Jan. 9, 2026

Vi La Verdadera Cara De Una Imagen De Dios Dentro De Un Monasterio - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Vivía dentro del monasterio, desde hacía poco más de un año cuando esto ocurrió. Tenía 22 años y había llegado ahí por decisión de mi familia. No fue una vocación clara ni una búsqueda espiritual profunda. Fue una salida que otros consideraron correcta para mí, en un momento complicado. Yo acepté porque no tenía muchas opciones y porque el lugar prometía orden, silencio y una rutina estable. El monasterio estaba lejos de cualquier población. Para llegar había que cruzar un camino de terracería y después caminar un tramo entre árboles. El edificio era grande, de muros gruesos, con pasillos largos y fríos.

0:47 Todo estaba pensado para que uno supiera en dónde podía estar y dónde no. Había horarios estrictos, tareas asignadas y zonas marcadas como restringidas. Nadie explicaba mucho, solo se esperaba obediencia y ya. Las imágenes religiosas estaban por todos lados, en los pasillos, en los comedores, en las salas de trabajo y en los espacios de oración. Muchas eran antiguas, algunas tenían grietas, pintura levantada o partes rotas. No se restauraban. pues decían que así debían permanecer. Con el tiempo dejé de mirarlas con atención y se volvieron parte del fondo, como los muros o las puertas. Había una imagen en particular que siempre estaba en el mismo lugar, cerca de un pasillo que llevaba hacia la parte final del monasterio.

1:42 Era una figura de Dios de tamaño mediano, montada sobre un soporte de madera. El rostro estaba oscuro por los años y la pintura tenía manchas. Yo pasaba frente a ella varias veces al día, porque ese pasillo conectaba con las áreas de trabajo. Ese día no fue distinto al inicio. Cumplí mis tareas, limpié, cargué cajas y ayudé en la cocina. No recuerdo nada fuera de lo normal, hasta el momento en que me detuve frente a esa imagen. No lo hice por devoción ni por costumbre. Me detuve porque sentí una presión en el pecho, como si el aire se hubiera vuelto más pesado. Escuché una voz clara. No fue un susurro ni algo confuso. Fue una voz firme, con un tono seguro, que parecía dirigirse solo a mí. Me dijo que la salvación estaba más allá, en la parte donde el monasterio terminaba. Me invitó a ir. No usó palabras amables ni amenazantes. Me habló como si diera una instrucción que debía cumplirse. Mi cuerpo reaccionó antes de que pudiera pensar. Sentí miedo inmediato. Los brazos se me pusieron rígidos y las piernas no me respondieron por unos segundos.

2:58 Me costaba respirar con normalidad. No pensé que fuera una experiencia espiritual ni un mensaje divino. Solo sabía que algo estaba mal. Volteé la vista hacia la imagen. Al principio no entendí lo que estaba viendo. Luego noté que de sus ojos salía sangre. No era un goteo rápido. Era un flujo constante que corría por el rostro y manchaba la parte inferior de la figura. La sangre era oscura y espesa. No cayó al suelo de inmediato. Se quedaba marcada en la madera. No grité ni recé. Me quedé inmóvil, tratando de entender lo que estaba pasando. La voz no volvió a hablar y el silencio regresó al pasillo, pero la imagen seguía sangrando. Sentí un frío fuerte en la espalda y una presión en la cabeza que me obligó a apoyarme en la pared. Di unos pasos hacia atrás y no me acerqué más. No pensé en obedecer la invitación.

3:55 Todo en mí decía que no debía ir hacia esa zona. Me alejé despacio, sin darle la espalda a la imagen, hasta que estuve fuera del pasillo. Fue entonces cuando vi a mi compañero. Se llamaba Mateo, tenía un año más que yo y llevaba más tiempo en el monasterio. Compartíamos varias tareas diarias, pero él era distinto a mí. Creía de verdad en todo lo que le decían, seguía las reglas sin cuestionar y pasaba más tiempo que nadie frente a las imágenes. A veces se castigaba solo por errores mínimos y decía que era necesario. Mateo estaba pálido, me miró sin hablar y sus manos temblaban. Me di cuenta de que había visto lo mismo que yo. No necesitó explicarme nada. Sus ojos estaban fijos hacia el pasillo de la imagen. Respiraba rápido y repetía frases religiosas en voz baja.

4:48 Intenté decirle que se alejara, que no fuera hacia ahí, pero no logré articular palabras claras. El miedo me cerraba la garganta. No me miró y dio un paso hacia el pasillo, luego otro. La verdad, caminaba como si siguiera una orden que ya había aceptado. Yo me quedé donde estaba, no lo seguí, no porque fuera valiente, sino porque no podía moverme. Sentía que si daba un paso más cerca, algo me iba a arrastrar con él. Lo vi desaparecer por el pasillo rumbo a la parte final del monasterio, esa zona que casi nadie visitaba y de la que no se hablaba. Me quedé ahí varios minutos. La sangre ya no se veía desde donde estaba, pero sabía que la imagen seguía en el mismo lugar. Sentía un peso constante en el pecho. No regresé a mis tareas. Me quedé sentado en el suelo tratando de recuperar el control de mi cuerpo. Cuando por fin logré levantarme, tomé una decisión clara. No iba a obedecer esa voz. No iba a ir a ese lugar. Me alejé del pasillo y me dirigí a las áreas comunes, tratando de mezclarme con los demás y fingir normalidad. Detrás de mí, en silencio, El monasterio seguía igual por fuera, pero por dentro algo ya había cambiado. Pero algo en mí no me dejaba estar, pues sabía que algo estaba mal. Esa voz y la imagen no eran algo normal, y no iba a permitir que le pasara algo a mi compañero. Mateo no se detuvo,

6:22 y cuando lo vi avanzar hacia la zona prohibida, entendí que ya había tomado una decisión. Caminaba con la espalda recta y la mirada fija, como si alguien le marcara el camino. No discutió con nadie ni buscó permiso. Actuó igual que siempre, siguiendo lo que creía correcto sin cuestionarlo. Yo me quedé unos segundos más donde estaba. El miedo seguía clavado en el pecho, pero la idea de dejarlo solo me empujó a moverme. No lo seguí de inmediato. Esperé a que se alejara lo suficiente y después avancé, manteniendo distancia. No quería que supiera que iba detrás de él. No quería que se volteara y me pidiera que lo acompañara.

7:06 El pasillo que llevaba a esa parte del monasterio era distinto. La iluminación era más débil. Algunas lámparas no funcionaban y había tramos en penumbra. Los muros tenían partes descascaradas y marcas de humedad más viejas. El piso estaba sucio, con polvo acumulado y restos de objetos que nadie recogía. Era una zona que casi no se usaba. Pasamos frente a varias imágenes religiosas más. Algunas estaban torcidas, otras tenían partes rotas. No parecían recibir mantenimiento, y el silencio era más pesado ahí. No se escuchaban pasos de otros ni voces, solo el sonido de nuestros zapatos sobre el piso duro. Mateo caminaba sin detenerse y en ningún momento miró atrás. Yo seguía a varios metros, cuidando no hacer ruido. Sentía que el aire era más frío conforme avanzábamos. El monasterio parecía terminar en ese tramo, como si todo lo importante quedara atrás.

8:08 Llegamos a un espacio abierto, una especie de sala amplia que conectaba con una puerta grande al fondo. Ahí estaba la imagen. No era la misma que había visto antes, pero era similar en tamaño y forma. Estaba colocada sobre una base baja, sin protección. La sangre seguía saliendo de los ojos y manchaba el frente de la figura. Mateo se acercó sin dudar, extendió la mano como si fuera a tocarla. Yo me detuve cerca de la entrada con el cuerpo pegado al muro y desde ahí lo vi todo con claridad. La transformación comenzó de inmediato, las manos de la imagen cambiaron, los dedos se alargaron y las uñas crecieron de forma antinatural, curvas y oscuras. Los ojos se abrieron más, el color se volvió rojo intenso y la sangre siguió saliendo, ahora mezclada con un líquido espeso.

9:02 La boca se deformó y los labios se abrieron mostrando dientes largos y desiguales. El cuerpo de la figura se inclinó hacia adelante. Los movimientos eran rápidos y firmes, sin esfuerzo. Bajó de la base con un solo impulso y quedó frente a Mateo, No hubo palabras y no hubo advertencia. La criatura atacó directo al cuello. Escuché un golpe seco y luego un sonido húmedo cuando las uñas se hundieron en la carne. Mateo cayó al suelo tratando de cubrirse con los brazos. Gritó una sola vez, pero el sonido se cortó cuando la criatura volvió a atacarlo en el pecho.

