March 7, 2026

No Te Pongas Lagañas De Perro En Los Ojos MirHistorias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Me llamo Ernesto, tengo 55 años. Ocurrió más o menos por el año 2005, cuando todavía veía seguido a un amigo muy cercano que se llamaba José Manuel. En ese tiempo los dos trabajábamos en cosas distintas, pero casi todos los días terminábamos encontrándonos por las noches para platicar un rato. A veces nos sentábamos en la banqueta frente a su casa, otras veces en la cochera de la mía. Y ahí nos quedábamos un buen rato tomando café o alguna cerveza mientras hablábamos de cualquier cosa que hubiera pasado en el día. José Manuel siempre fue un tipo muy curioso, de esos que se interesan por historias raras, supersticiones viejas o creencias que la gente cuenta en los pueblos. Si escuchaba algo extraño, lo recordaba y después lo sacaba en nuestras pláticas como si fuera un tema importante. Muchas veces yo le decía que la mayoría de esas cosas eran puras ocurrencias de la gente, pero a él le gustaba escuchar esas historias y analizarlas como si en verdad escondieran algo. Una noche, mientras estábamos sentados afuera de mi casa tomando café, José Manuel me dijo que había escuchado algo que le había llamado mucho la atención. Según lo que le habían contado, existía una creencia antigua que decía que si una persona se ponía lagañas de perro en los ojos, podía llegar a ver cosas que los animales perciben y que los humanos normalmente no alcanzan a notar. Cuando me dijo eso,

1:38 yo solté una risa y le respondí que eso sonaba como una superstición sin sentido, de esas cosas que alguien inventa y luego la gente repite sin pensarlo mucho. José Manuel no se rió conmigo. Me dijo que tal vez sí era una superstición, pero que le daba curiosidad comprobarlo por su cuenta. Yo le respondí que lo que realmente iba a lograr era infectarse los ojos, porque las lagañas de un perro no eran algo limpio precisamente. Él se encogió de hombros y dijo que no pensaba hacerlo muchas veces, solo una, para ver si pasaba algo. Después de esa conversación pasaron varios días sin que nos viéramos. Cada quien siguió con su trabajo y no coincidimos hasta casi una semana después. Esa tarde, José Manuel llegó a buscarme y me dijo que quería contarme algo que le había ocurrido la noche anterior. Su tono era diferente al de otras veces, así que lo invité a pasar a la casa y nos sentamos en la sala. Ahí me explicó que sí había hecho lo que había dicho días antes. Me contó que cerca de su casa siempre se quedaba dormido un perro callejero en las mañanas, justo en una esquina donde pegaba el sol temprano. Ese día se levantó antes de ir al trabajo y cuando el perro despertó, aprovechó para acercarse y tomar un poco de las lagañas que tenía en los ojos. Luego, según me dijo, se las puso en los suyos. Le pregunté si estaba loco, pero él

3:09 siguió hablando con calma. dijo que al principio no pasó nada fuera de lo normal solo sintió los ojos pegajosos y un poco de ardor algo que le resultó bastante incómodo pensó que había sido una pérdida de tiempo y que la idea que había escuchado era una tontería más aún así decidió esperar hasta la noche para ver si notaba algo distinto cuando llegó la noche se fue a su cuarto como cualquier otro día Apagó la luz, se acostó en la cama y se quedó mirando hacia la puerta del cuarto. Durante varios minutos, todo parecía completamente normal. La habitación estaba en silencio y solo entraba un poco de luz desde la calle por la ventana. Después de un rato, empezó a notar algo oscuro cerca de la entrada del cuarto. Al principio pensó que se trataba de una sombra formada por la luz de la calle. pero mientras seguía mirando se dio cuenta de que la forma permanecía exactamente en el mismo lugar aunque la iluminación de afuera cambiaba por el paso de los carros me explicó que aquella forma se veía como una mancha negra más oscura que el resto de la habitación no estaba pegada a la pared ni al piso de una manera clara solo se mantenía cerca de la puerta José Manuel empezó a sentirse incómodo porque la forma parecía orientada hacia él Intentó enfocar mejor la vista y entonces la silueta empezó a recordarle la forma de alguien parado junto a la puerta.

