Nov. 24, 2025

Mi Mamá Le Abrió La Puerta Y La Bruja Entró A Nuestras Vidas - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Yo vivía en esa casa desde que nací. Éramos mi mamá, mi papá, mi hermana menor y yo. La casa estaba en una calle larga, con casas pegadas una junto a la otra, casi del mismo tamaño, con bardas bajas y ventanas con protectores. A un lado vivía una señora mayor, que casi no salía, y del otro lado una familia con varios niños que jugaban afuera por las tardes. Cuando me asomaba a la ventana casi siempre veía lo mismo. Alguien barriendo la banqueta, señoras conversando frente a la tienda de la esquina, niños que regresaban de la escuela con mochila o iban a hacer mandados. Todo era muy repetido hasta que llegó la nueva vecina. La casa donde se instaló llevaba tiempo vacía. Antes vivía ahí una pareja que se fue de un día para otro. Dejaron la casa sola y nadie supo bien por qué. Durante meses la vi cerrada. con las cortinas caídas y el patio lleno de hierbas secas. Una mañana escuché ruido de cosas que arrastraban y puertas que se azotaban. Me asomé y vi una camioneta vieja estacionada afuera. Un hombre descargaba muebles y bolsas grandes. Ella estaba parada junto al portón, mirando cómo bajaban todo. Desde ese momento me llamó la atención su forma de ver las cosas. No observaba la calle en general.

1:31 Iba fijando la vista casa por casa. Cuando volteó hacia mi ventana y me encontró viéndola, no retiró la mirada de inmediato. Se quedó viéndome varios segundos hasta que me hice a un lado. No sonrió. Solo me miró con una atención que me incomodó. Los días siguientes la vi acomodar sus cosas. No tenía muchos muebles. Una mesa, algunas sillas, un par de muebles viejos y varias bolsas grandes de plástico. No se escuchaban otras voces ni risas, no se oía televisión fuerte ni música. Aún así, cuando salía a la calle, se comportaba como si conociera a todos. Saludaba con la mano, se acercaba a las señoras y comenzaba a platicarles al poco rato y empezó a preguntar sobre todos los que vivíamos ahí en la cuadra. Yo notaba que volteaba mucho hacia mi casa. Cada vez que abríamos la puerta o salíamos a tirar la basura, volteaba a vernos. seguía con la vista nuestro recorrido hasta que entrábamos de nuevo era una mirada que se repetía tanto que empecé a estar pendiente de ella aunque no quisiera un día mi mamá me pidió que barriera la banqueta mientras barría la vi venir directo hacia mí caminaba despacio con una sonrisa amplia me preguntó mi nombre en qué grado iba y cuántos éramos en la casa contesté por educación pero noté que intentaba asomarse hacia el interior cuando la puerta quedaba un poco abierta. Le bastó muy poco tiempo para sacar varias

3:04 preguntas seguidas sobre nuestra familia. Esa misma tarde tocó la puerta para presentarse bien. Mi mamá la pasó a la sala. Yo estaba sentado en el sillón y vi cómo entró con la misma sonrisa marcada. Sus ojos recorrieron la sala, los muebles y el pasillo hacia los cuartos. Dijo su nombre y de inmediato preguntó el de cada uno de nosotros. Quiso saber en qué trabajaba mi papá, a qué hora llegaba o en qué turno íbamos a la escuela. Mi mamá respondió con naturalidad, pero a mí me quedó claro que ella estaba juntando demasiada información desde el primer día. Al día siguiente volvió. Esta vez llevaba una bolsa pequeña en la mano. Dijo que traía dulces para nosotros, para los niños de la casa, de parte de la vecina nueva.

3:55 Mi mamá la dejó pasar otra vez. Yo miré la bolsa. Venían muchos dulces revueltos, caramelos duros, paletas y chocolates. Algunas envolturas se veían arrugadas, otras parecían mal cerradas, sin marca clara. Aún así, mi mamá tomó la bolsa y me dijo que agarrara unos, pues no quería quedar mal con la recién llegada. Yo tomé varios y mi hermana también, y ella escogió los más llamativos. Probé uno de chocolate y un caramelo de sabor raro que no reconocí. No sabían exactamente mal, pero tampoco como los dulces que comprábamos en la tienda de la esquina. Pero al final me los comí sin decir nada. Unas horas después me empezó un dolor fuerte en el estómago. Al principio pensé que era hambre, pero el dolor se hizo más intenso. Fui al baño varias veces con diarrea y empecé a sentir náuseas. Mi hermana también se sujetaba el estómago y decía que se mareaba.

4:56 Mi mamá se preocupó, me tocó la frente y dijo que estaba caliente, así que decidió llevarnos al consultorio de la colonia. En el consultorio, el médico nos revisó y preguntó qué habíamos comido. Mi mamá describió el desayuno, la comida y al final mencionó los dulces que nos había dado la vecina nueva. El médico dijo que podía ser intoxicación por alguna cosa que trajeran esos dulces o por mala higiene al prepararlos. Nos recetó suero, pastillas para el dolor y reposo. Regresamos a la casa cansados y con el cuerpo débil. Yo me acosté en mi cama y empecé a ordenar los hechos. La vecina llevó dulces, los comimos y ese mismo día terminamos en el consultorio. No dije nada, pero en mi cabeza ya estaba clara la relación.

5:48 Al día siguiente me sentía un poco mejor, aunque seguía sin fuerza. Mi hermana todavía tenía molestias en el estómago. Cerca del mediodía escuchamos que tocaban la puerta. Cuando mi mamá abrió, era ella otra vez. Entró con interés directo en nuestra salud. Preguntó cómo seguíamos, si el medicamento había funcionado o si todavía nos dolía algo. Parecía más pendiente de nosotros que cualquier otro vecino. Mi mamá le dijo que el médico comentó que era algo que habíamos comido. La mujer le preguntó si creía que eran los dulces. Mi mamá le respondió que no sabía, pero que por ahora no nos iba a dar más. Yo la observaba desde el sillón y noté como la vecina me miró cuando oyó eso. La sonrisa seguía en su cara, pero se sentía forzada. Dijo que en otros lugares donde había vivido también acostumbraba regalar dulces. y que nunca había pasado nada grave, que a veces la gente inventaba cosas. Comentó que en su colonia anterior la llegaron a culpar por enfermedades raras después de que ella repartía comida, pero que todo había sido, según sus palabras, pura mentira. En vez de tranquilizarme, eso me dejó más inquieto. No es normal que alguien tenga esa misma historia detrás de cada mudanza.

7:15 Desde ese primer episodio ya no la vi solo como una vecina nueva. En mi mente se convirtió en una persona peligrosa que se acercó demasiado rápido a mi casa y que por alguna razón parecía interesada en saber todo de nosotros desde el principio. Después de lo que pasó con los primeros dulces en la casa se habló de ella varios días. Mi mamá decía que quizá había sido coincidencia, que también podíamos habernos enfermado por alguna cosa de la calle. Mi papá fue más directo y comentó que no le gustaba la manera en que esa mujer se metía en confianza tan rápido. Yo escuchaba todo desde la mesa y no decía nada, pero cada vez que recordaba el dolor en el estómago, la imagen de la bolsa de dulces volvía a mi mente, junto con la cara de la vecina.