9:43 Vi cómo lo sujetaba con fuerza y lo levantaba apenas del piso. Escuché el desgarre de la ropa y el ruido de los huesos al romperse. La sangre salpicó el suelo y las paredes cercanas, y el cuerpo de Mateo dejó de moverse en pocos segundos. La risa comenzó después. No fue una carcajada humana. Fue un sonido grave, irregular, como un jadeo mezclado con un chillido. Salía de la boca abierta mientras seguía moviéndose sobre el cuerpo. Yo no me moví durante el ataque. Me quedé paralizado. con las manos apretadas contra el muro. Sentía el corazón golpeando fuerte en el pecho y un zumbido constante en los oídos.

10:24 En algún momento, la criatura levantó la cabeza y sus ojos se clavaron en mí. No hubo confusión. Me había visto. Su postura cambió. Soltó el cuerpo de Mateo y dio un paso en mi dirección. Corrí de inmediato. No pensé en otra cosa. Me di la vuelta y avancé por el pasillo por el que habíamos llegado. Escuché detrás de mí los golpes de sus pasos contra el piso. Eran rápidos y pesados, y cada impacto retumbaba en las paredes. Pasé corriendo frente a las imágenes sin mirarlas. Sentía el aire cortarme la garganta. Tropecé con un objeto tirado en el suelo, pero logré mantener el equilibrio. No volteé la vista.

11:07 Sabía que si lo hacía, no iba a seguir corriendo. La persecución no se detenía, y el sonido detrás de mí se acercaba. Escuché cómo golpeaba los muros al girar en los pasillos, y el ruido de las uñas arrastrándose por la piedra era claro y constante. Llegué a una zona más iluminada. Reconocí las áreas centrales del monasterio, porque había puertas grandes y pasillos más anchos. Apreté el paso y empujé una de las puertas con todas mis fuerzas. Entré y la cerré de golpe. Apoyé el cuerpo contra la madera y giré el seguro. En el otro lado escuché el golpe fuerte contra la puerta. La madera vibró, y luego otro golpe más fuerte. En eso se escuchó el sonido de las uñas rasgando la madera, y una risa demoníaca, pero después solo silencio. No me moví, me quedé ahí, respirando con dificultad, con la espalda pegada a la puerta, esperando el siguiente impacto, pero no llegó. Las luces del área central seguían encendidas. Escuché voces humanas a lo lejos. El monasterio, al menos en esa parte, seguía funcionando como siempre. Yo seguía vivo porque corrí lo más rápido que pude y porque no confié en esa voz y en esa figura, pero Mateo no. El sonido detrás de la puerta no volvió, pero sabía que la criatura había estado ahí y que había corrido tras de mí.

12:37 Me quedé apoyado contra la puerta varios minutos, no sé cuántos, pero el cuerpo me temblaba. y las piernas apenas me sostenían. Escuchaba voces del otro lado del pasillo, pasos normales, conversaciones comunes. Nadie parecía haber notado nada extraño. Y, cuando por fin me atreví a moverme, abrí la puerta despacio y avancé hacia la zona central del monasterio. Ahí había personas con autoridad. Dos responsables del lugar estaban revisando listas y dando instrucciones a otros. La iluminación era fuerte. El piso estaba limpio y las paredes no tenían el abandono de la zona que acababa de dejar atrás. Esa parte del monasterio funcionaba como siempre. Y la criatura no apareció. No porque no pudiera cruzar, sino porque las puertas, los pasillos cerrados y la presencia de varias personas rompieron la persecución. Ahí yo estaba a la vista de todos. Intenté hablar en cuanto me vieron. Las palabras me salieron atropelladas. Dije el nombre de Mateo, y dije que algo lo había atacado. Señalé hacia la zona prohibida, y les expliqué lo de la imagen, la sangre, la transformación. No adorné nada, solo les conté lo que vi. Pero las miradas que recibí no fueron de preocupación, fueron de incomodidad, y uno de ellos me pidió que me calmara, otro me dijo que estaba alterado.

14:04 Me hicieron sentarme, Me dieron agua y me preguntaron si había dormido bien los últimos días, si había tenido pensamientos extraños antes y si estaba siguiendo las reglas. Insistí y repetí cada parte. Les dije dónde había quedado el cuerpo de Mateo. Les pedí que fueran a revisar, pero no se movieron de inmediato. Solo se miraron entre ellos. Uno salió del lugar, no hacia la zona prohibida, sino hacia las oficinas. Pasó un tiempo largo. y cuando regresaron me dijeron que Mateo no estaba, que no lo habían encontrado en su dormitorio ni en las áreas comunes, y que seguramente se había ido por su cuenta. Dijeron que no era la primera vez que alguien abandonaba el monasterio sin avisar.

14:53 Yo sabía que eso no era cierto, y les dije que lo había visto morir, que no había salido caminando. La respuesta fue el silencio, luego me dijeron que ese tipo de afirmaciones no eran aceptables ahí que lo que yo estaba mencionando era una blasfemia contra Dios y las figuras sagradas el tema se cerró rápido más que nada por sus creencias después de eso no hubo búsqueda formal no hubo preguntas a los demás y el nombre de Mateo dejó de mencionarse ese mismo día sus cosas desaparecieron en pocas horas y su cama quedó vacía como si nunca hubiera estado ocupada Esa noche no me dejaron regresar a mi dormitorio. Me mantuvieron en una sala vigilada. A la mañana siguiente me llamaron a una oficina. Me informaron que no podía seguir en el monasterio. Me dijeron que mi comportamiento mostraba inestabilidad, que había desobedecido reglas al acercarme a zonas restringidas y que mis declaraciones podían afectar a los demás. No hubo discusión y no hubo oportunidad de defenderme.

16:03 Me entregaron mis pocas pertenencias en una bolsa pequeña y me indicaron el camino de salida. Nadie se despidió y, obvio, nadie me acompañó. Caminé fuera del monasterio sin voltear. El edificio quedó atrás entre los árboles, igual que siempre. Desde afuera no parecía distinto. No parecía un lugar donde alguien hubiera muerto de esa forma y el silencio del entorno era normal. Llegué a la ciudad ese mismo día. Me quedé en un cuarto rentado. Conseguí trabajo semanas después. No hablé de lo ocurrido, pues aprendí rápido que decirlo solo generaba miradas raras o silencio incómodo. Con el tiempo me armé una vida simple. Ahora vivo solo, trabajo, regreso a casa y me preparo comida sencilla. Camino por las calles sin rumbo fijo algunos días. No busco compañía. Y no me quedo en lugares cerrados por mucho tiempo si no es necesario. El miedo no está todo el tiempo. No vivo esperando que algo aparezca. No tengo visiones ni escucho voces.

17:14 Pero hay cosas que evito. Por ejemplo, las imágenes religiosas me incomodan. No entro a iglesias ni a capillas. Y los pasillos largos y mal iluminados me aceleran el pulso. Cuando veo figuras antiguas con el rostro desgastado, siento una presión en el pecho. A veces sueño con el monasterio, no con la criatura. Sueño con los pasillos vacíos, con las puertas cerradas, con la zona central llena de gente que no mira hacia atrás. Me despierto con el cuerpo tenso, pero el sueño no continúa. No espero volver a verlo, y no pienso que esté buscándome. Lo que ocurrió quedó ahí, en ese lugar. El terror no vive en el presente como una amenaza activa, vive en la certeza de lo que presencié y en saber que fue real, aunque nadie más lo reconozca. Eso fue lo que pasó, eso es lo que recuerdo, y es suficiente para no querer regresar jamás.

18:13 A veces, sin buscarlo, recuerdo su rostro como lo vi al final, la sangre cayendo de los ojos abiertos, Las uñas largas manchadas, la boca estirada en una mueca fija, y esa risa grave que no sonaba humana grabada con claridad en mi cabeza. Recuerdo esa etapa de mi vida con claridad, porque todo lo demás era estable. Ya era adulto, tenía una rutina fija y conocía bien el lugar donde vivía. Trabajaba durante el día y regresaba caminando por las tardes, siempre por el mismo trayecto. No era un camino improvisado ni peligroso. Era un sendero de tierra firme que corría paralelo a un canal de riego. A un lado había parcelas abiertas y al otro, una franja de vegetación baja con árboles delgados y carrizos que crecían cerca del agua.