4:40 En ese momento lo interrumpí y le pregunté si no podía ser simplemente algún objeto del cuarto que no había notado antes. Él negó con la cabeza y dijo que había revisado la habitación varias veces antes de acostarse y que en ese lugar no había absolutamente nada. La figura seguía ahí, sin moverse, como si estuviera observándolo desde la entrada del cuarto. José Manuel dijo que en ese momento empezó a sentir miedo, así que se levantó y encendió la luz del foco. En cuanto la habitación quedó iluminada, la figura desapareció de inmediato. Pensó que tal vez todo había sido una ilusión causada por la oscuridad, así que decidió apagar la luz otra vez para comprobarlo. En cuanto el cuarto volvió a quedar oscuro, la misma mancha negra apareció de nuevo en el mismo lugar, cerca de la puerta.

5:33 José Manuel dijo que en ese momento sintió un miedo fuerte. Se levantó rápido de la cama y caminó directo al baño. Ahí se lavó los ojos varias veces con agua para quitarse cualquier resto de las lagañas que se había puesto por la mañana. Después de hacer eso, regresó a su cuarto. Volvió a acostarse y ya no vio nada más esa noche. Cuando terminó de contarme todo, yo pensé que tal vez se había sugestionado demasiado con la idea que había escuchado días antes. Le dije que probablemente su mente había jugado con la oscuridad del cuarto y había imaginado algo donde no había nada. José Manuel me respondió con mucha seriedad que estaba seguro de que lo que vio estaba ahí.

6:19 parado en la puerta de su habitación y que no se parecía en nada a una sombra normal. Después de escuchar lo que me contó aquella primera vez, pensé que el asunto iba a quedarse ahí. Para mí, lo más probable era que José Manuel se hubiera sugestionado por la idea de las lagañas del perro y que su mente hubiera interpretado cualquier sombra como algo extraño. En los días siguientes no volvió a mencionar el tema y cuando nos encontrábamos parecía estar completamente normal. Así que asumí que él mismo había llegado a la conclusión de que todo había sido una imaginación suya. Nuestra rutina siguió igual que siempre. Cada quien trabajaba durante el día y algunas noches coincidíamos para platicar un rato afuera de la casa o en la cochera mientras tomábamos café o cerveza. Hablábamos de trabajo, de conocidos en común o de cualquier cosa que hubiera pasado en la semana. Durante esos días, José Manuel no volvió a mencionar nada sobre la figura que había visto en su cuarto, y su actitud parecía tranquila. Pasó aproximadamente una semana desde aquella conversación cuando una noche llegó a buscarme otra vez. Apenas lo vi, noté que se veía distinto.

7:34 Su forma de caminar y de hablar no era la misma de siempre. Tenía la cara seria y los movimientos un poco tensos. Me dijo que quería contarme algo que le había ocurrido y que no entendía qué estaba pasando. Lo invité a pasar y nos sentamos en la sala. Desde el principio noté que hablaba más despacio y con un tono más serio que de costumbre. José Manuel me explicó que después de aquella noche en que se lavó los ojos y dejó de ver la figura, pensó que todo había terminado. Durante algunos días no volvió a notar nada extraño en su casa, y creyó que lo que había visto había sido producto del cansancio o de la oscuridad.

8:17 Pero con el paso de los días empezó a sentir algo que no lograba explicar bien. Me dijo que cuando estaba solo dentro de su casa, tenía la sensación de que alguien lo observaba. No era algo constante, solo momentos aislados en los que sentía que no estaba completamente solo. Al principio pensó que era su imaginación recordando lo que había ocurrido aquella noche en su cuarto, así que trató de no darle importancia. Una madrugada se levantó para ir al baño. Era todavía de noche y toda la casa estaba en silencio. Cuando regresó hacia su cuarto, notó que la puerta estaba entreabierta tal como la había dejado antes de acostarse. Entró y caminó hacia la cama con la intención de volver a dormir. pero en cuanto se acercó al colchón volvió a notar algo oscuro cerca de la puerta.

