Aug. 14, 2025

TRANSFORMACIÓN De NAHUAL Frente A Nosotros Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:02 En temporada de cosecha llegó un jornalero nuevo. Era joven. Desde el primer día se notó que no buscaba amistades. Solo hacía lo suyo y se retiraba al terminar la jornada. Al principio no le di importancia. En el campo llegan y se van muchos así. La primera vez que desapareció un perro fue de madrugada. El animal pertenecía a un compañero que vivía en una choza cerca del canal. Lo buscaron durante horas y no encontraron rastro. A los pocos días ocurrió lo mismo con otro perro y luego con uno más, como si se los hubieran llevado en silencio. En las noches, mientras cuidábamos las herramientas, empezamos a escuchar pasos pesados que cruzaban por la orilla del campo. Eran lentos, como si quien caminara llevara encima un gran peso. Pensamos que podría tratarse de algún ladrón, pero nunca vimos a nadie.

0:56 Solo ese sonido que aparecía y se alejaba entre los surcos. Una noche, mientras descansábamos cerca del pozo, un compañero me contó que había visto al jornalero trabajando bajo la luna. dijo que estaba reparando una cerca sin lámpara ni fogata y que cuando lo miró bien notó que el suelo a su alrededor estaba claro sin sombra alguna a pesar de que la luna estaba descubierta pensó que era por el ángulo pero por más que cambiaba de posición no lograba ver una silueta proyectada El jornalero apenas comía con los demás y al caer la tarde desaparecía antes de que guardáramos las herramientas. Varias veces lo vimos caminar hacia los límites del campo y meterse entre los mezquites. Una noche decidimos seguirlo. Éramos tres y nos movimos sin encender lámparas para no llamar su atención. Lo encontramos cerca de una acequia encorvado sobre algo. Al acercarnos vimos que tenía entre las manos el cuerpo de un perro que reconocí como uno de los desaparecidos. El animal estaba inmóvil y él parecía morderle el cuello. Uno de mis compañeros hizo ruido y el jornalero levantó la cabeza de golpe. Sus movimientos fueron bruscos, casi como un espasmo, y en un instante dejó caer el cuerpo del perro. La piel de sus brazos y cuello comenzó a hincharse y oscurecerse. En segundos se levantaba un animal enorme, lomo arqueado y patas delanteras más largas que las traseras. Retrocedimos sin dejar de mirarlo.

2:29 El animal avanzó dos pasos, flexionó las patas y saltó hacia nosotros. Corrimos en distintas direcciones. Yo sentí como algo me rozó la espalda y caí de lado en la tierra. me levanté y seguí corriendo hasta perderlo de vista desde la distancia escuché gritos y golpes contra las ramas y el ruido de algo grande moviéndose a toda velocidad llegué hasta la orilla del canal y me escondí entre los arbustos con el corazón latiendo tan fuerte que apenas podía escuchar otra cosa pasaron varios minutos hasta que uno de mis compañeros llegó cojeando con un corte profundo en el brazo Dijo que el otro no había logrado escapar y que el animal lo había derribado. No supo decir si estaba vivo cuando lo dejó de ver. Decidimos esperar hasta que amaneciera para regresar, y cuando lo hicimos no encontramos a nadie, marcas profundas en el lodo y un rastro de sangre que se perdía entre los surcos. El jornalero nunca volvió al campo. Nadie lo vio salir y en el pueblo aseguraban que nadie con su descripción vivía en la zona. Durante días buscamos al compañero desaparecido, pero fue inútil.

3:43 Los pasos pesados siguieron escuchándose algunas noches más y luego todo quedó en silencio. Caminamos despacio, atentos a cualquier ruido y seguimos el rastro de sangre hasta un claro junto a los mezquites. Allí encontramos pedazos de tela y una bota cubierta de lodo. reconocí la bota de inmediato no había señales del cuerpo pero el pasto estaba aplastado en un círculo amplio como si algo hubiera rodado o forcejeado allí durante mucho tiempo avisamos a los demás trabajadores y a los encargados del campo nos acompañaron a revisar la zona aunque todos iban en silencio mirando a su alrededor uno de ellos el más viejo dijo que lo mejor era no seguir buscando Los demás aceptaron sin discutir. Yo me quedé mirando los surcos lejanos, imaginando al jornalero moviéndose de noche, oculto entre la milpa, esperando que cayéramos en sus manos como le pasó a nuestro compañero. Esa misma tarde empezaron a circular historias. Algunos aseguraban que habían visto figuras enormes cruzar el campo a paso rápido, con la espalda encorvada y los brazos casi rozando el suelo. Otros juraban haber escuchado respiraciones fuertes detrás de sus chozas, seguidas de pasos que se alejaban hacia el monte. Nadie quería quedarse afuera después de que oscurecía. Se encendían más lámparas que de costumbre. y los perros que quedaban eran encerrados

