Dec. 18, 2025

Viví En Casa De Mi Tía Y Entendí Por Qué Le Decían BRUJA - Historias De Terror - REDE

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0:05 Me llamo María y aún recuerdo ese día en que salí de mi pueblo con mi familia. No lo recuerdo como una tragedia ni como una huida apresurada. Fue una decisión tomada porque ya no teníamos en dónde quedarnos. Las cosas se fueron cerrando poco a poco y llegó un punto en el que seguir ahí dejó de ser posible. Me fui con mi esposo y con mi hijo, llevando lo básico, dejando atrás todo lo demás el único lugar al que podíamos ir era la casa de una tía lejana llevaba muchos años fuera del pueblo y casi nadie hablaba de ella de forma directa desde que yo era niña se decía que se había ido porque andaba en cosas raras que era una bruja y que hacía brujería yo crecí escuchando eso pero nunca lo tomé como algo real en los pueblos siempre se habla de más y a mí me parecía más fácil pensar que simplemente se había ido a hacer su vida lejos. Cuando la contactamos y le explicamos nuestra situación, no lo dudó. Nos dijo que nos podíamos quedar un tiempo mientras nos acomodábamos. Al llegar, me di cuenta de que su casa era grande y vieja, con pasillos largos y cuartos cerrados. Las paredes guardaban el frío, y el silencio se quedaba incluso cuando alguien hablaba. Nos dio un cuarto al fondo separado del suyo, Ahí dormíamos los tres. No era cómodo, pero nos servía. Desde el

1:36 primer día traté de no estorbar, limpiaba lo que podía, ordenaba y cuidaba de mi hijo. Aún así, empecé a notar diferencias en su trato. A mí me hablaba poco y cuando lo hacía eran comentarios directos, secos, casi siempre señalando algo que según ella yo hacía mal. No levantaba la voz, no discutía, solo marcaba distancia. A mi hijo casi no lo miraba. Si pasaba junto a ella, seguía de largo, como si no estuviera ahí. Pero con mi esposo era distinto. Desde el primer día se mostró más atenta con él. Le preparaba comida aparte, le servía más y le preguntaba cómo le había ido. Varias veces le dijo que se veía bien, que se notaba que era trabajador.

2:24 Yo observaba todo eso sin decir nada. pensé que quizá solo quería ser amable o quedar bien con él pero nada más la casa tenía un ambiente cerrado no estaba sucia ni desordenada pero se sentía pesada el cuarto de la tía permanecía siempre con la puerta cerrada de ahí salía un olor constante a incienso y acera quemada era un olor que se quedaba en el pasillo y no se iba aunque abriéramos las ventanas nunca pregunté nada pensé que eran sus costumbres y que no tenía por qué meterme conforme pasaron los días ese trato diferente no cambió y se volvió más claro yo seguía ocupándome de mi hijo y de lo básico en la casa pero empecé a sentir que mi presencia sobraba como si me toleraran más de lo que me aceptaban mi hijo se quedaba casi siempre conmigo en el cuarto Y cuando salía, regresaba rápido, como si no se sintiera cómodo en el resto de la casa. Mi esposo, en cambio, empezó a pasar más tiempo fuera del cuarto. Se quedaba en la cocina o en la sala hablando con ella. A veces los escuchaba reírse, no eran carcajadas, pero se notaba una cercanía que antes no estaba. Cuando yo entraba, la conversación se cortaba y cada quien seguía con lo suyo. no hubo discusiones ni escenas incómodas todo era tranquilo por fuera pero por dentro

3:55 yo empezaba a sentirme fuera de lugar aún así me repetía que era algo temporal que pronto encontraríamos otro lugar no quería pensar mal de alguien que nos había dado techo cuando más lo necesitábamos por las noches el olor del incienso se metía hasta nuestro cuarto no era fuerte pero era constante Mi hijo se movía inquieto al dormir y yo tardaba en conciliar el sueño. No sentía miedo, sentía incomodidad. Era como si algo no me terminara de encajar. Me decía que estaba cansada y que al día siguiente todo se vería distinto. La tía casi nunca entraba a nuestro cuarto. Tampoco se acercaba mucho a mí, pero con mi esposo sí. Varias veces lo llamaba para ayudarle con cosas simples, mover algún mueble, revisar una llave. o cargar cajas que no parecían urgentes. Yo veía como mi esposo respondía de inmediato, sin cuestionar, como si fuera lo más natural.

4:57 Con el paso de los días dejamos de comer juntos. Ella se sentaba con mi esposo en la mesa y yo terminaba comiendo después con mi hijo. Nadie lo dijo en voz alta, simplemente empezó a pasar. Yo trataba de no darle vueltas al asunto, de mantener la calma. de pensar que era una etapa, pero hubo mañanas en las que despertaba con la sensación de no pertenecer a ese lugar. Me levantaba, atendía a mi hijo y seguía con lo mío. Pensé varias veces en irnos de inmediato, pero no teníamos adónde. Me repetía que solo era cuestión de aguantar un poco más.

5:38 Nunca imaginé que esa casa, que al principio vi como un apoyo, iba a marcar el inicio de algo que todavía no alcanzaba a entender. En ese momento creía que todo se acomodaría con el tiempo, mas no sabía que lo que estaba viviendo apenas era el comienzo. Un día entré a su cuarto porque necesitaba buscar algo. No fue una decisión pensada ni un impulso raro, simplemente no encontré lo que buscaba en ningún otro lado, y supuse que podía estar ahí. Toqué la puerta, no hubo respuesta y entré sin darle más vueltas. Desde el primer paso me di cuenta de que había visto algo que no esperaba.

6:20 Había velas negras y rojas colocadas sobre una mesa, algunas ya consumidas y otras todavía enteras. En las paredes había imágenes religiosas, junto a figuras del diablo, unas al lado de otras, sin ningún intento de ocultarlas. Sobre otra superficie había muñecos hechos a mano y varios frascos con líquido turbio, acomodados de manera ordenada, como si formaran parte de algo que se usaba seguido y no como objetos guardados al azar. Me quedé quieta unos segundos observando todo. No sentí ganas de gritar ni de salir corriendo. Tampoco sentí pánico, lo que sentí fue una especie de claridad difícil de explicar, como si de pronto muchas cosas empezaran a tener sentido.

7:09 En ese momento entendí por qué en el pueblo hablaban de ella como hablaban. Cerré la puerta con cuidado y regresé a nuestro cuarto sin hacer ruido, sin decir nada, pensando que lo mejor era seguir como si nada hubiera pasado hasta poder irnos de ahí. Desde ese día, el ambiente en la casa empezó a cambiar de forma clara. No fue algo inmediato ni exagerado. No hubo un antes y un después marcado en un solo momento. Fue un cambio lento pero constante, como si poco a poco las cosas se fueran acomodando de otra manera. Mi esposo ya no era el mismo conmigo. Empezó a hablar menos, a responder con frases cortas y a evitar conversaciones largas. Ya no me preguntaba cómo estaba, ni si el niño había comido o dormido bien. Simplemente seguía con lo suyo. Cada vez pasaba más tiempo con ella. Se quedaban en la cocina o en la sala, hablando en voz baja, a veces por largos ratos. Cuando yo entraba, la conversación se detenía o cambiaba de tema de inmediato. Él se levantaba, se iba a otro lado o se quedaba callado. Empecé a notar que ya no me miraba igual. No había enojo ni discusiones, solo una distancia que no había estado ahí antes. Al mismo tiempo empecé a sentirme mal. Al principio fue cansancio, una sensación de agotamiento, que no se

8:41 iba aunque descansara. Me despertaba sin ganas, con el cuerpo pesado, como si no hubiera dormido. Pensé que era el estrés del cambio, la preocupación por la situación y la incertidumbre de no saber cuánto tiempo íbamos a estar ahí. Por eso mismo no le di importancia. Después empezaron los dolores, primero en el cuerpo, luego en la cabeza. Había días en los que me costaba levantarme de la cama, me mareaba con facilidad y sentía que las fuerzas se me iban rápido. Aún así, trataba de seguir con lo que tenía que hacer, cuidando a mi hijo y atendiendo lo básico.