8:05 A pesar de eso, ella siguió viniendo. No perdió la costumbre de tocar la puerta. Un día llegó con otra bolsa de dulces, aunque ahora también traía pan en una bolsa aparte. Dijo que lo había horneado ella, que era un detalle, porque habíamos estado enfermos. Mi mamá, por educación, la dejó pasar y aceptó el pan. Yo miré la bolsa con desconfianza. El pan tenía buen olor, pero la costra se veía demasiado dura en algunas partes, y el color no era muy parejo. Esa tarde mi papá probó una rebanada y dijo que sabía raro. Esa noche mi papá se acostó con dolor en la piel. Decía que sentía ardor en los brazos y en el pecho. Cuando mi mamá lo revisó, le encontró ronchas rojas como si se hubiera raspado con algo o como si le hubiera dado alguna alergia fuerte. Le subió la temperatura y pasó la madrugada inquieto. Le pusieron crema, pastillas y aún así amaneció débil. tirado en la cama quejándose del ardor. Yo recordaba de nuevo la bolsa en la mesa y me parecía que el patrón se repetía cada vez que aceptábamos algo de ella. Otro día llegó con fruta. Traía una bolsa con manzanas y plátanos. Dijo que los había comprado en oferta y que nos quería compartir. Mi mamá quiso rechazarla, pero al final tomó la bolsa, quizá para no iniciar

9:36 un pleito. Mi hermana, sin avisar, se comió media manzana en la tarde. En la noche, empezó con un picor fuerte en el cuello y los brazos. Al revisarla, mi mamá también le encontró ronchas y le dio medicamento para la alergia. Verla ahí rascándose, llorando por la comezón, aumentó mi coraje hacia esa mujer. Para mí ya no eran casualidades. Un día, la vecina llegó con algo diferente. Traía una bolsa con hierbas secas. Le dijo a mi mamá que eran buenas para relajarse, que podía hacer té en las noches para dormir mejor, sobre todo para el muchacho, refiriéndose a mí. Mi mamá no quería, pero la vecina insistió tanto que terminó aceptando la bolsa. Esa noche, cuando todos se fueron a acostar, mi mamá preparó el té, pensando que quizá eso sí era inofensivo. Me dio una taza y me dijo que lo tomara caliente para descansar mejor.

10:35 El sabor era amargo y extraño, pero me lo terminé. Esa misma noche tuve un sueño muy claro. En el sueño yo estaba acostado en mi cama, tal como estaba en la realidad. Veía mi cuarto igual, con la puerta medio abierta y la luz del pasillo apagada. En el marco de la puerta ella estaba parada. No hablaba, solo me miraba. y sus manos estaban abajo, quietas, y la cabeza ligeramente inclinada. Sentí que quería moverme o sentarme en la cama, pero el cuerpo no respondía. La veía ahí, quieta, observándome sin parpadear. No era una imagen borrosa, era como si de verdad hubiera entrado al cuarto. Cuando por fin logré mover un brazo y respirar más fuerte, desperté sudado, con el corazón acelerado. La puerta estaba igual de entreabierta, pero no había nadie. Aún así, la sensación de que ella había estado en mi cuarto se me quedó pegada todo el día siguiente. La situación en la casa empezó a dividir opiniones. Mi mamá decía que podían ser nervios, que tal vez yo me había sugestionado con lo que había pasado. Mi papá decía que ya era demasiada coincidencia, que siempre hubiera un problema. después de que esa mujer aparecía con una bolsa en la mano. Mi hermana, más chica, solo repetía que ya no quería comer nada de lo que ella trajera. Yo, cada vez que la veía llegar,

12:09 sentía que venía con un problema escondido. Empecé a fijarme más en su rutina. Desde mi ventana veía su casa y noté que recibía visitas que no se quedaban mucho tiempo. Personas que entraban rápido con bolsas y salían igual de rápido. casi sin hablar con nadie más de la calle. A veces los veía llegar con la cabeza baja, sin mirar hacia los lados. No eran vecinos de siempre, eran rostros que no conocía. No la veía convivir con las demás familias de manera normal. Se acercaba sobre todo a quienes tenían algún enfermo en casa, o a quienes se quejaban de problemas económicos o de pareja. A ellos les hablaba más tiempo como si les ofreciera soluciones. Conforme pasaron los días, empecé a escuchar comentarios en la tienda y en la calle.

12:59 Decían que en otra colonia donde había vivido antes, la llegaron a acusar de hacer trabajos para enfermar gente, separar matrimonios o provocar accidentes. Mencionaban que cobraba por ayudar a ciertas personas y que si alguien le caía mal, podía arruinarle la vida. Usaban frases concretas, que cobraba por hacer daño, que no era la primera vez que la veían llegar a un barrio, y todo empeoraba después. Yo escuchaba todo eso mientras compraba tortillas o un refresco, y sentía miedo al saber que hablaban de la misma persona que se paraba en nuestra puerta con una sonrisa y una bolsa en la mano. En nuestra casa empezaron a pasar cosas que ya no podía ver como normales, Una mañana, al abrir la puerta, vimos polvo pegado en el marco, como ceniza o tierra muy fina dibujada en una línea. Nadie de la familia había hecho eso. Otro día, al salir, encontramos una bolsa afuera, cerca del escalón. Dentro había dulces y entre ellos un listón que yo reconocí de inmediato.

14:10 Era un listón que había tenido guardado en una caja de mi cuarto. No tenía sentido que estuviera ahí. Mi mamá tiró la bolsa a la basura, pero yo pasé todo el día pensando en quién había entrado a mi cuarto y cuándo. En las noches empecé a despertarme con una sensación muy clara en el pecho. Sentía el cuerpo pesado, como si algo me aplastara, y por unos segundos no podía mover brazos ni piernas. Abría los ojos y alcanzaba a ver la forma de alguien parado cerca de la puerta o a un lado de la ventana, siempre en la misma zona. No distinguía la cara, solo la forma de un cuerpo quieto. Después de unos segundos, lograba moverme y la figura ya no estaba. Esa sensación de quedar atrapado en la cama se repetía varias veces por semana, siempre con el mismo detalle. La impresión de que alguien estaba ahí viéndome. Mi salud empezó a deteriorarse. Bajé de peso, me costaba trabajo terminar los platos de comida, y mi mamá decía que cada vez me veía más pálido. En la escuela me distraía, me costaba concentrarme en las clases y en las tardes me sentía sin fuerza para hacer tareas.

15:25 El problema dejó de ser solo nuestro cuando se enfermó el hijo de un vecino. Era un niño más chico que yo. Todos lo conocían porque jugaba en la calle casi diario. Un día la vecina le regaló dulces también, una bolsa parecida a la que había traído a nuestra casa. Pocas horas después, el niño empezó con vómito y mareos. Lo llevaron al hospital y ahí dijeron que estaba grave por una intoxicación. La noticia corrió rápido por la cuadra. En ese momento, sentí que lo que pasaba en mi casa se estaba extendiendo a todo el barrio y que ya no se trataba solo de mis sueños ni de mi estómago. Desde que el hijo del vecino se enfermó por los dulces, la colonia ya no habló de otra cosa.

