Vi La Verdadera Cara De Una Imagen De Dios Dentro De Un Monasterio - Historias De Terror - REDE
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0:05 VivÃa dentro del monasterio, desde hacÃa poco más de un año cuando esto ocurrió. TenÃa 22 años y habÃa llegado ahà por decisión de mi familia. No fue una vocación clara ni una búsqueda espiritual profunda. Fue una salida que otros consideraron correcta para mÃ, en un momento complicado. Yo acepté porque no tenÃa muchas opciones y porque el lugar prometÃa orden, silencio y una rutina estable. El monasterio estaba lejos de cualquier población. Para llegar habÃa que cruzar un camino de terracerÃa y después caminar un tramo entre árboles. El edificio era grande, de muros gruesos, con pasillos largos y frÃos.
0:47 Todo estaba pensado para que uno supiera en dónde podÃa estar y dónde no. HabÃa horarios estrictos, tareas asignadas y zonas marcadas como restringidas. Nadie explicaba mucho, solo se esperaba obediencia y ya. Las imágenes religiosas estaban por todos lados, en los pasillos, en los comedores, en las salas de trabajo y en los espacios de oración. Muchas eran antiguas, algunas tenÃan grietas, pintura levantada o partes rotas. No se restauraban. pues decÃan que asà debÃan permanecer. Con el tiempo dejé de mirarlas con atención y se volvieron parte del fondo, como los muros o las puertas. HabÃa una imagen en particular que siempre estaba en el mismo lugar, cerca de un pasillo que llevaba hacia la parte final del monasterio.
1:42 Era una figura de Dios de tamaño mediano, montada sobre un soporte de madera. El rostro estaba oscuro por los años y la pintura tenÃa manchas. Yo pasaba frente a ella varias veces al dÃa, porque ese pasillo conectaba con las áreas de trabajo. Ese dÃa no fue distinto al inicio. Cumplà mis tareas, limpié, cargué cajas y ayudé en la cocina. No recuerdo nada fuera de lo normal, hasta el momento en que me detuve frente a esa imagen. No lo hice por devoción ni por costumbre. Me detuve porque sentà una presión en el pecho, como si el aire se hubiera vuelto más pesado. Escuché una voz clara. No fue un susurro ni algo confuso. Fue una voz firme, con un tono seguro, que parecÃa dirigirse solo a mÃ. Me dijo que la salvación estaba más allá, en la parte donde el monasterio terminaba. Me invitó a ir. No usó palabras amables ni amenazantes. Me habló como si diera una instrucción que debÃa cumplirse. Mi cuerpo reaccionó antes de que pudiera pensar. Sentà miedo inmediato. Los brazos se me pusieron rÃgidos y las piernas no me respondieron por unos segundos.
2:58 Me costaba respirar con normalidad. No pensé que fuera una experiencia espiritual ni un mensaje divino. Solo sabÃa que algo estaba mal. Volteé la vista hacia la imagen. Al principio no entendà lo que estaba viendo. Luego noté que de sus ojos salÃa sangre. No era un goteo rápido. Era un flujo constante que corrÃa por el rostro y manchaba la parte inferior de la figura. La sangre era oscura y espesa. No cayó al suelo de inmediato. Se quedaba marcada en la madera. No grité ni recé. Me quedé inmóvil, tratando de entender lo que estaba pasando. La voz no volvió a hablar y el silencio regresó al pasillo, pero la imagen seguÃa sangrando. Sentà un frÃo fuerte en la espalda y una presión en la cabeza que me obligó a apoyarme en la pared. Di unos pasos hacia atrás y no me acerqué más. No pensé en obedecer la invitación.
3:55 Todo en mà decÃa que no debÃa ir hacia esa zona. Me alejé despacio, sin darle la espalda a la imagen, hasta que estuve fuera del pasillo. Fue entonces cuando vi a mi compañero. Se llamaba Mateo, tenÃa un año más que yo y llevaba más tiempo en el monasterio. CompartÃamos varias tareas diarias, pero él era distinto a mÃ. CreÃa de verdad en todo lo que le decÃan, seguÃa las reglas sin cuestionar y pasaba más tiempo que nadie frente a las imágenes. A veces se castigaba solo por errores mÃnimos y decÃa que era necesario. Mateo estaba pálido, me miró sin hablar y sus manos temblaban. Me di cuenta de que habÃa visto lo mismo que yo. No necesitó explicarme nada. Sus ojos estaban fijos hacia el pasillo de la imagen. Respiraba rápido y repetÃa frases religiosas en voz baja.
4:48 Intenté decirle que se alejara, que no fuera hacia ahÃ, pero no logré articular palabras claras. El miedo me cerraba la garganta. No me miró y dio un paso hacia el pasillo, luego otro. La verdad, caminaba como si siguiera una orden que ya habÃa aceptado. Yo me quedé donde estaba, no lo seguÃ, no porque fuera valiente, sino porque no podÃa moverme. SentÃa que si daba un paso más cerca, algo me iba a arrastrar con él. Lo vi desaparecer por el pasillo rumbo a la parte final del monasterio, esa zona que casi nadie visitaba y de la que no se hablaba. Me quedé ahà varios minutos. La sangre ya no se veÃa desde donde estaba, pero sabÃa que la imagen seguÃa en el mismo lugar. SentÃa un peso constante en el pecho. No regresé a mis tareas. Me quedé sentado en el suelo tratando de recuperar el control de mi cuerpo. Cuando por fin logré levantarme, tomé una decisión clara. No iba a obedecer esa voz. No iba a ir a ese lugar. Me alejé del pasillo y me dirigà a las áreas comunes, tratando de mezclarme con los demás y fingir normalidad. Detrás de mÃ, en silencio, El monasterio seguÃa igual por fuera, pero por dentro algo ya habÃa cambiado. Pero algo en mà no me dejaba estar, pues sabÃa que algo estaba mal. Esa voz y la imagen no eran algo normal, y no iba a permitir que le pasara algo a mi compañero. Mateo no se detuvo,
6:22 y cuando lo vi avanzar hacia la zona prohibida, entendà que ya habÃa tomado una decisión. Caminaba con la espalda recta y la mirada fija, como si alguien le marcara el camino. No discutió con nadie ni buscó permiso. Actuó igual que siempre, siguiendo lo que creÃa correcto sin cuestionarlo. Yo me quedé unos segundos más donde estaba. El miedo seguÃa clavado en el pecho, pero la idea de dejarlo solo me empujó a moverme. No lo seguà de inmediato. Esperé a que se alejara lo suficiente y después avancé, manteniendo distancia. No querÃa que supiera que iba detrás de él. No querÃa que se volteara y me pidiera que lo acompañara.
7:06 El pasillo que llevaba a esa parte del monasterio era distinto. La iluminación era más débil. Algunas lámparas no funcionaban y habÃa tramos en penumbra. Los muros tenÃan partes descascaradas y marcas de humedad más viejas. El piso estaba sucio, con polvo acumulado y restos de objetos que nadie recogÃa. Era una zona que casi no se usaba. Pasamos frente a varias imágenes religiosas más. Algunas estaban torcidas, otras tenÃan partes rotas. No parecÃan recibir mantenimiento, y el silencio era más pesado ahÃ. No se escuchaban pasos de otros ni voces, solo el sonido de nuestros zapatos sobre el piso duro. Mateo caminaba sin detenerse y en ningún momento miró atrás. Yo seguÃa a varios metros, cuidando no hacer ruido. SentÃa que el aire era más frÃo conforme avanzábamos. El monasterio parecÃa terminar en ese tramo, como si todo lo importante quedara atrás.
8:08 Llegamos a un espacio abierto, una especie de sala amplia que conectaba con una puerta grande al fondo. Ahà estaba la imagen. No era la misma que habÃa visto antes, pero era similar en tamaño y forma. Estaba colocada sobre una base baja, sin protección. La sangre seguÃa saliendo de los ojos y manchaba el frente de la figura. Mateo se acercó sin dudar, extendió la mano como si fuera a tocarla. Yo me detuve cerca de la entrada con el cuerpo pegado al muro y desde ahà lo vi todo con claridad. La transformación comenzó de inmediato, las manos de la imagen cambiaron, los dedos se alargaron y las uñas crecieron de forma antinatural, curvas y oscuras. Los ojos se abrieron más, el color se volvió rojo intenso y la sangre siguió saliendo, ahora mezclada con un lÃquido espeso.
9:02 La boca se deformó y los labios se abrieron mostrando dientes largos y desiguales. El cuerpo de la figura se inclinó hacia adelante. Los movimientos eran rápidos y firmes, sin esfuerzo. Bajó de la base con un solo impulso y quedó frente a Mateo, No hubo palabras y no hubo advertencia. La criatura atacó directo al cuello. Escuché un golpe seco y luego un sonido húmedo cuando las uñas se hundieron en la carne. Mateo cayó al suelo tratando de cubrirse con los brazos. Gritó una sola vez, pero el sonido se cortó cuando la criatura volvió a atacarlo en el pecho.
