Una BRUJA En Mi TRAILER Historias De Terror - REDE
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0:02 Me llamo Pedro Beltrán. Tengo 42 años y desde hace más de 12 años manejé tráiler para La Gamesa. No me quejo. He recorrido las mismas rutas tantas veces que podrÃa hacerlas con los ojos cerrados. De Juárez a Obregón, de Obregón a Guadalajara y vuelta otra vez. Aquel viaje comenzó como cualquier otro. Salà desde Juárez después de dejar la última carga. Me tocaba recoger otra en Obregón y como ya era tarde, preferà avanzar todo lo posible durante la noche. Siempre he preferido manejar de madrugada. El tráfico es menor, el clima más fresco y uno se ahorra las prisas. Además, por esas horas casi no hay nada más en la carretera que las luces de los camiones y el ruido del motor.
0:51 Era poco después de las doce cuando la vi. Iba manejando por la salida de Imuris, pasando los últimos talleres y negocios cerrados, cuando noté una figura caminando al borde de la carretera. Al principio pensé que era un poste o un bulto de basura, pero a medida que me acercaba la silueta se definió mejor. Era una mujer parada justo bajo una lámpara vieja que colgaba sobre una caseta abandonada. Estaba sola, seria. TenÃa el cabello recogido, la ropa sencilla y una mochila pequeña colgada al hombro. No hizo señas, no levantó la mano ni nada. Solo me miró cuando pasé despacio frente a ella como si supiera que iba a detenerme. Frené más adelante con las luces de emergencia.
1:38 Me asomé por la ventana y le pregunté si querÃa que la llevara. Ella asintió sin decir nada. Le dije que subiera, que la podÃa llevar hasta allá. Tardó unos segundos en reaccionar, pero caminó hacia el trailer y subió sin decir nada más. Cerró la puerta y se sentó en el asiento del copiloto, acomodando su mochila sobre las piernas. Le pregunté su nombre y apenas murmuró, Carolina. Después de eso volvió a quedarse en silencio. Ya en carretera, el ambiente era tenso. No hablaba, no miraba el paisaje, no revisaba el celular. Solo iba con la vista al frente, seria. Yo intenté hacer conversación. Le pregunté de dónde era, qué hacÃa por esos rumbos, a dónde iba. sus respuestas eran breves casi secas del sur a ver a una tÃa por unos dÃas nada más no devolvÃa preguntas no mostraba interés yo seguÃa manejando y seguÃa tratando de sacarle plática y puse la mano sobre su pierna con la intención de ser coqueto esperaba su reacción no se movió no me miró sólo siguió con la vista al frente como si no hubiera pasado nada no dijo ni una palabra me hizo sentir extraño esa clase de silencio no era normal no era ni incómodo ni molesto era pesado habÃa algo en ella que no encajaba con lo que uno esperarÃa de alguien pidiendo un aventón y apenas Ãbamos empezando
3:10 el camino No sé cuántos kilómetros pasaron sin que ella dijera una sola palabra. A lo mucho cuando le preguntaba algo, me respondÃa con un sà o un no. Su voz era bajita, como si no estuviera ahÃ. Yo le hablaba por cortesÃa, preguntándole cosas básicas, pero ella no hacÃa el más mÃnimo esfuerzo por continuar una conversación. Me pareció tÃmida o tal vez desconfiada, asà que dejé de insistir. Solo manejaba con la vista al frente y de vez en cuando volteaba a verla rápido. Siempre estaba igual, sentada derecha con las manos en las piernas, la vista clavada en la carretera. No volteaba, no se movÃa, era como una estatua, ni siquiera parpadeaba mucho. Llegué a pensar que estaba durmiendo un poco con los ojos abiertos, pero no, porque cuando pasábamos por alguna curva giraba apenas la cabeza, como siguiendo la lÃnea del camino. Era casi la una. Yo seguÃa manejando en silencio, con la vista fija en los reflectores.