16:12 y todos se referían a ella como la bruja decían que desde que llegó empezaron las enfermedades y cada vez que alguien contaba lo que le había pasado en medio de la historia aparecía lo mismo ella parada en la puerta con una bolsa en la mano en mi casa mis papás decidieron que eso se acababa acordaron no aceptar nada más ni dulces, ni pan, ni fruta, ni tés la siguiente vez que tocó la puerta llegó otra vez con una bolsa Mi mamá abrió pero no la dejó pasar y le dijo que ya no íbamos a recibir regalos de nadie. La bruja preguntó si también nosotros pensábamos que ella tenía la culpa de todo lo que estaba pasando.

16:57 Mi mamá respondió que solo era una decisión de la familia y nada más. La mujer apretó los labios, dio media vuelta y se fue, pero desde ese día su trato cambió. ya no intentó entrar pero siguió pasando frente a la casa volteaba directo hacia nuestra puerta a veces la encontraba parada más adelante viendo hacia nuestro lado de la calle pero no hablaba solo miraba una noche antes de dormir mi mamá me pidió que sacara la basura abrí la puerta y sentí algo bajo el pie era una bolsa sobre el tapete la levanté la miré y estaba cerrada con un nudo así que la llevé a la cocina Mi papá la abrió con unas tijeras y adentro había dulces revueltos y tierra húmeda pegada al plástico.

17:47 Entre los dulces había algo doblado. Lo sacamos y era una foto mía recortada, manchada de tierra y sangre seca. Era la foto que teníamos enmarcada en el mueble de la sala. Fui a revisar y el portarretratos estaba vacío. Mi mamá tomó la bolsa sin decir mucho. La metió dentro de otra más grande y se la llevó directo al basurero de la esquina. No la dejó en el bote de la casa. Mi papá se quedó serio, callado, con la foto todavía en la mano un momento. Y luego también la tiró. Yo dormí mal esa noche con la imagen de mi foto entre dulces y sangre. Sentí que ya no se conformaba con enfermarnos. Ahora nos estaba marcando de otra forma. A los pocos días me puse peor.

18:35 Me dio fiebre alta que no bajaba, dolor fuerte de cabeza y un cansancio que no había sentido antes. El cuerpo se me adormecía por partes. A veces no podía levantar bien los brazos o las piernas, y me costaba trabajo sentarme en la cama. El médico volvió a recetar medicinas, pero la recuperación fue lenta. Mi mamá se pasaba las noches pendiente de mí, y yo, acostado, pensaba que tal vez no iba a mejorar. Mientras yo estaba así, los vecinos siguieron hablando entre ellos. Empezaron a juntar historias. La señora que perdió un embarazo después de tomar un té que la bruja le dio para cuidarse. El niño del hospital que seguía grave y varias más. Aparte, le sumaron lo que pasaba en nuestra casa y lo que cada uno había visto afuera de la suya. Bolsas dejadas en la puerta. Polvo extraño en los marcos, gente desconocida que entraba y salía de la casa de ella. Una tarde, cuando el sol ya casi se metía, escuché gritos en la calle. No eran las voces normales del día, eran gritos fuertes, seguidos, como si mucha gente discutiera al mismo tiempo.

19:49 Me levanté como pude y me acerqué a la ventana. Frente a la casa de la bruja había un grupo grande de vecinos y algunos estaban armados con armas blancas. Gritaban que ya estaban hartos, que no querían más enfermos y que tenía que irse del barrio. Mi papá salió a la banqueta. Mi mamá se quedó en la sala conmigo, pero también veía hacia afuera. Los vecinos golpeaban el portón con fuerza. Le gritaban bruja y le decían que desde que llegó, todo se había puesto peor y que no la iban a dejar seguir haciendo daño. La puerta se abrió de golpe y ella se asomó. no traía la cara amable de los primeros días gritó que estaban locos que siempre la habían tratado mal que ella solo quería ayudar negó todo lo que le decían y aseguró que sus remedios servían que la gente se enfermaba sola los vecinos respondían con más gritos la acusaban de meterse a las casas de usar las fotos y de dejar cosas en las puertas ella miraba de un lado a otro rodeada de insultos la cosa se descontroló más La gente empezó a empujar el portón. Algunos levantaron más los palos.

21:00 Se veía que si nadie intervenía la iban a sacar a golpes. Al poco rato escuchamos sirenas. Llegaron patrullas y se detuvieron a mitad de la calle. Bajaron varios agentes y se metieron entre la gente. Calmaban a unos y hablaban con otros. Se acercaron a la puerta y hablaron con la bruja. Al poco tiempo salió con pocas cosas, pero esta vez no se quedó a ver a todos. Caminó directo hacia el coche y, cuando abrió la puerta del carro, volteó a nuestra casa y se quedó un segundo mirando. Luego se subió y se fue. Las patrullas la escoltaron hasta la esquina y el grupo de vecinos se fue soltando poco a poco. Los días siguientes fueron diferentes.

21:47 Mi fiebre empezó a bajar. Dormí mejor sin esa sensación de peso en el cuerpo. Recuperé un poco el apetito y mi mamá decía que ya no me veía tan pálido. En la puerta ya no aparecieron bolsas, ni tierra pegada, ni nada extraño. El niño del vecino también empezó a mejorar. La casa donde había vivido la bruja quedó otra vez vacía y nadie quiso rentarla durante mucho tiempo. Cada vez que paso frente a esa casa, recuerdo la brujería que hizo para nosotros y los vecinos. Nunca supimos a dónde se fue ni con quién, pero nunca volvió. Lo que sí quedó fue la desconfianza. Desde entonces, cuando alguien llega con una bolsa de dulces o comida de regalo, lo pienso antes de aceptar. No es que crea que todos son brujos, pero ya sé. Lo que puede esconder una sonrisa y una bolsa en la mano. Para mí, todo terminó el día que la sacaron del barrio. No volvimos a tener enfermedades raras, ni noches como aquellas. Lo único que sigue vivo es el recuerdo de la bruja que se fue mirando nuestra casa antes de desaparecer de la colonia para siempre. Quizá solo fue una amenaza o quizá algún día venga por mí. Crecí en un rancho apartado, lejos del pueblo. Las casas estaban separadas por parcelas y corrales.