9:43 Vi cómo lo sujetaba con fuerza y lo levantaba apenas del piso. Escuché el desgarre de la ropa y el ruido de los huesos al romperse. La sangre salpicó el suelo y las paredes cercanas, y el cuerpo de Mateo dejó de moverse en pocos segundos. La risa comenzó después. No fue una carcajada humana. Fue un sonido grave, irregular, como un jadeo mezclado con un chillido. SalÃa de la boca abierta mientras seguÃa moviéndose sobre el cuerpo. Yo no me movà durante el ataque. Me quedé paralizado. con las manos apretadas contra el muro. SentÃa el corazón golpeando fuerte en el pecho y un zumbido constante en los oÃdos.
10:24 En algún momento, la criatura levantó la cabeza y sus ojos se clavaron en mÃ. No hubo confusión. Me habÃa visto. Su postura cambió. Soltó el cuerpo de Mateo y dio un paso en mi dirección. Corrà de inmediato. No pensé en otra cosa. Me di la vuelta y avancé por el pasillo por el que habÃamos llegado. Escuché detrás de mà los golpes de sus pasos contra el piso. Eran rápidos y pesados, y cada impacto retumbaba en las paredes. Pasé corriendo frente a las imágenes sin mirarlas. SentÃa el aire cortarme la garganta. Tropecé con un objeto tirado en el suelo, pero logré mantener el equilibrio. No volteé la vista.
11:07 SabÃa que si lo hacÃa, no iba a seguir corriendo. La persecución no se detenÃa, y el sonido detrás de mà se acercaba. Escuché cómo golpeaba los muros al girar en los pasillos, y el ruido de las uñas arrastrándose por la piedra era claro y constante. Llegué a una zona más iluminada. Reconocà las áreas centrales del monasterio, porque habÃa puertas grandes y pasillos más anchos. Apreté el paso y empujé una de las puertas con todas mis fuerzas. Entré y la cerré de golpe. Apoyé el cuerpo contra la madera y giré el seguro. En el otro lado escuché el golpe fuerte contra la puerta. La madera vibró, y luego otro golpe más fuerte. En eso se escuchó el sonido de las uñas rasgando la madera, y una risa demonÃaca, pero después solo silencio. No me movÃ, me quedé ahÃ, respirando con dificultad, con la espalda pegada a la puerta, esperando el siguiente impacto, pero no llegó. Las luces del área central seguÃan encendidas. Escuché voces humanas a lo lejos. El monasterio, al menos en esa parte, seguÃa funcionando como siempre. Yo seguÃa vivo porque corrà lo más rápido que pude y porque no confié en esa voz y en esa figura, pero Mateo no. El sonido detrás de la puerta no volvió, pero sabÃa que la criatura habÃa estado ahà y que habÃa corrido tras de mÃ.
12:37 Me quedé apoyado contra la puerta varios minutos, no sé cuántos, pero el cuerpo me temblaba. y las piernas apenas me sostenÃan. Escuchaba voces del otro lado del pasillo, pasos normales, conversaciones comunes. Nadie parecÃa haber notado nada extraño. Y, cuando por fin me atrevà a moverme, abrà la puerta despacio y avancé hacia la zona central del monasterio. Ahà habÃa personas con autoridad. Dos responsables del lugar estaban revisando listas y dando instrucciones a otros. La iluminación era fuerte. El piso estaba limpio y las paredes no tenÃan el abandono de la zona que acababa de dejar atrás. Esa parte del monasterio funcionaba como siempre. Y la criatura no apareció. No porque no pudiera cruzar, sino porque las puertas, los pasillos cerrados y la presencia de varias personas rompieron la persecución. Ahà yo estaba a la vista de todos. Intenté hablar en cuanto me vieron. Las palabras me salieron atropelladas. Dije el nombre de Mateo, y dije que algo lo habÃa atacado. Señalé hacia la zona prohibida, y les expliqué lo de la imagen, la sangre, la transformación. No adorné nada, solo les conté lo que vi. Pero las miradas que recibà no fueron de preocupación, fueron de incomodidad, y uno de ellos me pidió que me calmara, otro me dijo que estaba alterado.
14:04 Me hicieron sentarme, Me dieron agua y me preguntaron si habÃa dormido bien los últimos dÃas, si habÃa tenido pensamientos extraños antes y si estaba siguiendo las reglas. Insistà y repetà cada parte. Les dije dónde habÃa quedado el cuerpo de Mateo. Les pedà que fueran a revisar, pero no se movieron de inmediato. Solo se miraron entre ellos. Uno salió del lugar, no hacia la zona prohibida, sino hacia las oficinas. Pasó un tiempo largo. y cuando regresaron me dijeron que Mateo no estaba, que no lo habÃan encontrado en su dormitorio ni en las áreas comunes, y que seguramente se habÃa ido por su cuenta. Dijeron que no era la primera vez que alguien abandonaba el monasterio sin avisar.
14:53 Yo sabÃa que eso no era cierto, y les dije que lo habÃa visto morir, que no habÃa salido caminando. La respuesta fue el silencio, luego me dijeron que ese tipo de afirmaciones no eran aceptables ahà que lo que yo estaba mencionando era una blasfemia contra Dios y las figuras sagradas el tema se cerró rápido más que nada por sus creencias después de eso no hubo búsqueda formal no hubo preguntas a los demás y el nombre de Mateo dejó de mencionarse ese mismo dÃa sus cosas desaparecieron en pocas horas y su cama quedó vacÃa como si nunca hubiera estado ocupada Esa noche no me dejaron regresar a mi dormitorio. Me mantuvieron en una sala vigilada. A la mañana siguiente me llamaron a una oficina. Me informaron que no podÃa seguir en el monasterio. Me dijeron que mi comportamiento mostraba inestabilidad, que habÃa desobedecido reglas al acercarme a zonas restringidas y que mis declaraciones podÃan afectar a los demás. No hubo discusión y no hubo oportunidad de defenderme.
16:03 Me entregaron mis pocas pertenencias en una bolsa pequeña y me indicaron el camino de salida. Nadie se despidió y, obvio, nadie me acompañó. Caminé fuera del monasterio sin voltear. El edificio quedó atrás entre los árboles, igual que siempre. Desde afuera no parecÃa distinto. No parecÃa un lugar donde alguien hubiera muerto de esa forma y el silencio del entorno era normal. Llegué a la ciudad ese mismo dÃa. Me quedé en un cuarto rentado. Conseguà trabajo semanas después. No hablé de lo ocurrido, pues aprendà rápido que decirlo solo generaba miradas raras o silencio incómodo. Con el tiempo me armé una vida simple. Ahora vivo solo, trabajo, regreso a casa y me preparo comida sencilla. Camino por las calles sin rumbo fijo algunos dÃas. No busco compañÃa. Y no me quedo en lugares cerrados por mucho tiempo si no es necesario. El miedo no está todo el tiempo. No vivo esperando que algo aparezca. No tengo visiones ni escucho voces.
17:14 Pero hay cosas que evito. Por ejemplo, las imágenes religiosas me incomodan. No entro a iglesias ni a capillas. Y los pasillos largos y mal iluminados me aceleran el pulso. Cuando veo figuras antiguas con el rostro desgastado, siento una presión en el pecho. A veces sueño con el monasterio, no con la criatura. Sueño con los pasillos vacÃos, con las puertas cerradas, con la zona central llena de gente que no mira hacia atrás. Me despierto con el cuerpo tenso, pero el sueño no continúa. No espero volver a verlo, y no pienso que esté buscándome. Lo que ocurrió quedó ahÃ, en ese lugar. El terror no vive en el presente como una amenaza activa, vive en la certeza de lo que presencié y en saber que fue real, aunque nadie más lo reconozca. Eso fue lo que pasó, eso es lo que recuerdo, y es suficiente para no querer regresar jamás.
18:13 A veces, sin buscarlo, recuerdo su rostro como lo vi al final, la sangre cayendo de los ojos abiertos, Las uñas largas manchadas, la boca estirada en una mueca fija, y esa risa grave que no sonaba humana grabada con claridad en mi cabeza. Recuerdo esa etapa de mi vida con claridad, porque todo lo demás era estable. Ya era adulto, tenÃa una rutina fija y conocÃa bien el lugar donde vivÃa. Trabajaba durante el dÃa y regresaba caminando por las tardes, siempre por el mismo trayecto. No era un camino improvisado ni peligroso. Era un sendero de tierra firme que corrÃa paralelo a un canal de riego. A un lado habÃa parcelas abiertas y al otro, una franja de vegetación baja con árboles delgados y carrizos que crecÃan cerca del agua.