4:18 Cuando escuché su voz por primera vez desde hacÃa rato, me habló sin mirarme, con una voz muy baja. Me dijo si podÃa detenerme un momento, que necesitaba bajarse. No lo dijo enojada ni nerviosa. Lo dijo tranquila, sin emoción, como si nada. Le pregunté por qué y me dijo que era para hacer del baño. no respondà de inmediato mi primera reacción fue desconfiar no tanto por ella sino por todo lo raro que me habÃa parecido desde que subió no hablaba no sonreÃa no preguntaba nada iba ahà sentada con la vista al frente como si me conociera de toda la vida como si supiera perfectamente a dónde Ãbamos y ahora a la mitad del monte en plena madrugada querÃa que me parara para ir al baño No soy paranoico, pero uno que anda en la carretera tantas veces ya se hace a la idea de que no todo el que pide un aventón lo hace por necesidad.
5:18 Pensé en mil cosas, que tal vez no venÃa sola, que tal vez al detenerme alguien más saldrÃa de entre los árboles, que me estaban siguiendo. Que el plan era distraerme, bajarme del tráiler y robarlo, hasta la forma en la que hablaba me parecÃa ensayada, frÃa, sin urgencia, como si solo estuviera cumpliendo con un paso de algo ya planeado. Aún asÃ, le dije que sÃ. No iba a discutir. Le dije que si necesitaba bajarse, que lo hiciera, que me iba a orillar un poco más adelante. Me pegué al acotamiento sin apagar el motor. No querÃa quedarme sin luces. Ni un segundo. El tráiler quedó encendido, con las luces iluminando el monte. Ella no dijo nada más. Solo abrió la puerta, bajó despacio y caminó hacia unos matorrales al borde del camino. Eran altos, lo suficiente para que al meterse no se le viera nada. Se desapareció entre ellos sin dejar rastro. Me quedé ahÃ, sin moverme, con el pie en el acelerador por si tenÃa que salir de golpe.
6:24 Miraba hacia todos lados, esperando ver algo. Una linterna, una silueta, un ruido, cualquier cosa que me indicara que no estaba solo. Pero no se escuchaba nada, ni un carro, ni un grillo, ni el viento. Solo el motor del trailer, el tablero iluminado y los faros prendidos. Pasaron los minutos, no sé cuántos. Me parecieron muchos. Encendà la luz interior. Apagué el estéreo. Comencé a impacientarme. Me incliné un poco hacia el parabrisas como tratando de ver entre los matorrales, pero no se veÃa nada. Todo estaba quieto. Bajé un poco la ventana del lado del conductor y grité su nombre. Le pregunté si estaba bien, que ya habÃa pasado mucho tiempo. No hubo respuesta. Volvà a gritar, esta vez más fuerte. Nada.
7:17 No se escuchaba ni un paso, ni una rama. Mi corazón empezó a acelerarse. Me sudaban las manos. No pensaba bajarme. No pensaba arriesgarme. Pero no sabÃa qué hacer. HabÃa algo en esa situación que no era normal. Algo no estaba bien. El tráiler estaba listo para salir. yo ya tenÃa el pie acomodado por si tenÃa que pisar a fondo pero una parte de mà todavÃa querÃa esperar ver si regresaba tal vez si se habÃa sentido mal entonces soné el claxon miraba hacia todos lados pero no habÃa nadie y justo cuando pensé en irme sin esperarla más la vi salió de los matorrales caminando lento No parecÃa haber estado haciendo del baño, ni arreglándose la ropa. Estaba igual, sin tierra, sin manchas. Solo salió, caminó en lÃnea recta y se quedó parada frente a la puerta del copiloto. No dijo nada, solo me veÃa. Con la misma expresión de antes, seria.
