Lo Que Vive Entre Los Corrales Sale Cuando Oscurece - Historias De Terror - REDE
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0:05 Lo que pasó en San Bartolo comenzó durante una temporada de cosecha, cuando yo todavÃa trabajaba en el campo con mi padre y mis dos hermanos. En ese tiempo, casi todas las familias vivÃan de sembrar, criar animales o trabajar en terrenos ajenos, y por las noches la mayorÃa se quedaba en casa. Aunque siempre habÃa alguien que salÃa a revisar un corral, buscar una res o terminar alguna tarea. El primero al que atacaron fue Hilario Hernández. Su esposa contó que habÃa salido, porque las gallinas empezaron a hacer ruido y él pensó que algún animal se habÃa metido. Tomó una lámpara y un machete, salió al patio y poco después ella escuchó un grito. Los vecinos llegaron primero y lo encontraron junto al gallinero herido, pero consciente. Hilario dijo que algo grande habÃa salido detrás del corral. y se le habÃa echado encima. Alcanzó a defenderse con el machete, aunque no pudo ver bien qué era. Dijo que tenÃa cuerpo de animal, que era más grande que un perro común, y que se movÃa de una forma que él no conocÃa.
1:15 Nadie vio hacia dónde se fue. Después de eso, empezaron a aparecer animales muertos. Primero fueron gallinas, luego dos chivos, y en cada caso, las familias revisaron cercas y corrales buscando una entrada. Algunos hombres pensaron que podÃan ser perros salvajes, pero nadie encontró uno cerca del pueblo. Los perros también comenzaron a alterarse por las noches. Ladraban hacia los terrenos del norte. Mi padre nos dijo que ninguno debÃa salir solo después de oscurecer. Unos dÃas después, una vaca rompió parte del cerco y Nabor y yo salimos a traerla.
1:56 La encontramos cerca de un terreno de cultivo. con la cuerda rota y dando tirones cuando intentábamos acercarnos. Mientras Nabor sujetaba la cuerda, escuché movimiento entre los matorrales. Alumbré hacia ese lado y vi una figura grande, agachada a poca distancia. Nabor volteó y también la vio. Permaneció quieta unos segundos, luego se levantó sobre las patas traseras y volvió a bajar el cuerpo. Ninguno quiso acercarse. Tomamos la vaca y regresamos hacia las casas, mientras la figura avanzaba detrás de nosotros por el mismo camino. Siguió hasta que llegamos cerca de la primera vivienda. Ahà se detuvo y se perdió entre los terrenos. Esa noche contamos lo ocurrido. Algunos vecinos dijeron que podÃa tratarse de una persona que robaba animales y usaba alguna piel para asustar a la gente. Otros insistieron en que debÃa ser un perro grande. Don Candelario escuchó y cuando terminamos, dijo que su padre le habÃa contado de casos parecidos ocurridos muchos años antes. Habló de personas que podÃan tomar forma de animal y salir de noche, y dijo que en la región las llamaban Nahuales. Le preguntaron si estaba seguro, y don Candelario respondió que poco, porque casi todo lo habÃa escuchado de su padre cuando era joven. Aseguró que, según esas historias, Un agual podÃa
3:27 atacar animales y también personas. A partir de entonces organizamos vigilancia entre varios hombres. RecorrÃamos los lugares donde habÃan aparecido animales muertos y nos movÃamos siempre en grupo. Durante varios dÃas no encontramos nada y el pueblo comenzó a calmarse. Algunos pensaron que el animal se habÃa ido. Otros dejaron las rondas porque tenÃan trabajo desde temprano. Esa tranquilidad terminó cuando murió Nicanor Trejo. Lo encontraron en un camino junto a un sembradÃo, después de que no regresara de visitar a su madre. TenÃa heridas graves en el cuello y marcas de forcejeo en la tierra. Cerca del cuerpo habÃa rastros de un animal grande, y unos metros más adelante, huellas de pies descalzos. Yo habÃa visto esas huellas y no pertenecÃan a ningún vecino. Nadie supo explicar por qué aparecÃan juntas. La muerte de Nicanor cambió el pueblo. Las familias empezaron a cerrar temprano. Los campesinos procuraban regresar antes de que oscureciera, y quienes debÃan caminar de una casa a otra lo hacÃan acompañados. También comenzaron las acusaciones. Algunos señalaron a Baltasar, un hombre que vivÃa solo en las afueras y trataba poco con los vecinos. Otros mencionaron a Rufina, porque conocÃa remedios antiguos, aunque nadie tenÃa pruebas contra ella.
