Viví En Casa De Mi Tía Y Entendí Por Qué Le Decían BRUJA - Historias De Terror - REDE
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0:05 Me llamo MarÃa y aún recuerdo ese dÃa en que salà de mi pueblo con mi familia. No lo recuerdo como una tragedia ni como una huida apresurada. Fue una decisión tomada porque ya no tenÃamos en dónde quedarnos. Las cosas se fueron cerrando poco a poco y llegó un punto en el que seguir ahà dejó de ser posible. Me fui con mi esposo y con mi hijo, llevando lo básico, dejando atrás todo lo demás el único lugar al que podÃamos ir era la casa de una tÃa lejana llevaba muchos años fuera del pueblo y casi nadie hablaba de ella de forma directa desde que yo era niña se decÃa que se habÃa ido porque andaba en cosas raras que era una bruja y que hacÃa brujerÃa yo crecà escuchando eso pero nunca lo tomé como algo real en los pueblos siempre se habla de más y a mà me parecÃa más fácil pensar que simplemente se habÃa ido a hacer su vida lejos. Cuando la contactamos y le explicamos nuestra situación, no lo dudó. Nos dijo que nos podÃamos quedar un tiempo mientras nos acomodábamos. Al llegar, me di cuenta de que su casa era grande y vieja, con pasillos largos y cuartos cerrados. Las paredes guardaban el frÃo, y el silencio se quedaba incluso cuando alguien hablaba. Nos dio un cuarto al fondo separado del suyo, Ahà dormÃamos los tres. No era cómodo, pero nos servÃa. Desde el
1:36 primer dÃa traté de no estorbar, limpiaba lo que podÃa, ordenaba y cuidaba de mi hijo. Aún asÃ, empecé a notar diferencias en su trato. A mà me hablaba poco y cuando lo hacÃa eran comentarios directos, secos, casi siempre señalando algo que según ella yo hacÃa mal. No levantaba la voz, no discutÃa, solo marcaba distancia. A mi hijo casi no lo miraba. Si pasaba junto a ella, seguÃa de largo, como si no estuviera ahÃ. Pero con mi esposo era distinto. Desde el primer dÃa se mostró más atenta con él. Le preparaba comida aparte, le servÃa más y le preguntaba cómo le habÃa ido. Varias veces le dijo que se veÃa bien, que se notaba que era trabajador.
2:24 Yo observaba todo eso sin decir nada. pensé que quizá solo querÃa ser amable o quedar bien con él pero nada más la casa tenÃa un ambiente cerrado no estaba sucia ni desordenada pero se sentÃa pesada el cuarto de la tÃa permanecÃa siempre con la puerta cerrada de ahà salÃa un olor constante a incienso y acera quemada era un olor que se quedaba en el pasillo y no se iba aunque abriéramos las ventanas nunca pregunté nada pensé que eran sus costumbres y que no tenÃa por qué meterme conforme pasaron los dÃas ese trato diferente no cambió y se volvió más claro yo seguÃa ocupándome de mi hijo y de lo básico en la casa pero empecé a sentir que mi presencia sobraba como si me toleraran más de lo que me aceptaban mi hijo se quedaba casi siempre conmigo en el cuarto Y cuando salÃa, regresaba rápido, como si no se sintiera cómodo en el resto de la casa. Mi esposo, en cambio, empezó a pasar más tiempo fuera del cuarto. Se quedaba en la cocina o en la sala hablando con ella. A veces los escuchaba reÃrse, no eran carcajadas, pero se notaba una cercanÃa que antes no estaba. Cuando yo entraba, la conversación se cortaba y cada quien seguÃa con lo suyo. no hubo discusiones ni escenas incómodas todo era tranquilo por fuera pero por dentro
3:55 yo empezaba a sentirme fuera de lugar aún asà me repetÃa que era algo temporal que pronto encontrarÃamos otro lugar no querÃa pensar mal de alguien que nos habÃa dado techo cuando más lo necesitábamos por las noches el olor del incienso se metÃa hasta nuestro cuarto no era fuerte pero era constante Mi hijo se movÃa inquieto al dormir y yo tardaba en conciliar el sueño. No sentÃa miedo, sentÃa incomodidad. Era como si algo no me terminara de encajar. Me decÃa que estaba cansada y que al dÃa siguiente todo se verÃa distinto. La tÃa casi nunca entraba a nuestro cuarto. Tampoco se acercaba mucho a mÃ, pero con mi esposo sÃ. Varias veces lo llamaba para ayudarle con cosas simples, mover algún mueble, revisar una llave. o cargar cajas que no parecÃan urgentes. Yo veÃa como mi esposo respondÃa de inmediato, sin cuestionar, como si fuera lo más natural.
4:57 Con el paso de los dÃas dejamos de comer juntos. Ella se sentaba con mi esposo en la mesa y yo terminaba comiendo después con mi hijo. Nadie lo dijo en voz alta, simplemente empezó a pasar. Yo trataba de no darle vueltas al asunto, de mantener la calma. de pensar que era una etapa, pero hubo mañanas en las que despertaba con la sensación de no pertenecer a ese lugar. Me levantaba, atendÃa a mi hijo y seguÃa con lo mÃo. Pensé varias veces en irnos de inmediato, pero no tenÃamos adónde. Me repetÃa que solo era cuestión de aguantar un poco más.
5:38 Nunca imaginé que esa casa, que al principio vi como un apoyo, iba a marcar el inicio de algo que todavÃa no alcanzaba a entender. En ese momento creÃa que todo se acomodarÃa con el tiempo, mas no sabÃa que lo que estaba viviendo apenas era el comienzo. Un dÃa entré a su cuarto porque necesitaba buscar algo. No fue una decisión pensada ni un impulso raro, simplemente no encontré lo que buscaba en ningún otro lado, y supuse que podÃa estar ahÃ. Toqué la puerta, no hubo respuesta y entré sin darle más vueltas. Desde el primer paso me di cuenta de que habÃa visto algo que no esperaba.
6:20 HabÃa velas negras y rojas colocadas sobre una mesa, algunas ya consumidas y otras todavÃa enteras. En las paredes habÃa imágenes religiosas, junto a figuras del diablo, unas al lado de otras, sin ningún intento de ocultarlas. Sobre otra superficie habÃa muñecos hechos a mano y varios frascos con lÃquido turbio, acomodados de manera ordenada, como si formaran parte de algo que se usaba seguido y no como objetos guardados al azar. Me quedé quieta unos segundos observando todo. No sentà ganas de gritar ni de salir corriendo. Tampoco sentà pánico, lo que sentà fue una especie de claridad difÃcil de explicar, como si de pronto muchas cosas empezaran a tener sentido.
7:09 En ese momento entendà por qué en el pueblo hablaban de ella como hablaban. Cerré la puerta con cuidado y regresé a nuestro cuarto sin hacer ruido, sin decir nada, pensando que lo mejor era seguir como si nada hubiera pasado hasta poder irnos de ahÃ. Desde ese dÃa, el ambiente en la casa empezó a cambiar de forma clara. No fue algo inmediato ni exagerado. No hubo un antes y un después marcado en un solo momento. Fue un cambio lento pero constante, como si poco a poco las cosas se fueran acomodando de otra manera. Mi esposo ya no era el mismo conmigo. Empezó a hablar menos, a responder con frases cortas y a evitar conversaciones largas. Ya no me preguntaba cómo estaba, ni si el niño habÃa comido o dormido bien. Simplemente seguÃa con lo suyo. Cada vez pasaba más tiempo con ella. Se quedaban en la cocina o en la sala, hablando en voz baja, a veces por largos ratos. Cuando yo entraba, la conversación se detenÃa o cambiaba de tema de inmediato. Ãl se levantaba, se iba a otro lado o se quedaba callado. Empecé a notar que ya no me miraba igual. No habÃa enojo ni discusiones, solo una distancia que no habÃa estado ahà antes. Al mismo tiempo empecé a sentirme mal. Al principio fue cansancio, una sensación de agotamiento, que no se
8:41 iba aunque descansara. Me despertaba sin ganas, con el cuerpo pesado, como si no hubiera dormido. Pensé que era el estrés del cambio, la preocupación por la situación y la incertidumbre de no saber cuánto tiempo Ãbamos a estar ahÃ. Por eso mismo no le di importancia. Después empezaron los dolores, primero en el cuerpo, luego en la cabeza. HabÃa dÃas en los que me costaba levantarme de la cama, me mareaba con facilidad y sentÃa que las fuerzas se me iban rápido. Aún asÃ, trataba de seguir con lo que tenÃa que hacer, cuidando a mi hijo y atendiendo lo básico.