9:22 Mi hijo también empezó a enfermar, se veía decaído, comía menos y se quejaba de dolor. Ya no tenía la energía de antes ni ganas de jugar. Pasaba más tiempo acostado conmigo, buscando estar cerca. Yo hacía lo posible por atenderlo, pero cada día me sentía más débil y me costaba más. Pensé que era algo común, que se nos pasaría con el tiempo, que quizá solo necesitábamos adaptarnos. La verdad, no quise pensar en otra cosa. Los días siguieron pasando y no mejorábamos. Al contrario, cada mañana despertaba con menos fuerzas que la anterior. Sentía el cuerpo lento, como si algo me estuviera desgastando por dentro, sin darme tregua. Mientras tanto, mi esposo parecía estar bien. Comía con normalidad, dormía tranquilo y se levantaba sin problemas. No se enfermaba ni se quejaba de nada. incluso se veía mejor que antes, con más ánimo, eso fue lo que más me inquietó, ver como mi hijo y yo nos íbamos apagando poco a poco y él no, la tía empezó a comportarse de forma más directa conmigo, ya no sólo era fría o distante, ahora hacía comentarios claros sobre mi estado, decía que yo era débil, que no aguantaba nada y que por eso me enfermaba, a mi hijo lo miraba con desprecio, Y decía que los niños enfermos siempre traían problemas que eran

10:53 una carga. Con mi esposo seguía siendo atenta. Le hablaba con calma, lo escuchaba y le decía qué hacer. Él la obedecía sin cuestionar, como si su palabra fuera suficiente. Yo intenté hablar con mi esposo varias veces, decirle que no me sentía bien, que el niño estaba empeorando y que algo no estaba bien en esa casa. Me escuchaba, pero no reaccionaba. Y me decía que exageraba, que todo era normal y que la tía solo quería ayudarnos. Las noches se volvieron más pesadas, el olor a incienso se sentía con más frecuencia y se metía hasta nuestro cuarto. No sabía si realmente era más fuerte o si yo ya estaba más sensible, pero lo notaba todo el tiempo.

11:39 Mi hijo se despertaba llorando en la madrugada y yo me quedaba despierta cuidándolo. con el cuerpo cansado y la mente llena de pensamientos. Hubo un día en el que intenté hablar con mi esposo con calma, sin reclamos. Le dije que desde que llegamos a esa casa todo había cambiado, que yo no me sentía bien y que el niño tampoco. Me miró sin expresión y dijo que estaba imaginando cosas, que la tía solo nos estaba ayudando y que yo estaba siendo injusta. Después se levantó y se fue con ella, dejándome sola. Ahí empecé a entender que no solo era mi cuerpo el que se estaba debilitando, algo más estaba pasando en esa casa. Algo que no sabía explicar con palabras, pero que sentía todos los días. Empecé a pensar que quedarnos ahí nos estaba haciendo daño, que ese lugar no era para nosotros. Aún así, no tomé una decisión inmediata.

12:39 Me repetía que necesitaba estar segura. que no podía irme sin saber a dónde. Pero cada día que pasaba, mi cuerpo y el de mi hijo me daban la misma señal. No estábamos bien ahí. No sabía exactamente qué hacía esa mujer, ni cómo lo hacía. No vi nada más después de ese día, pero no lo necesitaba. Desde el momento en que entré a su cuarto y vi lo que había, supe que nada volvería a ser igual. Y con el paso de los días, entendí que lo más grave... No fue lo que vi ahí, sino todo lo que empezó a pasar después. Poco a poco, dentro de esa casa y dentro de nosotros. Mi salud y la de mi hijo siguieron empeorando con el paso de los días. Ya no era solo cansancio ni malestar pasajero. Me costaba hacer cosas simples, levantarme de la cama o caminar sin sentir que el cuerpo me fallaba. Había momentos en los que sentía la cabeza ligera y el cuerpo pesado. como si no respondiera igual. Mi hijo estaba igual o peor, dormía más de lo normal, comía poco y había perdido el ánimo para jugar. Yo lo veía apagarse frente a mí, y eso me preocupaba más que cualquier otra cosa. La tía comenzó a hacer comentarios más directos. Ya no eran frases sueltas ni indirectas. Ahora decía claramente que yo no servía para esa casa, que era débil y que por eso me enfermaba. Decía que el niño estorbaba, que siempre

14:13 traía problemas y que así nunca íbamos a salir adelante. No lo decía gritando ni con enojo, lo decía con una frialdad, que me dejaba sin palabras como si estuviera diciendo algo evidente. Mi esposo estaba presente cuando decía esas cosas. Las escuchaba, las aceptaba y no decía nada. No me defendía, no preguntaba y no mostraba desacuerdo. Solo asentía o seguía con lo que estaba haciendo, como si todo eso fuera normal. En ese momento entendí que ya no estaba de mi lado. No fue una discusión ni una pelea fuerte. Fue darme cuenta de que él ya no me veía como antes y que nada de lo que yo dijera iba a cambiar eso. Intenté hablar con él una última vez con calma y sin reproches. Le dije que no me sentía bien, que el niño estaba empeorando y que necesitábamos irnos de esa casa, que por favor nos fuéramos a cualquier lugar con tal de salir de ahí. Me escuchó sin mirarme y me respondió como siempre, que yo exageraba, que todo estaba en mi cabeza y que la tía solo quería ayudarnos, que era buena con nosotros y que yo me estaba volviendo loca. Después se levantó y se fue con ella otra vez, dejándome sola con mis palabras. Ahí supe que estaba completamente sola en ese lugar. Esa noche casi no dormí.

15:39 Mi hijo se movía inquieto y yo me quedé despierta, pensando en todo lo que había pasado desde que llegamos. Pensé en cómo habíamos ido perdiendo fuerza poco a poco y en cómo mi esposo se había ido alejando sin que yo pudiera detenerlo. y en cómo esa casa, que al principio parecía una solución, se había convertido en algo que nos estaba consumiendo. Al amanecer tomé la decisión. No fue un impulso ni un arranque. Fue entender que, si me quedaba ahí, mi hijo y yo nos íbamos a poner peor. Tal vez no de inmediato, pero sí con el tiempo, y yo no estaba dispuesta a permitirlo. Esperé a que mi esposo saliera de la casa. La tía estaba en su cuarto, así que aproveché ese momento para recoger nuestras cosas sin hacer ruido. La verdad, no teníamos mucho, solo lo necesario. Tomé a mi hijo y caminé hacia la salida. Nadie me detuvo y nadie me preguntó nada.

16:42 Antes de cruzar la puerta, el olor a incienso volvió a llegarme desde su cuarto. El mismo olor que había estado presente desde el principio, constante, como marcando ese lugar. pero no volteé atrás, abrí la puerta y salí de ahí. No supe qué pasó después con ellos, no regresé a esa casa ni volví a ver a mi esposo. Los primeros días fueron difíciles, no tenía un lugar fijo ni muchas opciones, pero poco a poco las cosas empezaron a cambiar. Mi cuerpo empezó a responder mejor, los mareos fueron disminuyendo y el cansancio ya no era tan pesado. Mi hijo empezó a comer mejor, a dormir tranquilo y a recuperar el ánimo. No fue algo inmediato, pero fue algo claro.

17:29 Con el paso de los días, la fuerza fue regresando. Mi hijo volvió a jugar y yo pude volver a hacer cosas que antes me costaban. Ahí entendí que salir de esa casa fue lo único que nos permitió mejorar. Nunca supe exactamente qué nos hizo esa mujer ni cómo lo hizo. Tampoco busqué explicaciones ni respuestas. No sentí la necesidad de volver ni de enfrentarla. Con el tiempo entendí que no hacía falta saberlo todo para aceptar lo que había pasado. Hoy, cuando recuerdo esa etapa, entiendo que en el pueblo no hablaban por hablar. Esa mujer siempre fue lo que decían. Yo no lo quise creer hasta que lo viví. Perdí a mi esposo en el proceso, pero gané la tranquilidad de haber protegido a mi hijo. Si volviera a estar en la misma situación, tomaría la misma decisión sin dudarlo, porque lo único que importaba era salir de ahí a tiempo. Lo que comenzó como una ayuda terminó siendo lo peor que me pudo pasar en la vida.