4:53 Don Candelario pidió que dejaran de señalar personas y propuso revisar en dónde habÃan ocurrido los ataques. Vimos que la mayorÃa estaba cerca de los terrenos del norte, alrededor de una molienda abandonada, asà que decidimos vigilar esa zona. Ãramos ocho hombres y nos repartimos cerca de la molienda. Esperamos durante horas hasta que los perros comenzaron a ladrar a lo lejos. Poco después oÃmos pasos cerca de la entrada. Rogelio levantó la escopeta, otro hombre encendió la lámpara y la figura apareció frente a nosotros. Nabor y yo reconocimos el tamaño y la manera de moverse. TenÃa cuerpo de animal y se mantenÃa baja, pero volvió a incorporarse sobre las patas traseras. Cuando avanzó hacia Rogelio, él disparó. El animal cayó de lado, se levantó casi de inmediato y escapó hacia el monte, y en el suelo quedó sangre.
5:51 Esperamos antes de seguirla y avanzamos juntos con las lámparas. El rastro cruzaba una parte del sembradÃo, seguÃa junto a un cerco y terminaba cerca de la casa de Baltasar. No llamamos a su puerta esa noche. Mi padre dijo que no tenÃamos una prueba y que llegar armados podÃa terminar mal. Regresamos después de amanecer. Baltasar salió con el hombro vendado y preguntó qué querÃamos. Rogelio le pidió que explicara la herida. Ãl respondió que se habÃa lastimado trabajando, se negó a mostrarla y nos pidió que nos fuéramos. La sangre del animal habÃa llegado hasta su terreno y él tenÃa una lesión después del disparo, pero eso era todo.
6:34 Desde ese dÃa aumentamos las rondas. Durante un tiempo no volvió a aparecer nada y algunos hombres dejaron de acompañarnos porque necesitaban trabajar desde temprano. Mi padre seguÃa diciendo que no debÃamos confiar. Poco después, una de nuestras mulas empezó a golpear el corral. Mi padre me llamó y salimos juntos. Ãl se adelantó mientras yo tomaba la lámpara, y cuando llegué al patio, escuché un golpe y lo vi caer junto a la pared. La criatura estaba frente a él. Mi padre tenÃa una herida en el brazo y trataba de apartarla. Le grité a Nabor que salió con el machete, y entre los dos avanzamos. El animal retrocedió. Permaneció frente a nosotros unos segundos y luego corrió hacia los terrenos del norte. Mi padre sobrevivió, pero pasó varios dÃas sin poder trabajar. Después de ese ataque, Don Candelario reunió a los hombres que habÃamos participado en las vigilancias. Dijo que seguir caminando por el pueblo solo nos dejaba esperando el siguiente ataque y que debÃamos obligar a la criatura a entrar en un lugar cerrado. Entonces habló de un procedimiento que su padre le habÃa enseñado y que, según él, se habÃa usado contra un Nahual muchos años antes. Nadie sabÃa si funcionarÃa. Rogelio propuso ir por Baltasar, pero mi padre se opuso. Dijo que una sospecha no bastaba para atacar a un hombre. Al final acordamos usar la molienda.
