Nahuales En El Rancho: Zona Prohibida - Historias De Terror - REDE
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0:05 No estoy muy seguro de si lo que vi fue un Nahual o alguna otra criatura diferente, pero lo que sà sé es que lo que vivÃa en aquella casa no podÃa ser de este mundo. Esto comenzó exactamente cuando tenÃa ocho años. VivÃa en un pueblito en México. No diré la ubicación por obvias razones, pero el lugar era bastante bueno. Uno de los mejores primeros recuerdos que tengo es ir a robar manzanas a la casa de al lado, pues esa casa no tenÃa dueño Además de que estaba llena de árboles quedaban muchÃsimas manzanas, las cuales hasta el dÃa de hoy son las mejores manzanas que he comido. Mis padres me tenÃan prohibido ir a robar manzanas a ese lugar, pero yo creÃa que el sabor de estas valÃa la desobediencia. ParecÃa ser el único en ir por ellas.
0:56 La mayorÃa de las manzanas que no alcanzaba a tomar se terminaban pudriendo en el suelo. Esta dinámica permaneció por mucho tiempo hasta que un buen dÃa la casa fue habitada. Para muchos, el que fuera habitada me sorprendió, no solo porque habÃa rumores de que el dueño de aquella casa vivÃa en Estados Unidos y jamás volverÃa, sino porque las personas que parecieron habitarla llegaron durante la noche mientras todos dormÃamos. Ninguno de nosotros habÃa visto los carros de mudanza ni siquiera cuando llegaron. Simplemente, Un dÃa la casa ya tenÃa luz y se percibÃa movimiento. Mi padre afirmaba haber escuchado algo a mitad de la noche, pero no le dio mucha importancia y volvió a dormir. A mà me parecÃa algo intrigante tener vecinos nuevos, y en cuanto mi madre me dijo que irÃa a darles la bienvenida como solÃa hacerlo con las nuevas personas, rápidamente me apunté para ir y conocer a los nuevos vecinos. Mi madre fue insistente en tocar, pues la puerta no fue atendida. Ya estábamos a punto de irnos cuando la puerta se abrió. Mi madre volvió a sonreÃr, pero en el momento en que vio a la persona del otro lado, Era un hombre delgado, tal vez demasiado. Yo pensé que estaba enfermo, pues tenÃa unas ojeras muy marcadas y su piel, a diferencia de la de todos en el pueblo, era extremadamente blanca. Este nos preguntó quién éramos y qué hacÃamos allÃ, a lo
2:27 que un poco impresionada por aquel hombre. Mi madre le dio la comida que habÃa llevado para darle la bienvenida. Me pareció un poco extraño que no me presentara por mi nombre ni tampoco dijera el suyo. Solo dio la comida y luego de dar una breve bienvenida, dijo que debÃamos irnos. Me tomó fuerte de la mano para alejarme rápidamente de aquella casa. Le pregunté el motivo por el que hacÃa eso. Incluso para mi edad pensé que se habÃa portado bastante grosera, pero mi madre no me dio ninguna explicación. Por el contrario, una vez que estuvimos lo suficientemente lejos para que nadie pudiera escucharnos, me dijo que tenÃa prohibido ir a aquella casa, sin importar si alguien me hablaba o me ofrecÃa algo. TenÃa estrictamente prohibido acercarme a esas personas que vivÃan allÃ. Sin importar lo que dijeran, jamás debÃa ir a esa casa de nuevo. Quise preguntar el motivo, pero ella se veÃa tan alterada que para que no se sintiera más asÃ, ya no pregunté más.
3:31 Lo único que me preocupaba de aquella orden de mis padres era que en poco tiempo las manzanas comenzarÃan a madurar. Ahora que la casa tenÃa dueño, no tenÃa idea de si podÃa simplemente pasar a tomarlas. Cuando eres niño, no piensas mucho en las consecuencias de tus actos. Yo querÃa manzanas a toda costa, Y después de algunos dÃas en los que atendà las órdenes de mis padres y no acercarme a aquella casa, igualmente mi deseo por comer manzanas me hizo decidir ir durante la tarde. Aún parecÃa que los dueños no parecÃan importarles las manzanas. Todas las manzanas seguÃan allà y pensaba que no notarÃa si les faltaban algunas.