18:34 Casi pierdo la vida y la de mi hijo en manos de esa bruja que yo llamaba tía. Recuerdo ese viaje porque nació de la necesidad de alejarnos de todo. Veníamos de un accidente que nos había cambiado la vida, sobre todo a mí. Mi cuerpo había sanado en parte. Las heridas visibles ya no dolían como antes, pero por dentro seguía cargando muchas cosas que no sabía cómo soltar. Había días en los que me sentía bien y otros en los que cualquier recuerdo me regresaba a ese momento.

19:15 Mi esposo pensó que salir unos días nos ayudaría y yo acepté, porque sentía que de seguir igual no iba a mejorar. El lugar que encontró estaba lejos de la ciudad, rodeado de montañas, sencillo y barato. No buscábamos lujos ni distracciones, solo un sitio donde el ruido no nos alcanzara. El camino fue largo, pero tranquilo. Yo iba mirando por la ventana, tratando de ordenar mis pensamientos mientras mi esposo manejaba en silencio. No hablábamos mucho, no porque hubiera problemas, sino porque ambos estábamos cansados. Cuando llegamos, lo primero que noté fue que, aunque afuera hacía buen clima, dentro se sentía frío. No era humedad ni sombra, era otra cosa, como si el aire no se moviera. El lugar estaba limpio, No parecía abandonado, pero tampoco se sentía usado. Pensé que era mi cuerpo todavía sensible, que tal vez yo estaba percibiendo las cosas de otra manera desde el accidente, y no dije nada.

20:21 Bajamos las cosas del auto y empezamos a acomodarnos. El lugar era pequeño pero suficiente, y mientras guardábamos lo que llevábamos intentamos encender las lámparas, pero ninguna funcionó. Eso me llamó la atención porque antes de salir las habíamos revisado y estaban bien. Mi esposo también se sorprendió pero no le dio demasiada importancia. Pensamos que tal vez las pilas se habían descargado con el tiempo. Decidimos ir al pueblo más cercano a comprar lo que faltaba. No queríamos quedarnos incomunicados ni a oscuras. Cerramos la cabaña y volvimos a subir al auto. El camino era angosto y rodeado de árboles.

21:02 Conforme avanzábamos, empecé a sentir algo extraño, una incomodidad que me recorría el cuerpo, como si alguien estuviera demasiado cerca de nosotros. No era miedo, era una sensación difícil de explicar, como una presión ligera que no se iba. Miré hacia atrás, pero solo íbamos mi esposo y yo. No había nadie más. Me acomodé en el asiento y traté de respirar con calma. No quise darle vueltas. Pensé que quizá el camino y el encierro me estaban afectando, y para distraerme puse música y me quedé mirando el paisaje. El pueblo era pequeño, solo había una tienda abierta, así que bajamos del auto y entramos. Yo fui directo al refrigerador por unas bebidas, pero mientras tomaba las botellas sentí esa misma incomodidad otra vez.

21:55 Cerré la puerta del refrigerador y en el reflejo, Vi a una mujer recargada en nuestro auto. Me miraba fijamente y sonreía, pero no era una sonrisa amable. Era una sonrisa que no se movía, algo aterradora. Volteé de inmediato, pero ya no había nadie, y afuera no había personas cerca, pues la calle estaba vacía. Sentí un nudo en el estómago. Caminé rápido hacia la caja y dejé las bebidas. Mi esposo estaba pagando y yo me quedé a su lado, tratando de parecer tranquila. No le dije nada, pues no quería parecer exagerada, ni empezar el viaje con preocupaciones, que no podía explicar. Salimos de la tienda y subimos al auto.

22:44 Miré alrededor una vez más, pero no vi a nadie. El pueblo se veía igual que cuando llegamos, quieto y vacío. Durante el camino de regreso, mi esposo me habló de cosas simples. de lo que haríamos al día siguiente, de descansar, de caminar un poco por los alrededores. Yo lo escuchaba, pero mi cabeza seguía en otra parte. Al llegar a la cabaña, el frío seguía ahí. Cerramos la puerta y dejé las bebidas en la mesa. Me quité la chamarra y me senté un momento. El silencio era pesado, no incómodo, pero sí distinto. pensé que solo necesitábamos tiempo para adaptarnos y que era normal sentirse raro el primer día. Mi esposo intentó arreglar las lámparas, pero ninguna respondió, así que decidimos usar las luces del auto si era necesario y no darle más vueltas al asunto. Preparamos algo sencillo de comer y nos sentamos juntos. Por momentos me sentía tranquila, como si el cambio de lugar estuviera funcionando, pero esa sensación extraña seguía apareciendo de vez en cuando. Esa tarde recorrí la cabaña con calma. No era grande y todo parecía en orden, pero había rincones que no terminaban de convencerme.

24:01 No supe explicar por qué. Me repetía que estaba cansada, que necesitaba descansar y dejar que los días pasaran. Cuando anocheció, el frío se sintió más. Nos acostamos temprano, pero yo tardé en dormir. La verdad, pensaba en la mujer de la tienda, en la forma en que me miró y en esa sonrisa. Me decía a mí misma que de seguro había sido una confusión, un reflejo mal visto, cualquier cosa. Cerré los ojos y traté de concentrarme en la respiración. Antes de quedarme dormida, tuve la certeza de que algo ya se había movido desde que salimos del pueblo, aunque todavía no entendía qué era ni por qué. Pensé que al día siguiente todo se sentiría distinto, que solo necesitábamos una noche de descanso, pero no sabía que esa sensación era apenas el inicio de lo que estaba por venir.

24:57 De regreso en la cabaña, entré a una parte que no había revisado antes, porque estaba buscando algo. No fue curiosidad ni ganas de investigar, simplemente necesitaba encontrar una cosa que no aparecía en ningún lado. Caminé con calma, revisando cada espacio hasta que llegué a esa zona, que habíamos pasado por alto desde que llegamos. Al entrar, vi cosas que no esperaba encontrar. Había una mesa colocada contra la pared y sobre ella un espejo, una veladora apagada y unos cerillos. A un lado había varios frascos con líquido turbio. Todo estaba acomodado, no parecía olvidado ni abandonado. No se veía como algo viejo ni guardado al azar. De verdad que daba la impresión de que alguien había estado ahí hacía poco, o por lo menos de que ese lugar se usaba para algo específico. Me quedé parada unos segundos, observando.

25:55 No salí corriendo ni grité. Tampoco sentí pánico, solo sentí una incomodidad clara, como cuando uno entra a un lugar en donde no debería estar. En ese momento entendí por qué desde que llegamos la cabaña se sentía distinta. Cerré con cuidado y regresé como si nada, pensando que lo mejor era no comentar nada y buscar la forma de irnos pronto. Desde ese momento empecé a notar cambios. No fueron bruscos ni inmediatos, fueron pequeños, casi imperceptibles al inicio. Mi esposo se volvió más distante conmigo. No discutíamos ni peleábamos, simplemente dejó de preguntar cómo me sentía. Ya no se interesaba por saber si había dormido bien o si me dolía algo. Pasaba más tiempo callado, más tiempo solo, como si su atención estuviera en otra parte. Yo, en cambio, empecé a sentirme mal. Primero fue cansancio. Me despertaba sin energía, con el cuerpo pesado. Pensé que era normal después de todo lo que habíamos pasado. Pero luego aparecieron los dolores, primero en el cuerpo y después en la cabeza. Había momentos en los que sentía que no tenía fuerzas, ni para hacer cosas simples. Con el paso de las horas, esa sensación se volvió una debilidad constante. La verdad, sentí que mi cuerpo no respondía igual. Mi esposo, en cambio,

27:26 estaba bien y se sentía bien. Comía con normalidad, dormía tranquilo y parecía más relajado. No se quejaba de nada, incluso lo notaba más animado que en los días anteriores. Eso fue lo que más me inquietó, porque yo empeoraba y él no. Mi cuerpo se iba apagando poco a poco y el suyo seguía igual o hasta mejor. Esa noche no descansé. Me movía de un lado a otro en la cama y el ambiente se sentía pesado. El olor que venía de esa parte de la casa se percibía más presente, aunque no sabía si realmente era más fuerte o si yo ya estaba más sensible. Solo me repetía que estaba cansada, que necesitaba dormir y que al día siguiente todo se vería distinto. Al día siguiente fuimos al pueblo. Yo no tenía ganas, pero necesitábamos comprar algunas cosas.