19:12 Ese camino lo habÃa recorrido durante años. SabÃa dónde el suelo se hundÃa un poco por la humedad, dónde el canal hacÃa una curva y en qué parte el sendero se volvÃa más estrecho. ConocÃa los sonidos normales del lugar, el agua corriendo, los insectos y el viento moviendo las hojas. Nunca habÃa pasado nada fuera de lo común ahÃ. Por eso esa noche caminaba tranquilo, sin prisa y sin estar alerta a nada. El cielo estaba oscuro y sin luna visible. La iluminación venÃa solo de algunas luces lejanas, de las casas dispersas. El canal seguÃa su curso con el mismo ruido constante de siempre, y yo avanzaba con paso regular, pensando únicamente en llegar. Fue entonces cuando escuché el llanto.
20:02 Era un llanto de mujer. No fue un sonido repentino ni un grito, era un llanto sostenido, fuerte y continuo. Me detuve casi de inmediato, no por miedo, sino porque el sonido no encajaba con el lugar ni con la hora. Pensé que podÃa tratarse de una mujer del área, alguien que hubiera tenido un problema o que necesitara ayuda. Me quedé quieto, escuchando con atención, pero el llanto no se cortaba y no se escuchaban palabras ni gritos, solo ese sonido prolongado. lo primero que noté fue que no parecÃa moverse en un espacio abierto una voz cambia de intensidad cuando alguien camina o se desplaza pero ese llanto no hacÃa eso permanecÃa fijo di unos pasos más y volvà a detenerme el volumen seguÃa siendo exactamente el mismo no aumentaba ni disminuÃa y tampoco se alejaba eso me llamó la atención asà que esperé unos segundos más el canal seguÃa sonando igual Los insectos seguÃan ahÃ, pero el llanto parecÃa no mezclarse con nada. Avancé despacio, siguiendo el sonido.
21:12 Conforme me acercaba al canal, la vegetación se hacÃa más espesa. Los carrizos se movÃan con el viento, rozándose entre sÃ. Ese movimiento producÃa un sonido leve, pero el llanto no reaccionaba a eso. No se interrumpÃa y no se distorsionaba. En ese momento empecé a sentir que algo no estaba bien. No fue miedo todavÃa, sino una sensación clara de que el sonido no se comportaba como una voz normal. Aún asÃ, seguà avanzando. Pensé que quizá al acercarme verÃa a alguien sentada o recargada junto al agua. Y cuando estuve lo suficientemente cerca, la vi. A pocos metros del canal, casi en la orilla, habÃa una figura femenina detenida. Estaba de espaldas, completamente inmóvil. Su cuerpo estaba recto, sin apoyarse en nada.
22:06 Llevaba una prenda clara que resaltaba en la oscuridad. El cabello le caÃa largo por la espalda, cubriéndole parte de los hombros. Y, a pesar del viento que movÃa la vegetación, su cabello no se movÃa. El llanto salÃa directamente de ella. No habÃa pausas, no habÃa cambios en el tono. Era un sonido constante, como si no necesitara respirar para continuar. Me quedé parado observándola. No hacÃa ningún movimiento. No caminaba, no se inclinaba y no buscaba equilibrio. Simplemente estaba ahÃ, junto al agua. Por un momento pensé en hablarle. Preguntarle si necesitaba ayuda. Pero algo me lo impidió. No fue una decisión consciente, pues mi cuerpo no reaccionó como suele hacerlo.
22:55 cuando uno ve a alguien en problemas, di un paso más intentando distinguir mejor su silueta, en ese momento noté que no se reflejaba en el agua del canal como deberÃa, el brillo del agua mostraba las plantas y el borde del camino, pero la figura no aparecÃa ahà con claridad, pero el llanto seguÃa igual, sin cambios, me detuve otra vez y el silencio alrededor era normal, pero ese sonido parecÃa ajeno al entorno, no se mezclaba con nada, era como si estuviera separado del resto del lugar. Entonces, sin girar el cuerpo, la figura comenzó a levantar lentamente la cabeza.
23:36 El movimiento fue lento, deliberado, como si supiera que yo estaba ahÃ. Cuando la figura terminó de levantar la cabeza, la vi de frente. No fue una revelación gradual ni confusa. Su rostro quedó expuesto por completo y lo entendà en ese instante. Donde deberÃan estar los ojos, habÃa solo cavidades oscuras, profundas, sin brillo alguno. Eran huecos fijos, abiertos, como si la cara estuviera vacÃa por dentro. La piel no tenÃa la textura de una persona viva. Estaba rÃgida, tensa, pegada directamente al hueso. No se movÃa con el gesto ni con el sonido, y tenÃa la forma clara de un cráneo cubierto por una capa delgada de piel reseca. La nariz estaba hundida, apenas marcada. No habÃa mejillas, todo estaba retraÃdo, sin volumen. La boca estaba abierta más de lo normal, forzada en una abertura que no parecÃa natural. Desde ahà salÃa el llanto. No se escuchaba desde el pecho ni desde la garganta. salÃa directamente de esa boca abierta, como si el sonido no necesitara pasar por ningún otro lugar.
24:49 Alcancé a ver los dientes. Eran largos, disparejos y demasiado visibles. No estaban alineados como los de una persona. Algunos sobresalÃan más que otros. Eran opacos, con una forma que no correspondÃa a una dentadura humana. Y permanecÃan expuestos todo el tiempo, incluso cuando el llanto subÃa de intensidad. Un velo oscuro cubrÃa parte de la cabeza. No era transparente ni ligero. CaÃa pesado, pegado al contorno del cráneo, ocultando solo una franja del rostro, pero dejando ver lo suficiente para entender lo que estaba mirando. El velo no se movÃa con el viento, igual que el cabello. El llanto continuaba sin pausas.
25:33 No habÃa respiraciones entre un sonido y otro. Era un flujo constante que parecÃa no terminar nunca. Y en ese momento comprendà que no estaba frente a una persona viva. No fue una conclusión pensada ni razonada, fue una certeza inmediata y absoluta. La figura se inclinó hacia adelante, no dio un paso y no movió los pies. El cuerpo simplemente se proyectó hacia mÃ, como si el suelo no tuviera importancia para ella. Ese movimiento no correspondÃa a una forma humana de avanzar. No habÃa balanceo ni ajuste del cuerpo, solo un acercamiento directo. Retrocedà por reflejo y sentà que el pie se me fue hacia atrás y perdà el equilibrio por un instante. Logré sostenerme, pero el terreno irregular me obligó a moverme torpemente. El llanto aumentó de volumen.
26:29 Ya no parecÃa venir desde un punto fijo. Se sentÃa encima de mÃ, alrededor de mi cabeza. La figura avanzó otra vez sin caminar. La distancia entre nosotros se redujo en segundos y pude ver con más detalle la superficie del rostro. No habÃa expresión humana y no habÃa músculos reaccionando al sonido. Todo permanecÃa rÃgido, inmóvil, excepto la apertura exagerada de la boca. El llanto era más fuerte ahora. No tenÃa cambios de tono, no expresaba tristeza ni dolor como lo hace un llanto humano. Era un sonido prolongado, forzado, que parecÃa existir solo para llenar el espacio. Intenté retroceder de nuevo, pero el suelo se dio un poco bajo mi peso y tuve que apoyar una mano para no caer.
27:20 En ese momento sentà el frÃo del agua cerca. El canal estaba a un costado y el borde era bajo y resbaloso. La figura volvió a inclinarse hacia mÃ. El velo oscuro se desplazó apenas, dejando ver más del cráneo. Las cavidades donde deberÃan estar los ojos seguÃan apuntando directamente hacia mÃ. No habÃa movimiento alguno que indicara que me estuviera siguiendo con la mirada. Aún asÃ, su atención estaba claramente fija en mÃ. El llanto llenaba todo alrededor y no escuchaba el canal, ni el viento, ni los insectos. Solo ese sonido, cada vez más cercano. Logré incorporarme y dar un paso atrás. Mis piernas respondÃan con lentitud, y el cuerpo no me reaccionaba con rapidez. SentÃa el peso del aire en el pecho y una presión constante en la cabeza, y la verdad no podÃa apartar la vista del rostro. La figura avanzó una vez más. No habÃa duda de que se estaba acercando, pues la distancia ya era mÃnima. Y podÃa distinguir los bordes irregulares de los dientes, la forma hundida de la nariz y la piel tensa sobre el hueso. En ese punto entendà que no habÃa nada que identificar ni confirmar. No habÃa explicación posible dentro de lo normal. El lugar que conocÃa de memoria ya no era el mismo. Lo que tenÃa frente a mà no pertenecÃa a ese camino ni a ningún otro. Di
28:50 un paso más hacia atrás y el pie volvió a resbalar. Pero esta vez no intenté sostenerme. Giré el cuerpo con dificultad, sin dejar de escuchar el llanto detrás de mÃ. Y en ese momento tomé la decisión de correr. Corrà en cuanto giré el cuerpo. No fue una carrera limpia ni rápida, pues el terreno estaba irregular y húmedo por la cercanÃa del canal, y cada paso requerÃa cuidado para no resbalar. Las plantas me golpeaban las piernas y los brazos, y el aire entraba con dificultad. El cuerpo no me respondÃa como cuando uno corre por cansancio, me respondÃa lento y pesado.