5:14 antes de que anocheciera. Yo no podía dejar de pensar en lo que había visto aquella noche. Cada ruido me hacía levantar la cabeza, y a veces me quedaba horas escuchando el viento y los crujidos de la madera. No podía quitarme de la mente la forma en que nos miró antes de saltar. Un par de días después, durante el almuerzo, uno de los muchachos llegó agitado. Dijo que había visto huellas grandes cerca de la acequia, como si un animal pesado hubiera pasado durante la madrugada. Varios fuimos a mirar y encontramos marcas profundas en el lodo, separadas por una distancia que indicaba pasos largos. El agua de la acequia estaba revuelta y había pelos oscuros pegados en las piedras de la orilla. Algunos recogieron los pelos y los guardaron envueltos en papel, pero nadie quiso llevarlos al pueblo para analizarlos. Parecía que temían confirmar lo que todos sospechábamos.

6:12 A partir de entonces, el patrón organizó guardias nocturnas. Nos turnábamos para vigilar, aunque nadie quería estar solo. Armados con palos, machetes y lámparas, recorríamos el perímetro en grupos pequeños. La primera noche de guardia escuchamos algo moviéndose entre los surcos. Apuntamos las lámparas, pero solo alcanzamos a ver las hojas agitándose y una silueta que se escabulló antes de que pudiéramos reaccionar. El ruido de los pasos se fue alejando hasta perderse en la oscuridad. Y aunque intentamos seguirlo, se movía demasiado rápido. Las desapariciones de perros continuaron. Incluso algunos gallos y cabras de los alrededores comenzaron a faltar. Los dueños encontraban cercas rotas y corrales abiertos, sin señales de que hubieran forzado las cerraduras. No importaba cuánto cuidado tuviéramos, siempre desaparecían los animales. Los encargados empezaron a hablar de suspender el trabajo nocturno en ciertas parcelas, y más de uno decidió marcharse antes de terminar la temporada. Yo me quedé, aunque cada día me resultaba más difícil. Había algo en la forma en que todo el campo parecía cambiar al caer la noche. Esa noche me tocó guardia con dos compañeros.

7:30 Encendimos las lámparas y recorrimos el perímetro, empezando por la zona donde habíamos visto las huellas días antes. El viento movía las hojas de los mezquites y la milpa se agitaba suavemente. Caminábamos en fila, atentos a cualquier movimiento. después de un rato escuchamos un crujido fuerte entre las cañas nos detuvimos y apuntamos las luces pero lo que vimos fue apenas una sombra moviéndose rápido hacia el otro extremo del campo decidimos seguirla manteniendo cierta distancia La silueta se agachaba y avanzaba a gran velocidad, como si supiera que la perseguíamos. A cada paso, el ruido de algo pesado hundiéndose en la tierra nos confirmaba que no era ningún animal pequeño. Cuando llegamos a la zona más alejada, la figura desapareció entre los surcos y el silencio volvió de golpe.

8:24 Nos quedamos escuchando, pero no había nada. Uno de mis compañeros sugirió volver antes de que nos quedáramos sin batería en las lámparas. Mientras regresábamos sentimos un olor fuerte como el vinagre. Venía de un pequeño claro junto a un canal de riego. Nos acercamos y encontramos restos de huesos, algunos con pedazos de carne seca pegada. El canal llevaba poca agua. y sobre el lodo había huellas más claras que las que habíamos visto antes, marcadas con fuerza, como si el peso fuera excesivo para el tamaño de las patas. Ninguno de los tres quiso quedarse mucho tiempo allí, así que seguimos hasta la caseta de descanso. Al día siguiente, un jornalero del turno de la mañana dijo que había visto al hombre nuevo a lo lejos. trabajando solo en un terreno que no le correspondía. Decía que estaba arando con las manos, moviendo la tierra como si arrancara algo de debajo. Cuando quiso acercarse, el jornalero levantó la cabeza y lo miró fijamente. Contó que sintió un frío repentino y decidió alejarse sin decir nada. Las guardias continuaron, pero el patrón comenzó a hablar de traer gente armada del pueblo para ayudar. Algunos estaban de acuerdo, pero otros temían que enfrentarlo directamente provocara algo peor. Yo sabía que no podíamos dejarlo seguir. Cada noche que pasaba parecía moverse con más libertad y más cerca de las viviendas. En la

