NAHUAL Ataca Una IGLESIA Historias De Terror - REDE
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0:02 Mi abuelo me contó una historia que hablaba de su propio hermano, un hombre respetado en el pueblo, que en su tiempo fue padre de la iglesia. Me contó que todo pasó hace más de 50 años, cuando la iglesia todavÃa tenÃa las paredes sin pintar y el campanario de madera sonaba cada domingo para llamar a misa. Su hermano, el padre Julián, era un hombre serio, muy entregado a su oficio, que además se quedaba a vivir en la casa parroquial junto a la iglesia. La gente lo respetaba y habÃa quienes aseguraban que su presencia habÃa traÃdo paz al pueblo. Una tarde de julio llegó al pueblo la noticia de que un niño habÃa desaparecido. Se llamaba Tomás y tenÃa nueve años. Su madre lo habÃa mandado a llevar unas tortillas a la casa de una tÃa, pero nunca llegó.
0:54 La familia lo buscó por todo el pueblo y por los caminos cercanos. Varios hombres se organizaron para recorrer el monte, pero no hallaron nada. Lo último que alguien dijo haber visto fue a Tomás caminando por un sendero que pasaba detrás de la iglesia, como si hubiera querido cortar camino. El abuelo me contó que en esos dÃas la gente empezó a murmurar sobre un animal grande que se habÃa visto rondando por la zona. Algunos decÃan que parecÃa un perro. pero más grande y con una forma rara al caminar. Otros aseguraban que no era un animal cualquiera, sino un nahual. Lo relacionaban con cosas que habÃan pasado años atrás, cuando también hubo personas que se perdieron y nunca fueron encontrados.
1:41 El padre Julián escuchaba todos esos comentarios con atención. Una noche, después de cerrar la iglesia, decidió salir a caminar por el mismo sendero donde habÃan visto a Tomás. Según lo que le contó después a mi abuelo, llevaba una lámpara de aceite y su rosario en la mano. La luz apenas le alcanzaba para ver unos metros adelante. Caminó despacio, revisando entre los arbustos, hasta que escuchó pasos más adelante. Entre las sombras, a unos 10 metros, habÃa una figura agachada. ParecÃa un perro grande, pero combinado con una persona. La lámpara iluminó lo suficiente para mostrarle que estaba devorando algo en el suelo. Me dijo que Julián llamó fuerte a lo que estaba ahÃ. La figura levantó la cabeza. En ese momento pudo ver unos ojos brillantes que lo miraron fijamente.
2:38 No habÃa duda de que lo habÃa escuchado, porque dejó lo que estaba haciendo y se levantó lentamente, quedando erguido como un hombre. El padre Julián dio un paso atrás sin dejar de sostener la lámpara. La figura empezó a caminar hacia él, primero despacio, luego más rápido, hasta que se lanzó en su dirección. Julián retrocedió y tropezó con una raÃz, cayendo al suelo. La lámpara se apagó al golpearse contra las piedras y quedó todo en oscuridad. sintió pasos fuertes acercándose y escuchó una respiración agitada tan cerca que podÃa sentir el calor se levantó como pudo y corrió de regreso a la iglesia hasta que llegó a la puerta lateral entró y cerró con el cerrojo quedándose quieto escuchando si aquello lo seguÃa Detrás de la puerta oyó pasos leves que se acercaban muy lentamente. El padre Julián permaneció dentro de la iglesia, acelerado y la mano apoyada en el cerrojo. Pasado un rato, cruzó la iglesia para llegar al altar y asegurarse de que no quedara ninguna lámpara encendida. Apagó la poca luz que quedaba en los sirios y se quedó en oscuridad, con el rosario apretado entre los dedos y la espalda recargada contra una columna, escuchando.
4:05 Dijo que el primer golpe fuerte en la puerta principal lo hizo brincar, y luego otro más. Entre golpe y golpe alcanzó a oÃr una respiración que no parecÃa de un animal pequeño. No quiso acercarse a mirar por la rendija, asà que se desplazó pegado al muro, despacio, hasta el coro, donde podÃa cubrirse mejor. Ahà se quedó. Además de los golpes, empezó a escuchar una voz ronca del otro lado, una voz baja, quebrada, que decÃa palabras sueltas. No distinguÃa frases completas, solo sÃlabas arrastradas y un tono que parecÃa forzado, como si aquello estuviera aprendiendo a imitar la forma en que hablan las personas. Al escucharla sintió que el estómago se le apretaba del susto. Los golpes continuaron un rato más y luego se detuvieron. Cuando la voz rasposa volvió, la escuchó más cerca, pegada al portón, articulando sonidos sueltos aterradores.
