Lo Que Vi Una Noche De Halloween En La CDMX - Historias De Terror - REDE
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0:05 TenÃa poco más de 20 años cuando pasé la noche más extraña de mi vida. VivÃa solo en un edificio viejo de la colonia industrial en la Ciudad de México. Era una construcción de los años 70, con escaleras angostas y un pasillo largo que daba al patio central. Las paredes estaban manchadas de humedad y los apagones eran frecuentes por los cables viejos que colgaban como raÃces del techo. Esa noche de Halloween, cerca de las nueve, la luz se fue en toda la cuadra. Desde temprano los niños habÃan salido disfrazados, golpeando puertas con sus cubetas de plástico. pero cuando se fue la corriente la calle quedó oscura algunos vecinos se reunieron en la azotea porque desde ahà se alcanzaba a ver parte del desfile que hacÃan cada año sobre la avenida vallejo subà también más por curiosidad que por convivir con una linterna pequeña que usaba cuando se iba la luz el aire estaba quieto demasiado para ser octubre no se movÃan las cortinas ni el cableado sólo se escuchaban los ladridos de los perros de la vecindad de enfrente todos mirando hacia los techos algunos decÃan que era por el olor de la pólvora de los cohetes pero los animales sonaban desesperados me apoyé en la barda del cuarto de lavado y desde ahà vi a tres figuras vestidas de negro caminando entre los pasillos del conjunto de enfrente iban en fila con pasos lentos y medidos no llevaban
1:38 linternas ni cubetas de dulces sus sombras se alargaban por los reflejos de las ventanas encendidas de otros edificios pensé que serÃan personas disfrazadas pero algo en su forma de moverse me inquietó La del centro era alta y delgada, casi huesuda. La que iba detrás cargaba una bolsa oscura del tamaño de un costal pequeño, y la tercera tenÃa las manos ocupadas, con lo que al principio creà que eran ramas secas, pero al girarse un poco vi brillos pálidos como si fueran huesos. Un niño del edificio disfrazado de vampiro les gritó desde la azotea, otro lo imitó riendo, entonces la figura más alta se detuvo y volteó lentamente hacia nosotros. No alcancé a verle la cara, pero la forma en que se movió fue suficiente para callar a todos.
2:31 ParecÃa que habÃa escuchado las voces a pesar de la distancia. En ese instante, las pocas luces que quedaban encendidas se apagaron, no solo del edificio, sino también del de enfrente. Las ventanas quedaron negras y el aire cambió de golpe, como si la noche se hubiera tragado todos los sonidos. Los vecinos empezaron a bajar, unos riendo nerviosos, otros con los celulares apagados para guardar baterÃa. Yo me quedé unos segundos más mirando al conjunto, pero ya no estaban las tres figuras. Regresé a mi departamento por las escaleras, me servà un vaso de agua y me senté cerca de la ventana.
3:11 Creà escuchar como alguien corrÃa por la azotea. Eran pasos suaves pero marcados, como si alguien caminara con cuidado justo sobre mi techo. Al principio pensé que serÃan gatos, pero los pasos eran pesados, rÃtmicos, y se detenÃan justo encima del foco del baño. la estructura era de lámina y el sonido retumbaba dentro del departamento me quedé quieto observando el techo sin atreverme a moverme cuando los pasos se alejaron escuché el chillido de una puerta oxidada abriéndose arriba Apagué la linterna para no delatarme, y me acerqué a la ventana mirando hacia la azotea del edificio de enfrente.
3:54 No habÃa nada, solo el reflejo del humo que salÃa de algunos cohetes a lo lejos, pero el aire seguÃa inmóvil, y los perros no dejaron de ladrar hasta casi la medianoche. esa noche me costó dormir cada tanto creÃa escuchar algo arrastrándose sobre las láminas o el golpeteo de una bolsa agitándose con el viento no podÃa asegurar si era real o si mi mente seguÃa reproduciendo el movimiento de aquellas tres mujeres Cuando el reloj marcó la una y media, los sonidos se detuvieron por completo. Entonces pensé que todo habÃa terminado, pero justo antes de cerrar los ojos, escuché un golpe seco, como si alguien dejara caer algo pesado sobre el techo seguido de un paso firme que avanzó hasta el borde. Me quedé despierto hasta que el amanecer comenzó a aclarear por la ventana. En la calle, los restos del desfile se mezclaban con envolturas de dulces, máscaras tiradas y velas rotas. Cuando salà a trabajar esa mañana, encontré en la entrada del edificio un puñado de plumas negras pegadas con cera derretida. No quise levantarlo, pero supe que no era algo que dejara el viento. Esa fue la primera vez que tuve la sensación de que en ese edificio pasaba algo más de lo que se veÃa.