23:20 Entre una y otra había tierra, cercos de alambre y animales. Desde niño me acostumbré a ver siempre lo mismo. El polvo en el camino, las vacas en los potreros, las gallinas sueltas, los árboles ralos cerca de los arroyos. Nuestra casa quedaba casi al centro del rancho. Vivía con mis papás y mis hermanos. El más pequeño era un bebé. En la misma parcela, unos metros más allá, vivían unos tíos que también eran como parte de la casa. Tenían un bebé pequeño, de brazos, y todas las tardes se escuchaba su llanto suave cuando pedía de comer o cuando lo cambiaban. La casa era sencilla. Teníamos cuartos amplios con camas y catres de fierro, un piso de cemento mal alisado, paredes de bloc y techo de lámina. Las ventanas eran de madera, con vidrios algo rayados y sin protecciones. Se abrían hacia adentro y tenían un seguro sencillo. Por la cocina, si uno se asomaba, se veía el cerro. De día se veía claro, pero de noche el cerro se veía como una sola masa oscura pegada al cielo. No se distinguía nada, solo una sombra grande. Desde chico escuché que en ese cerro vivía una bruja. Lo decían en las reuniones, en las pláticas, mientras tomaban café o arreglaban cosas en el patio. Decían que por ahí rondaba una mujer mala, que hacía brujería y que podía llevarse a los niños pequeños.

24:51 Al principio lo tomaban como algo para asustar a los más chicos. Mis primos mayores se reían y decían que eran cuentos, pero los adultos nunca lo negaban del todo. Solo cambiaban de tema o se quedaban serios por un momento. Con el tiempo empezaron a desaparecer bebés en el rancho. Primero fue uno de una casa lejana, casi hacia el otro extremo. Luego fue otro de una familia que vivía más cerca del arroyo. Yo escuchaba las pláticas de los mayores. Decían que no era normal que desaparecieran así, sin ruido, sin que nadie oyera pasos ni golpes en las puertas.

25:31 No encontraban huellas claras, no había cercos rotos ni nada. Solo un bebé que una noche estaba en su cuna y en la mañana ya no estaba. Empezaron a repetir que una bruja bajaba del cerro por las noches y que iba de casa en casa buscando recién nacidos. La primera vez que sentí que esa historia se acercaba a nosotros fue una noche en que me despertó el llanto del bebé de mis tíos. Dormíamos todos cerca. En un cuarto estábamos mi familia y yo, y en otro, a pocos metros, dormían ellos con el bebé. El llanto era distinto esa vez. No era el llanto normal de hambre o de pañal sucio. Sonaba más desesperado, agudo, como si el niño tuviera miedo. Me quedé escuchando y entre ese llanto escuché otra cosa. Afuera, del lado por donde se veía el cerro, se escuchó una risa. Al principio sonó lejos, como si viniera desde la ladera. Era una risa muy aguda, alargada, que se sostenía más de lo normal. No sonaba a persona divertida ni a borracho. Era una risa que molestaba, que se te metía al oído. Mientras el bebé seguía llorando, la risa empezó a sonar más cerca. Se oían pausas y luego otra vez, más fuerte, como si se moviera alrededor de las casas. Yo me quedé tieso en la cama, con la cobija hasta el pecho, escuchando. Después la risa se detuvo. Por un momento solo se escuchó el llanto

27:05 del bebé y de pronto comenzaron unos rasguños en una ventana. Sonaban claros, uñas largas raspando madera y vidrio. Y el sonido me recorrió entero. Sabía que no eran ramas, ni un animal cualquiera. Eso eran uñas. Me incorporé en la cama y el corazón me latía con fuerza. Volté hacia la ventana del cuarto. La luna alcanzaba a dar un poco de luz afuera y se veía la silueta de la ventana marcada contra la oscuridad. Y ahí la vi. Estaba pegada al vidrio. Era una mujer flaca con el cabello largo y enredado pegando la cara al vidrio. La piel se veía pálida y sucia. Tenía los ojos rojos muy abiertos, fijos hacia adentro del cuarto. no parpadeaba y la boca la tenía torcida en una sonrisa que dejaba ver dientes manchados como si tuviera sangre seca o tierra atorada entre ellos tenía las manos apoyadas en el marco de la ventana las uñas eran largas y gruesas de un color oscuro casi negro no parecían uñas descuidadas sino garras esas uñas eran las que raspaban la madera la veía moverlas despacio una y otra vez bajando y subiendo sobre el marco yo sentía el cuerpo pesado como si me costara trabajo moverme pero no dejé de mirarla en el cuarto mi papá se movió al escuchar el llanto del bebé y algún ruido extraño encendió la lámpara y

28:37 se levantó caminó hacia la ventana con la lámpara en una mano y el machete en la otra en cuanto se acercó la bruja desapareció hacia un lado cuando mi papá llegó al vidrio ya no había nadie Yo seguía viendo el marco, ahora iluminado por la lámpara. Se alcanzaban a ver las marcas frescas de las uñas, líneas profundas en la madera y rayas leves en el vidrio. Mi papá las vio y solo dijo que al rato revisaría por fuera. Días después corrió la noticia que nos terminó de convencer a todos. Al bebé de unos vecinos se lo llevaron de la casa. Vivían más arriba, hacia el lado del arroyo. La madre contó que lo dejó dormido en su cuna junto a la cama. Dijo que en la madrugada escuchó esa misma risa aguda y rascuños en la ventana del cuarto. No se levantó al momento porque pensó que era el viento o algún animal, pero el bebé lloró un rato y luego se quedó en silencio.

29:41 Cuando se despertó al amanecer y lo buscó, la cuna estaba vacía, la ventana estaba entreabierta, Y el marco tenía marcas de uñas, igual que las que yo había visto en mi casa. No había sangre dentro del cuarto, ni huellas claras. Los hombres del rancho se juntaron y fueron a buscar al bebé. Revisaron corrales, pastizales, veredas y el borde del arroyo. Yo no fui con ellos, pero supe lo que encontraron. Cerca de una vereda que sube hacia el cerro, localizaron una prenda del bebé tirada en el suelo. manchada de sangre seca. No había nada más, ni cuerpo, ni huellas de pasos claras. Nada. Ese hallazgo cambió el tono de las pláticas. A partir de ahí, nadie se refirió a ella como una historia para asustar. Empezaron a llamarla bruja abiertamente. Decían que venía del cerro, que se metía a las casas sin hacer ruido, y que se llevaba a los recién nacidos. El miedo ya no era solo de los niños, era de los adultos también. Desde que se juntaron todas esas historias, mi mamá empezó a cerrar mejor las puertas y las ventanas antes de que oscureciera.

30:55 Revisaba los seguros, acomodaba cosas delante de la puerta y ya no dejaba que el bebé durmiera lejos de su lado. Y mi papá dejaba el machete recargado junto a la cama. Yo dormía atento. Cualquier ruido me despertaba, sobre todo si escuchaba el llanto de mi hermano o el llanto de mi primo Una noche, mientras todos dormían, volvió a pasar. Mi hermanito empezó a llorar fuerte, como si alguien lo estuviera tocando o lo hubiera asustado. El llanto cortaba el aire del cuarto. Al mismo tiempo, se escuchó claramente la risa afuera. Se escuchaba pegada a la pared del cuarto, como si estuviera parada junto a nuestra ventana. Los rasguños empezaron otra vez, esas uñas largas raspando la madera. Yo volteé y la vi de nuevo. La bruja estaba pegada al vidrio, con los ojos rojos fijos en la cama donde estaba el bebé. La sonrisa se le marcaba más que la otra vez. Sus uñas iban y venían sobre el marco, como si ya no tuviera que esconderse de nadie.