28:22 Entramos a la tienda y apenas cruzamos la puerta, sentí que la mujer que atendía me observaba con atención. No era una mirada curiosa, era una mirada fija, como si estuviera midiendo algo. En ese momento apareció una mujer mayor que estaba sentada al fondo. Se acercó sin decir nada y me tomó del brazo. Fue un gesto firme, pero no agresivo. Me preguntó por una herida que yo tenía desde el accidente y también me preguntó si estaba segura de que me la había hecho antes de llegar a la cabaña. La pregunta me tomó por sorpresa y no supe qué responder de inmediato, solo asentí aunque no estaba del todo segura de por qué me lo preguntaba. La mujer me miró en silencio unos segundos más, luego me dijo que no deberíamos estar en ese lugar, que no era bueno para nosotros, que en ese lugar se hacía brujería mala y que una entidad poderosa la habitaba. No explicó nada más, no levantó la voz ni se alteró, simplemente lo dijo y se apartó. Mi esposo intervino y dijo que solo estaríamos unos días más, pero las mujeres no respondieron. Salimos de la tienda y regresamos a la cabaña sin hablar mucho. Durante el camino yo pensaba en lo que había visto y en lo que nos habían dicho.

29:46 No era solo incomodidad, Empezaba a sentir que ese sitio nos estaba afectando de verdad, que no era un simple malestar o sugestión. De vuelta en la cabaña, el ambiente seguía igual, y el frío no se iba. Me senté un momento a descansar, y sentí que el cuerpo no me respondía, pues me costaba concentrarme. Mi esposo me preguntó si estaba bien, pero fue una pregunta rápida, sin detenerse a escuchar realmente la respuesta. Pasaron las horas y los cambios se hicieron más claros. Yo me sentía cada vez más débil y mi esposo cada vez más distante. Aunque no había discusiones ni tampoco había escenas, solo una separación silenciosa que se iba marcando sola. Pero sentía que yo me apagaba y eso él no lo notaba. Esa tarde entendí algo importante. Ese sitio no solo era incómodo, también nos estaba afectando. No supe explicar cómo ni por qué, pero lo sentía en el cuerpo. Pensé en la mesa, en el espejo, en la veladora apagada y en los frascos con líquido turbio. También pensé en la forma en que todo estaba acomodado, como esperando a ser usado de nuevo.

31:03 Regresé al cuarto con una sensación clara y difícil de ignorar. Ese lugar no era un sitio para descansar. Algo ahí estaba cambiando cosas en nosotros, y aunque todavía no tomaba una decisión, ya sabía que quedarnos más tiempo no iba a ayudarnos. Esa noche algo cambió todo, no fue de golpe ni con un ruido fuerte, fue algo que se fue metiendo despacio. Recuerdo escuchar una voz muy cerca de mi oído, tan cerca que parecía venir de dentro de mi cabeza. No recuerdo haber despertado por completo y no recuerdo pensar. Solo recuerdo levantarme, caminar sin prisa, subir y pararme frente al espejo. Estaba cepillando mi cabello de forma mecánica, una y otra vez, sin sentir miedo, sin sentir nada, como si ese movimiento fuera lo único que existía. No tengo memoria clara de cuánto tiempo estuve ahí. No sentía frío ni cansancio y todo estaba en silencio, Y antes de despertar de ese trance, había una mujer detrás de mí.

32:08 Me dijo que ya era de su propiedad y que mi vida le pertenecía mientras se reía de una manera aterradora. El aspecto de la mujer era aterrador, uñas largas, cabello fuera de lugar y unos dientes que daban mucho miedo. Fue mi esposo quien me encontró, pues recuerdo su voz llamándome y luego el movimiento brusco cuando apagó la veladora. Sentí cómo me tomaba en brazos y me bajaba, porque yo no reaccionaba y no podía sostenerme por mí misma. Lo siguiente que recuerdo es despertar en la cama, con la cabeza pesada y el cuerpo entumido. Mi esposo estaba a mi lado y me dijo sin rodeos que nos teníamos que ir, que lo que me había pasado no era normal. Intentamos salir de inmediato, la verdad volvió. Yo todavía estaba confundida, tratando de entender qué había pasado, pero confié en él. Cuando se levantó, noté que caminaba con dificultad, pues se había lastimado el pie al subir a buscarme y manejar se volvió complicado. Aún así, los dos entendimos lo mismo sin decirlo. Quedarnos no era opción, pues ese lugar ya no era solo incómodo, era peligroso. mientras juntábamos lo poco que teníamos la cabaña se sentía distinta no había ruidos exagerados ni figuras apareciendo pero el ambiente se volvía más pesado a cada momento puertas que no cerraban bien luces que parpadeaban sin razón la escalera que crujía

33:43 aunque nadie la tocara esas eran señales claras y suficientes como si el lugar no quisiera dejarnos ir Logramos salir y subir al auto. Condujo como pudo hasta que el dolor en el pie se lo impidió. Nos alejamos lo suficiente y decidimos detenernos. No sabíamos exactamente en dónde estábamos, pero necesitábamos parar. Nos quedamos dentro del auto esperando a que amaneciera. Yo estaba cansada, confundida y con la sensación de haber soñado algo, que todavía no terminaba de irse. Mi esposo tomó su abrigo del asiento de atrás y me cubrió con cuidado. Me preguntó si estaba bien y asentí sin estar segura. Fue entonces cuando notó algo que nos dejó en silencio. Me tomó del brazo para acomodar mejor el abrigo y se quedó mirando fijo. La herida que yo tenía desde el accidente ya no estaba en el mismo brazo. No había desaparecido, solo había cambiado de lugar.

34:44 No dijimos nada durante varios minutos. Pero yo miraba mis manos, tratando de entender. No sentí dolor ni sorpresa inmediata, solo una certeza fría. Ahí entendí que no todo se había quedado en ese lugar. Algo nos había seguido, no como una presencia visible, sino como una marca o una señal imposible de ignorar. Cuando amaneció, retomamos el camino. No hablamos del tema, y cada uno iba pensando en lo suyo. Al llegar a un lugar seguro, mi cuerpo empezó a responder mejor. No fue inmediato, pero con los días la debilidad fue cediendo. Volví a dormir sin despertarme a mitad de la noche. Volví a sentir hambre, y poco a poco algo dentro de mí se acomodó. Nunca regresamos a esa cabaña, y nunca buscamos a nadie para pedir explicaciones, pues no quise saber más. La marca en mi brazo fue suficiente confirmación de que lo que vivimos fue real.

35:46 No era sugestión, no era cansancio, no era el recuerdo del accidente mezclándose con el miedo. Con el tiempo entendí que no todas las cosas necesitan una explicación completa. Algunas solo necesitan ser reconocidas y dejadas atrás. Salir a tiempo fue lo único que nos salvó, no porque lo entendiéramos todo, sino porque escuchamos esa señal clara cuando llegó. Hoy, cuando recuerdo ese viaje, No pienso en el descanso que buscábamos ni en las montañas. Pienso en lo fácil que es ignorar lo que el cuerpo siente y en lo importante que es hacerle caso cuando algo no está bien. Ese lugar nos cambió, pero también nos obligó a irnos antes de que fuera demasiado tarde. No volví a sentir esa voz cerca de mi oído y no volví a caminar dormida ni volví a mirar a esa bruja que apareció en mi trance. No sé si algún día volverá por mí.

36:44 o porque me dijo que yo era de su propiedad. Mi esposo sanó del pie y seguimos adelante, pero esa marca sigue ahí, recordando que hay lugares que no están hechos para quedarse, y decisiones que se tienen que tomar sin esperar a entenderlo todo. Y esa fue la decisión que tomé, salir y no mirar atrás. Confiar en que irnos era lo correcto, aunque no supiéramos exactamente de qué estábamos huyendo. En aquel entonces era un oficial de policía recién transferido a una zona no muy agradable, por decirlo de alguna manera. Tenía que patrullar el lugar y sobre todo atender las llamadas sobre violencia doméstica, que ocurrían bastante seguido.