5:14 Nunca supe quiénes eran esas tres mujeres, ni por qué parecÃan moverse sin luz. Pero a partir de esa noche, cada vez que se iba la electricidad en la colonia, los pasos volvÃan a escucharse sobre el techo, siempre a la misma hora y siempre con el mismo ritmo. No habÃa pasado ni una semana desde aquella noche cuando volvió a irse la luz. Era viernes, cerca de las diez. Estaba acostado viendo el celular cuando escuché otra vez los pasos sobre el techo. Al principio eran suaves, como cuando los gatos cruzaban de un lado a otro, pero después se oyeron arrastres lentos, como si movieran algo pesado. el techo del edificio era de lámina vieja sostenida por vigas oxidadas que crujÃan con cualquier peso el sonido metálico se repetÃa en distintos puntos primero sobre mi cuarto luego hacia el baño luego más lejos casi al extremo del pasillo Pensé que tal vez alguno de los vecinos habÃa subido, pero el sonido seguÃa de madrugada, con intervalos largos, como si alguien caminara de punta a punta. Tomé una linterna y salà al pasillo. En ese momento escuché tres golpes seguidos sobre el techo del lavadero, luego un silencio prolongado.
6:36 apenas iba a subir las escaleras cuando tocaron mi puerta era la señora leticia la vecina del tercer piso vendÃa dulces en la entrada del edificio y siempre andaba con un delantal lleno de monedas llevaba una lámpara de baterÃas grandes en la mano me preguntó si también escuchaba a los que andaban arriba le dije que sà que llevaba rato oyéndolos decidimos subir juntos La puerta de metal que daba a la escalera exterior siempre se atoraba, asà que entre los dos la empujamos hasta abrirla. Apenas lo hicimos nos llegó un olor fuerte, como acera quemada. Era un olor que no se confundÃa con el del drenaje o la basura. En el aire flotaban cenizas diminutas que brillaban con la luz de la linterna. La señora alumbró hacia un rincón, donde el piso estaba ennegrecido, y ahà vimos los restos de una bolsa pequeña, rota. Dentro tenÃa ramas secas, una trenza de cabello amarrada con hilo y una moneda pegada con cera derretida. A un lado, unas plumas chamuscadas pegadas al piso. Nos miramos sin saber qué decir. Ella dijo que de seguro algún vecino habÃa subido a hacer una broma, pero mientras hablábamos del edificio de enfrente, empezó a escucharse un canto grave, repetido por varias voces. Era un sonido rÃtmico, como un murmullo prolongado que subÃa y bajaba de tono. no se entendÃan las palabras pero el
8:08 ritmo se mantenÃa constante como si fuera un rezo apague mi linterna un momento para escuchar mejor en cuanto lo hice noté que la noche estaba por completo inmóvil ni una hoja se movÃa y ni un coche pasaba volvà a encender la luz y la dirigà hacia la azotea de enfrente ahà estaban otra vez las tres figuras estaban sobre el borde de frente a nosotros la del centro tenÃa los brazos extendidos y la cabeza inclinada hacia atrás las otras dos se movÃan despacio a su alrededor La vecina se llevó la mano a la boca, temblando. Le pedà que no hiciera ruido, pero antes de que terminara de hablar, gritó. En ese instante, las luces del vecindario parpadearon.
8:55 Se encendieron y apagaron varias veces. El canto del edificio de enfrente se detuvo y las tres figuras quedaron inmóviles por unos segundos. Luego, la del centro bajó los brazos y señaló hacia nosotros. Sentà que el aire cambió de temperatura y de pronto olÃa a tierra mojada y a humo. La vecina soltó la lámpara y corrió hacia la escalera. Yo la seguà sin mirar atrás. Mientras bajábamos, escuché el golpe metálico de algo cayendo sobre la lámina. Me atrevà a mirar hacia arriba cuando llegamos al segundo piso y alcancé a ver una sombra pasar de un edificio al otro, como si flotara sobre los cables eléctricos. No era un pájaro ni una bolsa movida por el viento. Era una forma humana, larga y delgada, que se desplazó sin ruido.