9:22 Mi hijo también empezó a enfermar, se veÃa decaÃdo, comÃa menos y se quejaba de dolor. Ya no tenÃa la energÃa de antes ni ganas de jugar. Pasaba más tiempo acostado conmigo, buscando estar cerca. Yo hacÃa lo posible por atenderlo, pero cada dÃa me sentÃa más débil y me costaba más. Pensé que era algo común, que se nos pasarÃa con el tiempo, que quizá solo necesitábamos adaptarnos. La verdad, no quise pensar en otra cosa. Los dÃas siguieron pasando y no mejorábamos. Al contrario, cada mañana despertaba con menos fuerzas que la anterior. SentÃa el cuerpo lento, como si algo me estuviera desgastando por dentro, sin darme tregua. Mientras tanto, mi esposo parecÃa estar bien. ComÃa con normalidad, dormÃa tranquilo y se levantaba sin problemas. No se enfermaba ni se quejaba de nada. incluso se veÃa mejor que antes, con más ánimo, eso fue lo que más me inquietó, ver como mi hijo y yo nos Ãbamos apagando poco a poco y él no, la tÃa empezó a comportarse de forma más directa conmigo, ya no sólo era frÃa o distante, ahora hacÃa comentarios claros sobre mi estado, decÃa que yo era débil, que no aguantaba nada y que por eso me enfermaba, a mi hijo lo miraba con desprecio, Y decÃa que los niños enfermos siempre traÃan problemas que eran
10:53 una carga. Con mi esposo seguÃa siendo atenta. Le hablaba con calma, lo escuchaba y le decÃa qué hacer. Ãl la obedecÃa sin cuestionar, como si su palabra fuera suficiente. Yo intenté hablar con mi esposo varias veces, decirle que no me sentÃa bien, que el niño estaba empeorando y que algo no estaba bien en esa casa. Me escuchaba, pero no reaccionaba. Y me decÃa que exageraba, que todo era normal y que la tÃa solo querÃa ayudarnos. Las noches se volvieron más pesadas, el olor a incienso se sentÃa con más frecuencia y se metÃa hasta nuestro cuarto. No sabÃa si realmente era más fuerte o si yo ya estaba más sensible, pero lo notaba todo el tiempo.
11:39 Mi hijo se despertaba llorando en la madrugada y yo me quedaba despierta cuidándolo. con el cuerpo cansado y la mente llena de pensamientos. Hubo un dÃa en el que intenté hablar con mi esposo con calma, sin reclamos. Le dije que desde que llegamos a esa casa todo habÃa cambiado, que yo no me sentÃa bien y que el niño tampoco. Me miró sin expresión y dijo que estaba imaginando cosas, que la tÃa solo nos estaba ayudando y que yo estaba siendo injusta. Después se levantó y se fue con ella, dejándome sola. Ahà empecé a entender que no solo era mi cuerpo el que se estaba debilitando, algo más estaba pasando en esa casa. Algo que no sabÃa explicar con palabras, pero que sentÃa todos los dÃas. Empecé a pensar que quedarnos ahà nos estaba haciendo daño, que ese lugar no era para nosotros. Aún asÃ, no tomé una decisión inmediata.
12:39 Me repetÃa que necesitaba estar segura. que no podÃa irme sin saber a dónde. Pero cada dÃa que pasaba, mi cuerpo y el de mi hijo me daban la misma señal. No estábamos bien ahÃ. No sabÃa exactamente qué hacÃa esa mujer, ni cómo lo hacÃa. No vi nada más después de ese dÃa, pero no lo necesitaba. Desde el momento en que entré a su cuarto y vi lo que habÃa, supe que nada volverÃa a ser igual. Y con el paso de los dÃas, entendà que lo más grave... No fue lo que vi ahÃ, sino todo lo que empezó a pasar después. Poco a poco, dentro de esa casa y dentro de nosotros. Mi salud y la de mi hijo siguieron empeorando con el paso de los dÃas. Ya no era solo cansancio ni malestar pasajero. Me costaba hacer cosas simples, levantarme de la cama o caminar sin sentir que el cuerpo me fallaba. HabÃa momentos en los que sentÃa la cabeza ligera y el cuerpo pesado. como si no respondiera igual. Mi hijo estaba igual o peor, dormÃa más de lo normal, comÃa poco y habÃa perdido el ánimo para jugar. Yo lo veÃa apagarse frente a mÃ, y eso me preocupaba más que cualquier otra cosa. La tÃa comenzó a hacer comentarios más directos. Ya no eran frases sueltas ni indirectas. Ahora decÃa claramente que yo no servÃa para esa casa, que era débil y que por eso me enfermaba. DecÃa que el niño estorbaba, que siempre
14:13 traÃa problemas y que asà nunca Ãbamos a salir adelante. No lo decÃa gritando ni con enojo, lo decÃa con una frialdad, que me dejaba sin palabras como si estuviera diciendo algo evidente. Mi esposo estaba presente cuando decÃa esas cosas. Las escuchaba, las aceptaba y no decÃa nada. No me defendÃa, no preguntaba y no mostraba desacuerdo. Solo asentÃa o seguÃa con lo que estaba haciendo, como si todo eso fuera normal. En ese momento entendà que ya no estaba de mi lado. No fue una discusión ni una pelea fuerte. Fue darme cuenta de que él ya no me veÃa como antes y que nada de lo que yo dijera iba a cambiar eso. Intenté hablar con él una última vez con calma y sin reproches. Le dije que no me sentÃa bien, que el niño estaba empeorando y que necesitábamos irnos de esa casa, que por favor nos fuéramos a cualquier lugar con tal de salir de ahÃ. Me escuchó sin mirarme y me respondió como siempre, que yo exageraba, que todo estaba en mi cabeza y que la tÃa solo querÃa ayudarnos, que era buena con nosotros y que yo me estaba volviendo loca. Después se levantó y se fue con ella otra vez, dejándome sola con mis palabras. Ahà supe que estaba completamente sola en ese lugar. Esa noche casi no dormÃ.
15:39 Mi hijo se movÃa inquieto y yo me quedé despierta, pensando en todo lo que habÃa pasado desde que llegamos. Pensé en cómo habÃamos ido perdiendo fuerza poco a poco y en cómo mi esposo se habÃa ido alejando sin que yo pudiera detenerlo. y en cómo esa casa, que al principio parecÃa una solución, se habÃa convertido en algo que nos estaba consumiendo. Al amanecer tomé la decisión. No fue un impulso ni un arranque. Fue entender que, si me quedaba ahÃ, mi hijo y yo nos Ãbamos a poner peor. Tal vez no de inmediato, pero sà con el tiempo, y yo no estaba dispuesta a permitirlo. Esperé a que mi esposo saliera de la casa. La tÃa estaba en su cuarto, asà que aproveché ese momento para recoger nuestras cosas sin hacer ruido. La verdad, no tenÃamos mucho, solo lo necesario. Tomé a mi hijo y caminé hacia la salida. Nadie me detuvo y nadie me preguntó nada.
16:42 Antes de cruzar la puerta, el olor a incienso volvió a llegarme desde su cuarto. El mismo olor que habÃa estado presente desde el principio, constante, como marcando ese lugar. pero no volteé atrás, abrà la puerta y salà de ahÃ. No supe qué pasó después con ellos, no regresé a esa casa ni volvà a ver a mi esposo. Los primeros dÃas fueron difÃciles, no tenÃa un lugar fijo ni muchas opciones, pero poco a poco las cosas empezaron a cambiar. Mi cuerpo empezó a responder mejor, los mareos fueron disminuyendo y el cansancio ya no era tan pesado. Mi hijo empezó a comer mejor, a dormir tranquilo y a recuperar el ánimo. No fue algo inmediato, pero fue algo claro.
17:29 Con el paso de los dÃas, la fuerza fue regresando. Mi hijo volvió a jugar y yo pude volver a hacer cosas que antes me costaban. Ahà entendà que salir de esa casa fue lo único que nos permitió mejorar. Nunca supe exactamente qué nos hizo esa mujer ni cómo lo hizo. Tampoco busqué explicaciones ni respuestas. No sentà la necesidad de volver ni de enfrentarla. Con el tiempo entendà que no hacÃa falta saberlo todo para aceptar lo que habÃa pasado. Hoy, cuando recuerdo esa etapa, entiendo que en el pueblo no hablaban por hablar. Esa mujer siempre fue lo que decÃan. Yo no lo quise creer hasta que lo vivÃ. Perdà a mi esposo en el proceso, pero gané la tranquilidad de haber protegido a mi hijo. Si volviera a estar en la misma situación, tomarÃa la misma decisión sin dudarlo, porque lo único que importaba era salir de ahà a tiempo. Lo que comenzó como una ayuda terminó siendo lo peor que me pudo pasar en la vida.