29:30 El llanto seguÃa detrás de mÃ, no necesitaba voltear para saberlo, pues el sonido venÃa justo a mi espalda, con la misma fuerza, sin perder intensidad. No se escuchaban pasos ni roce contra el suelo, solo ese llanto continuo como si avanzara sin tocar nada. El canal quedó a un costado, el borde era bajo y el suelo cedÃa. Tuve que abrirme un poco hacia el sendero para no caer al agua. Tropecé con una raÃz y casi caigo. Apoyé la mano y seguà avanzando. Las piernas me temblaban, pero seguÃ. El llanto no se alejaba, tampoco se acercaba más, solo se mantenÃa a la misma distancia, constante, pegado a mÃ. El camino se estrechó, ahà el suelo era más duro, pero habÃa piedras sueltas. Bajé la velocidad sin querer, pues cada paso era un riesgo, y aunque el cuerpo me pedÃa detenerse, no lo hice. El sonido llenaba todo el lugar, era algo difÃcil de explicar, pero el miedo me recorrÃa el cuerpo completo, y no escuchaba mi respiración ni mis pasos, solo ese llanto, pero de pronto el sonido se cortó.
30:43 No fue un desvanecimiento gradual, se cortó de golpe como si alguien hubiera cerrado una puerta. El silencio que quedó fue pesado, seguà corriendo unos metros más sin detenerme, esperando que el sonido regresara, pero no regresó. El canal volvió a escucharse, el viento volvió a mover las plantas, ya, todo parecÃa normal, pero el cuerpo no se calmó. Llegué a la primera construcción del camino. Era una bodega pequeña de lámina que se usaba para guardar herramientas. Empujé la puerta con fuerza y entré. Cerré desde dentro y me apoyé contra la pared. El espacio era reducido y el olor a tierra y metal estaba concentrado. Entonces me quedé ahà de pie varios segundos sin moverme. Las manos me temblaban.
31:32 El temblor era visible y constante. En eso sentà náuseas y tuve que inclinar el cuerpo hacia adelante para no vomitar. La cabeza empezó a dolerme con una presión fuerte, justo detrás de los ojos. Me senté en el suelo con dificultad. El cuerpo seguÃa reaccionando como si el peligro continuara. Me quedé ahà hasta que el temblor bajó un poco. No volvà a escuchar nada afuera. El silencio se mantuvo. Cuando salÃ, ya no regresé por el canal. Tomé un camino más largo. con luces y casas cercanas llegué a mi casa y me encerré y esa noche no dormà pues el dolor de cabeza no se quitó y cada vez que cerraba los ojos la imagen del rostro regresaba completa sin cambios a la mañana siguiente me levanté con el cuerpo cansado como si hubiera pasado la noche corriendo el estómago seguÃa revuelto salà más tarde de lo habitual y busqué a personas del lugar No conté todo, pero les pregunté de forma directa por ese tramo del canal. Una de las personas me dijo que ahà no se camina de noche.
32:43 No me lo explicó de inmediato, solo lo dijo asÃ. Cuando pregunté por qué, mencionó a la llorona. Lo hizo sin levantar la voz, sin exagerar. Me dijo que varias personas habÃan escuchado llanto en ese punto y que algunos la habÃan visto cerca del agua. Otra persona confirmó lo mismo. Me dijo que ese tramo tiene historias desde hace años, pero nadie habló de fechas ni de apariciones constantes. Solo coincidieron en el lugar exacto, el punto donde la vi. Desde ese dÃa dejé de usar ese camino. No fue una decisión temporal. Cambié mi rutina por completo, salÃa más temprano o regresaba acompañado. Cuando no habÃa opción, tomaba rutas más largas, pero nunca volvà a pasar por ahà de noche.
33:35 No volvà a escuchar el llanto y no volvà a verla, ni hubo sueños repetidos ni señales después. El lugar siguió ahÃ, igual que siempre, pero para mà quedó marcado por un miedo constante y la certeza de saber lo que podÃa pasarme si volvÃa por ese lugar de noche. Sé exactamente lo que vi. Vi un rostro sin ojos, con forma de cráneo, cubierto por un velo oscuro. Vi una boca abierta más de lo normal, con dientes que no eran humanos. Escuché el llanto salir de ahà y vi cómo se acercó sin caminar. No confundo ese recuerdo con otra cosa. No lo mezclo con historias ni con explicaciones. Eso ocurrió una sola vez y fue suficiente. Desde entonces, ese tramo del canal quedó fuera de mi camino y asà se quedó.
34:26 porque jamás en mi vida quiero volver a ver a la Llorona. TenÃa 15 años cuando todo sucedió. VivÃa en un pequeño pueblo rodeado de cerros. DecÃan que, mucho antes de que yo naciera, habÃa vivido una mujer que practicaba la brujerÃa. Nadie sabÃa exactamente cuándo habÃa llegado al pueblo ni de dónde venÃa. Pero se decÃa que ella no era como las demás. Era una mujer solitaria, de esas que preferÃan los rincones oscuros y apartados. Siempre vestÃa de negro, y su mirada era tan frÃa que cualquiera que se cruzara con ella sentÃa un escalofrÃo. Con el paso de los años, comenzaron a aparecer animales muertos en los alrededores de su casa, todos mutilados de maneras extrañas. Primero fueron algunos perros y gatos, pero luego empezaron a ser caballos y vacas. A la gente del pueblo le tomó tiempo atar cabos, pero pronto las sospechas cayeron sobre ella. Algunos decÃan que la veÃan salir de su casa a horas extrañas, que susurraba palabras en una lengua que nadie entendÃa. Otros aseguraban haber visto luces en su hogar durante la madrugada, como si estuviera realizando rituales. Lo que terminó de desatar el caos fue la desaparición de un niño pequeño. La familia lo habÃa visto por última vez jugando cerca del bosque, no muy
35:57 lejos de la casa de la mujer. Las autoridades locales buscaron durante dÃas, pero el niño jamás apareció. Fue entonces cuando el pueblo, presa del miedo, decidió que la mujer debÃa ser la culpable. Reunieron una turba y fueron a su casa con antorchas y herramientas, dispuestos a hacer justicia. Pero cuando llegaron, la mujer ya no estaba. La casa estaba vacÃa, como si hubiera sabido lo que venÃa y se hubiera esfumado sin dejar rastro. Desde ese dÃa, la gente comenzó a decir que la bruja habÃa huido al cerro y que desde ahà acechaba a cualquiera que se atreviera a subir demasiado alto. Algunos aseguraban haberla visto en las noches de luna llena. Caminando entre los árboles, con sus ojos brillando en la oscuridad. Otros hablaban de ruidos extraños y susurros que venÃan desde lo más profundo del bosque.
36:52 Yo nunca le presté atención a esas historias. Me parecÃan ridÃculas. Eran solo cuentos para asustar a los niños y mantenerlos alejados de los cerros. En ese entonces, mi mejor amigo era Ernesto. Como yo, Ernesto tampoco creÃa en esas cosas. Nos burlábamos de las leyendas del pueblo y de cómo la gente podÃa ser tan supersticiosa. Asà que, un dÃa, durante vacaciones, decidimos que demostrarÃamos lo absurdas que eran esas historias. HarÃamos algo que nadie en el pueblo se habÃa atrevido a hacer. IrÃamos al cerro a acampar, pasarÃamos la noche ahà y volverÃamos al dÃa siguiente para reÃrnos de todos.
37:33 Nos propusimos que al hacerlo demostrarÃamos que las historias sobre la bruja no eran más que eso, historias. Era un plan simple, empacamos lo necesario para pasar la noche, comida, agua, linternas y mantas. El cerro no estaba lejos del pueblo, pero la subida era empinada y rocosa, y nos tomó cerca de dos horas llegar a la cima. Lo hicimos justo cuando el sol comenzaba a ponerse, Desde arriba podÃamos ver el pueblo en la distancia, pequeño y pacÃfico, con las luces encendiéndose poco a poco. El viento soplaba suavemente y por un momento me sentà en paz, como si todo lo que nos habÃan contado no fuera más que una fantasÃa. No lo noté, pero con el paso de las horas me di cuenta de que todo estaba demasiado quieto.
