March 31, 2026

Testimonio: Jugué Con La Ouija Y Presencié Una Posesión - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 No debimos jugar esa noche. Lo digo así porque, desde antes de empezar, ya había algo mal en la casa. No hablo de ruidos normales ni de sugestión. Hablo de esa sensación de que entras a un lugar y tu cuerpo entiende algo antes que tú. Yo fui con Iván, Mara y Tadeo. La madre de Iván no estaba y su hermana menor dormía arriba. Nosotros nos quedamos en la cocina. Iván sacó la ouija del closet del pasillo y la puso sobre la mesa. Nadie hizo chistes cuando la vimos, y eso ya era raro, porque siempre acabábamos riéndonos de todo. Pero esa noche no. Iván dijo que la había encontrado entre cosas viejas y que en su casa nadie quería tocarla.

0:53 Mara preguntó si de verdad pensaba usarla. Dijo que sí. Tadeo dijo que si íbamos a hacerlo, mejor hiciéramos preguntas claras y termináramos rápido. Yo les dije que no me gustaba la idea, pero tampoco me fui. Me quedé ahí sentado. Todavía no sé si fue por necedad o por vergüenza. Pusimos los dedos sobre el puntero. Iván preguntó si había alguien. No pasó nada. Repitió la pregunta y esta vez el puntero se movió. No fue un tirón brusco, se empezó a deslizar despacio, con decisión, como si alguien lo guiara sin prisa. Y se fue directo al sí. Mara retiró la mano de golpe y Tadeo le dijo que no hiciera eso. Iván le pidió que la pusiera otra vez.

1:40 Ella obedeció, pero ya no se veía burlona. Iván preguntó quién estaba ahí. El puntero fue marcando letras una por una. Lucas. Nadie conocía a ningún Lucas. Tadeo preguntó qué quería. La respuesta salió más rápido. Abrir. Yo pregunté qué y marcó puerta. Iván preguntó si era una puerta de la casa. Entonces dijo sí y después marcó arriba. En ese momento todos pensamos en Lucía. Iván la llamó desde la cocina pero no respondió. La volvió a llamar más fuerte y tampoco contestó. Mara dijo que subiéramos todos. Tadeo tomó la vela y yo fui detrás. La puerta del cuarto de Lucía estaba cerrada.

2:26 Iván tocó y le pidió que abriera, pero no contestó. Volvió a tocar y del otro lado se oyó un golpe seco, como si algo se hubiera estrellado contra la pared. Después escuchamos un arrastre lento sobre la puerta. Ahí Mara empezó a llorar. Iván trató de abrir, pero estaba cerrado por dentro. Tadeo empujó con el hombro y no cedió. Iván metió un cuchillo en la cerradura y la forzó como pudo. Y cuando la puerta abrió, el cuarto estaba oscuro. Tadeo levantó la vela y la luz dio primero sobre la cama. Las sábanas estaban en el piso y después alumbró a Lucía. Estaba sentada al lado de la cama con las manos apoyadas en el suelo. Tenía la cabeza baja y en la barbilla se le veía sangre seca.

3:17 Iván se acercó rápido y le preguntó qué le pasaba. Lucía levantó la cara muy despacio. Lo primero que me heló no fue la sangre, fue la expresión. Nos estaba mirando como si acabara de vernos por primera vez. Iván le pidió que se levantara. Lucía abrió la boca y habló con una voz que no era la suya. Sonó ronca, más grave y gastada. Dijo que él había abierto y dijo que ya estaba hecho. Ninguno se movió. Iván volvió a hablarle, esta vez más cerca. Le preguntó qué había tomado, si estaba lastimada, si podía caminar. Lucía siguió mirándolo. Después giró la cabeza hacia mí y dijo mi nombre completo, mis dos apellidos. Yo nunca había ido a esa casa y nadie le había dicho quién era yo. Iván intentó sujetarla de los brazos. Lucía lo empujó con una fuerza que no tenía sentido en una niña de su tamaño.