4:12 Entré por la cerca rota que estaba en la parte trasera de mi jardÃn. por donde siempre entraba. Mi plan era quedarme solo para recoger las manzanas de los primeros árboles, muy lejos de cualquier ventana de la casa. Justo esos árboles eran los que tenÃan menos manzanas maduras. Pensé en irme y esperar a que éstas maduraran, pero pensé que si ya habÃa hecho todo el esfuerzo de desobedecer a mis padres e ir hasta allÃ, Al menos debÃa obtener algo a cambio. Me acerqué un poco más, solo para tomar algunas. Encontré un árbol que estaba a la mitad del terreno y pensé que allà serÃa perfecto, pues no solo tenÃa manzanas maduras, sino que lo creÃa lo suficientemente alejado de cualquier ventana para que no pudieran verme. Comencé a tomar algunas y a guardarlas en la canasta que llevaba conmigo, pero algo raro comenzó a sentirse. No podrÃa decir qué era lo que sucedÃa, solo sabÃa que habÃa algo diferente en el lugar, algo que sin duda estaba haciendo que todo se sintiera bastante incómodo. Pensé por un momento que tal vez me habÃan descubierto los vecinos y me estaban viendo, pero miré a todos lados sin ver a nadie. El ambiente incómodo aumentó y en un momento ya tenÃa lo suficiente y lo mejor era irme. Tomé mi canasta y comencé a caminar hacia la cerca, de la cual me habÃa alejado un poco más de lo que creÃa. Dada la incomodidad, me encontraba acelerando el paso.
5:45 No avancé mucho cuando escuché pasos. No eran pasos humanos, eran como los de un perro, un perro muy, muy grande, cuyos pasos parecÃan acercarse a toda velocidad hacia mÃ. Aunque no podÃa ver a ningún perro, solo oÃa sus pisadas. caminé aún más rápido intentando salir de ahà lo más pronto posible pero aquello sólo empeoró pronto comencé a escuchar gruñidos no eran gruñidos comunes habÃa escuchado perros gruñir antes y esto era bastante diferente era más como si un ser humano gruñera pero de una forma que harÃa que sus cuerdas vocales comenzaran a lastimarse en serio me dio mucho miedo por lo que comencé a correr tirando algunas de mis manzanas en el camino Pero eso era lo último que me importaba en ese momento. Logré salir tan rápido que incluso me arañé la espalda con la cerca, pero no importaba porque por fin estaba afuera. Una vez que estuve del otro lado, miré hacia atrás y nuevamente no pude ver a nadie, ni al perro, ni nada.
6:50 Vi que solo quedaban dos manzanas y eso me hizo sentir mal, pues todo aquel tormento lo habÃa pasado por nada. Volvà a mi casa y no contarle nada a mis padres. Después de todo, tenÃa prohibido ir ahÃ. Pasaron tres dÃas y ya habÃa olvidado el incidente de las manzanas. Inclusive, el miedo se habÃa pasado. Después de todo, en realidad no habÃa visto a ningún perro. Pensé que en cuanto los primeros árboles tuvieran manzanas más maduras, yo volverÃa. Aquel dÃa, mientras volvÃa de la escuela, vi al hombre que se encontraba afuera de su casa, sentado, parecÃa estar tomando el sol. Su cerca me dejó verlo perfectamente, y en cuanto me vio, me sonrió. Su sonrisa no era particularmente aterradora. Pero el hecho de que me sonriera de esa forma se me hizo raro. Comenzó a llamarme y a decirme que fuera, que tenÃa algo para regalarme. Yo me quedé en shock.
7:49 Mi madre me habÃa dicho perfectamente que sin importar nada, no debÃa acercarme a esa casa. Me negué y seguà caminando. Pero mientras lo hacÃa, aún podÃa escuchar como el hombre insistÃa en que fuera, que iba a regalarme dulces. Pero yo solo seguÃa caminando hacia mi casa. fingiendo que ya no lo escuchaba. Después de este encuentro solo aumentó la incomodidad. Cuando volvÃa de la escuela, el hombre estaba afuera nuevamente. ParecÃa estar tomando el sol y trataba de llamar mi atención para que fuera con él. Me preguntaba mi nombre, me ofrecÃa dulces o me decÃa lo genial que habÃa quedado su casa por dentro y que sà querÃa entrar.
8:33 Yo me negaba a cualquiera de estas invitaciones. No solo era porque mi madre me lo habÃa prohibido, sino que todo en él hacÃa que todos mis sentidos de alarma se dispararan. Un buen dÃa vi que las manzanas en aquellos árboles cercanos ya se encontraban maduras. A pesar de todo lo que habÃa estado viviendo con aquella persona, yo realmente querÃa comer esas manzanas. Pensé que al estar tan cerca de la reja, en realidad no me iba a ver ni nada parecido. y siempre y cuando fuera muy rápido no pasarÃa nada. Tomé la canasta y me dirigà hacia la cerca. Ahà me subà para cortar las manzanas.