38:23 El viento, que normalmente se escuchaba moviendo las ramas de los árboles, apenas se sentÃa. No habÃa el habitual sonido de insectos o animales nocturnos. El cerro estaba completamente en silencio, como si estuviéramos en un lugar ajeno al mundo. Pero en ese momento no le presté mucha atención. Ernesto y yo armamos nuestra tienda de campaña cerca de un pequeño claro y encendimos una fogata para mantenernos calientes durante la noche. A medida que el sol se ocultaba y la oscuridad nos envolvÃa, Era como si algo invisible nos estuviera observando desde los árboles cercanos, pero cada vez que volteaba a mirar, no habÃa nada. Me repetà a mà mismo que eran solo imaginaciones, el producto de haber escuchado demasiadas historias sobre el cerro y la bruja. La primera señal de que algo no estaba bien fue el olor. Era un hedor fuerte, repugnante, como si algo se estuviera pudriendo cerca de nosotros. Ernesto lo notó también. Ambos revisamos la zona alrededor del campamento, pensando que tal vez habÃa algún animal muerto cerca, pero no encontramos nada. El olor seguÃa ahà impregnando el aire, haciéndome sentir náuseas. Intenté ignorarlo, pero algo en mi interior me decÃa que ese olor no era natural, que no pertenecÃa a ese lugar. Decidimos meternos en la tienda y
39:54 tratar de dormir. Ernesto se quedó dormido, pero yo no pude. Cada vez que cerraba los ojos, escuchaba ruidos. Primero fueron susurros. Creà que era el viento, pero no habÃa suficiente viento para hacer ese tipo de sonido. Era más como si alguien estuviera hablando a lo lejos, en un idioma que no lograba comprender. Me quedé completamente quieto, aguantando la respiración, tratando de escuchar mejor, pero el susurro desaparecÃa cada vez que me concentraba. luego escuché pasos al principio eran débiles apenas perceptibles como si alguien estuviera caminando descalzo entre las hojas secas y las piedras me dije a mà mismo que debÃa ser algún animal tal vez un zorro o un ciervo pero los pasos no eran aleatorios se movÃan en un patrón rodeando la tienda y luego se detuvieron justo fuera de nuestra tienda de campaña sentÃa mi corazón latiendo con fuerza en mi pecho Y aunque querÃa salir y ver qué estaba ocurriendo, el miedo me tenÃa paralizado.
41:01 No sé cuánto tiempo pasó antes de que el olor volviera, esta vez más fuerte, como si la fuente del hedor estuviera justo frente a nosotros. Y entonces escuché como si alguien rasgara, algo o alguien estaba arañando la lona de la tienda. Era un sonido ligero pero inconfundible. PodÃa imaginar los dedos largos y delgados recorriendo la tela, como si estuvieran buscando una forma de entrar. No me atrevÃa a moverme, pues creÃa que, de ser un animal, al no notar movimiento, probablemente se irÃa. No sé cómo, pero Ernesto no se despertó en todo ese tiempo. Permanecà en silencio, rezando para que lo que fuera que estuviera afuera se marchara. Después de lo que me pareció una eternidad, los sonidos cesaron.
41:49 El olor comenzó a desvanecerse. No pude dormir el resto de la noche. Solo esperaba que llegara el amanecer. En cuanto vi los primeros rayos de sol asomarse por el horizonte, desperté a Ernesto y le dije que nos fuéramos. Ãl se quejó al principio diciendo que apenas habÃamos dormido, pero algo en mi rostro debió convencerlo de que era mejor no discutir. Cuando estuvimos listos para partir, empezamos a caminar por el sendero por el que habÃamos llegado la tarde anterior. Todo parecÃa normal. Una sensación de incomodidad se mantenÃa en mi estómago. Ernesto bromeaba sobre lo fácil que habÃa sido pasar la noche, sin tener idea de lo que habÃa sucedido mientras dormÃa. Yo no le conté nada. No quise sonar como un loco o, peor aún, un cobarde. mientras descendÃamos algo comenzó a sentirse extraño no podÃa explicarlo con precisión en ese momento pero era como si el paisaje hubiera cambiado de alguna manera las piedras y los árboles no se veÃan como los recordaba no dije nada intentando convencerme de que estaba exagerando después de caminar por casi media hora me di cuenta de que algo no estaba bien el sendero que habÃamos tomado no parecÃa llevarnos de regreso al pueblo En lugar de descender, parecÃa que estábamos caminando en cÃrculos. Las mismas piedras, los mismos arbustos y árboles aparecÃan una y otra vez, como si estuviéramos atrapados
43:20 en un ciclo interminable. Intenté mantener la calma, pero Ernesto, que siempre habÃa sido más despreocupado que yo, también comenzó a inquietarse. Se detuvo, miró a su alrededor y dijo que debÃamos haber tomado el camino equivocado. Regresamos sobre nuestros pasos, intentando encontrar el lugar por donde habÃamos subido. Caminamos más de una hora, pero lo que fuera que nos estaba jugando una mala pasada no nos dejaba escapar. Intentamos orientarnos mirando el sol, buscando cualquier señal que nos indicara la dirección correcta, pero nada funcionaba. El paisaje seguÃa cambiando sutilmente, como si estuviera jugando con nosotros. La sensación de pánico comenzó a instalarse en mi pecho cuando el mediodÃa pasó y no logramos encontrar el camino de vuelta. Cada vez que creÃamos haber encontrado un camino correcto, este nos conducÃa a un lugar que no reconocÃamos. No importaba cuántas veces intentáramos, el cerro nos mantenÃa atrapados. Era como si el mismo terreno estuviera distorsionado, cambiando ante nuestros ojos. Para cuando el sol comenzó a descender en el horizonte, Nos dimos cuenta de que la noche volverÃa a caer sobre nosotros. Sentà una desesperación creciente, sabiendo que estábamos perdiendo la luz del dÃa y que el tiempo corrÃa en nuestra contra. Ernesto trató de animarme, sugiriendo que lo mejor era quedarnos en el lugar hasta que amaneciera nuevamente. Pero yo no podÃa
44:53 dejar de pensar en los ruidos y el olor de la noche anterior. No tenÃamos otra opción. Decidimos armar el campamento nuevamente en un claro cerca de donde nos habÃamos detenido. La idea de pasar otra noche en ese maldito cerro me helaba la sangre. SabÃamos que no podÃamos seguir caminando en la oscuridad. Recogimos algo de leña y encendimos una fogata, intentando mantenernos ocupados para no caer en la desesperación total. La noche cayó rápidamente. SentÃa que algo nos acechaba. Estaban alerta. y aunque Ernesto parecÃa más relajado de lo que yo.
45:34 Los minutos se transformaron en horas. Fue entonces cuando volvieron los ruidos, al principio muy suaves, apenas perceptibles pero inconfundibles, pasos moviéndose entre los árboles. Esta vez no habÃa duda de que no estábamos solos. PodÃa escuchar como las ramas crujÃan bajo el peso de algo que se acercaba lentamente hacia nosotros. El hedor también regresó, esa mezcla de carne podrida y algo indescriptible que llenaba el aire de manera insoportable. Ernesto intentó apagar la fogata, convencido de que tal vez la luz atraÃa a lo que fuera que nos acechaba, pero yo estaba paralizado, incapaz de hacer nada más que observar las sombras al borde del claro. SabÃa que no habÃa manera de escapar. Estábamos atrapados y De repente pareció volverse más frÃo, como si la misma temperatura del lugar hubiera descendido bruscamente. Pude sentir el aliento helado en mi nuca, y aunque no me atrevÃa a voltear, sabÃa que algo estaba ahÃ, justo detrás de nosotros. La sensación de ser observado se volvió insoportable. El miedo era tan fuerte que apenas podÃa respirar. El rasgueado en la lona de la tienda que habÃa escuchado la noche anterior volvió. Pero esta vez no estábamos dentro. Estaba sucediendo a plena vista, justo frente a nosotros. Miramos a la tienda y vimos bastante confundidos cómo esta comenzaba a romperse. Pero lo más extraño
47:07 era que no parecÃa haber un motivo. Lo único que habÃa era aquel sonido. Un grito agudo como el de una mujer se escuchó. ProvenÃa de algún lugar en el bosque. Un lamento que parecÃa venir de todos lados al mismo tiempo. Era un grito lleno de dolor y rabia. Mi cuerpo se tensó, pero sabÃa que no habÃa a dónde ir. Estábamos atrapados. No sé cuánto tiempo pasó después de eso. Tal vez fueron minutos, tal vez horas. Solo recuerdo el miedo, la sensación constante de ser observado y el sonido de los pasos que nunca cesaban. ParecÃa que el tiempo se habÃa detenido. El grito se dejó de escuchar, el hedor desapareció y el frÃo comenzó a ceder. Nos quedamos en silencio, incapaces de procesar lo que acababa de suceder. SabÃamos que no podÃamos quedarnos ahà más tiempo, pero tampoco sabÃamos cómo salir de ese maldito cerro. Desesperados por dejar aquel maldito lugar atrás, recogimos nuestras mochilas y comenzamos a caminar por lo que creÃamos era el camino correcto de regreso al pueblo.