8:06 Don Candelario pidió sal, ceniza y una cuerda nueva. Luego explicó que marcarÃa un lÃmite en el suelo y que una vez dentro la criatura, nadie debÃa romperlo. Nosotros tendrÃamos que cerrar las salidas y mantenerla ahà mientras él terminaba el ritual. Usamos un chivo para atraer a la criatura, porque los ataques anteriores habÃan ocurrido cerca de corrales y animales domésticos. Lo dejamos dentro de la molienda y nos repartimos cerca de las entradas. Don Candelario trazó en el suelo una lÃnea con sal y ceniza. Luego puso la cuerda alrededor del espacio donde querÃa mantener al animal. Y nos pidió que nadie la pisara ni la moviera. Yo me quedé con Nabor y mi padre cerca de una puerta.
8:53 Rogelio tomó la otra y los demás cubrieron las salidas. Pero no pasó nada. El chivo se movÃa de un lado a otro y nosotros apenas hablábamos. Más tarde, empezaron a ladrar los perros del pueblo. El chivo tiró de la cuerda y escuchamos movimiento afuera. La figura apareció por un costado de la molienda. Se detuvo y después entró. Nabor cerró una puerta y otro hombre aseguró la segunda. El animal reaccionó de inmediato, golpeó la madera y recorrió el interior buscando una salida. Mientras don Candelario comenzó el rezo sin apartarse del lÃmite que habÃa marcado. No recuerdo todas las palabras que dijo. Reconocà algunas oraciones y otras no las habÃa escuchado antes. Don Candelario hablaba seguido, sin gritar, y cada vez que el animal se acercaba a una salida nos indicaba que lo obligáramos a retroceder. Lo hacÃamos golpeando la madera o avanzando unos pasos sin cruzar la lÃnea.
9:53 Durante varios minutos logramos mantenerlo en el centro, hasta que se lanzó contra Rogelio. Ãl le la escopeta para cubrirse y cayó nabor entró para ayudarlo y alcanzó a golpear al animal con el machete la criatura soltó a rogelio y retrocedió herida pero en el forcejeo se borró una parte de la sal don candelario nos ordenó detenernos Yo sujeté una de las puertas mientras Nabor arrastraba a Rogelio fuera de su alcance. Don Candelario tomó la sal que quedaba y cerró de nuevo la parte dañada. El animal intentó salir por ese punto, golpeó la cuerda y volvió hacia el centro, entonces cayó. No supimos si habÃa perdido fuerza por la herida o por lo que Don Candelario estaba haciendo. Se sacudió en el suelo y respiró con dificultad.
10:45 Yo aparté la vista para ayudar a Rogelio que estaba herido y cuando volvà a mirar ya no vi al animal. Baltasar estaba tirado ahÃ. Nadie habÃa abierto las puertas y ninguno de nosotros lo habÃa visto entrar. TenÃa heridas en el hombro y en un costado. Respiraba con dificultad y trataba de incorporarse. Nos miró y pidió que lo dejáramos salir. Don Candelario respondió que debÃa quedarse donde estaba hasta que terminara. Baltasar volvió a pedirlo y Rogelio quiso acercarse con la escopeta. Mi padre se puso delante de él y le dijo que bajara el arma, porque Baltasar estaba herido, desarmado y rodeado por nosotros. Don Candelario continuó el rezo. Baltasar intentó ponerse de pie, dio unos pasos y cayó de rodillas.