32:03 Ahí cerró esa noche para mí, con la cara de ella observando a mi hermano y la risa clavada en el vidrio. Después de esa noche en la que vi otra vez la cara de la bruja pegada a nuestra ventana, el rancho ya no volvió a ser el mismo. Para entonces no se hablaba de un solo bebé perdido, sino de varios. Unos habían desaparecido de sus cunas sin ruido. Otros habían amanecido muertos sin que el médico pudiera explicar por qué. En casi todas las casas donde había bebés se repetían las mismas señales. Ventanas arañadas, rasguños en las puertas... y sobre todo la misma risa aguda en la noche viniendo desde el cerro. Yo escuchaba a los adultos hablar, decían los nombres de los niños que ya no estaban, y mencionaban las prendas, que aparecieron en veredas cercanas al cerro, todos con manchas de sangre. Comentaban que ya ni dormir servía de descanso, porque cada sonido los despertaba, pensando que la bruja estaba afuera. Las madres vivían pegadas a las cunas y los hombres se acostaban con machetes al alcance.

33:13 Mi papá fue de los primeros que se cansó del miedo. Una tarde lo vi plantado en medio del patio, llamando a gritos a los vecinos que alcanzaban a oírlo. Uno a uno fueron llegando hombres del rancho, con la cara seria. Explicó que nadie tenía un cuerpo que enterrar. que ningún padre tenía una explicación clara y que lo único que se repetía eran los rasguños, la risa y las prendas manchadas camino al cerro. Dijo que, si no hacía nada, la bruja se iba a llevar al siguiente. Todos estuvieron de acuerdo en que la cosa ya se había pasado del límite. Decidieron subir al cerro en grupo. No hablaron de ir a revisar nada por curiosidad. Hablaron de ir a acabar con lo que encontraran. Prepararon machetes, lámparas de mano, sogas y garrafones con gasolina. Mi mamá me miró con preocupación.

34:08 Me dejó claro que yo me quedaba con ella y con los niños, que ellos se encargarían de la bruja. Yo sabía que discutir no tenía caso, así que solo los vi alistarse. Cuando se hizo tarde, los hombres se juntaron frente a la casa y empezaron a subir por la vereda. Yo me quedé en el patio, viendo cómo se iban haciendo pequeños en la subida. Mi mamá se metió a la casa y cerró puertas y ventanas. Esa noche, el rancho estaba más callado que de costumbre. Las mujeres se quedaron dentro, cada una con sus hijos pegados al pecho, y todo quedó en silencio. Pasaron las horas y de verdad que yo no pegué el ojo. Cada vez que mi mamá se asomaba a la ventana, yo trataba de ver por detrás de ella. por si alcanzaba a notar alguna luz en el cerro, pero nada. Así estuvimos hasta que ya entrada la noche el aire cambió. No sé si fue el viento o la dirección del humo, pero de pronto olía algo distinto. Era un olor fuerte, pesado, que mezclaba carne quemada, tela y cabello. Se metió por las rendijas de la casa y nos hizo mirar hacia arriba otra vez. Mi mamá se persignó y yo entendí que algo importante estaba pasando allá arriba. Cuando por fin regresaron, escuchamos voces y pasos afuera. Mi papá entró primero, sudado, con la ropa manchada de tierra y algo más oscuro, y tenía los ojos muy abiertos. Nos sentamos en la mesa.

35:40 Mi mamá le sirvió agua y nos empezó a contar. Dijo que subieron por la vereda principal hasta que vieron un grupo de piedras grandes que formaban como una pared. Detrás de esas piedras, medio tapada con ramas, encontraron una entrada de cueva. Quitaron las ramas y entraron. Adentro, lo primero que vieron fueron cráneos acomodados sobre piedras, alineados como si alguien los hubiera puesto con cuidado. Algunos tenían restos de cera pegada encima, como si hubieran puesto velas sobre ellos. En un rincón, encontraron un montón de huesos pequeños, apilados, con manchas de sangre seca. Mi papá no tuvo que decir la palabra niños. Todos entendimos. En otra parte de la cueva había piedras planas manchadas de sangre seca, como si las hubieran usado de mesa para cortar carne o hacer sacrificios. Luego vio los muñecos. Eran figuras hechas con trapos y cuerdas, amarradas de manos y pies, clavadas con alfileres gruesos. Algunos llevaban ropa de bebé. Sobre una roca más alta habían colocado frascos grandes de vidrio llenos de líquidos oscuros. Adentro flotaban trozos de carne y cabellos mezclados con hierbas. El olor ahí dentro, me dijo, era una mezcla de sangre vieja, humedad y podredumbre. Mientras revisaban todo eso, uno de los hombres reconoció una prenda, una playera de

37:12 rayas que había pertenecido a su hijo, y otro identificó una cobija. Ahí en esa cueva estaban las cosas de los bebés que el rancho había perdido. Cuando avanzaron con las lámparas hacia el fondo, la vieron. Estaba parada al final de la cueva, flaca, encorvada, con el cabello largo y sucio cayéndole por la cara, la piel arrugada, pegada al hueso y los ojos rojos, del mismo tono que yo había visto en la ventana de mi cuarto. Tenía las manos caídas a los lados, pero las uñas seguían siendo las mismas, largas, negras y gruesas. Cuando se dio cuenta de que la habían encontrado, empezó a reírse. Mi papá dijo que la risa sonó igual que en las noches del rancho, solo que ahora rebotaba en las paredes de la cueva y se hacía más fuerte. No se quedó callada y les habló directo. Les dijo que los niños no iban a volver, que sus hijos ya eran parte de lo que estaba ahí adentro, que por más que la mataran no iban a encontrarlos. Les dijo que ese cerro era suyo, que ahí hacía lo que quería.

38:23 Algunos hombres dudaron un segundo, pero la rabia les ganó. Uno de ellos se le fue encima con el machete levantado. La bruja lo arañó en la cara con una mano y le abrió tres líneas profundas de la frente a la mejilla. Otro intentó sujetarla y ella le clavó las uñas en el pecho, tirándolo hacia atrás. Al final se juntaron varios contra ella. la tiraron al suelo y la sujetaron de brazos y piernas. Mi papá dijo que se sentía fría al tacto, pero nada más, nada raro. Era un cuerpo real que se retorcía, escupía y seguía riéndose, aunque le saliera sangre por la boca. No quisieron oír más.

39:06 Uno de los hombres empezó a vaciar la gasolina sobre la bruja, otros la derramaron sobre los cráneos, los muñecos, las bolsas con ropa, los frascos y las piedras manchadas, prendieron fuego y agarró rápido, las llamas empezaron a subir por el cuerpo de la bruja, y mi papá habló del olor con la cara seria, carne quemada y cabello todo mezclado, el humo llenó la cueva, y tuvieron que salir casi de inmediato, cubriéndose la cara con las camisas, desde afuera vieron como el humo negro salía por la entrada, esperaron a que el fuego bajara, Cuando solo quedaron brasas y cenizas, empezaron a tirar piedras grandes a la entrada, hasta taparla por completo con tierra y rocas. Dijeron que nadie volvería a entrar ahí. Esa misma noche, en el rancho, no se escuchó la risa. No hubo rasguños en las ventanas.