5:13 El vidrio de una de las ventanas laterales se rompió, haciendo mucho ruido. Los fragmentos cayeron al suelo. Se quedó quieto, con la vista clavada hacia el pasillo lateral, hasta que empezó a escuchar como algo caminaba entre las bancas. No era un paso firme, sino un arrastre torpe, como si tropezara con los bancos y empujara los respaldos. Los tablones rechinaban y se movÃan, y de pronto el ruido metálico de un cereal cayendo al piso resonó en toda la iglesia. Después se escuchó como otro objeto similar caÃa y rodaba hasta detenerse contra una pared. salió de su escondite y cruzó la iglesia lo más rápido que pudo esquivando las bancas y guiándose apenas por la poca luz que entraba desde el ventanal roto atravesó el pasillo central hasta la puerta principal metió la llave con manos temblorosas y giró el cerrojo abrió la puerta de golpe y salió a la calle Corrió por la calle empedrada, sintiendo que en cualquier momento algo lo alcanzarÃa por detrás. La sotana se le enredaba en las piernas y le dificultaba avanzar. Pero no frenó hasta llegar a la casa de mi abuelo.
6:28 Golpeó con fuerza la puerta, gritando que abriera. La voz se le quebraba entre cada palabra y repetÃa que se apurara. Mi abuelo, que estaba ya acostado, se levantó sin entender, pero al escuchar la desesperación de su hermano, abrió rápido. Cuando vio la cara del padre Julián, pálida y con el sudor pegándole el cabello a la frente, se asustó. Preguntó qué habÃa pasado, pero Julián no contestó. solo se metió a la casa y cerró la puerta con llave recargándose en ella muy cansado mi abuelo le llevó un vaso de agua y mientras lo tomaba todavÃa miraba hacia la puerta como si esperara que alguien más intentara entrar Dijo que algo habÃa entrado a la iglesia, que lo habÃa escuchado moverse entre las bancas, que tiró los cereales y que estaba seguro de que lo estaba buscando. No quiso describir más, pero aseguró que aquello no era un ladrón ni una persona común. Esa noche no volvió a la iglesia. Se quedó en la casa de mi abuelo, sentado junto a la ventana, mirando hacia la calle sin apartarse de ahÃ. Mi abuelo recordó que no durmió nada y que de vez en cuando se persignaba en silencio, como si intentara protegerse de algo que podÃa aparecer en cualquier momento. Mi abuelo me dijo que apenas amaneció, su hermano lo despertó. no habÃa dormido en toda la noche y tenÃa la mirada cansada pero insistió en ir juntos
7:59 a la iglesia querÃan asegurarse de que todo estuviera cerrado y revisar qué habÃa pasado realmente salieron sin desayunar caminando por las calles todavÃa frÃas de la mañana cuando llegaron la puerta principal estaba abierta de par en par igual que la habÃa dejado Julián cuando salió corriendo. El cerrojo colgaba hacia abajo y la llave seguÃa puesta. El interior se veÃa oscuro, pero desde la entrada ya notaban el desorden. Entraron con cuidado. Lo primero que encontraron fueron varias bancas movidas, unas ladeadas y otras arrastradas fuera de su lugar. En el pasillo central habÃa velas caÃdas, con la cera pegada al piso. A la izquierda, el ventanal tenÃa un hueco irregular donde antes estaba el vidrio, y varios fragmentos seguÃan esparcidos sobre las losas. Al acercarse al altar, justo frente a los escalones que conducÃan a la mesa principal, sobre el piso de piedra, habÃa un excremento extraño. No tenÃa forma sólida, era una pasta aguada, espesa y oscura. Entre la masa se distinguÃan varios mechones de cabello enredados, como si hubieran sido arrancados de una cabeza. Mi abuelo dijo que el olor era tan penetrante que tuvieron que apartarse unos pasos. Era evidente que algo habÃa entrado durante la noche.