9:10 Me dijo que en ese momento sintió que el cuerpo se le tensaba, porque aquella forma se parecía mucho a la que había visto la primera vez. Esta vez no tenía lagañas en los ojos ni había hecho nada extraño ese día. Simplemente estaba ahí, en su cuarto, viendo hacia la entrada. José Manuel se quedó quieto mirando hacia ese lugar durante varios segundos. La figura parecía más definida que la vez anterior. Ya no era solo una mancha oscura. Ahora parecía una silueta negra que se mantenía de pie cerca de la puerta del cuarto. El miedo le llegó de golpe y decidió encender la luz de inmediato. Cuando prendió el foco, la figura desapareció otra vez, igual que la primera vez. El cuarto quedó completamente normal. José Manuel pensó que su mente le estaba jugando una mala pasada.

10:02 que tal vez estaba demasiado tenso o cansado. Para comprobarlo, volvió a apagar la luz. En cuanto la habitación quedó otra vez en oscuridad, la figura apareció de nuevo en el mismo punto. Verla ahí otra vez le provocó un escalofrío fuerte que le recorrió todo el cuerpo. Aún así, decidió no levantarse de nuevo. Se metió bajo las cobijas y trató de ignorar lo que estaba viendo con la intención de dormirse. Durante varios minutos todo permaneció en silencio dentro de la casa. José Manuel me dijo que se quedó acostado con los ojos medio cerrados tratando de tranquilizarse. Poco a poco empezó a relajarse y pensó que tal vez podría quedarse dormido. En ese momento sintió un movimiento en el colchón. Al principio creyó que él mismo se había movido mientras estaba acomodándose para dormir. No le dio importancia y trató de seguir descansando. De repente sintió un jalón fuerte en el pie derecho. El movimiento fue tan brusco que lo arrastró aproximadamente un metro sobre el colchón hacia el borde de la cama. José Manuel se levantó de inmediato y encendió la luz con rapidez. Se quedó de pie respirando agitado mientras revisaba la habitación completa. Miró debajo de la cama, detrás del ropero y dentro del baño.

11:24 No encontró a nadie ni nada fuera de lugar. La puerta seguía cerrada y las ventanas también. Todo estaba exactamente como siempre. Después de eso, ya no pudo dormir en toda la noche. Se quedó sentado en la cama hasta que empezó a amanecer. En cuanto salió el sol, decidió salir de su casa y fue directo a buscarme para contarme lo que había ocurrido. Mientras me explicaba todo aquello, repetía que estaba seguro de que algo lo había jalado. Yo le pregunté si no podía haber sido un movimiento involuntario mientras dormía, algo que hubiera sentido más fuerte por el miedo que traía desde días antes. José Manuel negó con la cabeza y dijo que el jalón había sido demasiado fuerte para ser un simple movimiento del cuerpo. Me explicó que sintió claramente cómo algo tiraba de su pie hacia abajo. Mientras hablaba, pude notar que su expresión ya no era la de alguien que cuenta una historia rara por curiosidad. Ahora parecía un hombre que estaba realmente asustado.

12:29 Después de aquel segundo episodio, empecé a notar que José Manuel ya no era el mismo cuando hablábamos de esas cosas. Antes le gustaba contar historias raras o mencionar supersticiones que escuchaba en distintos lugares. Incluso se emocionaba al hablar de ellas como si fueran curiosidades interesantes. Después de lo que me contó aquella madrugada, su forma de hablar cambió bastante. Ya no mencionaba esos temas con entusiasmo y cuando llegaba a recordarlos lo hacía con un tono serio, como si ya no le parecieran simples historias para pasar el rato. Durante algunas semanas todavía me comentó que en su casa a veces volvía a notar sombras o formas oscuras en algunos rincones, aunque decía que no siempre se distinguían bien.