9:54 tercera noche de mi turno, escuchamos pasos rápidos rodeando la caseta. Salimos corriendo con las lámparas y lo vimos de espaldas, a unos diez metros agachado sobre algo. Al escuchar nuestras pisadas, se levantó. Sus hombros se alzaron más de lo que un cuerpo normal permitiría y su cuello se inclinó hacia un lado de forma extraña. Cuando volteó, su cara tenía un brillo húmedo bajo la luz y en sus manos colgaba el cuerpo de un perro. Gritamos para que lo soltara y avanzamos, pero en un movimiento rápido dejó caer al animal y se lanzó hacia los surcos. el sonido de sus pasos se dejaron de escuchar rápido nos acercamos al perro pero ya estaba muerto lo levantamos envuelto en un costal y lo llevamos a la orilla del campo esa misma madrugada mientras intentaba dormir escuché algo golpeando levemente la pared de mi cuarto Pensé que era el viento, pero el sonido era rítmico, como uñas raspando la madera.

10:53 Me quedé quieto, con el corazón acelerado. Después de unos segundos se detuvo. Salí con una lámpara, pero no vi nada. El resto de la noche la pasé despierto. Por la mañana, revisé la pared y encontré tres marcas largas hundidas en la madera. Las mostré a los demás y algunos dijeron que podían ser de algún animal, pero las marcas estaban a la altura del pecho de un hombre. Decidimos que no podíamos seguir esperando. Esa noche, antes de que oscureciera, preparamos una trampa. Usamos un perro que el patrón prestó para el plan. Lo amarramos a una estaca en medio de un terreno abierto, lejos de las viviendas. Lo cubrimos con sangre de borrego que uno de los compañeros había conseguido en el pueblo. Alrededor del animal, trazamos un círculo con gasolina. De forma que, si la criatura se acercaba, solo habría que encenderla. La idea era atraparlo o al menos herirlo para que no volviera. Nos escondimos entre la milpa y los mezquites, en grupos pequeños, cada uno con lámparas, machetes y un par de escopetas viejas que algunos habían conseguido.

12:04 La noche cayó rápido. El perro comenzó a inquietarse desde que se escucharon los primeros pasos lejanos, moviéndose y gimiendo con fuerza. Entonces lo vimos. Una silueta enorme apareció entre los surcos, avanzando despacio hacia el centro del terreno. No parecía apurarse. El perro tiraba de la cuerda mirándolo fijo. la criatura se detuvo a pocos metros de la estaca podíamos ver el contorno de su lomo arqueado pero no se acercó más se quedó quieto mirándonos de frente aunque sabía que estábamos ocultos sentí que reconocía que aquello no era natural como si supiera que lo estábamos esperando uno de los muchachos escondidos a mi lado apretaba la culata de su escopeta respirando rápido Nadie se atrevía a encender la gasolina sin que el animal cruzara la línea. Pasaron varios segundos. El animal giró lentamente la cabeza como buscando otra salida y comenzó a retroceder un par de pasos.

13:05 En ese momento, el muchacho de la escopeta, sin esperar orden, disparó. El disparo retumbó en todo el campo. La criatura dio un salto brusco y salió corriendo hacia los mezquites, golpeando las cañas a su paso. Algunos corrieron detrás, pero se movía demasiado rápido y pronto desapareció entre la oscuridad. Nos reunimos junto al perro. El animal estaba temblando. La gasolina seguía intacta, y la estaca se había movido de tanto que había forcejeado. Revisamos el rastro de la criatura y encontramos gotas oscuras sobre la tierra, mezcladas con el lodo. El disparo le había alcanzado, aunque no sabíamos dónde. Las semanas siguientes no volvimos a escuchar los pasos pesados ni desaparecieron más animales. Algunos pensaban que el disparo lo había espantado para siempre. Otros decían que estaba recuperándose y que volvería.

14:00 Yo seguía atento por las noches, aunque el campo había vuelto a su rutina. Pasaron unos meses. Un día, mientras trabajábamos en otra parcela, llegó un hombre del pueblo a dar un aviso. Decía que habían encontrado un cuerpo en una choza abandonada, cerca del monte. Fui con otros a ver. Era un hombre joven, tendido sobre un catre viejo, con la ropa rota y manchas secas que parecían de sangre en el costado. El olor a podredumbre llenaba la habitación. Reconocimos su rostro de inmediato. Era el jornalero que había llegado aquella temporada de cosecha. No había señales claras de cómo había muerto, pero el costado de su cuerpo tenía una herida que parecía de plomo incrustado, con la carne ennegrecida alrededor. En el pueblo lo enterraron sin ceremonia, y el terreno donde lo hallaron quedó vacío.