9:13 En un momento me sentà bastante confiado. No sentÃa absolutamente nada extraño en el lugar. No sentÃa que estuviera tan cerca como para que el dueño de la casa me viera. Comencé a escalar el árbol para tomar las manzanas de más arriba. Me encontraba lanzándolas a mi canasta cuando escuché aquella pesada respiración. acompañada de esos pasos que parecÃan ir hacia mÃ. Ya sabÃa que no habÃa forma de que esa persona tuviera un perro. Nunca se escuchaba que le ladrara o jamás lo habÃa visto. No era posible que un perro estuviera ahÃ. Esos pasos se escuchaban tan cerca que, estando arriba, comencé a buscar el origen. Pensé que si miraba bien lo verÃa, pero no lograba ver nada. Fue entonces que, en un descuido, rama no resistió mi peso, rompiéndose y haciéndome caer. No habÃa escalado demasiado, por lo que la caÃda no me rompió ningún hueso. Lo único que pasó fue que me golpeé. Estuve un rato sentado en el suelo recuperando el aire que habÃa perdido en el impacto, cuando sentà una respiración en mi nuca. Giré y vi frente a mà a una criatura. Era un perro, o al menos tenÃa una forma similar a un perro, pero este era alto. muy alto, creo que fácilmente podrÃa haber medido lo de un caballo, no estoy exagerando, ese perro o lo que fuera que haya sido esa cosa,
10:43 era enorme, su cuerpo entero estaba cubierto por un pelo gris y sucio, o al menos una parte de él, pues habÃa partes como partes de la cara o partes de sus patas que parecÃan haber perdido el pelo, dejando su piel al descubierto, parecÃa casi como si se hubiera arrancado pedazos de la misma para alimentarse, Sus ojos caÃdos y su extraño rostro me aterraron. No recuerdo jamás haberme levantado tan rápido en mi vida como en ese momento. De un salto me puse de pie y comencé a correr con todas mis fuerzas hacia la reja. Salà rasgándome la cara, pero nada de eso me importó. Recuerdo dar un último vistazo hacia atrás mientras me alejaba. Aquella criatura solo se quedó ahà mirándome. llegué temblando a casa casi sin poder hablar por el miedo mi madre se preocupó mucho y tuve que contarle lo que habÃa visto ella aunque se veÃa asustada por lo que le decÃa tampoco parecÃa quererme del todo me reprendió por haber entrado a la propiedad del vecino cuando me habÃa dicho que no me acercara ahà por nada del mundo cuando mi padre volvió a casa fui reprendido por entrar a robar las manzanas Y cuando quise contarle lo que habÃa visto, él me respondió que probablemente solo fue un perro grande que ellos tenÃan para cuidar el huerto. Traté de convencer a mi padre e incluso a mis amigos de lo que habÃa visto, pero no logré que nadie me creyera. Cada
12:15 noche tenÃa sueños, lo veÃa, jamás me atrevÃa a poner un pie de vuelta en aquel lugar y ni siquiera querÃa pasar por ahÃ. Evitaba ese lugar como si fuera un sitio radiactivo, y no habÃa dÃa en que aquel hombre me invitara a pasar a su casa. Cuando cumplà los 13, mi padre decidió darme una mejor educación. Me mandó a la ciudad con unos parientes para que continuara mis estudios de secundaria. Yo ni siquiera tuve que pensarlo demasiado. Lo vi como una oportunidad para liberarme de los sueños y de aquel vecino tan extraño que parecÃa cada vez más enfermo y deteriorado cada vez que lo veÃa. Fue asà como me fui de aquel pueblo y no volvÃ. Mis padres iban a visitarme a la ciudad en lugar de yo a ellos. Me acostumbré rápido a la vida por allá, y poco a poco fui olvidando lo que pasó aquella vez.
13:07 No es que lo olvidara, es solo que cuando intentaba recordarlo no podÃa ver del todo los detalles de aquel animal, por lo que comencé a creer que lo que vi no fue más que un perro muy grande, tal vez un gran danés algo enfermo. De otro modo, no habÃa posibilidad de que aquello existiera de verdad, y comprendÃa perfectamente por qué nadie me habÃa creÃdo cuando intenté contárselo. Cuando tenÃa unos 20, mi madre me comentó que la razón por la cual me tenÃa prohibido siquiera acercarme a la casa de aquellos vecinos, era que aquel dÃa en que ella fue a presentarse conmigo, pudo ver un horrible altar que era de brujerÃa al fondo. Además de que habÃa escuchado rumores de cómo esas personas habÃan hecho un pacto con el diablo en busca de riqueza y poder. Al parecer, las personas afirmaban ver gente entrar a su casa, pero jamás volvÃan a salir. Aquella vez fue la única vez que escuché hablar de nuevo sobre aquella casa. Para ese momento habÃa superado casi los sueños. Lo último que querÃa era pensar en ello. aunque habÃa noches en las que aún podÃa soñarlo de vez en cuando. Los años pasaron rápidamente hasta que tenÃa 25. Ese fue el año en que mi madre murió, exactamente dos años después que mi padre.