18:34 Casi pierdo la vida y la de mi hijo en manos de esa bruja que yo llamaba tÃa. Recuerdo ese viaje porque nació de la necesidad de alejarnos de todo. VenÃamos de un accidente que nos habÃa cambiado la vida, sobre todo a mÃ. Mi cuerpo habÃa sanado en parte. Las heridas visibles ya no dolÃan como antes, pero por dentro seguÃa cargando muchas cosas que no sabÃa cómo soltar. HabÃa dÃas en los que me sentÃa bien y otros en los que cualquier recuerdo me regresaba a ese momento.
19:15 Mi esposo pensó que salir unos dÃas nos ayudarÃa y yo acepté, porque sentÃa que de seguir igual no iba a mejorar. El lugar que encontró estaba lejos de la ciudad, rodeado de montañas, sencillo y barato. No buscábamos lujos ni distracciones, solo un sitio donde el ruido no nos alcanzara. El camino fue largo, pero tranquilo. Yo iba mirando por la ventana, tratando de ordenar mis pensamientos mientras mi esposo manejaba en silencio. No hablábamos mucho, no porque hubiera problemas, sino porque ambos estábamos cansados. Cuando llegamos, lo primero que noté fue que, aunque afuera hacÃa buen clima, dentro se sentÃa frÃo. No era humedad ni sombra, era otra cosa, como si el aire no se moviera. El lugar estaba limpio, No parecÃa abandonado, pero tampoco se sentÃa usado. Pensé que era mi cuerpo todavÃa sensible, que tal vez yo estaba percibiendo las cosas de otra manera desde el accidente, y no dije nada.
20:21 Bajamos las cosas del auto y empezamos a acomodarnos. El lugar era pequeño pero suficiente, y mientras guardábamos lo que llevábamos intentamos encender las lámparas, pero ninguna funcionó. Eso me llamó la atención porque antes de salir las habÃamos revisado y estaban bien. Mi esposo también se sorprendió pero no le dio demasiada importancia. Pensamos que tal vez las pilas se habÃan descargado con el tiempo. Decidimos ir al pueblo más cercano a comprar lo que faltaba. No querÃamos quedarnos incomunicados ni a oscuras. Cerramos la cabaña y volvimos a subir al auto. El camino era angosto y rodeado de árboles.
21:02 Conforme avanzábamos, empecé a sentir algo extraño, una incomodidad que me recorrÃa el cuerpo, como si alguien estuviera demasiado cerca de nosotros. No era miedo, era una sensación difÃcil de explicar, como una presión ligera que no se iba. Miré hacia atrás, pero solo Ãbamos mi esposo y yo. No habÃa nadie más. Me acomodé en el asiento y traté de respirar con calma. No quise darle vueltas. Pensé que quizá el camino y el encierro me estaban afectando, y para distraerme puse música y me quedé mirando el paisaje. El pueblo era pequeño, solo habÃa una tienda abierta, asà que bajamos del auto y entramos. Yo fui directo al refrigerador por unas bebidas, pero mientras tomaba las botellas sentà esa misma incomodidad otra vez.
21:55 Cerré la puerta del refrigerador y en el reflejo, Vi a una mujer recargada en nuestro auto. Me miraba fijamente y sonreÃa, pero no era una sonrisa amable. Era una sonrisa que no se movÃa, algo aterradora. Volteé de inmediato, pero ya no habÃa nadie, y afuera no habÃa personas cerca, pues la calle estaba vacÃa. Sentà un nudo en el estómago. Caminé rápido hacia la caja y dejé las bebidas. Mi esposo estaba pagando y yo me quedé a su lado, tratando de parecer tranquila. No le dije nada, pues no querÃa parecer exagerada, ni empezar el viaje con preocupaciones, que no podÃa explicar. Salimos de la tienda y subimos al auto.
22:44 Miré alrededor una vez más, pero no vi a nadie. El pueblo se veÃa igual que cuando llegamos, quieto y vacÃo. Durante el camino de regreso, mi esposo me habló de cosas simples. de lo que harÃamos al dÃa siguiente, de descansar, de caminar un poco por los alrededores. Yo lo escuchaba, pero mi cabeza seguÃa en otra parte. Al llegar a la cabaña, el frÃo seguÃa ahÃ. Cerramos la puerta y dejé las bebidas en la mesa. Me quité la chamarra y me senté un momento. El silencio era pesado, no incómodo, pero sà distinto. pensé que solo necesitábamos tiempo para adaptarnos y que era normal sentirse raro el primer dÃa. Mi esposo intentó arreglar las lámparas, pero ninguna respondió, asà que decidimos usar las luces del auto si era necesario y no darle más vueltas al asunto. Preparamos algo sencillo de comer y nos sentamos juntos. Por momentos me sentÃa tranquila, como si el cambio de lugar estuviera funcionando, pero esa sensación extraña seguÃa apareciendo de vez en cuando. Esa tarde recorrà la cabaña con calma. No era grande y todo parecÃa en orden, pero habÃa rincones que no terminaban de convencerme.
24:01 No supe explicar por qué. Me repetÃa que estaba cansada, que necesitaba descansar y dejar que los dÃas pasaran. Cuando anocheció, el frÃo se sintió más. Nos acostamos temprano, pero yo tardé en dormir. La verdad, pensaba en la mujer de la tienda, en la forma en que me miró y en esa sonrisa. Me decÃa a mà misma que de seguro habÃa sido una confusión, un reflejo mal visto, cualquier cosa. Cerré los ojos y traté de concentrarme en la respiración. Antes de quedarme dormida, tuve la certeza de que algo ya se habÃa movido desde que salimos del pueblo, aunque todavÃa no entendÃa qué era ni por qué. Pensé que al dÃa siguiente todo se sentirÃa distinto, que solo necesitábamos una noche de descanso, pero no sabÃa que esa sensación era apenas el inicio de lo que estaba por venir.
24:57 De regreso en la cabaña, entré a una parte que no habÃa revisado antes, porque estaba buscando algo. No fue curiosidad ni ganas de investigar, simplemente necesitaba encontrar una cosa que no aparecÃa en ningún lado. Caminé con calma, revisando cada espacio hasta que llegué a esa zona, que habÃamos pasado por alto desde que llegamos. Al entrar, vi cosas que no esperaba encontrar. HabÃa una mesa colocada contra la pared y sobre ella un espejo, una veladora apagada y unos cerillos. A un lado habÃa varios frascos con lÃquido turbio. Todo estaba acomodado, no parecÃa olvidado ni abandonado. No se veÃa como algo viejo ni guardado al azar. De verdad que daba la impresión de que alguien habÃa estado ahà hacÃa poco, o por lo menos de que ese lugar se usaba para algo especÃfico. Me quedé parada unos segundos, observando.
25:55 No salà corriendo ni grité. Tampoco sentà pánico, solo sentà una incomodidad clara, como cuando uno entra a un lugar en donde no deberÃa estar. En ese momento entendà por qué desde que llegamos la cabaña se sentÃa distinta. Cerré con cuidado y regresé como si nada, pensando que lo mejor era no comentar nada y buscar la forma de irnos pronto. Desde ese momento empecé a notar cambios. No fueron bruscos ni inmediatos, fueron pequeños, casi imperceptibles al inicio. Mi esposo se volvió más distante conmigo. No discutÃamos ni peleábamos, simplemente dejó de preguntar cómo me sentÃa. Ya no se interesaba por saber si habÃa dormido bien o si me dolÃa algo. Pasaba más tiempo callado, más tiempo solo, como si su atención estuviera en otra parte. Yo, en cambio, empecé a sentirme mal. Primero fue cansancio. Me despertaba sin energÃa, con el cuerpo pesado. Pensé que era normal después de todo lo que habÃamos pasado. Pero luego aparecieron los dolores, primero en el cuerpo y después en la cabeza. HabÃa momentos en los que sentÃa que no tenÃa fuerzas, ni para hacer cosas simples. Con el paso de las horas, esa sensación se volvió una debilidad constante. La verdad, sentà que mi cuerpo no respondÃa igual. Mi esposo, en cambio,
27:26 estaba bien y se sentÃa bien. ComÃa con normalidad, dormÃa tranquilo y parecÃa más relajado. No se quejaba de nada, incluso lo notaba más animado que en los dÃas anteriores. Eso fue lo que más me inquietó, porque yo empeoraba y él no. Mi cuerpo se iba apagando poco a poco y el suyo seguÃa igual o hasta mejor. Esa noche no descansé. Me movÃa de un lado a otro en la cama y el ambiente se sentÃa pesado. El olor que venÃa de esa parte de la casa se percibÃa más presente, aunque no sabÃa si realmente era más fuerte o si yo ya estaba más sensible. Solo me repetÃa que estaba cansada, que necesitaba dormir y que al dÃa siguiente todo se verÃa distinto. Al dÃa siguiente fuimos al pueblo. Yo no tenÃa ganas, pero necesitábamos comprar algunas cosas.