48:14 Conforme caminábamos, el silencio se volvió aún más pesado, y la sensación de ser observados volvió con una intensidad insoportable. Algo se movió entre los árboles. Ernesto se detuvo en seco y me miró, con sus ojos llenos de terror. Sentà como mi corazón se aceleraba y el sudor frÃo recorrÃa mi espalda. Giré lentamente la cabeza hacia el lugar de donde provenÃa el sonido, y ahà estaba, Frente a nosotros, entre la niebla que comenzaba a levantarse del suelo, apareció una figura alta, grotesca y completamente fuera de este mundo. Esta medÃa fácilmente más de dos metros y medio, tal vez más. Su piel era grisácea, casi podrida, colgando de su cuerpo en tiras irregulares como si estuviera a punto de desmoronarse. TenÃa algunos mechones de cabello sucio y enredado que se pegaban a su cráneo desnudo. Su rostro era lo más perturbador de todo. Donde deberÃa estar su nariz, solo habÃa un hueco. En lugar de ojos, tenÃa dos pequeños puntos oscuros que parecÃan perforaciones en su carne. Pero era su boca lo que más me aterraba. Era enorme, desproporcionada para su rostro, llena de dientes torcidos y podridos, algunos de ellos tan grandes que sobresalÃan de sus labios agrietados.
49:36 Un hedor insoportable emanaba de su cuerpo. una mezcla de carne descompuesta y algo aún peor, algo que no puedo describir con palabras. La bruja, si es que aquello podÃa ser llamado asÃ, se quedó mirándonos por unos segundos que parecieron eternos. Su pecho subÃa y bajaba lentamente, como si estuviera respirando, pero el sonido que emitÃa era un gorgoteo repugnante, como si cada inhalación fuera un esfuerzo inmenso. Mis piernas temblaban, incapaces de moverse, como si el miedo hubiera paralizado cada músculo de mi cuerpo. Entonces soltó otro grito, aún más horrible que el anterior. El sonido era tan fuerte y agudo que me hizo cubrirme los oÃdos instintivamente. Ernesto gritó de terror, pero yo apenas lo escuché. Solo podÃa concentrarme en el monstruo que tenÃa frente a mÃ. La bruja se lanzó hacia adelante, pero no de pie. Cayó sobre sus cuatro extremidades moviéndose como una araña, con una agilidad y velocidad que no deberÃan pertenecer a algo de su tamaño.
50:43 Sus largos brazos y piernas se doblaban de manera antinatural mientras corrÃa hacia nosotros, con sus dedos ganchudos rasgando el suelo con fuerza. Grité a Ernesto que corriera, aunque no sé si realmente lo dije o si fue solo un pensamiento en mi mente. Ambos salimos disparados en dirección contraria, corriendo tan rápido como nuestros cuerpos nos lo permitÃan. PodÃa escuchar los pasos rápidos y pesados de la bruja detrás de nosotros, acercándose cada vez más. No querÃa mirar atrás, pero el sonido de sus garras arañando la tierra me llenaba de un pavor indescriptible. SabÃa que, si me detenÃa o tropezaba, serÃa el final. Corrimos sin rumbo, movidos solo por el miedo puro. Cada vez que pensábamos que la habÃamos perdido, el horrible grito resonaba nuevamente, indicándonos que seguÃa tras nosotros. De alguna manera logramos encontrar una especie de sendero que parecÃa llevarnos hacia el borde del cerro. No sé cómo lo encontramos, pero no lo cuestioné. Solo corrimos con la esperanza de que ese camino fuera nuestra salvación.
51:52 La bruja seguÃa detrás, pero su velocidad disminuÃa a medida que nos acercábamos al final del cerro. Cuando creÃmos que ya no podÃamos correr más, el terreno comenzó a descender y reconocà los árboles y las rocas del borde del cerro. HabÃamos llegado al final. Sin detenernos, seguimos corriendo hasta que llegamos al pueblo. No sabrÃa decir si la bruja nos persiguió hasta allà o si se detuvo antes de salir del cerro. Pero cuando cruzamos la lÃnea invisible que separaba ese lugar maldito del pueblo, todo se sintió diferente. Llegamos finalmente a la plaza del pueblo y cansados, temblorosos y completamente aterrados. Nos miramos el uno al otro, incapaces de procesar lo que acababa de suceder. No sabÃamos qué hacer ni a quién acudir.¿ Quién iba a creer una historia como la nuestra? Dos adolescentes diciendo que una bruja los habÃa perseguido por un cerro, en el que, según todos, solo habÃa viejas leyendas y supersticiones. Intentamos contarle a Pero nadie nos creyó. Nos dijeron que habÃamos imaginado todo, que el cansancio y el miedo nos habÃan jugado una mala pasada.
53:08 Pero Ernesto y yo sabÃamos la verdad, sabÃamos lo que habÃamos visto. La bruja no era solo una historia para asustar a los niños. Era real y casi no lo contamos. Desde ese dÃa nunca volvimos a acercarnos al cerro y evitamos hablar del tema lo más que pudimos. Felipe es mi compañero de vida. Nos conocimos en nuestro lugar de trabajo. Después de dos años de casada, tuvimos una pequeña que ahora tiene tres años. Entre Felipe y yo, desde que éramos novios, hicimos una especie de ritual. Dedicamos todos los viernes a ver pelÃculas de terror hasta muy entrada la noche.
54:00 En ese tiempo no existÃan las plataformas de entretenimiento. TenÃamos videocasetes y una videograbadora que los reproducÃa, asà que en casa habÃa una gran cantidad de esas pelÃculas. Hasta ahà todo estaba muy bien, nunca nos pasó nada extraño por este tipo de afición, ni tampoco creÃamos que fuera posible que todo lo que habÃa en las pelÃculas se pudiese convertir en una realidad. Pero a Felipe le sucedió algo inexplicable una noche de julio, algo que cambió por completo nuestras vidas. y que me hizo dudar de todo. Nada de lo que conocÃa a través de las pelÃculas le sucedió a Felipe. Aquella noche de julio era un viernes.
54:42 A Felipe lo invitaron sus compañeros de trabajo a una despedida de soltero. Yo no tuve ningún inconveniente en que se fuera. Obviamente, esa reunión solo era para caballeros. Asà que yo me preparé mis palomitas y seguà con mi rutina de ver pelÃculas. Primero puse unas infantiles para mi pequeña Camila. cuando le dio sueño y la fui a acostar a su habitación. Seguà con mis pelÃculas favoritas. Afuera caÃa una tormenta muy fuerte, y era de lo más normal, puesto que era época de lluvias. Aunque en la colonia en la vivÃamos, casi siempre las lluvias eran torrenciales porque el bosque estaba muy cerca, y en muchas de las ocasiones la luz eléctrica se iba. Escuchaba la forma en que el agua golpeaba las láminas, aunque ya estaba acostumbrada a ese sonido. Esa vez no me di cuenta que empezaron a suceder una serie de cosas extrañas, a las que no les di mucha importancia, hasta que, con el tiempo, me di cuenta que esa fue la primera noche en que empezó nuestra pesadilla. Yo me encontraba emocionada viendo mi pelÃcula, cuando Camila despertó llorando. No era muy común que lo hiciera.
55:56 Pero en noches en las que habÃa tormenta eléctrica, ella se asustaba con los rayos. Asà que puse la pelÃcula en pausa y fui a consolarla. Camila estaba muy asustada. Era tanto su miedo que no pudo hablar. Solo señalaba con su brazo hacia la ventana. Yo creà que se trataba de los rayos, ya que el cielo se iluminaba mucho para luego descargar toda su energÃa. Y justo en ese momento cayó un rayo muy cerca. Hasta yo me estremecà del sonido tan fuerte que escuché. Mi pequeña ya hablaba muy bien. Cuando le expliqué sobre los rayos, ella me dijo que no. No fue eso lo que le dio miedo, sino a alguien asomado en la ventana. En el momento en que el relámpago iluminó la calle, ella vio a una persona que se asomaba. Tratando de calmarla, le dije que era normal que se confundiera con lo que vio. Pudieron ser las ramas del árbol que habÃa afuera, en la banqueta, y como se encontraba dormida, confundió lo que vio. Pero afuera no habÃa nadie, porque el cancel estaba muy alto. Era difÃcil que alguien se pudiera brincar. Además, la entrada del fraccionamiento estaba vigilada por unos guardias, asà que no pudo entrar cualquier persona solamente a asomarse. Además, ya sabÃa que tenÃamos como vecinos a una pareja de ancianos que se dormÃan muy temprano y los otros vecinos estaban de vacaciones, se habÃan ido a la playa. Asà que todo debió ser una gran confusión. No muy convencida,
57:29 mi pequeña seguÃa diciendo con su cabecita que no y apuntaba hacia la ventana. De pronto cayó un rayo muy fuerte y escuché un estruendo en la calle y de inmediato se fue la luz, decepcionada. Le dije a Camila que ya no tenÃamos luz, asà que lo mejor era descansar. Camila me pidió que nos fuéramos juntas a dormir, y para no tener que moverla de mi cama cuando llegara su padre, me acomodé en la de ella mientras le contaba una historia. Poco a poco se fue tranquilizando. De repente, despertaba y me apuntaba hacia la ventana, pero luego se quedaba dormida. Cuando me di cuenta que se habÃa dormido, me levanté sin hacer ruido. De repente, un relámpago iluminó el entorno y vi a una persona en la ventana.
