cuenta que el animalito ese viene y acompaña a los difuntos? Y el sacerdote le dice, pues sí, sí. No a todos.¿ Cómo que no a todos? No. La perrita únicamente acompaña a las personas buenas. Si aquí me quieren traer a alguien que fue un borracho de aquellos, un malviviente, la perrita no entra. Si me traen a alguien que se haya quitado la vida por mano propia, la perrita no entra.

1:25:08 Si me traen aquí a alguno de esos vagos delincuentes que luego quieren aquí, la perrita no entra. Pero si fue una persona de bien. como tu hijo o como tu parienta, la perrita los acompaña hasta el cementerio.¿ Se acuerda de lo que le dije del Xolo Iscuintle? El perro de los antiguos mexicanos. El poderoso Xolo que acompaña a las personas al inframundo. Tremenda historia. A mí me ha sorprendido mucho. Es una compañía para los que ya se van. Ahora, después de contarle todas estas cosas tan lindas, le voy a contar una historia que vale la pena contar porque déjeme decirle que no todo lo que brilla es oro y no todo lo que llamamos ángeles necesariamente son ángeles de luz. Acuérdese que también los otros fueron ángeles y ahora están ahí abajo y a veces pasan cosas un poquito feas. Este caso nos lo comparte Marta, allá por el año 98 o 99. hubo algo muy inusual. Ella trabajaba en un hotel en la ciudad mexicana de Monterrey y conocía a una persona importante ahí dentro que era algo así como la contralora. Una mujer muy sobria, muy callada, muy seria, siempre muy discreta en su trato y en su ropa y todo. Y cuando llegaba todos muy célebres.

1:26:33 Y un día la señora aquella aparece Muy alegre, vestida muy diferente, con una actitud muy diferente, muy agradable, muy simpática, muy dicharachera. Y bueno, en medio de aquella plática ella le dice a su amiga esta, la jefa, dice, oye, pero¿ qué pasó contigo?¿ Qué diferente te ves?¿ Qué pasa?¿ Qué está habiendo aquí? Platícame cómo lo hiciste. Y aquella mujer le dice, bueno, mira, lo que pasa es que, bueno, estoy teniendo una relación más íntima con mi ángel guardián. Sí, estoy en un curso y leyendo unos libros y hay unos ritos y una serie de cosas para llamar al ángel guardián y verás que qué bien te va a ir, que no sé cuánto. Te voy a compartir la copia del libro. Ay, gracias, no sé cuánto. Pasan los días y le manda las copias. Y básicamente no era otra cosa que un manual para llamar a tu ángel. Había que hacer una serie de cosas durante las noches y no sé qué y no sé cuánto. ella se puso a pedir al ángel de la guarda que se manifestara y que si ahí estaba pues la cuidara y varias cosillas más y entonces comenzaron a pasarle cosas raras la primera de ellas es que comenzaron a susurrarle al oído ella se acostaba en la cama y empezaban a cuchichearle una cosa muy rara y un poquito atemorizante y luego cuando empezaba aquel sonido parecía que la tocaba algo muy ligerito era un poco raro Luego pasó lo del niño.

1:28:08 Una de esas noches ella termina de hacer sus cosas, cuelga su bata atrás de la puerta, ahí tenía un gancho para colgar la bata de dormir y se va a la cama y de pronto siente que algo se está moviendo, no está dormida obviamente, se incorpora un poco y ve que algo se mueve atrás de la bata, como si hubiera algo atrás, se incorpora un poco más y resulta que ve que allá atrás hay un niño asomándose atrás de la bata, pero no es bonito el niño, es una cosa muy fea, se levanta corriendo y prende la luz, no hay nada. Y luego le pasaban otras cosas. La lamparita de noche tenía una lámpara de contacto de estas que tocas y prenden. Se le prendía sola. Estaba ahí de pronto, pum, se le prendía a mitad de la noche, venga. Y otras cosillas así. Luego, una noche ella escucha que van pasando el hombre de la basura.