28:22 Entramos a la tienda y apenas cruzamos la puerta, sentà que la mujer que atendÃa me observaba con atención. No era una mirada curiosa, era una mirada fija, como si estuviera midiendo algo. En ese momento apareció una mujer mayor que estaba sentada al fondo. Se acercó sin decir nada y me tomó del brazo. Fue un gesto firme, pero no agresivo. Me preguntó por una herida que yo tenÃa desde el accidente y también me preguntó si estaba segura de que me la habÃa hecho antes de llegar a la cabaña. La pregunta me tomó por sorpresa y no supe qué responder de inmediato, solo asentà aunque no estaba del todo segura de por qué me lo preguntaba. La mujer me miró en silencio unos segundos más, luego me dijo que no deberÃamos estar en ese lugar, que no era bueno para nosotros, que en ese lugar se hacÃa brujerÃa mala y que una entidad poderosa la habitaba. No explicó nada más, no levantó la voz ni se alteró, simplemente lo dijo y se apartó. Mi esposo intervino y dijo que solo estarÃamos unos dÃas más, pero las mujeres no respondieron. Salimos de la tienda y regresamos a la cabaña sin hablar mucho. Durante el camino yo pensaba en lo que habÃa visto y en lo que nos habÃan dicho.
29:46 No era solo incomodidad, Empezaba a sentir que ese sitio nos estaba afectando de verdad, que no era un simple malestar o sugestión. De vuelta en la cabaña, el ambiente seguÃa igual, y el frÃo no se iba. Me senté un momento a descansar, y sentà que el cuerpo no me respondÃa, pues me costaba concentrarme. Mi esposo me preguntó si estaba bien, pero fue una pregunta rápida, sin detenerse a escuchar realmente la respuesta. Pasaron las horas y los cambios se hicieron más claros. Yo me sentÃa cada vez más débil y mi esposo cada vez más distante. Aunque no habÃa discusiones ni tampoco habÃa escenas, solo una separación silenciosa que se iba marcando sola. Pero sentÃa que yo me apagaba y eso él no lo notaba. Esa tarde entendà algo importante. Ese sitio no solo era incómodo, también nos estaba afectando. No supe explicar cómo ni por qué, pero lo sentÃa en el cuerpo. Pensé en la mesa, en el espejo, en la veladora apagada y en los frascos con lÃquido turbio. También pensé en la forma en que todo estaba acomodado, como esperando a ser usado de nuevo.
31:03 Regresé al cuarto con una sensación clara y difÃcil de ignorar. Ese lugar no era un sitio para descansar. Algo ahà estaba cambiando cosas en nosotros, y aunque todavÃa no tomaba una decisión, ya sabÃa que quedarnos más tiempo no iba a ayudarnos. Esa noche algo cambió todo, no fue de golpe ni con un ruido fuerte, fue algo que se fue metiendo despacio. Recuerdo escuchar una voz muy cerca de mi oÃdo, tan cerca que parecÃa venir de dentro de mi cabeza. No recuerdo haber despertado por completo y no recuerdo pensar. Solo recuerdo levantarme, caminar sin prisa, subir y pararme frente al espejo. Estaba cepillando mi cabello de forma mecánica, una y otra vez, sin sentir miedo, sin sentir nada, como si ese movimiento fuera lo único que existÃa. No tengo memoria clara de cuánto tiempo estuve ahÃ. No sentÃa frÃo ni cansancio y todo estaba en silencio, Y antes de despertar de ese trance, habÃa una mujer detrás de mÃ.
32:08 Me dijo que ya era de su propiedad y que mi vida le pertenecÃa mientras se reÃa de una manera aterradora. El aspecto de la mujer era aterrador, uñas largas, cabello fuera de lugar y unos dientes que daban mucho miedo. Fue mi esposo quien me encontró, pues recuerdo su voz llamándome y luego el movimiento brusco cuando apagó la veladora. Sentà cómo me tomaba en brazos y me bajaba, porque yo no reaccionaba y no podÃa sostenerme por mà misma. Lo siguiente que recuerdo es despertar en la cama, con la cabeza pesada y el cuerpo entumido. Mi esposo estaba a mi lado y me dijo sin rodeos que nos tenÃamos que ir, que lo que me habÃa pasado no era normal. Intentamos salir de inmediato, la verdad volvió. Yo todavÃa estaba confundida, tratando de entender qué habÃa pasado, pero confié en él. Cuando se levantó, noté que caminaba con dificultad, pues se habÃa lastimado el pie al subir a buscarme y manejar se volvió complicado. Aún asÃ, los dos entendimos lo mismo sin decirlo. Quedarnos no era opción, pues ese lugar ya no era solo incómodo, era peligroso. mientras juntábamos lo poco que tenÃamos la cabaña se sentÃa distinta no habÃa ruidos exagerados ni figuras apareciendo pero el ambiente se volvÃa más pesado a cada momento puertas que no cerraban bien luces que parpadeaban sin razón la escalera que crujÃa
33:43 aunque nadie la tocara esas eran señales claras y suficientes como si el lugar no quisiera dejarnos ir Logramos salir y subir al auto. Condujo como pudo hasta que el dolor en el pie se lo impidió. Nos alejamos lo suficiente y decidimos detenernos. No sabÃamos exactamente en dónde estábamos, pero necesitábamos parar. Nos quedamos dentro del auto esperando a que amaneciera. Yo estaba cansada, confundida y con la sensación de haber soñado algo, que todavÃa no terminaba de irse. Mi esposo tomó su abrigo del asiento de atrás y me cubrió con cuidado. Me preguntó si estaba bien y asentà sin estar segura. Fue entonces cuando notó algo que nos dejó en silencio. Me tomó del brazo para acomodar mejor el abrigo y se quedó mirando fijo. La herida que yo tenÃa desde el accidente ya no estaba en el mismo brazo. No habÃa desaparecido, solo habÃa cambiado de lugar.
34:44 No dijimos nada durante varios minutos. Pero yo miraba mis manos, tratando de entender. No sentà dolor ni sorpresa inmediata, solo una certeza frÃa. Ahà entendà que no todo se habÃa quedado en ese lugar. Algo nos habÃa seguido, no como una presencia visible, sino como una marca o una señal imposible de ignorar. Cuando amaneció, retomamos el camino. No hablamos del tema, y cada uno iba pensando en lo suyo. Al llegar a un lugar seguro, mi cuerpo empezó a responder mejor. No fue inmediato, pero con los dÃas la debilidad fue cediendo. Volvà a dormir sin despertarme a mitad de la noche. Volvà a sentir hambre, y poco a poco algo dentro de mà se acomodó. Nunca regresamos a esa cabaña, y nunca buscamos a nadie para pedir explicaciones, pues no quise saber más. La marca en mi brazo fue suficiente confirmación de que lo que vivimos fue real.
35:46 No era sugestión, no era cansancio, no era el recuerdo del accidente mezclándose con el miedo. Con el tiempo entendà que no todas las cosas necesitan una explicación completa. Algunas solo necesitan ser reconocidas y dejadas atrás. Salir a tiempo fue lo único que nos salvó, no porque lo entendiéramos todo, sino porque escuchamos esa señal clara cuando llegó. Hoy, cuando recuerdo ese viaje, No pienso en el descanso que buscábamos ni en las montañas. Pienso en lo fácil que es ignorar lo que el cuerpo siente y en lo importante que es hacerle caso cuando algo no está bien. Ese lugar nos cambió, pero también nos obligó a irnos antes de que fuera demasiado tarde. No volvà a sentir esa voz cerca de mi oÃdo y no volvà a caminar dormida ni volvà a mirar a esa bruja que apareció en mi trance. No sé si algún dÃa volverá por mÃ.
36:44 o porque me dijo que yo era de su propiedad. Mi esposo sanó del pie y seguimos adelante, pero esa marca sigue ahÃ, recordando que hay lugares que no están hechos para quedarse, y decisiones que se tienen que tomar sin esperar a entenderlo todo. Y esa fue la decisión que tomé, salir y no mirar atrás. Confiar en que irnos era lo correcto, aunque no supiéramos exactamente de qué estábamos huyendo. En aquel entonces era un oficial de policÃa recién transferido a una zona no muy agradable, por decirlo de alguna manera. TenÃa que patrullar el lugar y sobre todo atender las llamadas sobre violencia doméstica, que ocurrÃan bastante seguido.