19:12 Ese camino lo había recorrido durante años. Sabía dónde el suelo se hundía un poco por la humedad, dónde el canal hacía una curva y en qué parte el sendero se volvía más estrecho. Conocía los sonidos normales del lugar, el agua corriendo, los insectos y el viento moviendo las hojas. Nunca había pasado nada fuera de lo común ahí. Por eso esa noche caminaba tranquilo, sin prisa y sin estar alerta a nada. El cielo estaba oscuro y sin luna visible. La iluminación venía solo de algunas luces lejanas, de las casas dispersas. El canal seguía su curso con el mismo ruido constante de siempre, y yo avanzaba con paso regular, pensando únicamente en llegar. Fue entonces cuando escuché el llanto.

20:02 Era un llanto de mujer. No fue un sonido repentino ni un grito, era un llanto sostenido, fuerte y continuo. Me detuve casi de inmediato, no por miedo, sino porque el sonido no encajaba con el lugar ni con la hora. Pensé que podía tratarse de una mujer del área, alguien que hubiera tenido un problema o que necesitara ayuda. Me quedé quieto, escuchando con atención, pero el llanto no se cortaba y no se escuchaban palabras ni gritos, solo ese sonido prolongado. lo primero que noté fue que no parecía moverse en un espacio abierto una voz cambia de intensidad cuando alguien camina o se desplaza pero ese llanto no hacía eso permanecía fijo di unos pasos más y volví a detenerme el volumen seguía siendo exactamente el mismo no aumentaba ni disminuía y tampoco se alejaba eso me llamó la atención así que esperé unos segundos más el canal seguía sonando igual Los insectos seguían ahí, pero el llanto parecía no mezclarse con nada. Avancé despacio, siguiendo el sonido.

21:12 Conforme me acercaba al canal, la vegetación se hacía más espesa. Los carrizos se movían con el viento, rozándose entre sí. Ese movimiento producía un sonido leve, pero el llanto no reaccionaba a eso. No se interrumpía y no se distorsionaba. En ese momento empecé a sentir que algo no estaba bien. No fue miedo todavía, sino una sensación clara de que el sonido no se comportaba como una voz normal. Aún así, seguí avanzando. Pensé que quizá al acercarme vería a alguien sentada o recargada junto al agua. Y cuando estuve lo suficientemente cerca, la vi. A pocos metros del canal, casi en la orilla, había una figura femenina detenida. Estaba de espaldas, completamente inmóvil. Su cuerpo estaba recto, sin apoyarse en nada.

22:06 Llevaba una prenda clara que resaltaba en la oscuridad. El cabello le caía largo por la espalda, cubriéndole parte de los hombros. Y, a pesar del viento que movía la vegetación, su cabello no se movía. El llanto salía directamente de ella. No había pausas, no había cambios en el tono. Era un sonido constante, como si no necesitara respirar para continuar. Me quedé parado observándola. No hacía ningún movimiento. No caminaba, no se inclinaba y no buscaba equilibrio. Simplemente estaba ahí, junto al agua. Por un momento pensé en hablarle. Preguntarle si necesitaba ayuda. Pero algo me lo impidió. No fue una decisión consciente, pues mi cuerpo no reaccionó como suele hacerlo.

22:55 cuando uno ve a alguien en problemas, di un paso más intentando distinguir mejor su silueta, en ese momento noté que no se reflejaba en el agua del canal como debería, el brillo del agua mostraba las plantas y el borde del camino, pero la figura no aparecía ahí con claridad, pero el llanto seguía igual, sin cambios, me detuve otra vez y el silencio alrededor era normal, pero ese sonido parecía ajeno al entorno, no se mezclaba con nada, era como si estuviera separado del resto del lugar. Entonces, sin girar el cuerpo, la figura comenzó a levantar lentamente la cabeza.

23:36 El movimiento fue lento, deliberado, como si supiera que yo estaba ahí. Cuando la figura terminó de levantar la cabeza, la vi de frente. No fue una revelación gradual ni confusa. Su rostro quedó expuesto por completo y lo entendí en ese instante. Donde deberían estar los ojos, había solo cavidades oscuras, profundas, sin brillo alguno. Eran huecos fijos, abiertos, como si la cara estuviera vacía por dentro. La piel no tenía la textura de una persona viva. Estaba rígida, tensa, pegada directamente al hueso. No se movía con el gesto ni con el sonido, y tenía la forma clara de un cráneo cubierto por una capa delgada de piel reseca. La nariz estaba hundida, apenas marcada. No había mejillas, todo estaba retraído, sin volumen. La boca estaba abierta más de lo normal, forzada en una abertura que no parecía natural. Desde ahí salía el llanto. No se escuchaba desde el pecho ni desde la garganta. salía directamente de esa boca abierta, como si el sonido no necesitara pasar por ningún otro lugar.

24:49 Alcancé a ver los dientes. Eran largos, disparejos y demasiado visibles. No estaban alineados como los de una persona. Algunos sobresalían más que otros. Eran opacos, con una forma que no correspondía a una dentadura humana. Y permanecían expuestos todo el tiempo, incluso cuando el llanto subía de intensidad. Un velo oscuro cubría parte de la cabeza. No era transparente ni ligero. Caía pesado, pegado al contorno del cráneo, ocultando solo una franja del rostro, pero dejando ver lo suficiente para entender lo que estaba mirando. El velo no se movía con el viento, igual que el cabello. El llanto continuaba sin pausas.

25:33 No había respiraciones entre un sonido y otro. Era un flujo constante que parecía no terminar nunca. Y en ese momento comprendí que no estaba frente a una persona viva. No fue una conclusión pensada ni razonada, fue una certeza inmediata y absoluta. La figura se inclinó hacia adelante, no dio un paso y no movió los pies. El cuerpo simplemente se proyectó hacia mí, como si el suelo no tuviera importancia para ella. Ese movimiento no correspondía a una forma humana de avanzar. No había balanceo ni ajuste del cuerpo, solo un acercamiento directo. Retrocedí por reflejo y sentí que el pie se me fue hacia atrás y perdí el equilibrio por un instante. Logré sostenerme, pero el terreno irregular me obligó a moverme torpemente. El llanto aumentó de volumen.

26:29 Ya no parecía venir desde un punto fijo. Se sentía encima de mí, alrededor de mi cabeza. La figura avanzó otra vez sin caminar. La distancia entre nosotros se redujo en segundos y pude ver con más detalle la superficie del rostro. No había expresión humana y no había músculos reaccionando al sonido. Todo permanecía rígido, inmóvil, excepto la apertura exagerada de la boca. El llanto era más fuerte ahora. No tenía cambios de tono, no expresaba tristeza ni dolor como lo hace un llanto humano. Era un sonido prolongado, forzado, que parecía existir solo para llenar el espacio. Intenté retroceder de nuevo, pero el suelo se dio un poco bajo mi peso y tuve que apoyar una mano para no caer.

27:20 En ese momento sentí el frío del agua cerca. El canal estaba a un costado y el borde era bajo y resbaloso. La figura volvió a inclinarse hacia mí. El velo oscuro se desplazó apenas, dejando ver más del cráneo. Las cavidades donde deberían estar los ojos seguían apuntando directamente hacia mí. No había movimiento alguno que indicara que me estuviera siguiendo con la mirada. Aún así, su atención estaba claramente fija en mí. El llanto llenaba todo alrededor y no escuchaba el canal, ni el viento, ni los insectos. Solo ese sonido, cada vez más cercano. Logré incorporarme y dar un paso atrás. Mis piernas respondían con lentitud, y el cuerpo no me reaccionaba con rapidez. Sentía el peso del aire en el pecho y una presión constante en la cabeza, y la verdad no podía apartar la vista del rostro. La figura avanzó una vez más. No había duda de que se estaba acercando, pues la distancia ya era mínima. Y podía distinguir los bordes irregulares de los dientes, la forma hundida de la nariz y la piel tensa sobre el hueso. En ese punto entendí que no había nada que identificar ni confirmar. No había explicación posible dentro de lo normal. El lugar que conocía de memoria ya no era el mismo. Lo que tenía frente a mí no pertenecía a ese camino ni a ningún otro. Di

28:50 un paso más hacia atrás y el pie volvió a resbalar. Pero esta vez no intenté sostenerme. Giré el cuerpo con dificultad, sin dejar de escuchar el llanto detrás de mí. Y en ese momento tomé la decisión de correr. Corrí en cuanto giré el cuerpo. No fue una carrera limpia ni rápida, pues el terreno estaba irregular y húmedo por la cercanía del canal, y cada paso requería cuidado para no resbalar. Las plantas me golpeaban las piernas y los brazos, y el aire entraba con dificultad. El cuerpo no me respondía como cuando uno corre por cansancio, me respondía lento y pesado.

