TRANSFORMACIÓN De NAHUAL Frente A Nosotros Historias De Terror - REDE
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0:02 En temporada de cosecha llegó un jornalero nuevo. Era joven. Desde el primer dÃa se notó que no buscaba amistades. Solo hacÃa lo suyo y se retiraba al terminar la jornada. Al principio no le di importancia. En el campo llegan y se van muchos asÃ. La primera vez que desapareció un perro fue de madrugada. El animal pertenecÃa a un compañero que vivÃa en una choza cerca del canal. Lo buscaron durante horas y no encontraron rastro. A los pocos dÃas ocurrió lo mismo con otro perro y luego con uno más, como si se los hubieran llevado en silencio. En las noches, mientras cuidábamos las herramientas, empezamos a escuchar pasos pesados que cruzaban por la orilla del campo. Eran lentos, como si quien caminara llevara encima un gran peso. Pensamos que podrÃa tratarse de algún ladrón, pero nunca vimos a nadie.
0:56 Solo ese sonido que aparecÃa y se alejaba entre los surcos. Una noche, mientras descansábamos cerca del pozo, un compañero me contó que habÃa visto al jornalero trabajando bajo la luna. dijo que estaba reparando una cerca sin lámpara ni fogata y que cuando lo miró bien notó que el suelo a su alrededor estaba claro sin sombra alguna a pesar de que la luna estaba descubierta pensó que era por el ángulo pero por más que cambiaba de posición no lograba ver una silueta proyectada El jornalero apenas comÃa con los demás y al caer la tarde desaparecÃa antes de que guardáramos las herramientas. Varias veces lo vimos caminar hacia los lÃmites del campo y meterse entre los mezquites. Una noche decidimos seguirlo. Ãramos tres y nos movimos sin encender lámparas para no llamar su atención. Lo encontramos cerca de una acequia encorvado sobre algo. Al acercarnos vimos que tenÃa entre las manos el cuerpo de un perro que reconocà como uno de los desaparecidos. El animal estaba inmóvil y él parecÃa morderle el cuello. Uno de mis compañeros hizo ruido y el jornalero levantó la cabeza de golpe. Sus movimientos fueron bruscos, casi como un espasmo, y en un instante dejó caer el cuerpo del perro. La piel de sus brazos y cuello comenzó a hincharse y oscurecerse. En segundos se levantaba un animal enorme, lomo arqueado y patas delanteras más largas que las traseras. Retrocedimos sin dejar de mirarlo.
2:29 El animal avanzó dos pasos, flexionó las patas y saltó hacia nosotros. Corrimos en distintas direcciones. Yo sentà como algo me rozó la espalda y caà de lado en la tierra. me levanté y seguà corriendo hasta perderlo de vista desde la distancia escuché gritos y golpes contra las ramas y el ruido de algo grande moviéndose a toda velocidad llegué hasta la orilla del canal y me escondà entre los arbustos con el corazón latiendo tan fuerte que apenas podÃa escuchar otra cosa pasaron varios minutos hasta que uno de mis compañeros llegó cojeando con un corte profundo en el brazo Dijo que el otro no habÃa logrado escapar y que el animal lo habÃa derribado. No supo decir si estaba vivo cuando lo dejó de ver. Decidimos esperar hasta que amaneciera para regresar, y cuando lo hicimos no encontramos a nadie, marcas profundas en el lodo y un rastro de sangre que se perdÃa entre los surcos. El jornalero nunca volvió al campo. Nadie lo vio salir y en el pueblo aseguraban que nadie con su descripción vivÃa en la zona. Durante dÃas buscamos al compañero desaparecido, pero fue inútil.
3:43 Los pasos pesados siguieron escuchándose algunas noches más y luego todo quedó en silencio. Caminamos despacio, atentos a cualquier ruido y seguimos el rastro de sangre hasta un claro junto a los mezquites. Allà encontramos pedazos de tela y una bota cubierta de lodo. reconocà la bota de inmediato no habÃa señales del cuerpo pero el pasto estaba aplastado en un cÃrculo amplio como si algo hubiera rodado o forcejeado allà durante mucho tiempo avisamos a los demás trabajadores y a los encargados del campo nos acompañaron a revisar la zona aunque todos iban en silencio mirando a su alrededor uno de ellos el más viejo dijo que lo mejor era no seguir buscando Los demás aceptaron sin discutir. Yo me quedé mirando los surcos lejanos, imaginando al jornalero moviéndose de noche, oculto entre la milpa, esperando que cayéramos en sus manos como le pasó a nuestro compañero. Esa misma tarde empezaron a circular historias. Algunos aseguraban que habÃan visto figuras enormes cruzar el campo a paso rápido, con la espalda encorvada y los brazos casi rozando el suelo. Otros juraban haber escuchado respiraciones fuertes detrás de sus chozas, seguidas de pasos que se alejaban hacia el monte. Nadie querÃa quedarse afuera después de que oscurecÃa. Se encendÃan más lámparas que de costumbre. y los perros que quedaban eran encerrados
5:14 antes de que anocheciera. Yo no podÃa dejar de pensar en lo que habÃa visto aquella noche. Cada ruido me hacÃa levantar la cabeza, y a veces me quedaba horas escuchando el viento y los crujidos de la madera. No podÃa quitarme de la mente la forma en que nos miró antes de saltar. Un par de dÃas después, durante el almuerzo, uno de los muchachos llegó agitado. Dijo que habÃa visto huellas grandes cerca de la acequia, como si un animal pesado hubiera pasado durante la madrugada. Varios fuimos a mirar y encontramos marcas profundas en el lodo, separadas por una distancia que indicaba pasos largos. El agua de la acequia estaba revuelta y habÃa pelos oscuros pegados en las piedras de la orilla. Algunos recogieron los pelos y los guardaron envueltos en papel, pero nadie quiso llevarlos al pueblo para analizarlos. ParecÃa que temÃan confirmar lo que todos sospechábamos.