37:38 Sin mencionar que tenÃa que estar alerta, pues habÃa algunas pandillas que deseaban hacer daño a los policÃas que patrullaban la zona. Siempre estaba con un compañero que al parecer ya habÃa estado mucho tiempo patrullando esa zona. Era una persona muy agradable, que siempre intentaba hablarme sobre historias paranormales y todo lo relacionado con ellas. A diferencia de mÃ, que era un escéptico de lo peor. Jamás habÃa visto un fantasma ni nada parecido. Por lo tanto, decÃa que nada de eso existÃa. Que solo eran cuentos de niños o de gente que no tenÃa nada mejor que hacer y se ponÃa a inventar cosas. A lo que él me respondÃa que aquello no era cierto. De hecho, en la zona donde nos encontrábamos se decÃa que habitaba una bruja, a la que muchos criminales acudÃan a pedirle ayuda para no ser atrapados o para otros favores similares. Recuerdo que solÃa bromear, diciendo que en ese caso no tenÃamos nada que hacer ahÃ, pues todo estaba siendo protegido por aquella mujer.
38:43 A él no solÃa darle mucha risa, decÃa que no nos acercábamos demasiado a esa zona. porque sabÃamos bien que las personas de por ahà estaban bastante protegidas por aquella mujer. y que si acaso llegaban a verla, muchos decÃan que la mujer podÃa lanzar una horrible maldición, o más bien dicho, podÃa hacer que toda tu vida cambiara de un dÃa a otro si la hacÃas enojar. No podÃa creer que un hombre adulto creyera todas esas historias que seguramente se le contaban a los niños para que no se acercaran a ciertos lugares. pero intenté respetar siempre lo que decÃa y solÃa guardar silencio la mayor parte del tiempo. Una de las cosas que sin duda sà me llamaba la atención era cuando él me platicaba de su anterior compañero, quien habÃa visto a esa mujer un dÃa en que habÃa decidido seguir a un criminal hasta esa zona, a pesar de las advertencias que le habÃa hecho. Me cuenta que cuando éste volvió ya no era el mismo. Me dijo que escuchó algunos disparos, luego el grito de su compañero, y cuando pudo encontrarlo, este se encontraba en posición fetal, sujetándose la cara con tal fuerza que ya se habÃa hecho daño con sus propias uñas. También me dice que su mirada ya no era la misma, parecÃa aterrada, como si hubiera visto al mismo demonio en persona. De hecho, esa fue la razón por la que esa persona abandonó el servicio y no querÃa saber nada de la policÃa.
40:17 Yo no creÃa nada de lo que él me contaba, pensaba que simplemente su compañero habÃa renunciado, pues eso era lo que me habÃan dicho a mÃ. Además, creÃa que yo era bastante nuevo en la zona, y creà que él querÃa asustarme, tal vez hacerme una de esas clásicas novatadas que solÃan hacer. No pensaba dejarme arrastrar en su juego, por lo que me mostré escéptico y bastante sereno respecto a aquellas historias. Fue asà como poco a poco me fui acostumbrando más a esa zona. Aquel hombre me caÃa bien, lejos de las historias que a veces solÃa contarme y hacerme pasar como ciertas. La vida permanecÃa exactamente igual y todo comenzó a tornarse en una rutina. O al menos asà fue, hasta aquel 2 de noviembre en donde todo cambió.
41:06 Aquel dÃa mi compañero no habÃa podido asistir debido a que se habÃa enfermado. y como no tenÃamos personal, decidieron que estarÃa bien hacer la guardia solo. Después de todo, ya conocÃa muy bien el lugar y no creÃan que tuviera ningún problema. Esto, incluso yo lo creÃa también. Después de todo, estaba tan acostumbrado y sabÃa que mientras supiera en qué meterme y qué evitar, no tendrÃa ningún tipo de problema. Ese dÃa, realicé el patrullaje por mi cuenta. Eran alrededor de las once de la noche cuando recibà una llamada sobre un disturbio que parecÃa estar muy cerca. Inmediatamente me puse manos a la obra. Me dijeron que compañeros llegarÃan pronto para ayudarme, pues parecÃa ser más que un simple robo a una tienda. Cuando llegué al sitio donde se suponÃa que estaba ocurriendo el disturbio, me di cuenta de que ahà no habÃa nadie. Era de hecho una calle donde nadie parecÃa haber pasado en mucho tiempo.
42:07 Estuve algo confundido y llamé a la estación para asesorarme de que estaba en el lugar correcto. Me confirmaron que sà era. Algo llamó mi atención y me hizo dejar de hablar. A unos cuantos metros de la patrulla parecÃa venir caminando una mujer. Me llamó tanto la atención que ni siquiera terminé de hablar con la estación. Solo me quedé observándola. Y es que parecÃa andar raro. Era casi como si sus pies no tocaran el suelo, pues no podÃa ver el movimiento de los mismos al avanzar. Estuve viéndola por mucho tiempo, hasta que cuando estuvo cerca me di cuenta de lo que ya estaba sospechando. Y es que, en realidad, parecÃa estar levitando o, al menos, no parecÃa tener pies. No puedo decirlo con certeza, llevaba un largo vestido que los cubrÃa. Encendà más las luces para poder verla mejor. Estaba cubierta con un rebozo y solo podÃa ver, más que nada, sus ojos. Estaba directamente a la patrulla.
43:10 La luz no parecÃa cegarla y yo no podÃa dejar de mirarla. No sabÃa cómo actuar al respecto. El miedo me paralizó por un instante, hasta que esta mujer comenzó a moverse en dirección a la patrulla. Fue muy rápida, pero afortunadamente reaccioné a tiempo para dar marcha atrás. A pesar de lo rápido que se movió el auto, esta mujer parecÃa ser aún más rápida, pues en un momento se lanzó contra la patrulla y parecÃa estar en el techo. Yo seguÃa retrocediendo mientras escuchaba cómo golpeaba el auto, rasguñaba y emitÃa un sonido muy extraño, como un grito. No sabrÃa cómo describirlo. Arañaba el auto y lo golpeaba casi como si quisiera abrirlo a la fuerza para sacarme de ahÃ.
43:58 PodÃa ver también cómo rasguñaba los vidrios, lo que me hacÃa saber que sus uñas eran extremadamente grandes y filosas. Al intentar salir de aquel miedo intenso, y con aquella mujer golpeando el auto, cuando terminé por chocar la patrulla, el impacto me hizo desmayarme. aunque aún podÃa escuchar cómo aquella mujer continuaba golpeando y arañando el auto con mucha furia. No sé cuánto tiempo estuve desmayado, solo sé que fui despertado por uno de mis compañeros, quienes me cuestionaban sobre lo sucedido. Desperté exaltado, intentando explicarles lo que habÃa visto, cómo esa mujer me habÃa atacado e intentado entrar al auto.
44:40 Todos mis compañeros me miraron con escepticismo. Y en realidad, yo hubiera hecho lo mismo si alguien me lo hubiera contado. Jamás habrÃa creÃdo algo asÃ. Se veÃa que habÃa sido real. Y como prueba, estaban claramente los golpes y las marcas en la patrulla. Todo estaba ahÃ. Pero la mujer ya no estaba por ningún lado. Esto también parecÃa imposible. Mis compañeros estaban muy cerca cuando escucharon el impacto del auto estrellándose. Y la mujer debió haber tenido muy poco tiempo para escapar antes de que ellos llegaran, a pesar de que yo no cambié mi versión en ningún momento. Algunos pensaron que tal vez habÃa sido un ataque de estrés, o que incluso estaba bajo algún tipo de efecto alcohólico. y para ocultarlo preferÃa contar otra historia sobre una extraña mujer haciendo todo eso. De todas formas, me dijeron que debido al golpe que habÃa sufrido, probablemente habÃa imaginado todo. Me llevaron al hospital y me dieron algunos dÃas de incapacidad, creyendo que, con el tiempo, lograrÃa aclarar mis pensamientos y poder contar lo que realmente habÃa sucedido. A pesar de todo esto, no cambiaba mi versión. Aunque ya estaba en mi casa, podÃa soñar con aquella mujer que flotaba y atacaba a mi patrulla. Esto ocasionó que no pudiera dormir bien.
