Nov. 19, 2025

Mi Vida Militar: Eliminando Brujas Y Nahuales - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Ya retirado, sigo pensando en esa operación. No fue la más grande ni la más peligrosa, pero fue la única que no logré sacar de la cabeza. Cada vez que la recuerdo, me doy cuenta de que no quedó cerrada. Fue la última vez que entré a la selva con un equipo, y la única ocasión en la que sentí que no estábamos preparados para lo que encontramos. La misión era simple, localizar y destruir puntos que el crimen usaba para moverse por esa zona. Inteligencia tenía datos de campamentos pequeños entre los árboles, rutas improvisadas y actividad reciente. Solo teníamos que entrar, revisar, asegurar y reportar. no imaginábamos que ahí dentro no íbamos a encontrar lo que se esperaba sino algo que ninguno mencionó en voz alta durante años entramos siguiendo el orden de avance que siempre usábamos caminábamos lento cuidando no hacer ruido el terreno estaba cerrado y lleno de ramas que nos obligaban a movernos despacio no hablábamos sólo señalábamos lo que veíamos en esos primeros minutos no había nada fuera de lo común hasta que empezaron a aparecer detalles que no encajaban con un campamento criminal encontramos fogatas recientes con piedras todavía acomodadas alrededor no había utensilios ni restos de latas eran fogatas limpias como si quien las usó hubiera tenido cuidado de no dejar basura

1:38 a pocos metros había piedras puestas en líneas cortas casi rectas como si las hubieran acomodado a propósito No tenían forma específica, solo estaban ahí. También vimos cuerdas amarradas entre dos árboles, tensas, como si hubieran colgado algo que ya no estaba. Seguimos avanzando hasta un claro estrecho, donde encontramos varias bolsas pequeñas colgadas en las ramas. Todas tenían algo adentro, pero no las abrimos en ese momento. No eran paquetes de droga ni equipo conocido, solo bolsas amarradas que alguien dejó ahí por alguna razón. El sargento tomó una con la punta del rifle, la vio unos segundos y la dejó donde estaba. Decidimos no tocarlas más. Cuando íbamos a rodear el claro, escuchamos pasos en el lado derecho, pasos rápidos, como de alguien que intentaba esconderse. Nos desplegamos en silencio, cada uno tomó su posición sin necesidad de órdenes. Avanzamos hacia el ruido con precaución, revisando cada tronco y cada arbusto.

2:47 de pronto entre un grupo de matorrales vimos movimiento una mujer salió corriendo en cuanto nos vio llevaba la ropa rota y el cuerpo sucio no traía mochila ni herramienta alguna se movía rápido pese a las ramas como si conociera bien el terreno la seguimos y la alcanzamos cuando intentó rodear un tronco caído Forcejió con fuerza, arañó a dos del equipo y trató de morder a uno, pero, aún así, pudimos someterla. La llevamos de regreso al claro para revisarla. No tenía objetos encima, más que la ropa desgastada y llena de tierra. Se notaba que llevaba días ahí.

3:27 Su mirada era fija, como si estuviera atenta a cada movimiento que hacíamos. La levantamos del suelo y la colocamos en un punto, donde pudiéramos vigilarla mientras revisábamos la zona. Buscamos alrededor para encontrar a los demás. Había señales de gente durmiendo ahí. Ramas barridas, tierra removida y restos de comida en el suelo. No vimos mochilas, armas ni nada que indicara actividad criminal. Solo indicios de personas escondiéndose en el monte. Eso nos puso más alerta que si hubiéramos encontrado droga, porque era claro que no estaban huyendo de la autoridad, sino esperando algo que no entendíamos. Regresamos con la mujer. No decía ni una palabra. Le preguntábamos cosas básicas y ella solo nos miraba, como si entendiera, pero no tuviera intención de hablar. Cuando uno de nosotros le preguntó quién más estaba con ella, se rió. No fue risa nerviosa. Fue una risa corta, como burla. No volvió a repetirla, pero cada tanto se le escapaba una sonrisa que no encajaba con la situación. Decidimos llevarla a un punto más seguro para interrogarla. La sentamos contra un árbol y la amarramos con una cuerda para que no se soltara.

4:44 No era la primera vez que lo hacíamos. Era un procedimiento normal, con personas que podían tornarse agresivas. Y ella ya había demostrado que podía hacerlo. Mientras uno anotaba lo que encontrábamos, otro revisaba que la cuerda estuviera bien asegurada. La mujer no quitaba la vista del grupo. Cada cierto momento movía los dedos como si intentara medir algo. Fue entonces cuando empezó a hablar. No era español, no era ninguna lengua que reconociéramos. Las palabras salían rápido, seguidas, como si estuviera repitiendo algo aprendido. Al mismo tiempo se reía, una risa seca y corta, sin emoción. Cuando jaló la cuerda del brazo derecho, el sonido del nudo tensándose, me hizo mirar de inmediato. Ahí terminó la calma, pues la cuerda estaba empezando a aflojarse, mientras ella seguía hablando rápido, como si supiera exactamente lo que estaba por hacer. las palabras salían una tras otra como si no necesitara respirar la risa se le escapaba entre frases corta y seca sin ninguna emoción no tenía miedo y eso nos inquietó más que cualquier otra cosa que había hecho desde que la capturamos le pregunté quién estaba con ella pero no reaccionó otro intentó hacerla hablar jalándola del cabello para que nos mirara de frente pero lo único que hizo fue reírse más fuerte intentamos sacar la información como pudimos la

6:19 movimos de los brazos la enderezamos contra el árbol le gritamos cerca del oído para ver si reaccionaba al volumen pero nada ni un gesto que indicara que entendía seguía hablando en ese idioma extraño moviendo la mandíbula como si masticara palabras que no tenían sentido para nosotros el sargento le tomó la cara entre las manos para obligarla a vernos pero cerró los ojos y se rió otra vez mientras discutíamos qué hacer escuché un ruido seco en la cuerda Uno de los nudos había comenzado a aflojarse y no nos dimos cuenta hasta que levantó el brazo de golpe.

7:00 Se soltó con una fuerza que no parecía normal en una persona que había estado sometida tanto tiempo. Abrió los ojos de inmediato y se lanzó contra el soldado que tenía más cerca. No tuvimos tiempo de reaccionar. Le mordió la cara a la altura del pómulo y lo tiró al suelo. Él intentó empujarla, pero ella se aferró con las uñas, rasguñándole el cuello y la mejilla. El sonido del forcejeo fue directo, sin gritos, solo respiraciones agitadas y golpes secos contra la tierra. Corrimos a separarla, pero se movía rápido, como si supiera dónde golpear para soltarse. la sujete de los brazos pero me arañó y giró el cuerpo para salir de mi agarre otro logró tomarla de la cintura pero recibió un codazo y cayó hacia atrás la mujer se levantó y corrió hacia los árboles sin mirar atrás el soldado herido intentó ponerse de pie pero la sangre le cubría media cara y no podía ver no sabíamos cuánto tiempo teníamos antes de que ella se perdiera entre la maleza el sargento levantó el arma y disparó una sola vez el cuerpo de la mujer se sacudió y cayó de frente quedando inmóvil a unos metros de la sombra del primer árbol No hubo celebración ni alivio.

8:22 Todos corrimos hacia el compañero herido. La mordida le había abierto la piel y los rasguños eran profundos. Le cubrimos la cara con un trapo mientras le revisábamos las heridas para ver si todavía podía caminar. El sargento revisó el cuerpo de la mujer desde lejos y luego nos dijo que nos preparáramos para movernos de inmediato. No era seguro quedarnos más tiempo. Mientras recogíamos las mochilas y revisábamos el área, escuchamos movimiento entre los árboles. Era un ruido constante, no apresurado, como si varias personas caminaran en grupos. Levanté la vista y alcancé a verlas. Eran mujeres. No estaban agachadas ni escondidas.