6:12 A partir de entonces, el patrón organizó guardias nocturnas. Nos turnábamos para vigilar, aunque nadie querÃa estar solo. Armados con palos, machetes y lámparas, recorrÃamos el perÃmetro en grupos pequeños. La primera noche de guardia escuchamos algo moviéndose entre los surcos. Apuntamos las lámparas, pero solo alcanzamos a ver las hojas agitándose y una silueta que se escabulló antes de que pudiéramos reaccionar. El ruido de los pasos se fue alejando hasta perderse en la oscuridad. Y aunque intentamos seguirlo, se movÃa demasiado rápido. Las desapariciones de perros continuaron. Incluso algunos gallos y cabras de los alrededores comenzaron a faltar. Los dueños encontraban cercas rotas y corrales abiertos, sin señales de que hubieran forzado las cerraduras. No importaba cuánto cuidado tuviéramos, siempre desaparecÃan los animales. Los encargados empezaron a hablar de suspender el trabajo nocturno en ciertas parcelas, y más de uno decidió marcharse antes de terminar la temporada. Yo me quedé, aunque cada dÃa me resultaba más difÃcil. HabÃa algo en la forma en que todo el campo parecÃa cambiar al caer la noche. Esa noche me tocó guardia con dos compañeros.
7:30 Encendimos las lámparas y recorrimos el perÃmetro, empezando por la zona donde habÃamos visto las huellas dÃas antes. El viento movÃa las hojas de los mezquites y la milpa se agitaba suavemente. Caminábamos en fila, atentos a cualquier movimiento. después de un rato escuchamos un crujido fuerte entre las cañas nos detuvimos y apuntamos las luces pero lo que vimos fue apenas una sombra moviéndose rápido hacia el otro extremo del campo decidimos seguirla manteniendo cierta distancia La silueta se agachaba y avanzaba a gran velocidad, como si supiera que la perseguÃamos. A cada paso, el ruido de algo pesado hundiéndose en la tierra nos confirmaba que no era ningún animal pequeño. Cuando llegamos a la zona más alejada, la figura desapareció entre los surcos y el silencio volvió de golpe.
8:24 Nos quedamos escuchando, pero no habÃa nada. Uno de mis compañeros sugirió volver antes de que nos quedáramos sin baterÃa en las lámparas. Mientras regresábamos sentimos un olor fuerte como el vinagre. VenÃa de un pequeño claro junto a un canal de riego. Nos acercamos y encontramos restos de huesos, algunos con pedazos de carne seca pegada. El canal llevaba poca agua. y sobre el lodo habÃa huellas más claras que las que habÃamos visto antes, marcadas con fuerza, como si el peso fuera excesivo para el tamaño de las patas. Ninguno de los tres quiso quedarse mucho tiempo allÃ, asà que seguimos hasta la caseta de descanso. Al dÃa siguiente, un jornalero del turno de la mañana dijo que habÃa visto al hombre nuevo a lo lejos. trabajando solo en un terreno que no le correspondÃa. DecÃa que estaba arando con las manos, moviendo la tierra como si arrancara algo de debajo. Cuando quiso acercarse, el jornalero levantó la cabeza y lo miró fijamente. Contó que sintió un frÃo repentino y decidió alejarse sin decir nada. Las guardias continuaron, pero el patrón comenzó a hablar de traer gente armada del pueblo para ayudar. Algunos estaban de acuerdo, pero otros temÃan que enfrentarlo directamente provocara algo peor. Yo sabÃa que no podÃamos dejarlo seguir. Cada noche que pasaba parecÃa moverse con más libertad y más cerca de las viviendas. En la
9:54 tercera noche de mi turno, escuchamos pasos rápidos rodeando la caseta. Salimos corriendo con las lámparas y lo vimos de espaldas, a unos diez metros agachado sobre algo. Al escuchar nuestras pisadas, se levantó. Sus hombros se alzaron más de lo que un cuerpo normal permitirÃa y su cuello se inclinó hacia un lado de forma extraña. Cuando volteó, su cara tenÃa un brillo húmedo bajo la luz y en sus manos colgaba el cuerpo de un perro. Gritamos para que lo soltara y avanzamos, pero en un movimiento rápido dejó caer al animal y se lanzó hacia los surcos. el sonido de sus pasos se dejaron de escuchar rápido nos acercamos al perro pero ya estaba muerto lo levantamos envuelto en un costal y lo llevamos a la orilla del campo esa misma madrugada mientras intentaba dormir escuché algo golpeando levemente la pared de mi cuarto Pensé que era el viento, pero el sonido era rÃtmico, como uñas raspando la madera.