46:04 Siempre que lo intentaba, escuchaba aquellos sonidos que mi mente asociaba con el sonido de sus uñas arañando el metal. Comencé a caminar por mi casa para intentar cansarme y poder dormir, y funcionó los primeros dÃas, pero eventualmente dejó de ser efectivo. Una noche, mientras caminaba por mi casa, algo me hizo salir afuera. En el jardÃn parecÃa haber una mujer, y no cualquier mujer, sino que parecÃa ser la misma que habÃa atacado mi vehÃculo unos dÃas antes. No hacÃa nada, solo estaba ahà de pie dentro de mi propiedad. Me acerqué más para verla con detenimiento, pero cuando lo hice simplemente se desvaneció. Sentà que estaba perdiendo la cordura, aunque no podÃa ser posible. TenÃa que encontrar una explicación. y la única que se me ocurrió fue que debÃa estar perdiendo la cordura. Pensé que el golpe habÃa afectado mi cerebro de una manera que ni siquiera imaginaba, y que debÃa hacer algo al respecto. Fui a hacerme algunas pruebas para ver si mi cerebro estaba bien, pero todas salieron perfectas, lo que me hizo pensar aún más en lo que estaba sucediendo. Con el paso de los dÃas, aquella visión de la mujer se hacÃa más frecuente. Siempre estaba afuera, en mi patio, mirándome. Por si esto fuera poco, comencé a ver cómo mi dinero simplemente no rendÃa. No importaba cuánto intentara ahorrar o administrar, simplemente se desvanecÃa. Además,
47:36 mi casa comenzó a tener un olor desagradable, como si un animal muerto estuviera presente, atravesando las paredes o debajo de mÃ. No lo sabÃa con certeza, pero lo único que estaba claro era que no importaba cuánto limpiara o intentara poner aromatizantes. Ese olor siempre se hacÃa presente y opacaba cualquier otro. Lo peor fueron los moretones. Comencé a notar como por todo mi cuerpo, pero sobre todo en la espalda, comenzaron a salir muchos moretones que se veÃan muy mal y dolorosos. Los doctores decÃan que probablemente era una deficiencia de hierro. Me mandaban vitaminas y otros tipos de estudios, pero nunca arrojaba nada. Siempre me habÃa gustado tener muchas plantas en mi casa. Pero desde aquella vez, todo lo que intentaba cultivar morÃa al instante. Mi jardÃn, que antes siempre estaba lleno de vida, ahora solo era un montón de plantas marchitas y hierba seca que no importaba cuánto intentara regar o abonar, se mantenÃa igual. Algo que no habÃa mencionado era que esa mujer siempre parecÃa estar un poco más cerca. Era como si se acercara un poco más con cada dÃa que pasaba. y comencé a tener mucho miedo. Fue entonces cuando hablé con mi compañero.
48:55 SabÃa que, si alguien podÃa creer todo lo que estaba pasando, era él. Tal vez, con un poco de suerte, también me darÃa algún consejo sobre qué hacer al respecto. Lo invité a mi casa y le conté todo lo que estaba sucediendo, al mismo tiempo que le mostraba los moretones en mi cuerpo y le explicaba cómo todos los doctores parecÃan no tener ni idea de lo que estaba pasando. Ãl me escuchó muy atentamente y me advirtió que esto podrÃa ser muy peligroso. Me dijo que si realmente esa mujer era la bruja de la que me habÃa hablado, entonces podrÃa ser alguna especie de manifestación de ella. A pesar de que le gustaba mucho ese tema, no tenÃa muchos consejos para mÃ, pero sà me dio uno que al menos me tranquilizó un poco. Me dijo antes de que esta apareciera, debÃa rodearla con sal gruesa, Esta alejaba a los malos espÃritus. Me sugirió que si esa mujer insistÃa en entrar, la sal podrÃa ayudar a que se detuviera.
49:58 En ese momento estaba tan desesperado que compré sal gruesa y rodeé mi casa con ella. Para mi sorpresa, aquella noche no vi a la mujer afuera de la casa. Me alegró mucho, incluso pensé que esa podrÃa haber sido la solución desde el principio. y me sentà esperanzado de que tal vez mi vida volverÃa a la normalidad. Esa misma noche fui despertado por un horrible dolor en la espalda. HabÃa sido despertado antes por la sensación de que alguien me ahogaba o me estaba observando, pero nunca por un dolor tan fuerte como el que experimentaba esa noche. SentÃa un dolor intenso como si me estuvieran clavando múltiples punzadas.
50:40 Prendà la luz de inmediato, fui al espejo a verme y quedé horrorizado al ver las marcas de dientes perfectamente marcadas en mi espalda. SentÃa que casi me arrancaban un pedazo de piel, lo cual me aterraba. Era doloroso y parecÃa que comenzaba a infectarse, a pesar de que habÃa pasado solo un par de minutos. Fui al doctor de inmediato, quienes parecieron bastante consternados por lo que me habÃa sucedido. SabÃa que no me creerÃan. Les dije que fue durante una pelea, lo cual parece que tampoco me creyeron, pero al menos no hicieron más preguntas al respecto. Los doctores me atendieron rápidamente y me dijeron que debÃa haber acudido de inmediato, pues la herida ya comenzaba a infectarse. Ni siquiera les dije que la mordida habÃa ocurrido solo unas horas antes. SabÃa que no valÃa la pena intentar hacer que me creyeran. Salà del consultorio y fui directo a mi casa. No pude dormir el resto de la noche.
51:41 Aunque intentaba dormir, cada vez que algo tocaba mi espalda, la sensación de la horrible mordida recorrÃa todo mi cuerpo. A medida que pasaban los dÃas, me di cuenta de que no importaba lo bien que los doctores limpiaran la herida o cuánto intentara hacer, la herida no mejoraba. ParecÃa que cada vez acumulaba más pus y comenzaba a oler muy mal. Le comenté esto a mi compañero, quien al verme en un estado tan deplorable, esto estaba afectando tanto mi apariencia como mi salud. Me sugirió que lo mejor serÃa ir a ver a un brujo, pues tal vez él podrÃa decirme qué estaba pasando. Cuando lo hice, el brujo no parecÃa interesado en ayudarme. Me dijo que no veÃa nada malo conmigo y que tal vez deberÃa regresar al médico. pues al menos espiritualmente no habÃa nada malo en mÃ. Fui a ver al menos tres brujos más y todos me dijeron lo mismo, que no habÃa nada espiritual que estuviera mal, que debÃa ser un problema médico.
52:42 Las cosas escalaron hasta que mi amigo consiguió un contacto de una persona que aseguraba podrÃa ayudarme. Fue un viaje largo, no vivÃa cerca de donde yo residÃa, pero con tal de recuperar un poco de paz en mi vida, hice el viaje con mi compañero. Cuando llegamos, el hombre me miró y me dijo que me quedaba muy poco tiempo de vida en la tierra y que habÃa hecho enojar a alguien muy poderoso. Yo no tenÃa ni idea de a quién se referÃa. No me habÃa metido con nadie, solo estaba haciendo mi trabajo. Pero él me dijo que no le importaba, que me habÃa metido en un territorio que no debÃa y que habÃa tomado mi presencia como un desafÃo a su autoridad, por lo que no se detendrÃa hasta verme muerto. También me dijo que la presencia que me perseguÃa estaba ligada a mi casa y que si no la eliminaba y no podrÃa liberarme. Me dijo que no debÃa preocuparme, que él me darÃa protección mientras intentaba liberarme de lo que me acechaba. Esto no ocurrió de inmediato, pero él me dio amuletos para que mi vida fuera un poco más normal y pudiera comenzar a dormir y vivir más tranquilo. Esa cosa continuaba acechándome. Tuve que ir de vez en cuando con este hombre para que me diera nuevos amuletos, pues me explicó que estos perdÃan su efecto con el tiempo debido a la entidad tan poderosa que me perseguÃa. Este hombre intentó por mucho tiempo ayudarme, y siempre le estaré agradecido, pero nunca logró
54:16 liberarme completamente. Aunque las apariciones son menores y ahora tengo que ir menos a recargar los amuletos, aún tengo que hacerlo hasta el dÃa de hoy. Me advirtió que nunca tuviera descendencia. Aquellos que no están protegidos por esa entidad seguirán sufriendo lo mismo que yo. Aún no estoy seguro de qué vi ese dÃa. Si acaso fue una bruja quien me lanzó esta maldición. Solo espero que algún dÃa tenga piedad de mà y me deje vivir en paz, pues lo único que quiero es vivir el resto de mi vida en tranquilidad. Esto sucedió cuando tenÃa 16 años, cuando me mudé con mi familia de Nueva York a un pueblo en Oaxaca por motivos familiares, los cuales no son relevantes para esta historia. No indagaré en ellos. Solo diré que Ãbamos a estar allà por un largo tiempo, y aunque no estaba muy de acuerdo, tampoco tenÃa una opinión al respecto. Solo debÃa seguir a mis padres a donde quiera que decidieran ir. Fue entonces cuando llegué allà y todo era muy diferente a donde vivÃa antes, sobre todo porque no era una ciudad, era un pueblo en el que apenas habÃa televisión y no habÃa casi nada que hacer.