40:02 Los bebés que quedaban durmieron toda la noche. Mi hermano no lloró como antes, ni mi primo. Mi mamá dijo que sentía la casa distinta. como si le hubieran quitado algo de encima. Al día siguiente, los hombres se juntaron otra vez en el patio y contaron lo que habían visto en la cueva, y la cara de la bruja y la forma en que se rió, incluso cuando el fuego la alcanzó. Las madres lloraron al saberlo porque entendieron, por fin, qué había pasado con sus hijos. Supieron que ya no estaban perdidos en el monte, ni escondidos en alguna parte, sino que habían terminado en esa cueva, en manos de esa bruja. Les dolió y mucho, pero también les dio una certeza. Ella ya no iba a regresar a buscar a nadie más. Desde ese día no desapareció ningún otro bebé en el rancho. El cerro siguió ahí, grande y oscuro por las noches, pero nadie volvió a hablar de subir a buscar la cueva. La consideraron una tumba sellada. Yo crecí con esa historia. A veces, cuando cierro los ojos, todavía recuerdo los rasguños en nuestra ventana, la cara pegada al vidrio y la risa que se colaba por las rendijas. Sé que la bruja murió quemada allá arriba. Lo único que quedó fue el recuerdo de lo que hacía con los niños y la advertencia de no confiar en cualquiera. Y que el mal está en todas partes, que las brujas existen y yo mire a

41:32 una junto a mi ventana. Yo nunca he sido lo que se podría denominar una mujer hermosa. No me malentiendan, no es que sea alguien fea, pero por lo general pasaba desapercibida para los demás. Mi mamá, en cambio, sí era una mujer muy bonita que apreciaba la belleza externa. Y fue por eso que en el tiempo en el que yo ya debía de comenzar a tener citas, y al ver que yo no tenía novio, ya teniendo casi 17 años, ella comenzó a presionarme. Bueno, la verdad es que ya llevaba haciéndolo desde hace unos años, más o menos desde que cumplí 15. Ella insistía en que utilizara maquillaje y otro tipo de ropa para que de esa manera los muchachos me voltearan a ver. Solo que a pesar de sí hacerle caso, porque al fin de cuentas era ella quien me compraba todas estas cosas y por obvias razones la que me metía estas ideas en la cabeza. Yo nunca conseguía un novio. Había un par de muchachos a los cuales llegué a medio interesarles, pero perdieron el interés por mí muy rápido y jamás llegamos a formalizar en nada.

42:46 A lo mucho, en toda mi etapa de secundaria y preparatoria, llegué a tener tres citas que nunca pasaron de la primera. Esto me acomplejaba principalmente por mi mamá. Creo que si hubiera tenido otro tipo de influencia, tal vez no me hubiera molestado tanto. Pero mi mamá constantemente resaltaba el hecho de que aún no tenía un novio, que debía de apresurarme, que desperdiciaba mi juventud y todas esas cosas. Y para cuando llegué a la universidad, mi mamá se volvió todavía más insoportable al respecto, llegando al punto que ya yo siendo una persona con más autonomía y creyendo que podía ser lo suficientemente fuerte para ponerle límites, Le dije que no me interesaba conseguir una pareja y que tal vez ese era su idea de vida perfecta, pero no la mía.

43:38 Aunque a decir verdad, sí era del todo honesta conmigo misma. Yo sí quería una relación en mi vida. Yo sí tenía este sueño de convertirme en madre y casarme en una iglesia, pero no era algo que me robara el sueño. No sé si me doy a entender. Claro que me gustaría tenerlo, Pero si no pasaba, también me daría igual, porque lo último que yo quería en esta vida era estar al lado de una persona que no quisiera exactamente lo mismo que yo. Tenía bastantes amigas y mi vida no era mala. El día de la graduación, donde tus padres y familiares estaban invitados a la ceremonia, mientras estábamos sentados mirando todo, mi madre no dejaba de mirar alrededor hasta que su vista se posó en un muchacho que yo no conocía. Nunca había cruzado palabras con él. Es más, ni siquiera recordaba haberlo visto en la universidad. Era claro que estudiaba ahí, pero nunca habíamos hablado para nada. Era muy bien parecido y, siendo una persona tan superficial como lo era mi madre, comenzó a tratar de decirme que debería acercarme a él. Yo solo le respondía que no, que quería pasar mi graduación en paz y celebrarla con mis amigas. En algún momento, cuando la ceremonia terminó, la cara me ardió de vergüenza. Después de perder a mi madre por casi media hora, la encontré hablando con él.

45:03 En mi interior, yo sabía exactamente lo que estaba haciendo porque no era la primera vez que hacía ese tipo de cosas. Sabía que estaba intentando conseguirme una cita con ese muchacho, el que yo no conocía de nada. Lo peor fue que empezó a llamarme para que fuera con ellos. Yo me negué, pero caminó hacia mí diciéndome que ya tenía todo listo, que tendría una cita esa noche y demás cosas. Él se veía muy incómodo. nos dejó solos para que habláramos entre nosotros y una vez que se fue yo le dije al muchacho que no tenía que salir conmigo y que mi mamá a veces podía ser muy intensa pero que le aseguraba que yo no quería nada con él que estaba bien si no quería salir y él lo aceptó de inmediato me dijo que no quería salir conmigo después de eso nos despedimos claro que me dolió pero ya estaba más que acostumbrada a este tipo de situaciones Iba a ir a comer con mi mamá y papá antes de pasar la noche con mis amigas.

46:05 Subí al auto y comencé a reclamarle a mi mamá por lo que había hecho. Fue ahí que me di cuenta de que en su mano traía esa banda que se cuelga en la toga de graduación. Solo que yo sabía que no era mía porque yo seguía trayéndola conmigo. Le pregunté de quién era y ella pareció no saber qué responderme al inicio, pero enseguida me dijo despreocupadamente que era mía. Yo le respondí que no y le mostré que traía la mía. Ella se encogió de hombros y dijo que, seguro, era de alguien que se le cayó y había pensado que era mía, restando la importancia al asunto. No sabía qué opinar al respecto, porque, si bien era algo un poco extraño, También era algo que mi mamá podría llegar a hacer. No le di más importancia al asunto.

46:56 Creo que este recuerdo quedó sepultado en mi memoria hasta años después. Para no alargarme más de lo necesario, un par de semanas después de esto, una amiga mía me llamó. Ambas estábamos buscando trabajo en nuestras respectivas ramas. Nos llamábamos mucho en caso de que viéramos algo que le pudiera interesar a la otra. Pensé que esta era una de esas llamadas. pero cuando empezó a hablar supe que no era para eso. Me dijo que un amigo de ella le había dicho que alguien había estado preguntando por mí y quería saber si quería que diera mi número. Me extrañó un poco. Como mencioné antes, no era que yo tuviera estas conversaciones seguido. Es más, era la primera vez que me pasaba. Ella me dijo que era un muchacho muy lindo. Yo, sintiéndome por primera vez elegida, acepté, pensando que sería muy bueno. Lo único que sabía era su nombre.