9:20 La ventana rota, el desorden de las bancas, los objetos tirados y aquella cosa frente al altar. El padre Julián se quedó mirando como si estuviera pensando en lo que habÃa enfrentado. Después le dijo a mi abuelo que debÃan limpiar cuanto antes, que no querÃa que nadie más viera eso. Salieron a buscar a dos vecinos de confianza para que los ayudaran a reparar el ventanal. De regreso en la iglesia, Julián tomó un balde con agua y empezó a limpiar el altar. Mi abuelo movÃa las bancas a su lugar, mientras uno de los vecinos barrÃa los vidrios rotos. El otro se encargaba de cortar y colocar un trozo de madera en el ventanal como reparación provisional. A media mañana todo estaba más o menos en orden. El piso habÃa quedado limpio, las bancas alineadas y la ventana tapada. Julián encendió un par de velas nuevas en el altar y dijo que las misas continuarÃan como siempre. No querÃa que la gente pensara que la iglesia ya no era un lugar seguro. Aún asÃ, la noticia se extendió rápido. Aunque él intentó minimizar lo ocurrido, los vecinos comenzaron a comentar lo que sabÃan y a inventar lo que no. Algunos aseguraban que lo visto por el padre coincidÃa con la forma de un nahual. Otros contaban que en las últimas semanas habÃan escuchado ruidos raros cerca de sus corrales, o visto animales grandes moverse entre los matorrales. Varias familias decidieron
10:52 no salir después del anochecer. Cerraron puertas y ventanas antes de que oscureciera, y a los niños no se les permitió jugar en la calle más allá del atardecer. El sendero detrás de la iglesia quedó prácticamente abandonado. La gente que necesitaba pasar de un lado a otro preferÃa rodear varias cuadras antes que caminar por ahÃ. Mi abuelo recordaba que durante los dÃas siguientes, Julián no volvió a recorrer el camino detrás de la iglesia. Se limitaba a sus tareas habituales y evitaba quedarse solo en el templo después de anochecer. Mi abuelo decÃa que aunque el padre Julián no volvió a encontrarse de frente con aquella cosa, el pueblo quedó marcado por un tiempo. Las noches se hicieron más silenciosas. Con los dÃas empezaron a circular historias que no eran simples chismes, sino hechos que algunas familias juraban haber vivido. Mi abuelo recordaba especialmente dos. El primero lo contó don Eliseo, un hombre que vivÃa cerca del arroyo y tenÃa un gallinero grande junto a su casa. Una madrugada escuchó un alboroto en el corral y salió con una lámpara para espantar a lo que fuera que estuviera molestando a sus animales. Al llegar, encontró la puerta del gallinero abierta y las tablas de la cerca astilladas. En el piso habÃa plumas y manchas oscuras, y varias gallinas estaban tiradas con el pecho abierto y las entrañas afuera.
12:19 No parecÃa el trabajo de un perro o coyote, porque no se las habÃan llevado, solo destrozado. Don Eliseo dijo que lo más raro fue ver marcas de algo pesado en la tierra, como si algo hubiera arrastrado las patas, y un olor fuerte parecido al que el padre Julián habÃa descrito en la iglesia. el segundo suceso fue más perturbador pasó en la casa de una familia que vivÃa al otro extremo del pueblo casi pegada al monte tenÃan un perro grande un mestizo de color negro que cuidaba el patio lo vieron por última vez una tarde echado junto a la puerta pasaron dos dÃas sin que apareciera y pensaron que se habrÃa ido no lo buscaron mucho hasta que un olor insoportable empezó a llenar el aire cerca de la casa pensando que podÃa ser un animal muerto.
13:12 Siguieron el rastro y lo encontraron. El perro estaba colgado entre las ramas gruesas de un mezquite, a varios metros de altura. Nadie supo cómo habÃa llegado ahà ni quién podrÃa haberlo hecho. Fue necesario subir con escalera para bajarlo y los que estuvieron presentes aseguraron que habÃa huellas extrañas sobre la tierra, hundidas como si fueran de un pie grande y descalzo. Ambos casos se comentaron. Pronto todos empezaron a hacer la misma conexión. DecÃan que lo que habÃa destrozado las gallinas y colgado al perro era lo mismo que se habÃa llevado a Tomás. Algunos lo describÃan como un Nahual. Otros como una bestia que venÃa del monte, atraÃda por algo. Mi abuelo contaba que, aunque no habÃa pruebas claras, la coincidencia en el olor y la forma de actuar de esa criatura era demasiado fuerte como para ignorarla.
14:10 Por algún motivo, y casi tan de repente como empezó todo, los sucesos se detuvieron. No hubo más animales muertos ni rastros de esa presencia. Para algunos, la criatura simplemente se fue. Otros creÃan que seguÃa ahÃ, pero que habÃa encontrado otro lugar donde rondar. El padre Julián retomó su rutina, pero, según mi abuelo, nunca volvió a ser exactamente el mismo. Cuando caÃa la noche, siempre cerraba la iglesia antes de tiempo, no dejaba velas encendidas si él no estaba presente, y evitaba pasar por ciertas zonas del pueblo. Tampoco volvió a mencionar lo que vio aquella noche, y si alguien le preguntaba, respondÃa con evasivas. Fue un fuerte trauma para él.
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