July 20, 2025

¿Quieres Saber Si Existe El Mal? Podcast Paranormal - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:02 Me llamo Eloisa y tengo 46 años. Vivo sola desde hace más de 10 años en una casa que heredé de mi tía abuela, en un barrio viejo de Tlalpan. Empecé a leer sobre cosas que no se explican. Encontré libros viejos, foros olvidados, grabaciones extrañas. Al principio me fascinaban, después me obsesionaron. Una noche, después de leer el caso de una mujer que decía haber sentido una presencia junto a su cama durante tres semanas seguidas, quise intentar algo. Compré una tabla ouija, no de juguete, sino una hecha de madera rústica, con letras quemadas a mano y un puntero pesado. La usaba con cuidado, pero no pasaba nada. Con el tiempo me atrevía más. Recitaba oraciones en latín que encontré en un libro digital mal escaneado. dejaba veladoras negras en las esquinas de la casa. Una noche rompí una imagen del sagrado corazón que colgaba del pasillo. Quería provocar una respuesta, lo que fuera. Una madrugada encontré algo. Era un mensaje escrito por un hombre en un foro, fechado en 2002. Estaba archivado como spam, entre comentarios sin sentido. Decía que había contactado a alguien con un método que no requería mucho. Lo llamaba le rituel du souffle inversé, el ritual del aliento invertido.

1:29 Decía que había que elegir un cuarto completamente cerrado, sin ventanas abiertas. A las tres y tres de la madrugada había que llenar una taza de cerámica con agua de la llave. Ponerle encima un trapo blanco húmedo y dejarla al lado de la cama. Justo antes de dormir, se debía recitar tres veces una frase escrita al revés.« En mi aliento te ofrezco paso, pero no nombre». Mientras se decía la frase, había que exhalar hacia la taza. No soplar fuerte, sino como si se quisiera empañar un espejo. El trapo debía absorber ese aliento, y con eso, según él, se invitaba a algo a entrar, sin nombre y sin permiso directo. Me pareció tan absurdo que lo hice esa misma noche. Recité la frase. Exhalé despacio. me sentía ridícula me acosté y esperé a la mañana siguiente la taza estaba igual el trapo seco no sentí nada fuera de lo normal salvo un zumbido leve en los oídos que duró casi todo el día no le di importancia repetí el ritual la noche siguiente luego otra vez y otra más fue hasta la quinta noche que sentí algo raro aunque no sé cómo explicarlo mientras me quedaba dormida sentí que el cuerpo se me ponía rígido pero no por frío era como si el aire se volviera espeso y se metiera en la piel también sentí presión detrás del oído derecho no dolía pero era incómodo me quedé quieta

3:02 cerré los ojos sentí que alguien se inclinaba sobre mí no los abrí me tapé hasta la cabeza Al día siguiente, el trapo ya no era blanco. Tenía una mancha gris en el centro, como ceniza mojada. El agua estaba turbia, con un olor metálico apenas perceptible. No sabía si seguir era lo correcto, pero por fin estaba obteniendo una respuesta. Algo me estaba escuchando. Todavía no sabía qué era, ni hasta dónde había abierto la puerta. Pasaron varios días sin que pudiera dormir bien. Empecé a sentir que no estaba sola. Esa noche repetí el ritual. Puse la taza, humedecí el trapo y exhalé dentro. Dije las frases como las noches anteriores.

3:49 Pero esta vez, en cuanto me metí a la cama, pasó algo distinto. No habían pasado cinco minutos cuando escuché que la taza se movía sobre el buró. No lo imaginé. Escuché el golpeteo de la cerámica, como si alguien la empujara con un dedo. Me quedé inmóvil, con los ojos abiertos, respirando por la boca. Luego escuché otro sonido, como si alguien hubiera metido un dedo en el agua y lo moviera lento. un pequeño chapoteo me levanté de golpe encendí la luz y revisé la taza estaba corrida unos centímetros el trapo flotaba dentro completamente empapado el agua se había desbordado y había mojado la madera A la mañana siguiente noté cosas raras en la casa. No eran visiones. Eran cambios claros. En el baño, el espejo tenía una mancha ovalada, como si alguien hubiera respirado directamente sobre él. Aún no me bañaba. No podía hacer vapor. Olía a humedad, pero no a humedad normal. era un olor fuerte parecido al drenaje viejo durante el día intenté pensar que todo tenía explicación tal vez yo misma había empujado la taza tal vez el agua se derramó por accidente pero sabía que no era así y aún así esa noche lo hice de nuevo la diferencia fue que ya no sentía curiosidad Sentía ansiedad. A las 3 y 3 preparé el ritual como siempre,

5:21 pero no me acosté. Me quedé sentada en la cama con la luz apagada, el ventilador apagado también, todo en silencio. Eran las 3 y 19 cuando escuché el primer golpe. Justo en la pared detrás del clóset, como si alguien hubiera golpeado con el puño desde adentro. Me levanté de inmediato. Revisé detrás del clóset. No había nadie. No había forma de que alguien estuviera ahí. Me senté otra vez, temblando. Luego vinieron otros dos golpes, más suaves pero más largos. Sonaban como uñas arrastrándose dentro de la pared. Ese sonido no venía de la calle, tampoco del vecino. Era dentro de mi cuarto. Me acerqué a la pared. Pegué la oreja.