10:53 Me quedé quieto, con el corazón acelerado. Después de unos segundos se detuvo. Salà con una lámpara, pero no vi nada. El resto de la noche la pasé despierto. Por la mañana, revisé la pared y encontré tres marcas largas hundidas en la madera. Las mostré a los demás y algunos dijeron que podÃan ser de algún animal, pero las marcas estaban a la altura del pecho de un hombre. Decidimos que no podÃamos seguir esperando. Esa noche, antes de que oscureciera, preparamos una trampa. Usamos un perro que el patrón prestó para el plan. Lo amarramos a una estaca en medio de un terreno abierto, lejos de las viviendas. Lo cubrimos con sangre de borrego que uno de los compañeros habÃa conseguido en el pueblo. Alrededor del animal, trazamos un cÃrculo con gasolina. De forma que, si la criatura se acercaba, solo habrÃa que encenderla. La idea era atraparlo o al menos herirlo para que no volviera. Nos escondimos entre la milpa y los mezquites, en grupos pequeños, cada uno con lámparas, machetes y un par de escopetas viejas que algunos habÃan conseguido.
12:04 La noche cayó rápido. El perro comenzó a inquietarse desde que se escucharon los primeros pasos lejanos, moviéndose y gimiendo con fuerza. Entonces lo vimos. Una silueta enorme apareció entre los surcos, avanzando despacio hacia el centro del terreno. No parecÃa apurarse. El perro tiraba de la cuerda mirándolo fijo. la criatura se detuvo a pocos metros de la estaca podÃamos ver el contorno de su lomo arqueado pero no se acercó más se quedó quieto mirándonos de frente aunque sabÃa que estábamos ocultos sentà que reconocÃa que aquello no era natural como si supiera que lo estábamos esperando uno de los muchachos escondidos a mi lado apretaba la culata de su escopeta respirando rápido Nadie se atrevÃa a encender la gasolina sin que el animal cruzara la lÃnea. Pasaron varios segundos. El animal giró lentamente la cabeza como buscando otra salida y comenzó a retroceder un par de pasos.
13:05 En ese momento, el muchacho de la escopeta, sin esperar orden, disparó. El disparo retumbó en todo el campo. La criatura dio un salto brusco y salió corriendo hacia los mezquites, golpeando las cañas a su paso. Algunos corrieron detrás, pero se movÃa demasiado rápido y pronto desapareció entre la oscuridad. Nos reunimos junto al perro. El animal estaba temblando. La gasolina seguÃa intacta, y la estaca se habÃa movido de tanto que habÃa forcejeado. Revisamos el rastro de la criatura y encontramos gotas oscuras sobre la tierra, mezcladas con el lodo. El disparo le habÃa alcanzado, aunque no sabÃamos dónde. Las semanas siguientes no volvimos a escuchar los pasos pesados ni desaparecieron más animales. Algunos pensaban que el disparo lo habÃa espantado para siempre. Otros decÃan que estaba recuperándose y que volverÃa.
14:00 Yo seguÃa atento por las noches, aunque el campo habÃa vuelto a su rutina. Pasaron unos meses. Un dÃa, mientras trabajábamos en otra parcela, llegó un hombre del pueblo a dar un aviso. DecÃa que habÃan encontrado un cuerpo en una choza abandonada, cerca del monte. Fui con otros a ver. Era un hombre joven, tendido sobre un catre viejo, con la ropa rota y manchas secas que parecÃan de sangre en el costado. El olor a podredumbre llenaba la habitación. Reconocimos su rostro de inmediato. Era el jornalero que habÃa llegado aquella temporada de cosecha. No habÃa señales claras de cómo habÃa muerto, pero el costado de su cuerpo tenÃa una herida que parecÃa de plomo incrustado, con la carne ennegrecida alrededor. En el pueblo lo enterraron sin ceremonia, y el terreno donde lo hallaron quedó vacÃo.
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