29:30 El llanto seguía detrás de mí, no necesitaba voltear para saberlo, pues el sonido venía justo a mi espalda, con la misma fuerza, sin perder intensidad. No se escuchaban pasos ni roce contra el suelo, solo ese llanto continuo como si avanzara sin tocar nada. El canal quedó a un costado, el borde era bajo y el suelo cedía. Tuve que abrirme un poco hacia el sendero para no caer al agua. Tropecé con una raíz y casi caigo. Apoyé la mano y seguí avanzando. Las piernas me temblaban, pero seguí. El llanto no se alejaba, tampoco se acercaba más, solo se mantenía a la misma distancia, constante, pegado a mí. El camino se estrechó, ahí el suelo era más duro, pero había piedras sueltas. Bajé la velocidad sin querer, pues cada paso era un riesgo, y aunque el cuerpo me pedía detenerse, no lo hice. El sonido llenaba todo el lugar, era algo difícil de explicar, pero el miedo me recorría el cuerpo completo, y no escuchaba mi respiración ni mis pasos, solo ese llanto, pero de pronto el sonido se cortó.

30:43 No fue un desvanecimiento gradual, se cortó de golpe como si alguien hubiera cerrado una puerta. El silencio que quedó fue pesado, seguí corriendo unos metros más sin detenerme, esperando que el sonido regresara, pero no regresó. El canal volvió a escucharse, el viento volvió a mover las plantas, ya, todo parecía normal, pero el cuerpo no se calmó. Llegué a la primera construcción del camino. Era una bodega pequeña de lámina que se usaba para guardar herramientas. Empujé la puerta con fuerza y entré. Cerré desde dentro y me apoyé contra la pared. El espacio era reducido y el olor a tierra y metal estaba concentrado. Entonces me quedé ahí de pie varios segundos sin moverme. Las manos me temblaban.

31:32 El temblor era visible y constante. En eso sentí náuseas y tuve que inclinar el cuerpo hacia adelante para no vomitar. La cabeza empezó a dolerme con una presión fuerte, justo detrás de los ojos. Me senté en el suelo con dificultad. El cuerpo seguía reaccionando como si el peligro continuara. Me quedé ahí hasta que el temblor bajó un poco. No volví a escuchar nada afuera. El silencio se mantuvo. Cuando salí, ya no regresé por el canal. Tomé un camino más largo. con luces y casas cercanas llegué a mi casa y me encerré y esa noche no dormí pues el dolor de cabeza no se quitó y cada vez que cerraba los ojos la imagen del rostro regresaba completa sin cambios a la mañana siguiente me levanté con el cuerpo cansado como si hubiera pasado la noche corriendo el estómago seguía revuelto salí más tarde de lo habitual y busqué a personas del lugar No conté todo, pero les pregunté de forma directa por ese tramo del canal. Una de las personas me dijo que ahí no se camina de noche.

32:43 No me lo explicó de inmediato, solo lo dijo así. Cuando pregunté por qué, mencionó a la llorona. Lo hizo sin levantar la voz, sin exagerar. Me dijo que varias personas habían escuchado llanto en ese punto y que algunos la habían visto cerca del agua. Otra persona confirmó lo mismo. Me dijo que ese tramo tiene historias desde hace años, pero nadie habló de fechas ni de apariciones constantes. Solo coincidieron en el lugar exacto, el punto donde la vi. Desde ese día dejé de usar ese camino. No fue una decisión temporal. Cambié mi rutina por completo, salía más temprano o regresaba acompañado. Cuando no había opción, tomaba rutas más largas, pero nunca volví a pasar por ahí de noche.

33:35 No volví a escuchar el llanto y no volví a verla, ni hubo sueños repetidos ni señales después. El lugar siguió ahí, igual que siempre, pero para mí quedó marcado por un miedo constante y la certeza de saber lo que podía pasarme si volvía por ese lugar de noche. Sé exactamente lo que vi. Vi un rostro sin ojos, con forma de cráneo, cubierto por un velo oscuro. Vi una boca abierta más de lo normal, con dientes que no eran humanos. Escuché el llanto salir de ahí y vi cómo se acercó sin caminar. No confundo ese recuerdo con otra cosa. No lo mezclo con historias ni con explicaciones. Eso ocurrió una sola vez y fue suficiente. Desde entonces, ese tramo del canal quedó fuera de mi camino y así se quedó.

34:26 porque jamás en mi vida quiero volver a ver a la Llorona. Tenía 15 años cuando todo sucedió. Vivía en un pequeño pueblo rodeado de cerros. Decían que, mucho antes de que yo naciera, había vivido una mujer que practicaba la brujería. Nadie sabía exactamente cuándo había llegado al pueblo ni de dónde venía. Pero se decía que ella no era como las demás. Era una mujer solitaria, de esas que preferían los rincones oscuros y apartados. Siempre vestía de negro, y su mirada era tan fría que cualquiera que se cruzara con ella sentía un escalofrío. Con el paso de los años, comenzaron a aparecer animales muertos en los alrededores de su casa, todos mutilados de maneras extrañas. Primero fueron algunos perros y gatos, pero luego empezaron a ser caballos y vacas. A la gente del pueblo le tomó tiempo atar cabos, pero pronto las sospechas cayeron sobre ella. Algunos decían que la veían salir de su casa a horas extrañas, que susurraba palabras en una lengua que nadie entendía. Otros aseguraban haber visto luces en su hogar durante la madrugada, como si estuviera realizando rituales. Lo que terminó de desatar el caos fue la desaparición de un niño pequeño. La familia lo había visto por última vez jugando cerca del bosque, no muy

35:57 lejos de la casa de la mujer. Las autoridades locales buscaron durante días, pero el niño jamás apareció. Fue entonces cuando el pueblo, presa del miedo, decidió que la mujer debía ser la culpable. Reunieron una turba y fueron a su casa con antorchas y herramientas, dispuestos a hacer justicia. Pero cuando llegaron, la mujer ya no estaba. La casa estaba vacía, como si hubiera sabido lo que venía y se hubiera esfumado sin dejar rastro. Desde ese día, la gente comenzó a decir que la bruja había huido al cerro y que desde ahí acechaba a cualquiera que se atreviera a subir demasiado alto. Algunos aseguraban haberla visto en las noches de luna llena. Caminando entre los árboles, con sus ojos brillando en la oscuridad. Otros hablaban de ruidos extraños y susurros que venían desde lo más profundo del bosque.

36:52 Yo nunca le presté atención a esas historias. Me parecían ridículas. Eran solo cuentos para asustar a los niños y mantenerlos alejados de los cerros. En ese entonces, mi mejor amigo era Ernesto. Como yo, Ernesto tampoco creía en esas cosas. Nos burlábamos de las leyendas del pueblo y de cómo la gente podía ser tan supersticiosa. Así que, un día, durante vacaciones, decidimos que demostraríamos lo absurdas que eran esas historias. Haríamos algo que nadie en el pueblo se había atrevido a hacer. Iríamos al cerro a acampar, pasaríamos la noche ahí y volveríamos al día siguiente para reírnos de todos.

37:33 Nos propusimos que al hacerlo demostraríamos que las historias sobre la bruja no eran más que eso, historias. Era un plan simple, empacamos lo necesario para pasar la noche, comida, agua, linternas y mantas. El cerro no estaba lejos del pueblo, pero la subida era empinada y rocosa, y nos tomó cerca de dos horas llegar a la cima. Lo hicimos justo cuando el sol comenzaba a ponerse, Desde arriba podíamos ver el pueblo en la distancia, pequeño y pacífico, con las luces encendiéndose poco a poco. El viento soplaba suavemente y por un momento me sentí en paz, como si todo lo que nos habían contado no fuera más que una fantasía. No lo noté, pero con el paso de las horas me di cuenta de que todo estaba demasiado quieto.