9:08 Estaban de pie entre los troncos, mirándonos sin moverse. No las describo más porque no tenían nada especial fuera de lo evidente. Mujeres, inmóviles, observándonos, como si hubieran estado esperando ese momento. Sentí que todas nos miraban a la vez. No teníamos idea de cuántas eran, porque cada vez que enfocábamos una, aparecían más detrás. El sargento nos ordenó levantar las armas, pero ninguna retrocedió. Permanecieron ahí, quietas, sin pestañear. Una de ellas dio un paso al frente, tenía el cabello pegado al rostro y la voz áspera. Habló en español pero con palabras cortadas. Dijo que lo que hicimos no iba a quedar así. Nos dijo que iban a vengarse por la mujer que habíamos matado. No hubo gritos ni gestos. El sargento disparó al aire para ahuyentarlas. El eco se expandió entre los árboles, pero aún así no se movieron de inmediato. Se quedaron unos segundos, mirándonos como si estuvieran asegurándose de que escuchamos bien. Luego empezaron a retirarse una por una, no corriendo ni escondiéndose, sino caminando hacia adentro de la selva, hasta desaparecer detrás de los troncos.

10:25 guardamos todo más rápido de lo que debíamos nadie dudó en salir de ahí revisamos el vendaje improvisado del herido lo apoyamos entre dos y emprendimos el camino de regreso al punto donde debíamos reagruparnos la tensión se sentía en cada paso porque no sabíamos si nos seguían o si estaban esperando más adelante cada ruido nos hacía girar la cabeza caminábamos en silencio atentos sin bajar las armas El sargento ordenó no detenernos por nada. Avanzamos sin discutirlo y cada metro que dejábamos atrás parecía tardar más que el anterior. No volvimos a ver a ninguna de ellas, pero la sensación de que estaban cerca nunca desapareció en ese trayecto.

11:10 Terminamos esa misión en el momento exacto, en que salimos de esa zona con la amenaza todavía fresca. No sabíamos en ese momento que esa frase iba a quedarse grabada durante años. Solo queríamos salir de ahí cuanto antes, sin mirar atrás. Salimos de esa zona sin detenernos ni un segundo. Caminamos rápido por el sendero improvisado que habíamos marcado al entrar. Nadie preguntó nada, nadie dio opiniones. Solo avanzábamos, revisando cada tanto si alguien nos seguía. El compañero herido iba en medio, sostenido por dos de nosotros. Aun con la cara vendada, se notaba que estaba tratando de mantenerse despierto. El sargento iba adelante, señalando el camino y volteando cada pocos pasos, para asegurarse de que no quedara nadie atrás. Llegamos al punto de extracción más cansados de lo normal. No fue por el trayecto, sino por la tensión acumulada. Desde que matamos a la mujer, cuando por fin estuvimos a salvo, el sargento nos ordenó revisar el perímetro y esperar al transporte.

12:18 Fue el momento en el que respiramos un poco, pero nadie soltó el arma. Todos teníamos la misma idea en la cabeza, mantenernos juntos hasta que saliéramos de ahí. Al llegar al cuartel, hicimos el informe básico. No mencionamos a las mujeres, ni mencionamos la amenaza. Solo pusimos lo que podíamos respaldar. Señales de personas sin identificar, estructuras improvisadas, resistencia durante la captura y un enfrentamiento que terminó con un individuo abatido. Fue un informe simple, pensado para no levantar más preguntas de las necesarias. El sargento lo entregó sin explicaciones adicionales y nos mandó a descansar. El compañero herido estuvo varios días en recuperación. Las mordidas y los rasguños tardaron en cerrar, pero no fueron graves. Solo una vez mencionó algo fuera de lo normal. Dijo que al dormir sentía como si alguien se parara cerca de su cama.

13:17 Lo dijo como un comentario más. Después no lo volvió a mencionar. Nadie lo tomó como un delirio, pero ninguno quiso discutirlo. Era evidente que todos teníamos ese mismo pensamiento guardado, solo que nadie lo quería decir en voz alta. Pasaron semanas. Nos enviaron a otras misiones y seguimos operando como siempre. Pero esa operación quedó clavada en nuestra memoria. Cada uno cargaba con la imagen de esas mujeres, paradas entre los árboles. No por un asunto sobrenatural ni por miedo irracional, sino porque su amenaza fue directa. Fue la única vez que alguien nos advirtió lo que iba a pasar si cruzábamos una línea que no entendíamos, y aunque no les creíamos en ese momento, la forma en la que lo dijeron fue suficiente para que se quedara guardado. con el tiempo cada quien siguió su camino algunos fueron cambiados de unidad otros pidieron traslado yo me retire unos años después no lo hice por esa operación pero fue una de las cosas que me hizo pensar en dejar el servicio quería estar lejos de ese tipo de situaciones aunque supiera que en la milicia siempre habrá algo que se sale de control aún así esa misión no se me quitó de la mente No importó cuánto trabajo hiciera después, ni cuántos años pasaran. A veces, cuando camino solo por la calle o cuando salgo de mi casa temprano, recuerdo la escena

14:50 de esas mujeres observándonos. No porque las vea en la vida diaria, sino porque quedó grabada en mi memoria sin que yo pudiera evitarlo. No es una imagen que me paralice, pero aparece en momentos inesperados. A veces basta un ruido fuerte o una sombra entre los árboles para que me regrese la idea de que ese día alguien nos prometió algo que nunca supimos cómo interpretar. Con el tiempo entendí que cada militar carga una historia. Algunos la cuentan, otros la guardan. La mía fue esa operación. No fue un combate abierto ni un enfrentamiento con armas. Pero fue la primera vez que sentí que habíamos entrado a un lugar donde no debíamos estar. No fue territorio enemigo, fue territorio desconocido, donde las reglas eran otras y donde la gente que lo habitaba no pensaba como nosotros. La selva quedó lejos, dejé de verla desde el momento en que me retiré, pero lo que pasó ahí no desapareció de mi memoria.

15:56 No sé si fue la amenaza, la mirada de esas mujeres, o el hecho de que nunca supimos cuántas eran, ni qué hacían exactamente en ese monte. Lo único que sé es que, aunque pasen los años, cada vez que recuerdo ese día, vuelvo a sentir el mismo pensamiento. Entramos buscando una cosa y encontramos algo que no estaba en ningún informe y así se va a quedar. No necesito volver a esa selva para saber que esa operación marcó el final de mi vida militar. La recuerdo tal cual fue, sin cambiarle nada, porque algunas cosas se quedan guardadas, incluso cuando uno cree que ya las dejó atrás. nos enviaron a revisar un cerro donde varios pobladores habían escuchado ruidos fuertes durante varias noches algunos describían golpes gritos humanos y un bramido que se repetía cerca de una construcción vieja que años atrás había servido como punto de vigilancia No sabían si alguien se estaba escondiendo ahí o si un animal grande había tomado esa parte del cerro como refugio.

17:13 Las órdenes eran simples, subir, revisar cada tramo y confirmar qué estaba generando esos reportes. íbamos cuatro yo iba al frente porque ya conocía la zona por operativos anteriores dejamos el vehículo en una parte donde la tierra estaba más firme desde ahí se veía la vereda que subía en línea recta antes de dividirse en dos una hacia un grupo de piedras grandes y la otra hacia la construcción abandonada El terreno tenía tierra suelta, vegetación baja y zonas donde el viento dejaba líneas de polvo acumulado. La subida era corta, pero el sol pegaba fuerte en las partes sin sombra. El aire estaba seco y cada paso levantaba polvo.