6:06 Lo que escuché me dejó sin poder moverme. Detrás del muro se oía una respiración, profunda, rasposa, como la de una persona dormida. Pero del otro lado del concreto, me alejé de inmediato. Esa noche dejé todas las luces prendidas. No pude dormir. Me encerré en el baño con el celular en la mano. Me quedé ahí hasta que amaneció. Al día siguiente, el trapo del ritual ya no estaba. Había desaparecido. Solo quedaba la taza vacía y el buró completamente seco, como si nada hubiera estado ahí. Revisé toda la casa. No encontré nada. Me asomé por las ventanas.

6:47 Todo seguía normal. Esa noche decidí no repetir el ritual. No por miedo. Por precaución. Pero no fue suficiente. A las 3 y 12 me despertó un sonido dentro del cuarto. Era un silbido tenue, como cuando alguien sopla suave entre los dientes. Venía del buró, justo donde había estado la taza. No había nadie, no había nada, pero el sonido seguía. Me quedé sentada tapándome los oídos con las manos. Al amanecer encontré huellas en el piso del pasillo. Eran marcas húmedas, número de zapatos. Eran como palmas, de una mano grande pero mal formada, con los dedos demasiado largos y el pulgar muy separado de los demás. marcaban el camino hasta la cocina pero se detenían en seco frente al refrigerador ya no era una suposición algo había entrado y yo misma lo había dejado pasar sabía que aunque no repitiera el ritual ya no se iría fácil las huellas no volvieron No me daban ganas de abrir las cortinas, ni de prender el radio. Todo sonaba más fuerte. Hasta el tic-tac del reloj parecía clavarse en las paredes. Ya no hice más el ritual, pero igual me despertaba a las tres de la madrugada. No era por ruido, era como si algo me tocara la espalda. solo un dedo siempre a la misma hora el tercer día encontré algo en el baño estaba justo sobre el tapete frente al excusado

8:20 era el trapo blanco del ritual pero ya no era blanco tenía manchas secas entre gris y rojizo como si lo hubieran enterrado estaba doblado en cuatro alguien lo había colocado así no lo toqué lo envolví en otro trapo lo metí en una bolsa cerrada y lo tiré lejos de casa Las cosas empeoraron cuando cayó la noche. Mientras lavaba los trastes, escuché que arrastraban una silla en el segundo piso. Yo vivo sola. No tengo sillas allá arriba. Subí sin hacer ruido. Cada paso del piso crujía. Todo parecía igual, pero una de las puertas, la del cuarto donde guardo cajas viejas, estaba entreabierta. No la tocaba desde hacía meses. Me acerqué. El aire que salía por la rendija tenía un olor fuerte, a sudor rancio. No era mío.

9:13 Era un olor cerrado, como si alguien hubiera estado encerrado ahí por días. Abrí de golpe. Las cajas estaban como siempre, pero en el piso había marcas. Alguien había dibujado algo en el polvo. Usaron un objeto quemado, tal vez un clavo o una piedra. Era un círculo mal hecho con símbolos toscos, y en el centro un montón de cabellos, negros, largos. No eran míos. recogí los cabellos con una hoja de papel y los quemé en el fregadero dejé la llave del gas abierta unos segundos para que el fuego se los llevara por completo me temblaban las piernas esa noche no encendí ninguna luz no tenía caso toda la casa se sentía vigilada me quedé sentada en la cama con las piernas cruzadas como si estuviera esperando algo no intenté dormir a las 3 y 7 se abrió sola la puerta del baño No hubo viento ni corriente. Solo se escuchó un quejido, como el de alguien sentándose lento sobre algo duro. Me levanté con cuidado. Caminé hacia la puerta. Estaba completamente abierta.

10:21 Dentro no había nadie, pero el espejo tenía algo raro. El reflejo estaba borroso. no por vapor era como si ya no reflejara la luz normal apagué la luz la encendí de nuevo lo hice varias veces no cambió no lo toqué cerré la puerta y me metí a mi cuarto me acosté sin apagar la luz y cuando estaba a punto de quedarme dormida por puro cansancio escuché que algo respiraba debajo de la cama era una respiración profunda pausada como la de alguien echado boca abajo esperando que me asomara No grité. Solo me deslicé hacia abajo, sin dejar que los pies tocaran el suelo. Me quedé inmóvil, en la orilla del colchón. La respiración siguió casi media hora.