9:44 La vecina seguÃa llorando mientras bajábamos. DecÃa que las habÃa visto mover los labios, que repetÃan su nombre. Traté de calmarla, pero mis manos temblaban igual que las suyas. Cuando llegamos al primer piso, varios vecinos ya estaban asomándose por las puertas. Algunos preguntaban qué pasaba, otros decÃan que también habÃan escuchado pasos, pero nadie se atrevió a subir. Pasé el resto de la noche sentado junto a la ventana. Desde ahà se veÃa parte de la azotea. Con la linterna alumbré un par de veces, pero no volvà a verlas. Sin embargo, el olor a cera quemada seguÃa entrando por la rendija del techo. a la mañana siguiente subà solo pues querÃa comprobar si lo que habÃamos visto era real la puerta seguÃa abierta y el aire olÃa igual que la noche anterior donde habÃamos encontrado la bolsa ahora habÃa un cÃrculo ennegrecido sobre el piso como si hubieran encendido algo ahà en el centro quedaba un trozo de tela quemada y un mechón de cabello corto como de niño no quise tocar nada pero mientras revisaba escuché que alguien caminaba en el techo del edificio de enfrente era un sonido firme pesado me acerqué al borde y miré hacia allá habÃa marcas frescas de hollÃn en la pared como si alguien hubiera pasado las manos por ahà para impulsarse Lo seguà con la vista hasta una esquina, donde la lámina estaba
11:15 doblada hacia arriba. Por instinto bajé de nuevo. La señora Leticia no estaba en su puesto y una vecina me dijo que habÃa amanecido con fiebre y que la llevaron al hospital porque deliraba. DecÃa que habÃa soñado con tres mujeres que le hablaban desde el techo y que una de ellas tenÃa su voz. Esa tarde, pasaron técnicos revisando los cables. Dijeron que el corte de luz se habÃa originado en un transformador, pero no encontraron fallas visibles. Uno de ellos comentó que parecÃa como si algo hubiera hecho contacto directo con las lÃneas, pero no habÃa rastros de incendio ni daño. Cuando anocheció, me costó volver a subir al departamento. Cada vez que el viento golpeaba las láminas, me parecÃa escuchar pasos. no eran imaginaciones se sentÃan golpes cortos seguidos de arrastres cerré las ventanas y puse música pero el ruido metálico seguÃa colándose entre las paredes me quedé despierto hasta el amanecer con la luz encendida esperando que llegara el dÃa para ver si la vecina regresaba nunca la volvà a ver en el edificio alguien dijo que su familia se la llevó al pueblo que no querÃa ni pasar por la colonia desde esa noche cada vez que se iba la luz me bastaba con quedarme quieto para escuchar los mismos pasos recorriendo el techo siempre iban de un extremo a otro hasta detenerse justo encima
12:47 de mi cuarto y aunque ya no me atrevÃa a subir sabÃa que algo seguÃa ahà esperando cuando amaneció el edificio seguÃa sin luz afuera se escuchaban sirenas a lo lejos y el murmullo de los vecinos que hablaban desde las ventanas a eso de las cinco de la mañana llegó una patrulla junto con una camioneta de la luz Los agentes subieron a las azoteas a revisar los cables, porque varias colonias seguÃan sin corriente. Yo los vi desde la escalera, todavÃa con el cansancio de no haber dormido. Uno de los trabajadores comentó que en varios techos habÃan encontrado cosas extrañas. Pequeñas bolsas negras rotas, con plumas quemadas, restos de cera y cabellos mezclados con tierra. Lo dijo riendo, como si pensara que eran trabajos de brujerÃa de algún vecino supersticioso. Otro recogió una con una vara y la dejó dentro de una cubeta metálica. Cuando el sol empezó a salir, se dieron cuenta de que habÃa más, repartidas en distintos puntos del edificio y también en los de alrededor.
13:53 Nadie mencionó a las figuras que habÃamos visto, ni los pasos de la noche anterior. La mayorÃa fingÃa no saber nada. Algunos decÃan que todo debÃa de haber sido obra de muchachos que jugaban a asustar a la gente en Halloween. Yo no dije una palabra. Me quedé en la puerta del pasillo observando cómo los de la compañÃa subÃan y bajaban con rollos de cable y linternas. De la señora Leticia ya no se supo más. Su familia la habÃa sacado del hospital y se la llevó al pueblo unos dÃas después. CorrÃan rumores de que no hablaba, que se quedaba viendo las paredes con los ojos abiertos, repitiendo el mismo sueño una y otra vez. Tres mujeres de cabello largo que la observaban desde un pozo. Contó que una de ellas le extendÃa la mano y le decÃa su nombre.
14:45 Los técnicos trabajaron hasta el mediodÃa, pero la luz no volvió sino hasta la noche. Durante el dÃa, el edificio parecÃa más viejo de lo habitual. Las escaleras estaban llenas de polvo, las paredes olÃan a humo y en las rendijas del techo se veÃan manchas negras. cada vez que subÃa alguien se escuchaba el crujido de las láminas como si todavÃa hubiera peso encima dos dÃas después empezaron a aparecer gatos muertos en los pasillos el primero lo encontraron en la entrada acostado sobre una caja luego otro junto a los tinacos Todos estaban abiertos por el pecho. Los vecinos decÃan que alguien les habÃa sacado los ojos. Algunos pensaban que eran perros callejeros, pero los cortes eran limpios y ninguno tenÃa marcas de mordidas. Una noche escuché a un niño del segundo piso llorar porque su gato habÃa desaparecido.