17:59 Avanzamos en fila con el arma cargada. Desde los primeros metros se notaba que esa parte del cerro no tenía movimientos regulares. No se escuchaban pájaros ni se veía rastro de animales pequeños. Era extraño, porque en esa zona siempre había zorras, conejos o aves. Mientras seguíamos subiendo, uno de mis compañeros señaló un punto en el suelo, donde la tierra estaba más blanda. Me acerqué y vi una pisada grande. La forma no correspondía a un perro ni a un coyote. La separación entre una marca y otra mostraba que el animal tenía un paso largo y pesado. Unos metros adelante encontramos dos ramas partidas a la altura del pecho. No estaban secas ni dobladas por el viento. Las habían quebrado durante un movimiento rápido. Ese detalle nos obligó a avanzar con más cuidado. Cuando llegamos a una zona con piedras grandes, el olor cambió por completo. Ahí se percibía un olor fuerte, similar al de un animal que marca territorio. Era un olor reciente. A unos pasos encontramos hierba aplastada, como si algo se hubiera echado ahí varias veces. La tierra estaba removida y había marcas profundas, hechas con fuerza. Revisamos el perímetro y seguimos subiendo hacia la construcción vieja. Desde ahí se podía ver gran parte del cerro. la estructura estaba dañada pero todavía servía como punto de observación me moví

19:30 hacia una roca grande para tener un mejor ángulo y en ese momento escuché un movimiento rápido a la derecha apunté de inmediato Entre los matorrales salió un animal cubierto de pelaje oscuro. Al principio pensé que era un perro grande, pero cuando levantó el pecho para cambiar de dirección me di cuenta de que era más alto de lo normal. El cuerpo era grueso, las patas eran largas y el movimiento que hizo levantó tierra suelta. Caminaba en cuatro patas, pero la forma en que giró y subió a una roca mostraba fuerza y agilidad fuera de lo común. se quedó en lo alto de la roca observándonos no emitió ningún sonido ni adoptó una postura agresiva simplemente nos veía desde arriba con las orejas levantadas y el cuerpo firme No parecía tener miedo ni intención de huir. Nosotros tampoco avanzamos, mantuvimos posición, porque quería observarlo bien, antes de tomar cualquier decisión.

20:33 El pelaje se movía ligeramente con el viento, y los ojos se veían claros por el reflejo de la luz. No había sombra alrededor que distorsionara su tamaño, lo veíamos tal cual era. Cuando intenté acercarme para tener una visual más precisa, el animal bajó de la roca de un salto y se metió entre los matorrales. No corrió hacia nosotros ni hacia la parte más alta. Se movió en diagonal, como si buscara mantener la distancia exacta desde donde pudiera vigilarnos. Escuchábamos sus pasos moviendo ramas, pero no lo vimos salir de nuevo. esa conducta no era normal un animal salvaje huye o ataca pero este se quedaba cerca vigilando decidí no avanzar más hacia la parte alta sin reportar primero reunía al equipo y bajamos por la misma vereda mientras descendíamos el olor fuerte volvía en distintos puntos lo que indicaba que ese animal pasaba por ahí con frecuencia no vimos huellas de sangre ni restos de otros animales así que no podíamos decir que estuviera herido o alimentándose cerca lo único claro era que ese cerro le pertenecía las marcas en el terreno lo demostraban Cuando llegamos al vehículo, revisé por última vez la parte alta del cerro, antes de abrir la puerta. En ese momento, escuchamos un bramido grave.

22:02 Fue un sonido largo y profundo. No era un ladrido, ni un aullido, ni un gruñido común. Ese sonido llenaba todo el espacio alrededor y no dejaba dudas de su origen. Levanté la vista y vi movimiento entre las piedras grandes. El animal estaba ahí, en una posición más alta que la anterior, observándonos nuevamente, nadie habló. El sonido lo decía todo. Ese bramido no era una advertencia leve, era una señal directa de que ese cerro era su territorio. No nos estaba cazando ni huyendo, estaba marcando su límite, y el mensaje era claro. Subimos al vehículo y pedí al operador que reportara lo que habíamos visto. Describió las huellas, los movimientos, la altura estimada del animal y la zona donde lo encontramos.

22:55 Mientras hablaba, yo seguía mirando hacia arriba. El animal seguía en el mismo punto, inmóvil. No avanzó, no retrocedió, solo nos observaba y, cuando arrancamos, seguimos viéndolo por unos segundos a través del retrovisor. Luego la vereda se curvó y lo perdimos de vista. Durante el trayecto de regreso no dije nada, estaba repasando cada detalle, su tamaño, su postura, el olor, las huellas, el bramido. Nada coincidía con un animal común, y sabía que tendríamos que volver y revisar a fondo ese cerro, porque lo que encontramos ahí no era algo que pudiéramos ignorar en un reporte simple. Ese lugar estaba siendo protegido por algo que no quería compañía, y nosotros estábamos a cargo de descubrir por qué. Regresamos dos días después con otro grupo. Las órdenes eran claras, revisar todo el cerro y confirmar si el animal seguía ahí.

23:55 No era una revisión superficial, querían que cubriéramos cada vereda, cada zona de piedras y cada entrada natural que pudiera servir como refugio. Esta vez no íbamos cuatro, éramos siete, todos con el mismo equipo y con indicaciones de moverse en parejas para no dejar espacios abiertos. El ambiente estaba igual de seco que la primera vez, el polvo se levantaba con facilidad y el calor comenzaba a sentirse más fuerte desde la parte baja. En vez de usar la vereda principal, subimos por una entrada distinta que rodeaba el cerro por la derecha. Esta ruta era más amplia al inicio, pero se estrechaba conforme avanzábamos. Desde la mitad del camino encontramos tierra removida en varios puntos. eran montones pequeños como si algo hubiera rascado más arriba vimos restos recientes de animales eran huesos limpios y parte de un cuerpo pequeño tal vez un conejo o una zorra todavía tenía partes frescas Eso confirmaba que la criatura seguía usando esa zona para alimentarse o marcar territorio. El olor era más fuerte que en el primer ascenso. No teníamos duda de que el animal había pasado por ahí. Continuamos subiendo y llegamos a una parte donde había piedras grandes que formaban pasillos naturales.

25:21 era un punto perfecto para ocultarse avancé al frente con otro compañero y cuando entramos entre esas piedras escuchamos un movimiento rápido a la izquierda giramos al mismo tiempo y lo vimos el animal salió desde detrás de una roca cruzó dos metros de tierra suelta y se metió entre otro grupo de piedras antes de que pudiéramos apuntar bien el movimiento no fue una sombra ni un reflejo Fue el cuerpo completo, pasando frente a nosotros con fuerza. Se veía más grande que la primera vez y más aterrador. Avisé por radio que teníamos contacto visual y avanzamos hacia donde se había metido. El grupo se alineó en semicírculo para rodear el área. La criatura salió de golpe desde una parte alta, bajó por una roca y corrió directo hacia uno de nosotros antes de que lográramos cerrar el círculo.

26:16 El impacto fue directo. Lo escuchamos cuando el cuerpo del animal chocó contra él. No lo mordió ni lo rasguñó. Simplemente lo derribó con la fuerza del golpe. Mi compañero cayó de espalda y rodó hacia la tierra suelta, mientras levantaba los brazos para cubrirse. En cuanto vimos eso, abrimos fuego. Las detonaciones rebotaron entre las piedras. El animal recibió varios impactos porque su cuerpo se sacudió y cambió de dirección con brusquedad. No cayó, y corrió hacia una parte del cerro, donde había una cavidad estrecha. desde la distancia se veía como una entrada formada por dos rocas inclinadas avanzamos rápido mi compañero ya estaba de pie tenía el aire cortado por el golpe pero podía caminar su chaleco había detenido gran parte del impacto el animal dejó gotas de sangre espesa en el camino y marcas profundas hechas con las patas delanteras eso nos facilitó seguirlo llegamos a la entrada de la cavidad y el olor era más fuerte que en cualquier otra parte del cerro. La entrada era tan estrecha que solo podíamos pasar uno a la vez. Encendí la linterna y avancé con cuidado. La cavidad era baja con paredes disparejas que mostraban marcas de garras en varios puntos.

27:38 La sangre continuaba hacia el fondo, formando pequeñas gotas que se unían en un camino claro. Dentro, el aire estaba caliente y no corría ninguna corriente. A unos metros lo vimos. Estaba recostado de lado, con el pecho moviéndose de forma pesada. No emitía gruñidos ni hacía gestos. Respiraba fuerte, como si cada movimiento le costara esfuerzo. El pelaje estaba pegado al cuerpo por la sangre y la tierra. Su tamaño era más evidente en ese espacio reducido. La cabeza era grande y las patas delanteras estaban extendidas. No intentó levantarse cuando nos vio. Solo movió los ojos hacia la luz de las linternas. No había nada humano en su comportamiento. Era un animal herido. No podíamos disparar dentro porque el espacio era demasiado estrecho y el sonido rebotaría en las paredes.

