Oct. 31, 2025

Lo Que Vi Una Noche De Halloween En La CDMX - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Tenía poco más de 20 años cuando pasé la noche más extraña de mi vida. Vivía solo en un edificio viejo de la colonia industrial en la Ciudad de México. Era una construcción de los años 70, con escaleras angostas y un pasillo largo que daba al patio central. Las paredes estaban manchadas de humedad y los apagones eran frecuentes por los cables viejos que colgaban como raíces del techo. Esa noche de Halloween, cerca de las nueve, la luz se fue en toda la cuadra. Desde temprano los niños habían salido disfrazados, golpeando puertas con sus cubetas de plástico. pero cuando se fue la corriente la calle quedó oscura algunos vecinos se reunieron en la azotea porque desde ahí se alcanzaba a ver parte del desfile que hacían cada año sobre la avenida vallejo subí también más por curiosidad que por convivir con una linterna pequeña que usaba cuando se iba la luz el aire estaba quieto demasiado para ser octubre no se movían las cortinas ni el cableado sólo se escuchaban los ladridos de los perros de la vecindad de enfrente todos mirando hacia los techos algunos decían que era por el olor de la pólvora de los cohetes pero los animales sonaban desesperados me apoyé en la barda del cuarto de lavado y desde ahí vi a tres figuras vestidas de negro caminando entre los pasillos del conjunto de enfrente iban en fila con pasos lentos y medidos no llevaban

1:38 linternas ni cubetas de dulces sus sombras se alargaban por los reflejos de las ventanas encendidas de otros edificios pensé que serían personas disfrazadas pero algo en su forma de moverse me inquietó La del centro era alta y delgada, casi huesuda. La que iba detrás cargaba una bolsa oscura del tamaño de un costal pequeño, y la tercera tenía las manos ocupadas, con lo que al principio creí que eran ramas secas, pero al girarse un poco vi brillos pálidos como si fueran huesos. Un niño del edificio disfrazado de vampiro les gritó desde la azotea, otro lo imitó riendo, entonces la figura más alta se detuvo y volteó lentamente hacia nosotros. No alcancé a verle la cara, pero la forma en que se movió fue suficiente para callar a todos.

2:31 Parecía que había escuchado las voces a pesar de la distancia. En ese instante, las pocas luces que quedaban encendidas se apagaron, no solo del edificio, sino también del de enfrente. Las ventanas quedaron negras y el aire cambió de golpe, como si la noche se hubiera tragado todos los sonidos. Los vecinos empezaron a bajar, unos riendo nerviosos, otros con los celulares apagados para guardar batería. Yo me quedé unos segundos más mirando al conjunto, pero ya no estaban las tres figuras. Regresé a mi departamento por las escaleras, me serví un vaso de agua y me senté cerca de la ventana.

3:11 Creí escuchar como alguien corría por la azotea. Eran pasos suaves pero marcados, como si alguien caminara con cuidado justo sobre mi techo. Al principio pensé que serían gatos, pero los pasos eran pesados, rítmicos, y se detenían justo encima del foco del baño. la estructura era de lámina y el sonido retumbaba dentro del departamento me quedé quieto observando el techo sin atreverme a moverme cuando los pasos se alejaron escuché el chillido de una puerta oxidada abriéndose arriba Apagué la linterna para no delatarme, y me acerqué a la ventana mirando hacia la azotea del edificio de enfrente.

3:54 No había nada, solo el reflejo del humo que salía de algunos cohetes a lo lejos, pero el aire seguía inmóvil, y los perros no dejaron de ladrar hasta casi la medianoche. esa noche me costó dormir cada tanto creía escuchar algo arrastrándose sobre las láminas o el golpeteo de una bolsa agitándose con el viento no podía asegurar si era real o si mi mente seguía reproduciendo el movimiento de aquellas tres mujeres Cuando el reloj marcó la una y media, los sonidos se detuvieron por completo. Entonces pensé que todo había terminado, pero justo antes de cerrar los ojos, escuché un golpe seco, como si alguien dejara caer algo pesado sobre el techo seguido de un paso firme que avanzó hasta el borde. Me quedé despierto hasta que el amanecer comenzó a aclarear por la ventana. En la calle, los restos del desfile se mezclaban con envolturas de dulces, máscaras tiradas y velas rotas. Cuando salí a trabajar esa mañana, encontré en la entrada del edificio un puñado de plumas negras pegadas con cera derretida. No quise levantarlo, pero supe que no era algo que dejara el viento. Esa fue la primera vez que tuve la sensación de que en ese edificio pasaba algo más de lo que se veía.