37:38 Sin mencionar que tenía que estar alerta, pues había algunas pandillas que deseaban hacer daño a los policías que patrullaban la zona. Siempre estaba con un compañero que al parecer ya había estado mucho tiempo patrullando esa zona. Era una persona muy agradable, que siempre intentaba hablarme sobre historias paranormales y todo lo relacionado con ellas. A diferencia de mí, que era un escéptico de lo peor. Jamás había visto un fantasma ni nada parecido. Por lo tanto, decía que nada de eso existía. Que solo eran cuentos de niños o de gente que no tenía nada mejor que hacer y se ponía a inventar cosas. A lo que él me respondía que aquello no era cierto. De hecho, en la zona donde nos encontrábamos se decía que habitaba una bruja, a la que muchos criminales acudían a pedirle ayuda para no ser atrapados o para otros favores similares. Recuerdo que solía bromear, diciendo que en ese caso no teníamos nada que hacer ahí, pues todo estaba siendo protegido por aquella mujer.

38:43 A él no solía darle mucha risa, decía que no nos acercábamos demasiado a esa zona. porque sabíamos bien que las personas de por ahí estaban bastante protegidas por aquella mujer. y que si acaso llegaban a verla, muchos decían que la mujer podía lanzar una horrible maldición, o más bien dicho, podía hacer que toda tu vida cambiara de un día a otro si la hacías enojar. No podía creer que un hombre adulto creyera todas esas historias que seguramente se le contaban a los niños para que no se acercaran a ciertos lugares. pero intenté respetar siempre lo que decía y solía guardar silencio la mayor parte del tiempo. Una de las cosas que sin duda sí me llamaba la atención era cuando él me platicaba de su anterior compañero, quien había visto a esa mujer un día en que había decidido seguir a un criminal hasta esa zona, a pesar de las advertencias que le había hecho. Me cuenta que cuando éste volvió ya no era el mismo. Me dijo que escuchó algunos disparos, luego el grito de su compañero, y cuando pudo encontrarlo, este se encontraba en posición fetal, sujetándose la cara con tal fuerza que ya se había hecho daño con sus propias uñas. También me dice que su mirada ya no era la misma, parecía aterrada, como si hubiera visto al mismo demonio en persona. De hecho, esa fue la razón por la que esa persona abandonó el servicio y no quería saber nada de la policía.

40:17 Yo no creía nada de lo que él me contaba, pensaba que simplemente su compañero había renunciado, pues eso era lo que me habían dicho a mí. Además, creía que yo era bastante nuevo en la zona, y creí que él quería asustarme, tal vez hacerme una de esas clásicas novatadas que solían hacer. No pensaba dejarme arrastrar en su juego, por lo que me mostré escéptico y bastante sereno respecto a aquellas historias. Fue así como poco a poco me fui acostumbrando más a esa zona. Aquel hombre me caía bien, lejos de las historias que a veces solía contarme y hacerme pasar como ciertas. La vida permanecía exactamente igual y todo comenzó a tornarse en una rutina. O al menos así fue, hasta aquel 2 de noviembre en donde todo cambió.

41:06 Aquel día mi compañero no había podido asistir debido a que se había enfermado. y como no teníamos personal, decidieron que estaría bien hacer la guardia solo. Después de todo, ya conocía muy bien el lugar y no creían que tuviera ningún problema. Esto, incluso yo lo creía también. Después de todo, estaba tan acostumbrado y sabía que mientras supiera en qué meterme y qué evitar, no tendría ningún tipo de problema. Ese día, realicé el patrullaje por mi cuenta. Eran alrededor de las once de la noche cuando recibí una llamada sobre un disturbio que parecía estar muy cerca. Inmediatamente me puse manos a la obra. Me dijeron que compañeros llegarían pronto para ayudarme, pues parecía ser más que un simple robo a una tienda. Cuando llegué al sitio donde se suponía que estaba ocurriendo el disturbio, me di cuenta de que ahí no había nadie. Era de hecho una calle donde nadie parecía haber pasado en mucho tiempo.

42:07 Estuve algo confundido y llamé a la estación para asesorarme de que estaba en el lugar correcto. Me confirmaron que sí era. Algo llamó mi atención y me hizo dejar de hablar. A unos cuantos metros de la patrulla parecía venir caminando una mujer. Me llamó tanto la atención que ni siquiera terminé de hablar con la estación. Solo me quedé observándola. Y es que parecía andar raro. Era casi como si sus pies no tocaran el suelo, pues no podía ver el movimiento de los mismos al avanzar. Estuve viéndola por mucho tiempo, hasta que cuando estuvo cerca me di cuenta de lo que ya estaba sospechando. Y es que, en realidad, parecía estar levitando o, al menos, no parecía tener pies. No puedo decirlo con certeza, llevaba un largo vestido que los cubría. Encendí más las luces para poder verla mejor. Estaba cubierta con un rebozo y solo podía ver, más que nada, sus ojos. Estaba directamente a la patrulla.

43:10 La luz no parecía cegarla y yo no podía dejar de mirarla. No sabía cómo actuar al respecto. El miedo me paralizó por un instante, hasta que esta mujer comenzó a moverse en dirección a la patrulla. Fue muy rápida, pero afortunadamente reaccioné a tiempo para dar marcha atrás. A pesar de lo rápido que se movió el auto, esta mujer parecía ser aún más rápida, pues en un momento se lanzó contra la patrulla y parecía estar en el techo. Yo seguía retrocediendo mientras escuchaba cómo golpeaba el auto, rasguñaba y emitía un sonido muy extraño, como un grito. No sabría cómo describirlo. Arañaba el auto y lo golpeaba casi como si quisiera abrirlo a la fuerza para sacarme de ahí.

43:58 Podía ver también cómo rasguñaba los vidrios, lo que me hacía saber que sus uñas eran extremadamente grandes y filosas. Al intentar salir de aquel miedo intenso, y con aquella mujer golpeando el auto, cuando terminé por chocar la patrulla, el impacto me hizo desmayarme. aunque aún podía escuchar cómo aquella mujer continuaba golpeando y arañando el auto con mucha furia. No sé cuánto tiempo estuve desmayado, solo sé que fui despertado por uno de mis compañeros, quienes me cuestionaban sobre lo sucedido. Desperté exaltado, intentando explicarles lo que había visto, cómo esa mujer me había atacado e intentado entrar al auto.

44:40 Todos mis compañeros me miraron con escepticismo. Y en realidad, yo hubiera hecho lo mismo si alguien me lo hubiera contado. Jamás habría creído algo así. Se veía que había sido real. Y como prueba, estaban claramente los golpes y las marcas en la patrulla. Todo estaba ahí. Pero la mujer ya no estaba por ningún lado. Esto también parecía imposible. Mis compañeros estaban muy cerca cuando escucharon el impacto del auto estrellándose. Y la mujer debió haber tenido muy poco tiempo para escapar antes de que ellos llegaran, a pesar de que yo no cambié mi versión en ningún momento. Algunos pensaron que tal vez había sido un ataque de estrés, o que incluso estaba bajo algún tipo de efecto alcohólico. y para ocultarlo prefería contar otra historia sobre una extraña mujer haciendo todo eso. De todas formas, me dijeron que debido al golpe que había sufrido, probablemente había imaginado todo. Me llevaron al hospital y me dieron algunos días de incapacidad, creyendo que, con el tiempo, lograría aclarar mis pensamientos y poder contar lo que realmente había sucedido. A pesar de todo esto, no cambiaba mi versión. Aunque ya estaba en mi casa, podía soñar con aquella mujer que flotaba y atacaba a mi patrulla. Esto ocasionó que no pudiera dormir bien.