28:33 Retrocedimos unos pasos para obligarlo a moverse hacia afuera. Levanté piedras pequeñas y las lancé hacia atrás del cuerpo de la criatura para que reaccionara. No pasaron ni dos segundos cuando se levantó de golpe. Su movimiento fue brusco y fuerte. salió hacia la entrada empujando con las patas arrastrando parte del cuerpo contra el suelo de la cavidad salimos nosotros también retrocediendo para dejar espacio cuando llegó a la entrada intentó incorporarse para correr hacia la parte abierta del cerro ahí fue donde abrimos fuego los disparos impactaron en el pecho y la cabeza el cuerpo cayó de inmediato frente a la cueva levantando polvo y moviendo piedras pequeñas hacia los lados No hubo movimientos posteriores. Se quedó tendido con las patas extendidas y el torso fijo. Nos acercamos con precaución y revisamos el cuerpo para asegurarnos de que ya no había reacción. El animal era más grande de lo que habíamos visto en el primer ascenso. Tenía el cuerpo pesado, el pelaje grueso y varias cicatrices viejas en los costados.

29:42 La sangre formaba una mancha oscura alrededor. El impacto con el compañero y los movimientos entre las rocas explicaban las marcas nuevas. Confirmamos que ya no respiraba y avisamos por radio que el objetivo estaba abatido. El grupo se distribuyó alrededor para asegurar toda la zona. Algunos revisaban la cavidad, otros vigilaban las entradas naturales a los lados. La sensación no era de triunfo ni de alivio, era una confirmación clara de que ese animal había estado protegiendo ese cerro con una conducta diferente a cualquier especie conocida en esa región.

30:23 Terminamos de rodear el cuerpo y nos quedamos ahí, asegurando el punto, mientras esperábamos instrucciones para moverlo. Cuando confirmamos que el animal ya no tenía movimiento, comenzamos con el procedimiento para retirarlo del cerro. No podíamos dejarlo ahí, porque las órdenes eran llevar el cuerpo para su revisión. Traíamos una lona militar gruesa en la camioneta, así que dos del grupo fueron a bajarla. mientras los demás nos quedamos asegurando la zona. Desde arriba, el cerro estaba completamente en silencio. El polvo suspendido por los disparos ya se había asentado y no se escuchaba ningún movimiento en las veredas cercanas.

31:04 La cavidad donde lo encontramos seguía abierta, pero no había ruidos dentro. Todo estaba fijo, como si esa parte del cerro hubiera quedado vacía después del enfrentamiento. Cuando llegaron con la lona, extendimos el material sobre una parte del suelo, donde la tierra estaba más firme. Nos acercamos al cuerpo y lo revisamos una vez más, para asegurarnos de que no hubiera reacción. No había respiración ni movimiento en el pecho. El cuerpo estaba tibio por la sangre reciente. Lo agarramos entre varios porque era demasiado pesado para moverlo solo con dos personas. Las patas eran largas y gruesas con músculos visibles bajo el pelaje. La cabeza era grande, con el hocico ancho y las orejas levantadas. El pelaje era oscuro y abundante, cubierto en varias partes por tierra y sangre.

31:59 Tenía unas garras enormes que lo hacían ver muy aterrador. Era un animal real con características físicas que no coincidían con ninguna especie conocida de esa región. Lo movimos con cuidado para acomodarlo sobre la lona. Su peso se sentía más cuando intentábamos levantar la parte del torso. Dos levantaron por las patas delanteras y otros dos por la parte trasera. El cuerpo cayó sobre la lona, con el sonido de un bulto pesado al tocar el suelo. Ajustamos las orillas y, con las manos, levantamos los extremos para envolverlo lo suficiente y poder arrastrarlo sin que el cuerpo quedara expuesto. Caminamos en grupo, jalando la lona por la vereda. La tierra suelta hacía que la lona se atorara en algunas piedras, así que tuvimos que detenernos varias veces para destrabarla. Aún así, avanzamos de forma constante hasta llegar al punto donde estaba la camioneta. La camioneta era de caja descubierta. Quitamos una mochila y un par de herramientas para hacer espacio. Luego levantamos el cuerpo entre varios, hasta apoyarlo en la orilla de la caja. Fue un esfuerzo pesado, porque la rigidez del cuerpo dificultaba acomodarlo bien. tuvimos que hacer tres intentos hasta que logramos subirlo estiramos la lona y la dejamos bajo el cuerpo para evitar que la sangre se mezclara con la superficie de la caja uno de los compañeros

33:29 amarró las orillas para que no se moviera durante el trayecto cuando todo estuvo listo nos subimos y tomamos el camino de regreso Desde atrás sentíamos los movimientos bruscos cuando la camioneta pasaba por zonas irregulares. Yo iba en la parte trasera vigilando que el cuerpo no se desplazara. El cerro se alejaba lentamente. Esa parte alta donde se había movido el animal horas antes ya no mostraba actividad. No había nada siguiendo la camioneta ni escuchamos ningún sonido que indicara presencia de otro animal. Llegamos a un punto acordado, donde ya había un grupo de oficiales esperando. Al ver la camioneta, algunos se acercaron para revisar el cuerpo sin desmontarlo aún. Uno de ellos nos informó. que ese animal era un Nahual y llevaba años rondando ese cerro. Nos dijeron que varios pobladores lo habían mencionado en reportes anteriores.

34:29 Describían movimientos nocturnos, bramidos graves y huellas grandes en la tierra. También que sus animales se perdían por las noches, o que amanecían destrozados en sus terrenos, pero nunca habían podido confirmar su existencia, porque nadie lo había visto lo suficientemente cerca. Lo conocían por los ruidos aterradores, y por los restos de los animales encontrados, era algo indescriptible. porque ningún animal común podría hacer esas heridas y esas marcas de mordida tan grandes. Ese cerro se había mantenido sin visitas durante meses por ese mismo motivo y ahora entendían que los rumores no eran exageraciones. Nos pidieron asegurar el cuerpo dentro de un área delimitada, así que bajamos la lona con cuidado y la colocamos en una zona marcada por piedras.

35:20 Un grupo de oficiales tomó fotos, revisó la cabeza, las patas y el torso. No encontraron marcas de herramientas ni señales de que alguien lo hubiera criado. Todo apuntaba a un Nahual, que había tomado ese territorio como suyo. Terminada la revisión inicial, nos dieron la orden de retirarnos y dejar el área, para que un equipo especializado se encargara del siguiente paso. Subimos a la camioneta y tomamos el camino de regreso al destacamento. Durante el trayecto no hablamos mucho, cada uno iba repasando lo que habíamos visto, el impacto contra mi compañero, las huellas, la fuerza con la que corría entre las piedras y la forma en que nos vigilaba desde arriba. Todo coincidía en un solo punto. Ese cerro le pertenecía y lo había defendido hasta el final.

36:12 Tres días después regresamos al cerro para hacer una última revisión. Las órdenes eran confirmar que no hubiera más movimientos ni más nahuales que atemorizan a los pobladores. Subimos por la vereda principal y encontramos la misma tierra suelta, pero sin señales recientes. Las ramas partidas seguían ahí, pero no había nuevas. Tampoco encontramos restos de animales, ni olor fuerte como la primera vez. Subimos hasta la parte alta y revisamos cada zona. La cavidad donde lo encontramos seguía abierta, pero ya no tenía rastro de sangre. Todo se veía seco y sin actividad.

36:55 Recorrimos las dos entradas del cerro sin encontrar nada que indicara que otro Nahual estuviera usando ese territorio. El ambiente estaba quieto, pero no como la primera vez. Era un silencio natural del cerro, no uno marcado por la presencia de un Nahual vigilando. Caminamos de regreso hacia la camioneta sabiendo que ese operativo estaba terminado. No recibimos más reportes de ruidos ni movimientos. Ningún poblador volvió a mencionar bramidos en la noche, ni huellas grandes cerca de sus tierras. Esa fue la última vez que subimos a ese cerro por ese tema. El operativo quedó cerrado y la zona se mantuvo en calma desde entonces. No hubo más avistamientos ni señales nahuales similares. Para nosotros fue un encuentro directo con algo desconocido, algo aterrador, incluso demoníaco. Y para los pobladores fue el final de la presencia que los había marcado durante tanto tiempo. Todo comenzó cuando yo tenía 11 años.