55:39 Yo sentÃa que aquel era el peor lugar para vivir. La escuela tampoco fue un santuario, pues en un principio los chicos parecÃan evitarme, o al menos asà fue hasta que una chica a la que no diré su nombre real, la llamaremos Laura, ParecÃa estar muy a gusto conmigo. Siempre me hacÃa cumplidos y pequeños obsequios, por lo que nos hicimos amigos rápidamente. Ella era bastante atractiva para mi gusto, y en poco tiempo ambos comenzamos a andar. Debo admitir que, incluso para mÃ, esa relación avanzó demasiado rápido, pero en ese momento no lo notaba. Aquella chica realmente me gustaba.
56:21 Era muy graciosa y atenta conmigo. además de que siempre intentaba procurarme, o al menos asà fue durante las primeras semanas de la relación. Y es que en algún momento esto comenzó a tornarse opresivo. La chica querÃa tenerme controlado todo el tiempo y querÃa saber en todo momento dónde estaba. No solÃa ser la clase de hombre que permitiera ese tipo de comportamientos tan tóxicos, pero por alguna razón a ella se lo permitÃa. Pensaba que ella solo se preocupaba por mÃ, que solo querÃa lo mejor para mÃ. Incluso mis padres comenzaron a decirme que estaba empezando a cambiar desde que estaba con ella. A mà esto no me importaba.
57:04 Les decÃa que ella me amaba y que todo iba a estar bien siempre y cuando yo la amara de la misma forma, con la misma intensidad. Asà fue como lo veÃa. Nos veÃamos todo el tiempo y ella cada vez tenÃa comportamientos más erráticos hacia mÃ. Incluso llegó a hacerme daño un par de veces y yo como siempre intentaba justificarla, diciendo que tal vez solo era una persona impulsiva y que seguramente yo habÃa hecho algo malo para que ella actuara de esa forma. Aquella relación comenzó también a tornarse complicada para mÃ. A pesar de que intentaba dar lo mejor de mà y justificaba todo de Laura, también comencé a sentir como yo mismo me tornaba algo posesivo con ella. La celaba mucho y odiaba verla hablar con cualquier otra persona. Pronto la relación pasó de ser agradable a ser una total tortura. Todo el tiempo estaba molesto y buscaba cualquier excusa para pelear con ella. Incluso llegamos a terminar más de una vez, pero no importaba qué tan fuerte fuera la pelea o las cosas horribles que nos llegáramos a decir. Después de un rato siempre tenÃa un enorme impulso de regresar con ella. y hacÃa de todo para que me perdonara y pudiéramos volver a estar juntos. SolÃa tener muchos sueños con ella. Realmente, era como estar con un enorme peso sobre el pecho mientras ella me abrazaba. Esos eran los sueños más recurrentes que puedo recordar en este momento. También tengo muy presente este
58:38 recuerdo de yo intentando correr y ella detrás de mÃ. Aunque al principio parecÃa un sueño tÃpico, algo incluso romántico, yo nunca lo recordé asà porque me sentà en peligro. No sabÃa cómo explicarlo, solo diré que no estaba corriendo como si fuera un juego, sino que más bien estaba intentando huir de ella mientras ella me perseguÃa con una sonrisa en el rostro. SabÃa que no importaba cuánto corriera, simplemente no podrÃa escapar y ella lo sabÃa. A pesar de que ella pasaba casi todo el tiempo en mi casa, yo nunca habÃa ido a la suya. Durante todo el tiempo que estuvimos juntos, ella siempre tenÃa una excusa para que yo no fuera. DecÃa que su madre se molestaba si llevaba algún muchacho o que simplemente no tenÃa ganas de que yo fuera en ese momento. No lo veÃa tan raro después de todo, sabÃa que habÃa padres asÃ.
59:35 Aunque no conocÃa a su mamá, pensaba que tal vez yo no serÃa de su agrado. Después de todo, esa relación no parecÃa ser lo más sano para su hija ni para mÃ. Recuerdo muy bien una tarde en la que Laura no habÃa ido a la escuela. Me encontraba un poco preocupado por ella y pensaba en ir a su casa para ver que todo estuviera en orden, cuando una chica llamada Xochitl se me acercó. Me dijo que esa era la primera vez que me hablaba porque no encontraba la forma de acercarse a mà sin que Laura lo supiera. y que realmente no deseaba que Laura supiera que estaba hablando conmigo. Le pregunté a qué se referÃa. Ella me preguntó si alguna vez habÃa ido a la casa de Laura o conocido a su madre, a lo que yo simplemente le dije que no. Le mencioné que su madre parecÃa no caerle bien según lo que Laura me contaba. PreferÃa alejarme de todo ese drama. La verdad es que ni siquiera me importaba conocer a su madre o no. Pero ella me detuvo allà y me dijo que a lo mejor serÃa bueno que supiera que la madre de Laura era muy conocida en el pueblo, pero no por las mejores razones. Me contó que cada vez que alguien querÃa un trabajo de brujerÃa, una maldición o un amarre, iban con la madre de Laura y que era muy bien sabido que Laura seguÃa los mismos pasos que su madre, por lo que me advirtió que debÃa tener mucho cuidado si deseaba seguir involucrándome con ella. que
1:01:05 esta chica me dijera más al respecto de por qué me estaba diciendo todo eso. Pero ella me dijo que ya habÃa dicho demasiado y que no querÃa meterse en problemas ni con Laura ni con su madre. Me pidió que jamás dijera que ella habÃa hablado conmigo y que lo único que tenÃa que hacer y podÃa hacer para dormir tranquilo era dejar a Laura, pues ya habÃa tenido algunas relaciones antes, los cuales no habÃan terminado muy bien. Aquello realmente rondó mi cabeza por mucho tiempo, y a pesar de que eso hubiera sido suficiente para que cualquier persona decidiera terminar una relación, no lo fue para mÃ.
1:01:47 A pesar del miedo y la intriga que me habÃa generado la conversación con aquella chica, no podÃa evitar pensar que yo amaba mucho a Laura. Probablemente ella solo estaba celosa de nuestra relación y querÃa separarnos por algún motivo. Juré en ese momento que no lo conseguirÃa. Sé que para muchos dirán que ese pensamiento era muy irracional, pero para mà tenÃa mucho sentido en ese momento. Fui a la casa de Laura. SabÃa bien dónde estaba porque en una ocasión la habÃa acompañado a su casa y aunque no me dejaba entrar, sà la podÃa reconocer fácilmente. Toqué la puerta un par de veces sin recibir ningún tipo de respuesta y cuando estaba a punto de irme, la puerta se abrió. No era Laura quien me abrió, sino una mujer muy alta y atractiva, quien me miraba con cierta confusión y me preguntaba qué era lo que querÃa.
1:02:42 Me presenté y ella comenzó a examinarme de pies a cabeza antes de soltar una leve risa burlona y decirme que Laura habÃa ido con su abuela, por lo que no se encontraba en ese momento en casa. Mientras la mujer me decÃa eso, no pude evitar desviar mi atención a lo que estaba detrás de ella. A pesar de la distancia, pude identificar lo que parecÃa ser un altar. Tal vez aquello ni siquiera hubiera llamado tanto mi atención, pero no sé por qué pude reconocer lo que parecÃa ser una fotografÃa mÃa. No pude verla por mucho tiempo, aunque no podÃa reconocer exactamente qué foto era. No recordaba haberme tomado ninguna foto asÃ. La mujer apenas terminó de decirme que Laura no estaba cuando comenzó a cerrar la puerta sin esperar una respuesta mÃa, evitando que viera más detalles de aquel altar. Recuerdo que me quedé afuera pasmado por casi cinco minutos mientras recordaba lo que me habÃa dicho Xochitl apenas unas horas antes. No podÃa evitar pensar que tal vez ella tenÃa razón. Durante el dÃa en que no estuvimos juntos, Todas las ideas que me habÃa sembrado ella comenzaron a cobrar sentido. Comencé a notar todas aquellas cosas raras que habÃan estado pasando desde que inicié la relación con Laura. Cómo habÃa cambiado, cómo literalmente habÃa reemplazado cada pasatiempo y cosa que me agradaba solo para estar con ella. Cómo incluso habÃa cambiado mi forma de
1:04:13 ser y de ver las relaciones y el amor desde que habÃa estado con ella. Pero, sin duda, lo que más me daba vueltas en la cabeza era aquel altar con mi fotografÃa en él. No sabÃa ni siquiera por qué habrÃa algo asà en la casa de otra persona. Y aunque no creÃa mucho en la brujerÃa ni nada parecido, pensaba que tal vez estaba intentando algo conmigo. A pesar de que aún querÃa amarla, la duda y el miedo crecÃan en mÃ. Y eso me llevó a tomar la decisión de terminar con ella. Esto ya habÃa pasado antes, hablo de terminar, pero siempre era por alguna pelea fuerte. Además, sabÃa que solo bastaban unas horas después para que yo tuviera un deseo incesante de regresar con ella. Y antes de volver a verla, me prometà a mà mismo que no importaba cuánto deseara volver, no lo harÃa. TendrÃa que controlarme.