46:04 Siempre que lo intentaba, escuchaba aquellos sonidos que mi mente asociaba con el sonido de sus uñas arañando el metal. Comencé a caminar por mi casa para intentar cansarme y poder dormir, y funcionó los primeros días, pero eventualmente dejó de ser efectivo. Una noche, mientras caminaba por mi casa, algo me hizo salir afuera. En el jardín parecía haber una mujer, y no cualquier mujer, sino que parecía ser la misma que había atacado mi vehículo unos días antes. No hacía nada, solo estaba ahí de pie dentro de mi propiedad. Me acerqué más para verla con detenimiento, pero cuando lo hice simplemente se desvaneció. Sentí que estaba perdiendo la cordura, aunque no podía ser posible. Tenía que encontrar una explicación. y la única que se me ocurrió fue que debía estar perdiendo la cordura. Pensé que el golpe había afectado mi cerebro de una manera que ni siquiera imaginaba, y que debía hacer algo al respecto. Fui a hacerme algunas pruebas para ver si mi cerebro estaba bien, pero todas salieron perfectas, lo que me hizo pensar aún más en lo que estaba sucediendo. Con el paso de los días, aquella visión de la mujer se hacía más frecuente. Siempre estaba afuera, en mi patio, mirándome. Por si esto fuera poco, comencé a ver cómo mi dinero simplemente no rendía. No importaba cuánto intentara ahorrar o administrar, simplemente se desvanecía. Además,

47:36 mi casa comenzó a tener un olor desagradable, como si un animal muerto estuviera presente, atravesando las paredes o debajo de mí. No lo sabía con certeza, pero lo único que estaba claro era que no importaba cuánto limpiara o intentara poner aromatizantes. Ese olor siempre se hacía presente y opacaba cualquier otro. Lo peor fueron los moretones. Comencé a notar como por todo mi cuerpo, pero sobre todo en la espalda, comenzaron a salir muchos moretones que se veían muy mal y dolorosos. Los doctores decían que probablemente era una deficiencia de hierro. Me mandaban vitaminas y otros tipos de estudios, pero nunca arrojaba nada. Siempre me había gustado tener muchas plantas en mi casa. Pero desde aquella vez, todo lo que intentaba cultivar moría al instante. Mi jardín, que antes siempre estaba lleno de vida, ahora solo era un montón de plantas marchitas y hierba seca que no importaba cuánto intentara regar o abonar, se mantenía igual. Algo que no había mencionado era que esa mujer siempre parecía estar un poco más cerca. Era como si se acercara un poco más con cada día que pasaba. y comencé a tener mucho miedo. Fue entonces cuando hablé con mi compañero.

48:55 Sabía que, si alguien podía creer todo lo que estaba pasando, era él. Tal vez, con un poco de suerte, también me daría algún consejo sobre qué hacer al respecto. Lo invité a mi casa y le conté todo lo que estaba sucediendo, al mismo tiempo que le mostraba los moretones en mi cuerpo y le explicaba cómo todos los doctores parecían no tener ni idea de lo que estaba pasando. Él me escuchó muy atentamente y me advirtió que esto podría ser muy peligroso. Me dijo que si realmente esa mujer era la bruja de la que me había hablado, entonces podría ser alguna especie de manifestación de ella. A pesar de que le gustaba mucho ese tema, no tenía muchos consejos para mí, pero sí me dio uno que al menos me tranquilizó un poco. Me dijo antes de que esta apareciera, debía rodearla con sal gruesa, Esta alejaba a los malos espíritus. Me sugirió que si esa mujer insistía en entrar, la sal podría ayudar a que se detuviera.

49:58 En ese momento estaba tan desesperado que compré sal gruesa y rodeé mi casa con ella. Para mi sorpresa, aquella noche no vi a la mujer afuera de la casa. Me alegró mucho, incluso pensé que esa podría haber sido la solución desde el principio. y me sentí esperanzado de que tal vez mi vida volvería a la normalidad. Esa misma noche fui despertado por un horrible dolor en la espalda. Había sido despertado antes por la sensación de que alguien me ahogaba o me estaba observando, pero nunca por un dolor tan fuerte como el que experimentaba esa noche. Sentía un dolor intenso como si me estuvieran clavando múltiples punzadas.

50:40 Prendí la luz de inmediato, fui al espejo a verme y quedé horrorizado al ver las marcas de dientes perfectamente marcadas en mi espalda. Sentía que casi me arrancaban un pedazo de piel, lo cual me aterraba. Era doloroso y parecía que comenzaba a infectarse, a pesar de que había pasado solo un par de minutos. Fui al doctor de inmediato, quienes parecieron bastante consternados por lo que me había sucedido. Sabía que no me creerían. Les dije que fue durante una pelea, lo cual parece que tampoco me creyeron, pero al menos no hicieron más preguntas al respecto. Los doctores me atendieron rápidamente y me dijeron que debía haber acudido de inmediato, pues la herida ya comenzaba a infectarse. Ni siquiera les dije que la mordida había ocurrido solo unas horas antes. Sabía que no valía la pena intentar hacer que me creyeran. Salí del consultorio y fui directo a mi casa. No pude dormir el resto de la noche.

51:41 Aunque intentaba dormir, cada vez que algo tocaba mi espalda, la sensación de la horrible mordida recorría todo mi cuerpo. A medida que pasaban los días, me di cuenta de que no importaba lo bien que los doctores limpiaran la herida o cuánto intentara hacer, la herida no mejoraba. Parecía que cada vez acumulaba más pus y comenzaba a oler muy mal. Le comenté esto a mi compañero, quien al verme en un estado tan deplorable, esto estaba afectando tanto mi apariencia como mi salud. Me sugirió que lo mejor sería ir a ver a un brujo, pues tal vez él podría decirme qué estaba pasando. Cuando lo hice, el brujo no parecía interesado en ayudarme. Me dijo que no veía nada malo conmigo y que tal vez debería regresar al médico. pues al menos espiritualmente no había nada malo en mí. Fui a ver al menos tres brujos más y todos me dijeron lo mismo, que no había nada espiritual que estuviera mal, que debía ser un problema médico.

52:42 Las cosas escalaron hasta que mi amigo consiguió un contacto de una persona que aseguraba podría ayudarme. Fue un viaje largo, no vivía cerca de donde yo residía, pero con tal de recuperar un poco de paz en mi vida, hice el viaje con mi compañero. Cuando llegamos, el hombre me miró y me dijo que me quedaba muy poco tiempo de vida en la tierra y que había hecho enojar a alguien muy poderoso. Yo no tenía ni idea de a quién se refería. No me había metido con nadie, solo estaba haciendo mi trabajo. Pero él me dijo que no le importaba, que me había metido en un territorio que no debía y que había tomado mi presencia como un desafío a su autoridad, por lo que no se detendría hasta verme muerto. También me dijo que la presencia que me perseguía estaba ligada a mi casa y que si no la eliminaba y no podría liberarme. Me dijo que no debía preocuparme, que él me daría protección mientras intentaba liberarme de lo que me acechaba. Esto no ocurrió de inmediato, pero él me dio amuletos para que mi vida fuera un poco más normal y pudiera comenzar a dormir y vivir más tranquilo. Esa cosa continuaba acechándome. Tuve que ir de vez en cuando con este hombre para que me diera nuevos amuletos, pues me explicó que estos perdían su efecto con el tiempo debido a la entidad tan poderosa que me perseguía. Este hombre intentó por mucho tiempo ayudarme, y siempre le estaré agradecido, pero nunca logró

54:16 liberarme completamente. Aunque las apariciones son menores y ahora tengo que ir menos a recargar los amuletos, aún tengo que hacerlo hasta el día de hoy. Me advirtió que nunca tuviera descendencia. Aquellos que no están protegidos por esa entidad seguirán sufriendo lo mismo que yo. Aún no estoy seguro de qué vi ese día. Si acaso fue una bruja quien me lanzó esta maldición. Solo espero que algún día tenga piedad de mí y me deje vivir en paz, pues lo único que quiero es vivir el resto de mi vida en tranquilidad. Esto sucedió cuando tenía 16 años, cuando me mudé con mi familia de Nueva York a un pueblo en Oaxaca por motivos familiares, los cuales no son relevantes para esta historia. No indagaré en ellos. Solo diré que íbamos a estar allí por un largo tiempo, y aunque no estaba muy de acuerdo, tampoco tenía una opinión al respecto. Solo debía seguir a mis padres a donde quiera que decidieran ir. Fue entonces cuando llegué allí y todo era muy diferente a donde vivía antes, sobre todo porque no era una ciudad, era un pueblo en el que apenas había televisión y no había casi nada que hacer.