38:07 Tenía dos hermanos menores, uno de 7 y otro de apenas dos meses, y dos hermanos mayores de 15 y 17 años. Éramos una familia pobre, y mi padre hacía todo lo posible por mantenernos a flote. Pero, a pesar de su esfuerzo, teníamos muchas carencias. Una de las más notorias era el lugar en el que vivíamos. Solíamos rentar sitios muy baratos, pequeños y mal mantenidos, donde apenas cabíamos. Nuestra vida en la ciudad fue así durante años, hasta que un día mi padre llegó con una noticia inesperada. Mi abuelo había muerto. Jamás lo habíamos conocido. Ni siquiera sabíamos gran cosa de él.

38:51 Mi padre nunca hablaba de su familia. Hoy en día, si le pregunto, evita profundizar. Solo menciona que su padre no era un buen hombre, que era codicioso y frío. Yo apenas sabía que tenía un abuelo paterno. Por parte de mi madre, sí teníamos relación con nuestros abuelos y un tío, pero por el lado de mi padre, nada. Él siempre decía que no tenía hermanos ni primos y que su padre seguía vivo, pero no lo visitábamos ni él nos visitaba. Para fines prácticos, yo siempre creí que no tenía abuelo. Esa tarde, mi padre anunció que el viejo había muerto y que le había dejado su rancho como herencia. Fue una sorpresa para todos, incluido él. Según lo que nos contó, cuando se fue de casa en su juventud, hubo una pelea tan fuerte que su padre le juró que, si cruzaba esa puerta, jamás recibiría nada de él. Y mi padre aceptó, rompiendo cualquier lazo que aún los uniera. Y ahí estaba el testamento. No solo le dejaba el rancho, sino que este venía con animales y sembradíos funcionales. Nuestra suerte podría cambiar en un instante.

40:03 Aún así, mi padre se mostró indeciso. Dejar la ciudad y todo lo conocido no era fácil. Pero pronto se dio cuenta de que sería una tontería dejar pasar esa oportunidad por simple orgullo. Mi madre también lo animó, convencida de que tal vez el abuelo quería hacer las paces al final de su vida. Fue así como empacamos nuestras pocas pertenencias y nos mudamos al rancho. El sitio era enorme, y no lo digo por exagerar. Podías correr sin ver el fin del terreno. Todo era muy rústico, hecho de madera envejecida. Era un mundo completamente diferente al que estábamos acostumbrados en la ciudad. Pero ninguno de nosotros se quejó.

40:46 Mi madre nos llenó de esperanza, repitiendo una y otra vez que nuestra vida iba a mejorar, que todo estaría bien. Cuando entramos por primera vez, el lugar tenía un olor raro, una mezcla entre encierro y hierbas secas, como si toda la casa hubiera estado cerrada por años. Recordaba a esas tiendas naturistas. El olor no era fuerte, pero estaba en todas partes. Aún así, mis padres restaron importancia y dijeron que sólo hacía falta abrir las ventanas. Mis hermanos y yo corrimos por el lugar. Mis padres nos habían prometido que cada uno tendría su propia habitación, por lo que fuimos corriendo a escoger la mejor. Yo fui hasta el fondo de la casa, donde encontré un cuarto no muy grande, pero acogedor. Me gustaban los espacios pequeños. Había una cama enorme y un viejo armario. Me asomé dentro por curiosidad y encontré viejos abrigos y un álbum de fotografías. Eran fotos de mi abuelo, en su mayoría, junto a personas que no reconocía. Era raro que algunas tenían los ojos tachados, pero lo ignoré cuando vi que en algunas aparecía mi padre cuando era niño. Le llevé el álbum, pero él no pareció emocionado. Lo miró con indiferencia y me dijo que lo dejara donde lo había encontrado. Esa misma noche, durante la cena, mi padre nos explicó que todos tendríamos que ayudar en el rancho. No había dinero para contratar peones,

42:17 cada uno debía aportar. Nosotros no teníamos idea de cómo manejar un rancho, pero él había vivido allí gran parte de su infancia y parecía saber lo suficiente. Lo dejamos guiar. Esa noche no pude dormir. No era porque el lugar fuera nuevo o extraño, yo estaba acostumbrado a dormir en cualquier parte, sino porque algo me inquietaba. Escuchaba pasos, pero no pasos humanos, pasos cuadrúpedos, como si un animal caminara dentro de la casa. Mirara donde mirara, no veía nada. También escuchaba ruidos provenientes del closet, como si algo se arrastrara dentro. Era un niño miedoso, por lo que no me atrevía a levantarme. Me tapé con las cobijas, deseando que se hiciera de día. Los ruidos no se detuvieron hasta que amaneció. Quise mencionar todo esto en el desayuno, pero ni mis hermanos ni mis padres parecían haber pasado una mala noche, y no quería ser el que comenzara a decir cosas malas sobre aquella nueva oportunidad que estábamos teniendo.

43:24 Simplemente dejé que el día continuara sin decir nada más. Mi primera tarea en el rancho fue darle de comer a los animales, más específicamente a unos borregos, unos cerdos y una cabra que se encontraba sola en un corral, casi al fondo. Estaba alimentando a los animales sin ningún problema hasta llegar a la cabra. Cuando la vi, todo fue tan raro. Nunca había visto un animal tan extraño en mi vida. Ya había visto cabras antes, pero sus ojos no parecían los de una cabra. Se asemejaban más a los ojos de un ser humano. Esos ojos me seguían por todos lados. Me siguieron mientras le daba agua y mientras le daba de comer. Me sorprendió que no se abalanzara contra el comedero una vez que la comida estuvo ahí. como lo habían hecho el resto de los animales.

44:12 Ella simplemente me miraba. No había visto cabras antes y nunca me había percatado mucho de su comportamiento. Quería creer que así se comportaban algunas. Tenía un poco de miedo. Mi padre me había advertido que podían ser agresivas, por lo que debía tener cuidado, pero ella solo se quedó ahí mirándome fijamente. Cuando pude terminar de darle de comer y volví a mirarla directamente para ver si me seguía viendo, vi que sonrió. Fue una sonrisa muy extraña. No fue para nada como sonríen los animales. Eso me dio un escalofrío en todo el cuerpo. Di media vuelta. Me eché a correr hasta llegar con mis hermanos. Ellos parecían estar bien y a pesar de que me dijeron que me veía pálido y me cuestionaron qué había pasado, yo no quise decirles nada. Sabía que comenzarían a burlarse si les contaba que había escuchado a la cabra hablar, no solo porque era imposible, sino porque comenzarían a molestarme diciendo que le tenía miedo a una cabra. Solo les dije que me había mareado un poco por el aroma a los animales, lo cual fue una explicación suficiente para ellos. Todo ese día no pude dejar de pensar en aquel animal. Le pregunté incluso a mi padre si los animales podían llegar a imitar sonidos que parecieran voces. Él ni siquiera me prestó mucha atención. Estaba muy ocupado reparando muchas cosas que necesitaba el rancho. Creo que no entendió mi pregunta, pues lanzó un supongo que sí, y luego me dejó ahí

45:45 antes de que le preguntara cualquier otra cosa. Esa fue mi primera experiencia en ese lugar. Me he encargado de preguntarles a todos los que vivimos ahí su primera experiencia. Y, si bien no todos recuerdan exactamente la primera, todos sí vivieron cosas raras en ese sitio. A pesar de que no quieren hablar sobre eso, logré convencerlos de contarme algunas. Luego de escucharlas todas, creo que he organizado las más importantes en orden cronológico. Creo que yo fui el primero en experimentar algo raro con la cabra y lo siguiente le pasó a mi madre una semana después de llegar al rancho. Me cuenta que se encontraba lavando los trastes mientras todos nosotros realizábamos tareas en el rancho. de pronto con el rabillo del ojo alcanzó a ver a alguien caminando directo a la casa al principio pensó que se trataba de mi padre pues era un hombre muy alto justo como él pero algo en él y en el hecho de que llevaba un sombrero la hizo dudar un poco mi padre siempre solía llevar una gorra inmediatamente se dio vuelta para ver mejor a esta persona y aunque no alcanzó a ver la cara pues se perdió en las escaleras del pórtico Pudo ver que no vestía para nada como mi padre había estado vestido ese día. Parecía tener una camisa y unos pantalones de mezclilla gastados. Lo que más le incomodó fue cuando escuchó claramente cómo la puerta se abrió y cerró de un portazo. Ella, asustada,

47:18 tomó un cuchillo de la cocina y caminó directamente a la puerta. pero cuando llegó allí no vio a nadie había sido demasiado rápido como para que la persona hubiera podido ir a otra habitación sin que ella la hubiera visto a pesar de eso revisó en cada uno de los cuartos sin encontrar absolutamente a nadie me dice que estaba bastante convencida de que había visto y escuchado entrar a alguien Pero era como si simplemente se hubiera desvanecido en la entrada. Una vez adentro, no quiso contar nada a mi padre. No parecía haber un problema real. Pensó que tal vez estaba cansada o que solo lo había imaginado.