1:05:09 Para mi sorpresa, cuando la vi en la escuela y le dije que deseaba terminar con ella... Pareció estar bastante tranquila al respecto. Me dijo que estaba bien y luego se fue. Yo creà que era demasiado fácil, que esa no era la actitud que ella deberÃa haber tomado. Pero aún asà no quise seguir buscando problemas. Pensé que si ella lo aceptaba, entonces no tendrÃa por qué importarme más. Ese sentimiento de querer regresar con ella volvió muy fuerte apenas media hora después. Quise buscarla. pedirle perdón, decirle que en realidad no querÃa terminar con ella, pero me lo habÃa prometido a mà mismo antes. SabÃa que ese sentimiento iba a llegar y ahora que estaba ahà debÃa aprender a controlarlo. Y eso hice. Pasaron dos dÃas completos en los que estuve a punto de hablar con ella para pedirle que volviéramos, pero pude controlar ese impulso. Con cada dÃa que pasaba parecÃa más molesta y Y aquel enojo que no habÃa sacado en el momento en el que habÃa terminado con ella parecÃa estar haciéndose presente. A veces me gritaba durante el descanso o me decÃa que debÃamos regresar, y cuando me veÃa se volvÃa muy agresiva, diciéndome que si no volvÃamos, entonces yo me arrepentirÃa. Yo no le tenÃa miedo ni nada parecido, querÃa terminar con ella de verdad.
1:06:39 Y a pesar del sentimiento que me invadÃa de querer volver, logré ser fuerte hasta que un dÃa simplemente no tuve ese sentimiento más. Fue entonces cuando pensé que la habÃa superado. Recuerdo muy bien aquellos dÃas porque me hacÃan sentirme mejor. Era como si un enorme nudo que me habÃa atado todo el tiempo se estuviera aflojando cada vez más hasta que fui liberado. Pensaba que habÃa podido salir de aquella relación tan tóxica e incluso comencé a ser más amigos en la escuela, al no tenerla todo el tiempo conmigo. La gente parecÃa querer acercarse más a mÃ. No habÃa pasado ni un mes de esa calma cuando comenzó la peor experiencia de mi vida. Desperté con un fuerte dolor en la lengua. La sentÃa hinchada y ni siquiera podÃa hablar bien. Me levanté y antes de ir a ver a mis padres... Me miré en el espejo, solo para ver, con horror, que parecÃa estar llena de llagas, al igual que dentro de la boca. Eran dolorosas y, mientras más las miraba, más parecÃan infectadas. No tenÃa sentido, pues, la noche antes de acostarme, yo estaba perfecto. Mis padres me llevaron al médico de inmediato. Me hicieron muchos estudios, incluso pruebas de enfermedades de transmisión sexual, pero nada de lo que me mandaban hacer daba resultados. DecÃan que podrÃa ser una bacteria que habÃa entrado por algo que habÃa comido o tal vez por beber agua sucia, lo cual era imposible,
1:08:12 pues yo nunca habÃa hecho algo asÃ. El dolor era tan espantoso que no podÃa comer nada, pues me generaba mucho dolor. Con todo esto, también vino un malestar en el estómago. A pesar de no estar comiendo nada, el estómago comenzó a ponerse muy duro y a inflarse. lo cual no tenÃa sentido porque, como dije antes, todo lo que podÃa comer debÃa ser lÃquido. Masticar era casi imposible para mÃ. En aquel estado sentÃa que iba a morir, pues no importaba cuántos médicos me llevaran mis padres, nadie sabÃa que me estaba sucediendo. Además, todo el tiempo me encontraba cansado, como si mi cuerpo entero me dijera que debÃa rendirme. Durante todo ese tiempo tampoco podÃa dormir. dormÃa creo algunas pocas horas antes de despertar por el dolor las pocas veces que conseguÃa dormir siempre soñaba con laura esta vez no eran los sueños que solÃa tener con ella parecÃa mirarme desde un lugar con mucho odio y al mismo tiempo satisfacción como si disfrutara todo lo que me estaba sucediendo ya no iba a la escuela por ese momento por obvias razones no sabÃa nada de ella Mis padres estaban desesperados, y los doctores literalmente dijeron que lo mejor serÃa que me quedara en casa y esperara lo inevitable, ya que cada dÃa empeoraba un poco más.
1:09:37 Mi madre me dijo que una vecina le habÃa comentado que estaba maldito por estar de novio con la hija de la bruja del pueblo, y que lo más seguro era que estaba maldito, ya fuera por la hija o por la madre. Pero claramente, aquello era un trabajo de brujerÃa muy fuerte. Mis padres eran escépticos, como yo. No quisieron tomar muy en serio esas palabras al principio. Pero una vez que tuvieron aquel veredicto de los doctores, de esperar lo inevitable, decidieron tomar esas palabras un poco más en serio. Mi madre contactó a esta vecina, quien le dio el contacto de un brujo que le habÃa ayudado a ella a liberarse de una maldición de esa mujer, la cual habÃa afectado a su esposo por no aceptar tener una relación con ella. Me dijo que ese brujo era muy poderoso y que la madre de Laura de hecho le tenÃa miedo, por lo que si aceptaba nuestro caso, no solo me salvarÃa, sino que seguramente aquella mujer no intentarÃa nada más. Recuerdo muy bien cuando aquel hombre vino a la casa, fue directamente al cuarto y al verme, tocó mi estómago, el cual dijo que probablemente tenÃa un muñeco lleno de piedras dirigido hacia mÃ. Le dijo a mis padres que lo que querÃan las personas que me habÃan hecho eso no era simplemente causarme dolor, sino que claramente deseaban mi muerte. Estuvo conmigo mucho tiempo. Hizo una limpia con un huevo y con unas hierbas que nunca
1:11:10 supe bien qué eran. Pero después de que pasaran por mi cuerpo, empecé a sentir muchas náuseas y comencé a vomitar. Me sorprendió cuánto vomité. SabÃa que mi estómago debÃa estar vacÃo, pero aún asà no dejaba de vomitar lo que parecÃa ser pedazos de carne cruda, la cual aún parecÃa tener sangre en ella. Después de que vomité todo eso, él me dijo que era un trabajo complicado, pero que no debÃa preocuparme, pues habÃa llegado el momento preciso. Me sobó el estómago muy fuerte, a pesar de que los doctores aseguraban que no debÃa tocarme esas zonas. Este hombre hizo completamente lo contrario. El dolor fue tan fuerte que incluso llegué a desmayarme por él, pero cuando volvà en mÃ, aquella enorme bola que habÃa estado cargando en el estómago durante meses casi era imperceptible. En ese momento, el hombre dijo que eso no era todo y que debÃa volver al menos tres veces más. Me dejó algunas hierbas y un horario detallado de lo que debÃa consumir a ciertas horas precisas. Mi madre hizo que siguiera todo al pie de la letra, sobre todo porque vio la enorme mejorÃa que mostré casi al instante. Este hombre regresó dándome hierbas y moviendo el estómago. No me decÃa que aún quedaban algunas piedras, pero que nada de eso podrÃa resolverse en la próxima vez que viniera. Me dijo que estarÃa bien y que era una persona muy fuerte por haber resistido tanto.
1:12:42 Me dijo que la relación que habÃa tenido con Laura habÃa sido un amarre que ella me habÃa hecho y no era tan experimentada como su madre. Fue por eso que yo pude tener la fuerza de voluntad para dejarla y no volver con ella. Al hacerlo, ella se molestó mucho y pidió a su madre que me hiciera daño. Por eso es que todo terminó de esa forma, pero me dijo que no debÃa preocuparme, pues ya no me molestarÃa. Laura tuvo que salirse de la escuela casi cuando yo volvÃ. Nunca supe exactamente por qué, pero según lo que decÃan en el pueblo, fue a vivir con su abuela. Aunque la madre de Laura aún me veÃa con mucho odio, jamás volvió a intentar hacerme nada. Y realmente agradezco mucho a aquel hombre por haberme salvado la vida de esas mujeres.
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