4:17 Él cayó hacia atrás y se golpeó contra el mueble. Tadeo se lanzó para detenerla, pero Lucía se levantó de golpe y le pegó con la cabeza en la cara. Le reventó la nariz y la sangre le corrió al instante. Mara gritó y retrocedió al pasillo. Yo seguía clavado en la puerta tratando de entender si estábamos viendo una crisis, una enfermedad o algo peor. Quise pensar que había que bajarla y salir de ahí, pero entonces Lucía habló otra vez. Dijo que Lucas no estaba solo. Tadeo le gritó que se callara, pero ella ni lo miró. Seguía viendo a Iván. Después dijo que abajo había más de uno y dijo que la puerta no la había abierto ella. Iván le preguntó de qué hablaba. Lucía respondió con algo que nos rompió a todos. Describió cómo había encontrado Iván a su padre el día que murió, con detalles que ninguno de nosotros conocía. Dijo dónde estaba, cómo tenía la cabeza y qué fue lo primero que hizo Iván al verlo. Yo miré a Iván y se le había ido el color de la cara. Ese segundo bastó para que Lucía saliera corriendo, pasó entre nosotros y bajó la escalera. Iván fue detrás, Tadeo se tapó la nariz con una mano y la siguió.

5:36 Yo agarré a Mara del brazo y la hice bajar conmigo. Cuando llegamos a la cocina, la tabla ya no estaba donde la habíamos dejado, estaba en el piso. El puntero se movía solo, en sacudidas cortas. La puerta trasera estaba abierta. y Lucía se arrodilló frente a la tabla y apoyó las manos sobre ella. Iván trató de apartarla, pero no alcanzó. Ella bajó la cabeza y empezó a golpear la frente contra la madera, y el primer golpe sonó hueco. El segundo fue más fuerte, y en el tercero vimos saltar sangre. Entre los tres la agarramos y la jalamos hacia atrás. Lucía forcejeaba y se revolvía con una fuerza que no era normal. Mara gritaba que paráramos, que nos fuéramos. Tadeo intentó usar el teléfono, pero no entró la llamada. Yo corrí a cerrar la puerta trasera y eché el seguro, y cuando di la vuelta, alguien golpeó del otro lado.

6:36 No fue un golpe de prueba, sonó como si alguien quisiera entrar y supiera que estábamos ahí, escuchando. Todos nos quedamos quietos, Lucía también. dejó de resistirse de golpe inclinó la cabeza y con esa voz horrible que no le pertenecía dijo que ya habían llegado nadie respondió todos nos quedamos mirando la puerta Iván tenía a Lucía abrazada por detrás sentado en el piso con ella entre las piernas para que no se soltara Tadeo seguía sangrando por la nariz y Mara estaba arrinconada junto a la pared y respiraba mal Yo fui por un trapo para Tadeo, pero no dejaba de mirar la puerta trasera. Esperaba otro golpe, pero no llegó, y ese silencio fue peor. Lucía empezó a reírse fuerte, como una carcajada, como si estuviera oyendo algo que solo ella entendía. Iván le dijo que ya bastaba, que la iba a sacar de la casa aunque tuviera que cargarla a la fuerza. Lucía levantó la cara y le dijo que ya no alcanzaba. Después giró despacio hacia la mesa y todos seguimos su mirada. Había una fotografía sobre la mesa. Antes no estaba ahí. Y lo sé, porque ese espacio había estado vacío desde que empezamos. Tadeo la agarró primero. Era la foto de un niño sentado en una silla. Se veía serio, sin expresión. Atrás tenía escrito un nombre. Lucas. Mara dijo que eso no estaba ahí.

8:10 que alguien la estaba poniendo para asustarnos. Iván juró que no conocía a ese niño. Lucía miró la foto y dejó de reírse. Dijo que esa no era la primera vez, que en esa casa ya habían pedido ayuda antes. Tadeo le preguntó quién. Lucía respondió que una mujer. Dijo que creyó que estaba llamando a una sola cosa y que en realidad abrió para varias. Yo le dije a Iván que la cargáramos de una vez y nos fuéramos. Ya ni pensaba en ambulancia ni en explicaciones, solo quería salir. Iván me dijo que sí con la cabeza. Tadeo guardó la foto en el bolsillo sin pensarlo. Mara se levantó apoyándose en la pared y en ese momento se oyó un paso arriba, uno solo, y los cuatro miramos hacia la escalera. Después se oyó otro, pero no había nadie arriba.