55:39 Yo sentía que aquel era el peor lugar para vivir. La escuela tampoco fue un santuario, pues en un principio los chicos parecían evitarme, o al menos así fue hasta que una chica a la que no diré su nombre real, la llamaremos Laura, Parecía estar muy a gusto conmigo. Siempre me hacía cumplidos y pequeños obsequios, por lo que nos hicimos amigos rápidamente. Ella era bastante atractiva para mi gusto, y en poco tiempo ambos comenzamos a andar. Debo admitir que, incluso para mí, esa relación avanzó demasiado rápido, pero en ese momento no lo notaba. Aquella chica realmente me gustaba.

56:21 Era muy graciosa y atenta conmigo. además de que siempre intentaba procurarme, o al menos así fue durante las primeras semanas de la relación. Y es que en algún momento esto comenzó a tornarse opresivo. La chica quería tenerme controlado todo el tiempo y quería saber en todo momento dónde estaba. No solía ser la clase de hombre que permitiera ese tipo de comportamientos tan tóxicos, pero por alguna razón a ella se lo permitía. Pensaba que ella solo se preocupaba por mí, que solo quería lo mejor para mí. Incluso mis padres comenzaron a decirme que estaba empezando a cambiar desde que estaba con ella. A mí esto no me importaba.

57:04 Les decía que ella me amaba y que todo iba a estar bien siempre y cuando yo la amara de la misma forma, con la misma intensidad. Así fue como lo veía. Nos veíamos todo el tiempo y ella cada vez tenía comportamientos más erráticos hacia mí. Incluso llegó a hacerme daño un par de veces y yo como siempre intentaba justificarla, diciendo que tal vez solo era una persona impulsiva y que seguramente yo había hecho algo malo para que ella actuara de esa forma. Aquella relación comenzó también a tornarse complicada para mí. A pesar de que intentaba dar lo mejor de mí y justificaba todo de Laura, también comencé a sentir como yo mismo me tornaba algo posesivo con ella. La celaba mucho y odiaba verla hablar con cualquier otra persona. Pronto la relación pasó de ser agradable a ser una total tortura. Todo el tiempo estaba molesto y buscaba cualquier excusa para pelear con ella. Incluso llegamos a terminar más de una vez, pero no importaba qué tan fuerte fuera la pelea o las cosas horribles que nos llegáramos a decir. Después de un rato siempre tenía un enorme impulso de regresar con ella. y hacía de todo para que me perdonara y pudiéramos volver a estar juntos. Solía tener muchos sueños con ella. Realmente, era como estar con un enorme peso sobre el pecho mientras ella me abrazaba. Esos eran los sueños más recurrentes que puedo recordar en este momento. También tengo muy presente este

58:38 recuerdo de yo intentando correr y ella detrás de mí. Aunque al principio parecía un sueño típico, algo incluso romántico, yo nunca lo recordé así porque me sentí en peligro. No sabía cómo explicarlo, solo diré que no estaba corriendo como si fuera un juego, sino que más bien estaba intentando huir de ella mientras ella me perseguía con una sonrisa en el rostro. Sabía que no importaba cuánto corriera, simplemente no podría escapar y ella lo sabía. A pesar de que ella pasaba casi todo el tiempo en mi casa, yo nunca había ido a la suya. Durante todo el tiempo que estuvimos juntos, ella siempre tenía una excusa para que yo no fuera. Decía que su madre se molestaba si llevaba algún muchacho o que simplemente no tenía ganas de que yo fuera en ese momento. No lo veía tan raro después de todo, sabía que había padres así.

59:35 Aunque no conocía a su mamá, pensaba que tal vez yo no sería de su agrado. Después de todo, esa relación no parecía ser lo más sano para su hija ni para mí. Recuerdo muy bien una tarde en la que Laura no había ido a la escuela. Me encontraba un poco preocupado por ella y pensaba en ir a su casa para ver que todo estuviera en orden, cuando una chica llamada Xochitl se me acercó. Me dijo que esa era la primera vez que me hablaba porque no encontraba la forma de acercarse a mí sin que Laura lo supiera. y que realmente no deseaba que Laura supiera que estaba hablando conmigo. Le pregunté a qué se refería. Ella me preguntó si alguna vez había ido a la casa de Laura o conocido a su madre, a lo que yo simplemente le dije que no. Le mencioné que su madre parecía no caerle bien según lo que Laura me contaba. Prefería alejarme de todo ese drama. La verdad es que ni siquiera me importaba conocer a su madre o no. Pero ella me detuvo allí y me dijo que a lo mejor sería bueno que supiera que la madre de Laura era muy conocida en el pueblo, pero no por las mejores razones. Me contó que cada vez que alguien quería un trabajo de brujería, una maldición o un amarre, iban con la madre de Laura y que era muy bien sabido que Laura seguía los mismos pasos que su madre, por lo que me advirtió que debía tener mucho cuidado si deseaba seguir involucrándome con ella. que

1:01:05 esta chica me dijera más al respecto de por qué me estaba diciendo todo eso. Pero ella me dijo que ya había dicho demasiado y que no quería meterse en problemas ni con Laura ni con su madre. Me pidió que jamás dijera que ella había hablado conmigo y que lo único que tenía que hacer y podía hacer para dormir tranquilo era dejar a Laura, pues ya había tenido algunas relaciones antes, los cuales no habían terminado muy bien. Aquello realmente rondó mi cabeza por mucho tiempo, y a pesar de que eso hubiera sido suficiente para que cualquier persona decidiera terminar una relación, no lo fue para mí.

1:01:47 A pesar del miedo y la intriga que me había generado la conversación con aquella chica, no podía evitar pensar que yo amaba mucho a Laura. Probablemente ella solo estaba celosa de nuestra relación y quería separarnos por algún motivo. Juré en ese momento que no lo conseguiría. Sé que para muchos dirán que ese pensamiento era muy irracional, pero para mí tenía mucho sentido en ese momento. Fui a la casa de Laura. Sabía bien dónde estaba porque en una ocasión la había acompañado a su casa y aunque no me dejaba entrar, sí la podía reconocer fácilmente. Toqué la puerta un par de veces sin recibir ningún tipo de respuesta y cuando estaba a punto de irme, la puerta se abrió. No era Laura quien me abrió, sino una mujer muy alta y atractiva, quien me miraba con cierta confusión y me preguntaba qué era lo que quería.

1:02:42 Me presenté y ella comenzó a examinarme de pies a cabeza antes de soltar una leve risa burlona y decirme que Laura había ido con su abuela, por lo que no se encontraba en ese momento en casa. Mientras la mujer me decía eso, no pude evitar desviar mi atención a lo que estaba detrás de ella. A pesar de la distancia, pude identificar lo que parecía ser un altar. Tal vez aquello ni siquiera hubiera llamado tanto mi atención, pero no sé por qué pude reconocer lo que parecía ser una fotografía mía. No pude verla por mucho tiempo, aunque no podía reconocer exactamente qué foto era. No recordaba haberme tomado ninguna foto así. La mujer apenas terminó de decirme que Laura no estaba cuando comenzó a cerrar la puerta sin esperar una respuesta mía, evitando que viera más detalles de aquel altar. Recuerdo que me quedé afuera pasmado por casi cinco minutos mientras recordaba lo que me había dicho Xochitl apenas unas horas antes. No podía evitar pensar que tal vez ella tenía razón. Durante el día en que no estuvimos juntos, Todas las ideas que me había sembrado ella comenzaron a cobrar sentido. Comencé a notar todas aquellas cosas raras que habían estado pasando desde que inicié la relación con Laura. Cómo había cambiado, cómo literalmente había reemplazado cada pasatiempo y cosa que me agradaba solo para estar con ella. Cómo incluso había cambiado mi forma de

1:04:13 ser y de ver las relaciones y el amor desde que había estado con ella. Pero, sin duda, lo que más me daba vueltas en la cabeza era aquel altar con mi fotografía en él. No sabía ni siquiera por qué habría algo así en la casa de otra persona. Y aunque no creía mucho en la brujería ni nada parecido, pensaba que tal vez estaba intentando algo conmigo. A pesar de que aún quería amarla, la duda y el miedo crecían en mí. Y eso me llevó a tomar la decisión de terminar con ella. Esto ya había pasado antes, hablo de terminar, pero siempre era por alguna pelea fuerte. Además, sabía que solo bastaban unas horas después para que yo tuviera un deseo incesante de regresar con ella. Y antes de volver a verla, me prometí a mí mismo que no importaba cuánto deseara volver, no lo haría. Tendría que controlarme.