8:21 Los brazos colgando a los lados, la mochila colgando del hombro. Le dije que se subiera, que ya era hora de seguir. No podÃamos perder más tiempo. Ella no respondió. Solo abrió la puerta, subió sin mirar y se acomodó de nuevo en el asiento con la misma postura que antes. Derecha, con las manos sobre las piernas y los ojos fijos en la carretera. Como si no hubiera pasado nada y sin que yo dijera nada, sentà que algo me tocó la pierna. Fue una caricia lenta, que empezó desde la parte de arriba del muslo y bajó despacio hacia la rodilla. Era la mano de ella. Volté a verla y me estaba viendo con una expresión muy seria. Yo solo le sonreà levemente porque su mirada me incomodó mucho. No era una caricia ligera, era una presión firme, y las uñas me empezaban a lastimar, porque no solo era una mano sobre la pierna, me estaba arañando. No en plan de juego, sino fuerte, como si quisiera enterrarme las uñas por completo.
9:26 Bajé la mirada sin detenerme y ahà la vi. Su mano estaba sobre mi pierna izquierda, la que tenÃa más cerca. Sus dedos eran delgados, pero el color de las uñas y su mano eran grises, largas, filosas, y no se veÃan pintadas, se veÃan sucias, como si las hubiera metido en tierra. TenÃan un tono opaco, y entre las uñas habÃa suciedad. No era mugre común, era como si algo más estuviera pegado en las orillas, como si se las hubieran dejado crecer durante meses sin limpiarlas jamás. Yo no sabÃa qué hacer, seguà manejando sin voltear a verla. QuerÃa apartar su mano, pero no me atrevÃa. La verdad que me empezó a dar mucho miedo. SentÃa que si la tocaba iba a hacer algo peor, como si eso fuera justo lo que estaba esperando, que reaccionara. No aparté su mano, pero sà giré apenas el rostro para verla de reojo.
10:24 No necesitaba verla de frente para saberlo. Me estaba mirando. no como una persona que observa con curiosidad me estaba viendo directo su rostro ya no se veÃa tan pálido como al principio ahora lo notaba más delgado más marcado con unas ojeras profundas y sus ojos estaban muy abiertos no parpadeaba me estaba mirando fijo como si esperara algo de mà como si estuviera esperando que la viera para hacerme una pregunta, o para hacerme algo, volteé al frente de nuevo sin decir nada, apreté el volante con más fuerza, me concentré en seguir la lÃnea blanca del acotamiento, no querÃa verla otra vez, no querÃa moverme más de la cuenta, me dolÃa la pierna, las uñas seguÃan ahÃ, clavándose más cada segundo, Pero no me atrevÃa a decir nada. SentÃa que cualquier palabra iba a empeorar la situación. Quise pensar que estaba jugando, que era una forma rara de coquetear, pero por dentro sabÃa que no. Esa no era una caricia normal, eso era otra cosa. Y su mirada tampoco era la de una mujer tÃmida ni seria, era la de alguien que no estaba bien. Yo la sentÃa, sentÃa esa presión en la pierna, sentÃa sus uñas, su calor, el sudor que empezaba a que escurrirme por la frente, y más que miedo, era una sensación de encierro, como si no pudiera escapar. como si ya hubiera pasado un lÃmite y no pudiera echarme para atrás seguà manejando cada
11:58 kilómetro me costaba trabajo el volante se me hacÃa más pesado la respiración me temblaba y lo peor es que ella seguÃa sin decir nada ni una palabra sólo su mano sus uñas su mirada no quise volver a verla tenÃa la mirada al frente apretando el volante con las dos manos la sentÃa a mi lado no decÃa nada solo tenÃa la mano en mi pierna con las uñas clavadas la carretera estaba sola oscura faltaban más de dos horas para llegar a Obregón Pensé en orillarme, en decirle que se bajara, pero no me atrevÃ. No querÃa volver a verla. SentÃa que si la miraba otra vez, iba a decirme algo que no querÃa oÃr, o iba a ver algo que no debÃa ver. Ella seguÃa ahÃ, quietecita.