47:51 Se llamaba Gabriel y me había visto en la ceremonia de la graduación. Poco después de que le di a mi amiga permiso de compartir mi número de teléfono, él me marcó. Su voz se me hizo extrañamente familiar, solo que en ese momento no le di mucha importancia. Hablamos un poco y después de eso quedamos de vernos más tarde en un café cercano. No se lo quise contar a mi mamá porque sabía que haría todo un drama del asunto en caso de que no funcionara. Pero una vez que llegué al café quedé muy sorprendida. Era el muchacho que mi mamá había intentado conquistar para mí. Me vio, me sonrió. Ya no se veía para nada incómodo. Todo lo contrario, se veía hasta diferente aquel muchacho que yo había conocido ese día en la graduación, el cual se veía incómodo y de manera amable quería tratar de alejarme.

48:46 En esta ocasión, en serio, parecía estar muy interesado en estar ahí conmigo. La cita comenzó y empezamos a hablar. Yo me daba cuenta de que él era perfecto, pero no lo digo en el sentido convencional, sino que parecía sacado de un libro de romance. casi se podría decir que cada respuesta que me daba así como su conversación tan fluida había sido previamente ensayada y es que parecía estar muy enamorado de mí era algo que se podía notar mucho y ese fue el motivo por el que al inicio creí que tal vez mi mamá estaba detrás de eso otra vez la verdad es que la creía capaz hasta de haberle pagado a él para salir conmigo con la esperanza de que se enamorase de mí de verdad Sé que puedo sonar un poco exagerada, pero les juro que mi madre era ese tipo de persona. Después de la cita, yo estaba tan incómoda con este pensamiento que, después de despedirme, no quise seguir hablando con él. Pero él seguía buscándome una y otra vez. Estaba muy insistente.

49:52 No podría decir que fuera del tipo espeluznante, solo me decía que se la había pasado muy bien y que creía que yo también. Recuerdo que como él también me gustaba, fui con mi mamá y le pregunté acerca de él, diciéndole si había hecho algo para que se fijara en mí. Ella me juró que no, que ya no se había querido meter en esas cosas después de que le dije que me había avergonzado. No le creí. Pero creo que por aquel entonces, el estar siendo cortejada con tanta insistencia por alguien tan bien parecido como lo era él, me cegó un poco, y fue que le di la oportunidad de otra cita. Dentro de poco nos volvimos novios, nuestra relación era tan perfecta, él era un caballero, cada cosa que hacía, todos los detalles que me daba, me hacían sentir como la mujer más amada en todo el planeta, se llevaba bien con mi familia, yo me llevaba bien con la suya. Y cuando los dos estábamos más o menos establecidos tanto profesionalmente como de manera económica, decidimos casarnos.

50:57 Fue él quien me pidió matrimonio y la boda, tal y como podrán imaginarlo, también fue perfecta, como los dos la habíamos soñado. Tuvimos un par de gemelos más o menos a los dos años de habernos casado. Recuerdo que una madrugada nuestros hijos se despertaron llorando en la noche. Él se ofreció a ir para ver qué era lo que pasaba. me dijo que siguiera durmiendo. Solo que poco después de que se fue, me entraron ganas de ir al baño, me levanté. El baño de la casa pasaba justo por la habitación de mis hijos y recuerdo que mientras más me acercaba a la habitación, me daba cuenta de que se escuchaban llantos, pero no eran llantos de bebé, eran llantos de mi esposo. Me acerqué un poco más porque podía escuchar que decía algo. Solo que, entre sollozos, no lograba entender qué era lo que decía con exactitud.

51:50 Una vez que yo estuve parada en el marco de la puerta, escuché que decía cosas como que no sabía qué estaba haciendo ahí, que se quería morir, que ya no aguantaba más esa vida. No entendía qué era lo que estaba pasando. Él nunca había mostrado ningún signo de tener estos pensamientos, al menos no en mi presencia. Sin mencionar que, momentos atrás, cuando me había dicho que él iría a ver a nuestros hijos, había hablado de manera normal, tan amorosa y responsable como había sido nuestra relación desde siempre. No parecía haberse dado cuenta de que yo estaba ahí. Entré a la habitación y le toqué el hombro para hacerle saber que estaba ahí. Quería escucharlo, apoyarlo en lo que fuera que le estuviera pasando. Pensé que tal vez había recibido una mala noticia, alguna llamada o algo que lo había hecho ponerse así, pero justo lo tomé del hombro.

52:46 Él me volteó a ver asustado por el reflejo de la lámpara de noche que había en el cuarto. Podía ver que no me había equivocado, tenía los ojos llorosos y alguna que otra marca por haber llorado. Pero aún así, una vez que me vio, se secó las lágrimas casi como si quisiera ocultármelo y me sonrió, comenzando a hablar de manera muy natural, tal y como siempre me había hablado. Me preguntó si necesitaba algo, que ya me había dicho que él se encargaría de los bebés y que no debía de preocuparme. Claro que yo no iba a dejar las cosas así, yo sabía lo que había visto, no importaba cómo él estuviera actuando en ese momento. Y sin responder a ninguna de las cosas que me había dicho, le pregunté qué le ocurría y por qué estaba llorando.

53:35 Él me dijo que no estaba llorando, que todo estaba bien y que no tenía ningún motivo para llorar. Dijo que tenía un buen trabajo, unos hijos maravillosos y sobre todo que me tenía a mí. Comenzó a alabar diferentes aspectos de mi personalidad. pero yo no me iba a quedar conforme con eso. Era claro que algo le pasaba, a pesar de lo buen actor que era. Me refiero a que la forma en la que me hablaba era como si yo estuviera loca, y lo que había visto no hubiera pasado en realidad. Le insistí por más tiempo, pero él no dejaba de negarlo, llegando al punto en el que yo me molesté. Empezamos a tener una pequeña discusión. Bueno, discutir es mucho decir... porque la verdad es que la única que se enojó y gritó fui yo, no importaba lo que yo dijera o cuán enojada me pusiera, él seguía comportándose de esa manera, que si bien había sido un pilar en la formación de nuestra relación, en ese momento me molestaba, y es que esto no lo había dicho hasta este momento, pero a diferencia de muchas otras parejas, nosotros jamás nos habíamos peleado, Nunca habíamos tenido una sola pelea por nada, siempre estábamos de acuerdo. Solo que, entre más yo pensaba, más me daba cuenta de que no era que siempre estuviéramos de acuerdo, era que, solo curiosamente, él siempre estaba de acuerdo conmigo, no importaba que fuera.

55:03 Pero en esto, él seguía negando una y otra vez que estuviera llorando y siempre usaba el mismo argumento. Parecía una maldita grabadora, diciendo una y otra vez que era perfecta. que yo era perfecta, que nuestros hijos eran perfectos y que no tenía un solo motivo para sentirse triste o desear su muerte. Me enojé tanto que ni siquiera lo dejé volver a la habitación esa noche. Recuerdo que por la mañana me sentía muy culpable, no solo por la pelea pues, como dije, yo había sido la única que había peleado, sino también porque yo estaba segura de lo que había escuchado y visto. Y el pelearme con él y alejarnos solo iba a agravar el problema. Cuando bajé, él ya tenía el desayuno listo. Se disculpó conmigo, a pesar de que él no hizo nada, pero esa no fue su disculpa. Él solo dijo que lo que sea que creyera yo estaba en lo cierto y que él tenía toda la culpa. Que solo quería hacer las paces y volver a empezar. Pero yo no quería eso. De manera seria le dije que esa no era la cuestión.