5:14 Nunca supe quiénes eran esas tres mujeres, ni por qué parecían moverse sin luz. Pero a partir de esa noche, cada vez que se iba la electricidad en la colonia, los pasos volvían a escucharse sobre el techo, siempre a la misma hora y siempre con el mismo ritmo. No había pasado ni una semana desde aquella noche cuando volvió a irse la luz. Era viernes, cerca de las diez. Estaba acostado viendo el celular cuando escuché otra vez los pasos sobre el techo. Al principio eran suaves, como cuando los gatos cruzaban de un lado a otro, pero después se oyeron arrastres lentos, como si movieran algo pesado. el techo del edificio era de lámina vieja sostenida por vigas oxidadas que crujían con cualquier peso el sonido metálico se repetía en distintos puntos primero sobre mi cuarto luego hacia el baño luego más lejos casi al extremo del pasillo Pensé que tal vez alguno de los vecinos había subido, pero el sonido seguía de madrugada, con intervalos largos, como si alguien caminara de punta a punta. Tomé una linterna y salí al pasillo. En ese momento escuché tres golpes seguidos sobre el techo del lavadero, luego un silencio prolongado.

6:36 apenas iba a subir las escaleras cuando tocaron mi puerta era la señora leticia la vecina del tercer piso vendía dulces en la entrada del edificio y siempre andaba con un delantal lleno de monedas llevaba una lámpara de baterías grandes en la mano me preguntó si también escuchaba a los que andaban arriba le dije que sí que llevaba rato oyéndolos decidimos subir juntos La puerta de metal que daba a la escalera exterior siempre se atoraba, así que entre los dos la empujamos hasta abrirla. Apenas lo hicimos nos llegó un olor fuerte, como acera quemada. Era un olor que no se confundía con el del drenaje o la basura. En el aire flotaban cenizas diminutas que brillaban con la luz de la linterna. La señora alumbró hacia un rincón, donde el piso estaba ennegrecido, y ahí vimos los restos de una bolsa pequeña, rota. Dentro tenía ramas secas, una trenza de cabello amarrada con hilo y una moneda pegada con cera derretida. A un lado, unas plumas chamuscadas pegadas al piso. Nos miramos sin saber qué decir. Ella dijo que de seguro algún vecino había subido a hacer una broma, pero mientras hablábamos del edificio de enfrente, empezó a escucharse un canto grave, repetido por varias voces. Era un sonido rítmico, como un murmullo prolongado que subía y bajaba de tono. no se entendían las palabras pero el

8:08 ritmo se mantenía constante como si fuera un rezo apague mi linterna un momento para escuchar mejor en cuanto lo hice noté que la noche estaba por completo inmóvil ni una hoja se movía y ni un coche pasaba volví a encender la luz y la dirigí hacia la azotea de enfrente ahí estaban otra vez las tres figuras estaban sobre el borde de frente a nosotros la del centro tenía los brazos extendidos y la cabeza inclinada hacia atrás las otras dos se movían despacio a su alrededor La vecina se llevó la mano a la boca, temblando. Le pedí que no hiciera ruido, pero antes de que terminara de hablar, gritó. En ese instante, las luces del vecindario parpadearon.

8:55 Se encendieron y apagaron varias veces. El canto del edificio de enfrente se detuvo y las tres figuras quedaron inmóviles por unos segundos. Luego, la del centro bajó los brazos y señaló hacia nosotros. Sentí que el aire cambió de temperatura y de pronto olía a tierra mojada y a humo. La vecina soltó la lámpara y corrió hacia la escalera. Yo la seguí sin mirar atrás. Mientras bajábamos, escuché el golpe metálico de algo cayendo sobre la lámina. Me atreví a mirar hacia arriba cuando llegamos al segundo piso y alcancé a ver una sombra pasar de un edificio al otro, como si flotara sobre los cables eléctricos. No era un pájaro ni una bolsa movida por el viento. Era una forma humana, larga y delgada, que se desplazó sin ruido.