9:06 Pues Lucía estaba abajo con nosotros. Aún así, alguien venía bajando despacio. No era el sonido de la casa crujiendo. Eran pasos, pesos sobre el escalón y se detuvieron a mitad de la escalera. Mara empezó a decir que nos fuéramos ya. Iván me gritó que abriera la puerta principal. Fui corriendo, moví el seguro y jalé. La puerta abrió y afuera no había nadie. La calle estaba vacía. Cuando me hice a un lado para que salieran, Lucía empezó a ponerse rígida. Al principio pensé que iba a convulsionar. Después vi que no. Se estaba poniendo dura para impulsarse.

9:48 Con un movimiento seco, se soltó del agarre de Iván, giró sobre el piso y corrió de vuelta a la cocina. Tadeo fue tras ella. Y yo también. Iván la alcanzó justo cuando agarró la tabla. Se la arrancó de las manos, pero Lucía se le lanzó encima y le mordió la mano con tanta fuerza que él gritó. Yo traté de sujetarla por la cintura y sentí el cuerpo tenso, duro. Tadeo agarró una silla y gritó que había que romper la tabla de una vez. Lucía se volvió hacia él y dijo que daba igual, porque ya estaba adentro. Tadeo bajó la silla con toda su fuerza. La tabla se partió en dos. Y el puntero salió disparado y golpeó el piso. Al mismo tiempo, Lucía soltó un grito con su voz normal, como si le hubieran clavado algo. Se llevó las manos a los oídos y cayó de lado.

10:41 Iván corrió a levantarla. Ella lo miró llorando, por primera vez como una niña de verdad, y le dijo que no la dejara sola. Yo pensé que ahí había terminado, pero no había terminado nada. Lucía empezó a temblar. La acostamos de lado y apartamos los pedazos de la tabla. Mara se acercó arrastrando un poco el pie. Tadeo intentó la llamada otra vez. Iván le acariciaba la cabeza a su hermana y le pedía que respirara. Lucía abrió los ojos. Ya no parecía ida. Parecía agotada. Nos miró uno por uno. A mí me sostuvo la mirada más tiempo. Después dijo con la voz muy baja, casi rota, que no era Lucas.

11:27 Nadie alcanzó a preguntarle más, pues vomitó primero saliva, luego sangre muy líquida. Iván la sostuvo para que no se ahogara y yo fui por una toalla. Tadeo dejó el teléfono sobre la mesa para ayudar y Lucía intentó decir algo más, pero no se le entendió. Entonces vimos la ventana del comedor. El vidrio empezó a empañarse por dentro, de golpe, como si del otro lado hubiera mucho frío. Sobre ese vaho comenzaron a marcarse líneas. No aparecieron todas juntas. Se fueron trazando despacio, letra por letra, como si un dedo invisible estuviera escribiendo frente a nosotros. Nadie se movió y nadie habló. Leímos la frase completa mientras se formaba.

12:15 Decía que solo querían a la niña. Mara soltó un ruido que no parecía un grito. Tadeo se quedó inmóvil. Iván seguía abrazando a Lucía, pero ya estaba mirando la ventana. Yo sentí que se me aflojaban las piernas. No era su gestión. No era una sombra. No era una figura mal vista. Era una frase entera escribiéndose sola frente a nosotros. Y en ese momento alguien golpeó la puerta principal desde afuera. Luego golpearon la trasera y luego arriba, en el cuarto de Lucía. Los golpes empezaron a responderse unos a otros dentro de la casa. No eran golpes desordenados. Había un ritmo, casi como si se estuvieran llamando entre ellos. Uno sonaba al frente y otro contestaba atrás. Uno caía arriba y otro enseguida. Retumbaba junto al comedor. Yo me quedé parado en medio de la cocina sin saber hacia dónde mirar primero.