13:16 No hablaba de una figura tan clara como la que me describió aquella primera noche. Más bien, decía que en ocasiones veía algo oscuro en el borde de una pared o cerca de una puerta, y luego desaparecía cuando encendía la luz. Aquello lo mantenía inquieto, así que empezó a tomar algunas precauciones simples. Algunas noches prefería dejar una luz encendida en el pasillo o en su cuarto para no dormir completamente a oscuras. También comenzó a evitar quedarse solo durante mucho tiempo dentro de su casa. Si tenía que salir por algo, lo hacía rápido. Y si podía pasar tiempo con algún familiar o con amigos, lo hacía sin pensarlo mucho. Cuando me contaba estas cosas, yo lo escuchaba con atención. Pero, en el fondo, siempre pensé que su mente estaba muy sugestionada por lo que había hecho con las lagañas del perro. Creía que aquella experiencia lo había marcado lo suficiente como para que su imaginación empezara a llenar los espacios oscuros de su casa con figuras que en realidad no estaban ahí. Con el paso de los meses nuestras vidas empezaron a tomar ritmos diferentes. El trabajo se volvió más pesado para los dos y ya no coincidíamos tan seguido por las noches como antes. A veces pasaban semanas sin que nos viéramos. Y cuando finalmente coincidíamos en la calle o en alguna reunión, hablábamos de cosas más comunes, del trabajo, de la familia o de planes

14:46 para el fin de semana. Las conversaciones sobre la figura del cuarto y el jalón en la cama empezaron a desaparecer poco a poco. Con el tiempo, José Manuel dejó de mencionar que algo lo siguiera o que viera sombras dentro de su casa. Yo asumí que todo había quedado mente había dejado de relacionar cualquier sombra con aquella experiencia que había tenido en el 2005 parecía que había vuelto a llevar su vida con normalidad los años siguieron pasando y cada uno fue tomando su propio camino Nos veíamos de vez en cuando en reuniones con conocidos o cuando coincidíamos en alguna calle del barrio. En esas ocasiones platicábamos un rato y luego cada quien seguía con sus pendientes. José Manuel se veía tranquilo, con una vida bastante normal, y nunca volvió a mencionar aquella figura negra ni la noche en que algo lo arrastró sobre la cama. Yo también dejé de pensar en ese asunto durante mucho tiempo. Aquellas conversaciones quedaron guardadas en mi memoria como una anécdota extraña que habíamos comentado cuando éramos más jóvenes. Pasaron varios años sin que ocurriera nada relacionado con esa historia, hasta que un día recibí una noticia que no esperaba. Me avisaron que José Manuel había tenido un accidente en carretera. Según lo que me contaron, venía de regreso a la ciudad después de un viaje y en algún tramo del camino ocurrió el choque. Cuando escuché eso, me quedé pensando un

16:18 buen rato porque hacía tiempo que no hablaba con él. Fui al velorio junto con otras personas que también lo conocían desde hacía años. Mientras estaba ahí, viendo a la gente llegar y recordar momentos que habían pasado con él, empecé a pensar en muchas de las pláticas que habíamos tenido cuando nos veíamos seguido por las noches. Recordé las conversaciones en la banqueta, las veces que nos quedábamos hablando hasta tarde, y también aquellas historias raras que a él le gustaba mencionar. Entre todos esos recuerdos volvió a aparecer en mi mente la historia de las lagañas de perro y la figura negra que decía haber visto en la puerta de su cuarto. También recordé la noche en que llegó a mi casa diciendo que algo lo había jalado en la cama mientras intentaba dormir. Esos momentos regresaron a mi memoria mientras estaba sentado en una silla durante el velorio.

17:11 Aún así, siempre he pensado que esas cosas no tuvieron ninguna relación con lo que ocurrió después. Habían pasado muchos años desde aquellos sucesos, y durante todo ese tiempo, José Manuel había llevado una vida normal sin volver a contar algo parecido. El accidente en carretera parecía simplemente eso, un accidente. Algo que, tristemente, puede ocurrirle a cualquier persona. Sé que hay gente que, cuando escucha historias como esta, piensa que tal vez aquello que vio o sintió, José Manuel, tuvo alguna conexión con lo que pasó después. Yo no lo veo de esa manera. Para mí, la muerte de mi amigo fue una tragedia como tantas otras que ocurren todos los días en las carreteras. Aún así, cada vez que recuerdo aquellas conversaciones del 2005, inevitablemente vuelvo a pensar en la figura que José Manuel decía haber visto de pie en la puerta de su cuarto aquella noche. Yo nunca viví algo parecido ni volví a escuchar de alguien cercano una historia igual, pero ese recuerdo sigue ahí cuando pienso en él y en aquellas pláticas que teníamos cuando todavía nos veíamos casi todos los días.