15:42 Lo buscaron por horas y lo hallaron al amanecer, sobre el toldo del edificio de un lado, con las patas estiradas hacia arriba y el cuerpo rÃgido. Nadie se atrevÃa a hablar de brujas, pero todos pensaban lo mismo. En la tienda de la esquina decÃan que alguien habÃa visto sombras moverse por los techos a medianoche, siempre en grupos de tres. La gente empezó a cerrar temprano y los niños ya no salÃan a jugar en los pasillos. Yo seguÃa sin poder dormir bien, pues cada ruido en el techo me hacÃa despertar. Algunas madrugadas creÃa oÃr el sonido de algo arrastrándose por las láminas, igual que la primera noche.
16:23 Otras veces, golpes secos que se detenÃan justo encima de mi cuarto. Por más que intentaba ignorarlo, el miedo se quedaba pegado a las paredes como la humedad. A la semana decidà mudarme. Fui a rentar otro departamento en la colonia San Simón, más cerca de mi trabajo. No quise llevarme casi nada, solo ropa y algunos documentos. Dejé los muebles y la mayorÃa de las cajas en el cuarto porque no tenÃa cómo transportarlos. El casero no puso problemas. Dijo que ya estaba acostumbrado a que la gente se fuera sin avisar. Una semana después regresé solo para recoger lo que habÃa dejado. Era domingo por la tarde, el sol bajaba entre los edificios y el ambiente se sentÃa pesado, como antes de una tormenta. Al llegar al edificio me di cuenta de que la fachada estaba más deteriorada, con manchas oscuras cerca de las ventanas del tercer piso. Me quedé unos minutos afuera observando. no habÃa ruido de gente ni de niños sólo el zumbido de los cables eléctricos subà por las escaleras principales y en cada piso el aire olÃa distinto dejé mis cosas junto a la pared y me acerqué a la ventana del pasillo Desde ahà podÃa ver parte de la azotea. Al principio no noté nada, pero luego, entre las sombras, vi tres figuras sentadas sobre el borde del techo. Estaban quietas, mirando hacia el vacÃo.
17:55 Una de ellas movÃa lentamente la cabeza de un lado a otro. Las otras dos parecÃan hablarle. El sol se reflejaba apenas sobre algo metálico que tenÃan entre las manos. No alcancé a distinguir qué era, pero brillaba como si estuviera húmedo. Me quedé congelado. No podÃa convencerme de que lo que veÃa fuera real. Pensé en gritar, pero no tenÃa sentido. Las tres brujas se quedaron quietas por un momento, y entonces una de ellas giró la cabeza hacia mÃ. aunque nos separaban más de 30 metros sentà que me miraba directamente la forma en que inclinó el rostro despacio fue suficiente para que el cuerpo se me entumeciera no tenÃa duda era la más alta de las tres la misma que habÃa volteado aquella primera noche desde el edificio de enfrente retrocedà sin apartar la vista y cuando bajé las escaleras el olor a cera quemada volvió a aparecer mezclado con un aire frÃo que bajaba del techo. En la entrada tropecé con una caja y casi caigo. Me giré una última vez, y desde la calle las tres seguÃan en la azotea, inmóviles. Me fui sin cerrar el portón.
19:11 Desde entonces nunca volvà a pasar por esa colonia. A veces, cuando llega octubre y empiezo a ver los disfraces y los adornos en las tiendas, recuerdo aquella noche y el sonido de los pasos sobre las láminas. Entendà que no todo lo que se disfraza en Halloween lo hace por diversión. Algunas cosas aprovechan la oscuridad y el ruido de la fiesta. para andar por los techos buscando a quienes se atreven a mirarlas. Y de algo estoy seguro. Esas mujeres eran brujas. Y lo que hacÃan en esas noches de oscuridad era brujerÃa para no sé quién o para no sé qué. Si les soy sincero, no me interesa saberlo. Aunque jamás supe qué eran esas cosas, me intriga pensar que ya está próximo el Halloween. Y que ahora, en vez de gatos, pudieran llevarse a algún niño, como es dicho en las historias de brujas. Solo les dejo de consejo, que cuiden a sus hijos en esta temporada, y a ustedes mismos, cuando las luces de la colonia se apaguen.
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