38:23 El viento, que normalmente se escuchaba moviendo las ramas de los árboles, apenas se sentía. No había el habitual sonido de insectos o animales nocturnos. El cerro estaba completamente en silencio, como si estuviéramos en un lugar ajeno al mundo. Pero en ese momento no le presté mucha atención. Ernesto y yo armamos nuestra tienda de campaña cerca de un pequeño claro y encendimos una fogata para mantenernos calientes durante la noche. A medida que el sol se ocultaba y la oscuridad nos envolvía, Era como si algo invisible nos estuviera observando desde los árboles cercanos, pero cada vez que volteaba a mirar, no había nada. Me repetí a mí mismo que eran solo imaginaciones, el producto de haber escuchado demasiadas historias sobre el cerro y la bruja. La primera señal de que algo no estaba bien fue el olor. Era un hedor fuerte, repugnante, como si algo se estuviera pudriendo cerca de nosotros. Ernesto lo notó también. Ambos revisamos la zona alrededor del campamento, pensando que tal vez había algún animal muerto cerca, pero no encontramos nada. El olor seguía ahí impregnando el aire, haciéndome sentir náuseas. Intenté ignorarlo, pero algo en mi interior me decía que ese olor no era natural, que no pertenecía a ese lugar. Decidimos meternos en la tienda y

39:54 tratar de dormir. Ernesto se quedó dormido, pero yo no pude. Cada vez que cerraba los ojos, escuchaba ruidos. Primero fueron susurros. Creí que era el viento, pero no había suficiente viento para hacer ese tipo de sonido. Era más como si alguien estuviera hablando a lo lejos, en un idioma que no lograba comprender. Me quedé completamente quieto, aguantando la respiración, tratando de escuchar mejor, pero el susurro desaparecía cada vez que me concentraba. luego escuché pasos al principio eran débiles apenas perceptibles como si alguien estuviera caminando descalzo entre las hojas secas y las piedras me dije a mí mismo que debía ser algún animal tal vez un zorro o un ciervo pero los pasos no eran aleatorios se movían en un patrón rodeando la tienda y luego se detuvieron justo fuera de nuestra tienda de campaña sentía mi corazón latiendo con fuerza en mi pecho Y aunque quería salir y ver qué estaba ocurriendo, el miedo me tenía paralizado.

41:01 No sé cuánto tiempo pasó antes de que el olor volviera, esta vez más fuerte, como si la fuente del hedor estuviera justo frente a nosotros. Y entonces escuché como si alguien rasgara, algo o alguien estaba arañando la lona de la tienda. Era un sonido ligero pero inconfundible. Podía imaginar los dedos largos y delgados recorriendo la tela, como si estuvieran buscando una forma de entrar. No me atrevía a moverme, pues creía que, de ser un animal, al no notar movimiento, probablemente se iría. No sé cómo, pero Ernesto no se despertó en todo ese tiempo. Permanecí en silencio, rezando para que lo que fuera que estuviera afuera se marchara. Después de lo que me pareció una eternidad, los sonidos cesaron.

41:49 El olor comenzó a desvanecerse. No pude dormir el resto de la noche. Solo esperaba que llegara el amanecer. En cuanto vi los primeros rayos de sol asomarse por el horizonte, desperté a Ernesto y le dije que nos fuéramos. Él se quejó al principio diciendo que apenas habíamos dormido, pero algo en mi rostro debió convencerlo de que era mejor no discutir. Cuando estuvimos listos para partir, empezamos a caminar por el sendero por el que habíamos llegado la tarde anterior. Todo parecía normal. Una sensación de incomodidad se mantenía en mi estómago. Ernesto bromeaba sobre lo fácil que había sido pasar la noche, sin tener idea de lo que había sucedido mientras dormía. Yo no le conté nada. No quise sonar como un loco o, peor aún, un cobarde. mientras descendíamos algo comenzó a sentirse extraño no podía explicarlo con precisión en ese momento pero era como si el paisaje hubiera cambiado de alguna manera las piedras y los árboles no se veían como los recordaba no dije nada intentando convencerme de que estaba exagerando después de caminar por casi media hora me di cuenta de que algo no estaba bien el sendero que habíamos tomado no parecía llevarnos de regreso al pueblo En lugar de descender, parecía que estábamos caminando en círculos. Las mismas piedras, los mismos arbustos y árboles aparecían una y otra vez, como si estuviéramos atrapados

43:20 en un ciclo interminable. Intenté mantener la calma, pero Ernesto, que siempre había sido más despreocupado que yo, también comenzó a inquietarse. Se detuvo, miró a su alrededor y dijo que debíamos haber tomado el camino equivocado. Regresamos sobre nuestros pasos, intentando encontrar el lugar por donde habíamos subido. Caminamos más de una hora, pero lo que fuera que nos estaba jugando una mala pasada no nos dejaba escapar. Intentamos orientarnos mirando el sol, buscando cualquier señal que nos indicara la dirección correcta, pero nada funcionaba. El paisaje seguía cambiando sutilmente, como si estuviera jugando con nosotros. La sensación de pánico comenzó a instalarse en mi pecho cuando el mediodía pasó y no logramos encontrar el camino de vuelta. Cada vez que creíamos haber encontrado un camino correcto, este nos conducía a un lugar que no reconocíamos. No importaba cuántas veces intentáramos, el cerro nos mantenía atrapados. Era como si el mismo terreno estuviera distorsionado, cambiando ante nuestros ojos. Para cuando el sol comenzó a descender en el horizonte, Nos dimos cuenta de que la noche volvería a caer sobre nosotros. Sentí una desesperación creciente, sabiendo que estábamos perdiendo la luz del día y que el tiempo corría en nuestra contra. Ernesto trató de animarme, sugiriendo que lo mejor era quedarnos en el lugar hasta que amaneciera nuevamente. Pero yo no podía

44:53 dejar de pensar en los ruidos y el olor de la noche anterior. No teníamos otra opción. Decidimos armar el campamento nuevamente en un claro cerca de donde nos habíamos detenido. La idea de pasar otra noche en ese maldito cerro me helaba la sangre. Sabíamos que no podíamos seguir caminando en la oscuridad. Recogimos algo de leña y encendimos una fogata, intentando mantenernos ocupados para no caer en la desesperación total. La noche cayó rápidamente. Sentía que algo nos acechaba. Estaban alerta. y aunque Ernesto parecía más relajado de lo que yo.

45:34 Los minutos se transformaron en horas. Fue entonces cuando volvieron los ruidos, al principio muy suaves, apenas perceptibles pero inconfundibles, pasos moviéndose entre los árboles. Esta vez no había duda de que no estábamos solos. Podía escuchar como las ramas crujían bajo el peso de algo que se acercaba lentamente hacia nosotros. El hedor también regresó, esa mezcla de carne podrida y algo indescriptible que llenaba el aire de manera insoportable. Ernesto intentó apagar la fogata, convencido de que tal vez la luz atraía a lo que fuera que nos acechaba, pero yo estaba paralizado, incapaz de hacer nada más que observar las sombras al borde del claro. Sabía que no había manera de escapar. Estábamos atrapados y De repente pareció volverse más frío, como si la misma temperatura del lugar hubiera descendido bruscamente. Pude sentir el aliento helado en mi nuca, y aunque no me atrevía a voltear, sabía que algo estaba ahí, justo detrás de nosotros. La sensación de ser observado se volvió insoportable. El miedo era tan fuerte que apenas podía respirar. El rasgueado en la lona de la tienda que había escuchado la noche anterior volvió. Pero esta vez no estábamos dentro. Estaba sucediendo a plena vista, justo frente a nosotros. Miramos a la tienda y vimos bastante confundidos cómo esta comenzaba a romperse. Pero lo más extraño

47:07 era que no parecía haber un motivo. Lo único que había era aquel sonido. Un grito agudo como el de una mujer se escuchó. Provenía de algún lugar en el bosque. Un lamento que parecía venir de todos lados al mismo tiempo. Era un grito lleno de dolor y rabia. Mi cuerpo se tensó, pero sabía que no había a dónde ir. Estábamos atrapados. No sé cuánto tiempo pasó después de eso. Tal vez fueron minutos, tal vez horas. Solo recuerdo el miedo, la sensación constante de ser observado y el sonido de los pasos que nunca cesaban. Parecía que el tiempo se había detenido. El grito se dejó de escuchar, el hedor desapareció y el frío comenzó a ceder. Nos quedamos en silencio, incapaces de procesar lo que acababa de suceder. Sabíamos que no podíamos quedarnos ahí más tiempo, pero tampoco sabíamos cómo salir de ese maldito cerro. Desesperados por dejar aquel maldito lugar atrás, recogimos nuestras mochilas y comenzamos a caminar por lo que creíamos era el camino correcto de regreso al pueblo.