14:32 No habÃa ido al pueblo durante mucho tiempo, pero la casa estaba a mi nombre y tenÃa que sacar algunas de las pertenencias de mis padres. Todo estaba casi igual. Era como si el pueblo se hubiera detenido en el tiempo. Al llegar a la casa de mis padres... Pude darme cuenta de algo. La casa de al lado, aquella que tanto me habÃa aterrorizado, estaba completamente abandonada, sino que parecÃa que se habÃan ido a toda prisa, dejando incluso cosas en la puerta. Estaba obstruida por tablas y habÃa basura por todos lados. Cuando estaba abandonada cuando yo era niño, la casa no estaba asÃ. No podÃa comprender cómo habÃa llegado a ese grado de abandono. No me metà y mejor fui por las cosas de mis padres. Estaba terminando de empacar las últimas cosas cuando noté que a través de la ventana de la cocina se veÃan aquellos árboles.
15:29 Recordaba que en aquel tiempo deberÃan estar llenos de manzanas pero no lo estaban. ParecÃa que se habÃan muerto hacÃa mucho tiempo. Ya no daban frutos. Estuve mirando aquel cuarto por mucho tiempo, recordando lo que habÃa pasado aquel dÃa, el último dÃa que recogà manzanas, a pesar de que habÃa estado por años convenciéndome de que lo que habÃa visto no podÃa ser real. Algo en mà jamás lo creyó del todo, y ya que no pensaba regresar al pueblo nunca más, pensé que aquella podrÃa ser mi última oportunidad de darle un cierre a todo eso. SabÃa que la casa ya se encontraba abandonada, pero no me importó.
16:10 Fui allà únicamente para quitarme el miedo de no volver a poner un pie en ese lugar. Fui hasta allà y salté la cerca, pues en ese momento ya habÃan reparado el hueco por el que solÃa entrar. Recuerdo haber caminado mucho tiempo, mirando los árboles muertos. TenÃa la esperanza de encontrar alguno que aún estuviera dando manzanas, pero todos parecÃan secos y sin vida. Eso me puso un poco triste, pero seguà caminando hasta que llegué a la casa. Me quedé mirándola fijamente por un rato. TenÃa una ventana rota, pero lo que más me llamó la atención fue que la puerta trasera parecÃa estar entreabierta. Me pareció raro que la puerta de enfrente estuviera obstruida por tablas, mientras que la puerta trasera estaba abierta. Pensé que tal vez alguien ya habÃa entrado para saquear lo poco que habÃan dejado los vecinos y al irse no se molestó asegurar la puerta.
17:08 Para ese momento ya estaba tranquilo, pensando que seguramente lo que vi en realidad sà habÃa sido un perro común, tal vez algo enfermo, y con el miedo y la mente disparatada de un niño, todo podÃa ser posible. Caminé hacia la casa y abrà la puerta. Me estuve paseando entre la oscuridad. HabÃa muchÃsimo polvo y todo despedÃa un aroma rancio, a viejo. No tenÃa mucha luz, pero era suficiente para poder andar sin muchos problemas. Algo me detuvo en seco. Escuché una respiración pesada, una respiración que me resultaba muy familiar. Miré hacia todos lados sin lograr ver nada.
17:50 Comencé a caminar hacia la salida, pero justo cuando salà la respiración se hizo más fuerte. Me di cuenta de que el dueño de aquella respiración estaba al final del pasillo, el cual no podÃa ver bien debido a la falta de luz. Pensé que podrÃa tratarse de algún animal o tal vez de un vagabundo. Escuché algo rodar hacia mÃ. Era una manzana, pero parecÃa mordida. Lo que me pareció aún más extraño fue que donde la habÃan mordido, parecÃa haber sido envenenada, como si le hubieran inyectado una toxina que la habÃa dañado. Miré la manzana por un segundo y cuando levanté la mirada, vi cómo se asomó aquel perro.
18:34 No cabÃa duda, era el mismo perro que habÃa visto aquel dÃa. El mismo tamaño, los mismos ojos y aunque no podÃa verle el cuerpo, sabÃa que le seguÃa faltando la piel. Me miró directamente. solté un grito y corrà lo más rápido que pude hacia afuera de la casa tomé las cosas de mis padres y salà de allà sin mirar atrás nunca volvà al pueblo no sé si aquella cosa sigue allà o qué era exactamente he pensado que podrÃa tratarse del mismo vecino o tal vez algo que él mismo invocó en su pacto con el diablo lo único que estoy seguro es de que aquella cosa era real y probablemente aún continúe allÃ
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