9:44 La vecina seguía llorando mientras bajábamos. Decía que las había visto mover los labios, que repetían su nombre. Traté de calmarla, pero mis manos temblaban igual que las suyas. Cuando llegamos al primer piso, varios vecinos ya estaban asomándose por las puertas. Algunos preguntaban qué pasaba, otros decían que también habían escuchado pasos, pero nadie se atrevió a subir. Pasé el resto de la noche sentado junto a la ventana. Desde ahí se veía parte de la azotea. Con la linterna alumbré un par de veces, pero no volví a verlas. Sin embargo, el olor a cera quemada seguía entrando por la rendija del techo. a la mañana siguiente subí solo pues quería comprobar si lo que habíamos visto era real la puerta seguía abierta y el aire olía igual que la noche anterior donde habíamos encontrado la bolsa ahora había un círculo ennegrecido sobre el piso como si hubieran encendido algo ahí en el centro quedaba un trozo de tela quemada y un mechón de cabello corto como de niño no quise tocar nada pero mientras revisaba escuché que alguien caminaba en el techo del edificio de enfrente era un sonido firme pesado me acerqué al borde y miré hacia allá había marcas frescas de hollín en la pared como si alguien hubiera pasado las manos por ahí para impulsarse Lo seguí con la vista hasta una esquina, donde la lámina estaba

11:15 doblada hacia arriba. Por instinto bajé de nuevo. La señora Leticia no estaba en su puesto y una vecina me dijo que había amanecido con fiebre y que la llevaron al hospital porque deliraba. Decía que había soñado con tres mujeres que le hablaban desde el techo y que una de ellas tenía su voz. Esa tarde, pasaron técnicos revisando los cables. Dijeron que el corte de luz se había originado en un transformador, pero no encontraron fallas visibles. Uno de ellos comentó que parecía como si algo hubiera hecho contacto directo con las líneas, pero no había rastros de incendio ni daño. Cuando anocheció, me costó volver a subir al departamento. Cada vez que el viento golpeaba las láminas, me parecía escuchar pasos. no eran imaginaciones se sentían golpes cortos seguidos de arrastres cerré las ventanas y puse música pero el ruido metálico seguía colándose entre las paredes me quedé despierto hasta el amanecer con la luz encendida esperando que llegara el día para ver si la vecina regresaba nunca la volví a ver en el edificio alguien dijo que su familia se la llevó al pueblo que no quería ni pasar por la colonia desde esa noche cada vez que se iba la luz me bastaba con quedarme quieto para escuchar los mismos pasos recorriendo el techo siempre iban de un extremo a otro hasta detenerse justo encima

12:47 de mi cuarto y aunque ya no me atrevía a subir sabía que algo seguía ahí esperando cuando amaneció el edificio seguía sin luz afuera se escuchaban sirenas a lo lejos y el murmullo de los vecinos que hablaban desde las ventanas a eso de las cinco de la mañana llegó una patrulla junto con una camioneta de la luz Los agentes subieron a las azoteas a revisar los cables, porque varias colonias seguían sin corriente. Yo los vi desde la escalera, todavía con el cansancio de no haber dormido. Uno de los trabajadores comentó que en varios techos habían encontrado cosas extrañas. Pequeñas bolsas negras rotas, con plumas quemadas, restos de cera y cabellos mezclados con tierra. Lo dijo riendo, como si pensara que eran trabajos de brujería de algún vecino supersticioso. Otro recogió una con una vara y la dejó dentro de una cubeta metálica. Cuando el sol empezó a salir, se dieron cuenta de que había más, repartidas en distintos puntos del edificio y también en los de alrededor.

13:53 Nadie mencionó a las figuras que habíamos visto, ni los pasos de la noche anterior. La mayoría fingía no saber nada. Algunos decían que todo debía de haber sido obra de muchachos que jugaban a asustar a la gente en Halloween. Yo no dije una palabra. Me quedé en la puerta del pasillo observando cómo los de la compañía subían y bajaban con rollos de cable y linternas. De la señora Leticia ya no se supo más. Su familia la había sacado del hospital y se la llevó al pueblo unos días después. Corrían rumores de que no hablaba, que se quedaba viendo las paredes con los ojos abiertos, repitiendo el mismo sueño una y otra vez. Tres mujeres de cabello largo que la observaban desde un pozo. Contó que una de ellas le extendía la mano y le decía su nombre.

14:45 Los técnicos trabajaron hasta el mediodía, pero la luz no volvió sino hasta la noche. Durante el día, el edificio parecía más viejo de lo habitual. Las escaleras estaban llenas de polvo, las paredes olían a humo y en las rendijas del techo se veían manchas negras. cada vez que subía alguien se escuchaba el crujido de las láminas como si todavía hubiera peso encima dos días después empezaron a aparecer gatos muertos en los pasillos el primero lo encontraron en la entrada acostado sobre una caja luego otro junto a los tinacos Todos estaban abiertos por el pecho. Los vecinos decían que alguien les había sacado los ojos. Algunos pensaban que eran perros callejeros, pero los cortes eran limpios y ninguno tenía marcas de mordidas. Una noche escuché a un niño del segundo piso llorar porque su gato había desaparecido.