1:28:58 Era un hombre que iba con una carreta y que iba juntando basura. Y siempre llevaba un montón de perros. Ella escucha eso y escucha que ladran. Pero nunca ladraban. Así es que corre un poquito su ventana, su cortina, se asoma y los perros están ladrando todos hacia su ventana, como locos. Pero su ventana no tenía balcón, no había donde ver a una persona parada, nada. Y aquellos no paraban de ladrar como locos. Le dio mucho miedo. Esto fue pasando durante varias noches hasta que ya no pudo. Lo platicó con su mamá y su mamá la regañó.¿ Por qué te metes en esas cosas? Pídele perdón a Dios, ve a la misa, ta, ta, ta. Aquello dejó de pasar. Y bueno, fue pasando un poco más de tiempo y un buen día otra amiga le habla y le dice, oye, mira, te voy a mandar tres ángeles para que te cuiden.

1:29:45 Tienes que poner uno a cuidar a tus papás, otro para ti y otro para tus hijos. Vale, no, no me mandes ángeles, por favor, no quiero nada de ángeles. No, que como no, que mira, que no es cierto, que no es físico, es mental, es una proyección. Total, la convence hasta el punto en el que ella dice, bueno, y qué hay que hacer? Hoy a las 10.30 de la noche tienes que abrir la puerta, poner tres velas blancas sobre la mesa, tres rosas blancas y repetir. Son bienvenidos, no sé cuánto, adelante, están en su casa, no sé qué. Dios mío,¿ a quién se le ocurre hacer eso? Ahora que lo estoy pensando, era un riesgo enorme, pero bueno. Ella no lo hace. Se entretiene y cuando van a dar las 10.40, 10 minutos después, lo piensa bien y dice,¿ a poco me voy a parar en la puerta a decir todo eso? Y lo único que hace es abrir la ventana. Dice, por no dejar, bueno, pues, angelitos, adelante, bienvenidos, discúlpenme que no les puse velitas ni florecitas, si quieren quedarse, pues son bienvenidos, miren, a mí me gustaría que tú cuidaras a mis papás, que no sé cuánto, que no sé qué, y santo remedio. Hacía mucho calor esa noche. Entonces los chicos habían estado afuera jugando con los abuelos. Total que ya entran a la casa. Monterrey es una zona caliente, pero de veras. Y llega el chamaco, el más grandecillo, y se le abraza. Tenía ocho años o nueve. Se le abraza y ella lo agarra y dice ¡Ay, huerco! ¡Ándale!

1:31:07 Vete a bañar porque allá le llaman así a los chamacos. Les dicen huercos, huerquillos. Y dice ¡Huerco!¡ Hueles re mal! ¡Ándale!¡ Vete por ahí! No sé qué. En Monterrey hablan con un sonsonete muy simpático. Y el hecho es que el chamaco ya se levanta y se va por allá y apenas unos segundos después regresa y se le abraza. Y ella otra vez le dice, pero huerco, te mandé a bañarte, hueles mal, vete a bañar. Pero se da cuenta que algo no está nada bien. El chiquillo está temblando. Cuando lo mira se da cuenta que tiene los ojos hundidos, está lívido, los labios son blancos, no para de temblar. Y entonces ella se espanta y le grita a su papá, papá, algo está pasando. Papá, venga usted, algo está pasando. Y entra el papá y lo ve al niño, lo sujeta y lo intenta reanimar. Y dice,¿ qué ocurre?¿ Qué ocurre?

1:31:54 Vamos a reanimarlo. Y total, están ahí que no sé qué, que no sé cuánto. Cuando el niño comienza a reaccionar un poquito, les dice que en el baño había visto tres cosas horribles, que hacían como luz, que eran como de luz, pero que eran como duendes, que era una cosa horrible, que lo había espantado mucho. El niño no paraba de temblar, estaba frío, estaba en shock. No estaba mintiendo. Y además, nuestra amiga no le había dicho a nadie que había invocado a aquellos tres supuestos ángeles. Por supuesto, cuando ya pasa todo esto y le dice a su mamá, la mamá se pone como loca, pero¿ cómo se te ocurre? Y otra vez aquello de pide perdón y vamos a la iglesia y todo. El chiquillo pasó mucho tiempo sin poder dormir solo. Así de grave era aquello. Así que A veces hay que tener cuidado. La mayoría de los relatos que le he compartido esta noche han sido encuentros fortuitos.

1:32:51 Han sido encuentros gratos, salvadores, estimulantes, tranquilizantes, pero son fortuitos. No se pide, no se llama, no se invoca y por sobre todas las cosas no pida que algo entre porque nunca va a saber que es lo que estaba afuera y va a entrar. Muchas gracias por haberme acompañado. Muy buenas noches y que descansen en paz. Gracias por ver el video.