58:19 Casi me caigo de la impresión. Me quedé atenta tratando de entender lo que vi y que quizás me confundÃ. Pero de nuevo vi entre la oscuridad que algo o alguien se movÃa. Me asusté tanto que hablé a la cabina de seguridad. En dos minutos, uno de los guardias ya estaba tocando que vio mi pequeña y lo que también yo vi. El hombre revisó por fuera y por dentro de la casa, pero no encontró a nadie. Me dijo que todo pudo ser mi imaginación. Era una tormenta muy fuerte y pude haberme confundido. Me calmé un poco porque el guardia revisó muy bien y me fui a dormir.
59:01 Para colmo, empezó un viento muy fuerte. Lo escuché silbar con fuerza. Me dio la sensación de que casa se daba la vuelta y silbaba con más fuerza. Vi que ya eran las cuatro de la madrugada y Felipe no llegaba. No tenÃa forma de comunicarme con él, asà que me quedé dormida por un rato. Desperté casi a las nueve de la mañana y Felipe no habÃa llegado. En ese momento me empecé a preocupar. Era la primera vez que no llegaba a dormir y no era un borracho. Sà tomaba unas cuantas copas, pero nunca a perderse. Por eso creà que algo malo le habÃa sucedido. Le marqué a varios de sus amigos con los que se fue de fiesta, pero ninguno me respondió. Y lo entendà muy bien. Seguramente se durmieron muy tarde. Y en lo menos que pensaron fue en levantarse a contestar el teléfono. Traté de calmarme pensando que todo estaba en orden. ya que Felipe era muy responsable, seguramente se encontraba bien. Felipe llegó hasta en la noche, me sorprendió verlo desaliñado, con grandes ojeras y la misma ropa del dÃa anterior, traÃa un fuerte tufo a alcohol, habló muy poco, apenas balbuceó unas cuantas palabras ofreciendo una disculpa y se fue a la cama. Me quedé desconcertada, era la primera vez que él hacÃa eso, asà que no quise hacer un drama. Lo dejé dormir y estuve jugando con Camila. Me acosté al lado de Felipe.
1:00:32 Ãl ni siquiera se dio cuenta que lo hice. Roncaba de una forma tan fuerte como nunca antes lo habÃa hecho, que fue imposible dormir a su lado, por más que lo movà en varias ocasiones. Ni siquiera se inmutó. Agarré mi cobija y me fui a dormir en la sala. El sonido de sus ronquidos alcanzaba a llegar hasta la sala, pero ya no de una manera tan invasiva, asà que me pude dormir. Entre sueños vi que se levantó en varias ocasiones a hacer del baño. Me di cuenta porque veÃa cuando cruzaba por la sala, ya que el baño se encontraba en el fondo del pasillo. Eso también se me hizo inusual, ya que Felipe era muy ordenado para beber lÃquidos en la noche. DecÃa que era molesto levantarse en la madrugada a hacer del baño porque padecÃa mucho de insomnio y le llevaba tiempo volver a conciliar el sueño.
1:01:29 Aunque en esta ocasión fue distinto, apenas llegaba a la cama y los ronquidos continuaban oyéndose. Creà que todo era consecuencia de haber bebido alcohol. Me llevé el susto de mi vida cuando lo vi cruzar de nuevo hacia el baño, pero los ronquidos siguieron escuchándose en el dormitorio Me levanté para darme cuenta si no estaba confundida. Incluso movÃa a Felipe en varias ocasiones. Y era verdad. Estaba profundamente dormido. Ahà fue cuando me pregunté. Entonces,¿ quién cruzó por la sala? Me acordé de mi pequeña Camila y fui a su habitación. Ella se encontraba también dormida. Con miedo fui caminando hacia la sala. Cautelosa daba un paso sobre el otro. TenÃa miedo de que el hombre que vimos Camila y yo afuera de la ventana la noche anterior estuviera adentro y Felipe que se encontraba embotado por el alcohol. A mi paso agarré un cuchillo de la cocina. Cuando llegué afuera del baño mi corazón latÃa muy fuerte. TenÃa miedo, mucho miedo.
1:02:35 Aún asà abrà la puerta de un solo golpe, esperando encontrar lo peor. Pero dentro del baño no habÃa nadie. Me quedé helada. reaccioné buscando en la otra habitación y en efecto dentro del cuarto tampoco habÃa nadie ahora tenÃa una gran duda qué fue lo que vi en varias ocasiones que cruzó por la sala fui de inmediato con felipe y lo desperté ya era más de las 7 de la mañana y era hora que me diera una explicación de lo que hizo la noche anterior aún con sueño felipe se molestó porque lo desperté Me faltó el respeto en varias ocasiones. Le pedà que se calmara, y su respuesta fue un golpe. Me lo dio tan fuerte que caà al piso. Tumbando la pantalla de la televisión, se hizo un gran escándalo, a tal grado que uno de los vecinos llamó al guardia de seguridad de la entrada.
1:03:29 Mientras que Camila gritaba llorando muy asustada, fue una escena horrible, porque Felipe se puso como un demonio. Cuando uno de los guardias trató de negociar con él, le dio un golpe tan fuerte que lo dejó noqueado. El otro guardia al ver cómo estaba Felipe, pidió refuerzos y a los pocos minutos ya se habÃan llevado a Felipe. Aunque antes de marcharse me miró de una forma horrible, me dio miedo su ira y su forma de actuar y me dijo unas palabras en voz baja que no alcancé a escuchar lo que dijo, porque Camila seguÃa llorando y luego gritó tan fuerte con una voz muy ronca, te odio Se fue diciendo eso mientras los policÃas se lo llevaban esposado.
1:04:12 Un policÃa me hizo unas preguntas que no pude contestar. Me encontraba en estado de shock por los eventos que sucedieron uno tras otro. Además, Felipe nunca tuvo una conducta asÃ. Ãl siempre se caracterizó por su carácter amable y servicial. Yo estaba aparte de asustada, desconcertada por esa actitud. No podÃa entender qué le ocurrió la noche anterior para que tuviera un cambio tan drástico. Más tarde me hablaron del ministerio público para que levantara cargos en contra de Felipe. Estaba tan confundida que le dije que no. Era la primera vez que él me golpeaba y seguramente fue por algo que le sucedió la noche anterior. La mujer que se encontraba del otro lado del teléfono trató de que entendiera que era el principio de la violencia. y que el hecho de que lo negara no significaba que no volviera a suceder. Mi respuesta fue la misma. Le dije que no tenÃa cargos en su contra. Más tarde, Felipe llegó a la casa. Creà que todo iba a ser igual que antes y que me iba a ofrecer una disculpa, pero no sucedió de esa manera. Llegó molesto. Y su mirada cambió drásticamente. Me miraba con odio, como si yo le hubiese hecho algo horrible, cuando él fue quien se portó como un patán. Debo de confesar que sentà miedo, porque el ambiente de la casa se puso denso. Y Camila también lo notó. Me preguntó dónde estaba su papá, porque ese señor no se parecÃa en nada a él.
1:05:44 Fueron las palabras más sabias que mi hija dijo. y las últimas que pronunció de manera coherente, ya que a partir de ese dÃa, la capacidad cognitiva de mi hija disminuyó mucho. Fue como si tuviera un retroceso mental, es decir, fue olvidando las palabras poco a poco, hasta que dejó de hablar. Eso no sucedió en el transcurso de una semana, sino en varias semanas. De igual manera, sus capacidades motoras también empezaron a fallar. Ya le costaba trabajo agarrar cosas y moverse. Felipe ya no volvió a ser el mismo, ya no se portó agresivo, pero sà indiferente, insensible, con comportamientos muy extraños. Por las noches, además que roncaba horrible, se levantaba a deshoras de la madrugada y se sentaba en una silla del comedor. MovÃa otra silla como si alguien más se sentara en ella y comenzaba a murmurar palabras.