48:14 Conforme caminábamos, el silencio se volvió aún más pesado, y la sensación de ser observados volvió con una intensidad insoportable. Algo se movió entre los árboles. Ernesto se detuvo en seco y me miró, con sus ojos llenos de terror. Sentí como mi corazón se aceleraba y el sudor frío recorría mi espalda. Giré lentamente la cabeza hacia el lugar de donde provenía el sonido, y ahí estaba, Frente a nosotros, entre la niebla que comenzaba a levantarse del suelo, apareció una figura alta, grotesca y completamente fuera de este mundo. Esta medía fácilmente más de dos metros y medio, tal vez más. Su piel era grisácea, casi podrida, colgando de su cuerpo en tiras irregulares como si estuviera a punto de desmoronarse. Tenía algunos mechones de cabello sucio y enredado que se pegaban a su cráneo desnudo. Su rostro era lo más perturbador de todo. Donde debería estar su nariz, solo había un hueco. En lugar de ojos, tenía dos pequeños puntos oscuros que parecían perforaciones en su carne. Pero era su boca lo que más me aterraba. Era enorme, desproporcionada para su rostro, llena de dientes torcidos y podridos, algunos de ellos tan grandes que sobresalían de sus labios agrietados.

49:36 Un hedor insoportable emanaba de su cuerpo. una mezcla de carne descompuesta y algo aún peor, algo que no puedo describir con palabras. La bruja, si es que aquello podía ser llamado así, se quedó mirándonos por unos segundos que parecieron eternos. Su pecho subía y bajaba lentamente, como si estuviera respirando, pero el sonido que emitía era un gorgoteo repugnante, como si cada inhalación fuera un esfuerzo inmenso. Mis piernas temblaban, incapaces de moverse, como si el miedo hubiera paralizado cada músculo de mi cuerpo. Entonces soltó otro grito, aún más horrible que el anterior. El sonido era tan fuerte y agudo que me hizo cubrirme los oídos instintivamente. Ernesto gritó de terror, pero yo apenas lo escuché. Solo podía concentrarme en el monstruo que tenía frente a mí. La bruja se lanzó hacia adelante, pero no de pie. Cayó sobre sus cuatro extremidades moviéndose como una araña, con una agilidad y velocidad que no deberían pertenecer a algo de su tamaño.

50:43 Sus largos brazos y piernas se doblaban de manera antinatural mientras corría hacia nosotros, con sus dedos ganchudos rasgando el suelo con fuerza. Grité a Ernesto que corriera, aunque no sé si realmente lo dije o si fue solo un pensamiento en mi mente. Ambos salimos disparados en dirección contraria, corriendo tan rápido como nuestros cuerpos nos lo permitían. Podía escuchar los pasos rápidos y pesados de la bruja detrás de nosotros, acercándose cada vez más. No quería mirar atrás, pero el sonido de sus garras arañando la tierra me llenaba de un pavor indescriptible. Sabía que, si me detenía o tropezaba, sería el final. Corrimos sin rumbo, movidos solo por el miedo puro. Cada vez que pensábamos que la habíamos perdido, el horrible grito resonaba nuevamente, indicándonos que seguía tras nosotros. De alguna manera logramos encontrar una especie de sendero que parecía llevarnos hacia el borde del cerro. No sé cómo lo encontramos, pero no lo cuestioné. Solo corrimos con la esperanza de que ese camino fuera nuestra salvación.

51:52 La bruja seguía detrás, pero su velocidad disminuía a medida que nos acercábamos al final del cerro. Cuando creímos que ya no podíamos correr más, el terreno comenzó a descender y reconocí los árboles y las rocas del borde del cerro. Habíamos llegado al final. Sin detenernos, seguimos corriendo hasta que llegamos al pueblo. No sabría decir si la bruja nos persiguió hasta allí o si se detuvo antes de salir del cerro. Pero cuando cruzamos la línea invisible que separaba ese lugar maldito del pueblo, todo se sintió diferente. Llegamos finalmente a la plaza del pueblo y cansados, temblorosos y completamente aterrados. Nos miramos el uno al otro, incapaces de procesar lo que acababa de suceder. No sabíamos qué hacer ni a quién acudir.¿ Quién iba a creer una historia como la nuestra? Dos adolescentes diciendo que una bruja los había perseguido por un cerro, en el que, según todos, solo había viejas leyendas y supersticiones. Intentamos contarle a Pero nadie nos creyó. Nos dijeron que habíamos imaginado todo, que el cansancio y el miedo nos habían jugado una mala pasada.

53:08 Pero Ernesto y yo sabíamos la verdad, sabíamos lo que habíamos visto. La bruja no era solo una historia para asustar a los niños. Era real y casi no lo contamos. Desde ese día nunca volvimos a acercarnos al cerro y evitamos hablar del tema lo más que pudimos. Felipe es mi compañero de vida. Nos conocimos en nuestro lugar de trabajo. Después de dos años de casada, tuvimos una pequeña que ahora tiene tres años. Entre Felipe y yo, desde que éramos novios, hicimos una especie de ritual. Dedicamos todos los viernes a ver películas de terror hasta muy entrada la noche.

54:00 En ese tiempo no existían las plataformas de entretenimiento. Teníamos videocasetes y una videograbadora que los reproducía, así que en casa había una gran cantidad de esas películas. Hasta ahí todo estaba muy bien, nunca nos pasó nada extraño por este tipo de afición, ni tampoco creíamos que fuera posible que todo lo que había en las películas se pudiese convertir en una realidad. Pero a Felipe le sucedió algo inexplicable una noche de julio, algo que cambió por completo nuestras vidas. y que me hizo dudar de todo. Nada de lo que conocía a través de las películas le sucedió a Felipe. Aquella noche de julio era un viernes.

54:42 A Felipe lo invitaron sus compañeros de trabajo a una despedida de soltero. Yo no tuve ningún inconveniente en que se fuera. Obviamente, esa reunión solo era para caballeros. Así que yo me preparé mis palomitas y seguí con mi rutina de ver películas. Primero puse unas infantiles para mi pequeña Camila. cuando le dio sueño y la fui a acostar a su habitación. Seguí con mis películas favoritas. Afuera caía una tormenta muy fuerte, y era de lo más normal, puesto que era época de lluvias. Aunque en la colonia en la vivíamos, casi siempre las lluvias eran torrenciales porque el bosque estaba muy cerca, y en muchas de las ocasiones la luz eléctrica se iba. Escuchaba la forma en que el agua golpeaba las láminas, aunque ya estaba acostumbrada a ese sonido. Esa vez no me di cuenta que empezaron a suceder una serie de cosas extrañas, a las que no les di mucha importancia, hasta que, con el tiempo, me di cuenta que esa fue la primera noche en que empezó nuestra pesadilla. Yo me encontraba emocionada viendo mi película, cuando Camila despertó llorando. No era muy común que lo hiciera.

55:56 Pero en noches en las que había tormenta eléctrica, ella se asustaba con los rayos. Así que puse la película en pausa y fui a consolarla. Camila estaba muy asustada. Era tanto su miedo que no pudo hablar. Solo señalaba con su brazo hacia la ventana. Yo creí que se trataba de los rayos, ya que el cielo se iluminaba mucho para luego descargar toda su energía. Y justo en ese momento cayó un rayo muy cerca. Hasta yo me estremecí del sonido tan fuerte que escuché. Mi pequeña ya hablaba muy bien. Cuando le expliqué sobre los rayos, ella me dijo que no. No fue eso lo que le dio miedo, sino a alguien asomado en la ventana. En el momento en que el relámpago iluminó la calle, ella vio a una persona que se asomaba. Tratando de calmarla, le dije que era normal que se confundiera con lo que vio. Pudieron ser las ramas del árbol que había afuera, en la banqueta, y como se encontraba dormida, confundió lo que vio. Pero afuera no había nadie, porque el cancel estaba muy alto. Era difícil que alguien se pudiera brincar. Además, la entrada del fraccionamiento estaba vigilada por unos guardias, así que no pudo entrar cualquier persona solamente a asomarse. Además, ya sabía que teníamos como vecinos a una pareja de ancianos que se dormían muy temprano y los otros vecinos estaban de vacaciones, se habían ido a la playa. Así que todo debió ser una gran confusión. No muy convencida,

57:29 mi pequeña seguía diciendo con su cabecita que no y apuntaba hacia la ventana. De pronto cayó un rayo muy fuerte y escuché un estruendo en la calle y de inmediato se fue la luz, decepcionada. Le dije a Camila que ya no teníamos luz, así que lo mejor era descansar. Camila me pidió que nos fuéramos juntas a dormir, y para no tener que moverla de mi cama cuando llegara su padre, me acomodé en la de ella mientras le contaba una historia. Poco a poco se fue tranquilizando. De repente, despertaba y me apuntaba hacia la ventana, pero luego se quedaba dormida. Cuando me di cuenta que se había dormido, me levanté sin hacer ruido. De repente, un relámpago iluminó el entorno y vi a una persona en la ventana.