15:42 Lo buscaron por horas y lo hallaron al amanecer, sobre el toldo del edificio de un lado, con las patas estiradas hacia arriba y el cuerpo rígido. Nadie se atrevía a hablar de brujas, pero todos pensaban lo mismo. En la tienda de la esquina decían que alguien había visto sombras moverse por los techos a medianoche, siempre en grupos de tres. La gente empezó a cerrar temprano y los niños ya no salían a jugar en los pasillos. Yo seguía sin poder dormir bien, pues cada ruido en el techo me hacía despertar. Algunas madrugadas creía oír el sonido de algo arrastrándose por las láminas, igual que la primera noche.

16:23 Otras veces, golpes secos que se detenían justo encima de mi cuarto. Por más que intentaba ignorarlo, el miedo se quedaba pegado a las paredes como la humedad. A la semana decidí mudarme. Fui a rentar otro departamento en la colonia San Simón, más cerca de mi trabajo. No quise llevarme casi nada, solo ropa y algunos documentos. Dejé los muebles y la mayoría de las cajas en el cuarto porque no tenía cómo transportarlos. El casero no puso problemas. Dijo que ya estaba acostumbrado a que la gente se fuera sin avisar. Una semana después regresé solo para recoger lo que había dejado. Era domingo por la tarde, el sol bajaba entre los edificios y el ambiente se sentía pesado, como antes de una tormenta. Al llegar al edificio me di cuenta de que la fachada estaba más deteriorada, con manchas oscuras cerca de las ventanas del tercer piso. Me quedé unos minutos afuera observando. no había ruido de gente ni de niños sólo el zumbido de los cables eléctricos subí por las escaleras principales y en cada piso el aire olía distinto dejé mis cosas junto a la pared y me acerqué a la ventana del pasillo Desde ahí podía ver parte de la azotea. Al principio no noté nada, pero luego, entre las sombras, vi tres figuras sentadas sobre el borde del techo. Estaban quietas, mirando hacia el vacío.

17:55 Una de ellas movía lentamente la cabeza de un lado a otro. Las otras dos parecían hablarle. El sol se reflejaba apenas sobre algo metálico que tenían entre las manos. No alcancé a distinguir qué era, pero brillaba como si estuviera húmedo. Me quedé congelado. No podía convencerme de que lo que veía fuera real. Pensé en gritar, pero no tenía sentido. Las tres brujas se quedaron quietas por un momento, y entonces una de ellas giró la cabeza hacia mí. aunque nos separaban más de 30 metros sentí que me miraba directamente la forma en que inclinó el rostro despacio fue suficiente para que el cuerpo se me entumeciera no tenía duda era la más alta de las tres la misma que había volteado aquella primera noche desde el edificio de enfrente retrocedí sin apartar la vista y cuando bajé las escaleras el olor a cera quemada volvió a aparecer mezclado con un aire frío que bajaba del techo. En la entrada tropecé con una caja y casi caigo. Me giré una última vez, y desde la calle las tres seguían en la azotea, inmóviles. Me fui sin cerrar el portón.

19:11 Desde entonces nunca volví a pasar por esa colonia. A veces, cuando llega octubre y empiezo a ver los disfraces y los adornos en las tiendas, recuerdo aquella noche y el sonido de los pasos sobre las láminas. Entendí que no todo lo que se disfraza en Halloween lo hace por diversión. Algunas cosas aprovechan la oscuridad y el ruido de la fiesta. para andar por los techos buscando a quienes se atreven a mirarlas. Y de algo estoy seguro. Esas mujeres eran brujas. Y lo que hacían en esas noches de oscuridad era brujería para no sé quién o para no sé qué. Si les soy sincero, no me interesa saberlo. Aunque jamás supe qué eran esas cosas, me intriga pensar que ya está próximo el Halloween. Y que ahora, en vez de gatos, pudieran llevarse a algún niño, como es dicho en las historias de brujas. Solo les dejo de consejo, que cuiden a sus hijos en esta temporada, y a ustedes mismos, cuando las luces de la colonia se apaguen.