47:59 Una vez más, lo dejó pasar como todos nosotros. Lo siguiente le ocurrió a mi hermano Brandon, de 17 años. Él me cuenta que había hecho algunos amigos cercanos, muchachos mayores, los cuales lo habían invitado a una fiesta en unas casas más abajo del rancho. Sabía que mis padres no le darían permiso de ir. Decidió escabullirse una vez que todos estábamos dormidos. Eso no fue complicado para él y dice que se fue y simplemente se la pasó bien. Antes de volver, planeaba entrar por la ventana de su cuarto para no despertar a mis padres, cuya habitación estaba muy cerca de la puerta. Tenía todo preparado, solo tenía que pasar por el corral de las vacas, las cuales eran tres. Había pasado por ahí mismo al irse, por lo que ni siquiera le prestó atención a las vacas cuando volvía. Cuando estaba pasando por allí, escuchó claramente un sonido, como si alguien quisiera llamarle la atención. Se giró inmediatamente, pensando que tal vez mi padre lo había atrapado. Pero cuando volteó, no vio a nadie, no veía más que a las vacas allí. Aún así, continuó intentando averiguar quién había hecho ese sonido. Al no ver a nadie, decidió continuar su camino. Apenas se dio la vuelta, volvió a escuchar el sonido, pero esta vez vino acompañado de una clara voz, la cual asegura que era yo, o más bien dicho, mi voz llamándolo por su nombre. se giró

49:33 algo molesto creyendo que tal vez yo lo había visto cuando se fue y que le estaría jugando una broma se giró y caminó directamente al corral diciéndome que no jugara que ya estaba advertido y que saliera de una vez pero no me veía se paró incluso junto a los tubos del corral solo para darse cuenta de que solo quedaban dos vacas las cuales estaban quietas en el extremo cuando me cuenta esto dice que literalmente parecían estatuas ni siquiera parecían respirar sus ojos brillaban un poco con la luz de la luna pero solo eso, lo miraban directamente. Entonces empezó a buscar con la mirada a la tercera vaca, la cual no parecía estar por ningún lado. Pensó en ir a buscarla, pero también pensó que ni siquiera debería estar allí para empezar, fuera lo que fuera lo que le hubiera pasado a aquella vaca. Pensó que no era su problema, olvidando incluso que había escuchado mi voz. Caminó de vuelta para entrar a la casa. se alejó lo suficiente de los establos pero volvió a escuchar mi voz llamándolo por su nombre harto se dio la vuelta diciendo que iban a descubrirnos a ambos y no me callaba pero se quedó a mitad de esa oración pues cuando lo hizo me cuenta que vio a la tercera vaca la cual al igual que las otras dos se encontraba quieta como una estatua a escasos metros de él estaba

51:03 fuera del corral y solo lo miraba No sabía cómo es que la vaca había salido del corral. Caminó incluso un par de pasos para meterla de vuelta. Pero cuando lo hizo, la vaca retrocedió un poco y entonces pareció intentar ponerse de pie. Mi hermano me dice que no está jugando cuando me dice que, literalmente, esa vaca intentó ponerse en dos patas. Me decía que sus movimientos eran torpes, toscos, como si le costara demasiado. La vio intentándolo y le dio tanto miedo. miedo imaginar que lo lograra que corrió directamente hacia la ventana la abrió y entró a la casa me cuenta que estuvo bajo las sábanas el resto de la noche escuchando mi voz del otro lado de la ventana al mismo tiempo que escuchaba ruidos de vacas y también de vez en cuando escuchaba como si tocaran la ventana asegura que le pedía dejarme pasar pues tenía mucho miedo de que mi padre nos descubriera No se levantó para nada. Sabía que quien fuera que estuviera afuera no podía ser yo. Simplemente ignoró todo hasta que los primeros rayos del sol comenzaron a filtrarse por su ventana.

52:16 Los sonidos cesaron y para cuando él tuvo el valor de abrir la ventana nuevamente, no había nada. Salió de su cuarto solo para darse cuenta de que yo estaba profundamente dormido en mi cama. y por lo visto nuestro padre había ido a ordeñar temprano las vacas y aún no había notado la ausencia de esa tercera por lo tanto todo parecía estar en orden y aunque mi hermano había quedado muy traumatizado con todo eso Sabía que no podía contarle a nadie, no solo porque no creía que mis padres lo creerían, sino también porque no tendría que haber estado despierto ni afuera de la casa a esas horas de la noche, y sabía que se metería en problemas si contaba lo sucedido. Razón por la cual no lo hizo. La siguiente vez le pasó a mi hermano Antonio, el de siete años, que era el que menos responsabilidades tenía en el rancho. Era muy pequeño para realizar cualquier tipo de actividad pesada. Comúnmente le ayudaba a mi padre con las herramientas o haciendo algunos mandados para nosotros o para mi madre. Recuerda absolutamente todo, aunque era muy pequeño, pero me dice que mi padre lo mandó a buscar un martillo y unos clavos, lo cual él obedeció de inmediato.

53:35 Esto se encontraba en un muy viejo y deteriorado cuarto que mi abuelo utilizaba para guardar herramientas, y mi padre lo usaba para lo mismo. Estaba un poco apartado de todo, pero funcionaba muy bien para guardar todas las cosas que no sabíamos dónde poner. Mi hermano le daba un poco de miedo ir a ese sitio, pero mi padre lo había mandado. No tenía ninguna otra opción. Me dice que entró al lugar y allí olía muy mal. Si tuviera que ponerlo en una palabra, podría describirlo como huevos podridos. Se apresuró a encontrar el martillo, lo cual hizo rápidamente. Se disponía a salir cuando escuchó su nombre. era la voz de una mujer no era la voz de mi madre ni nada parecido pero si era la voz de una mujer volteó de inmediato y en el sitio no había luz lo único más cercano a luz era la que se filtraba a través de las ventanas las cuales al estar muy sucias no ayudaban demasiado me dice que detrás de él había una mujer sentada en una vieja silla ella tenía una veladora en las manos la cual a pesar de estar encendida no parecía emitir luz mi hermano siempre llevaba consigo una pequeña lámpara que había sacado de una caja de cereal sin pensarlo demasiado la iluminó directamente y me dice que algo que jamás ha podido olvidar son los ojos en blanco de esa mujer la cual sonreía de una manera grotesca literalmente era una sonrisa