58:19 Casi me caigo de la impresión. Me quedé atenta tratando de entender lo que vi y que quizás me confundí. Pero de nuevo vi entre la oscuridad que algo o alguien se movía. Me asusté tanto que hablé a la cabina de seguridad. En dos minutos, uno de los guardias ya estaba tocando que vio mi pequeña y lo que también yo vi. El hombre revisó por fuera y por dentro de la casa, pero no encontró a nadie. Me dijo que todo pudo ser mi imaginación. Era una tormenta muy fuerte y pude haberme confundido. Me calmé un poco porque el guardia revisó muy bien y me fui a dormir.

59:01 Para colmo, empezó un viento muy fuerte. Lo escuché silbar con fuerza. Me dio la sensación de que casa se daba la vuelta y silbaba con más fuerza. Vi que ya eran las cuatro de la madrugada y Felipe no llegaba. No tenía forma de comunicarme con él, así que me quedé dormida por un rato. Desperté casi a las nueve de la mañana y Felipe no había llegado. En ese momento me empecé a preocupar. Era la primera vez que no llegaba a dormir y no era un borracho. Sí tomaba unas cuantas copas, pero nunca a perderse. Por eso creí que algo malo le había sucedido. Le marqué a varios de sus amigos con los que se fue de fiesta, pero ninguno me respondió. Y lo entendí muy bien. Seguramente se durmieron muy tarde. Y en lo menos que pensaron fue en levantarse a contestar el teléfono. Traté de calmarme pensando que todo estaba en orden. ya que Felipe era muy responsable, seguramente se encontraba bien. Felipe llegó hasta en la noche, me sorprendió verlo desaliñado, con grandes ojeras y la misma ropa del día anterior, traía un fuerte tufo a alcohol, habló muy poco, apenas balbuceó unas cuantas palabras ofreciendo una disculpa y se fue a la cama. Me quedé desconcertada, era la primera vez que él hacía eso, así que no quise hacer un drama. Lo dejé dormir y estuve jugando con Camila. Me acosté al lado de Felipe.

1:00:32 Él ni siquiera se dio cuenta que lo hice. Roncaba de una forma tan fuerte como nunca antes lo había hecho, que fue imposible dormir a su lado, por más que lo moví en varias ocasiones. Ni siquiera se inmutó. Agarré mi cobija y me fui a dormir en la sala. El sonido de sus ronquidos alcanzaba a llegar hasta la sala, pero ya no de una manera tan invasiva, así que me pude dormir. Entre sueños vi que se levantó en varias ocasiones a hacer del baño. Me di cuenta porque veía cuando cruzaba por la sala, ya que el baño se encontraba en el fondo del pasillo. Eso también se me hizo inusual, ya que Felipe era muy ordenado para beber líquidos en la noche. Decía que era molesto levantarse en la madrugada a hacer del baño porque padecía mucho de insomnio y le llevaba tiempo volver a conciliar el sueño.

1:01:29 Aunque en esta ocasión fue distinto, apenas llegaba a la cama y los ronquidos continuaban oyéndose. Creí que todo era consecuencia de haber bebido alcohol. Me llevé el susto de mi vida cuando lo vi cruzar de nuevo hacia el baño, pero los ronquidos siguieron escuchándose en el dormitorio Me levanté para darme cuenta si no estaba confundida. Incluso movía a Felipe en varias ocasiones. Y era verdad. Estaba profundamente dormido. Ahí fue cuando me pregunté. Entonces,¿ quién cruzó por la sala? Me acordé de mi pequeña Camila y fui a su habitación. Ella se encontraba también dormida. Con miedo fui caminando hacia la sala. Cautelosa daba un paso sobre el otro. Tenía miedo de que el hombre que vimos Camila y yo afuera de la ventana la noche anterior estuviera adentro y Felipe que se encontraba embotado por el alcohol. A mi paso agarré un cuchillo de la cocina. Cuando llegué afuera del baño mi corazón latía muy fuerte. Tenía miedo, mucho miedo.

1:02:35 Aún así abrí la puerta de un solo golpe, esperando encontrar lo peor. Pero dentro del baño no había nadie. Me quedé helada. reaccioné buscando en la otra habitación y en efecto dentro del cuarto tampoco había nadie ahora tenía una gran duda qué fue lo que vi en varias ocasiones que cruzó por la sala fui de inmediato con felipe y lo desperté ya era más de las 7 de la mañana y era hora que me diera una explicación de lo que hizo la noche anterior aún con sueño felipe se molestó porque lo desperté Me faltó el respeto en varias ocasiones. Le pedí que se calmara, y su respuesta fue un golpe. Me lo dio tan fuerte que caí al piso. Tumbando la pantalla de la televisión, se hizo un gran escándalo, a tal grado que uno de los vecinos llamó al guardia de seguridad de la entrada.

1:03:29 Mientras que Camila gritaba llorando muy asustada, fue una escena horrible, porque Felipe se puso como un demonio. Cuando uno de los guardias trató de negociar con él, le dio un golpe tan fuerte que lo dejó noqueado. El otro guardia al ver cómo estaba Felipe, pidió refuerzos y a los pocos minutos ya se habían llevado a Felipe. Aunque antes de marcharse me miró de una forma horrible, me dio miedo su ira y su forma de actuar y me dijo unas palabras en voz baja que no alcancé a escuchar lo que dijo, porque Camila seguía llorando y luego gritó tan fuerte con una voz muy ronca, te odio Se fue diciendo eso mientras los policías se lo llevaban esposado.

1:04:12 Un policía me hizo unas preguntas que no pude contestar. Me encontraba en estado de shock por los eventos que sucedieron uno tras otro. Además, Felipe nunca tuvo una conducta así. Él siempre se caracterizó por su carácter amable y servicial. Yo estaba aparte de asustada, desconcertada por esa actitud. No podía entender qué le ocurrió la noche anterior para que tuviera un cambio tan drástico. Más tarde me hablaron del ministerio público para que levantara cargos en contra de Felipe. Estaba tan confundida que le dije que no. Era la primera vez que él me golpeaba y seguramente fue por algo que le sucedió la noche anterior. La mujer que se encontraba del otro lado del teléfono trató de que entendiera que era el principio de la violencia. y que el hecho de que lo negara no significaba que no volviera a suceder. Mi respuesta fue la misma. Le dije que no tenía cargos en su contra. Más tarde, Felipe llegó a la casa. Creí que todo iba a ser igual que antes y que me iba a ofrecer una disculpa, pero no sucedió de esa manera. Llegó molesto. Y su mirada cambió drásticamente. Me miraba con odio, como si yo le hubiese hecho algo horrible, cuando él fue quien se portó como un patán. Debo de confesar que sentí miedo, porque el ambiente de la casa se puso denso. Y Camila también lo notó. Me preguntó dónde estaba su papá, porque ese señor no se parecía en nada a él.

1:05:44 Fueron las palabras más sabias que mi hija dijo. y las últimas que pronunció de manera coherente, ya que a partir de ese día, la capacidad cognitiva de mi hija disminuyó mucho. Fue como si tuviera un retroceso mental, es decir, fue olvidando las palabras poco a poco, hasta que dejó de hablar. Eso no sucedió en el transcurso de una semana, sino en varias semanas. De igual manera, sus capacidades motoras también empezaron a fallar. Ya le costaba trabajo agarrar cosas y moverse. Felipe ya no volvió a ser el mismo, ya no se portó agresivo, pero sí indiferente, insensible, con comportamientos muy extraños. Por las noches, además que roncaba horrible, se levantaba a deshoras de la madrugada y se sentaba en una silla del comedor. Movía otra silla como si alguien más se sentara en ella y comenzaba a murmurar palabras.