56:11 que yo sabía lo que había visto y que si él no se sentía en confianza de contarme esas cosas, necesitaría buscar ayuda, porque tener esos pensamientos no eran saludables y tal vez debería buscar ayuda profesional. Pero él se seguía viendo muy confundido. Era casi como si en realidad no supiera de lo que yo estaba hablando. Lo conocía desde hace años, o al menos creía conocerlo Esa cara que mostraba era la misma que hacía cuando desconocía un tema por completo. Terminó diciéndome que si eso me hacía feliz, buscaría ayuda terapéutica y tal vez podríamos tomar terapia o lo que sea que yo quisiera. Eso me hizo molestar todavía más porque sentía que solo trataba de complacerme para que dejara de fastidiarlo, aunque su tono y gestos me decían lo contrario. Dejé a mis hijos en la guardería y me fui a mi trabajo, pero durante todo el día no me pude quitar lo que vi de la cabeza.

57:10 No podía entender qué estaba pasando con él, por qué mi esposo no tenía confianza para contarme esas cosas. Después de salir del trabajo y recoger a mis hijos, decidí que quería ir a ver a mi mamá. Ella había estado casada mucho tiempo y pensé que podría darme algún consejo. solo que mientras se lo contaba a mi mamá ella no parecía sorprendida más bien enojada y tal vez un poco preocupada pareció que solo escuchó la primera parte porque ni siquiera había terminado de hablar me preguntó si es que me había reclamado algo o me había dicho que ya no quería estar conmigo directamente yo balbuceé un rato no sabiendo ni qué responderle porque esa no era la razón por la que yo estaba pidiendo su consejo Yo quería que él estuviera bien, pero era como si algo que ella creía seguro se estuviera perdiendo y comenzó a hacerme todo tipo de preguntas raras y de manera muy ambigua.

58:12 Me preguntó si es que habíamos hecho algunas remodelaciones últimamente en la casa o afuera de ella. Le respondí que no, pero que no entendía cuál era la conexión que esto podía tener con lo que me estaba pasando. Como no dejaba de hacerme todas estas preguntas tan extrañas, solo le dije que tenía que irme. Una vez que llegué a casa, él ya me estaba esperando. Se veía tan feliz como siempre, y a pesar de que le seguí la corriente, dentro de mí todavía estaba este sentimiento de que algo no estaba bien con él. La verdad es que en ese momento yo no pensaba en nada paranormal, lo atribuía más a su salud mental. Sabía que la depresión podía tomar varias formas, y si bien él podría estar actuando muy feliz, tal vez estaba mal. Por eso es que quería encontrar ayuda para él o una solución que pudiéramos hacer juntos.

59:04 Esa noche no podía dormir pensando en lo que mi madre había dicho, y es que toda nuestra interacción había sido tan extraña que no podía pasarla solo por alto. Era casi como si ella supiera algo que yo no. En mi cabeza se repetía una y otra vez todo lo que me había dicho, y la idea de la remodelación llegó a mí muy fuerte. No sabía yo muy bien qué pensar, pero recordé que, poco después de que me casara, mi mamá estaba muy empeñada en salir al patio de atrás a sentarse para platicar conmigo. Esto era muy extraño porque mi mamá es una persona más de interiores. El estar afuera le molesta o cualquier contacto mínimo con la naturaleza. Por aquel entonces, si bien lo vi raro, no le tomé importancia. Pero también, una vez que nos sentamos, me mandó de nuevo adentro para traer su sombrero. La dejé sola durante ese periodo de tiempo. Y volví. Se veía algo agitada, como si me estuviera ocultando algo. Pero no pude sacarle la verdad de ninguna manera. Ese también fue uno de los eventos que enterré, porque al no encontrar la explicación, solo seguí con mi vida. Pero ahora no podía dejar de pensar en él. Me levanté de la cama, salí, encendí la luz trasera y comencé a buscar cualquier rastro. La verdad es que me sentía muy tonta haciéndolo porque no sabía ni siquiera qué era lo que buscaba en realidad. Solo que en algún momento mi

1:00:36 esposo salió de la casa y me preguntó qué era lo que estaba haciendo. Le dije que no estaba segura, pero quería buscar un poco más. El único sitio que me restaba era detrás de unos rosales que habían estado ahí desde que habíamos comprado la casa. No se veía tan diferente. salvo por una ligera marca del césped que, si no estuvieras buscando nada, difícilmente la notarías, pero se veía como cuando alguien quita ese pedazo y lo vuelve a poner. No sé si me doy a entender, solo que ya había pasado tanto tiempo que la diferencia entre uno y otro era casi imperceptible. Aún así, metí mi mano, intenté quitarlo, y cuando lo hice, me sorprendió encontrar algo ahí adentro. Era una pareja de muñecos, o eso parecía.

1:01:23 Tenían mechones de cabello que no me tomó mucho tiempo ver para darme cuenta de que eran mechones míos y de mi esposo. Él se acercó a mí para ver qué era lo que yo estaba viendo y se sorprendió cuando lo vio. También había una botella llena de lo que parecía ser miel y una fotografía de mi esposo adentro de ella. No entendía qué era lo que estaba pasando, pero recuerdo bien que mi esposo comenzó a vomitar. No sé por qué, puesto que, si bien era algo muy extraño de ver, no había ningún olor que fuera malo. Al contrario, olía a tierra mojada y césped. Me acerqué a él para preguntarle si es que se encontraba bien, pero apenas puse mi mano sobre su hombro, él me apartó.

1:02:10 No me empujó, pero sí quitó mi mano con mucha fuerza. Me dijo que no me le acercara otra vez y se fue. No me refiero a que solo entró a la casa, él se fue de la casa a la mitad de la noche. El divorcio me llegó poco tiempo después. Lo peor de todo esto es que mi madre aceptó en mi cara que ella lo había hecho, que lo había puesto ahí, pero no lo hizo arrepentida. Ella estaba enojada conmigo, diciendo que yo lo había arruinado. que había sido mi culpa que él no tenía que verlo porque en el momento en que lo viera todo se iba a quitar y que había sido mi culpa que eso pasara y que ahora me estuviera divorciando me dijo que le había costado muy caro entre muchas otras cosas mi esposo ha mantenido contacto cero conmigo me odia ya estamos divorciados y no lo he vuelto a ver manda a alguien más para recoger a nuestros hijos los días de la custodia Sé que muchas personas no me creerán cuando digo esto, pero les juro por lo más sagrado que tengo que no tuve nada que ver. Yo en serio creía que su amor por mí era verdadero. Jamás le haría eso a él ni a ninguna otra persona.