55:07 de oreja a oreja No tenía ninguna otra expresión más que eso. Sostenía la vela entre sus manos y parecía estar mirándolo. Volvió a decir su nombre, pidiéndole que se acercara. Mi hermano gritó con todas sus fuerzas, pero la puerta estaba atrancada. Me dice que golpeó y pateó mientras aún podía escuchar a la mujer detrás de él. Fue hasta que por fin fue escuchado por mi padre, quien le abrió la puerta desde afuera. mi hermano intentó explicarle lo que había visto pero mi padre entró iluminó todo adentro y no vio nada como mi hermano era muy pequeño no supo explicarse del todo bien y mi padre pensó que tal vez había visto una rata o algo lo había asustado mi hermano era muy miedoso Y a veces quería ver películas de terror con nosotros, y eso hacía que se sugestionara mucho. Por esa razón, aunque él fue uno de los que habló sobre lo que pasaba, mi padre no lo tomó para nada en serio. Esto otro le sucedió a mi padre. Me cuenta que había ido a beber con algunos amigos de la infancia. Me dice que se pusieron al día, y eso hizo que se quedaran hasta muy tarde. Eran casi las dos de la mañana, y estaba algo tomado y cansado cuando regresaba. Mientras caminaba hacia la casa, pudo ver cómo, entre las pacas de alfalfa, había una persona muy alta. Me dice que su primer pensamiento fue pensar que alguien se había metido, por lo

56:39 que inmediatamente le gritó que ya lo había visto y que se largara si no quería tener problemas. Esta persona parecía estar bastante tranquila ahí, de pie, dándole la espalda. Por lo que mi padre, siendo el hombre que es, siempre dispuesto a pelear, comenzó a caminar hacia el hombre de forma amenazante, diciéndole que se largara, que si quería robar no encontraría nada ahí, cuando lo tocó por el hombro y este se giró con horror. Pudo ver que la cara del hombre era la de un burro. Mi padre, sorprendido, cayó al suelo y se desmayó. Fue despertado por los rayos del sol golpeando su rostro. Estaba muy alterado, pero en ese lugar no había otras huellas ni nada parecido.

57:24 Solo estaban las suyas y nada más. dice que entró a la casa y cada vez que cerraba los ojos se le venía a la mente aquel hombre aún así se repetía a sí mismo que eso no podía ser cierto que seguramente había imaginado todo debido a su borrachera y es que nosotros ni siquiera teníamos un burro era absurdo siquiera pensar eso Fue entonces que no mencionó nada a nadie de ese momento, claro, lo dejó simplemente como una experiencia ocasionada por la borrachera. Lo siguiente me sucedió a mí. Como dije antes, soy el hijo del medio, lo que quiere decir que a veces era demasiado pequeño para juntarme con los hermanos mayores, o muy grande para juntarme con los menores. Yo, por mi parte, siempre quería seguirle el paso a mis otros dos hermanos mayores, los cuales solían pasar mucho tiempo juntos. Había escuchado cómo éstos habían encontrado un sitio donde poder fumar sin que mi padre los viera. Mi hermano incluso se jactaba de que en ese sitio era fácil que le vendieran los cigarrillos, pues ni siquiera le pedían su identificación. A mí nunca me llevaban a aquel lugar en donde ellos aseguraban que fumaban, y siempre que intentaba seguirlos, ellos se daban cuenta y me hacían a un lado o simplemente ya no iban hasta que yo me alejaba. Me sentía algo excluido y en serio quería ir con ellos, porque quería ser como ellos.

58:56 un día mientras me encontraba limpiando unos corrales comencé a escuchar dos voces que yo creía que eran mis hermanos parecían estar hablando entre ellos de una forma baja como si murmuraran razón por la cual no entendía muy bien lo que decían Pero inmediatamente pensé que si estaban hablando de esa manera era porque no querían ser descubiertos y la razón por la cual esto era así era porque estaban fumando. Inmediatamente dejé todo lo que estaba haciendo para ir a donde estaban las voces, pues pensé que una vez que yo estuviera ahí... no les quedaría otro remedio más que invitarme a estar con ellos. Pero mientras más me acercaba, pude darme cuenta de una cosa. Las voces sonaban menos como las de mis hermanos. No podía reconocer las voces, pero aún así continué. Cuando por fin llegué al origen de estas, me quedé pasmado al ver que allí se encontraban dos cerdos, los cuales en el momento en que yo me asomé, ambos se giraron a verme.

1:00:03 Sus ojos eran muy grandes, ni siquiera pude reconocer a los cerdos, aunque, mientras más lo recuerdo, creo que sí eran los que teníamos nosotros. Me miraron directamente, casi como si hubieran sido descubiertos. Miré para todos lados intentando encontrar una explicación, intentando ver a más personas que pudieran pertenecer a las voces que había estado escuchando, pero no importó cuánto intentara voltear. No pude ver a nadie más que aquellos cerdos. Quise mantener un poco la calma, pero mi cerebro solo podía decirme a mí mismo que tenía que salir de allí, que esos cerdos estaban hablando. Las voces habían sido muy claras como para confundirlas con sonidos de cerdos.

1:00:47 Era casi lo mismo que me había pasado el primer día con esa cabra. Me di media vuelta y comencé a caminar. Quise hacerlo lo más natural posible, casi como si no me importara. En mi mente creía que podía engañar a los cerdos de que yo no había escuchado nada. No di más de cinco pasos cuando escuché claramente una de las voces. Corrí tan rápido como mis piernas me lo permitieron. Solo para que se den una idea, donde yo estaba, podía tardar hasta 15 minutos caminando de vuelta a la casa. Y yo estaba en la casa en menos de 5 minutos. Sentía que mis pulmones ardían, estaba muy cansado, pero solo allí me sentí seguro. Eso sí, se lo conté a mi papá y le dije lo que había visto y cómo los cerdos habían hablado, pero él me dijo que no fuera ridículo. Que los animales no hablaban, que solo había sido uno de mis hermanos intentando jugarme una broma. Incluso llamó a mis hermanos. Estaba molesto diciendo que dejáramos de hacer juegos estúpidos. Fue cuando me di cuenta de que tal vez no fui el primero que comentó algo. En ese momento, probablemente mi padre ya había escuchado historias similares de mis otros hermanos, y él quería ponerle fin a eso, diciendo que si se nos ocurría hacer otra broma de esas, cualquiera de nosotros sería castigado severamente.

1:02:15 Ese día fue cuando mis hermanos me contaron un poco por encima las experiencias que les he contado anteriormente, lo que me lleva a la anécdota de mi hermano. O la cual, creo yo, fue una de las peores. Incluso me mostró una herida que tenía en el pie, la cual aún conserva la cicatriz hasta el día de hoy. Esto le pasó a mi hermano Fausto. Él había quedado con un amigo algo tarde. claramente había salido de la casa sin permiso pero a diferencia de mi otro hermano el cual entró por la puerta principal del rancho él casi cruzó los límites por la parte trasera pues esa era la forma más rápida de llegar a la casa de su amigo Me dice que se lo había pasado muy bien con esto y que ya iba de regreso.

1:03:02 Había cruzado la cerca y tenía que pasar por casi todos los corrales. Comenzó a escuchar pasos que parecían estar detrás de él. Lo primero que se le vino a la mente fue que había sido descubierto por nuestro padre y que seguramente le daría un buen castigo. Le pareció algo extraño que él no le ordenara nada, y lo más raro de todo era que los pasos, al prestarles más atención, parecían más como los de pezuñas, solo que no eran pasos cuadrúpedos. No podía ser cierto, y ya que él siempre había sido alguien bastante temerario, se dio la vuelta para afrontar a mi padre y terminar todo de una buena vez. Pero cuando lo hizo, vio lo que parecía ser una mujer, la cual tenía los pies de una cabra. mi hermano cuenta que eso ni siquiera era lo más impactante de esta cosa sino sus manos a pesar de ser casi en su totalidad las de un ser humano le arrastraban literalmente y tenía los ojos muy abiertos tanto que no creía que tuviera párpados también su cara era extrañamente alargada casi como sacada de una caricatura más bien dicho de una pesadilla el miedo lo paralizó por un breve instante mientras la observaba a detalle antes de que su cerebro diera la orden a sus piernas de que tenía que irse de ahí por lo que comenzó a correr pero aquella mujer también corrió y fue mucho más rápida de lo que él podía hacer Dice que lo alcanzó enseguida, con una de sus largas

1:04:35 manos lo tomó muy fuerte de uno de los pies, haciendo que este cayera al suelo y comenzara a ser arrastrado por esa cosa, la cual se reía. Me dice que su risa era bastante espeluznante, pues era como dulce pero al mismo tiempo malvada. También parecía estar salivando, casi como si ya estuviera saboreándoselo. Él empezó a intentar sujetarse donde pudo, pero aquella cosa era muy fuerte. Fue entonces cuando comenzó a patearla, y fue de esta forma que logró que lo soltara. Se puso de pie nuevamente y corrió. Me dice que pudo llegar al término de los corrales, cerca de donde teníamos atado a uno de nuestros perros.