1:06:41 Me daba la impresión de que mantenía un diálogo con alguien. Pero en la casa no había nadie más que nosotros tres, y eso que él hacía estaba fuera de lugar. Yo no le decía nada porque la verdad le tenía miedo, así que mejor me quedaba callada, fingía que no sucedía nada. En el fondo tenía la esperanza de que Felipe cambiara y volviera a ser el mismo de siempre, aunque cada día todo era más insostenible. En el trabajo lo despidieron porque golpeó a su jefe inmediato, así que se pasaba todo el tiempo en casa. Mi trabajo era a distancia, y tenía la facilidad de hacerlo a la hora que quisiera, pero con su presencia era muy difícil lograrlo. Aunque sentía que ya no vivía con el mismo hombre, ingenuamente dejé pasar tiempo, que fue muy valioso para mi hija y para Felipe, pero cuando decidí actuar fue una noche en la que yo me encontraba dormida con mi hija. Ese día Felipe estuvo de muy mal humor y decidí no dormir con él, pero creo que ni siquiera le afectó, porque estuvo haciendo cosas extrañas en su cuarto. Fue necesario que me levantara porque la casa comenzó a oler a humo.

1:07:57 Cuando toqué para que me abriera la puerta, él ni siquiera se dio cuenta de mi presencia. La abrí. y Felipe se encontraba hincado dentro de un círculo de veladoras encendidas. Tenía los brazos extendidos y abiertos, mientras que oraba de una forma extraña. Luego sucedió algo inexplicable y horrible. Con el humo de las veladoras se formó una figura espectral. Parecía la cara de un hombre, y este hombre se fue materializando de cuerpo completo, y los dos comenzaron a orar de una manera que nunca antes había visto. Después pasó lo peor. La figura espectral de ese hombre se metió en el cuerpo de Felipe. Yo esperaba que él reaccionara y se moviera como loco o que hiciera algo.

1:08:44 Acto seguido, se levantó, apagó las veladoras y se me quedó viendo de una manera siniestra, que me dio mucho miedo. Me preguntó qué hacía ahí parada, pero con una voz que no era la de Felipe, y me miró con coraje, con mucha ira. Me dio tanto miedo que empecé a balbucear unas palabras sin sentido, y él se rió de mí, se carcajeó tanto que me sentí humillada, para luego decir que tuviera cuidado con mis acciones, porque todo tenía consecuencias, y lo mejor era que dejara de estar vigilando, porque, si seguía, las repercusiones no iban a ser en mi contra, sino en mi hija. Cuando escuché eso último y que se refirió a Camila como mi hija y no como nuestra hija, entendí que algo muy malo le había pasado a Felipe. Él, su esencia, su verdadero espíritu estaba en otro lado, porque ese hombre que estaba viviendo conmigo los últimos meses no era Felipe. como si ese hombre fuera capaz de escuchar mis pensamientos. Siguió riéndose a carcajadas, diciéndome que sí, que tenía mucha razón. Ahora a él le pertenecía el cuerpo de Felipe y que él ya estaba en el otro mundo. Cuando ese hombre mencionó eso, creí que Felipe ya estaba muerto, pero la realidad era completamente distinta.

1:10:09 En ese instante tuve un miedo horrible a que él me quisiera hacer daño. y peor aún a mi hija, así que corrí hacia la habitación de ella y me encerré, mientras que el hombre continuó burlándose de mí, oí que todas las cosas que había dentro de la casa se empezaron a caer, tazas, vasos, platos, lo único que quería era salir de ese lugar con mi hija a salvo, pero no había forma de hacerlo, así que empecé a prender y a apagar la luz de la habitación, Rompí el cristal de la ventana y empecé a pedir auxilio. No tardó uno de mis vecinos en acudir. Le dije que nos ayudara, que Felipe estaba incontrolable. Mi vecino hizo lo correcto, llamó a los guardias, aunque no sabía si ese tipo de ayuda era el que necesitábamos, y afuera de la habitación ocurrió algo horrible, por los gritos que escuché de uno de los guardias, creí que estaba pasando lo peor, oí que caían más objetos al piso, gritos y maldiciones, una voz desconocida para mí, no era una voz grave ni nada por el estilo, solo pude distinguir una voz que nunca antes había escuchado, Luego oí que algún vecino llamó a la ambulancia. Afuera de mi casa se hizo un gran alboroto. No sabía si salir o no, pero tenía mucho miedo por mi pequeña, así que me quedé un rato más, mientras que yo estaba temblando sin saber qué sucedía. Después de un rato, todo quedó en silencio.

1:11:40 Con mucha precaución abrí la puerta y noté un gran desorden en la casa. Todo se encontraba en el piso. Busqué con temor a Felipe, pero no lo pude hallar por ningún lado. La puerta de la entrada estaba abierta de par en par. Salí y una vecina se acercó para decirme lo que sucedió. Felipe agredió tanto a un vigilante que la ambulancia se lo llevó gravemente herido. Y luego Felipe se puso agresivo con todos los vecinos. Se subió a la azotea de la casa y se fue corriendo por las azoteas de todos los vecinos. hasta que lo perdieron de vista. Esa misma vecina acabó de corroborar lo que yo ya sabía. Me dijo que ese hombre no era mi esposo, era otra persona, y que el alma o espíritu de Felipe estaba en otro lugar. No podía saber dónde, porque ella no era una experta, pero me podía llevar con alguien que me pudiera orientar. Y así lo hice. Mi vecina Mago me llevó con una mujer que se dedicaba a la brujería. Ella, en cuanto me vio, me dijo que mi problema era más fuerte de lo que pensaba. Como yo no era creyente de ese tipo de prácticas, creí que la mujer me decía eso, porque Mago ya le había contado todo, y que quizás entre las dos querían compartir la ganancia del dinero que me sacaran. Sucedió algo que me hizo cambiar de opinión.

1:13:05 Esa mujer me habló sobre la primera noche en que Felipe llegó cambiado, la noche de la despedida de soltero. Me dijo que en esa ocasión sus amigos no hicieron una despedida común, sino que se fueron a una cabaña en la que hicieron una serie de rituales de brujería, en la que un muerto se apoderó del cuerpo de Felipe. No podía dar crédito a lo que esa mujer me dijo, pero le creí, porque acerca de esa noche yo no le conté a nadie, ni siquiera a Mago, y esa mujer me dio el día exacto. En ese momento empecé a creer. La mujer sonrió cuando vio que mi semblante cambió por completo y siguió diciéndome que las posesiones no solo ocurrían con el demonio, sino también por algún muerto.

1:13:53 Las palabras de esa mujer eran difíciles de creer, pero los hechos ahí estaban y eran más que evidentes. Le pregunté acerca del alma de Felipe. Ella me respondió que pasó tiempo valioso. Trataría de contactarse con Felipe, pero no me garantizaba nada. También me sugirió que me cambiara de casa, porque ese hombre podía regresar en cualquier momento y corríamos riesgo, tanto mi hija como yo. Cuando mencionó a Camila, la mujer depositó las cartas en la mesa, me tomó de las manos y me preguntó por Camila. Llorando le dije que mi hija parecía otra vez un bebé. Tenía tres años, pero se comportaba como si tuviera uno. Ella asintió. Me dijo que el daño también se lo ocasionó a Camila.

1:14:42 Yo quedé pasmada con todo lo que me dijo aquella mujer. Lo poco que sabía sobre posesiones era como las vi en las películas de terror, en las que el maligno se apoderaba del alma de una persona. Jamás pensé que existiera esa forma de que un muerto se adueñara de un cuerpo y que el espíritu fuera tan fuerte. Mago fue la que me volvió a mi realidad, porque dejé de escuchar a la mujer y Ella me dijo que me podía ayudar con mi hija para que recuperara su conciencia y sus habilidades perdidas, pero veía muy difícil poder rescatar el alma de Felipe. Con Camila era un poco más sencillo porque ella ya no le importaba a esa alma oscura y retorcida. Salí de esa consulta hecha añicos.

1:15:29 Fueron tantas cosas juntas que no sabía qué pensar ni qué decir. Me sentía destrozada física y emocionalmente. Y lo peor era que no sabía dónde encontrar a Felipe. La mujer me dijo que haría todo lo posible por ayudarme, pero no me garantizó nada.