13:12 Lucía cerró los ojos, apretó los dientes y murmuró algo que apenas alcanzamos a oír. Dijo que no los dejáramos entrar. Pero a esas alturas, mientras la casa seguía recibiendo golpes por todos lados, lo único que yo podía pensar era que tal vez ya estaban adentro. Eso fue lo que me rompió por dentro. Hasta ese momento yo todavía estaba buscando una salida lógica, una enfermedad, una crisis nerviosa. algo que explicara aunque fuera una parte de lo que estábamos viendo. Cuando empezaron los golpes al mismo tiempo, en distintos puntos de la casa, entendí que ya no estábamos tratando con algo que pudiera ordenar en la cabeza. Iván me gritó que cerrara todo, yo le respondí que ya estaba cerrado.

14:01 Tadeo agarró un cuchillo de la cocina sin decir nada, y Mara no dejaba de repetir que nos fuéramos, que cargáramos a Lucía y saliéramos así. Pero Lucía apenas podía sostener la cabeza. Estaba pálida, bañada en sudor y sangre, y cada vez respiraba peor. Los golpes siguieron. No iban a tumbar nada, y eso era lo peor. No estaban intentando entrar a la fuerza. Sonaban como si quisieran recordarnos que seguían ahí, rodeándonos, esperando. Había algo frío en eso, algo casi paciente. Lucía abrió los ojos y se quedó mirando hacia el pasillo. Movió apenas la mano y señaló.

14:45 Yo volteé y vi una sombra detenida al fondo. No era un juego de luz, no era mi reflejo. Había una figura quieta, demasiado alta y demasiado inmóvil para ser una persona normal. No le vi la cara, solo el cuerpo oscuro ocupando el hueco del pasillo. Tadeo también la vio, porque levantó el cuchillo hacia allá sin pensarlo. Iván no alcanzó a mirar estaba pendiente de su hermana Mara empezó a llorar tan fuerte que apenas se le entendía lo que decía la figura no avanzó no hizo falta del segundo piso volvió a oírse un paso y luego otro como si alguien más siguiera bajando yo retrocedí hacia Iván no quería perder de vista ni el pasillo ni a Lucía en ese instante sentí algo en el tobillo bajé la vista y el puntero estaba junto a mi pie.

15:40 Se estaba moviendo solo, arrastrándose a tirones sobre el piso, acercándose a Lucía. Lo pateé lejos, pero eso fue lo último que debía hacer. Lucía se arqueó hacia atrás con una fuerza brutal. Iván apenas pudo sostenerla. Abrió la boca y soltó un sonido que no parecía humano. No era un grito, no era una palabra, no era un llanto. Era algo más bajo, más aterrador. como si le estuvieran sacando la voz desde adentro. Tadeo gritó que la agarráramos. Yo fui a ayudar. Lucía tembló unos segundos más y luego se calmó de golpe. Quedó completamente quieta, demasiado quieta.

16:22 Abrió los ojos y miró a Iván. Ya no tenía la voz de antes, sonaba cansada, rota. Le dijo que no quería irse con ellos y le dijo que tenía frío. Iván empezó a llorar y le prometió que no la iba a soltar. Lucía movió la cabeza apenas como si lo entendiera. Después miró el piso a un lado de su rodilla. El pedazo más largo de la tabla estaba ahí. Yo lo vi al mismo tiempo que ella. Me lancé a agarrarlo, pero ella fue más rápida. Lo tomó y se lo clavó en el cuello con un movimiento seco, sin dudar, como si ya hubiera decidido hacerlo desde antes.