1:05:09 Para mi sorpresa, cuando la vi en la escuela y le dije que deseaba terminar con ella... Pareció estar bastante tranquila al respecto. Me dijo que estaba bien y luego se fue. Yo creí que era demasiado fácil, que esa no era la actitud que ella debería haber tomado. Pero aún así no quise seguir buscando problemas. Pensé que si ella lo aceptaba, entonces no tendría por qué importarme más. Ese sentimiento de querer regresar con ella volvió muy fuerte apenas media hora después. Quise buscarla. pedirle perdón, decirle que en realidad no quería terminar con ella, pero me lo había prometido a mí mismo antes. Sabía que ese sentimiento iba a llegar y ahora que estaba ahí debía aprender a controlarlo. Y eso hice. Pasaron dos días completos en los que estuve a punto de hablar con ella para pedirle que volviéramos, pero pude controlar ese impulso. Con cada día que pasaba parecía más molesta y Y aquel enojo que no había sacado en el momento en el que había terminado con ella parecía estar haciéndose presente. A veces me gritaba durante el descanso o me decía que debíamos regresar, y cuando me veía se volvía muy agresiva, diciéndome que si no volvíamos, entonces yo me arrepentiría. Yo no le tenía miedo ni nada parecido, quería terminar con ella de verdad.

1:06:39 Y a pesar del sentimiento que me invadía de querer volver, logré ser fuerte hasta que un día simplemente no tuve ese sentimiento más. Fue entonces cuando pensé que la había superado. Recuerdo muy bien aquellos días porque me hacían sentirme mejor. Era como si un enorme nudo que me había atado todo el tiempo se estuviera aflojando cada vez más hasta que fui liberado. Pensaba que había podido salir de aquella relación tan tóxica e incluso comencé a ser más amigos en la escuela, al no tenerla todo el tiempo conmigo. La gente parecía querer acercarse más a mí. No había pasado ni un mes de esa calma cuando comenzó la peor experiencia de mi vida. Desperté con un fuerte dolor en la lengua. La sentía hinchada y ni siquiera podía hablar bien. Me levanté y antes de ir a ver a mis padres... Me miré en el espejo, solo para ver, con horror, que parecía estar llena de llagas, al igual que dentro de la boca. Eran dolorosas y, mientras más las miraba, más parecían infectadas. No tenía sentido, pues, la noche antes de acostarme, yo estaba perfecto. Mis padres me llevaron al médico de inmediato. Me hicieron muchos estudios, incluso pruebas de enfermedades de transmisión sexual, pero nada de lo que me mandaban hacer daba resultados. Decían que podría ser una bacteria que había entrado por algo que había comido o tal vez por beber agua sucia, lo cual era imposible,

1:08:12 pues yo nunca había hecho algo así. El dolor era tan espantoso que no podía comer nada, pues me generaba mucho dolor. Con todo esto, también vino un malestar en el estómago. A pesar de no estar comiendo nada, el estómago comenzó a ponerse muy duro y a inflarse. lo cual no tenía sentido porque, como dije antes, todo lo que podía comer debía ser líquido. Masticar era casi imposible para mí. En aquel estado sentía que iba a morir, pues no importaba cuántos médicos me llevaran mis padres, nadie sabía que me estaba sucediendo. Además, todo el tiempo me encontraba cansado, como si mi cuerpo entero me dijera que debía rendirme. Durante todo ese tiempo tampoco podía dormir. dormía creo algunas pocas horas antes de despertar por el dolor las pocas veces que conseguía dormir siempre soñaba con laura esta vez no eran los sueños que solía tener con ella parecía mirarme desde un lugar con mucho odio y al mismo tiempo satisfacción como si disfrutara todo lo que me estaba sucediendo ya no iba a la escuela por ese momento por obvias razones no sabía nada de ella Mis padres estaban desesperados, y los doctores literalmente dijeron que lo mejor sería que me quedara en casa y esperara lo inevitable, ya que cada día empeoraba un poco más.

1:09:37 Mi madre me dijo que una vecina le había comentado que estaba maldito por estar de novio con la hija de la bruja del pueblo, y que lo más seguro era que estaba maldito, ya fuera por la hija o por la madre. Pero claramente, aquello era un trabajo de brujería muy fuerte. Mis padres eran escépticos, como yo. No quisieron tomar muy en serio esas palabras al principio. Pero una vez que tuvieron aquel veredicto de los doctores, de esperar lo inevitable, decidieron tomar esas palabras un poco más en serio. Mi madre contactó a esta vecina, quien le dio el contacto de un brujo que le había ayudado a ella a liberarse de una maldición de esa mujer, la cual había afectado a su esposo por no aceptar tener una relación con ella. Me dijo que ese brujo era muy poderoso y que la madre de Laura de hecho le tenía miedo, por lo que si aceptaba nuestro caso, no solo me salvaría, sino que seguramente aquella mujer no intentaría nada más. Recuerdo muy bien cuando aquel hombre vino a la casa, fue directamente al cuarto y al verme, tocó mi estómago, el cual dijo que probablemente tenía un muñeco lleno de piedras dirigido hacia mí. Le dijo a mis padres que lo que querían las personas que me habían hecho eso no era simplemente causarme dolor, sino que claramente deseaban mi muerte. Estuvo conmigo mucho tiempo. Hizo una limpia con un huevo y con unas hierbas que nunca

1:11:10 supe bien qué eran. Pero después de que pasaran por mi cuerpo, empecé a sentir muchas náuseas y comencé a vomitar. Me sorprendió cuánto vomité. Sabía que mi estómago debía estar vacío, pero aún así no dejaba de vomitar lo que parecía ser pedazos de carne cruda, la cual aún parecía tener sangre en ella. Después de que vomité todo eso, él me dijo que era un trabajo complicado, pero que no debía preocuparme, pues había llegado el momento preciso. Me sobó el estómago muy fuerte, a pesar de que los doctores aseguraban que no debía tocarme esas zonas. Este hombre hizo completamente lo contrario. El dolor fue tan fuerte que incluso llegué a desmayarme por él, pero cuando volví en mí, aquella enorme bola que había estado cargando en el estómago durante meses casi era imperceptible. En ese momento, el hombre dijo que eso no era todo y que debía volver al menos tres veces más. Me dejó algunas hierbas y un horario detallado de lo que debía consumir a ciertas horas precisas. Mi madre hizo que siguiera todo al pie de la letra, sobre todo porque vio la enorme mejoría que mostré casi al instante. Este hombre regresó dándome hierbas y moviendo el estómago. No me decía que aún quedaban algunas piedras, pero que nada de eso podría resolverse en la próxima vez que viniera. Me dijo que estaría bien y que era una persona muy fuerte por haber resistido tanto.

1:12:42 Me dijo que la relación que había tenido con Laura había sido un amarre que ella me había hecho y no era tan experimentada como su madre. Fue por eso que yo pude tener la fuerza de voluntad para dejarla y no volver con ella. Al hacerlo, ella se molestó mucho y pidió a su madre que me hiciera daño. Por eso es que todo terminó de esa forma, pero me dijo que no debía preocuparme, pues ya no me molestaría. Laura tuvo que salirse de la escuela casi cuando yo volví. Nunca supe exactamente por qué, pero según lo que decían en el pueblo, fue a vivir con su abuela. Aunque la madre de Laura aún me veía con mucho odio, jamás volvió a intentar hacerme nada. Y realmente agradezco mucho a aquel hombre por haberme salvado la vida de esas mujeres.