1:05:19 Podía escuchar sus pasos apresurados y lo único que se le ocurrió fue soltarlo. El perro no lo pensó ni un instante para salir corriendo en esa dirección. y mi hermano no se quedó a ver el resultado. Dice que entró a la casa, no volvimos a ver al perro, y él hasta la fecha se culpa por eso. Creo que para este punto se preguntarán exactamente qué pasaba ahí. Bueno, si encontramos respuestas a esto, más bien dicho, las encontré yo, con mi hermano pequeño, quien había estado muy pegado a mí desde lo que había pasado. Más que nada porque no quería estar solo. Yo era el que menos lo rechazaba en aquel entonces. Recuerdo que, para entretenernos un rato, pues no había mucho que hacer ese día, le propuse jugar con un viejo detector de metales, el cual ni siquiera funcionaba en realidad, pero el punto ahí era solo pasar el rato. Fingíamos que sonaba en un lado y excavábamos un poco antes de continuar haciéndolo. pero en otro lado.

1:06:24 Estuvimos haciendo eso por un rato hasta que encontramos algo. Cuando escarbábamos, mi hermanito estaba moviendo la tierra con sus manos cuando me dijo que había algo ahí. Pensé que podía ser una botella o una lata de algo, como ya habíamos encontrado antes, pero me dijo que era otra cosa. Bueno, cuando me acerqué, era una bolsa de tela, como un pequeño costalito, el cual parecía tener cosas dentro. Obviamente lo terminamos de desenterrar y la sacamos. Estaba muy bien amarrado, de hecho tenía al menos tres hilos atándolo, uno rojo, uno negro y uno café. Corté los hilos con una navaja que tenía, estaban muy apretados. Lo que vimos adentro fue algo que nos impactó demasiado. Había muchas cosas, como piedras, las cuales eran distintas, como minerales. También había un frasco, el cual estaba entremezclado con una sustancia rojiza que siempre he pensado que era sangre, y dentro del mismo parecía haber fotografías. Yo pude ver claramente cómo una de esas fotos era la de mi hermano mayor. Esto hizo que inmediatamente quisiera abrirlo, pero me dio un poco de miedo en ese momento. Solo continué revisando las cosas. Pude ver que había más fotos nuestras, atadas con diferentes tipos de lazos.

1:07:44 Era casi como si fuéramos parte de un embrujo o algo así. No entendía mucho sobre esto. Mis padres nunca nos habían hablado al respecto, y lo único que sabía era por las películas que había visto. metí todo de vuelta al saco y fuimos a mostrárselo a mis padres les dijimos dónde lo encontramos y todo mi padre fue a ese mismo sitio y aunque no me lo dijo hasta tiempo después descubrió más en el lugar encontrando tres costales más con fotografías tanto de él como de mi madre y más de nosotros algunas de esas fotografías ni siquiera eran de nosotros posando Eran tomadas sin que nosotros nos diéramos cuenta. Mi padre se veía molesto y preocupado al mismo tiempo. Nunca voy a olvidar eso. Incluso había una foto de mi hermano, esa era solo una, la cual estaba junto con mi madre. Pero era más que claro que era una foto en la que querían enfocarlo a él. A pesar de que nos dijeron que no nos preocupáramos, yo tengo un recuerdo de escuchar una conversación de mi padre con mi madre, en la cual decía que ya había escuchado algunos rumores en el pueblo. pero que se negaba a creer algo así. También recuerdo algo sobre que el abuelo era muy avaricioso y que aquellas tierras estaban malditas. Cuando desenterramos eso, fue el peor día de todos. Yo tardé mucho en dormir, pero pude hacerlo.

1:09:12 pero fui despertado cerca de las tres de la madrugada por gritos eran gritos de mi madre y gritos de mi hermano pequeño la puerta de mi cuarto estaba abierta a todo lo que daba y eso era extraño porque yo siempre la cerraba antes de dormir me levanté muy extrañado queriendo saber qué estaba pasando apenas puse los pies sobre el suelo comencé a escuchar nuevamente aquellos pasos cuadrúpedos me encontraba de pie pude alcanzar fácilmente el interruptor para encender la luz Hasta hoy en día creo que me hubiera gustado no hacerlo, pues pude ver claramente de qué se trataba. Y es que, en el techo, y hablo de literalmente caminando en el techo como si fuera una araña, había una mujer, una mujer con los ojos en blanco, que me miraba directamente. Salí corriendo del cuarto tan rápido que ni siquiera recuerdo haberlo hecho. Solo sé que corrí hacia la puerta de mi hermano pequeño, el cual era el más cercano, pero su puerta no abría, a pesar de que él parecía querer salir con ganas. Comencé a golpear la puerta hasta que rompí la cerradura y pude salir.

1:10:25 Este señalaba hacia adentro y me decía que había una mujer de brazos largos, la cual le había arañado el brazo. Para ese momento mi casa era un caos. Mis hermanos habían salido de sus habitaciones, se veían asustados y con toda la intención de abandonar ese lugar lo más pronto posible. Mi madre era la que más gritaba y escuchamos disparos y ruidos antes de salir de la casa. Nos dimos cuenta de que mi madre y mi padre ya se encontraban afuera. Mi padre estaba muy agitado, con su escopeta en la mano, y mi madre apenas si podía hablar, pero logró juntar las palabras suficientes para que entendiéramos lo que estaba pasando. Algo se había llevado a mi hermanito.

1:11:11 Mi padre no nos dijo nada. Comenzó a correr, creo yo, que intentando alcanzar a aquella cosa, pero no la encontró. Esa noche sobran las palabras. No volvimos a entrar a la casa. Mi padre nos llevó con uno de sus amigos de un rancho cercano, quienes nos dieron asilo por esa noche. Cuando despertamos al día siguiente, mis hermanos y yo notamos que mis padres no estaban, y el amigo nos aseguró que solo habían salido un momento y que volverían pronto. Cuando regresaron, se veían pálidos, tristes. Mi madre aún lloraba porque no habíamos encontrado aún a mi hermano. Nos dijeron que teníamos que ir con ellos y que jamás volveríamos al rancho. Fuimos llevados con una curandera, o así le llamó mi papá. Fue una mujer que nos hizo muchas cosas con un pirul y huevos, y también nos dio beber algo que sabía horrible, pero mis padres nos dieron la orden de no escupirlo y terminarlo todo.

1:12:11 En ese momento no nos dijeron mucho al respecto, solo que teníamos que obedecer. Pero cuando fuimos siendo un poco más grandes, mi madre nos dijo que habían llevado lo que encontramos en los costales con aquella mujer, la cual, bastante alterada, había dicho que nos habían dado de ofrenda, y que quien lo había hecho no había sido nada más que mi propio abuelo. Aquella mujer conocía perfectamente a mi abuelo. Decía que era un hombre avaricioso, que le gustaba el dinero fácil y que había prometido su alma a más de una entidad a cambio de tierras y riqueza. Fue muchísimo más de lo que podía dar y él lo sabía. Es por eso que les prometió a estas entidades almas jóvenes, los cuales éramos nosotros. Claramente esa fue la razón por la cual había dado el rancho a mi padre. porque quería que fuéramos allí, a que esas cosas que andaban en el rancho nos llevaran. La curandera también aseguró que aquel pacto por nuestras almas era para que la suya también fuera liberada y pudiera escapar sin consecuencias de sus actos. Afortunadamente estábamos bautizados, salvo por mi hermano menor, quien sí fue llevado por una de estas entidades.

1:13:27 La curandera aseguró que no había mucho que hacer más que intentar rezar por su alma, para que no fuera consumida por las mismas. Nos prohibió volver a ese rancho, sobre todo a nosotros, pues aseguraba que si lo hacíamos, ahora que estábamos en alerta, seguramente no saldríamos de ahí jamás.