12:49 Me dieron ganas de empujarla, de soltar un grito, de abrir la puerta y salir corriendo. Pero no hice nada. Yo querÃa llegar, y me habló. Con una voz bajita, me dijo... Voltea. No te va a pasar nada. Me quedé callado. Le contesté sin mirarla que no, que tenÃa que manejar, que habÃa muchas curvas, que necesitaba concentración. Ella no respondió. Sentà como respiró fuerte por la nariz. Volvió a apretar la pierna. Más fuerte. Yo solo pensaba en seguir derecho. en encontrar una gasolinera, un lugar con luz, un espacio abierto, algo donde no me sintiera solo, pero todo estaba oscuro, solo se veÃan los reflectores de la carretera, la lÃnea blanca, el monte a los lados, y ella, la mujer no movÃa la cabeza, no giraba el cuerpo, solo tenÃa la mano sobre mi pierna, y me observaba, la sentÃa, sabÃa que no dejaba de verme, De vez en cuando volteaba de reojo y seguÃa igual, seria, callada, con esa cara pálida. Cuando por fin vi las luces de la gasolinera, me sentà un poco más tranquilo. No habÃa otra cosa cerca. Era el valiente Truck Stop. Ahà paraban muchos. sabÃa que si algo pasaba aunque fuera de noche habrÃa alguien lo pensé bien no podÃa seguir más asà tenÃa que sacarla del tráiler como fuera reduje la velocidad y me metà al área de carga me acerqué
14:20 a los tanques Dejé el motor encendido unos segundos. Me quedé callado. La mujer no decÃa nada, seguÃa mirándome. Me sentÃa observado de otra forma, como si supiera lo que yo pensaba. Le hablé. Le dije que si querÃa ir al baño, que aprovechara, que yo iba a llenar el tanque de diésel. Me costó mirarla a los ojos, pero lo hice, me obligué a verla. TenÃa esa cara seria, sin expresión. No se veÃa molesta ni sorprendida, solo fija, como si todo lo hubiera previsto desde antes. Me contestó que no, que yo la querÃa dejar. Le dije que no era eso, que de verdad tenÃa que cargar el tráiler, que si querÃa bajarse un momento, ahà habÃa baño que podÃa aprovechar. No insistÃ. Solo abrà la puerta de mi lado, me bajé y fingà revisar el tanque. Esperaba que ella se bajara por su cuenta. Y lo hizo. Abrió la puerta lentamente, bajó sin mirarme, caminó unos pasos, no fue al baño. Solo se quedó parada a unos metros viendo el tráiler. No esperé más, me subà rápido y cerré la puerta de golpe. Prendà el motor sin dejar que calentara y aceleré directo hacia la carretera. Solo miré una vez por el retrovisor. Ella seguÃa ahà de pie, con el cuerpo recto, mirándome. No corrió, no hizo ningún gesto, solo me veÃa. Manejé toda la madrugada hasta llegar a Obregón.
15:53 Pasaron los meses. Me mandaron a distintos estados, casi todo el norte. Hasta que un dÃa, ya en Puebla, en una entrega, todo me regresó de golpe. Estaba en la salida de una bodega. Era mediodÃa. HacÃa calor. TenÃa el tráiler estacionado en una zona donde no pasaba mucha gente. Revisaba unos papeles en la cabina. Cuando levanté la vista, la vi. Estaba a unos veinte metros, entre los árboles. No habÃa forma de confundirme. Era ella, con la misma ropa, la blusa oscura, el pantalón ajustado, el cabello negro, quietecita. Me quedé sin aire y no podÃa moverme. No supe qué hacer. no estaba cerca pero tampoco lejos levantó un brazo estiró la mano la abrió y comenzó a moverla hacia adelante y hacia atrás como diciendo vas a ver como si me estuviera advirtiendo no habló ni gritó ni caminó sólo hacÃa la misma seña una y otra vez como si supiera exactamente dónde estaba yo como si esperara que me detuviera No bajé del trailer, solo arranqué, salà de ahà sin mirar atrás, no sé si alguien más la vio, no sé si era real o si fue mi mente, pero no lo sentà como una alucinación, fue como si viniera a recordarme que no se habÃa terminado, no me importa si es de noche o si parece que necesita alguien ayuda, no me volvà a parar por
17:25 nadie en la carretera.
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