11:08 No se aceleró. No se detuvo. Cuando por fin cesó, no me atreví a mirar debajo. amanecí hecha bolita con los pies encogidos y los brazos cruzados sobre el pecho la sábana estaba en el suelo junto a la cama había dos huellas de pies descalzos estaban mojadas pero no frescas como si alguien hubiera estado ahí hace poco y el agua se secara despacio ese día decidí buscar ayuda No sabía a quién. No creía en curanderas ni en exorcismos. Pero no podía seguir así. Fui a casa de una vecina que apenas conocía. Una señora de unos 60 años que vendía hierbas. Le conté todo. No se sorprendió. Me dijo que varias veces había visto un bulto negro pasar por su banqueta. Justo a la hora que yo hablaba del ritual, me recomendó limpiar la casa con incienso y agua hervida con ruda, que luego durmiera una noche fuera. Esa misma tarde preparé todo. Lavé el piso, barrí los rincones, limpié los marcos de las puertas, encendí el incienso y dejé que el humo entrara a cada cuarto. Dormí en casa de mi vecina. No soñé nada. Cuando regresé por la mañana, todo estaba como lo había dejado, limpio, en silencio. Pero la puerta de la habitación del segundo piso, la que yo misma había cerrado con seguro, estaba otra vez entreabierta.

12:34 Subí sin hacer ruido. Entré a la habitación. Las cajas seguían en su sitio, pero el suelo ya no estaba limpio. El mismo círculo había vuelto a aparecer. Era más grande. tenía tierra húmeda encima mezclada con restos de algo muerto pelos delgados quizá de animal y fragmentos pequeños de hueso en el centro del círculo había un objeto que no reconocía al principio cuando lo levanté un escalofrío me cruzó la nuca era mi cepillo de dientes estaba seco pero cubierto por una capa delgada de ceniza negra yo lo había dejado en el baño Nadie más podía haberlo tomado. Lo aventé por la ventana sin pensarlo. Bajé corriendo por el incienso. Pero, al entrar a la cocina, me detuve en seco. Las cuatro hornillas de la estufa estaban abiertas. Todas.

13:25 No había fuego, pero el gas seguía saliendo. El olor era fuerte. Ya llevaban rato así. Corrí a cerrar las llaves. Me ardieron los ojos. Abrí todas las ventanas. El corazón me golpeaba en el pecho. Si no hubiera regresado esa mañana, la casa ya no existiría. Me senté en el suelo y me puse a llorar. No llamé a nadie, no pedí ayuda. No sabía cómo explicar todo eso sin que me encerraran o se burlaran. Tampoco podía irme. Era mi casa. Lo único que tenía. Así que tomé una decisión. No volver a hablarle. No provocarlo más. No dejarle nada. Ni velas.

14:06 Ni frases. Ni recipientes. Esa noche no hice ritual. No encendí veladoras. Me encerré en mi cuarto. Crucé los brazos sobre el pecho y me dormí sin apagar la luz. No se escuchó nada. No se movió nada. Durante los días siguientes todo bajó de intensidad. No desapareció, pero cambió. A veces encontraba cosas movidas, una silla fuera de lugar, una toalla en el suelo, marcas nuevas en el espejo, pero nada agresivo, nada como antes. Pensé que el silencio también servía de barrera. La vecina volvió a visitarme, trajo más hierbas. Las metió en saquitos pequeños y me dijo que los escondiera detrás de cada puerta, que no los abriera nunca. Lo hice. También me dijo que si alguna noche escuchaba que alguien me hablaba por mi nombre, no debía responder, ni siquiera con un murmullo. esa advertencia me pareció exagerada, hasta que pasó, fue un jueves, tres y cuarto de la madrugada, dormía boca arriba, abrí los ojos sin razón, la luz del pasillo se filtraba por debajo de la puerta, entonces lo escuché, alguien dijo mi nombre, con voz baja pero clara, Eloisa, era una voz de hombre, ronca, como la de alguien mayor, enfermo, que no duerme bien.

15:30 Estaba justo detrás de la puerta. No tocó, no susurró, solo volvió a decirlo. Eloíza. No me moví, ni un milímetro. Sentía cómo se me vibraba la columna. Pasaron más de diez minutos sin ningún sonido. No escuché pasos, ni puertas, ni respiraciones. Pero al amanecer, en el pasillo, encontré algo que me heló el cuerpo. Era el trapo blanco, el mismo, el primero, doblado con cuidado, húmedo pero limpio, como si alguien lo hubiera lavado. Lo dejé ahí, no lo toqué. Esa misma tarde lo envolví en papel, lo metí en una bolsa y lo enterré en una maceta del patio.

16:14 Tapé la tierra con cal. Puse encima una piedra grande, pesada. No como ritual, solo por precaución. Desde entonces las cosas se han mantenido en calma. No volví a usar la taza, ni a decir las frases. Ya no necesito comprobar si algo existe, porque ahora sé que sí.