1:06:41 Me daba la impresión de que mantenÃa un diálogo con alguien. Pero en la casa no habÃa nadie más que nosotros tres, y eso que él hacÃa estaba fuera de lugar. Yo no le decÃa nada porque la verdad le tenÃa miedo, asà que mejor me quedaba callada, fingÃa que no sucedÃa nada. En el fondo tenÃa la esperanza de que Felipe cambiara y volviera a ser el mismo de siempre, aunque cada dÃa todo era más insostenible. En el trabajo lo despidieron porque golpeó a su jefe inmediato, asà que se pasaba todo el tiempo en casa. Mi trabajo era a distancia, y tenÃa la facilidad de hacerlo a la hora que quisiera, pero con su presencia era muy difÃcil lograrlo. Aunque sentÃa que ya no vivÃa con el mismo hombre, ingenuamente dejé pasar tiempo, que fue muy valioso para mi hija y para Felipe, pero cuando decidà actuar fue una noche en la que yo me encontraba dormida con mi hija. Ese dÃa Felipe estuvo de muy mal humor y decidà no dormir con él, pero creo que ni siquiera le afectó, porque estuvo haciendo cosas extrañas en su cuarto. Fue necesario que me levantara porque la casa comenzó a oler a humo.
1:07:57 Cuando toqué para que me abriera la puerta, él ni siquiera se dio cuenta de mi presencia. La abrÃ. y Felipe se encontraba hincado dentro de un cÃrculo de veladoras encendidas. TenÃa los brazos extendidos y abiertos, mientras que oraba de una forma extraña. Luego sucedió algo inexplicable y horrible. Con el humo de las veladoras se formó una figura espectral. ParecÃa la cara de un hombre, y este hombre se fue materializando de cuerpo completo, y los dos comenzaron a orar de una manera que nunca antes habÃa visto. Después pasó lo peor. La figura espectral de ese hombre se metió en el cuerpo de Felipe. Yo esperaba que él reaccionara y se moviera como loco o que hiciera algo.
1:08:44 Acto seguido, se levantó, apagó las veladoras y se me quedó viendo de una manera siniestra, que me dio mucho miedo. Me preguntó qué hacÃa ahà parada, pero con una voz que no era la de Felipe, y me miró con coraje, con mucha ira. Me dio tanto miedo que empecé a balbucear unas palabras sin sentido, y él se rió de mÃ, se carcajeó tanto que me sentà humillada, para luego decir que tuviera cuidado con mis acciones, porque todo tenÃa consecuencias, y lo mejor era que dejara de estar vigilando, porque, si seguÃa, las repercusiones no iban a ser en mi contra, sino en mi hija. Cuando escuché eso último y que se refirió a Camila como mi hija y no como nuestra hija, entendà que algo muy malo le habÃa pasado a Felipe. Ãl, su esencia, su verdadero espÃritu estaba en otro lado, porque ese hombre que estaba viviendo conmigo los últimos meses no era Felipe. como si ese hombre fuera capaz de escuchar mis pensamientos. Siguió riéndose a carcajadas, diciéndome que sÃ, que tenÃa mucha razón. Ahora a él le pertenecÃa el cuerpo de Felipe y que él ya estaba en el otro mundo. Cuando ese hombre mencionó eso, creà que Felipe ya estaba muerto, pero la realidad era completamente distinta.
1:10:09 En ese instante tuve un miedo horrible a que él me quisiera hacer daño. y peor aún a mi hija, asà que corrà hacia la habitación de ella y me encerré, mientras que el hombre continuó burlándose de mÃ, oà que todas las cosas que habÃa dentro de la casa se empezaron a caer, tazas, vasos, platos, lo único que querÃa era salir de ese lugar con mi hija a salvo, pero no habÃa forma de hacerlo, asà que empecé a prender y a apagar la luz de la habitación, Rompà el cristal de la ventana y empecé a pedir auxilio. No tardó uno de mis vecinos en acudir. Le dije que nos ayudara, que Felipe estaba incontrolable. Mi vecino hizo lo correcto, llamó a los guardias, aunque no sabÃa si ese tipo de ayuda era el que necesitábamos, y afuera de la habitación ocurrió algo horrible, por los gritos que escuché de uno de los guardias, creà que estaba pasando lo peor, oà que caÃan más objetos al piso, gritos y maldiciones, una voz desconocida para mÃ, no era una voz grave ni nada por el estilo, solo pude distinguir una voz que nunca antes habÃa escuchado, Luego oà que algún vecino llamó a la ambulancia. Afuera de mi casa se hizo un gran alboroto. No sabÃa si salir o no, pero tenÃa mucho miedo por mi pequeña, asà que me quedé un rato más, mientras que yo estaba temblando sin saber qué sucedÃa. Después de un rato, todo quedó en silencio.
1:11:40 Con mucha precaución abrà la puerta y noté un gran desorden en la casa. Todo se encontraba en el piso. Busqué con temor a Felipe, pero no lo pude hallar por ningún lado. La puerta de la entrada estaba abierta de par en par. Salà y una vecina se acercó para decirme lo que sucedió. Felipe agredió tanto a un vigilante que la ambulancia se lo llevó gravemente herido. Y luego Felipe se puso agresivo con todos los vecinos. Se subió a la azotea de la casa y se fue corriendo por las azoteas de todos los vecinos. hasta que lo perdieron de vista. Esa misma vecina acabó de corroborar lo que yo ya sabÃa. Me dijo que ese hombre no era mi esposo, era otra persona, y que el alma o espÃritu de Felipe estaba en otro lugar. No podÃa saber dónde, porque ella no era una experta, pero me podÃa llevar con alguien que me pudiera orientar. Y asà lo hice. Mi vecina Mago me llevó con una mujer que se dedicaba a la brujerÃa. Ella, en cuanto me vio, me dijo que mi problema era más fuerte de lo que pensaba. Como yo no era creyente de ese tipo de prácticas, creà que la mujer me decÃa eso, porque Mago ya le habÃa contado todo, y que quizás entre las dos querÃan compartir la ganancia del dinero que me sacaran. Sucedió algo que me hizo cambiar de opinión.
1:13:05 Esa mujer me habló sobre la primera noche en que Felipe llegó cambiado, la noche de la despedida de soltero. Me dijo que en esa ocasión sus amigos no hicieron una despedida común, sino que se fueron a una cabaña en la que hicieron una serie de rituales de brujerÃa, en la que un muerto se apoderó del cuerpo de Felipe. No podÃa dar crédito a lo que esa mujer me dijo, pero le creÃ, porque acerca de esa noche yo no le conté a nadie, ni siquiera a Mago, y esa mujer me dio el dÃa exacto. En ese momento empecé a creer. La mujer sonrió cuando vio que mi semblante cambió por completo y siguió diciéndome que las posesiones no solo ocurrÃan con el demonio, sino también por algún muerto.
1:13:53 Las palabras de esa mujer eran difÃciles de creer, pero los hechos ahà estaban y eran más que evidentes. Le pregunté acerca del alma de Felipe. Ella me respondió que pasó tiempo valioso. TratarÃa de contactarse con Felipe, pero no me garantizaba nada. También me sugirió que me cambiara de casa, porque ese hombre podÃa regresar en cualquier momento y corrÃamos riesgo, tanto mi hija como yo. Cuando mencionó a Camila, la mujer depositó las cartas en la mesa, me tomó de las manos y me preguntó por Camila. Llorando le dije que mi hija parecÃa otra vez un bebé. TenÃa tres años, pero se comportaba como si tuviera uno. Ella asintió. Me dijo que el daño también se lo ocasionó a Camila.
1:14:42 Yo quedé pasmada con todo lo que me dijo aquella mujer. Lo poco que sabÃa sobre posesiones era como las vi en las pelÃculas de terror, en las que el maligno se apoderaba del alma de una persona. Jamás pensé que existiera esa forma de que un muerto se adueñara de un cuerpo y que el espÃritu fuera tan fuerte. Mago fue la que me volvió a mi realidad, porque dejé de escuchar a la mujer y Ella me dijo que me podÃa ayudar con mi hija para que recuperara su conciencia y sus habilidades perdidas, pero veÃa muy difÃcil poder rescatar el alma de Felipe. Con Camila era un poco más sencillo porque ella ya no le importaba a esa alma oscura y retorcida. Salà de esa consulta hecha añicos.
1:15:29 Fueron tantas cosas juntas que no sabÃa qué pensar ni qué decir. Me sentÃa destrozada fÃsica y emocionalmente. Y lo peor era que no sabÃa dónde encontrar a Felipe. La mujer me dijo que harÃa todo lo posible por ayudarme, pero no me garantizó nada.
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