17:03 Iván gritó. Tadeo se arrojó encima para quitarle la madera. Yo apreté la herida con la toalla, pero la sangre me llenó las manos al instante. Mara empezó a golpear la puerta principal con las palmas, pidiendo ayuda a gritos, aunque afuera no se veía ni se escuchaba a nadie. Iván le hablaba a Lucía sin parar. Le pedía que resistiera, que lo mirara, que no cerrara los ojos. Ella lo estaba mirando. Eso fue lo peor. No tenía la vista perdida. Lo estaba mirando de verdad, consciente. Intentó decir algo, pero no le salió. Movió apenas la boca otra vez y esta vez le entendí una palabra. Dijo arriba. Yo levanté la cabeza y en la escalera había alguien. Lo vi entero esa vez. No claro, no como veo a una persona viva, pero sí lo suficiente. Era la forma de un hombre quieto, con la cabeza un poco ladeada, mirando hacia la cocina. No bajaba, no hacía nada, solo estaba ahí.

18:08 Sentí que se me cerraba el pecho. Quise gritarle a Tadeo que mirara, pero en ese momento las luces se apagaron. La casa quedó a oscuras. Iván siguió apretando a su hermana contra el suelo. Yo no solté la toalla, y Tadeo buscó su teléfono con las manos temblando. Los golpes volvieron, ahora más cerca, dentro de la casa, como si vinieran de las paredes. Hubo uno en la sala, otro atrás de nosotros, otro arriba y encima del techo. Cuando la luz regresó, la escalera estaba vacía. Lucía ya casi no respiraba. Y Tadeo logró hacer la llamada. No sé cómo, solo sé que de pronto estaba dando la dirección a gritos, diciendo que se apuraran, que era una niña que estaba sangrando mucho. Después dejó el teléfono tirado y se vino a ayudarnos otra vez. No hubo preguntas, ni nada que nos sacara de lo que estaba pasando. Solo estábamos nosotros cuatro, de rodillas en una cocina llena de sangre, tratando de que una niña no se muriera, mientras algo seguía golpeando la casa, por fuera y por dentro. La ventana del comedor seguía con la frase escrita. Nadie se atrevió a volver a mirarla completa. Lucía hizo un último esfuerzo por moverse.

19:28 Buscó la mano de Iván y se la apretó. Después se quedó floja. Iván empezó a decir su nombre una y otra vez. Yo seguía presionando la herida, aunque ya sentía que se me iba. Mara estaba en el suelo con la espalda pegada a la pared, mirándonos como si ya no entendiera nada. Tadeo fue a la puerta y regresó enseguida. Dijo que seguía oyéndose algo en el patio. Yo no quise mirar. Cuando por fin entró ayuda, la casa seguía oliendo a sangre, cera y humedad. A Lucía se la llevaron viva, pero muy mal. Iván se fue con ella y nosotros nos quedamos en la cocina, cubiertos de sangre, sin podernos mirar bien a la cara. Yo todavía tenía la toalla en las manos y no la podía soltar. Mara no paraba de temblar y Tadeo tenía la nariz rota y los ojos abiertos, como si se hubiera quedado atorado en lo que acababa de ver. Lucía murió esa misma noche. Después de eso, no volví a entrar a esa casa. Iván tardó tiempo en hablar conmigo otra vez. Cuando lo hizo, me dijo algo que no he podido sacar de la cabeza. Dijo que antes de morirse, mientras la sacaban, Lucía alcanzó a abrir los ojos y mirar hacia arriba, por encima del hombro del paramédico. Dijo que sonrió un segundo, no de alivio, no de calma.

20:56 Sonrió como había sonreído en su cuarto al vernos entrar. Y eso fue lo que lo terminó de romper. Yo ya no necesito más pruebas. No necesito volver a ver la tabla, ni la foto, ni la frase en el vidrio. Todo eso me da igual ahora, lo único que me importa es que esa noche una niña pidió ayuda delante de nosotros y no pudimos sacarla de ahí. Jugamos con algo que no entendíamos, le dimos entrada y cuando quiso irse ya era tarde. Desde esa noche, cuando alguien me habla de jugar con la ouija, no discuto, no me río, no doy explicaciones, solo digo que no lo hagan, porque yo estuve ahí y todavía sueño con los golpes, la posesión de Lucía y el demonio que miré en las escaleras.