11:34 Después empezó a temblar y se llevó las manos al pecho. Uno de los hombres quiso acercarse. pero don Candelario le ordenó que no cruzara la lÃnea. Baltasar arrastró una pierna hacia la salida y entonces escuchamos un gruñido que salió de él. Todos retrocedimos. Don Candelario ajustó la cuerda donde se habÃa movido, agregó la última sal y siguió hablando. Baltasar trató de levantarse otra vez, pero ya no pudo. Cayó de lado y quedó inmóvil. Esperamos antes de acercarnos. Mi padre fue el primero en cruzar. Se agachó junto a él y comprobó que no respiraba. Nadie habló. Rogelio seguÃa herido. Mi padre tenÃa el brazo lastimado por el ataque anterior, y ahora tenÃamos a Baltasar muerto dentro de la molienda. Sacamos el cuerpo y avisamos a sus familiares, y ellos se encargaron del entierro. En el pueblo se dijo que Baltasar habÃa muerto durante un enfrentamiento relacionado con los ataques, y quienes estuvimos en la molienda acordamos no contar fuera de nuestras casas. Todo lo ocurrido. Cada uno habÃa visto una parte distinta. Yo sabÃa que el animal habÃa caÃdo dentro del lÃmite, y que cuando volvà a mirar, Baltasar estaba ahÃ. También sabÃa que nadie habÃa abierto una puerta.
12:55 Con eso me quedé. Rogelio se recuperó de la herida, pero no volvió a participar en ninguna vigilancia. Y los demás tampoco regresamos a la molienda después de aquella noche. Los ataques terminaron. Pasaron semanas sin encontrar animales muertos y los perros dejaron de alterarse hacia los terrenos del norte. Poco a poco, la gente volvió a salir temprano al campo y a regresar al anochecer. Aunque en mi familia seguimos evitando esa zona cuando ya no habÃa luz. Don Candelario nunca dijo que el asunto estuviera cerrado. Lo único que repetÃa era que lo que sabÃa venÃa de su padre y que según esas enseñanzas una persona podÃa transmitir el conocimiento antes de morir. Nunca afirmó que Baltasar lo hubiera hecho. Tampoco señaló a nadie más. DecÃa que no tenÃa forma de saberlo y por eso nosotros seguimos atentos durante mucho tiempo. Con los años la vida volvió a su ritmo, Rogelio terminó por irse del pueblo, Nabor y yo seguimos trabajando las tierras de la familia, y mi padre murió mucho después por una enfermedad. Don Candelario también murió, y con él se perdió casi todo lo relacionado con el ritual, porque ninguno de nosotros aprendió las palabras completas ni el orden exacto de lo que hizo. La molienda se fue deteriorando hasta que dejó de usarse por completo.
14:20 y los terrenos cercanos volvieron a sembrarse. Los más jóvenes conocieron la historia por lo que escuchaban en sus casas, aunque muchos de nosotros dejamos de hablar del tema. No habÃa ocurrido otro ataque y cada año que pasaba hacÃa más fácil guardar silencio. Mucho tiempo después, una noche, mis perros empezaron a ladrar hacia el corral. Yo ya estaba dentro de la casa y no salÃ. Esperé junto a la puerta hasta que dejaron de moverse. A la mañana siguiente encontré tres gallinas muertas detrás del corral. Nabor vino a ayudarme a revisar la cerca y no encontramos una abertura por donde hubiera entrado un animal grande. Cerca del terreno habÃa varias huellas, pero la tierra estaba seca y no permitÃa distinguirlas completas. Seguimos las marcas hasta el camino y ahà encontramos impresiones de pies descalzos. No dijimos que fuera lo mismo que habÃamos visto años atrás. pero tampoco tenÃamos una explicación mejor. Dos noches después, los perros volvieron a ladrar. Miré desde la entrada y vi una figura grande cerca del lÃmite del terreno. Estaba agachada. Permaneció ahà unos segundos y después se alejó hacia el norte. No la seguÃ. A la mañana siguiente, varios vecinos revisamos la zona y encontramos rastros entre los cultivos, pero se perdÃan antes de llegar al camino. Desde entonces volvimos a tomar precauciones.
15:48 Nadie ha muerto y tampoco hemos tenido otro ataque contra una persona. Pero cuando algún animal se altera durante la noche, nadie sale solo a revisar. Yo sigo viviendo en San Bartolo y sigo trabajando los mismos terrenos, aunque no camino hacia el norte después de oscurecer. Don Candelario ya no está. El ritual se perdió con él y ninguno de nosotros sabe si aquello terminó con Baltasar.
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